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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
Escrito por (a partir del capítulo 65)
Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano
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Cabaña.
Arturo, se acerca y la ronda- ¡Hasta ahora no pasa nadie por aquí! Qué lástima por la hija de Hugo y Soledad, está allí adentro… sola.
Y en ese momento llega Boris con una carreta y cosas.
-¡Es Boris! Va a entrar a la Cabaña y va a descubrir a la niña en una propiedad de Alcides –festeja Arturo- será mejor que me vaya de aquí… ¡no me conviene que nadie sospeche que tuve algo que ver con el secuestro de esta niña! Tuviste suerte Aurora… ¡te salvarás! Pero tú no Alcides, tan pronto sepa soel que su hija fue encontrada en una propiedad tuya pensará que tú la secuestraste –y se marcha.
Boris descubre una ventana rota- ¡Un vidrio roto! –mira alrededor con sospechas.
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Hacienda Montenegro.
Marina baja al escuchar los golpes en la puerta.
Daniel entra violentamente- ¡Dónde está Alcides de Medina! Lo estoy buscando.
-Él no se encuentra en la hacienda.
-¿Dónde está?
-¡Él a mí, generalmente, no me dicen para dónde va a ir!
-Dígale a Alcides de Medina que Daniel Von Sirak lo está buscando para enfrentarlo, que dé la cara!
Marina lo mira sorprendida.
Daniel se marcha golpeando la puerta.
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Casa Obregón.
Soledad sigue su extraño sueño.
Y camina, camina, vestida de azul, está cansada, muy cansada.
Y recuerda que pone flores en la tumba de Hugo.
Y que Hugo le toma la mano.
-¡Alcides! –dice Soledad.
-Mi amor… por Dios… ¡mírate Soledad! Qué mal te ves, no puede ser… eso ya se acabó… no puedes ir de locura en locura.
-¡Suéltame! –le amenaza Soledad- ¡suéltame, o no respondo! Voy a gritar.
-¿Por qué vas a gritar si aquí no hay nadie?
Soledad mira para todos lados buscando algo.
El cementerio está desierto.
-¡Está bien! Grita todo lo que quieras, ya me harté de tu indiferencia… ¿hasta cuando Soledad? ¡por qué no le das crédito a mi cariño! –y la toma en sus brazos a la fuerza- ¿por qué??
-¡Suéltala, no la toques! –grita Aurora- ¡huye Soledad, huye!
Y ambos miran hacia la pequeña voz.
Soledad despierta en su sueño y llora.
Y Soledad despierta realmente- Mamá –llama.
Hugo está a su lado.
-¡Mi amor, estás muy débil! –Ester con Lucas.
Soledad abre los ojos- ¡Me hubiera gustado creer que todo fue una pesadilla!
Hugo le toma la mano- Ahora que despertaste voy a salir a buscar a nuestra hija.
-¿Adonde piensa ir a buscarla? –Lucas.
-¡No lo sé, don Lucas! Pero la voy a encontrar como sea… –le promete mirando solamente a Soledad y le besa la mano- ¡te prometo que la voy a traer sana y salva!
Soledad le sonríe apenas.
-¡Cuídate! –le pide Hugo y la besa en la frente antes de salir- ¡con permiso!
Soledad se queda llorando.
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Residencia Rebeca.
Alcides sigue leyendo el diario de Michelle- Esto es lo justo que estaba buscando, la frase perfecta.
-¡Déjame leer! –ruega Eloísa.
-¡No! Mientras menos sepas, mejor para ti.
-¡Como quieras! ¿Cuándo me vas a dar mi recompensa por haber evitado que Michelle abra la boca?
-¡Eloísa! Por ahora no te puedo dar dinero –distraído ojeando el libro.
-¡Tienes una bóveda con un tesoro inmenso! No juegues conmigo, Alcides.
-Pero por ahora no puedo entrar a la bóveda, hay guardias que impiden el acceso al lugar dónde está la entrada al tesoro.
-¿Qué vas a hacer?
-¡Ya se me ocurrirá algo! Ten un poco de paciencia.
En ese momento se escucha una voz- ¡Señorita Eloísa Renan, soy Daniel Von Sirak!
Eloísa asustada mira a Alcides.
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Cabaña.
Boris entra por fin a la Cabaña.
Aurora sonriendo en su canasta.
-Espérenme afuera –ordena Boris- tengo que regresar con ustedes y cerrar la Herrería.
Los hombres salen sin ver a Aurora.
-¡La Cabaña del bosque, cuantos recuerdos! Y cuánto polvo.
Aurora que ya no llora, está en silencio jugando.
Boris se pasea lentamente- ¡Estas cortinas ya se ven viejas! Hay que cambiarlas –juzga.
-¡Don Boris! Creo que va a llover, tenemos que salir –uno de los hombres.
-¡Un segundo! Tenemos que salir –y Boris sale dejando a Aurora sola.
Boris cierra la puerta.
Aurora lanza un pequeño gritito feliz.
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Casa Obregón.
-¡Perdóneme, señora! Perdóneme, si yo no hubiera dejado a Aurora sola nada de esto hubiera pasado –Úrsula llora.
-¡Los únicos culpables de todo esto son las personas que tienen a Aurora! Tenemos que encontrarla antes que pueda sufrir otro ataque de catalepsia.
Antonia y Ester sufren con ella.
(bueno…
en la cama está difícil encontrarla )
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Residencia Rebeca.
Daniel sigue gritando- ¡Señorita Eloísa! Tengo que hablar algo muy importante con usted.
Eloísa sigue espantada.
Alcides fastidiado- ¡Distrae a ese imbécil mientras yo salgo! –le ordena- no debe sospechar que yo estuve aquí –se marcha.
Eloísa toma aire y va a abrirle a Daniel.
Daniel ya está metido en la casa.
(y cómo hace para entrar así????
Wow!! Qué maleducado
)
-Señorita Eloísa –llama Daniel.
Eloísa sale de su cuarto y lo encuentra en el pasillo- ¡Daniel! ¿a que debo el gusto de tu visita? Nunca habías venido a mi casa.
-No es una visita social, señorita, vine porque fui a buscar a Alcides de Medina a su casa y no lo encontré, así que aproveché en venir hasta acá, porque quiero decirle unas cuantas… cosas muy importantes.
-¿Tienes alguna noticia de la hija de Soledad? –finge Eloísa- ¡no me digas!
-No se trata de eso… ¡quiero decirle que no quedé convencido con su historia de la desaparición abrupta de Michelle!
-¿Qué quieres decir?
-¡Que aunque usted me jure que Michelle solamente se despidió de usted antes de partir… no le creo! –le dice con cara de cementerio.
Eloísa pierde toda sonrisa.
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Cabaña.
Aurora sigue jugando en su canasta.
Hugo entra como una tromba seguido de Boris-¡Señor, qué bueno que recibió mi telegrama!
-Apenas lo recibí tomé otro tren de regreso –Hugo deja su bastón sobre la mesa de entrada.
-Esto es una desgracia, señor, lo siento mucho –lo ayuda a sacarse el saco.
-¡Vengo de casa de los Obregón! Soledad está muy mal.
-¡No es para menos, señor! ¿Cómo se enteró que estaba yo aquí en la Cabaña?
-¡Es que no conozco a nadie más eficiente que tú, Boris! –se sigue cambiando de ropa de viaje- ¡imaginé que habías traído el equipaje que dejamos en el hotel! Como te pedí antes de partir.
(Aurora…
LLLORRRRRAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!! Por favor!! Que te escuchen!)
Hugo se saca la pistola y toma asiento para sacarse las botas.
-Gracias señor… ¿tiene alguna idea de dónde está su hija?
-¡No, no tengo la menor idea! Solo vine a cambiarme de ropa… y a dejar el equipaje antes de salir a buscar a la niña otra vez!
Aurora juega tranquila y sonriente en su canasta.
-¡Voy a necesitar tu ayuda, Boris! –pide Hugo.
-¡Por supuesto, señor, cuente con ello!
-El viaje para reencontrarme con mi tendrá que esperar –reflexiona Hugo que sigue luchando con sus botas- ¡ahora no hay nada más importante que encontrar a la niña! No quisiera imaginarme que está en manos de alguien inescrupuloso… ¡se me revuelve el estómago!
Aurora parece escucharlo y decide hablar- Tata... huhuhu.
Hugo se queda de piedra y mira a Boris- ¿Estás escuchando lo mismo que yo?
-¡Sí, señor! –Boris también está congelado- ¡está aquí!
-¿Está aquí? –Hugo mira por todos lados.
Aurora sigue jugando.
Y Hugo corre a buscar y encuentra a Aurora en su canasta jugando.
Se sienta a su lado- ¡Hola mi amor!
-¡Está sana y salva! –festeja Boris.
Hugo mueve la canasta para sonreírle- ¿Cómo estás, preciosa? –le sonríe- ¿Cómo estás, amor mío?
Aurora lo mira y le contesta con gurgujitos.
Hugo ríe- ¡Qué, qué quieres!
Aurora juega con su dedo.
Boris sonríe aliviado.
Y Aurora les regala una enorme sonrisa.
Hugo la mira fascinado- ¡Está perfectamente bien de salud!
-Traje el equipaje y no la vi –cuenta Boris- señor… ahora entiendo… la niña escuchó su voz y reaccionó.
Hugo ríe feliz- ¡Es que sabe que su papá la quiere mucho!
Aurora le contesta con un ruidito.
-¡Te voy a contar un secreto! –Hugo la mece- ¡tu mamá va a ser la mujer más feliz del mundo cuando vea que estás sana y salva!
Y Aurora mira a Boris que le sonríe.
Hugo la mira con adoración.
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Casa Obregón.
-¡No quiero que te vuelvas a desmayar!
-¡Necesito sacar fuerzas de dónde sea, mamá! No puedo seguir acostada entre estas cuatro paredes esperando que aparezca mi hija.
-¡Cálmate, hija! Angustiándote no vas a conseguir nada.
Soledad tiene otro ataque de llanto- ¡No me pidas que me calme, mamá! Ponte en mi lugar.
Ester asiente- ¡Tienes razón! Si alguien te hubiera alejado de mí, yo no lo hubiera soportado… ¡pero Aurorita va a aparecer! –le promete- tienes que tener la certeza hija, el poder de la mente es muy fuerte y algo me dice que la niña va a aparecer muy protno… y yo quiero que comiences a organizar tu vida desde ya.
-¿Qué, de qué hablas?
-¡Tú no puedes seguir viviendo en ese limbo, mi amor! Tú no puedes… seguir esclavizada en el juego diabólico de esos dos hombres.
Soledad deja de llorar- ¡Hugo es el papá de Aurora!
-¡No, mi amor! Un padre… se ocupa de su familia… ¡y tanto Hugo como Alcides solamente han traído desgracias a tu vida!
-¡Yo no puedo hacer eso! Yo no puedo alejar a mi hija de su padre, mamá, eso no es justo… ¡eso nunca lo haría!
Ester suspira- ¡Soledad, aunque me duela decírtelo! Lo mejor que puedes hacer cuando aparezca Aurora, es irte lejos de los hermanos Medina y ser feliz.
-¡Mamá! –llora Soledad- ¡yo no puedo pensar en mi futuro! En este momento lo único que quiero es que aparezca mi hija.
-Y va a aparecer, de eso estoy completamente segura… ¡pero si tú no piensas en tu futuro, van a suceder cosas peores! Soledad, escucha mi consejo… cuando aparezca Aurora… ¡formaliza tu relación con Daniel y váyanse lejos de aquí!
(wow!
Que momento para dar consejitos!!)
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Residencia Rebeca.
-Disculpe que se lo diga tan francamente, pero es como lo oye, no creo que Michelle se haya despedido únicamente de usted antes de partir.
Eloísa ríe- ¡Daniel, ya te lo dije a ti y a todo el mundo! La pobre estaba destruida, no quería hablar con nadie.
-¡Hubiese hablado conmigo! –levanta la voz - ¡soy su mejor amiga!
-¡Y yo su mujer amiga! Y entre mujeres nos entendemos mucho mejor en las cosas del corazón.
-¡Por favor, señorita Eloísa! –se fastidia –no me como el cuento de su amistad con Michelle… ¡ni con Soledad!
-¡Daniel! ¿Cómo te atreves a hablarme así? ¡me estás lastimando!
Pero Daniel recuerda la conversación que escuchó entre Rebeca y Eloísa en el juicio de Hugo.
“Rebeca festeja- ¡Lucas estuvo toda la noche en mi camerino! No fue a dormir a su casa –le cuenta.
Muy cerca, Daniel las escucha.
Eloísa ríe- ¡Entonces fuiste tú quien lo emborrachó!
-¡Por supuesto! Le di un poquito de valor para que viniera a declarar en contra de Hugo de Medina.””
-¡Puedo parecer un poco despistado, pero no lo soy! Tengo los sentidos bien afilados, así como estoy seguro que Alcides de Medina quiere verme muerto, sé perfectamente que usted no es una mujer sincera.
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Hacienda Montenegro.
Alcides come sus nueces.
-¿Quiere que le entregue esta carta a la señorita Eloísa?
-¡No! Es hermosa esta casa –admira distraído- ¡Hércules, esta vez se trata de una misión especial! Quiero que vayas a Alcalá, la ciudad vecina y compres a alguien de la oficina de correo para que le pongan a esa carta un sello con fecha de ayer, luego vas a poner la carta en el correo, necesito que llegue a San Marino con timbre de Alcalá y con fecha de ayer.
-Está dirigida a su hermano, patrón… ¿acaso…?
-¡No preguntes, obedece! Otra cosa, tienes que irte a caballo, no puedes tomar ningún transporte público.
-¡Sí, patrón! Ya mismo salgo para Alcalá.
-Y nadie puede verte ni puede saber que saliste.
-¡Con el tiempo y un ganchito! –festeja Alcides.
Pero Marina ha todo escuchado y lo espía.
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Ex-residencia Medina.
Arturo se toma un trago.
Margó entra- ¿Le hiciste daño a Hércules?
-¡Le advertí que no volviera a esta casa y mucho menos a tu cuarto!
-¡Lo hace porque me extraña!
-Lo hace porque te quiere sacar información porque trabaja para mi enemigo –furioso y celoso Arturo- no puedo creer que no te des cuenta del riesgo que corro dejándolo entrar a esta casa.
-¡Arturo! ¿tuviste que ver con el secuestro de la niña? –lo acusa Margó- ¿fuiste capaz de hace algo tan terrible?
Arturo calla.
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Casa Obregón.
Soledad abraza un peluche.
-¡Lo único que te pido es que cuando toda esta pesadilla pase pienses en lo que te digo! –insiste Ester agriamente.
-¡Mi niña! –entra corriendo Úrsula feliz- ¡don Hugo llegó!
Lucas y Ester la miran con esperanzas.
-¡Qué dijo, qué pasó! –Soledad- ¡habla!
pero Úrsula calla.
Y Hugo entra al cuarto con Aurora en su canasta, dormida como un angelito- ¡Aquí está nuestra hija, Soledad! –le sonríe feliz.
-¡Aurora! –Soledad corre.
Y todos lloran felices.
Soledad mira a Hugo agradecida y besa a la niña dormida- ¡Mi amor, Aurora!
Aurora despierta de malhumor.
Y Hugo y Soledad le sonríen.
♫
quisiera devolver el tiempo a mi favor
y no dejar que nada se interponga entre tú y yo
♫
Sálvame, despiértame otra vez
temo cerrar los ojos sin saber
si vas a estar conmigo al amanecer
bésame hasta enloquecer
♫
Lucas y Ester se acercan para hacerles fiestas.
Soledad la toma en brazos- ¡Ay, mi amor! No te alcanzas a imaginar el susto que me hiciste pasar.
Aurora sigue de malhumor.
Hugo le pasa su osito.
-¡Ya estás aquí mi amor!
-Te lo dije, yo sabía que iba a aparecer.
-¿Puedo darle un beso a la niña? –ruega Úrsula.
-¡Claro que sí!
-¿Se puede? –entra Boris.
Úrsula toma la canasta.
-¡Boris estaba en la Cabaña con don Hugo cuando la niña apareció! –se apresura Úrsula a explicar.
-¡Felicidades, señora! –Boris.
-¡No se alcanzan a imaginar la emoción que siento en este momento!
Tanto Hugo como Boris las miran alelados.
-¡Te lo dije, mi pequeña! –festeja Lucas- que la virgen te iba a escuchar.
-¡Hugo! Todavía no nos ha dicho dónde encontró a la niña –interroga Ester.
-¡Es cierto! –Lucas.
-En la Cabaña del bosque, don Lucas.
-¿Qué lugar es ese, quien vive allí? –ataca Ester.
-¡Ahí no vive nadie, doña Ester! Esa cabaña está abandonada, desde que mi hermano Alcides se mudó a la Hacienda Montenegro.
-¿Pero cómo supo que mi nieta estaba allí? –Lucas.
-¡Fue de pura casualidad, don Lucas! –ríe Hugo- ¡ayer cuando nos enteramos que Michelle se había ido de San Marino, decidimos mudarnos a la Cabaña!
Ester lo mira como si fuera un asesino.
-¡Yo llegué primero a la cabaña con las maletas! –explica Boris- ¡no me di cuenta de nada!
Hugo mira fascinado como Soledad y Úrsula se ocupan de Aurora.
-Luego don Hugo llegó… empezó a hablar –sigue Boris- ¡y la niña lo escuchó como diciendo, aquí estoy papá!
Hugo sonríe orgulloso- ¡Yo creo que reconoció mi voz!
-¡Sí, señor!
-¿Pero y entonces quien la sacó y la llevó a ese lugar? –pregunta Soledad- ¿fue Alcides?
-¡No, Soledad! –afirma Hugo.
-Cuando yo llegué a la Cabaña un vidrio de la ventana estaba roto, yo creo que alguien lo rompió para dejar a la niña allí.
-¡No les creo esa historia! –les grita Ester- ¿Quién me asegura que no fue usted el que la llevó a ese lugar? ¡o peor aún, que fue una componenda entre los dos hermanos de Medina!
Hugo la mira y suspira cansado.
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Residencia Rebeca.
-¡No te permito que me hables en ese modo, Daniel! ¿Cómo te atreves a decirme en mi cara que no soy sincera?
-Lo siento, pero es así cómo la veo.
-Entonces hablaré con Soledad, ella es mi amiga… ¡y sí me cree! Me ofendes demasiado Daniel… -se siente mal- ¿Cómo te atreves a hablarme así después de todo lo que yo hice por ti? ¡después de todo lo que le dije a Soledad que se diera una oportunidad contigo, que te aceptara como novio! –le grita- pero ya te veré de rodillas a pedirme que te perdone por todas esas ofensas.
Daniel se acerca- ¿Sabe Eloísa? ¡la escucho y siento detrás de cada una sus palabras, una mentira! Y ojala me equivoque, porque de ser así, vendré… y haré lo que me pide… ¡le pediré disculpas por haber sido tan mal pensado!
Eloísa llora- ¡Fuera de mi casa! –le grita- ¡largo!
-¡Ya veremos cuando vuelva Michelle! Si ella corrobora o no la versión que usted ha inventado, permiso –se marcha.
Al quedar sola Eloísa es una fiera rabiosa- ¡Imbécil!
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Hacienda Montenegro.
Alcides medita.
Marina se acerca- Patrón, disculpe que lo moleste.
Alcides abre los ojos fastidiado.
-Necesito saber qué hago con la ropita de bebé que compró para la niña Aurora.
-¡Guárdala! Cuando encuentre a la niña y Soledad esté más tranquila, se la entregaré.
-Sí, señor.
-¡Tú conoces los pasadizos secretos de esta casa! –toma agua.
-¿Por qué??
-¡Porque ahora mismo me los vas a enseñar! Nunca se sabe cuándo los pueda necesitar.
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Ex-residencia Medina.
Arturo está callado.
-¿Por qué me miras así? Te estoy preguntando si tuviste algo que ver con el secuestro de la hija de don Hugo.
-Bueno, yo no tuve nada que ver con eso –miente.
-¡Entonces por qué Alcides dijo lo que dijo!
-Porque don Alcides es mi enemigo y me quiere culpar de todo mal que ocurre en San Marino –grita- ¿o tampoco puedes entender eso?
-¡No me gusta que me trates así! –se pone mal Margó- pero yo sé perfectamente que tú no eres malo.
Arturo bebe un trago.
-¡Tu problema viene porque fuiste militar! –sigue Margó- por eso actúas de esa manera.
-¿De qué estás hablando, Margó?
-¡Tú sabes de qué estoy hablando! ¿qué le dijiste a Hércules para que se fuera?
-Simplemente que está vivo de milagro, pero que no jugara con mi paciencia porque no ibas a estar tú para salvarle la vida otra vez, ahora por favor… ¡quisiera estar solo! –bebe otro trago y le da la espalda.
-Arturo… -se atreve Margó- ¡yo quiero regresar con Hércules!
Arturo se pone mal, pero no la mira.
-¡Lo extraño y extraño mi casa! –ruega Margó- tú no me puedes retener aquí, no me hagas sufrir más… ¡déjame regresar con Hércules!
Arturo suspira- ¡Sabes qué Margó! No pienso retenerte un minuto más en esta casa.
Margó sonríe- ¿Me lo dices de verdad?
-¡Sí! De verdad, puedes irte… ¿qué esperas? ¡vete de aquí! –y la toma del brazo y la echa a la fuerza- ¡largo, fuera! –y cierra la puerta con rabia.
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Casa Obregón.
Daniel vuelve en carreta a todo galope.
-¿Cómo va todo, alguna novedad? –pregunta a sus guardias.
-¡No señor, ninguna novedad! –le contestan.
(ahahahah!!!
Que guardias tan inteligentes… o sea que la llegada de Aurora no es novedad!!)
-Bueno, salvo que el señor de Medina salió y regresó hace un rato –sigue el guardia.
-¿Hugo o Alcides?
(ahahaha esta pregunta es muy difícil!!
)
-¡No… sé! –duda el pobre hombre- ¡es difícil reconocerlos! Son idénticos, señor, pero él nos dijo que era Hugo de Medina, además regresó con un sirviente suyo de nombre Boris.
Daniel se pone furioso- ¡Lo dejaron entrar sin saber de cual de los hermanos Medina se trata!
Los pobres guardias suspiran.
-¡Señores, Alcides de Medina no puede entrar a esta casa bajo ningún pretexto!
-Señor… pero… regresó con la niña perdida –por fin le dice.
-¿Encontraron a la niña? –se sorprende Daniel.
(hum… no parece muy contento!!
)
-Sí, él entró con ella hace un rato.
Daniel salta de la carreta- Ninguna persona que no esté autorizada por la familia de Obregón puede entrar a esta casa… ¿está claro?
-¡Sí, señor, no va a volver a suceder!
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En la habitación de Soledad.
-¡Qué nos garantiza que en la desaparición de Aurora no fue un truco sucio para ganar puntos con Soledad! –ataca Ester a Hugo.
Lucas la detiene del brazo.
-¡Señora, no puedo hacer nada para convencerlos! –firme Hugo- ¡las cosas fueron cómo les dije!
-¡Nadie en esta casa conoce a Hugo mejor que yo, mamá! –dice Soledad- ¡y yo sé que él está diciendo la verdad.
Hugo le sonríe con la mirada.
-¡Además podemos decir lo que queramos de él, pero jamás le haría daño a su propia hija! –lo defiende Soledad.
-¡De todos modos, tenemos que avisar a la policía! Ellos tienen que investigar quien o quienes se llevaron a la niña –Ester sigue acusadora.
-Por favor, Ester –Lucas.
-Soledad, entiendo la incomodidad de todos –se despide Hugo- ¡así que lo mejor será que me marche! Al menos mi regreso sirvió para que encontráramos a nuestra hija –le sonríe- ¡con permiso!
-¡Hugo! –le llama Soledad- ¡gracias!
Y ambos se miran.
-¿Vas a buscar a Michelle? –pregunta Soledad.
-¡Mañana en la mañana saldré otra vez! –le dice Hugo.
Golpean a la puerta y entra corriendo Daniel- ¡Acabo de enterarme! –corre a ver a Soledad y a Aurora.
Hugo lo ve y se muerde los labios.
Daniel se acerca a Aurora.
-¡La dejaron abandonada en la casa de la familia de Hugo! –explica Soledad.
-¡Por lo menos la temperatura es normal y el semblante perfecto! Qué bueno que todo haya terminado igual –y le da un beso en la cabeza.
Soledad le sonríe a Aurora.
-¡Qué pasen buena tarde! –Hugo levanta la voz para marcharse- ¡con permiso!
-¡Hugo! –lo detiene Daniel.
Hugo se detiene sin ganas.
-Perdón… usted también debería escuchar esto.
Hugo lo mira con una demisonrisa cortada.
-Si don Lucas y la familia de Obregón está de acuerdo creo que deberíamos ser mucho más estrictos en permitir quien o no entre a esta casa… ¡no podemos permitir que alguien entre libremente y se lleve a la niña y suceda algo peor!
-¡Me parece bien! –Lucas apoya- ¡nadie debe venir a esta casa aparte de nosotros! Mucho menos su hermano Alcides.
-¡Creo que usted tampoco debería volver, Hugo! –juzga Daniel.
(Ah?? Y este quien se cree??
-Por lo menos, no por ahora –sigue Daniel un poco más amable.
Hugo lo mira sorprendido y luego mira a Soledad como si no pudiera creer lo que escucha- ¿De qué está hablando? –le pregunta a Daniel- ¡tengo el permiso de esta familia para visitar a mi hija!
-No se trata de eso –se apresura- ¡se trata que Alcides y usted son exactamente iguales, dos gotas de agua! Y a los guardias les cuesta muchísimo reconocerlos y saber cual es cual… creo que sería sumamente peligroso que su hermano se haga pasar por usted y entre libremente a esta casa.
-¡Daniel tiene razón! –apoya Lucas- en cualquier momento Alcides se podría hacer pasar por usted, Hugo, y esa no sería la primera vez que eso suceda.
Hugo mira con ojos suplicantes- ¡Soledad! –ruega- ¡yo necesito ver a mi hija!
-¡Yo creo que hay que buscar una solución! –lo apoya Soledad- ¡lo que Daniel dice es cierto! Alcides podría entrar en cualquier momento… pero también Hugo tiene toda la razón.
-¡Soledad, si me lo permites! Cada vez que Hugo quiera ver a su hija, podemos llevarla a su casa –ofrece Daniel.
-¡Sí, estoy de acuerdo con eso, Soledad! –festeja Ester- ¡ninguno de los hermanos de Medina debe volver a pisar esta casa! ¿qué dices?
Hugo la mira indignado.
Soledad mira con pena a Hugo.
Boris y Úrsula están molestos.
Ester triunfa.
-Antes que tomes cualquier decisión –habla Hugo- yo creo que lo mejor será que yo no regrese más a esta casa… ¡lo he hecho porque como cualquier padre necesito ver a mi hija! –la mira con pena- ¡pero prefiero evitar un lugar dónde no soy bienvenido1
-¡Hugo, no lo veas de esa manera! –habla Soledad.
-¡Además, Hugo! Es por el bien de todos –Lucas.
-¡No se diga más! –fuerza Ester- ¡será como Daniel propone!
-Vivo en la Cabaña del bosque –le anuncia Hugo a Soledad- ¡si lo deseas puedo ver a mi hija allí, o en la Herrería! Tú decide y yo acataré.
-¡Hugo! –se acerca Daniel- Quiero decirle que… voy a ayudar en todo lo que pueda a Soledad… ¡para que usted pueda ver a su hija todas las veces que sea necesario! Y no quiero que se lo tome como algo personal.
(oh-la-la,
ya se comporta como dueño y señor!!)
Pero Hugo no le sonríe y tiene una mirada negra.
-¡Por el contrario! –sigue Daniel- simplemente para evitar un riesgo… es muy fácil para su hermano Alcides hacerse pasar por usted.
-¡Sí, claro! –Hugo no le cree nada.
Y antes de marcharse se acerca a Aurora y la besa largamente en la frente- ¡Adiós, amor mío!
Soledad lo mira.
-¡Entiendo perfectamente! –le dice Hugo en claro doble sentido.
(sí, y todos nosotros también!!
Danielito… te estás quitando al enemigo de la casa!!)
-¡Vamos, Boris! –dice Hugo y se marcha.
-¡Permiso! Boris le toma la mano a Úrsula antes de marcharse.
Soledad baja la mirada triste.
Ester festeja con todos sus colmillos afuera- ¡Gracias, Daniel! Gracias por todo lo que has hecho por nosotros –y lo besa y lo abraza.
Daniel tiene una mirada de triunfo.
-¿Dónde está Antonia? –pregunta de pronto Lucas que parece groggy.
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Taberna.
Paquito está histérico- En menos de 24h empezará la inauguración… ¡con un fonógrafo!
Las chicas protestan y deciden que no pueden.
-Acepto su propuesta – aparece Antonia- ¡voy a ser su pianista! Pero nadie debe enterarse, nadie me debe reconocer.
-¡Gracias! –festeja Paquito- empecemos la transformación de mi amigo… George.
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Alcalá.
Hércules cumple su trabajo y le paga muy bien al del Correo.
-Mañana llega la carta a San Marino.
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Casa Margó.
Margó entra a su casa y la encuentra vacía.
-Tal cual como lo dejé… ¡Hércules no ha dormido aquí en días! –se da cuenta.
Y recuerda cómo Arturo la defendió ante Gladis.
“¡Arturo, una cualquiera en mi casa! Por Dios… ¿qué te pasa? ¡es que ya no respetas tu casa ni tu madre ni nada! –histérica.
Arturo con flema- Bueno… madre, ya estuvo bueno de insultos… ¡Margó es una mujer decente! Que yo sepa ella no roba para vivir.
-¡Decente! –se burla Gladis- ¡decentes mis calzones que siempre están limpios y planchados!
Margó ríe divertida ante esto.
Gladis la mira como para asesinarla- ¡No le veo ninguna gracia! Mira Arturo, quiero que saque sin mediatamente a esta mujerzuela de mi casa… ¿estás loco, borracho o que?
-¡No, madre! Ni estoy borracho ni Margó se va a ir a otra parte, mejor vete acostumbrando a su presencia porque de ahora en adelante ella va a trabajar en esta casa.
-¡Qué!”
Y Margó piensa: “A pesar de todo Arturo es un hombre bueno, ha sido la única persona que me ha defendido, dijo que yo era una mujer decente y se enfrentó a su mamá por mí”
Y de pronto se levanta y se mira en el espejo- ¿Qué te pasa Margó? ¡como puedes extrañar a Arturo! Tú amas a Hércules, él es tu hombre, tu único hombre… ¿pero y si lo amo? ¿Por qué no estoy feliz de estar aquí? –sufre.
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Ex-residencia Medina.
Arturo bebe más y más.
Y piensa y extraña.
Gladis se acerca- ¡Arturo! Ya Matilde me contó que echaste a Margó de la casa, no sabes cuánto me alegro… ¡gracias por complacerme, hijo!
-¡Sí, mamá! –Arturo suspira sin ganas- ¡eres tan guapo hijo, la mayor felicidad de mi vida seria que te casaras con una mujer de alcurnia!
Arturo ríe con burla- ¡Vete a dormir y déjame en paz! –la echa.
Gladis se marcha enojada.
Y Arturo cierra los ojos.
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Cabaña.
-¡Quisiera comprobar que mi hermano no tuvo nada que ver con la desaparición de mi hija! –entra Hugo seguido de Boris, se saca el saco y suspira cansado- ¡tengo que hablar con él!
-¡Sí, señor! Voy a encender la chimenea.
-Es una buena idea.
-¡Don Hugo, mire esto! –Boris descubre algo- ¡son pisadas! Seguramente son las huellas de la persona que trajo a la niña hasta aquí.
-¿Qué tiene labrado en la suela? Son de alguien que usa botas –Hugo- ¡esta es una buena pista para descubrir al secuestrador de mi hija!
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Taberna.
-¡Estás espectacular! –festeja Paquito- ¡eres un genio Francisco! Con ese traje, el maquillaje y ese bigote nadie te va a reconocer.
-Nunca nadie se tiene que enterar de esto, ni siquiera mi familia.
-¡Claro Antonia… perdón… digo George! Es una transformación fascinante, pero debes empezar a actuar como hombre.
-¡Dios mío, perdóname este sacrilegio! Que todo sea por amor a mi familia –se santigua Antonia.
-¡Tu público te espera!
Y Antonia entra.
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Cabaña.
-Definitivamente son huellas de botas de hombre, estas huellas nos van a ayudar a encontrar al secuestrador de mi hija.
-Y descarta la posibilidad que haya sido la señorita Michelle –Boris- como piensa la policía.
-¡No Boris! No entiendo a quien se le puede haber ocurrido semejante absurdo.
Tampoco son mis huellas –sigue Boris.
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Casa Obregón.
Afuera Alcides - ¡Como hago para entrar al cuarto del tesoro! ¿Cómo? –y ve algo rato- ¡es el Juez! ¿qué hace en casa de Soledad? ¿será que pasó algo con mi sobrina? –y preocupado- ¿o la desaparición de Michelle?
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Dentro.
-¡Gracias a ti ahora nos sentimos mucho más tranquilos! –Soledad con Aurora en brazos a Daniel.
-¡Sin duda alguna, hija! Daniel es un hombre que se preocupa por ti –Ester sonríe toda colmillos.
-¡Tu madre me robó las palabras de la boca! –ríe Daniel- ¡yo por verte feliz y tranquila hago lo que sea!
(bueno, pero podrías cambiarte de ropa…
no?? Daniel tiene la misma ropa que llegó?
Golpean a la puerta.
Úrsula abre.
El Juez entra- ¿Cómo está mi viejo amigo don Lucas?
-¡Muy bien mi joven amigo Juez!
-Me enteré por los guardias que la niña apareció y me alegro por ustedes.
-¡Gracias señor Juez!
-Y si quieren hacer alguna declaración con respecto a quien pudo se el secuestrador.
-Solamente espero que ya no tengan a Michelle como sospechosa –Soledad.
-¡De eso hablaremos en otro momento! El motivo de mi visita es otro.
-¿Ah sí? ¿Cuál? –Daniel.
-¡Esto es suyo! –le entrega a Soledad un sobre.
-¿De qué se trata? –Soledad extrañada.
-¡Es el acta de anulación de su matrimonio eclesiástico expedido por el Vaticano!
Soledad no sonríe, se queda pálida.
-Así que señorita Soledad de Obregón, a partir de este momento usted es una mujer completamente libre.
Soledad sonríe apenas.
Ester y Daniel festejan, también Lucas.
Úrsula también sonríe pero pierde la sonrisa al ver la cara preocupada de Soledad.
Daniel mira a Soledad con ojos de dueño.
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FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
-¡Ella ama a Hugo! –Alcides a Daniel.
