LA TRAICION 103 – ¡TRAMPA PARA SIRAK! – 24/junio/2008

Con Mario Cimarro y Dana García
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Mabouchita
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LA TRAICION 103 – ¡TRAMPA PARA SIRAK! – 24/junio/2008

Postby Mabouchita » Fri Jun 27, 2008 3:20 am

LA TRAICION 103 – ¡TRAMPA PARA EL DOCTOR SIRAK! – martes 24 de junio de 2008

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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez

Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano

Escrito por (a partir del capítulo 65)

Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano


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ex Residencia Medina.
Una mesa bien puesta.
Margó y Arturo con copas de vino en las manos.
-Quiero hacer un brindis, Margó –Arturo se pone de pie - ¡quiero agradecerte por tu bondad, por tu inmensa valentía! –levanta la copa.
Margó se pone de pie sonriendo.
-¡Gracias a ti, Margó, hoy soy un hombre libre!
Margó toma su copa.
-¡Salud! –le dice Arturo.
Y Margó la hace chocar con violencia para brindar.
Arturo ríe con ternura y bebe.
Margó va a tomarse toda la copa de una sola vez.
-¡No! calma –le dice Arturo- siéntate, por favor, siéntate –le ruega.
Margó lo mira sorprendida y se sienta.
-Margó, el vino es una bebida que hay que disfrutar, que hay que saber... –y está oliendo el vino cuando Hugo irrumpe seguida de Matilde que no lo puede detener.

(así sin avisar a la habitación de Arturo!!! :eek: Un poco exagerado!!)

-¡Acabo de ver a esta señora con tu criado Hércules en el tren!
Arturo se levanta sorprendido sin saber de qué habla.
Margó pronuncia en silencio- ¿Hércules?
-¡Qué clase de persona es capaz de cometer un acto tan bajo y mezquino! –le acusa Hugo- ¡eres un cobarde y miserable!
-¡De qué demonios estás hablando! –se enoja Arturo perdido.
Hugo ignorando a Margó- ¡Sé que esta señora es la esposa del doctor Von Sirak!
Arturo no entiende nada- ¿La esposa de Daniel Von Sirak?
Margó se levanta del sillón y se pone al lado de Arturo- Don Hugo... yo soy Margó... ¿no me reconoce?
Hugo se sorprende- ¡Yo pensé que era Manuela!
-¿Manuela? –se sorprende Arturo- ¿estás loco?
-Yo pensé que era la mujer que mandaste a buscar de Alcalá –se excusa Hugo.
-¿Alcalá? –Margó.
-¡Basta de juegos! –Arturo molesto deja su copa sobre la mesita- o me dices qué has venido a hacer a mi casa o mejor te vas.
-¡Yo no sé cómo te escapaste de la cárcel! –Hugo enojado- pero eso lo voy a averiguar después... ¡quiero que sepas que conozco tus planes!
-¡No sé de qué estás hablando!
-¿Para qué mandaste a buscar con tu criado a esa mujer?
Margó mira a Arturo confundida, Arturo le devuelve la mirada también confundido.
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Hacienda Montenegro.
-Por favor, vamos al grano, siéntese –ofrece Alcides.
Manuela se sienta.
-Sabe por qué está aquí en San Marino... ¿le contaste? –a Hércules que sigue parado.
-¡Sí, me lo contó todo! Demás el sirviente fue muy amable conmigo durante todo el viaje –Manuela.
-¡Retírate Hércules, por favor! –Alcides come sus nueces.
-Lo que no me quedó claro todavía, es mi retribución por mis servicios... ¿de cuanto estamos hablando Alcides?
-¿Le parece bien 200 gramos de oro?
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Cámara del Tesoro.
Eloisa sigue jugando con las joyas y se queda fascinada con ellas.
En el suelo Aurora también juega con las piedras preciosas.
Eloisa la olvida completamente, y besa cada joya- ¡Qué maravilla! –toma una diadema- ¡esta joya debe valer una fortuna! Pero si me llevo algo tan vistoso Alcides podría darse cuenta, algún día va a regresar aquí –calcula- y si nota que me lo llevé podría correr el mismo destino que mi tía.
Aurora aburrida empieza a gatear.
Eloisa la ve- ¡La trampa! Aurorita, quédate quieta... ¡no te muevas! –le grita.
Pero Aurora sigue muy tranquila.
-¡Mocosa del demonio, no te muevas!
Aurora apunta con su dedito el hilo que hace disparara la flecha y se dispone a agarrarlo.
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Hospital.
-¿Estás seguro de lo que me estás diciendo? –se ilusiona Soledad.
-Completamente, haciéndole una transfusión de sangre a Aurora podríamos curarle definitivamente la catalepsia.

(El reloj dice 14:30 8) )

-¿Una transfusión de sangre? –repite Soledad – No sé, me suena muy extraño.
-¡Hay técnicas nuevas que las aprendí directamente del doctor Blundell! Lo que no entiendo es cómo no se me ocurrió antes.

(Bueno... :-? si es con esas técnicas... :grin: )

-¿Pero tú crees que con esto se puede curar Aurora definitivamente de la catalepsia?
-Tiene lógica médica, habría que hacerle una transfusión completa de su sangre, ya que la enfermedad se encuentra ahí –reflexiona- ¡si cambiamos la sangre de Aurora por una nueva, podría funcionar!
Soledad inquieta- ¿Y qué riesgos existen si le hacemos esto a mi hija?
-¡Sí, hay riesgos, no te lo voy a negar! Pero voy a hacer unas pruebas antes, tú tranquila, confía en mí.
Soledad sonríe feliz- ¡Dios mío! Nada me haría más feliz que poder ver curada a Aurora.
-¡Yo te juré que iba a encontrar la cura para la enfermedad de tu hija, y lo voy a conseguir! –le acaricia el rostro- ¡lo vas a ver!
-¡Gracias! –feliz- ¡me voy a cambiar, hay muchas cosas qué hacer!
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Cámara del Tesoro.
Aurora está en peligro por otras razones que la catalepsia.
-Aurorita –ruega con una sonrisa falsa Eloisa- cosita de mamá... qué bebé tan hermosa... –y con rabia- ¡quédate quieta mocosa, no te vayas a mover! –y se acerca a ella- ¡quieta, quietecita!
Y Eloisa mira con horror la ballesta y recuerda: “Si tocas la cuerda que está en la otra entrada de la bóveda, morirás!
Y Aurora se apoya en el fino hilo.
Y la ballesta sale disparada.
-¡Auch! –gime Eloisa.
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En la puerta de la habitación de Soledad.
-¡Señora Soledad! –llama Úrsula pero nadie contesta.
Úrsula sigue golpeando cuando aparece Ester- ¡Úrsula! ¿has visto a mi hija?
-¡No! yo estaba haciendo compras y cuando llegué vine a tocar pero la puerta está cerrada por dentro y nadie contesta –y sigue tocando.
-¡Soledad, hija! –llama Ester- ¡abre! Soledad... ¿quién está cuidando a la niña?
-¡Dios mío! ¿será que se la llevaron otra vez?
-¡Hay que preguntarle a los guardias!
Y ambas salen corriendo.
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Hacienda Montenegro.
-¿No le parece que venir de tan lejos a hacerle un favor merece algo más?
-¡Dígame cuánto quiere! –corta Alcides.
Manuela lo mira admirativa- Depende, si quiere un trabajo completo y esmerado le va a costar un poco más – le sonríe seductora – si es ahorrativo y es un trabajo normal, le va a costar medio kilogramo de oro.
-Si hace un trabajo de primera –Alcides come sus nueces indiferente- ¡si cumple su objetivo tendrá su paga! –la mira con ojos de acero.
-Me parece muy bien, qué quiere que haga exactamente.
-Se va a entrevistar con su ex –marido, con Von Sirak, delante de Soledad de Obregón.
-Eso ya lo sé, su objetivo que Daniel no se case con esa señora y la forma de lograrlo es que yo no le dé el divorcio.
-Señora... ¡más que el divorcio! Me interesa el aspecto emotivo de su presencia aquí en San Marino, yo quiero que delante de Soledad hable con Sirak y le diga cuánto lo ama, cuánto lo extraña... ¡Soledad tiene que sentir que por su culpa usted está sufriendo!
-¡Y que él quede como el peor de los hombres, como un villano sin corazón! –festeja Manuela.
-¡Exactamente!
-Por eso le cobro... –Manuela se abanica rápidamente- ¡tres kilogramos de oro!
Alcides la mira fríamente.
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Hospital.
-Ese es el paciente al que le hice la transfusión de sangre –le explica a Soledad- cuando llegó tenía los signos vitales casi nulos, míralo ahora, se está recuperando.
-¡Doctor, muchas gracias por salvarle la vida a mi marido! –la mujer agradece.
-Es mi deber, cuídese.
La mujer se marcha.
-¡Daniel, yo estoy convencida! –festeja Soledad- ¡estoy dispuesta a donar toda la sangre que mi bebé necesite con tal de que la curemos de la catalepsia –sonríe.
-No, Soledad... no puedes.
-¿Por qué no? –se sorprende Soledad- ¡Es mi hija! ¡daría la vida por mi hija!
-¡No! no estás entendiendo –le explica – de nadie serviría tu sangre ni la mía, tiene que ser la sangre alguien que se haya curado de la catalepsia.
-Entonces solamente podrían darle sangre...
-¡Michelle... o Hugo de Medina! –termina Daniel.
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ex Residencia Medina.
-Ya que no tienes nada concreto que decir, mejor vete –lo echa Arturo- ¡esta es una cena privada!
-¡Sé que estás otra vez en contubernio con mi hermano Alcides! –acusa Hugo.
Arturo lo mira extrañado.
-Seguramente él te sacó de la cárcel y tú en agradecimiento mandaste a tu criado a buscar a esa señora a Alcalá.
-¿Qué? –Margó dudando- ¿Hércules fue a buscar a una mujer?
-¡Pregúntele a Linares! –Hugo.
-¡No tengo ni la menor idea de lo que estás diciendo!
-¡Claro que lo sabes! Yo vi a tu criado subir con esa mujer en la estación de Alcalá... ¡toda una joyita la esposa de Von Sirak! –agrega Hugo - ¡tu criado estuvo muy entretenida con ella durante todo el viaje!
Margó queda boquiabierta y tiembla- ¿Lo que usted quiere decir... don Hugo.. es que... esa tal Manuela es una cualquiera que no le importó acostarse con Hércules en el mismo tren? –a punto de llorar.
Hugo la mira extrañado y calla.
Margó llorando sale corriendo.
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Hacienda Montenegro.
-¡Marina! –grita Hércules.
Entra a la habitación de Marina y se saca la camisa.
Toma una jarra de agua para refrescarse y se moja el pecho y el cuello.
Marina entra y disfruta lo que ve.
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Casa Obregón.
-¡Antonia! –ruega Manrique- ¡no sé qué más decirle para que acepte dictarme las clases de piano!
-¡Lo siento señor Manrique! Pero en este momento tengo serios problemas en mi familia –sufriendo- hablemos de eso después.
-¡Yo soy un hombre de decisiones rápidas! Resuelva de una buena vez si me va a dictar o no las clases.
-¿Usted tiene el piano para practicar?
-Es curioso pero... ¡la verdad no!
-¿Y entonces que se imagina? ¡que le voy a dictar las clases de piano aquí en mi casa! Lucas y Ester no soportan su presencia y yo igualmente –seca.
-¡Eso lo entiendo! – Manrique se deshace en humildad- ¡lo sé! Pero podemos alquilar el piano de la Taberna.
-¡Usted está delirando! Ni loca entraría a ese antro.
-¡Puedo hablar con Francisco para que nos deje estudiar por las mañanas! Nadie tiene por qué enterarse, y le insisto, le daré lo que usted me pida.
-Señor Manrique, lo lamento mucho, realmente no tengo cabeza para pensar en eso.
-¡Señorita Antonia! –se acerca un guardia- ¿este señor la está molestando?
-¡No, el señor Manrique ya se va!
Manrique se marcha.
-¡Antonia! –aparece Ester- ¿tú tampoco tienes a la bebé?
-¿A la bebé, desapareció Aurora? –se asusta Antonia.
- ¡No, Aurora tiene que estar con la señora Soledad! –Úrsula.
-Perdón... la señora Soledad salió de la casa y no llevaba a la bebé –interviene el guardia.
-¡Dios mío! ¿entonces donde está? –Ester con un hilo de voz- ¡Lucas tampoco la tiene!
-La única persona que ha entrado a la casa sigue allí adentro- el guardia- ¡y es la señorita Eloisa!
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Cámara del Tesoro.
Eloisa recupera la respiración del susto.
Su falda tiene un agujero por donde pasó la flecha-¡Ay, Dios mío! Por poco me mata esa flecha, casi me muero... pobre tía Rebeca –recuerda- ¡imagino el horror que debe haber sentido cuando se disparó esa cosa! –y mira a Aurora- ¿Y tú qué? ¡tan tranquila mirando allí! –le grita furiosa- ¡qué miras!
Aurora la mira inocentemente.
Eloisa se calma- Mejor vámonos, esto puede ser muy peligroso –y la toma en brazos- ¡ven, ven acá!
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Hacienda Montenegro.
-¡Le pagaré 3 kilogramos de oro! –acepta Alcides- pero debe empezar ahora mismo.
-¡Aun no he terminado! En primer lugar me gusta que mis clientes me traten de tú y en segundo... acostumbro cobrar la mitad por adelantado.
-Es usted toda una negociante –come sus nueces.
Manuela ríe segura de sí misma- Digamos que sé administrar muy bien.
-Y señora... ¿ a qué se dedica?
-Vivo... de los hombres –le sonríe aun más.
-¡Hum... ese es un trabajo muy lucrativo! –con sorna Alcides- ¿cómo un hombre como el doctorcillo Sirak vino a caer en sus redes?
-Porque sé fingir muy bien... –y se acerca a Alcides y finge- ¡Daniel, cómo me pudiste abandonar dos años! Quería morir con tu ausencia cada día, te quería ver... cómo me escribes una carta diciendo que te enamoraste de otra, qué quieres el divorcio –lo acaricia.
Alcides indiferente se aleja de su rostro.
-¿Qué te parece? –Manuela se da cuenta del rechazo y se separa.
-¡Impresionante!
-Y también tengo otras habilidades más divertidas –vuelve al ataque y le acaricia la entrepierna.
Alcides sonríe.
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Hospital.
Daniel se acerca a Soledad sonriendo y le habla de un paciente y se marcha.
Soledad lo ve alejarse sonriendo- Daniel es muy bueno conmigo y con mi hija... –suspira y se pone triste- pero por más que lo quiera negar mi corazón solamente le pertenece a Hugo.
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ex Residencia Medina.
-Estoy libre porque no tuve nada que ver con el secuestro de tu hija –Arturo- y para tu información tampoco tengo nada que ver con Hércules.
-¡No te creo una sola palabra!
-¡No me importa que no me creas! Hércules me traicionó y dejó de trabajar para mí hace meses.
-¿Meses?
-¡Sí, meses! Y si quieres saber más detalles, mejor pregúntaselos a tu hermano, porque de entonces trabaja para él.
-Entonces... ¡Alcides va a tener que...! -Hugo se marcha furioso.
-¡Así que Hércules se trajo a la esposa de Von Sirak a San Marino! Algo debe estar tramando Alcides que tiene tan alterado a su hermano.
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Casa Obregón.
Eloisa pone a Aurora en su cuna- ¡Ay, mocosa, quédate tranquila con tu osito, y no vayas a llorar que yo tengo que salir sin que nadie me vea! –y abre la puerta para marcharse.
Pero en la puerta están Ester, Úrsula y Antonia.
-¡Ester!
-¿Dónde estabas Eloisa, por qué no abriste hace un rato que estuve tocando?
-¿Y la bebé?
-¡Allí en su cunita! –sonríe Eloisa nerviosa.
-¿Y qué pasó con tu vestido? –nota Ester.
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CONTINUARA
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Last edited by Mabouchita on Sat Jun 28, 2008 10:36 pm, edited 1 time in total.

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Postby Mabouchita » Sat Jun 28, 2008 10:35 pm

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Hacienda Montenegro
Manuela sigue al ataque de Alcides y se le acerca seductoramente y prácticamente le lame la oreja, mientras Alcides indiferente come nueces.
-Lo hombres que me conocen profundamente dicen que soy la mejor de las mejores.
Alcides se levanta para poner distancia- ¡La felicito! Pero realmente yo solo estoy interesado en sus servicios como simuladora profesional –y saca unas pepitas de oro- Aquí le doy un adelanto.
Manuela las acepta.
-¿Me llamaba, patrón? –entra Hércules.
-¡Sí! Quiero que busques al doctor Sirak y lleves a Manuela contigo, ella sabe lo que debe hacer.
Manuela sigue admirando sus pepitas.
-¡Sí, señor!
-¡Nadie debe verte! Porque si se descubre que Manuela tiene algo que ver conmigo todo el plan se viene abajo.
-Nadie va a verme –asegura Hércules.
-Cuando termine vengo por el resto de mi pago – y Manuela lo besa en la mejilla.
Hércules pierde la sonrisa.
Alcides con asco se limpia la mejilla donde acaba de besarlo- ¡Es toda una... mujerzuela profesional! – y bebe agua.
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Taberna.
Paquito mira una copita de licor como si ahí estuviera escrito su futuro.
-Solamente espero que Manrique no haya descubierto que Antonia es George Wile porque si es así, ella no querrá seguir trabajando en mi Cabaret –piensa preocupado y se bebe el licor de un trago- ¡no tendré quien toque el piano!
-¡Francisco! –entra Manrique.
-¡Manrique! ¿se te olvidó algo?
-Usted no me quiso dar la dirección de George Wile, tuve que acudir a Antonia de Obregón y está dispuesta a dictarme las clases, solo que tengo un pequeño problema.
-¿De qué se trata? –Paquito se arregla el pelo.
-¡Puede usted creer que los únicos pianos en San Marino están aquí y en la casa de la familia Obregón! Necesito que me alquile su piano para que Antonia me de clases de piano.
Paquito se queda con los ojos cuadrados.
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Casa Obregón.
Eloisa está en problemas- ¿El vestido? Estaba jugando con Aurorita y me enredé con un mueble y lo dañé.
-¿Y por qué no abrías la puerta? –Ester enojada- ¡estuvimos tocando varias veces!
-¡En serio, no las oí! Simplemente Soledad tuvo que irse al hospital y yo me ofrecí a cuidar de Aurora, no entiendo por qué la desconfianza, me ofende.
Mientras Eloisa inventa cosas Aurora juega tranquilamente con una piedra preciosa verde.
-Disculpa –acepta Ester- ¡es que últimamente han pasado cosas muy extrañas en esta casa y estamos prevenidos!
-No se preocupe, yo entiendo, no escuché, estaba muy distraída jugando con Aurora, es mejor que me vaya a mi casa, con permiso.
-¡No, si quieres me das el vestido y yo te lo arreglo!
-¡No! yo no quisiera molestar, con permiso –se marcha Eloisa.
Úrsula se acerca a jugar con Aurora.
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Hospital.
Soledad trabaja cuando Manuela aparece- ¡Buenos días! Estoy buscando al doctor Daniel Von Sirak.
-Claro, necesito los datos y su nombre completo- Soledad.
-¡Señorita! No estoy enferma, me llamo Manuela Marin y soy la esposa del Dr.
Soledad la mira boquiabierta.
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Hacienda Montenegro.
Alcides come sus nueces y festeja - ¡La cara que va a poner el doctorcillo cuando vea la sorpresa que le mandé! –ríe divertido como un niño grande- solo espero que Manuela haga un buen trabajo.
En ese momento entra Hugo- Necesito que hablemos –sin sonreír.
-¡Me dijeron que estabas de viaje por Europa! Michelle... ¿Qué pasó, la encontraste?
-¡Alcides, no vine aquí a hablar de Michelle ni de mi vida privada! Vine por otra cosa –Hugo de malas pulgas.
-Bueno, bueno... pero deja la angustia... ¡siempre andas como si vivieras el último de tu vida!
Hugo es impactado por estas palabras.
-Siéntate, hermano, por favor siéntate –Alcides amable- ¿un brandi?
-¡No gracias! No quiero nada –Hugo seco - ¡quiero respuestas y me las vas a dar una por una!
-¡Uf! –sigue comiendo tranquilo- ¡parece que tu encuentro con Michelle no fue nada agradable!
-Michelle no estaba.
-No sabes cuánto lo siento, hermano –desvía la mirada- ¡pero cuéntame! ¿a qué debo el honor de tu visita? –y de pronto se inquieta y lo mira con aire culpable- ¿o será que Soledad te contó?
Esto inquieta a Hugo que salta- ¿Me contó qué? –exige- ¡qué me tenía que contar Soledad!
Alcides levanta las cejas y lo mira largamente.
#
Hospital.
Soledad sigue mirando alelada a Manuela.
-¿Le pasa algo o no me escuchó bien? –Manuela con las manos en la cadera- ¡busco al doctor Von Sirak!
-¡Sí! –Soledad recupera la voz- un momento, por favor.
-¡Gracias, enfermera!
-No... yo no soy enfermera... soy una ayudante del doctor.
-¡Enfermera, ayudante, es todo lo mismo! –se impacienta Manuela- ¿me lo busca, por favor?
Soledad lo mira indignada- ¡Claro que sí! Está atendiendo a un paciente pero ya lo llamo.
Pero no hace falta porque aparece Daniel y se queda parado mirando a Manuela como si acabará de ver a un espantapájaros.
-¡Por fin! –Manuela se lleva las manos a la boca- ¡después de tantos años te vuelvo a ver!
Daniel queda aun más sorprendido.
Soledad asiste al encuentro y con aire culpable baja la mirada.
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Taberna.
-¡Lo siento, Manrique, no puedo rentarte el piano!
-¿Por qué no? –sorprendido- ¡sería en las mañanas, su Cabaret está cerrado!
Paquito piensa: “Es verdad, si Antonia aceptó... ¿por qué no yo?” –y luego a Manrique- a ver si me entiende, Manrique, ese piano lo traje de Europa, es muy fino, y sería muy vergonzoso cobrarte...
-¡Por favor! Parecen argumentos de niños... ¡se le olvida quien soy! Dígame la suma, por el dinero no se preocupe, alquíleme el piano.
Paquito duda.
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Casa Obregón.
-¡Aurora! Tan traviesa y tan linda como tu mamá –y de pronto ve la piedra en su manita- ¿qué tienes ahí, mi amor? ¿qué escondes? –se la quita - ¿qué es esto? ¡esto parece una esmeralda! ¿de donde puedes haber sacado esta piedra tan cara, Aurora? ¡de donde!
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Hacienda Montenegro.
-¡Qué pasó con Soledad! –insiste Hugo preocupado.
Alcides suspira nervioso –Bueno... si tú no quieres un trago, yo sí –y nervioso él que nunca bebe se sirve un trago y piensa: “cómo le explico que me hice pasar por él y que la besé y que la abracé? ¡no, mejor que sea la misma Soledad quien le explique!”
-¡Estoy esperando, Alcides! –se enoja Hugo- ¿qué tiene que contarme Soledad?
-Pero qué poco sentido del humor, tienes –finge Alcides una sonrisa- ¿por qué no me dices a qué viniste? –y se bebe un trago.
-¡No te hagas el tonto! Que ya supe lo que estás haciendo y me parece una bajeza.
-¿De qué hablas?
-¡De Manuela Marin de Von Sirak! –le alza la voz.
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Hospital.
-Daniel... recibí tu carta –Manuela se acerca a Daniel- ¡Después de tantos años de abandono supe donde estabas! –y trata de acariciarlo- ¡tenemos que hablar!
Daniel retrocede para que no lo toque- ¡Hablar, sí claro!
-Yo creo que mejor los dejo solos –nerviosa Soledad.
Daniel la retiene- Me imagino que ya se presentaron.
Manuela finge- Daniel... he saludado una cantidad de enfermeras antes de encontrarte.
-¡Yo no tengo nada que hacer aquí! –Soledad trata de marcharse.
-¡Soledad, quédate por favor! Ella es Soledad de Obregón, mi prometida.
Manuela finge una sonrisa dolida- ¿Soledad... la mujer que me va a quitar a mi esposo?
Soledad y Daniel la miran sorprendidos.
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Calle.
-¡Hércules! ¿dónde has estado? –Margó es una fiera- ¡llevo buscándote un buen rato!
-Mi amor... ¿no leíste la carta que te dejé?
Margó le da tremenda bofetada.
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Casa Obregón.
-Siéntate, Boris.
-Gracias don Lucas.
-¿Me traes buenas noticias sobre tu divorcio?
-Lamentablemente no, don Lucas.
-Te ves muy enamorado, muchacho.
-Y lo estoy... ¡estoy perdidamente enamorado de Úrsula! Por eso necesito que me permita verla... ¡yo sé que entre don Hugo y su familia hay problemas, pero...!
-No hay que mezclar las cosas, tu relación con Úrsula no tiene nada que ver con tu patrón –y Lucas le cuenta que ahora escribe cartas de amor- ¡Este es mi nuevo trabajo! Parece una idea descabellada, pero es lo único que sé hacer, Boris... lo único que me preocupa es que no sé si habrá clientes para esto.
-¡Claro que los hay! Yo puedo ser su primer cliente don Lucas.
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Dentro de la casa.
-¿De dónde pudo haber salido esta esmeralda? –Ester con los ojos cuadrados mira la esmeralda.
-No lo sé, lo único que puedo asegurarle es que no le pertenece a la señora Soledad.
-¡Mía tampoco es! Y que yo sepa Antonia no tiene joyas preciosas, de todas maneras le voy a preguntar.
-La única explicación es que...
-¿Qué se le haya caído a Eloisa alguna joya?
-Puede ser, pero yo no vi que la señorita Eloisa trajera ninguna joya con esmeraldas.
-Se le pudo caer de algún anillo.
-¿O será de don Alcides?
-No, Alcides de Medina no puede entrar a esta casa desde que está vigilada.
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Hacienda Montenegro.
-¿Manuela Marin de Von Sirak? Así se llama la esposa del doctorcillo, lo sé por el acta de matrimonio –Alcides recupera su calma y come sus nueces.
-¡Alcides! –Hugo enojado- ¡hermano, vengo de casa de Arturo de Linares! Y ya sé que Hércules es tu criado.
-¿Y qué tiene de particular/
-¡Que lo acabo de ver con esa señora en el tren que la trajo a San Marino! Y no solo eso, escuché todos sus planes, al principio pensé que Arturo la había mandado a buscar porque estaba confabulado contigo.
Alcides niega con la cabeza.
-¡Pero no! –niega Hugo- ¡tú eres el responsable de todo! Tú eres el que está detrás de todo.
-Hermanito... ¿por qué no te calmas? No te das cuentas... estás como muy exaltado... ¡no veo por qué tanto aspaviento si el doctorcillo ese es tan enemigo tuyo como mío!
-¡Alcides, yo no pelo dando golpes bajos! Mi lucha por Soledad es limpia, es transparente.
-¡Sin embargo... el doctorcillo Sirak no está jugando limpio! –Alcides toma asiento- ¡no, señor!
Hugo calla aceptando esta verdad.
-¡Él engañó a Soledad! –sigue Alcides- ¡engañó a nuestra amada! Y eso no se hace... ¿no te parece? ¡no te parece que merece un castigo!
Hugo se acerca- ¿Tú quien te crees que eres? ¡Dios!
-¡No! pero tengo más dinero que él.
-¡Ay, hermano! A veces me das tanta lástima –sufre Hugo- ¡somos tan distintos!
-¡Te equivocas! –Alcides se levanta y se acerca a él - ¡Somos exactamente iguales! ¡iguales! –le repite- ¡lo que pasa es que tú siempre tuviste lo que quisiste y yo no! yo tuve que trabajar muy duro, tuve que ganarme las cosas esforzándome.
Hugo suspira.
-¡Y bueno, de vez en cuando haciendo una que otra trampita! –Alcides vuelve a sonreír como un niño pillado en falta.
-Como ahora –dice Hugo- ¡no, hermano, yo no juego con esas reglas! Ahora mismo le voy a decir a Soledad toda la verdad –y trata de marcharse.
Pero Alcides lo detiene con un gesto.
#
Hospital.
-No ha pasado ni un solo día en que no piense en ti, Daniel –casi llorando- ¡todas las cartas que te escribí no me las respondiste!
Soledad escucha patidifusa.
-¡Me abandonaste! Sí, sin motivos, sin una razón.
Daniel está completamente boquiabierto.
-¿Me abandonaste? –repite Soledad- ¡Daniel! Eso no fue lo que tú me dijiste.
-¡Claro que no te lo va a decir! Si eres su prometida –interviene Manuela- ¡me escribió una carta donde decía que había encontrado a la mujer de su vida! –y mira a Daniel- ¡y me rompiste el corazón! Porque yo... ¡qué ingenua! Pensé que era la mujer de tu vida.
Soledad dolida les da la espalda.
-¡No sé qué pretendes con esta sarta de mentiras, Manuela! Tú sabes muy bien el motivo por el cual te dejé fue porque te encontré en la cama con mi mejor amigo... ¡por eso me fui para siempre!
-¡Eso no es verdad!
-¡Lo es! Te escribí mil veces para que me dieras el divorcio y nunca obtuve una respuesta, quiero borrar todo lo que me une a ti, fírmame el documento de divorcio porque mi corazón solo le pertenece a Soledad –la abraza.
Pero Soledad no está nada feliz.
-¿Me lo dices así, nada más? ¿no te importa lo que yo siento, Daniel?
-Yo no tengo nada que hacer acá, permiso –Soledad sale corriendo.
-¡Soledad! –grita Daniel- ¡no puedes...!
-¡Mi amor! –Manuela detrás de Daniel.
Daniel furioso- ¡No soy tu amor! –y la toma del brazo y se la lleva- ¡tenemos mucho que hablar!
Soledad los observa.
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Calle.
-¿Qué te pasa, Margó, te volviste loca? –Hércules se soba la mejilla.
-¿Qué estabas haciendo en un tren con una mujerzuela llamada Manuela?
-¿De qué hablas? –Hércules sorprendido.
-Alguien te vio con ella.
-¡Se equivocaron! –miente- ¡no era yo!
-¡Nadie se equivocó Hércules! Fue don Hugo de Medina que los vio en el tren haciendo el amor –y le mete otra bofetada- ¡conmigo no cuentes! Eres igual que todos los hombres.
-¡Margó! Deja que te explique.
-No me vas a explicar absolutamente nada porque no me vas a volver a ver, quédate con la mujerzuela esa –y Margó se marcha.
-¡Que mala suerte la mía! El mismo tren donde iba Hugo de Medina –furioso.
#
Hacienda Montenegro.
-¿Me vas a matar? –Hugo fríamente a Alcides.
-¡Escúchame, Hugo! Escúchame –Alcides deja su copa- hermano, con esa actitud, lo que estás haciendo es empujar a Soledad a los brazos del doctorcillo ese.
-¡Lo oí todo, Alcides! Lo oí todo, escuché perfectamente cuando dijo que venía a San Marino a arruinarle la vida a Von Sirak.
-¿Y qué prefieres, con un demonio? –se enfurece Alcides- ¡que sea el doctorcillo ese que nos arruine la vida a nosotros! ¿eso es lo que quieres? Lo siento hermano, pero no voy a permitir que salgas de esta casa y vayas a contarle a Soledad estupideces... ¡te lo prohíbo! –amenazante.
-¡A mí tú no me prohíbes nada! –Hugo le corta y deja caer su bastón al suelo.
-¿Ah no? ahora estoy mejor entrenado que tú –le recuerda Alcides- ¡no te quiero lastimar!
-¿Qué vas a hacer? –Hugo respira entrecortadamente- ¿me vas a enterrar vivo de nuevo?
Alcides lo mira largamente.
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Casa Obregón.
-Gracias don Lucas, sin su ayuda no hubiera podido expresarme de la forma tan bonita cómo usted lo hace, es maravilloso, tiene el don de la palabra, solo espero que con esta carta Úrsula ya no esté triste conmigo.
-¡Ojala!
-Le pido un favor, guarde el secreto.
-Pierde cuidado, en mi trabajo soy una tumba.
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Dentro de la casa, Ester trata de preguntarle a Antonia si perdió una esmeralda.
Antonia encerrada en su cuarto no abre- ¡Yo no tengo esmeraldas!
-Antonia... ¿vas a bajar a comer?
Pero Antonia no le responde.
-¡Dios! ¿ahora por qué se habrá encerrado?
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Hacienda Montenegro.
Los hermanos pelean.
Alcides tiene una mano en la garganta de Hugo y Hugo tiene la suya sobre la de Alcides, tratan de estrangularse.
Hugo entrecortadamente le dice- ¡Lo único que ha cambiado aquí es que ahora tienes mucho dinero!
-¡Vete... de mi casa! –Alcides también respirando apenas- ¡vete de mi casa y haz lo que se te pega la gana!
Y ambos hermanos se liberan.
-¡Ve corriendo adonde está Soledad y dile lo que quieras!
Hugo lentamente y con cuidado recoge su bastón.
-¡Díselo, que lo voy a negar todo! –sigue Alcides.
-¡Será tu palabra contra la mía! –y Hugo respira profundamente - ¡como siempre! –y se marcha.
-¡No creo que el destino haya puesto a la mujer de Sirak en el mismo tren en el que venía mi hermano!
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Calle.
Margó triste se apoya en una columna.
Un guante negro se apoya en su hombro.
-¡Hércules! –piensa Margó- ¡Arturo! –se sorprende.
-¿Cómo estás, Margó? Te estaba buscando, pensé que... después de lo que pasó te haría bien un poco de compañía.
Margó le sonríe - ¡No pensé que te importaban mis problemas!
Pero Arturo la mira con pena y suspira y luego la besa.
Margó lo besa pero se separa- ¡No quiero que me confundas! Hércules me traicionó pero no por eso le voy a pagar con la misma moneda.
Arturo le acaricia el rostro y la vuelve a besar.
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Hospital.
-¡Te conozco como a la palma de mi mano, Manuela! –Daniel furioso- ¡el día que te encontré en la cama con mi mejor amigo, ese día me di cuenta del tipo de mujer que eres!
Luego de mirar al techo sin que la vea, Manuela lo enfrenta fingiendo indignación - ¡Ten mucho cuidado con lo que dices! No vine a que me ofendas.
-¿Ofender? ¡y cómo se llama lo que tú me hiciste a mí! –con rabia- ¿a qué viniste, qué es lo que pretendes?
-Tu carta fue muy clara, quieres el divorcio.
-¡Te escribí la carta para que firmaras el documento, no para que vinieras!
Manuela finge dolor- Daniel, creo que quedaron muchas cosas por hablar luego que te fuiste para el África.
-¡Te mandé miles de cartas durante años y nunca obtuve respuesta! Y justo ahora que encontré a la mujer de mi vida decides aparecer y dar la cara... ¡;por favor, Manuela, qué quieres!
-¡Cómo has cambiado, no te reconozco!
-¡Lo que hiciste allá afuera con Soledad fue un teatro muy bien montado! ¿cuál es tu juego, a qué viniste? ¡o quien te pidió que vinieras!
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Hacienda Montenegro.
Marina abre la puerta de entrada.
-¡Quítate, Marina! –la empuja de malhumor Eloisa- dile a Alcides que necesito hablar con él.
-Don Alcides no se encuentra.
-Entonces tráeme algo de tomar que hace mucho calor.
-¡No hay nada!
-No me gusta verte la cara de estúpida, largo.
-¡Don Alcides le dejó una carta!
-¿Ah sí? ¡y qué esperas para ir a traérmela!
Marina se marcha.
-¡Criada insolente! Pero Alcides se va a poner muy feliz cuando sepa todo lo que le dije a Soledad para dejarlo en los cielos –ríe.
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Hospital.
Soledad sale a tomar aire, preocupada y culpable.
En ese momento llega Hugo y se acerca a ella.
Soledad lo mira con ilusión- ¡Hugo!
-¡Soledad!
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Calle.
Margó se separa de Arturo- ¡No, esto no es correcto! Hércules nos puede ver.
-¿Hércules? ¡qué te puede exigir Hércules después de lo que te hizo!
-¡Si, pero...! –sufre.
-Margó... yo pensé que... sentías algo por mí.
-Es mejor que te vayas.
-Tú siempre serás bienvenida en mi casa, Margó, si en algún momento quieres buscarme... ¡hazlo! –le ruega Arturo y se marcha.
Margó queda sola y cierra los ojos.
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Hacienda Montenegro.
Marina aparece caminando lentamente con desidia- No estoy segura que sea esta –muestra una carta y la abre.
Eloisa se la arranca- ¡Esfúmate! –la echa.
Marina se marcha de mala gana.
Eloisa lee: “Eloisa, hay algo que debo contarte, me encargué de buscar a la esposa de Daniel y la traje para quitar de una vez del camino al doctorcito, sólo que Hugo descubrió todo” –Eloisa se sorprende- ¡Dios mío! –y luego sigue leyendo- “ahora necesito tu ayuda, debes negar que yo tenga algo que ver con la llegada de Manuela, Soledad no puede saber que yo fui quien traje a esa mujer. También necesito que entres a la bóveda” –aquí Eloisa pone cara de profundo fastidio- ¡cómo si fuera tan fácil! –y sigue leyendo –“que saques cuatro lingotes de oro, debes hacerlo hoy mismo, si es necesario inventa algo, pero lo necesito hoy mismo, ¿está claro?” -y Eloisa suspira- ¡Sí, claro! Ay Dios mío, voy a tener que inventar cualquier cosa para entrar al cuarto de Soledad.
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Hospital.
-Daniel, yo no soy tan mala como tú crees, después de que te fuiste pasaron cosas terribles –se acerca seductora para acariciarlo.
Pero Daniel le detiene la mano en el aire- ¡Digas lo que digas, no te creo una sola palabra!
-Daniel, por favor.
-¡Daniel, nada! Quiero que te quede algo muy claro, Soledad es la única mujer que yo amo ahora y vas a salir en este preciso momento a decirle toda la verdad... ¡entre tú y yo no hay nada, que todo quedó en el pasado y si te dejé fue por tu culpa!
-¡No, no voy a salir a decir nada! –se niega Manuela.
-Manuela... no me hagas hacer algo que no quiero hacer.
Manuela lo mira – ¡Tú a mí no me amenaces!
-¡Tomalo cómo quieras pero que te quede bien claro, Soledad es mi futuro! Y no vas a ser tú precisamente quien me lo arruine.
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Afuera.
-Yo sé que prometí que no volvería a buscarte –Hugo- ¡pero acabo de regresar de viaje!
-Úrsula me dijo que habías ido a buscar a Michelle... no entiendo por qué regresaste tan rápido... ¿qué pasó con Michelle?
-¡Michelle no estaba en su casa! Con el que hablé fue con Andrés.
-¿Y en donde está Michelle?
-Se fue para Europa, parece que no quiere saber nada de mí.
-¡Claro! –suspira Soledad- ¿por qué será? ¡por qué siempre nos encargamos de hacerle daño a la gente que queremos, Hugo! ¿por qué?
Hugo calla.
-¡Es como si cuando estamos juntos se activara algo malo en contra de los demás!
-¡No, eso no es cierto! Michelle se fue porque... ¡porque Michelle es una mujer inteligente que comprendió lo que nosotros no queremos entender!
-¿Qué quieres decir?
-¡Qué nuestras vidas están ligadas para siempre... que nos amamos... que nuestro amor es más fuerte que nuestra voluntad de alejarnos el uno del otro!
Soledad tiene lágrimas en los ojos y pregunta con inseguridad - ¿Hablaste con tu hermano Alcides? ¡te contó lo que pasó!
Hugo la mira con miedo en los ojos.
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FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
FALTAN 3 CAPÍTULOS PARA EL FINAL.


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