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(Este capítulo es el regalo de año nuevo para mi amiga Budur!
)
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En la noche.
Ángela nada en la piscina (y lo hace muy bien
).
Antonio y Simón la esperan en la orilla (como niños de escuela...
) .
Al salir los ve. (y tiene otro COLOR de pelo!!
-Buenas noches señorita Ángela- Antonio.
-¡Sabemos de sobra que no le simpatizamos! –Simón- y que nos confundió con unos ladrones peligrosos que querían robar esta casa.
-Antes que salga gritando y corriendo como esta tarde, permítanos presentarnos porque al parecer usted no se acuerda de nosotros… él es mi hermano Simón y yo soy Antonio.
-¡La verdad discúlpenme si alarmé a su mamá! Pero de verdad me asusté mucho.
-¡No era nuestra intención asustarla! Discúlpenos por favor –le da la mano.
Pero Ángela duda y no acepta.
-¡Bueno! –grita Simón- ¡nos va a disculpar sí o no!
-¡Si me hablas en ese tono por supuesto que no!
-¡Lo ves hermano! Sigue siendo la misma muchacha antipática de antes.
-¡Y ustedes los mismos metiches de siempre! A mí no me van a asustar con su actitud de machitos… ¿qué les pasa? Yo no me voy a sentir incomoda en mi propia casa.
-¡Discúlpenos! De verdad queremos hacer las paces y no intimidarla Ángela.
-¡Pues lo están haciendo! –les grita- ¡y no me llames Ángela! No se les olvide que yo soy la hija del dueño de esta casa… -los mira despectiva de pies a cabeza- y ustedes son simplemente los hijos de una empleada.
-¡A mucha honra señorita! –le grita Simón- ¡ni crea que me ofenda con sus palabras!
Abigail aparece- Simón, por favor –lo calla- ¡Antonio!
-Abigail, te pedí que no quería verlos cerca de mí, y mientras yo esté en esa casa no los quiero cerca… ¡por favor! –los deja solos.
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Cuarto de Abigail.
-¡Se los repetí una y otra vez! –grita desaforada- ¡es que ustedes no entienden! ¿Por qué me hacen esto muchachos?
-¡Mamá, nosotros sólo nos estábamos tratando de disculpar! –Simón- pero esa engreída nos trató como si fuéramos más piojosos… ¡llegó más insoportable que nunca!
-Simón tiene razón, ella fue la grosera –Antonio- ¡nos insultó como cuando era una mocosa!
-¡Pero la situación ha cambiado! Porque ya ni la señorita Ángela es ya una mocosa ni ustedes son unos niños, así que deben respetarla y guardar la debida distancia.
-¿O sea que tenemos que bajar la cabeza aunque nos pateen?
-¡Simón! Pero qué tontería está diciendo… ¿Quién te está pateando? No olviden que en esta casa no hemos recibido más que beneficios y buenos tratos… el señor Donoso ha hecho por nosotros lo que ni siquiera hizo el desobligado de su padre.
-¿Es necesario que nos lo recuerdes mamá? –se enoja Antonio.
-¡Sí señor! Es necesario para que nunca olvidemos la generosidad de don Pedro José, él me ha ayudado a sacarlos adelante muchachos, les ha dado la oportunidad de trabajar, de estudiar, lo menos que pueden hacer es respetarlo a él y a su familia… ¡y no quiero escuchar más problemas con ustedes! ¿entendido? –les grita y se marcha.
-¡Ahora sí nos sacamos la lotería con esa piojosa! ¿la viste hermano? –Simón- los ojos le brillaban como los de un gato mientras nos insultaba.
Pero Antonio sonríe- ¡Les brillaban maravillosamente! Tiene los ojos más lindos que he visto en toda mi vida.
-¡Qué burradas estás diciendo hombre!
-¡Es soberbia, engreída, todo lo que quieras! Pero no puedes negar que es una mujer preciosa… ¡está lindísima Simón!
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Cena.
Nina y Pedro en las cabeceras, Isabel y Valeria.
-¡Ángela debería estar acompañándonos! –grita Nina- ¿no la llamo Abigail?
-¡Sí, doña Nina, pero prefirió quedarse en su cuarto!
-¡Está visto que tu hija no nos puede ver ni en pintura! –le dice a Pedro- y lo peor es que no hace el mínimo esfuerzo por disimularlo Pedro José.
-¡No voy a obligar a mi hija a bajar a cenar con nosotros sólo porque usted lo quiere señora! –le aclara.
Nina que no puede contestarle se las toma con Valeria- ¡Valeria, levanta la cabeza! Te he dicho que es de muy mala educación bajar la cabeza cuando estás en la mesa!
Pedro la mira enojado.
-¡Además no sé por qué te has vestido de esa forma tan espantosa! –sigue desagradablemente- ¿Acaso mi hija no te ha regalado suficiente ropa?
Isabel la mira con malestar, Pedro enojado.
Valeria avergonzada- ¡Me siento mal! ¿puedo retirarme?
-¡Si te sientes muy mal podemos llamar al médico! –se preocupa Pedro.
-¡No! ¡no te preocupes! –corta Nina- ¡eso no es más que hipocondría barata! ¡tú no vas a ningún lado! ¡come! –le ordena.
-¡Si la niña se siente muy mal, déjenla que se retire! –y la mira- ¡retírate hija, si quieres!
Valeria no espera la invitación dos veces y sale huyendo.
-¡Esa mujercita no tiene remedio! –sigue Nina.
Isabel suspira molesta.
-¡Está traumatizada desde que sus padres murieron en un terremoto! –desagradable Nina- la pobre… ¡y yo decidí refugiarla y cuidarla!
Pedro la mira a punto de mandarla al diablo.
Nina toma un trago de vino- ¡Este vino no está muy bueno que digamos! –se queja- ¡debe ser de una cosecha muy reciente!
Isabel deja de comer y se cruza los brazos.
-¡Creo que yo también me retiro! –anuncia Pedro molesto – con tu permiso mi amor.
-¡Adelante! –responde Isabel apenas
-Con su permiso señora- a Nina - ¡buen provecho!
Isabel espera que Pedro se aleje y luego se levanta enojada, suspira con rabia y tira su servilleta-¡Que te aproveche mamá! –le dice molesta y se marcha dejándola sola.
Nina los mira sin entender y tranquilamente sigue comiendo, sola, mientras Abigail y una empleada la miran boquiabiertas de tanta estupidez.
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Pedro mira el bello jardín apoyado en una veranda blanca preciosa, pensativo, cuando Isabel se le acerca cariñosa- Hola, mi amor.
-Hola –responde sin sonreír Pedro.
-¿Hace frío, no? –dice Isabel mirando a la inmensidad de la noche- no deberías estar aquí afuera, te puede hacer daño.
-Isabel –Pedro toma aire antes de decirle lo que piensa- ¿era absolutamente necesario que tu madre y tu prima vinieran a vivir a esta casa?
Isabel baja la mirada, sufre- ¿Te molesta?
-¡Pienso que deberían vivir lejos de aquí! –dice Pedro- ¿no puedes hablar con Nina y convencerla que regrese a su antigua casa?
Isabel suspira profundamente y se estruja las manos- Mi mamá… no se quiere separar de mí –duda- y… ¡además siempre soñó con vivir en este lugar tan hermoso! –dice la verdad nerviosa.
-¡Pero su casa es muy amplia y muy bonita! –se sorprende Pedro- ¡va a estar allá mucho más cómoda que aquí!
Isabel sonríe triste- ¡Pues sí mi amor! Pero el problema es que aunque ella quisiera… -baja la mirada y dice rápido - ¡ya no puede regresar porque tuvo que entregarla a sus verdaderos dueños!
Pedro la mira sorprendido- ¡Yo creí que me había dicho que la casa le pertenecía!
-¡No! –dice Isabel mirándolo a los ojos- ¡esa casa nunca fue suya! ¡nunca! –le confiesa.
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Más tarde, en el estudio, Pedro toca el piano y se aleja con la mente. En su habitación Isabel lo escucha acostada, disfruta de la música.
Cuando tocan a la puerta insistentemente- ¡Isabel! –la voz de Nina.
Isabel pone cara de fastidio y cansancio pero responde amable- Adelante, mamá.
Nina entra disfrazada con un salto de cama azul y ruleros azules- ¡No puedo dormir! –se queja- ¿Quién diablos está tocando el piano a estas horas? –grita.
-Pedro, naturalmente.
Nina cambia de cara- ¡Ah! ¿él?... no sabía que tocara..
-¡Y lo hace muy bien! ¿no? –Isabel dice soñadora- ¡es una de sus mayores pasiones, mamá!
-¡Debe ser más fuerte que la que siente por ti, al dejarte sola y preferir ir a golpear ese piano! –se queja- ¡es que con ese ruido no puedo descansar!
Isabel la mira enojada pero no contesta.
-¡Mira, yo creo que tú debes hablar con tu esposo y que deje esos hábitos tan raros!
Isabel suspira.
-¡Quiero dormir! –se marcha gritando- ¡quiero dormir!
Isabel vuelve a poyar la cabeza y cierra los ojos.
*
Pedro José Donoso sigue tocando.
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En el pasillo, Valeria, vestida más bien como monja del siglo pasado,
camina por le pasillo en trance y sonríe como transportada,
se acerca a la puerta del escritorio y se anima a abrir la puerta lentamente.
Pedro sigue tocando sin verla.
Valeria lo mira desde la puerta entreabierta sonriendo.
De pronto Pedro la ve con el rabillo del ojo.
Valeria, al verse descubierta, histéricamente cierra la puerta con fuerza y sale huyendo.
Pedro deja de tocar y mira sorprendido la puerta, enojado golpea el piano al perder concentración. Y luego con impaciencia hace un gesto de fastidio.
*
En un lejano lugar, un campesino acarrea sus materiales de trabajo con una lámpara en medio de la noche cerrada, es un hombre tosco y fuerte, que trabaja y golpea con fuerzas una cerca con un enorme mazo.
-¡Ahhh! –se despierta asustado de sueño Pedro y se sienta en la cama.
-¡Mi amor! –Isabel grita y prende la lámpara de la mesita de noche y lo mira asustada- ¿Qué pasa, Pedro? ¡te sientes mal! ¿otra vez te sientes mal?
Pedro tose y suda frío y toma aire-¡Lo de siempre! Voy por mis pastillas.
-¿Me dejas ayudarte? –se dispone Isabel.
-¡No! Yo voy por ellas –y trata de levantarse pero no puede.
-¿Seguro? –se asusta Isabel.
-¡Sí! –responde Pedro y se mete al baño.
Isabel se queda sola y pone una curiosa expresión en el rostro.
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En el baño, muy elegante con cuadros y toallitas bordadas “D”, Pedro busca unas pastillas y se las toma con apresuramiento. Es un hombre viejo y asustado- ¿Qué me sucede por Dios? –piensa- ¿Por qué veo siempre a ese hombre? –se desespera- ¡el mismo hombre! ¿es una visión o una realidad? ¿existe en algún lugar o será sólo de mi mente? –se acaricia la barbilla nervioso- ¡Por qué demonios me persigue! ¿Por qué me persigue? –mira a lo lejos con sus ojos claros- ¿Por qué siento morirme cuando lo veo? ¡por qué siento que me muero! –dice con miedo y terror en los ojos- ¿Quién es, quien es? ¡qué significa todo esto! –y se mira al espejo sin tener respuestas.
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Al día siguiente Pedro e Isabel bajan las escaleras seguidos de Walter para descubrir tremenda lío y escándalo en la sala.
Nina que está vestida de manera horrible, con una chaqueta vaquero con adornos de mariposa, grita enfrentando a Vicky, Abigail, Antonio, Simón, y las empleadas.
-¡Usted no me lleve la contraria y cállese! –grita Niña.
Pero todos le gritan.
-¡Pero qué está pasando aquí! –grita Pedro y todos callan.
-¡Que esta sirvientita desvergonzada! –señala a la pobre Vicky- ¡no tiene en ningún reparo en levantarme la voz y ofenderme! –acusa enojada.
-¡No es cierto señor! –Vicky furiosa- ¡lo único que le dije es que no podía obligarme a los muchachos a trapear el piso!
Pedro mira a Nina sin poder creer lo que escucha. Isabel no sabe en dónde meterse de la vergüenza.
-¡Claro!
-¿Usted quería obligarlos a trapear? –pregunta incrédulo Pedro señalando a Simón y a Antonio.
-¡Pues sí! –dice Nina tranquilamente- ¿qué tiene? ¿acaso no son empleados al igual que esta? –señala a Abigail.
(Bueno…
realmente aparte de ridicula es estúpida)
-¡Mamá! –grita Isabel- por favor…
-Permítame explicarle mi querida señora –interrumpe Pedro con calma para ponerla en su lugar- ¡estos muchachos son como mis hijos!
Simón lo mira con adoración, Antonio tranquilo. Abigail baja la mirada agradecida.
-¡Y los he cuidado y protegido desde que eran niños!
Abigail está a punto de llorar.
-Y por si usted no lo sabe –sigue Pedro- Antonio va a la universidad y es un gran estudiante! Y dentro de muy poco será un profesional con titulo.
Antonio sonríe feliz.
Nina mira a otro lado con fastidio-¡Hum!
-¡Y el demonio de Simón! -sonríe Pedro.
Simón sonríe feliz y le muestra un Ok con la mano.
-Si bien es verdad, que no le gustan los libros, no es amigo de los libros, pero… trabaja en nuestra empresa… ¡y no lo hace nada mal!
Nina suspira mientras todos la miran con triunfo ante el apoyo de Pedro, Isabel no sabe dónde meterse y suspira.
-¡Muchacho, por favor! Retírense y no hagan caso de las palabras de la señora –ordena Pedro.
Nina reacciona escandalizada.
Pero Pedro no le hace caso –Ustedes también niñas… vuelvan a su trabajo – ordena a las chicas y Abigail y Vicky también se retiran tranquila.
Nina se queda furiosa.
-¡Yo me voy a mi oficina! –Pedro se despide de Isabel.
-¿Estás seguro que quieres salir? –se preocupa Isabel- ¡acuérdate que todavía te encuentras un poco delicado mi amor!
-¡No creo que el medico le haya dado autorización para salir, eh! Yo creo que no -grita la suegra.
-¡Mi querida señora! –le corta Pedro- ¡yo no necesito autorización de nadie para ir a mi oficina y cumplir con mis obligaciones! Me siento muy bien.
Isabel se queda mirando a su madre que la mira enojada.
*
Más tarde Isabel llega a un encuentro clandestino con Andrés en un lugar precioso, al lado de un lago. Ella en un Jaguar plateado, él en su descapotable BMW.
Al verla bajar del auto sin sonreír Andrés adivina- ¡No marchan bien las cosas con él!
-¡Está muy delicado! –dice Isabel preocupada- temo que en cualquier momento le de otro ataque.
Isabel está preciosa, con un top verde bordado, y el pelo lacio.
-¿Pero le están suministrando los medicamentos, verdad? –se acerca Andrés.
-¡Walter se está encargando de eso, y al parecer Pedro está reaccionando! –suspira- ¡pero es que tremendamente impulsivo! –dice inquieta- ¡no toma las debidas precauciones! Se baja todas las noches a tocar el piano… y se sale a caminar todas las tardes.
Andrés sonríe feliz- ¡Entonces todo marcha muy bien! –festeja.
Isabel no sonríe- ¡Eso quisiera! –y de pronto se le abraza con miedo- ¡pero tengo mucho miedo!
-¡Tranquila! –Andrés la abraza.
Pero Isabel se separa y lo mira enojada-¡Es que a pesar de todo es un hombre muy fuerte y yo no puedo ni soportar la idea de imaginar que le tengo que aguantar indefinidamente!
-¡Caerá! –le promete Andrés- ¡en el momento menos pensado caerá! No te preocupes… y no te rindas que todo está saliendo como lo planeamos.
Pero Isabel no piensa igual y mira preocupada sin sonreír.
Andrés la besa e Isabel se deja, pero al separarse sigue sin sonreír, asustada, inquieta.
Andrés sonríe feliz- ¡Todo saldrá bien! –le promete y ríe y la vuelve a besar.
Isabel mira para otro lado… pero luego responde a sus besos.
*
Escritorio.
Cae la noche, y Don Pedro José toca el piano…
*
Habitación.
En su habitación Antonio lo escucha y sonríe.
Abigail entra- ¡Antonio, hijo, qué haces levantado tan tarde! –le reprocha- ¡deberías estar durmiendo, recuerdo que mañana tienes que madrugar, levantarte y estudiar!
(insoportable!! Abigail, imposible!!
Como si tuviera 10 añitos!)
-No tengo sueño, mamá.
-¡Ándale! –se sienta a su lado y le acaricia el brazo- ¡métete a la camita! (Horror, qué horror!
-¡Siempre me ha gustado la música de don Pedro, pero esta noche lo escucho más triste que nunca! Debe estar sufriendo mucho y transmite su dolor en el piano… lo que guarda en su corazón… lo que guarda en su corazón lo dice con sus mano.
-Mañana yo también te voy a decir algo bien grande como te levantes cuando venga a pararte –y de pronto controla la otra cama- ¿y tu hermano Simón, por dónde anda, eh?
*
Simón está en el establo haciendo el amor con una de las empleadas cuando de pronto se detiene- ¡No, yo así no puedo! –dice apenas vestido con un pijama amarillo- no puedo.
-¿Qué pasa?
-¡No escuchas al viejo tocando! Cada vez a él se le alborota la inspiración… a mi se me corta la… respiración… ¡perdóname Norita, pero es que nunca me ha gustado esa música tan tétrica! Cada vez que la escucho siento que me está regañando y se me pone la carne de gallina y se me enfría hasta el alma.
*
Escritorio.
Ajeno a todo, don Pedro sigue tocando, cuando otra vez Valeria abre la puerta del escritorio, vestida como un fantasma y lo mira fascinada.
Don Pedro José sonríe y la ve por el rabillo del ojo, y la mira, esta vez Valeria no huye.
*
Al día siguiente Isabel toma un baño y Valeria le habla.
-¿Sabes? Antes no me podía imaginar como una mujer como tú podía enamorarse de un hombre mucho mayor, como Pedro –vestida de rosa como niña chiquita (hasta tiene una cinta rosada en la cintura)- ¡pero ahora entiendo por qué lo hiciste!
-¡Qué es lo que entiendes! –se pone alerta Isabel.
-¡Qué es maravilloso, sensible, que esos hombres ya no existen! –suspira- ¡los demás son muy materialistas!
Isabel juega con la espuma- ¡Todo esperé menos escucharte decir estas cosas Valeria! ¿y se puede saber que es lo que te gustó de mi marido, si apenas lo conoces?
-¡Su música lo dice todo! –suspira Valeria y mira al techo- ¡esa profundidad con la que toca el piano! Que nadie se imaginaría que se trata de un industrial.
(Y por qué no?
)
Isabel la mira.
-¡Yo creo que se equivocó de profesión!
-¡Yo no estoy de acuerdo contigo! –responde Isabel- porque gracias a su talento en los negocios es… ¡por lo que llegó tan alto!
-¡Quizás sí! Pero como pianista es muy bueno.
Isabel sonríe-¡Ya sé! A lo mejor es un artista frustrado.
-¡Frustrado no! Es un verdadero artista –lo defiende- ¡es un hombre que con su mirada lo dice todo! Es sensible, es sincero, es un hombre de buenos sentimientos.
-¡Wow! Nunca te había escuchado hablar de alguien así… ¿debo ponerme celosa Valeria? –burlona.
-¡Yo creo que sí! Porque te casaste con un hombre que vale mucho más la pena que cualquier jovencito guapo.
-¡Tienes razón! –ríe Isabel- ¡yo no cambiaria ni sus canas ni su piel cansada ni por un vigoroso cuerpo… ni por la cara hermosa de otro hombre!
*
La noche.
En la sala Andrés le sirve una copa de vino tinto a Pedro- ¡Gracias!
-¡De nada!
-¡Debo admitirlo Andrés! Jamás me había preocupado por mi salud, ni mucho menos por la muerte – le confiesa - ¡pero ahora siento angustia y hasta envidia cuando veo a los hombres fuerte y sanos!
Andrés sonríe- ¡Don Pedro, por favor no diga eso! Yo lo veo mejor que nunca, además… eso de la edad es muy relativo.
-Lo digo por mis enfermedades, contigo no voy a disimular, porque eres como un hijo para mí.
-¿Sigue delicado de salud?
-¡Según el médico estoy con un pie en la tumba! –se levanta y se pasea- ah…
-¡Dios, no exagere por favor!
-¡Según él estoy enfermo del corazón, de los riñones, del estómago y de todo lo que un hombre pueda tener debajo de la piel! Lo peor… es que el alma también se me está enfermando –dice triste- porque… me siento desgraciado de haberme casado con Isabel.
Andrés se inquieta- ¡No me diga que tiene quejas de ella!
-¡No! ¡ninguna! Ella es una mujer maravillosa… ¡la falla es mía! Considero que soy un… egoísta… ¡por haberla amarrado a mi vida! No tenía ningún derecho de hacerle eso.
-¡Claro que si! Claro que lo tiene… usted es un gran hombre y no debe preocuparse por su salud…. ¡siga el tratamiento al pie de la letra y todo saldrá bien!
-¡Gracias muchacho! –suspira aliviado Pedro y brindan.
-¡Además cuenta con la compañía y el amor de Isabel! Y con el cariño de todos nosotros –le asegura.
En ese momento baja Ángela las escaleras y Andrés la mira con interés. Ángela pasa sin saludarlos.
-¡Si mi hija me hablara como tú! –suspira Pedro.
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