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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
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Hacienda Montenegro.
Escritorio.
Hugo simula leer pero su mente está lejos.
-Señor, por favor… no le haga caso a los comentarios de Marina, a veces suele ser irreverente.
-¡Tú y yo sabemos que en parte tiene razón! No debo creer en todo lo que Soledad dice y aparenta ser.
-Eso quiere decir que ya no quiere que le consiga la casa para el hospital –deduce.
-¡No, claro que no! Eso sigue en pie, San Marino necesita un hospital.
-Conseguí una casa vieja, tiene agua y está en buena zona, es de la señora Gladis de Linares, la mamá de Arturo… traté de hacer la negociación, pero ya se imaginará la respuesta que obtuve.
-No te preocupes, yo me voy a encargar personalmente de ese asunto.
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Cementerio.
-Mi amor –Soledad le habla a la tumba de Hugo- ¡vine porque te quería pedir perdón! Yo sé que te traicioné, pero quiero que sepas que yo nunca te he dejado de amar, y que lo que pasó con Alcides fue solamente una ilusión.
Muy cerca Úrsula, que atiende al bebé que está en un carrito, la mira con pena.
-Por un momento pensé que eras tú, que estabas conmigo- llora- ¡no sé, simplemente me dejé llevar! –Soledad sufre- ¡sí, yo sé, que fue mi error! Sé que estuvo mal… pero tú siempre has estado en mi corazón y yo te juro que eso no ha cambiado ni va a cambiar… ¡y nuestra hija es la prueba viva de nuestro amor! –le jura- ¡y aunque Alcides haga lo que quiera, y aunque trate de cambiar, mi corazón siempre va a ser solamente para ti, Hugo! –le promete- ¡te juro que eso nunca va a ser diferente! Por favor… perdóname.
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Casa Guillermo.
El Dr. Max llega.
-¡Qué honor… qué horror! –tiembla Elena.
Guillermo se dispone a defenderla.
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Plaza.
-¡Hércules, éste no es lugar para hablar! –Eloísa se desespera- ¡alguien nos puede ver!
-No me importa –Hércules terco como una mula- cumplí con mi parte, logré que Arturo quedara inmovilizado para que no se pudiera casar contigo y aún no he recibido nada.
-Todavía no tengo el dinero, no me ha querido dar ni un solo centavo… ¡tienes que tener paciencia!
Pero Hércules pierde toda paciencia y la agarra de la barbilla con violencia- ¡No soy estúpido! Te conozco, eres una tramposa, quiero mi dinero ahora mismo.
-¡Suéltame estúpido! Arturo no me quiso dar nada para pagar lo de la boda frustrada.
(wow! Para eso quería el dinero
)
Hércules la arremete otra vez.
-¡Suéltame, que me haces daño! –gime.
-¡Suéltela! –aparece Hugo.
Hércules lo mira sorprendido.
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Casa Guillermo.
-No me olvidé de lo que hicieron.
-De todas maneras no le vamos a decir nada a nadie sobre su esposa muerta.
-¡Eva no está muerta! –explota el Dr. Max.
-Claro que no doctor, no está muerta, no diremos nada sobre su esposa… dormida en el líquido –Elena.
-No los voy a matar, porque mucha gente los vio con mi armario dónde está mi amada… si les llega a pasar algo todos van a sospechar de mí y no quiero tener más problemas… ¡y si estoy feliz es porque en fin voy a poder estudiar a la hija de Soledad!
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Plaza.
-¿Qué problemas tienes con este señor? –Hugo muy amable con Eloísa.
-¡Ah… ninguno, Alcides! Hércules me estaba cobrando un dinero que le debo.
-¿Y esa es forma de tratar a una dama?
-Alcides, no te preocupes.
-¡No Eloísa! Déjanos a solas… yo hablaré con él.
Eloísa lo mira encantada- ¡Gracias! –y se marcha.
Al quedar solos.
-Sé que tiene una deuda de dinero muy grande con Manrique- dice Hugo- ¡si lo desea yo le pagaré esa deuda!
-¿A cambio de qué? –negocia.
-¡A cambio de que convenza a su patrona, doña Gladis, que me venda una casa que me interesa.
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Casa Guillermo.
-¿Va a estudiar a la bebita? –Elena se enoja- ¿ahora va a empezar a picarla y sacarle su sangrecita? ¡no se me ha olvidado!
-Eres la persona que estoy buscando, necesito una asistente para mis estudios, y como Elena ya trabajó conmigo… ¡puede hacerlo otra vez!
Pero Guillermo se enoja- ¡No la va a hipnotizar!
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Cerca de la plaza.
Eloísa se encuentra con Soledad, Úrsula y Aurora.
-¡Eloísa! –se sorprende Soledad- yo pensé que hoy era el día de tu boda.
-¡Hola! Sí… era, pero no se pudo realizar porque Arturo tuvo un accidente… ¡cuando se dirigía a la ceremonia, no fue nada grave pero tiene que estar en cama 2 semanas.
Úrsula la mira con sospechas.
-Lo lamento mucho.
-Yo quería buscarte en tu casa y… contarte lo que había sucedido… ¡pero no sabía si estabas molesta conmigo por lo que viste con Alcides!
Úrsula, en silencio pone cara de incredulidad.
Soledad le sonríe- ¡Por supuesto que no, no tendría por qué!
-¿Y qué hacen, adonde van?
-¡Vamos de compras! Estamos preparando la boda de Boris y Marina, los empleados de la casa.
-¡Se casan! Me encantaría ayudarlos en lo que quisieran –se ofrece rápidamente- ¡no quiero estar en mi casa encerrada solamente pensando en que no me casé!
Soledad pierde la sonrisa- ¡Por supuesto! –y busca una excusa- ¡pero no es necesario! Si quieres, mañana, te esperamos en la boda.
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Hacienda Montenegro.
En la noche Boris y Marina en la cama, abrazados.
-No debiste ser tan dura cuando hablabas de la señora Soledad delante de don Hugo –le habla a Marina con suavidad.
-¿Por qué la defiendes tanto?
-¡Yo no pienso cómo tú, Marina! No creo que la señora Soledad sea tan mala… ¿ves? ¡está organizando nuestra boda!
-¿Y qué mi amor? ¡no se te olvide todo lo que le hizo a don Hugo! –con veneno- ¡se iba a casar con él estando embarazada de don Alcides! ¡no fue a su velorio! Y le hizo creer siempre que estaba enamorada de él cuando no era cierto.
Boris calla.
-¡La señora Soledad solamente lo está haciendo para parecer amable y solidaria frente a los ojos de don Hugo! Pero no es así… solamente es una mujer fría y calculadora.
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Y mientras ellos descansan, Soledad, Úrsula y Hugo arreglan la casa.
-¡Deberíamos decirle a Boris y a Marina que nos ayudan! –de malhumor Úrsula- ¡ellos están muy cómodos acostados en su cuarto en vez de estar colaborando aquí.
Soledad desde arriba de la escalera con un gran jarrón de flores suspira- ¡Ay, déjalos, esa es la idea! Darles la sorpresa –y se dispone a ubicar su jarrón.
Hugo entra con una caja anunciando feliz- ¡Compré una cristalería bien bonita!
–y mira hacia lo alto de la escalera- ¡quisiera que la organizadora de la fiesta la aprobara!
Soledad ríe feliz- ¡Sí, déjame verla! –y con jarrón y todo se dispone a bajar.
Pero tiene un traspiés desde lo alto de la escalera y tanto jarrón como ella salen volando escaleras abajo ante el susto de Hugo y Úrsula.
Hugo reacciona y tirando la caja con los cristales
que se hacen trizas en el suelo,
Y logra tomarla en sus brazos.
Soledad cae en sus brazos y ambos se miran.
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Cabaña.
-¡Mátame! –grita Beatriz- acaba de una vez.
-¡Tus deseos son ordenes! –y Alcides dispara, pero no hay balas en la pistola.
Beatriz ríe a carcajadas- ¡Qué pasó! Se acabaron las balas.
Alcides mira la pistola sin más esperanzas.
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Hacienda Montenegro.
Hugo sigue sosteniendo a Soledad en sus brazos sin soltarla.
Y Soledad lo mira sin poder dejar de mirarlo.
Sus rostros muy cerca uno del otro.
-¿Está bien mi niña? –pregunta Úrsula.
Pero ambos ni siquiera la ven.
Hugo la pone en el suelo y respira agitadamente reponiéndose del susto y luego de un suspira pregunta - ¿Estás bien?
-Sí, estoy bien –Soledad con un hilo de voz y baja la mirada- ¡gracias!
Hugo se agacha a recoger con Úrsula los vidrios.
Soledad se arrodilla con él -¡Déjame ayudarte!
Y está tan cerca que desconcierta a Hugo que sin querer se corta la mano.
-¡Qué te pasó! –se asusta Soledad- ¡te cortaste! –le toma la mano
- ¡Úrsula ve por gasa y alcohol! –y mira a Hugo- ¡yo te voy a curar!
y Hugo la mira sorprendido, hechizado.
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Habitación de Hugo.
Sentados en el borde la cama.
-Este ungüento te va a sanar muy rápido la herida –le sonríe Soledad y se lo aplica.
Y Hugo se queda pálido- ¿Ungüento?
-¡Sí, es una receta de la abuela de Úrsula! –le dice con cariño-
ya vas a ver, si te lo hechas todos los días… te va a desaparecer la cicatriz –y le sonríe plenamente.
Y Hugo recuerda a Soledad en su casa curándole una herida con el mismo ungüento… cuando se conocieron.
Y regresa a la realidad y reacciona con dolor y rabia- ¡Creo que ya es suficiente del ungüento!
Soledad se da cuenta de su cambio y no comprende, lo mira sin comprender.
-¿Me puedes dejar a solas por favor? –la despide Hugo.
-Yo solamente quería ayudarte –le aclara Soledad.
-¡Te lo agradezco, ahora déjame a solas!
Soledad se levanta.
♫
Mi sufrimiento es estar
solo como el viento
y saber que asi grite
nadie me va a escuchar
♫
Soledad se detiene en la puerta y lo mira extrañada antes de salir.
Al quedar solo - ¡Ungüento! –repite con rabia- ¡no puede ser! ¡la historia se está repitiendo! Se está repitiendo… ¡y no puedo caer otra vez! ¡no!
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Habitación Soledad.
-¡Úrsula, no sé qué voy a hacer! –llora Soledad sin consuelo- ¡qué hago! cada día Alcides me recuerda más y más a su hermano… ¡cada cosa que hace! Y cada cosa que pasa yo no puedo dejar de pensar en Hugo.
-¡Señora!
-¡No lo puedo evitar! Vivir al lado de Alcides se me está convirtiendo en una verdadera tortura.
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Habitación Hugo.
Hugo se sirve un trago- ¡No me vas a engañar con tu dulzura! –se promete a sí mismo- ¡no señora, voy a hacer que te enamores de mí y luego te voy a abandonar cómo tú hiciste conmigo!
(hum… Huguito…
Vas a caer en tu propia trampa!!
)
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Boda.
La ceremonia se realiza.
Marina está preciosa.
Hugo sonríe a Soledad.
Soledad baja la mirada.
-Los declaro marido y mujer hasta que la muerte los separe.
Los novios se besan.
Y los invitados, sencillos, gritan a todo pulmón a la salud de los novios.
Soledad y Hugo aplauden.
-¡A la familia Goncales! –brinda Hugo.
Y Hugo y Soledad tienen que iniciar el baile y bailan mirándose a los ojos.
Marina feliz en brazos de Boris.
Entre los invitados se encuentran Paquito y Eloísa.
-¡Qué fiesta tan patética! –no aguanta Eloísa- ¡dos miserables celebrando su unión como si a alguien le importara! –y ríe con Paquito.
-¡Qué gente tan fea! Pero qué haces tú aquí… ¿una dama de sociedad en una fiesta con esta gentuza?
-¡Quiero estar cerca de Alcides!
-¡Ay, no seas ridícula!
-Por supuesto que sí, no quiero que la tarada de Soledad quede como un ángel y yo ni siquiera figurar en todo esto.
Paquito asiente- ¡Tienes razón! –y brindan- ¿ya te fijaste?
Hugo hablando con un hombre humilde muy interesado.
-¡Comportándose tan gentil y tan ridículo con esta gente! Qué vergüenza.
-¡Y tan guapo! –suspira Eloísa- ¡pero sí, se comporta muy extraño!
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Escritorio.
En medio de la fiesta, hay negocios que atender.
Rebeca, con una cabellera rubia preciosa- Vine a traerle este dinero, es de algunos inversionistas que prefieren no revelar su nombre.
-¡Por mi seguridad debo conocer la procedencia de los fondos que llegan a mi negocio! Si esas personas quieren asociarse conmigo es un requisito.
Rebeca recuerda su conversación con Lucas- Está bien Alcides, se lo voy a decir, se trata de mi dinero, es lo que me quedó de la herencia de Jeremías –miente.
Hugo duda- ¡Por qué no me lo dijo de un principio, Rebeca!
-Alcides… usted es un hombre y normalmente a los hombres no les gusta hacer negocios con nosotras las mujeres y mucho menos que seamos socias.
-¡No es mi caso! Yo considero que la mujeres tienen los mismos derechos de hacer negocios que los hombres –le sonríe.
-Entonces me acepta como su socia.
-¡Acepto su dinero! –corrige Hugo- ¡bienvenida a mi sociedad Rebeca!
-¡Gracias!
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Sótano.
El Dr. Max se escapa a admirar la urna- ¡Es fantástica, siempre lo he dicho! Esa precisión, una maravilla.
-¡Qué hace aquí! –Boris lo busca y lo saca a patadas.
(bueno… la tuvo en su casa con mucho tiempo y ahora recién la admira!)
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Fiesta.
-¡Bueno, los más bajitos adelante! –Paquito grita para la foto- vamos Margarito, la cámara, listos.. ¡hay que sonreír, sonrisa!
Y todos posan, Soledad con Hugo, Úrsula y Aurora.
La cámara se prepara.
Ester en una esquina.
Eloísa y Paquito.
Elena, Guillermo y Enrico.
Y otros invitados.
(LINDO!! BRAVO PRODUCCION!!)
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Residencia Rebeca.
-¡Eloísa! Tengo un libro sobre la catalepsia! –festeja Paquito irrumpiendo.
Pero Eloísa que arregla flores no se interesa.
-¡Este libro dice que las personas que sufren de catalepsia pueden llegar a vivir tres días bajo tierra!
Eloísa tiene un ataque de risa- ¡Tres días bajo tierra! Eso es imposible, Francisco.
-Según el libro y los especialistas es posible, tanto así que los que sufren esta enfermedad pueden llegar a bajar sus signos vitales y su capacidad de oxigeno al mínimo.
-¡Nadie desentierra a un muerto, a menos que sepa que sufre de catalepsia! –razón Eloísa.
-Exacto, pero cuenta en este libro de un teniente francés que no pudo llegar al entierro de su prometida… que quería un mechón de su cabello.
-¿Y qué pasó?
-¡Pidió que abrieran la tumba y en ese momento la mujer dio una bocanada, ah-ha! Y revivió… ¡no te rías!
-Francisco, lo que me cuentas es muy interesante pero dudo que fuera lo que pasó con Hugo de Medina.
-¿Y si lo es? ¿qué tal si alguien sí rescató a Hugo de Medina? Y puso otro cuerpo.
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Casa Dr. Max.
-¡Estoy enterado que cuando estuvo en mi casa bajó al sótano, sin autorización! –enojado Hugo.
-¡Sólo intentaba acercarme a la máquina de su hermano! Ese aparato siempre me ha causado gran curiosidad… don Alcides –pronuncia su nombre subrayándolo.
-¡No me gusta que se tome tantas atribuciones! Fui claro con usted, Dr. Max, tiene que informarme de todo lo que hace, sobre todo cuando está en mi casa, y cuando está cerca de mis familiares.
-¡Esa máquina puede ser muy importante! En el proceso de curación de su hija.
-¡No quiero que siga atendiendo a mi hija! –Hugo se marcha.
El Dr. Max lo detiene- ¿Qué quiere decir, don Alcides?
-¡Qué no quiero que vuelva a acercarse a mi hija!
-¡Está cometiendo una grave equivocación! –lo amenaza el Dr. Max.
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Casa Obregón.
Soledad va a visitar su jardín que está lleno de orquídeas - ¡Qué hermoso está mi jardín! –ríe feliz- ¡Ay, me gusta tanto ver crecer estas flores ! –le habla a Antonia que sigue con su voto de silencio y no habla.
Soledad se agacha para cuidar a sus flores- ¡Mira, están tan bonitas! Es increíble, todo comenzó con una flor que me dio Enrico, cuando me la regaló me dijo que tenía que hacer un jardín de ellas porque algún día esta flor iba a salvar la vida de alguien
–la mira a su silenciosa tía- ¡no sé qué quiso decir! Pero en todo caso yo las cuido mucho y les doy mucho amor para que estén muy lindas.
(hum… espero que Antonia no haga nada contra las flores!!!
)
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Casa Dr. Max.
-¡Usted debe permitir que yo atienda a su hija o se arrepentirá!
-No me gusta su tono, doctor, ¿me amenaza?
-¡Tómelo como quiera! -grita furioso- ¡usted me prometió que yo podría examinar a su hija, le demostré todas mis capacidades cuando encontré la cura para la epidemia que azotó a la ciudad! ¡le exijo que cumpla con su palabra!
-¡Usted no está en condiciones de exigir nada! Estamos hablando de la vida de mi hija.
-¡Hágalo por su esposa! Ella está esperanzada en que yo encuentre la cura para la catalepsia.
-¡La catalepsia no tiene cura! –le grita Hugo- ¡no tiene cura! Pero mientras tanto mis hombres están buscando al hijo de Von Sirak, y él personalmente será el que se encargue de atender a Aurora… ¡no usted! –se acerca amenazador -¡no usted!
-¡Un momento! Está bien, si no quiere que yo examine a su hija, lo aceptaré, pero al menos déjeme estar cerca de usted… para examinarlo con detenimiento… ¡la catalepsia es el tema que me apasiona!
-¡Yo no tengo nada que ver con esa enfermedad!
-¡Usted no me engaña, sé muy bien que usted es Hugo de Medina! ¡Ya se lo dije, a mí solo me interesa la ciencia!
-¿Qué tan seguro está de poder encontrar una cura para la catalepsia?
-¡Me juego la vida en eso! Usted más que nadie lo sabe.
Hugo reflexiona y luego le confirma- ¡Yo soy Hugo de Medina!
-¡Lo sabía! No se preocupe, su secreto está a salvo conmigo.
-¡Me voy a convertir en su paciente! Pero quiero que deje a Aurora fuera de todo esto.
-Cuente con eso.
-¡Pase más tarde a la casa, le entregaré los libros de Von Sirak! –se marcha Hugo con Boris.
El Dr. Max da un salto de triunfo.
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Hacienda Montenegro.
-El Dr. Max es un hombre inteligente, a él no le interesan mis secretos, sólo le importan sus experimentos, estoy seguro que no dirá nada.
-Señor, creo que debería acabar con esta mentira, se está arriesgando mucho a que lo descubran, que usted no es don Alcides, sino don Hugo.
Hugo se sirve un trago- ¡De ninguna manera! –mira el líquido - ¡me voy a vengar de Soledad y de todos los que me hicieron daño! Estoy dispuesto a ir hasta el final con mi plan… hasta el final –y bebe - ¡cueste lo que cueste!
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Mina.
Arturo está furioso porque los trabajos no avanzan .
-El techo es inestable.
-¡No le doy sugerencias! Le estoy dando una orden, metí mucho dinero aquí, así que también soy su patrón.
Boris llega- ¿Pasa algo don Arturo?
-¡Toma tu distancia conmigo Boris Goncalves! –y Arturo lo hace golpear por sus hombres – ahora el señor Goncalves entenderá que también soy dueño de esta mina… y usted ingeniero por su propio bien llegue cuánto antes a esa veta.
(Y sí Huguito… tu plan de venganza no va muy bien… )
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Hacienda Montenegro.
Soledad busca a Hugo- ¡Alcides, te estaba buscando!
Hugo, con su copa en la mano la mira.
-¡He… compré unos regalos para los niños del hospital y quisiera ir a llevárselos!
-¡Muy bien, iremos juntos! –se ofrece- ¡y me acompañarás a ver la casa que quiero comprar!
-¿Vas a comprar una casa? –se sorprende Soledad- ¿por qué?? ¡estás pensando en mudarte!
Eloísa llega y los escucha escondida.
-¡No! –dice Hugo- ¡no es para mí! Quiero que conviertas esa casa en un hospital.
Soledad se sorprende.
-¡Te quiero ayudar con tu proyecto!
Soledad se emociona- ¿De veras?
-¡Sí, Además la gente pobre de San Marino necesita un hospital! Un lugar decente dónde puedan atender a sus enfermos.
Soledad ríe feliz- ¡Te acompaño, vamos a conocer la casa!
-¡Vamos!
Eloísa aparece- ¡Hola! Qué gusto verlos de nuevo, sin querer escuché la conversación… ¡y me parece una idea magnifica! Quisiera acompanarlos… ¿puedo?
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Hugo y Soledad ríen dando de comer a unos niños en una institución.
Eloísa se aburre como una ostra.
Úrsula los ayuda.
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Casa.
-Esta casa pertenece a Gladis de Linares –Hugo se las muestra- tratamos de comprársela, pero sólo logramos que la rentara… me parece una excelente idea para el hospital… ¿no crees? –a Soledad.
Detrás vienen Úrsula y Eloísa.
-¡Creo que es la casa perfecta! Solamente le falta un poco de pintura y es ideal –ríe- ¡es perfecta! Yo Quiero que la gente se sienta tranquila, que sea un lugar de paz.
-¡Esta noche vamos a celebrar! –decide Hugo-
¡y quiero pedirte que luzcas especialmente hermosa! –y la mira- ¡más hermosa que nunca!
Úrsula no pierde palabra.
Soledad lo mira intrigada- Me intrigas.
Úrsula se inquieta al ver su mirada - ¡Podemos entrar ver la casa don Alcides! –pide rápidamente.
-¡Pasen adelante!
Y la casa es preciosa. Úrsula y Soledad entran.
Eloísa se queda con Alcides y aprovecha
- ¡No puedes evitar tu cara de fascinación al ver a Soledad tan buena y dulce con los necesitados! –se burla- no me parece que sea muy sincera.
-Se supone que tú eres su mejor amiga –con sorna Hugo.
-¡Perdón Alcides, estimo mucho a Soledad! Pero sé perfectamente cómo es.
Hugo la mira midiendo cada palabra.
-¡Ten cuidado, si le entregas tu corazón podría hacerte mucho daño! Si jugó con Hugo… ¿Por qué no podría hacerlo contigo?
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Hacienda Montenegro.
-¡Qué te pasó Boris! –se enoja Marina.
Boris todo golpeado- ¡Fui a la mina y tuve un enfrentamiento con los hombres Arturo de Linares –le confiesa.
-¡Qué raro! –se burla Marina- ¡que todo lo malo que te pase tiene que ver con los enemigos de don Hugo de Medina!
-Marina, por favor, no empieces otra vez.
-¡Me prometiste que ibas a buscar una persona que te reemplazara en el cuidado de don Hugo –cruza los brazos- ¿Cuándo lo piensas hacer?
Boris se levanta y la enfrenta furioso- ¡No lo voy a hacer! no voy a buscar a nadie que cuide a don Hugo porque no lo voy a abandonar… ¡jamás!
(bravo Boris!! )
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Hacienda Montenegro.
Esa noche, Hugo prepara una cena romántica, prende velas- Tal vez Soledad no es lo que aparenta ser… esta noche saldré de mis dudas, voy a averiguar qué hay realmente en su corazón.
Tocan a la puerta.
Hugo abre.
Es Soledad muy bella con un vestido rojo que pregunta- ¿En dónde es la fiesta?
Y al ver la mesa preparada con velas pierde la sonrisa.
Hugo la hace pasar y cierra la puerta.
Soledad entra incomoda – No me has dicho cual es el motivo de esta velada
-¿El motivo? No es necesario un motivo especial para tener una cena romántica con mi esposa – y le ofrece la silla.
Soledad lo mira y sonríe suspirando- ¡Alcides! Te agradezco pero ya habíamos hablado de esto… ¡entre nosotros no puede haber nada!
-No rompas la magia de este momento –le ruega Hugo y le sirve vino.
Soledad calla y lo mira.
-No la rompas –Hugo toma asiento frente a ella y la mira sonriendo- ¡yo preparé esta cena especialmente para ti!
-¡Ay sí! ¿tú cocinaste? –ríe Soledad
y de pronto se sorprende- ¡no sabía que cocinabas!
Hugo la mira sonriendo.
Y Soledad se pone triste y viaja lejos- ¡Tiene el mismo talento… de tu hermano Hugo!
-¡Hay muchas cosas de mí que no sabes!
-“Cada día Alcides se parece más a Hugo –piensa Soledad- si no supiera que está muerto… ¡juraría que es él!”
-¡Salud! –brinda Hugo.
Y Soledad brinda- ¡Salud!
Y chocan sus copas.
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Casa Obregón.
-¡Lucas y yo nos hemos perdonado! –feliz Ester, Lucas le besa la mano- ¡vamos a olvidar todo lo malo! queremos rehacer nuestro matrimonio y llevar una vida feliz –le anuncian a Antonia.
-¡Y yo voy a luchar contra el problema del alcoholismo y voy a ser el hombre que un día fui! –promete Lucas- no es necesario Antonia que sigas con tu voto de silencio, el problema ya terminó.
Pero Antonia los mira enojada.
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Hacienda Montenegro.
Soledad ríe feliz.
-¡Si logro concretar la compra de esa casa, será tuya! –le anuncia Hugo.
Soledad que ha bebido demasiado no lo escucha-¿Eh?
-¡Podrás convertirla en un hospital! –sigue Hugo- ¿no es lo que quieres?
Soledad es pura sonrisa pero se pone seria - ¡No! No, no…
yo no quiero que la gente piense que esto es obra nuestra –le aclara- ¡no! –y sigue bebiendo.
-Pero yo pensaba que querías que la gente tuviera una buena opinión de ti, ésta es una magnifica oportunidad.
-¡Estás mal!
-¡Te serviría mucho!
-¡No, yo lo que quiero… es que cuando la gente pobre se enferme… tengan un lugar adonde puedan ir! –pero se le traba la lengua y ríe- yo me estoy sintiendo… un poco mareada –se levanta- ¿sabes qué? ¡yo mejor me voy a ir de una vez!
Hugo se levanta rápidamente- ¡Te acompaño!
-A mi habitación, discúlpame –pero se tambalea y cae.
Hugo la toma en sus brazos muy fuerte-¿Estás bien?
Soledad se compone y se separa- Sí, discúlpame…
es que… no estoy acostumbrada a beber –toma aire y mira la puerta como si fuera una tabla de salvación - ¡ya!
Hugo la mira y le ruega- ¡Soledad, no te vayas! Quédate conmigo esta noche… ¡duerme a mi lado!
Soledad se queda estupefacta y todo sopor le desaparece.
-¡Es lo que más deseo en la vida! –susurra Hugo.
(wow!! Amiguitas… qué declaración! Si Soledad no cae rendida!! Qué coraje!!
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Soledad baja la mirada.
Hugo la abraza sonriendo- No tienes por qué temer... ¡te juro que yo tengo bien claros mis sentimientos por ti!
Soledad lo mira sin sonreír.
-Podemos intentarlo –sigue Hugo.
Pero Soledad se niega- ¡Alcides, necesito que me entiendas! Es que entre nosotros no puede haber nada.
-¡Yo te he demostrado que he cambiado! –le toma la barbilla con cariño- ¡que he cambiado mucho! ¿acaso no sientes nada por mí?
-¡Agradecimiento! –le sonríe Soledad- ¡tú te has portado muy bien conmigo y con mi hija –y con cariño- ¡hasta has sido tierno! Nunca había imaginado verte así.
-¡Está claro! ¿por qué tenías qué sentir algo por mi? –se sorprende- ¡tenemos una hija Soledad, una hija! El regalo más hermoso que una mujer le puede dar a un hombre.
Soledad lo mira con espanto.
-Podemos revivir la pasión que nos hizo concebirla –propone Hugo.
-¡No! –se separa Soledad- ¡Que no, ya te dije que no!
-Entiendo... –Hugo la mira juzgándola- ¡entonces cuando estuvimos juntos... ¡sólo te interesó mi dinero!
Pero esto cansa a Soledad que mueve la cabeza con frustración- ¡Yo creo que es mejor que me vaya!
Pero Hugo abre los brazos y la detiene- ¡No te vas a ir de aquí sin responderme! Quiero me que digas la verdad... ¡la verdad Soledad! Yo te juro que no va a cambiar nada entre nosotros, pero por favor dime la verdad –le ruega.
Soledad lo mira aprehensiva.
-¡Dime sólo... que lo que querías era mi dinero!
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Casa Obregón.
-Antonia deja la necedad –ruega Lucas.
Pero Antonia se marcha sin hablar.
Lucas decide llamar al doctor Ortiz para que la vea.
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Hacienda Montenegro.
Soledad está enojada- ¡Si piensas que estoy contigo por tu dinero, allá tú! Porque no pienso darte explicaciones.
-Pero tú y yo hicimos un arreglo para quedarnos con el dinero de Hugo –insiste Hugo.
Soledad lo mira agredida.
-¡Yo te ayudé a salvar la casa de tus padres! Pensé... que... por lo menos sentías algo de amor por mí –la mira dudando.
Soledad ya no puede más y llora- ¡Por qué insistes en recordarme el pasado que tanto me duele, Alcides!
-¡Pues si tanto te duele es porque te atormenta la conciencia! Porque te sientes culpable por lo que le hiciste a Hugo... ¡es eso! Sientes remordimiento de haberlo traicionado –y él está a punto de llorar.
-¡No vuelvas a mencionar su nombre! –le corta furiosa Soledad- ¡no te lo voy a permitir!
-Soledad... ¡tú sabes que mi pobre hermano tuvo una muerte horrible! Él anhelaba que tú llegaras a salvarlo, y tú... ¡negociabas tu futuro conmigo!
Soledad lo mira horrorizada- ¿Qué es lo que quieres? –susurra- ¡primero me invistas aquí, me tratas de seducir con una cena! Y luego me empiezas a tratar mal con tus palabras hirientes... ¿por qué?
Hugo tiemblas.
-¡Contéstame Alcides! –le grita Soledad- ¡qué es lo que quieres! ¿o es que acaso tu venganza es contra mí?
Hugo no puede contestarle porque tiembla como una hoja.
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Habitación Boris.
-¡Sé que todo esto lo haces porque estás preocupada por el futuro de nuestro hijo! Pero te juro Marina, que jamás permitiré que les pase nada ni a ti ni a mi hijo, a consta de mi propia vida –y la besa.
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Habitación.
-¡Te hice una pregunta Alcides! Contéstame... ¿qué es lo que tanto te duele para que me tengas que torturas así? ¿te estás vengando de mi?
-¡Por qué! –Hugo ataja sus lágrimas con rabia- ¿por qué tendría que vengarme de ti?
-¡No sé, es exactamente lo que quisiera saber! Porque cada vez que me hablas de Hugo, lo haces como si te doliera lo que le pasó... ¡y no lo entiendo! Alcides... tú odiabas a Hugo.
-¡Pero aun así era mi hermano! –con voz ronca.
-A lo mejor es que sientes más culpa de la que siento yo –reflexiona Soledad- por eso me quieres mortificar... ¿por qué? –y llora- ¿por qué me quieres quitar la poca paz que me queda?
-Porque... –y Hugo tiene que hacer un esfuerzo para no hablar y calla y mueve la cabeza- tienes razón... perdóname... me excedí un poco.
-¡No me has contestado! ¿por qué tu odio hacia mí Alcides? ¡es que no me has perdonado que me haya querido separar de ti! ¿qué es?
-¡Ay, Dios mío! –suspira Hugo y trata de calmarse- calmémonos Soledad, será mejor.
-¡No me voy a calmar porque tú fuiste el que empezaste Alcides! ¿sabes una cosas? Si lo que querías era atormentarme... ¡consuélate con saber que estoy viviendo un infierno con la enfermedad que tiene mi hija! ¡imagino que eso sí te hará feliz! – y furiosa se marcha.
Hugo se queda solo y triste.
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Habitación Soledad.
Furiosa Soledad entra golpeando la puerta, llorando se tira al sofá.
Úrsula la escucha y viene a consolarla- ¿no iba a una fiesta?
-¡No era una fiesta! Era una cena en la habitación de Alcides... todo iba muy bien hasta que empezó a sobrepasarse.
-¿Le hizo daño? –se preocupa.
-¡Yo no entiendo Úrsula! A veces cuando es tierno y es noble me recuerda a Hugo... pero otras veces se comporta como mi peor enemigo, y no sé por qué.
-¡Ay señora, yo a veces pienso que no fue buena idea venirnos a vivir a esta casa!
-¡Ay, no sé qué hacer! Creo que al lado de Alcides me voy a enloquecer.
-¡Llore que a veces llorar limpia el dolor del alma!
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En su habitación Hugo llora, en silencio una lágrima corre por su mejilla.
Boris entra- ¿Se puede señor?
-¿Dónde estabas?
-Estaba terminando de archivar unos documentos, señor... ¿pasa algo?
-Pasa que... siéntate por favor... ¡preparé una cena especial para Soledad y para mí, después del hermoso día que pasamos juntos!
-Según José, fueron a ver la casa que ustedes pretenden comprar para el hospital, señor.
-¡Ella estaba feliz! –sonríe triste Hugo- ¡cuando vio la casa empezó a hacer planes! ¿cómo una mujer que hace tantas cosas buenas por los demás puede ser tan calculadora y fría cuando se trata de dinero?
Boris se apena- Me imagino que por eso la invitó a cenar, señor.
-¡Quería saber qué tan honesta era en sus propósitos!
-La señora Soledad se mantuvo en su posición... ¿verdad? –deduce Boris.
-¡No se dejó seducir!-le cuenta- ¡y yo estuve a punto... a punto de decirle que soy Hugo, que no soy Alcides! ¡no sabes cuanto quería decírselo, pero no! ¡no pude!
-Usted no se lo dijo porque... todavía la ama.
Y Hugo cierra los ojos cansados y llora.
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Hacienda Montenegro.
Noche cerrada para los pobres habitantes de esta casa.
Hugo sueña,
que ambos están en la cena todavía y que Soledad le sonríe amorosa.
“- Me encanta tu sonrisa, me gusta cómo tratas a la gente, me encanta cómo me miras.
-A mí también –Soledad seductora- y me hace feliz ver lo especial que has sido con mi hija y conmigo… de verdad que te veo de una manera diferente.
Y Hugo se levanta y le pasa la mano, y Soledad se la acepta y se acerca.
Hugo le besa la mano- Me gustaría poder controlar lo que siento por ti –le confiesa- ¡pero es más fuerte que yo! Quiero que sepas la verdad… ¡Que no soy Alcides, yo soy Hugo, no estoy muerto!
Y Soledad lo mira enamorada.
-¡Soy Hugo, amor mío!
Y Soledad llorando se abraza él.”
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Soledad sueña.
“Está en sus brazos.
-En este momento solo estamos tú y yo –le acaricia el cuello y le saca el guante y le besa la mano- ¡tú y yo mi amor!
-Quiero amarte… quiero hacerte mía… ¡sólo mía! –dice roncamente.
-¡Hugo mi amor! No sabes cuánto esperaba este momento.
-¡No soy Hugo, soy Alcides!
”
Y Soledad despierta asustada

- ¡Eso no puede ser!
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Y Soledad baja caminando por la casa en medio de la noche.
Y se encuentra con Hugo, que en ropa de cama está sentado, y trata de esconderse
Pero Hugo la siente y se levanta.
Y ambos se miran.
-Iba por un vaso con agua –se excusa rápidamente Soledad.
Hugo no habla.
Soledad lo mira y ve su peinado- ¡Ya te he dicho que no me gusta que te peines así, así se peinaba Hugo! –y trata de marcharse.
Hugo sigue en silencio.
-¿No puedes dormir? –pregunta Hugo que se toma un trago de su copa.
-¡No! Es difícil conciliar el sueño después de un disgusto cómo el que tuvimos… ¿no crees?
Hugo reflexiona.
-¡Yo tampoco puedo conciliar el sueño! –le confiesa Hugo suspirando
- ¡creo que no debí decir ciertas cosas! –baja la mirada.
Soledad sonríe triste- ¡No te preocupes! Dijimos decir cosas que no debimos decir… ¡yo también! Que descanses –y se marcha- ¡buenas noches!
Pero trata de irse por el lugar equivocado y luego recuerda a lo que venía… y vuelve sobre sus pasos ante la mirada fija de Hugo.
Y ambos se miran de reojo uno al otro.
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Al día siguiente aparece Eloísa- ¡No tienes buen semblante! ¿No dormiste bien?
Hugo come uvas- ¡En realidad no! Eloísa… estuve pensando lo que pasó ayer con Soledad… y lo que me dijiste sobre ella.
-¿Y a qué conclusión llegaste?
-¡Puede que Soledad haya sido una mujer fría! Y calculadora… pero ahora siento que es diferente.
Esto fastidia a Eloísa.
-¡Ella… quiere cambiar y está dando signos que quiere cambiar!
-¡Perdona que insista Alcides! Soledad es mi amiga, y la estimo mucho, pero no quiero verte lastimado… ¡y una mujer que engaña una vez…! –y toma una uva y se la da- ¡podría volver a hacerlo!
Hugo toma la uva y se la da a ella-¿Eso crees?
-¡Estoy convencida!
-¡Soledad es una mujer desconcertante! –le afirma Hugo- ¡no creo que haya en el mundo otra como ella!
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Una mujer combate esgrima
y gana a su oponente que la admira.
-¡Es increíble! Siempre me vences, combates cómo un hombre.
-¡Me ofendes, Andrés! Querrás decir mejor que cualquier hombre.
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Cabaña.
Beatriz se burla de Alcides- ¡Mi amor, cuánto lo siento! –y trae un cuchillo en sus manos- ¡eres Hugo o Alcides! –y lo besa
y de pronto le clava el cuchillo en el pecho - ¡eres Alcides!
Alcides se queda sin aire.
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Hugo siente el puñal en el pecho- ¡Mi hermano!
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Cabaña.
Alcides se mira el pecho, el cuchillo clavado, la sangre, y desfallece
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AVANCE.
Alcides escapa de Beatriz.
Un hombre lo salva.
La mujer rubia ve una foto de Hugo.
Y parece que llega el Doctor Sirak!!
Yupi!!!
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