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Pero Daniel duda- ¡Un momento! ¿Por qué Michelle no habló conmigo, por qué no recogió su equipaje?
Pero Hugo mira a lo lejos, apenado- ¡Andrés salió hace dos días con todas sus cosas!
-¡De verdad no se imaginan lo mal que estaba! Me dio mucha tristeza, me dijo que lo único que quería llevarse era su espada.
-“La espada que yo le regalé” –piensa Hugo con aire culpable.
-¡Yo la vi salir muy angustiada del hotel y sólo llevaba su espada! –agrega Boris.
-¡Dios mío! Pero eso no puede ser –se desespera Soledad- ¡esto es un error! Ella no tenía por qué irse, ella se tenía que quedar –como si esa fuera la obligación de Michelle.
Y Soledad recuerda- “Soledad, la única condición que yo le puse a Hugo para quedarme es que… nuestra relación no te hiciera daño… ¿Soledad tú crees que eso sea posible? ¡que Hugo y yo podamos ser felices sin hacerte daño!”
Y Soledad mueve la cabeza triste.
-¿Soledad, estás bien? –se acerca Daniel y la toma de los hombros.
Pero Soledad lo ignora y mira a Hugo - ¡Esto es nuestra culpa, Hugo! Todas las cosas que Michelle hizo por nosotros y mira lo que pasó –y sale corriendo.
-¡Soledad, espera! –Daniel la llama.
-¡Daniel! –lo detiene Eloísa- en este momento, Soledad lo que necesita es una amiga, es mucho más fácil conversar este tipo de cosas entre mujeres… ¡ella me necesita, con permiso! –se marcha detrás de Soledad.
Y Daniel la mira con sospechas.
-¡Boris! –Hugo ido- ¡quiero que me consigas un pasaje para el próximo tren, mientras yo empaco un poco de ropa! Voy a buscar a Michelle inmediatamente –sale.
-¡Sí, señor!
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Casa Obregón.
-¡Ester! –entra Antonia y la ve mal- ¿estás llorando? No me digas que Lucas te hizo algo malo.
-¡No, Antonia! Nada de eso, todo lo contrario…
-¿Qué te pasa?
-¡Cierra la puerta, no quiero que nadie escuche lo que te voy a decir!
Antonia asustada la obedece-¿Cuál es el misterio, Ester?
-¡Es el fin, Antonia! Se acabó…
-¿El fin de qué?
-Cuando regresé, estuve haciendo cuentas y descubrí que no nos queda ni un solo centavo, Antonia… se acabaron todos los ahorros y no sé cómo decírselo a Lucas.
Y Antonia piensa en la propuesta de Paquito y su discurso de dignidad- Ester… no te preocupes por nada, cambia esa carita –le sonríe- ¡de ahora en adelante yo me voy a hacer responsable de las finanzas de esta casa! Nunca más volverá a faltar nada, ya verás.
Ester la mira sorprendida, e incrédula.
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Hacienda Montenegro.
-¡Don Alcides! –busca Marina- me dijo que iba a estar aquí en la casa… ¿para dónde se habrá ido?
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Casa Obregón.
-Anoche cuando Michelle se despidió de mí tuve la sensación que no la iba a ver más –llora Soledad- ¡te lo juro! Pero yo pensé… que simplemente era mi imaginación… ¡ay, ahora me doy cuenta que es verdad!
-Soledad, no es tu culpa –la consuela Eloísa.
-¡Yo debería buscar la verdad!
-¿Tú, adonde?
-¡A su ciudad! Tengo que decirle que regrese –se exaspera- ¡que entre Hugo y yo no hay nada! Ella tiene que regresar.
-¡No, no me parece buena idea! Soledad, si lo haces va a pensar que sientes lástima de ella y eso para una mujer es horrible.
Soledad no muy convencida.
-Además te voy a confesar algo, lo mejor que pudo hacer Michelle… ¡fue irse de San Marino!
Soledad la mira sorprendida- ¿Por qué dices eso?
-¡Ay, porque Hugo no la trataba nada bien! –inventa Eloísa.
Soledad la mira con espanto.
-¡No me mires así! Ella misma me lo confesó.
(Ay Eloísita estás cavando grande y profunda tu tumbita!!)
Pero Soledad no puede creerle- ¡Qué! ¿pero qué fue lo que ella te dijo?
-¡Soledad, a veces eres muy ingenua! Una cosa es la cara que Hugo te da a ti y otra muy distinta es la que le daba a Michelle… ¿ella nunca te dijo nada?
-¡Nada de qué! ¿qué me quieres decir, qué pasa con Hugo?
-¡Hugo maltrataba a Michelle!
-¡Qué! –Soledad se lleva la mano al corazón- ¡pero ella me dijo todo lo contrario! hasta me confesó que estaba muy bien y muy feliz con Hugo.
-¡Pobre Michelle! Nunca se sinceró contigo y ahora entiendo por qué –finge pena- ¡Hugo le hacía a ella exactamente lo mismo que te hacía a ti cuando se hacía pasar por Alcides! La maltrataba de palabra.
-¡Lo que me estás diciendo es terrible! –se duele Soledad.
-¡Sí! Pobre Michelle –finge Eloísa.
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Casa Dr. Max.
Daniel entra a la casa con aire abatido, frustrado y recuerda a Michelle- “Creo que Alcides ya se enteró que le propusiste a Soledad que fuera tu novia, o tal vez los ha visto juntos.
-¿Por qué lo dices?
-Por la forma como te miraba en su laboratorio, en su mirada había mucho odio, no conozco bien a ese hombre pero por lo que me ha contado Soledad y por su obsesión con ella… Daniel… ¡me da miedo que pueda hacerte daño!”
Daniel regresa a la realidad- ¡No, Michelle no pudo haberse ido! Y mucho menos sin despedirse de mí, debió haber tenido algún problema… y seguramente Alcides está implicado –y diciendo esto va a buscar su látigo y se dispone a luchar- ¡Ahora mismo me va a escuchar! –y sale decidido.
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Estación del tren.
-Serán dos días de viaje –Hugo vestido de viaje- ¡espero arreglar todo con Michelle para que regrese conmigo!
-Le deseo mucha suerte, señor… y por la Herrería no se preocupe yo me haré cargo.
-Boris, olvidé comentarle a Soledad que salía de viaje y que no podré visitar a mi hija.
-Úrsula y yo… nos estamos viendo muy seguido señor… si quiere le puedo mandar una nota con ella y avisarle que usted se va a reunir con la señorita Michelle.
-¡Muchas gracias! Nos vemos en un mes –Hugo le da la mano sonriendo.
Boris le sonríe- ¡Hasta luego señor! –se marcha.
Hugo toma asiento y se dispone a partir de San Marino.
Suspira y mira por la ventana.
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Casa Obregón.
Úrsula no encuentra a la niña en su cuna y sale corriendo.
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En la sala.
-¡Tranquilízate, Soledad! No puedes salir corriendo tras Michelle.
-¡Michelle es mi amiga!
-¡Y mía también! Sin embargo pienso que es bueno que se haya ido de San Marino, Soledad… en el fondo… ¡tal vez sin querer yo creo que Michelle te tenía un poco de envidia! Ella misma me dijo ayer que jamás podría tener lo que tú tienes.
Cada cosa que dice es más increíble para Soledad- ¡Qué! No, ella no te pudo haber dicho eso.
-¡Soledad, me conoces desde hace mucho tiempo, yo jamás te mentiría! Tienes que creer…
Pero Úrsula entra gritando- ¡Señora Soledad!
-¡Úrsula! ¿qué pasa?
-¡Úrsula dejo a la niña en la cuna y cuando regresó a buscarla no estaba! –Ester explica- ¡pensó que yo la tenía!
-¡Y yo tampoco la tengo, Soledad! –Antonia con miedo.
-¿Me están queriendo decir que mi hija…?
-¡Sí, Soledad, la niña no está en la casa! Alguien entró y se la llevó sin que nos diéramos cuenta –Ester.
Antonia mira a Soledad que se queda pálida.
Úrsula llora.
Ester se desespera.
Eloísa calcula la situación.
-¡Cómo que mi hija no está en la casa! –explota Soledad.
-Yo no la tengo.
-Yo tampoco –Antonia.
-¡Dios mío! –Eloísa se espanta- “Alcides se llevó a la niña”-piensa.
-¡Mi papá! Seguramente mi papá está con ella –Soledad corre.
Eloísa las sigue.
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Tren.
Hugo se va muy lejos con el pensamiento, está triste e ido- “No puedo creer que Michelle se haya ido por mi causa, tengo que pedirle disculpas, tal vez lo mejor sea rehacer mi vida a su lado y lejos de Soledad.” –y suspira profundamente y recuerda.
Recuerda cuando le pareció ver una sombra en la casa de Alcides.
Vuelve al presente – “ ¡Cómo no me di cuenta antes! Esa sombra en la casa de Alcides era Michelle… ¡ella escuchó cuando dije que amaba a Soledad! Claro… por eso se fue de San Marino” –deduce.
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Casa Obregón.
-¡Papá! ¿tú tienes a la niña?
-¡No!
-¡Dios mío! –Ester.
-¿Qué le pasó a Aurora?
-¡La niña no está, alguien tuvo que llevársela! –grita Soledad
-¡Úrsula! –exige Lucas.
-¡Yo solo la dejé un momento, don Lucas! La niña estaba dormida, yo no sé cómo pudo ocurrir.
Y Ester, Soledad y Úrsula se ponen a buscarla.
Antonia impide que Lucas las siga- ¡No vas a ninguna parte!
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Un camino.
En una canasta Aurora viaja tranquila.
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Hacienda Montenegro.
Marina le abre la puerta a Daniel- ¡Buenos días!
-¡Buenos días! Estoy buscando a Alcides de Medina, dígale que necesito hablar con él.
-¡A todo el mundo se le dio por buscar a don Alcides hoy! –con fastidio- pero don Alcides no se encuentra.
Daniel mira las escaleras con dudas.
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Casa Obregón.
-¡No hay rastros por ningún lado! –Soledad histérica- ¡se la llevaron, alguien se robó a la niña!
-¡El que lo hizo fue Alcides de Medina! –acusa Ester.
Eloísa se preocupa.
-¡Tiene que ser Alcides porque Alcides es la única persona que puede entrar a esta casa sin que nadie lo vea! –Soledad.
Úrsula sufre- ¡Todo fue muy rápido! Fue apenas media hora.
Soledad se toma la cabeza- ¡Tengo que hablar con él!
-¡Yo voy a la policía a poner la denuncia! –Ester.
-¡Dejen lo de la policía a mí, yo me encargo de poner la denuncia! –Eloísa- ¡ustedes vayan a ver a Alcides.
-¡Yo te acompaño, hija! Antonia quédate con Lucas.
-¡Dios mío! Que mi hija esté sana y salva –corre Soledad.
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Cabaña.
Un hombre deja la canasta con la niña en la casa.
La bella Aurora lo mira tranquilamente.
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Casa Obregón.
Antonia impide que Lucas salga de la casa- ¡Solo serías un estorbo!
-¡Ahora soy un estorbo!
-Discúlpame hermano, no fue lo que quise decirte, cálmate… esta angustia puede afectar tu corazón.
-¡Don Lucas! La señora Ester y Soledad fueron a buscar a don Alcides –Úrsula.
-¿Tuvo algo que ver con la desaparición de mi nieta?
-¡Tiene mucho sentido, Lucas! –Antonia- ¡es el único hombre que puede entrar a esta casa sin que sepamos cómo!
-¡Lucas el inútil! –protesta Lucas.
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Tren.
Hugo mira por la ventana distraído, mirando el paisaje pasar.
Un hombre le pide su pasaje- ¡Su tiquete!
Hugo se disculpa- Estaba distraído –se lo entrega.
Y Hugo vuelve a perderse en sus recuerdos.
Y recuerda a Soledad y a Aurora.
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Hacienda Montenegro.
-¡No sé si el patrón se demore! –Marina de malhumor- ¡por favor, váyase! Y cuando regrese yo le digo que usted estuvo acá.
-¡Creo que va a ser lo mejor! Tengo que ver a otra persona y no quiero perder mi tiempo aquí, dígale a su patrón que me urge hablar con él.
En ese momento irrumpe Soledad- ¡En dónde está Alcides!
-¡Soledad! –se sorprende Daniel.
-¡Yo sé que Alcides se llevó a mi hija de mi casa! –grita Soledad- ¡en dónde está! ¿Dónde está mi hija?
-¡Yo no tengo ni idea de dónde está su hija, no sé de qué me está hablando! –se defiende Marina.
-¿Qué pasó? –Daniel.
-Alguien entró a la casa y se la robó –Ester explica.
-¡Qué! Tranquila Soledad, vamos a encontrar a tu hija, te lo prometo.
Soledad llora asustada con espasmos.
Daniel la abraza para tranquilizarla.
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Herrería.
Úrsula llega corriendo- ¡Boris!
-¡Qué agradable sorpresa!
-¿Dónde está don Hugo?
-Hoy salió de viaje y regresa hasta dentro de un mes.
-¡Qué! –se desespera- ¡no puede ser! entonces fue él… dime por favor que don Hugo no tiene Aurora.
-¿Úrsula, de qué estás hablando?
-¡Don Hugo se llevó a Aurora de la casa, la secuestró!
(bueno, ahora qué tomó Úrsula???)
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Hacienda Montenegro.
Soledad, Daniel y Ester recorren toda la casa.
-¡Ustedes no tienen ningún derecho a estar registrando esta casa! –les grita furiosa Marina- ¡cuando don Alcides se entere se va a poner muy furioso!
-¡Tú eres la que no tienes derecho a decir nada! –le grita Ester- ¡cállate! Y lárgate de aquí.
Marina retrocede dos pasos.
-¡Nada! No hay rastros de Alcides ni de mi hija –aparece Soledad seguida de Daniel.
-¡No hay nada! –confirma Ester.
-¡La tienen que haber ocultado en otro lugar! –Daniel.
-¡Dios, Dios mío!
En ese momento entra Alcides con un paquete de regalos en sus manos.
Soledad lo ataca- ¡Dónde tienes a mi hija! –le grita- ¿A dónde te la llevaste?
Y Alcides la mira sorprendido.
Soledad lo mira acusadora, igual Daniel y Ester.
Marina espera a ver qué pasa.
-¡No entiendo de qué me hablan! ¿qué pasó con mi sobrina?
Soledad apenas puede hablar- ¡Dónde está la niña, Alcides! Yo sé que tú la secuestraste, así que quiero que hables de una vez porque no sabes de lo que soy capaz… -y le grita a todo pulmón furiosa- ¡quiero que hables ya, desgraciado! ¿en dónde está mi hija?
Detrás de ella la apoya Daniel en silencio.
-¡Antonia te vio rondando por la casa! –le grita Ester- ¡confiesa que fuiste a robarte a m i nieta!
-¡No, no, no! Están equivocados –Alcides inocente- ¡es cierto que estuve caminando alrededor de la casa, como he hecho otras veces… pero con la esperanza de admirarte en la lejanía Soledad! Doña Ester, usted me vio… ¡la niña no estaba conmigo!
-¡Regresaste y te la llevaste! Y ya no me hagas perder más la paciencia –histérica Soledad.
-¡Soledad y la familia Obregón tienen razones suficientes para creer que usted se la llevo! –Daniel mete su cuchara.
-¡Soledad! Están equivocados otra vez –le ruega Alcides- ¡yo no tengo nada que ver con eso! Por favor créeme.
Soledad lo mira desesperada.
-¿Quién se pudo robar a mi sobrina? –se enoja Alcides- ¡quien! –y luego de pensar rápidamente- ¡Marina, por favor! Guárdame esto –le pasa la caja.
Pero Soledad toma la casa y la revisa y encuentra un vestido de bebé - ¡Ropa de bebé! Aurora… -y empieza a pegarle- ¡desgraciado! Tú te la llevaste.
-¡Dios mío! –grita Ester.
-¿Dónde está Aurora? –acusa Daniel.
Alcides no sabe cómo defenderse.
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Herrería.
-Úrsula, trata de tranquilizarte.
-¡Alguien se llevó a Aurora de la casa! Y si tú me dices que don Hugo se fue de la casa fue porque él se la llevó.
-¡Úrsula, por favor! –se escandaliza- ¿Cómo crees que don Hugo va a ser capaz de cometer algo así? ¡mi patrón no se la llevó!
-¿No estás mintiendo para proteger a tu patrón?
-¡Claro que no, Úrsula!
-¿Entonces por que se fue viaje?
-¡Porque la señorita Michelle decidió regresarse a su país y mi patrón fue tras de ella! Lo que hay que hacer es avisarle a don Hugo que su hija está desaparecida –decide Boris.
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Tren.
Hugo sigue su viaje.
Y de pronto sueña que Soledad está enfrente suyo con Aurora.
Soledad vestida de rojo- “ Estoy tan feliz, mi amor… ¡nosotros y nuestra bebé de vacaciones! Somos tan afortunados, mi amor… tenemos a nuestra bebé preciosa y te tengo a ti, y nuestro amor es tan grande y tan puro, dime que más le podemos pedir a la vida –y Soledad lo mira con amor y se acerca para besarlo mientras Aurora los mira”
Sálvame, despiértame otra vez
temo cerrar los ojos sin saber
si vas a estar conmigo al amanecer
♫
na, na, na
♫
bésame hasta enloquecer
quiero perderme en tus sentidos
para no saber quien soy
ni lo que temo ser
♫
Y Hugo vuelve al presente con una sonrisa enamorada, sonríe con ternura y abre los ojos y se da cuenta que está solo y se pone mejor en el asiento y recuerda otros momentos más tristes.
“-Señor, ¿está seguro de asistir a la velada?
-Escúchame amigo, sí estoy cansado, pero necesito aprovechar este momento de euforia, necesito poner en juego todas las piezas de mi venganza… ¿tú quieres regresar a la casa o quieres venir conmigo?
-¡Señor! –duda Boris- ¡yo estoy con usted!
-¡Vamos!”
Hugo suspira- ¡Todo pudo haber sido tan diferente! –piensa- ¡tan diferente!
♫
Mi sufrimiento es estar
solo como el viento
y saber que asi grite
nadie me va a escuchar
♫
Y vuelve al pasado.
“-Esa niña me dijo que Soledad le puso su nombre a la bebé porque fue ella quien me salvó aquella vez en el juicio.
-Para mí que ese nombre le gustó y eso es todo, señor –Boris.
-Pero si lo que dice esa niña es cierto… ¡significa que Soledad sí me quiso!
-¡O simplemente lo hizo por guardar las apariencias, patrón! –opina Marina- ¡acuérdese que a la señora Soledad le importa mucho el qué dirán!”
Y Hugo regresa al presente y toma aire.
♫
y saber que si un día te tengo
será solo un momento
un instante fugaz
pero mi sufrimiento
será por toda la eternidad
♫
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Casa Obregón.
Antonia no entiende cómo Alcides puede entrar a la casa.
-¡Y yo sin poder enfrentar a ese miserable de hombre a hombre! Para que responda por lo que hizo.
(bof!! Nunca fuiste hombre Luquitas!!

)
-¡Ya Lucas, no te castigues más! Confiemos que Alcides se llevó a la niña solamente para llamar la atención de Soledad.
-¡Que tus palabras sean ciertas!
Antonia nerviosa se arregla el cabello.
-Antonia… ¿qué te pasa? Te noto nerviosa, no solamente por lo de mi nieta.
Antonia piensa otra vez en la oferta de Paquito de pagarle el doble, y su propuesta de disfrazarse de hombre. Y por último a Ester diciéndole que ya no tienen ahorros.
-¡Antonia! –la llama Lucas.
-¡No te imagines cosas que no son! Estoy muy nerviosa y angustiada por la desaparición de Aurorita.
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Herrería.
Úrsula sigue llorando- ¡Mi bebé! Boris… ¿si don Hugo no la tiene, quien pudo habérsela llevado?
-¡No sé, Úrsula! Pero mi patrón no fue, yo mismo lo llevé a la estación del tren, vi cuando se subió al tren y te aseguro que no llevaba a la niña.
-¡Yo te creo! Pero hay que avisarle a la señora Soledad que don Hugo está de viaje, es importante que ella lo sepa.
-¡Yo voy contigo, Úrsula! Trata de tranquilizarte –la toma de los brazos- ¡voy a enviarle un telegrama a mi patrón a la próxima estación para que sepa que su hija está desparecida!
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Hacienda Montenegro.
Daniel abraza a Soledad por la cintura.
Pero Soledad se deshace de él y vuelve a atacar a Alcides- ¡Como puedes ser así, Alcides! –le pega- ¡cómo le puedes hacer daño a una criatura inocente! Aurora… -y de pronto de tanto pegarle se apoya en su pecho.
Alcides que primero aceptó todos los golpes en silencio se queda boquiabierto al verla apoyada en su pecho y sufre por ella- ¡Soledad, por favor mírame a los ojos! –le ruega- ¡mírame! Te juro que no sé nada –es muy sincero - ¡yo no sé dónde está mi sobrina, no te estoy mintiendo!
-¡No te creo! –con rabia atragantada de lágrimas- ¡claro que sabes! ¿o entonces para qué compraste esta ropa? –se la muestra.
-¡Esa ropa no tiene nada que ver con mi sobrina! –pero luego se da cuenta- bueno… sí tiene que ver… ¡porque yo la compré para ella, pero no porque yo tenga a la niña físicamente! –abre los ojos con sinceridad.
(bravo Mario, muy convincente!)
-¡No te creo, me estás mintiendo, Alcides!
-¡Nunca en la vida he sido más sincero que ahora! Es cierto, yo compré la ropa para mi sobrina –subraya cada palabra- ¡pero lo hice porque esta mañana saliste tan mal de esta casa que… quise tener una atención contigo! Pero por lo que veo todo salio al revés.
-¡Alcides, es mejor que diga la verdad! –mete su cuchara torcida Daniel.
Alcides lo mira con ojos asesinos- ¡De Soledad acepto lo que sea, Sirak! –le advierte con una voz amenazadora y oscura- ¡pero de usted ni una amenaza!
Daniel sostiene su mirada.
Soledad llora.
-¡En cualquier momento va a llegar la policía y vas a tener que confesar, Alcides! –Ester.
Alcides mira sorprendido a Soledad- ¿Me acusaste a la policía sin tener pruebas?
Soledad lo mira con furia entre sus lágrimas- ¡Pruebas son las que me sobran, Alcides! ¡claro que te denunciamos! Le pedí a Eloísa que fuera a la policía en mi nombre.
Alcides la mira en silencio.
-¡Está sangrando! –de pronto dice Daniel al ver el brazo de Alcides, su manga está manchada- ¿qué fue lo que pasó? ¿Cómo se hirió?
Alcides se mira el brazo y luego a Daniel con ojos peligrosos.
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Ciudad.
-¡Señor Juez, buenos días! –llega Eloísa.
-¿En qué la puedo servir?
-¡Vine a poner una denuncia! De parte de Soledad de Obregón por la desaparición de su hija Aurora.
-¿Cómo y cuando sucedieron los hechos?
-¡Esta mañana! fue un descuido de Úrsula, la criada de Soledad, y alguien raptó a la niña.
-¿Sospechan de alguna persona?
-¡Soledad piensa que fue Alcides de Medina! Yo no estaría tan segura señor Juez, más bien yo creo.. que… -y suspira nerviosa- ¡no me quiero meter en problemas!
-¡Tranquila! Puede contarme con confianza, la información que usted me de cómo algo no oficial.
-¡Muchas gracias, señor Juez! En realidad, yo creo que quien raptó a la niña fue Michelle… ¡Michelle Philippe!
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Cabaña.
Aurora duerme tranquila en la canasta.
Arturo la mira y recuerda a Soledad acusando a Alcides de entrar a su cuarto a escondidas.
-¡Alcides, debes estar soportando la ira de Soledad y su familia! –se divierte- ¡te dije que me vengaría de ti a cualquier precio!
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FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
Aurora llora y llora.
Soledad se desmaya en los brazos de Hugo que llora.