LA TRAICION 102 – ¡! – lunes 23 de junio de 2008

Con Mario Cimarro y Dana García
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Mabouchita
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LA TRAICION 102 – ¡! – lunes 23 de junio de 2008

Postby Mabouchita » Wed Jun 25, 2008 2:34 am

LA TRAICION 102 – ¡! – lunes 23 de junio de 2008

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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez

Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano

Escrito por (a partir del capítulo 65)

Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano


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Tren.
-¡De regreso a San Marino! –suspira Hugo.
-Llegamos a Alcalá, viajeros con destino a Alcalá –anuncian.
Hugo toma el diario y piensa- Michelle se fue para Europa, no quiere saber nada de mí... ¡no existe ninguna posibilidad de que regrese! –suspira- ¡quizás es lo mejor! A lo mejor es una señal del destino para que siga luchando por Soledad.
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Detrás de él Hércules y Manuela toman asiento.
-¿Estás cómoda? –la tutea Hércules.
-¡Sí! –le sonríe Manuela.
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-¡Hércules! –se sorprende Hugo en silencio - ¿qué hace Hércules subiendo al tren en la estación de Alcalá?
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Muy cerca de él, la conversación continúa – Usted es un hombre por el que cualquier hombre perdería la cabeza –Hércules la mira con deseos.
Manuela sonríe divertida – Y usted es un sirviente muy atrevido.
Hércules sonríe – El ser sirviente no me hace menos hombre... ¡y usted es una mujer muy hermosa!
Detrás de ellos, fingiendo leer un periódico, “El cinematografo”, Hugo no pierde palabra.
-Gracias por el cumplido –Manuela- ¡pero mis aspiraciones van más allá de un simple sirviente! –se pavonea- ¡lo mío son los jefes, los patrones, los amos, los señores de dinero! –y mira a Hércules levantando las cejas- ¡y usted no es uno de ellos!
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Hugo no puede evitar un gesto de desprecio ante sus palabras.
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Ajeno a que los escuchan Hércules sigue seductoramente- ¡Yo no tendré mucho dinero, pero tengo otras virtudes!
Manuela sonríe apreciando a Hércules de arriba abajo.
Hércules se desabotona la camisa blanca- Hace calor –le dice en doble sentido.
Manuela juega- ¡Eres malo, y muy malo!
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-¿Quién es esta mujer y qué hacía con Hércules en Alcalá? –se pregunta Hugo- ¡claro, seguramente está cumpliendo algún encargo de Arturo de Linares.
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Detrás de él Manuela decide seguir el juego de Hércules y se saca sus modernos zapatos, y con las medias puestas recorre la pierna de Hércules.
-¿No me dijo que no le interesaban los sirvientes? –sonríe Hércules.
-A veces hago excepciones, con los sirvientes guapos como usted –Manuela le sonríe abiertamente seductora.
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Hugo escucha y levanta las cejas.
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Casa Obregón.
-¡Pero, cómo tía! –Soledad está pálida de la impresión- ¿fuiste tú quien se robó a mi bebé aquella vez?
-¡Ya te dije que soy pecadora! –se culpa Antonia.
-¿Pero, por qué? Recuerdo que fuiste muy dura en esos días conmigo... ¿:pero por qué tenías que desaparecer a mi hija? –le reclama.
-¡Veía a tu hija como producto del pecado! La engendraste con Hugo sin esta casados... –se excusa sin razones valederas- ¡Por eso hablé con el doctor Max para que se la llevara al convento!
Y Antonia recuerda al doctor Max- “Puedo decir que el niño nació muerto y desaparecer con él –propone.
-Usted tiene que prometerme que esa criatura va a quedar en buenas manos.
-Claro que sí, si es niña va a un convento y si es varón a un seminario... ¿qué le parece?
-¡Gracias doctor! Dios sabrá recompensarle.”
Antonia regresa de sus recuerdos.
-¡Recuerdo que pensamos que Arturo fue quien se la había llevado! –Soledad recuerda- ¡Hugo fue quien la rescató aquella vez!
-Arturo se enteró de que el doctor Max la tenía y se la quitó –confiesa Antonia.
-¿Te das cuenta? –Soledad con horror- ¡por tu culpa Aurora pudo haber muerto! –le grita.
-¡Lo sé bien, Soledad! Estoy tan arrepentida de lo que hice... pero cuando llegué a esta casa me obsesioné con que todos íbamos a vivir como lo dicta la ley de Dios, y por eso quise hacerte mucho daño... ¡te quise castigar Soledad! Como... –duda- ¡aquella vez que le prendí fuego a la ropita de la bebé!
Y Antonia recuerda cuando quemó las ropitas y Soledad llega y trata de rescatarlas y el vestido prende fuego.

(bah... esto es RELLENO!!! :-x Ya basta!!)

-¡No, tía! Esa vez fue un accidente –la excusa Soledad.
-¡No, no fue Soledad! –histérica Antonia- ¡yo lo hice adrede! También casi termino matándote.
Soledad la mira como si estuviera loca y luego lentamente con decepción, y cierra los ojos incrédula.
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Hacienda Montenegro.
-¡Me asustas, Alcides! –Eloisa toma asiento - ¿qué es eso tan importante que tienes que decirme?
-¿Recuerdas lo que te dije cuando volví a San Marino?
-¡Me dijiste que si conseguía que Soledad caiga en tus brazos me darías la mitad de tu fortuna!
-Este es el mejor momento para que alcances esta meta, de ti depende que seas la dueña de la mitad de mi fortuna.
Los ojos de Eloisa se llena de ambición y recuerda su visita al tesoro.

(otro RELLENO!! :mad: )

-La mitad de toda tu fortuna –suspira.
-Te alcanzaría para vivir como reina durante tres vidas.
-¡Cuenta con eso! Convenceré a Soledad que eres el hombre más maravilloso de todo el mundo.
-No solo eso... ¡quiero que Soledad piense que yo soy el hombre que le conviene! Acabo de enviarle un ramo de flores y ahora necesito mover un peón salvador.
-¡Y esa soy yo! –Eloisa con aire de triunfo- ¡no te preocupes Alcides, defenderé al rey frente a la reina y le daré jaque mate! –se marcha segura.
Alcides sonríe - ¡Con el tiempo y un ganchito, Soledad!-y repite- ¡con el tiempo y un ganchito! –suspira soñador- ¡cada vez estoy más cerca de ti!
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Casa Margó.
-¡Fue una estrategia muy sucia robarme las botas para descartar a don Arturo como sospechosa! –le reprocha el Juez- ¡lo que usted hizo fue inmoral!
Margó cierra los ojos con miedo- ¡No entiendo! –y piensa desesperada- “ ¿ahora qué hago? ¡por Dios! Que no me lleve presa:”
-¡Le recuerdo que yo soy la máxima autoridad de San Marino! –le grita el juez.
Arturo llega y los escucha.
-¡Lo siento! –murmura Margó- no fue mi intención...
-¡Qué sorpresa encontrarlo por aquí, señor Juez! –interrumpe Arturo.
-¡Arturo! El señor juez Fernandez me está pidiendo explicación de lo que hice ayer.
-¡No tienes que dar ninguna explicación! Cualquier hombre, señor juez, puede cometer errores, incluso estupideces cuando bebe demás.
El juez incomodo.
-¡Fui yo quien le pidió a Margó que buscara pruebas para probar mi inocencia! –sigue Arturo- no fue nada personal... ¡la suerte quiso que lo encontrara a usted! ¿y quien mejor que usted para compartir justicia? Me imagino que no tiene ninguna objeción.
-¡Ninguna! –con rabia el juez- ¡ninguna don Arturo!
Margó respira con alivio y sonríe.
-¡Permiso! –el juez se marcha.
Al quedar solos, Arturo sonríe cómplice a Margó que feliz corre y abraza a Arturo- ¡Gracias Arturo! Eres mi salvador.
Arturo la mece en sus brazos sonriendo, pero al escucharla se separa y la mira a los ojos- ¡Todo lo contrario! Tú eres mi salvadora, Margó... si no fuera por ti... ¡me habrían dejado en la cárcel! –y le acaricia el mentón mirándole los labios- ¡te voy a estar eternamente agradecido!
Margó feliz lo abraza muy fuerte, con cariño.
Arturo la abraza y de pronto cierra los ojos sinceramente y simplemente se deja querer.
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Casa Obregón.
-¡Dios mío! –Soledad con profundo disgusto mira a otro lado- ¿cómo pudiste? –de pronto llena de lágrimas de profundo dolor- ¿cómo pudiste hacernos eso a mí y a mi bebé? –y mueve la cabeza incrédula- ¡Tía, yo nunca me imaginé que nos odiaras tanto!
Antonia también llora- No te veía con odio, Soledad... sólo que me obsesioné con la idea que ibas por mal camino... pero con el tiempo fui testigo de tu sufrimiento... ¡cuando Hugo comenzó esa terrible venganza contra ti, la enfermedad de tu hija, y luego... vi Soledad...! –y se arrodilla a su lado- ¡como hiciste tantos sacrificios de amor, con tanta nobleza y entereza! Y me di cuenta que la equivocada era yo... –gime- ¡yo sé que no tengo perdón de Dios, y sé que tu tampoco tienes por qué perdonarme, pero quiero que sepas que por eso estoy haciendo algo terrible para pagar mis culpas! ¡para pagar mis pecados y ayudar a mantener esta casa!
-No entiendo.
-¡Permiso! –entra en ese momento Eloisa muy alegre - ¡hola! –pero al ver la escena- parece que llegué en muy mal momento.
Antonia la mira con rabia y lentamente se levanta.
Soledad sorprendida de las miradas de disgusto entre ambas.
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Casa Obregón.
Arturo separa a Margó de sí y le dice serio – En realidad, Margó, yo... venía a agradecerte, quería que sepas que soy libre gracias a ti.
Margó lo mira a los ojos- Me alegra mucho por ti.
Arturo se queda extrañamente cortado- Te... veo muy bien... muy tranquila, no estás pendiente de la ventana... –se pasea- ¿dónde está Hércules?
-¡Se fue de viaje!
-Seguramente un encargo de Alcides de Medina... –Arturo se enoja- ¿qué estará tramando ese miserable?
-¡Tú no te tienes que preocupar por eso ahora! –le aconseja Margó con cariño- ¡tienes que descansar! Ve a tu casa, date un baño.
-¿No quisieras acompañarme? –ruega Arturo.
Margó duda pero responde- ¡No! tengo que quedarme a esperar a Hércules.
-Bueno... ¡lo que hiciste por mí, Margó, fue muy valiente! Nunca lo voy a olvidar -y de pronto se marcha como si estuviera muy nervioso.
Margó lo mira ilusionada y luego sonríe enamorada.
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Tren.
Manuela se abanica ostentosamente- ¡Ahora me acaloré yo!
Hércules la mira seductor.
-Los viajeros con destino a San Marino, en media hora llegamos a la estación –anuncia el inspector.
-Tenemos media hora... ¿por qué no vamos a un vagón más privado? –propone Hércules.
Hugo no pierde detalle.
-¿Cuál es el afán? –juega Manuela- Hércules... ¿tiene mujer?
-¡Sí! Una que me quiere mucho.
-Pero por lo visto, usted a ella no.
Hércules sonríe divertido- ¿Lo dices por esto? ¡no tiene nada que ver!
Hugo sigue escuchando.
-¡Un hombre nunca desprecia las oportunidades con una mujer tan bella como tú! –Hércules.
-¡Ay! Es usted un patán –Manuela.
-¡Y tú muy hábil con tu pie! –contraataca Hércules.
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Hugo piensa: “Ligera de cascos, la señora”
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-¿Tienes claro lo que debemos hacer cuando lleguemos a San Marino? –pregunta Hércules.
-¡Qué crees! Pero antes que anda vamos a ir a casa de su jefe a ver si tiene dinero suficiente para pagarme este trabajito –interesadamente.
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Hugo intrigado: “ ¿De qué hablan, qué trabajito es ese? ¡para qué Arturo de Linares mando a buscar a esta mujer de Alcalá!”
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-Después que cerremos el trato me aparezco en casa de Daniel y le daño su fiesta con Soledad de Obregón –se burla Manuela.
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Hugo se inquieta.
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Casa Obregón.
-Lamento haber llegado en un momento inoportuno, lo siento –humildemente Eloisa.
-Estábamos tratando un asunto familiar –se excusa Soledad.
-Regreso en otro momento, entonces –dice Eloisa pero mira a Antonia con una mirada doble y malévola.
Y ambas recuerdan que Eloisa sabe que Antonia se disfraza de hombre en la Taberna.

(otro RELLENO!! :? )

Antonia, con la mirada le ruega que no diga nada.
-Pensándolo bien, mejor espero en tu cuarto que terminen de conversar, lo que tengo que decirte es muy importante Soledad –y de pronto ve las rosas- ¡qué hermosas flores! Me imagino que son de tus pretendiente, con permiso –y Eloisa se eclipsa.
-¡Soledad, no puedo cargar más con mis culpas! –llora Antonia al quedar solas- ¡no puedo!
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Hospital.
Daniel trabaja (por fin :grin: ) como médico.
Una enfermera entra corriendo- ¡Acaba de llegar un paciente y se está desangrando!
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Tren.
-Te aprendiste muy bien el plan –Hércules.
-¡Solo espero que su patrón tenga suficiente dinero para pagarme! Porque la verdad mansión Montenegro tengo deseos de volver a ver a mi ex – marido.
-A tu marido –la corrige - ¡porque tengo entendido que tú y Daniel Von Sirak no se han divorciado!
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Hugo piensa sorprendido: “Esta mujer es la esposa de Von Sirak... ¿y Arturo le dio la orden a Hércules de llevarla a San Marino? ¡no entiendo!”
Y recuerda:
“Te tomaste el trabajo de averiguar todo eso sobre el doctor Von Sirak.
-¡Te dije que lo iba a quitar del camino! –Alcides sigue feliz- ¡ahora la lucha para conquistar a Soledad es solo entre tú y yo!”
Y piensa: “Claro, el que descubrió que Von Sirak sigue casado es Alcides... ¿por qué el criado de Arturo de Linares viene a buscar a esta mujer? ¡será que Arturo y Alcides están confabulados!”
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-¡Ya casi llegamos a San Marino! –suspira Manuela- ¿y el vagón privado?
-¡No te vas a arrepentir! –le promete Hércules- ¿vamos?
Y ambos se alejan.
#
”- Esa señora es parte del plan de mi hermano y de Arturo de Linares para sacar a Von Sirak del camino” –deduce Hugo.
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Casa Obregón.
Ester le corta el pelo a Lucas para ahorrar.
-Mi amor, te has dado cuenta lo extraña que ha estado Antonia últimamente –Lucas.
-Sí, muy extraña, y no entiendo a qué se refería cuando habló del pecado... ¡no sé a qué pecado se refiere! Antonia siempre ha sido una puritana, a veces exagera.
-¿Será que no duerme lo suficiente! Esas clases de piano a este hombre misterioso no me gusta para nada.
-¡Pero le pagan muy bien! Y gracias a eso estamos viviendo mejor.
-Mi amor, mañana, en las afueras de la casa voy a colocar el aviso: “se escriben cartas de amor”
Ester se arrodilla a su lado sonriente- ¡Todavía guardo tus cartas! Son tan hermosas –ríe - ¡tú tienes un don especial con las palabras!
-¡Te amo! ¿aquí si habrá alguien a quien mandarle cartas de amor?
-Desde que el mundo es mundo y da vueltas existe el amor –filosofa Ester- ¡el amor es la fuerza que mueve todas las cosas! Ya verás que te van a llover las propuestas.
#
Taberna.
Paquito cuenta su dinero con Pierre- ¡Nos fue muy bien anoche! –y le da su parte- ¡lo que te corresponde! Hiciste un buen trabajo.
Pierre se marcha.
Esmeralda entra.
-¡Día de pago, aquí tienes! Te lo has ganado.
-El espectáculo es un éxito, tienes tanto talento.
-Y eso que no me conoces bien... ¿te cuento un secreto?
-¡Dime!
-¡Pero tienes que prometerme que no se lo dirás a nadie! –la sienta sobre él- ¿sabes que no soy tan femenino como la gente cree? ¡estoy deseoso de amar a una mujer! Si tú quieres puedo darte algo adicional por ser una gran trabajadora.
Esmeralda lo besa.
Y Paquito la pone sobre el sofá.
#
CONTINUARA
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Postby Mabouchita » Thu Jun 26, 2008 2:26 am

#
Habitación Soledad.
Ambas sentadas en la cama.
-¿Todo bien con tu tía, Soledad? –interroga Eloisa- te noto nerviosa.
Soledad toma aire y decide callar – Como te dije, es un asunto familiar- ¿qué me querías decir, Eloisa?
Esta vez Eloisa toma aire- ¡Quiero hablarte de Alcides!
-¿Qué pasó después de que me fui? –se asusta Soledad- ¡no me digas que lo dejaste entrar a la casa!
-¿Cómo se te ocurre? –finge Eloisa- ¡no! le dije que era un abusivo, lo eché de mi casa... pero ese pobre hombre se puso tan mal, Soledad... –y abre los ojos enorme- ¡se puso a llorar frente a mi casa!
-¡Qué! –exclama Soledad.
-¡Te juro, como lo oyes! Alcides me dijo que estaba muy arrepentido, que había sido un patán contigo, que no te había sabido conquistar cómo te mereces.
-Es muy tarde, lo único que me produce Alcides es rechazo.
Eloisa hace rodar sus ojos y piensa: “ Por lo visto esto va a ser más difícil que matar a un elefante a pellizcos” – suspira.
-Eloisa –llama Soledad.
-Estaba pensando – reacciona- ¡me alegra que tengas tan claros tus sentimientos!
-Bueno –suspira Soledad- ¡la verdad es que no los tengo tan claros! No sé bien qué es lo que siente mi corazón.
-Oye, Soledad, cuando entré a tu casa vi dos ramos de flores –sonríe pícara Eloisa- ¡Alcides me dijo ayer que él te pensaba regalar uno para que lo perdones! ¿y el otro de quien es? ¿de Hugo?
-¡No! es de Daniel.
-¡Daniel! –con un aire de desprecio- ¡Soledad, dime sinceramente, qué sientes tú por Daniel!
Soledad calla y luego mira para otro lado.
#
Hospital.
-Tiene una hemorragia severa.
-¡Doctor, la única manera de salvarle la vida es haciéndole una transfusión! –Daniel al otro doctor.
-¡Pero aquí jamás hemos hecho una!
-¡Siempre hay una primera vez, doctor! Yo aprendí una técnica directamente del doctor James Bludel, especialista de transfusión.

(Nota: 8)
Durante el siglo XIX se reiniciaron los intentos de hacer tranfusiones sólo en aquellas situaciones en que peligraba la vida de las personas, lo que trajo consigo la realización de muchos trabajos experimentales en ese campo, que culminaron con el logro, por el cirujano inglés James Bludell, de la primera transfusión entre seres humanos. El paciente en cuestión falleció a las 56 horas de haberse transfundido.6
http://bvs.sld.cu/revistas/mgi/vol13_4_97/mgi15497.htm
)

-El procedimiento es exitoso siempre y cuando se efectúe con rapidez, la sangre se coagula demasiado rápido –dice erróneamente Daniel- voy a traer unos equipos que vamos a necesitar.

(bueno, :? y aquí mi viejo amigo el Dr. Max tenía que llevarse la palma!! Era él quien hizo una transfusión sanguínea a Boris!!

Ah, otra cosa... :-? no era éste el doctor que se había ido de la ciudad?? )

#
Calle.
La bella Margó camina por la calle con una plato cubierto en las manos y ve a Matilde y se acerca.
-Matilde... ¿usted sabe dónde ésta Arturo?
Matilde la mira altanera- ¡No, no sé dónde está don Arturo! –y le subraya el don y se marcha.
-Matilde... ¿qué está sucediendo? –se acerca Gladis.
-¡Aquí la señorita pregunta por don Arturo, señora!
Gladis mira a Margó de pies a cabeza con desprecio - ¿Otra vez usted? ¡ya le dije que no quiero mujerzuela cerca de mi hijo!
Margó suspira pero sonríe cuando Arturo se acerca para defenderla- ¡Madre! ¿cuántas veces tengo que pedirte que dejes de llamar mujerzuela a Margó?
Los ojos se le iluminan a Margó al escuchar cómo la defiende Arturo frente a Gladis.
Gladis se hace la ofendida- ¡Discúlpeme, hijo! ¿cómo debo llamarla entonces? –con sorna- ¿señorita?
Margó la mira con miedo.
Pero Arturo le responde secamente- ¡Apreciaría mucho que lo hagas! No te olvides que es gracias a Margó que estoy fuera de la cárcel.
Margó mira a Arturo con una sonrisa fascinada.
-Margó, por favor acompáñame a casa –le ruega Arturo.
-¡Momento, Arturo! –le grita Gladis- ¡ni se te ocurra! Aquí en la calle puedes hacer lo que quieras y con quien quieras... pero a mi casa... ¡no te voy a permitir que vuelvas a llevar a esta... mujercita de mala reputación!
-¡Déjame en paz, madre! Si sigues molestándome con esa cantaleta de la reputación y el abolengo te advierto que soy capaz de casarme con Margó.
Margó lo escucha sorprendida y luego ríe sin poder contenerse y se tapa la boca divertida.
Gladis mira a Arturo con horror.
#
Taberna.
Esmeralda se viste.
Paquito le da un último beso – Estuviste excelente... dile a Rubi que pase.
Esmeralda toma su dinero y se marcha.
Rubi entra y Paquito le da su dinero.
Detrás entra Manrique.
-El Cabaret está cerrado pero si necesitas una muchacha...
-¡No, no vengo a divertirme! –le corta Manrique.
-Siéntate.
-¡Paquito, usted me conoce! Usted sabe que yo soy un hombre que viene de abajo, que me he enriquecido a pulso... a pesar de mis sueños.
-¡Manrique! –se cansa Paquito- ¡lo conozco bien! Sé que es un prestamista para unos y enemigo para otros... así que por favor vaya al grano... ¡estoy ocupado!
-Veras, mi gran pasión toda mi vida fue el arte... pero mi padre nunca me lo permitió... en fin... ¡viendo tocar a su pianista George Wile, quedé encantado y tengo deseos de retomar ese sueño y algunas clases de piano con él! –baja la cabeza humildemente.
Paquito se pone verde.
-¡Necesito que me dé la dirección para localizarlo!
#
Casa Obregón.
-¿Que sientes por Daniel? –insiste Eloisa.
-Daniel es un hombre inteligente, culto, generoso... ¡pero me mintió! él no fue capaz de decirme la verdad sobre su estado civil.
-¡Tienes toda la razón, eso es gravísimo! Y bueno... volviendo al tema anterior... ¡es que quedé muy desconcertada, Soledad! Alcides realmente se veía distinto... ¿qué tal sí cambió?
-Eloisa... ¡Alcides intentó matar a su hermano! –Soledad con espanto- ¡después de hacer algo tan horrible como eso! ¿tú crees que una persona puede cambiar?
-Él estuvo desaparecido mucho tiempo, y según lo que dice perdió la memoria y le pasaron cosas horribles, a veces con experiencias de ese tipo la gente cambia.
-¿Tú crees?
-¡Mira! Yo entiendo perfectamente que tú desconfíes de Alcides, pero sí te puedo decir es lo que yo vi anoche, Soledad, era un tipo destruido, vulnerable y muy real.
-¡No sé, a lo mejor Alcides sí cambió! Pero lo único cierto es que para bien o para mal... Hugo se robó mi corazón.
Eloisa suspira.
#
Tren.
Luego de un paseo a otro vagón, Manuela y Hércules regresan menos acalorados.
-¡Ya estamos llegando!
Manuela se abanica- ¡Hace calor en San Marino! –con doble sentido.
Hugo escucha todo, discretamente.
-Al llegar vamos directo a la casa de mi patrón, él nos está esperando.
-¡Está bien! Ni una sola palabra de lo que pasó –le dice Manuela.
-¡Soy todo un caballero! –promete Hércules.
Hugo sigue atento.
-Espero que tu patrón sea muy generoso y que mi estadía en San Marino valga el dinero que necesito.
Hugo levanta las cejas.
-¡Estación de San Marino! –anuncian.
-Llegamos... ¿vamos? –anuncia Hércules.
#
Hugo reflexiona- ¡Alcides me va a tener que explicar esta bajeza que orquestó contra Von Sirak! El amor no se gana con trampas ni con mentiras –decide.
#
Hospital.
Daniel procede a hacer la transfusión.

(ahahaha :-D parece ketchup!! )

-Ahora debemos dejar reposar al paciente, todo parece indicar que su cuerpo no rechazó la sangre, sobrevivirá.
-¡Es un orgullo tenerlo entre nosotros! Permiso –una enfermera.
Daniel queda solo - ¡Ojala Soledad pensara lo mismo!
#
Casa Obregón.
-¡Soledad, sigues enamorada de Hugo después de todo lo que te hizo! –exclama Eloisa indignada- ¡tú sí que eres terca!
-Aunque sé que entre Hugo y yo ya no puede haber nada y quisiera darme una oportunidad con Daniel... ¡y así Alcides me mande flores y me diga que me ama y que cambió... yo no puedo hacer nada, Eloisa! ¡yo sigo enamorada de Hugo!
Eloisa suspira sin esperanzas.
-Me tengo que ir –se preocupa Soledad- ¡Úrsula no ha llegado! ¿adonde andará?
-¡No te preocupes! Yo me puedo quedar cuidando a Aurorita.
-¡No! –duda Soledad- es que no quisiera dejarte esa responsabilidad, le voy a decir a mi mamá...
-¡Soledad, no te preocupes! Yo la puedo cuidar –y pone cara de tristeza- ¡a menos que claro, no me tengas la confianza suficiente porque yo no tengo hijos y estés prevenida y lo entiendo perfectamente!
-¡No, Eloisa! No es eso... es que... ¡está bien! Y cuando llegue Úrsula se la puedes entregar o a mi mamá.
-¡Claro que sí! Vete tranquila, que Aurora no puede estar en mejores manos.
Soledad le sonríe.
#
Herrería.
Boris trabaja de mal humor.
Úrsula entra con una sonrisa- ¡Boris! –pero al ver la cara de Boris pierde la sonrisa- ¿qué pasó? Hablaste con Marina.
Boris calla.
-¿Te va a dar el divorcio?
Boris se acerca llorando.

(ay! :? Detesto que llore tanto!!)

#
Calle.
-¡No, Arturo! –se horroriza Gladis- ¡tú no serías capaz de hacerme tal cosa!
-¡Mejor no me pongas a prueba!
Margó sorprendida.
Matilde los mira como si fuera de otro planeta.
-¡Arturo! –Gladis a punto de un ataque cardiaco- ¡si tú intentas casarte con ésta! ¡con esta mujercita! ¡no volverás a poner un pie en mi casa! Vas a perder tu herencia y también a tu madre –y mira a Margó con desprecio- ¡vamos Matilde!
Y se marcha luego de hacer un ruidito de desprecio.
Al quedar solo Margó sonriendo -¡Arturo! –le reclama- ¿qué locuras dices? ¡vas a matar a tu pobre madre de un infarto! –ríe con inocencia- ¿te imaginas? ¡tú y yo casados!
Arturo se acerca sonriendo - Solo lo dije para sacármela de encima, porque tengo mucha curiosidad por saber qué es lo que traes allí.
-Hum... –ríe Margó y saca el mantelito del plato y se lo muestra- ¡iba para tu casa! Hice este pastel con mis propias manos... ¡para ti!
-¡Margó, me parece el postre perfecto para la cena especial que le pedí a Matilde que preparara para ti! –le dice- ¡tendremos mesa de lujo en mi casa y tú serás la invitada de honor!
Margó se queda boquiabierta y luego sonríe fascinada.
#
Taberna.
-¡Ay, Manrique! Es imposible que me pidas la dirección de George Wile, en primer lugar yo traje a George desde Europa, es un afamado músico, hice una inversión muy fuerte y no creo que sea negocio ni para él ni para mí...
-¡Por favor! –le corta Manrique- Francisco... eso lo sé perfectamente, pero me pones en una situación muy incomoda, voy a tener que recurrir a otra opción... ¡y la familia de esta persona me detesta!
-No entiendo... ¿de qué me estás hablando? –Paquito distraído cuenta sus ingresos.
-¡Mire, Antonia de Obregón dicta clases de piano! –le cuenta Manrique- ¡ella me detesta! Voy a tener que acudir a ella –Manrique se marcha.
-¡Manrique! –se desespera Paquito pero ya Manrique no está.
#
Casa Obregón.
Eloisa con Aurora en brazos (y parece la de carne y hueso) cierra la puerta con llave- ¡Si quiero entrar a robarme algo del tesoro tengo que entrar contigo, mocosa! –se enoja- ¡bueno, vamos!
Y sin dudarlo se lleva a Aurora a la cámara del Tesoro.
#
Hospital.
-Su esposo está a salvo, le hice una transfusión de sangre –Daniel.
-¿Transfusión de sangre? ¿y eso qué es?
-Le pasé la sangre de otro paciente al de él y así logramos salvarlo.
-¿Puedo entrar a verlo?
-¡Por supuesto!

(sí, claro... la mujer muy tranquila... en esa época se hubieran santiguado mil veces!!!)

Al quedar solo se le ilumina la lamparita a Daniel -¡Una transfusión de sangre, claro! ¿cómo no se me había ocurrido antes? ¡con una transfusión de sangre puedo curar definitivamente de catalepsia a Aurorita!

(sí, a mí ya se me había ocurrido antes, pero Danielito eres lento, muy lento!!)

-¡Daniel! –entra Soledad.
Daniel la abraza eufórico- ¡Soledad, tengo una extraordinaria noticia! Una noticia que tiene que ver con la salud de tu hija.
Soledad con esperanzas.
#
Cámara del Tesoro.
La salud de Aurora en ese momento corre peligro.
Eloisa con la bella bebé entra a la Cámara y ríe divertida- ¡Ay! Esto parece un sueño.
La pobre Aurora no opina lo mismo.
-¡Qué maravilla! –y la bebé le molesta- ¡tú, vente para acá! Y quédate aquí –la pone en el suelo.
Eloisa se pasea por el lugar.
Aurora juega con los diamantes.
Y arriba de ella, la bayesta con la flecha asesina está peligrosamente apuntando hacia su futura victima.
Eloisa juega con las joyas y las besa y las esconde en su ropa.
Aurora juega con otras piedras preciosas y monedas.
Eloisa sigue cargándose de joyas.
Aurora juega con las joyas muy cerca del hilo que hace saltar la bayesta.

(qué raro que Aurora no se lleve las piedras a la boca!)
#
Herrería.
-¡Sí, hablé con Marina pero ya te imaginaras cual fue su respuesta! –Boris llorando desvía la mirada- ¡me dijo que no me iba a dar el divorcio!
-¿Estás diciendo la verdad o todavía estás enamorado de Marina? –duda Úrsula- porque si es así... –trata de marcharse.
-¡No, Úrsula! –la detiene del brazo- ¡por favor no lo digas! Ni de broma... ¡entre Marina y yo ya no hay nada! Úrsula... lo que había entre Marina y yo ya no existe, yo soy un hombre fiel a sus ideas, Úrsula... ¡te amo! –se declara- ¡Te amo con toda mi alma!
-¿Y qué va a pasar con nosotros mientras tanto? –se desespera Úrsula- ¡tú sabes muy bien que la familia Obregón no va a dejar que nos sigamos viendo hasta que no te divorcies! ¿tendremos que vernos a escondidas?
-Eh... tan solo será por unos días... te aseguro que de una manera u otra voy a conseguir el divorcio... ¡Te lo prometo! –la abraza.
Pero Úrsula se marcha llorando.
Boris queda solo y con rabia.
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Hacienda Montenegro.
-Con permiso, patrón –entra Hércules- ¡ya cumplí con su encargo!
-¿Dónde está la esposa del doctorcito? –Alcides come sus nueces.
-¡La esposa del doctorcito está aquí! –entra Manuela- ¡me llamo Manuela Marin! ¿con quien tengo el gusto? O prefiere que le llame patrón también.
Alcides se levanta- Una dama como usted no necesita llamarle patrón a un hombre –le tira su bastón a Hércules y le da la mano a Manuela- ¡me llamo Alcides de Medina!
-Mucho gusto, Alcides de Medina –Manuela le sonríe y le da la mano.
Alcides no se la besa, simplemente se la palmea- Bienvenida a mi casa, señora de Von Sirak, espero que hoy sea el inicio de una larga y fructífera amistad, además me encanta hacer negocios con mujeres tan bellas y elegantes como usted –la admira.
Manuela sonríe seductora.
Hércules los mira atentamente.
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Hospital.
-¡Daniel, no me hagas esperar más! –ruega Soledad- ¿qué es lo que me tienes que decir sobre Aurora?
-¡No quisiera adelantarme pero acabo de realizar un procedimiento que tiene muchos años practicándose en la medicina y fue perfeccionado por el doctor Bludell...
-No entiendo qué me quieres decir.
-¡Lo siento! Es algo muy riesgoso, pero estoy casi convencido que si nosotros le aplicamos una transfusión de sangre a tu hija podemos curarla definitivamente de la catalepsia.
Soledad queda callada.
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Casa Obregón.
-¡Dios mío! Tenía que decirle toda la verdad a Soledad –Antonia llorando se pasea por el jardín- ¡tenía que sacar toda la infamia que guardaba en mi corazón! –tiene un ramo de flores en las manos- ¡lo único que no puede saber jamás mi familia es que yo me disfrazo de hombre para quitar el piano en el Cabaret! ¡eso jamás! –esconde su rostro en las flores.
-¡Doña Antonia!
-¡Manrique! ¿qué hace usted en mi casa? ¡qué desfachatez la suya de aparecerse después de todo lo que ha hecho!
-Le ruego me disculpe, señorita, pero no vengo en visita social –muy humilde- en realidad vengo en plan de negocios, quiero proponerle algo.
-¿Negocios conmigo? ¡se equivocó! –seca.
-Verá... estuve en la Taberna... y vi tocar el piano –soñador – a... no sé cómo decirlo... ¡es un maestro, un virtuoso! ¡es un prodigio! Y la verdad eso despertó unos anhelos de juventud que yo tenía olvidados.
Antonia se sorprende.
-Es decir... tengo entendido que usted dicta clases de piano y quiero se su alumno –se apura Manrique- ¡y estoy dispuesto a pagarle la suma que usted me exija!
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ex Residencia Medina.
Una mesa bien puesta.
Margó y Arturo con copas de vino en las manos.
-Quiero hacer un brindis, Margó –Arturo se pone de pie - ¡quiero agradecerte por tu bondad, por tu inmensa valentía! –levanta la copa.
Margó se pone de pie sonriendo.
-¡Gracias a ti, Margó, hoy soy un hombre libre!
Margó toma su copa.
-¡Salud! –le dice Arturo.
Y Margó la hace chocar con violencia para brindar.
Arturo ríe con ternura y bebe.
Margó va a tomarse toda la copa de una sola vez.
-¡No! calma –le dice Arturo- siéntate, por favor, siéntate –le ruega.
Margó lo mira sorprendida y se sienta.
-Margó, el vino es una bebida que hay que disfrutar, que hay que saber... –y está oliendo el vino cuando Hugo irrumpe seguida de Matilde que no lo puede detener.

(así sin avisar a la habitación de Arturo!!! Un poco exagerado!!)

-¡Acabo de ver a esta señora con tu criado Hércules en el tren!
Arturo se levanta sorprendido sin saber de qué habla.
Margó pronuncia en silencio- ¿Hércules?
-¡Qué clase de persona es capaz de cometer un acto tan bajo y mezquino! –le acusa Hugo- ¡eres un cobarde y miserable!
-¡De qué demonios estás hablando! –se enoja Arturo perdido.
Hugo ignorando a Margó- ¡Sé que esta señora es la esposa del doctor Von Sirak!
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FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
Aurora hace funcionar la trampa de Alcides.


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