LOS ESPANTOSOS BURKE DE LA VIDA REAL

Con Mario Cimarro y Dana García
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Mabouchita
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LOS ESPANTOSOS BURKE DE LA VIDA REAL

Postby Mabouchita » Sun Feb 24, 2008 5:15 pm

WOW!! :eek: Espero que los de la novela solamente tengan el nombre!

BURKE Y HARE, LOS PRIMEROS ASESINOS EN SERIE DE LA HISTORIA MODERNA

Los vendedores de cadáveres

En menos de dos semanas cayeron en China y EE.UU. dos de los peores asesinos seriales de los últimos años. ¿Cuándo comenzó toda esta historia? Fue una noche de invierno, en la cual dos norirlandeses concibieron el más lucrativo negocio de comienzos del siglo XIX: asesinar gente y vender sus cuerpos a la Escuela de Medicina de la Universidad de Edimburgo.
La Nación

Por Gaspar Santander W.

Con menos de quince días de diferencia, el crimen volvió a remecernos las entrañas con el descubrimiento de dos más que particulares asesinos seriales: en la ciudad china de Cangzhou, la policía de ese país detuvo a Yang Zhiya, acusado del asesinato de 65 personas en la provincia nororiental de Hebei, en lo que los expertos consideraron el asesinato en serie más grave en la historia reciente de China

En Seattle, en tanto, Gary Ridgway, un pintor de autos confesó haber matado a 48 mujeres en la región, lo que puso fin a una investigación de 20 años al caso del “asesino de Green River”, uno de los homicidas seriales más importantes de Estados Unidos.

Yang Zhiya y Gary Ridgway. Gary Ridgway y Yang Zhiya. Tan lejanos, pero tan parecidos. La historia del mundo comienza y se acaba a punta de violaciones y machetazos. ¿Jack el Destripador, el primer asesino serial? Se equivoca. Es una falacia. Más de medio siglo antes, un par de norirlandeses escribieron en Edimburgo la primera página con sangre de la historia moderna, los señores Burke y Hare. Nombre de pila William, ambos.

De haber cometido sus asesinatos en el Londres victoriano, de seguro que William Burke y William Hare habrían sobrepasado la inmortal fama del sobrevalorado Jack el Destripador (quien sólo mató a cinco mujeres, una de ellas embarazadas, eso sí). Sin embargo, Burke y Hare eran norirlandeses, terrible pecado en el Imperio Británico de la época; cometieron sus crímenes en Edimburgo, Escocia; y en vez de deshacerse de los cuerpos de sus víctimas, no encontraron nada mejor que vendérselos a la Facultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo, donde un tercer personaje, el doctor Robert Knox, compraba ansiosamente estos extraños cadáveres que cada día parecían más frescos para sus concurridas clases de anatomía.

Ambos, Burke y Hare, llegaron a Edimburgo desde el Ulster coincidentemente en 1818 como obreros de lo que más tarde sería conocido como el Canal de la Unión. También llevarían historias similares. De hecho, se enamoraron por la misma época: en 1822, Hare conoció a Margaret Log, quien enviudaría por aquellos días, desposándola y heredando de su difunto antecesor una pequeña casa de huéspedes en los barrios bajos del puerto escocés, la tristemente célebre Log Lodging de Tanner’s Close. Burke, por su arte, conoció por esa fecha el amor de mano de Helen (Nell) MacDougal.

De acuerdo con su confesión oficial, Burke aseguró no haber conocido a Hare hasta noviembre de 1827, cuando él y su mujer se toparon con la esposa de Hare, conviniendo en tomar un trago. Habría sido en esa ocasión, cuando la señora Log los invitó a quedarse en su casa de huéspedes.

Los días transcurrían lentamente, según rezan los periódicos escoceses de la época. Todo era normalidad hasta que un buen día un viejo soldado de apellido Donald fue encontrado muerto en su habitación de la mentada Log Lodging. Hare, indignado por los meses de alquiler que el desgraciado había dejado impagos, recordó entonces viejas historias de taberna, según las cuales la venta de cuerpos era un negocio muy lucrativo entre los despreciables profanadores de tumba y los ansiosos profesores de medicina de la Universidad de Edimburgo, capital mundial de la medicina por ese entonces.

Así, dado que por aquel entonces cada funeral era un acontecimiento, Hare rellenó un ataúd con corteza y puso al viejo Donald en un saco, para partir inmediatamente junto a su socio Burke al colegio de cirujanos, donde un alumno los condujo a la consulta del famoso anatomista Robert Knox en el número 10 de Surgeons Square. Allí, tres misteriosos sujetos les exigieron que se retiraran y que volvieran junto al tieso de Donald por la noche. De esta manera, Hare y Burke obtuvieron sus primeros ingresos vendiendo el cadáver en 7 libras esterlinas y diez chelines de la época.

El orden de los asesinatos nunca pudo ser establecido. Burke entregó dos listas cronológicamente distintas en sus dos confesiones y Hare una tercera que no coincidía en nada, más que en el número de veces en que convirtieron a un vivo en cadáver: dieciséis. Lo único medianamente confirmado es la “maniobra Burke” de asesinato: cubrir a la víctima con una manta, para luego presionar firmemente en su nariz y boca hasta asfixiarla. Con tal delicadeza, los órganos quedaban intactos y prestos para las tareas académicas del respetable doctor Knox.

UNO TRAS OTRO

Joseph el molinero era un pobre viejo que acostumbraba alojar en la ya maldita casa de huéspedes de Hare. Una mañana sufrió un ataque de fiebre que intimidó a Hare, por cuanto un enfermo en su casa mermaría, sin lugar a dudas, su negocio. La solución fue simple: Burke lo asfixió esa misma mañana y antes de almuerzo ya estaban donde el doctor Knox.

La siguiente víctima fue un inglés, oriundo de Cheshire, quien enfermó de ictericia en casa de Hare. La solución fue nuevamente llamar al “doctor” Burke, quien lo asfixió sin mucho esfuerzo. Vuelta a casa de Knox, donde fueron atendidos sin hacerles una sola pregunta.

Tal asesinato, sin embargo, no fue cometido en Tanner’s Close, sino en Gibas Close, en casa de Constantine Burke, hermano de William. Una noche de verano, Burke conoció a Mary Patterson, una atractiva y quinceañera prostituta en un bar y la invitó a casa de su hermano. Mary se emborrachó para nunca volver a despertar. Su cuerpo fue empaquetado en un viejo saco de té, listo para ser puesto a disposición del doctor Knox. Otra prostituta, acompañante de Mary, se salvó de milagro.

El asesinato de uno de los desafortunados inquilinos de Burke y Hare, Jamie Wilson, fue especialmente macabro. Era un muchacho de 19 años, descrito como “grande y fuerte, pero con la mente de un niño”, claramente un retrasado mental. Jamie abandonó su casa luego de una discusión con su madre. Pasó a vivir en las calles y aprendió a sobrevivir descargando carros y mendigando. De acuerdo con la confesión oficial de Burke, fue su propia mujer quien lo invitó a su casa a tomarse un trago. Al llegar, su ya entrenada señora le pisó el pie derecho y salió de la casa. Burke sabía muy bien lo que eso significaba. Volvió a la casa de huéspedes y lo ahorcó hasta morir. Burke también dice que Jamie nunca dejó de preguntar por su madre, de quien estaba seguro, volvería muy luego, ya que la atenta señora MacDougal se había encargado de anunciárselo.

El asesinato de Jamie Wilson fue considerado uno de los más terribles, dado el estado de sobriedad del chico. Al ser desempacado en la Universidad, muchos estudiantes de medicina lo reconocieron. Si bien Knox negó que fuera él en un principio, la desaparición de las calles de Edimburgo del bueno de Jamie, llevaron al doctor a apurar su disección antes de que los rumores atrajeran a la estación de policía a su pabellón de cirugía.


EL DÍA DE LOS MUERTOS

Burke era un borracho empedernido. Una noche bebía un whisky tras otro en su taberna de siempre, cuando intempestivamente entró una anciana pidiendo limosna. Burke, con su alma tan caritativa, le invitó una copa y entonces supo que se trataba de Mary Docherty, quien venía de Irlanda en busca de un hijo perdido. Posteriormente, la invitó –cómo no- a alojar en su casa de huéspedes, donde la dejó en compañía de su mujer para partir inmediatamente en busca de más whisky y dar aviso a Hare de que esa noche debían trabajar.

Cuenta la historia que tuvieron una linda fiesta de Halloween, “con mucho trago y baile”. Quiso la fortuna que esa misma noche estuviera en casa un ex soldado llamado James Gray junto a su familia. Burke les pidió si podían dormir en casa de Hare, para que así la pobre anciana ocupara el cuarto de alojados a sus anchas.

La señora Gray volvió a la mañana siguiente, encontrando a Burke en una actitud “muy sospechosa”, por cuanto le impidió subir a la habitación en busca de las ropas de su hijo. Apenas Burke salió por más whisky, la señora Gray volvió a la casa, descubriendo debajo de unas mantas el cuerpo ensangrentado de la señora Docherty.

La señora MacDougal regresó a casa y le rogó a la señora Gray no informar de ello a la policía, ofreciéndole 10 libras esterlinas semanales por su silencio. “Dios prohíbe que los muertos nos reporten dinero”, dicen que dijo la señora Gray, antes de partir rauda a la estación de policía.

Burke y su mujer fueron interrogados esa misma tarde. Al mismo tiempo, una pista llevó a la policía hasta el cuerpo de Mary Docherty en Surgeons Square. También fueron arrestados Hare y su esposa, quienes, a cambio de evitar la pena de muerte, testificaron en contra de sus socios. De esta manera, mientras los Burke eran acusados del asesinato de la señora Docherty, los Hare les achacaban los de Jamie Wilson y Mary Patterson.

La noche de Navidad, con los Hare como testigos en contra de los Burke, el jurado se demoró 50 minutos en liberar a Helen MacDougal. Su marido, William Burke, fue condenado a morir en la horca y su cuerpo a ser diseccionado públicamente.

En una de las jornadas más recordadas de Edimburgo, el 28 de enero del año 1829, William Burke fue colgado ante una muchedumbre de entre veinticinco mil a cuarenta mil personas y su cuerpo humillado públicamente. Luego se procedió a una disección pública para más tarde exhibir su esqueleto con el fin de que los escoceses nunca olvidaran los atroces crímenes cometidos. Tal ejercicio de cirugía fue llevado a cabo por Alexander Monro, confeso rival de Knox al interior de la Escuela de Medicina.

William Hare, por su parte, el tipo que asesinó más gente que Jack el Destripador, fue liberado y visto por última vez en la ciudad inglesa de Carlisle. Según testigos, fue nuevamente descrito cuarenta años después convertido en un mendigo ciego, pero esto último nunca fue confirmado.

El doctor Knox nunca fue acusado de crimen alguno, pero su creciente impopularidad derivó en que su casa fuera atacada por una muchedumbre enfurecida. Tuvo que huir de Edimburgo, falleciendo en Hackney en 1862.

EDIMBURGO 2003

Cuna de bichos raros, la F acultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo puede preciarse de haber tenido entre su profesorado a personajes como Joseph Bell, confeso modelo del Sherlock Holmes que luego tomaría uno de sus alumnos, Sir Arthur Conan Doyle, para crear el detective más famoso de la literatura mundial; Sir David Brewster, inventor del caleidoscopio; varios Premios Nobel; o el mismo Robert Knox, anatomista famoso por proveer de cadáveres frescos a los más de 500 alumnos que llegó a tener.

En la citada facultad, un interno de nombre Charles Reid asegura que “la historia es bien sabida por estos lados y todos los alumnos conocen muy bien el esqueleto de William Burke. Aunque hay que entender que, pese a sus fechorías, el doctor Knox compraba los cuerpos en pro de los estudios científicos. Es raro, pero hace años que nadie me hablaba de él. Acá se les conoce como los Resucitadores de Edimburgo. A los tres, inluido el doctor Knox”.

En el número 2 de High Riggs, West Port, pocas cuadras al este de Lothian Road en Edimburgo, está el concurrido pub de Burke & Hare, descrito como “posiblemente el mejor strip-pub de Edimburgo”. Desde allá, un sujeto con voz ronca y olor a cerveza asegura que “Burke y Hare son nuestro folclor. Edimburgo les debe tanto a ellos como Londres a Jack el Destripador”, aclara, antes de emitir una ronca e inentendible frase, mezcla de jerga de bar escocés con cerveza desvanecida.

Y si de folklor se trata, Burke y Hare, los “reyes del robo de tumbas”, como eran irónicamente llamados pese a no haber profanado jamás un cementerio, lograron una macabra inmortalidad, perpetuándose en esos clásicos cánticos de niños saltando la cuerda:

“Arriba y debajo de la escalera /
En casa con Burke y Hare /
Burke es el carnicero, Hare el ladrón /
Knox, el niño que compra el bistec /
Burke y Hare cayeron por la escalera /
Con un cuerpo en una caja /
Camino a casa del doctor Knox”.

Lo que se llama un resabio de ternura.

Last edited by Mabouchita on Mon Feb 25, 2008 12:15 am, edited 1 time in total.

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Postby Mabouchita » Sun Feb 24, 2008 5:18 pm

Los negocios de la muerte
Esta historia refleja, una vez más, lo peligrosos que son los negocios de la muerte. Siempre que el beneficio económico de una empresa o particular dependa de la afluencia de cadáveres cabe la posibilidad de que, ante una posible escasez de cuerpos o un deseo desmedido de enriquecimiento, haya alguien que decida acelerar los fallecimientos por su cuenta.
Burke (1792-1829) y Hare (1790- 1860), los vendedores de cadáveres más famosos de la historia, se dedicaban a matar gente para vender los cuerpos a un profesor de anatomía de la facultad de Medicina de Edimburgo.
La pareja se conoció en un hostal del puerto, propiedad de la viuda Margaret Laird. Los dos eran emigrantes de Irlanda del Norte que habían ido a Escocia para trabajar en la construcción de un canal. Uno de los huéspedes se murió de muerte natural, dejando una deuda de cuatro libras a la propietaria, y a Hare, que estaba liado con ella, se le ocurrió una idea para recuperar el dinero. Los chicos le vendieron el cadáver al doctor Robert Knox, que les pagó poco más de siete libras (lo que ganaban trabajando seis meses). Parece ser que la transacción les dio la idea de cómo conseguir dinero fácil y a partir de ahí se dedicaron a matar gente.
La mayoría de sus víctimas eran alcohólicos, prostitutas, mendigos, viajeros... Buscaban a personas a las que nadie echara de menos, las invitaban a unas copas y las convertían en un cadáver, que compraba el doctor Knox. A veces alquilaban habitaciones en el centro de la ciudad, donde era más fácil encontrar a este tipo de personas.
Detuvieron a Burke después de que los dueños de la pensión White Hart se encontraran con la mano de una muerta (a la que echaban en falta) saliendo de debajo de su cama. La muerta era Margaret, una emigrante irlandesa, cuya autopsia reveló erróneamente que había fallecido de forma natural. Pero no les sirvió de mucho porque vender cadáveres era también un delito.
Hare confesó 16 asesinatos, a cambio de inmunidad, y Burke fue condenado a pena de muerte. Le ahorcaron en enero de 1829, frente a una multitud, entre la que se encontraba el escritor Sir Walter Scott. Su cuerpo fue entregado a la facultad de Medicina y vendieron su piel por trozos, con los que se fabricaron bolsitas para el tabaco (en agosto 1988 se subastó una de ellas en Birmingham). El esqueleto de Burke está expuesto en el museo de anatomía de la facultad de Medicina de Edimburgo.


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Postby Mabouchita » Sun Feb 24, 2008 5:20 pm

En inglés (gracias LizBlue!! :-)



Spree

By 1827, Burke and his mistress, Helen MacDougal, were regular tenants at Hare's lodging house in Edinburgh. It is not known whether the two knew each other from an earlier common employment on the Union Canal. According to Hare's later testimony, the first body they sold was that of a dead tenant, an old army pensioner who owed Hare £4 rent. In November 1827, they stole the body from its coffin and sold it to the Edinburgh Medical College for £7, their first meeting with Professor Robert Knox, a leading Edinburgh anatomist.

Burke and Hare's next victim was a sick tenant, Joseph the Miller, whom they plied with whisky and then suffocated. When there were no other sickly tenants, they decided to lure a victim from the street. In February 1828, they invited pensioner Abigail Simpson to spend the night before her return to home. Using the same modus operandi, they engineered her intoxication and then smothered her. Because the corpse was so fresh, they were paid £15.

Hare's wife, Margaret Hare, invited a woman to the inn, plied her with drink, and then sent for her husband. Next, Burke brought in two prostitutes, Mary Patterson and Janet Brown, but Brown left when an argument broke out between MacDougal and Burke. When she returned, she was told that Patterson had left with Burke. Next morning, some of the medical students recognized the dead prostitute, possibly because they had used her services.

The next victim was an acquaintance of Burke, a beggar woman called "Effie". They were paid £10 for her body. Then Burke "saved" a woman from police by claiming that he knew her. He delivered her body to the medical school just hours later.

The next two victims were an old woman and a deaf boy. Burke and Hare argued over the boy, but then Burke broke his back and sold both bodies for £8 each. The next two victims were Burke's acquaintance "Mrs Ostler" and one of MacDougal's relatives, Ann MacDougal.

Then Hare met elderly prostitute Mary Haldane. When her daughter Peggy inquired about her whereabouts, she ended up accompanying her mother on the medical school cutting table. However, this particular disappearance did not go unnoticed, since Mary Haldane had been a well-known figure in the neighbourhood.

Burke and Hare's next victim was an even better-known person, a retarded young man with a limp called "Daft Jamie", who was 18 at the time of his murder. The boy resisted, and the pair had to kill him together. His mother began to ask for her boy. When Dr Knox uncovered the body the next morning, several students recognized Jamie. His head and feet were cut off after Knox had shown his students the body. Knox denied that he was Jamie, but he apparently began to dissect his face first.

The last victim was Marjory Campbell Docherty. Burke lured her into the lodging house by claiming that his mother was also a Docherty, but he had to wait because of James and Ann Gray who were lodging with them. The Grays left for the night and neighbours heard the noise of a struggle.

[edit] Detection

The next day, Ann Gray became suspicious when Burke would not let her approach a bed where she had left her stockings. When the Grays were left alone in the house in the early evening, they checked the bed and found Docherty's body under it. On their way to alert the police, they ran into MacDougal who tried to bribe them with an offer of £10 a week. They refused.

MacDougal and Margaret Hare alerted their spouses, and Burke and Hare took the body out of the house before the police arrived. However, under questioning, Burke claimed that Docherty had left at 7:00 am, but then MacDougal claimed that she had left in the evening. The police arrested them. An anonymous tip-off led them to Knox's classroom where they found Docherty's body. James Gray identified it. MacDougal and Margaret Hare were arrested soon thereafter. The murder spree had lasted eleven months.

When an Edinburgh paper wrote about the disappearances on 6 November 1828, Janet Brown heard about it and went to the police. She identified Mary Paterson's clothing.

The evidence against the pair was not overwhelming, so Lord Advocate Sir William Rae offered Hare immunity from prosecution if he confessed and agreed to testify against Burke. Hare's testimony led to Burke's death sentence in December 1828. Ironically, following his hanging, he was to share the fate of his victims - dissected for the benefit of medical students. Helen MacDougal was released, since her complicity to the murders was not provable. Robert Knox was not prosecuted, despite a public uproar, since no evidence existed that he had known of the origin of the corpses.

Helen MacDougal returned to her house but was almost lynched by an angry mob. She fled to England, but her reputation preceded her. She was rumoured to have left for Australia where she died around 1868. Margaret Hare also escaped lynching and reputedly returned to Ireland. Nothing more is known about her.

Hare was released in February 1829, and many popular tales tell of him as a blind beggar on the streets of London having been mobbed and thrown in a lime pit. However, none of these reports were ever confirmed. The last known sighting of him was in the English town of Carlisle.

Robert Knox kept silent about his dealings with Burke and Hare, but his popularity among students decreased. His applications for other positions in the Edinburgh Medical School were rejected. He moved to the Cancer Hospital in London and died in 1862.

Skin from Burke's body was used to make the leather binding of a small book. This book can now be seen in the Royal College of Surgeons of Edinburgh. His skeleton hangs in the anatomy library of Edinburgh University's Medical School.

[edit] Political consequences

The murders highlighted the crisis in medical education and led to the subsequent passing of the Anatomy Act 1832, which expanded the legal supply of medical cadavers to eliminate the incentive for such behaviour. About the law, the Lancet editorial stated:

"Burke and Hare ... it is said, are the real authors of the measure, and that which would never have been sanctioned by the deliberate wisdom of parliament, is about to be extorted from its fears ... It would have been well if this fear had been manifested and acted upon before sixteen human beings had fallen victims to the supineness of the Government and the Legislature. It required no extraordinary sagacity to foresee, that the worst consequences must inevitably result from the system of traffic between resurrectionists and anatomists, which the executive government has so long suffered to exist. Government is already in a great degree, responsible for the crime which it has fostered by its negligence, and even encouraged by a system of forbearance." [2]

:eek: :eek:


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