LA TRAICION 055 - SOLEDAD SE CONFUNDE - 15/abril/2008

Con Mario Cimarro y Dana García
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Mabouchita
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LA TRAICION 055 - SOLEDAD SE CONFUNDE - 15/abril/2008

Postby Mabouchita » Wed Apr 16, 2008 2:46 am

LA TRAICION 055 – SOLEDAD SE CONFUNDE - martes 15 de abril de 2008

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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez

Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano


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Ciudad de Alcalá.
Alcides, limpio y bien vestido busca a Pablo.

(cómo hará para verse así??? :D además el tonto ladrón era más pequeño que él!!)

Pero un hombre lo ve- ¡Lo encontré, es el hombre que me encargaron buscar!
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Hacienda Montenegro.
-¡Muy pronto vas a estar tan enamorada de Alcides como lo estuve yo de ti! –Hugo sigue bebiendo y dice con rencor- ¡muy pronto! – y decide sacarse el anillo de Soledad del cuello- ¡ya no necesito de esto para recordar lo que me hiciste! Vas a pagar por tu tracción Soledad... ¡vas a pagar!
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Habitación de Soledad
-¡Quien se iba a imaginar que serían los Burke quienes la salvarían, señora! –sonríe Úrsula.
-¡Sí, tarde o temprano todos nos necesitamos! –y se levanta para salir.
-¿Dónde va?
-Ya me siento bien... –le toma las manos a Úrsula dudando- es que... tengo que hablar con Alcides... ¡últimamente está muy extraño! Yo tengo muchas cosas que hablar con él.
Úrsula no está muy de acuerdo.
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Soledad golpea a la puerta de la habitación de Alcides- Alcides... quisiera que hablemos un momento –y entra.
Y mira para todos lados y con una sonrisa recuerda: “Tú no te puedes morir porque yo te amo”. Y siento algo muy extraño, como una ilusión. Camina pensativa.
-¡Todavía me cuesta trabajo creer... que hayas cambiado tanto! –preocupada- ¿qué pudo haber pasado en tu vida para que ahora seas una persona tan diferente? –y se apoya sobre una bonita caja y cierra los ojos soñadora - ¡Ahora sí te pareces a tu hermano! El hombre más maravilloso... –y nota el pequeño cofre y lo abre curiosa y se sorprende- ¿Y esto? –saca su anillo, el mismo que ella le regaló a Marina luego que Marina se lo robó- ¡Esto es mío! ¿y qué está haciendo aquí?

(bueno... tampoco tanta sorpresa... no? :roll: )
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Mina.
Arturo no puede de la curiosidad y se acerca a ver a la multitud que rodea la mina.
Manrique estudia unas pepitas.
-¡Manrique! También metido en esto.
-Mira lo que encontraron los hombres en la mina... esto es prácticamente oro puro.
-¡No sé mucho de esto! La verdad –y mira alrededor- ¡todo este ambiente se parece más a un circo que a una mina!
-¡Estamos hablando de oro! No hay nadie que no quiera enriquecerse, yo pienso invertir todo mi dinero en este negocio... tú deberías pensarlo.
-¡La inversión me parece muy alta y nada me garantiza que esto sea cierto!
-¿Y qué necesitas para convencerte? –aparece Hugo- ¿no te basta ver el oro?
-¡No! no me basta... para serte sincero, todo esto me parece sospechoso, muy repentino... la ruptura, el ingeniero, la súbita aparición del oro.
-Las pruebas hablan por sí solas, en esa mina hay un yacimiento de oro.. pero si no quieres aprovecharlo...

www.mabouchita.com

-¿Y qué nos garantiza que todo esto no sea un montaje tuyo? –muy astuto- Alcides, te conozco, sé de tu debilidad por conseguir dinero de manera fácil.
-¡Yo en tu lugar bajaría y comprobaría que es cierto! El túnel exploratorio esta abierto para quien quiera verlo.
-¡Entraré! pero con una condición... ¡que don Alcides me acompañe!
Hugo casi pierde la sonrisa, hace un esfuerzo.

(ah, 8) ya sabemos que él no puede entrar a la mina!)
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Hacienda Montenegro.
Soledad pensativa estudia el anillo.
Úrsula entra- ¡Señora! ¿qué hace aquí?
-¡Por Dios! –salta Soledad- ¡me asustaste! Mira... lo que encontré... mi anillo estaba entre las cosas de Alcides –se lo muestra.
-¡Es el anillo que le regaló don Hugo! –lo reconoce.
-¡Por eso! ¿y cómo llegó a manos de Alcides? ¡si yo misma se lo regalé a Marina!
-¡Y yo no entiendo por qué hizo eso! –enojada Úrsula- ¡regalar uno de los recuerdos que tiene de don Hugo y precisamente a Marina!
-Úrsula... no importa –Soledad mueve la cabeza- fui una tonta... ¡yo en ese momento pensaba que ellos eran fieles a Hugo!
-¡Y miren los traidores que salieron! Mejor vamonos de aquí, porque si don Alcides....
-¡Qué hacen ustedes dos aquí! –entra gritando de mala manera Marina.
Soledad pone el anillo en el cofre y luego enfrenta a Marina.
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Mina.
-¡Por favor señor, es una locura! –le susurra Boris- ¡usted no soporta estar encerrado! Déjeme ir a mí.
-¡No Boris! Eso sólo aumentaría la desconfianza de Arturo... y tengo que lograr que invierta en este negocio –terco.
-Si algo llega a ocurrirle de nada servirá todo este esfuerzo –lógicamente.
Hugo mira de reojo a Arturo- Si Arturo... no invierte... mi plan de venganza no servirá de nada.

(Ay Huguito... otra vez venganza... !! :-? )

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Hacienda Montenegro.
-¡Qué yo sepa ustedes dos no tienen nada qué hacer en esta habitación! –levanta la voz Marina.
Pero Úrsula la enfrenta- ¡Cuidado Marina! Cuidado con la forma cómo le hablas a mi patrona –le cruza los brazos- ¡es la dueña de esta casa y tiene derecho a entrar en dónde quiera! –y le recuerda- ¡está casada con don Alcides!
Soledad mientras tanto mira el cofre con ganas de preguntar algo.
-¡Igual! A esta habitación no puede entrar nadie... don Alcides es muy reservado con sus cosas y no le gustará saber que ustedes dos estuvieron aquí.
Soledad la mira curiosa.
-¡Qué insinúas! –le reta Úrsula- Marina, habla de una vez.
-¡Ya he hablado muy claro, Úrsula! –Marina con voz ronca - ¡a esta habitación no puede entrar nadie! –le dice directamente a Soledad.
-¡No seas atrevida! –le grita Úrsula.
-¡Bueno, un momento! Es suficiente –corta Soledad- es verdad... no tenemos nada que hacer aquí –decide- ¡mejor nos vamos! –y sale.
Úrsula se toma el tiempo para quedarse y advertir- ¡Cuidado, Marina, te estás tomando atribuciones que no te corresponden! –y sigue a Soledad.
Marina queda sola y de malhumor.
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Residencia Rebeca.
-Me voy para la mina, se comprobó que existe una veta grande de oro –Paquito.
-¿Entonces es cierto? –sonríe Eloisa.
-¡Sí! Y espero que tu prometido Arturo, sí invierta en ese negocio, porque sino sería muy tonto.
-Estoy tratando de convencerlo que lo haga, iba hacia su casa.
-¡No lo hagas! Acaba de salir para la mina.
-¡Entonces iré a la mina! Si será mi esposo debo cuidar sus intereses... ¿no es cierto? Alberto, llévanos a la mina.
Paquito la detiene del brazo y le susurra al oído- ¡Qué ambiciosa eres!
Eloisa sonríe divertida.
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Casa Dr. Max.
-¡La misma sangre! –el doctor Max estudia al microscopio- esto quiere decir... es que... ¡Aurora no es la hija de Alcides! –vuelve a mirar - ¡sino de Hugo! Hugo de Medina es el padre de esa niña.

(ahhhh :-o uno que sabe la verdad... y bueno... la mentira tiene patas cortas!! )
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Hospital.
Alcides, con la cara cubierta le pone una pistola al cuello del doctor Pablo.
-¿Qué quiere?
-Tenemos que hablar.
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Mina.
-Vengo a buscar a mi prometido... ¿dónde está? –Eloisa.
-¡Bajó al socavón! –le contesta Hércules- don Arturo no termina de creer que la mina tiene oro y le dijo a don Alcides que lo comprobara.
-¡Arturo está loco! ¿cómo se le ocurrió bajar con Alcides? Es muy peligroso.
-Se lo advirtieron a los dos y no hicieron caso.
-¡Esto es una estupidez! –nerviosa.
Paquito la toma del brazo- ¿Por qué no te calmas? –y luego se ríe burlón- ¡espero que no te quedes viuda antes de casarte con alguno de tus dos pretendientes, cariño!
Eloisa se enoja.
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Mina.
-¡Es cierto! Supongo que se trata de una gran veta de oro –ríe Arturo.
-Supongo que ahora podemos irnos –nervioso Hugo.
Arturo se da cuenta -¿Qué pasa Alcides? Te noto muy tenso, no me digas que todavía estás afectado por lo que pasó en esta mina.
-¿Adonde vas?
-A ver esta parte de la mina.
-¡Esa parte de la mina no está asegurada! –le grita- se puede caer en cualquier momento.
-¡Alcides de Medina! El que no arriesga no gana, pero si tienes miedo... puedes regresarte –y Arturo se mete en las entrañas de la mina.
Hugo duda en seguirlo.
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Hospital.
-Si lo que busca es dinero está en el lugar equivocado –Pablo- es una institución para pobres, no hay dinero.
-¡Yo necesito información! Quiero que me diga todo lo que sabe de Alcides y Hugo de Medina.
-¿Por qué?
-¡No le importa! Si quiere seguir con vida.
-No pienso decirle una sola palabra, suélteme.
Alcides se siente cada vez peor- ¡Le estoy dando una última oportunidad, doctor! Si quiere desaprovecharla despídase de este mundo.
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Mina.
Hugo sigue a Arturo pero se siente mal- Será mejor que regresemos, esta parte de la mina es muy... muy antigua –se desanuda la corbata- ¡en cualquier momento se derrumba!
Pero Arturo parece niño chiquito y sigue- Si tienes miedo, puedes regresar, aquí debe haber muchísimo más oro.
-¡Por el amor de Dios! ¿no se da cuenta que podemos morir aquí por su terquedad?
Y se siente muy mal.
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Hospital.
Y al mismo tiempo que Hugo... Alcides se siente muy mal.
Pablo aprovecha para pelear con él.
Alcides corre.
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Mina.
-¿Qué intentas ocultarme? Me huele a que aquí hay muchísimo oro y no quieres que yo lo vea –Arturo.
Pequeños derrumbes ocurren.
-¡Cállese, no grite! ¿no se da cuenta que la sola vibración de su voz puede causar un derrumbe? –se exaspera Hugo.
-¡No pensé que fueras tan cobarde Alcides! –y ríe y grita - ¡Así que la sola vibración de mi voz puede causar un derrumbe! ¡hahaha! –ríe a carcajadas.
Y la mina se les cae encima.
Hugo recibe un golpe.
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Fuera del hospital.
El investigador observa cómo Alcides camina y cae al suelo - al mismo tiempo que Hugo.
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Mina.
Hugo tose y busca - ¡Arturo!
Ve a Arturo cubierto de escombros -¡Ayúdame! –y lo ayuda.
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Fuera del hospital.
Alcides se recupera y sube al caballo, el hombre lo persigue.
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Mina.
-¡Alcides, ayúdame! –ruega Arturo.
Hugo hace un esfuerzo y a pesar de sentirme mal trata de ayudarlo.
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Afuera.
-¡Ya pasó demasiado tiempo y esa gente no sale! –Eloisa histérica.
-¡Ya cálmate! No te quiero alarmar... pero la mina sí es peligrosa, recuerdas el desastre de la última vez.
-¡Mejor cállate! Me pondrás peor de nerviosa.
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Casa Obregón.
-¡Apenas me enteré de la noticia quise venir a visitarlos! –Rebeca entra muy campante ante la mirada espantada de Lucas- ¡Qué milagro que Soledad se haya salvado!
-¡Fueron momentos difíciles, Rebeca! Siéntate.
-Mejor hablemos de cosas agradables, anoche en la fiesta vi que tu nieta tenía una medalla, una medalla que pertenecía a Jeremías.
Ester espía y escucha.
-La que le regaló Enrico.
-¡Y me parece muy extraño! Nunca conocí a nadie especial en la vida de Jeremías a quien él quisiera dedicársela.
Ester abre la boca con espanto.
-¡Y mucho menos con esas iniciales! S.D.M. ¿tú sabes lo que significa?
Lucas repite- ¿S.D.M.?
Ester tiene que apoyarse en la pared y nerviosa se arregla el cabello- ¡Dios santo! –tiembla.
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Cabaña.
-¡Beatriz! –llama Alcides cuando entra tambaleándose- ¿qué fue lo que me pusiste?
-Alcides... tus planes no salieron cómo querías.
-¡Fue horrible lo que me pusiste!
-Te ves muy mal.
Alcides se tambalea y busca los medicamentos y se los muestra- ¿Qué medicina es es? Por qué tengo esta sensación.
-¡Lo que te inyecté no tiene nada que ver Alcides!
-¡Dime qué me inyecto para que se me quite! Beatriz, por el amor de dio –le ruega- está bien... vamos a seguir con la terapia –y empieza a poner todos los medicamentos en una jeringa- o me vas a decir –y le va a inyectar.
Pero el investigador decide intervenir.

(Bueno... :-? chaucito investigador... tu hora ha llegado!)
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Mina.
Hugo mira Arturo atrapado.
-¡Alcides! Ayúdame.
Hugo se siente mal- Haré un último intento... si no puedo iré por ayuda.
-Date prisa.
Hugo vuelve a intentar y esta vez logra liberarlo.
Arturo queda libre pero Alcides cae desmayado.
Arturo se toma el brazo y lo sacude- ¡Alcides!
Y de pronto mira con horror dónde se encuentra.
-Alcides... reacciona... Tienes que ayudarme a salir de aquí –le ruega- ¡no conozco el camino, Alcides!
Pero Hugo está desmayado.
-¡Alcides, no sé nada de minas! –le grita- ¡Alcides! –y lo toca- ¡este hombre está helado! Alcides... ¡está muerto! –repite- ¡está muerto!
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Casa Obregón.
-S.D.M., no recuerdo.
-Trata de recordar, fuiste uno de sus pocos amigos, uno de sus confidentes.
Ester escucha y se desespera.
-Tu marido me confiaba muchas cosas –Lucas- pero de esa medalla en especial y esas iniciales, no recuerdo... ¿por qué tanto interés, Rebeca?
-¡Siempre tuve la duda sí... mi marido me fue infiel! Y al ver esas iniciales pensé que la tenía para alguien en especial.
-Rebeca... tu marido te amaba y respetaba profundamente, no tienes por qué desconfiar de él ahora que está muerto.
-¡Sí! –Rebeca le sonríe provocadora- ¡sí, tienes razón! Tal vez Jeremías nunca me traicionó.
-¡Hola Rebeca! –Ester decide aparecer con una sonrisa forzada- ¿cómo estás?
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Cabaña.
-¿Quién es usted? –Alcides.
-¿Por qué tiene a esta mujer amarrada?
-No tengo por qué darle explicaciones –se levanta.
-¡No dé un paso más! O disparo.
-Tenga cuidado señor, este hombre es muy peligroso –Beatriz.
-¡Tiéndase en el piso de inmediato, señor!
-¡Quien es usted!
El hombre dispara al techo para detenerlo.
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Casa Obregón.
Rebeca se despide.
Ester la acompaña a la puerta-Rebeca, alcancé a escuchar que le preguntabas a Lucas sobre la medalla de mi nieta... ¿qué interés tienes?
-Simple curiosidad, no me explico cómo pudo llegar a manos de Enrico.
-No tiene nada de extraño, Enrico dijo que Jeremías lo estimaba mucho, simplemente fue un regalo.
-Bueno... me despido... –la besa- que te mejores.
-¡Qué estés bien Rebeca! –y al quedar sola se sienta - ¡Ay Dios, que esa mujer no se entere sobre nada de mi pasado! Por favor, Dios, no me castigues... te lo suplico.

(bueno... casi confirmada la cosa... Soledad debe ser hija de Jeremías 8-[ )
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En otra esquina Antonia al ataque- ¿Cómo puedes permitir que esa mujer entre a tu casa?
-Yo no la invité, vino a saludar.
-¡Esa mujer es una descarada! No pierde oportunidad de metérsete por tus ojos.
-¡No más Antonia! Suficiente tengo con mi conciencia –la deja plantada.

(No veo la hora que la echen de la casa!! :twisted: )
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Hacienda Montenegro.
El bebé llora inquieta.
-Aurora... ¿qué pasa? Ya te revisé.... no tiene fiebre... ¿por qué será que está llorando tanto?
-No se preocupe, señora, así son los bebés, pásemela.
-¡A ver con la tía Úrsula!
Úrsula la mece.
Soledad se pasea nerviosa.
-¿Se siente bien?
-¡No sé lo que tengo, me siento ansiosa, rara!
-Debe ser por lo del anillo, la puso mal, o por lo de anoche, está muy débil... ¡no es para menos, es un milagro que siga con nosotros!
-Tal vez tengas razón... me siento nerviosa por lo del anillo... ¡pero no puedo explicar qué siento en este momento!
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Mina.
-Boris, es hora de hacer algo –Manrique- ¡Alcides y Arturo llevan demasiado tiempo allí abajo! Algo les debió pasar.
-¡Hay que bajar a buscarlos! –el ingeniero.
-¡Don Alcides! –Boris toma un magnetófono.
-Hay que mandar un escuadrón a rescatarlo.
-¡No! –decide Boris- eso tardaría mucho tiempo, iré yo, don Alcides no puede permanecer mucho tiempo allá adentro.
-¡Boris, no puede bajar solo! Es muy peligroso.
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Dentro de la mina Arturo se pone nervioso- ¡No hay salida! Este lugar quedó sellado, maldita sea, voy a morir aquí –y grita- ¡auxilio! Ayuda.
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A su lado Hugo inconsciente recuerda la voz de Alcides- “Vas a morir en esta mina”
Y Soledad llorando. Y Alcide diciendo “aquí vas a quedar sepultado para siempre”
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Cabaña.
-¿No fue contratado por mi mamá? –se sorprende Beatriz.
Alcides está atado.
-¡No! me contrató un señor de apellido Goncalves, Boris Goncalves.
-¡Boris! Esto no tiene sentido... ¿acaso él sabía de mi desaparición?
-He sido contratado para encontrar a este señor, no a usted, he recorrido varios pueblos para localizar a Alcides de Medina... y mi búsqueda dio resultado.
Alcides sigue atento a la conversación.
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Mina.
-¡No puede ser! Encontrar todo este oro, y morir aquí –sufre Arturo y llora- ¡yo no quiero morir! No puedo morir –y mira a Hugo - si al menos encontrara la salida... ¡y tú Alcides qué mal que se ocurre morirte después de encontrar esta veta! –y se levanta- tengo que encontrar una salida, tengo que salir de aquí.
A su lado Hugo viaja con su espíritu.
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Hacienda Montenegro.
Soledad recostada en la cama se asusta- ¡Hugo!
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En la sala.
-Voy a buscar agua caliente para bañar a la bebé –Úrsula – está muy nerviosa.
-¡Eso no se quita con un paño caliente! –se burla Marina- ¡la niña salió igualita a la mamá! No se puede quedar quieta ni un solo momento.
Úrsula pone los brazos en las caderas- ¡No te atrevas a hablar mal de la señora Soledad! Malagradecida, ella lo único que ha hecho es preocuparse por ti... ¡hasta te regaló uno de sus anillos!
Marina se enoja- ¡El anillo me lo regaló por puro remordimiento por todo lo que le había hecho a don Hugo!
-¡Cállate! –le grita Úrsula- si tan mal te cae la señora Soledad, ¿por qué no le devuelves el anillo? –y le toma la mano- ¡yo nunca te lo veo puesto!
-¡Yo hago lo que se me dé la gana, Úrsula! –le grita- ¡además ese anillo se lo vendí a don Alcides y me gané muy buen dinero!
Soledad aparece y la escucha.
-¡Yo no quiero nada de esa traidora!
-¡Mira quien habla de traidora!
-¡Te callas, conmigo no te metas!
-¡Basta! –grita Soledad- ¡no más! Úrsula, no quiero que te sigas peleando con esta mujer –le advierte.
-¡Señora! –entra Guillermo- ¡afuera hay un hombre que trae malas noticias! La mina se derrumbó y don Alcides quedó atrapado.
-¡Qué! –Soledad se pone pálida.
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Mina.
-¡Don Alcides! –grita Boris que entra con una lámpara- ¡don Alcides! Don Arturo.
-¡Boris, aquí! –grita Arturo- ¡estoy herido!
-¿Y don Alcides?
-¡Ayúdame, Boris! Alcides está muerto –grita Arturo.
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Hacienda Montenegro.
-¡Usted no debería salir! –se preocupa Úrsula que ya tiene a la bebé – todavía está muy afectada por lo de anoche, hágame caso.
-¡Úrsula, ya oíste! Alcides está atrapado en la mina, yo tengo que ir y saber lo que pasó.
-¡Quédese usted con la bebé! Voy hasta la mina.
-¡Alcides salvó mi vida y la de mi hija! Lo mínimo que puedo hacer es ir y saber qué está pasando, por favor, quédate con ella, la vas a cuidar bien.
-¡Yo voy con usted! –corre Marina.
Y ambas se marchan.
-¡Tengan cuidado señora! –Úrsula.
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Mina.
-¿Dónde está don Alcides? –se desespera Boris.
-¡Ya te dije, cayó el techo y Alcides murió Boris! Sácame de aquí.
-¡Tengo que ir a buscarlo!
-¡Sácame de aquí! Yo no puedo salir por mí mismo, Boris, no te arriesgues, él murió.
-¡Está bien! Lo voy a sacar de aquí, pero voy a regresar por él, porque no lo puedo dejar aquí.
-Si quieres, pero sácame de aquí.
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Un carruaje.
-¡Maldita mina! –sufre Marina- solamente nos ha traído desgracias.
-¡No digas eso, Marina!
-¡Claro sí, doña Soledad! –está desesperada- ¡en esa mina don Alcides casi la mata el mismo día que casi se muere don Hugo!
Y de pronto Soledad recuerda, la mina, la explosión, ella huyendo y gritando- “ ¡No, Hugo no!”
-Ahora lo recuerdo... el día que yo salí de la mina estaba llamando a Hugo... como si... como si Hugo estuviera vivo.
Marina se da cuenta de su error.
#
Mina.
-¡Arturo, gracias a Dios estás bien! –lo recibe Eloisa.
-Pensé que iba a morir en esa mina del demonio.
-¡Ya estás fuera del peligro!
-Me duele el brazo.
El doctor Max aparece y lo revisa.
-¿Y Alcides... qué supiste de él? –Eloisa.
-¡No sé, a mí me parece que murió! La impresión que me dio es que estaba muerto.
Eloisa se descompone visiblemente.
-¡Eloisa! –Paquito corre y la sostiene y le susurra - ¡disimula por favor! Se va a dar cuenta que te afecta tanto.
-¡Qué te pasa, Eloisa! –grita Arturo- ¿por qué te afecta tanto lo que le pase a Alcides de Medina?
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Cabaña.
-Alcides perdió la memoria –cuenta Beatriz- yo lo encontré de casualidad en el bosque y cuando intenté ayudarlo, se sobrepasó conmigo –miente ante la mirada de Alcides- y desde que llegué no ha hecho otra cosa que maltratarme y... hasta abusó de mí detective.
-¡No le crea una sola palabra! –le advierte Alcides- ¿no se da cuenta que es una loca desquiciada?
-¡Cállate desgraciado! –le grita Beatriz y lo patea.
-¿Qué hace, señorita?
-¡Usted no sabe lo que ha sido vivir con este animal, día a día, torturándome! Todo el tiempo –disimula y llora- ¡ha sido un infierno, detective!
Alcides la mira con las cejas levantadas.
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Mina.
-¡Contéstame, Eloisa! –se enoja Arturo- ¿por qué te afecta tanto lo que le pasa a Alcides, qué tienes tú con Alcides?
-¡No seas insensible! –le grita Eloisa- ¿no te das cuenta que es un ser humano, que está casado, que es joven, que tiene una hija recién nacida? ¡cómo me pides que no esté triste!
-¡Arturo, no conoces a las mujeres! Reaccionan así, además Eloisa es sensible, deberías conocer más a tu prometido.
-¡Perdóname Eloisa! Estoy muy alterado, pero deberías controlarte... ¡tu reacción es muy exagerada y la gente podría malinterpretarla!
-Deben tener esta conversación en otro lugar –recomienda Paquito- Arturo... la gente está mirando.
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Dentro de la mina Hugo despierta cuando Boris lo encuentra- ¡Sabía que usted no podía estar muerto!
-Sácame de aquí, esto está a punto de derrumbarse.
-¡Sí señor, todavía está muy frío! ¡apóyese! –pero en ese momento cae otro pedazo de mina.
#
Hacienda Montenegro.
Guillermo le cuenta a Úrsula que está preocupado por Elena y decide ir a buscarla a lo del doctor Max.
Úrsula queda sola con la bebé que sigue llorando- Si sigues así voy a tomar que llamar al doctor.

(noooo!! :shock: )
#
Mina.
-Señor, descansemos un momento –ruega Boris que arrastra a Hugo- estoy agotado... ya no puedo.
-Esos hombres hicieron un buen trabajo Boris... –le cuenta Hugo- Arturo salió creyendo que había oro en la mina.
Pero a Boris esto es lo que menos le interesa en este momento- ¡Señor! Arturo es un hombre muy cruel, señor, cuando lo encontré me dijo que usted estaba muerto.
-¡Él no sabe que estoy enfermo! –lo justifica Hugo- debió pensar que estoy muerto.
#
Afuera.
El doctor Max le da un tranquilizante a Arturo y le dice que no mueva el brazo.
-No se preocupe doctor –Eloisa es la novia perfecta- ¡yo me encargaré que cumpla al pie de la letra sus indicaciones!
-Bueno, ahora tengo que irme.
-¡Usted no se puede ir! –se enoja Eloisa- ¡Alcides y Boris no han salido de la mina!
Arturo la mira con sospecha.
-¡Es cierto, doctor! –inspector – usted no se puede retirar aun.
-¡Está bien! –y luego entre dientes para sí mismo- demonios, en este momento debe estar despertando Elena... ¡y está sola en mi habitación!
#
Casa Dr. Max.
Elena bien despierta trata de abrir el armario del doctor pero está bloqueada, busca por todos lados algo para abrir la puerta.
#
En el camino Guillermo trata de llegar, pero estando ciego le es muy difícil.
#
Cabaña.
El investigador le sirve un trago a Beatriz- ¿Cómo se siente?
Detrás de ellos Alcides está encadenado de vuelta y ahora amordazado.
-Mejor, estoy un poco nerviosa.
-Es natural que tenga ese tipo de reacciones.
-Debo irme y enviar un telegrama urgente para avisar que lo encontré, él está bien atado.
-Detective... –de pronto Beatriz- ¿no se podría quedar un rato más conmigo?
Alcides se pone alerta.
-No puedo... el deber primer.
-¡Es que... no quiero quedarme sola! –finge debilidad.

(bueno... chaucito detective... :???: )
#
Mina.
-¡Eloisa!
-¡Soledad! –se espanta Eloisa- ¡qué haces aquí! Tú estás mal, no debiste salir de tu casa.
-¡Me siento muy bien! ¿qué fue lo que pasó con Alcides?
Arturo se acerca- Luego del derrumbe... Alcides se puso muy mal, yo me acerqué, traté de ver que le pasaba, pero no reaccionaba... ¡la verdad parecía muerto!
-¡Alcides no puede estar muerto! Eso no puede ser –y cae desmayada.
-¡Señora Soledad! –grita Marina que la sostiene- ¡Dios mío, un médico por favor! Señora, despierte, por favor.
#
Camino.
Guillermo se da cuenta que empieza a recuperar la vista- ¡Veo, milagro! Mi Elena tiene que saber que ya veo, voy a rescatarte de las garras de ese malvado Dr.
#
Casa Dr. Max.
Elena trata de abrir el armario a toda costa, y de pronto la puerta se abre- El misterio del armario –y de pronto grita como loca al ver lo que hay adentro- ¡Dios mío! -y trata de salir corriendo.
-¿A dónde crees que vas? –entra el doctor Max furioso.
#
Cabaña.
El investigador bebe con la bella Beatriz- ¡Qué bueno que tú también me caes tan bien cómo tú me caes a mí!
Beatriz lo mira de manera muy extraña y le sonríe.
-Los hombres también podemos tratar con cariño a las damas como tú.
-No se confunda conmigo detective –le advierte suavemente Beatriz.
-¡Sólo quiero quitarte el dolor... que te causó ese desgraciado!
-¡No se atreva a tocarme!
-¡No intentes convencerme que eres una dama refinada! –se burla el hombre- porque no te lo voy a...
-¡Suélteme! – y Beatriz saca una pistola.
El hombre busca su pistola pero Beatriz sonríe - ¿Busca ésta?
Alcides está inconsciente.
#
Mina.
-¡Señora Soledad, por favor despierte! –ruega Marina- ¿cómo se siente?
-¡Alcides! –llama Soledad y trata levantarse.
-No se levante todavía –Marina- usted no está...
-¡No, Alcides!
Y en ese momento se ven, Hugo que sale de la mina ayudando a Boris, la mira.
Y ambos se miran como si estuvieran solos en el mundo, a pesar de estar rodeados de gente.
Y Soledad lo mira y le sonríe como si fuera Hugo.
-¡Boris! –Marina corre y ayuda a Boris que se separa de Hugo.
Hugo queda solo, sin dejar de mirar a Soledad.
Y Soledad, sin pensarlo, corre a abrazarlo muy fuerte.
Arturo mira la escena con una sonrisita.
Eloisa los mira con odio en sus bellos ojos verdes.
Paquito con sorna.
Soledad se separa y toma el rostro de Alcides en sus manos, le sonríe enamorada.
#
Cabaña.
-Ten cuidado con lo que haces preciosa, las armas son peligrosas, y en mano de gente inexperta pueden provocar una tragedia

(ahahah! :D Pobre tipo, no sabe realmente en lo que está metido!!)

Beatriz ríe- ¡No se preocupe, sé manejarlas muy bien!
Y fríamente dispara.
El disparo despierta a Alcides que la mira espantado.

(wow!! Beatriz pasó la raya??? :eek: qué pena, yo la quería con Pablo! )
#
Casa Dr. Max.
El doctor Max parece tener un ataque- ¿Por qué está abierto el armario? –con voz ronca.
-En el armario está...
-¡Por qué te atreviste a abrirlo! –grita el doctor Max.
-En el armario está la muerta –termina Elena.
-¡No es una muerta! –grita fuera de sí - ¡Es mi Eva, mi amada Eva! Y tan solo está dormida, esperando que yo pueda despertarla.
-¡Eso es imposible, usted está loco!
-¡Tú me ayudarás!
Elena trata de escapar, pero el doctor Max la retiene.
#
Mina.
Soledad en brazos de Hugo le sonríe feliz y enamorada -¡Gracias a Dios! -y se apoya en él.
Hugo la besa en la frente.
Y ante este contacto físico, Soledad parece despertar y de pronto Soledad lo mira y se separa con horror.
-¿Qué pasa? –se sorprende Hugo.
-¡Perdóname! –Soledad trata de alejarlo- ¡me confundí! No sé lo que me pasó.
-¿De qué estás hablando, perdóname por qué? –le susurra- ¡No hay nada que perdonar!
-¡Esto no está bien! –trata de soltarse pero Hugo no la deja.
Soledad está muy nerviosa- ¡Escúchame Soledad! –y la abraza muy fuerte, la cierra entre sus fuertes brazos.
-¡Suéltame que nos están viendo! –se desespera Soledad, luchando.
Pero Hugo la fuerza y la besa en la boca.
Soledad por fin logra separarse y le da tremenda bofetada.
Eloisa sorprendida ríe divertida.
Paquito salta de alegría ante el espectáculo.
Hugo mira a Soledad con rabia contenida.
Soledad lo mira con rabia también.
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:-D

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