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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
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Hospital.
-¡Condenaron a Hugo a la horca! –llora Soledad- ¡Dios mío! –y se dobla en dos.
-¡Ese hombre se merece la muerte por todo lo que nos ha hecho! –Ester dura como un cubo de hielo.
Úrsula la mira con espanto.
Soledad simplemente llora.
-¡Soledad! ¿cómo sigue tu padre? –entra Michelle seguida de Andrés.
-Está muy delicado –Ester- el doctor está haciendo lo posible para salvarlo.
Michelle se arrodilla al lado de Soledad que llora sin consuelo- ¡Soledad, él lo va a lograr!
Ester y Úrsula las dejan solas.
-¡Daniel, lo va a lograr, tú eres una mujer muy fuerte! No te dejes vencer... ¿te contó Úrsula?
-¡Sí! –con un susurro- ¡ya me dijo que van a llevar a Hugo a la horca!
-¡Sé cómo te sientes por lo de tu padre y quizás no sea el mejor momento para decírtelo... pero Hugo... me pidió que se quiere despedir de ti antes que lo ahorquen!
Soledad la mira y no puede dejar de llorar.
-¡Es lo único que me pidió! Se quería despedir de ti antes de morir.
-¡Hugo es el padre de mi hija! –Soledad mira a lo lejos- ¡pero tú oíste lo que dijo mi padre y él tiene toda la razón! Todo lo que hizo solamente me recordó las cosas terribles que tuvimos que vivir... –y solloza- ¡y yo no puedo, no quiero verlo! Esto se acabó... ¡no quiero!
-Entiendo, Soledad –triste Michelle- entiendo.
Ester que no puede dejar de meter su cuchara- ¡Haces bien, hija! No debes ir a verlo, por su culpa, tu padre se está muriendo.
-¡Fue terrible lo que pasó en el juicio, des pues de que se salieron a atender a tu papá! –cuenta Michelle- ¡ay, no! Marina se presentó, acusó a Hugo de haber intentado matarla... y Boris huyó, Hugo no tuvo quien lo defendiera.
-¡Todo lo que está pasando es... horrible! Pero te juro que nunca le hubiera deseado este final para él –llora Soledad.
-¿Sabes? El que me sorprendió mucho, fue Alcides –sigue Michelle- ¡él intentó salvarle la vida a su hermano!
Soledad se sorprende.
-¡Y por primera vez me pareció sincero!
(Como vemos... la que está impactada es Michelle!!
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Bosque.
Alcides, cabalgando, se encuentra con Hércules- ¿Mataste a Boris?
-¡Hice lo que usted me ordenó, señor! Aquí tengo la prueba... éste es su corazón –y saca la bolsa- ¿quiere verlo?
-¡Maldición! –se molesta Alcides- ¡lo mataste!
Hércules queda sorprendido.
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Celda.
-¡Señor Hugo de Medina! –viene el juez a verlo- ¡como es costumbre en estos casos, quisiera saber cuáles son sus últimos deseos!
Hugo tirado sentado en el catre (con las botas puestas hehehe), triste- ¿Quién puede desear algo sabiendo que va a morir? –y cierra los ojos muy fuerte.
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Mi sufrimiento es estar
solo como el viento
y saber que asi grite
nadie me va a escuchar
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El juez lo mira impávido.
-Yo sólo deseo despedirme de Soledad –pide Hugo- y de mi hija –y tiene mucho dolor e impotencia y repite triste- ¡de mi hija! –y suplica a punto de llorar- ¡por favor!
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Hospital.
-¡Sí, puede que sea cierto! –Soledad calmada- ¡puede que Alcides haya regresado muy cambiado! Pero ya es muy tarde, no pudo salvar a su hermano... ¡Michelle, entiéndeme, por favor! Yo no podría ver a Hugo, no puedo.
-¡No expliques, Soledad! Entiendo –le sonríe comprensiva.
Daniel aparece- ¡Soledad, tu padre está progresando muy bien! Buscaré al doctor Max, él puede ayudarnos, tiene unos equipos que tal vez nos puedan servir –y se sienta a su lado- ¡Soledad, voy a salvar a tu padre! Ten fe.
Y Soledad vuelve a llorar.
-¡Soledad! –aparece Antonia con la bebé- me contaron lo de mi hermano Lucas, ¿cómo está?
Soledad toma a Aurora en sus brazos.
-Está muy grave –contesta Ester- ¡el doctor nos acaba de decir que... puede salvarse! Que puede hacer todo lo posible.
Soledad abraza a Aurora- ¡Vas a crecer sin padre! –vuelve a llorar.
Y Aurora parece comprender y se pone triste.
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Bosque.
Hércules está pálido- ¡Hice lo que me pidió, patrón! Y le traje la prueba, no entiendo por qué está molesto conmigo.
Alcides está molesto- ¡Regresa con Arturo y averigua en qué pasos anda!
-¡Sí señor!
Alcides se marcha a galope.
Al quedar solo -¡Debí decir la verdad! –Hércules.
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Al fondo de un barranco, Boris atado de pies y manos se mueve a duras penas.
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Hospital.
-¡Si el juez lo decidió así! –sentencia Antonia- ¡así debe ser! Cada quien debe recibir el castigo que se merece... Si algo le pasa a Lucas.
-¡Señora Antonia! –se enoja Michelle- ¡entiendo su dolor! Pero eso no va a pasar, Daniel dijo que con ayuda del doctor Max podrá salvarlo.... no pensemos en lo peor.
-¡La señorita tiene razón, Antonia! –Ester- ¡cálmate!
Andrés y Michelle se separan.
-¿Estás pensando lo mismo que yo? –Andrés a Michelle- ¡Hugo de Medina!
-¡Sí, Andrés, tenemos que hacer algo! No creo que sea culpable... ¡el pudo hacerle mucho daño a Soledad, cometer muchos errores, él mismo lo reconoció! ¿pero tratar de matar a una mujer embarazada?
-Bueno... ¿qué quieres que haga?
-¡La única forma de salvar a Hugo de la horca es encontrando a Boris! Su sirviente, él estaba presente, fue testigo del accidente.
-¡No, él huyó! En este momento debe estar muy lejos.
-¡No, Andrés! Yo estoy convencida que Boris no pudo haber huido, vi cuánta fraternidad hay entre los dos... ¡alguien lo hizo desaparecer! ¿pero quien? Andrés, averigua.
Andrés se marcha.
En ese momento llega Alcides.
Michelle se sorprende.
Ester y Antonia lo miran enojadas.
-¡Me enteré que don Lucas se puso mal en el juicio de mi hermano! ¿cómo se encuentra?
-¡Delicado, pero está bien! –Michelle le contesta- ¡Daniel fue a buscar al doctor Max para que lo ayude!
-¿Y Soledad donde está?
Michelle mira para dónde estaba Soledad y no la encuentra- ¡Estaba aquí hace un momento, entró a ver a su padre, yo creo! –y Michelle se acerca- cuando preguntaron en el juicio... quien escondió a tu hermano... ¡pensé que nos delatarías, Alcides! –y le agradece- ¡Gracias! Por no haber dicho nada.
Alcides hace un movimiento de cabeza agradeciendo.
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Una calle.
-¡Fue increíble cómo Alcides defendió a su hermano! Y todo el mundo le creyó... ¡parecía muy sincero! –Eloisa molesta- ¡luego discutió conmigo! No lo entiendo.
-¡Ay, por favor, no exageres! A mí me pareció muy mal actor, además me topé con Alcides antes del juicio.
-Lo más desconcertante es que se apareció con un maletín repleto de dinero y pagó toda la deuda de su hermano.
-¿Un maletín café?
-¡Eres vidente! –ríe Eloisa.
-¡No te rías! Me encontré a Alcides en el jardín trasero de la casa de los Obregón y llevaba ese maletín café.
-¡Fue a recoger el dinero!
-¡En ese jardín está enterrado el tesoro de Jeremías! –deduce Paquito.
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Casa Dr. Max.
Arturo enojado mira el garfio- ¡Cómo se le ocurre pensar que voy a usar esto delante de todo el mundo? ¡pretende que me llamen Arturo el manco!
-¡Sólo quería ofrecerle una solución! –grita el doctor Max- ¡mucha gente lo usa!
-¡Pues yo no lo voy a usar, no soy ningún pirata!
-¡Entonces no debió enfrentarse a Alcides de Medina! Es un hombre muy peligroso.
-¿Cómo no lo voy a enfrentar después que usted me dice que ese imbecil asesinó a mi hermana Beatriz? ¡voy a acabar con ese canalla y toda su parentela! –grita fuera de sí - ¡no voy a dejar a ningún De Medina vivo en el planeta!
-¡Tiene que aprender a hacer las cosas bien, don Arturo! –le aconseja el doctor Max.
-¿Cómo se atreve a decirme lo que he de hacer para matar a alguien? ¡usted no sabe lo que es matar a una persona! ¡usted se dedica a salvarla! –y le duele.
El doctor Max levanta la barbilla y recuerda su crimen, cuando mató al Daniel Von Sirak.
-¡Sí, yo salvo vidas... pero también elimino otras... cuando es por una buena causa! –de pronto confiesa- ¡yo maté al doctor Ernest Von Sirak!
En la puerta estaba entrando Daniel y lo escucha.
-¡Y nadie lo supo jamás, nadie! –asegura el doctor Max.
Y Daniel se pone rojo de la rabia.
(bueno, ahora lo saben todos!!
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Celda.
Hugo está solo y triste.
-¡Hugo de Medina, tiene visita! –le anuncian.
Hugo no se mueve- ¡No quiero ver a nadie! –dice sin levantar la mirada.
Y detrás de las rejas aparece lentamente Soledad y lo mira largo rato, sin hacer ruido.
Lo mira con amor.
Pero luego se endurece- ¡No vine por mí! Vine porque Michelle me dijo que querías hablar conmigo.
Y Hugo la mira y se le ilumina el rostro.
Y Hugo le sonríe, con amor.
Y lentamente Hugo se pone de pie y se acerca como si ella fuera una diosa.
Soledad lo mira con lágrimas en los ojos.
-¡Soledad!-susurra Hugo- ¡viniste a despedirte de mí! Gracias por venir –y Hugo pone su mano sobre la de ella.
Pero Soledad la retira rápidamente- ¡Vine porque eres el padre de mi hija! –y lo mira llorando- ¡ya supe que te condenaron a la horca!
Hugo le sonríe triste.
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Mi sufrimiento es estar
solo como el viento
y saber que asi grite
nadie me va a escuchar
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Casa Dr. Max.
El doctor Max sigue hablando de más ante los ojos desmesurados de Arturo.
Y ante la rabia silenciosa de Daniel.
-¡No tuve más remedio, asesiné al doctor Von Sirak! Fue difícil, pero era necesario, impecablemente ejecutado.
Daniel escucha.
-¡Hay que hacer las cosas bien, don Arturo! Si usted quiere vengarse de Alcides de Medina tiene que usar la inteligencia y no la violencia.
-¡Quien lo hubiera dicho, doctor! Un hombre de ciencias como usted... también tenía sus crímenes ocultos –Arturo.
En la puerta- “El doctor Maximiliano” –piensa lleno de furia Daniel- “el asesino de mi padre” –y se lleva la mano a la pistola.
-¡Pero no comparto su parecer, doctor Max! –sigue Arturo- no creo que la inteligencia sea útil cuando hay que encargarse de la hierba mala, a esa hay que arrancarla de la raíz.
(bueno y qué tiene que ver eso con la inteligencia???
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Daniel sale afuera y llora con rabia- ¿Por qué? ¡por que ese desgraciado asesino a mi padre! –y saca la pistola decidido a matarlo pero se detiene- ¡Tengo que calmarme, yo no soy un asesino como ese miserable! –y luego se promete- ¡Max va a pagar la muerte de mi padre! –y decide utilizar la lección del doctor Max- ¡pero tengo que actuar de manera más inteligente! –se calma- ¡como él acaba de decir, ser inteligente!
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Calle.
-¡Ese maldito tesoro está escondido en ese jardín! Se le adelantaron a la boba de Rebeca, lo tiene Alcides.
-¿Y si Alcides estuvo desaparecido tanto tiempo, cómo hizo para encontrar ese tesoro en esa casa?
-¡No lo sé! Pero son demasiadas coincidencias –y saca el mapa- ¡aquí encontré a Alcides! Y llevaba el maletín.
-Cargado de dinero.
-¡Lo de boba no sé! –los interrumpe Rebeca- ¡pero esta es la última vez que les permito que me dejen por fuera para encontrar el tesoro de mi difunto esposo!
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Hospital.
Michelle se acaricia el pelo y estudia a Alcides- ¡Durante el juicio pudiste acusarnos a Soledad y a mí por ayudar a escapar a Hugo de la cárcel... y no lo hiciste! –le sonríe seductora- ¿por qué?
-¿No está enterada que un caballero jamás delata a una dama? –coquetea Alcides con ella.
-Gracias... ¡nos salvaste de ser acusadas por la protección que le dimos a Hugo!
-Bueno, yo también estuve involucrado –admite Alcides- ¡lo saqué del cuarto de Soledad para que no lo apresaran! Me hubiera tocado responder ante la justicia por ayudar a mi hermano... ¿no te parece?
-¡Humju! –admite Michelle- ¡sí! Si Boris aparece Hugo se salvaría de ir a la horca... dime Alcides... –y se acerca aun más- ¿estás involucrado en la desaparición de Boris?
Alcides la mira sonriendo.
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Cañada
Boris sigue en la misma posición
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Celda.
-¿Cómo sigue tu papa? –pregunta Hugo.
-¡Mal! Está muy mal... estuvo a punto de morirse... ¡Daniel está haciendo lo posible para salvarlo!
Hugo baja la mirada- ¡Yo soy el culpable, Soledad! No tengo ;perdón.
-¡No! –suspira Soledad- ¡no tienes perdón!
-Soledad, no quisiera irme de este mundo llevándome tu odio- le ruega Hugo- ¡necesito que me perdones, te lo ruego! Yo reconozco que me equivoqué.
Soledad lo mira.
-¡Te juro por nuestra hija que estoy arrepentido hasta los huesos de esa maldita venganza!
(ahahaha perdonen...
pero es que entendí huevos!!
Perdón!!)
-¡Yo te amo! –le dice Hugo con todo su corazón- ¡te amo! Necesito tu perdón.
-¿Para qué quieres que te perdone? Eso no cambiaría nada de lo que estoy sintiendo –mueve la cabeza triste- ¡por culpa de tu venganza casi pierdo a mi padre! –empieza a llorar- ¡y también mi hija queda sin papá! Tú eres el único responsable de todo lo que está pasando.
Hugo la mira suplicante.
-¡Lo peor de todo es que ya mataste la posibilidad de perdón en mí! Y por más que intente, ya no te puedo perdonar... ¡porque en mi corazón ya no hay perdón para ti!
Este es el último golpe que Hugo necesitaba.
(te estás pasando Soledad!!
Además Lucas es el único culpable!!)
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Casa Dr. Max.
Frente a la casa Daniel lucha consigo mismo- ¡Tengo que pensar con claridad! Necesito los equipos del doctor Maximiliano para salvar a don Lucas! –y llora de rabia- ¿pero cómo hago para no meterle un tiro a ese asesino? –y hace un esfuerzo- ¡Cálmate, Daniel, no permitas que la furia te ciegue! –y se calma- ¡ya sé lo que tengo que hacer! –se seca las lágrimas- ¡ya sé!
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Dentro.
-¡Le agradezco, doctor! –Arturo- debo recuperarme, Hugo de Medina colgará de la horca a primera hora! Y no pienso perderme de ese espectáculo.
-¿En eso terminó el juicio? –se espanta el doctor Max- ¡lo van a ahorcar!
-¡Lo encontraron culpable! –feliz Arturo- ¡uno menos de los de Medina! Ahora resta ocuparse de Alcides.
Daniel recuperado entra y saluda- ¡Buenas noches, caballeros! –los enfrenta.
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Calle.
-¡Así que Alcides de Medina encontró el tesoro antes que nosotros! –y luego a los dos furiosa- ¡y ustedes dos par de traidores querían ocultármelo!
-¡No nos grites! Te lo íbamos a decir, tienes ese derecho.
-¡Es la última vez!
-Si Alcides tiene el tesoro en su poder, qué podemos hacer tía –grita Eloisa.
-¡Encontrarlo!
-¡Si Alcides se da cuenta que nosotros andamos detrás de ese tesoro nos corta la cabeza!
-¡A los dos! –grita Paquito.
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Hospital.
-¿Cómo se te ocurre pensar que yo tengo algo que ver con la desaparición de Boris? –finge Alcides- ¿no viste todo lo que hice por ayudar a mi hermano Hugo?
Pero Michelle duda- ¡Ya te lo dije! Dicen cosas muy malas de ti,
-¡Y yo ya te dije que esas son las consecuencias de mis errores del pasado! Ahora es distinto, Michelle, soy otra persona... ¡soy un hombre que piensa y razona diferente!
Michelle lo mira con interés.
Ester se acerca- ¡Tú qué haces aquí! –lo ataca- ¡no eres bienvenido! Y mucho menos en este momento –lo echa- ¿por qué no te vas?
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Celda.
-Soledad, yo reconozco el daño que te hice... y a tu familia... ¡acepto que soy culpable y que tienes razón en odiarme!
Soledad llora.
-¡Pero mi amor, ya todo acabó! ¡ya se acabó!
-¡Sí, de la manera más triste! –llora Soledad- ¡de la forma más dolorosa! Pero sí, todo acabó.
-¡Yo destruí el amor que había entre nosotros y ni siquiera tengo tiempo para demostrarte mi arrepentimiento! Dentro de pocas horas dejaré de ser un estorbo para ti y para todos aquellos a quienes hice daño.
Soledad no puede más - ¡Me tengo que ir! Tengo que ver a mi papá.
Pero Hugo la detiene de la mano- ¡Quédate un segundo más! Te lo suplico –le dice llorando.
Y Soledad lo mira llorando.
-¡No me pidas algo que no te pueda dar! –dice Soledad.
-Por favor, tráeme a mi hija... ¡Te lo ruego! –repite- ¡te lo ruego! Quiero darle un beso a mi pequeña Aurora, quiero despedirme de ella cómo lo estoy haciendo contigo –Hugo llora.
Y Soledad llora.
-¡Te lo suplico! Déjame verla por última vez.
-¡Yo solamente quiero que te lleves de mí lo mejor! –llora Soledad- ¡que sepas que yo siempre te amé! –le confiesa- ¡que nuestra hija es el mejor recuerdo de nuestro amor! – y Soledad le besa la mano y se aleja.
Hugo llora.
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Hospital.
-¡Doña Ester, entiendo su dolor! –Alcides – me enteré de lo que pasó con don Lucas en el juicio.
-¡A mala hora usted y su hermano llegaron a nuestras vidas! –le corta Antonia- ¡ya escuchó a mi cuñada! ¡váyase de aquí! –lo echa- ¡largo!
-¡Vete Alcides! –Ester.
-¡Doña Ester! Que pena, no era mi intención importunarlas... yo solo quería hablar con Soledad.
-¡No creo que sea el mejor momento, Alcides! –Michelle- las señoras tienen razón, será mejor que te retires.
-¡Buenas noches, Michelle! –obedece Alcides.
Y Michelle le sonríe - ¡Buenas noches, Alcides!
-¡Espero sinceramente que don Lucas se recupere! Con permiso –se retira.
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Calle.
-¡Alcides de Medina me importa un bledo! –grita Rebeca- ¡ustedes dos tienen que hacer lo que yo les digo!
-¡Estás muy equivocada, tía! –grita Eloisa- ¡yo primero voy a pensar en mi pellejo, y no me voy a arriesgar por buscar un maldito tesoro!
-¿Tú lo que quieres es quedarte con el tesoro? ¡no lo voy a permitir! –fuera de sí - ¡porque la que tuvo que acostarse con el maldito viejo decrepito fui yo! ¡ese tesoro me pertenece!
-¡No seas absurda! –Paquito- déjame corregirte, ¿por qué Jeremías nunca te lo entregó? ¡ese tesoro le pertenece a quien lo encuentre!
-¿Te pones al lado de ella? –lo pega.
-¡Traidores! Tú te acostaste con Francisco comportándote como una cualquiera –le grita Eloisa.
Rebeca le pega.
Pero Eloisa le responde.
Paquito no hace nada para separarlas.
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Casa Dr. Max.
-¿Qué hace usted aquí a estas horas, doctor? –el doctor Max.
-¡Necesito de su ayuda, doctor! –finge muy bien Daniel- ¡A don Lucas de Obregón le dio un ataque cardiaco! Su cuerpo está descompensado y su salud inestable, y el hospital es muy modesto y necesito de su experiencia... y algunos de sus equipos.
El doctor Max se siente halagado.
Daniel mira a Arturo- ¡Hoy lo vi en el juicio de Hugo de Medina y no tuve el placer de presentarme!
-¡Él es el joven Dr...! –empieza el doctor Max y duda.
-¡Daniel Von Sirak! –y Daniel le extiende la mano a Arturo.
Arturo se la estrecha.
-¡Hijo de una eminencia de la medicina! –sigue Daniel mirando al doctor Max - ¡el doctor Ernest Von Sirak!
Arturo se queda pasmado.
El doctor Max traga saliva.
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Juzgado.
-¡Buenas noches, señor Juez! –aparece Soledad.
-¡Muy buenas! Siéntese por favor.
-Gracias –Soledad toma asiento.
-¿Cómo sigue su señor padre?
-Ha estado muy delicado, pero está un poco mejor.
-¿En qué le puedo servir?
-¡Ya supe sobre la sentencia de Hugo de Medina!
-¡Si viene a pedir clemencia, lo siento, es un hecho!
-¡Como usted bien sabe, Hugo de Medina es el padre de mi hija! –sigue Soledad- ¡Señor juez! Yo quiero ver la posibilidad de cambiar esta pena de muerte por una condena en la cárcel! –ruega Soledad- ¡así sea de por vida, no importa! –se desespera- ¡pero no la horca!
-¡La única persona que puede salvar a Hugo de Medina de morir en la horca es Boris Goncalves, su mayordomo! Pero ese señor se escapó, la policía lo está buscando, no aparece... ¡es cómo si la tierra se lo hubiera tragado!
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Cañada.
Una señora y su perro encuentran a Boris en el suelo.
-¡Ayuda, por favor!-ruega Boris- ¡caí en el barranco... un hombre! –y se desmaya.
La mujer grita pidiendo ayuda.
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Juzgado.
-¡Es evidente que Boris Goncalves escapó porque es cómplice con Hugo de Medina en el intento de asesinato de Marina de Goncalves, así que mañana, a primera hora, será ejecutado en la horca, Hugo de Medina.
-¡Entiendo su decisión! –firme Soledad- ¡pero me cuesta trabajo creer que Hugo de Medina sea un asesino y que haya intentado matar a su empleada de servicio Marina! –grita enojada- ¡no!
(ufff!! que alivio no verla llorando!!
esta Soledad me gusta!)
-¡Señora! Una persona deja de ser buena cuando comete algo malo, las cárceles están llenas de gente que dice que es inocente –se levanta- ¡ahora si me permite tengo que reunirme con mi esposa! Qué pena con usted –la echa.
(error Sr. Juez, no es cierto,
una persona no deja de ser buena por cometer un error!!
)
-¡Algo más! –pide Soledad- quiero pedirle que me autorice a traer a mi hija, quiero que su padre pueda despedirse de ella.
El juez duda.
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Celda.
-“¡Ya no me importa morir, Soledad! Prefiero la muerte que vivir sin tu amor” –piensa Hugo
y recuerda: “Lo pero de todo es que ya mataste la posibilidad de perdón en mí, y por más que intento y que busque yo ya no te puedo perdonar porque en mi corazón ya no hay perdón para ti”
Hugo mira al techo- “Tampoco aspiro a tu perdón, solo espero que te apiades de este hombre que tanto te amó y que me traigas a mi hija” –y cierra los ojos.
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Casa Dr. Max.
-¡Lo vi en el juzgado, cuando atendió a don Lucas de Obregón tendido en el suelo! –Arturo- ustedes los médicos siempre están dispuestos a ayudar a todas las personas.... ¡yo no podría ser médico! –reflexiona con sinceridad.
Pero el doctor Max tiene dudas- ¿Estaba merodeando por aquí doctor Von Sirak?
-¡No entiendo a qué se refiere! Ya le dije a lo que venía, no entiendo la pregunta... simplemente encontré la puerta abierta.
-¿Debo creer que usted me está espiando, doctor?
Daniel ríe- ¡Doctor! ¿pasa algo? ¡lo noto un poco...nervioso y preocupado! ¿hay algo que yo debería saber?
Y hasta Arturo se siente culpable.
-¡No ocurre nada! –el doctor Max- solo que no me gustan las visitas inesperadas, y menos que me espíen cuando estoy trabajando en el laboratorio.
Daniel debe hacer un esfuerzo sobrehumano para simular y de pronto ve el garfio- ¡Una prótesis! ¿qué hace esto en su laboratorio, doctor? –lo toma- ¿acaso alguien en San Marino perdió una mano?
Arturo se asusta.
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Calle.
Rebeca y Eloisa siguen peleando.
Paquito decide intervenir y las separa- ¡Tranquila las dos! Qué vergüenza, el tesoro debe ser una fortuna –les regaña - ¡debe haber suficiente para los tres! No tiene que haber razón para que nos comportemos como animales celosos... Tú Eloisa, cariño... ¿estás bien? Tú eres la más astuta, encárgate de Alcides –y luego a Rebeca- ¡y tú comportate!
-¡Esta bien! –acepta Eloisa.
-¡No! tuviste tu oportunidad y no lograste nada – Rebeca- de ahora en adelante las cosas se hacen a mi manera.
-¡Te felicito! ¿qué tienes en mente, Rebeca?
-¡Si ese tesoro sigue en casa de los Obregón, voy a acercarme a Ester! Ella todavía me cree su amiga, así podré moverme en esa casa cuando yo quiera... ¿entendido?
-¡Mira tía, si intentas jugarnos sucios! –le advierte Eloisa-¡me voy a olvidar que somos familia y vas a estar en serios problemas!
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Casa Dr. Max.
-¡Deme ese garfio, no es un juguete!
-Lo noto demasiado agitado, Dr.
-¡Y yo le advierto, joven, usted no me agrada en absoluto!
-¡No puedo imaginarme por qué! –ríe Daniel- ¡según recuerdo, yo a usted no le he causado ningún agravio! –y luego piensa mientras le sonríe - “no te imaginas lo que te espera, asesino cobarde”.
-¡Doctor, yo debo retirarme! Con su permiso, doctor, doctor –se va a retirar y se detiene- ¡Doctor Max, me quedaré pensando en lo que dijo sobre las ventajas de trabajar con inteligencia!
Daniel sonríe - ¿Entonces doctor, piensa ayudarme a salvarle la vida a don Lucas de Obregón o necesito rogarle? ¡el tiempo corre!
El doctor Max piensa –“¡No, este hombre no escuchó que yo asesiné a su padre!” –y responde- ¡Está bien! Dígame qué instrumentos necesita y vamos de una vez al hospital.
Daniel tiene los puños crispados.
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Hospital.
-¿Lograste averiguar algo de Boris?
-¡Nada! Recorrí todo San Marino, pregunté y nadie pudo darme ni noticias ni razón, te lo dije, Michelle... ¡tú eres muy crédula! Ese hombre se asustó, huyó... quien sabe dónde puede estar en este momento.
-¡No Andrés, tú no viste lo que yo vi! Cuando Hugo se enteró que Boris había perdido el hijo que esperaba su esposa se demostraron fraternidad sincera.. ¡dijo que más que su sirviente era su hermano! Así cómo tú y yo... ¡tú jamás me traicionarías, Andrés!
-¡Jamás! –jura Andrés- ¡somos cómo hermanos!
-¡Ese hombre no huyó, te lo puedo asegurar!
-¿Y qué pasó?
-¡Alguien lo hizo desaparecer! Se lo pregunté a Alcides, no sé si me dijo la verdad... pero me pareció sincero... ¡este pueblo es un infierno, no se sabe a quien creerle! –se exaspera- ¡pero tiene que aparecer, no nos podemos resignar a que ahorquen a Hugo!
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-¡Me parece extraño que Soledad no salga! –Ester- lleva mucho rato con Lucas, es mejor que vaya a ver.
Pero Soledad llega en ese momento.
-¡Pensamos que estabas con tu padre! –Michelle.
Soledad besa a Aurora que está en brazos de Úrsula- ¿Qué ha pasado, han dicho algo?
-¡La enfermera nos dijo que estaba más estable! –Michelle- por eso pensé que estabas con él, Daniel debe estar por llegar... ¿dónde estabas?
-¡Estaba despidiéndome de Hugo! –anuncia Soledad.
-¡Qué hiciste qué! –grita Ester-
-¡Voy a llevar a mi hija! –anuncia Soledad sin admitir respuesta- ¡Úrsula, por favor, alístala! Quiero que ella se despida de su padre.
Pero Ester ataca- ¡No lo voy a permitir!
-¡Hazle caso a tu mamá, Soledad! –grita la bruja Antonia.
(aha!
Ya me parecía que andaba muy buena
)
-¡Se trata de su papá! –les corta Soledad- ¡y lo van a ahorcar al amanecer! Lo mínimo que puede hacer es ver a su hija, mamá.
-¡No después del daño que nos ha hecho, Soledad! ¿es que no te das cuenta, Soledad, tu padre se está muriendo?
-¡No más! –le grita Soledad- ¡no más! Me voy a esperar que Daniel venga y me diga que mi papá está fuera de peligro, y luego voy a llevar a mi hija... ¡no lo vas a poder impedir mamá! –y luego se acerca como una fiera- ¡Además tú no tienes autoridad moral para decirme lo que tengo que hacer!
Ester mira para otro lado.
-¿O es que se te olvida lo que me acabas de decir de mi papá? –sigue Soledad.
-¡A qué te refieres, Soledad! –Antonia.
-Prefiero no hablar de eso, tía.
-¡Soledad tiene razón, señora Ester! –Michelle- ¡Hugo es el padre de la niña!
Daniel llega- ¡El doctor Max y yo atenderemos a tu padre! Aquí tenemos los equipos que necesitamos y vamos a estabilizarlo, te lo aseguro.
-¡Por favor, sálvalo! Por favor.
-¡Déjalo en mis manos! Y ustedes no es necesario que estén aquí, pueden irse a descansar, el doctor y yo nos encargaremos, mañana me comprometo en avisarles a primera hora y darles la buena noticia que tu padre está a salvo –le sonríe a Soledad- ¡doctor! –se marchan.
-¡Michelle! ¿me puedes acompañar? –ruega Soledad.
-¡Por supuesto, Soledad!vamos.
Y Soledad toma a la niña y se marcha con Michelle y Úrsula.;
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Casa Alcides.
-¡Te pedí que estuvieras cerca de Arturo para que vigilaras sus pasos! –Alcides a Hércules- ¿qué haces aquí?
-Fui a buscarlo pero no lo encontré, señor –Hércules nervioso- su madre me dijo que tiene dos días que no aparece.
-“Arturo está evitando que su madre se entere que perdió su mano” –piensa Alcides y como cacahuetes- ¡averigua dónde se está quedando! –ordena- ¿dónde se esconde?
-¡Sí, señor, permiso! –y se dispone a retirarse pero se detiene- ¡don Alcides, yo...!
-¿Qué sucede? –Alcides lo mira con una mirada asesina.
Y Hércules pierde todo valor- ¡Nada! Nada... permiso.
-¡Si es por lo que pasó con Boris, no te preocupes! –lo detiene Alcides- ¡te di una orden equivocada! Solo la cumpliste... –sigue comiendo- ¡hasta mañana Hércules!
Hércules lo mira y luego se marcha sin decir palabra.
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Cabaña.
-¡Este hombre está muy mal, mujer! Debió caer en el barranco.
Boris sigue inconsciente.
-Mañana temprano traemos a la policía, lo mejor es que se lo lleven antes que reaccione, este hombre puede ser un criminal.
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Taberna.
-Espero que no estés molesto porque desaparecí –Margó le trae comida a Arturo- cuando me dijiste que no querías que te vieran conmigo, decidí irme... ¡la cena no es especial, nunca fui buena en la cocina!
-¡Para otras cosas eres la mejor! Siéntate aquí –le besa el hombro.
Pero Margó no está contenta.
-¿A ti te da asco estar con un hombre que le falta una mano? –se enoja Arturo.
-¡No! –ríe Margó- ¡en mi profesión he visto cosas peores!
-¡No me mientas, Margó! –se enoja- tú te ves muy bien, te has cuidado con mucho esmero, lo ultimo que quiero es tu maldita compasión... ¡quiero que hagamos el amor! ¡demuéstrame que no tienes asco de mí –y le ordena- ¡desnúdate!
Pero Margó no se mueve.
(Margotita portate bien!! que Herculitos no mató a Boris!!
)
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Hospital.
-¡Acabamos de salvarle la vida a don Lucas!-festeja Daniel.
-¡Ese es nuestro trabajo! –festeja el doctor Max- ¡salvar vidas!
Daniel sirve unos vaso y le pone un polvo blanco al doctor Max- ¡Así es doctor, espero que no sea la última vez que salve una vida humana! La verdad tengo que agradecerle muchísimo por su ayuda, y para brindar –le pasa el vaso- ¡no es vino, pero sirve!
El doctor acepta.
-¡Salud, doctor, acabamos de salvarle la vida a un ser humano!
El doctor Max bebe - ¡Tengo que irme, adiós!
-¡Adiós!
El doctor Max se marcha.
Al quedar solo -¡No sabe la sorpresa que le tengo preparada!
(hum.. pienso que le dió el suero de la verdad!!
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Celda.
Soledad se detiene- ¡Michelle, espera! Te pedí que me acompañaras porque quiero que seas tú quien lleve a la niña –y sin esperar se la pasa.
-¡Pero Soledad, no! Hugo se va a poner muy mal.
-¡No! Hugo y yo ya hablamos, y anos despedimos y nos dijimos todo lo que nos teníamos que decir... ¡él quiere despedirse de Aurora! Y yo no soy capaz... de entrar y de verlo con la niña... sabiendo que es su ultimo día –llora- ¡no lo podría soportar!
-¡Por favor, Soledad!
-¡Michelle, yo ya hablé con Hugo y le dije que no lo podía perdonar! –le confiesa Soledad- y fue horrible... porque aunque en el fondo de mi corazón me esté muriendo... ¡yo no lo puedo perdonar, Michelle! Por favor, ayúdame.
-¡Entiendo! Entiendo lo que estás sintiendo Soledad.
-¡Gracias Michelle!
La niña quiere volver con Soledad.
-¡Mi amor, quédate con ella! –le habla Soledad.
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-¡Tiene visita! –anuncia el guardia- ¡es un favor especial del señor Juez!
Y entra Michelle con Aurora.
-¡Hola preciosa! –ríe Hugo- ¿cómo estás? ¡viniste a ver a papá! –la toma en brazos- ¡ven con papá, muñecota! –y la mece- ¡mi bebé, mi pequeña bebé!
Michelle lo mira.
-¡Qué hermosa estás! –le dice Hugo y luego sin mirar a Michelle pregunta- ¿Y Soledad?
-¡Ella pidió un permiso especial al Juez para que pudieras ver a la niña! Pero... Soledad no quiso entrar Hugo... ¡me pidió a mí que trajera a la bebé!
Hugo besa a Aurora.
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Mi sufrimiento es estar
solo como el viento
y saber que asi grite
nadie me va a escuchar
♫
Y Aurora y su papá se miran.
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FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
Cuelgan a Hugo.


y luego me dije... no puede ser!!!