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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
Escrito por (a partir del capítulo 65)
Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano
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Tren.
-¡De regreso a San Marino! –suspira Hugo.
-Llegamos a Alcalá, viajeros con destino a Alcalá –anuncian.
Hugo toma el diario y piensa- Michelle se fue para Europa, no quiere saber nada de mí... ¡no existe ninguna posibilidad de que regrese! –suspira- ¡quizás es lo mejor! A lo mejor es una señal del destino para que siga luchando por Soledad.
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Detrás de él Hércules y Manuela toman asiento.
-¿Estás cómoda? –la tutea Hércules.
-¡Sí! –le sonríe Manuela.
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-¡Hércules! –se sorprende Hugo en silencio - ¿qué hace Hércules subiendo al tren en la estación de Alcalá?
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Muy cerca de él, la conversación continúa – Usted es un hombre por el que cualquier hombre perdería la cabeza –Hércules la mira con deseos.
Manuela sonríe divertida – Y usted es un sirviente muy atrevido.
Hércules sonríe – El ser sirviente no me hace menos hombre... ¡y usted es una mujer muy hermosa!
Detrás de ellos, fingiendo leer un periódico, “El cinematografo”, Hugo no pierde palabra.
-Gracias por el cumplido –Manuela- ¡pero mis aspiraciones van más allá de un simple sirviente! –se pavonea- ¡lo mío son los jefes, los patrones, los amos, los señores de dinero! –y mira a Hércules levantando las cejas- ¡y usted no es uno de ellos!
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Hugo no puede evitar un gesto de desprecio ante sus palabras.
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Ajeno a que los escuchan Hércules sigue seductoramente- ¡Yo no tendré mucho dinero, pero tengo otras virtudes!
Manuela sonríe apreciando a Hércules de arriba abajo.
Hércules se desabotona la camisa blanca- Hace calor –le dice en doble sentido.
Manuela juega- ¡Eres malo, y muy malo!
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-¿Quién es esta mujer y qué hacía con Hércules en Alcalá? –se pregunta Hugo- ¡claro, seguramente está cumpliendo algún encargo de Arturo de Linares.
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Detrás de él Manuela decide seguir el juego de Hércules y se saca sus modernos zapatos, y con las medias puestas recorre la pierna de Hércules.
-¿No me dijo que no le interesaban los sirvientes? –sonríe Hércules.
-A veces hago excepciones, con los sirvientes guapos como usted –Manuela le sonríe abiertamente seductora.
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Hugo escucha y levanta las cejas.
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Casa Obregón.
-¡Pero, cómo tía! –Soledad está pálida de la impresión- ¿fuiste tú quien se robó a mi bebé aquella vez?
-¡Ya te dije que soy pecadora! –se culpa Antonia.
-¿Pero, por qué? Recuerdo que fuiste muy dura en esos días conmigo... ¿:pero por qué tenías que desaparecer a mi hija? –le reclama.
-¡Veía a tu hija como producto del pecado! La engendraste con Hugo sin esta casados... –se excusa sin razones valederas- ¡Por eso hablé con el doctor Max para que se la llevara al convento!
Y Antonia recuerda al doctor Max- “Puedo decir que el niño nació muerto y desaparecer con él –propone.
-Usted tiene que prometerme que esa criatura va a quedar en buenas manos.
-Claro que sí, si es niña va a un convento y si es varón a un seminario... ¿qué le parece?
-¡Gracias doctor! Dios sabrá recompensarle.”
Antonia regresa de sus recuerdos.
-¡Recuerdo que pensamos que Arturo fue quien se la había llevado! –Soledad recuerda- ¡Hugo fue quien la rescató aquella vez!
-Arturo se enteró de que el doctor Max la tenía y se la quitó –confiesa Antonia.
-¿Te das cuenta? –Soledad con horror- ¡por tu culpa Aurora pudo haber muerto! –le grita.
-¡Lo sé bien, Soledad! Estoy tan arrepentida de lo que hice... pero cuando llegué a esta casa me obsesioné con que todos íbamos a vivir como lo dicta la ley de Dios, y por eso quise hacerte mucho daño... ¡te quise castigar Soledad! Como... –duda- ¡aquella vez que le prendí fuego a la ropita de la bebé!
Y Antonia recuerda cuando quemó las ropitas y Soledad llega y trata de rescatarlas y el vestido prende fuego.
(bah... esto es RELLENO!!!
Ya basta!!)
-¡No, tía! Esa vez fue un accidente –la excusa Soledad.
-¡No, no fue Soledad! –histérica Antonia- ¡yo lo hice adrede! También casi termino matándote.
Soledad la mira como si estuviera loca y luego lentamente con decepción, y cierra los ojos incrédula.
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Hacienda Montenegro.
-¡Me asustas, Alcides! –Eloisa toma asiento - ¿qué es eso tan importante que tienes que decirme?
-¿Recuerdas lo que te dije cuando volví a San Marino?
-¡Me dijiste que si conseguía que Soledad caiga en tus brazos me darías la mitad de tu fortuna!
-Este es el mejor momento para que alcances esta meta, de ti depende que seas la dueña de la mitad de mi fortuna.
Los ojos de Eloisa se llena de ambición y recuerda su visita al tesoro.
(otro RELLENO!!
)
-La mitad de toda tu fortuna –suspira.
-Te alcanzaría para vivir como reina durante tres vidas.
-¡Cuenta con eso! Convenceré a Soledad que eres el hombre más maravilloso de todo el mundo.
-No solo eso... ¡quiero que Soledad piense que yo soy el hombre que le conviene! Acabo de enviarle un ramo de flores y ahora necesito mover un peón salvador.
-¡Y esa soy yo! –Eloisa con aire de triunfo- ¡no te preocupes Alcides, defenderé al rey frente a la reina y le daré jaque mate! –se marcha segura.
Alcides sonríe - ¡Con el tiempo y un ganchito, Soledad!-y repite- ¡con el tiempo y un ganchito! –suspira soñador- ¡cada vez estoy más cerca de ti!
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Casa Margó.
-¡Fue una estrategia muy sucia robarme las botas para descartar a don Arturo como sospechosa! –le reprocha el Juez- ¡lo que usted hizo fue inmoral!
Margó cierra los ojos con miedo- ¡No entiendo! –y piensa desesperada- “ ¿ahora qué hago? ¡por Dios! Que no me lleve presa:”
-¡Le recuerdo que yo soy la máxima autoridad de San Marino! –le grita el juez.
Arturo llega y los escucha.
-¡Lo siento! –murmura Margó- no fue mi intención...
-¡Qué sorpresa encontrarlo por aquí, señor Juez! –interrumpe Arturo.
-¡Arturo! El señor juez Fernandez me está pidiendo explicación de lo que hice ayer.
-¡No tienes que dar ninguna explicación! Cualquier hombre, señor juez, puede cometer errores, incluso estupideces cuando bebe demás.
El juez incomodo.
-¡Fui yo quien le pidió a Margó que buscara pruebas para probar mi inocencia! –sigue Arturo- no fue nada personal... ¡la suerte quiso que lo encontrara a usted! ¿y quien mejor que usted para compartir justicia? Me imagino que no tiene ninguna objeción.
-¡Ninguna! –con rabia el juez- ¡ninguna don Arturo!
Margó respira con alivio y sonríe.
-¡Permiso! –el juez se marcha.
Al quedar solos, Arturo sonríe cómplice a Margó que feliz corre y abraza a Arturo- ¡Gracias Arturo! Eres mi salvador.
Arturo la mece en sus brazos sonriendo, pero al escucharla se separa y la mira a los ojos- ¡Todo lo contrario! Tú eres mi salvadora, Margó... si no fuera por ti... ¡me habrían dejado en la cárcel! –y le acaricia el mentón mirándole los labios- ¡te voy a estar eternamente agradecido!
Margó feliz lo abraza muy fuerte, con cariño.
Arturo la abraza y de pronto cierra los ojos sinceramente y simplemente se deja querer.
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Casa Obregón.
-¡Dios mío! –Soledad con profundo disgusto mira a otro lado- ¿cómo pudiste? –de pronto llena de lágrimas de profundo dolor- ¿cómo pudiste hacernos eso a mí y a mi bebé? –y mueve la cabeza incrédula- ¡Tía, yo nunca me imaginé que nos odiaras tanto!
Antonia también llora- No te veía con odio, Soledad... sólo que me obsesioné con la idea que ibas por mal camino... pero con el tiempo fui testigo de tu sufrimiento... ¡cuando Hugo comenzó esa terrible venganza contra ti, la enfermedad de tu hija, y luego... vi Soledad...! –y se arrodilla a su lado- ¡como hiciste tantos sacrificios de amor, con tanta nobleza y entereza! Y me di cuenta que la equivocada era yo... –gime- ¡yo sé que no tengo perdón de Dios, y sé que tu tampoco tienes por qué perdonarme, pero quiero que sepas que por eso estoy haciendo algo terrible para pagar mis culpas! ¡para pagar mis pecados y ayudar a mantener esta casa!
-No entiendo.
-¡Permiso! –entra en ese momento Eloisa muy alegre - ¡hola! –pero al ver la escena- parece que llegué en muy mal momento.
Antonia la mira con rabia y lentamente se levanta.
Soledad sorprendida de las miradas de disgusto entre ambas.
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Casa Obregón.
Arturo separa a Margó de sí y le dice serio – En realidad, Margó, yo... venía a agradecerte, quería que sepas que soy libre gracias a ti.
Margó lo mira a los ojos- Me alegra mucho por ti.
Arturo se queda extrañamente cortado- Te... veo muy bien... muy tranquila, no estás pendiente de la ventana... –se pasea- ¿dónde está Hércules?
-¡Se fue de viaje!
-Seguramente un encargo de Alcides de Medina... –Arturo se enoja- ¿qué estará tramando ese miserable?
-¡Tú no te tienes que preocupar por eso ahora! –le aconseja Margó con cariño- ¡tienes que descansar! Ve a tu casa, date un baño.
-¿No quisieras acompañarme? –ruega Arturo.
Margó duda pero responde- ¡No! tengo que quedarme a esperar a Hércules.
-Bueno... ¡lo que hiciste por mí, Margó, fue muy valiente! Nunca lo voy a olvidar -y de pronto se marcha como si estuviera muy nervioso.
Margó lo mira ilusionada y luego sonríe enamorada.
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Tren.
Manuela se abanica ostentosamente- ¡Ahora me acaloré yo!
Hércules la mira seductor.
-Los viajeros con destino a San Marino, en media hora llegamos a la estación –anuncia el inspector.
-Tenemos media hora... ¿por qué no vamos a un vagón más privado? –propone Hércules.
Hugo no pierde detalle.
-¿Cuál es el afán? –juega Manuela- Hércules... ¿tiene mujer?
-¡Sí! Una que me quiere mucho.
-Pero por lo visto, usted a ella no.
Hércules sonríe divertido- ¿Lo dices por esto? ¡no tiene nada que ver!
Hugo sigue escuchando.
-¡Un hombre nunca desprecia las oportunidades con una mujer tan bella como tú! –Hércules.
-¡Ay! Es usted un patán –Manuela.
-¡Y tú muy hábil con tu pie! –contraataca Hércules.
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Hugo piensa: “Ligera de cascos, la señora”
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-¿Tienes claro lo que debemos hacer cuando lleguemos a San Marino? –pregunta Hércules.
-¡Qué crees! Pero antes que anda vamos a ir a casa de su jefe a ver si tiene dinero suficiente para pagarme este trabajito –interesadamente.
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Hugo intrigado: “ ¿De qué hablan, qué trabajito es ese? ¡para qué Arturo de Linares mando a buscar a esta mujer de Alcalá!”
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-Después que cerremos el trato me aparezco en casa de Daniel y le daño su fiesta con Soledad de Obregón –se burla Manuela.
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Hugo se inquieta.
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Casa Obregón.
-Lamento haber llegado en un momento inoportuno, lo siento –humildemente Eloisa.
-Estábamos tratando un asunto familiar –se excusa Soledad.
-Regreso en otro momento, entonces –dice Eloisa pero mira a Antonia con una mirada doble y malévola.
Y ambas recuerdan que Eloisa sabe que Antonia se disfraza de hombre en la Taberna.
(otro RELLENO!!
)
Antonia, con la mirada le ruega que no diga nada.
-Pensándolo bien, mejor espero en tu cuarto que terminen de conversar, lo que tengo que decirte es muy importante Soledad –y de pronto ve las rosas- ¡qué hermosas flores! Me imagino que son de tus pretendiente, con permiso –y Eloisa se eclipsa.
-¡Soledad, no puedo cargar más con mis culpas! –llora Antonia al quedar solas- ¡no puedo!
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Hospital.
Daniel trabaja (por fin
) como médico.
Una enfermera entra corriendo- ¡Acaba de llegar un paciente y se está desangrando!
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Tren.
-Te aprendiste muy bien el plan –Hércules.
-¡Solo espero que su patrón tenga suficiente dinero para pagarme! Porque la verdad mansión Montenegro tengo deseos de volver a ver a mi ex – marido.
-A tu marido –la corrige - ¡porque tengo entendido que tú y Daniel Von Sirak no se han divorciado!
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Hugo piensa sorprendido: “Esta mujer es la esposa de Von Sirak... ¿y Arturo le dio la orden a Hércules de llevarla a San Marino? ¡no entiendo!”
Y recuerda:
“Te tomaste el trabajo de averiguar todo eso sobre el doctor Von Sirak.
-¡Te dije que lo iba a quitar del camino! –Alcides sigue feliz- ¡ahora la lucha para conquistar a Soledad es solo entre tú y yo!”
Y piensa: “Claro, el que descubrió que Von Sirak sigue casado es Alcides... ¿por qué el criado de Arturo de Linares viene a buscar a esta mujer? ¡será que Arturo y Alcides están confabulados!”
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-¡Ya casi llegamos a San Marino! –suspira Manuela- ¿y el vagón privado?
-¡No te vas a arrepentir! –le promete Hércules- ¿vamos?
Y ambos se alejan.
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”- Esa señora es parte del plan de mi hermano y de Arturo de Linares para sacar a Von Sirak del camino” –deduce Hugo.
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Casa Obregón.
Ester le corta el pelo a Lucas para ahorrar.
-Mi amor, te has dado cuenta lo extraña que ha estado Antonia últimamente –Lucas.
-Sí, muy extraña, y no entiendo a qué se refería cuando habló del pecado... ¡no sé a qué pecado se refiere! Antonia siempre ha sido una puritana, a veces exagera.
-¿Será que no duerme lo suficiente! Esas clases de piano a este hombre misterioso no me gusta para nada.
-¡Pero le pagan muy bien! Y gracias a eso estamos viviendo mejor.
-Mi amor, mañana, en las afueras de la casa voy a colocar el aviso: “se escriben cartas de amor”
Ester se arrodilla a su lado sonriente- ¡Todavía guardo tus cartas! Son tan hermosas –ríe - ¡tú tienes un don especial con las palabras!
-¡Te amo! ¿aquí si habrá alguien a quien mandarle cartas de amor?
-Desde que el mundo es mundo y da vueltas existe el amor –filosofa Ester- ¡el amor es la fuerza que mueve todas las cosas! Ya verás que te van a llover las propuestas.
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Taberna.
Paquito cuenta su dinero con Pierre- ¡Nos fue muy bien anoche! –y le da su parte- ¡lo que te corresponde! Hiciste un buen trabajo.
Pierre se marcha.
Esmeralda entra.
-¡Día de pago, aquí tienes! Te lo has ganado.
-El espectáculo es un éxito, tienes tanto talento.
-Y eso que no me conoces bien... ¿te cuento un secreto?
-¡Dime!
-¡Pero tienes que prometerme que no se lo dirás a nadie! –la sienta sobre él- ¿sabes que no soy tan femenino como la gente cree? ¡estoy deseoso de amar a una mujer! Si tú quieres puedo darte algo adicional por ser una gran trabajadora.
Esmeralda lo besa.
Y Paquito la pone sobre el sofá.
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CONTINUARA


no era éste el doctor que se había ido de la ciudad?? )
parece ketchup!! )