Apartamento Isabel.
Isabel vestida con su traje de novia que es un blanco tirando a dorado.
Valeria vestida con un vestido rosado con volados- Primas… ¿estás segura que quieres casarte con ese hombre? –le pregunta mientras le arregla la caída del vestido.
Isabel la mira con suspirando- ¡Valeria, por favor! –le sonríe y le acaricia el mentón con cariño- ¡Si no estuviera tan segura, no me hubiera tomado la molestia de vestirme de novia!
-¡Yo sé, Isabel! Pero es que me parece que es mucho mayor que tú.
Isabel mira para otro lado y se mira al espejo- ¡Si yo no me caso por la edad ni atraída por una cara bonita! ¡ni mucho menos por dinero! Si crees que esa es la razón de mi matrimonio con Pedro! –y deja vagar la mirada- ¡yo quiero un hombre que me respete y que me ame sinceramente! –como soñando- a diferencia de todo lo que piensan ustedes… ¡yo estoy muy enamorada! Y mi mayor deseo en este momento es convertirme en su esposa –sonríe extrañamente.
*
Estudio.
-¡No puede cometer semejante bestialidad! –grita Gaetana- ¡porque se arrepentiría más pronto de lo que se imagina!
Pedro levanta las cejas y se apoya en el escritorio.
Gaetana camina nerviosa de un lado a otro- ¡Para adivinar su futuro!... yo no tuve que estar dormida ni soñarlo… ¡no señor! Bien despierta tuve esa terrible premonición… ¡y lo vi a usted! –se acerca y hace aspavientos- ¡hundiéndose en un pozo de lodo oscuro y espeso! Y pudo haberse salvado, pero a la orilla le esperaba la serpiente para inyectarle todo su veneno.
-¡Realmente su pesadilla fue horrible Gaetana! –se burla Pedro.
-¡Le repito que no fue una pesadilla don Pedro!
-¡Se hace tarde! –da por terminada la visita- ya debo salir para la iglesia, Gaetana, con su permiso.
-¡No, no don Pedro! –lo detiene- al unir su vida con la serpiente, terminará destruyéndolo… ¡no puedo hacerlo, no le conviene!
Pedro se arma de paciencia- ¡Lo que no me conviene es seguir hablando con usted! Le he dado demasiada confianza y está abusando –le reclama- ¡me parece un atrevimiento que haya venido a mi casa sin yo haberla llamado!
-¡Yo lo creí una obligación!
-¡Déjeme en paz de una buena vez! –la mira enojado- ¡está loca si cree que voy a darle crédito a lo que usted dice! ¡no sea farsante Gaetana!
-¡Farsante! –finge estar ofendida- ¡se atreve a llamarme farsante!
Pedro asiente.
-¡Después de haberle demostrado que poseo poderes de clarividencia!
-Sinceramente, ya no estoy tan convencido.
-¡No soy ninguna habladora don Pedro! –se exaspera- ¡y no le voy a permitir que me insulte! ¿sabe? –insegura- ¡no lo permito!
Pedro tranquilo- ¡No se preocupe! Esta será la última vez que nos vemos Gaetana Charry –le anuncia.
Gaetana boquiabierta-¡Don Pedro! ¿Cómo va a decir eso? ¡usted me necesita! Por muy importante y millonario que usted sea… usted me necesita.
-¡Eso fue lo que más le interesó de mí! ¿verdad? ¡tiene miedo de perder a uno de sus mejores clientes!
-¡No! ¿Cómo cree? ¡Dios me libre de caer tan bajo! –se santigua.
-¡Permítame! –Pedro abre el cajón de su escritorio y saca un fajo de billetes- ¡aquí tiene! –le pasa el fajo- ¡esto será lo último que reciba de mí! Sus servicios quedan cancelados señora.
Gaetana ríe nerviosa- ¡No don Pedro! No sea tan extremista… piense muy bien lo que hace… ¡no haga eso don Pedro!
Walter entra y los encuentra así, a Pedro con el fajo de billetes- ¡Perdone que lo interrumpa señor! –mira su reloj- ¡pero ya es hora de irnos!
-¡Tome el dinero y váyase Gaetana! no quiero volver a verla en mi vida… ¡no quiero!
Gaetana acepta el dinero y luego toma su cartera y se marcha.
Pedro sale detrás de ella seguido de Walter.
*
En su auto Gaetana furiosa- ¡Lamentará casarse! Y no le quedará más remedio que venir a buscarme nuevamente… ¡eso se lo aseguro Pedro José Donoso! ¡se lo aseguro!
(Ay… y tiene razón!!)
*
Un auto descapotable, BMW llega y baja un hombre joven y guapo, con una camisa azul a cuadros y una corbata azul.
*
En la casa Pedro baja las escaleras y ve a Antonio y a Simón y les sonríe y les saluda con la mano. Los dos le sonríe.
-¡Walter! ¿Dónde está Andrés? –se preocupa Pedro.
-¡Lo ignoro señor! –seco Walter.
Pero Andrés está entrando- ¡Don Pedro!
-¡Menos mal que llegaste! Pensé que ya no ibas a venir.
Andrés sonríe- ¡No me perdería este momento de su vida por nada del mundo!
-¡Ya lo sé! Y gracias –se dan la mano, de pronto se pone serio.
-¿Se siente mal? –se preocupa Andrés.
-¡No! Pero estoy un poco triste… ¡no todos están de acuerdo con mi decisión de casarme y entre ellos mi hija Ángela!
-¡No se mortifique! Ella está viviendo en el exterior, está muy lejos de aquí.
-¡Le avisé a última hora de mi matrimonio! No quiero ni imaginar cual será su reacción.
*
Un taxi.
-¡Apúrese por lo que más quiera! Tengo que llegar lo más pronto posible… ¡necesito llegar!
*
Una iglesia.
Los novios en el altar.
Pedro viaja lejos con el pensamiento.
*
Taxi.
Ángela lee una carta:
“Estoy viejo y lo peor es que me siento viejo… a mi edad y con las enfermedades que tengo debería esperar resignadamente la muerte, pero por el contrario… ¡me casaré por segunda vez!
Pensarás que enloquecí y seguramente me reprocharás, pero tomé la decisión después de analizarlo muchas veces”
*
Iglesia.
Pedro sonríe por fin,
Isabel entra a la iglesia y le sonríe.
*
“Voy a casarme con una mujer maravillosa, a quien tú conociste la última vez que viniste, ¡se trata de una joven y talentosa ejecutiva de mi compañía, Isabel Arroyo! Tal vez pienses que no es la esposa indicada para un viejo como yo, pero Isabel reúne muchas cualidades que ya no se encuentran en las mujeres. Estoy completamente seguro que su amor es sincero y desinteresado, y sólo buscan en mí el apoyo moral y el respaldo que estoy dispuesto a brindarle”
*
Pedro recibe a Isabel ante la mirada de Nina, Valeria y Andrea.
*
“Porque es la mujer perfecta, la compañera que cualquier hombre desearía tener a su lado, capaz de brindarme la tranquilidad y el equilibrio que tanto necesito”
*
Isabel mira a Pedro, Nina llora, Valeria sonríe.
Pedro le pone el anillo y besa a la novia.
*
“Te quiere, tu papá”
Ángela arruga la carta con rabia.
*
Iglesia.
Isabel y Pedro sonríen, la gente aplaude a los novios.
Pedro e Isabel salen de la iglesia.
*
Mansión.
Los nuevos casados bailan felices, y se besan. Andrés los mira. Isabel apoya su cabeza en el hombro de Pedro que está feliz.
Los invitados los miran. Isabel sonríe.
“El amor que te juré un día,
Hoy se hizo por fin realidad,
Las estrellas, la luna y el sol
Son testigos de este gran amor”
(wow!

Fijense amig@s que esta es la misma canción con la bailan Isabel y Salvador cuando se casan, en la casa, en el mismo lugar!!! )
“Hoy te juro frente a mi Dios,
Ser el hombre más fiel vida mía.
Ay, quiero amarte, tenerte y besarte
Hasta que, al fin seas mía,
Y enseñarte en mis brazos, mujer,
Lo que es la vida.”
*
Jardín.
Simón se acerca al espectacular banquete cuando su madre le reprocha que eso es para los invitados.
-¡Si no puedo estar en ningún lado, para qué me obligas a vestirme como un mamarracho!
-¡Porque quería que estuvieras bien arreglado para cuando llegaran los invitados! Retírate a descansar a tu habitación como lo hizo tu hermano Antonio.
-¿Y quien te asegura que mi hermano Antonio está descansando en su cuarto?
*
Estudio.
Antonio está buscando un libro, cuando tropieza con el libro “Vida después de la muerte” y lo hojea curioso, abre una pagina y lee algo que lo inquieta.
*
Salón.
Isabel baila con Andrés y lo mira y luego desvía la mirada.
Pedro los mira con cariño.
*
Jardín.
Los invitados se pasean. Valeria está sentada en una mesa sola.
-Señorita Valeria –se acerca Abigail- ¿desea tomar algo?
-Un poco de aire, de repente me empezó a doler la cabeza.
-Permítame –le pone la mano en la frente- Creo que tiene usted un poco de fiebre, le voy a buscar una pastilla.
-¡No! No te molestes, me da mucha pena.
-No es ninguna molestia, con mucho gusto.
Valeria se siente mal.
*
Muy cerca, Simón besa a una empleada-¡Ándale Norita! Un poquito –la empleada se resiste.
Abigail pasa y se escandaliza al verlos- ¡Simón! –le grita -¿qué significa esto? ¡que demonios estás haciendo!
-¡No estaba haciendo nada malo, mamá! –se arregla la ropa.
-¡Y tú muchachita! Sé un poquito más prudente, vete para la casa a cumplir con tus obligaciones y no vengas a buscar lo que no se te ha perdido.
Norita corre.
-¡Cuantas veces te tengo que decir que me tienes hasta la coronilla! ¡no te metas con las empleadas Simón!
-¡No mamá, es que me aburro sin hacer nada! Tengo que hacer algo… ¿no? –dice tontamente.
Y Abigail le vuelve a arrastrar de la oreja.
*
Salón.
Isabel bella del brazo del orgulloso Pedro José.
Los invitados chismentan- ¡Bella la muchacha! ¡escandalosamente bella! Pedro… extremadamente calculador.
Andrés lo mira con sospecha-¿Por qué lo dice Liborio?
-¡Ay, entre nosotros no podemos taparnos y decirnos mentiras mi amigo! Para nadie es un secreto que nuestra ex compañera de trabajo no se casó precisamente por amor sino por el dinero de don Pedro José.
-Si piensa eso… ¡dígaselo a la cara! –lo reta Andrés.
-No pienses eso hombre.
-¡No soporto la gente falsa! –le sonríe falsamente- ¡don Pedro es nuestro patrón! Y merece respeto.
-Tampoco es para que se ofusque Andrecito, Liborio lo ha dicho sin mala intención.
-¡No voy a permitir que hablen mal de Isabel! –se enoja- ¡y mucho menos de don Pedro! ¡no en mi presencia! ¡con permiso! –se ertira.
*
Los mariachis tocan “Adelita”
*
Los recién casados salen al jardín y son aplaudidos.
-¿Te gustó la fiesta? –Pedro.
-¡Me encanta, mi amor! ¿Cómo no me va a gustar? Pero tenemos que irnos Pedro… ¡tenemos que arreglar todo lo del viaje! –le acaricia el rostro.
-¡No te apresures! El avión sale dentro de dos horas.
-¡Yo lo sé! Pero tenemos que llegar con anticipación al aeropuerto… ¡llevamos mucho equipaje!
-Está bien… lo que tú digas… ¡tus deseos son ordenes!
Se besan.
(humm

yo creo que no van a poder viajar!! )
Pero en ese momento llega el taxi a la casa y una chica rubia de pelo largo baja y los mira enojada.
-¡Ángela! –exclama Pedro.
Isabel la mira y suspira.
Pedro toma a Isabel de la mano y corre a ver a Ángela, la abraza muy fuerte- ¡Ángela, hija! ¡que sorpresa tan agradable! Todo esperaba, menos que vinieras el día de mi boda.
-¡Sí papá! –Ángela mira enojada a Isabel- ¡lo sé!
-Mira… ella es Isabel… mi esposa… -le toma de la mano para presentarla.
Pero Ángela se niega a acercarse- ¡No papá! En este momento no quiero hablar con nadie que no seas tú –le hace el desaire.
Isabel traga saliva. Pedro nervioso la mira pidiendo disculpas- Mi amor… ¿me permites unos minutos?...mi hija debe tener algún problema.. ¡ven! –y se alejan.
Isabel levanta el mentón.
*
Estudio.
-Pasa hija, aquí podemos conversar tranquilamente.
Ángela mira alrededor.
-Como puedes ver todo marcha igual en esta casa.
-Aparentemente sí, pero me extraña que no hayas quitado el retrato de mi mamá para reemplazarlo por el de tu nueva esposa.
-Ángela por favor.
-¡Por qué lo hiciste papá! –le grita- ¡por qué!
-Ya te lo expliqué en la carta que te envié, me sentía muy solo.
-¡Por tu gusto! Porque bien sabes que yo me moría por regresar a tu lado y nunca me lo permitiste.
-¡Pensé que era mejor que permanecieras en el extranjero estudiando! En este país jamás hubieras recibido la educación que tienes ahora.
-¡Eso que importa si yo lo que quería era estar a tu lado y jamás contestaste mis llamadas! –llora.
-Vivo muy ocupado hija –suspira Pedro- y debo atender demasiados compromisos… tienes que disculparme… ¡tienes que perdonar!
-¿Y también te tengo que perdonar lo que acabas de hacer? ¡también te debo de perdonar que me ignoraste por completo y me avisaste de tu boda sin importarte decirme ni siquiera la fecha! Todo lo imaginé… ¡todo, excepto que llegaría precisamente el día de tu boda! –llora sin consuelo.
Pedro se acerca y le acaricia el rostro-Hijita… ¡yo creí que tu jamás hubieras querido asistir a mi boda con otra mujer! Por eso no te avisé antes.
-¡Si me hubieras avisado antes hubiera impedido de cualquier modo este desastre! –le grita- ¡esta absurda boda!
-¡No puedo creer lo que estás diciendo Ángela! –se enoja Pedro- ¡es inaceptable que tú pretendieras he… detenerme… interrumpir mi matrimonio! –se sienta en su escritorio.
-¡Es que no te das cuenta papá! ¡por Dios! –le grita furiosa- ¡eres un hombre de casi 70 años! ¡¿Cómo es posible que te hayas querido casar con una mujer tan joven?!
-¿Y qué querías? ¿Qué me casara con una anciana como yo?
(bueno…esto me hizo reír

)
-¡No! –furiosa- ¡no! ¡que no te casaras y punto!
-¡Si lo hice es porque estoy seguro que Isabel me ama sinceramente y me ha demostrado que no es una persona interesada ni egoísta! –le levanta- ¡como tú estás siendo ahora! –le reprocha- ¡tú estás siendo egoísta Ángela! Te has convertido en una hija egoísta que se cree con derecho a negarle la felicidad a tu padre… ¡a pesar de sus 70 años!
-¡No papá! ¡no! Pero alguien tiene que abrirte los ojos… porque estás completamente ciego.
Pedro la mira.
En ese momento entra la inoportuna de Nina acompañada de Isabel que está vestida de verde - ¡Querido Pedro José! Discúlpanos de interrumpir la conversación con tu adorada hija pero ya es hora de ir al aeropuerto.
Isabel le sonríe a Pedro y le toma la mano.
Pedro suspira- ¡Despídete, por favor, de tu madrastra! Por favor Ángela.
Pero Ángela la mira con odio-Aunque te hayas casado con ella… ¡para mí ella no es ni mi madrastra ni nada!
-¡Ángela! –le reprocha Pedro.
-¡No tengo por qué fingir papá! –la mira- ¡tú no me agradas Isabel! Y nunca vas a reemplazar a mi madre.
Isabel simplemente la mira.
-¡Pero qué atrevida! –grita Nina - ¡como se le ocurre hablar así de mi hija!
-¡Déjala! No le digas nada, porque quizás tenga razón –Isabel se acerca a Ángela- ¡No Ángela! Yo no pretendo sustituir a nadie… -mira a Pedro- ¡yo lo único que quiero es compartir mi vida con el hombre que amo, que es tu padre! Amarlo, cuidarlo, como cualquier esposa… sin importarme el qué dirán… ¿me entendiste?
-¡Pues no te creo nada! ¡eres falsa! –le acusa.
-¡Quizás no debiste haber venido Ángela! –interrumpe Pedro.
-¡Tienes razón papá! –llora- y por eso ahora mismo me regreso… ¡quédate con tu nueva familia y olvídate que tuviste una hija porque no volverás a verme nunca más! ¿lo oyes? –le grita- ¡nunca! –sale corriendo.
Pedro corre detrás- ¡Ángela!
-¡Déjala! –grita Nina - ¡déjala Pedro José!
Isabel se apoya sobre el piano sin sonreír.
*
Ángela corre escaleras abajo y Pedro la sigue gritando -¡Ángela! – y en ese momento le duele el pecho
y cae por las escaleras
ante el horror de todos los invitados y de Ángela que se queda pálida.
Pedro yace en el suelo.
-¡Don Pedro! –grita Andrés.
Isabel que los sigue corre- ¡Pedro, mi amor! –grita- ¡llamen a una ambulancia por favor!
-¡Don Pedro José! –grita Abigail.
-¡Mi amor, por favor! –Isabel- dime qué sientes… ¡un medico! ¡algún medico que esté presente por favor! –grita desesperada- ¡Abigail, Walter! Una ambulancia.
-¡Inmediatamente señora! –Walter corre.
Ángela los mira con horror sin acercarse.
*
Walter y Andrés llevan a Pedro a la habitación-¡Cuidado! –y lo acuestan en la cama.
Isabel corre detrás-¿Qué hago? –se desespera- ¡es que yo lo veo muy mal Andrés!
Nina entra detrás.
-¡Andrés escúchame! –grita Isabel- ¡lo veo muy mal!
-¡Trata de calmarte! Abigail fue a llamar al doctor.
Isabel se sienta a su lado en la cama.
*
Abigail llama al doctor- ¡Es urgente, si! Don Pedro José acaba de sufrir un ataque… por favor haga lo posible para localizarlo, es muy urgente –corta.
-¡Mamá! ¿qué pasó? –llegan Antonio y Simón.
-¡Don Pedro José acaba de sufrir otro ataque! Parece ser que está muy grave.
-¿Dónde lo tienen? –Antonio.
-¡Allá arriba en su habitación!
Antonio y Simón van a correr.
-¡No muchachos, por favor! –los detiene Abigail- ¡por favor no vayan ahora, esperen a que llegue el doctor! No vayan en este momento.
*
Sala.
Ángela llora sola en un rincón, cuando Valeria la ve y se acerca y la mira con pena y sonríe.
Ángela la mira y se levanta enojada y se marcha.
Los invitados siguen tomando y comentando- Este matrimonio comenzó muy mal, en mi opinión duró muy poco –se burla uno de ellos.
-A este paso, no habrá fiesta sino entierro –se burla una invitada- Ese señor está gravisimo, puede pasar lo peor.
*
Habitación.
-¡No reacciona! –Walter- ¡si el médico no llega a tiempo no sé que cosas puedan suceder!
Ángela entra a la habitación.
Nina la echa enojada- ¡Qué hace aquí! Nadie la ha llamado.
-¡Es mi papá y tengo todo el derecho de verlo! –le grita Ángela.
-¡Ahora sí es su papá! –se burla Nina - ¡pero hace un momento lo estaba agrediendo e insultando como si fuera su peor enemigo!
Ángela se arrodilla al lado de la cama y le toma la mano.
-¿A eso vino a esta casa, a matar a su padre? –grita fuera de sí- ¡irresponsable!
-¡Mamá! –le grita Isabel- ¡ya cállate! ¿quieres? –se enoja- ¡ya cállate, es su hija y merece respeto!
(Vieja insoportable!!

)
Nina está dispuesta a continuar.
Isabel la detiene firma- ¡No importa lo que haya hecho! Mucho menos importa lo que piense de nosotras.
Ángela llora-¡Papá! ¡papá!
Pero Pedro está muy lejos… ve al mismo campesino que camina… y que trabaja… cuando vuelve en sí está en una ambulancia… vuelve a irse… y ve a Cantalicia y la escucha gritar- ¡Saaaallllvvvaaaadoooor! ¡Salvador!
Pedro vuelve en sí y ve a Isabel-¡Mi amor! Ya vamos… tranquilo… ¡aguanta por favor! ¡no cierres los ojos! –le ruega.
Pero Pedro vuelve a partir y ve a Salvador corriendo, huyendo.
La sirena de la ambulancia.
*
Mansión.
Abigail, Antonio y Simón esperan. Simón mira un partido.
-Simón, apaga ese aparato.
-Mamá, estoy viendo el partido.
-Te lo apagues, te digo.
Simón lo apaga.
-Tuvieron que hospitalizarlo –suspira Abigail- yo creo que esta vez don Pedro José está muy grave.
-¡No sólo se echó a perder la boda! También la luna de miel.
-¡Y todo por culpa de la hija! –Simón- ¡si esa no debe haber cambiado nada!
-¡Sí! Seguramente sigue siendo la misma muchachita rebelde y antipática de antes –Antonio.
-¡Eso seguro hermano! La misma fastidiosa y odiosa que armaba problemas por todos.
-¡Por qué tienen que hablar pestes de la gente! –les reprocha Abigail- ¡cuantas veces les he dicho que no hagan comentarios! –y señala a las empleadas.
-¡Déjelos! –Vicky- que al cabo no están diciendo nada que no sea cierto.
-¡Si yo no veo por qué razón tengamos que callarnos! –Simón- ¡y mucho menos sabiendo que ella es la responsable de que don Pedro se encuentre así!
-¡Te callas la boca Simón! –Abigail- les he dicho muchas veces que no ataquen a la señorita Ángela… ¿Cuántas veces tengo que decirles que no hablen mal de ella?
-Yo no la he visto… ¿Cómo está ella? –pregunta Antonio.
-¡Está preciosa! Convertida en toda una mujer… igual a su difunta madre doña Catalina.
-No pudo haber cambiado tanto, por el retrato que hay en el estudio la señora Catalina era una mujer muy guapa –Antonio- en cambio Ángela…. –pero al ver la cara de su madre- ¡está bien! No dije nada.
*
Estudio.
Ángela es el vivo retrato de su madre.
(Creo que este retrato es de la misma Ángela

)
Apoyada contra el marco de la pintura sufre, luego se pasea por el estudio y se apoya en el piano… llora.
*
Habitación de Pedro.
Isabel arregla su ropa ayudada de Valeria. Nina no hace nada-¿Dónde se ha metido?
-¡No lo sé mamá! –responde Isabel- seguramente estará encerrada en su cuarto, o escondida en algunos de los rincones de la casa tratando de evitarnos a toda costa.
-¡Hum! –se burla Nina mientras se toma una copa de vino.
-¡Debe sentirse muy avergonzada y muy arrepentida de su comportamiento! –dice Isabel.
-¡No creo que sienta nada! –critica Nina e Isabel levanta una ceja- ¡porque se nota que esa niña no quiere a su papá!
-¿Y tú como puedes asegurar eso mamá? –Isabel cruza los brazos enojada.
-¡Cómo no asegurarlo! Si ni siquiera se tomó la molestia de venir a preguntar por la salud de Pedro José… a Ángela poco y nada le importa que se muera.
-¡Ay mamá, por Dios!
-¡A ella lo único que le importa son las pérdidas que tendrá por este matrimonio!
Isabel la mira molesta.
-¡Así es mi hijita! Es una muchachita muy codiciosa que soñaba con heredar toda la fortuna de su padre… ¡pero cuando se enteró que tenía que compartirla con nosotras, claro, se puso como una serpiente venenosa!
Isabel la deja hablando sola y va a colgar ropa, luego vuelve.
-¡Eso es lo que ha pasado! –sigue hablando- es por eso que tomó la decisión de regresar de Europa, para tratar de evitar este matrimonio, pero claro, el tiro le salió por la culata porque afortunadamente… ¡llegó demasiado tarde!
Isabel se da cuenta que Valeria se toma la cabeza- ¿Te sigues sintiendo mal? –se preocupa.
-¡Sí, me duele un poco la cabeza! –suspira Valeria.
-¡Pues mejor vete a descansar! Yo termino con todo esto.
-¡Te lo agradezco! Que pasen muy buena noche –se despide.
-¡Ay Dios mío! –se queja Nina -¡nunca está bien! Cuando no son las piernas, son los brazos, la cabeza… ¡no hay un solo día que no se enferme!
Pero esto ya es demasiado para Isabel que se acerca con las manos en las caderas .
-¡Te juro que a veces me dan ganas de seguirle la corriente! –sigue- ¡a ver si de esa manera se aleja y puede vivir sin nosotras!
-¡Mamá! No seas tan dura con Valeria –le ruega Isabel- ¿no te das cuenta que es una mujer muy débil y que la has tenido trabajando muy fuerte estos últimos días? ¡debemos de tenerle un poco más de consideraciones! ¿no crees?
Nina se pone furiosa-¡Que consideraciones ni ocho cuartos! ¿no te parece poco con la presencia de esa pretenciosa de Ángela en esta casa? A propósito… ¿tú crees que se quedará aquí durante mucho tiempo?
Isabel suspira- ¡No lo sé mamá! Si no se hubiera presentado el incidente de mi marido ya se habría regresado a Europa… ¡ahora por fuerza se tendrá que quedar hasta que se recupere!
-¿Y si no se recupera? –pregunta insidiosa- ¿y si se muere?
Isabel la mira enojada.
-¡No me mires así! Cualquier cosa puede suceder.
Isabel mira a la distancia.
*
Noche de Media Luna.
Pedro sigue soñando con el campesino que trabaja y de pronto mira al cielo.
*
Dos días después.
Don Pedro con el doctor.
-¡Las radiografías no pueden ser más claras señor Donoso! Su corazón sigue dándole serios problemas, ha aumentado de tamaño y aparecen algunas calcificaciones en la aorta… ¿ha vuelto a fumar?
-¡No! Ni un solo cigarrillo, pero para el caso es lo mismo… con todo lo que fumé antes el mal ya está hecho.
-¡Eso me temo porque los pulmones se están ventilando con mucha dificultad! Además pude aprecias algunas bulas enfisematosas que pueden producirle dolor precordial.
Pedro se queda con la mirada en blanco-¿Dolor precordial, qué es eso?
-¡Dolor en el pecho! Ese es el primer síntoma, una angina de pecho… de ahí los ahogos y los espasmos fuertes… es evidente que estamos ante el peligro de un infarto.
-¿Eso me sucedió esta vez?
-¡Si le sirve de alivio, le diré que no! El ataque que sufrió se debe a otra sección, pero tendremos que esperar el resultado de las radiografías de los riñones… ¡que también parece que les están dando unos problemitas porque encontramos su tensión demasiado alta!
(Puras buenas noticias quoi!

)
-Total doctor… que según usted… ¡estoy hecho una porquería humana y con un pie en el cementerio! –se sienta enfrente- ¡le voy a decir una cosa! Usted tiene que aliviarme porque no pienso aplazar mucho tiempo mi viaje de bodas… ¡a ver cómo le hace!
-¡Váyase haciendo a la idea de aplazarlo indefinidamente! Porque en sus condiciones no le conviene viajar a ninguna parte.
-¡No me diga eso doctor! Porque no le voy a hacer ningún caso.
El doctor ríe- ¡Realmente me sorprende ese deseo de vivir! Otro en su lugar estaría postrado en una cama… pero entienda… ¡por favor termine de entender que tiene que cuidarse! Como médico y como amigo le recomiendo que no haga ningún tipo de esfuerzo.
-¡Está hablando con un recién casado, doctor! ¿Dónde ha visto un recién casado que no haga esfuerzo? A poco usted no hizo cuando se casó –le dice en doble sentido.
El doctor ríe- ¡Ay Pedro! Créame que lo siento, de veras lo siento, pero usted tiene que guardar absoluto reposo y a su esposa no le quedará más remedio que comprenderlo… ¡si usted prefiero yo hablo personalmente con ella para explicarle las cosas!
-¡No! –se escandaliza Pedro- ¡no le diga nada! ¡no me la azorrille más! De por sí debe pensar que soy un viejo de porquería que no sirve ni para la luna de miel… ¡no hombre! Y además… no debí casarme ¿verdad?
-¡No! Al menos en las circunstancias actuales, quizás en un futuro.
-¿De qué futuro me habla? Según usted mi único futuro… es el cementerio.
*
Fabricas Donoso.
Isabel pasea por la fábrica, vestida muy guapa.
-La producción está muy lenta Gonzalez, mejore su tiempo –Andrés y luego le pregunta- ¿Se canceló el viaje?
-¡Se aplazó por el momento! Pero yo temo que no se realizará nunca.
-¡Lo siento mucho!
-¡No importa! –sonríe Isabel- ¡al fin de cuentas… la salud de mi marido es lo más importante en este momento!
-¡Sí, pero a esta hora podrías estar disfrutando de la playa, el sol, ciudades maravillosas!
-¡Me da igual! En otro momento será… ¿Cómo marcha la fábrica?
-¡Bien! Nos has hecho falta, no hemos podido encontrar un reemplazo para ti.
-¡No me digas! ¿y que pasa con Liborio Sierra, no es un genio?
-¡Eso parece! Pero no lo demuestra.
-Por eso necesito que me des ese informe de todo lo que está sucediendo aquí… ¿podemos ir a tu oficina para poder platicar tranquilamente?
-¡Sí claro! ¿Cómo sigue don Pedro?
-Bien, recuperándose satisfactoriamente y si no surge ninguna complicación yo creo que hoy mismo le dan de alta.
-¡Qué bueno! Vamos.
Simón los ve pasar.
*
Oficina Andrés.
Isabel entra y deja su cartera en la silla.
-Bueno, empiezo a rendirte cuentas entonces –dice Andrés y se sienta en su silla.
Isabel lo mira- ¡Me encantaría! Porque estoy muy ansiosa –y lo mira con deseos.
- ¡muy ansiosa! –y da la vuelta y se acerca y lo empieza a besar salvajemente.
Andrés le responde y se besan como locos.
*
Mansión.
-Pues esta mañana estuvo en la fábrica un buen rato –comenta Simón a Antonio que está disfrazado de jardinero- ¡habló con el subgerente y con algunos de los empleados!
-Eso está muy bien- Antonio- eso significa que doña Isabel está pendiente de la fábrica, otra en su lugar ni siquiera se hubiera parado por ahí.
Abigail limpia- ¡Y la verdad es muy buena persona! Lo que pasa que la gente dice muchas tonterías, pero con nosotros no nos podemos quejar, ha resultado ser muy buena patrona.
-¡Uy! Cada día se pone mejor… ¡está más buena que antes hermano!- ríe Simón- ¡Unas piernotas que se gasta! Y pensar que don Pedro José anda enfermito en el hospital sin poder disfrutar de tanta belleza… bien dicen por ahí que Dios le da pan a quien no tiene dientes.
Abigail se enoja.
-¡Simón, ya bájale ! –corta Antonio.
-¿Tiene algo de malo reconocer la belleza de una mujer? Aunque sea la dueña de la casa… ¡es que no sabes hermano! Nada más de verla se me corta la respiración y se me sube la presión… ¡mujeres como doña Isabel me ponen…!
-¡Ya entendimos Simón! –le corta Abigail- ¡no hace falta que le pongas tanta enjundia!
-¡Ay mamacita! Si cual enjundia, si es mejor dejarse de tantos remilgos y llamar las cosas por su nombre, sobre todo cuando de temas sexuales se trata.
-No hables así delante de mi mamá –Antonio.
-¿Para qué ponerles tanto misterio? ¿te imaginas mamacita, cuantas parejas están copulando en este preciso momento? ¡si eso es más natural que comer!
-¡Yo te voy a enseñar a ti lo que es respeto! –y Abigail toma una escoba y le empieza a pegar- ¡venga para acá muchacho grosero!
*
Mas tarde aparece Simón-¿Ya no hay moros por la costa?
-¡No, pero no te confíes que si te cacha te va a moler a punta de escobazos!
-Es que sigue tratándonos como si fuéramos criaturas de pecho… ¿qué no se da cuenta que ya somos unos hombres hechos y derechos? Tú que te llevas mejor con ella, por que no la convences para que nos de un poco más de libertad.
Antonio deja de leer- Así tengamos 50 años para ella seguiremos siendo unos niños, Simón, no la provoques tanto.
-¡Es que yo me aburro como una ostra en esta casa tan grande! Si don Pedro José debería dejarme trabajar todo el día en la fábrica en lugar de mandarme a estudiar en las tardes.
-Lo hace porque nos quiere y se preocupa por nuestro futuro, deberías responderle como se debe y aprovechar toda la ayuda que nos está brindando… porque patrones como él no se encuentran a la vuelta de la esquina.
-¡Si, pero a mí me aburren los libros! Yo prefiero aprender pero con trabajo en la fábrica –de pronto se queda boquiabierto al ver pasar aún rubia preciosa- ¡quien esa vieja!
-¡No sé! Pero me parece que es Ángela… la hija de don Pedro José.
-Desde que llegó no la he visto, como se la pasa metida en la casa… ¿te animas a echarle un vistazo? Ya deja el libro.
-¿Sabes que si? Me está dando curiosidad.
Ángela busca un árbol y sonríe al encontrarlo, lo acaricia y encuentra un corazón.
Antonio y Simón se acercan y la espían.
-¡Ella es Ángela! –Simón se queda boquiabierto.
-Al parecer sí.
-¡Pero si Ángela era una muchachita así flacuchenta, y toda gacha!
-¡Mi mamá me dijo que había cambiado mucho y no se equivocó!
-¿Qué estará haciendo? –pregunta Simón extrañado.
En ese momento Ángela los ve y deja de sonreír- ¡Quien anda ahí! –y se asusta- ¡Abigail! –corre a la casa- ¡dos hombres muy extraños me están acechando!
-¡Por Dios! ¿está usted segura de lo que dice?
-¡Sí, se veían muy extraños y muy peligrosos! Así que llama al vigilante.
Antonio y Simón llegan corriendo.
Abigail sonríe- ¿Se refiere a esos dos muchachos que están allá?
-¡Sí, ellos!
-¡No señorita! Ellos no son ladrones, ni maleantes… ¡son mis hijos! Antonio y Simón.
-¿Tus hijos, tan grandes? ¡si eran unos niños!
-¡Pero ya crecieron y son hombres de bien! Se lo aseguro… déjeme ir a buscarlos para que pueda usted conversar con ellos y se le quita la desconfianza.
-¡No vaya por ellos! –se niega- ¡no quiero que se me acerquen!
-¡Señorita Ángela!
-¡Lo siento Abigail! No los quiero cerca de mí, no me gusta cómo me miraron, y sentí malas intenciones… ¡no los quiero cerca de mí!
-¡Señorita! –sufre Abigail.
-¡Por favor! Les prohíbo que se acerquen a mí… no me gusta que me espíen… ¿entendido?
-Sí señorita, entendido.
Ángela los mira enojada y entra a la casa, pero se detiene al ver llegar una camioneta. Andrés conduce a Pedro que al pasar al lado de Ángela no la saluda. Isabel le toma del brazo, Y todos con Walter entran a la casa.
Ángela baja la mirada.
*
Habitación de Pedro.
Isabel se acurruca en sus brazos.
-¡Me siento terriblemente mal! –suspira Pedro y la abraza- ¡por todo lo que ha sucedido Isabel! Y tú debes estar decepcionada… creyendo que te casaste con un viejo achacoso que ni siquiera pudo llevarte de luna de miel por estar enfermo.
Isabel sonríe- ¡No digas nada! No te lamentes absolutamente de nada… ¿qué importa la luna de miel si estamos juntos? –y se besan.
En ese momento entra Ángela sin golpear y los sorprende.
Pedro deja de besar a Isabel- ¡Podrías avisar antes de entrar! ¿no te parece hija? –y abraza a Isabel que mira Ángela.
-¡Lamento interrumpirlos! –se excusa Ángela triste- ¡pero necesito hablar contigo!
Pedro mira a Isabel que sigue acurrucada- ¿Me puedes dejar solo un ratito con ella por favor?
-¡Claro que sí! –Isabel lo besa y se marcha.
-¡Gracias! Supongo que estarás satisfecha –dice molesto- todo el mundo intentando salvarme la vida… -se pasea- y tú tratando de acelerar mi muerte.
-¡No digas eso por favor! –llora Ángela- ¡lamento mucho lo que pasó!
-¿Qué es lo que quieres Ángela? En realidad… ¿qué quieres?
-¡Quiero quedarme! Aunque sea solo por un tiempo.
-¿Para qué?
-¡Para sentir que tengo un padre todavía! –llora- y para conocer mejor a Isabel y a familia.
Pedro baja la mirada.
-¡Te lo suplico papá! Por favor necesito quedarme –lo abraza desesperada- ¡necesito estar segura que Isabel es sincera contigo! Y cuando se despejen mis dudas me marcharé.
Isabel los espía.
-¡Por favor! Por favor papá –le ruega Ángela llorando- ¡dime que puedo quedarme!
*
En la noche.
Ángela nada en la piscina (y lo hace muy bien

).
Antonio y Simón la esperan en la orilla. Al salir los ve. (y tiene otro COLOR de pelo!!)
-Buenas noches señorita Ángela- Antonio.
-¡Sabemos de sobra que no le simpatizamos! –Simón- y que nos confundió con unos ladrones peligrosos que querían robar esta casa.
-Antes que salga gritando y corriendo como esta tarde, permítanos presentarnos porque al parecer usted no se acuerda de nosotros… él es mi hermano Simón y yo soy Antonio.
-¡La verdad discúlpenme si alarmé a su mamá! Pero de verdad me asusté mucho.
-¡No era nuestra intención asustarla! Discúlpenos por favor –le da la mano.
Pero Ángela duda y no acepta.
-¡Bueno! –grita Simón- ¡nos va a disculpar sí o no!
-¡Si me hablas en ese tono por supuesto que no!
-¡Lo ves hermano! Sigue siendo la misma muchacha antipática de antes.
-¡Y ustedes los mismos metiches de siempre! A mí no me van a asustar con su actitud de machitos… ¿qué les pasa? Yo no me voy a sentir incomoda en mi propia casa.
-¡Discúlpenos! De verdad queremos hacer las paces y no intimidarla Ángela.
-¡Pues lo están haciendo! –les grita- ¡y no me llames Ángela! No se les olvide que yo soy la hija del dueño de esta casa…y ustedes son simplemente los hijos de una empleada.
-¡A mucha honra señorita! –le grita Simón- ¡ni crea que me ofenda con sus palabras!
Abigail aparece- Simón, por favor –lo calla- ¡Antonio!
-Abigail, te pedí que no quería verlos cerca de mí, y mientras yo esté en esa casa no los quiero cerca… ¡por favor! –los deja solos.
*
Cuarto de Abigail.
-¡Se los repetí una y otra vez! –grita desaforada- ¡es que ustedes no entienden! ¿Por qué me hacen esto muchachos?
-¡Mamá, nosotros sólo nos estábamos tratando de disculpar! –Simón- pero esa engreída nos trató como si fuéramos más piojosos… ¡llegó más insoportable que nunca!
-Simón tiene razón, ella fue la grosera –Antonio- ¡nos insultó como cuando era una mocosa!
-¡Pero la situación ha cambiado! Porque ya ni la señorita Ángela es ya una mocosa ni ustedes son unos niños, así que deben respetarla y guardar la debida distancia.
-¿O sea que tenemos que bajar la cabeza aunque nos pateen?
-¡Simón! Pero qué tontería está diciendo… ¿Quién te está pateando? No olviden que en esta casa no hemos recibido más que beneficios y buenos tratos… el señor Donoso ha hecho por nosotros lo que ni siquiera hizo el desobligado de su padre.
-¿Es necesario que nos lo recuerdes mamá? –se enoja Antonio.
-¡Sí señor! Es necesario para que nunca olvidemos la generosidad de don Pedro José, él me ha ayudado a sacarlos adelante muchachos, les ha dado la oportunidad de trabajar, de estudiar, lo menos que pueden hacer es respetarlo a él y a su familia… ¡y no quiero escuchar más problemas con ustedes! ¿entendido? –les grita y se marcha.
-¡Ahora sí nos sacamos la lotería con esa piojosa! ¿la viste hermano? –Simón- los ojos le brillaban como los de un gato mientras nos insultaba.
Pero Antonio sonríe- ¡Les brillaban maravillosamente! Tiene los ojos más lindos que he visto en toda mi vida.
-¡Qué burradas estás diciendo hombre!
-¡Es soberbia, engreída, todo lo que quieras! Pero no puedes negar que es una mujer preciosa… ¡está lindísima Simón!
*
Cena.
Nina y Pedro en las cabeceras, Isabel y Valeria.
-¡Ángela debería estar acompañándonos! –grita Nina- ¿no la llamo Abigail?
-¡Sí, doña Nina, pero prefirió quedarse en su cuarto!
-¡Está visto que tu hija no nos puede ver ni en pintura! –le dice a Pedro- y lo peor es que no hace el mínimo esfuerzo por disimularlo Pedro José.
-¡No voy a obligar a mi hija a bajar a cenar con nosotros sólo porque usted lo quiere señora! –le aclara.
Nina que no puede contestarle se las toma con Valeria- ¡Valeria, levanta la cabeza! Te he dicho que es de muy mala educación bajar la cabeza cuando estás en la mesa!
Pedro la mira enojado.
-¡Además no sé por qué te has vestido de esa forma tan espantosa! –sigue desagradablemente- ¿Acaso mi hija no te ha regalado suficiente ropa?
Isabel la mira con malestar, Pedro enojado.
Valeria avergonzada- ¡Me siento mal! ¿puedo retirarme?
-¡Si te sientes muy mal podemos llamar al médico! –se preocupa Pedro.
-¡No! ¡no te preocupes! –corta Nina- ¡eso no es más que hipocondría barata! ¡tú no vas a ningún lado! ¡come! –le ordena.
-¡Si la niña se siente muy mal, déjenla que se retire! –y la mira- ¡retírate hija, si quieres!
Valeria no espera la invitación dos veces y sale huyendo.
-¡Esa mujercita no tiene remedio! –sigue Nina.
Isabel suspira molesta.
-¡Está traumatizada desde que sus padres murieron en un terremoto! –desagradable Nina- la pobre… ¡y yo decidí refugiarla y cuidarla!
Pedro la mira a punto de mandarla al diablo.
Nina toma un trago de vino- ¡Este vino no está muy bueno que digamos! –se queja- ¡debe ser de una cosecha muy reciente!
Isabel deja de comer y se cruza los brazos.
-¡Creo que yo también me retiro! –anuncia Pedro molesto – con tu permiso mi amor.
-¡Adelante! –responde Isabel apenas
-Con su permiso señora- a Nina - ¡buen provecho!
Isabel espera que Pedro se aleje y luego se levanta enojada y tira su servilleta-¡Que te aproveche mamá! –le dice molesta y se marcha dejándola sola.
Nina los mira sin entender y tranquilamente sigue comiendo.
*
FIN DEL CAPITULO.
*
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