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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
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Casa Dr. Max.
Alcides llega con Rebeca mortalmente herida- ¡Doctor Max, Maximiliano! –grita pero nadie le contesta.
-¡Alcides! –muere Rebeca- ¡no aguanto más! Alcides... me voy a morir.
-¡No te vas a morir! –y llama a gritos al doctor Max- ¡cálmate!
-¡Alcides, ese tesoro es mío, Alcides, mío! –a punto de morir pero codiciosa Rebeca.
-¡No hables! Por amor de Dios aguanta, el doctor Max va a llegar en cualquier momento.
-¡Maldito desgraciado! –llora Rebeca- ¡Le dejó el tesoro a Soledad! –le cuenta- ¡pero es mío!
-¿De qué hablas?
-¡Ese tesoro me pertenece!
-¿De qué hablas? –insiste Alcides.
-¡Jeremías Montenegro es el padre... el padre de Soledad! –
-¿Jeremías Montenegro es el padre de Soledad? –repite Alcides- ¡Entonces el tesoro le pertenece a Soledad!
Rebeca respira con dificultad, está muriendo.
-¡Rebeca! ¿Jeremías Montenegro es el verdadero padre de Soledad de Obregón y no don Lucas de Obregón? ¿eso dices?
-¡Jeremías antes de morir le dijo a Ester que el futuro de Soledad estaba garantizado! –gime- ¡pero ese tesoro me pertenece! –ríe- ¡es mío, Alcides, mío!
Alcides la mira con pena- ¡Ya no hables, Rebeca! Shhhh… cálmate –se compadece.
-Dime… Alcides… ¿Cómo encontraste el tesoro? ¡dímelo!
-Eso ahora no tiene la menor importancia, por favor no le cuentes nada de lo que acabas de decir al Dr. Max, enseguida regreso – y se levanta a buscarlo- ¡Dr. Max! ¿Dónde se metió Dr. Max? ¡tenemos una emergencia!
Pero la casa está vacía.
-¡Dr. Max, conteste! –grita Alcides.
y Rebeca muere.
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Hospital.
-¡Me siento como un asesino! –llora Daniel.
-¡No eres un asesino! Te has dedicado a salvar vida, y lo que pasó con ese hombre fue un accidente –le toma la cara y lo consuela.
-¡Pero yo lo llevé hasta allí! –llora sin consuelo.
-¡Tú mismo lo dijiste, lo querías enfrentar a la justicia! Fue él el que se lanzó al vacío –sigue Michelle- ¡y estoy segura que por tu mente nunca pasó la idea de matarlo! –y duda- ¿o sí?
-¡No, por supuesto que no!
-¡Entonces no te sientas culpable! Le querías dar un escarmiento, y el destino se te adelantó, es todo.
-No entiendo…
-¡El Dr. Max estaba obsesionado y murió persiguiendo su loca idea de revivir a su esposa! Tú no fuiste quien lo empujó al abismo… ¡él mismo lo hizo!
Daniel llora.
(y ahora cómo sabe Michelle todo esto??
Daniel no le dijo tanto que yo recuerde!! Solamente que tenía a su esposa muerta en un armario)
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Taberna.
Margó aguanta a duras penas que Arturo la bese y la acaricie, y mira al techo.
Pero Arturo no puede.
-¿Qué pasa? –pregunta Margó.
-¡No puedo! –le confiesa- ¡no puedo!
-¿Por qué dices que no puedes?
-¡No sé! No sé que pasa –se desespera Arturo- ¡mi mente no me deja, mi cuerpo quiere pero no…! ¡esto no me había pasado a mí nunca! –está histérico- ¡no soy un hombre normal! ¡me he convertido en un fenómeno!
(bueno…
Arturo… fue la mano no el… perdón!!
)
Margó se apiada y le acaricia el rostro.
Pero Arturo la rechaza- ¡No me toques!
-No te preocupes, eso le pasa a cualquier hombre –trata de calmarlo.
-¡No me interesa! No quiero la lástima tuya ni de nadie –le grita Arturo.
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Hacienda Montenegro.
-Mis padres, para prepararme para la vida, contrataron tutores para que me educaran –Hugo dobla su ropa- ¡y entre ellos y la compañía de muchos libros me llené de conocimientos! Ahora tengo que emplear esos conocimientos, tengo que sobrevivir.
El fiel Boris le trae más ropa para doblar.
(hahaha
ahora que Hugo es pobre tiene que doblar su ropa!! Pero lo hace lenta, pero lentamente, fijense!! Está aprendiendo el pobrecito
alguien le quiere enseñar?? HEHEH
)
-¡Señor! Siendo un jovencito, antes que llegara a su casa, estaba recluido en la colonia penal, aprendí a trabajar con la herrería –ofrece Boris- ¡si usted gusta le puedo enseñar a trabajar el arte de los metales! Es un oficio humilde y muy duro.
-¡Pero no hay oficio humilde ni duro mientras se haga con dignidad! –le recuerda Hugo- ¿Por qué no me enseñas a trabajar el arte los metales? –se entusiasma.
Boris feliz- ¡Por supuesto!
Michelle entra a la habitación sin llamar ni preguntar.
(bueno… menos mal que está vestido!!
)
-¡Hugo, Soledad no aparece! –le anuncia con urgencia- ¡no aparece por ningún lado! Yo estuve todo este tiempo en el hospital y ella no ha regresado, sigue desaparecida.
Hugo se preocupa.
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Hospital.
Las brujas Obregón vigilan una al lado de la otra.
Lucas despierta- ¿Soledad, dónde está mi hija?
-¡No lo sabemos! –Ester- Hugo de Medina se salvó a última hora de morir en la horca –le cuentan.
-¿En la horca? –se sorprende Lucas.
(sí y por tu culpa
)
-¡Es una historia muy larga que no vale la pena mencionar ahora! –Antonia- lo cierto es que finalmente ese hombre se salvó.
-¡Sí, pero Soledad no lo sabe! –Ester.
-¡Necesito ver a mi hija! Ella me está necesitando, lo sé –y trata de levantarse.
-¡Lucas, no por favor! –corre Antonia para impedírselo- ¡todavía estás muy débil!
-¡No! –se asusta Lucas- ¡no siento mis piernas! ¿qué me pasa? –se desespera- ¿qué me sucede?
Antonia y Ester lo miran con pena.
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Hacienda Montenegro.
-¡Es que Soledad te vio en la horca! –argumenta Michelle- ¡salió corriendo! No supo que Boris apareció para salvarte, pobre… ¡debe estar en medio de una conmoción, no ha vuelto al hospital a ver a su padre! ¡ni ha ido a su casa para ver a su hija!
Hugo no responde, está inquieto.
-Yo ya le pedí a Andrés que la buscara pero nadie la ha visto, no aparece… Hugo… ¿tienes idea de dónde pudo haber ido?
Hugo piensa y recuerda sus paseos en bicicleta con Soledad, su primer beso, las risas.
-¡Qué pasa Hugo! –lo llama Michelle- ¿Hugo?
-¡Sí! –Hugo vuelve a la realidad y toma su saco - ¡yo sé dónde puede estar Soledad, permiso! –se marcha.
Boris y Michelle se miran.
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Hospital
-¿Qué me pasa Ester? –llora Lucas- ¡Antonia, qué me sucede! ¿Por qué no siento mis piernas?
(ayay!!
Basta! Que deje de llorar!!)
-¡Ya Lucas! –Ester- ¡cálmate! Estuviste muy delicado.
-¡Estuviste inconciente, tu recuperación va a ser muy larga! –Antonia.
-¡Don Lucas! –entra Daniel- veo que ya despertó.
-¿Qué me pasa, por qué no siento mis piernas? –gime Lucas.
-¡Lo siento, señoras! –al ver las caras de Ester y Antonia- ¡pero soy médico y no puedo ocultarle la verdad a los pacientes!
-¡Por favor!
-¡Don Lucas, tranquilo, su estado de salud ahora es estable! Sufrió un infarto, vi en su historia médica y no es el primero… ¡vivió momentos muy difíciles en el juicio! Su corazón está afectado por la cantidad de alcohol que ingirió durante toda su vida… estuvo a punto de morir… ¡pero gracias a Dios su organismo resistió y pude sacarlo de la conmoción!
Lucas no tiene consuelo.
-¡Ahora… el ataque fue muy severo! Y afectó al cerebro, no puede enviar estímulos a los músculos y…
-¡Daniel! ¿no voy a volver a caminar? –llora- ¡dígame por favor!
-¡No puedo, no voy a mentirle don Lucas, ni darle falsas esperanzas! –Daniel claramente- ¡esa es la verdad, lo siento mucho, no volverá a caminar!
Y Lucas llora.
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Pensión.
-¡Este pan está más duro que una roca, gatita!
-¡Y no hay nada más para comer, Guillermo!
-Lo único que hiciera una sopa de las suelas de tus zapatos.
Y ambos ríen divertidos.
-¡Lo de la mina que resultó una estafa y el pobre don Hugo no nos puede dar trabajo porque está más pobre nosotros!
-¡Ay, Guillermo! ¿será que volvemos a robar cadáveres para el Dr. Max?
-¡No, gatita! Prefiero morirme de hambre.
Y golpean a la puerta.
-¡Esa debe ser la policía! La casera nos mandó la ley porque le debemos tantos meses de renta.
Pero es un hombre vestido elegante, vestido como un mayordomo inglés- ¿Usted es Guillermo Burke, hijo de su excelencia… don Guillermo Burke I?
-¡Mire señor, vuélvase por el lado dónde llegó! - Guillermo le cierra la puerta.
-¡Le traigo noticias de su padre! –grita el hombre.
-¿Qué dijo?
-¡Su padre murió, y yo soy su abogado! Vine a cumplir su última voluntad y aquí traigo su testamento.
Guillermo y Elena se miran sorprendidos.
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Residencia Rebeca.
-¡No! No voy a dejar que me atrapen, Paquito y la señorita Eloísa seguro me van a denunciar –Marina va directamente al armario dónde está el dinero y ríe- ¡por algo volviste a mí! –y toma la valija- ¡eres mío, voy a darme la vida que merezco!
-¡Marina! –la llama Paquito- ¿A dónde crees que vas?
Marina se queda de una pieza.
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Taberna.
Arturo sigue llorando su impotencia- ¡Ya no soy un hombre! –y se mira las manos- ¡ahora soy cualquier cosa!
-¡Soy un guiñapo! Alcides de Medina tiene que pagar por lo que me hizo.
Margó lo mira con pena.
-¡Me convirtió en algo peor que un animal castrado! ¿Por qué me tenía que pasar esto a mí?
-¡De no ser así hubieras muerto!
-¿Y de qué me sirve estar vivo si mi cuerpo está muerto? –se niega Arturo- ¡mi cuerpo no funciona! Lo tengo que matar.
-Lo que no funciona es tu cabeza –lo consuela Margó.
(ahahah!!
Qué consuelo!!
)
-¡Deberías relajarte! –sigue Margó- y dejar de pensar en tanto odio y tanto rencor –y lo besa en la frente con cariño.
Arturo cierra los ojos.
-¡Todos los hombres tienen un niño interior! Por más guerrero, por mas fuerte que sea, es tierno… lo malo es que a veces uno mismo hace que se cierre la puerta de la felicidad –reflexiona y suspira triste- ¡descansa, vas a ver que más tarde vas a estar mejor!
Arturo cierra los ojos.
-¡Así te quería ver Margó! –irrumpe Hércules completamente borracho
- ¡nunca vas a dejar de ser una zorra!
Arturo abre los ojos.
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Casa Alcides.
-¡Alcides, dónde estás! –entra Eloísa- ¿Dónde estás? Necesito hablar contigo –y de pronto ve un brazo- ¿Quién está ahí? –y descubre a Rebeca muerta- ¡tía Rebeca, Alcides mató a mi tía Rebeca! –Eloísa se horroriza.
Alcides aparece atrás.
Eloísa se da la vuelta y lo mira con horror, con miedo.
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Plaza.
Soledad está sentada bajo un árbol, en medio de la gente.
A lo lejos, muy elegante, Hugo la busca y al verla se acerca.
Soledad está ida, llora.
Hugo se acerca y le sonríe- ¡Soledad! –la llama.
Soledad lo mira como si fuera un fantasma- ¡Hugo!
–se levanta- ¡estás vivo!
-¡Sí, estoy vivo! –le sonríe Hugo.
Y Hugo la mira enamorado.
Y Soledad lo mira como si fuera una aparición.
♫
Sálvame, despiértame otra vez
temo cerrar los ojos sin saber
si vas a estar conmigo al amanecer
♫
-Estoy vivo –le repite Hugo sonriendo con ternura - ¡vivo!
-¡Dios mío! –Soledad se toma la cabeza
- ¡tiene que ser mi imaginación! –y se seca las lágrimas - ¡no puede ser! él no está vivo… ¡me voy a enloquecer!
Hugo se acerca y le repite- Estoy vivo, Soledad, ven… tócame –y le toma la mano con ternura y se la lleva a su rostro
- ¿ves? –se la besa- ¡soy yo!
Soledad trata de dejar de llorar y lo mira.
Hugo le besa la mano otra vez sin quitarle los ojos de encima- ¡Soy yo!
-¡No puede ser! no puede ser –repite Soledad.
-Boris apareció y me salvó –le explica Hugo- ¡declaró delante de todos que no tuve nada que ver con el accidente de Marina! –le sonríe de vuelta con esa sonrisa compradora llena de ternura- ¡el Juez me absolvió! Ahora soy un hombre libre, Soledad… ¡libre e inocente!
-¿Sabes? ¡yo siempre supe! ¡siempre supe que tú eras inocente de lo de Marina! –y le sonríe - ¡pero la mejor bendición de todo esto es que mi hija va a tener a su papá! –y llora pero de felicidad.
-¿Eso qué quiere decir? –se ilusiona.
Pero Soledad se endurece- ¡Eso quiere decir que me alegra que estés vivo, Hugo! Pero también quiere decir que no ere inocente.
Hugo pierde su bella sonrisa.
-¡Tú eres culpable de todo lo que me ha pasado porque me mentiste! –le acusa Soledad- ¡te hiciste pasar por tu hermano y me traicionaste! Y por tu culpa mi papá está en el hospital tratando de sobrevivir… ¡no eres un hombre inocente!
Hugo la mira con tristeza.
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Casa Alcides.
-¡Tú mataste a mi tía Rebeca, Alcides! –Eloísa lo mira con terror.
-¡No! –le corta Alcides- ¡yo no la maté!
-¡Sí, tú la mataste! Y seguramente la mataste porque encontró el tesoro y ahora me vas a matar a mí –y se muere de terror y llora desesperada- ¡me vas a matar a mí! ¡yo hago lo que tú quieras pero no me mates Alcides! –histérica- ¡Alcides, no me mates! Te juro que yo no voy a decir nada.
-¡Escúchame!
-¡No me mates! –grita fuera de sí - ¡no me mates!
Alcides le da una bofetada.
Eloísa calla.
Rebeca a su lado parece una hermosísima muñeca rubia dormida.
-¡Estás histérica! –se enoja Alcides- ¡cálmate y escúchame! Yo no maté a tu tía, lo segundo que acabas de decir es cierto, ella encontró el tesoro pero yo no la maté.
Eloísa llora sin poder parar pero trata de hacerlo en silencio.
-¡Cayó en una trampa que diseñé contra ladrones e intrusos! Ella sola se buscó la muerte.
Eloísa trata de hablar - ¡Entonces… ella tenía razón, y el tesoro sí existe!
-¡Sí, Eloísa! El tesoro sí existe.
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Residencia Rebeca.
-¡Ese maletín me pertenece, ladrona! –Paquito detiene a Marina- ¡devuélvemelo!
-¡No!
-¡No seas insolente, sirvienta! Dame mi maleta.
Pero Marina es una fiera- ¡No! Ese maletín le pertenece a don Hugo porque era el dinero de los inversionistas de la mina, que usted le robó.
Pero Paquito pierde toda paciencia y le da tremendo golpe- ¡Cómo te atreves! –y le arranca el maletín- ¡esta insolencia te va a costar muy caro, Marina!
Marina, por primera vez, lo mira con miedo.
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Taberna.
-Eres una zorra –Hércules borracho- ¡Margó! ¿Por qué me engañaste?
Arturo se levanta- ¡Hércules, qué estás haciendo aquí! ¿no te dije hace un rato que te largaras?
Pero Hércules, cegado de celos no lo ve- ¡Así que estabas dispuesta a dejar la taberna y ser solo mi mujer! ¿Cuándo, ahora, o aún te queda otro cliente por atender? –llorando.
-¡Hércules, por favor! –se acerca Margó- ¡vete! No vayas a cometer una locura, estás borracho… yo después te lo explico cuando estés más calmado… ¿sí?
Arturo los mira.
-¡Te burlaste de mí, Margó! Yo soy un hombre que te ama, no soy un animal.
-¡Espera, Hércules! –lo detiene Arturo- ¿qué es lo que pasó aquí? Se te ablandó el corazón y terminaste enamorado de una ramera –y mira con sorna a Margó.
Margó se da cuenta y baja la mirada dolida.
Hércules regresa.
-¡Hércules! –sigue Arturo- ¡mujeres como Margó no tienen dueño! Así que lárgate.
-¡Margó es mi mujer! –se enoja Hércules.
Ante esto Margó lo mira impresionada.
Y Hércules saca un cuchillo y pelea con Arturo.
-¡No, cálmense! –ruega Margó y trata de separarlos- ¡no más!
Pero Arturo está débil y Hércules lleva las de ganar.
-¡Por favor, suéltense! –ruega Margó.
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Plaza.
-¡Soledad! –suspira Hugo triste- ¡lo que ocurrió hoy fue un milagro! Estar ahora aquí, contigo, mirar a tus ojos… ¡cuando hace un instante estaba a punto de morir! –trata de convencerla- ¡yo creo que la vida nos quiere dar una oportunidad!
Pero Soledad rehúsa su mirada- ¡Sí! Yo creo que la vida te quiere dar una oportunidad –una lágrima solitaria corre por su mejilla- ¡pero a ti! –lo mira - ¡no a nosotros! Nosotros no existe ya.
-¡Sí existe! –afirma Hugo- ¿a quien quieres engañar? ¡la sola idea de que no volviéramos a vernos nunca más, te atormentaba tanto como a mí! No mientas –le ruega- ¡lo vi en tus ojos Soledad! Cuando llegaste a la plaza a ver mi ejecución.
-¡Estaba desecha en dolor porque pensé que no te iba a volver a ver! Porque creí que estabas muerto –y baja la mirada- ¡y la verdad es que lloré mucho! ¡y recé mucho por ti! –y lo mira- ¡para que Dios te perdonara! Para que tuviera compasión de ti y de todo lo que hiciste, Hugo.
-¡Pero ahora estoy vivo, Soledad! –le repite- ¡estoy vivo! Podemos darnos una oportunidad, los tres, nuestra hija, tú y yo – le ruega- ¡los tres!
Pero Soledad no sonríe - ¡Yo creo que no has entendido nada! Tú mataste esta oportunidad, porque tú te hiciste pasar por Alcides, y me acostumbraste a vivir sin ti… -y luego agrega sin llorar- ¡Hugo, tú me enseñaste a vivir sin ti! Yo ya no te necesito.
Hugo la mira muy triste.
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Pensión.
-¿Qué dice señor abogado?
-Su padre el excelentísimo señor Guillermo Burke I, murió –mira al cielo- y aquí traigo su testamento.
-¡Pobrecito mi viejo que en paz descanse! –Guillermo.
-¡Pobrecito! Nos está diciendo que murió y te dejaron una herencia –festeja Elena.
Pero Guillermo duda- Espero no haber heredado deudas, porque con las que tenemos sobra y basta.
-Su padre se arrepintió de haber permitido el maltrato al que lo sometió su señora madrastra.
-¡Uy sí, me daba de porrazos!
-¡El señor Burke quiso castigar a su esposa y prefirió dejarle toda su fortuna a usted, su único hijo!
-¿Y cómo cuánto dinero? –Elena.
-¡Mucho dinero! ¡muchos millones!
Y Guillermo se desmaya.
-¡Pero eso sí, para que pueda recibir ese dinero su padre dejó establecidas dos condiciones!
-¿Qué condiciones? –despierta Guillermo y se vuelve a desmayar.
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Casa Alcides.
Eloísa está aterrorizada y sigue llorando- Si me confesaste que el tesoro existe… ¡es porque piensas matarme!
Alcides la mira fríamente
y la toma del brazo.
-¡No! –grita Eloísa- Alcides, por favor no me hagas mal, voy a desaparecer y nunca más vas a saber de mí.
-¡Escúchame! –se impacienta Alcides- ¡no soy un santo! Pero tampoco soy un criminal, por la única persona que soy capaz de matar es por Soledad, por ella haría lo que fuera.
Eloísa sigue llorando- ¿Y el tesoro?
-¡Sí, el tesoro está en mi poder! –le advierte Alcides- ¡y sólo dos personas en el mundo conocen de su existencia! –y le señala a la muerta- ¡tu tía Rebeca que está muerta!
Eloísa no puede evitar un sollozo histérico.
-¡Y ahora tú! –la amenaza- ¿o acaso alguien más lo sabe?
-¡No! –miente Eloísa- ¡la única que creía en la historia del tesoro era mi tía que desde la muerte de Jeremías consagró su vida a buscarlo! –y con horror mira a Rebeca- ¡pobrecita!
Alcides la toma de la barbilla- ¿Estás segura, nadie más?
-¡Sí! –tiembla de pies a cabeza- ¡solo… una vez Paquito estuvo investigando! Pero luego él pensó que eran historias de mi tía.
Pero Alcides recuerda haber visto a Paquito en el jardín de los Obregón.
-¡Yo estoy segura que Paquito no sabe nada! –afirma Eloísa.
-¡Muy bien, entonces demos por hecho que ahora solo lo sabemos tú y yo! Tengo que tomar una decisión.
Eloísa se espanta- ¡Eso no! Por favor Alcides –le suplica llorando- ¡no me mates! Porque si me matas vas a tener que explicar mi desaparición y la de mi tía Rebeca, y luego Paquito va a sospechar… ¡entonces también vas tener que matarlo a él! Y Marina que ahora se encuentra…
-¡Ya te dije que no te voy a matar! –se enoja Alcides y come- ¡no soy un asesino!
Eloísa trata de calmarse- ¿Entonces, qué vas a hacer conmigo ahora que conozco tu secreto?
Alcides la mira fríamente.
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Residencia Rebeca.
Marina sale corriendo perseguida de Paquito- ¡Ahora que conoces mi secreto de aquí no sales, mugrosa!
-¡Suélteme que me hace daño!
-¡Si tienes pensado decirle al señor Juez que yo me robé ese dinero ten mucho cuidado, no sabes con quien te estás metiendo!
-No pienso decir nada.
-¡No finjas, ven acá! Me voy a encargar de publicar en todos los periódicos de esta ciudad la clase de mentirosa y ladrona que eres y yo te aseguro que el señor juez me va a creer… ¿y sabes adonde te van a mandar? ¡a la horca! Ahora muévete, andando –la mete a patadas a la casa.
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Taberna.
-¡Ya por favor, paren! Hércules –grita Margó- ¡Arturo!
Hércules golpea a Arturo y lo tira al suelo y saca una pistola.
Arturo se levanta y lo enfrenta.
-No vayas a disparar, Hércules… por favor –Margó.
-¿Vas a matarme? –ríe Arturo- ¿vas a disparar a tu patrón?
-¡No te vayas a llenar las manos de sangre! –ruega Margó.
-¡Yo no quise llenármelas de sangre! –con dolor Hércules- ¡pero de nada me sirvió! No te importó acostarte con don Arturo.
-¡Te lo suplico! –Margó junta las manos- ¡por favor! No vayas a disparar, yo no te quiero perder… por favor.
-¡Me mentiste, Margó! Juraste que ibas a ser sólo mía –la mira destrozado.
Arturo aprovecha y lo ataca y lo desarma de un golpe.
Pero con eso se le cae el guante negro y Hércules descubre su muñón vendado.
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Plaza.
-¡Soledad, amor mío! –Hugo suplica- ¡no me digas que no hay esperanza para nuestro amor! Porque eso es peor que estar muerto… ¿dime de qué sirve la vida sino puedo estar junto a ti, con nuestra hija?
-¡Cuando nos despedimos en la celda, yo creía que todo había quedado muy claro entre nosotros, Hugo!
-¿Pero por qué? ¡por qué no me puedes perdonar! Ya te dije que estoy arrepentido… ¡hasta los huesos!
Pero Soledad niega con la cabeza.
-¡Por lo menos por ahora… dame una esperanza para el futuro!
Soledad mira a otro lado- ¡Es parte del pasado y ya no hay nada por hacer!
Hugo suspira- ¡Toda tu familia está muy preocupada por ti! Te están buscando.
-¡Sí! Cómo supiste que estaba aquí.
Hugo le sonríe con ternura- ¿Cómo crees? ¡en este parque nos dimos el primer beso! ¿te acuerdas?
Soledad lo mira.
-¡Por eso imaginé que estarías aquí!
-¡Debo irme! –trata de huir- ¡mi padre y mi hija, me necesitan! –una lágrima se le escapa y le da la espalda.
-¿Y tú? –le pregunta quieto Hugo- ¿Por qué viniste a este lugar?
Soledad lo mira como si la pescaran en falta.
Hugo le sonríe.
Pero Soledad contesta con los ojos rojos - ¡Quería cambiar la última imagen que tenia de ti! Quería recordar los momentos felices que vivimos juntos.
Hugo sonríe enternecido.
-¡Pero cómo ya te dije, simplemente es parte del pasado!
-¡En la celda me dijiste que me amabas! –le recuerda Hugo.
-¡Porque es verdad! Porque amo al Hugo de mis recuerdos, y aunque estés vivo… ¡quiero que te quede muy claro que en mi corazón ya no hay nada para ti!
Hugo deja de sonreír.
-¡En mi corazón estás muerto, Hugo! –y Soledad se marcha.
Hugo queda solo y triste.
Y le tiembla la barbilla… a punto de llorar,
se le ponen los ojos rojos… y toma aire.
♫
Mi sufrimiento es estar
solo como el viento
y saber que asi grite
nadie me va a escuchar
y saber que si un día te tengo
será solo un momento
un instante fugaz
pero mi sufrimiento
será por toda la eternidad
♫
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Casa Alcides.
-¡A partir de hoy tendrás que jugar el mismo juego que yo y sin trampas! Porque no toleraré traiciones.
Eloísa respira para dejar de sollozar y asiente con terror.
-¡Tía Rebeca encontró la muerte por codiciosa! –le recuerda- sino hubiera ido a buscar el tesoro…
-¡No me digas nada! –grita Eloísa y se tapa los oídos- ¡Alcides, por favor, no quiero saber nada, no quiero saber dónde está, no quiero saber el tesoro, no quiero saber nada! –repite como loca- ¡porque mientras más sepa más riesgo corro!
-¡De todas maneras corres un gran riesgo! –Alcides tranquilamente come sus cacahuetes- ¡lo que me cuentas de Marina es muy peligroso!
(y qué y cuando le contó nada!!
)
-¡Si ella habla, rodarán muchas cabezas! –y la mira- ¡y ya sabes cual será la primera!
-¡Por eso vine a hablar contigo! –se compone Eloísa.
-¡Tenemos que pensar en algo! –otro cacahuete- ¡todo se ha complicado! Tu tía muerta, Marina huyendo de la justicia… ¡tenemos que hacer algo juntos!
Eloísa mira a Rebeca casi con ternura- ¡La dama misteriosa! –recuerda- ¡mi tía iba a la Taberna y se hacía pasar por la dama misteriosa, nadie lo sabía! Solamente Hugo y Margó.
-¡No conocía esa doble vida de tu tía! –se sorprende Alcides- ¿qué insinúas?
-¡Que la única forma de esconder a Marina sin que nadie se de cuenta, es haciéndola pasar por la dama misteriosa!
(hahaha!!
Qué simpático!!)
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Taberna.
Hércules mira el guante que tiene en sus manos y se espanta- ¿Qué le pasó don Arturo?
-¡Devuélveme mi guante! –exige Arturo.
Hércules se la entrega.
Arturo se pone el guante dándole la espalda- ¡Perdí esta mano, por tu culpa Hércules!
(ahahaha!
-¡Porque no estabas conmigo cuando te necesitaba! –sigue Arturo.
Margó escucha.
-¿Es por eso que no ha vuelto a dormir a su casa? ¡porque no quiere que doña Gladis ni nadie sepa que le falta una mano! ¿tuvo un accidente?
-¡Sí, Hércules, un accidente llamado Alcides de Medina! –le grita Arturo- ¡él me convirtió en esto! En una persona que ya no tiene parte de su cuerpo.
Hércules parece tenerle piedad.
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Casa Alcides.
-No te preocupes por Marina, ella ya no será un estorbo, yo me encargo –promete Eloísa.
Alcides le sonríe heladamente- ¡Confío en ti, Eloísa!
-¡Yo también en ti, Alcides! Cómo tu dices, voy a jugar tu juego… pero necesito tu protección.
-¡No te va a pasar nada! –le acaricia el rostro- ¡nada! –y mira a Rebeca- ¡ahora tenemos que buscar la forma más inteligente de deshacernos de Rebeca!
Eloísa la mira y llora
- ¿Y cómo? Porque yo no puedo llevar el cuerpo de mi tía a mi casa y que aparezca así… con una herida… ¿qué voy a decir? ¿qué voy a inventar?
-¡No tendrás que inventar nada! Ya tengo la persona que cargará con la muerte de Rebeca!
Eloísa lo mira sorprendida.
(hum…
cuidado Alcides… Eloísa te traicionará)
-¿A quien piensas echarle la culpa de la muerte de mi tía? –Eloísa toma aire.
-¡Lo sabrás en su momento! Cuando te llegue la noticia que Rebeca está muerta, tienes que aparentar que no sabías nada –se sirve un trago- ¿de acuerdo?
Eloísa vuelve a sollozar con miedo- ¡Lo que tú digas, Alcides!
-¡Yo me encargaré del resto, ahora vete!
-¿Me voy? –se asusta.
-¡Sí, necesito encargarme de tu tía!
Eloísa mira a su tía una vez más y retrocede con miedo.
-¡Eloísa! –la llama Alcides- ¡ya comprobaste que no soy un asesino! ¿verdad? Si alguien se llega a enterarse de lo que hablamos hoy y por eso… yo pierdo la posibilidad de conquistar a Soledad… -la mata- ¡ya sabes de lo que soy capaz!
Eloísa traga saliva en medio de sus lágrimas- ¡Nadie se va a enterar! Te lo juro, Alcides… ¡nadie!
Alcides le señala la puerta con la cabeza.
Y Alcides se toma un trago.
(hum…
le echará la culpa a Paquito creo yo!!)
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Taberna.
-¿Alcides? –repite Hércules- ¿Alcides de Medina es el culpable?
-¡Él me encadenó en una cabaña con barriles llenos de pólvora a punto de estallar! –le cuenta Arturo- ¡felizmente encontré un hacha milagrosa! Solo que tuve que elegir… ¡mi vida o mi mano!
Hércules lo mira y recuerda- “ ¡Me equivoqué cuando te dije que tu antiguo patrón estaba muerto! Arturo está vivo”
-¡Ahora lo entiendo todo!
-¿Entiendes qué?
-¡La rabia que tiene conmigo! –miente rápidamente Hércules- ¡porque no estaba con usted ese día para defenderlo!
-No vayan a pelearse nuevamente, por favor –ruega Margó- ¡tienen que calmarse!
-¡La que tiene que calmarse eres tú, Margó! –le reprocha Arturo de mala manera- ¡ahí tienes a tu mujercita, te la puedes quedar todo el tiempo que quieras! –y se marcha dejándolos solos.
Hércules la mira enojada.
Margó mira a Hércules con pena.
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Pensión.
-La primera condición, ustedes deben ir a vivir al palacio de su padre en Londre.
-Qué?? ¿dijo palacio en Londres? A mí me va a dar otro soponcio.
-¡Allá los estará esperando un comité para cumplir la última voluntad de su excelencia don Guillermo Burke I.
-¡Vamos a vivir como reyes! Mejor que ellos.
-¿Cuál es la segunda condición? –se preocupa Guillermo.
-¡Ustedes no podrán disfrutar completamente de esa fortuna…!
-¡Yo lo sabía!
-¡Espere!... ¡hasta tener un heredero!
Elena sonríe de oreja a oreja.
-¡La herencia será completamente suya el día que nazca un niño que lleve el apellido Burke!
-¡Burkecito! –ríe Elena.
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Hospital.
Ester y Antonia como dos mártires.
-¡Mi pobre Lucas no resistió saber que no volvería a caminar! Doctor… ¿Por qué se durmió de nuevo?
-¡Don Lucas tuvo una operación y está débil! –Daniel- ¡tranquilas, se va a recuperar!
-No debimos decirles la verdad –Antonia.
(y qué iban a decirle…
hehehe ¿qué a partir de hoy iba a volar??
)
-¡Qué verdad! –entra Soledad.
Todos las miran.
-¿Por qué se quedan callados, le sucedió algo a mi papá? –mira a Lucas.
Daniel la mira.
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Taberna.
-¡Hércules! –lo persigue Margó.
-¡Yo no seré un señor como don Arturo pero tampoco soy plato de segunda mesa!
-¡Eres mi hombre! Mi novio.
-¡Ya no, Margó! Rompiste tu promesa y justamente lo hiciste con mi patrón… ¡qué suerte la mía, enamorarme de una cualquiera! –trata de marcharse.
-¡No pasó nada! –le grita Margó- ¡te juro que no pasó nada!
-¡Mentirosa! –le grita Hércules.
-¡Yo escuché cuando don Arturo te pidió que hicieran el amor! Estaba allí, parado, mordiéndome las entrañas… ¡tú sabías que te estaba escuchando!
-¡Me quedé con Arturo para protegerte! No me atreví a decirle que te amo porque sino te mata.
-¡Hasta lo tratas de tú! –le grita Hércules- ¡Claro que son amantes!
Te entregaste a otro hombre cuando sabías que te quería comprar una casa… ¡y sacarte de aquí para vivir juntos como marido y mujer!
-¡No pasó nada! –le repite Margó- ¡no pasó nada porque tu patrón es impotente!
Esto sorprende a Hércules- ¿Cómo?
-¡Lo que escuchas, es impotente! Él sí quiso… pero no pudo.
Hércules la mira dudando.
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Hacienda Montenegro.
-¡Don Hugo se debe sentir muy mal por lo que hizo, él ama profundamente a la señora Soledad! –Boris sigue arreglando ropas.
( qué muy lentamente arreglan estas ropas para marcharse!!
)
-¡Boris! A veces el amor nos hace cometer errores, por los cuales tenemos que pagar muy caros el resto de nuestras vidas.
-¡Sabias palabras, señorita! Yo amé profundamente a mi mujer, Marina… imagínese… ¡todavía llevo puesto el anillo de bodas! –mira el anillo- ¡por ese gran amor no me di cuenta del resentimiento con que ella vivía! ¡fue muy tarde!
-¡Qué pena, Boris!
Hugo regresa y se saca el saco con la ayuda de Boris.
-¡Hugo! ¿encontraste a Soledad?
-¡Sí! ¡la encontré exactamente dónde pensé que estaría! –y respira profundamente y toma asiento- ¡ya todo acabó! Soledad solo alberga un inmenso odio hacia mí dentro de su corazón… ¡nunca me va a perdonar!
Michelle se arrodilla a su lado- ¡Lo siento mucho, Hugo!
Hugo la mira- ¡Ahora sólo me queda comenzar de nuevo! –le sonríe- ¡seguir adelante!
Michelle le sonríe- ¡Es lo mejor que puedes hacer! cuando uno cae, hay que aprender a levantarse y… en lo que pueda ayudarte cuenta conmigo –y le pone una mano sobre la suya.
Hugo mira su mano y luego a ella.
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Hospital.
-¡Hija, estábamos muy preocupados por ti! –Ester- ¿Dónde estabas, por qué te desapareciste? ¡supiste que Hugo de Medina se salvó!
-¡Sí! –triste- ¡vengo de hablar con él!
-¡Qué estás diciendo! -Ester.
-¡Lo que oyeron, mamá! –cansada- ¡me alegra mucho que Hugo se haya salvado pero quiero que quede claro que entre él y yo ya no hay nada!
Daniel se ilusiona.
-¡Ya todo murió! –afirma Soledad- ¡y simplemente es una historia que es parte del pasado y que no quiero me recuerden más!
-¡Me alegra saber que lograste recuperarte, hija! –festeja Antonia.
-¡No han respondido! ¿de qué verdad hablaban acerca de mi papá?
-¡Daniel, díselo, ella tiene que saberlo! –Ester.
Daniel la mira- ¡Tu padre se está recuperando extraordinariamente bien de la operación!... pero el ataque cardiaco… afectó su cerebro… ¡y tu padre no volverá a caminar!
Soledad recibe el golpe y llora y se abraza a Daniel.
Daniel la abraza.
Soledad llora.
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FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
Soledad mira a Hugo que se pasea con Hugo.
Michelle quiere conquistar a Hugo.
