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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
Escrito por (a partir del capítulo 65)
Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano
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Casa Obregón.
En el jardín Soledad se pasea a la luz del farol- ¿Será que a pesar de todo tengo que casarme con Daniel y huir de San Marino para poder sacarme a Hugo de mi vida? –se apoya en un madero y recuerda a Antonia.
“-Hija, quiero que sepas que cuando se pierde el anillo no es bueno”
Y Soledad se mira la mano- O un mal augurio –y ve pasar a los guardias.
Camina lentamente, cuando una mano se posa en su hombro.
Se da la vuelta y encuentra a Hugo que la mira.
-¿Qué estás haciendo aquí?
-Quería traerte esto... –le muestra el anillo- ¡es tu anillo de compromiso con Von Sirak!
Soledad se acerca a él intrigada- ¿Por qué tienes ese anillo? Pensé que lo había perdido.
-No... no lo perdiste –le confiesa- ¡te lo quité cuando te besé la mano al despedirme en la mina!
Soledad toma el anillo y recuerda cuando Hugo le besa la mano y le pide perdón, y lo mira- ¿Por qué, Hugo? ¡por qué!
-¡Porque pudo más el corazón que la razón! –le dice con ojos llenos de pasión- ¡yo no podía dejar que te fueras con este anillo que representa nuestra separación!
-¡No! no estoy hablando de eso... –lo mira con ojos rojos- ¿qué fue lo que nos pasó? –sonríe con dolor y tristeza- ¿Por qué tu venganza? ¡pudimos ser tan felices!
Hugo la mira con dolor, calla.
-Quisiera perdonarte pero no puedo –suspira Soledad- y ya no sé cómo hacer para poderte creer.
Y amos se miran largamente.
De pronto Hugo la toma entre sus brazos y la besa apasionadamente.
Soledad se entrega toda y lo besa.
♫
quisiera devolver el tiempo a mi favor
y no dejar que nada se interponga entre tú y yo
sálvame, despiértame otra vez,
Temo cerrar los ojos sin saber si vas a estar conmigo
Al amanecer
♫
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Taberna.
Antonia sigue tocando el piano.
Las Paquitas siguen bailando.
Manrique feliz abraza a una de las bailarines.
En un rincón- ¡Francisco, deja la paranoia! Ya te dije que no tiene nada de la vieja Antonia.
-¡No se trata de Antonia! –Paquito está histérico- ¡pero tengo que estar atento porque no quiero que le pase nada a mis Paquitas!
-¿Crees que se trate de algo personal?
-¡No! ¡pero lo averiguaré!
-¡Más vale que lo hagas pronto! Cada vez viene gente más importante a tu Taberna –y mira a un lado- ¡nada más y nada menos que el Juez se está divirtiéndose muchísimo con Margó!
-Espero que solo venga a divertirse y no porque tenga sospechas que Debora desapareció.
Margó y el Juez beben.
Paquito es un mano de nervios.
Antonia sigue tocando.
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-Es increíble el espectáculo –Margó.
-¡Sí, claro!
-¿Me invitas otro trago?
-¡Por supuesto!
-¡Ay, qué caballero! –y Margó pide otro trago- ¡gracias! –y le sirve más – esta noche es muy especial.
Y el Juez ríe- ¡Salud!
Y ambos beben.
-Creo que es suficiente –el Juez.
-¿Suficiente? –Margó le mueve las mellizas.
Y el Juez acepta otro trago- Por la buena compañía... ¡qué maravilla!
-¡Eso! –ríe Margó a carcajadas- “Ojala todo salga bien y no termine presa por tu culpa, Arturo” –piensa preocupada.
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Poder Judicial.
Alcides visita a Arturo.
-¿Qué haces aquí, Alcides?
-Vine a advertirte que de esta no te vas a librar.
-Yo no tuve nada que ver con el secuestro de tu sobrina... ¡es más, pienso que fuiste tú y quieres achacarme la culpa!
Alcides lo toma por el cuello con el gancho de su bastón- ¡Consíguete un buen abogado que te represente! Que esté a mi altura, porque me voy a encargar de aplastarte en los tribunales.
-¡Suéltame!
-Te advertí que no te metieras con los míos, imbecil... ¡ahora vas a pagar las consecuencias!
-¡Ni tú ni 20 abogados podrán conmigo, Alcides! Mañana mismo quedaré libre.
Alcides lo suelta- ¡Eso está por verse! –se marcha.
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Casa Obregón.
En el jardín Soledad y Hugo se siguen besando.
Y se separan.
Y algo invisible los aleja.
Soledad baja la mirada.
Hugo mira para otro lado con rabia- ¡Ya eres libre de ponerte ese anillo y comprometerte con Von Sirak si eso es lo que deseas! –y frustrado se lleva una mano a la cabeza.
Soledad se lleva la mano a la boca y mira a otro lado- ¡Ya no sé ni qué es lo que quiero! Acabo de enterarme que Daniel... sigue casado.
Hugo la mira sin sorpresa, levantando una ceja.
-¡Sí, él también me engañó! –reconoce Soledad con una sonrisa dolida.
Hugo tiene una pequeña risa perpleja- ¡Entonces es verdad!
Soledad se sorprende- ¡Qué! No... ¿tú también lo sabías?
-Mi hermano Alcides me lo dijo –le cuenta Hugo.
-¿Alcides?
-¡Sí, Alcides! Fue él el que consiguió las pruebas del matrimonio de Von Sirak.
Soledad lo mira boquiabierta.
-Alcides –le repite Hugo.
-¡Por eso fue que viniste! –le acusa Soledad- ¿porque sabías que me iba a enterar que Daniel sigue casado? ¡por eso estás aquí! –se enoja- ¡me estás engañando otra vez, Hugo!
Hugo simplemente calla -¿Cómo te hago entender que te amo? ¿cómo?
Soledad mueve la cabeza incrédula.
-¡Nunca amé a otra mujer como te amo a ti! –le declara Hugo con el corazón- ¡yo soy tuyo, soy tuyo!
-¡Como pudiste!
-¡Te pertenezco en cuerpo y alma! –sigue Hugo.
Soledad lo mira largamente.
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Muy cerca de ellos.
-Tengo que cambiarme rápido, no puedo llegar tarde a la celebración del compromiso de Soledad con Daniel.
Y Antonia que está en la calle, se mete a un recoveco para cambiarse- ¡Dios mío! No sé hasta cuando voy a poder ocultar este bendito secreto.
(Pues cambiándose en la calle...
muy poco tiempo!!)
En ese momento pasa gente y se no se anima a cambiarse- Buenas noches –se marcha pensando- “Aunque Eloisa Renan me vio trabajando en el Cabaret y prometió guardar el secreto... ¡pero esa no sé, esa mujer no me gusta para nada!”
En ese momento encuentra a Daniel llorando en el camino- Señor... ¿se siente bien? ¡Daniel!
Daniel lo mira sorprendido.
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Casa Obregón.
Jardín.
-¡Por el amor de Dios, ya no me rechaces más! –se exaspera Hugo mirando al cielo y tomando aire- ¿qué tengo que hacer para que me perdones? ¡qué!
-No es que no pueda perdonarte, lo que no puedo hacer es creerte –dice Soledad.
(bueno, primero lo uno,
luego lo otro... Soledad, la novela se acaba... ya no tienes tiempo!! -¡Entonces moveré cielo y tierra para que creas en lo que siento por ti!
-¡Hugo, por favor, no sigas! –sufre Soledad- ¡tú no sabes, no tienes idea de lo que significan tus palabras en mi corazón!
Hugo la mira sin comprender.
-¡Y no has cambiado! Sigues siendo la misma persona –Soledad histérica - ¡mira lo que acabas de hacer! ¿a qué viniste? –le acusa- ¿A comprobar que me enteraba que Daniel sigue casado?
Hugo la mira completamente inocente.
-¿Por qué? ¡por qué sigues jugando conmigo!
-¡Soledad! –suspira Hugo- ¡perdóname si te ofendí! No fue mi intención... ¡ya no sé qué hacer para que entiendas que te amo!
Soledad se tapa el rostro.
-¿Qué no te das cuenta que me aferro a lo que sea con tal de acercarme a ti? –se pone nervioso- ¿qué no te das cuenta que te necesito? ¡te necesito como ese árbol necesita las entrañas de la tierra para vivir!
-¡Ay, Hugo! –Soledad con lágrimas en los ojos- ¿no te das cuenta que tu amor me hace daño? ¡me mata!
Hugo la mira perdiendo toda esperanza.
-¡Me enloquece! Y quiero escapar de esta locura, por favor... ¡déjame!
-Mi amor... yo sin ti no puedo vivir –Hugo con lágrimas en los ojos- ¡no puedo vivir sin tus besos! no puedo vivir sin tus caricias.
Soledad mira para otro lado- ¡Hugo, por favor!
-Mírame... –le ruega Hugo.
Soledad lo mira a contrecoeur.
-Mi vida sin ti no tiene sentido –le declara Hugo.
-No sigas –Soledad cierra los ojos fuerza.
-¡Soledad, mírame! –ruega Hugo otra vez.
Y Soledad no puede resistir su ruego y lentamente abre los ojos.
-Por favor –susurra Hugo- ¡dame una última oportunidad para demostrarte que te amo!
Y Soledad lo mira largamente, una lágrima rueda lentamente por su mejilla.
Y Hugo la mira largamente, con los ojos llenos de lágrimas retenidas.
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Hugo sonríe con una pequeña esperanza- ¡Te prometo que nunca más derramarás una lágrima por mi causa!
Pero Soledad mueve la cabeza negativamente y mira para otro lado.
-¡Te prometo que te haré la mujer más feliz sobre la faz de la tierra!
Soledad baja la mirada y suspira con cansancio - ¡Me cansé de las promesas, Hugo! No quiero escucharte, te volviste a equivocar conmigo... ¡ya no te puedo amar! Pues va en contra de mi lógica y de mi bienestar.
Hugo suspira con cansancio y tristeza- Está bien.... ya no te voy a rogar más... ¡ya no más! Pero si algún días despiertas y sientes que tus heridas sanaron... y quieres regresar a mi lado...
Soledad cierra los ojos.
-¡Entonces búscame! –promete Hugo- ¡que yo te estaré esperando!
Soledad abre los ojos- ¡No quiero verte, no quiero escucharte! –lo mira con rabia- ¡me hace daño verte! –y lo deja solo.
Hugo queda solo en el jardín.
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Calle.
-¡Por Dios, amigo! ¿qué hace aquí, qué pasa? –Antonia se sienta a su lado.
Daniel le da tremendo golpe en la espalda- ¡Mi amigo George!
-¿Cómo se siente? ¡mírese nomás cómo está! ¿qué le pasa?
Daniel mira a lo lejos- ¿Recuerda lo que le comenté anoche sobre la mujer de mi vida? La mujer que amo.
-¡Sí!
-¡Perdió el anillo de compromiso que le di!
-¿Y... qué pasó entonces con la celebración del compromiso?
-¿Y usted cómo lo sabe de la celebración? –se sorprende Daniel.
-Bueno... –se atraganta- usted me lo comentó, pero claro, como estaba tomando tanto seguro que ya no lo recuerda.
-La noche que, supuestamente, sería la más feliz de mi vida... fue una pesadilla... ¡alguien me tendió una trampa!
(tú solito, Daniel!!
)
-¡Yo le había dicho a Soledad que soy un hombre casado...! –le confiesa- ¡pero nunca le dije que aun no me había divorciado!
Antonia se espanta- ¡Qué!
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Taberna.
Margó y el Juez siguen tomando y festejando.
-¿Por qué no vamos a mi casa? Allá tenemos privacidad –invita el Juez.
-¿Pero por qué tan lejos! Aquí en el cabaret hay un cuarto donde podemos estar todos... todos...
Y ambos ríen a carcajadas.
Y el Juez cae al suelo borracho.
Paquito llega corriendo- ¡Señor Juez, levántese!
-Respete a la autoridad –ríe Margó- El juez se pasó de tragos, pero si usted me hace el favor y me presta un cuarto yo lo llevo a que descanse.
-¡Sí, está bien! –Paquito desesperado- ¡dale café!
Y Margó se lo lleva.
Eloisa los ve y ríe.
-El juez está borracho –le anuncia Paquito.
-¡Qué maravilla, Francisco! Me imagino cuanto debe haber gastado en alcohol, te felicito querido, este lugar es un éxito.
-¡Gracias! Con este negocio me voy a hacer millonario, Eloisa –y le toma las manos y se las besa- y espero que esta vez me veas diferente... –se arrodilla a sus pies- ¡y te cases conmigo!
-¡Ey, estás loco! –ríe Eloisa- ¿aquí delante de todo el mundo? Espérate a llegar a la casa –le susurra.
-Pierre, dos copas –y brinda con Eloisa.
Eloisa lo mira seductora y luego a otro lado.
Paquito la mira largamente.
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Hacienda Montenegro.
-Quiero que regrese a San Marino la tal Manuela Marin, la esposa del doctorcito, aquí tienes para el viaje –le entrega dinero a Hércules.
(que regrese???
Pero si nunca vivió allí!! Y para qué quiere tenerla??? Para que Daniel se divorcie más rápido??)
-Es más –reflexiona Alcides- ¡quiero que tomes esto! –le da más dinero- y esto, no sabemos lo que pueda pasar, regresa con esa mujer cueste lo que cueste.
-Ya me pongo en camino, patrón, pero antes voy a despedirme de mi mujer... no se preocupe, no le diré nada.
-Para cuando regreses tu ex - patrón va a ser un hombre condenado a muchos años de cárcel –le promete.
-¡Gracias, patrón! –sonríe Hércules- ahora que dejo a mi mujer sola, don Arturo no podrá molestarla.
-Precisamente ahora tengo que resolver un asunto con él, anda vamos... salgamos juntos.
Se marchan juntos.
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Casa Obregón.
Soledad entra a su cuarto y cierra la puerta detrás.
Se apoya desecha.
Al alejarse, deja la puerta entreabierta.
Soledad mira por la ventana pensando en el beso de Hugo.
Y recuerda a Hugo, cuando la raptó, cuando se la llegó a la grupa del caballo.
Y recuerda en la mina:
“-¡Nacimos para amarnos! –le sonríe Hugo- ¡lo que sentimos es tan fuerte y tan hermoso! Que para bien o para mal… nuestros destinos están cruzados para siempre.
Y Soledad lo mira
“
Y Soledad sonríe y vuelve a la mina en sus recuerdos.
“-¡Hugo, por favor, solamente permite que te lleven al hospital!
Hugo sonríe triste- ¡No, Soledad! Las heridas que tengo no las puede curar ningún médico.”
Y Soledad se pone triste.
Y recuerda el engaño de Daniel.
“-¿Qué te pasa, hija? –se asusta Ester.
-¡Qué es! –exige Daniel- ¿qué dice?
Soledad mira a Daniel como si fuera un monstruo del espacio que apenas acaba de reconocer- ¡Me mentiste! –exclama.
-¿Qué dice? –Daniel abre los ojos como platos.
-¡Es un acta de matrimonio! –Soledad le muestra el papel - ¡estás casado, Daniel!
Daniel queda verde.”
Y Soledad recuerda la promesa de Hugo:
“Pero si algún días despiertas y sientes que tus heridas sanaron... y quieres regresar a mi lado...
Soledad cierra los ojos.
-¡Entonces búscame! –promete Hugo- ¡que yo te estaré esperando!”
Y a Soledad le brillan los ojos.
Pero en ese momento la interrumpen, es Úrsula que le trae un té – ¡Así se va a sentir mejor!
-La única forma de sentirme mejor, es al lado de Hugo –decide Soledad.
Úrsula sonríe - ¿Lo dice en serio?
Soledad sonríe - ¡Creo que ya es hora de dejar que decida el corazón! Llegó el momento... ¡de escuchar lo que mi corazón grita y ya no de pensar más! ¡dejar mi mento a un lado!
-Entonces hágalo –aconseja Úrsula- ¡escuche su corazón, yo sé que es la única forma en que va a lograr ser feliz!
-¡Úrsula! –la llama- Hugo me dijo que no me va a volver a buscar –le cuenta- ¡que si quería volver con él, tenía que ser yo quien tomara la decisión!
-¿Y qué espera? Tal vez todo lo que pasó con don Daniel fue un aviso del cielo, y lo que más le conviene es estar con el único hombre que ha amado, don Hugo de Medina... ¡no lo piense más! –le aconseja- ¡tal vez después sea demasiado tarde y pierda a don Hugo para siempre! –Úrsula la deja sola.
Y Soledad reflexiona con la mirada ida.
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Cabaña.
Hugo prepara su maleta.
-Un cliente traído por don Manrique me encargó que le hiciéramos una espada y me trajo este dinero –se lo muestra y suspira- señor... ¡estamos en un buen momento para empezar este negocio! Parece ser que la señorita Michelle, le enseñó el arte de hacer las espadas de una forma magistral –y Boris admira la espada que Hugo tiene para Michelle.
Pero Hugo no lo escucha y sigue haciendo sus maletas.
-Don Hugo, está usted en otro lado –Boris.
(no!!
quien diría!!)
Hugo suspira- ¡Ah! Todo terminó entre nosotros –le confía- ¡no seguiré rogando a Soledad para que me perdone! Su corazón está tan destrozado que no escucha razones... ¡por eso ahora mismo, me voy a buscar a Michelle!
(perdón...
acabas de prometer, jurar que estarías esperando!!! Y además tienes un primer cliente y te vas???
)
-Creo que es lo mejor –apoya Boris sonriendo.
-Al menos me voy tranquilo, sabiendo que no se va a casar con Von Sirak porque él ya es un hombre casado... ¿está todo listo?
-¡Sí, señor!
-Entonces, vamos.
(aha!
)
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En la calle.
Antonia escucha a Daniel sin sonreír.
-¿Se da cuenta, George? Debí haber insistido, buscar a... mi esposa para poder legalizar nuestra separación.
Antonia mueve la cabeza negativamente.
-Y no me hubiera ocasionado tanto desastre con Soledad.
-¡No solo eso, amigo Von Sirak! Usted debió decirle toda la verdad a So... –se corta- ¡a la señorita esa!
-Sí, es cierto, pero... –se encoge de hombros- ¡ya no hay vuelta atrás!
-Bueno, amigo Von Sirak, lamento mucho no poder quedarme más tiempo con usted, pero tengo que irme –le palmea la espalda y se levanta.
-Gracias George, usted es un hombre que me inspira mucha confianza.
Y de repente Daniel lo abraza llorando- ¡Yo amo a esa mujer George! Yo amo a Soledad, y me equivoqué.
(que llorón!!
-¡Ya, ya amigo, todo va a estar bien! –lo compadece Antonia- ¡tranquilo, ya pasó!
Pero Daniel sigue aferrado a ella.
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Cabaña.
-¡Hugo, soy Alcides! –grita Alcides y entra a la Cabaña dejando la puerta abierta- ¡Hugo, vine a ver las huellas que dejó Arturo de Linares! ¿estás aquí?
En la Cabaña no hay nadie.
Alcides se saca el saco - ¡No estás aquí, muy bien! –se ata el pelo como Hugo con la cuerda de su pendiente y se arrodilla a ver las huellas dejadas por Arturo- Con estas pruebas, Arturo de Linares se va a podrir en la cárcel... ¡las huellas de los zapatos está completa!
En ese momento entra Soledad y lo llama- ¡Hugo!
Alcides lo mira sorprendido.
-Estuve pensando en lo que me dijiste... ¡vine a hablar contigo porque quiero que nos demos una segunda oportunidad!
Alcides la mira largo rato y traga saliva con dificultad.
Soledad le sonríe con el corazón y se acerca lentamente- Lo estuve pensando mucho... y tus palabras me hicieron despertar.
Alcides calla.
-¡Yo creo que tienes toda la razón, Hugo! Después de todo lo que ha pasado y todo lo que hemos tenido que vivir –baja la mirada.
“-Cree que soy Hugo –piensa Alcides sin decir palabra- ¿pero de qué está hablando?”
-¡No sé qué hago aquí! Creo que me equivoqué en venir –se va a marchar pero se detiene.
“-Perdonó a mi hermano, eso es lo que trata de decir –piensa Alcides y la mira triste.”
-¡Hugo, mi amor! –Soledad corre a él y lo abraza con todas sus fuerzas y mete su cabeza en su cuello y lo respira.
Alcides sonríe alelado y la mira.
Pero no la abraza.
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En el tren.
Boris todavía acompaña a Hugo- Tengo una cita con Úrsula... usted sabe... ¡una cita secreta! – confiesa.
Hugo ríe- ¡Ah! Sé feliz con la mujer que amas.
-A su regreso seguiremos haciendo espadas, como la que le lleva a la señorita Michelle de regalo.
Hugo toma la espada para admirarla.
-Tal vez nos podemos especializar en hacer espadas –sigue Boris- ¡a lo mejor se vuelve famoso!
-Me conformo con vender algunas –ríe Hugo- ¡y que podamos sobrevivir con eso!
-Don Hugo, buena suerte –Boris se despide.
-¡Gracias amigo, muchas gracias! Sé feliz con la mujer que amas –y se despide- ¡Adiós!
Boris se marcha.
Hugo mira la espada y suspira y sonríe mirando a lo lejos.
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Taberna.
Daniel entra y se encuentra con Eloisa que lo mira con una sonrisa de triunfo y se sienta a su lado.
- No me mires así, ya te perdoné por haberme llamado mentirosa.
-Eso no me preocupa ahora.
-¡Qué descortés!
-Un trago por favor –pide Daniel.
-¿Qué haces aquí? ¡no se supone que deberías estar celebrando tu compromiso con mi amiga Soledad!
-¡Gracias! –a Daniel le traen su copa.
-¿No me digas que terminó tan temprano?
-¡Ya no habrá compromiso! –bebe de un golpe.
-¡Por qué! –sorprendida.
-¡Usted debe saberlo muy bien! –con rabia- seguramente usted tiene que ver con lo que me sucede.
-No entiendo de qué me habla – es sincera.
-¡No se haga, Eloisa! –le reclama furioso Daniel- ¡usted consiguió mi partida de matrimonio y se la hizo llegar a Soledad! ¡fue usted!
Eloisa abre sus enormes ojos verdes y bellos.
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En los camerino.
-¡Esmeralda! No quiero que ninguna de mis Paquitas se descuide, necesito que me ayudes –Francisco muy nervioso.
-No entiendo, mi amor.
-¡Es cosa mía! Lo que sucede es que San Marino es una ciudad peligrosa, mucho ojo.
-¿Será que Debora no vino a trabajar por eso?
-¡Debora renunció porque su mamá estaba enferma y tuvo que ir a visitarla! –y de pronto Paquito se pone verde y blanco- ¡no puede ser!
En un rincón yace el juez, todo vestido pero sin botas.
-¿Esta muerto? –grita Esmeralda
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Prisión.
Margó llega a ver a Arturo.
(claro en medio de la noche!!
-¿Conseguiste las botas? Enséñame las suelas... ¡son perfectas, Margó! Son iguales que las mías.
-No sabes el trabajo que me costó conseguirlas.
-¿Por qué, son de un policía, un militar?
-No sé qué va a pasar conmigo después de lo que hice –nerviosa- ¡se las quité al propio Juez Fernández!
Arturo la mira y ríe divertido.
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Casa Margó.
Hércules llega a despedirse pero no la encuentra.
-¿Dónde puede estar Margó a esta hora?
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Casa Obregón.
Los guardias vigilan la casa.
Boris se escabulle y logra entrar sin ser visto.
-¡Hola Boris! Llegas puntual –sale riendo Úrsula y lo abraza.
-¡Úrsula! –y Boris la besa- ¡Estás más hermosa que nunca! Las estrellas iluminan tanta belleza.
Úrsula ríe y le saca las manos de su cintura- No sabía que eras tan romántico.
-La verdad es que no lo soy pero tu belleza me hace serlo –la vuelve a besar.
-No me puedo demorar mucho porque tengo que cuidar a Aurora... y porque... –pero se siguen besando.
-¡Úrsula! ¿tú que haces a estas horas aquí sola? –los sorprende Antonia- ¡con Boris, el mayordomo del miserable de Hugo de Medina!
Y Úrsula y Boris la miran culpables.
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Cabaña.
Alcides abraza suavemente a Soledad.
-¿Por qué no me hablar? –Soledad en sus brazos suspira- mi amor... ¿por qué no me dices nada?
Alcides calla.
-¡Me dijiste que siempre estarías esperando por mí –Soledad se separa y lo mira- ¡yo creo que tienes toda la razón!
“-¡Pero no se ha dado cuenta que soy Alcides! –piensa con ojos grandes abiertos.”
Soledad le besa las manos – Mi amor, yo estaba equivocada, olvidemos el pasado... ¡te perdono, te perdono! Demonos la oportunidad de ser felices.
Alcides la sigue mirando callado.
-Así como tú dices que eres mío... ¡yo también quiero ser tuya! –y Soledad lo besa.
Alcides se deja besar y luego aprovecha y la besa.
Y se besan largo rato.
Soledad se separa suspirando- Mi amor, vamos a olvidar el pasado- le ruega- ¡hazme tuya!
Alcides sonríe como si fuera un regalo “- ¡Claro, eso es lo que más quiero en el mundo, Soledad!” –y la besa en la frente en silencio- “hacerte mía... ¡mía por fin!” –y la mira largamente- “ pero después... ¿qué va a pasar después cuando sepas que no soy Hugo?” –duda y le da un pequeño beso – “ ¡que soy Alcides!”
Ajena a todo Soledad suspira- ¡Dijiste que no podías vivir sin mí! Yo tampoco puedo hacerlo, tienes toda la razón... –lo besa- ¡lo he intentado pero no puedo hacerlo! ¡te amo! –y ríe- ¡yo sé que esto es una locura! No sé si debí venir.
Alcides la abraza y apoya su rostro en el de ella- “Las cartas están echadas, Alcides... ¡es ahora o es nunca! O no le dices que eres Alcides y la haces tuya o le confiesas la verdad y la dejas ir” –y Alcides la besa con ternura y luego la besa apasionadamente.
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Tren.
Hugo espera.
Una mujer se acerca- Buenas noches, con permiso – y se sienta con él.
-¡Buenas noches! Parece que seremos compañeros de viaje... ¡soy Hugo de Medina!
-¡Teresa Roman!
-Teresa... usted me recuerda a una amiga muy querida, una amiga que voy camino a ver... ¡Michelle Phillipe es su nombre! –y recuerda a Michelle.
Y Michelle le sonríe – “En lo que pueda ayudarte cuenta conmigo”
Hugo suspira y piensa- “Al menos me voy de San Marino con la tranquilidad de saber que cuando regrese no voy a encontrar a Soledad casada con Daniel Von Sirak”
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Taberna.
-¿Qué absurdo estás diciendo, Daniel?
-¡No lo niegues, Eloisa! –casi le grita- ¡esta noche durante la celebración de mi compromiso con Soledad, usted le hizo llegar la partida de mi matrimonio con Manuela! ¡no lo niegue!
-¡Estoy ya es demasiado! –furiosa.
-¡No lo niegue!
-Primero me acusas de haberte mentido y ahora resulta que yo quiero dañas tu matrimonio con Soledad... ¡yo no tenía ni idea de que fueras casado, Daniel! Y no me interesa verte sufrir y mucho menos hacer sufrir a mi amiga Soledad.
-¡Lo siento! –Daniel retrocede- ¡todo salió mal!
-¡No entiendo cómo pudiste mentirle a Soledad! ¡como pudiste sabiendo que eras casado!
-¡Es solo un papel, maldita sea! No convivo con ella desde hace muchísimo tiempo.
-¡No me interesa, igual le mentiste! –le grita Eloisa- y conozco muy bien a Soledad, y ella jamás te va a perdonar... ¡jamás! –y le brillan los ojos de triunfo.
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Casa Obregón.
-¡Es imperdonable lo que ustedes están haciendo! –grita Antonia- ¿qué haces aquí a solas con este hombre, Úrsula?
-¡Señora! Úrsula y yo somos amigos.
-¡Los amigos no se ven a escondidas!
-¡Yo le juro que no estábamos haciendo nada malo!
-Algo malo estaban haciendo... ¿por qué estaban aquí lejos de la vista de todo el mundo?
-Tenemos que escondernos porque nos gustamos y no podemos hacer publico lo nuestro porque en esta casa... ¡nadie quiere ni a don Hugo ni a Boris!
-Le pido disculpas por mi atrevimiento, mañana vendré a hablar con don Lucas y decirle mis intenciones con Úrsula.
-¡Eso es lo que hace la gente decente! Lo correcto.
(y por esta vez Antonia tiene razón!!
Qué hace Boris a su edad en esto??
)
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Prisión.
-¡Las botas del Juez Fernández! Margó, eres la mujer más valiente que conozco –admira Arturo- ¡apuntaste altísimo y lo conseguiste!
Margó lo mira con pena-Estoy aterrada, Arturo... ¿qué va a pasar conmigo cuando el Juez se despierte y se de cuenta que me robé sus botas? ¡me va a mandar a la horca!
-No Margó, yo me encargo de eso y te aseguro que eso no va a pasar, al juez... ¿dónde lo dejaste?
-En el Cabaret, lo dejé en una habitación y se quedó dormido.
-¿Te acostaste con él? –Arturo pierde la sonrisa.
-¡No! claro que no, lo emborraché hasta que se durmió, entonces aproveché y le quité las botas y vine para acá.
-¡Margó! Eres mi salvación, gracias a ti voy a demostrar que soy inocente –y Arturo se acerca y la besa a través de las rejas.
Margó la mira enamorada y baja la mirada.
Arturo la mira extrañamente conmovido.
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Cabaña.
Soledad sigue besando a Alcides y se separa de él.
“- Soledad no sospecha que soy Alcides, ella está desesperada... ¡no sabe lo que hace! Está... ay... ¡cuánto te amo! Esta es mi oportunidad!”
-¡Mi amor, sé perfectamente todas las veces que me pediste que te perdonara y no lo hice! –Soledad con amor- ¡pero eso no importa! En este momento no me importa que calles... ¡mi amor, yo te amo! Quiero que me ames y que me hagas tuya... ¡como ese día que fue nuestro en esta Cabaña! ¡hazme tuya, mi amor!
Alcides le toma el rostro entre sus manos – “ Tú misma lo estás pidiendo, Soledad, tú viniste a mí”
Soledad le acaricia el rostro.
Y Alcides le lame los dedos sensualmente.
-“Solita, viniste a mí” –y la besa con lujuria y pasión- “aunque pienses que soy Hugo, te voy a complacer, te voy a hacer mía!”
Y pensando esto Alcides la toma en brazos y le da vueltas en circulos.
Y Soledad ríe.
Y Alcides ríe.
Y la besa con pasión.
Y la pone en la cama.
Y Alcides la mira sonriendo y se saca el chaleco.
(noooooooooooo!!!!!!!!
)
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FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
Soledad y Alcides están a punto de hacer el amor.
