Mabouchita Mabouchita
La reina de los resúmenes
¡Colabore aquí!

Home Resúmenes  Elenco  Derechos  Músicas Envía un Mensaje
Cap#24 <- - -> Cap#26

El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*
La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.

André Malraux

CAP# 25: viernes 19 de agosto de 2005 – Ese día Salvador murió

Las Cruces.

Cantalicia lo mira espantada mientras Salvador toma la carta que le pasa el viejo diciéndole- ¡Si de veras sabe leer! Lea esto –le exige.

Salvador abre el amarillo papel doblado en cuatro y los mira y luego lee:

“Querido apá, queridos hermanos, les cuento que llegué de los más bien a Tucson y ya estoy trabajando en casa de doña Margarita.  No se preocupen por mí.  Cuiden a mi perro Mingo. Pídanle el favor a doña Conchita para responderme esta carta.  Su hija que tanto los quiere y extraña. FlorAlba”

Cantalicia abre los ojos como si estuviera viendo a un extraterrestre.

El viejo entrecierra los ojos y estudia a Salvador con detenimiento como si estuviera viendo al Diablo en persona- ¡De verás algo le pasó! –reflexiona y luego le dice a sus hijos- ¡este no es el Salvador Cerinza que yo conozco!
-Señor… por favor… -ruega Salvador- ¡ya deje la prevención! Entiendan… como vecinos no nos conviene estar peleando… miren… ¡acepten mi invitación y vayamos al pueblo y delante de la autoridad resolvemos todas nuestras diferencias!
Pero el viejo lo mira diferente- ¡No es necesario! –y luego ordena- ¡nos vamos!
-¡Pero apá! ¡como nos vamos a…!

Pero el viejo lo calla autoritario- ¡Nos vamos! –le grita- ¡andando!
Y él se marcha primero y los tres hijos lo siguen.

Salvador suspira aliviado.

Cantalicia lo mira con horror y moviendo la cabeza negativamente corre hacia la casa ante la mirada atónita de su hijo Moncho. 

En la casa, Cantalicia toca el retrato de la virgen y reza como una loca mientras llora con fuertes sollozos.

Salvador entra detrás- ¿Por qué llora Cantalicia? ¡debería alegrarse porque esa gente no nos atacó! –y sonriendo satisfecho se sienta a la mesa.

(La mesa está de espanto,  ni los más pobres entre los pobres la usarían,  es una cosa de la época de las cavernas, con palos en vez de una plancha de madera)

 

Salvador empieza a leer detenidamente los papeles que había mostrado que es una vieja revista, con calendario incluido- ¿Se dio cuenta? ¡la violencia no es necesaria para llegar a un acuerdo?

Pero Cantalicia solamente llora más fuerte.

-¡Dialogando se logra muchísimo más! –sigue Salvador ignorando los gritos de Cantalicia- Bueno… -reflexiona para sí mismo- acepto que los engañé… ¡esto no es unas escrituras, ni mucho menos! Son las páginas de una revista… publicada en 1973.

Al escuchar estas palabras el llanto de Cantalicia se hace aún más insoportable.

Salvador la sigue ignorando y se exclama a sí mismo- ¡Uyyyuyy! –suspira- ¡si esa gente hubiera sabido leer, no estaríamos contando el cuento!

En este momento los gritos de Cantalicia se hacen insoportables y Salvador se levanta y se acerca- ¡Cantalicia! –trata de ponerle una mano en el hombro.

Pero Cantalicia reacciona como si quemara gritando- ¡No, no! ¡no me toque Salvador! ¡no me toque! –grita- ¡no quiero que me toque! –y entre sollozos le sigue gritando- ¡Me da un miedo horrible! ¡Me da un miedo espantoso! –y toma un chal viejo y sale corriendo del rancho.

*

Iglesia.

Cantalicia sigue llorando.

-¿Miedo? –se sorprende el padre- ¿miedo de qué?

-¡Miedo de él, padre! ¡miedo del Salvador! –gime- es que ahora sí creo que algo muy malo le está pasando padre… ¡no es la misma persona que antes! –sufre.

-Cálmese Cantalicia, está muy nerviosa.

-¡No padre! Mire que usted sabe bien que yo lo quiero muchísimo, que es el hombre con el que me arrejunté hace tantos anos… ¡pero ahora no padre! Como si fuera otra persona completamente diferente.

-¿También usted cree que dentro de Salvador se oculta algo extraño?

Cantalicia baja la voz con miedo- ¡Es otro ser! Habla de lo más enredado, con palabras que no comprendo padre –solloza- ¡como esos señores todos educados! No piensa igual… ¡no siente igual padre! ¡no siente igual!

-¡Lo sé hija! Si alguien lo sabe, soy yo.

-¡Pues entonces ayúdeme, por favorcito! ¡ayúdeme se lo ruego! –y lo mira directamente y dice cruelmente- ¡para que se lo lleven al manicomio y me lo curen!

(Ahh!!! Qué egoísmo tan grande…  )

 

El padre Jacobo la mira espantado- ¡Está loca!

-¡No padre! –grita Cantalicia- ¡el loco es él! ¡el loco es él padre! –repite- ¡yo lo único que pido es que Salvador vuelva a ser el mismito que antes!

-¡Un bruto! –grita el padre- ¡un bruto ignorante! Que sólo camina para delante viendo a los demás.

-¡Bruto! –grita Cantalicia fuera de sí- ¡bruto o lo que sea padre! –y en el colmo del egoísmo- ¡pero yo lo quiero cómo antes!
-Debe ayudarlo –se calma el padre- y no es llevándolo al manicomio como usted dice.

-¡Dígame que hago padre! –llora a gritos- ¡ya no sé qué hacer! ¡dígame qué hago!

-Si tanto insistió para que se lo devolvieran… ¡tenga paciencia! Rece Cantalicia… ¡rece!

Pero Cantalicia solamente llora.

*

Mansión.

-¡Ay! –suspira Valeria- ¿crees que debes casarte con Andrés Corona?

Isabel sonríe con tristeza- ¿Estaría mejor que no lo hiciera? –se burla- ¿que siguiéramos viéndonos a escondidas para que nadie sospechara nuestra relación, Valeria?

-¿Pero lo amas sinceramente?

Isabel mira a lo lejos y dice con amargura-¡Debo amarlo para haber hecho tantas locuras por él!

-¿A qué locuras te refieres? –se sorprende Valeria- ¡Dime Isabel! ¿hiciste algo peor que haber traicionado la confianza de don Pedro?

Isabel la mira a los ojos- ¡Quiero a Andrés! Eso es todo lo que te puedo decir… desde el día que lo conocí me enloquecí por él… ¡me gusta! –suspira con una sonrisa satisfecha- ¡me gusta y me apasiona! En él siento lo que nunca había sentido con otros amantes.

Valeria reacciona ante esta revelación e Isabel se da cuenta- ¡Qué! ¿te escandaliza que haya tenido otros amantes?

-¡No! –incomoda- ¡sólo que no tienes por qué contármelo!
-Tú nunca has estado con un hombre… ¿verdad?

-No.

-¡Pues si estuvieras con alguien como Andrés me entenderías! –suspira- ¡Andrés me enloquece y me trastorna! Cuando estoy con él, nada más me importa Valeria.

Valeria suspira- En pocas palabras… ese hombre… ¿es el hombre de tu vida?

Isabel pierde la sonrisa y mira a lo lejos seria- No precisamente –le confiesa- ¡yo siento que me domina cuando me hace el amor! Lo que Andrés me produce es… ¡como un vicio Valeria! Es algo que se mete en la sangre y que no te deja en paz… -frunce el entrecejo- ¡no te deja en paz!
*

Ático.

-¡Estás bellísima! –sonríe Antonio como si estuviera en la luna- ¡me gustas mucho Ángela! –y le acaricia el pelo- ¡día y noche he soñado con este momento! No sé si es un sueño… o una realidad.

Y se miran… y se besan … y se dejan llevar por la pasión.

Fue junto a ti,
Que descubrí lo puro de del amor
En el rincón del corazón,
En donde nacen todos  los sentimientos
Tu fuiste el primer beso,
La primera ilusión

 

De pronto Ángela se separa asustada- ¡Ay! Antonio… por favor –lo rechaza.

-¡No digas nada! Por favor no digas nada –le ruega Antonio mientras la abraza.

Y Ángela se deja besar otra vez, pero de pronto se separa- ¡Antonio, tengo miedo!

-¿De qué podemos tener miedo?

Andrés sonríe- ¡Tienes razón! ¿de qué tenemos que tener miedo? –y esta vez es Ángela quien lo besa.

 

Fue junto a ti que conocí
La más suave caricia
En el secreto de la piel
Cuando nos separamos
No nos dejamos de querer,
Tal vez nuestra pureza
Se hizo para serle fiel

*

Las Cruces.

Salvador llora y pronuncia su nombre lentamente- Ángela… ¿qué pasó contigo? –sufre- ¿qué pasó con todos los demás? –y luego se pregunta con dolor- ¿qué pasó conmigo?... ¿Dónde está Pedro José Donoso?

Salvador se encuentra acurrucado bajo uno de los postes que sostiene la pobre choza, envuelto en una vieja frazada, en el frío de la noche, lo ilumina una enorme luna, mientras se escucha el cantar de los grillos y ranas.

*

Dentro de la choza.

Moncho se escabulle de su cama y toma una vela y una frazada para cubrirse del frío y trata de abrir la puerta cuando lo detiene el grito de Cantalicia- ¡Moncho! ¿adonde va mijo? –le reclama con voz aguda.

-¡No deje dormir a mi papito afuera! –le ruega Moncho con lágrimas en los ojos- ¡hace mucho frío mamá!

Pero Cantalicia le dice dura- ¡Ni se le ocurra llamarlo! ¡he!

-Es que me da mucha lástima.

-¡Y a mí me da miedo! –susurra Cantalicia (otra vez a punto de dedicarse a su deporte favorito,  llorar) - ¡nunca pensé que podía pasarme mijo! ¡pero su papá me da mucho miedo!
(si claro, y por eso es capaz de ser cruel )

-¡Regrésese pa’la cama! ¡Ándele! –le ordena.

Moncho obedece y vuelve a su colchón sin sábanas, y se acuesta vestido y se tapa con una vieja frazada verde.

*

Mansión.

Ático.

Desnudos Ángela y Antonio se abrazan en un sofá-cama.

-¿Qué piensas? –le pregunta Antonio.

 

(la pregunta del amante inseguro )

 

-¡En ti, en mí! ¡en todo y en nada! Hay veces en que es mejor no pensar.

-Ángela… ¿te sientes bien conmigo?

-¡Claro que si! –le tranquiliza Ángela- ¡soy muy feliz a tu lado! Inmensamente feliz.

-¡Yo también Ángela! –suspira aliviado Antonio- ¡te adoro y no quisiera perderte nunca!
-No pensemos en cosas tristes, para mí, este momento es mágico y me gustaría que no acabara nunca –y se abraza.

En ese momento chirría una madera y Ángela se asusta- ¿Oíste algo?

-¡Si! Debe ser la madera de la casa que con el frío cruje –y luego duda- Ángela… ¿no te vas a arrepentir de lo que pasó? ¿verdad?

Ángela sonríe- ¡Claro que no! Hace mucho tiempo que soñaba con este momento.

Antonio suspira aliviado- ¡Yo también Ángela! ¡te quiero! ¡te quiero!

Y se besan

Que vueltas da la vida
Mira nada más
Que dulce este reencuentro
Hoy nuestro amor vuelve a brillar
Después de tanto tiempo
Aun nos falta mucho por hacer
¡Hay tanta vida por vivir
Hay tanto sueños por cumplir!
¡Junto a ti desde que nacimos!
Ya estaban escritos
¡Nuestros capítulos de amor
toda la magia renacido
como cuando éramos dos niños!

*

Mucho más tarde Antonio se desliza de puntillas en su habitación cuando Simón le pega el susto hablando fuerte- ¡De dónde vienes!
-Salí a dar una vuelta –miente.

-¡Con Ángela!

-Solo.

-¡Aha! –se burla Simón- ¿me crees bobo hermanito? Si te conozco como la palma de mi mano… ¡estabas con Angelita y no precisamente mirando la luna y las estrellas!
-¡Simón! No empieces por favor.

-¡Ay! Cínico descarado… si no pienso preguntarte detalles –ríe- mira… puede que estés cometiendo una equivocación pero te voy a guardar el secreto… así yo puedo confiarte los míos.

-Bueno ya, apaga esa luz que no quiero que mi mamá se despierte.

-¡Ah! Quien viera a la Angelita –ríe Simón- ¡se ve que ya aprendió a volar!
*

Ángela baja del ático tratando de no llamar la atención, tiene puestos unos zuecos y una larga falda celeste. Mira para todos lados y luego se mete a la sala.

Pero Walter la espía.

*

Las Cruces.

Los vecinos de Salvador lo miran a la distancia.

Salvador está echado enfrente de la casucha, sin hacer nada, mirando a la distancia.

-¡Ya no trabaja ni hace nada! –comentan- ¡Se la pasa todo el día mirando pa’lo lejos!
-¡Y de ese loco nos dejamos dar la ley! –se queja uno de ellos enojado- ¡sólo porque mi apá le cogió miedo!
Pero el viejo no reacciona y reflexiona- ¡Yo lo conocí desde pequeño! –les cuenta y hace una pausa- ¡y ese no es Cerinza! –les dice con miedo a lo desconocido- ¡es alguien muy raro!
-¡Papá! ¿lo dice por lo de la carta que nos envió mi hermanita?

Pero el padre sigue mirando a Salvador y concluye -¡Hay seres a los que hay que correrles! –les advierte- ¡Y Cerinza es uno de ellos!
Y diciendo esto se aleja y los demás lo siguen.

*

En la choza Cantalicia trae cargando un balde de agua.  Salvador sentando en el suelo la llama- ¡Cantalicia! –la detiene- ¡Cantalicia! ¿qué le pasa conmigo? –se extraña Salvador que la sigue- ¿Por qué siempre sale corriendo?

Cantalicia empieza a gemir-Usted… ¡usted es otro! –repite y lo mira con horror y miedo- ¡usted es otro!
Salvador mira a la distancia y asiente para sí mismo.

 

(Salvador está perfectamente rasurado… muy lógico… sin agua… sin baño…)

 

Cantalicia corre hacia la casucha y se detiene ante Moncho- ¡Deje eso y ayúdeme con la cocina! –le ordena.

-¡Espere un momento por favor! –le pide Salvador.

-¡No! –grita Cantalicia y se mete a la casucha.

*

Salvador entra en la casucha y la encuentra rezando como loca ante la estampa de la virgen, la mira con pena- ¿Por qué huye de mí Cantalicia? –le pregunta- ¿Por qué no quiere escucharme?

-¡No me moleste Salvador! –le grita Cantalicia con voz ronca.

Salvador suspira y la mira con pena- ¡No me gusta verla así! Siempre que intento acercarme sale corriendo asustada y ni siquiera me dirige la palabra.

Cantalicia lo mira con rabia- ¿Y para qué? ¡si siempre que me le arrimo usted me hace frío! Me trata como si ya no me quisiera… ¡como si fuera otro cristiano distinto del que es usted!
Salvador se llena de tristeza y de piedad- ¡Cantalicia!

-¿Para qué le voy a echar mentiras mijo? ¡le agarré muchísimo miedo! ¡muchísimo! ¿Por qué me mira tan feo? ¡y siempre que me habla es nada más para decirme cosas feas, para ofenderme! –y se sienta en la cama llorando.

-¡Le juro que lo hago sin darme cuenta! –se excusa Salvador y se sienta a su lado- ¡No es mi intención hacerla sentir mal!

-¡Hasta los vecinos le tienen pavor! Creen que usted se deschavetó… estoy empezando a creer lo mismo Salvador –y solloza- ¡siento que estoy viviendo con alguien que no conozco!
-Es que a lo mejor tiene razón y yo no soy el Salvador de antes –la consuela- ¡desconozco a ese hombre pero estoy seguro que era muy diferente!

Cantalicia lo mira como si estuviera loco- ¡A usted le pasó algo muy raro ese día mijo! ¡ese día que lo metimos en el cajón creyendo que estaba muerto!

-¡Cantalicia! Tal vez… Salvador ese día murió realmente… y yo lo reemplacé… ¡tal vez eso fue lo que sucedió! Pero usted no debe pensar que… su esposo… ¡ese Salvador que tanto amó, el papá de Monchito, dejó de quererla! Simplemente… ¡desapareció! –hace una pausa y le anuncia- ¡como también desapareceré yo!

Y aquí Cantalicia deja de llorar y hacerse la victima y cambia drásticamente- ¡Qué! ¿Qué me está tratando de decir mijo?

-¡Qué yo no puedo quedarme para hacerla sufrir y amargarla!

-¡No!

-¡Mi obligación es marcharme! Es lo mejor para todos… por favor entiéndame.

Cantalicia empieza a llorar a gritos- ¡No! ¡no!

 

(En qué quedamos? No que le tenia miedo!!!  Qué no lo quería en el manicomio? )

 

Salvador la mira con pena y Cantalicia se le tira encima y lo abraza llorando- ¡Yo no entiendo nada! Por favor.

Salvador le soba la espalda para confortarla-Cantalicia… ¡usted ni Monchito pueden vivir con un extraño!

Cantalicia lo abraza muy fuerte y con un gesto Salvador le acaricia el pelo, pero de pronto la huele y no puede aguantar un gesto de asco y se separa rápidamente, mientras Cantalicia sigue sollozando a gritos.

Salvador se pone de pie- ¡Ya tuve suficiente tiempo para pensarlo! –suspira- ¡y ahora sé lo que debo hacer! –y la mira y se despide- ¡Adiós!

Cantalicia se queda llorando.

Salvador sale de la casucha.

*

Pero al salir de la casucha se tropieza con Moncho que lo mira con sus grandes ojos inocentes… Salvador sigue caminando pero se detiene y vuelve sobre sus pasos y se acuclilla a su lado hasta quedar con la mirada más baja que la de Moncho, lo mira a los ojos y le toma la mano con cariño… luego se levanta, le da un beso en la frente… le acaricia el pelo y se marcha.

Moncho se queda mirándolo caminar hacia el camino.

Cantalicia llorando sale de la casucha y abraza a Moncho.

Salvador seguro de sus pasos camina seguro hacia el horizonte infinito, en un momento se detiene a la distancia y da media vuelta y mira el cuadro que hacen el rancho pobre, Cantalicia y Moncho abrazados, el paisaje desolado… como mirando por ultima vez… luego mira hacia el horizonte abierto… y sigue alejándose seguro de sí mismo.

*

Mansión.

-¡Y eso! –Simón entra a la cocina que está llena de manjares y mete la mano para robarse algunas delicias- ¿a qué se debe tanto alboroto?

-¡Simón, deja ahí! –le reprocha Abigail- es el cumpleaños de doña Isabel y va a dar una pequeña fiesterita.

-¡Por lo visto se le pasó rapidito el luto por el señor! –Vicky burlona- si ya anda pensando en fiestas.

-Pues yo no le veo nada de malo Vicky –Abigail- ¡ni modo que se amargue la vida indefinidamente! La señora es muy joven.

-¡No, pos sí! –sigue Vicky con sorna- ¡para qué lamentar la muerte del patrón! Mejor olvidarla chiflando y echando cohetes! –y simula los ruidos.

-¡Ya hombre! Deja de refunfuñar… mete el pastel en el horno por favor… a 340… si quieren váyanse por ahí muchachos… ¡aprovechen la tarde del sábado!

*

Habitación de Isabel.

Muy guapa vestida de negro, camina en la habitación y trae un collar que le pasa a Valeria para que le ayude a ponérselo- ¡Hace un año que me festejó el cumpleaños! –le comenta.

Valeria, también vestida de negro, pero como una monja, le prende el collar mientras la escucha.

-¡Me festejó el cumpleaños llevándome a cenar! –suspira lejana Isabel con tristeza- ¡fue una noche muy linda!

-¿Andrés… o don Pedro José? –pregunta con insidia Valeria.

-¡Pedro! –la corta seca Isabel- ¡por supuesto que Pedro! –y suspira muy triste- ¡era la primera vez que salíamos! –se va muy lejos- ¡estaba muy nervioso! Pocos días después me propuso matrimonio.

-¡Y tú aceptaste casarte con él sabiendo que amabas a otro hombre! –Valeria.

Isabel ignora el comentario y le pregunta- ¿Cómo me veo?

-¡Linda! –le dice sincera Valeria- ¡tú siempre te ves muy bonita!
Isabel mira alrededor, sigue muy triste- ¡Quien iba a pensar que después de un año yo seria dueña de todo esto! –traga aire- ¡y también sería la viuda don Pedro José Donoso! –y luego la mira a los ojos- ¡este cumpleaños será muy triste Valeria! –y luego se dice pensativa- ¡será muy triste!
*

En la sala Rebeca se pavonea.

-¡Será una reunión discreta Walter! Pero eso sí… ¡elegantísima! –no puede de la felicidad- ¡como las que yo soñaba cuando vivía en mi pueblito! –le confiesa.

-¿Asistía a muchas fiestas doña Rebeca?

-¡No, no, no! –le confiesa- ¡ni siquiera tenía muchas amistades! –se le agudiza la voz- ¡jamás me invitaban ni a un entierro Walter!
Walter simula la sorpresa de lo que escucha.

-Mi única distracción era pasarme… ¡horas frente a mi ventana! –le cuenta Rebeca- ¡en realidad no sé cómo no enloquecí del tedio Walter!

Walter suspira.

-¡Gracias a Dios me vine a vivir con mi Isabelita! Porque sino creo que me hubiera tomado un pomo de matarratas.

-¡En buena hora le cambió la vida, así que no debe quejarse! –le aconseja- ¡se ha convertido en una gran dama!
-Gracias.

-¡Ni la sombra de la mujer que llegó a esta casa!
-¡Ay! –Rebeca se retoca el pelo- ¡me encantaría que me vieran los que me conocían del pueblo! –ríe con triunfo- ¡estoy segura que se quedarían con la boca abierta de la sorpresa Walter! –hace una pausa y le promete- ¡pero estoy segura que en la primera oportunidad voy a regresar y se van a morir de envidia! –dice con rabia.

-¡Quizás dentro de muy pronto realice eso!
-¡Si pudiéramos encontrar la caja fuerte del difunto Donoso! –susurra Rebeca- ¡otro seria el cantar Walter! ¡otro!

-¡Nada que encuentra la llave! –Walter también habla en susurros.

-¡Nada!  Después del agarrón con Ángela todo se ha complicado más.

-Pues déjeme decirle que yo he tratado de acercarme a ese lugar y no he podido porque la señorita Ángela se la pasa metida allí –le cuenta Walter.

-¿En el ático? –Rebeca levanta las cejas.

-¡Así como lo oye! No sé qué esconde esa muchachita… ¡pero ella todas las noches entra allí y se encierra hasta la madrugada!
Rebeca se pone alerta.

*

En la cocina.

-¿El cumpleaños de Isabel? –se sorprende Ángela.

-¡Sí! ¿a poco no le avisó? –Vicky.

-¡No tenía por qué hacerlo!

-¡Ay! ¡claro que sí señorita! Usted también es dueña y señora de esta casa y mínimo tenía que haberle pedido permiso.

-¡No! –dice dudando- ¡ella tiene los mismos derechos que yo y no pienso intervenir en sus decisiones!

Y hablando de Isabel esta misma aparece en la cocina y callan.

-¡Hola Ángela! –le saluda Isabel- ¡nos gustaría que nos acompañaras esta noche! –la invita.

-¡Muchas gracias Isabel! Pero… la verdad me siento indispuesta.

-¡Especialmente hoy por ser mi cumpleaños me gustaría que… no sé… que limáramos asperezas… qué dejáramos de portarnos como enemigas! –le pide- ¡aunque claro está, no aspiro que seamos amigas de la noche a la mañana!... podríamos cambiar de actitud para evitar situaciones incomodas… ¿no crees?

-¡Está bien! –acepta Ángela- te acompañaré… pero sólo será por un momento –y se marcha.

*

Fiesta.

Y la pequeña fiesta es una enorme fiesta.

Los mariachis tocan “Las Mañanitas”

Estas son las mañanitas

Que cantaba el rey David,

Hoy por ser día de tu santo;

Te las cantamos a ti

 ♫

Andrés, guapísimo, llega a la fiesta y Walter se apresura a atenderlo- ¡Señor Corona! Bienvenido.

-Gracias –contesta seco y entra a la casa.

-¡Ay! Andresito al fin llegaste –grita Rebeca- ¡qué lindo verte! Te hemos extrañado tanto.

-Hola –saluda y corre a ver a Isabel- ¡Feliz cumpleaños!

-Gracias por las flores que me mandaste, están muy lindas.

-¡No más que tú! –la mira con admiración.

Isabel sonríe halagada, pero en ese momento la mirada de Andrés se desvía hacia Ángela que conversa en medio de los invitados y luce como una estrella.  La sonrisa de Isabel se curva en ironía al darse cuenta de esto.

*

Los mariachis siguen, con “Rancho Grande”.

*

Habitación Antonio y Simón.

Simón muestra pectorales y se viste cantando mientras escucha la música. Luego se echa encima un frasco de perfume.

Antonio entra- ¿Y eso? ¡no me digas que doña Isabel te invitó a su fiesta!
-¡No! El día que esa señora me invite a una fiesta se parte la tierra en dos, hermano.

-Bueno… ¿entonces a dónde vas?

-¡No te lo imaginas! Tengo una cita especial con Consuelito.

-Es linda esa muchacha… ¿verdad? Para vestirte así y echarte toda el pomo de loción.

 -¡No más que lo tú quieres a Ángela hermanito! Eso sí te lo puedo asegurar.

-¡Con ella no te metas Simón!

-¿Acaso no se la pasan juntitos? ¡si esta semana ya van tres noches que trasnochas! ¡te las llevo bien contaditas! –se ríe- ¡tan pronto te metes a la cama, no haces más que suspirar y suspirar! ¡tú sí que estás babeando por esa vieja!

Entra Abigail- ¡Simón! Necesito por favor que me ayudes a componer una licuadora.

-¡Hijole mamacita! Lo siento en el alma pero en este momento no tengo tiempo para trabajos domésticos.

-¡Ah! Pero para salir de noche bien que tienes tiempo… ¿verdad?

-¡Voy a una fiesta! Consuelito me invitó.

-¡Mamá! No te preocupes, yo la arreglo –Antonio.

-¡Vete con cuidado! –le ruega Abigail a Simón- y no llegues tarde… maneja esa moto con cabeza ¡no quiero que te caigas por ahí!
-Tranquila mamacita que yo sé cuidarme –y le da un beso.

-¡Uggh! –grita Abigail cuando lo huele- ¡Ay Dios mío! Vas a marear a cualquiera con esa cantidad de perfume que te has echado encima.

-¡Es la idea mamacita! ¡es la idea! –ríe Simón- ¡marear a Consuelito, pero de amor por mi!

Y los tres ríen mientras a los lejos se escuchan alegres los mariachis.

*

Walter se pasea en la fiesta controlando todo.  Simón sale corriendo y abraza a una de las empleadas, baila con ella y se marcha riendo.

Walter enojado lo observa y luego se encuentra con Azur que está amarrado- ¡Parece que esta noche nadie te va a soltar! Pórtate como un buen perrito, nada de ladrar ni asustar a los invitados.

Azur lo mira y asiente.

 

(ajajajaa!!!   No… esto es broma, pero poco faltó)

*

¡Estás leyendo esto! gracias... ahora por favor ayúdanos - click here!

*

Andrés aprovecha un momento de la fiesta para acercarse a Ángela.

-Me alegra que estés aquí con nosotros, eso quiere decir que hiciste las paces con Isabel… ¿verdad?

-Simplemente trato de ser cordial con ella.

Andrés la mira con lujuria en la mirada- ¡No sé por qué! Pero hoy estás más linda que nunca –le dice- ¡tienes algo especial, algo que nunca antes había visto!
Ángela lo mira con una sonrisa burlona- ¡No pierdes la costumbre de adular! ¿verdad?

-¡No! ¡no! Lo digo de verdad –le sonríe.

Cerca de ellos Isabel los vigila y no está contenta.

-¡Se nota en tus ojos! –sigue Andrés- ¡me atrevería a decir que estás enamorada!

-Yo creo que supones más de la cuenta Andrés.

-¿Estás segura?

Pero en ese momento Isabel no aguanta más y se acerca- ¡Hola!

Se hace el silencio.

-¿Por qué están tan alejados de toda la gente? –pregunta Isabel- ¿Están platicando de algo personal… perdón?

-¡No! De hecho… yo ya me retiro –Ángela.

-¡No! –la detiene Isabel- Me gustaría que te quedaras un rato más con nosotros… estoy disfrutando de tu presencia.

-Muchas gracias, pero la verdad me siento muy cansada.

-Esta bien… no voy a insistir –acepta Isabel- ¡pero sí tengo que agradecer que estuvieras en la fiesta conmigo!
-Espero que sigas disfrutando de tu reunión, permiso –se aleja.

Andrés suspira- ¡Veo algo distinto en ella! ¿o me equivoco?

-¿Si? –se burla Isabel y luego lo mira sin sonreír- ¡yo veo algo muy viejo en ti y tampoco me equivoco!
Andrés sonríe- ¡Me encanta que te pongas celosa! Eso quiere decir que me quieres… como yo a ti –y levanta su copa de champagne- ¡por ti! ¡por nosotros!
Isabel mira a lo lejos, levanta su copa y brinda- ¡Y por alguien irremplazable!

-¿Quién? –se sorprende genuinamente Andrés.

-¡Pedro! –le lanza Isabel mirándolo a los ojos.

Andrés pierde la sonrisa.

*

Las Cruces.

Lilia está tirada en el sofá sin hacer nada cuando golpean a su puerta y se levanta a abrir de mala gana.  Se queda sin aire- ¡Ay Salvador! ¿es usted Salvador? ¡ay siga! –lo hace pasar y se queda sin aire- ¡Salvador, Salvador, ay mi Salvador! Sabía que tarde o temprano usted iba a regresar –y se respira agitadamente- ¡usted no puede vivir sin mi! ¡no se puede olvidar de mi!
Salvador la mira apenado.

*

Mansión.

La fiesta se termina y todos se marchan.  Andrés sale al jardín acompañado de Rebeca e Isabel.

-Bueno, la pasé muy bien, espero que hayas disfrutado de tu cumpleaños.

Rebeca responde- ¡Todo estuvo divino! ¡los invitados sensacionales! Especialmente tú Andrésito de mi vida!
-Gracias.

-¡El único lunar en realidad fue la pesada de Ángela! –ríe con una carcajada agria- ¡Creo que nunca debiste invitarla Isabel!
-¡No! Te equivocas tía- sonríe- ¡yo disfruté mucho su compañía!

-Bueno… si tú lo dices… ¡y tú deberías venir más a menudo! –le dice a Andrés.

-¡Muy pronto me tendrán aquí todo el tiempo! –promete Andrés- ¡pero no como visitante! –y luego mira a Isabel con rabia- ¡aunque no llene los requisitos para reemplazar a don Pedro!
Isabel lo mira suspirando cansada- ¡No estarás enojado conmigo! ¿verdad?

-¡No! Nunca podría enojarme con la mujer que amo –y se acerca y se despide con un beso- ¡hasta mañana!

Andrés se marcha.

-¡Ay hija! –suspira Rebeca al quedar solas- ¡pero qué esperas para casarte con ese hombre! ¡es un ensueño de hombre!
-No quiero hablar de eso –la corta seca y sin sonreir.

-Mi amor, si se ve que está loquito por ti… ¡y tú por él!

-¡Creo que no es el momento para casarme con Andrés! ¡es todo!

-¡Por favor! Ya olvídate de don Pedro José… empieza a vivir… ¡Andrés es el esposo perfecto!
*

Las Cruces.

Casa de Lilia.

-¡Pero siéntese Salvador! –insiste- es un hombre muy especial… yo no me lo podía sacar de la cabeza ni un momento… ¡se lo juro!
Salvador se sienta en el sofá avergonzado- ¡Yo sé del afecto que siente por mi! Y por eso es… -duda- ¡necesito pedirle un favor muy grande!
-¡Lo que sea Salvador! –Lilia se sienta a su lado- usted sabe que yo por usted hago cualquier cosa… dígame.

-Es que pienso viajar… alejarme de la región… y bueno… como comprenderá sin un centavo en el bolsillo eso sería muy difícil.

Pero Lilia al escuchar esto cambia de cara.

-Doña Lilia… ¿usted cree que podría prestarme algo de dinero?

Lilia se enoja y levanta y le grita- ¡A eso vino! ¡a decirme que le preste dinero y a contarme que se piensa marchar de aquí! Me defrauda profundamente Salvador –se queja- ¡yo pensé que usted había venido porque no soportaba vivir sin mí! –se pone a llorar.

-Doña Lilia… no tengo a nadie más a quien recurrir… de lo contrario no me hubiera atrevido a venir a su casa.

-¡Pues si es para conseguir dinero! ¡vaya a pedírselo a otra persona porque yo no le voy a dar ni un centavo! ¡no cuenta con eso! ¡y mucho menos para alejarse de aquí!

Salvador la mira y se levanta- ¡Le pido disculpas señora! No fue mi intención molestarla… con permiso –y sale de la casa.

Lilia se queda atónita ante su comportamiento y de pronto reacciona y sale corriendo detrás- ¡Salvador! Espere Salvador… -le grita- ¡no se vaya! ¡Salvador! ¡Salvador! ¡ay Salvador, Salvador!

*

Mansión.

Muy entrada la noche Abigail entra a controlar a sus hijos y encuentra solo a Antonio.

-¿Terminó la fiesta mamá?

-Si hijo, desde hace rato… ¿y Simón? Nada que llega… ¿verdad?

-¿Qué horas son?

-¡Son casi las 2 de la mañana!

-Simón está en una fiesta… déjalo que se divierta… tú duerme tranquila que seguramente él se la está pasando muy bien.

*

Casa de Consuelo.
Y Simón la está pasando en los brazos de Consuelito, en la cama, hasta que de repente se le ocurre preguntar- ¿Siempre haces lo mismo con todos los hombres? ¿los traes a tu casa?

Consuelo se enoja y se separa- ¡Qué insinúas!
-¡Nada! Lo que pasa es que francamente no esperaba que fuera tan rápido… -suspira- las mujeres son bien complicadas, primero lo emocionan a uno y luego nada de nada.

-¿Entonces qué? ¿tenía que hacerte esperar? ¡pues no Simón! Si te traje a mi casa es porque me gustas… ¿crees que soy una cualquiera y que ando trayendo a todos los hombres que se me atraviesan en mi camino? –se levanta y le muestra la puerta- ¿sabes que? ¡mejor te largas de mi casa!
-¡No Consuelito! Perdón… una tontería mía… ¡ya!

-No me gusta que dudes de mí Simón.

-¿Cómo crees? Si las mujeres como tú me encantan –y la tira sobre la cama- ¡me enloquecen!
En ese momento se escucha el llanto de unos niños y Simón se enfría- ¿Quiénes son esos niños? Desde hace rato los escucho.

-Son los hijos de mi amiga… voy a ver qué les pasa a esos mocosos.

-¡Ay no Consuelito! Quédate aquí que el tiempo se nos está acabando… vamos a aprovecharlo.

-¡Cómo! ¿no me dijiste que te quedabas toda la noche?

-¡Hijole! Con gusto lo haría, pero la verdad no puede… no le avisé a mi mamá que me iba a quedar fuera y se va a preocupar.

Consuelo se enoja- ¡Y a ver! ¿con quien estoy tratando? ¡con un hombre o con un muchachito que le tiene que pedir permiso a su mamá!
-¡No pues, con un hombre! ¿qué no te lo acabo de demostrar?

-¡Entonces quédate conmigo y no me dejes sola Simón! ¿Si?

-¡Está bien! Si quieres que me quede – y se besan como locos.

*

Las Cruces.

Lilia persigue a Salvador en medio de la noche- ¡Salvador! ¡Salvador, por favor regrese!
-¡Deje de seguirme doña Lilia!

-¿Adonde va por Dios?

-¡No lo sé señora! ¡no lo sé! Lo único que sé es que no será al rancho… así tenga que pasar la noche a la intemperie.

-Vamos a la casita, por favor se lo suplico –le ruega sin aire.

-La que debe volver a la casita es usted señora, y regrese ahora mismo, ya no se aleje más por favor.

-¡No! Yo no me voy a la casa sin usted –agitada- ¡yo lo aprecio demasiado Salvador!
-¡Por lo visto a nadie le conviene apreciarme mucho porque termino haciéndole daño a todo el mundo!

-¡No! No diga eso –respira entrecortadamente.

-¿Y Cantalicia, y el padre Jacobo, y el doctor Valencia? ¡y usted misma señora! –la mira desesperado- ¡a todos les he causado problemas! ¡sin proponérmelo les he trastornado la vida!
-¡Ándele! No tenga miedo Salvador, yo puedo ayudarlo a organizarse, a estabilizarse.

Pero Salvador se niega- ¡Doña Lilia por favor!
-¡Nunca había conocido a un hombre tan lindo como usted Salvador! –dice desgarradoramente- ¡yo por usted haría cualquier cosa! ¡iría al mismo infierno si fuera posible!

Salvador se enoja- ¡No diga tonterías por el amor de Dios! ¡contrólese!
-¡Si quiere ir a Río Claro, yo voy con usted! Y sí claro… yo lo acompaño… además en Río Claro tengo unos amigos que pueden recibirnos –se ilusiona.

-¡Señora! ¿no se da cuenta? ¡yo tengo razón cuando digo que trastorno a la gente! –la mira- ¡fíjese usted misma! ¡está trastornada doña Lilia! De lo contrario… no me haría una propuesta tan descabellada por favor.

-¡No por favor! –se desespera- ¡sólo quiero estar al lado del hombre que yo amo y ser feliz con él! ¡yo por usted haría cualquier cosa, lo que me pidiera, sin arrepentimientos!
-No.

-¡Acépteme!

-¡No! Contrólese por favor señora… ¡contrólese!
-Salvador.

-Ándele, regrese a su casa y olvídese de mí… ¡usted nunca más volverá a verme!
-¡No! –grita- ¡no! ¡usted no puede abandonarme o yo me muero sin usted! Mire… ¡además! Acuérdese que yo le voy a dar una platica para que haga su viaje… ¿si? –lo toma del brazo y lo tira- ¡venga! ¡vamos a la casita! Acepte mi propuesta por favor –le ruega.

Salvador la mira apenado y luego se deja llevar.

-¡Vamos! –corre feliz Lilia.

*

Casa Consuelo.

-¡Consuelito! –grita Simón que está solo.

Consuelo aparece- Tranquilo, estaba durmiendo a las niñas.

-¿Cómo es posible que la mamá se vaya y las deje solas?

-¡Ay! Es que mi amiga sabe que yo las cuido como si fueran mis hijas… ¡yo quiero mucho a esas mocositas!
Y otra vez se escuchan llantos.

-¡Aunque a veces me dan ganas de tirarlas por la ventana!
Simón ríe-¿Adonde vas? ¡dejalas que lloren un rato! –y Simón la atrapa.

*

Las Cruces.

-¡Salvador! –Lilia vuelve con su cartera y le muestra un fajo de billetes- ¡aquí tiene! –le ofrece- ¡aquí están todos mis ahorros! Disponga de ellos por favor.

Salvador mira apenado- ¡Doña Lilia! Por favor no exagere… yo sólo necesito para el ticket para Río Claro.

-¡No! ¡tómelo todo! ¡todo! –se acerca suspirando- yo le voy a pedir algo a cambio Salvador.

-Doña Lilia.

-¡Llámeme Lili! ¡regáleme esta noche Salvador! Por favor abráceme –y se le sube encima para abrazarlo y tocarlo- ¡béseme! ¡necesito sentir su calor! ¡déjeme ese recuerdo por favor Salvador! ¡no se vaya! ¡por favor!
Salvador levanta los brazos sin abrazarla- ¡Por el amor de Dios señora! ¡ya no más! Usted no está bien… ¡no está bien!
-¡Voy a estar bien! –grita Lilia- ¡pero si usted me abraza y pega su cuerpo contra el mío! ¡si me besa! Salvador –respira apenas- ¡hace mucho tiempo que estaba deseando tenerlo así entre mis brazos a un hombre como usted! –y lo abraza y lo toquetea- ¡no se vaya!

Salvador suspira y luego le palmea el hombro como si fuera una criatura- ¡Lo siento mucho señora! –le dice- ¡lo siento pero no puedo complacerla! –la aleja de sí mismo- No me preste nada… ¡no me de nada! Pero por favor déjeme.

Pero Lilia lo persigue.

-¡Déjeme ir!
-¡Salvador! Usted no puede irse con las manos vacías… ¡usted necesita dinero! Y puede llevarse todo ese dinero Salvador –y de pronto se mira a sí misma- ¡pero espéreme un momentito Salvador! ¡no se vaya! ¿me espera, si? ¡me espera Salvador! ¡no se vaya! –y se dirige a su cuarto- ¡Espéreme!
Salvador queda sólo en la sala y ve salir a Lilia… su mirada queda prendida de los fajos de billetes que Lilia dejó tirados sobre el sofá.

 
*

FIN DEL CAPITULO

  (Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi responsabilidad)

@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

www.mabouchita.com

Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme
----------------------------------------------

Cap#24 <- - -> Cap#26
Home Resúmenes  Elenco  Derechos  Músicas Envía un Mensaje