LA TRAICION 076 – ODIO – jueves 15 de mayo de 2008
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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
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Casa Dr. Max.
Margó toma instrucciones cómo curar a Arturo- ¡Cada ocho horas!
-¡Vamos a tu casa ya! –pide Arturo.
-¡Sí, apoyate en mi hombro! –Margó con amabilidad.
-¡He perdido una mano, no mis dos piernas! –grita Arturo- ¡ya estoy bastante bien!
Margó se sorprende.
-¡Doctor, ni una palabra a nadie! A mí no me ha visto.
-¡Doctor Max! –aparece Alcides- Quisiera que hablemos sobre la orquídea azul o la famosa Orquis Vivantis... ¡Arturo! –Alcides se queda blanco al ver vivo a Arturo.
Alcides recupera la voz- ¡No puede ser! tú estás muerto.
-¡He regresado del infierno para acabar contigo, Alcides! –y Arturo desenfunda- ¡ni se te ocurra sacar un arma!
Margó pega el grito- ¿Pero qué es lo que pasa? ¡se van a matar!
El Dr. Max la mira con miedo.
-Tranquilo, no voy a sacar mi pistola… trata de calmarte –le habla Alcides.
-¡Doctor, Margó, salgan de aquí!
-Don Arturo, lo mejor es que…
-¡Qué salgan de aquí! ¡ya! –les grita.
Margó y el Dr. Max salen corriendo.
-¡Me vas a pagar por lo que me hiciste, Alcides! –promete Arturo.
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Hacienda Montenegro.
Soledad se separa de Daniel- ¡Daniel! –llorando- ¿estás seguro que no hay posibilidad de salvar a mi hija de la catalepsia? -está fuera de sí - ¡es que tiene que existir algo más! Tiene que haber otra cosa… ¡no sé!
Daniel trata de calmarla.
-¡Por favor, dime que hay algo más! –ruega Soledad- ¡por favor!
Daniel le toma el rostro entre sus manos- ¡Soledad, no quiero verte sufrir! Por favor… no quiero verte llorar, no quiero verte que botes una sola lágrima.
Soledad trata de calmarse.
-¡Te juro que voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para encontrar la cura para tu hija! –le promete Daniel.
Soledad se separa- ¡Hay algo… que muy poca gente sabe que existe y que quiero que veas! –lo lleva- ¡ven!
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Habitación.
-¡Michelle! –Hugo la mira con reclamo- ¡es cierto que tú y yo nos besamos!
Michelle no sabe qué ni cómo responder y calla. Cierra los ojos y recuerda el beso robado y las palabras de Hugo- “Te amo, Soledad” –y vuelve a la realidad.
-¡Michelle! ¿Por qué te quedas callada? –insiste Hugo.
-¡No… no nos besamos, Hugo! –luego de un silencio- ¡tú y me besaste y solo fue un momento de confusión en medio de tu aturdimiento!
Hugo se extraña.
-¡Cuando saliste de la ataque de catalepsia, te imaginaste que yo era Soledad! –le sonríe.
Hugo suspira y se endereza.
-¿Quién es el hombre del cuadro? Que está en la sala –pregunta Michelle.
(Hum… cambiando tema eh? )
Hugo suspira todavía pesando en el tema del beso - ¡Es mi padre! –sin darle gran importancia- De él heredé la catalepsia.
Esta información hace que Michelle se sienta cercana a él y se arrodilla a su lado, pensativa y lo mira profundamente- ¡Nuestras vidas se parecen tanto, Hugo! Yo… la heredé de mi madre… ¡la pobre murió sintiéndose culpable! –sufre- ¡nunca llegó a saber que me curé!
Hugo la mira por fin, apenado, triste.
-¡Así como tu padre nunca llegó a verte curado! –sigue Michelle.
Hugo le agradece- ¡Tengo mucho que agradecerte, Michelle! ¡mucho! –y le acaricia el rostro- ¡por tu empeño y por haber venido a San Marino estoy completamente curado!
Michelle lo mira enamorada.
Y Hugo se acerca lentamente y le da un beso… en la mejilla.
Michelle cierra los ojos y suspira.
-¡Gracias! –Hugo se separa y le dice de corazón- gracias… ¡ahora tenemos que encontrar la cura para mi hija! –suspira- esta tarde autoricé al Dr. Sirak que hiciera un análisis de sangre a mi hija… ¿no sabes si ya tiene los resultados del análisis?
Michelle lo mira a los ojos- ¡Sí, Hugo! Ya lo hizo… precisamente de eso está hablando con Soledad.
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Tribunales.
-¡Licenciado! –entra gritando Eloísa- ¡vengo muy nervioso! Me acabo de encontrar con la criada de Hugo de Medina y me dijo que está libre y en su casa.
-¿Está segura de lo que dice?
-¡No lo digo yo, lo dice Marina! Y sí me da mucho miedo, que los inversionistas de la mina quieran lincharlo –finge pena- ¡Hugo es una buena persona, licenciado!
-¡Tomaré cartas en el asunto! Con permiso.
Al quedar sola Eloísa festeja- ¡Me debes otra, Alcides! En estos momentos tu hermanito está a punto de vivir su peor pesadilla.
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Biblioteca.
Paquito está buscando los planos de Vladimir- ¡Aquí está! La última casa que construyó Vladimir… ¡la casa Obregón! Ahí está ese maldito tesoro.
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Tribunales.
-Acabo de recibir información que Hugo de Medina volvió a su hacienda… ¡necesito un grupo de oficiales! –El Juez.
-¡Gracias a mí ya te libraste de tu hermanito, Alcides! –los sigue de lejos Eloísa.
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Casa Dr. Max.
-¿Por qué no disparas? –Alcides reta a Arturo- ¿qué estás esperando?
-¡Voy a disparar cuando yo quiera! Primero voy a decirte la clase de monstruo que eres… ¡porque tú no eres una persona Alcides, eres una basura! Yo te aborrezco y te maldigo y no sólo por la muerte de mi hermana… ¡me voy a encargar de darte la muerte más horrenda que un ser humano pueda soportar!
(y ya sabemos cual es… enterrado vivo!! )
-¡No me dejaste otra opción, Arturo! Te ofrecí mucho dinero a cambio de tu silencio… ¿Cómo lograste escapar? Estabas encadenado.
El Dr. Max los espía.
-¡Cuando uno está tan cerca de la muerte, se aferra a la vida cómo puede, incluso si eso supone separarse de una parte de su propio cuerpo! –y le muestra su muñón.
Alcides recuerda el grito espantoso y comprende- ¡Te cortaste la mano para poder escapar de la explosión!
Al escuchar esto el Dr. Max cierra rápidamente la puerta.
Arturo lo escucha.
Alcides aprovecha y lo desarma, rápidamente saca dos pistolas- ¡Ahora soy yo el que manda!
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-¿Qué pasa Dr. Max, por qué Arturo le sacó la pistola a don Alcides cuando lo vio?
-¡Porque Alcides de Medina mató a su hermana Beatriz! –le cuenta el Dr. Max.
-¡No lo puedo creer!
-¡Alcides es un asesino! –el Dr. Max busca un arma- ¡a mí no me engaña! Detrás de ese rostro de caballero se esconde un criminal.
(ahahaha!! Y usted Dr. Max??)
-¡Ay, Dios mío, uno de los dos va a matar al otro! –Margó se santigua.
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Hacienda Montenegro.
Soledad lleva de la mano a Daniel que pregunta- ¿Dónde me llevas?
-¡Quiero enseñarte esto! –y Soledad le muestra la cámara hiperbarica y saca las sabanás que la cubren- ¡con esta máquina se salvó mi hija del último ataque de catalepsia! –le cuenta Soledad con desesperación- ¡Hugo la salvó! Mira…
-¡La cámara hiperbarica! –Daniel la admira con fascinación- ¡regula la temperatura temporal y aumenta la presión de oxigeno!
-¿Entonces ya la conocías?
(bueno… Soledad parece tonta aquí!)
-¡Sí, vi el diseño! Mi padre la construyó para el padre de Hugo.
-¿Tu padre?
-¡Sí, mi padre! Y aunque no lo parezca su funcionamiento es sumamente simple, está compuesto por un sistema de campos magnéticos que producen calor… y de esa manera regula la temperatura corporal del paciente, y así aumenta también la presión de oxigeno dentro de la cámara.
-¡Sí! –duda Soledad- ¡eso fue lo que dijo Hugo… que había que mantener la temperatura normal para que Aurora estuviera bien!
-¡Exacto! Porque la catalepsia detiene el corazón, pero si nivelas la temperatura del paciente…. –se acerca a ella y le toma la mano- ¡no muere!
Soledad con alivio.
-¡Y cuando el corazón vuelve a latir, regresan todos los signos vitales! Soledad… -se acerca más y le habla lentamente- ¡no siempre funciona! Y definitivamente no es la cura.
Soledad llora- ¡Si a mi hija le llega a pasar algo… yo me muero! ¡ella es lo más importante que tengo en mi vida! –no tiene consuelo- ¡y la razón por la cual me quiero levantar todas las mañanas!
-¡Mírame a los ojos, Soledad! Por favor… tú no me conoces bien… pero quiero que veas en mis ojos el juramente que estoy a punto de hacer… ¡a partir de este momento voy a dedicar cada segundo de mi vida en encontrar la cura para tu hija, y lo voy a conseguir, así tenga que mover cielo y tierra! ¡te lo juro que lo voy a conseguir!
Entre su llanto Soledad le sonríe agradecida- ¡Gracias! –y lo abraza con todas sus fuerzas- ¡qué palabras tan hermosas, Daniel, gracias!
En ese momento llegan Hugo y Michelle.
Hugo se queda impactado al ver a Soledad abrazando a Daniel.
Michelle, preocupada lo mira.
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Casa Dr. Max.
-¡Vamos, dispara! –reta Arturo sin miedo- ¡termina tu obra! ¡dispara!
Pero Alcides duda y recuerda sus propias palabras a Soledad- “Ya te he dicho que he cambiado… te lo estoy demostrando con hechos, no con palabras, que he cambiado, que soy un hombre distinto” –y regresa a la realidad.
-¿Qué esperas? ¡aprieta el gatillo! –Arturo furioso.
Alcides suspira- ¡No puedo! –le confiesa y guarda las armas haciéndolas rodar en sus manos- ¡si te mato echaría por tierra mis planes!
Arturo lo mira boquiabierto.
-¡Yo no soy un asesino! –dice Alcides.
-¿Qué planes? ¡tú única meta es destruirme y ya lo conseguiste en parte! –le muestra su muñón- ¡acaba lo que comenzaste! Me has convertido en un fenómeno, en un hombre incompleto… -se descompone- ¡dame el tiro de gracia de una vez! –le ruega y baja la cabeza.
-¡Si te mato, Margó y el Dr. Max le dirán a San Marino que soy un asesino! –le susurra Alcides- ¡y eso no puede pasar!
-¡Entonces acaba con ellos también! O mejor, acaba con todos los habitantes de San Marino –se burla Arturo- ¡así nadie sabrá que eres un asesino! No seas cobarde, toma esa pistola y mátame de una vez –le grita- ¡hazlo!
Pero Alcides no se mueve.
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Hacienda Montenegro.
Soledad se separa de Daniel y mira a Hugo.
Daniel mira a Hugo con aire culpable.
-¡Le estaba mostrando la cámara que usaste para salvar a Aurora! –le sonríe con inocencia Soledad a Hugo.
Hugo camina lentamente y la mira como dudando, pero luego mira a Daniel - ¡Esa cámara me salvó la vida en varias ocasiones! –y se suaviza- ¡la construyó su padre para el mío!
-Eso es exactamente lo que le estaba comentando a Soledad, apenas la vi reconocí el diseño.
-Por lo visto, todos aquí estamos en deuda con tu padre, Daniel… ¡mi querido viejo, Ernest Von Sirak!
Hugo suspira- Michelle me dijo que ya tiene los resultados del análisis de sangre que le hizo a mi hija.
Daniel asiente en silencio.
Soledad se pone triste.
-¿Qué pasa? –se inquieta Hugo.
Soledad lo mira y las lágrimas le corren- ¡mi hija… ella no tiene el mismo componente especial que tienen tú y Michelle en la sangre! –le sonríe muy triste.
Hugo se pone mal.
-¡La flor no la puede curar! –sigue Soledad- ¡no hay cura para Aurora!
Hugo respira con fuerzas y de pronto se siente tan mal que debe sentarse- No hay cura… para Aurora –repite sin fuerzas y mira al suelo y con rabia se muerde los labios y suspira con desesperación- ¡Y yo soy el único culpable! Por mi causa mi hija heredó esa maldita enfermedad –y su dolor es tan grande que golpea con sus puños furioso e impotente.
Soledad lo mira con pena y llora.
Michelle llora también.
Daniel lo mira apenado.
Y Hugo llora.
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Casa Dr. Max.
-¿Qué hacemos? –Margó al no escuchar nada.
-¡Olvídalos! Lo que pase entre ellos no es problema nuestro –Dr. Max.
-No nos podemos quedar cruzados de brazos Dr. Max, allá adentro un hombre se puede morir… ¿y si le avisamos a alguien?
-¡Ya te dije que no te metas en más problemas, Margó!
-¡Voy a decirle a Hércules! Él nos podría ayudar para que no se maten.
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Comandante Montero.
Hércules recuerda que ahora trabaja para Alcides.
-¡Hércules! ¿qué es esa maleta? –lo detiene Gladis.
-Lo que pasa es que don Arturo me mandó a hacer una diligencia –miente- y tengo que irme por unos días.
-¡Cuándo hablaste con mi hijo! ¿Dónde está Arturo?
-¡No tengo idea, doña Gladis! Permiso –se marcha corriendo.
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Casa Dr. Max.
-¡Esa es tu alternativa, Alcides, o nos matas a todos o yo te mato a ti! –Arturo.
Alcides mueve la cabeza negativamente.
Arturo lo ataca- ¡Mátame de una vez!
Alcides lo empuja- ¡Infeliz! –y vuelve a sacar las pistolas.
Pero Arturo toma su pistola del suelo- ¿Ahora tienes miedo? –lo encañona- ¡yo ya estuve muy cerca de la muerte y no tengo miedo de morir!
-Está bien, Arturo, será como tú quieras.
-¡Claro que va a ser cómo yo quiero! Y va a ser así –y de pronto se apunta a la cabeza.
-¿Qué haces? –Alcides sorprendido.
-¡Si no lo haces tú, lo voy a hacer yo y no me va a temblar el pulso!
-Arturo… no te puedes matar –ruega Alcides- ¡no lo hagas!
-¿Quién te entiende Alcides ? -ríe Arturo- ¡primero me quieres hacer volar en mil pedazos y ahora no quieres que muera! –ríe- ¡qué irónico, no! Mira… ¡mira en lo que me has convertido, en una piltrafa, soy una cosa! ¡no quiero que la gente vaya por la calle y me tenga lástima, yo no soy un fenómeno! –está histérico.
-¡Escúchame, imbécil! Si te pegas un tiro nadie va a creer que te suicidaste –le grita furioso Alcides- ¡pensarán que yo lo hice! Y Soledad no me puede ver cómo un asesino –le ruega- ¡entiendes!
-¡Qué bueno! Porque por fin te voy a ganar una, ahora por fin Soledad de Obregón y todo San Marino va a saber lo que eres en verdad… ¡un maldito asesino!
Y ante la mirada espantada de Alcides, que hasta le tiene pena, Arturo cierra los ojos con fuerzas y sonríe dispuesto a suicidarse.
-¡Arturo! Por el amor de Dios, no lo hagas, te voy a dar todo el dinero del mundo –le suplica- ¡pero no te mates!
-¡No me interesa el dinero! No me interesa seguir vivo –ríe y luego se dispara tres veces.
Pero el arma no funciona y solamente hace clic.
Arturo llora fuertemente- ¡Qué pasa! ¿Por qué no dispara?
Alcides lo mira aliviado- ¡La bala se atascó! Se atascó la bala cuando la pistola cayó al piso –repite suspirando.
-¡No puede ser! –Arturo tira la pistola- ¡parece que el maldito destino está de tu parte, Alcides!
Y ambos se miran.
Alcides triste.
Arturo con odio.
(hum… esto hubiera sido mejor si hubieran sido amigos de infancia… como supuestamente lo fueron puesto que se criaron juntos!)
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Hacienda Montenegro.
La policía entra a la Hacienda Montenegro.
Marina los recibe.
-¿Dónde está Hugo de Medina? ¡la señorita Eloísa nos dijo que usted le informó que se encontraba acá.
Marina mira al suelo- ¡Sí, señor juez! Él está aquí con otras personas… ¡en el sótano!
-Espere aquí –y el Juez se dirige al sótano.
Marina sonríe con triunfo.
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Sótano.
Hugo es un hombre destrozado.
Mira a Daniel- ¿Por qué mi hija heredó la enfermedad y no el componente especial de mi sangre?
Soledad mira a Daniel con la misma pregunta en sus ojos y luego se sienta al lado de Hugo- ¡Daniel prometió que va a encontrar la cura para la enfermedad! –consuela a Hugo.
Hugo la mira triste.
-¡Es un juramento que voy a cumplir con mi vida! –promete Daniel.
Michelle se seca las lágrimas- ¡Debemos tener fe! Dios no va a abandonar a esa criatura.
En ese momento irrumpe el juez y los policías- ¡Hugo de Medina, la casa está rodeada, entréguese!
Hugo, Soledad, Daniel y Michelle lo miran sorprendidos.
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Residencia Rebeca.
Eloísa admira sus bellas piernas- ¡Pobre Hugo de Medina, en este momento ya debe haber sido apresado por la policía, mientras que yo… me alisto para ver a Alcides! –ríe malvada.
Pero llega Paquito y la detiene.
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Hacienda Montenegro.
-¡No! –ruega Soledad- ¡no se lo lleven detenido, señor Juez! Por favor, Hugo no se está sintiendo bien.
-¡Señor juez, soy médico! –interviene Daniel- y puedo dar fe que en este momento Hugo de Medina no se encuentra en condiciones de enfrentar un arresto.
Pero Hugo mira a lo lejos con profunda tristeza.
-¡Tiene que haber una forma de solucionar este asunto! –Michelle- sin que lo encarcelen señor Juez.
-¡Hugo de Medina es un prófugo de la Justicia! –duro- ¡escapó de la cárcel! Y las acusaciones que hay en su contra son muy graves, y solamente en el juicio podrá demostrar si es culpable o inocente.
Soledad se enoja- ¡Es injusto!
-¡Gracias por defenderme! –habla Hugo- ¡pero… ya no hay nada que hacer! el Juez tiene que cumplir con su deber… y yo tengo que enfrentar las consecuencias de mis actos –baja la cabeza.
Un policía se dispone a ponerle las esposas.
-¡Por favor! –ruega Soledad al Juez- ¡al menos no lo esposen, déjelo salir de aquí con dignidad!
-¡Soledad tiene razón! –Michelle- Hugo no es un delincuente.
El juez acepta.
Hugo se apoya en el policía y se levanta.
Mira a Soledad y sigue al Juez.
Soledad corre detrás de él.
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En la sala, Hugo se toma la cabeza.
Soledad llega detrás.
Hugo se da vuelta lentamente y la mira con una mirada enamorada.
Y Soledad comprende su mirada silenciosa.
♫
Quisiera acercarme a ti,
pero me frena una razón
oculta en lo mas profundo de mi ser
♫
Cerca de ambos, Michelle y Daniel los miran tristes.
Y Hugo le da la espalda a Soledad, como una despedida y va con los policías.
♫
quisiera devolver el tiempo a mi favor
y no dejar que nada se interponga entre tú y yo
♫
Al quedar solos.
-¡Tenemos que hacer algo para ayudarlo! –se desespera Soledad.
-Entre todos haremos algo, Soledad, no te preocupes.
-Puedo prestar el dinero, Soledad, para que lo liberen de las acusaciones de esos inversionistas.
-¡Es que no podemos olvidar que Marina lo acusó de haberla intentado matar! –se desespera- ¡no solamente a ella, sino también a su bebe!
Detrás de una cortina, mar los espía.
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Casa Dr. Max.
-¡Alcides! Necesito pedirte un favor… te suplico que me prestes tu arma –Arturo- ¡yo quiero terminar con mi vida!
Alcides se sienta suspirando- ¡He regresado a San Marino a ganarme el corazón de Soledad limpiamente! Por las buenas… ¡tu muerte puede echar al piso mis planes!
-¡Tu querida Soledad se puede enterar que tú trataste de matarme! Puede saber que por tu culpa perdí mi mano.
-¡Si lo haces… pagarías muy caro tu osadía!
Arturo ríe- ¡La muerte de mi hermana no va a quedar impune!
-¡Tu hermana estaba loca, estaba loca de remate! –se enoja- ¡ya te lo dije! Yo había perdido la memoria, era un don nadie… y ella me secuestró y me torturó sin piedad –le cuenta- ¡estuvo a punto de asesinarme, te mostré mis heridas! Créeme… lo siento mucho, era su vida o la mía –y se levanta- ¡Adiós!
-¡Alcides! Esto no se acaba aquí –le advierte Arturo.
Alcides lo mira- ¡De lo que hagas depende la vida de tu madre y la tuya! Por tu propio bien no trates de enfrentarme.
Margó y el Dr. Max aparecen.
-¡Arturo! –Alcides levanta la voz- ¡cómo siempre es un placer hablar de negocios contigo! –y le hace un saludo militar y se marcha.
Arturo sonríe con amargura.
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Residencia Rebeca.
Paquito y Eloísa hacen el amor.
-¿Qué descubriste?
-Me molesta que seas tan fría cada vez que terminamos de hacer el amor –protesta Paquito.
Eloísa lo besa- ¡Ahora sí dime de una vez!
-¡Estoy investigando y lo confirmé! La ultima casa que construyó Vladimir es la Casa de los Obregón.
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Casa Obregón.
Lucas está tomando, borracho.
-¡No quiero que sigas bebiendo! –le recrimina Ester- ¡otra vez te vas a emborrachar!
Pero Lucas toma la botella como si fuera su salvación.
-Vi tu reacción cuando el juez habló del fraude de la mina –sigue Ester.
-¿Qué con eso? ¡me sorprendió lo que hizo Hugo de Medina!
-¡No me mientas! Te conozco muy bien, Lucas, quedaste preocupado… cómo si tú también hubieras invertido en esa mina… ¡dime! ¿invertiste dinero en ese negocio fraudulento?
Lucas se toma un trago- ¡No voy a discutir contigo ahora!
-Ahora recuerdo el día que querías llevar las escrituras, ibas a hipotecar la casa para invertir dinero en esa mina que no tiene oro –y le grita- ¿invertiste dinero en esa mina? ¡perdimos todo ese dinero!
Y Lucas lo reconoce- ¡Sí! Sí… invertí todo el ahorro que teníamos en esa mina.
-Entonces es verdad.
Lucas se toma todo su trago- ¡Sí, Ester! Estamos en la ruina, no tenemos un solo peso –se levanta y se tambalea.
Ester queda impresionada.
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Poder Judicial.
Celda.
Hugo entra y encuentra a Boris y se abrazan.
-¡Don Hugo!
-¡Mi amigo fiel! –Hugo con pena- no deberías estar aquí por mi causa.
-No se aflija, señor… ¡desde el principio yo sabía los riesgos que corría al apoyarlo en su plan de venganza! Lo he apoyado desde un principio y lo seguiré haciendo hasta el final.
Hugo le sonríe agradecido.
-¡Úrsula me dijo que ya está curado de la catalepsia! –festeja Boris- en medio de todo esto, esa es una gran noticia.
Hugo sonríe y le palmea el hombro- ¡Gracias, eres el hermano que nunca tuve! Pero no quiero que te preocupes, así nos hayan robado el dinero de los inversionistas… ¡les voy a responder! Voy a vender la casa y les pagaremos y así saldremos de aquí.
Boris se da cuenta- ¡Usted no sabe, señor!
-¿Saber qué?
-¡Marina, señor! Marina lo acusó formalmente de haber intentado matarla y de haber perdido al hijo que estábamos esperando, Marina le dijo al juez que usted es un asesino.
Hugo se queda boquiabierto.
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Hacienda Montenegro.
Marina mira por la ventana.
Úrsula llega- ¡Siempre supe que eras una serpiente venenosa! Qué eras de lo peor.
-¿Qué haces aquí? –Marina sin darle importancia- si viniste a buscar a tu patrona, ella se fue.
-¡Sí, la señora Soledad ya se fue! Y eso estaba esperando para venir a verte, por tu culpa Boris está en la cárcel y gracias a ti se acaban de llevar don Hugo, afuera hay un montón de gente que vio cuando se lo llevaron a la cárcel… ¿Por qué hiciste eso, Marina? ¡por qué!
Marina sonríe satisfecha- ¡Todo el mundo sabe que don Hugo y Boris se robaron el dinero de los inversionistas de la mina!
-¡Eso no lo sabemos ni tú ni yo! Pero lo que no entiendo es por qué insistes en culpar a don Hugo de la muerte de tu hijo, yo estuve visitando a Boris en la cárcel y él me dijo que eso no es cierto, que don Hugo no tuvo nada que ver… ¿Por qué mientes, Marina? ¡por qué!
-¡Primero que nada, yo no tengo por qué darle explicaciones a una simple sirvienta! –la cara de Marina se llena de odio- ¡y segundo! ¿tú qué hacías en la cárcel visitando a mi marido? –la empuja.
-¡Boris es mi amigo!
-¡Siempre supe que te interesaba y que me lo querías sacar! –le grita Marina mirándola con rabia- ¡porque eres una regalada, una buscona y cualquiera! –y le da una bofetada.
Pero Úrsula no está de bromas- ¡Y tú eres una mentirosa y una resentida!-y le devuelve el golpe.
Marina trata de ahorcarla.
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Casa Dr. Max.
-Ya me enteré que perdiste tu mano por culpa de Alcides –Margó con pena.
Pero Arturo furioso le grita- ¡No lo repitas, Margó! Nadie debe enterarse.
-Por un momento pensamos que todo acabaría en una desgracias –el Dr. Max.
-Solamente ustedes dos saben lo que pasó aquí, si alguien más llega a enterarse tendrán que atenerse a las consecuencias… ¿está claro?
-¡Sí! –con miedo Margó- de mi parte no saldrá una sola palabra.
-¡Doctor! Me encargaré que Hércules le pague por sus servicios, y ahora nos iremos a tu casa.
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Bosque.
-Ahora que eres uno de los míos no quiero que te falte nada –Alcides saca un fajo de billetes y paga a Hércules- veo que sacaste tus cosas de la casa de Arturo, eso quiere decir que vas a necesitar dónde vivir –pero antes de entregarle el dinero- ¡quiero que me digas qué necesitas para ser feliz!
Hércules se sorprende y sonríe- ¡Nunca había visto tanto dinero junto don Alcides! –lo cuenta.
-Eso es sólo una degustación de ahora en adelante que trabajas para mí –come sus cacahuates- no me has contestado, dime qué necesitas para ser un hombre feliz.
Hércules piensa en Margó - ¡Hay una mujer que me gusta mucho! Quisiera comprar una casa y llevarla a vivir conmigo –sonríe como un niño.
-Entonces hazlo, cómprale esa casa –le entrega más dinero.
Hércules se sorprende- ¿Por qué tan generoso? Aún no he hecho nada para usted.
-¡Me gusta que la gente que trabaja para mí, se sienta a gusto! Además no tolero la traición.
-¿Y por qué habría de traicionarlo? –inocentemente.
-¡Me equivoqué cuando te dije que tu antiguo patrón estaba muerto! –le confiesa Alcides- ¡Arturo está vivo!
Hércules queda impresionado.
-Ahora que lo sabes –Alcides lo mira- ¡quiero que me digas si continuaras a mi lado como mi mano derecha! O prefieres regresar a la vida miserable que tenías al lado de Arturo.
Hércules mira el dinero en sus manos.
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Taberna.
Margó lleva a Arturo a su habitación- ¡Esta es mi casita! Es humilde pero aquí podrás descansar.
-¡Lo único que me interesa es que mantengas la boca cerrada! –le contesta de malhumor- ¡nadie debe saber que por culpa de Alcides de Medina perdí una mano! No voy a permitir que la gente se burle de mí a mis espaldas… ¡no me voy a convertir en Arturo el manco! –grita- ¡no voy a ser el hazmerreír de San Marino! ¿está claro?
Margó asustada -¡Sí! Eso lo tengo claro, ahora descansa… -se sienta- Max me contó que don Alcides mató a tu hermana… si eso es así deberías denunciarlo.
Pero Arturo mira a la distancia con odio-¡Ojo por ojo y diente por diente!
-¿Cómo? ¡piensas matarlo!
-¡A él no! Todavía no… ¡voy a comenzar por la mujer que ese desgraciado ama!
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Casa Obregón.
-¡No puede creer tanta desgracia junta! –sufre Soledad- ¡Hugo en la cárcel! –suspira muy triste- ¡y mi hija condenada a vivir con esta terrible enfermedad!
-¡Ahora más que nunca debes tener fe! –Michelle la consuela y le toma la mano- Soledad, demostraste ante todos que eres una mujer valiente.
-¿Una mujer valiente? ¡llena de tristezas y amarguras! –se desespera- ¡ya no puedo con tantas cosas juntas!
Daniel la mira.
-¡A veces siento que no voy a poder resistir! ¡ya no aguanto más! –levanta la voz- ¡no aguanto más!
Daniel se levanta y le pone las manos en los hombros- ¡Soledad, no estás sola –se arrodilla a su lado- ¡Michelle y yo estamos aquí para ayudarte! Si tenemos controlada a la niña no va a tener ningún ataque de catalepsia, de eso te doy seguridad… ¡y voy a estar a tu lado para asegurarme que tu hija esté bien!
Soledad lo mira agradecida- ¡Gracias, Daniel!
-¡Ahora tenemos que pensar en Hugo! –Michelle.
-¿Qué va a pasar con él? –se inquieta Soledad- ¡si el Juez encuentra que es culpable de la muerte del hijo de Marina lo van a llevar a la horca!
-¡Eso no va a pasar! –Michelle la consuela- ¡nosotros estuvimos allí ese día, Soledad! Y sabemos que lo que dice Marina es mentira… Daniel y yo estamos dispuestos a declarar en ese juicio.
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Hacienda Montenegro.
Marina y Úrsula siguen peleando.
-¡Don Hugo mató a mi hijo! –grita Marina.
Úrsula la suelta- ¡Si Dios quiso que perdieras a ese hijo, por algo será! Eres una mala mujer, Marina, no creo que hubieras sido una buena madre para esa criatura.
-¡Maldita! –Marina le tira cosas, pero Úrsula se mueve rápido- ¡te odio, Úrsula! –grita- ¡te odio! –se marcha.
-¡Hay un Dios en el cielo, Marina, y él te va a hacer pagar por todo ese odio! No sé ni cómo, ni cuando… pero te va a hacer pagar.
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Alcides entra en la casa de los Linares.
-Alcides… ¿qué hace aquí? –Gladis- usted no es bien recibido.
-No vengo de visita, doña Gladis, le traigo un mensaje de su hijo Arturo –letalmente frío.
-¿De mi hijo, qué pasó con él, en dónde está, por qué no ha regresado?
-¡Demasiadas preguntas! –sonríe Alcides- ¡yo solo tengo una respuesta! –y fríamente saca sus pistolas y la mata.
Es una pesadilla.
Arturo despierta asustado- ¡Fue una pesadilla! Tengo que tener mucho cuidado con lo que hago… ¡Alcides podría matar a mi madre! –con odio- ¡voy a vengarme de ti dónde más te duele, Alcides de Medina, voy a hacer sufrir, a Soledad, a tu hija, a tu hermano Hugo! –jura- ¡y tú vas a ser el último de la lista! ¡vas a pagar por lo que hiciste!
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Bosque.
Hércules toma una decisión- ¡A partir de este momento, soy su fiel servidor, patrón!
-¡Eres un hombre inteligente y ambicioso! –festeja Alcides.
-¿Qué debo hacer?
-¡Arturo no debe estar enterado de nuestra alianza! –come sus cacahuetes- ¡debes hacerle creer que aún eres fiel! Me vas a informar de cada uno de sus pasos, quiero saber hasta lo que piensa.
Hércules sonríe seguro- ¡Eso haré, señor!
-¡Cada semana recibirás una buena paga! Eso es para cubrir tus necesidades… y mantener feliz a esa mujer que tanto amas… ¡y también le vas a llevar unos mensajes a Eloísa Renan!
-¡Patrón! No sé si está enterado, pero todo el pueblo comenta que su hermano fue capturado, está en la cárcel… ¡y mañana será el juicio!
-¡Debí suponerlo! –calculando.
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Casa Obregón.
-¡No! No debiste hacer eso, Úrsula- Soledad chequea a Aurora.
-¡Tenía que poner en su lugar a Marina, señora! Y después del escarmiento que le di, no creo que se aparezca en el juicio a acusar a don Hugo.
Soledad se tira en la cama, cansada- ¡Hugo me pidió perdón por todo el daño que me hizo! –sonríe cuando le cuenta- ¡parecía tan sincero!
-¡A usted se le sale por los poros el amor que siente por él! –sonríe Úrsula- ¡se lo dije! Deje que el tiempo le ayude.
-¡Eso espero de verdad! –suspira- ¡eso es lo que quisiera! Pero a veces es tan grande el dolor… ¡es más fuerte la tristeza que siento por su venganza! Tengo que sacármelo del corazón… ¡tengo que encontrar la manera de hacerlo!
Úrsula la mira con desaprobación.
-¡Creo que Hugo debería rehacer su vida al lado de otra mujer! –dice Soledad.
Úrsula se espanta.
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Hotel.
Michelle sueña que Hugo viene a visitarla- ¿Qué haces aquí?
Hugo se acerca a ella- ¡Me escapé de la cárcel porque sé que necesitas de mis besos!
Y se besan.
♫
Ya no quedan más palabras entre tú y yo
Yo quisiera comenzar, yo quisiera despertar a tu lado.
♫
Michelle despierta- ¿Por qué? ¡por qué tenía que enamorarme del único hombre que no debo amar! ¿por qué? –llora.
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Celda.
Boris duerme.
Hugo es un manojo de nervios, mueve los dedos nervioso.
Y recuerda a Soledad abrazando y abrazada por Daniel.
Y respira muy nervioso, está celoso.
Se levanta y camina de una lado a otro.
No quiere despertar a Boris.
Toma la rejas y cierra los ojos- ¡Este encierro me está haciendo imaginar cosas que no son! –piensa- ¡yo voy a salir de aquí! ¡Soledad, nuestra hija y yo, los tres… vamos a ser muy felices! –se promete- ¡muy felices!
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Residencia Rebeca.
-Estos son los planos de la Casa Obregón.
-Yo no sé leer planos Francisco.
-¡Yo tampoco! Pero el tesoro tiene que estar allí, esta es la última casa que construyo Vladimir, lo extraño en todo esto es que desapareció.
-¡Ay, lo único que me dice es que me da muchísimo miedo que Alcides se entere de lo que estamos haciendo!
-No te preocupes, desaparecemos del país, nadie nos volverá a ver… ¡pero te olvidas de Alcides!
-¡Francisco! En la Hacienda Montenegro existe un pasadizo secreto que va desde la habitación de Hugo, yo lo he utilizado para no ser vista.
-¡Eso es! Él también construyó esa casa.
-¿Cómo vamos a entrar a la Casa de los Obregón sin ser vistos?
-¡Mañana toda la ciudad va a estar en el juicio de Hugo! Y va a ser la mejor oportunidad para visitar esa casa.
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Taberna.
-¡No puedo hacerlo, Rebeca! –protesta ya borracho Lucas- no puedo presentarme en el juicio diciendo que soy uno de los inversionistas afectados, Dios mío… ¡sería un duro golpe para Soledad!
Rebeca le sirve más alcohol- ¡Lucas, tienes que testificar en contra de Hugo de Medina! Es la única manera de recuperar el dinero que invertiste en esa mina… ¿pretendes perderlo todo?
-¡No puedo hacerle esto a mi hija!
-¡Claro que puedes! Solo tiene que tener un poco de valor y esto te va a ayudar –le sirve otro trago.
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Juicio.
Eloísa se acerca y finge- ¡No te preocupes, Soledad! Yo también atestiguaré y diré que Hugo es una persona buena, todo va a salir bien.
Soledad le agradece- ¡Gracias, eso espero!
Ester está a su lado.
-¡Eloísa tiene razón, Soledad! –Michelle a su lado- ¡Hugo va a salir libre, ya verás!
A su lado Daniel- ¡Allí viene el señor Juez!
Todos se ponen de pie.
-¡Pueden sentarse! Que hagan entrar al acusado, el señor Hugo de Medina.
Soledad mira triste a Hugo.
Hugo toma asiento.
Gladis mira para todos lados buscando a Arturo.
-¡Llamo a declarar a la persona que puso la demanda por estafa, el señor Arturo de Linares tiene la palabra!
-Por alguna razón, mi hijo no quiso estar presente señor Juez –Gladis.
-¡Con todo respeto, señor Juez! Creo que la presencia de Arturo es innecesario considerando que todos los demás inversionistas estafados estamos aquí presentes –Manrique.
Y todos lo apoyan.
Soledad se desespera.
Hugo la mira.
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FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
Lucas declara en contra de Hugo.
-¡Cometí el peor error de mi vida! –reconoce Hugo.
LA TRAICION 076 – ODIO – jueves 15 de mayo de 2008
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Mabouchita
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- Joined: Tue Nov 21, 2006 3:00 am [phpBB Debug] PHP Warning: in file [ROOT]/vendor/twig/twig/lib/Twig/Extension/Core.php on line 1236: count(): Parameter must be an array or an object that implements Countable
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