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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
Escrito por (a partir del capítulo 65)
Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano
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ex Residencia Medina.
Una mesa bien puesta.
Margó y Arturo con copas de vino en las manos.
-Quiero hacer un brindis, Margó –Arturo se pone de pie - ¡quiero agradecerte por tu bondad, por tu inmensa valentía! –levanta la copa.
Margó se pone de pie sonriendo.
-¡Gracias a ti, Margó, hoy soy un hombre libre!
Margó toma su copa.
-¡Salud! –le dice Arturo.
Y Margó la hace chocar con violencia para brindar.
Arturo ríe con ternura y bebe.
Margó va a tomarse toda la copa de una sola vez.
-¡No! calma –le dice Arturo- siéntate, por favor, siéntate –le ruega.
Margó lo mira sorprendida y se sienta.
-Margó, el vino es una bebida que hay que disfrutar, que hay que saber... –y está oliendo el vino cuando Hugo irrumpe seguida de Matilde que no lo puede detener.
(así sin avisar a la habitación de Arturo!!!
Un poco exagerado!!)
-¡Acabo de ver a esta señora con tu criado Hércules en el tren!
Arturo se levanta sorprendido sin saber de qué habla.
Margó pronuncia en silencio- ¿Hércules?
-¡Qué clase de persona es capaz de cometer un acto tan bajo y mezquino! –le acusa Hugo- ¡eres un cobarde y miserable!
-¡De qué demonios estás hablando! –se enoja Arturo perdido.
Hugo ignorando a Margó- ¡Sé que esta señora es la esposa del doctor Von Sirak!
Arturo no entiende nada- ¿La esposa de Daniel Von Sirak?
Margó se levanta del sillón y se pone al lado de Arturo- Don Hugo... yo soy Margó... ¿no me reconoce?
Hugo se sorprende- ¡Yo pensé que era Manuela!
-¿Manuela? –se sorprende Arturo- ¿estás loco?
-Yo pensé que era la mujer que mandaste a buscar de Alcalá –se excusa Hugo.
-¿Alcalá? –Margó.
-¡Basta de juegos! –Arturo molesto deja su copa sobre la mesita- o me dices qué has venido a hacer a mi casa o mejor te vas.
-¡Yo no sé cómo te escapaste de la cárcel! –Hugo enojado- pero eso lo voy a averiguar después... ¡quiero que sepas que conozco tus planes!
-¡No sé de qué estás hablando!
-¿Para qué mandaste a buscar con tu criado a esa mujer?
Margó mira a Arturo confundida, Arturo le devuelve la mirada también confundido.
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Hacienda Montenegro.
-Por favor, vamos al grano, siéntese –ofrece Alcides.
Manuela se sienta.
-Sabe por qué está aquí en San Marino... ¿le contaste? –a Hércules que sigue parado.
-¡Sí, me lo contó todo! Demás el sirviente fue muy amable conmigo durante todo el viaje –Manuela.
-¡Retírate Hércules, por favor! –Alcides come sus nueces.
-Lo que no me quedó claro todavía, es mi retribución por mis servicios... ¿de cuanto estamos hablando Alcides?
-¿Le parece bien 200 gramos de oro?
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Cámara del Tesoro.
Eloisa sigue jugando con las joyas y se queda fascinada con ellas.
En el suelo Aurora también juega con las piedras preciosas.
Eloisa la olvida completamente, y besa cada joya- ¡Qué maravilla! –toma una diadema- ¡esta joya debe valer una fortuna! Pero si me llevo algo tan vistoso Alcides podría darse cuenta, algún día va a regresar aquí –calcula- y si nota que me lo llevé podría correr el mismo destino que mi tía.
Aurora aburrida empieza a gatear.
Eloisa la ve- ¡La trampa! Aurorita, quédate quieta... ¡no te muevas! –le grita.
Pero Aurora sigue muy tranquila.
-¡Mocosa del demonio, no te muevas!
Aurora apunta con su dedito el hilo que hace disparara la flecha y se dispone a agarrarlo.
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Hospital.
-¿Estás seguro de lo que me estás diciendo? –se ilusiona Soledad.
-Completamente, haciéndole una transfusión de sangre a Aurora podríamos curarle definitivamente la catalepsia.
(El reloj dice 14:30
)
-¿Una transfusión de sangre? –repite Soledad – No sé, me suena muy extraño.
-¡Hay técnicas nuevas que las aprendí directamente del doctor Blundell! Lo que no entiendo es cómo no se me ocurrió antes.
(Bueno...
si es con esas técnicas...
)
-¿Pero tú crees que con esto se puede curar Aurora definitivamente de la catalepsia?
-Tiene lógica médica, habría que hacerle una transfusión completa de su sangre, ya que la enfermedad se encuentra ahí –reflexiona- ¡si cambiamos la sangre de Aurora por una nueva, podría funcionar!
Soledad inquieta- ¿Y qué riesgos existen si le hacemos esto a mi hija?
-¡Sí, hay riesgos, no te lo voy a negar! Pero voy a hacer unas pruebas antes, tú tranquila, confía en mí.
Soledad sonríe feliz- ¡Dios mío! Nada me haría más feliz que poder ver curada a Aurora.
-¡Yo te juré que iba a encontrar la cura para la enfermedad de tu hija, y lo voy a conseguir! –le acaricia el rostro- ¡lo vas a ver!
-¡Gracias! –feliz- ¡me voy a cambiar, hay muchas cosas qué hacer!
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Cámara del Tesoro.
Aurora está en peligro por otras razones que la catalepsia.
-Aurorita –ruega con una sonrisa falsa Eloisa- cosita de mamá... qué bebé tan hermosa... –y con rabia- ¡quédate quieta mocosa, no te vayas a mover! –y se acerca a ella- ¡quieta, quietecita!
Y Eloisa mira con horror la ballesta y recuerda: “Si tocas la cuerda que está en la otra entrada de la bóveda, morirás!
Y Aurora se apoya en el fino hilo.
Y la ballesta sale disparada.
-¡Auch! –gime Eloisa.
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En la puerta de la habitación de Soledad.
-¡Señora Soledad! –llama Úrsula pero nadie contesta.
Úrsula sigue golpeando cuando aparece Ester- ¡Úrsula! ¿has visto a mi hija?
-¡No! yo estaba haciendo compras y cuando llegué vine a tocar pero la puerta está cerrada por dentro y nadie contesta –y sigue tocando.
-¡Soledad, hija! –llama Ester- ¡abre! Soledad... ¿quién está cuidando a la niña?
-¡Dios mío! ¿será que se la llevaron otra vez?
-¡Hay que preguntarle a los guardias!
Y ambas salen corriendo.
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Hacienda Montenegro.
-¿No le parece que venir de tan lejos a hacerle un favor merece algo más?
-¡Dígame cuánto quiere! –corta Alcides.
Manuela lo mira admirativa- Depende, si quiere un trabajo completo y esmerado le va a costar un poco más – le sonríe seductora – si es ahorrativo y es un trabajo normal, le va a costar medio kilogramo de oro.
-Si hace un trabajo de primera –Alcides come sus nueces indiferente- ¡si cumple su objetivo tendrá su paga! –la mira con ojos de acero.
-Me parece muy bien, qué quiere que haga exactamente.
-Se va a entrevistar con su ex –marido, con Von Sirak, delante de Soledad de Obregón.
-Eso ya lo sé, su objetivo que Daniel no se case con esa señora y la forma de lograrlo es que yo no le dé el divorcio.
-Señora... ¡más que el divorcio! Me interesa el aspecto emotivo de su presencia aquí en San Marino, yo quiero que delante de Soledad hable con Sirak y le diga cuánto lo ama, cuánto lo extraña... ¡Soledad tiene que sentir que por su culpa usted está sufriendo!
-¡Y que él quede como el peor de los hombres, como un villano sin corazón! –festeja Manuela.
-¡Exactamente!
-Por eso le cobro... –Manuela se abanica rápidamente- ¡tres kilogramos de oro!
Alcides la mira fríamente.
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Hospital.
-Ese es el paciente al que le hice la transfusión de sangre –le explica a Soledad- cuando llegó tenía los signos vitales casi nulos, míralo ahora, se está recuperando.
-¡Doctor, muchas gracias por salvarle la vida a mi marido! –la mujer agradece.
-Es mi deber, cuídese.
La mujer se marcha.
-¡Daniel, yo estoy convencida! –festeja Soledad- ¡estoy dispuesta a donar toda la sangre que mi bebé necesite con tal de que la curemos de la catalepsia –sonríe.
-No, Soledad... no puedes.
-¿Por qué no? –se sorprende Soledad- ¡Es mi hija! ¡daría la vida por mi hija!
-¡No! no estás entendiendo –le explica – de nadie serviría tu sangre ni la mía, tiene que ser la sangre alguien que se haya curado de la catalepsia.
-Entonces solamente podrían darle sangre...
-¡Michelle... o Hugo de Medina! –termina Daniel.
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ex Residencia Medina.
-Ya que no tienes nada concreto que decir, mejor vete –lo echa Arturo- ¡esta es una cena privada!
-¡Sé que estás otra vez en contubernio con mi hermano Alcides! –acusa Hugo.
Arturo lo mira extrañado.
-Seguramente él te sacó de la cárcel y tú en agradecimiento mandaste a tu criado a buscar a esa señora a Alcalá.
-¿Qué? –Margó dudando- ¿Hércules fue a buscar a una mujer?
-¡Pregúntele a Linares! –Hugo.
-¡No tengo ni la menor idea de lo que estás diciendo!
-¡Claro que lo sabes! Yo vi a tu criado subir con esa mujer en la estación de Alcalá... ¡toda una joyita la esposa de Von Sirak! –agrega Hugo - ¡tu criado estuvo muy entretenida con ella durante todo el viaje!
Margó queda boquiabierta y tiembla- ¿Lo que usted quiere decir... don Hugo.. es que... esa tal Manuela es una cualquiera que no le importó acostarse con Hércules en el mismo tren? –a punto de llorar.
Hugo la mira extrañado y calla.
Margó llorando sale corriendo.
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Hacienda Montenegro.
-¡Marina! –grita Hércules.
Entra a la habitación de Marina y se saca la camisa.
Toma una jarra de agua para refrescarse y se moja el pecho y el cuello.
Marina entra y disfruta lo que ve.
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Casa Obregón.
-¡Antonia! –ruega Manrique- ¡no sé qué más decirle para que acepte dictarme las clases de piano!
-¡Lo siento señor Manrique! Pero en este momento tengo serios problemas en mi familia –sufriendo- hablemos de eso después.
-¡Yo soy un hombre de decisiones rápidas! Resuelva de una buena vez si me va a dictar o no las clases.
-¿Usted tiene el piano para practicar?
-Es curioso pero... ¡la verdad no!
-¿Y entonces que se imagina? ¡que le voy a dictar las clases de piano aquí en mi casa! Lucas y Ester no soportan su presencia y yo igualmente –seca.
-¡Eso lo entiendo! – Manrique se deshace en humildad- ¡lo sé! Pero podemos alquilar el piano de la Taberna.
-¡Usted está delirando! Ni loca entraría a ese antro.
-¡Puedo hablar con Francisco para que nos deje estudiar por las mañanas! Nadie tiene por qué enterarse, y le insisto, le daré lo que usted me pida.
-Señor Manrique, lo lamento mucho, realmente no tengo cabeza para pensar en eso.
-¡Señorita Antonia! –se acerca un guardia- ¿este señor la está molestando?
-¡No, el señor Manrique ya se va!
Manrique se marcha.
-¡Antonia! –aparece Ester- ¿tú tampoco tienes a la bebé?
-¿A la bebé, desapareció Aurora? –se asusta Antonia.
- ¡No, Aurora tiene que estar con la señora Soledad! –Úrsula.
-Perdón... la señora Soledad salió de la casa y no llevaba a la bebé –interviene el guardia.
-¡Dios mío! ¿entonces donde está? –Ester con un hilo de voz- ¡Lucas tampoco la tiene!
-La única persona que ha entrado a la casa sigue allí adentro- el guardia- ¡y es la señorita Eloisa!
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Cámara del Tesoro.
Eloisa recupera la respiración del susto.
Su falda tiene un agujero por donde pasó la flecha-¡Ay, Dios mío! Por poco me mata esa flecha, casi me muero... pobre tía Rebeca –recuerda- ¡imagino el horror que debe haber sentido cuando se disparó esa cosa! –y mira a Aurora- ¿Y tú qué? ¡tan tranquila mirando allí! –le grita furiosa- ¡qué miras!
Aurora la mira inocentemente.
Eloisa se calma- Mejor vámonos, esto puede ser muy peligroso –y la toma en brazos- ¡ven, ven acá!
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Hacienda Montenegro.
-¡Le pagaré 3 kilogramos de oro! –acepta Alcides- pero debe empezar ahora mismo.
-¡Aun no he terminado! En primer lugar me gusta que mis clientes me traten de tú y en segundo... acostumbro cobrar la mitad por adelantado.
-Es usted toda una negociante –come sus nueces.
Manuela ríe segura de sí misma- Digamos que sé administrar muy bien.
-Y señora... ¿ a qué se dedica?
-Vivo... de los hombres –le sonríe aun más.
-¡Hum... ese es un trabajo muy lucrativo! –con sorna Alcides- ¿cómo un hombre como el doctorcillo Sirak vino a caer en sus redes?
-Porque sé fingir muy bien... –y se acerca a Alcides y finge- ¡Daniel, cómo me pudiste abandonar dos años! Quería morir con tu ausencia cada día, te quería ver... cómo me escribes una carta diciendo que te enamoraste de otra, qué quieres el divorcio –lo acaricia.
Alcides indiferente se aleja de su rostro.
-¿Qué te parece? –Manuela se da cuenta del rechazo y se separa.
-¡Impresionante!
-Y también tengo otras habilidades más divertidas –vuelve al ataque y le acaricia la entrepierna.
Alcides sonríe.
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Hospital.
Daniel se acerca a Soledad sonriendo y le habla de un paciente y se marcha.
Soledad lo ve alejarse sonriendo- Daniel es muy bueno conmigo y con mi hija... –suspira y se pone triste- pero por más que lo quiera negar mi corazón solamente le pertenece a Hugo.
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ex Residencia Medina.
-Estoy libre porque no tuve nada que ver con el secuestro de tu hija –Arturo- y para tu información tampoco tengo nada que ver con Hércules.
-¡No te creo una sola palabra!
-¡No me importa que no me creas! Hércules me traicionó y dejó de trabajar para mí hace meses.
-¿Meses?
-¡Sí, meses! Y si quieres saber más detalles, mejor pregúntaselos a tu hermano, porque de entonces trabaja para él.
-Entonces... ¡Alcides va a tener que...! -Hugo se marcha furioso.
-¡Así que Hércules se trajo a la esposa de Von Sirak a San Marino! Algo debe estar tramando Alcides que tiene tan alterado a su hermano.
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Casa Obregón.
Eloisa pone a Aurora en su cuna- ¡Ay, mocosa, quédate tranquila con tu osito, y no vayas a llorar que yo tengo que salir sin que nadie me vea! –y abre la puerta para marcharse.
Pero en la puerta están Ester, Úrsula y Antonia.
-¡Ester!
-¿Dónde estabas Eloisa, por qué no abriste hace un rato que estuve tocando?
-¿Y la bebé?
-¡Allí en su cunita! –sonríe Eloisa nerviosa.
-¿Y qué pasó con tu vestido? –nota Ester.
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CONTINUARA
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