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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
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Cabaña.
-¡Te reto! A que conquistemos el amor de Soledad –y le sirve un trago.
Soledad escucha esto y suspira.
-¡Tú me llevas ventaja! –dice Hugo- ¡estás casado con ella, mi hija está registrada a tu nombre!
-¡Yo me encargo de arreglar esos detalles para que estemos a mano!
Esto pone ilusiones en los ojos de Hugo.
-¡Partamos de cero! –propones Alcides- ¡luchemos limpiamente por ganarnos el amor de Soledad! -le ofrece el trago- ¿aceptas?
Hugo lo mira y acepta el trago y el duelo- ¡Acepto!
Y ambos hacen chocar sus copas.
Pero antes que puedan beber Soledad entra en escena -¡Buenas noches, señores de Medina!
Y los dos hermanos la miran sorprendidos y luego se miran uno al otro como descubiertos in fraganti.
Soledad los mira enojada.
Hugo la mira pálido- ¡Qué haces aquí!
-¡Yo fui muy claro contigo, Hugo! –se enoja Alcides- ¿por qué te empeñas en jugar sucio? ¡nadie debía saber de esta reunión! –le reclama- ¡mucho menos Soledad que ha sufrido mucho!
Soledad mira a Alcides con las cejas levantadas.
Hugo la mira sorprendido- ¿Cómo supiste que Alcides y yo estábamos aquí?
-¡Eso no importa! –Soledad con voz clara y digna- ¿saben? ¡me pregunto cuantas veces habrán hecho lo mismo!
Hugo suspira profundamente.
-¡Cuantas veces habrán pactado algo para hacerme daño! Y ahora me tratan como si fuera un trofeo que alguno de los dos quiere ganar al precio que sea.
-Soledad... –Hugo dolido.
-¡Ahora me toca hablar a mí, Hugo!
-¡Soledad, qué vergüenza! –exclama Alcides.
Y Soledad lo mira incrédula.
-¡No sé qué lograste escuchar, pero... pero no es lo que piensas! –sigue Alcides.
-¡Ah no! ¡oí perfectamente cuando se retaron aun duelo para luchar por mi amor! –y mira a Hugo con reproche- ¡no les parece una ironía! –y esto es para Hugo directamente- ¡las dos personas que más daño me han hecho en mi vida!
-¡Soledad! –ruega Hugo- creo que es mejor que te lleve a casa.
-¡No! –le grita Soledad furiosa- ¡no me voy a ir de aquí hasta que no oigan lo que tengo que decir sobre ese duelo!
Hugo mira con reproche a Alcides.
Alcides le devuelve la mirada.
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Laboratorio Dr. Max
-¿A qué te refieres, Daniel? ¿cómo qué en ese papel está el secreto de la cura de la catalepsia?
-¡Aquí está! Mi padre era un genio.
-¡Explícame qué significa ese dibujo! ¿qué dice allí?
-¡Es una estructura molecular! Esto lo escribió mi padre la misma noche que te rescató de la muerte y saliste huyendo –entusiasmado- ¿recuerdas que me comentaste que él abrió tu ataúd, te inyectó y fue cuando saliste del estado de catalepsia?
-¡Sí! Me acuerdo, gracias a eso estoy viva.
-¡Exacto! Pero mi padre lo hizo como un experimento, nunca se lo había inyectado a nadie, porque sabía que era muy peligrosos y arriesgado... ¡o funcionaba o podía matarte!
-¡No entiendo!
-¡Él tampoco entendía cómo funcionaba porque no se atrevió a probar con nadie hasta que lo hizo contigo! –fascinado- ¡la flor es parte de la cura! Pero no funciona sola.
-¿Entonces?
-¡Es tu sangre Michelle! Es un componente especial de tu sangre, que al mezclarse con la flor hizo el milagro... –y le sonríe - ¡y sí, estás curada, Michelle! –y feliz- ¡estás curada!
Michelle ríe y lo abraza feliz.
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Taberna.
-¿Qué pasa Marina? –duda Boris- ¿por qué te quedas callada? ¡de qué o quienes te tiene que proteger la señorita Eloisa!
Paquito mira a Eloisa con urgencia.
Y Eloisa reacciona- ¡Es más que obvio, Boris! Marina está aterrada, teme ir a la cárcel.
-¡Y yo que tú, grandotote! –Paquito con voz aflautada - Cambiaria esa actitud, porque eso de ser cómplice de Hugo de Medina, que se hizo pasar por Alcides, es muy grave.
-¡Encontramos a la pobre Marina caminando sola, triste, desvalida en un callejón oscuro y la trajimos aquí para tranquilizarla! Justamente antes que tú llegaras le estaba convenciendo para que volviera contigo.
-¡Porque tu esposa te quiere! –Paquito.
-¡Me dijo que estaba muy arrepentida de haberte abandonado porque te ama por encima de todas las cosas!
Marina mira para otro lado.
Boris se ilusiona y le sonríe- ¡Es cierto, amor! ¿tú dijiste eso?
-¡Ay qué escena tan conmovedora! –finge Paquito- Eloisa, creo que tú y yo estorbamos.
-¡Espera! Necesito darle un último consejo de mujer a mujer a Marina –y se la lleva a un rincón.
Paquito se lleva a Boris a un rincón.
-¡Ten mucho cuidado con lo que vayas a decir Marina!- Eloisa amenaza a Marina y saca billetes de sus medias sin que Boris la vea y se los pone en el corset - ¡Tendrás más! –le promete- ¡pero debes volver a casa de Hugo de Medina y ser mi espía!
(Marinita... estás perdida
)
Marina sopesa los billetes con codicia.
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Muy cerca, pero sin escuchar lo que dicen Marina y Eloisa.
-¡Todo se va a solucionar, tranquilo! –Paquito a Boris.
Marina se acerca- ¡Muchas gracias, señorita Eloisa!
-De nada, Marina, cuídate.
-¡Bien, Eloisa, vámonos!-Paquito se la lleva- los dejamos solos, están en su casa.
Boris mira a Marina lleno de pena.
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Cabaña.
-¡No lo voy a permitir! –grita Soledad y mira furiosa a Alcides- ¡no voy a volver a caer en ninguna de sus trampas! –y luego a Hugo- ¡y ustedes dos se pueden olvidar de mí para siempre! –y le da el golpe final- ¡Entre nosotros dos ya no hay nada más de qué hablar, Hugo!
Hugo recibe esta frase como un golpe en el estomago- ¡Soledad! –ruega.
-¡Alcides! –sigue Soledad- quiero que te quede claro que ya no soy la misma mujer ingenua de antes, y aunque la ley diga que somos marido y mujer... ¡nunca lo hemos sido y jamás lo vamos a ser!
Alcides sonríe con su sonrisita.
-¡Así me obligues por la fuerza, primero prefiero morirme! –furiosa Soledad.
-¡Soledad, escúchame! Yo también quiero que te quede claro que no he regresado a obligarte a hacer nada en contra de tu voluntad.
Hugo mira a Soledad con desesperación y luego a Alcides como no creyendo lo que dice.
-¡Yo también he cambiado! –sigue Alcides- ¡ahora soy un hombre nuevo!
Soledad mira a Alcides con incredulidad.
-¡Y te consta que te he dicho mil veces que desde que era un niño vivo enamorado de ti! –se declara- ¡está bien, fui un torpe! No supe ganarme tu cariño, pero ahora es diferente.
Hugo ya no puede más escuchar esta declaración de amor a su amada Soledad y carraspea ruidosamente para cortar la conversación- ¡Yo creo que...! –y mira a Alcides- ¡yo creo que esta reunión no tiene ningún sentido! –y mira con desesperación a Soledad.
-¡Para mí sí! –le corta Soledad sin mirarlo, pero luego le dirige una mirada como para ponerlo en su lugar, Soledad luego enfrenta a Alcides- ¡Alcides, yo no sé quien seas ahora! ¡y no me importa saber! No me importan los esfuerzos que hagas por ganarte mi cariño porque yo no te creo una sola palabra... ¡en mi corazón ya no queda nada! –está a punto de llorar- ¡tu hermano Hugo se encargó de destruirlo y acabar con lo poco que quedaba!
Hugo le suplica- ¡Soledad, por favor! Déjame llevarte a casa.
Soledad lo mira duramente- ¡Estoy tratando de hablar con tu hermano Alcides! Te pediría que por favor te retires.
Hugo se queda boquiabierto y luego mira a su hermano estupefacto.
Alcides no puede evitar una expresión de pequeño triunfo, y le hace un guiño y con la cabeza le muestra la puerta de salida.
Hugo lo mira boquiabierto y luego mira a Soledad que sigue esperando que se marche.
-¡Hugo! –le recuerda Alcides.
Y Hugo, suspirando y arrastrando los pies, los deja solos.
Y Soledad mira a Alcides.
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Casa Dr. Max.
Michelle abraza a Daniel feliz- ¡Lo sabía! –al borde de las lágrimas- ¡algo aquí adentro me decía que estaba curada!
-¡Es un verdadero milagro! –festeja Daniel- ¡esto puede ayudar a todas las personas que sufren de esa enfermedad!
-Tenemos que empezar por Hugo de Medina y su hija... después del horror que vivió la pobre Soledad de Obregón en la fiesta.... ¡Dios mío! Esto va a significar una gran emoción para ella, Daniel, imagínate –festeja- ¡podemos salvar a su hija!
-¡No! no me entiendes –Daniel pierde la sonrisa- ¡la flor, funcionó, sí, pero en tu cuerpo! Por un componente de su sangre que no es común.
Michelle no comprende.
-¡Por ejemplo, si yo me la inyectara en este momento el extracto de la flor, moriría! Porque yo no lo tengo en mi sangre... ¿lo entiendes?
Michelle no sonríe – Lo que me estás tratando de decir es que...
-¡Sí, sí, si Hugo de Medina o su hija no tienen ese mismo componente especial en su sangre y les inyectamos el extracto de la flor... ambos morirían!
Michelle pierde toda alegría.
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Taberna.
-¡Remolacha! –Paquito a Eloisa- ¿dónde andabas? Teníamos una cita en este lugar.
-Me sentí indispuesta y por eso me tardé –miente Eloisa- ¡hace demasiado calor y sabes cómo me afecta el verano!
-¡Eso no es cierto! Y conozco ese brillo en tus ojos cuando estás mintiendo –se enoja.
-¡Yo no tengo por qué darte explicaciones de cada paso que doy!
Paquito la toma del brazo con violencia- ¡A mí no me vas a dejar hablando solo!
-¿Qué te pasa Francisco? –interviene Rebeca- te estás evidenciando... ¿qué les pasa a los dos?
-¡Por qué no le preguntas a esta mosca muerta! Algo le está pasando –y se dispone a marcharse.
-¿A dónde vas? –lo ataja Eloisa.
-¿Yo? –y Paquito finge su voz- ¡no tengo que darte explicaciones de cada paso que doy, mamita!
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En otra sala, Marina y Boris.
-¿Cómo supiste donde encontrarme?
-Necesitaba tomarme una copa... y alguien me dijo que estabas aquí.
-¡Vaya! Tu amo te dejó salir –se burla.
-¡Ya Marina, estás así por lo del dinero! Pero no podía dejarte que te llevaras ese maletín... comprende.
Paquito decide espiarlos y escucha.
-¡La seguridad de la casa está a mi cargo! –Boris le toma la mano- yo entiendo que fue un momento de debilidad, de confusión... escucha Marina... ¡don Hugo es una buena persona que quiere lo mejor para nosotros! ¿por qué lo odias tanto?
Paquito intrigado.
-¡Porque tú solamente tienes tiempo para don Hugo! Parece que mi bebé y yo no te importamos.
-¡No digas eso, Marina! Yo te amo, llevas en mi vientre mi semilla.
Paquito mira al techo y hace rodar los ojos con burla.
(me hizo reir!!
)
-¡Las ganas que tengo que nuestro hijo nazca! Marina, yo te prometo...
-¡No prometas lo que no puedes cumplir!
-¡Marina, no permitas que nuestro hijo nazca lejos de su padre! Yo te prometo que todo va a cambiar.
-¡Mentira!
Paquito pone cara de hastío y se marcha.
-¡Marina! Yo le debo mi fidelidad a don Hugo, pero a ti te amo con toda el alma, jamás permitiría que algo malo te pasara... ¡regresa a mi lado, por favor!
Marina lo mira sin sentimientos y recuerda la voz de Eloisa: “Marina, tú tienes que regresar a casa de Hugo de Medina, si no te enteras de lo que pasa no me sirves de nada”
Marina sonríe forzadamente- ¡Está bien, mi amor, por nuestro hijito tratemos de ser felices! –y lo besa.
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Cabaña.
Soledad, muy bella- ¡Quiero agradecerte por la fiesta que hiciste en mi honor! Tu llegada fue un acontecimiento inolvidable... ¡además, gracias a ti descubrí que Hugo estaba usurpando tu lugar!
Alcides suspira- ¡Estoy apenadísimo contigo, Soledad! Yo no lo hice para hacerte sufrir, sólo quería darte una sorpresa, una hermosa sorpresa –parece sincero- ¡ahora veo que fue un error!
-¡Habrás querido decir tu último error! –con sarcasmo- ¡te has equivocado tanto conmigo Alcides! Pero ya no tengo miedo de lo que puedas hacerme.
-Yo vengo de vivir un infierno durante todos los meses que estuve desaparecido –exclama.
-¡A mí no me importa lo que te haya pasado! –fría- porque eso no puede cambiar el desprecio que siento por ti.
-¡Pues yo voy a dedicar cada segundo que me quede de vida para ganarme limpiamente tu corazón!
Pero Soledad lo mira con dureza.
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Taberna.
-Hércules, necesito que tengamos todo listo para que mañana temprano presentemos la demanda contra Hugo de Medina –Arturo.
-¡Sí, señor! –Hércules parece borracho- ¡iremos bien armados! Por si hay problemas.
-Estás completamente borracho –Arturo lo mira con fastidio- ¡necesito que averigües donde vive Alcides de Medina, tengo que hablar con él!
-¡Como ordene, señor!
Gladis aparece como por encanto - ¡En vez de estar pensando en destruir a Hugo de Medina, por qué mejor no ocupas tu tiempo en conseguir una mujer joven y decente para que te cases! Esta familia necesita un heredero, y tú solo piensas en las armas y violencia.
-¡Madre, mi relación con Eloisa terminó siendo un fracaso! Se trató nada más de una mujerzuela que jugó conmigo, a mí lo único que me interesa ahora es recuperar el dinero que invertí en la mina.
-¡Qué minas ni que demonios! En San Marino hay mujeres de alta sociedad, búscate la mejor y cásate con ella –le ordena- así podría entregarte la herencia y podría morir en paz.
Arturo suspira- ¡Madre, por favor! Todo a su tiempo.
-¡Definitivamente a veces pienso que no supe criarte! –se marcha enojada.
Al quedar solo Arturo piensa en Michelle y suspira - ¡Michelle Phillips! ¿por qué no?
(hehehehe
esto quiero verlo! )
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Laboratorio Dr. Max
-¿Qué vamos a hacer? –Michelle preocupada- ¿cuál es el próximo paso?
-¡Sólo tenemos una solución, Michelle! –Daniel ocupado con los libros- ¡hay que examinar a Hugo de Medina y a su hija!
-Y rogar para que tengan en su sangre ese componente especial que encontraste en la mía... –inquieta- Daniel... ¿y si no lo tienen?
Daniel la mira y agrega sin dudas– No habrá nada que hacer para curarlos.
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Cabaña.
-¿Cómo me puedes pedir que te crea? –enojada- ¿después de todo lo que me hiciste? ¡tú manipulaste a mi mamá para que me obligara a casarme contigo! Y recién nos casamos... ¡me golpeaste! –lo mira con desprecio- ¡no te importó que estuviera embarazada, Alcides!
-¡No exageres, Soledad! –Alcides exclama- ¡fue solo una cachetada!
Pero Soledad lo mira como para cocinarlo frito.
-¡Está bien! –corrige rápidamente- ¡fui un canalla! Lo reconozco... pero perdí la razón cuando descubrí que no podías olvidar a Hugo.
-¿Y por eso intentaste matarlo?
Alcides la mira boquiabierto.
-¡Porque ya sé que tú fuiste el que permitiste que lo enterraran vivo! –lo acusa.
-¿Eso te dijo Hugo? –trata de evadirse Alcides- ¿y le creíste?
-¡Qué! –le grita Soledad furiosa- ¿Y me lo vas a negar?
Alcides suspira- No, no lo voy a negar... porque es la verdad... ¡porque lo hice por amor!
Soledad con fastidio mira a otro lado.
-¡Lo hice por ti! –sigue Alcides- Vivía enfermo porque no podía conseguir tu cariño... ¡estaba equivocado, muy equivocado! Pero te puedo jurar, Soledad, que he pagado todos mis pecados... ¡durante el tiempo que estuve afuera fui secuestrado!-y se abre la camisa para mostrarle la cicatriz del cuchillo- ¡me torturaron salvajemente! Sin piedad... –se le llenan los ojos de lágrimas- ¡mírame, Soledad! Tienes que creerme, estuve al borde la muerte, sufrí en carne propia todo el horror que pudo haber padecido mi hermano Hugo... ¡cuando estuvo a punto de morir asfixiado en el ataúd!
(bueno... no creo que sea lo mismo...
)
Soledad lo mira con cansancio- ¡Si lo que quieres es mi lástima, no la vas a conseguir! –sonríe con sorna.
-¡No te estoy pidiendo perdón! Lo que yo hice en mi vida pasada no merece perdón –exclama- ¡yo te quiero demostrar que soy un hombre nuevo, que he crecido, que voy a esperar por ti toda mi vida Soledad! Porque yo estoy seguro dentro de mí que algún día tú vas a apreciar a este hombre que está ahora aquí, parado frente a ti.
-¡Lo siento, Alcides! Pero yo no puedo creerte –Soledad secamente.
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Residencia Rebeca.
Eloisa se desviste y bajo su ropa saca todos los fajos de billetes que tenía escondidos. Y ríe con éxtasis. Y besa los billetes y los huele.
Y recuerda a Alcides- ¡Ay, Alcides! Eres un villano delicioso y millonario –y riega los billetes sobre su cama- ¡En este momento debes estar diciéndole mentiras a Soledad! –ríe a carcajadas- ¡y yo me volveré su mejor amiga! Para aconsejarla... aunque eso me cueste separarme de Paquito y de mi tía Rebeca –y sonríe con maldad- ¡pobre Soledad, estás tan triste y tan abatida! Qué será muy fácil convertirme en tu amiga –se recuesta sobre los billetes- ¡y cuando Alcides pueda tenerte en su cama, yo seré la mujer más rica de San Marino!
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Cabaña.
Hugo no aguanta más y vuelve a entrar con aire desesperado- ¡Ya es muy entrada la noche, Soledad! Por favor, déjame llevarte a casa.
(ahahaha...ya me parecía
)
Soledad lo mira como si fuera un mosquito- ¿Qué estás haciendo aquí, Hugo?
Hugo suspira y luego le pide a su hermano cordialmente- ¿Nos quieres dejar a solas? Por favor.
-¡Quedan en su casa! –Alcides concede y sube las escaleras.
Hugo y Soledad esperan a que Alcides se retire.
-Solo... –empieza Hugo como pidiendo disculpas- ¡sólo quería asegurarme que Alcides no te hiciera ningún daño!
-¡Yo no necesito tu protección ni la protección de nadie! –enojada.
-¡Soledad! –le ruega, le suplica Hugo- ¡hoy estuvimos juntos! Hicimos el amor... ¡nos entregamos en cuerpo y alma!
Soledad mira para otro lado.
-¡Dime que no sentiste nada! –sigue Hugo- ¡y me voy para siempre!
Soledad suspira- ¡Solamente fue un acto de debilidad!
-¡No te creo! –en un susurro- respóndeme sinceramente... ¿no me amas?
Soledad lo mira enojada- ¡Tú mataste mi amor! –otro susurro- ¡con tu venganza! –y lo deja plantado.
Hugo la mira marcharse y luego lentamente mira para arriba, y en el rellano Alcides lo mira con reto en la mirada.
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Hotel.
En el desayuno.
-¡Pobre Soledad! –Michelle pasa el periódico a Daniel- ¡Está en los diarios! Toda la ciudad a esta hora debe estar comentando que Hugo y Alcides de Medina se burlaron de ella.
Daniel lee atentamente.
-Andrés... ¿qué has escuchado?
-Al parecer Hugo hizo una serie de negocios con una mina, pero lo malo fue que utilizó el nombre de su hermano.
-¡San Marino se ha convertido en la caldera del diablo!
-Tenemos que tener mucho cuidado con lo que decimos y con lo que hacemos –Daniel - ¡no olvidemos que en esta ciudad mataron a mi padre! Es un sitio muy peligroso.
-¡Soledad me inspira confianza! A pesar de lo que pasó algo me dice que Hugo no es un mal hombre.
-¡Espero que tengas razón! Porque estamos a punto de revelarle nuestro secreto.
-Daniel... cuando atendiste el desmayo de Soledad... ¿tuviste oportunidad de decirle que eres el hijo de Ernest Von Sirak?
-¡No! no tuve tiempo –y su mirada se va lejos- ¡lo que sí, es que me pareció una mujer... extremadamente hermosa!
-¡Te gustó! –ríe Michelle.
-¡Cómo no va a gustarme! –ríe Daniel- ¡es hermosa! Pero ya deja de estar molestando y vamos a ponernos en marcha... –se pone serio- ¡estamos a punto de revelarle el secreto a Hugo de Medina! Hablar sobre la cura de su enfermedad.
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Hacienda Montenegro.
-Don Hugo, le traje su leche – Boris aparece con el desayuno- ¡don Hugo, sé que las ultimas horas han sido muy intensas! Lo bueno es que su hermano evitó que lo llevaran a la cárcel!
-¡Hubiera sido mejor que me llevaran preso! –Hugo pesimista.
-¡Estaría agonizando, señor! Usted sabe que los lugares cerrados le provocan crisis de catalepsia –Boris se sienta a su lado.
-Alcides me ofreció un trato –cuenta Hugo- un trato que tiene que ver con Soledad, pero estoy seguro que algo se trae entre manos.
-¿Será cierto lo que me dijo, señor, su hermano vendrá por las buenas?
Hugo niega con la cabeza- ¡ No lo sé! Sólo sé que Soledad me odia y que no quiere verme.
-¡Es lógico señor, con todo lo que ha pasado! Creo que lo más prudente es darle un poco de tiempo.
-¡Creo que esta vez el tiempo no será suficiente, Boris! –y luego lo mira - ¿a ti cómo te va con tu esposa?
-¡Bien, señor! –miente Boris- ¡ayer, discutimos, tonterías, cosas de marido y mujer! ¡ya todo está bien!
Hugo rápidamente vuelve a su propio dolor- ¡Maldita venganza! Me he comportado como un imbecil.
Pero Marina entra como tromba- ¡Patrón, el señor Linares se metió a la fuerza!
Arturo y Hércules irrumpen- ¡Hugo de Medina quiero que acompañes tu desayuno con esta demanda! –le tira unos papeles- ¡todos los inversionistas de la mina queremos que nos devuelvas nuestro dinero ahora mismo!
Hugo se levanta y lo mira con rabia.
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Casa Obregón.
Soledad se ocupa de sus orquídeas - ¡Debo ser la comidilla del pueblo! Pero no me importa, por el contrario... siento que me quité un peso de encima –y las riega- ¡aunque me duele que Hugo haya sido tan cruel conmigo... yo sé que tengo que salir adelante!
A su lado Úrsula con la bebé que juega - ¡Me gusta oírla hablar así! Sé que sufre por dentro, pero usted le demostró a toda esa gente que es una mujer muy valiente.
-¡Voy a salir adelante con mi hija, porque no necesito a nadie! Por eso decidí que voy a trabajar.
-¡Usted puede contar conmigo!
Y Soledad sonríe y luego mira a lo lejos.
-¿Piensa en Hugo? No ha dejado de amarlo... ¿verdad?
-¡Anoche casi le digo la verdad! –suspira Soledad- ¡es el único hombre que he amado en mi vida! Pero no, yo tengo que sobreponerme y tengo que sacarlo de mi corazón, como sea, tengo que encontrar la manera.
-¡Hola Úrsula! –aparece Eloisa y besa a Soledad- ¡hola Soledad!
-Hola.
-¡Es el colmo! Tuve una pelea horrible con Paquito... público todos los detalles de la fiesta, todo el mundo habla de ti –y le entrega el periódico.
Soledad lo lee- Bueno, se sabía que iba a pasar... ¡yo misma le pedí que lo publicara para que todos los buitres se dieran su banquete!
-¡A mí me parece una canallada, Soledad! –indignada- ¡tanto lo que hizo Paquito, como lo que hicieron Hugo y Alcides! ¡eso no se le hace a nadie!
Soledad la mira intrigada.
-Y si vine hasta aquí fue para darte todo mi apoyo, Soledad –le toma las manos- ¡quiero que cuentes conmigo para lo que sea!
Soledad le sonríe agradecida.
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Tesoro.
Alcides guarda piedras preciosas y otras cosas valiosas en una bolsa y recuerda: “Cuando hice la casa de los Obregón me hicieron construir un lugar muy especial que guarda un inmenso tesoro”
-¡Quien iba a imaginarse que justo debajo de la casa de Soledad existe todo este tesoro!
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Tranquilamente Alcides sale del Tesoro (hahahah
La Banca Del Tesoro) y lleva su bolsa bien cargada a una carreta.
Y en ese momento ve a Soledad con Eloisa- ¡Ah! Qué linda se ve Soledad –suspira- ya Eloisa empezó a hacer su trabajo.
-¡Qué hace usted en esta casa! –de pronto aparece Lucas y le grita.
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Hacienda Montenegro.
Hugo sentado de vuelva sigue desayunando y se limpia los labios- No te impacientes Linares, Boris ya fue a buscar el dinero, te lo voy a entregar personalmente para que te encargues de repartirlo al resto de los inversionistas – y luego sigue bebiendo tranquilamente- no quiero más problemas de los que ya tengo.
-¡Ni creas que nos vamos a conformar simplemente con el dinero que invertimos! Queremos además una reparación por daños y perjuicios... ¡es mucho dinero que perdimos con este fraude!
-¡Boris, date prisa! –grita Hugo- ¡no quiero que esta alimaña pase un segundo más dentro de mi casa!
Pero Boris aparece pálido como un papel- ¡Don Hugo, lo lamento mucho señor! El dinero no está en la casa.
Hugo lo mira sorprendido.
-¡Alguien lo tomó, señor! Lo robaron –se disculpa Boris.
Arturo los mira y se burla a gritos- ¡Bravísimo! ¿qué te parece Hércules? ¡Hugo de Medina se quiere pasar de listo y nos dice que nuestro dinero se les perdió! ¡no sabes con quien te estás metiendo!
-¡Escúchame, Linares! Puedes irte tranquilo, les voy a devolver hasta el último centavo.
-¡Tienes hasta el mediodía! Entonces volveré con los demás inversionistas y si el dinero no está incendiaremos esta propiedad, con permiso –se marcha con Hércules.
Al quedar solos con Boris- ¡El dinero de los inversionistas no puede haber desaparecido!
Boris, con aire culpable tartamudea- ¡Señor! –y recuerda la pelea con Marina.
-¿Qué pasa?
-Creo saber quien tomó ese dinero.
-¿Quién?
-¡Marina, señor, mi esposa! –Boris es una hilacha- ¡mi esposa robó ese dinero!
Hugo lo mira boquiabierto.
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Residencia Rebeca.
Paquito cuenta los billetes- ¡Qué fácil fue robarme este dinero! –y recuerda la conversación de Boris y Marina, y luego se ve a sí mismo entrando a la Hacienda Montenegro y llevándose la maleta de la habitación de Marina- ¡los imbeciles de los inversionistas jamás sabrán quien les robó! Eres un genio Francisco, y tú Hugo de Medina eres muy idiota... ¡hacerte pasar por tu hermano Alcides! ¡muy mal!
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Casa Obregón.
-¡Usted no tiene ningún derecho de estar en esta casa! –Lucas- ¿no le parece suficiente el daño que le ha hecho a Soledad para que la siga torturando con su presencia?
Alcides rápidamente guarda su tesoro- ¡Creo que me confunde con Hugo, don Lucas! Yo soy Alcides, su yerno... el esposo de Soledad.
-Ya veo, aun así no tiene ningún permiso para estar en esta casa... ¡usted no es bienvenido en esta casa!
-¡Don Lucas, Soledad es mi esposa!
-¡Usted y su hermano no han hecho otra cosa sino torturar a mi hija en la fiesta de verano! Así que lárguese inmediatamente.
-Escúcheme, don Lucas, yo quiero aprovechar esta oportunidad para pedir perdón si he causado algún daño.
-¡Ahórrese sus palabras! Y por favor váyase... ¡váyase de esta casa!
Aparece Soledad, Úrsula y la bebé, y Eloisa.
-¡Alcides! ¿qué estás haciendo acá? ¡anoche no fui lo suficientemente clara!
Alcides y Eloisa se miran cómplices.
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Hacienda Montenegro.
Marina limpia el corredor, al lado de las escaleras.
-¡Marina! Por favor dime la verdad –aparece Boris- ¿tú tomaste la maleta con el dinero de los inversionistas?
-¡Otra vez con el mismo tema!
-Marina, tú querías llevarte ese dinero.
-¡Pero no me lo llevé! –grita Marina- ¡tú mismo me lo quitaste y te diste cuenta cuando me viste en la taberna con la señorita Eloisa que no tenía dónde ir! Y por eso me iba a dar dinero.
Marina sigue limpiando.
-¡Pero tú pudiste haberlo tomado cuando regresamos a la casa! Por favor, Marina, la vida de mi patrón depende de ese maletín... ¡regrésame ese dinero!
-¡Marina! –aparece Hugo- si tienes ese dinero, por favor regrésamelo... ¡te prometo que no habrá reproches!
-¡Yo no soy ninguna ladrona!
-¡Y yo te creo! –Hugo- pero pudiste haber tomado el dinero sin pensar en las consecuencias... ¡por favor, devuélvemelo!
-¡Se los juro que yo no lo tengo! –repite Marina.
-¡Marina, por favor! –ruega Boris.
-¡Entiéndelo! –ruega Hugo- el futuro depende que le regrese ese dinero a los inversionistas... si lo tienes... ¡damelo! –y se acerca a ella.
Marina automáticamente da un paso atrás y al hacerlo cae aparatosamente por las escaleras.
-¡Marina! –grita Boris.
-¡Marina! –grita Hugo.
Y ambos llegan al pie de las escaleras donde yace Marina inconsciente.
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Residencia Rebeca.
-Eloisa salió muy temprano esta mañana y no me dijo para dónde iba –Rebeca.
-¿A la calle temprano? Qué raro, ella siempre duerme muy tarde... ¡parece foca embarazada!
Ambos ríen.
-¿No te parece extraño su comportamiento en los últimos días?
-¿Crees que... nos oculta algo? –Rebeca.
-¡No lo sé! Pero creo que debe estar tras Alcides y no nos lo quiere decir.
-¡Más que Alcides, yo diría que está tras su dinero! Por cierto... de dónde habrá sacado Alcides tanto dinero.
-¡No lo sé! Pero tendremos tiempo para averiguarlo, Eloisa puede interrogar a Alcides para que nos diga de dónde sacó su fortuna.
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Casa Obregón.
-¿Qué parte no te quedó clara, Alcides? Anoche te dije que no te quería volver a ver nunca más.
-¡Tú no quieres volver a verme pero yo sí quiero volver a verte a ti! Yo no pensaba molestarte Soledad, sólo admiraba tu belleza desde la lejanía, en eso apareció tu padre.
-¡Ya escuchó a mi hija! Lárguese y no vuelva, ella tiene quien la cuide.
Alcides mira a Eloisa.
Soledad se da cuenta y se extraña.
-¡No pienso renunciar a ti!-sigue Alcides.
-¡Eres un desvergonzado Alcides de Medina! –grita Eloisa de pronto- ¡un miserable!
-¡Eloisa, no entiendo por qué te metes! Ese es un asunto entre Soledad y yo.
Y Soledad abre los ojos como platos al ver que Eloisa corre a darle bofetadas a Alcides.
-¡Me meto porque Soledad es mi amiga y no se merecía que la humillaras cómo lo hiciste en esa fiesta! –grita Eloisa fuera de sí- ¡que te quede muy claro, Alcides, que no solamente su familia sino yo también te voy a enseñar a respetar a las mujeres.
Y ante la mirada estupefacta de Úrsula, Soledad y Lucas, Eloisa le da dos bofetadas a Alcides.
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Hacienda Montenegro.
-¡Felipe! –grita desesperado Hugo- ¡Felipe, busca al doctor Max inmediatamente! ¡rápido!
-¡Señor, no responde! –se desespera Boris.
En ese momento llegan Daniel, Michelle y Andrés.
-¡Un momento! –lo reconoce Hugo- ¡usted es el doctor que atendió ayer a Soledad!
-¡Exactamente, permítame revisarla! –Daniel corre al lado de Marina.
-¿Cómo fue que se cayó? –Michelle.
-¡Perdió... el equilibrio y cayó por las escaleras! –Hugo sin aire.
-¡Dígame que estará bien! –Boris desesperado.
-¡Tranquilo! –le ordena Daniel- ¡permítame trabajar! Por favor.
-¡Sí, señor! –llora Boris.
Michelle y Hugo se miran.
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Casa Obregón.
El teatro sigue- ¡Eres un egoísta, Alcides! Siempre haciendo daño, siempre pensando sólo en ti.
Alcides se frota la mejilla.
Soledad se acerca a Eloisa- ¡Eloisa, gracias pero fue suficiente!
-Eloisa tiene razón, yo merezco esto y mucho más –Alcides.
-¡Además, eres un cínico! –Eloisa.
-¡Retírese porque no quiero ser violento! –Lucas.
(ahahaha!
Qué haría el pobre Luquitas contra Alcides?)
-¡Escúchame, Soledad! Te reitero, no quería molestarte, yo vine porque quería dejarte esto debajo de la puerta –y le entrega unos papeles- es una citación para que nos veamos en la oficina del juez.
Soledad toma los papeles- ¡Ya te dije lo que te tenía que decir! No tenemos nada más que hablar.
-Por favor no faltes, es muy importante –y se despide- ¡que tengan buen día! Con permiso.
Alcides se marcha.
-¡Gracias por ayudarme, Eloisa! –le sonríe Soledad sinceramente- ¡muchas gracias!
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Mina.
Elena se viste para trabajar en la mina.
Pero a Guillermo no le agrada la idea.
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Hacienda Montenegro.
Hugo se pasea nervioso de un lugar a otro con un trago en la mano.
Michelle aparece.
-¿Cómo está Marina?
-¡Daniel la está atendiendo! –Michelle lo mira con ojos que dicen que le gusta Hugo y mucho.
Hugo le sonríe – Michelle, te debo una disculpa, el día que viniste a buscarme... ¡me porté grosero contigo! Espero sepas entender que estaba... alterado.
-¡No tienes que explicarme nada! Horas después que nos conocimos fui a la fiesta... –le sonríe - ¡y por eso entendí que me trataras así! Estabas pasando por muy mal momento.
Hugo suspira sin sonreírle de vuelta- ¡Recuerdo que me comentaste acerca de la catalepsia!
-¡El doctor que está atendiendo a Marina se llama Daniel Von Sirak! –le anuncia Michelle.
Hugo queda estupefacto.
-¿Te es familiar su apellido? –Michelle.
Hugo se apoya en el escritorio- ¡El hijo de Ernest Von Sirak! –suspira sin creerlo- ¡lo hemos estado buscando por medio mundo después que asesinaron a su padre!
-¡Daniel y yo tenemos algo muy importante que decirte acerca de la cura catalepsia!
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Habitación Marina.
-¿Qué le sucede a mi esposa doctor, se va a morir? –Boris desesperado.
Daniel trabaja- ¡Por favor tiene que tener paciencia! Estoy haciendo todo lo que puedo... ¿me podría traer una sabana? ¡gracias!
-¿Para qué todo eso? ¡qué va a pasar con mi esposa y mi hijo! ¿se van a recuperar?
Daniel lo ignora y atiende a Marina.
Boris sale a buscar lo que le pidió.
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Mina.
Guillermo convence a Elena que no puede trabajar en la mina.
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Casa Obregón.
-¡Soledad, no sabes cómo me sentí cuando te humillaron así en la fiesta! –Eloisa- ¡se me arrugó el corazón viéndote sufrir tanto! Pero de ahora en adelante sabes perfectamente que cuentas conmigo para todo, Soledad.
Soledad le sonríe agradecida- ¡Gracias! Sé que puedo contar contigo, ahora me voy a arreglar, quiero saber qué es lo que Alcides se trae entre manos.
-¿Te acompaño? Alcides no me inspira confianza.
-A mí tampoco no me inspira confianza, pero yo no creo que se atreva a hacer algo en la oficina de un juez –la abraza- ¡me voy!
-¡Cuídate! –le pide Eloisa.
Soledad la deja sola.
Antes de marcharse Eloisa escucha una conversación entre Antonia y Ester.
-¡Tienes que prometerme que no vas a decirle a nadie lo que te voy a decir, Ester! Ni a Lucas.
-¡Te lo juro, Antonia! Pero ya me tienes nerviosa.
-¡Las personas que llegaron a la casa del doctor Max el otro día, una tal Michelle y el doctor Daniel Von Sirak, dijeron que la Orquis Vivantis, la orquídea que Soledad está cultivando en el jardín es la cura para la enfermedad de Aurorita!
Eloisa se pone tensa.
-¡Qué! –se sorprende Ester.
Eloisa sonríe con maldad.
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Hacienda Montenegro.
-¿Me estás diciendo que lograste curarte de la catalepsia? –se fascina Hugo.
-¡Sí, así es! Cuando sufrí mi último ataque, el padre de Daniel me aplicó una sustancia que al combinarse con mi sangre me curó –sonríe feliz.
Hugo la mira como si fuera un milagro.
-¡Daniel lo descubrió hoy! Es un extracto de la Orquis Vivantis.
Hugo a punto de las lágrimas sonríe fascinado- ¡El viejo Von Sirak me habló de esa flor! –le sonríe feliz - ¡entonces estaba en lo cierto! La catalepsia tiene cura –y no puede suspirar y tratar de no llorar- ¡Eso significa que mi hija y yo podemos curarnos!
Michelle se pone seria - ¡No se trata sólo de la flor, Hugo!
Hugo deja de sonreír.
-Antes de poder experimentar el compuesto contigo o con tu hija, es necesario hacer algunos estudios... ¡el secreto de la cura está en un componente especial de la sangre!
-¡Escúchame, Michelle! ¡yo haré lo que me digan!-Hugo con el corazón- ¡Encantado de la vida haré lo que me digan... con tal de salvar a mi hija haré lo que sea!
-¡Lo mejor de todo es que también encontramos la flor! –le cuenta Michelle.
Hugo la mira incrédulo, pero pierde toda alegría al ver llegar a Boris con los ojos rojos, callado.
Michelle ve la mirada de Hugo que se ensombrece y se da la vuelta para mirarlos.
Detrás de Boris, llega Daniel con la mirada baja y triste.
Hugo se levanta lentamente- ¿Cómo está Marina?
-¡Bien, don Hugo! –Boris con la voz entrecortada, y luego de un silencio- ¡El bebé murió!
Michelle queda impresionada y sufre.
Daniel suspira.
-¡Don Hugo!... perdimos a nuestro bebé... ¡don Hugo! –llora Boris.
Y Hugo con los ojos rojos se acerca a él y lo abraza muy fuerte.
Y Boris llora sin consuelo y Hugo llora con él.
Michelle llorando se acerca a Daniel, que mira la escena triste.
-¡Se murió don Hugo! –repite Boris una y otra vez.
-¡Tranquilo! –Hugo acerca su frente a la de Boris.
Y ambos quedan un rato así.
-¡Marina me necesita! –se separa Boris.
-¡Sí, claro, ve con ella!
Y Boris se retira.
Y Michelle mira con pena como Hugo, al quedar solo con ellos, llora abiertamente.
-¡Ese hombre, más que mi fiel sirviente, es mi hermano! -les cuenta Hugo en sollozos.
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Habitación Marina.
Marina mira con odio a Boris- ¡Si no me hubieras pedido que volviera yo no hubiera perdido a mi bebé! –le acusa.
-Marina.
-¡Tú pensaste que me había robado ese dinero!
-¡Anoche cuando huías de la casa pensabas llevarte ese maletín y yo creí... te juro que...!
-¡Vas a seguir jurando! Por culpa de Hugo de Medina yo me caí de las escaleras –acusa Marina- ¡por culpa de ese señor mi bebé se murió!
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Sala.
-¡Perder un hijo de esa manera! –Michelle llora- ¡qué horrible debe sentirse esa pobre mujer!
Hugo mira a lo lejos.
-¡Hice lo que pude por salvar al bebé! –se excusa Daniel- ¡pero... el golpe fue muy fuerte!
-¡Yo debí ser más rápido y agarrarla cuando perdió el equilibrio! –se culpa Hugo- ¡pude salvarla! –y luego mira a Daniel y le agradece- ¡gracias doctor Von Sirak!
-¿Ya sabe quien soy entonces? –se acerca- Michelle... ¿le dijiste lo que necesitamos hacer?
-¡Sí, ella me explicó! –Hugo.
-¡Sí, está dispuesto a someterse a todas las pruebas que consideres necesarias, Daniel!
Hugo se repone- ¡Quiero saber cuánto antes si mi hija y yo tenemos en la sangre ese componente especial del que habló Michelle! ¡cuánto antes! –y de pronto recuerda- ¿dónde dices que encontraron la flor?
-¡En la casa de Soledad de Obregón! –le cuenta Daniel.
Y Hugo queda impactado por la noticia.
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Casa Obregón.
En ese momento Eloisa riega las flores con combustible y les prende fuego.
-¡Lástima que no sea agua lo que les di de beber, florecitas! –ríe con maldad infinita y huye.
Lucas sale y ve el fuego- ¡Antonia, Ester, fuego! Traigan agua.
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Poder Judicial.
-¡Buenos días, señor juez! –entra Soledad.
El juez y Alcides se levantan y la reciben- ¡Buenos días!
-Tome asiento –el juez.
-¿Para qué querías verme aquí delante del señor Juez?
-¡Porque quiero demostrarte que he cambiado! Que soy un hombre diferente... ¡señor juez! ¿me permite? –toma unos papeles- ¡Soledad, este documento es nuestra acta de divorcio! Y este otro documento es mi renuncia a la paternidad de tu hija Aurora.
Soledad queda boquiabierta y lee los documentos - ¿Esto qué quiere decir/
-¡A partir de este momento eres una mujer libre para hacer lo que te dicte tu corazón! –le anuncia orgulloso Alcides.
Solo lo mira incrédula.
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FIN DEL CAPITULO!!!!!!!!!!!!
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AVANCE.
Hugo tiene un ataque de catalepsia en prisión.
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