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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
Escrito por (a partir del capítulo 65)
Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano
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Casa Obregón.
Hugo saca un poco de dinero y se lo pasa- ¡Que aceptes mi ayuda!
Soledad se sorprende y mira el pequeño fajo.
-No es mucho dinero porque apenas estoy comenzando con el negocio... –se excusa con una sonrisa- ¡Pero algo es algo!… creo que te puede ayudar.
El gesto le llega a Soledad al corazón, sin embargo no lo toma.
-¡Por favor, Soledad, no lo rechaces! –ruega Hugo- ¡yo sé las necesidades que está pasando tu familia, yo quiero colaborar! Lo puedes usar en nuestra hija.
Soledad lo mira a los ojos con una mezcla de pena y agradecimiento.
-¡Además a mi negocio le va a ir bien! –se entusiasma Hugo- ¡yo estoy convencido que en un futuro puedo traerte más dinero!
Hugo le sonríe con ternura.
Y a Soledad se le llenan los ojos de lágrimas.
♫
Cálmame, despiértame otra vez
Temo cerrar los ojos sin saber
si vas a estar conmigo al amanecer
Bésame hasta enloquecer…
♫
Hugo se emociona- ¡Estás llorando! - se muerde los labios.
Soledad no contesta, baja la mirada en silencio.
Y Hugo no puede más - ¡Estos meses sin verte han sido… han sido un verdadero infierno! –a punto de llorar también.
-Hugo… por favor –ruega Soledad- ¡no hagamos esto más difícil de lo que es! –le sonríe- ¡tú necesitas ese dinero, igual o más que nosotros, quédate con él!
-¡Escúchame! –ruega Hugo- ¡tú misma me dijiste que yo sólo tengo que mantenerme a mí! Mientras tú tienes que mantener a nuestra hija y a tu familia.
Soledad lo mira con una sonrisa enternecida.
-Tu pobre padre tampoco puede trabajar.
Soledad mira para otro lado.
-¡Soledad! Ódiame si quieres… -un susurro- ¡pero por favor, acepta el dinero, te lo ruego! No es mucho, pero lo puedes usar para… ¡para las cosas de nuestra hija!
Soledad lo mira sin responder.
Y en ese momento entra Daniel- ¡Soledad! –desde la puerta la llama.
Soledad se siente incomoda- ¡Daniel!
Daniel no ve a Hugo- ¡Perdóname que no haya podido avisar antes de venir! Pero lo que pasa es que no podía dormir… y estuve dando vueltas pensando y sin darme cuenta terminé en la puerta de tu casa.
Hugo dolido lo escucha.
Daniel entra- ¡Lo que pasa es que necesitaba verte…! –y se queda cortado al ver a Hugo.
-¡Buenas noches, Dr. Sirak! –lo saluda Hugo secamente.
Hugo mira con pena a Soledad.
Soledad baja la mirada.
(Qué inoportuno!!
y tan tarde??? #
Hacienda Montenegro.
-¡Abres la boca para contarle a alguien que yo tengo en mi poder el tesoro de Jeremías Montenegro! –es una amenaza.
-¡Alcides, no me puedes matar! –Eloísa - ¿qué pasó con ese hombre nuevo al que no le gusta la violencia?
-¡Yo no soy un asesino, Eloísa! No lo soy –le afirma- ¡pero si me obligas vas a conocer la peor parte de mí!
-¡Entonces sí mataste a mi tía Rebeca!
Michelle se lleva la mano a la boca sorprendida.
-¡Fue mentira lo que me contaste que encontró una trampa buscando el tesoro de Jeremías!
-¡Ya basta, fuera de mi casa!
-¡No Alcides! –grita Eloísa- ¡yo no me voy a ir de aquí sin mi dinero.
Michelle sorprendida.
-¡Además, yo hice todo lo que me pediste! Me convertí en la mejor amiga de Soledad para tratar de que ella te viera como una opción en su vida… ¡no es mi culpa que ella no esté interesada en ti!
Michelle se enoja al escucharla.
Alcides mira a Eloísa con furia contenida.
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Casa Obregón.
Daniel se da cuenta que es un mal momento, pero le da la espalda a Hugo y se acerca a Soledad- ¡Pensé que Hugo ya se había ido, lo siento!
-¡Ya vi a mi hija! –anuncia Hugo a sus espaldas- ¡no me queda nada más que hacer en esta casa! –se despide- ¡qué pasen buenas noches! –y se dirige a la puerta- ¡gracias por todo Soledad! –se marcha.
Soledad y Daniel esperan que salga.
Al quedar solos- ¡Lo sé! No debí venir, lo siento –Daniel.
-¡Todo lo contrario! –le sonríe Soledad- ¡gracias por venir! –y lo abraza como si fuera una tabla de salvación, llorando.
Desde la puerta Hugo los espía y luego se marcha.
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Hacienda Montenegro.
“-Eloísa es una traidora”-piensa Michelle que sigue escondida - “se hizo pasar por amiga de Soledad y mía… ¡por ordenes de Alcides!”
-¡No te voy a dar ningún dinero! Y te lo digo por última vez… ¡fuera de mi casa! –le muestra la salida.
-¡Esto no se va a quedar así Alcides! –lo amenaza Eloísa- ¡yo sé que tú quieres atentar contra Daniel y cuando aparezca su cuerpo muerto todo el mundo va a saber que fuiste tú!
Michelle se asusta.
Alcides empieza a perder la paciencia- ¡Sé que no se debe pegar a las mujeres! –dice roncamente- ¡pero no estoy dispuesto a escucharte un segundo más!
Eloísa comprende por fin su amenaza y decide marcharse.
Alcides con rabia echa llave a la puerta y luego sube las escaleras furioso- ¡Maldita la hora en que vine a aliarme con esta loca del demonio!
Apenas queda sola Michelle trata de salir, pero no puede abrir la puerta- ¡Dios mío! Estoy encerrada en la casa de Alcides de Medina.
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Ex-residencia Medina.
-¡Horrible! –Margó se prueba el uniforme.
Y luego se pone a mirar por todos lados.
Encuentra unas medallas- Parece de oro… se ven muy importantes.
Arturo entra en bata- ¿Hablaste con mi madre?
-¿Son tuyas?
-¡Sí, esa es la estrella dorada!
-¿Esta?
-¡Sí, la máxima condecoración militar! –le cuenta Arturo- ¡me la dieron después de la guerra!
Margó lo mira sorprendida- ¡Militar! –con admiración- ¡nunca me lo habías dicho!
-¡Sí! –modesto- ¡desde joven decidí seguir los pasos de mi padre! Nos consideraron héroes de guerra a los dos.
-¿Héroes? –le sonríe Margó fascinada- ¡o sea que eres todo un valiente! Como los príncipes de las historias –le sonríe con su gran sonrisa inocente.
Arturo la mira enternecido y sonríe una pequeña sonrisa como si no fuera importante lo que hizo.
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Casa Obregón.
-¡Es el colmo Lucas! –enojada Ester- ¡que sientas compasión por ese hombre que estuvo a punto de matarte!
-¡Ester tiene razón, Lucas! Mira cómo quedaste después de lo que ese hombre te hizo… gracias a Dios y al Dr. Sirak te estás recuperando.
(Ayaay…
ahora cada vez escucho San Bon Sirak!!)
-¡Antonia, Ester, por favor no nos digamos mentiras entre nosotros! –se molesta Lucas- ¡Hugo de Medina no es culpable solamente! Recuerden que ese día… cuando me dio el infarto yo también me había excedido tomando alcohol… ¡así que soy responsable de lo que pasó!
(wow!!
Tomaste tu tiempo para reconocerlo!! )
-¡Además, también deben recordar que era mi segundo infarto! –sigue Lucas.
(y que tiraste todo el dinero con Manrique!
)
-¡Nada de eso! –se niega Ester- ¡el único culpable es ese miserable!
-¡Está bien, piensen lo que quieran! Pero yo debo asumir mis responsabilidades, he pasado noches en vela, Ester… pensando… ¿qué hubiera pasado si hubieran ahorcado a Hugo de Medina por mi culpa?
-¡Por tu culpa! –se escandaliza Ester- ¡solamente dijiste verdades en ese juicio!
-¡No tienes por qué culparte de nada, Lucas! –Antonia.
-¡No me estoy culpando ni arrepintiendo de nada! Pero es que de nada sirvió y repito… Ester y Antonia… ¡pónganse la mano en el corazón y díganme si creen que mi hija y Hugo de Medina van a dejarse de amar! ¡díganme!
Tanto Ester como Antonia callan.
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Afuera en el jardín, Hugo se pasea triste, y se apoya en una columna y recuerda a Soledad poniéndose el anillo de Daniel.
“-¿¡Entonces es verdad!?
-¡Hugo! –se sorprende asustada Soledad.
-Es cierto que estás comprometida con Daniel Von Sirak.”
♫
Mi sufrimiento.
♫
Y Hugo regresa a la realidad.
Y recuerda a Soledad- “Mañana mismo le voy a llevar a Alcides ese maletín y me va a tener que dar una explicación… ¡no es posible que esté entrando a la casa cuando quiera!”
Y Hugo se inquieta.
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Dentro de la casa.
-¡Soledad, por favor, no tienes nada que explicarme! –Daniel- ¡yo sé que Aurora va a ser un vinculo que vas a tener con Hugo de Medina toda la vida! El error lo cometí yo por venir sin avisarte…. ¡perdóname, por favor!
Soledad sigue con los ojos rojos- ¡No, Daniel, por el contrario… lo mejor fue que llegaras!
-¿Por qué, Hugo te estaba molestando?
-¡No, no es eso! –suspira- ¡es que fue la excusa perfecta… para que se fuera de esta casa! –baja la mirada.
-¿Te sientes mejor?
Soledad llora- ¡Ay, no sé! Es como si tuviera un vacío en el corazón, pero ya se me va a pasar.
-¡Soledad, quiero que dejes sufrir! Quiero que seas feliz… hacerte feliz –le acaricia el pelo.
-¡En este momento no puedo pensar en nada, perdóname!
-¡Me voy! No quiero presionarte con mi presencia –la besa en la mejilla- ¡nos vemos en el hospital, descansa! –se marcha.
Úrsula llega con Aurora- ¡A veces el amor duele, señora! –la consuela- ¡pero tiene que ser fuerte, muy fuerte!
Soledad mira su hija.
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Hacienda Montenegro.
Michelle sigue atrapada- ¡Necesito salir de aquí! Si Alcides me descubre… estoy perdida – con miedo mira hacia arriba a las escaleras.
Con una hebilla de pelo trata de abrir la puerta pero no puede.
En ese momento golpean a la puerta- ¡Alcides, soy Hugo, abre la puerta!
Michelle se esconde.
Alcides baja en bata blanca y la abre.
Hugo entra.
-¿Qué haces aquí tan tarde? –impaciente Alcides- ¡no me digas que viniste personalmente a buscar la cámara! ¿Por qué no esperaste hasta el amanecer?
-¡Vengo a hablarte de lo que hiciste hoy en casa de Soledad!
Alcides pone cara de niño inocente.
Michelle escucha escondida.
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Ex-residencia Medina.
Margó le pone la condecoración a Arturo- ¡Se te ve muy bien! ¡héroe!
Arturo se mira al espejo.
Y Margó juega con sus medallas y quiere ponerle otra.
-Margó, por favor, no estoy de humor para juegos… mejor ve a dormir.
Margó le sonríe- ¡No seas tan esquivo! Déjame verte –y le pone sus medallas y lo admira- ¡te ves tan guapo!
-¡Sí, por supuesto! –con burla - ¡el guapísimo e impotente manco de San Marino!
Pero Margó lo mira con admiración y de pronto sueña.
“Arturo vestido de militar – ¡Quiero decirte madre, con mucha alegría, que dentro de muy pocos días me convertiré en un hombre casado!
Gladis se emociona- ¡Arturo, hijo, por fin! Por fin mi sueño se hizo realidad.
-Quiero que conozcas a la futura señora de Linares –y Arturo feliz- ¡por favor, doña Margó!
Y Margó entra muy bella.
-¡Que hace aquí esta mujerzuela! ¡fuera de mi casa! –Gladis- ¡no pienses que te vas a quedar con la herencia de mi hijo! ¡lárgate!”
-¡Margó! –la despierta Arturo- ¡Margó! ¿qué te pasa? ¡te quedaste dormida con los ojos abiertos o qué ¡
-¡Me quedé pensando estupideces! Me voy a dormir al cuarto de sirvientas – se marcha.
-¡Ojala estas medallas del ejércitos me sirvieran para algo! –se mira al espejo- ¡aunque sea para vengarme de ti Alcides de Medina, de ti y toda tu parentela!
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Hacienda Montenegro.
-¿Te apetece un trago?
-¡No, gracias!
-Mira que es tu licor favorito.
-Gracias pero no- firme Hugo.
-¡Bueno! ¿qué hice en casa de Soledad según tú? –se sirve agua.
-Supe que dejaste un maletín repleto de dinero en casa de Soledad.
Michelle espía.
-¡Eso hice! No sé de qué me estás hablando, pero me sorprende que Soledad te haya… recibido… ¡después de lo que hiciste!
-¡Escúchame Alcides! Fui a ver a mi hija… por eso me enteré que habían dejado ese maletín… ¡a mí no me engañas! Yo sé que fuiste tú.
-¿Cómo puedes estar tan seguro? ¡alguien me vio, hay alguna prueba! –con ironía.
-¡Alcides, entraste a ese cuarto de la misma manera que lo hiciste la otra vez que los inversionistas me querían linchar! –Hugo lo acusa- ¡no entiendo cómo lo haces! ¡cómo es que tienes acceso al cuarto de Soledad sin que nadie te vea! –cambia de tono- ¡te advierto una cosa! No puedes entrar y salir al cuarto de Soledad cada vez que se te pegue la gana.
-¡Calma, calma, calma! Déjame recordarte que soy tres minutos mayor que tú –se sienta tranquilo- ¡no vendría mal un poco de respeto!
(Alcides de blanco está muy guapo!
R. por favor no lo mates!!
)
Alcides lo mira, lo estudia un rato -¡Se te sale por los poros el amor que sientes por Soledad! –suspira- ¡igual que a mí! Así pasaran cien años no podrías desterrarla de tu corazón –mira a otro lado y luego a los ojos- ¿o me equivoco?
Michelle cierra los ojos con fuerza.
Hugo calla.
-¿Comprobaste lo que te dije de Soledad y el medicucho ese? –Alcides comienza su deporte favorito, comerse nueces- ¿tus propios ojos vieron que sí está comprometida con él?
Hugo nervioso decide servirse un trago- ¡Sí! –reconoce- ¡pero ella no ha aceptado! –se toma el trago.
-¡Te vas a sentar a esperar a que le diga que sí y a que se case! –lo reta Alcides.
-¡Eso no va a pasar! –niega Hugo- ¡no sucederá!
-¡Qué no va a pasar! –Alcides suspira- ¡hermano, yo no estaría tan seguro! ¿Por qué no eres honesto conmigo, Hugo? ¿Por qué no me dices la verdad? –calla y lo mira a los ojos- ¿Aún amas a Soledad con toda el alma?
Michelle no pierde palabra.
-¿Tanto como la amo yo? –sigue Alcides.
Hugo calla y deja vagar su mirada lejos.
Alcides lo mira y come- ¡Te hice una pregunta, Hugo!
Hugo lo mira.
-¡Aún sabiendo que perdiste a Soledad para siempre! ¿la sigues amando?
Hugo traga saliva, calla, no responde.
Michelle se da cuenta.
-¡Parece que di en el clavo, no has podido desterrarla de tu corazón!
-¡Alcides, yo no vine aquí a hablar de mis sentimientos! –se enoja Hugo- ¡ten mucho cuidado con lo que inventas para tratar de ganarte a Soledad! Ella no es tonta, ella sabe perfectamente que fuiste tú quien dejó ese dinero en su cuarto –y se toma un trago nervioso.
-¡Pero no me has respondido la pregunta que te hice! –insiste Alcides- ¿la sigues amando como el primer día?
Hugo mira a la ventana, a la lejanía - ¡Para qué preguntas! –suspira- ¡sabes la respuesta!
Michelle cierra los ojos fuerte, ella también sabe la respuesta.
-¡Sabes perfectamente que Soledad es el gran amor de mi vida! –sigue Hugo pronunciando cada palabra con el corazón- ¡no he dejado de amarla ni un segundo desde el día que la conocí! –mira a Alcides.
Alcides se levanta y se acerca- ¡Entonces ayúdame! Y entre los dos podemos quitar del camino a Von Sirak.
Michelle decide huir y se mete a la casa.
Hugo ve una sombra.
-¿Qué te pasa? –se da cuenta Alcides.
-¡Me pareció ver pasar una sombra! ¿no sentiste un ruido?
-¡Escúchame, no te distraigas con tonterías! ¿me ayudarías a quitar del camino a Von Sirak?
Hugo lo mira sin responder.
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Casa Obregón.
-¡Hace mucho tiempo que no veía a Hugo! –sonríe triste Soledad y llora- ¡Ay, sentía que me faltaba el aire! ¡lo extrañaba tanto! Pero ahora es peor, porque lo vi y es como si me hubieran clavado un cuchillo en el corazón, no sé si me voy a volver loca, Úrsula.
-¡Dicen que el amor y la locura se parecen mucho! –Úrsula sigue con Aurora- ¡por eso a mí me da miedo enamorarme!
-¡No, no pienses eso! –Soledad se seca las lágrimas y sonríe - ¡el amor es hermoso! Es maravilloso, si es un amor puro y transparente… ¡si no tiene mentiras y traiciones! –se pone triste otra vez - ¡vale la pena!
-¡Don Hugo la ama, señora! Yo sé que la ama.
-Es que soy yo la persona que no puedo estar con alguien que me haya hecho tanto daño, Úrsula.
-¡Ay, señora, no se engañe! Usted va a amar Hugo de Medina mientras le quede sangre en las venas… ¡ustedes son el uno para el otro!
Soledad decide cambiar de tema- ¡Mi amor, ven con mamá! –levanta a Aurora- ¡sí, a lo mejor es verdad! Y Hugo y yo fuimos hechos el uno para el otro, pero el destino no ha querido que sea así, el destino quiere que estemos separados… ¡Hugo ya no me pertenece, Hugo ahora es de Michelle! –y besa a Aurora- ¡pobre Michelle! Se despidió de mí, con tanta tristeza… como si nunca más me volviera a ver -reflexiona.
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CONTINUARA.
