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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
Escrito por (a partir del capítulo 65)
Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano
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Casa Obregón.
-¡Es el acta de anulación de su matrimonio eclesiástico expedido por el Vaticano!
Soledad no sonríe, se queda pálida.
-Así que señorita Soledad de Obregón, a partir de este momento usted es una mujer completamente libre.
Soledad sonríe apenas.
Ester y Daniel festejan, también Lucas.
Úrsula también sonríe pero pierde la sonrisa al ver la cara preocupada de Soledad.
Daniel mira a Soledad con ojos de dueño.
Soledad no reacciona.
El juez sigue con la mano extendida- ¡La iglesia Católica decidió anular su matrimonio! Así que ya no la une legalmente nada a Alcides de Medina… ¿quiere revisar el documento?
Soledad pasa a Aurora a Úrsula.
Y toma el documento como si fuera una sentencia de muerte.
-¡Ábrelo, hija! –Ester apura.
-¿Alcides ya lo sabe? –Soledad.
-¡No, todavía! Mañana le entregaré su copia –el Juez.
-¡Bueno! Dos motivos para celebrar, recuperar a mi nieta y tu libertad, hija.
-¡Ya nada te une a ese hombre! –Daniel.
-¡Yo me retiro! –el juez.
Soledad toma asiento, sin sonreír.
-¡Una última cosa señor, Juez! En nombre de mi hija le pido que haga una investigación exhaustiva para hallar a los culpables del secuestro de mi nieta.
-¡Delo por hecho! Tan pronto tenga una prueba contundente les aviso, buenas noches –se marcha.
Soledad sigue sentada y sin reaccionar.
-¡Hija, no pareces muy contenta! –Ester.
El que parece contento es Daniel- ¡Ahora eres libre de abrirle tu corazón… a quien quieres!
Soledad mira a otro lado y piensa: “Libre, una mujer libre… ¡ese documento sólo me liberó de Alcides de Medina, pero no soy libre! Porque mi corazón le pertenece a Hugo”.
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Casa Obregón.
-¡Buenas noches, señor Juez! –aparece Alcides al salir el Juez.
-¡Alcides de Medina! ¿o Hugo?
-¡Soy Alcides, señor Juez! ¿qué lo trae por acá? ¡alguna noticia de mi sobrina!
-¡La pequeña Aurora finalmente apareció! Ahora solo nos queda saber quien fue el secuestrador, o los secuestradores.
-¡Es una excelente noticia! –festeja- espera que haya una pena ejemplar para el responsable.
-¡La habrá don Alcides! A propósito estábamos hablando de usted allá adentro.
Alcides pierde la sonrisa, inquieto- ¿De mí, algo que debo saber?
-¡Pensaba visitarlo mañana! Pero ya que lo encuentro quiero entregarle este documento.
-¿De qué se trata?
-¡Es la anulación de su matrimonio eclesiástico con doña Soledad de Obregón! Usted y ella quedan completamente libres para rehacer sus vidas, buenas noches don Alcides.
-¡Buenas noches, señor Juez! –Alcides mira el documento serio.
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Cabaña.
-¡Michelle sería incapaz de hacerle daño a mi hija! –y Hugo saca su pistola y juega con ella y apunta a la distancia diestramente - ¡mañana a primera hora avisaré a la policía que revisen esas huellas!
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Ex-residencia Medina.
Con la mismas botas sobre la fina tapicería Arturo se emborracha- En este momento Alcides de Medina debe estar enfrentando serios problemas con Soledad y su familia –ríe borracho- ¡prepárate Alcides porque esto es solo el principio!
Escucha ruidos.
-¿Matilde?
-¡Sí, señor! –aparece Matilde.
-¡Acércate por favor! Lústrame las botas, Matilde, esta noche me voy a divertir y relajar, voy a ir a la inauguración del nuevo cabaret.
Matilde le lustra las botas.
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Cabaret.
-Nadie va a reconocer que George y tú son la misma persona –promete Paquito y le pone una peluca.
-Eso espero… -tiembla- ¿y que cree que interprete esta noche?
-¡No sé…! ¿conoces el galop infernal de Offenbach?!
(ahaha!! El CAN-CAN
http://en.wikipedia.org/wiki/Can-can
http://es.wikipedia.org/wiki/Can-can
)
-Bueno… eso es algo un poco atrevido para mí… -tiembla Antonia- pero si usted tiene la partitura yo puedo tocarlo.
-¡No te preocupes! Quiero que terminemos la noche con el Can-Can para que todas las Paquitas levanten la piernas hasta arriba y sea la sensación.
-¿Y sus bailarinas saben danzar ese ritmo?
-¡Ellas ya tienen montada la coreografía! Tú encárgate de tocar bien.
-¡Prometo hacer lo posible! –sufriendo.
-¡Aquí está tu dinero! –le da un fajo- soy un caballero y estoy cumpliendo- esta noche tendrás que demostrarle a todo el mundo que eres varón… ¡ponte derecha! –le regaña – no saques mucho… abre las piernas… y que tocas de maravilla.
Antonia sonríe al ver el dinero.
Paquito le da dos besitos- ¡Como raspas! –se marcha.
Antonia se pone el sombrero y guarda el dinero.
Tiene miedo.
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Casa Obregón.
-Con tanta sorpresa ni siquiera hemos cenado –Ester.
-¿Les preparo algo de comer? –Úrsula.
-¡No! Mejor nos vamos a la recamara, hoy ha sido un día muy pesado –Soledad le pasa a Aurora.
-¡Sí… es tarde… es mejor que me vaya! –Daniel- ¡nos vemos mañana en el hospital!
-Gracias por todo, Daniel –le sonríe Soledad.
-¡No tienes nada que agradecer! Yo siempre estaré aquí… esperándote lo que sea necesario hasta que llegue el día que me aceptes para poder amarte y respetarte.
-Después hablamos de eso.
-La paciencia es mi mayor virtud… tendrás todo el tiempo que sea necesario.
(ahah! No parece!
)
Lucas y Ester los espian, Lucas detrás de un diario que no lee, Ester sin tapujos con su nueva sonrisa de colmillos de oreja a oreja.
-¡Don Lucas, buenas noches!
-Buenas noches, hijo.
-¡Doña Ester!
-¡Que Dios te bendiga!
-Úrsula –se despide y le da un beso a Soledad en la mejilla- ¡descansa! –se marcha.
Soledad suspira y luego mira a sus padres que la miran con una sonrisa insoportable.
-¿Por qué me miran así? –les recrimina Soledad ante las sonrisas estupidas.
-¡Ese hombre que acaba de salir por esa puerta es un santo! –Ester lo santifica.
-Y está muy enamorado de ti hija, claro que ya aprendí mi lección –Lucas- ¡yo en cuestión de amor no me vuelvo a inmiscuir!
-¡Pero yo sí! Y yo creo, hija, que ya es hora que hables con Daniel y formalices esa relación –con una sonrisa de colmillos de oreja a oreja.
-¡Mamá, yo no quiero se grosera contigo! Pero eso es algo que tengo que decidir yo y te pido que por favor no me presiones –le corta Soledad secamente.
Ester deja de sonreír.
-¡Tú fuiste la que me dijo que me tenía que casar con Alcides! –sigue Soledad- ¿no? ¡recuerdas! Y mira cómo terminaron las cosas, como un infierno.
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Casa Obregón.
Afuera Alcides lee con aire decepcionado el resultado de los papeles- ¡Maldita sea! Nunca debí aceptar la anulación de mi matrimonio eclesiástico con Soledad –se desespera y cierra el documento de una vez- ¡terminé haciéndole un favor al doctorcillo ese! Y eso es absurdo… ¡absurdo! –y mira al cielo- ¡es como si un Dios mediocre, ignorante y vengativo quisiera hacerme daño! ¿Por qué si lo único que he hecho es amar a esa mujer desde que era un niño? –le recrimina al cielo- ¡amarla con toda mi alma! ¿por que?
Pero nadie le responde.
-¡El duelo era con mi hermano Hugo! –respira con dificultad- ¡con él! Desde el principio debió ser una pelea limpia por ganarnos el corazón de Soledad… desde el principio… -y mira los documentos con rabia- ¡de haber sabido que las cosas terminarían así jamás me habría divorciado de Soledad! ¡jamás!
En ese momento sale Daniel.
-¡Sirak! –lo llama Alcides.
Daniel se detiene y enfrenta a Alcides, su mano cerca de su látigo.
(y aquí comentaré como mi amiga JeanB, evidentemente Daniel cree que su látigo es más rápido que una bala!!
)
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Cabaña.
Hugo se pone cómodo.
Al lado del fuego.
Boris le trae un trago- Ahora que sabe que su hija está fuera de peligro, piensa salir de viaje, señor.
-En cuánto hable con la policía sobre las huellas tomaré el primer tren… -bebe – pero para serte sincero me preocupa que el secuestrador ande suelto.
-¿Y sospecha de alguien en particular? Su hermano Alcides.
-¡No! Alcides no ganaría nada secuestrando a la niña, dudo mucho que haya sido él.
-¿Entonces quien sería?
(Y ahora todos tienen amnesia y
olvidaron la pelea ancestral con Arturo?)
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Taberna.
Antonia aparece muy tímida y trata de huir, pero las chicas la fuerzan a sentarse en el piano.
Antonia se toma un grago.
-¡Hola, mucho gusto! Yo soy Pierre –aparece un hombre muy guapo con torso desnudo- ¡usted debe ser el nuevo pianista!
(hum… será el amor que llega para Antonia/?
)
Paquito los ve y se preocupa- ¡Bien! Ya veo que conoces a mi amigo George.
-Mucho gusto señor George.
-Pierre, todo lo que pida mi amigo George será por cuenta de la casa.
-Será un placer George.
Al marcharse Antonia pregunta - ¿Por qué está desnudo?
-¡Para que las mujeres vengan al Cabaret, se fijen en sus músculos y gasten su dinero!
-¡Caballeros!
-Arturo, bienvenido a mi gran Cabaret.
-Buenas noches –Arturo le da la mano a Antonia que lo mira con miedo.
Arturo la mira extrañado.
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Casa Obregón.
-¿Por qué me hablas así? ¡yo lo único que quiero es tu bienestar y el de mi nieta! –se enoja Ester.
-¡Mamá, discúlpame, sí tienes razón! A lo mejor es que no lo dije de la forma correcta.
Úrsula las escucha.
-¡Pero es la verdad! –sigue Soledad- ¡tú fuiste la que hiciste que me casara con Alcides! ¿Por qué estás haciendo lo mismo con Daniel, mamá!
Ester se lleva una mano a la cabeza- ¡Reconozco que lo de Alcides fue un gran error! Me equivoqué, pero eso es parte del pasado.
-Precisamente debemos aprender del pasado- Lucas- yo estoy de acuerdo con mi hija, ella es una mujer hecha y derecha y es quien debe decidir su destino y mucho más ahora que está libre… ¿hija, te gusta Daniel?
-¡Daniel… es una gran persona! –se atraganta Soledad.
-Hum… no es esa la pregunta… a ver… quiero decir… ¿estarías dispuesta a rehacer tu vida junto a él?
-¡Eh… yo creo que Daniel sería un excelente papá para mi hija!
(hum..
esa no es la pregunta… además Aurora ya tiene un papá…
lo que te preguntan es si te puedes ir a la cama con él, Soledad! -Sería un gran ejemplo… es un hombre maravilloso… pero… -sigue Soledad.
-¡Pero y el amor! –Lucas- ¿estás enamorada de Daniel Von Sirak?
-¡No, papá! –reconoce Soledad- ¡yo siento que no estoy preparada para iniciar una relación!
-¡Sigues enamorada de Hugo de Medina! –se fastidia Ester- ¿verdad? –y le da la espalda.
Úrsula no puede evitar una sonrisita.
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Afuera.
-¡Alcides! ¿qué hace aquí? –Daniel lo ataca- ¡tiene terminantemente prohibida la entrada a la Casa de los Obregón! Soledad no quiere saber absolutamente nada de usted.
Alcides con voz ronca- ¡Eso no es asunto suyo!
-¡Lo es! Por si no se ha enterado Soledad y yo ahora… -se dispone a mentir.
-¡Soledad y usted! –le grita Alcides- ¡están nada! ¡nada!
-¡Pero lo vamos a estar!
-¡Hasta dónde estoy enterado le propuso compromiso y ella no ha aceptado!
-¡Pero muy pronto lo hará! –se infla Daniel.
-¿Por qué se engaña? –Alcides mete la daga en la herida- ¿Por qué mejor no se olvida de esa mujer?
-¡Gracias por el consejo, no lo necesito!
-¡Yo estoy enamorado de Soledad desde que era un niño! –le cuenta Alcides- ¡y ella nunca ha correspondido a mis afectos! –hace una pausa y lo mira con ojos negros, más negros que la noche- ¿quiere saber por qué?
Daniel calla.
-¡Porque su corazón le pertenece a mi hermano! –Alcides asesta la daga- ¡ella ama a Hugo!
Daniel recibe el golpe en pleno corazón.
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Cabaña.
-¡El que secuestró a mi hija quiere perjudicarnos! –Hugo reflexiona jugando con su copa- ¡tanto a mí como a mi hermano ante los ojos de Soledad!
Boris se intriga- Solo conozco a una persona a la que le conviene que usted y su hermano caigan en desgracia delante de la señora Soledad.
-¡Arturo de Linares! –termina Hugo y bebe un trago- Arturo de Linares… -repite.
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Taberna.
Antonia por fin le da la mano a Arturo.
-No sé si nos conocemos con anterioridad, su rostro se me hace tremendamente familiar –Arturo.
-¡Imposible, Arturo! Mi amigo George solo lleva tres días en San Marino.
-¿De dónde es el caballero?
-¡Es un afamado músico de Europa! Sólo viene a hacer una pequeña temporada a mi cabaret, después regresa a su país.
-Bueno, es un privilegio tenerlo con nosotros, soy Arturo de Linares… usted es George.
-George… Wile –y Antonia ríe forzadamente.
-Bueno George –Paquito.
-Voy al piano.
-¡Estos artistas! –festeja Paquito- déjame prepararte tu mesa –Paquito se marcha.
-¡Lo que nos faltaba! Un pervertido más en San Marino –Arturo al quedar solo y mirando mal a Antonia aka George.
Antonia siente su mirada y lo mira.
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Casa Obregón.
-Ese silencio lo dice todo, hija… ¡sigues amando a Hugo de Medina!
Soledad calla.
-¡Hija, por Dios! ¿qué tiene que pasar para que salgas de ese circulo vicioso, en el que estás con ese hombre? –le recrimina Ester.
-¡La razón me dice que me aparte de él, pero mi corazón no me deja! –les confiesa.
-¡Por amor de Dios, no vayan a discutir! –Lucas.
-¡Úrsula, por favor, lleva a la niña a la habitación! No me gusta que oiga discusiones porque se pone muy nerviosa.
-¡Sí!
-¡Y no te separes de ella! –exige Soledad.
-¡Claro que no, señora!
-¡Gracias! –y cuando se marchan- ¡yo sé perfectamente que ustedes se preocupan por mí y por mi futuro!
-¡Siempre hablamos de tu corazón! –le grita Ester- ¡lo que tu corazón siente, que tu corazón te dice, que tu corazón esto y lo otro! Pero hasta ahora lo único que ha hecho tu corazón es equivocarse… ¡perdóname que te hable así, hija, pero ya es hora de que abras los ojos y pongas los pies sobre la tierra!
Soledad sufre- ¡Yo solamente estoy diciendo lo que siento, mamá!
-¡Muy bien! ¿entonces dime qué sientes cuándo recuerdas las desgracias y las penas que Hugo de Medina ha traído a tu vida? ¡dime! ¿qué sientes? –le grita- ¡dolor! ¿verdad?
Soledad calla con dolor.
-¡Soledad, lo único bueno que Hugo de Medina te ha dado es tu hija! Esa nieta que adoro con toda mi alma, y punto… ¡nada más! El resto son desdichas… ¿o exagero?
-Yo no lo estoy defendiendo, mamá, pero yo solamente puedo hacer lo que siento… ¡y no me siento preparada para comprometerme con nadie!
-¡Pues deberías! Porque Daniel es el hombre que te puede hacer feliz, y te lo voy a repetir delante de tu padre… -histérica- ¡saca a Hugo de Medina de tu cabeza! Y de tu corazón, y acepta a Daniel, cásate con él… ¡váyanse lejos de San Marino! Antes que sea demasiado tarde Soledad.
Soledad la mira sin hablar.
-¡Hoy se llevaron a tu hija, mañana puede ser algo peor!
-Ester, por favor –ruega Lucas- ¡hija, dime! Por favor… ¿qué es lo que quiere tu corazón?
-¡A Hugo, papá! –le confiesa Soledad llorando- ¡quiero a Hugo! –y sufriendo se sienta en el sofá.
-¿Ves, te das cuenta? ¡esas lágrimas son las que hacen que Hugo se aproveche de ti! –acusa Ester.
Soledad la mira sorprendida.
-¿Tú crees que él no sabe que tú no lo puedes arrancar de tu corazón? –le grita- ¡claro que lo sabe, hija! Y por eso manipula tus sentimientos.
-¡No, él no manipula mis sentimientos! –lo defiende Soledad con el corazón.
-¡Yo siempre he sido la dura de esta familia! Siempre tengo que decir las cosas que nadie quiere escuchar.
(y que siempre dices mal, sería mejor que te calles
)
-¡Para mí sería más fácil decirte, vete, corre a los brazos de Hugo de Medina aunque sufras! Pero no… el amor de una madre no es consentir a sus hijos, es guiar a sus hijos.
Soledad llora.
-¡Nunca te vas a librar de la mala sombra de ese hombre y de su hermano! –sigue Ester y se sienta a su lado y cambia de técnica, llora y le ruega- ¡por favor, hazme caso! –le acaricia el pelo- ¡te lo digo por tu bien! –y llorando se marcha y los deja solos.
Y esto funciona mejor que antes, Soledad se siente mal.
-Amor mío, lo peor de todo es que… ¡tu madre tiene razón! –reflexiona Lucas.
Soledad mueve la cabeza negativamente.
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Afuera.
-¡No pienso discutir con usted los detalles de mi relación con Soledad! –se niega Daniel y se dispone a marcharse.
Pero Alcides ríe con sarcasmo- ¡Ah! –y suspira con fastidio.
Daniel se detiene-¡Veremos quien ríe al último, Alcides! –lo reta Daniel- ¡le aseguro que lo invitaré a mi matrimonio con Soledad!
-¿Por qué se empeña en no escucharme, doctor? Escúcheme… Soledad ama a Hugo.
-¿Por qué se empeña en defender a su hermano? –se sorprende Daniel- ¡ustedes se suponen que son enemigos! ¿qué se propone?
Alcides cambia de burlón a amenazador - ¡Quiero que le quede claro algo de una buena vez imbécil! –y lo enfrenta- ¡Soledad es mi propósito en la vida! La amo desde que era un niño… puede que ella ame a Hugo… ¡pero ella también sabe que él no le conviene! En cambio yo… yo he aprendido mucho… he cambiado, ahora soy un hombre diferente… ¡estoy seguro que ella con el tiempo entenderá que soy el único hombre que puede hacerla feliz! –hace una pausa- Si usted se empeña en meterse en el medio…
-¿Me está amenazando? –lo reta Daniel.
Alcides lo mira en silencio y luego agrega- ¡Tómelo como quiera! Está metido en una historia que no le pertenece –subraya cada palabra- ¿Por qué no hace cómo su amiga Michelle y se larga de San Marino?
-¡Michelle no se largó a ninguna parte! –se enoja Daniel- ¡por lo menos no por su propia voluntad! Voy a averiguar qué fue lo que pasó, se lo juro… ¡buenas noches! –Daniel se marcha.
(aha! Y lo deja solo enfrente de la Casa Obregón…
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Taberna.
Paquito nervioso.
-Eloísa, qué bueno verte, estoy tan nervioso, mi corazón se está saliendo.
-¡Tranquilo! Yo no tengo ánimos de fiesta, pero estoy segura que tu inauguración va a ser un éxito.
-¡Déjame verte! Ay… estás hermosa… me excita cuando te pones de rojo.
Eloísa ríe divertida.
(Es cierto, Eloísa está preciosa
)
Paquito le da vueltas- ¡Vas a ser la envidia de todos estos buitres! ¿sabes quien llegó? –lo muestra.
-¡Arturo de Linares! No me des tanto animo Francisco, mejor sírveme un trago.
De pronto Arturo la mira fascinado.
Eloísa le sonríe seductora y segura de sus encantos… hasta que se da cuenta que a quien mira Arturo fascinado es… a Margó que acaba de entrar.
Eloísa se aparta de sus miradas cruzadas.
Margó entra lentamente, está vestida preciosa.
-¡Qué gusto verte Margó! –la admira Paquito- ¡lo que hace el dinero! –la deja y va con Eloísa.
Arturo sigue mirándola alelado, sin palabras.
Paquito corre a ver a Antonia- ¡En cinco minutos va a empezar! Todo va a salir bien.
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Casa Obregón.
-Ustedes no están dentro de mí para sentir lo que yo siento –explica Soledad- ¡cuando mi hija desapareció yo me quería morir, papá! Y en cuánto llegó Hugo, todo cambió, sentí paz interior –suspira- ¡yo no sabría como explicarlo!
-Eso es amor, hija, y no tiene explicación.
-¿Entonces, sí me entiendes, papá?
-¡Claro que te entiendo! Lo que pasa, mi amor, es que hay amores que matan.
Ester vuelve a aparecer- ¡Perdón que los interrumpa, pero estoy muy preocupada!
-¿Qué pasa?
-¡Tu tía Antonia no regresa y mira la hora que es?
Todos se miran intrigados.
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Taberna.
Antonia feliz estudia la partitura.
En ese momento entra Daniel que piensa: “Aquí sin duda puedo encontrar una pista que me ayude a descifrar que pasó con Michelle”
(ahaha! Búscate otra excusa Danielito
)
Y lo primero que encuentra es a Eloísa vestida de rojo, y se acerca a ella fingiendo ir al bar.
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-Te veo muy tranquilo –Margó sentada con Arturo- ¡claro! Cómo estamos en el cabaret no te da vergüenza que te vean conmigo…. ¿verdad?
Arturo sonríe- ¡Margó, por favor, deja eso! Me sorprendes, saliste de mi casa desesperada a buscar a tu hombre y no lo veo por ninguna parte… ¿Dónde está tu adorado Hércules?
-¡No se ha quedado en casa! –le confiesa- ¡creo que… está durmiendo en la Hacienda de don Alcides!
-Hum… ¿y tú a qué viniste?
Margó suspira- ¡No sé qué me pasa… pero… te recordé mucho!
-¿Quieres decir…? –se sorprende Arturo.
-¡Nada! –le corta Margó a punto de llorar- ¡nada! Estoy diciendo estupideces –y se levanta para marcharse pero se detiene porque el espectáculo va a comenzar.
Paquito anuncia- ¡Muy buenas noches! Estoy contento que hayan venido al Cabaret de Paquito, veo a muchas caras conocidas… ¡Eloísa, estás hermosa esta noche! –le sonríe - ¡Manrique, espero que gastes todo tu dinero aquí! –todos ríen-¡bienvenido, Arturo! –Arturo levanta su copa- ¡para iniciar esto quiero que demos un fuerte aplauso a un gran amigo, a un gran músico que traje de Europa para que nos deleite de su piano y talento! Señores con ustedes… ¡El famoso George Wile!
(hum.. será una referencia a este George Wile??
http://en.wikipedia.org/wiki/Waterloo,_Nova_Scotia
)
Y la pobre Antonia está bajo la luz de las candilejas se queda inmóvil.
-¡George! –grita Paquito- ¡George Wile! –y la trae y todos la aplauden- !iniciemos de una vez el espectáculo! Así que recibamos a Esmeralda y Rubi para ustedes… ¡música amigos!
Y Antonia empieza a tocar el piano.
El Can-can suena con toda su alegría.
Arturo feliz bebe y disfruta del espectáculo.
Detrás suyo Manrique.
Daniel también sonríe y bebe un trago.
Las chicas bailan.
Antonia feliz toca el piano y parece divertirse, ni siquiera mira las partituras. Pero mira a las chicas preocupadas.
-¡Ese pianista es muy talentoso! -admira Daniel.
Pierre lo escucha.
Y todos aplauden ruidosamente.
Arturo mira con orgullo a Margó que ríe feliz y aplaude.
-¡La noche no termina! Sigan bebiendo, diviértanse… ¡gracias George! –y luego se lleva a Eloísa- ¡necesito hablar contigo!
Antonia queda sola y se levanta caminando con las piernas abiertas.
(ahahah!! Muy bueno
)
-¡Señor, disculpe! –se acerca Daniel.
Antonia casi tiene un ataque cardiaco.
-¡Quiero felicitarlo por su maravillosa interpretación! –sigue Daniel- déjeme presentarme, mi nombre es Daniel Von Sirak –le pasa la mano.
Pero Antonia solamente lo mira con horror y no le toma la mano.
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Casa Obregón.
Ester muy preocupada mira por la ventana.
-¡Dice Úrsula que mi tía Antonia no dijo para dónde iba! –aparece Soledad.
-¡Esto no me gusta nada! Antonia no acostumbra a salir y mucho menos de noche.
-¡Amor, tranquila! Antonia es una mujer adulta, además están los guardias que le puso Daniel, nada le va a pasar –Lucas- posiblemente se fue a visitar a una amiga.
-¡Antonia no tiene ninguna amiga! –Ester.
-¡No te preocupas! Ya es tarde, nos vamos a acostar, mañana Antonia nos dará una explicación, amor descansa –a Soledad- ¡Antonia no es una niña!
Soledad queda en la sala preocupada.
Úrsula aparece- Aurora se quedó dormida como un angelito, señora.
(Hum… otra vez sola?
)
-¡Úrsula! –la detiene Soledad- ven, siéntate –le sonríe Soledad.
Y ambas se sientan en la sala.
-¡Ay, con todo esto, no hemos tenido tiempo para hablar! –le sonríe Soledad- ¿Cómo estás, cómo estás con Boris?
-Con tanto lío y problema que ha habido últimamente, no hemos tenido tiempo de volver a vernos a solas –suspira Úrsula- solo el ratito que estuvo aquí cuando vino con don Hugo.
-Pero quisieras verlo, verdad.
-¡Muchísimo! Pero ahora que don Hugo tiene prohibida la entrada a esta casa… para Boris no va a ser fácil venir a verme.
-¡Si él de verdad te quiere, nada ni nadie lo va a poder detener! Y va a hacer hasta lo imposible para poderte conquistar –sonríe con tristeza.
-Como… el doctor Daniel está haciendo lo imposible por conquistarla a usted –le dice Úrsula.
Soledad pierde toda sonrisa.
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Taberna.
Por fin Antonia acepta la mano de Daniel.
-¡Déjeme decirle, realmente que las mujeres estuvieron realmente muy bien! Muy buenas bailarinas, pero su interpretación en el piano realmente estuvo magistral… ¡lo felicito!
Antonia sigue sin decir palabra y ríe nerviosa- ¡Hehe! -pero hace un esfuerzo para hacer voz ronca- ¡Gracias!
-¿Por qué no nos tomamos un trago? Usted no es de aquí, yo tampoco, y la verdad que me encantaría poder contarle algunas cosas a un desconocido.
Antonia piensa: “¡Los hombres son tan extraños! ¿Cómo pueden hablar de cosas privadas con un desconocido?”
-¡Qué dice mi amigo! ¿acepta? –Daniel casi la tumba de un golpe en la espalda- ¡yo le invito el trago! Si usted no quiere hablar, tranquilo, con que me escuche es suficiente… ¡señorita por favor dos y deje la botella! Aquí tiene George –la lleva hasta la barra y le sirve un trago.
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-Arturo… estoy cansada… me voy para mi casa –se despide Margó.
-¡Que descanses! –Arturo bebe.
-¿Y tú… te vas a quedar aquí? –se preocupa.
-¡Por supuesto! Con tanta mujer hermosa que ha traído Paquito, quien se va a querer ir –pero la mira un poco divertido al ver su cara- ¿me parece o estás un poco celosa?
-¡Celosa! ¿Por qué me voy a poner celosa? Yo tengo mi marido.
-Y si tienes tu marido… ¿qué haces aquí conmigo? ¡anda, vete con él!
-¡Hércules no sabe que me dejaste libre!
-Te dejé libre, cualquiera que te oyera diría que te tuve prisionera… ¡pero aún si hubiera sido el caso! Un prisionero liberado nunca va de regreso a su captor, y tú te has pasado toda la noche conmigo –le subraya cada palabra.
Margó enojada se marcha.
Otra guapa mujer se acerca- ¿Algo más de tomar, señor?
-¿Cómo te llamas, preciosa?
-¡Debora!
-¡Que nunca falte licor en esta mesa! –le ordena y su mirada se va muy lejos.
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Casa Obregón.
-Úrsula, el amor está lleno de caminos secretos que te llevan a lugares extraños, y a veces esos caminos se confunden y terminan siendo encrucijadas.
-¿Por qué dice eso?
Soledad cierra los ojos y sonríe triste- ¡Porque yo no he podido olvidar a Hugo! Ni tampoco todos los recuerdos que tengo de él, pero la realidad es que él ha llenado mi vida de dolor.
-Por eso fue que le pregunté por el doctor Daniel.
-¡Úrsula! ¿tú crees que Michelle se fue de la ciudad porque pensó que entre Hugo y yo podía haber…?
-¡Claro que lo pensó! Habría que estar ciego para no darse cuenta que ustedes dos aún se aman.
-¡Pero lo nuestro ya no puede ser! –se exaspera- ¡eso no es así! Yo no puedo ser responsable que la relación entre Michelle y Hugo no se pueda cristalizar… ¡porque entre nosotros ya no puede haber nada! ¿ves? A lo mejor si acepto mi compromiso y me caso con él… yo creo que sería la única manera en que todos podrían ser felices –decide Soledad.
Úrsula la mira sorprendida.
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Taberna.
Paquito se preocupa al ver hablar a Daniel y George- ¿Sabrá algo el doctorcito?
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Casa Obregón.
Antonia entra en silencio.
-¡Tía! ¿Dónde estabas? –aparece Soledad- aún no me he ido a dormir esperándote, ¿adonde fuiste?
Antonia finge una sonrisa tranquila.
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FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
Alcides quiere sacar a Daniel del camino.
Soledad acepta ser la novia de Daniel.
