LA TRAICION 053- SOLEDAD ENVENENADA - 11/abril/2008

Con Mario Cimarro y Dana García
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Mabouchita
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LA TRAICION 053- SOLEDAD ENVENENADA - 11/abril/2008

Postby Mabouchita » Sun Apr 13, 2008 3:28 am

LA TRAICION 053 – SOLEDAD ENVENENADA - viernes 11 de abril de 2008

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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez

Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano


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Hacienda Montenegro.
-¡Salud, por mi hija! –decide brindar Hugo para arreglar las cosas- ¡salud!
Y tanto él como Soledad hacen chocar sus copas.
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Y los dos beben.

-Señor, lo acompaño –Boris se lleva a Lucas.
Soledad sonríe nerviosa a los invitados.
Hugo la mira- ¡Por nuestra hija, Soledad!
-¡Por Aurora! –brinda Soledad.
-¡De Medina! –agrega Hugo.
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Y ambos chocan sus copas y se miran un largo rato,
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se sonríen con los ojos.
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Paquito se queda boquiabierto al ver beber a Soledad, pero sonríe extrañamente.
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-¡Que continúe la música, por favor! –pide Hugo- sigan divirtiéndose.
La música vuelve a sonar.
Soledad da unos pasos y de pronto tambalea.
-¡Mi amor! ¿qué te pasa? –Ester corre a sostenerla- ¡estás pálida! ¿qué te pasa?
-¡No sé!
Hugo le pasa las copas a Ester para sostener a Soledad- ¿Qué sientes?
-No me siento bien, tengo..
-¡Qué tienes Soledad! –y Hugo la sostiene cuando Soledad sin fuerzas se desmaya.
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-¡Qué te pasa hija! –vuelve a entrar Lucas.
Antonia se espanta.
Gladis se lleva la mano a la boca y mira acusadora a Arturo.
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Eloisa también mira a Arturo.
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Arturo mira a Eloisa con inocentes grandes ojos abiertos.
Paquito mira su obra con un poco de espanto (no mucho :shock: ).
Soledad está en los brazos de Hugo que le habla- Soledad... reacciona por favor –le acaricia el cuello suavemente y le ruega.
-¡Hija! –Lucas.
-¡Lucas, hazte a un lado! –Ester- Soledad mi amor.
Paquito no puede retener una pequeña sonrisa, está disfrutando de lo que pasa.

(ay!! No! te perdimos para siempre Paquito... y tanto que te queríamos... :-( pero eres malo, muy malo :evila: )

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-Su pulso está muy débil –Hugo le toca la yugular y luego la frente- ¡necesitamos un doctor! –y busca a Boris con la mirada - ¿dónde está el doctor Max?
-Creo que ya se retiró, señor.
-¡Ve por él, Boris, rápido!
Boris sale corriendo.
Paquito y el mozo asesino se miran a los ojos y el hombre decide huir, Paquito lo sigue con la mirada.
El inspector toma las copas de Hugo y Soledad y las examina y huele atentamente el contenido- ¡Esta copa tenía algo más que vino! –anuncia ante la mirada atenta de Paquito que ve peligro- debe ser veneno... ¡la señora Soledad fue envenenada! –dictamina.
El juez se acerca.
Hugo repite a media voz- ¡Envenenada!
Ester y Antonia se asustan.
-¡Un momento, señor! –interviene Paquito- yo vi al mesero que sirvió esa copa, era bajito, canoso, debe estar por aquí.

(además es traidor!! :eek: Wow!! )

-¡Hay que atraparlo! –el inspector- tenga la certeza señor de Medina que atraparemos al responsable.
Hugo sigue abrazando a Soledad, sin soltarla, como si fuera su tabla de salvación.
-¡Todos vamos a colaborar para atraparlo! –anuncia el juez- ¡vamos!
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En un rincón- ¡Por el bien de todos espero que no hayas tenido nada que ver en esto! –Eloisa enojada a Arturo.
-¡Eloisa, yo jamás cometería una estupidez como ésta!
Y su mirada se cruza con la de Hugo que lo está mirando con fuego en la mirada, acusador.
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-¿Quién querría envenenar a mi hija? –se desespera Ester- ¡eso no es posible!
Hugo vuelve a mirar a Soledad en sus brazos- Yo tengo muchos enemigos, doña Ester.... –y mira directa y acusadoramente a Arturo que siente el peligro- ¡harían cualquier cosa con tal de hacerme daño!
Paquito no pierde detalle.
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Cabaña.
Beatriz encadenada y Alcides curándose las heridas.
-¡Cobarde, eres un pobre imbecil, inservible, ni siquiera te puedes parar! –le grita Beatriz.
-¡Dime quien soy! –le exige Alcides- por favor dime quien soy.
Pero Beatriz ríe.
-Si no hablas te voy a golpear hasta que el alma te salga del cuerpo –la amenaza.
-¡No hablo! –grita Beatriz- ¡mátame, prefiero que me mates antes de decirte una sola palabra!
Haciendo un esfuerzo Alcides se pone en pie- ¡Habla!
-¡No!
Alcides duda, pero luego le pega.
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Residencia Rebeca.
Hércules lleva a Enrico a cuestas.
Guillermo, a pesar de su ceguera los sigue.
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Hacienda Montenegro.
Hugo pone a Soledad en la cama.
-¿Está muy mal, don Alcides? –se asusta Úrsula.
-¡Está muy pálida! –Hugo le acaricia el rostro a Soledad- ¡y muy fría!
Úrsula empieza a llorar- ¡No! mi niña no se puede morir, Dios mío... no dejes que se muera.
-¡No! –afirma Hugo- ¡Ella no se va a morir, Úrsula! –y besa la mano de Soledad - ¡ella no se va a morir! –la mira largo rato y luego se vuelve hacia Úrsula- por favor, no la dejes sola un segundo... ¡un segundo! – y sale del cuarto.
Úrsula se arrodilla al lado de Soledad- ¡Reaccione mi niña! Por su hija, no la deje sola.
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Casa Dr. Max.
-¡Estoy harto que te metas en mis asuntos, Elena! –grita el doctor Max.
Elena lo sigue- ¡Yo odio las injusticias y mucho más cuando se trata de una bebé tierna e inocente como Aurora!
-¡Tú no entiendes que lo único que me interesa es investigar sobre su enfermedad para que pueda crecer sin el sufrimiento de ese mal!
-¡No le creo nada! A usted lo único que le interesa es su muerta.
-¿Qué estás diciendo? –la amenaza.
Elena le tiene miedo y tartamudea- Que... a usted... le interesa su difunta esposa y... ¡la verdad es que cuando la gente se muere, nadie regresa de allá! –le dice una gran verdad.
-¡Cállate! No sabes lo que dices.
-Yo me callo... pero lo que estoy diciendo es la verdad.
-Te prohíbo que vuelvas a nombrar a mi amada Eva –le dice temblando de rabia.
-¡Pero usted le hablaba en el armario y le decía que la iba a revivir!
-¡Yo nunca haría algo así! –lo niega.
-¿Usted tiene guardada a su difunta esposa, en el armario?
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Hacienda Montenegro.
Todos esperan abajo cuando Hugo regresa.
-¿Cómo está mi hija? –Ester.
-¿Ya despertó? –Antonia.
Eloisa y Arturo interesados.
Hugo suspira y anuncia- Aun está inconsciente.
-¡Debemos estar con ella! –pide Ester.
-¡Pasen adelante por favor!- Hugo.
Y Ester, Lucas y Antonia corren escaleras arriba.
Hugo queda y enfrenta a Arturo con una mirada de fuego, y se acerca a él.
Eloisa y Gladis se acercan también.
-Alcides... sé lo que estás pensando –empieza Arturo- pero te puedo asegurar que no tengo nada que ver con esta situación, incluso he enviado a mis hombres para que ayuden a encontrar a este mesero y sepamos quien está detrás de todo esto.
-Escúchame Arturo –y se acerca aun más y le habla bajo y con amenaza letal- ¡si yo logro comprobar que Soledad fue envenenada por una orden tuya... te puedes ir despidiendo de este mundo!
Eloisa se acerca- ¡Alcides! Por favor no te alteres... Arturo... yo creo que es mejor que te vayas.
-¡Lo mejor es irnos! –decide Gladis- ¡conozco a mi hijo, señor Medina! No sería capaz de mentirle, sería muy torpe de su parte si intentara algo en contra suya en medio de su fiesta.
-¡Lo que yo creo es que hay alguien más que está tratando de sacar partido de la enemistad de ustedes! –Eloisa.
Hugo no mueve un músculo.
-Tienes razón, madre, vámonos –decide Arturo- sé que no hay nada que pueda hacer que Alcides cambie de idea, tendremos que esperar a que aparezca ese mesero y así poder saber quien lo mandó.
-Le ruego a Dios que su esposa se recupere, Alcides –Gladis - ¡con permiso!
-¡Nos vamos, Eloisa! Permiso –y le da el brazo a Eloisa.
Eloisa no puede evitar mirar largamente a Hugo antes de marcharse.
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Afuera.
-¡Yo siempre pensé que era una mala idea venir a esta fiesta! –Arturo.
-Lo mejor será irnos cuánto antes... ¿dónde está Hércules? No lo veo por ninguna parte.
-Quizás se fue con los hombres que buscan al mesero –Arturo- yo mismo conduciré.
Pero Eloisa quiere quedarse- Sería mejor que yo me quedara un momento más –anuncia.
-¡Perdón, Eloisa! ¿no te das cuenta de la imprudencia de lo que estás diciendo? –Arturo.
-Arturo tiene razón, tú eres la prometida de mi hijo, no se verá nada bien que te quedes aquí –Gladis- y recuerda que Alcides es su enemigo, no conviene.
-¡Alcides está convencido que yo estoy detrás de este atentado, Eloisa! Nos tenemos que ir.
-¡Escúchenme los dos! Desde hace algún tiempo soy muy amiga de Soledad y de su familia, a mí no me ven como a una enemiga.
-¿Prefieres quedarte con tu supuesta amiga, en lugar de venir con tu prometido?
-¡Arturo! –levanta la voz- si yo me quiero quedar en esta reunión es por ti, para ayudarte, para convencer a todo el mundo que tú no tuviste nada que ver con ese atentando.
-¡Ella tiene razón, quizás a ella la escuchen! –Gladis.
-Me parece una idea muy arriesgada.
-¡Por supuesto que no, mi vida! Confía en mí, es conveniente que sepamos qué pasa con Soledad y que Alcides se retracte de esas injustas acusaciones que te hace.
-¡Déjala que te hace! –Gladis- así podrás probar tu inocencia.
-Está bien –suspira Arturo- pero uno de mis hombres se quedará contigo para cuidarte y llevarte a casa.
-¡Claro que sí mi amor! –triunfa Eloisa.
-¡Ojala se resuelva este asunto y se aclare la situación! –Gladis va al carruaje.
Arturo se acerca a Eloisa y se besan.
Eloisa festeja al quedar sola y vuelve a entrar a la casa.
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Bosque.
-¿Por qué acepté este trabajo? –el mesero está acorralado- ¡nunca debí dejarme convencer por este... periodista!
El inspector y sus hombres se acercan.
Paquito muy cerca, ve algo y toma otro camino.

(wow! :o Paquito está cada vez más siniestro)

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Casa Dr. Max.
Elena insiste- El misterio del armario... ¿usted tiene guardada allí a su difunta esposa?
-Por tu propio bien no digas tonterías Elena.
Pero Elena no se da cuenta del peligro que corre- ¡Eso quiere decir que sí!
El doctor Max saca su espada- Quise llevarme bien contigo, incluso traté de hacerte una mejor persona... ¡pero contigo no se puede, eres un peligro para mí!
Pero golpean a la puerta y Elena corre a abrir- ¡Señor Boris, entre!
-¡Doctor, tiene que acompañarme, la señora Soledad está muy grave! –Boris.
-¿Muy grave? –se asusta Elena.
-Espere, voy a buscar algunas cosas que pueda necesitar.
-¡Apúrese, la señora está muriendo!
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Residencia Rebeca.
Guillermo decide que no puede ayudar a Enrico, pero escucha voces y se esconde.
-Vigila Alberto, tenemos a Enrico –Rebeca.
-¡Pobre pequeñito, esta gente lo va a matar! –se apiada Guillermo- ¿por qué me tiene que pasar esto a mí cuando estoy precisamente ciego?
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Dentro de la casa Hércules patea a Enrico- ¿Dónde está el tesoro?
-¡Basta, no seas torpe! –lo detiene Rebeca- tengo que hablar con él.
-¿Dónde andabas, por qué tardabas tanto?
-¡Se presentó un lío en la fiesta, envenenaron a Soledad!
-¡Qué! –Enrico escucha- ¡qué le hicieron a mi señora Soledad!
-No lo sé, tal vez ya esté muerta –Rebeca se arrodilla a su lado- dime... ¿por qué te interesa tanto Soledad? Le regalaste una medalla a su hija... ¿qué quiere decir SDM?
En ese momento irrumpe Guillermo dando bastonazos a diestra y siniestra- ¡Cobardes! Se aprovechan de un pequeñito.
Rebeca y Hércules lo miran extrañados y sin miedo.
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Cabaña.
Alcides mira a Beatriz que ahora está inconsciente y con manchas de sangre sobre la camisa.
-Es muy bonita... ¡muy frágil! –y suspira- ¡y muy, muy loca! –y empieza a llorar triste y sonríe triste- y ni aun así aguantaste... 3 latigazos... ¡ni aun así!
(wow! :-o Alcides llorando!! )

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Bosque.
Paquito encuentra al mesero asesino a sueldo- Roberto.
-Señor, usted vio lo de las copas... ¡yo le serví la copa envenenada al señor Alcides de Medina, pero la señora Soledad cogió la copa!
-Roberto, no hay problema –y Paquito mira a diestra y siniestra de una manera muy sospechosa- no fuiste responsable de lo que pasó... si la señorita Soledad bebió la copa, pues ni modo, vine a sacarte de aquí... ¡no te preocupes!
-¡Gracias señor!
Pero apenas dice esto que Paquito lo toma del cuello y de un golpe certero se lo rompe.
El hombre cae muerto.
Paquito mira para todos lados vigilando que nadie lo vio y se arregla la chaqueta.
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Residencia Rebeca.
Guillermo sigue dando bastonazos inciertos, pero en vez de golpear a Hércules o a Rebeca termina golpeando a Enrico.
Hércules se burla de Guillermo.
Guillermo sigue dando bastonazos y echa la lámpara al suelo, todo es oscuro.
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Hacienda Montenegro.
-¡Hija, tienes que reaccionar! –suplica Ester al lado de Soledad- ¡tú no te puedes morir, no me puedes dejar sola!

(bueno, :-? y Soledad sigue toda vestida, bueno... ya sé que está muy bonita, preciosa... pero fue e.n.v.e.n.e.n.a.d.a, y deberían por lo menos desvestirla para que respire mejor y tratar de hacerla vomitar... :? )

Pero Soledad sigue inconsciente.
Ester llora.
-¡Ester, ella no te puede escuchar! –Antonia- tranquilízate que ya viene en camino el médico.
Úrsula y Lucas también lloran.
-¡Tengo que pedirle perdón a mi hija! –Ester llorando- ¡te hice tanto daño! –le habla- ¡fui una mala madre! Yo soy la culpable de todo lo que está pasando.

(hum... en parte... 8) en parte )

Pero Úrsula se apena de ella- ¡No doña Ester! Usted no tiene nada que ver con el veneno que le dieron.
Pero Ester no tiene consuelo- ¡Claro que sí! Yo obligué a Soledad a casarse con Alcides... ¡para no perder la casa! –y de pronto dice misteriosamente - ¡esa casa que nunca debió ser mía!

(wow!! :-o Qué significa esto??/)

-Ya no se atormente más –Úrsula.
-¡Mi amor! –Ester a Soledad- ¡perdóname! Perdóname, por arruinar tu vida... hija...
-Ester, en estos momentos solo hay que tener paciencia y fe –Antonia.
-¡Siempre fuiste tan buena con nosotros! –Ester le acaricia las manos a Soledad- ¡sacrificaste tu vida para ayudarnos, mi amor, perdóname! –le ruega- ¡nunca debí pedirte que regresaras a esta casa!
Hugo entra- ¡El doctor la va a examinar!
-Ven Ester –Antonia la separa de Soledad.
-¡Doctor, sálvela, por favor! –ruega Lucas.
Y todos salen.
Hugo queda con el doctor Max que se sienta en la cama junto a Soledad.
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Residencia Rebeca.
Cuando Hércules y Rebeca pueden prender una vela, Guillermo y Burke han desaparecido.
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Guillermo y Enrico salen corriendo.
Detrás de ellos salen corriendo Hércules y Alberto que les disparan.

(pero no se preocupen, :D en esta novela nadie acierta!! Hehehe! )
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Hacienda Montenegro.
Mientras Marina limpia la casa.
Eloisa habla con Hugo.

(hum... :???: ¿y por qué Hugo está con Eloisa y no con el doctor Max y Soledad! :-x )

-¡Sé lo terrible que es todo esto! –finge pena Eloisa- pero estoy segura que Arturo no tuvo nada que ver en esto, lo conozco muy bien.
Hugo la mira impávido- Eloisa, es lógico que lo defiendas, él es tu prometido.
-¡Alcides, tú sabes perfectamente lo que hubo entre nosotros!
Hugo no responde.
-Y aunque yo ya no pueda estar contigo, te sigo amando... créeme... ¡jamás te mentiría en algo tan delicado! –y le sonríe de una manera muy extraña- ¡todo lo que hago, incluso estar con Arturo, es por ti!
Hugo la mira con el ceño fruncido, pero de pronto escucha pasos en la escalera y la olvida, y se apresura a preguntar- ¿Cómo encontró a Soledad, doctor?
Eloisa se posiciona a su lado.
Marina viene corriendo a escuchar.
-¡Lo síntomas de su esposa son muy extraños! Por lo regular, los venenos producen fuertes dolores en el estomago, y en los músculos... pero este caso es... diferente... ¡está sumida en un profundo sueño! – y luego dice con voz de ultratumba- ¡yo diría que se está yendo poco a poco!
Eloisa no puede evitar una pequeña sonrisa en la comisura de sus bellos labios.
Pero Hugo no admite esta respuesta- ¡Doctor, no diga eso! Debe haber algo que usted pueda hacer.
-¡Lo haría si tuviera el antídoto! Pero ni siquiera sabemos de qué veneno se trata.
Pero Marina que escucha atentamente interviene- ¡Perdón, señor... yo tomé la precaución de guardar la copa en la que tomó la señora Soledad!
Hugo tiene una mirada de alivio.
Eloisa pierde toda sonrisa.
-¡Eso cambia las cosas! –el doctor Max- examinaré el veneno y le aplicaré los reactivos que traje.
-¡Hágalo pronto por favor! – y lo envía con Marina.
Hugo queda solo con Eloisa y la mira sin sonreír, estudiándola.
Eloisa suspira y le sonríe seductora.
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Bosque.
El inspector encuentra el cadáver del mesero.
-¡Qué horrible! –Paquito finge- ¡morir de esa manera!
-Este asesinato está relacionado con el complot contra Alcides de Medina –el inspector- de seguro mataron a este hombre para evitar que abriera la boca.
-Si es cierto lo que dice, sabemos quien fue –sugiere Paquito.
-¡Es muy pronto para hablar de culpables! Hay que abrir una investigación.
-¡Sabemos quien fue, inspector! Arturo de Linares –Paquito afirma.
-¡No me diga cómo hacer mi trabajo señor de Morales! Son muy delicados y no hay pruebas –le corta.
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Hacienda Montenegro.
Elena ayuda al doctor Max.
-¡La encontré! –festeja el doctor Max- encontré la sustancia con la que la envenenaron.
-¿Entonces ya sabe cómo la va a sanar? –festeja Elena.
-Esto es lo más importante, teniendo esto es muy fácil fabricar el antídoto.
-¡Le voy a avisar a don Alcides! –sale corriendo Elena y al abrir la puerta se encuentra a Eloisa.
-Doctor, necesito hablar con usted en privado.
-En este momento no puedo atenderla, tenemos que salir a avisarle a don Alcides que hemos encontrado el antídoto que le salvará la vida a Soledad.
-¡No le quitaré mucho tiempo, pero debe ser en privado! –mirando a Elena que sigue allí.
-Por favor, Elena.
-Doctor, creo que usted no encontró ningún antídoto...
El doctor Max ríe- ¿De qué está hablando? Hicimos todas las pruebas, no hay ninguna duda, tengo el veneno que le dieron.
-¡Al parecer usted no entendió bien! –sigue Eloisa- ¡usted no puede salvarle la vida a Soledad! De hecho irá con Alcides y le dirá que esa mujer no tiene cura.
El doctor Max abre los ojos sorprendido.
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Camino.
En la huida, Enrico condude la carreta cuando para porque ve a don Jeremías.
Guillermo cree que está loco.
Enrico se aleja para hablar con su fantasma.
-¡Soledad está rodeada de muchos enemigos! Si no hacemos algo va a morir esta misma noche –Jeremías le habla a Enrico.
-¿Qué debo hacer?
Enrico vuelve.
-¡Don Jeremías me dijo que Soledad está en peligro! Me vas a ayudar.
-¡Tú loco y yo ciego!
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Hacienda Montenegro.
-¿Usted quiere que yo deje morir a Soledad de Obregón? –repite el doctor Max.
Eloisa ríe con maldad- Le propongo un negocio que nos puede beneficiar a ambos.
-¡No soy un asesino!
-¡Tampoco el médico ético por el que se quiere hacer pasar! Hay muchos rumores sobre usted.
-No pongo atención a rumores.
-¡Iremos al grano! Vi cuando le sacó una muestra de sangre a escondidas, a Aurora... ¡eso doctor Max es un delito que se paga con cárcel!
-¡Usted no me conoce bien! No soy un hombre que se deje amenazar.
-¡Ni yo una mujer que deje pasar oportunidades!
-¡Le tomé esa muestra de sangre a la niña porque sospecho que tiene una enfermedad muy grave, y tengo que estudiarla para encontrarle la cura!
-Con mayor razón... éste es un negocio que nos puede convenir mucho... ¡a ambos!
-No la entiendo.
-¡Si Soledad de Obregón muere, yo me casaré con Alcides! Y me convertiré en la madrastra de Aurora –y le sonríe malvada- ¡y usted podría investigarla cuántas veces quiera!
El doctor Max la mira interesado.
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Cabaña.
-¡Despertaste! ¿me vas a decir lo que sabes de mí?
-No voy a decirte nada, te voy a dejar en la oscuridad sin saber de donde vienes ni quien eres.
-Por favor...
-¡Debe ser horrible no recordar nada! –se burla.
-Por favor dime lo que sabes de mí.
-No voy a abrir mi boca, hasta que se me dé la gana, y solo entonces te vas a dar cuenta de lo miserable que eres.
-¡No sé quien soy, no sé quien eres! Por lo visto los golpes no funcionan contigo –reflexiona- ¡pero se me ocurre un método que puede ser mucho más efectivo! – y simplemente la mira.
Beatriz presiente el peligro- ¡No te atrevas a acercarte!
-¡Ahora entiendo por qué abusé de ti –sigue Alcides fríamente- ¡porque eres hermosa, Beatriz, hermosa! No pude resistirme ante tanta belleza... tal vez... si te doy un poco de cariño... ¡tú me das esa información que yo tanto necesito!
-¡Tendrás que matarme! Porque te juro que me voy a defender como una fiera antes que abuses de nuevo de mí... ¡no vas a poder conmigo!
Sin acercarse Alcides la mira.
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Hacienda Montenegro.
-¡El hombre que intentó envenenar a su esposa está muerto, don Alcides! Se hizo pasar por mesero y alguien se encargó de silenciarlo –el inspector.
-¡Al parecer era alguien con amplio historial criminal! –el juez le entrega una carpeta a Hugo.
Eloisa y Paquito escuchan atentamente.
Hugo hojea los papeles- ¡Eso quiere decir que nunca sabremos quien estuvo realmente detrás de todo esto!
-¡Por favor! –suspira Paquito- ¿qué les pasa a ustedes? No hay que ser adivino para saber quien está detrás de todo esto... ¡el único interesado en hacer daño a Alcides es Arturo de Linares!
Eloisa le da tremendo abanicazo.

(hahah! Muy bueno... :-? pero cuidado Paquito, tanta insistencia te hace muy sospechoso!!)

Hugo devuelve la carpeta- ¡Yo no creo que él haya intentado matarme en mi propia casa!
Sería demasiado obvio.
-¡Es lo mismo que pienso yo! –el inspector.
-¡Piensen lo que quieran! –insiste Paquito ganándose otro abanicazo- ¡pero a mí nadie me va a sacar de mi linda cabeza! ¡Él fue!
-Mañana seguiremos con la investigación, don Alcides –se despide el inspector.
-Tenga la seguridad que no vamos a estar tranquilos hasta que se haga justicia, señor de Medina –le promete el juez- con permiso.
Hugo los mira destrozado- Buenas noches- y luego sube las escaleras dejando a Paquito y a Eloisa- Están en su casa.
Eloisa y Paquito lo ven subir y se sacan las caretas.
-¡Yo me voy! –la besa Paquito.
-¡Ven acá, Francisco! Necesito hablar contigo.
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Habitación de Soledad.

(todavía vestida!!!! :-D )

-Mi vida, despierta –llora Lucas- te necesitamos... ¡te necesito para vivir, hija! Tú eres la única que puedes ayudarme.
Ester se apiada de él y se acerca- ¡Cálmate, ella se va a recuperar! Cálmate.
-Ester tiene razón, Lucas –Antonia con los ojos muy abiertos- ella ha sido una buena hija, Dios no va a permitir que le pase nada malo.
Lucas toma la mano de Ester- ¡Ester, no soportaría perderla! No podría vivir sin Soledad, sin nuestra hija... no podría –llora como un niño.
Ester lo abraza.
#
Hacienda Montenegro.
Afuera en el jardín.
-¡A mí no me engañas, Francisco, tú estuviste detrás de todo esto! –Eloisa- ¡querías matar a Alcides!
-¡Eres adivina! No seas paranoica.
-¡Cínico! No soy ninguna tonta, y te conozco mejor que nadie, sé de lo que eres capaz.
-¡Entonces felicítame, te estoy haciendo un favor! Muy pronto te vas a librar de esa desgraciada de Soledad y así tendrás a Alcides.
-¡No es tan sencillo! Si la estúpida esa se muere, Alcides no dudará en desatar una guerra contra Arturo.
-¿Y qué te importa? ¡te cambias de bando! Y te conviertes en la mujer de Alcides... ¿no es lo que quieres?
Eloisa sonríe – Evidentemente no es lo que tú quieres... ¡te advierto una cosa Francisco, si Alcides termina siendo víctima de Arturo, yo acabo contigo y con tu carrera! –y entra en la casa dejándolo plantado.
#
Habitación de Soledad.
Todos en ella, incluyendo a Eloisa.
Hugo sentado al lado de Soledad inconsciente le toma las manos.
-¡Parece muerta!- Antonia no encuentra mejor momento para opinar- pobre mi sobrina, se ve tan frágil.
-¡Doña Antonia, por el amor de Dios! –se exaspera Hugo- ¡no hay necesidad de mencionar la muerte! Soledad va a salir de todo esto, el doctor Max... ¡él va a encontrar un antídoto! Y ella se va a salvar –y mira a Soledad y repite- ¡ella se va a salvar!
El doctor Max entra.
Hugo se levanta.
-¡Le tengo malas noticias, don Alcides! –le anuncia- no he logrado identificar el veneno.
Hugo se pone pálido- ¿No ha logrado identificar el veneno? Pero tiene que haber alguna manera.
-Por ahora no tengo respuesta, sólo se me ocurre tomarle una muestra de sangre a la señora, llevarla a mi laboratorio y estudiarla –sugiere.
Eloisa decide opinar- Doctor, eso puede llevarle mucho tiempo, he escuchado que esos venenos actúan muy rápido.
-¡Es lo único que puedo hacer! Y no quiero prometerles nada.
Hugo suspira desesperado.
Ester no puede más y empieza a llorar- ¡Dios, esto no es justo!
-Ester, calma, tú has dicho que tengamos fe- Lucas- debemos tener fortaleza.
Hugo hace un esfuerzo- ¡Está bien! Tómele la muestra de sangre pero hágalo rápido.
El doctor Max se dispone a hacerlo.
Antonia decide empezar un rezo- ¡Señor, te ruego por la vida de mi sobrina!
Hugo la escucha y tiembla.
#
Sala.
Boris va a ver a Marina- ¡Quien iba a imaginar que esta noche iba a terminar en una tragedia! –suspira- la señora Soledad es todo para mi patrón.
Pero Marina sonríe con burla- Me imagino que el patrón debe estar muy feliz... ¡él quería hacerle daño a la señora Soledad! Bueno... lo está consiguiendo.
-¿Qué tonterías dices Marina?
-¡Don Hugo, en su afán de vengarse de todo el mundo no ha medido las consecuencias, Boris!

(bueno... 8) tiene razón)

-Eso nos debería abrir los ojos a ti y a mi –sigue Marina- si seguimos al lado de don Hugo vamos a terminar muy mal.
-¡Marina, otra vez con lo mismo! –exasperado- ¡ya habíamos hablado!
Marina lo abraza- Mi amor, escúchame por favor, si seguimos al lado de don Hugo vamos a terminar amargados como él, vámonos, y salvemos nuestra relación –le ruega.
-¡Por favor, no me pidas que deje a mi patrón! Sabes que no puedo hacer eso, jamás lo haré... ¡entiéndelo!
-Bueno... ¡después no digas que no te lo advertí!
-Por favor, Marina, date cuenta de lo que está pasando.
-¡Sí me doy cuenta! ¿sabes? Mucha gente dice que don Hugo trae la desgracia, y ahora me consta –y le levanta un dedo- ¡prepárate porque si seguimos al lado de don Hugo vamos a terminar muy mal!
-¡Marina!
#
Casa Dr. Max.
Elena insiste- Usted estaba seguro de haber encontrado la cura de la señora Soledad.
-¡Me equivoqué, Elena!
-¡Esa señora entró y le ofreció algo! –adivina Elena- ¿qué le dijo?
-¡No te metas en lo que no te importa y déjame en paz!
-¡Usted tiene que seguir intentándolo! –suplica Elena.
-¡No hay nada qué hacer! –grita el doctor Max- ¡la señora Soledad se va a morir! –la deja.
-¡Vendido!
En ese momento entran Enrico y Guillermo.
-Enrico dice que don Jeremías le dijo que el doctor Max encontró el antídoto para curar a la señorita Soledad.
-¡Es verdad! Lo descubrió pero no lo quiere dar.
-Si le quitamos el cuaderno de apuntes –sugiere Enrico.
-Lo mantiene en su habitación.
#
Hacienda Montenegro.
Hugo se pasea nervioso en su escritorio de un lugar a otro- ¡Ni en los peores momentos de dolor pensé en hacerle daño a Soledad!
-Señor... era difícil saber que algo así iba a ocurrir –lo consuela Boris – que las cosas iban a tomar ese rumbo.
Hugo tiene los ojos llenos de lágrimas- ¿Cómo saberlo? Yo sólo quería hacerle pagar por su traición, haciéndola sentir enamorada de Alcides... ¡pero jamás! –y abre los brazos con desesperación - ¡jamás atenté contra su vida!
-¡No se adelante a los hechos, señor! Tenga fe que la señora Soledad se va a recuperar, el doctor Max está trabajando en el antídoto.
-¡Si Max no encuentra ese antídoto en las próximas horas!... –se le corta la voz- ¡si no lo encuentra!
-Tranquilícese, esos cambios de estados de ánimo – se asusta Boris.
-¡Boris! –le corta Hugo.
-¡No es bueno para su salud!
Hugo está a punto de llorar- ¡Quiero estar solo, por favor!
Boris se marcha – Permiso señor.


Mi sufrimiento es estar
solo como el viento
y saber que asi grite
nadie me va a escuchar

y saber que si un día te tengo
será solo un momento
un instante fugaz
pero mi sufrimiento
será por toda la eternidad


Hugo llora- ¡Aunque la odie con toda mi alma! –mueve la cabeza negativamente y mira al cielo- ¡yo daría mi vida por salvarla!
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Casa Dr. Max.
Elena entra a la habitación del doctor Max, con el par de Guillermo y Enrico detrás.
El doctor Max duerme con su libreta en las manos.
-Eva, mi amada, regresaste –le habla a Elena.
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Cabaña.
-¡Beatriz! –golpea Pablo en la Cabaña.
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Casa Dr. Max.
Elena logra sacarle las notas, pero el doctor Max despieta.
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Cabaña.
-Escúchame, tienes dos opciones, o sales y le dices que se vaya... ¡o lo mato! –le dice Alcides a Beatriz y la libera.
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Casa Dr. Max.
Elena y Enrico huyen.
El doctor Max los persigue- ¿Por qué quieren mis apuntes?
-¡Para salvar a la señora Soledad! -Elena.
-No tengo por qué ayudarla –doctor Max.
Guillermo logra arrancarle el cuaderno.
El doctor Max lo encañona- No voy a tener compasión de ti.
Pero Elena le muestra un vial con la muestra de sangre- doctor Max, si no quiere que me deshaga de la prueba de sangre de la bebé Aurora.
El doctor Max se inmoviliza.
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Cabaña.
Beatriz sale a atender a Pablo que le pregunta- ¿Ese golpe?
-Me caí por las escaleras.
-No mientas, el hombre con el que vives te pega, te trata mal.
-¿Qué te trae por aquí? –le corta Beatriz.
-Perdona que me meta en lo que no me importa, pero no he dejado de pensar en ti, tu comportamiento tan extraño... creo que todo anda mal.
-Todo anda bien, Pablo.
-¡Me sentiría más tranquilo si me presentas al hombre con el que estás viviendo!
-Eso no va a ser posible, no en este momento.
-¡Ve y llámalo, dile que un amigo tuyo quiere conocerlo!
Alcides escucha todo.
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Hacienda Montenegro.
Hugo está solo con Soledad.
Le toma la mano, y se la besa llorando.
La mira y ríe con una risa muy triste- ¡No debí traerte a mi casa! –y las lágrimas le corren por las mejillas- ¡no debí exponerte a tantos riesgos! –y esconde su rostros en sus manos- ¡perdóname! –le ruega- perdóname –repítame- ¡pero me enceguecí! Dejé que mi corazón se llenara de rencor... –y luego la mira y le confiesa- ¡yo te amo! A pesar de todo el daño que me has hecho... ¡yo te amo! Lo reconozco... ¡tú has sido mi único y verdadero amor y no te puedes morir porque yo te amo! –le dice con voz ronca y cortada por el llanto.
Y Soledad lo escucha y se mueve.
Hugo le sonríe.
-Mi amor –susurra Soledad- ¿por qué... por qué estás llorando así?
Y sufre.
-Shhh... –la calma Hugo- por favor no hables.
-¿Qué me sucede, por qué me siento así? ¡mi hija! ¿Aurora?
-¡Aurora está en el otro cuarto, con Úrsula! –le sonríe Hugo para calmarla- Ella está bien, no te preocupes.
-¿Qué pasa? –y Soledad trata de mirarlo pero ve todo borroso y ve a Hugo llorando - ¡Ay! Dime la verdad de lo que me está pasano... ¿me voy a morir?
Y Hugo la mira y calla.



Mi sufrimiento es estar
solo como el viento
y saber que asi grite
nadie me va a escuchar

y saber que si un día te tengo
será solo un momento
un instante fugaz
pero mi sufrimiento
será por toda la eternidad


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