LA TRAICION 048 – HUGO EN PELIGRO - 4/abril/08

Con Mario Cimarro y Dana García
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Mabouchita
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LA TRAICION 048 – HUGO EN PELIGRO - 4/abril/08

Postby Mabouchita » Tue Apr 08, 2008 5:12 pm

LA TRAICION – 048 – HUGO EN PELIGRO - jueves 4 de abril de 2008

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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez

Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano


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Casa Obregón.
En la sala.
Hugo usa todo su poder de persuasión con Ester y Antonia- Le propuse que vengan a vivir conmigo.
-¿A vivir contigo?- duda Ester.
-¡Sí! Dona Ester… tengo muchos enemigos… ¡no puedo arriesgarme que mi hija corra peligro nuevamente! No me lo perdonaría.
-Imagino… que Soledad se negó –Ester dudando.
-¡Sí se negó! Pero esto es algo que no tiene discusión, se trata de la vida de mi hija.
Antonia lo mira embobada y lo apoya inmediatamente- ¡Y te entendemos perfectamente! Es lógico que si eres el papá quieras tener a la niña contigo, para cuidarla, para protegerla.
-Es lo que pretendo –Hugo sonríe al tener su apoyo.
-¡No te preocupes! –afirma Antonia- ten la seguridad que vamos a hablar con Soledad para que acepte regresar a tu casa… ¿no es así Ester? –Antonia sale.
-No me mire de esa manera –Hugo a Ester que lo sigue mirando con temor- en el pasado cometí errores, pero esos errores no se repetirán, se lo prometo… ¡mi intención es cuidarlas! En especial a mi hija.
Ester no parece convencida.
En ese momento entra el inspector- ¡Señor Alcides de Medina vengo a arrestarlo por intento de homicidio contra la Señora Soledad!
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-Cómo me escuchó don Alcides, está detenido por intento de homicidio en contra de la Señora Soledad Obregón… entrégueme su arma por favor.
Hugo toma el arma, juega con ella y luego se la entrega.
-¡No puede ser! Soledad hace un momento habló con él! –interviene Antonia- y que yo sepa no está en malos términos con él.
-No Antonia –Ester- esto es por el asunto de la mina, donde Soledad asegura que Alcides trató de matarla… inspector… ¡Alcides ha cambiado, estoy segura que él ha recapacitado sobre esa situación!
-Yo no puedo cuestionar eso, señora Ester, me bastan los hechos, tengo que llevarme al señor de Medina a la cárcel.
-¡Alcides, no tenía idea de esto! –se disculpa Ester.
-Haga lo que tenga que hacer inspector… ¡soy inocente!
-¿Y cómo lo sabe? –se burla el inspector- ¿acaso no le declaró a la prensa que había perdido la memoria?
-Matar a la propia esposa no es algo que se olvida fácilmente.
-¡Eso tendrá que demostrarlo frente a un juez! De lo contrario le espera una larga condena… ¡o la horca!
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Taberna.
-Arturo, tú eres un hombre extraordinario, un buen partido… ¡yo no sé qué le pasa!
-¡Yo sí! Evidentemente tiene que ver con el hombre que la está cortejando y regalando flores… Eloisa dice que no sabe de quien se trata.
-Eso está muy extraño, porque Eloisa es una mujer muy seria… ¡diría que hasta demasiado!
-Ella no pudo haberme dejado de querer de un día para otro… pero además de averiguar quien es el hombre que la está cortejando hay otro trabajo que quiero que haga para mí.
-Arturo estoy a tus ordenes, siempre y cuando pagues bien.
-¡Quiero información sobre Alcides de Medina! Desde que regresó no hace más que fastidiarme la vida.
-¿Qué quieres saber?
-¡Todo! Absolutamente todo!
-No hay problema –y parpadea varias veces- pero me va a tomar un poco de tiempo.
-¡Valdrá la pena! Pienso pagarle muy bien por su trabajo, confíe en mí, a diferencia de Alcides de Medina yo sí pago mis deudas.
Y brindan.
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Casa Obregón.
-Yo no creo que escapar sea mejor, mi niña –Ursula siempre viendo las cosas del lado practico –piense que Aurora aun está muy pequeña.
Soledad reflexiona- Es por Aurora que me tengo que ir, Aurora no se merece vivir al lado de un hombre como Alcides… Ursula… ¡Alcides trató de matarme en la mina! De sólo pensar que debo vivir con él me aterro.
-Tiene razón, Alcides ha sido un demonio.
-¡Yo no sé si ha cambiado! Puede que sí… pero conmigo fue muy mala persona y no quiero que mi hija viva con él, por favor… ¡lo único que te estoy pidiendo es que me ayudes!
-Sí niña, ya usted sabe que puede contar con nosotros.
-¡Lo mismo digo! –Enrico.
-¡Gracias!
-Tranquila Soledad… mi casa se honrará con tu presencia y la de la niña –ofrece Enrico.
-¡Vamos! –Soledad ríe feliz.
Y Soledad levanta en brazos a Aurora y Enrico y Ursula llevan sus cosas.
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Sala.
El inspector pone esposas a Alcides.
-¡Usted no se lo puede llevar! –Ester- podría jurar que mi hija no denunció a Alcides.
-Yo tampoco lo creo –Antonia.
-Estoy seguro que Soledad no tuvo nada que ver –Hugo - ¡más bien creo que fue una trampa de Arturo de Linares que ha movido sus influencias!
-¡Cuide sus palabras señor de Medina! –se enoja el inspector- actúo bajo mandato de ley y no bajo influencia de nadie… ¡para su información no fue Arturo de Linares quien lo denunció!
-¿Entonces quien fue? –Antonia.
-¡Lucas de Obregón, su esposo señora Ester!
-¡Lucas! –Ester se lleva la mano a la cabeza.
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Afuera Soledad, Aurora, Ursula y Enrico escapan sin ser vistos, de puntas de pie.
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Hospital.
Pablo habla con una enfermera y le dice que nota rara a Beatriz, que le dice que tiene razón y que la ve muy nerviosa.
-Estuve en el lugar que vivía y nadie supo darme razón de ella.
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Cabaña.
Alcides abre los ojos. Beatriz lo mira con odio.
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Casa Obregón.
-¡Un momento! La flor que estabas cuidando, tenemos que ir por ella.
-Si regresamos a la casa tal vez no podamos volver a salir.
-Las dejo y luego regreso por la flor, ¡la flor tiene que estar cerca de ti Soledad!
Y se marchan.
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En la sala Antonia mira a Hugo con ojos de puerca viuda- No te preocupes Alcides, yo misma voy a retirar con mi hermano para que retire la denuncia –le promete- ¡yo sé que lo hará!
-Solamente me interesa proteger a Soledad y a mi hija –le sonríe Hugo- ¡no me perdonaría que le hagan daño!
-Alcides… -Ester se acerca- ¿en realidad te preocupas por ellas?
-¿Por qué le extraña?
Ester se siente incomoda.
Hugo se acerca a ella y le susurra al oído- ¿Porque mi matrimonio fue sólo un negocio?
Pero Ester lo mira- ¡No digas eso! Yo sé que la amabas, por eso nunca me opuse.
-¡No es el momento de hablar de eso! –Hugo con rabia.
-¡Señores! –corta el inspector- lleven al detenido a la carreta.
Ester se queda preocupada.
-Señora, señorita, con su permiso –se marcha el inspector.
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Afuera Boris ve cómo lo llevan detenido y trata de hablar con él.
-¡No insista! –un policía.
-Necesito hablar con él –grita Alcides.
-Inspector, permítame hablar con mi secretario –ruega Alcides.
-Está bien –acepta- pero será sólo un minuto, y no intente hacer otra cosa, lo tengo vigilado.
Los dos solos- ¿Qué pasa señor, por qué lo detuvieron?
-¡Acusan a Alcides de haber secuestrado a Soledad hace unos meses cuando explotó la mina… ¡escúchame Boris, tienes que ir a la casa rápido, por dinero! Y regresa a negociar que salga bajo fianza… ¡hazlo rápido! Me pueden condenar a muchos años de cárcel y si me da un ataque de catalepsia estando preso… me darían por muerto.
-¡Andando! –grita el inspector y lo suben a un carruaje.

(lindo carruaje de época)
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Residencia Rebeca.
-¿Vas a salir? –Rebeca a Eloisa que se arregla.
-Voy a dar una vuelta, tú vas a ir a dar tu show en la taberna, no me quiero quedar sola aquí.
-No trates de engañarme, te estás muriendo por ir a casa de Alcides.
-¡Por supuesto que no! ¿por quien me tomas?
-Trato de entenderte pero no puedo- se exaspera Rebeca- ¡insistes en jugar con fuego! ¿Por qué te tienes que meter en medio de dos fieras como Arturo y Alcides? ¡sin medir las consecuencias Eloisa!
-¡No me pasará nada, tía! Yo sé muy bien lo que hago –sonríe segura de sí misma.
Rebeca suspira- ¡No lo creo! Antes me decías que estabas interesada en un buen partido y ahora que lo tienes lo rechazas… ¡ya no te quieres casar con Arturo de Linares!
-No te has puesto a pensar que quizás Alcides tenga mucho más dinero que Arturo.
-¡Alcides está casado! En cambio Arturo es soltero de buena familia, con apellido y con mucho dinero.
-¡Eso no importa, tía!
-¿Quieres decir que estás dispuesta a ser su amante? ¡tanto te gusta!
-Es algo que ni yo misma puedo explicar –mira a lo lejos- digamos que… ¡la paso muy bien con él!
-¡Solo eso me faltaba! Que te enamoraras de Alcides y perdieras la cabeza –se marcha furiosa.
-¡Ay! No sé si es amor o pasión, lo cierto es que quiero estar mucho tiempo contigo Alcides.
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Poder Judicial.
-¿A quien llevaran ahí? –Paquito al ver el carruaje- ¡Alcides! Otra vez… ¿una deuda o algo de su pasado! ¡tenemos que averiguarlo!
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Casa Obregón.
Lucas llega y se saca el sombrero.
-¡Por fin regresas! ¿Cómo fuiste capaz de denunciar a Alcides? –le grita Ester.
-Estoy protegiendo a nuestra hija, Ester… ¡ahora solamente falta que ella vaya a declarar y confirme lo que yo dije! Así el juez va a condenar de por vida a Alcides de Medina.
-¡Qué torpe eres! ¿no te das cuenta que él regresó con otra actitud? –enojada- ¡no es el mismo de antes!
-¡Yo no confío en él! Para mí que está impresionando a Soledad para que vuelva con él, y eso no lo voy a permitir.
-¡Si fuera solamente para impresionarla, no habría arriesgado su vida para rescatar a mi nieta!
-Deja de soñar Ester, ¿se te olvida que ese hombre atentó contra nuestra hija? No podemos confiar en él.
-¡Ester, Lucas! –entra gritando Antonia- ¡Soledad no está en su cuarto! La he buscado por todas partes, y no está en la casa, ella y la niña desaparecieron.
-¡Qué dices! –sufre Ester- ¿ahora dónde está Soledad?
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Casa de Enrico.
-Ya saben el camino a casa, no salgan hasta que yo regrese.
-Enrico… ¿estás seguro que quieres volver por esa flor? Es que no sé cuan importante sea que esté a mi lado… -duda Soledad- ¡mejor no vayas!
-Soledad… es un gran secreto que viene de allá arriba… ¡tenemos que cumplirlo! –y se marcha.
-Cuidado Enrico –Ursula.
-Es un hombre extraño, pero una gran persona –Soledad- ¡con él me siento protegida y sé que siempre me va a ayudar! Siempre ha estado allí cuando lo he necesitado.
-Vamos a la casa, es un lugar acogedor, don Alcides no podrá encontrarla.
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Casa Obregón.
-¡Señorita! Don Alcides no se encuentra y no sé a qué hora regresa –se enoja Marina.
Pero Eloisa irrumpe en la casa- ¡No importa Marina! Yo lo puedo esperar –se sienta muy tranquila- ¿tienes idea de adonde fue?
-¡Sólo sé que fue con Boris! No sé adonde… y le repito… ¡no sé a qué hora regrese!
-No me quedará más remedio que esperarlo hasta que llegue –y se dispone a servirse un trago.
-¡Usted no se puede quedar aquí! –se enoja Marina.
Eloisa la mira con una sonrisa sin darle importancia, en ese momento entra Boris corriendo- ¡Boris, Marina me dijo que Alcides estaba contigo! ¿Dónde está?
-Vengo por dinero, don Alcides fue detenido… ¡tengo que sacarlo bajo fianza!
-¿Detenido? ¿Por qué? –pero sin esperar respuesta se marcha.
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Eloisa se marcha, pero se da cuenta que Hércules la espía - ¡Lo que me faltaba! Seguramente el idiota de Hércules le va a decir a Arturo que estuve aquí, ese infeliz me mandó espiar, pero va a ver.
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Un lugar.
Paquito le cuenta a Arturo que Alcides de Medina está detenido.
-No pude averiguar el por qué.
-No me interesa –le paga un buen dinero- me basta con saber que está en prisión.
-Veo que eres una persona generosa Arturo.
-Me gusta trabajar con usted, Francisco, no sólo es bueno recopilando información, sino muy eficaz consiguiendo lo que se propone… ¡no he olvidado cuando me ayudó a salir de la prisión! Lo siguiente que quiero agradecerle es información sobre la persona que usted… compró para ayudarme a salir de la cárcel... ¡es probable que muy pronto necesite sus servicios! –y le da otro monto de billete que Paquito duda pero luego acepta.
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Hacienda Montenegro.
-¡Tengo que darme prisa! –Boris cuenta los billetes- ¡don Hugo por su enfermedad no puede permanecer mucho tiempo encerrado! Puede sufrir un ataque de catalepsia.
Marina se mueve detrás de manera sospechosa, mirando el dinero- ¡Boris… has pensado que haría don Hugo sin ti!
-Es mi deber ayudarlo.
-Sí es verdad, pero ¿jamás piensas en tu vida y en tus planes, en lo que quieres?
Boris suspira cansado- ¡Marina, otra vez con lo mismo! ¿Por qué te empeñas? ¡ya sabes lo que opino! Lo mismo siempre.
-¡No voy a discutir contigo por culpa del patrón! –se aleja pero vuelve- Boris… ¿Qué pasaría si no logras sacarlo de la cárcel?
-¡Tendré que tomar una medida más radical! Pero don Hugo no puede permanecer encerrado bajo ninguna circunstancia.
-¡Tal vez eso sea lo que más nos convenga! -fría Marina.
Boris la mira con disgusto - ¡Qué! ¿Marina, te das cuenta de lo que estás diciendo?
Marina se acerca y le acaricia el rostro- Mi amor, piénsalo bien, si don Hugo se queda encerrado en la cárcel… ¡nosotros por fin vamos a empezar a hacer nuestras vidas! –y mira la maleta- con todo ese dinero vamos a vivir tranquilos y felices.
Boris da un paso para atrás- ¡Eso jamás! Yo no traicionaría a don Hugo por nada del mundo… ¡sería una vileza de mi parte!
Y la deja plantada.
Marina queda furiosa- ¡don Hugo no se va a interponer entre tú y yo Boris! Tal vez ésta sea la oportunidad que tanto estamos esperando –sonríe con malicia.
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Casa Dr. Max.
Elena ríe y salta de alegría- ¡Nunca había tenido vestidos tan finos y elegantes!
-¡Son regalos! Mira…
-¿Esos zapatos tan altos? –a Elena le da miedo.
Max ríe feliz- Te voy a enseñar a usarlos, te vas a ver alta y elegante.
-¿Cómo esas señoras elegantes?
-Con un poco de buenos modales te vas a ver mucho mejor que ellas.
-¿Usted cree?
-¡Eres muy bonita, Elena!
-¡No empiece con el cuento que le parezco a su ex mujer!
-¡Te convertiré en una mujer fina y elegante! –le promete el Dr. Max.
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Más tarde el Dr. Max abre su placard y le habla al cadáver de su mujer- Yo no te estoy traicionando con Elena… –le promete- sigo en mi lucha incansable, tú eres la única mujer que amo en mi vida y que amaré siempre –y sonríe- ¡Todo es parte de un plan! Ya me estoy acercando a la formula que me permitirá revivirte y traerte a mi lado… ¡Elena es parte de ese plan!
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Casa Obregón.
Ester sufre- ¡No es posible! Ahora las dos están desaparecidas… ¿Por qué Dios mío? –llora- ¿Por qué tanta desgracia, qué está pasando?
-¡No reniegues de esa manera mujer! –le reprocha Antonia- Lucas… ¿estás seguro que Arturo de Linares es quien las tiene? El hombre que mencionó Alcides.
-¡Sí Antonia, es posible! Pero quedándonos aquí no solucionamos nada… tenemos que buscarla por todos lados… ¡mi hija Soledad tiene que aparecer!
-¿Y tú adonde irás?
-A buscar a Soledad en los alrededores.
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Poder Judicial.
-Necesito de su ayuda señor fiscal.
-Usted dirá señor de Linares.
-¡Alcides de Medina es mi peor enemigo y no me conviene que salga vivo de su celda!
-Lo que a usted le convenga no es asunto mío, señor de Linares.
-Quizás no me expresé bien… quiero que Alcides de Medina muera en esa celda y quiero que usted me ayude.
-¡Yo no me presto! Así que por favor –le muestra la puerta- ¡retírese! Si no quiere que de la orden que lo detengan por tratar de extorsionarme.
-Ya que menciona la palabra, no le importará el escándalo que se va a desatar cuando se sepa lo de su amante.
-¿De qué habla?
-El periodista Francisco de Morales ya ha escrito la historia.
-¡Dígame qué es lo que quiere! Pero yo no puedo hacer mucho, porque yo no estoy solo aquí.
-No tendrá que hacer mucho, es algo muy fácil, necesito que deje entrar a un ladrón a la celda de Alcides de Medina.
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Casa Obregón.
Ester muy nerviosa- ¿Por qué tarda tanto Jacinto?
-¡Ahí viene! Cálmate Ester.
-Tal vez Arturo de Linares no tiene nada que ver con la desaparición de Soledad… ¿Qué tal que ella se haya escapado para evitar vivir con Alcides?
-¡Si es así, me parece un absurdo que Soledad siendo madre todavía se comporte como una inconciente!
-¡No sé qué pensar Antonia! Soledad desaparecida y Alcides en la cárcel por la denuncia de Lucas.
Jacinto llega y ambas suben al carruaje- Tuve que cambiar el caballo –se disculpa.
-¡Gracias Jacinto!
Enrico las espía.
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Poder Judicial.
-No colaboró mucho en el interrogatorio señor de Medina.
-Ya le dije que soy inocente, no tengo mucho que decir, pero jamás atentaría contra la vida de nadie y mucho menos contra la de mi esposa.
-Parece muy convencido pero su inocencia está por verse… ¡en cuanto la Señora Soledad venga a declarar sus días estarán contados! El juez, estoy seguro, dictará la condena más severa y usted va a permanecer mucho tiempo acá –y lo deja.
Hugo queda encerrado en la cárcel y mira con aprehensión alrededor.
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Casa de Enrico.
Ursula tiene a la bebé en brazos- ¿Se siente bien mi niña?
Soledad se pasea nerviosa- Estoy intranquila.
-¿No está viendo a don Hugo? En esta casa sí aparecen fantasmas.
-Tengo cómo un presentimiento raro… cómo si sintiera que algo malo va a pasar, me late el corazón muy rápidamente.
-El robo de Aurora la dejó muy intranquila, debe ser eso.
Soledad suspira- ¡Sí! Pensar que pudiera perder a mi hija es lo peor que me ha podido pasar… a lo mejor tienes razón y es eso.
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Poder Judicial.
-¿Cómo que no puedo sacar a don Hugo bajo fianza? –se enoja Boris- ¡es inaudito! –grita.
Pero el juez es severo- Sobre el señor Alcides de Medina recae una denuncia muy grave, puesta por don Lucas de Obregón.
-Con todo respeto, señor juez, no es motivo suficiente para mantenerlo encerrado, tiene que haber pruebas, testigos, además la principal afectada, la Señora Soledad no ha puesto su denuncia.
El inspector lo mira con dudas- No es que quisiera acusarlo de nada, pero hay algo que me resulta muy sospechoso… ¡y es que sea usted quien venga a aparecer ahora como defensor de Alcides de Medina! –lo rodea y Boris se pone muy nervioso- ¡usted que peleó la herencia con él, que fue acusado de robo por él, usted que fue agredido y echado de su casa por él!
-No estará diciendo que yo tengo que ver algo que ver en esto, ¡porque usted no tiene ningún derecho a…! –le grita furioso.
-¡Será mejor que se calme señor Goncalves! –levanta la voz el juez- entienda que mientras no se aclare todo este asunto, el señor Alcides de Medina tendrá que permanecer detenido.
Boris se desespera- ¡Es que no es posible! Él no puede permanecer encerrado… ustedes no entienden…
-El que no entiende es usted señor Goncalves – y el inspector hace que saquen a Boris- ¡acompañen al señor!
-¡No entienden nada! –se marcha Boris furioso.
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Celda.
En su celda Hugo se siente nervioso. Y recuerda su encierro en el ataúd, y siente claustrofobia- ¡Tengo que resistir! Boris me va a sacar de aquí pronto –se dice a sí mismo.
El inspector viene a visitarlo- Se le ve abatido –observa- cualquiera que lo vea pensaría que es un hombre inocente, pero yo lo conozco muy bien y sé perfectamente la clase de hombre que es –lo mira duramente – le sugiero algo, piense cómo resolver sus problemas desde aquí, de ahora en adelante.
-¡Inspector, tiene que creerme! Ya le dije que soy inocente.
-¡No le creo! Y menos ahora que Soledad de Obregón no aparece por ninguna parte.
Al escuchar esto Hugo se inquieta- ¡No aparece! ¿y dónde está?
-¡No sabemos! Y si usted la mandó raptar para que no declarara en su contra, le aseguro que acaba de ponerse la soga al cuello señor de Medina –y se marcha.
Hugo se queda angustiado.
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Ex-Residencia Medina.
Eloisa habla con dona Gladis y le dice que tiene miedo de casarse- Porque no le quiero fallar, nada me haría más feliz que ser la mujer que Arturo merece… ¡el matrimonio es algo tan importante en la vida de cualquiera!
En ese momento aparece Arturo- ¡Qué gusto verte!
-Quise entrar a saludarte… y a decirte que me enteré de todos los detalles de la desaparición de la hija de Soledad de Obregón.
-¿Ah sí?
-Y lo peor es lo que la gente anda diciendo por ahí, te acusan de haberlo hecho, pero quiero decirte que no les creo una sola palabra.
-Te lo agradezco –sonríe complacido.
-De hecho vengo de casa de Alcides de Medina, tenía que decirle que no tiene ningún derecho a estar diciendo esas cosas de ti, pero no lo encontré… ¡voy a ir a buscar a la tonta de Soledad y ponerla en su lugar!
-Eloisa, no sabes lo que significa para mí, saber que todavía te importo- y trata de besarla.
Pero Eloisa lo rechaza- El hecho que te defienda no significa que quiera casarme contigo.
-¡Por supuesto! Y lo último que quisiera es presionarte, pero quiero volver a cortejarte, te lo pido… por favor.
Y Eloisa lo mira de reojo.
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Casa de Enrico.
Enrico vuelve con la flor- ¡Don Alcides de Medina está preso! Parece que don Lucas lo denunció por intentar matar a mi Señora Soledad en la mina.
-¡Espera! La Señora Soledad ha estado muy nerviosa, así que mejor no contarle.
-Tienes razón, mi Señora Soledad es pura, diáfana, transparente, no se merece que le pasen estas cosas.
-De todas maneras yo no creo que a ella le importe lo que pase con don Alcides.
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Taberna.
Arturo busca a Gilberto y lo contrata para que mate a Alcides- En la celda de la estación de policía.
-Alcides de Medina es hombre muerto.
-Esta noche lo quiero muerto- y le entrega un fajo de billetes.
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Casa de Enrico.
-La niña comió, ven a comer Soledad.
-No tengo hambre, gracias, es que me siento mal, no debí salir de la casa sin despedirme de mis papás, no sé si hice lo correcto.
-Doña Ester tiene que entender que si usted escapó de la casa fue porque usted no quiere volver a vivir con don Alcides.
-Ojala pensara como tú, ella sabe que para mí es un verdadero tormento tener que vivir con Alcides.
-No te preocupes, que dónde está no podrá hacerte daño.
-¿Lo crees? ¿desde dónde está? –los mira- ¿Dónde está?
Enrico y Ursula se miran culpables.
Enrico confiesa -Escuché a tu mamá y a tu tía decir que don Lucas denunció a don Alcides por intento de asesinato en la mina contra ti, don Alcides está preso.
-¡Qué! –esto no le gusta a Soledad- ¡Alcides está en la cárcel!
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Celda.
Hugo se siente cada vez peor y se hace de noche.
El inspector regresa- Debido a la gravedad de la situación el juez Fernandez determinó que no tendría fianza.
-¡No puede ser! –respira con dificultad.
-¿Está enfermo? –un guardia.
-¡Para nada! –el inspector- este hombre goza de muy buena salud y muy mala reputación, sería capaz de fingir cualquier cosa con tal de salir de aquí.
Hugo lo mira desfalleciente.
Y traen a otro delincuente, el mismo que Arturo contrató para matarlo.
El inspector y los guardias se retiran.
El hombre mira a Hugo que se siente muy mal.
#
ex-Residencia Medina.
-Hoy acabaran con Alcides de Medina y Eloisa me demostró que todavía se preocupa por mí –festeja.
Hércules llega con el informe que Eloisa visitó a Alcides de Medina, pero Arturo ya lo sabe y piensa que no hace falta que la siga vigilando- No quiero que la vigiles más.
Arturo se marcha.
Pero Gladis aparece- Hércules, casi no te veo, quiero recordarte que fui yo quien te contrató, tu obligación es estar pendiente de mí, quiero que regreses a trabajar conmigo, me siento más segura y muy a gusto.
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Casa Dr. Max.
-El vino es una de las bebidas más antiguas de la humanidad, y con la evolución cultural se ha venido transformando –y lo cata- todo depende la forma de cultivo.
Elena se toma la copa de un trago.
-¡Qué haces! Se supone que debes catar.
-Le entiendo muy poco lo que me está enseñando.
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Celda.
-Yo no le creo que se está ahogando, finge para poder salir –se burla el hombre- este lugar desespera a cualquiera.
Pero Hugo no responde porque se está ahogando.
El hombre mira los anillos – Le gustan las cosas finas… -ríe- ¡a mí también!
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Hacienda Montenegro.
-¿Adonde vas? –reclama Marina a Boris.
-Guarda nuestras cosas en el menor número de valijas.
-¿Por qué, qué llevas allí?
-¡No pregunte más de la cuenta!
Pero Marina le arranca el bolso y lo abre- ¡Dinamita! Boris… ¿Qué estás planeando?
-No pude sacar a don Boris bajo fianza y tengo que sacarlo, no puedo permitir que se quede allí.
-¿Vas a volar la comisaría?
-Si a don Hugo le da un ataque, moriría, y no puedo permitir eso.
-¡Boris! Pero dinamitar ese sitio es una locura, supongamos que logras sacar a don Hugo… ¿a quien culparían? Nosotros somos los únicos amigos del patrón, nos va a tocar ser fugitivos –se desespera.
-¡Pues lo seremos! Pero no voy a permitir que don Hugo se quede encerrado, tenemos que sacarlo…
-No lo voy a permitir –susurra Marina.
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Casa Dr. Max.
Elena decide que el vino sí le gusta- ¡Max, me gustó! –ríe.
Y de pronto escuchan un violín y Elena sonríe- Mi Guillermo está tocando para mí.
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Cabaña.
Pablo sigue a Beatriz y escucha la voz de Alcides que la recibe- Por fin llegas.
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Casa Dr. Max.
Guillermo llega y encuentra a Elena con el Dr. Max tomando vino y tiene un ataque de celos.
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Celda.
Boris pone dinamita y se dispone a encenderla, cuando desde atrás le dan un golpe y cae desmayado, es Marina- Mi amor, perdóname, pero no puedo permitir que hagas esas locuras.
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Dentro de la celda-¡Te llegó la hora Alcides de Medina! –y empieza a estrangularlo.
Pero Soledad aparece y lo ve- ¡Guardias, por favor! –pide auxilio.
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www.mabouchita.com

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