LA TRAICION 072 – ¡MUERTE! – jueves 8 de mayo de 2008

Con Mario Cimarro y Dana García
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Mabouchita
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LA TRAICION 072 – ¡MUERTE! – jueves 8 de mayo de 2008

Postby Mabouchita » Sun May 11, 2008 11:58 pm

LA TRAICION 072 – ¡MUERTE! – jueves 8 de mayo de 2008

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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez

Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano


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Casa Obregón.
En ese momento Eloisa riega las flores con combustible y les prende fuego.
-¡Lástima que no sea agua lo que les di de beber, florecitas! –ríe con maldad infinita y huye.
Lucas sale y ve el fuego- ¡Antonia, Ester, fuego! Traigan agua.

(Como dice la amiga JeanB, es muy simpático que Lucas se quede quieto y grite para que Antonia y Ester traigan agua!! :-D )

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Poder Judicial.
-¡Buenos días, señor juez! –entra Soledad.
El juez y Alcides se levantan y la reciben- ¡Buenos días!
-Tome asiento –el juez.
-¿Para qué querías verme aquí delante del señor Juez?
-¡Porque quiero demostrarte que he cambiado! Que soy un hombre diferente... ¡señor juez! ¿me permite? –toma unos papeles- ¡Soledad, este documento es nuestra acta de divorcio! Y este otro documento es mi renuncia a la paternidad de tu hija Aurora.
Soledad queda boquiabierta y lee los documentos - ¿Esto qué quiere decir?
-¡A partir de este momento eres una mujer libre para hacer lo que te dicte tu corazón! –le anuncia orgulloso Alcides.
Soledad lo mira incrédula y mira los papeles indecisa.
-Si firmas los documentos tendrás el camino libre –Alcides.
-¿Cuál es tu verdadera intención, Alcides? –Soledad con profunda sospecha lo mira- ¿por qué estás haciendo esto? –y tira los papeles sobre el escritorio.
-¡Porque no quiero intervenir ni en tu vida ni en tus decisiones! Porque el único propósito que tengo en mi vida es lograr que me ames algún día, Soledad.
Soledad lo mira y luego con urgencia toma los papeles de vuelta y se dispone a firmar.
Pero duda... y no lo hace- ¡Es que hay algo que no está bien! ¿qué es? –lo mira con dudas.
-¡Ya te dije que he cambiado! Te lo estoy demostrando con hechos... no con palabras que he cambiado, que soy un hombre distinto Soledad.
Soledad mira al Juez como pidiendo ayuda.
-Soledad, si firmas los documentos no solamente vamos a estar divorciados, sino que tu hija no estará registrada como mía.
-¡Señor Juez! –ruega Soledad- usted es un hombre honorable... ¿es verdad lo que está diciendo Alcides?
-¡Completamente cierto! Esos documentos son legales, yo mismo los redacté a petición del señor don Alcides, por eso estoy aquí, para validarlos.
Y Soledad mira a Alcides sorprendida.
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Casa Obregón.
-¡Antonia! –grita Lucas desaforado- ¡Ester! ¡Agua! –y de pronto ve a una persona encapuchada que huye- ¡esa persona fue quien lo hizo! –y sigue gritando- ¡se queman las flores, agua!

( :-D )
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Hacienda Montenegro.
Hugo está impactado - ¡Las flores para la cura de la catalepsia están en casa de Soledad!
-¡Sí! –Daniel- ¡En el jardín de esa casa hay muchas de ellas!
Hugo queda sin palabras.
-¡Es verdad! Venimos de ahí –Michelle- ¡las vimos! Por cierto, es un jardín precioso –suspira.
-¿Pero cómo? ¡cómo supieron dónde buscarlas!
-¡Por Antonia! La tía de Soledad vio el dibujo en uno de los libros de mi padre e inmediatamente la reconoció.
Hugo suspira otra vez sorprendido ante tanta buena noticia- ¡Qué ironía! Yo contraté a personas que en este momento están buscando esa flor en todas partes del mundo... ¡y resulta que están aquí, en San Marino! ¡y en casa de los Obregón!
-¡Significa que te puedes curar de la catalepsia! –festeja Michelle.
-¡Perdón, Michelle, no te adelantes! - Advierte Daniel- recuerda que necesitamos comprobar que la sangre de Hugo tiene el mismo componente especial que la tuya.
-¡Doctor, tenemos que hacer esos exámenes cuanto antes! –Hugo lleno de ilusión- ¡mi hija tiene que curarse! –y de pronto mira lleno de amor a lo lejos- ¡Soledad se va a poner muy alegre cuando sepa que nuestra hija...! –y se le corta la voz de la emoción- ¡Qué nuestra hija se va a curar!
Michelle lo mira enternecida.
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Poder Judicial.
El juez pone todos los sellos necesarios.
-¡Entonces ya eres una mujer libre! –anuncia Alcides.
-¡Una para usted, y la otra para usted señora de Medina!-El juez entrega los papeles a una alelada Soledad- perdón... de Obregón –corrige.
Esto recuerda a Soledad- ¡Sabes muy bien que seguimos casados ante la Iglesia! Porque este papel sólo anula nuestro matrimonio ante los hombres pero no ante la ley de Dios.
Alcides la mira como si sinceramente no hubiera pensado en eso.
-Bueno... –interviene el juez- existen algunos procedimientos para pedir la anulación al Vaticano.
-¡Lo sé! –Soledad- ¡cuando un matrimonio no se ha consumado se le puede pedir a las autoridades pertinentes que lo anulen! ¿no es así?
El juez asiente.
-¡Nuestro matrimonio no se ha consumado, señor Juez! ¡nunca fui su mujer!
Alcides baja la cabeza.
-¿O estoy diciendo mentiras, Alcides? –lo presiona Soledad.
-¡Soledad tiene razón, señor Juez! –admite Alcides- ¡ella nunca fue mía! ¡nuestro matrimonio no está consumado!
El señor Juez abre los ojos como platos- ¡Bueno! Siendo así, y con la anuencia de ustedes, voy a hacerle la solicitud correspondiente al señor Obispo.
-¡Sí, por favor, hágalo cuanto antes! –pide Alcides.
Soledad suspira sorprendida- ¡No sé si debo agradecerte o...!
-¡O despreciarme! –Alcides pierde toda sonrisa- ¡es lo que siempre has hecho conmigo desde que era un niño!
Soledad calla y lo mira triste.
-¡Al menos ahora deberías darme el beneficio de la duda! –pide Alcides- ¡creer en mis buenas intenciones!
-¡Gracias Alcides! –Soledad es sincera.
Alcides sonríe - ¡De nada! Yo sé que algún día entenderás lo terrible que me siento al haber firmado estos documentos, renunciar a ti es renunciar a lo más hermoso que me ha pasado en la vida.
Soledad suspira y se retira- ¡Con permiso, muchas gracias!
Alcides y el Juez se levantan.
Antes de salir Soledad mira largamente a Alcides.
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Hacienda Montenegro.
-¿Cómo puedes pensar que don Hugo haya sido el culpable de la muerte de nuestro hijo? –Boris con dolor.
-¡Yo no pienso, yo lo viví, él me empujó! –Marina llena de odio.
Boris sonríe triste- ¡No, Marina, yo estaba ahí, él no hizo nada! – y recuerda la caída- ¡al contrario, él te suplicó, él te imploró!
-¡Él me tomó de las manos para que yo no pudiera sujetarme y me tiró por las escaleras!
Boris llora- ¡No, Marina! Todo fue un lamentable accidente, tú retrocediste y... ¡Marina, don Hugo no tuvo nada que ver! No alcanzó a darte la mano... ¿no entiendes?
-¡Eres el lamebotas de don Hugo! –le acusa Marina con odio- ¡acabamos de perder a nuestro bebé y tú lo único que haces es defenderlo! ¡te aborrezco con toda mi alma!
Boris la mira con espanto y llora.
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Sala.
Hugo feliz con una copa en la mano festeja- ¡Quiero que primero se le haga el análisis de sangre a mi hija! –y bebe.
-¡Eso es muy peligroso, Hugo! –advierte Daniel- ¡sólo ha dado resultados con Michelle, nunca se ha probado en bebés y no voy a poner en peligro la vida de la niña!
-¿En riesgo? –Hugo lo mira triste- ¡doctor, mi hija vive en riesgo desde antes de nacer!
Michelle se acerca y le toma la mano- ¡Entiendo tu impotencia, Hugo! –lo consuela- no olvides, yo sufrí esa enfermedad hasta que fui curada.
Hugo la mira como si ella fuera su alma gemela.
-Primero te hacemos el análisis de sangre a ti, y según los resultados... lo hacemos con ella después.
-¡Para eso necesitaremos la autorización de la madre! –recuerda Daniel.
-¡Yo me encargo de hablar con Soledad! –promete Hugo- ¿dónde haremos los análisis de sangre?
-¡En el laboratorio del doctor Maximiliano! Él está de viaje y nos permitió trabajar allí... ¿nos vemos en una hora?
-¡Perfecto! –acepta Hugo.
Daniel y Michelle se disponen a marcharse.
-¡Doctor Sirak! –lo llama Hugo.
Daniel se detiene y lo mira.
-¡Muchas gracias! –agradece Hugo.
Daniel se marcha.
Michelle queda atrás y le sonríe a Hugo.
-¡Michelle! –se acerca Hugo galante y le toma la mano y se la besa sin sacarle los ojos de los ojos- ¡muchas gracias!
Y Michelle, como fascinada se separa lentamente y luego antes de marcharse, lo mira varias veces.
Y de pronto Hugo se queda mirándola intrigado y sorprendido.

Tu silencio es el único perdón
Ya no queda más palabras entre tú y yo

(no me gusta para nada esta musiquita!! :-x)

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Casa Obregón.
Con mucho esfuerzo, Ester, Antonia y Lucas logran apagar el fuego.
-¡Gracias a Dios, no pasó nada grave! Afortunadamente el incendio fue aquí –Ester- ¡y no dentro de la casa!

(Ay Estercita... otra vez?? :shock: )

Pero Antonia está sin consuelo- ¡Las flores del jardín de Soledad! Ella que las cuida con tanta dedicación todos los días... ¡pero aunque llegó el verano, no veo ramas secas por ninguna parte! ¿por qué se quemaron? ¡esto es muy extraño!
-¡No fue un accidente! Alguien lo hizo –Lucas.
-¿Qué dices? –Ester.
-¡Sí, Ester! Yo estaba aquí en el jardín, vigilando que no regresara Alcides, cuando de pronto vi que alguien... ¡alguien pasó, iba escapando, no pude reconocer si era hombre o mujer porque llevaba la cabeza tapada! Aunque me parece que... sí era... una mujer... ¡por la forma de correr!
-¡Estás diciendo que alguien intencionalmente le prendió fuego a las flores! –se escandaliza Antonia y se enoja furiosa- ¡Lucas, por Dios! –y se marcha enojada.
Ester queda con Lucas- ¡Lucas, mírame! ¿tú serías capaz de causar ese incendio? ¡serías capaz de quemar la casa!
-¡Estás loca Ester! ¿cómo crees? ¡Cómo puedes pensar que yo pueda quemar la casa!
-¡Por celos! Porque sabes que la casa era de Jeremías... dime la verdad... ¿lo harías?
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Residencia Rebeca.
-¡Ay! –sola festeja Eloisa- ¡quemadas las flores ya no existe posible cura para la catalepsia! Lo siento tanto por ti y por tu hijita, Hugo... –y ríe con venganza- ¡voy a tener que pasarle la factura a Alcides, me va a tener que pagar mucho dinero por los dos favorcitos que le hice hoy!
En ese momento Rebeca y Paquito irrumpen.
-¿Dónde te habías metido tan temprano? –Rebeca.
-¡Con una amiga! –Eloisa.
-¡No seas ridícula! –Paquito- ¡nosotros somos tus amigos! Te desapareciste y te estás comportando muy rara.
-¿Qué pasa? –Rebeca.
-¡Ya basta! –grita Eloisa- ¿no tienen nada que hacer que andarme espiando?
-¡Tú nos ocultas algo! Mírala Rebeca, yo creo que tiene nombre y apellido... ¿Qué negocios estás haciendo con Alcides?
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Casa Obregón.
Soledad sigue mirando los papeles sin poder creerlo cuando llegan a la casa en un carruaje.
-¿Don Alcides hizo esto? –Úrsula con el bebé- ¡si no estuviera viendo esos documentos no lo creería!
-¡Firmó la anulación del matrimonio! –Soledad revisa los papeles por enésima vez- ¡y también renuncio a la paternidad de Aurora! Creo que ahora soy una mujer libre –mira a Úrsula.
-¿Usted cree que cambió?
Soledad mira a lo lejos y sonríe con amargura- ¡Un hombre que es capaz de enterrar vivo a su hermano yo creo que no cambia de la noche a la mañana!
-¡Bueno, mejor ser una madre soltera que tener a ese señor como padre de Aurora y como esposo! –suspira Úrsula- ¿no cree?
-Solamente me falta anular el matrimonio por la iglesia y... ¡entonces seré una mujer libre del todo!
-¿Qué piensa hacer ahora?
Soledad se pone muy triste- ¡Por qué! ¿por qué me tenía que hacer tanto daño con esta venganza? Si todo pudo haber sido tan distinto... ¡éramos tan felices cuando estábamos juntos! –y empieza a llorar y mira a su bebé -¡Aurora es producto de ese amor y yo siento que no queda nada!
-¡Mi niña, el tiempo lo cura todo! Dele tiempo a su corazón para que sane, cuando todas esas heridas sanen usted va a poder ser feliz otra vez.
-¡Yo siento que ya es muy tarde!
-¡No, no es tarde! Mire... de repente más adelante don Hugo pueda...
-¡Por favor, no me hables de Hugo! ¿si? ¡no te das cuenta que todavía sigo enamorada de él! –llora.
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Hacienda Montenegro.
Boris llora y se arrodilla a los pies de la cama donde está Marina que no derrama una sola lágrima.
-¡Marina! Lo que nos pasó fue un lamentable accidente... comprendo tu furia, tu dolor, porque yo mismo estoy sufriendo por dentro, Marina.
Marina mira a lo lejos.
Hugo aparece en la puerta y los ve.
-¡Lo siento mucho, Marina! -Boris.
Hugo golpea a la puerta y entra y se sienta al lado de Boris- ¡Marina, quiero que sepas que tienes todo mi apoyo! Que sepas que siento mucho lo que ocurrió.
Marina llora de rabia- ¡Lárguese!
Hugo suspira y obediente se dispone a marcharse.
-¿A usted alguna vez le han arrancado a un hijo de las entrañas? –lo detiene Marina.
Boris llora.
Hugo se detiene y la mira.
-¡No! ¿verdad? –sigue Marina- ¡entonces no puede saber cómo me siento! Porque eso es lo que me acaba de pasar a mí... ¡yo perdí a mi bebé! –y de pronto lo acusa- ¡usted lo mató!
Hugo se pone pálido y pone una mano sobre Boris -¡Marina! Estás confundida... yo traté de evitar que cayeras por las escaleras.
-¡Usted me empujó por las escaleras porque usted pensó que yo le había robado el dinero de los inversionistas de la mina! –llora.
-¡No, Marina! –ruega Boris- ¡fue culpa mía! ¡yo pensé que...!
-¡Tú no piensas! –ríe Marina con burla- ¡Tú no piensas, tu te has pasado toda la vida obedeciendo a tu amo y señor como un perro fiel!
Hugo la mira espantado como si la viera por primera vez.
-¡Lárguense de aquí! –les grita Marina- ¡lárguense juntitos de aquí y déjenme sola!
Hugo, en silencio, se levanta y ayuda a Boris a levantarse y se lo lleva. Ambos retroceden mirando a Marina con pena y espanto.
Marina queda sola con su rabia y odio.
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Casa Obregón.
-¡Tienes una mente diabólica! ¿cómo puedes pensar siquiera por un momento que yo quiera quemar esta casa?
-¡Porque ahora odias a quien fue tu mejor amiga! Porque te conté que fui amante de Jeremías antes que naciera Soledad, por eso.
-¡Qué equivocada estás! A mí no se me olvida que este es el lugar, el hogar donde nació Soledad.
-¡Quieres vengarte porque no crees que Soledad es hija tuya! ¡sigues pensando que Soledad es hija de Jeremías! Dime qué tengo que hacer para que me creas.
-¡Estás loca, Ester! –y se acerca a Antonia- ¿qué yo quiero quemar...?

(Y desde cuando Antonia sabe lo de Jeremias :-? ??? )

-¡Ester! –vuelve Antonia- ¡Lucas no puede ser el causante de este fuego y lo sabes perfectamente bien! -la acusa.
-¿De qué hablas?
-¡Te conté el secreto de las flores! Alguien quiere hacerle daño a Soledad y lo logró.
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Residencia Rebeca.
-¡Yo no tengo negocios con nadie y menos con Alcides de Medina! –grita Eloisa- ¡ya déjenme en paz!
Pero Paquito y Rebeca la agarran del cuello con violencia- ¡Adonde crees que vas! Nos debes una explicación.
-¿Sabes de dónde sacó el dinero Alcides?
Y ambos la sacuden de un lado a otro.
-¡Habla de una vez!
-¡Me estás arrancando el cabello! –y muerde la oreja a Paquito que grita de dolor y la suelta.
-¡Patético! –Rebeca.
-¡Me tienen cansada ustedes dos, harta!
-Estás detrás de la fortuna de Alcides- Paquito.
-¡Creo que llegó la hora de irme de esta casa! –grita Eloisa.
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Casa Obregón.
-¿Quién puede hacer daño quemando esas flores? –Lucas- ¡es un simple jardín! No es para tanto.
Antonia y Ester se miran
-Además pienso que quien lo hizo fue porque leyó en los periódicos las barbaridades que dicen de mi pequeña Soledad –sigue Lucas- y entonces quiso quemar esas insignificantes flores.
Pero Antonia y Ester parecen en un velorio.
-¿Qué les pasa, por qué se quedan tan calladas? –Lucas.
-¡Lucas! –Antonia- ¡hay algo que tú no sabes!
-¿Qué?
Detrás llega Soledad y los escucha.
-¡Hay un doctor que descubrió que esa flor era el remedio que cura la enfermedad que tiene Aurorita!
Soledad y Úrsula se quedan pálidas al escucharla.
-¡Qué! –grita Soledad- ¡qué fue lo que dijiste, tía!
Y Antonia la mira llorando.
-Daniel Von Sirak, es un doctor que vino a la ciudad, descubrió que la flor que tú tenias en el jardín y que manos extrañas destruyeron podría salvar a tu hija de la enfermedad que tiene.
Soledad la mira espantada.
-¡Se supone que no debería decírtelo, todavía! Que era un secreto, Soledad.
-¡Antonia, tarde o temprano se iba a enterar! –Ester.
-¡Úrsula, por favor, lleva a la niña a la casa! –ordena Soledad y le entrega los papeles del divorcio- ¡Papá! ¿es verdad lo que están diciendo?
-¡Sí! –duda Lucas- es verdad.
Soledad se desespera- ¡Ahora entiendo, Enrico me decía que tenía que cuidar esa flor, porque esa flor iba a salvar la vida de alguien! ¡y se refería a la vida de mi propia hija! –y de pronto decide- ¡tenemos que encontrar a ese doctor! ¿dónde está?
-¡Es el médico que te atendió cuando te desmayaste, Soledad, está en casa del doctor Max! –Antonia.
-¡Vamos! –grita Soledad- ¡vamos a buscarlo inmediatamente!
Antonia y Lucas salen corriendo con ella.
Ester queda atrás.
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Hacienda Montenegro.
-Boris, no tengo palabras para expresar... lo mucho que siento por lo que le acaba de pasar a tu esposa – y ambos caminan rumbo a la sala.
Boris parece un alma en pena.
Hugo se detiene y le mira a los ojos- ¡Créeme! Créeme que entiendo mucho su dolor.
-Usted hizo todo lo posible, señor... ¡mi esposa es una mujer joven y creo que pronto vamos a tener más hijos! –Boris con profundo dolor.
Hugo lo mira triste.
-¡Señor, ya casi va a ser mediodía! –de pronto se asusta Boris- ¡Qué va a hacer con el dinero de los inversionistas! Marina no lo robó, me lo hubiera dicho... ¡tal vez haya sido otra persona!
-¡Quien haya sido entró a esta casa sin que nos diéramos cuenta!
-Ha de haber sido ayer, señor, la hacienda estaba sola... ¡don Arturo de Linares quedó en regresar con todos los inversionistas! –y Boris se apena- ¿qué va a hacer, señor, qué le vamos a decir?
Hugo suspira y le pone una mano al hombro- ¡No sé, amigo! No lo sé, no tengo tanto efectivo... ¡no sé qué hacer!
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Mina.
-¡Ya se terminó el plazo que le di a Hugo de Medina para que nos pague! Tremendo estafador... ¡decir que le robaron nuestro dinero!
-¿Pero si en la mina hay oro? –duda Manrique- ¿y si no se tratara de un fraude?
-¡Perdón! Yo que ustedes le preguntaría a ese señor que trajeron y que tienen metido en la mina y que está esperando.
-¿De qué demonios está hablando Burke? –Arturo enojado.
Un hombre sale.
-¡Señor, qué hace usted dentro de la mina! Esto es propiedad privada –grita Arturo.
-¡Mi nombre es Adolfo Prieto! Y fui contratado para estudiar la mina... y verificar si en realidad allí hay una veta de oro... ¡y ya terminé mi trabajo!
-¿Contratado por quien? –grita Arturo- ¡le exijo una explicación!
-¡No tengo idea de quien me contrató! Contrataron a la empresa que represento y ella me comisionó para verificar la mina... ¡señores! Les puedo garantizar que allá adentro no hay un gramo de oro, solamente hay tierra y de la peor.

(hum... habrá sido Alcides... :-? el único!!)

Guillermo se desmaya.
El hombre se marcha.
-¡No sé quien lo contrató, pero nos terminó haciendo un favor! –Arturo-¡nos demostró que fuimos engañados! Caballeros, llegó la hora que Hugo de Medina pague por lo que nos hizo... ¡vamos! –grita Arturo.
Y los hombres lo siguen.
-¡Te lo dije, gatito, en esta mina no hay oro! –Elena trata de despertar a Guillermo.
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Casa Alcides.
Alcides llega a su casa ( :grin: es pleno día, pero las velas están prendidas!)

-Alcides, llevo rato esperándote –aparece Eloisa.
Alcides no parece nada contento de verla- ¡Quedamos en que nadie puede vernos juntos! ¿qué haces aquí?
-¡No te preocupes, nadie me siguió! No soy tonta... vengo a contarte mi gran hazaña de hoy.
-¡Todos quedaron impresionados con las cachetadas que me diste frente a Soledad! –admite Alcides y come algo.
Eloisa ríe divertida- ¡No puedes negar que soy una gran actriz! –y Eloisa finge- ¡Alcides de Medina eres un desgraciado miserable!
Alcides no sonríe y la mira amenazador, tal vez recordando a Beatriz ( :eek: )
-¡Ya, era una broma! –ríe Eloisa- vine a contarte que descubrí que existe una flor, una orquídea que cura la catalepsia, la enfermedad de tu hermano Hugo y su hija.
Alcides toma cerillas y decide prender más velas ( :grin: a pesar que es pleno día hahaha) -¿Dónde escuchaste eso?
-¡Llegó un médico a la ciudad con esa información! –anuncia Eloisa- ¡pero no te preocupes! Ya me hice cargo –triunfante- ¡la flor se encontraba en el jardín de Soledad! –ríe con maldad- ¡Así que la incendié! –festeja- ¡quedó achicharrada! Y vine por mi recompensa -y extiende la mano pidiendo dinero.
Pero Alcides se da la vuelta lentamente sin sonreír.
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Laboratorio Dr. Max
Michelle se pasea pensativa, acariciando su larga cabellera rubia.
Daniel trabaja.
Y Michelle recuerda el beso de Hugo en su mano y su voz diciéndole gracias y suspira.
-¡Dicen que un suspiro es aire que sobra... o alguien que falta! –sonríe Daniel- me imagina en quien estás pensando.
-¡Sí, en él! –admite Michelle- ¡Hugo me inspira ternura y confianza! Creo que es un hombre buenos sentimientos.
Daniel levanta las cejas.
-¿Viste cómo se conmovió con su empleado, por lo que le pasó a la mujer que perdió a su hijo?
Daniel asiente.
Michelle suspira- ¡No puedo entender por qué le hizo tanto daño a Soledad!
-¡Ya está lista la preparación, Danny! –aparece Andrés.
-¡Perfecto! Sólo falta que llegue Hugo para sacarle la muestra de sangre.
-¡Doctor! –Soledad entra como una tromba seguida de Antonia y Lucas- ¡buenos días!
-¡Buenos días! –y Daniel corre a recibirla y a besarle la mano- ¡permítame presentarme! Mi nombre es Daniel Von Sirak, hijo de Ernest Von Sirak... y ella es Michelle Phillips.
-¡Hola Soledad! Me da gusto volver a verte, después de todo lo que pasó en esa fiesta y lo que dijiste me declaro tu admiradora –le sonríe Michelle- ¡fuiste un verdadero ejemplo de valentía para todas!
Soledad se sorprende.
Daniel se da cuenta de Lucas- ¡Caballero, disculpe, Daniel Von Sirak! Mucho gusto.
-Mucho gusto –se dan la mano- ¡el papá de Soledad!
-¿Pasa algo? –de pronto se da cuenta Daniel- por lo visto ya se enteró –mira a Soledad.
-¡Doctor, ya sé que la flor que tenía en mi jardín era la cura para la catalepsia! –con urgencia- ¡me lo dijo mi tía Antonia! Pero eso no es lo que importa ahora... ¡doctor, yo necesito saber! –le ruega- ¡dígame si eso es verdad!
-¡A ver, Soledad! Un momento –interviene Michelle- ¿cómo dices... que la flor era la cura? ¡claro que lo es!
-¡Alguien quemó las flores que tenía en el jardín! –con desesperación- ¡no quedó una sola flor viva, doctor!
Michelle y Daniel quedan estupefactos.
-¿Hay esperanza para mi hija? –pregunta Soledad con un hilo de voz.
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Hacienda Montenegro.
-¡Qué pasa! –Hugo baja las escaleras- ¿qué es ese escándalo?
Boris saca la pistola.
-¡Hugo de Medina, abre esta puerta o yo mismo me encargaré de derribarla! –grita Arturo.
-¡No salga, patrón! Ese hombre viene dispuesto a matarlo, sino le entrega el dinero, y no lo tenemos.
-¡Tengo que darles la cara! – y Hugo abre la puerta.
-¡Ya es mediodía y el plazo se venció! –entra Arturo seguido de varios hombres- ¿Tienes nuestro dinero o vas a insistir que alguien te lo robó?
-¡Escúchame Arturo, escúchenme señores! Necesito más tiempo.
-¡Aunque consiguieras el dinero, estás perdido! –Arturo.
-¡Señor de Medina! Queda usted detenido por estafa agravada y esta vez no podrá evadir la acción de la justicia –el inspector.
-Escúcheme, inspector, yo les prometí a estos señores que les conseguiría el dinero... ¡necesito más tiempo! –ruega Hugo.
-¡Un experto revisó la mina y llegó a la conclusión de que allí no hay oro! –grita Arturo- ¡de que nos engañaste con el único objeto de estafarnos!
-¡Llévenselo! Entregue sus armas.
-¡Un momento, por favor, inspector! –grita Hugo y luego él mismo le entrega sus armas- ¡Quédate con Marina! –le dice a Boris- ¡ella te necesita! Es una orden.
-¡Ojala y te pudras en la cárcel, Hugo de Medina! –grita Arturo.
Boris queda pensativo- ¡Cuando encierren al patrón en esa celda... le va a dar un ataque de catalepsia! ¡don Hugo va a morir!
Marina está levantada, escuchando el escándalo y ríe con venganza.
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Casa Alcides.
-¡El Alcides de antes habría muerto de la felicidad con la noticia que te di! –se enoja Eloisa- ¡sin esas flores puedes sacar a Hugo de tu camino! ¡ya no tiene forma de curarse!
-¡No quiero que muevas un solo dedo sin antes consultármelo! –Alcides molesto - ¡Fue una estupidez que hayas quemado esas flores!
-¡No entiendo! Si quieres tener a Soledad entre tus brazos, debes sacar a Hugo de en medio.
-¡Pero tengo que hacerlo limpiamente! Porque si Soledad se entera que tuvimos algo que ver con la quema de esas flores... ¡jamás me lo perdonaría! –suspira- ¡Esas flores podrían significar la cura de Hugo y la cura de su hija!
Eloisa sorprendida se acerca como una víbora- ¡Tienes razón, pensé que hacia algo a tu favor, pero me equivoqué! Te juro que de ahora en adelante jamás haré algo sin consultártelo –y como en trance empieza a acariciarlo.
Pero Alcides la mira fríamente- ¡De ahora en adelante vamos a comunicarnos por cartas! –decide- ¡no podemos arriesgarnos a que nos vean juntos!

(ahaha!! por escrito!!! :-D )

-¿Por cartas? ¡Qué romántico! –se burla Eloisa- ¡cómo los amantes que se ven a escondidas! –y trata de besarlo- ¿quién será el mensajero?
Pero Alcides la detiene con una mano y la empuja- ¡Cuando él se te presente lo vas a conocer!
Eloisa lo mira sorprendida.

(Bueno... buen paso Alcidito... :-D no quiere ver a Eloisa!! )
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Laboratorio Dr. Max.
-¡Ese incendio, estoy segura que fue provocado por alguien! –Soledad.
-¡Yo vi una persona huyendo! –Lucas.
-¡Tiene que ser alguien que conozca las propiedades de la flor! ¿porque sino para qué? ¡para qué querer hacerle daño a una niña indefensa!
Daniel preocupado.
-¡Andrés, ve al pueblo y averigua lo que puedas! –ordena Michelle- pero hazlo con discreción, tal vez podamos encontrar una pista.
-¡Ya mismo! –sale corriendo.
-¡Primero lo de mi padre y ahora esto! –sufre Daniel- cada vez estoy más convencido que hay alguien en San Marino que está tratando de evitar que curemos a Hugo... ¡y a su hija, Soledad!
-¡Daniel, yo sé que tu papá dedicó toda su vida a estudiar esta enfermedad que sufre mi hija! Por favor, yo solo te pido que me digas la verdad –se acerca a él - ¡dime si existe otra cura que no sea ésta!
-¡Me encantaría, pero no puedo engañarla! La flor es importante, sí, pero no basta sola, es necesario que el paciente tenga el componente especial en su sangre que al mezclarse con el extracto de la flor, genere la cura.
-¡Ese es mi caso, Soledad! –le habla Michelle- ¡yo tengo ese componente en mi sangre! Por eso el padre de Daniel pudo salvarme de la muerte.
Soledad no pierde detalle, sin respirar.
-¡Ahora es imprescindible que analicemos la sangre de su hija! Nosotros lo comentamos con Hugo y...
-¡Qué, Hugo sabe de esto! –se sorprende Soledad.
-¡Sí, y lo primero que pensó fue en salvar a tu hija!
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Prisión.
-¡Señor juez, no puedo estar en lugares encerrados! –ruega Hugo.
-¡Ya comenzaste a pagar por tu estafa Hugo de Medina! Y esto solo es el principio, embargaremos tus propiedades y te dejaremos en la calle.
-¡Señor juez, no me deje encerrado, se lo ruego! Permita que Boris pague mi fianza.
-¡Su delito es muy grave y no hay fianza!
-¡Púdrete, Hugo de Medina! –festeja Arturo.
Y lo dejan solo.
Y Hugo enfrenta su eterna pesadilla- ¡Este inmundo lugar está más frío que nunca! –dice con terror- ¡Tengo que pensar en Soledad y mi hija! –se dice a sí mismo- ¡no puedo tener un ataque de catalepsia ahora!
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Mina.
Guillermo y Elena no saben cómo pagar la pensión, ahora que no hay mina.
-Alcides nos odia, Hugo está preso y el doctor Max se fue de San Marino.
-¡Estamos solos en el mundo!
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Pueblo.
-¿Qué pasa aquí? –Andrés.
-¡Hugo de Medina por fin está preso! –Hércules- comprobaron que estafó a todos los inversionistas de la mina, no hay oro... ¿también invertiste en la mina?
-¡Sí, yo también! –miente Andrés.
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Prisión.
Hugo cae desmayado – “No me puedo dejar... no... no... no la catalepsia” –piensa con desesperación- “ ¡voy a morir, voy a morir! “
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Laboratorio Dr. Max.
-Cuando supe por los diarios que tu hija sufría mi enfermedad no lo pensé dos veces –le cuenta Michelle a Soledad- ¡emprendí este viaje hasta San Marino!
Soledad le agradece con una sonrisa.
-¡Fue tu hija la que me movió a venir, a mí y a Daniel!
Daniel habla en un rincón con Antonia y Lucas.
-¡Se los agradezco tanto! Y pensar que las flores estuvieron todo el tiempo en mi jardín... ¡yo solamente espero que en la sangre de mi hija esté este componente tan especial para que ustedes puedan salvarla!
-Soledad... ¿dónde conseguiste las flores?
-¡Las flores me las regaló mi amigo Enrico! Tendríamos que buscarlo para preguntarle... pero lo extraño es que hace rato no sé nada de él.

(Bravo!! 8) mencionaron a Enrico!! )

-Mientras tanto tienes que cuidar que tu hija no viva situaciones que la angustien porque eso le provocaría una ataque de catalepsia –le aconseja Michelle.
-¡Sí, ya lo tuvimos que vivir! –sufre Soledad al recordar- ¡fue espantoso! Casi se muere... ¡pero Hugo la salvó! –tiene brillo en la mirada al hablar de él - ¡si no hubiera sido por él!
Michelle se sorprende- Entonces... a pesar de lo que te hizo... ¡tienes cosas que agradecerle! –y suspira.
Soledad se sorprende y la mira inquieta.
-¡Ay Soledad! Sé que no es el momento para hablar de esto... pero... ¿lo sigues amando, verdad?
Y Soledad la mira con mucho dolor.
#
Prisión.
Hugo no puede seguir y recuerda su entierro, y su pasado- Ya no tengo fuerzas... ¡no puedo morir, por Soledad, por mi hija, tengo que resistir!


Mi sufrimiento es estar
solo como el viento
y saber que asi grite
nadie me va a escuchar

y saber que si un día te tengo
será solo un momento
un instante fugaz
pero mi sufrimiento
será por toda la eternidad

#
Laboratorio Dr. Max.
-¡Discúlpame, pero preferiría no tener que hablar de eso! –le corta Soledad a Michelle- además después de lo que pasó no creo que tenga sentido.
-¡Perdona, Soledad! No quise ser imprudente, yo sé cuánto daño te causó.
-¡Michelle! –entra corriendo Andrés- ¡no supe de las flores, pero encarcelaron a Hugo de Medina! ¡está preso!
-¿Por qué?
-¡No sé, algo de una mina, un dinero! Pero hay una turba en la comisaría, lo quieren linchar.
-¡Qué! –se asusta Soledad.
-¡Sí! –Andrés.
-¡Es que Hugo no puede estar encerrado! –exclama Soledad - ¡ya una vez, cuando se hizo pasar por Alcides lo encerraron y se puso muy mal!
-¡Si nos tardamos, morirá! –augura fúnebremente Daniel.
-¡No! tenemos que hacer algo –anuncia Soledad- ¡hay que sacarlo de allí cuánto antes!
-¡Nosotros podemos hacerlo! –anuncia Michelle- ¡pero habría que encontrar un lugar seguro dónde esconderlo! Un lugar donde nadie lo busque.
Se hace un gran silencio.
-¡Mi casa! –decide Soledad.

(esto me gusta!!! :-D )

-¡Hija! ¿cómo se te ocurre? –Lucas- ¡ese hombre te hizo mucho daño!
-¡Yo también pienso que es una locura, Soledad! –Antonia.
-¡Lo siento, pero lo tenemos que hacer! –Soledad firme - ¡se trata del papá de mi hija! ¿y qué voy a hacer luego, que pude ayudarlo y no lo hice? –les reclama.
-¡Vamos! –Michelle apurada - ¡Andrés, las espadas!
-¡Siempre listas, en el coche!
Daniel toma su maletín- ¡Yo solo necesito esto! –anuncia.
-¡Por favor, espérenme en la casa! –Soledad a Antonia y Lucas- ¡y tengan todo listo para cuando lleguemos! -y Soledad sale primera.
-¡No hay tiempo que perder! –Michelle la sigue- ¡sé que le queda muy poco tiempo de vida!
-Tranquilos, juntos podremos rescatarlo –Daniel.
#
Prisión.
-¡Señor! –ruega Boris que le pone una mano en la frente- ¡está muy frío! Casi no respira –se desespera- ¡señor, le está dando un ataque de catalepsia, tengo que sacarlo de aquí! De lo contrario puede morir.
-“Me estoy muriendo, sácame de aquí” –le habla Hugo mentalmente.
-¡Oficial, a don Hugo le está dando un ataque de catalepsia! Hay que sacarlo de aquí.
-¡Al que hay que sacar de aquí es a usted, señor! Se le terminó el minuto que tenía.
Y a pesar de los gritos- ¡Le está dando un ataque de catalepsia! –sacan a Boris a patadas- ¡don Hugo, piense en la señora Soledad, en su hija! –grita desesperado.
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En las oficinas, Arturo ataca a Boris- ¡Miren quien está aquí, señores! ¡Boris Goncalves! Conocido cómplice de Hugo de Medina y sin embargo... libre... ¡no está en la cárcel!
Llega Soledad y se lleva a Boris en un rincón- ¡Boris! Tranquilo.
-¡A don Hugo le dio un ataque de catalepsia! –le cuenta Boris- ¡tengo que hablar con don Arturo para poder sacarlo cuanto antes, de lo contrario va a morir! –Boris la deja.
-¡Tenemos que hacer algo! –Soledad a Daniel- ¿pero qué podemos hacer para entrar?
-¡Yo no les había dicho! –le confiesa Daniel- ¡pero sé manejar muy bien las armas!
-¡No podemos permitir que se derrame más sangre! –Soledad.
-¡Lo sacaremos por la parte trasera de la comisaría! –Michelle- ¡tenemos que inventar algo para entrar a las celdas!
-¡Yo me voy a encargar de eso, sé perfectamente qué puedo hacer!
Y Daniel, Andrés y Michelle se escabullen.
Soledad queda sola.
#
Hacienda Montenegro.
-¡Boris se fue a sacar a don Hugo de la cárcel! –Marina tiene visita.
-¡Tú podrías hacer que vuelva a la cárcel! –le aconseja Eloisa- ¡él te hizo perder a tu hijito!
Marina se peina frente al espejo- ¡No! yo le dije a Boris que don Hugo me había empujado por las escaleras, pero eso no es cierto... ¡yo me caí sola!
-¡Marina, yo sé que te sientes muy mal! Que estás triste, pero usa la cabeza, las cosas no sucedieron así... ¡Hugo en un ataque incontenible de furia te empujó a ti para matar a tu bebito! ¿entendiste? –la besa en la cabeza.
Y Marina sonríe calculando, ha comprendido.
-Como estás delicada, le diré al inspector Duarte que venga a verte –Eloisa se marcha con triunfo.
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Prisión.
-¡Soledad, no me digas que has venido a defender a Hugo de Medina después de lo que te hizo! –Arturo.
-¡Yo vine para que se haga justicia! –grita Soledad - ¡no solamente con usted don Arturo de Linares, sino con todos los inversionistas de la mina que fueron vilmente engañados por Hugo de Medina, sí señores!
Y todos los hombres, fascinados por su belleza se acercan a escucharla.
Boris se sorprende.
-¡Nos hizo daño a todos y tiene que pagar! –grita Soledad- ¡Sobre él tiene que caer todo el peso de la ley! ¡que pague!
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Andrés, Michelle y Daniel ingresan a la prisión por la parte de atrás con cuerdas y espadas.
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-¡Ya era hora! Algún día tenía que hacerse justicia, Hugo de Medina tiene que pagar lo que me hizo a mí, es un fraude lo que les hizo a ustedes.
Hasta Arturo está impresionado con ella- ¡Que se pudra en la cárcel!
-“Ya deben estar a punto de liberarlo” –calcula Soledad - “ ¡Ay Dios mío, por favor, no permitas que se vaya a morir! “
-“Cuánto odio le tiene la señora Soledad a mi patrón – se sorprende Boris”.
Soledad decide escabullirse y solamente se encuentra nariz con nariz con Alcides- ¡Alcides! –se queda sin aire.
Alcides la mira sorprendido- ¡Escuché lo que dijiste! Ya no tengo la menor duda que ahora odias a mi hermano por lo que te hizo.
Soledad no responde.
#
Dentro de la prisión.
De un balazo abren la puerta de la prisión.
Michelle llama a Hugo- ¡Hugo! Daniel, míralo, está muy pálido.
-¡Espero que no sea demasiado tarde!
-¡Está muy frío! –sufre Michelle.
-¡Vienen los guardias! –Andrés.
Un guardia aparece pero Daniel de un golpe de látigo lo desarma.
Andrés se ocupa rápidamente.
#
Oficinas.
-¡Tengo que irme! -Soledad tiene enfrente a Alcides - ¿o es que te vas a comportar cómo el Alcides de siempre?
Alcides le da paso rápidamente- ¡Solo quiero decirte que vengo a liberar a mi hermano! –le anuncia- ¡aunque sé que no lo merece, haré que lo liberen!
-¡Cómo quieras! –Soledad finge indiferencia- ¡no me importa lo que hagan!
Arturo que escucha se acerca- ¡Alcides, tu hermano no saldrá de la cárcel hasta que pague por su estafa!
Alcides lo mira fríamente.
#
Calle.
Soledad se encuentra con el grupo de rescate de Hugo- ¿Cómo está?
-¡Muy mal! –anuncia Daniel- ¡Se está muriendo!
-Soledad, yo sé lo que está sintiendo –sufre Michelle- ¡y les juro, es lo peor que puede vivir un ser humano!
-¡Lo estamos perdiendo! –Daniel le toma el pulso.
-¡Háblale, sé que te puede escuchar! –le ruega Michelle- ¡háblale!
-¡Hugo, por favor, escúchame! –le habla Soledad- ¡Tienes que reaccionar! Hazlo por tu hija... ¡como sea, por favor, hazlo en nombre de nuestro amor, reacciona, no te mueras por favor! ¡no te vayas a morir!
Pero Hugo no reacciona.
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Hacienda Montenegro.
-¡Buenos días! Me llegó una nota en la oficina... ¿quería hablar conmigo señora? –el inspector.
-¡Sí inspector! Quiero acusar a Hugo de Medina por intento de asesinato –desde su cama- ¡por culpa de él perdí a mi bebé!
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Residencia Rebeca.
-¡Hola Eloisa! ¿sigues enojada? –entra Paquito- ¡me sigue doliendo la mordida que me diste! No seas ingrata... ¿dónde te metiste?
Pero Eloisa lo ignora hasta que no aguanta más-¡Francisco! Basta, me tienes harta... Te voy a volver a morder ¡no te quiero volver a ver!
-Eso va a ser muy difícil... porque ahora tú y yo estamos más unidos que nunca... – y se sienta tranquilamente y saca un sobre- ¡mira lo que te manda Alcides!
Eloisa se queda pálida como una hoja- ¿Tú eres el mensajero de Alcides?

(ahahaha muy bueno!! :D )
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Calle.
Soledad llora- ¡Hugo, mi amor! Tú mismo me dijiste que el amor puede con todo, por favor... reacciona por favor.
Daniel los mira con pena- ¡Ya es demasiado tarde!
-¡No, no, él nos está escuchando! –protesta Michelle- ¡sabe que no podemos hacer nada! Yo pasé por eso, Daniel
-¡Ya no respira y su corazón acaba de detenerse por completo! –le dice Daniel.
-¡Hugo, por favor! –llora Soledad con toda su alma- ¡te amo, por favor, te amo, no te vayas!
Michelle la escucha.
-¡Perdón, un momento! –recuerda Daniel y saca una jeringa- ¡Aquí tengo el extracto de la flor que usé de prueba esta mañana!
-¡Pónselo ya! –grita Soledad desesperada.
Pero Daniel no quiere - ¡Si Hugo no tiene el mismo componente especial de la sangre de Michelle, terminaremos de matarlo!
Soledad lo mira con terror.
-¡Tú mismo dijiste, ya está muerto! –protesta Michelle.
-¡No, Hugo no va a morir! –decide Soledad y de un golpe le saca la jeringa.
-¡Soledad! –se espanta Daniel.
Pero Soledad sin dudar le inyecta toda la jeringa a Hugo.
Michelle y Daniel se miran impresionados.
Michelle se queda boquiabierta.
Y mientras Soledad llora, todos se quedan mirando a Hugo.
#
FIN DEL CAPITULO!!!!!!!!!!!!
#

AVANCE.
No sabemos si Hugo sobrevive.

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