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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
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Celda.
Boris pone dinamita y se dispone a encenderla, cuando desde atrás le dan un golpe y cae desmayado, es Marina- Mi amor, perdóname, pero no puedo permitir que hagas esas locuras.
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Dentro de la celda-¡Te llegó la hora Alcides de Medina! –y empieza a estrangularlo.
Pero Soledad aparece y lo ve- ¡Guardias, por favor! –pide auxilio.
El inspector y sus hombres llegan a auxiliarlo y lo liberan del hombre, que aprovecha y sale corriendo.
-¡Atrápenlo! –grita el inspector y sus guardias salen.
-¡Alcides! –grita Soledad- ¡está muy frío! –y se saca su capa y lo cubre.
El inspector y un guardia lo miran sin hacer gran cosa.
Soledad se sienta a su lado y pone su rostro sobre el suyo- ¡No está respirando, inspector! –se asusta.
Hugo inconsciente.
Soledad le acaricia el rostro.
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Afuera Boris también está inconsciente y Marina le da pequeños golpes en la cara- Mi amor, reacciona –ruega- Boris, por Dios –y luego toma todas las dinamitas y las esconde- mi amor, reacciona, perdóname –lo sacude.
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Casa Dr. Max.
En la pelea un gas venenoso se escapa de uno de los ensayos del doctor Max.
Guillermo respira un vapor venenoso y cae desmayado- ¡Te amo, gatita!
Elena se libera del doctor Max y corre a auxiliarlo a pesar de que puede morir.
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Cabaña.
-¡Ese era el misterio! –sufre Pablo al escuchar voz de hombre con Beatriz- con razón su comportamiento tan extraño... ¿pero quien es él, de donde salió? –y se propone averiguar más y escucha.
-Si querido, aquí estoy para darte más de tu propia medicina –escucha a Beatriz.
Pablo decide marcharse- ¡No! es su vida, no tengo derecho a meterme en ella.
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Celda.
Soledad se desespera y le ruega- Por favor, respóndeme... ¡Alcides!~
-Hay que llamar a un médico, hágase a un lado señora Soledad.
-¡Qué no está respirando! –grita Soledad.
-¡Tenemos que sacarlo de aquí! –el inspector.
-¡Hay que hacer algo urgente! –y se anima y le da respiración artificial.
Y Soledad se separa de pronto y lo mira, porque recuerda sus labios, los besos de Hugo.
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Quisiera acercarme a ti,
pero me frena una razón
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-No puede ser –susurra.
-¡Qué pasa! –demanda el inspector.
Soledad duda- Por un momento pensé que...
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quisiera devolver el tiempo a mi favor
y no dejar que nada se interponga entre tú y yo
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Pero en ese momento Hugo abre los ojos y Soledad le sonríe- ¡Alcides! –lo llama con alivio.
Hugo la mira sonriendo.
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Casa Obregón.
Antonia se saca el sombrero apenas entran- Espero que la policía encuentre pronto a Soledad y a la niña.
-¡No puedo creer lo que dijeron en la comisaría! Úrsula y Enrico relacionados con la desaparición de Soledad –se saca los guantes.
-¡Úrsula nunca ha sido una buena influencia para Soledad! Estoy segura que tiene algo que ver con todo esto.
-¡Y tú qué haces aquí! –de pronto ve a Lucas borracho- ¡Estás bebiendo! ¿eso es todo lo que quieres a Soledad? Me das lástima.
Lucas se sirve más- ¡Debo ir a buscar a mi hija! –se levanta tambaleándose.
-¡No vas a ningún lado!-le grita Antonia- ¡y tú Ester, deberías tener más respeto y consideración por tu esposo! Él también está angustiado cómo tú por Soledad y la niña.
Ester mira a Lucas sin piedad y mueve la cabeza negativamente.
-Yo debo ir a buscar a mi hija y Aurora.
-¡No te preocupes por ella! Vamos a descansar –se lo lleva Antonia.
(Bueno... y hasta Ester tiene razón de enojarse
)
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Casa Dr. Max.
El doctor Max aparece con un extraño aparato que distribuye agua sobre el vapor y sobre Elena y Guillermo.
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Comisaría.
Hugo bebe un té – Muchas gracias Soledad –está sentado.
El inspector termina de escribir unos documentos- La señora Soledad retiró los cargos en su contra –le anuncia.
Hugo se sorprende y le pregunta a Soledad -¿Lo hiciste porque soy el padre de tu hija?
-¡Tú me ayudaste con mi hija, Alcides! Y eso te lo voy a agradecer toda la vida –mira a otro lado.
-¡Aquí tiene don Alcides! –el inspector le entrega un documento- su carta de libertad... por ahora –lo amenaza- ¡porque estoy seguro que Lucas de Obregón no mintió en sus acusaciones y tengo sospechas en su participación en el rapto de la niña.
-Inspector... no mezcle las cosas –le pide Soledad- no hay necesidad de más acusaciones aquí/
Hugo lee el documento y se levanta.
Soledad decide marcharse- Nos tenemos que ir –a Úrsula que tiene al bebé y a Enrico- ¡vamos!
Hugo se pone el cinturón y la pistola y sin mirarla afirma- Huiste de tu casa porque pensaste que te obligaría a vivir conmigo.
Úrsula y Enrico sorprendidos.
Soledad le contesta- No te lo puedo negar.
Hugo suspira- Soledad... ¡jamás te obligaría a vivir conmigo a la fuerza! –se pone el traje.
Soledad lo mira sorprendida- ¡Sé de lo que eres capaz, Alcides!
Hugo la mira a los ojos y le ruega- Por favor, regresa a la casa de tus padres... no quisiera que mi hija estuviera por ahí corriendo peligro... ¡si así lo deseas yo te puedo acompañar!
Soledad siente miedo- ¡No! no, gracias, no es necesario.
-Enrico y yo podemos acompañarla –aclara Úrsula- ¿verdad Enrico?
-¡Sí, claro! Nosotros te acompañamos, tus padres deben estar preocupados –Enrico.
-Soledad... si desconfías de mí... podemos permitir que Enrico y Úrsula nos acompañen.
Soledad consulta con la mirada con Úrsula y Enrico que aceptan con un gesto, y decide aceptar- Por mí está bien.
Hugo sonríe y todos salen.
Detrás de una puerta aparece Paquito que todo ha escuchado.
(ohlalala ahora lo tendremos hasta en la sopa??)
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Casa Dr. Max.
Elena preocupada porque Guillermo sigue desmayado- Creo que no respira.
-Tal vez aspiró demasiado y se murió.
-¡Por favor sálvelo! –llora Elena- mi amor.
-No me importa, no me sirve para nada.
-¡Pero a mí si! Sálvelo y le prometo que me quedo para siempre.
-¿En serio?
-¡Y haciendo lo que usted necesite!
-¡Voy por mis instrumentos! –feliz el doctor Max.
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Taberna.
La dama misteriosa y Omar desesperados porque Guillermo no aparece, deciden cambiar el orden del espectáculo y la dama misteriosa pasa primero.
Omar la anuncia- ¡La más hermosa, la mujer que hace suspirar a todos los hombres, la dama misteriosa!
Y Rebeca aparece vestida de rojo y despampanante.
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Ay, miren qué solita estoy
Ay, a quien le puede interesar
♫
En ese momento Eloisa aparece del brazo de Arturo.
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Casa Obregón.
Soledad quiere despedirse pronto- ¡Gracias otra vez por traernos Alcides! –lo despide.
Pero Hugo no se marcha- Soledad... escúchame, quisiera que pensaras en la idea... ¡qué vayas a vivir a mi casa con la niña!
-¡Alcides! –suspira cansada- no insistas en eso por ahora, por favor.
-Es importante que entiendas que no estoy tratando de reconquistarte –le aclara- ¡mucho menos de recuperar mis derechos como esposo! Me preocupa mi hija, Soledad, tengo muchos enemigos y quisiera protegerla.
-Te agradezco de nuevo, pero... prefiero quedarme con mis padres, igual te prometo que voy a cuidar muy bien de nuestra hija.
-¿Estás segura?
-¡Sí, estoy segura! –le afirma.
-Bueno, si esta es tu decisión –acepta Hugo y se dispone a marcharse.
Pero en ese instante aparece Lucas completamente borracho- ¡Alcides de Medina! –le grita y tiene una pistola que levanta lentamente y saca el seguro- ¡es usted un infeliz!
Soledad se pone enfrente de Hugo para protegerlo.
Hugo se queda sorprendido.
Lucas se tambalea pero lo encañona- No voy a permitir que le haga más daño a mi familia, aunque tenga que pasar el resto de mi vida en la cárcel... ¡voy a liberar a mi hija de usted!
Hugo pone las manos en la cintura con una expresión sorprendida.
Soledad mira a su padre espantada.
-¡Lo juro! –promete Lucas.
Con la mirada Soledad le ruega a Úrsula que se lleve a la niña. Úrsula afirma y se marcha corriendo.
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Hacienda Montenegro.
Boris despierta por fin.
(hum...
cómo hizo Marina para traerlo??
)
-¡Marina, tú me golpeaste! ¿enloqueciste o qué? ¿por qué hiciste eso mar?
-¡Boris, yo soy tu mujer y tengo que evitar que sigas cometiendo más locuras! –se arrodilla a su lado- eso de dinamitar la celda de don Hugo, fue demasiado.
-¿Cómo puedo hacerte entender que hay cosas en las que no te puedes meter, Marina? –se desespera- ¡mi fidelidad a don Hugo está encima de todo, entiéndelo! –y gime del dolor.
-Encima mío... ¿hasta cuándo vas a seguir pegado a don Hugo como si fueras su sombra? –se enoja y se levanta.
-La vida de don Hugo depende de mí, no puedo imaginarme lo que puede estar sufriendo en esa celda.
-Boris... piensa en ti, piensa en mí... ¿qué hubiera pasado si hubieras sacado a don Hugo de la cárcel? Hubiéramos tenido que huir, tú y yo estamos jóvenes... ¡tenemos dinero! Podemos irnos y empezar una vida juntos.
-¡Eso jamás! La vida de don Hugo depende de mí y tú sabes que no puedo dejarlo por nada del mundo –le grita furioso y se marcha.
Pero Boris no puede salir.
-¡Abre la puerta! –le exige- ¡abre la maldita puerta, tengo que salir de aquí! Dame las llaves.
-¡No! –se niega Marina.
-¿Qué quieres? ¡que don Hugo tenga un ataque de catalepsia en esa celda y muera! –le grita.
Pero Marina le grita más fuerte- ¡solamente quiero que dejes de cometer locuras, que hagas las cosas bien!
-Marina, por favor dame las llaves –se desespera Boris.
-No –se niega.
-Marina... ¡qué egoísta eres! –de pronto la mira con decepción- jamás pensé que don Hugo te importara tan poco –la mira con pena.
-No se trata de eso... ¡quiero que hagas las cosas bien! Te prometo que mañana buscamos un abogado y lo sacamos de la cárcel.
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Casa Obregón.
-Papá... por favor ya... ¿por qué no bajas ese revólver –ruega Soledad.
Pero Lucas se niega casi llorando- ¡No! no me pidas eso, hija... ¡este hombre tiene que pagar todo el daño que ha hecho!
Llega Ester- ¿Qué pasa? –y se queda sin aire- ¡Lucas!
-No digas nada, Ester... no voy a escuchar tus regaños, ahora voy a ser yo quien defienda a mi familia.
Antonia se acerca a su lado- Por Dios, Lucas, estás ebrio, tienes un arma... no sabes lo que haces.
-¡Mi tía tiene razón! –suplica Soledad- ¡baja el arma, papá! –le grita.
Pero Hugo la hace a un lado y se pone enfrente – Soledad, yo me encargo.
-¡No más Alcides de Medina! Ni un paso más –le amenaza- porque estoy decidido.
-Don Lucas, por favor escúcheme.
-Ni un paso Alcides... ¡un paso y disparo!
-Don Lucas, yo no sé qué sucedió entre nosotros en el pasado... pero ahora es diferente... ¡yo regresé a proteger a su hija, no a hacerle daño.
Soledad, Enrico y Soledad escuchan asustados.
-¡No le creo, Alcides de Medina! Usted es un hombre malo... perverso.
-Si eso piensa de mí... entonces con más razón debería bajar esa arma... ¿qué sentido tiene que se ensucie las manos conmigo, don Lucas? Terminaría en la cárcel, eso es lo que quiere para su familia.
-Mi familia... está acabada por tanto daño... y lo que me pase a mí a usted no le importa Alcides... ¡no se acerque!
-No diga eso don Lucas, déme el arma.
-Papá, tú tienes una nieta por quien luchar –ruega Soledad- por favor... ¡Alcides no te le acerques!
Pero Hugo se acerca y tiende la mano- Don Lucas, míreme, se lo suplico, entrégueme el arma.
Lucas llora y le entrega el arma.
Hugo aliviado- Tu papá necesita descansar, Soledad... por favor llévalo a su cuarto –pide.
Soledad se lleva a Lucas.
Hugo suspira profundamente cerrando los ojos y luego le pone el seguro al arma. Mira a Ester que suspira también.
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Casa Dr. Max.
-Diosito santo que se recupere –llora Elena.
Guillermo abre los ojos y la escucha y sonríe feliz.
-Siempre te he querido Guillermo –llora Elena- podrás tocar el violín y te voy a acompañar en tus giras.
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-Afortunadamente se quedó dormido –Soledad.
-Entre tú y tu papá me van a matar –Ester.
-Mamá, lo hice por mi hija, perdóname, en mi lugar hubieras hecho lo mismo.
-Tal vez... pero al menos debiste avisarme, no sabes la angustia que pasamos pensando que algo les había pasado.
-La bebé ya se durmió señora –Úrsula que mece a la bebé.
-Úrsula, debemos irnos –Enrico.
-¡No es necesario que te vayas! –Ester a Úrsula- Úrsula... por mí te puedes quedar.
Soledad sonríe agradecida.
-¡No! –aparece la agria Antonia - ¡ella tiene que irse de aquí! Es la culpable que tu hija se comporte cómo lo ha hecho hasta ahora, es quien fomenta sus locuras –grita- no puedes permitir que ella se quede aquí.
-¡No seas injusta, Antonia! –se planta Ester- ¡Úrsula solamente la acompaño para proteger a la bebé! ¡ella se queda! –decide.
-¡Nada de eso! –grita Antonia - ¡se va!
-Un momento –le corta Soledad- ustedes no tienen por qué decidir por Úrsula... ¡yo quiero que Úrsula se quede! Pero finalmente es ella quien tiene que decidir –y le pregunta- ¿qué quieres hacer, te quieres quedar?
Úrsula duda, pero mira a la bebé con adoración.
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Hacienda Montenegro.
Hugo llega a la casa- ¿Por qué discutían?
-¡Cosas de parejas, patrón! –se apresura Marina.
-Señor... ¡qué bueno que ya está libre! –Boris- intenté rescatarlo dinamitando la celda de la comisaría, pero Marina no me permitió hacerlo – se excusa.
Hugo se sienta en un sillón.
Boris le sirve un trago.
-¡Era una locura! Solamente iba a empeorar las cosas, patrón –se excusa Marina.
Hugo la mira duramente pero no dice nada- Bueno... a Dios gracias estoy libre ¿no les parece?
-¿Cómo logró hacerlo? A mí no me aceptaron la fianza.
-¡Soledad se presentó en la comisaría y quitó los cargos! –les cuenta.
Marina no puede evitar comentar con veneno- ¡No cabe duda que la señora Soledad quería mucho a don Alcides!
Boris la mira molesto.
Hugo mira triste para otro lado.
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Casa Dr. Max
-Tenemos que limpiarle los pulmones y las vías digestivas, tienes que detenerlo mientras yo le introduzco esto –y saca un aparato.
-¿Y no le va a doler mucho? –pregunta Elena.
-Es un procedimiento muy doloroso, pero cómo está inconsciente no lo va a sentir.
-¡Ya me curé! –salta Guillermo.
-¡Te lo dije, nos estaba engañando! –grita el doctor Max.
-No señor...
Elena furiosa con Guillermo lo persigue por todo el laboratorio.
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Casa Obregón.
-Enrico, perdona que no vuelva contigo al refugio después de toda tu hospitalidad –Ursula se disculpa- pero la Señora Soledad y la bebé me necesitan, debo cuidarlas.
-No te preocupes, yo entiendo, pero fue muy bonito tenerlas conmigo… Soledad ¿has pensado la propuesta de Alcides?
-¿Me estás sugiriendo que me vaya a vivir con Alcides? –se sorprende Soledad.
-¡Sí señora! –responde serio- no me preguntes por qué, pero sentí sinceridad en sus palabras y creo… ¡que la bebita y tú estarán más seguras! Piénsalo –le aconseja.
-¡Gracias Enrico!
-¡Adiós! –se marcha.
-¡Qué extraño! –Ursula- Enrico aconsejándola que se vaya a vivir con don Alcides.
-¡Sí, pero en el fondo no me parece tan extraño! –reflexiona- Alcides últimamente ha cambiado… ¡hasta lo que hizo por mi papá! Evitar que cometiera semejante locura –y suspira.
-¡Tiene razón! Don Alcides se comportó como todo un caballero con don Lucas, el de antes lo hubiera derribado al suelo con un puñetazo.
-Sí, al de antes nunca me le hubiera acercado –y le cuenta- en cambio hoy cuando estábamos en la celda y Alcides estaba desmayado… ¡le di respiración boca a boca!
-¿Qué hizo?
-¡Suena extraño! Pero no fue lo que pasó… cuando le di la respiración… ¡yo no sé qué fue lo que pasó! Sus labios se parecían a los de Hugo, es como si estuviera besando a Hugo y no a Alcides.
-¡Pues debe ser porque don Alcides y don Hugo eran idénticos! Cualquiera se confunde.
-¡No, créeme! Esto no era un tema de aspecto físico –se sienta - ¡era de espíritu! A lo mejor es verdad, Alcides ha sufrido demasiado y está terminando por parecerse a Hugo… ¡no sé!
Ursula se sienta a su lado- ¡Ay señora! No me va a decir que si don Alcides sigue portándose bien, usted sería capaz de enamorarse de él.
Soledad la mira sorprendida- ¡No! Te confieso que me sorprendió lo que hizo hoy, pero como Hugo no hay dos… ¡y él siempre va a ser el único amor de mi vida!
-¿Está segura?
-¡Claro que sí! Además yo no confío en Alcides, él es una persona muy atormentada.
-¡Eso es cierto! La gente no cambia de la noche a la mañana… ¿o sí?
Soledad mira a lo lejos confundida y luego a Ursula.
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Casa Obregón.
-¡Sabía que te encontraría despierto! No es fácil dormir cuando se tiene la conciencia intranquila –entra Antonia al cuarto de Lucas- ¡Eso de amenazar a Alcides, el esposo de Soledad! Estuvo muy mal.
-¡No me atormentes más! Ese hombre es malo… -se enoja Lucas- manipuló a Ester para poder casarse con Soledad y mira la vida que le dio… ¡y todos los problemas que nos ha traído con toda esa gente que lo odia!
-¡Lo sé! –grita Antonia- pero él ha cambiado.
-¡No lo creo! –afirma Lucas- ese hombre no me da confianza.
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Hacienda Montenegro.
-¿Así que estuvo a punto de sufrir un ataque de catalepsia en la celda, señor? –pregunta Boris.
-Y uno de los prisioneros intentó asesinarme.
-¡Cómo es posible que pasen esas cosas dentro de la misma comisaría!
-Seguramente Arturo de Linares los contrató –y Hugo termina de alistar dos armas de fuego y juega con ellas.
-¡De ese hombre puede esperarse cualquier cosa, señor!
-Tenemos que estar preparados –y le pasa un arma a Boris.
Marina mira con espanto.
-¿Qué piensa hacer, señor? –Boris toma el arma.
-Iremos por él –decide Hugo y sale del cuarto.
-¡No tienes por qué apropiarte de sus guerras y odios, Boris! –le ruega.
-¡Y tú no tienes por qué meterte! –le corta seco- iré con don Hugo no porque me obligue sino porque quiero hacerlo.
Y se marcha dejándola sola y enojada.
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Casa Obregón.
-¡Estoy haciendo mucho daño a mi familia! –reconoce Lucas.
-Y lo sigues haciendo, Lucas –Antonia- ¿no te das cuenta que la forma cómo te comportas últimamente estás lastimando a tu mujer y tu hija? Ya no sé cómo defenderte con Ester, no tengo palabras ni argumentos.
-Si vienes a reprocharme lo que supiste que pasó con Rebeca, es mejor que te vayas.. ¡vete!
-¡Soy tu hermana! –le grita Antonia- y lo que estás haciendo está muy mal hecho, alguien te lo tiene que decir, esa relación que tienes con la tal Rebeca, que dice ser amiga de Ester… ¡sólo te traerá desgracias!
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Taberna.
-¡Los triunfos se celebran mejor con la mujer que uno quiere! –y brinda con Eloisa.
-¿A qué triunfo te refieres Arturo? Has estado muy contento.
-¡Alcides de Medina, mi peor enemigo está detenido!
Eloisa pierde la sonrisa.
-¡En cuanto me enteré vine a avisarte! –Paquito entra corriendo y se sienta con ellos- ¿tú aquí? –a Eloisa- no te va a gustar –a Arturo- ¡acaban de soltar a Alcides de la cárcel! Soledad retiró todos los cargos en su contra.
Arturo furioso se levanta y habla con Hércules- ¿Qué pasó con el hombre que contrate? Acabo de enterarme que Alcides está libre.
-Gilberto es un bueno para nada, un inútil, y lo dejaron encerrado en la comisaría… ojala no abra la boca… ¿quiere que me encargue de él?
-Sí, cállalo para siempre.
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En la mesa solos- ¿Me quieres explicar tu cambio de actitud? –se sorprende Paquito- me dijiste que no querías nada de Arturo.
-Debo mantenerlo tranquilo para que no sospeche nada, además el idiota de Hércules me ha estado vigilando… ¿Qué pasó con Alcides?
-Alcides está en la vida de Arturo, y no va descansar hasta quitarlo del camino, lo más irónico es que Arturo no sabe… ¡que Alcides es su rival!
-¡Cállate!
-Alcides tiene los días contados querida.
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Ester entra a su cuarto para buscar cosas.
-Ester, espera... quiero que me perdones, las cosas van a cambiar, para mí tú, mi hija y mi nieta son lo más importante.
-Si eso fuera cierto no te hubieras emborrachado, estoy cansada de soportar todo sola, desde que andas con esa mujer eres otra persona.
-No me veo con nadie, son cosas de un momento.
-No te justifiques, han pasado tantas cosas que no me importa que tengas otra mujer –a punto de llorar- me preocupa tu comportamiento, lo que hiciste al amenazar a Alcides.
-Fue una tontería, lo sé.
-¿Te imaginas lo que hubiera pasado si hubiera aceptado? Hubieras terminado también con nuestras vidas.
-Perdóname.
-No tengo nada que perdonarte, pero ya no creo en tus promesas, no creo que vayas a cambiar… ¡no soporto más Lucas! Puedes hacer lo que quieras, pero lejos de mí… ¡vete de aquí! Déjanos en paz a mi hija y a mí… ¡lárgate de esta casa!
-¡Ester!
Ester sale del cuarto y descubre a la bruja Antonia espiando, escuchando detrás de la puerta.
-¡Espera! Antonia, sé que estabas escuchando y no me importa.
-¡Perdiste el juicio Ester! Acabas de echar a mi hermano de su propia casa, él es tu esposo, merece respeto y obediencia.
-¡Él acabó con nuestro hogar!
-La que acabó con este hogar fuiste tú, acabas de echar a tu esposo de la casa, y le permites a esa sirvienta, la tal Ursula a venir a sonsacar a tu hija, haces demasiadas tonterías.
-He hecho lo que he podido, déjame en paz.
-¡No ha sido suficiente! Si hubieras sido una buena madre y una buena esposa, nada de esto hubiera sucedido.
-¿Y tú qué sabes lo que significa ser madre y esposa? –le da el golpe Ester- si lo único que haces es criticar a toda la gente, ni siquiera sabes lo que he vivido… ¡eres una solterona, amargada, y anticuada! Así que no tienes derecho a juzgarme.
Soledad entra en escena-Mamá, no le hables así a mi tía.
-¡Lo que me faltaba, que te pongas de su lado! –se marcha.
Soledad se apena de su tía.
(ayayay Soledad, no sabes que tu tía te robó a tu hija!! )
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Casa Dr. Max.
El Dr. Max histérico grita- ¡No más!
-Además yo me tengo que ir –Guillermo sale corriendo- es la hora de mi segundo show.
-¿Por qué estabas dándome serenata?
Pero Burke dice que no le daba serenata y se marcha.
-¿Por qué querías salvarme la vida?
-Por mi querido Max, para demostrárselo –Elena.
Guillermo se marcha triste.
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Casa Obregón.
Lucas hace su maletita y se marcha- ¡No seré un problema ni una carga para ti, Ester! –se marcha triste- ¡nunca más!
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Taberna.
La Dama Misteriosa presenta su espectáculo.
-Creo que llegó el momento de irnos –Arturo- ahora que Alcides de Medina quedó libre no es muy prudente andar por ahí.
-¿Le tienes miedo a Alcides de Medina? O quieres dejarme en mi casa para iniciar una nueva guerra.
-Tengo que estar preparado para recibir un ataque en cualquier momento.
-¡No pienso moverme de aquí!
-Eloisa, si las circunstancias fueran otras…
-No estoy segura Arturo, eres un hombre lleno de problemas y enemigos.
-Es por tu seguridad y la mía.
-Si te importara harías algo por respetar lo que yo quiero –le grita- ¡pero quieres imponerte en mi vida! Y te importa más hacer la guerra que quedarte a mi lado en paz.
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Casa Obregón.
-Perdona, mamá, no quería ofenderte pero fuiste muy dura con mi tía.
-¡Tienes razón hija, no debí decirle nada! Pero es que me molesta que se meta en mi vida, últimamente siento que me vigila.
-¡No es cierto, mamá! Lo que pasa es que se ha vuelto muy dura, y se trata de su hermano… ¿las cosas siguen mal entre ustedes?
-Hija… yo sé que he cometido errores y fui dura contigo, y no quiero obligarte a nada… pero tal vez deberías pensar en la propuesta de Alcides… ¡tal vez te convenga regresar con tu marido!
-¡Mamá! Así empezaste cuando me dijiste que querías que me casara con Alcides.
-Ahora es diferente, Alcides está muy diferente, es otra persona, mira cómo defendió a la niña, y cómo se portó con tu padre.
-Es muy difícil para mí, mamá.
-Alcides ha demostrado ser un hombre sensato, quiere proteger a la beba, tal vez es lo que tú necesitas.
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Taberna.
Arturo manda a sus hombres a vigilar la casa donde está su madre.
-Y no quiero que le pase nada a Eloisa ni a mí tampoco.
-¿Por qué están todos tus hombres rodeándonos? –se molesta Eloisa.
-Estoy tratando de complacerte, pero tengo que tomar precauciones.
-Mientras nos quedemos aquí, por tu seguridad, mi amor.
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Casa Obregón.
Ester besa la frente de Soledad- Yo sólo quiero verte feliz y también a mi nieta… ¿Por qué no pensamos en su bautizo?
Soledad sonríe - ¡Sí! Con tantas cosas ya lo había olvidado… ¡le podemos organizar!
Antonia aparece para amargarles el momento- Ya veo que estás muy contenta con tu hija, qué bueno que se lleven tan bien.
-¡Tía, por favor! No empecemos otra pelea.
-¿Ya le contaste a Soledad que echaste a mi hermano de la casa?
-¡Qué!
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Taberna.
Lucas llega y le cuenta a Rebeca que dejó su casa- Ester y yo nos separamos.
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-¿Por qué hiciste eso, mamá? Cómo pudiste echar a mi papá de mi casa.
-Lo siento hija, no sabes lo que he pasado.
-Nada justifica lo que hiciste, mamá, mi papá no será perfecto, pero es el hombre más bueno y noble que existe sobre la tierra, ¿con qué argumentos, que ha pasado?
-No me juzgues, hija, tú no sabes lo que he tenido que sufrir –firme Ester.
-¡Tú eres la culpable de lo que ha pasado Ester! Si mi hermano te ha fallado, ha sido porque tú lo obligaste, has permitido que el pecado entre a esta casa… ¡aquí todo el mundo hace lo que se le viene en gana! –mirando a Soledad- por eso mi hermano se buscó otra mujer, por eso Lucas tiene una amante.
Ester se lleva la mano a la cabeza.
Soledad recibe la noticia como un golpe- ¿De qué están hablando?
-Yo no quería decírtelo hija, pero lo que dice Antonia es cierto… tu padre tiene una… amante.
-¡Qué! No mamá, por Dios… mi papá… sería incapaz de hacer algo así.
-¡Sí, tiene una amante! Yo misma los descubrí, tu padre no es el que tú crees.
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Taberna.
Rebeca se queda pasmada- ¿Dejaste a tu mujer? ¡no le habrás contado que tú y yo tenemos algo! Y mucho menos le rebelaste la identidad de la Dama Misteriosa.
-¡No!
Rebeca suspira aliviada.
-Esta decisión la tomo por todo lo que ha pasado, no sabes cómo me siento, estoy solo, perdí mi casa, mi familia…
-¡Señora su espectáculo va comenzar!
-Alberto, lleva a don Lucas a mi casa.
-¿Está segura?
Rebeca se acerca y le susurra- ¡Lleva a este estupido de aquí! No quiero problemas.
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Cabaña.
Beatriz abre las ventanas para ver el cielo y le cuenta a Alcides que va a hacer una noche muy fría.
-No te vayas –le ruega Alcides- me has dicho que me odias por haber abusado de ti, pero quiero saber algo de mi vida… ¡por favor cuéntame! ¿tengo esposa, hijos? –sufre- ¡sólo quiero saber eso! No te pido mucho.
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Un lugar.
Boris informa a Hugo que Arturo de Linares está en la taberna.
-Muy bien, vamos para allá.
-No está solo señor, va a ser difícil encararlo.
-Tengo que lograr que deje sólo a Soledad y a mi sobrina… ¡alista tus armas!
-¡Sí señor!
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Casa Obregón.
Ursula cuida a la beba y Soledad entra llorando- Mi papá se fue de la casa y mi mamá lo echó.
-¿Tiene que ver con lo que pasó con don Alcides?
-¡No!
-Yo vi a Jacinto salir hace una hora y creo que llevaba a don Lucas, tal vez ya volvió.
-Voy a hablar con Jacinto –sale corriendo.
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Cabaña.
-Esta es mi venganza Alcides, verte así, reducido a nada.
-De todas maneras me vas a matar lentamente –le suplica- cuéntame algo, un poco.
-¿Para qué? Si vas a seguir encerrado aquí conmigo.
-¿Qué te cuesta? No pierdes nada, un poco, un poquito.
-Tienes razón, te voy a decir lo más importante… ¡eres el peor ser humano que he conocido en la vida! No sólo abusaste de mí, cometiste otros delitos, mataste a otras personas… ¡y también atentaste contra tu propio hermano!
Alcides se sorprende- ¿Tengo un hermano?
-¡Sí, tienes un hermano! –suspira- es el hombre más maravilloso y bueno del mundo, algún día cuando acabe contigo lo voy a buscar y será mío, solo para mí, eso es todo- se marcha- ¡qué tengas dulces sueños!
-¡Un hermano! –sonríe Alcides- ¡tengo un hermano!
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Un camino.
-¿Qué noticias hay de mi hermano, Boris?
-¡Ya tengo gente encargada de la investigación, señor! Cómo se siente, hoy casi sufre una crisis estando encerrado.
-Fue ella que una vez más me sacó de mi letargo –con rabia.
-No cabe duda, señor, que el amor que siente por la Señora Soledad es mucho más fuerte que ese odio que le invade.
-Boris, no se puede querer a una mujer ingrata –le corta- ¡Soledad hoy salvó a Alcides! Fue a él a quien le dio su respiración, no a mí.
-Si eso es lo que piensa, señor, ¿Por qué mejor no nos vamos de aquí? No tiene caso que enfrente a Hugo de Linares, por una mujer que nunca lo amó.
-¡Soledad escogió a Alcides, no a mí! Yo nada puedo hacer al respecto, pero a mi sobrina sí la puedo salvar y eso voy a hacer .
Y ambos entran a la taberna.
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Adentro Rebeca pierde la sonrisa al ver entrar a Alcides.
Todos callan y lo miran con miedo.
-Te dije que Alcides de Medina iba a venir a buscarme –Arturo a Eloisa.
-¡No vayas a cometer una locura!
Los hombres de Arturo rodean a Hugo que les muestra su pistola en las caderas.
Arturo le dice a sus hombres que lo dejen pasar.
Hugo se acerca, los hombres se separan con miedo.
Boris detrás como guardaespaldas.
Arturo se levanta.
-Tenemos un asunto que resolver –lo reta Hugo.
-¡Cuando quieras Alcides de Medina!
-¡Lo haremos ahora, pero afuera!
Pero en ese momento entra Soledad y escucha el reto.
Arturo la ve.
Hugo no la ve.
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AVANCE
Hugo reta a muerte a Arturo de Linares.
-Alcides, por favor no lo hagas –ruega Soledad.
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