Son divinas!! (se los digo modestamente
)Hagan click en la foto para verlas mejor
*
Hacienda De La Vega.
Mariángel disfruta tremendamente besando a Diego que aparentemente le contesta, cuando de pronto la empuja y se levanta dejándola toda alborotada.
-¿Eso es lo que esperabas? –se burla Diego.
-¡Sinceramente… no esperaba tanta pasión! –Mariángel dice con la respiración alterada- ¡Ven Diego! No te detengas –lo toma del brazo- ¡por fin me estás complaciendo!
-¡Mariángel! Creo que no comprendes –Diego se deshace de ella como si apestara- ¡no puedo! Tal vez si fuera el Diego de antes podríamos pasar un rato juntos… pero es que ahora...
-¡Vuelve a ser el Diego de antes, entonces! Ese Diego que robaba besos en los balcones después de escribir poemas.
-¡Ese Diego… murió el día que conoció a tu hermana!
Mariángel pierde toda sonrisa y se pone furiosa -¡Tú tienes que entender una cosa, este es un mundo sin Esmeralda! ¡porque ella no existe! ¿entiendes? ¡está muerta!
Diego se queda serio mirándola.
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Habitación de Alejandro y Almudena.
-¡Me gusta mucho la suavidad de tu piel! –suspira Alejandro- el aroma de tu perfume… eres tan hermosa, tan delicada, Almudena.
-¡Y tú eres el único hombre que me ha despertado como mujer! Eres el único que logra hacerme temblar con solo mirarme –suspira Almudena y sonríe.
-Tú también traspasas mi alma cada vez que me miras!
-¡Alejandro, te amo tanto! Tanto… creo que sería capaz de perdonarte cualquier cosa.
(aha!! Pues prepárate Almudenita porque le vas a tener que perdonar bastante!!
)
-Desde aquella noche… ¿te acuerdas? Cuando nos volvimos a encontrar en la recepción del Gobernador, y te miré sin pudor porque me sentí tuya, Alejandro.
-Almudena –empieza Alejandro.
-¡Soy tuya, Alejandro! –le corta Almudena- ¡sin condiciones y sin limites! Y tú eres mío, mi amor, no importa lo que hagas porque sé que me amas.
Alejandro mira con sentido de culpa a lo lejos, luego mira a Almudena y la besa.
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Campamento indígena.
Yumalai trae pieles a su abuela y le dice que el viento le habló de vidas pasadas.
-La soledad no te ha ayudado a olvidarlo, y ese hombre tampoco te olvida, estuvo aquí buscándote… ¡él quiere que regreses pero hay otra mujer en su casa!
-Doña Almudena, es una mujer buena que mira con cariño a Yumalai.
-Ese es tu destino, Yumalai, igual que tu hermana Teipurnia… ¡enamorarse de Alejandro De La Vega!
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Hacienda De La Vega.
-Tal vez tu hermana no esté físicamente con nosotros… ¡pero aquí… en mi corazón… todavía existe! –a Diego le tiembla la voz.
-¡Diego, por favor no hablemos de Esmeralda! Es un tema incomodo para los dos –propone más calma Mariángel- ¡y yo te he dicho que entiendo sus sentimientos hacia ella! Pero tú y yo en este momento somos esposos. Por las razones que sean estamos casados.
-¡Pero nosotros no nos amamos! –se escandaliza.
-¡Y quien se casa por amor en estos días, Diego! –protesta- el hecho es que yo voy a darte un hijo… ¡y por el beso que me diste ahora me doy cuenta que eres un hombre muy ardiente! Diego… ¿Por qué no aprovechamos lo que la vida nos está dando?
Diego se toma la cabeza con disgusto- ¡Yo vine a mi habitación porque quería estar solo! ¡quería pensar! Por favor, Mariángel… ¡vete! -le muestra la puerta- ¡déjame solo!
-¿Por qué me haces esto? –Mariángel se enfurece- ¡quisiera ser, aunque sea la mitad de importante… que tus recuerdos! Tal vez algún día lo sea.
-¡Pues yo no lo creo! –le corta- y tampoco te quiero condenar a mí… así que puedes hacer con tu vida lo que quieras, Mariángel.
-¿Y nuestro hijo? ¿has pensado? ¡tenemos que darle una familia, Diego!
-¡Nuestro hijo siempre va a ser nuestro hijo! tú vas a ser su madre, yo voy a ser su padre… y si quieres yo me voy a ocupar de él para que tú puedas hacer lo que elijas hacer.
-¡Me quieres quitar a mi hijo, Diego! –le reclama Mariángel.
-¡No! –grita Diego con desesperación - ¡por Dios! Solamente te quiero dar opciones, porque sé y porque entiendo que en estos tiempos… una mujer sufre mucho con esto de la separación… pero en nuestro convenio tú podrías hacer lo que quieras.
(En estos tiempos??? Separación??? Qué modernos!!
)
-¡Tú harías cualquier cosa, con tal de no vivir conmigo! ¿verdad? –sufre- ¡no sabes cuánto me duele tu desprecio!
-¡No es desprecio, Mariángel, por favor compréndelo! –cada vez más desesperado- ¡sólo quiero que entiendas que yo nunca voy a poder hacerte feliz! ¡nunca! –y le abre la puerta.
Mariángel se traga su rabia y se marcha furiosa.
Diego cierra la puerta.
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Una cabaña.
Sara Kali está tirada en un lecho de paja, con la ropa toda manchada de sangre.
(ahahahah!!!
, disculpen… pero hace una semana que está así… la sangre ya debería estar negra, y Agapito, para curarle las heridas, lo mínimo que tenía que hacer es ponerle una venda!! Lol!! Se merecería una buena infección!! )
Sara Kali le ruega que la saque de allí porque Pizarro va a matarla. Agapito le cuenta que el capitán Pizarro la quiere viva.
-¡Pizarro es un asesino! Va a matarlo a usted también.
-No piense en esas cosas.
-¡Lléveme de aquí!
-¡No es posible! El capitán Pizarro nos dejó bajo llave, se llevó mi caballo y estamos en medio del desierto, en medio de la nada.
-Pizarro va a matarlo.
-¿Por qué el capitán Pizarro querría hacer eso?
-¡Porque usted me vio viva y Pizarro no va a querer tener testigos!
Agapito se preocupa- ¡Yo tengo que buscar la forma que alguien se entere que estamos aquí! ¿pero como? –sufre.
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Prisión.
Esmeralda da de comer a Lucrecia y al escuchar ruidos la esconde.
Es Pizarro- ¡Señora, las cosas se están poniendo cada vez más difíciles! Quiero que sepa, que hay una orden de asesinar a los De La Vega.
-¿Cómo?
-No se preocupe, todavía no les pasa nada… ¡Montero los mandó matar, pero en el momento que eso iba a suceder llegó la marquesa Carmen Santillana de La Roquette.
-Eso significa solo una cosa… capitán… que la marquesa viene a protegerlos.
-¡Así es, se aproximan tiempos difíciles para el comandante Montero! Y es muy probable que si las cosas se complican, él va a tener que dejarla salir… quiero que entienda que estoy de su lado, señora – y luego baja la voz- ponga mucha atención a lo que le voy a decir… ¡esto es un secreto que por su bien tiene que guardar con mucho celo! Tengo en mi poder… y muy bien escondida… ¡a su madre!
Esmeralda lo mira espantada.
-Estaba muy herida… le habían dado un disparo –sigue Pizarro- ¡créame que en verdad no sé quien atentó contra ella! Pero tiene los huesos rotos, está muy grave… y alguien que sabe de estas cosas la está atendiendo.
-¡Eso no es cierto, Pizarro, usted me está mintiendo! –se espanta Esmeralda- ¡a mi madre la están protegiendo los gitanos!
-¡Créame señora! ¿para qué le iba a mentir? Antes le había pedido información de dónde se encontraba… ¡ella llegó a mí sin proponérselo! Y cuando la encontré estaba casi moribunda… pero no todo está perdido… ¡su madre en mi poder y la marquesa en Los Ángeles son buenas noticias! Pronto van a cambiar las cosas para ustedes dos –se marcha.
-Si es verdad lo que dice Pizarro… virgencita, protégela y sálvale la vida.
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Cabaña.
Agapito se escapa- ¡Tal vez tenga razón! es posible que como le salvé la vida el capitán Pizarro tenga que matarme –y sale de la casa pero se encuentra perdido.
De pronto encuentra el cadáver de Facundo- ¡Dios mío, por todos los santos! –trata de revivirlo pero no puede- ¡el capitán Pizarro lo mató! –le cierra los ojos.
(error!!
http://en.wikipedia.org/wiki/Rigor_mortis
)
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Comandancia.
Pizarro se entrevista con García que le dice que la mercancía del comandante ya llegó al puerto.
-¡García! Cuando hable de asuntos secretos, hágalo en voz baja… para que el secreto siga haciéndolo.
-¡Discúlpeme! Es que no he probado bocado…
-Muy bien, voy a hablar con el comandante Montero, pero creo que quiere que la mercancía se mueva esta noche… ¡le urgen esas armas y municiones!
-¿Esta noche?
-¡Sí! Yo también creo que es demasiado peligroso… ¡vaya y coma y espere ordenes! –casi le sonríe- ¡García, todo esto que está sucediendo nos conviene mucho! Están pasando cosas a nuestro favor –le palmea.
-¿Qué me habrá querido decir con eso?
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Bosque.
Camba sigue dormido en el regazo de Suplicios cuando un hombre se acerca a Suplicios y le exige diversión- ¡Aprovechando que el negro sigue dormido!
Renzo trata de protegerla pero un hombre lo detiene a la fuerza mientras el otro trata de aprovecharse de Suplicios.
En ese momento Camba se trnasofrma- ¡Mandiga! –y los ataca a todos.
Los hombres huyen y Suplicios calma a CAmba.
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Bar.
El Sargento García habla con uno de sus soldados sobre el cargamento, pero Bernardo se encarga de escuchar atentamente.
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Casa Gobernador.
María Pía viene a ver a Fernando- ¡Te lo advertí! Iba a destruir todo lo que tú amabas si te consagrabas… ¡ya lo leí todo! Aquí dice “es el hombre que siempre he anhelado, el ser que más he amado en toda mi vida” están escritos los mejores momentos de tu vida… me imagino que conmigo.
-¡Tú convertiste los mejores recuerdos de mi vida en una pesadilla! Mejor quédate con mis cosas… ¿Cuándo vas a entender que escogí un camino diferente? ¡acéptalo de una vez, por favor!
-¡Eso es mentira! Tú y yo nacimos para amarnos… debajo de este habito que oculta tu belleza, tu cuerpo… ¡tu piel me está deseando! –y la besa.
En ese momento entra el comandante y los interrumpe.
María Pía abofetea a Fernando y se marcha corriendo.
-¡Usted! ¿qué hace aquí? –le grita Fernando.
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Una calle.
María Pía corre por las calles y recuerda el beso de Fernando.
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Casa Gobernador.
Montero le recuerda a Fernando que mató al enviado del Virrey. Fernando le dice que los dos están metidos en problemas y que la marquesa lo hizo llamar.
-Ninguno de los dos sabemos nada –le recuerda.
-¡Por favor! ¿la cree estúpida? No nos va a creer.
-¡Mantendremos nuestra postura, pase lo que pase!
-Espero que sepa lo que está haciendo porque por su culpa no voy a perjudicarme.
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Un lugar.
Aguirre le cuenta a Olmos que las cosas están complicándose –La señora Esmeralda dejó que el comandante Montero viera que yo le dejé cosas con qué escribir.
-¿Y qué hizo el comandante Montero?
-¡Acusarme de traición! Yo tuve que inventar que era para sus memorias, pero no se tragó ese cuento.
-Si no lo hubiera creído, no estaría aquí, Aguirre.
-¡La señora Esmeralda está muy desesperada, maese! Yo le mentí como usted y yo acordamos… le dije que don Diego De La Vega sí había leído la carta que ella escribió pero que había pensado que era falsa.
Olmos ríe con maldad- ¡Me imagino el dolor que debió haber sentido la pobre!
-¡Pero ahora la señora me suplicó que le entregara otra carta a don Diego De La Vega! Aquí la tengo –y se la entrega.
Olmos la lee y luego dice- ¡La complaceré, haré lo que ella me pide!
-¡No puede entregarle esa carta a don Diego De La Vega! Ese no fue el trato que hicimos –Aguirre.
(y qué interés tiene Aguirre en impedirlo???
)
-¡No sea estúpido, Aguirre! Yo no le voy a dar nada a don Diego… ¡yo le voy a escribir una respuesta a Esmeralda… de Diego! Me haré pasar por él, y después de esta carta… ¡las cosas cambiaran!
*
Noche cerrada.
Pizarro le dice a Montero que no es buena idea dejar el cargamento en manos de García.
-¿Me crees un idiota? Si salgo a tiempo de la reunión de la marquesa iré personalmente a supervisar la operación, de lo contrario Pizarro… te responsabilizo a ti para que ese cargamento llegue a la prisión.
-Opino que sería más seguro hacerlo de día.
-¡Pizarro, nos hemos preocupada para que nadie esté enterado de esto! Ni siquiera el maldito Zorro… ¡pronto tendremos nuevo y mejor armamento!
-¡El trayecto es muy largo! Y tengo entendido que el cargamento es muy pesado, insisto en que se haga mañana y de día.
-¡Qué sucede, capitán, de un tiempo acá siento quiere darme ordenes! –le grita Montero- ¿o trata de enseñarme a tomar mis decisiones?
-Con todo respeto, comandante… de un tiempo acá usted desconfía de mis criterios y por eso hemos tenido algunos problemas.
-¡Maldición! Obedece mis ordenes… sin que nadie lo pueda ver me traes ese cargamento y punto… ¿está claro? –y se marcha furioso.
Al quedar solo Pizarro suspira- ¡Todos los Zorros ven de noche, comandante! Pero allá usted… es su dinero… ¡y son sus armas!
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Cabaña.
Agapito vuelve y le dice a Sara Kali que ya le cree, mientras prepara algo- ¡Yo sé que el capitán Pizarro no es una buena persona! Y que va a querer matarme, justamente cuando usted se recupere… yo quiero liberarla señora, pero no de la manera que usted quiere... ¡usted no soportaría el clima! En unas pocas horas se moriría… ¡está en un estado muy delicado de salud!
-No importa, tenemos que intentarlo.
-¡Claro, pero de otra manera! Confíe en mí… yo soy dentista, barbero y farmaceuta y tengo muchos secretos muy útiles que nos pueden servir… ¡en este mortero señora… se encuentra la solución de nuestros problemas! –dice con una sonrisa de triunfo.
(ahaha!! Esto me encantó… por fin el Super-cliché… único doctor que es de todo, dentista, partero, urologo, cirujano, etc…. MUY BUENO!!
ARRIBA AGAPITO!!
… otra cosa… los chismes de Gomis dicen que un bueno va a morir… que no se atrevan a matar a Agapito!!!
)
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Hacienda De La Vega.
En su habitación Mariángel tiene cara de rabia total- ¡Que es lo que tienes que hacer, Mariángel Sánchez de Moncada! –se pregunta a sí misma, muy nerviosa- ¡para que Diego caiga de rodillas ante ti! ¿qué cosa? ¡el muy imbécil pretende quitarme a mi hijo, que ni lo sueñe! Jamás se lo voy a dar… ¡este bastardo vale oro! –ríe con maldad pero de pronto se atraganta y empieza a tener dolores muy fuertes- ¡Ah, Dios, qué me está pasando!
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Prisión.
-¡Esto pasará! –Esmeralda le habla a su bebé- ¡tú no te preocupes por nada! –le sonríe- ¡te prometo que vas a ser el niño más feliz sobre la tierra porque de eso nos vamos a encargar tu papá y yo! –ríe.
En ese momento llega Aguirre- ¡Señora!
-¿Qué le dijo Olmos, le entregó la carta a Diego?
-¡Sí, usted tiene mucha suerte señora! El maese Olmos dice que la va a ayudar en todo lo que pueda, y le promete que le va a traer una respuesta.
-¡Gracias Aguirre, gracias a Olmos! Pero sobre todo, gracias a Dios… ¡no sé qué seria de mí si no tuviera la esperanza de comunicarme con Diego! ¿sabe Aguirre? A veces me parece que Olmos es un oportunista y otras veces creo que es un buen hombre.
-El maese Olmos es un sabio, señora… usted puede confiar en él.
-¡Sí, Aguirre! Olmos me traerá una respuesta de Diego… eso es todo lo que le pido a la virgen, que Diego se de cuenta hoy mismo que estoy viva y que mi hijo nazca sano… ¡sano y libre! Aguirre.
*
Olmos hace falsificar la carta de Esmeralda- ¡Yo le escribiré una carta con esta letra, señor! –decide el hombre.
-¡Comencemos! Yo le dictaré palabra por palabra: Amor mío… he recibido tu mensaje – y se acicala el bigote.
El hombre escribe.
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Hacienda De La Vega.
María Pía va a visitar a Alejandro que se sorprende al verla con su nuevo habito- ¡Soy la madre superiora del nuevo convento de las hermanas de los pobres!
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Hotel.
-Agradezco su puntualidad en esta cita –los recibe a Fernando y a Montero la marquesa- espero no hacerles perder su valioso tiempo.
-En nombre de las fuerzas militares…
-¡Comandante Montero, no gaste todo ese palabrerío que no le va a servir para nada! Hasta para mentir diplomáticamente, se necesita hacer uso de la inteligencia.
Montero mira para otro lado.
-¡Marquesa, con todo respeto, los insultos no son necesarios en este momento! –interviene Fernando- ¿en qué la podemos servir?
-¡Hasta México llegaron noticias graves de esta ciudad! Los rumores son que ya no hay gobernantes sino tiranos.
-Su alteza…
-¡Como hago para decirle que no me interrumpa, comandante! –le grita la marquesa- mi presencia aquí significa que está la Corona de España y que ustedes tienen la obligación de obedecerme en todo… ¡en todo!
-Exactamente… ¿qué quiere decir? –Fernando.
-¡Pues que el cargo de Gobernador y el cargo de jefe militar, de comandante militar de la ciudad han sido intervenidos bajo mi supervisión!
Montero furioso, Fernando baja la mirada.
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Hacienda De La Vega.
María Pía se disculpa por no haberlos invitado, y les cuenta sobre la amenaza de Fernando sobre el Cardenal, que igual las consagró a todas.
-Así nos bote del internado, no puede hacer nada más –y les cuenta que trata de desalojarlas porque dice que el terreno es de la gobernación- ¡entró con sus hombres y no respetó nada, ni siquiera mis pertenencias…!
-¡Suficiente! –grita Alejandro furioso- ¡acaso no le bastó con matar a Regina!
-Por favor Alejandro.
-¡En este momento voy a ir a la Gobernación para que deje a mi familia en paz de una buena vez!
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Hotel.
-¡Yo no voy a permitir que usted intervenga en mis funciones! ¡soy el señor Gobernador! Usted no me va a dar órdenes.
-¡Está equivocado, don Fernando! –sonríe la marquesa- ¡lea este informe que acabo de presentar en contra suya! En él le acuso de crímenes que lo llevarían de por vida a una mazmorra… y usted comandante Montero… ¿no va a gritar que es inocente y que lo hizo por ordenes superiores? Porque tengo un informe sobre usted y todas las atrocidades que cometió y los inocentes que mató.
-Ningún inocente ha muerto… ¡y los que han fallecido han sido necesarios para mantener el orden en esta ciudad! Y recuerde.. es mi trabajo, marquesa .
-Yo no sabía que su trabajo incluía un régimen de terror… ¡a mí no se me puede olvidar que usted mató a su propia esposa!
-Un momento… ¡no conoce la circunstancias, marquesa!
-¡Y usted no conoce, quien soy yo!
-¡Yo no voy a aceptar lo que dice aquí, son puras mentiras! –grita Fernando- ¡no se ha escuchado mi versión, esto lo escribieron mis enemigos!
-¡Y tenemos uno enfrente de nosotros señor Gobernador! –Montero.
-¡Yo aquí represento, la realeza, la justicia de la Corona española y no voy a tolerar más abusos contra la familia De La Vega!
-¡Son delincuentes, marquesa, ayudaron en una fuga en la prisión! –grita Pizarro.
La marquesa ríe a todo dientes (y los tiene muchos y grandes
no me pude aguantar!!)- ¡No me diga! ¿y por casualidad en esa misma fuga no liberaron a una prisionera… llamada… Mercedes Mallorga de Aragón? Una persona que supuestamente no existía… ¡usted la tuvo prisionera y le mintió al Virrey! Y por supuesto el señor Gobernador estaba enterado de todo.
-¡No sé de qué me está hablando, marquesa! –miente Fernando- yo me enteré de una fuga, sí… pero tengo entendido que fue de un hombre… ¿no es así, señor Montero?
-¡Así fue, señor Gobernador?
-¡Ya se pusieron de acuerdo! ¿También van a negar la existencia de Mercedes? Don Fernando… ¡Mercedes fue su esposa! Y usted comandante… la tuvo encerrada durante años en una mazmorra.
-¡Lamento contradecirla, marquesa! Pero creo que está equivocada.
-Marquesa… ¿tiene usted alguna prueba?
-¡No, pero la voy a tener muy pronto, don Fernando! ¡muy pronto! Ya pueden retirarse… recuerden que sus cargos son puramente administrativos, porque de ahora en adelante la que manda soy yo.
-¡Por supuesto! –y Fernando le besa la mano.
-¡Marquesa! –Montero hace lo mismo.
Un perro se enoja y empieza a ladrar.
-¡Son unos animales! –dice la marquesa al quedar solos a su secretario- ¡se despellejarían entre ellos mismos únicamente por lograr el poder! Lo que no saben… es que yo puedo ser mucho peor que ellos cuando me provocan.
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Prisión.
-¡Mi madre viva! –sonríe feliz Esmeralda- ¡la necesito tanto! Si es verdad lo que dijo Pizarro… esto está a punto de cambiar… y si la marquesa está en la ciudad se encargará de castigar a estos canallas y cuando Diego lea mi carta… ¡vendrá a liberarnos! Falta pronto hijito, vamos a despertar de esta pesadilla y seremos muy felices… ¡y libres!
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Pueblo.
-¡Esa mujer lo sabe todo! ¿Cómo lo logra, dónde están sus malditos informantes? –Fernando.
-¡Por favor, don Fernando! Sus espías son los queridísimos De La Vega, por eso los protege tanto… ¡ellos la mandaron traer! Esa maldita vieja se ha convertido en su protectora.
-¡Se lo dije, Montero! Había que negociar con los De La Vega, no atacarlos de frente… -se pasea nervioso- ¡esto es la consecuencia de sus malditos actos!
-¡Don Alejandro no es ningún imbécil! Y yo no negociaría con él hasta no sentir que todo está a mi favor.
-¿Ah, si? –se burla- ¿y cuando ocurrirá eso?
-¡Esta noche, armaré a los soldados y tendré las municiones necesarias para acabar con la Hacienda de los De La Vega!
-¡No! A mí déjeme los De La Vega, yo sé cómo tratar con ellos… ¡usted tiene que encargarse de su ejércitos, lo va a necesitar! –Fernando se marcha.
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Hacienda De La Vega.
Alejandro le pide a María Pía que le brinde consuelo a Almudena- ¡La muerte de Esmeralda le ha quitado las ganas de vivir!
María Pía le promete que lo hará, pero al entrar en la habitación encuentran a Almudena tirada en el suelo- ¡Almudena! –corre Alejandro- ¡respóndeme por favor!
-Ya Alejandro… fue sólo…
Alejandro la pone en la cama.
-¡María Pía, te consagraste! –sonríe Almudena muy débil- ¡yo sabía que lo lograrías!.. no dejo de pensar en Esmeralda –llora Almudena.
María Pía le pide a Alejandro que las deje solas- Tienes que ser muy fuerte ante esta prueba que Dios te ha puesto.
-Nadie me entiende María Pía, no tengo consuelo… no tengo paz… ¡me quitaron a mi única hija y nadie me entiende! –se desespera.
*
Comandancia.
Pizarro se dispone a partir cuando a parece Montero- ¡Déjeme esto a mí!
-¡Sí, comandante! –y Pizarro se pone a un lado disimulando su contento.
-¡Capitán, usted cuidará esta noche la prisión! Me encargaré personalmente de esta operación… ya que a usted no le parece bien hacerlo de noche… ¡García! A usted no lo necesito.
García duda y luego rápidamente se pone al lado del capitán Pizarro- ¡Sí, señor, como usted diga!
-¡Soldados, firme! –grita Montero y salen- ¡Andando!
Al quedar solos Pizarro le habla a García- ¡Lo dejo a cargo de la prisión, tengo cosas que hacer!
-¿Encargado yo de la prisión, señor?
-¡Sí, García! ¿o le parece muy complicado cuidarla por una hora?
-¡Sí… No!! Para nada –se recompone- ¡confíe en mí, señor!
-¡Muy bien! –se marcha Pizarro.
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Un lugar.
Olmos felicita al hombre por la carta.
-Utiliza usted unos medios muy persuasivos señor Olmos… ya sabe dónde encontrarme.
-Mantenga la boca cerrada.
-¡No diré nada, no escribiré nada!
-¡Así debe ser! –sonríe Olmos.
El hombre se marcha y Olmos estudia la letra con una sonrisa.
*
Hacienda De La Vega.
Fernando irrumpe para ver a Alejandro- ¡Tú y yo tenemos que hablar!
-No lo creo, Fernando… para empezar esta no es la manera de entrar a mi casa.
-¡Vengo de una reunión con la marquesa! Y sé que tuviste que ver en la decisión que tomó… ¡te exijo que me la quites de encima!
-¡Supe de la canallada que hiciste en la misión de María Pía! ¿Cómo te atreves a venir aquí a exigirme, Fernando? ¡después de todo lo que pasó! –y sin decir más le pega tremendo derechazo.
Fernando se quita el saco y lo enfrenta.
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Un lugar.
Olmos le entrega la carta falsa.
-¿Es de don Diego? –se sorprende Aguirre.
-¡Ya se lo expliqué! –le grita Olmos- ¡esa carta es una falsificación, don Diego no sabe nada de ella! –se enardece y pierde la paciencia.
-¡Doña Esmeralda se dará cuenta que esta carta es falsa! –duda Aguirre.
-¡No! La letra de esta carta es exactamente igual a la otra, Esmeralda no dudará un solo momento de la autenticidad de esa carta –sonríe- ¡entréguesela y dígale que don Diego en persona… me la dio!
(Cual otra??
Como tiene Cuasimodo una carta de Diego??? porque la letra a falsificar debe ser la de diego...
)
Aguirre sonríe y se marcha.
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Un camino.
El comandante Montero lleva su cargamento por otro camino- ¡Soldados, vamos a continuar! –grita.
-¡Mala decisión, comandante Montero! –aparece El Zorro.
-¡El Zorro! –grita Montero.
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Prisión.
Aguirre le entrega la carta a Esmeralda que está feliz y que no puede en si.
-¡El maese Olmos recibió este sobre de manos de don Diego De La Vega! Personalmente… léalo señora… pero me lo devuelve… tenemos que quemarlo, si Montero se entera nos mata a usted y a mi.
-¡Sí! –Esmeralda ríe feliz y toma la carta y va perdiendo lentamente la sonrisa- ¡no! –empieza a llorar- ¡no, esto no puede ser!
*
FIN DEL CAPITULO
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@2005 Narración by Mabouchita! Z;
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