LA TRAICION 084 – ¡REHACER SUS VIDAS! – 27/mayo/2008

Con Mario Cimarro y Dana García
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Mabouchita
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LA TRAICION 084 – ¡REHACER SUS VIDAS! – 27/mayo/2008

Postby Mabouchita » Sat May 31, 2008 10:47 pm

LA TRAICION 084 – ¡REHACER SUS VIDAS! – martes 27 de mayo de 2008

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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez

Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano

Escrito por (a partir del capítulo 65)

Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano

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Casa Alcides.
Alcides medita- “Ya Antonia encontró el cuerpo de Rebeca, cuando aparezca el doctor Max tendrá que dar muchas explicaciones a la policía, ya veré como puedo ayudarlo. Ester no me respondió cómo obtuvo esa casa pero si Rebeca me dijo la verdad antes de morir... ¡entonces el tesoro le pertenece a Soledad!”
Hugo entra sin llamar a la puerta- ¡Alcides!
Alcides se levanta- ¡Hugo!
Y ambos se enfrentan- ¡Debes estar muy satisfecho! Todo está saliendo cómo lo planeaste.
-Bueno, todavía tienes la marca de la soga en el cuello... ¡pero al menos estás vivo! –Alcides con una sonrisita.
-¡No te molestes en fingir, Alcides! No creo en tus palabras ni en tus actos de beneficencia conmigo –seco Hugo.
-¡Te has vuelto muy desconfiado, hermanito!
-¡Te conozco demasiado bien!
Y ambos se siguen midiendo con la mirada.
-¡Todo lo que hiciste en el juicio defendiéndome, es parte de tu plan! –acusa Hugo.
-¿De qué hablas? –se hace el loco- ¿de qué plan? Tú y yo hicimos un pacto de caballeros, un duelo de amor para conquistar a Soledad... ¿recuerdas?
Hugo traga saliva con dificultad y luego de un silencio reconoce- ¡Ganaste! –le cuesta- ¡Soledad y yo nos despedimos para siempre!
Alcides alza las cejas interesado y lo escucha con atención.
-¡Entre ella y yo ya no puede haber nada! –termina Hugo.
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Residencia Rebeca.
-¡Ven acá! –Paquito arrastra a Marina a la habitación de Eloisa.
-¡Yo no pienso pasarme toda la vida detrás de un disfraz ni encerrada en una cárcel! –grita Marina- ¡así que me dan mi dinero y yo me largo!
-¡No te voy a dar ni un centavo, Marina! –le grita Eloisa.
-¡Ya estuvo bien! –Paquito pierde los estribos- ¿por qué no le callamos la boca de una vez a esta desgraciada! –y se acerca para pegarle.
Pero Marina le da tremendo rodillazo en la ingle que lo deja doblado en dos y lo empuja sobre Eloisa.
Marina huye.
-¡Se escapa! –grita Eloisa- ¡levantate!
Pero Paquito se sigue retorciendo de dolor.
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ex Residencia Medina.
-Me dijo el cochero que quería verme patrón –Hércules- ¡don Arturo!
Arturo se mira el guante que simula el muñón.
-¡Quiero pedirle disculpas por lo que pasó con Margó! –sigue Hércules- y la discusión que tuvimos... estaba borracho, señor.
-¡Hércules! No te mandé llamar para hablar de faldas, tranquilo... ya sé que fuiste tú quien secuestró a Boris Goncalves para que no declarara en el juicio.
Hércules se sorprende y pierde un poco de color.
-¿Por orden de quien hiciste algo así? –interroga Arturo.
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Una calle.
-Si usted está dispuesto a vender su negocio, nosotros con mucho gusto lo compraremos... –negocia Boris- ¡a un precio especial!
-¡Déjeme pensarlo, mañana le digo! –hosco con una montura al hombro.

(hum... :-? para qué la montura??)

-¡Perfecto! –y Boris le tiende la mano.
Pero el hombre se la desprecia y se marcha.
Boris está a punto de marcharse también cuando ve a Marina que huye y la detiene del brazo- ¡Marina!
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Residencia Rebeca.
-¿Quien te ordenó que secuestraras a Boris Goncalves? –exige Arturo.
Pero Hércules recuerda las instrucciones de Alcides- “Arturo no debe estar enterado de nuestra alianza, le debes hacer creer que aun le eres fiel”.
-¡Responde! –furioso.
-Yo mismo, patrón –miente Hércules- ¡yo decidí secuestrar a Alcides!
-¿Por qué?
-¡Lo siento señor, perdóneme! Pero como usted es enemigo de don Hugo quise hacerle un favor.
Arturo lo mira duda- ¡No te creo una sola palabra!
-¡Fue un error! Debí matarlo, pero cuando iba a hacerlo él huyó y cayó en el barranco... ¡pensé que había muerto!
Arturo se acerca amenazador- ¡No quiero que vuelvas a mover un solo dedo, sin mi autorización! ¿está claro?
-¡Sí, patrón!
Arturo le da la espalda.
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Casa Obregón.
-¡Michelle! ¿cómo se te ocurre? –se ofende Daniel- ¡no tengo absolutamente nada que ver con la muerte de esa mujer!
-¡Ya sé, Daniel! Pero también sabemos que Max está muerto... ¿cómo te explicas que el cadáver de Rebeca haya llegado al laboratorio?
-¡No tengo ni idea! Pero es muy extraño.
-¡Y peligroso, Daniel! –se acerca y susurra- ¡ya Hugo me lo dijo! Debemos cuidarnos.
-Definitivamente el doctor Maximiliano no mató a esa mujer –reflexiona.

(hahaha!! :-D Bueno... supongo que puede estar seguro de esto!! :D )

-¡Michelle, yo me voy a encargar... de encontrar al asesino de Rebeca Montenegro! Te lo aseguro.

(ufff... ya cansa con sus promesas... que haga algo! :???: )

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Cabaña.
-¡Tu gran error fue hacerte pasar por mí durante el tiempo que estuve ausente! –Alcides que se sirve cacahuetes - ¡Ahí radica tu fracaso! Trabajaste para mí, hermano.
-¡Alcides! –Hugo suspira- ¡de todas formas quiero agradecerte por lo que hiciste por mí para salvarme! –y luego saca unas llaves de su bolsillo- esto no es una visita social –se las pasa- ¡estas son las llaves de la Hacienda! Ahora es tuya.
Alcides las toma y le sonríe - ¿Por qué eres tan orgulloso?
-¡No es orgullo! –lo mira con mucha tristeza- ¡Es dignidad!
-¡Dignidad es una palabra muy importante! –Alcides sigue comiendo sus cacahuetitos- ¡pero con ella no te puedes alimentar ni conseguir un techo! Ni siquiera puedes conseguir una mujer con quien acostarte –práctico- ¡El dinero compra dignidad!
-¡Eso que acabas de decir es precisamente lo que nos diferencia! –altivo Hugo.
Alcides ríe- ¡Por qué no dejas tu orgullo, hermanito! –y le muestra las llaves- ¡pídemelo! Te devuelvo tus llaves y te devuelvo tu hacienda.
Pero Hugo no mueve un músculo- ¡Jamás! No quiero ni tu lástima... ¡ni tus limosnas! –y luego repite- ¡Jamás!
-¡Ay, Hugo! –Alcides retira la mano- ¡siempre tan soberbio! El ganador, el que se lleva la mejor parte... ¿recuerdas? –con rencor velado- ¡eres así desde que éramos niños! –y luego levanta las cejas indiferentes- ¡Esta vez el ganador soy yo!
Hugo pierde su calma y su sangre fría- ¡Te felicito! Celebro tu triunfo, pero nunca vas a tener la satisfacción de verme arrodillado pidiéndote lismona.
Alcides se encoge de hombros.
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Calle.
-¡Marina! Yo pensé que habías huido de San Marino –espantado Boris- ¡media policía te está buscando! Tienes una orden de captura.
-¡Y yo no voy a dejar que me entregues! –trata de marcharse.
-¡Espérate! –la toma del brazo- ¡estuviste a punto de hacer que colgaran a mi patrón! Vamos a la Inspección, yo puedo hablar con don Hugo y hacer que no te juzguen.
-¡Yo no quiero nada de tu patrón! –tontamente Marina- ¡gracias a él y a ti me cayó la desgracia encima!
-¡Marina, por favor, no puedes ser una fugitiva toda tu vida!
-¡Suéltame! –se libera- ¡Déjame tranquila! Gracias a don Hugo nuestro se acabó.
Eloisa y Paquito los ven.
-¡Tienes razón! –Boris la vuelve a detener con una sonrisa llena de sorna y dolor- ¡nuestro matrimonio ya no existe! Muy tarde me di cuenta que eres una mujer fría, insensible, eres una traicionera, Marina- y le muestra su anillo- ¡esto ya no tiene ningún sentido!
-¡Salúdame a tu patrón y púdrete en el infierno, Boris! –Marina huye.
Paquito y Eloisa la siguen.
Boris queda solo y llora.

(boff!! :sad: Basta, pero que llorón nos resultó Boris!! )
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Cabaña.
Alcides, que sigue comiendo sus cacahuetes.

(PRODUCCIÓN... 8) POR FAVOR... denle tiempo a este pobre hombre de alimentarse propiamente, con todo el dinero que tiene Alcides podría tener una o dos cocineras y un pequeño banquetito de por medio!!! Hehehehe :grin: )

-¡Qué mal invertiste el dinero que te dejaron nuestros padres! –se burla- ¡todo lo tiraste en esta absurda venganza contra Soledad y la gente de San Marino!
Hugo lo mira sin responder.
-¡Ahora no tienes dónde caerte muerto!
-¡Ya terminaste!
Alcides ríe con una carcajada ronca- ¡Ahí estás otra vez! El arrogante, el más inteligente, el más educado.
Hugo lo mira triste.
-¡Por qué nunca cambias, Hugo! ¿por qué?
-¡Y tú nunca vas a lograr que Soledad te ame más de lo que me amó a mí! –Hugo se marcha.
-¡Te equivocas, Hugo! –al quedar solo - ¡Soledad me va a amar mucho más de lo que te amó a ti! –se jura- ¡cuésteme lo que me cueste!
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Casa Obregón.
Reunión casi familiar.
Lucas en su silla de ruedas.
Úrsula y Soledad.
Ester sentada como una estatua.
Daniel y Michelle parados.
Un poco alejada Antonia.
-¡Soledad, ya le di todas las indicaciones a tu madre para la recuperación de don Lucas! –Daniel- ¡se va sentir muchísimo mejor!
Soledad con su eterno vestido amarillo.

(wow!! Que ya debe oler bastante mal :-D, aunque la que jamás cambia de ropa es Michelle, con su famoso conjuntito desde que llegó a San Marino... y pensar que es millonaria)

-Daniel, gracias –le sonríe Soledad de oreja a oreja a Daniel- ¡no tengo palabras para agradecer todo lo que has hecho por mi familia! –y lo abraza- ¡gracias!
Y Daniel aprovecha el abrazo para retenerla más de la cuenta.

( :-x )

-¡Y a ti también, Michelle! –Soledad se separa de Daniel y se acerca a Michelle- ¡gracias por todo! Recuerda lo que hablamos en la habitación –la abraza.
-¡Gracias, Soledad! –se despide Michelle- ¡permiso!
-¡Permiso, buenas noches! –Daniel va con ella.
-¿Estás bien, mamá? –se da cuenta Soledad.
-¡Estoy cansada! Voy a darme una ducha antes de cenar –anuncia Ester y mira a Lucas con ganas de cocinarlo vivo.

(ah! 8) Me llamó la atención lo de ducha y encontré esto en Internet sobre la ducha: “en 1767, el inglés William Feetham, ya había patentado el invento, que , probablemente, sea mucho más antiguo: en una excavación de Akhenaten, en Tel-el-Amarna (Egipto) se encontró un cuenco que parece antecedente de la ducha, datado en el 1.350 a.C.” )

Lucas comprende la mirada y se extraña.

(hum... :? qué no tuvo un derrame?? )

-Ursula, te ayudo a hacer la comida, vamos –ofrece Antonia.
Y Úrsula se levanta y se marchan.
Soledad queda sola con Lucas.
-¡Hija! Te ves agotada, todo lo que ha pasado ha sido terrible y me siento culpable.

(exacto! :evil: )

-¡Yo no debí...!
-¡No papá, no fue tu culpa! –le consuela Soledad- ¡simplemente pasó lo que tenía que pasar! No quiero que te angusties más, además tienes razón en lo que me dijiste del hospital... ¡tengo que olvidarme de Hugo! Y tengo que sacarlo de mi vida, es la mejor manera para que seamos felices como antes, como la familia feliz... ¿te acuerdas?

(¿familia feliz? :o ¡wow! Nunca les hemos visto una sola escena felices!!! )

-¡Sí! –distraído Lucas.
-¡Te quiero mucho!
-¡Y yo a ti! –y le besa la mano.

(música de violines... :-({|= puajjj... demasiado azucar! )
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Hotel.
Hugo, en su nuevo refugio 5 estrellas se da un baño.

(Cuatitas... :grin: aprovechen!!! Musculitos a la vista!!)

Está triste. Y se enjabona a la luz de las velas.


Mi sufrimiento es estar
solo como el viento
y saber que asi grite
nadie me va a escuchar


Y recuerda la voz de Soledad: “ ¡Creo que la vida te quiere dar una oportunidad, pero a ti, no a nosotros! Nosotros no existe ya”
Y se hunde en el agua.


y saber que si un día te tengo
será solo un momento
un instante fugaz
pero mi sufrimiento
será por toda la eternidad

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En el restaurante.
-¡De ahora en adelante, Hugo de Medina y Boris serán mis huéspedes! –le anuncia Michelle a Daniel- ¡al menos mientras se recuperan económicamente!
-¡Me parece muy bien! –Daniel- yo voy a darme un baño y luego voy al pueblo a averiguar.
-¿Vas a investigar sobre la muerte de Rebeca?
-¡Así es! Voy a encontrar al asesino de Rebeca Montenegro... que disfrutes tu café... ¡con permiso!
Pero Michelle le pone una mano sobre la suya- ¡Daniel! Por favor ten cuidado.
Daniel le sonríe - ¡Sí! –y se marcha.
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En el pueblo.
Eloisa y Paquito desesperados no encuentran a Marina.
-¡No sé dónde se escondió esa maldita! –y luego decide- ¡tenemos que matarla!
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Hacienda Montenegro.
Marina inspecciona- ¡Creo que aquí voy a poder esconderme un buen tiempo!
Pero detrás suyo la observa Alcides.
-¡Don Hugo! –se asusta Marina.
-¡Soy Alcides! –seco -¿qué haces aquí, Marina? ¿me puedes decir cómo entraste?
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Hotel.
Michelle entra a la habitación de Hugo sin llamar- ¡Hugo, estuve hablando con Soledad y...! –y se queda boquiabierta al encontrar a Hugo saliendo del agua.
Michelle lo mira y luego desvía la mirada- ¡Perdón, Hugo, no sabía que estabas en el baño!
Hugo la mira largamente, sin tratar de esconderse.
Y Michelle lo mira abiertamente.
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Casa Obregón.
-¡Parece un angelito! –admira Lucas.
-Siempre se queda dormida después de comer –Soledad con orgullo.
Golpean a la puerta.
Soledad abre sin preguntar y sin mirar.

(Ah!! :-? Novela tontería no 1 !! )

-¡Buenas noches!
-¡Señor Juez! Adelante, por favor.
-¡Muchas gracias! Don Lucas, veo que se está mejorando rápidamente.
-¡Poco a poco! –llorón Lucas- ¡Ahí vamos señor Juez!
-¿Venía por mi? –interroga Soledad- ¿a preguntarme algo?
-¡No, vengo a hablar con su padre! Don Lucas... siendo usted uno de los inversionistas de la mina, quise pasar para informarle que el dinero recuperado pensábamos enviarlo con la señora Rebeca de Montenegro, ya que fue ella quien lo invirtió a su nombre.
Soledad que jugaba con Aurora pierde toda sonrisa y se interesa.
-¡La cena está servida! –aparecen Ester y Antonia- ¡Señor Juez! ¿cómo le va?
-¡Buenas noches! Ester... ¿cómo está Antonia?

(Hum... :-? me pregunto si el Juez puede ser interesante para Antonia...??? )

-¡Señor Juez! –Soledad quiere seguir- ¡usted dice que pensaban entregarle a través de Rebeca Montenegro y ya no va a hacer así?
-¡Pero es que Antonia no les informó de esa terrible noticia! –se sorprende el Juez y mira a Antonia que tiene aire culpable.
-¿Qué noticia? –balbucea Lucas.
-¿Pasó algo? –Soledad.
-¡La señora Rebeca de Montenegro fue asesinada! –anuncia el Juez.
Y Lucas recibe el golpe.
-¡Dios mío, Rebeca de Montenegro asesinada! –se espanta Soledad- ¿cómo pasó, quien fue?
-Una vez que Antonia nos notificó del hallazgo del cadáver, investigamos, el cuerpo de la señora Rebeca fue hallado en el laboratorio del doctor Max quien a propósito, sigue desaparecido.
-¡Tía! ¿por qué no nos habías dicho nada? ¡lo que pasó es terrible! –toma asiento.
-Bueno... don Lucas... ¡mañana voy a empezar a entregar el dinero recuperado directamente a los inversionistas! Y espero que se siga mejorando –se despide el Juez- ¡Buenas noches, permiso!
Soledad se da cuenta que Lucas está muy triste- Qué- te pasa?
-¡Rebeca muerta! –balbucea sin aire.
-Tienes las manos heladas –Soledad le toma las manos- ¡no te puedes poner así! Yo sé que Rebeca era amiga cercana de la familia, pero tienes que tomarlo con calma.
-¡No quise decir nada para evitar todo esto! –Antonia.
-¡La verdad siempre sale a flote, Antonia! –agria Ester- ¡aunque uno no quiera!
-¿De qué están hablando? –Soledad extrañada- ¿hay algo que yo no sepa? ¡mamá!
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Hotel.
-¡Ay, Hugo! Qué vergüenza –Michelle deja de mirarlo y mira para otro lado- ¡Discúlpame! No debí entrar... pensé que no estabas –miente y lo mira de reojo- ¡y por eso!

(bueno... :shock: si quería podía salir... pero sigue ahí mismo!! )

-¿Querías decirme algo, Michelle? –Hugo poco caballero tampoco hace nada para ocultarse o vestirse, pero eso sí ahora se ve que tiene una toallita puesta.

-¡Sí! –pero se contradice- ¡no! digo... quiero decir... creo que no es el momento... ¡permiso! –y sale por fin.
Hugo la ve salir tranquilamente.
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Hacienda Montenegro.
-¡Cómo entraste, la puerta está cerrada! –exige Alcides y le muestra las llaves.
-¡Discúlpeme, don Alcides! Yo no sabía que había alguien en la hacienda.
-¡Y pensaste que era un buen lugar para esconderte ahora que te está buscando la justicia!
Marina se mueve nerviosa.
-¿Por qué acusaste a mi hermano Hugo de haber querido matarte y de haber provocado que perdieras a tu hijo?
-¡Don Alcides! No quiero recordar esos momentos, me pone muy mal.
-¡Hugo... es capaz de hacer muchas cosas! Pero no lo creo capaz de matar... ¿o si? –la interroga- ¿realmente intentó matarte?
-¡No señor! –confiesa Marina- ¡yo mentí! Mentí porque odio a don Hugo, por su culpa mi matrimonio con Boris se acabó –se le llenan lo ojos de un odio inexplicable.
-¡Marina!
-¡Por favor, don Alcides! No me denuncie... yo no quiero ir a la cárcel.
Alcides piensa mirando las llaves y luego decide- ¡Voy a mudarme a esta casa! Necesitaré una empleada eficiente.
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Afuera Paquito y Eloisa se acercan- ¡Estoy seguro que la sirvienta se escondió aquí! Esta vacía, el único detalle... ¿cómo se metió?
-¡Yo sé por dónde se metió! Sígueme, esa mugrosa conoce los pasadizos de esta casa.
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Casa Obregón.
Las brujas Ester y Antonia.
Lucas enfermo y llorón.
Soledad con su vestido amarillo.
-¡Quiero saber qué es lo que está pasando! Mamá...
-¡Pobre Rebeca! –llora Lucas.
-¡No te pongas así! Mira a mi mamá, ella era amiga intima de Rebeca y está más tranquila que tú.
-¡Rebeca no era mi amiga! –explota Ester- ¡era una farsante!
-¡Ester! –exige Antonia- ¡cállate!
-¡No me puedo callar! –le grita furiosa- sino digo lo que tengo adentro voy a reventar.
-¡Mamá! ¿qué está pasando? –se espanta Soledad.
-¡Lucas está así porque Rebeca de Montenegro era su amante! –lo acusa Ester.
Soledad mira a su padre con horror.
Lucas llora.

(ahahaah!! :twisted: Bueno y que ahora le de el patatus por favor!!! )
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Hotel.
Michelle acaricia su cabello histéricamente- ¡En qué estaba pensando! –piensa- ¡no debí haber entrado a la habitación de Hugo!
Hugo aparece en su puerta con una bata roja.
-¡Ay, Hugo! Me muero de la vergüenza –tartamudea Michelle- es que venía de la casa de Soledad y quería hablar contigo.
-¡No te sientas mal! –le sonríe comprador Hugo- ¡debí cerrar con llave! No volverá a pasar... ¿cómo esta don Lucas?
Michelle lo mira- ¡Mejor! Todo esto es fuerte y no es fácil aceptar que no puedes volver a caminar.
-¿Y Soledad y mi hija? –se interesa.
Michelle sonríe - ¡Aurora está muy bien! Es muy linda... y Soledad... pues... ¡ella y yo estuvimos hablando!
Y Michelle recuerda las palabras de Soledad: “¡Lo que quiero decir, es que tú lo puedes hacer feliz! Tú eres una gran mujer, Michelle, y mereces ser feliz al lado del hombre que amas.”
-¿Estás bien? –la despierta Hugo- ¡te quedaste callada!
-¡Sí estoy bien, es sólo que...!
-¡Michelle! No tienes que contarme lo que te dijo Soledad, me basta con saber que ella y mi hija están bien... ¡es más, si me la quiero sacar de mi mente y de mi corazón, no volveré a preguntar por ella! –promete.
Esto ilusiona a Michelle que vuelve a ir lejos.
- ¡muchas gracias por hospedarme en tu suite! ¿seguro estás bien?
-¡Sí, sí! Discúlpame, estoy cansada, será mejor que me vaya a dormir... es muy tarde –se marcha.
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Hacienda Montenegro.
-¿Entonces no me va a denunciar, señor?
-¡Marina! –suspira Alcides- ¡te estoy ofreciendo trabajo! ¿cómo te voy a denunciar?
-¡Don Alcides, pero se puede meter en problemas! Porque me va a tener que esconder en esta casa.
-¡Hablaré con mi hermano Hugo! –se pasea- ¡él me debe favores! Le pediré que retire los cargos en tu contra.
Marina lo mira con una sonrisa lasciva- Si lo logra voy a estar eternamente agradecida con usted.
-¡Una cosa, Marina! –le corta seco - ¿denunciaste a Hugo por tu propia voluntad... o alguien te lo propuso?
Marina calla sorprendida.
Ruidos en el piso de arriba.
Eloisa que baja furiosa- ¡Aquí estás escondida, condenada!
Paquito detrás.
Y ambos se quedan patitiesos al ver a Alcides que saluda- ¡Buenas noches!
#
Casa Obregón.
-¡Perdóname, hija! Pero no podía seguir callando –llora Ester- ¡yo sabía que tu padre me engañaba! Pero no sabía que esa mujerzuela que se hacia pasar por amiga mía era su amante.
-¿Cómo te enteraste, Ester? –habla Lucas.
-¡Tu hermana me lo contó!
Antonia se siente culpable.
-Hija... lo que dice tu madre es verdad.
Soledad lo mira sin poder creerlo.
-¡Ester... sé que es tarde! Pero te pido perdón.
Soledad llora.
-¡Fue una locura! –sigue Lucas- ¡la bebida, mi debilidad, las discusiones! Todo se juntó... yo no sabía lo que hacía... –se excusa pobremente- ¡yo estaba como loco! La bebida me tenía trastornado.
Soledad llora.
-¡Son pretextos! –grita Ester- ¡tú te acostabas con ella porque te gustaba! Porque no estabas pensando en tu familia –y llora- ¡porque te importaba más lo que estaba pasando de puertas para afuera que lo que estaba pasando en tu propia casa!
-¡Ester, cállate! –la agria Antonia- ¡y tú también, Lucas!
Pero Lucas no la escucha -¡Ester, tú sabes que eso no es cierto!
Ester llora.
Soledad espantada.
-Hija... entre tu madre y yo ha habido muchos problemas –confiesa Lucas.
-¡Ya se callan los dos! –Antonia histérica trata de manejar la situación- ¡las diferencias de un matrimonio se arreglan en la intimidad, en su cuarto! No involucren a Soledad en sus problemas que ya bastante tiene con los de ella.
Soledad la mira con la mirada bañada en llanto.
-Además Lucas, tú no estás en condiciones de salud para tener una conversación como esta.
-¡Es inútil! Es mejor que todo haya salido a la luz del día.
-¡Rebeca Montenegro! –habla Soledad por fin- ¡Cómo es posible! Yo... me cuesta trabajo creer- llora- ¡porque durante todos estos años pensé que ustedes se querían! Viví engañada todo este tiempo... ¡papá!
-¡Yo también estaba engañada! –llora Ester.
-¡Lo mismo yo, Ester! Y tú sabes muy bien por qué lo digo.
Antonia mira acusadora a Ester.
-Entonces lo que hiciste con Rebeca... ¿lo hiciste por venganza? –le reprocha Ester- ¿por lo que yo hice hace tantos años?
Soledad la mira preocupada.
-¿Eso me estás diciendo? ¡tú eres un hombre hecho y derecho! –furiosa- ¡no puedes comparar!
-¡Ya no sigas, mamá! –ruega Soledad.
-¡Es necesario, hija!
-¡Es cierto, Ester! –reconoce Lucas- ¡no tengo excusas! Yo te traicioné unos meses, los últimos... ¡pero tú me has traicionado toda la vida! –la acusa- ¡me has engañado!
-¿Qué fue lo que le hiciste a mi hermano, Ester? –la bruja Antonia.
Ester levanta la cabeza- ¡Ya no más secretos! No soporto que me sigan acusando por lo que pasó hace tanto tiempo, en el pasado... –llora- ¡Cuando yo tenía 17 años! –sigue Ester- ¿cuánto tiempo más voy a tener que pagar por esto?
Soledad baja la cabeza llorando.
Antonia también llora.
-¡Todos en esta vida cometemos errores! –grita Ester- ¡y yo soy una mujer de carne y hueso! Una madre como todas.
-¡No más Ester! –grita Antonia.
-¡Querías saber mi secreto, Antonia! ¿quieres saber lo que me ha avergonzado todos estos años? Pues te lo voy a decir.
Soledad ruega que no.
Pero Ester sigue- ¡Yo también engañé a tu hermano! Fui amante de Jeremías de Montenegro.
-¡Mamá, no es necesario! –ruega Soledad llorando- ¡no lo digas!

(bueno... :-? ya lo dijo!!! )

-¡Es necesario, hija! Antes de nacer Soledad, traicioné a tu hermano con Jeremías.
-¡Ester! –se horroriza Antonia.
-¡Era joven e inexperta!
-¡No es excusa! –le grita Antonia- ¿cómo pudiste?
-¡Como tu hermano pudo hacerlo con Rebeca!
Soledad mira a su padre con nuevos ojos.
-¡La viuda de Jeremías! –sigue Ester- ¡qué mundo tan pequeño!
-No sigas Ester, por favor... mi hija ya ha tenido lo suficiente como para...

(sí y por tu culpa!! :evil: )

-¡Soledad es una mujer! Ella tiene que saber que además de ser su madre... soy una mujer con defectos y con virtudes... que cometí un error... ¡y aun sigo pagando por ese error!
Soledad mira con pena a Ester.
-¡Ya no más, ya no hay secretos, ya no máscaras! Yo no sé qué va a suceder de ahora en adelante... lo único que puedo decir es que Lucas sí es tu padre... ¡y que te amo, hija! –llora Ester- ¡que eres el amor más puro y verdadero que he tenido en mi vida!
Soledad mira a otro lado sin saber cómo reaccionar.

CONTINUARA.
#
Hacienda Montenegro
-¡Muy interesante! –admira Alcides al ver al trío dinámico dentro de la casa y mira sus llaves- ¡por lo visto esta casa tiene varias entradas secretas!
-Estábamos… perdón… -Paquito - ¡vinimos persiguiendo a Marina, es una fugitiva de la ley!
-¡Marina ahora trabaja para mí!
-¡Alcides… si piensas protegerla… deberías tener cuidado! Ella está acusado de algo muy grave.
-¡Es una mentirosa! A usted lo convenció que era inocente –Paquito.
-¡Deberías cuidarte, Eloísa! Estoy enterado que tu tía Rebeca fue asesinada.
-¡Yo creo que todos deberíamos cuidarnos! –Eloísa en doble sentido.
Paquito le pone las manos sobre los hombros para apoyarla.
-¡Uno nunca sabe quien le va a clavar un puñal por la espalda! –termina Eloísa mirándolo con miedo.
-¡Algo me dice que ustedes dos están mintiendo! –Alcides.
-¡Don Alcides, yo misma escuché cuando el señor Francisco le decía a la señorita Eloísa que usted había matado a la señora Rebeca! –acusa Marina con maldad.
Eloísa la quiere matar.
#
Casa Obregón.
-¡Crecí, me hice mujer y aprendí lo que era el amor! –Soledad- viéndoles a ustedes dos juntos queriéndose –les reclama a sus padres- ¡apoyándose! Y ahora me doy cuenta que todo lo que yo pensé que era verdad era mentira… que era un espejismo… ¡que no existía! –se enoja y levanta la voz- ¡que esto nunca fue un hogar, que solamente fue un infierno! ¿Cómo pudiste? –le reclama a Lucas- ¡Cómo pudieron!
-¡Hija, perdón! –llora Lucas.
Antonia también llora- ¡No los entiendo! Nunca podré entenderlos.
-¡Yo estoy tratando de entender cómo pudieron estar juntos tanto tiempo aparentando que se querían y no era verdad! –decepcionada Soledad.
-¡En estos últimos tiempos lo único que nos tenía unidos a tu padre y a mí, eras tú! –llora Ester- ¡por ti aparentábamos ser felices! Pero hace mucho tiempo tu padre y yo dormimos en camas separadas.
-¿Alguna vez se quisieron de verdad? –triste- ¿alguna vez en realidad fueron felices? ¡porque todo este tiempo solamente aparentaban delante de mí que eran la familia ideal!
Lucas y Soledad se miran culpables.
-¡Y yo que pensé que a partir de hoy íbamos a ser felices como antes, que íbamos a estar unidos, tranquilos!
-¡Hija, lo seremos! –promete Lucas- ¡a ver! Si hay un espacio para el perdón… ¡lo vamos a hacer! yo estoy dispuesto… ¿tú que dices Ester? –ruega- ¿podrías perdonarme?
Ester llora.
Soledad suspira.
#
Hotel.
Michelle se pone medias negras cuando Hugo sin llamar a la puerta entra- No podía dormir pensando que hablaste con Soledad –entra decidido.
-Soledad me dio permiso para amarte –dice Michelle.
Hugo se sienta en la cama a su lado y la mira con deseos - ¿Tú qué piensas hacer?
-¡Precisamente eso, Hugo… amarte! –y Michelle se le sube encima y lo besa y lo tira a la cama.

Y Michelle despierta en su cama vestida de un negligé negro de seda… estaba soñando despierta- ¡Qué estoy haciendo! Ay… ese hombre… -suspira profundamente- ¡ese hombre me encanta! –y luego la cruda realidad- ¡pero Soledad todavía lo ama, aunque lo niegue mil veces! Yo sé que aún ama a Hugo –se pone triste- ¡yo lo sé!
#
Casa Obregón.
-¡Yo creo que ustedes tienen mucho de qué hablar, me voy a mi habitación! –y se levanta y duda pero luego besa a Lucas y a su madre.
Antonia la mira llorando y se levanta- ¡Soledad tiene razón! Ustedes tienen mucho de qué hablar –y luego se detiene y mira a Lucas y Ester que lloran y regresa- ¡Yo también tuve una máscara puesta toda mi vida! –les confiesa.
Tanto Lucas como Ester se sorprenden.
-¡Me negué al amor! –sigue Antonia- ¡me negué a tener una hija, a ser feliz! –les confiesa llorando- ¡todo por prejuicios, por miedo! No destruyan sus vida, tienen una hija maravillosa, una nieta hermosa, un techo, una familia… tienen todo lo que quieren… ¿qué más pueden pedirle a la vida?
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Hotel.
-Señor, me encontré con Marina hoy –Boris con una copa en la mano- ¡apareció de la nada!
-¡Pensé que se había ido de San Marino!
-Yo también, señor, pero no fue así… traté de convencerla para que se entregara… ¡le dije que usted podía ayudarla! Pero no me hizo caso y salio corriendo.
Hugo mira su mano- ¡Y ya no usas tu argolla de matrimonio!
-¡No! Lo tiré frente a ella –triste Boris- ¡don Hugo, no pensé que se fijara en esas cosas!
Hugo suspira- ¡Hay muchas cosas que noto y que no menciono! Tú eres mi único amigo Boris, me importa todo lo que te pase… ¡si quieres buscar a Marina y luchar por ella puedes contar conmigo! –sincero.
-¡No, señor! Yo no podría hacer eso, no podría regresar con Marina después de todo lo que hizo –con amargura- ¡no!
-¡Boris! Tenemos que volver a empezar… tú sin Marina y yo sin Soledad… -le consuela Hugo- ¡tenemos que rehacer nuestras vidas!
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Hacienda Montenegro.
-¡Por favor, don Alcides! Analícelo, esta piojosa es una mentirosa –Paquito- ¡no se le olvide que acusó a su hermano de haberlo intentado matarla! Cuando todos nosotros sabemos que no es verdad.
-¡Yo misma escuché al señor Francisco cuando decía que usted había matado a la señora Rebeca! –repite Marina.
-¡Mejor admítelo Francisco! –decide Eloísa- ¡sí lo pensaste!
Francisco la mira como si lo hubiera traicionado- ¡Qué!
Alcides los mira divertido.
Eloísa con miedo a Alcides- ¡Me lo comentaste cuando estábamos analizando quien había sido el asesino de mi pobre tía!
-¡Claro! –finge Paquito- ¡ay, qué vergüenza! Es la misión que tenemos todos nosotros, los periodistas… pensar en los posibles sospechosos de un crimen… ¿no lo piensa así don Alcides?
-¿Tú qué pensaste, Eloísa? –Alcides.
-¡Yo! –con terror- ¡que tú no podías haber sido el asesino! Te mentí Paquito… yo estaba ayer con Alcides cuando todo sucedió.
Paquito la mira con ojos cuadrados.
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Casa Obregón.
-Lo que hice no tiene excusa y estoy avergonzado –empieza Lucas- ¡pero te pido perdón!
-¿Cómo pudiste engañarme con esa mujerzuela? ¡que además se hizo pasar por amiga mía!
Lucas suspira- ¡Te repito, no tengo excusa, pero dame otra oportunidad!
-¡No podemos volver el tiempo, Lucas, pero tal vez podríamos cambiar el futuro! –propone Ester.
-¡Eso quiere decir que me perdonas!
Ester se arrodilla a su lado- ¡Sólo si tú me perdonas por lo que hice cuando era joven! –y llora sin consuelo- ¡no sabes cuánto me odio por haberte traicionado! El tormento que he vivido todos estos años, Lucas.
-¡No llores, Ester! –le toma el rostro en las manos.
-¡Por las lágrimas que ves y por el dolor que llevo en mi alma, te juro que Soledad sí es hija tuya! ¡tienes que creerme!
-¡Claro, claro que te creo, Ester! –le sonríe Lucas- ¡sé que me estás diciendo la verdad! ¡Soledad es mi hija!
Ester sonríe entre sus lágrimas- ¡Perdóname, Lucas, tú eres el amor de mi vida!
-¡Ester! –Lucas le besa las manos.
Soledad entra- ¡Yo quería decirles…! –y los encuentra así- ¡que a pesar de todo lo que se ha dicho esta noche, ustedes son … los mejores papás del mundo para mí! –y los abraza.
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Hacienda Montenegro.
-¡Eres una mentirosa! –Paquito en secreto a Eloísa- ¿Por qué no me lo dijiste?
En otro rincón - ¡Marina, luego hablaremos de los detalles de tu contratación, ahora retírate por favor! –Alcides.
-¡Sí señor, con su permiso! –Marina se marcha.
-¿Por qué piensa que yo tuve que ver con la muerte de Rebeca? –a penas quedan solos- ¡poco me relacioné con ella! ¿qué pruebas tiene en mi contra?
Y Paquito recuerda las palabras de Eloísa- “Si él se da cuenta que nosotros sabíamos que mi tía fue tras ese tesoro nos matará a nosotros”.
-¿Por qué se queda callado, periodista? –Alcides.
-¿Callado? –finge Paquito- ¡no! Analizándolo, sé la fama que tienen usted… y don Arturo de ser los más violentos de San Marino.
-¡Yo no la maté! –afirma fríamente.
-¡Alcides, yo sé que se dicen muchas cosas malas sobre ti! –Eloísa- ¡eso es cierto! –toma aire- ¡pero me consta que tú no asesinaste a mi tía, porque yo estaba contigo! Además, no tenías ninguna razón para hacerlo.
Alcides sonríe- ¡Ahora soy un hombre diferente! He cambiado, me gustaría quedarme a solas en mi nueva casa… ¿se pueden retirar, por favor?
-¡Por supuesto! –a Eloísa se le abre el cielo- ¡vamos!
-¡Eloísa! Pero Eloísa… -protesta Paquito.
-¡Vamonos!
Y Paquito la sigue.
Al quedar solo Alcides mira su nueva mansión.
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Hotel.
-¡Hablé con un herrero de San Marino y me dijo que mañana nos da una respuesta!
-¿Crees que nos venda su negocio?
-¡No sé! Pero si lo hace mañana mismo puedo enseñarle el arte de trabajar con los metales.
-¡Tú eres un verdadero amigo! Y te has convertido en el hermano que nunca tuve en Alcides.
Boris asiente en silencio.
-¡No vuelvas a llamarme patrón ni señor! Quiero que a partir de hoy me digas Hugo.
-¡No sé si pueda! Señor… son tantos años.
-¡Precisamente por esos tantos años de servicios y de lealtad quiero que me llames por mi nombre de pila!
-Está bien… ¡don Hugo!... –tartamudea- ¡Hugo!
Hugo ríe y festeja y chocan sus copas.
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Residencia Rebeca.
-¡Qué vergüenza, Eloísa! No te cansas de mentirme, tú me dijiste que no habías visto a Alcides.
-¡Te lo dije porque no quería escuchar tus reproches! Fui a pedirle dinero.
-¡No te creo nada! Tus ojos no me engañan –le toma la cara.
-¡Deja la paranoia, Francisco! –molesta.
-¡Sí, tienes razón, discúlpame! –la suelta- estoy un poco nervioso- la besa- ¡pero estoy preocupado, espero que esa maldita Marina no hable con Alcides! ¡que no abra la boca!
-¡Francisco! –duda Eloísa- ¿hay algo que Marina sepa que yo no?
Paquito piensa- “El dinero de los inversionistas… ¡no puedo arriesgarme que Marina le cuente eso a Alcides!” –y luego en voz alta- ¡por supuesto que no! Ya deja de confundirme… hay algo que no entiendo… ¿si Alcides no mató a Rebeca, entonces quien fue?
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Hacienda Montenegro.
-¡La hacienda quedó casi vacía!
-¡Sí, señor! Fueron los saqueadores –Marina que baja la mirada.
-Los inversionistas vinieron dispuestos a cobrarle a mi hermano por su estafa.
-¡Sí, don Alcides! Perdone que le haga la pregunta… ¿usted sabe algo de… la señorita Eloísa y don Francisco?
-¡Eso ya quedó arreglado Marina! Ellos no se meterán contigo… -pero le advierte- ¡siempre y cuando tú no les des problemas!
Marina sonríe aliviada- ¡No me van a denunciar!
-¡Así es!
-Don Alcides… yo no sé por qué está haciendo esto pero se lo agradezco muchísimo, con su permiso – Marina se retira.
Alcides le sonríe enigmáticamente hasta que se marcha- ¡No me des las gracias, Marina! A los enemigos hay que sentarlos a comer en la misma mesa –se dice a sí mismo.
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Casa Obregón.
Estampa de la familia feliz, Lucas, Soledad y Ester.
-¡Me siento como si hubiera despertado de una pesadilla! –Ester mira a Lucas.
-¡Mi amor! –la consuela Lucas- ¡la vida es tan corta para que la vivamos haciéndonos daño!
Soledad llora de alegría.
-Esas lágrimas son de felicidad –ríe Ester.
Lucas ríe.
Soledad ríe- ¡Así los quiero ver, siempre felices! –suspira- ¡los necesito en este momento unidos!
-De ahora en adelante todo va a hacer diferente y Daniel encontrará una cura para la enfermedad de mi nieta.
-¡Sí! –sonríe Soledad ilusionada- ¡Daniel es una gran persona! Y siempre voy a tener que estar agradecida con él, no solamente por lo de mi hija, pero porque él va a hacer que tú camines, papá.

(y ahora el Daniel es el doctor Milagros??? :? )
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Hacienda Montenegro.
Traen muebles nuevos a la hacienda.
Hugo entra y observa.
-¡Qué bueno que viniste, hermanito! –lo recibe Alcides- ¡eres muy puntual!
Hugo no responde, simplemente lo mira.
-¡Te mandé llamar por dos razones! La primera para entregarte esto, toma –y le pasa unas llaves- ¡son las llaves de la Cabaña del Bosque! Puedes ocuparla cuando quieras.
Hugo lo mira dudando- ¡Ya te dije que no quiero tus limosnas! –rechaza.
Pero Alcides le pone las llaves en el bolsillo- ¡Ese es tu problema! Tú decides.
-Dijiste que querías hablarme de dos cosas… ¿Cuál es la segunda?
-¡Señor, su desayuno está… servido! –y Marina se atraganta al ver a Hugo.
Hugo la mira furioso.
-¡Quieres retirarte, Marina, por favor! –le exige Alcides.
-¡Sí, señor! –Marina huye- ¡con su permiso!
-¿Qué hace esa mujer aquí?
-¡Ella es la segunda razón de la que quería hablarte! –dice Alcides.
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FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
Hugo aprende a ser herrero.
Soledad abraza a Daniel.
Daniel se arrodilla y le pide a Soledad que sea su novia.
Alcides- ¡Ese doctorcillo se está metiendo en mi camino!

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