Espero que los de la novela solamente tengan el nombre!
BURKE Y HARE, LOS PRIMEROS ASESINOS EN SERIE DE LA HISTORIA MODERNA
Los vendedores de cadáveres
En menos de dos semanas cayeron en China y EE.UU. dos de los peores asesinos seriales de los últimos años. ¿Cuándo comenzó toda esta historia? Fue una noche de invierno, en la cual dos norirlandeses concibieron el más lucrativo negocio de comienzos del siglo XIX: asesinar gente y vender sus cuerpos a la Escuela de Medicina de la Universidad de Edimburgo.
La Nación
Por Gaspar Santander W.
Con menos de quince días de diferencia, el crimen volvió a remecernos las entrañas con el descubrimiento de dos más que particulares asesinos seriales: en la ciudad china de Cangzhou, la policía de ese país detuvo a Yang Zhiya, acusado del asesinato de 65 personas en la provincia nororiental de Hebei, en lo que los expertos consideraron el asesinato en serie más grave en la historia reciente de China
En Seattle, en tanto, Gary Ridgway, un pintor de autos confesó haber matado a 48 mujeres en la región, lo que puso fin a una investigación de 20 años al caso del “asesino de Green River”, uno de los homicidas seriales más importantes de Estados Unidos.
Yang Zhiya y Gary Ridgway. Gary Ridgway y Yang Zhiya. Tan lejanos, pero tan parecidos. La historia del mundo comienza y se acaba a punta de violaciones y machetazos. ¿Jack el Destripador, el primer asesino serial? Se equivoca. Es una falacia. Más de medio siglo antes, un par de norirlandeses escribieron en Edimburgo la primera página con sangre de la historia moderna, los señores Burke y Hare. Nombre de pila William, ambos.
De haber cometido sus asesinatos en el Londres victoriano, de seguro que William Burke y William Hare habrían sobrepasado la inmortal fama del sobrevalorado Jack el Destripador (quien sólo mató a cinco mujeres, una de ellas embarazadas, eso sí). Sin embargo, Burke y Hare eran norirlandeses, terrible pecado en el Imperio Británico de la época; cometieron sus crímenes en Edimburgo, Escocia; y en vez de deshacerse de los cuerpos de sus víctimas, no encontraron nada mejor que vendérselos a la Facultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo, donde un tercer personaje, el doctor Robert Knox, compraba ansiosamente estos extraños cadáveres que cada día parecían más frescos para sus concurridas clases de anatomía.
Ambos, Burke y Hare, llegaron a Edimburgo desde el Ulster coincidentemente en 1818 como obreros de lo que más tarde sería conocido como el Canal de la Unión. También llevarían historias similares. De hecho, se enamoraron por la misma época: en 1822, Hare conoció a Margaret Log, quien enviudaría por aquellos días, desposándola y heredando de su difunto antecesor una pequeña casa de huéspedes en los barrios bajos del puerto escocés, la tristemente célebre Log Lodging de Tanner’s Close. Burke, por su arte, conoció por esa fecha el amor de mano de Helen (Nell) MacDougal.
De acuerdo con su confesión oficial, Burke aseguró no haber conocido a Hare hasta noviembre de 1827, cuando él y su mujer se toparon con la esposa de Hare, conviniendo en tomar un trago. Habría sido en esa ocasión, cuando la señora Log los invitó a quedarse en su casa de huéspedes.
Los días transcurrían lentamente, según rezan los periódicos escoceses de la época. Todo era normalidad hasta que un buen día un viejo soldado de apellido Donald fue encontrado muerto en su habitación de la mentada Log Lodging. Hare, indignado por los meses de alquiler que el desgraciado había dejado impagos, recordó entonces viejas historias de taberna, según las cuales la venta de cuerpos era un negocio muy lucrativo entre los despreciables profanadores de tumba y los ansiosos profesores de medicina de la Universidad de Edimburgo, capital mundial de la medicina por ese entonces.
Así, dado que por aquel entonces cada funeral era un acontecimiento, Hare rellenó un ataúd con corteza y puso al viejo Donald en un saco, para partir inmediatamente junto a su socio Burke al colegio de cirujanos, donde un alumno los condujo a la consulta del famoso anatomista Robert Knox en el número 10 de Surgeons Square. Allí, tres misteriosos sujetos les exigieron que se retiraran y que volvieran junto al tieso de Donald por la noche. De esta manera, Hare y Burke obtuvieron sus primeros ingresos vendiendo el cadáver en 7 libras esterlinas y diez chelines de la época.
El orden de los asesinatos nunca pudo ser establecido. Burke entregó dos listas cronológicamente distintas en sus dos confesiones y Hare una tercera que no coincidía en nada, más que en el número de veces en que convirtieron a un vivo en cadáver: dieciséis. Lo único medianamente confirmado es la “maniobra Burke” de asesinato: cubrir a la víctima con una manta, para luego presionar firmemente en su nariz y boca hasta asfixiarla. Con tal delicadeza, los órganos quedaban intactos y prestos para las tareas académicas del respetable doctor Knox.
UNO TRAS OTRO
Joseph el molinero era un pobre viejo que acostumbraba alojar en la ya maldita casa de huéspedes de Hare. Una mañana sufrió un ataque de fiebre que intimidó a Hare, por cuanto un enfermo en su casa mermaría, sin lugar a dudas, su negocio. La solución fue simple: Burke lo asfixió esa misma mañana y antes de almuerzo ya estaban donde el doctor Knox.
La siguiente víctima fue un inglés, oriundo de Cheshire, quien enfermó de ictericia en casa de Hare. La solución fue nuevamente llamar al “doctor” Burke, quien lo asfixió sin mucho esfuerzo. Vuelta a casa de Knox, donde fueron atendidos sin hacerles una sola pregunta.
Tal asesinato, sin embargo, no fue cometido en Tanner’s Close, sino en Gibas Close, en casa de Constantine Burke, hermano de William. Una noche de verano, Burke conoció a Mary Patterson, una atractiva y quinceañera prostituta en un bar y la invitó a casa de su hermano. Mary se emborrachó para nunca volver a despertar. Su cuerpo fue empaquetado en un viejo saco de té, listo para ser puesto a disposición del doctor Knox. Otra prostituta, acompañante de Mary, se salvó de milagro.
El asesinato de uno de los desafortunados inquilinos de Burke y Hare, Jamie Wilson, fue especialmente macabro. Era un muchacho de 19 años, descrito como “grande y fuerte, pero con la mente de un niño”, claramente un retrasado mental. Jamie abandonó su casa luego de una discusión con su madre. Pasó a vivir en las calles y aprendió a sobrevivir descargando carros y mendigando. De acuerdo con la confesión oficial de Burke, fue su propia mujer quien lo invitó a su casa a tomarse un trago. Al llegar, su ya entrenada señora le pisó el pie derecho y salió de la casa. Burke sabía muy bien lo que eso significaba. Volvió a la casa de huéspedes y lo ahorcó hasta morir. Burke también dice que Jamie nunca dejó de preguntar por su madre, de quien estaba seguro, volvería muy luego, ya que la atenta señora MacDougal se había encargado de anunciárselo.
El asesinato de Jamie Wilson fue considerado uno de los más terribles, dado el estado de sobriedad del chico. Al ser desempacado en la Universidad, muchos estudiantes de medicina lo reconocieron. Si bien Knox negó que fuera él en un principio, la desaparición de las calles de Edimburgo del bueno de Jamie, llevaron al doctor a apurar su disección antes de que los rumores atrajeran a la estación de policía a su pabellón de cirugía.
EL DÍA DE LOS MUERTOS
Burke era un borracho empedernido. Una noche bebía un whisky tras otro en su taberna de siempre, cuando intempestivamente entró una anciana pidiendo limosna. Burke, con su alma tan caritativa, le invitó una copa y entonces supo que se trataba de Mary Docherty, quien venía de Irlanda en busca de un hijo perdido. Posteriormente, la invitó –cómo no- a alojar en su casa de huéspedes, donde la dejó en compañía de su mujer para partir inmediatamente en busca de más whisky y dar aviso a Hare de que esa noche debían trabajar.
Cuenta la historia que tuvieron una linda fiesta de Halloween, “con mucho trago y baile”. Quiso la fortuna que esa misma noche estuviera en casa un ex soldado llamado James Gray junto a su familia. Burke les pidió si podían dormir en casa de Hare, para que así la pobre anciana ocupara el cuarto de alojados a sus anchas.
La señora Gray volvió a la mañana siguiente, encontrando a Burke en una actitud “muy sospechosa”, por cuanto le impidió subir a la habitación en busca de las ropas de su hijo. Apenas Burke salió por más whisky, la señora Gray volvió a la casa, descubriendo debajo de unas mantas el cuerpo ensangrentado de la señora Docherty.
La señora MacDougal regresó a casa y le rogó a la señora Gray no informar de ello a la policía, ofreciéndole 10 libras esterlinas semanales por su silencio. “Dios prohíbe que los muertos nos reporten dinero”, dicen que dijo la señora Gray, antes de partir rauda a la estación de policía.
Burke y su mujer fueron interrogados esa misma tarde. Al mismo tiempo, una pista llevó a la policía hasta el cuerpo de Mary Docherty en Surgeons Square. También fueron arrestados Hare y su esposa, quienes, a cambio de evitar la pena de muerte, testificaron en contra de sus socios. De esta manera, mientras los Burke eran acusados del asesinato de la señora Docherty, los Hare les achacaban los de Jamie Wilson y Mary Patterson.
La noche de Navidad, con los Hare como testigos en contra de los Burke, el jurado se demoró 50 minutos en liberar a Helen MacDougal. Su marido, William Burke, fue condenado a morir en la horca y su cuerpo a ser diseccionado públicamente.
En una de las jornadas más recordadas de Edimburgo, el 28 de enero del año 1829, William Burke fue colgado ante una muchedumbre de entre veinticinco mil a cuarenta mil personas y su cuerpo humillado públicamente. Luego se procedió a una disección pública para más tarde exhibir su esqueleto con el fin de que los escoceses nunca olvidaran los atroces crímenes cometidos. Tal ejercicio de cirugía fue llevado a cabo por Alexander Monro, confeso rival de Knox al interior de la Escuela de Medicina.
William Hare, por su parte, el tipo que asesinó más gente que Jack el Destripador, fue liberado y visto por última vez en la ciudad inglesa de Carlisle. Según testigos, fue nuevamente descrito cuarenta años después convertido en un mendigo ciego, pero esto último nunca fue confirmado.
El doctor Knox nunca fue acusado de crimen alguno, pero su creciente impopularidad derivó en que su casa fuera atacada por una muchedumbre enfurecida. Tuvo que huir de Edimburgo, falleciendo en Hackney en 1862.
EDIMBURGO 2003
Cuna de bichos raros, la F acultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo puede preciarse de haber tenido entre su profesorado a personajes como Joseph Bell, confeso modelo del Sherlock Holmes que luego tomaría uno de sus alumnos, Sir Arthur Conan Doyle, para crear el detective más famoso de la literatura mundial; Sir David Brewster, inventor del caleidoscopio; varios Premios Nobel; o el mismo Robert Knox, anatomista famoso por proveer de cadáveres frescos a los más de 500 alumnos que llegó a tener.
En la citada facultad, un interno de nombre Charles Reid asegura que “la historia es bien sabida por estos lados y todos los alumnos conocen muy bien el esqueleto de William Burke. Aunque hay que entender que, pese a sus fechorías, el doctor Knox compraba los cuerpos en pro de los estudios científicos. Es raro, pero hace años que nadie me hablaba de él. Acá se les conoce como los Resucitadores de Edimburgo. A los tres, inluido el doctor Knox”.
En el número 2 de High Riggs, West Port, pocas cuadras al este de Lothian Road en Edimburgo, está el concurrido pub de Burke & Hare, descrito como “posiblemente el mejor strip-pub de Edimburgo”. Desde allá, un sujeto con voz ronca y olor a cerveza asegura que “Burke y Hare son nuestro folclor. Edimburgo les debe tanto a ellos como Londres a Jack el Destripador”, aclara, antes de emitir una ronca e inentendible frase, mezcla de jerga de bar escocés con cerveza desvanecida.
Y si de folklor se trata, Burke y Hare, los “reyes del robo de tumbas”, como eran irónicamente llamados pese a no haber profanado jamás un cementerio, lograron una macabra inmortalidad, perpetuándose en esos clásicos cánticos de niños saltando la cuerda:
“Arriba y debajo de la escalera /
En casa con Burke y Hare /
Burke es el carnicero, Hare el ladrón /
Knox, el niño que compra el bistec /
Burke y Hare cayeron por la escalera /
Con un cuerpo en una caja /
Camino a casa del doctor Knox”.
Lo que se llama un resabio de ternura.
