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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
Escrito por (a partir del capítulo 65)
Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano
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-¡Nacimos para amarnos! –le sonríe Hugo- ¡lo que sentimos es tan fuerte y tan hermoso! Que para bien o para mal… nuestros destinos están cruzados para siempre.
Y Soledad lo mira
y luego ella lo besa con desesperación y pasión.
Y se abrazan y se besan
y se besan y se abrazan.
♫
quisiera devolver el tiempo a mi favor
y no dejar que nada se interponga entre tú y yo
sálvame, despiértame otra vez,
Temo cerrar los ojos sin saber si vas a estar conmigo
Al amanecer
♫
Pero Soledad se separa- ¡No, yo no puedo! Esto no es justo, Hugo.
-¡Claro que no es justo! ¿crees que dos personas que se aman tanto deban estar separadas así? –le ruega Hugo- ¡no es justo!
-¡Hugo! ¿no te das cuenta? –le muestra el anillo - ¡llevo puesto el anillo de otro homjbre!
-¡Un hombre al que no amas! –Hugo le toma de la muñeca.
-Hugo, por favor... tenemos que terminar con esto... ¡tratemos de rehacer nuestras vidas!
Pero Hugo la abraza con desesperación- ¡Sí, hagámoslo! Sí... pero juntos... y con nuestra hija... ¡vámonos a vivir, lejos, lejos!
Soledad apenas puede respirar- ¡Es que no puedo hacer eso, Hugo! –se separa con fuerza- Daniel se ha portado muy bien conmigo... ¡jamás me ha tratado mal! Todo lo contrario, Daniel ha sido maravilloso.
-Si él es un buen hombre comprenderá –con grandes ojos llenos de esperanza- ¡no quiero perderte! No y no puedo.
-¿No te das cuenta? –Soledad le acaricia el rostro- ¡cada vez que me besas solamente me haces recordar los besos que me dabas cuando te hacías pasar por Alcides!
(ah si?? No me acuerdo que se hayan besado tantas veces!!
)
-¿Pero por qué? –se exaspera Hugo- ¿por qué te empeñas en hacerme creer que no puedes perdonarme?
-¡No se trata de perdonar! –desesperada- ¡lo nuestro ya no puede ser! Por favor, no insistas más.
-¡Yo te amo! –le declara Hugo con el corazón- ¡y así va a seguir! Haga lo que hagas, pase lo que pase... no voy a dejar de amarte –y le mira a los labios- ¡yo te adoro! –y la besa.
Soledad lo besa, pero de pronto lo empuja- ¡Basta! –y sale corriendo.
-¡Adonde vas! –grita Hugo- ¡Soledad! –asustado.
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Casa Obregón.
-¡Úrsula! ¿cómo es eso que Hugo se llevó a Soledad a la fuerza?
-¡Así fue! Nos tomó a todos por sorpresa –Úrsula pone a Aurora en su cuna.
-¡Pero ese hombre perdió la razón! ¿adonde se la llevó? Seguramente le quiere hacer algo malo.
-¡No! –lo defiende- ¡don Hugo no es malo! Además la señora Soledad lo quiere –y Úrsula se da cuenta que tal vez metió la pata- quiero decir... ¡lo aprecia!
-¿Pero se volvió loco, por qué hizo eso?
-¡Tal vez ya sabe lo del compromiso de la señora Soledad con el doctor! Y como sigue tan enamorado de ella.
Entran Ester, Antonia y Lucas.
-¡Úrsula acaba de contarme lo que sucedió! –Eloisa armando escándalo ajeno- ¡hay que avisarles a las autoridades! Tienen que encontrar a Soledad.
-Ya Daniel fue a buscarla con los guardias –Ester.
Y Antonia se da cuenta del collar de perlas de Eloisa y recuerda perfectamente que no lo tenía antes.
(aha, lo que dije
)
-¡Qué curioso! –se acerca Antonia a Eloisa- cuando la encontré hace un rato en este cuarto no tenía puesto ese collar –y lo toma en la mano.
Los bellos ojos de Eloisa se pasman de miedo.
Úrsula las mira intrigada.
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ex Residencia Medina.
-Usted perdone, señor Juez, pero la sola sospecha que tuve que ver en el secuestro de esa niña, ofende mi reputación –se enerva Arturo- ¡contra mi carrera como militar y contra mi nombre! ¡es una locura!
-Bueno... ¡entonces cual es el problema para que usted se deje ver las suelas de sus botas! Necesito compararlas con este dibujo.
-¡Esto es una verdadera humillación!
-¡Don Arturo de Linares! O usted me muestra las suelas de sus botas por las buenas... o mis hombres lo van a obligar.
(aha! Qué valiente juez!
)
Y Arturo no tiene más opción.
Y El juez descubre que la huella es perfectamente la misma.
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Hacienda Montenegro.
-¡Entonces Sirak es un hombre casado! –ríe Alcides.
-Eso a usted le conviene, verdad –Hércules.
-Por alguna razón turbia, Sirak no se ha divorciado... ¡Hércules, tengo una misión muy importante para ti!
-Lo que sea patrón, diga no más.
-¡Te noto de muy buen animo hoy!
-Sí, patrón, Margó volvió conmigo.
-Se la quitaste a Arturo –sonríe Alcides -¡y lo hiciste sin mi ayuda!
Hércules sonríe.
-Te felicito... ¡te anotaste un buen punto con ese imbecil! –y todavía sonriendo- ¡pásame las nueces, por favor, y presta atención!
Hércules le pasa el plato.
-¡Vas a localizar a la esposa de Sirak! –dice Alcides y come sus nueces con deleite.
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Bosque.
Daniel sigue buscando las huellas de Hugo y Soledad, montando en un caballo blanco precioso- ¡No hay rastros!
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Mina.
Hugo corre detrás de Soledad y la toma en sus brazos- ¡Ya no sigas adentrándote en la mina! –la abraza- ¡corres peligro!
Pero Soledad está histérica y llora- ¡Déjame ir!
-Escúchame... ¡hacia allá no hay salida! Esta mina es inestable, corres peligro –la mira a los ojos.
-¡Corro peligro estando cerca de ti! –Soledad llora.
-¡No digas eso! –Hugo le acaricia el rostro con dulzura- ¡yo jamás te haría daño!
-¡Me has hecho daño! –Soledad retrocede unas pasos para atrás- ¡me has hecho muchísimo daño!
-¡Es el pasado, Soledad, el pasado! –Hugo se pone nervioso- ¡estaba equivocado porque te casaste con mi hermano! ¡estaba celoso! Estaba confundió... pero mi amor –y le besa la mano- ¡es el pasado!
-Así yo olvidara todo lo que pasó en el pasado, me sigues haciendo daño hoy, ahora... ¡no te das cuenta que cada vez que me hablas de amor es como si me clavaras un puñal en el corazón!
Hugo calla.
-¡Tus besos me duelen! –le grita Soledad sollozando- ¡Hugo, tus caricias me matan! Porque yo te amo... ¡y no quiero amarte!
Hugo no puede evitar sonreír al escucharla, con un nudo en la garganta de la emoción- ¿Lo ves? –le dice con dulzura- no podemos huir de nuestro destino –y le toma las manos y se las junta- no podemos huir de lo que sentimos –se acerca a ella- ¡nuestro amor es más fuerte que todo!
Soledad solloza.
Y Hugo mira el anillo- Y si este anillo... ¡si este anillo es que impide que seas mía! Entonces déjame quitártelo –y trata de sacárselo.
Pero Soledad de un gesto seca retira la mano y mira a Hugo enojada.
Hugo la mira desesperado.
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Casa Obregón.
-¡Antonia! ¿qué es esa manera de hablarle a una amiga de la familia? –Ester.
-Mi esposa tiene razón, hermana, ¿qué tonterías estás diciendo?
-¡No son tonterías, Lucas! Ella no tenía puesto ese collar.
Eloisa finge una risa- ¡Doña Antonia! Espero que no piense que este collar es de Soledad.
-¡No, señorita Antonia! –interviene Úrsula- yo conozco muy bien todas las joyas de la señora Soledad y eso no le pertenece.
Eloisa sonríe con más seguridad.
-¿De dónde lo sacó entonces?
-¡Obviamente es mío! Lo tenía en mi mano porque se me cayó cuando me tomé el atrevimiento de recostarme sobre la cama, simplemente se confundió doña Antonia... –y luego agrega con doble intención- ¡al igual que yo me confundí al decirle que era familiar del pianista del cabaret!
Antonia se da cuenta y casi se atraganta – Disculpe, todo esto que ha sucedido con mi sobrina nos tiene muy nerviosos.
-¡Claro que sí, no se preocupe! Bueno, me tengo que ir, haré todo lo posible para dar con el paradero de Hugo y Soledad... ¡quisiera ahorcar a ese miserable con mis manos! ¿cómo se le ocurrió llevarse a mi amiga por la fuerza? ¡permiso! –y se marcha corriendo.
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ex Residencia Medina.
-¡Señor Juez! ¿qué pasa aquí?
-Lo siento mucho, señora de Linares, estoy aquí por una investigación criminal –El juez- ¡señor Arturo de Linares. Queda detenido como sospechoso por el secuestro de Aurora de Obregón!
-¡Es una injusticia, yo soy inocente!
-Si es inocente tendrá la oportunidad de demostrarlo... ¡arréstenlo!
Gladis protesta.
-¡Señora por favor, no interfiera con la justicia! Hágalo por las vías legales, para eso están los abogados –el Juez se marcha dejándola boquiabierta.
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Hacienda Montenegro.
-Eso quiere decir que me tengo que ir de viaje y buscar a la esposa de Von Sirak –se inquieta Hércules.
-Necesito a esa mujer aquí –Alcides come nueces obsesionadamente- ¡necesito a la esposa de Sirak en San Marino!
-¿Y qué hago si a ella no le interesa venir?
-¡Eso lo resolvemos con dinero! –y hablando de eso toma su reloj inquieto y piensa- “si no aparece Eloisa en menos de media hora tendré que ir a buscarla” –y su mirada se llena de preocupación- “tranquilo, Alcides, no te pudo haber traicionado”
-¿Señor? –lo interrumpe Hércules.
-¡Sí! –Alcides guarda su reloj- ¡hablemos de lo que vas a hacer cuando encuentres a la esposa de Sirak!
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Bosque.
Daniel sigue galopando y buscando.
Llega a la mina y ve el caballo de Hugo- ¡Ese es el caballo de Hugo! Hugo tiene escondida a Soledad dentro de la mina –y desmonta y se dirige a la mina.
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Dentro de la mina.
Hugo tiene la mano de Soledad en la suya.
El anillo de Daniel brilla.
-Si no amas a Von Sirak... ¿por qué haces esto? –le pregunta dolido.
Soledad llora- ¡Porque algún día voy a llegar a amarlo! –dice con fuerza.
Hugo no sonríe, está triste- ¡Ese día nunca va a llegar!
-¡Ese día va a llegar... el día que te saque de mi corazón! Ese día voy a ser realmente libre, Hugo –le jura- ¡por favor, busca a Michelle! Que yo voy a cumplir la palabra que le di a Daniel.
-¡Yo no puedo buscar a Michelle porque ella renunció a mí!
-¡Por nuestra culpa, Hugo!
-¡Porque se dio cuenta que nunca voy a dejar de amarte! –con pasión y arrebato.
Soledad lo mira- ¡Suéltame!... por favor.
Hugo la suelta.
-¡Hugo, yo lo siento mucho! Pero yo estoy comprometida con Daniel Von Sirak, y me voy a casar –decide- ¡busca a Michelle y hazla feliz! Ella se lo merece –y Soledad se marcha corriendo.
Hugo queda solo.
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Casa Obregón.
-¿Creen que Daniel encontró a Soledad? –Antonia mira por la ventana.
-¡No creo! Ya estarían aquí... esta incertidumbre me va a matar –Ester se pasea de un lugar a otro- ¡cualquier cosa le puede pasar a mi hija en manos de ese hombre!
-Querida familia... ¡no piensen lo peor! Soledad está bien –Lucas se levanta de su sillón- Hugo de Medina puede ser lo que sea pero no atentaría contra mi hija.
-¡Tú siempre con lo mismo! Pareces el único de esa familia que no le preocupa lo que pasa con Soledad –le acusa Ester.
-Claro que sí me preocupa, no sé lo que pretenda Hugo de Medina, no lo sé, pero de una cosa estoy segura... ¡que no le va a hacer daño a Soledad!
Ester lo sigue fuera del cuarto de Soledad.
Al quedar sola con Antonia- Es extraño que la señorita Eloisa se hubiera encerrado en el cuarto de Soledad... ¿no le parece? –Úrsula.
-¡Sí! Yo también la encontré encerrada justo antes que llegara Hugo a armar todo este alboroto... ¡no sé, pero esa muchacha Eloisa me da muy mala espina! No sé qué es lo que se trae entre manos.
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Hacienda Montenegro.
-Para todo lo que usted me ha dicho, patrón... necesito dinero –Hércules.
-¡Sí, esta tarde lo tendrás! –y en ese momento entra Eloisa- ¿por qué demoraste tanto?
Eloisa ya no tiene el collar de perlas- ¿Pensaste que te traicionaría? –juega.
Alcides mira a Hércules- ¡Déjanos a solas!
Hércules se marcha.
-¿Me trajiste lo que te pedí? ¿entraste al cuarto del tesoro?
-¿Por qué no te cercioras tú mismo? –y Eloisa levanta su falda y le muestra sus piernas... donde están los lingotes de oro.
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Mina.
Soledad se dirige a la salida de la mina todavía llorando.
De pronto se detiene y mira para atrás.
Y luego da unos pasos para ir a buscar a Hugo.
Pero entra Daniel y le grita- ¡Soledad! ¿estás bien? –la toma del brazo.
Y Daniel la abraza.
Soledad lo abraza apenas- Sí, estoy bien.
Daniel la mira - ¿Y Hugo? –y la besa en el pelo.
En ese momento sale Hugo de la mina y los ve abrazados y grita desesperado- ¡Soledaaaad! - a todo pulmón.
Y con ese grito la mina empieza a desmoronarse.
-¡Hugo! –grita Soledad y trata de ir a ayudarlo.
Daniel la detiene y la protege.
Hugo queda enterrado en los escombros.
(ahaha! Otra vez?
)
Daniel se pone a sacar los escombros- ¿Estas bien Soledad?
Soledad tose- ¡Hugo! –y lo ayuda- ¡respóndeme! Le cayó todo encima, Daniel, hay que sacarlo de allí.
-¡Tenemos que sacarlo enseguida! Espérate.
Y entre ambos lo desentierran.
-¡Hugo! –Soledad lo llama.
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Casa Obregón.
-Sea lo que sea que haya venido Eloisa a buscar a este cuarto no lo vamos a averiguar –Antonia- ahora lo más importante es saber dónde está mi sobrina, adonde la habrá podido llevar.
-Si usted quiere, yo puedo ir a preguntar –se ofrece Úrsula.
-¿Si, adonde, con quien?
-Yo soy amiga de Boris, el sirviente de Hugo de Medina, quizás el pueda ayudarnos a saber dónde se encuentra la señora Soledad, lo único que le pido es que no le diga nada a la señora Ester.
Antonia reflexiona- ¡Está bien, Úrsula! Ve rápido, y si encuentras algo vienes y nos avisas... ¡yo me quedo con Aurorita! No te preocupes.
-No me demoro –se marcha Úrsula.
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Herrería.
Manrique llega con un hombre- ¡Boris!
-¡Señor Manrique! ¿cómo está?
-¡Bien! Su jefe... ¿el señor Hugo de Medina se encuentra?
-No se encuentra... ¿le puedo servir en algo?
-Mi amigo es coleccionista de armas... y supimos que ustedes hacen excelentes espadas acá.
-Un segundo, le voy a mostrar una de las espadas que se hacen en este lugar –les muestra la espada para Michelle - ¡por cierto la hizo don Hugo!
El hombre la toma y la estudia- ¡Increíble! Llevo años coleccionando espadas y sables y nunca había visto un arma igual... ¡la calidad es indiscutable! Le ofrezco una buena suma por ella.
Boris mira la espada y sonríe calculador y los mira.
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Hacienda Montenegro.
Alcides toma los lingotes- ¡Por estos lingotes me darán como 50 mil pesos! Podré sobrevivir por unos cuantos días.
-Podremos –le corrige Eloisa.
-Tu parte te la daré esta tarde... cuando cambie los lingotes por efectivo –come sus nueces- ¿todo bien, alguien sospechó algo?
-Para nada, todo salió como lo esperábamos.
-¿Enterraste el cuerpo de Michelle?
-¡Sí, fue horrible, pero la dejé en la catacumba como me lo dijiste!
Alcides la mira dudando- ¿Crees que hay algo que me debas decir?
Eloisa suspira- ¿A qué te refieres, Alcides? ¡habla de una vez!
-A que pudiste haberte robado algo... y si es el caso te aconsejo que me lo confieses –la amenaza.
Eloisa lo mira con sus bellos ojos verdes.
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Celda.
Arturo se muere de rabia.
Su madre aparece desesperada- Tenemos que liberarte antes que todo San Marino se entere.
-¡Cállate! –le grita Arturo- escúchame, necesito que busques a Margó, es la única persona que me puede sacar de aquí.
Gladis lo mira con espanto pero se marcha.
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Mina.
Daniel sigue trabajando.
-¡Ay Dios mío, que no le haya pasado nada porque...! –se desespera Soledad.
En ese momento un gemido.
-¡Aquí, lo vamos a sacar!
-Ha pasado mucho tiempo y no oímos su voz- histérica- ¡Daniel por favor, rápido! – lo ayuda.
-Tranquila.
Pero Soledad no puede más y empieza a llamarlo a gritos- ¡Hugo, Hugo!
-¡No grites! –se asusta Daniel- puedes causar otro derrumbe, tranquila –y sigue trabajando- por cierto... ¿qué hacían aquí?
-¡Allá, allá está! –Soledad ve la mano de Hugo- ¡Hugo, espera!
-Con cuidado, Soledad.
Y entre Daniel y Soledad sacan las piedras y maderas.
Hugo también ayuda.
-Hugo... ¿estas bien?
-Hay que llevarlo a un hospital –Daniel.
Y Hugo aparece.
-¡Hugo, dame la mano! Daniel te va a ayudar.
Hugo le toma la mano a Soledad y luego mira a Daniel- Me salvó la vida doctor.
-Tranquilo, vamos llevarlo al hospital.
-No hace falta, son solo unos golpes.
-Tengo que revisarlo, esos golpes pueden traer secuelas.
Soledad lo mira angustiada.
-¡Secuelas! –suspira Hugo y se levanta- ¡ya no puede pasarme nada peor!
-¡Cuidado! –Daniel trata de ayudarlo.
-¡Yo puedo solo! –se niega Hugo- ya estoy acostumbrado a que el mundo me caiga encima.
-Hugo, por favor, deja que te lleven al hospital.
Hugo suspira- Deberían llevarme a la comisaría, tengo una deuda con la justicia por raptarte –dice mirándola a los ojos.
Soledad lo mira con dolor.
Daniel y Hugo se miran retándose en silencio.
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CONTINUARA!!
Lo siento, otra semana con mucho trabajo!! y la semana que viene será igual, pero les prometo terminar la novela!!

