LA TRAICION 090 – ¡ADIEU MA BELLE! – 5/junio/2008

Con Mario Cimarro y Dana García
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Mabouchita
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LA TRAICION 090 – ¡ADIEU MA BELLE! – 5/junio/2008

Postby Mabouchita » Sat Jun 07, 2008 3:40 am

LA TRAICION 090 – ¡ADIEU MA BELLE! – jueves 5 de junio de 2008

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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez

Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano

Escrito por (a partir del capítulo 65)

Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano

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Casa Obregón.
-¡Esas lágrimas!
Soledad llorando.

( :sad: BOF!! )

-¡Esas lágrimas son las que no permiten que yo pueda ver a Hugo con buenos ojos!
-¡Papá, no me prestes atención!
-¡Mi amor, yo entiendo lo que sientes! Recuerda algo… un amor que produce más angustia que felicidad no es un verdadero amor, piénsalo bien, yo solo quiero lo mejor para ti.
-¡Ya sé! –le sonríe Soledad.
Y Soledad ve marcharse a Lucas con sus muletas, con pena.
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Hacienda Montenegro.
Alcides vuelve a escuchar ruidos y alerta recorre la casa con su pistola lista.
Es Eloísa que entra por el pasaje secreto.
Alcides fríamente arma la pistola.
-¡Alcides, soy yo! –se asusta Eloísa- ¡no dispares, por favor!
-¡Tú qué demonios haces aquí! –enojado- ¿qué no fui lo suficientemente claro contigo?
-¡Tranquilo! Baja el arma.
Alcides desarma la pistola.
-¡Alcides, vine porque Michelle lo sabe todo! Sabe lo del tesoro, sabe lo de nosotros… ¡ella estuvo en esta casa y nos escuchó discutiendo!
Alcides la mira con la boca abierta.
-¡Está dispuesta a decírselo a todo el mundo!
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Residencia Rebeca.
Alcides, con cara de fastidio observa a Michelle que está amarrada y todavía inconciente. Está sentado en un sofá con la cabeza apoyada en la mano.
Michelle, lentamente abre los ojos y trata de liberarse.
Luego mira a Alcides y trata de gritar.
Eloísa los observa.
Alcides le saca la mordaza.
-¡Ese tesoro no te pertenece, Alcides! –es lo primero que grita Michelle.

(bueno, el golpe la volvió tonta evidentemente :???: ).

-¡Te lo dije, ella lo sabe todo! –grita Eloísa asustada.
Alcides la amordaza de vuelta, y con el punto Vulcano la vuelve a dormir.
Alcides vuelve a sentarse en el sofá suspirando.
-¡Nada más la tocaste y se desmayó! ¿Cómo lo hiciste?
-¡No hay tiempo para estupideces, Eloísa! –se fastidia.
-¿Qué piensas hacer con ella, Alcides?
-Pronto va a amanecer, hay que sacarla de aquí –y la mira dudando - ¡me dijiste que Francisco te ayudó a inmovilizarla!
-¡Pero por él no te preocupes! Él no escuchó nada y yo sé cómo manejarlo.
-Espero que por tu bien y por el de él… me estés diciendo la verdad.
-¿Cómo te voy a mentir, Alcides? Si yo misma te busqué para que te encargaras de Michelle –se exaspera.
-Michelle… es una mujer muy hermosa –la admira Alcides.
-¡Me imagino que no te la llevarás a tu casa! Allí está la bruja de Marina y no confío en esa mujer.
-¡Tú has tu parte y yo me encargaré de la mía!
Eloísa sonríe complacida- ¿Eso quiere decir que me vas a seguir pagando por mis servicios?
-¡Eso quiere decir que necesito que me entregues todas las pertenencias de Michelle! No pueden quedar pruebas que ella estuvo aquí.
-¡Sólo trajo su espada! –y la recoge.
Alcides levanta a Michelle en brazos y toma la espada-¡Dámela, Abre las puertas! –y se marcha advirtiendo- ¡ni una sola palabra de esto a nadie, Eloísa!
Eloísa cierra la puerta y ríe a carcajadas- ¡Por fin te llegó tu hora, Michelle! Alcides no tendrá otra alternativa que matarte.
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Casa Obregón.
Alcides entra a la cámara del Tesoro, pasa encima de la trampa que puso y pone Michelle en el suelo.
-¿Qué voy a hacer contigo, Michelle? –se pregunta mientras busca algo- ¡Tengo que inventar algo! No puedes arruinar todos mis planes con Soledad… no puedes abrir la boca.

(sí, claro… :-s y llevándola a la cámara del tesoro, por supuesto… minimizas los problemas :-? )

Pero Michelle ya está recuperada y librada de sus amarras.

(ahora se convirtió en Houdini!! 8) )

-¡Muévete despacio, Alcides! –lo tiene a la punta de su espada- ¡No intentes hacer un movimiento rápido, porque tú mismo te clavarás la espada en el cuello!
Alcides, lentamente… se da vuelta… ¡pero tiene una pistola en la mano y le apunta a la cabeza!
Michelle no tiembla- ¿Este es el tesoro del que hablabas con Eloísa, verdad? ¡qué miserable eres! –lo acusa- ¡mataste a Rebeca de Montenegro por esto! Has tratados de convencer a todos que eres un hombre nuevo… ¡pero no! ¡no eres más que un asesino!
Alcides la mira con rabia.
-¡Con razón Soledad no puede ni verte! –sigue Michelle.

(y sí… :grin: tiene el cerebro de un mosquito luego del golpe)

-¡Eso no es cierto! –se enoja- ¡nada de lo que dices tiene fundamento! Pero no… nunca entenderás… ¡yo amo a Soledad por encima de todas las cosas, Michelle! ¡por ella estoy dispuesto a hacer lo que sea!
-¡Y eso incluye llenar tus manos de sangre! Lo tuyo no es amor, es una locura… ¡es una obsesión!
Alcides simplemente arma el gatillo.
Michelle, por fin decide ver si hay escape - ¿Qué haces? ¡mucho cuidado!
-¡No te muevas! –le advierte Alcides- ¡no des un paso! ¡detente o disparo!
Pero Michelle se mueve para atrás.
La trampa de la ballesta la espera.
-¡Detente! –le grita otra vez Alcides.
-¿Dónde estamos, dónde queda este lugar? –exige Michelle.
-¡Escúchame, Michelle! Nadie tiene por qué morir… ¡podemos llegar a un acuerdo!
-¡Hay un pasadizo! ¿Dónde está?
-¡Estamos debajo de la casa de los Obregón! –Alcides guarda su pistola con un movimiento de juego de manos.
-¡Qué ironía, saber que Soledad está encima de nosotros! –ríe con amargura- ¡por eso te puedes meter en su casa sin que nadie te vea!
-¿Podemos llegar a un acuerdo, Michelle? –Alcides tiene la pistola en la mano pero no la amenaza con ella- ¡Nadie tiene por qué morir!
-¡No Alcides! –y Michelle corre para atrás.
-¡No te muevas, Michelle! –grita Alcides y corre.
Pero Michelle toca la cuerda.
Y Alcides se interpone entre ella y la flecha.
Y la flecha se le clava en el brazo.
Michelle se sorprende.
Alcides deja la pistola en un banco y se mira la flecha clavada en el brazo y luego a Michelle.
Michelle lo mira sin saber cómo reaccionar.
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Ex-residencia Medina.
Gladis, muy grande dama, toca la campanilla para que venga la nueva sirvienta.
Y aparece Margó, con un traje muy bonito, modificado con escote, está muy bella.
Gladis la mira con furia.
La otra empleada con envidia.
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Casa Obregón.
-¡Dichosos los ojos que la ven! –festeja Paquito- ¡que hermosa está esta mañana, doña Antonia!
Antonia que riega las plantas lo mira como si fuera un enorme moscardón.
-¡Muy buenos días! –sigue Paquito.
-¿Cómo está señor periodista?
-¡Muy mal! Bueno… hasta que leí su anuncio en el periódico… la verdad… ¡me cayó del cielo! No sospechaba que una mujer como usted… tuviera esos atributos… ¡yo la felicito!
Antonia no entiende.
-¡Es pianista, vengo a contratarla!
-¿A contratarme, quiere aprender a tocar el piano?
-¡No exactamente!
-Mi cuñada me dijo que iba a tener muchos clientes, pero nunca imaginé que usted podría ser el primero.
-¡Y el único! Vengo a ofrecerle un gran contrato dónde va a ganar mucho dinero.
-¿Y qué tengo que hacer? –se interesa.
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Hotel.
Hugo desayuna acompañado de Boris.
-¡Amaneció muy pensativo hoy!
-¡Hugo, Boris! –entra Daniel nervioso- ¿han visto a Michelle?

(la verdad a Hugo no parece importarle mucho… ni siquiera la esperó a que volviera a la noche)

Hugo sigue comiendo- Anoche cuando me acosté… aún no había regresado.
Daniel lo mira indignado.
-¡Seguramente llegó tarde! –sigue Hugo tranquilamente- ¿Por qué no tocas en su habitación? A lo mejor está dormida- come fruta.
-¡Acabo de estar allí! –le informa Daniel- ¡no está!

(o sea que Daniel va a buscar a Michelle, :-o y no Hugo 8-[ )

- Su cama está intacta… eso quiere decir que no vino anoche- sigue Daniel preocupado- ¡algo tiene que haberle pasado!
Hugo, por fin, parece tomar las cosas en serio.
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Hacienda Montenegro.
-¡Buenos días! –abre la puerta Marina.
Soledad entra, con la bolsa de dinero- ¡No son tan buenos! Dile a Alcides que lo estoy esperando y que no me voy a mover de aquí hasta no hablar con él.
Marina no se mueve.
Soledad pone los brazos a la cintura- ¿Qué esperas? –de mala manera- ¡avísale que estoy aquí!
Pero Marina solamente la mira con odio.
Soledad le sostiene la mirada.
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Cámara del Tesoro.
Michelle, sorprendida, mira la herida de Alcides- ¿Por qué lo hiciste, Alcides? –nerviosa- ¿por qué?? ¡cómo puedes engañar a Soledad!

(bueno… :???: Michelle… completamente idiota… debería preguntarle por qué se hirió a sí mismo para salvarla)

Alcides, de un gesto y tragándose el dolor, se arranca la flecha de un golpe, respira con dificultad- ¡Yo nunca he engañado a Soledad! –y tira la flecha- ¡yo amo a esa mujer desde que era un niño!
-¡Eso no es amor! –grita histérica- ¡estás mal, entiéndelo! Que ella no te corresponda no te da derecho.
-¡En la guerra y en el amor todo se vale! –le adoctrina- ¿Por qué tenías que meterte en mis asuntos! –le dice con rabia- ¿por qué? ¡por qué viniste a mi casa y escuchaste lo que no debías! –hay una velada amenaza en su voz.
Michelle parece medir por fin el nivel de peligro y mira la pistola que Alcides dejó sobre el banco.
Pero Alcides sigue su mirada y luego la mira a ella.
Y, por supuesto, Michelle se lanza por la pistola… pero Alcides llega con ella… y ambos pelean… Alcides con un solo brazo.
Y en la lucha la pistola se dispara.
Y ambos se quedan quietos un momento.
Alcides sufre y pone su cabeza en el hombro de Michelle.
Michelle cierra los ojos.
Alcides la abraza.
Michelle abre los ojos llorando.
Alcides la sostiene.
-Dile a Hugo… ¡que lo amé con todo mi ser! –dice Michelle y muere en los brazos de Alcides.
Alcides la mira, admirando su belleza.
En el rostro de Michelle una lágrima corre y queda fijada para la eternidad.
Alcides la observa un largo rato.
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Arriba, en su cuarto Ester tiene pesadillas y recuerda su conversación frente a la tumba de Jeremías: “-No aguanto más, Jeremías, últimamente las cosas se han complicado, hay alguien que conoce toda la verdad y me están chantajeando… ¡ayúdame por favor! – y le pone flores ante la lapida que lee ‘Jeremías de Montenegro, 1819-1889’- ¡te lo suplico!
Llega Rebeca- ¡Ester! ¿tú qué haces en la tumba de Jeremías?”
Ester se mueve nerviosa y sufre.
“-Estaba visitando la tumba de mi familia, pasé por la de Jeremías y vi que estaba abandonada, quise dejarle flores.
-Tienes razón, últimamente no he venido seguido a visitar su tumba, Ester… me he enterado de cosas terribles de Jeremías, cosas que me han dolido mucho… ¡dicen que tuvo romances con varias mujeres en la ciudad, antes y después de casarse conmigo anduvo con una mujer casada!
-Rebeca, no tienes que creer todo lo que dice la gente.
-Si lo dijeron fue por algo, ahora resulta que mi difunto esposo no tenía escrúpulos ni moral.
-No sé qué me pasa, me siento mal.
-Vamos, te llevo a la casa”

(FILLER!!! :mad: Esta historia ya no IMPORTA... ni es ni chicha ni limonada!! )

Ester despierta asustada- ¡Lucas! Despierta… no sé si fue una pesadilla pero escuché unos disparos.
-¡No fue una pesadilla, mujer! –Lucas adormilado- sonaron unos disparos… estaba despierto, sonaron extraño… ¡como lejos pero al mismo tiempo muy cerca de la casa!
Ester se acerca a la ventana y observa afuera- ¡No puede ser! Antonia está en el jardín hablando con ese periodista Morales… si los disparos hubieran sido cerca hubieran escuchado algo, pero los veo muy tranquilos.
-Esposa mía… entonces… nos estamos volviendo viejos –filosofa- ¡escuchamos ruidos dónde no los hay! Ven, ayúdame.
Pero Ester sigue intrigada mirando por la ventana.
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En el jardín.
-Lo que tiene que hacer es lo que sabe hacer, lo que anunció en el periódico –se exaspera Paquito- ¡tocar el piano!
-¡Lo que anuncio en el periódico es que doy clases de piano! –secamente Antonia.
-¡Tocar, enseñar! El piano es el piano, lo importante es que le estoy ofreciendo un contrato y va a ganar mucho dinero.
-Eso ya me lo dijo, lo que no me ha dicho es a quien le voy a enseñar.
Paquito se desespera.
-¿Usted? ¡quiere aprender a tocar piano!
-¡No exactamente! ¿se enteró que… voy a abrir un gran establecimiento en San Marino?
-¡No le entiendo, Francisco!
-¡Ay, es muy simple doña Antonia! Es un negocio que va a revolucionar las noches.
-¿Por qué no me habla más claro, Francisco? ¡es que no sé qué tienen que ver mis clases de piano con su negocio!
-¡Usted va a ser el alma del lugar! El centro, la atracción principal.
-¿Va a abrir un conservatorio en San Marino? –se ilusiona Antonia.
-¡Fría! –ríe Paquito- ¡es algo… más fino! Dónde las personas de mejor clase van a asistir… dejémonos de tonterías, la mejor forma para que usted pueda tomar una decisión es que me acompañe… ¿qué decide? –le pone su mejor sonrisa.
Pero Antonia duda.
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Hacienda Montenegro.
Soledad empieza a perder la paciencia- ¿No escuchaste lo que te dije, Marina? Por favor busca a Alcides que necesito hablar con él.
Marina cruza los brazos con insolencia- ¡Don Alcides no se encuentra en la hacienda!
-Bueno, tendré que buscarlo yo misma entonces –Soledad se dispone a subir las escaleras.
-¡Quieta! –la detiene de malas maneras y se pone enfrente - ¡le dije que don Alcides no se encuentra en la hacienda! Y creo que salió muy temprano porque no tomó su desayuno.
Soledad se acerca a ella con desprecio.
-¿Por qué me mira así? –Marina la reta.
-¡No te hagas la tonta! –con rabia contenida- ¡por tu culpa casi ahorcan a Hugo! Y Boris también se salvó de milagro, Marina… ¡traicionaste a tu patrón! –le grita- ¡y a tu marido! ¿acaso no tienes corazón en el pecho? –la mira con desprecio de pies a cabeza.
-¡Yo no le permito que me hable así!
-¡Yo te hablo como te lo mereces! –le grita furiosa- ¡cállate, desagradecida! Antes, agradece que Hugo retiró la denuncia en tu contra –la señala con el dedo- ¡deberías estar en la cárcel! ¡lo que hiciste no tiene el perdón de Dios, Marina!
Marina le levanta la mano pero se detiene.
Soledad levanta la barbilla- ¡Atrévete a tocarme! –la reta- ¡solamente ponme un dedo encima1 –se acerca más- ¡y vas a ver de lo que es capaz Soledad de Obregón!
Marina la mide con la mirada y retrocede.
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Hotel.
Hugo sigue con su jugo de naranja y sus uvas de desayuno- ¿Está seguro que Michelle no durmió en su habitación?
El único nervioso e histérico es Daniel- ¡Su cama está intacta! Acabo de preguntar en la recepción y nadie la vio entrar anoche.

(claro, y Daniel puede entrar al cuarto de una mujer soltera solo… :-D lol!! )

-Entonces tal vez sí salió de la ciudad –opina Boris- ¡pudo haber tomado una diligencia en lugar del tren!
Daniel mueve la cabeza negativamente.
-¡No puedo creer que Michelle se haya ido sin despedirse! –y toma su jugo de naranja tranquilamente.
Daniel se acerca un poco exasperado- ¿Vio algún… detalle en particular que le llamara la atención?
-¡No, no, no! –afirma Hugo- ¡ella y yo hablamos! Y aceptó quedarse –y sigue comiendo sus uvas.
Y recuerda la última vez que la vio.
“-¿Serías tan amable de dejarnos a solas un momento, por favor? –le ruega- ¡quiero hablar con Soledad!
-¡No se preocupen! Yo tengo algo que hacer, nos vemos después en el hotel -Y Michelle abraza muy fuerte a Soledad- ¡no sabes cómo te admiro! Eres una gran mujer.
Y ambas se sonríen.”

-¡Dónde puede estar Michelle! –desesperado Daniel- ¿Dónde? ¿se le ocurre dónde podría estar?
-¡Sí! –reflexiona Hugo- ¡sí! ¡Michelle se fue de San Marino! –decide- ¡creo saber por qué no se atrevió a despedirse de nadie! –y toma su jugo de naranja.
Daniel desesperado.
Boris intrigado.
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Cámara del Tesoro.
Alcides ubica lentamente a Michelle en el suelo del lugar, con los lingotes de oro rodeándolos.
-¡Es una verdadera lástima! –le cruza las manos y pone su espada en ellas - ¡estabas en el lugar equivocado, a la hora equivocada! –y luego se disculpa- creo que no podré respetar tu último deseo, Michelle… ¡no puedo decirle a mi hermano, es delatarme!
La bella Michelle reposa en paz.
-¡Tú lo sabías! Uno de los dos tenía que morir… ¡solo que a ti te tocó perder! –Alcides la mira largamente.
#
Casa Obregón.
-¡Ay, doña Antonia! –Paquito ya no puede más- ¡la mejor decisión que usted puede tomar es que conozca el lugar! Le pido de favor que me acompañe.
-¡No puedo! Tengo que regar mi jardín.
-¡Doña Antonia! –Paquito cambia de táctica- ¡le pago mil pesos si me acompaña!
Antonia se sorprende- ¿Mil pesos? ¡eso es mucho dinero! Es lo que ganamos todos en la casa.
-¡Y es lo que yo doy de propina! ¿vamos?
-Eh… ¡sí! –se decide- espéreme un momento, le aviso a mi familia –lo mira con mucha ansiedad - ¡ya regreso!
-¡Por favor! –porque feliz.
Y al quedar solo decide saltar y bailar y cantar- ¡Ya tengo pianista!
#
Ex-residencia Medina.
-¡Sabía que la iba a sorprender! Pero no me imaginé que le fuera a gustar tanto, señora –feliz Margó- ¿qué desean? ¡la fruta o alguna otra cosa! –a las invitadas de Gladis que se abanican rápidamente.
-¡Por ahora… solo quiero que me acompañes a la cocina! –Gladis con rabia- queridas… me disculpan un momento, ya regreso.
-¡No se preocupe, señora! Yo le traigo lo que tenga que traer.
-¡Tú no haces nada! –Gladis le susurra furiosa.
Margó abre sus ojos grandemente.
#
Hacienda Montenegro.
-¡Por tu bien! –le advierte Soledad a Marina- ¡es mejor que te retires, Marina! Porque pienso esperar a Alcides aquí… sola.
Marina la mira con rabia y luego se marcha.
Soledad la ve partir con rabia y suspira.
Luego mira alredor y recuerda.
“-¡Por qué insistes en recordarme el pasado que tanto me duele, Alcides! –a Hugo.
-¿Te duele? Pues si tanto te duele es porque te atormenta la conciencia, porque te sientes culpable por lo que le hiciste a Hugo… ¡sí, es eso! Sientes remordimiento de haberlo traicionado.
-¡No vuelvas a mencionar su nombre! –le advierte Soledad- ¡no te lo voy a pemitir.
-Soledad… tú sabes que mi pobre hermano… tuvo una muerte horrible… ¡él anhelaba que tú llegar a salvarlo, y tú… negociabas tu futuro conmigo!”

Soledad regresa a la realidad y mueve la cabeza- ¡Por más que quiera, no puedo olvidar el horror que me hiciste vivir en esta casa Hugo! ¡Todo por culpa de tu venganza!

(ayayay! :? Y no puede recordar el dolor de Hugo??)

#
Hotel.
Hugo sigue tomando su jugo y suspira- ¡Ay, Michelle, my Belle! ¿Cómo pudo? –pero le da un mordisco a su racimo de uvas.
Daniel, que está genuinamente nervioso- ¡Entiendo que si ustedes hubiesen tenido un problema, no se quisiera despedir de usted! ¿pero de mí? –duda - ¡no lo creo!
-¡A mí todavía me parece extraño que la señorita Michelle haya salido anoche tan tarde llevando su espada!
-¿Estás insinuando que tuvo un problema? –Hugo deja sus uvas un rato.

(Sí claro… :-D es super normal que una mujer salga a medianoche con su espada y no vuelva… hahaha!! :esgrima: )

-¡No podría asegurarlo, señor! Pero no se veía muy bien que digamos.
-¡Un momento! –Daniel- ¿qué pasa si es que… decidió enfrentar a Alcides?
Hugo se pone alerta- ¿Y por qué con mi hermano?
-¡Porque Michelle estaba convencida que Alcides me tiene entre ojos! Al pretender a Soledad… ¡y lo demostró el día que atendí a su hija en el laboratorio!
Hugo se inquieta- ¡Michelle se fue a enfrentar sola a Alcides! –y repite- ¿Michelle se fue a enfrentar sola Alcides? –no muy convencido.
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Cámara del Tesoro.
Alcides vuelve a armar su trampa, la ballesta está lista (para el próximo cadáver :D ).
Y luego se despide de Michelle- Esta noche regresaré a enterrar tu cadáver –le promete.
Luego se toma el brazo herido y se marcha.
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Ex-residencia Medina.
-¡Ven conmigo! –Gladis arrastra a Margó del brazo- ¡ahora mismo me vas a explicar qué hiciste con ese vestido! Pareces… una mujer de la calle.
-¡Yo siempre me he vestido así, señora! –le recuerda- ¡pensé que le iba a gustar las modificaciones que le hice al vestido, pero…!
-¡Ay Dios, no sé cómo pude aceptar tenerte en casa! Me estás haciendo pasar mucha vergüenza… ¡Matilde! –llama- encárgate de atender a las señoras, tú estás presentable.
Matilde sonríe con triunfo- ¡Como siempre, señora!
-¿Y yo qué hago?
-¡Tú te vas a encerrar en el cuarto de las sirvientas hasta que llegue mi hijo Arturo y yo pueda hablar con él! Y hasta que mis amigas se retiren… ¿entendido?
-¡Entendido señora! – se marcha presta.
#
Hotel.
Hugo con su jugo de naranja en la mano- ¡Michelle no tendría ningún motivo para enfrentar a Alcides! A menos que pensara que él lo iba a atacar –toma su jugo.
-¡Sí, tiene razón! –admite Daniel- ¡y de ser así! Me hubiese avisado inmediatamente… ¡pero entonces no entiendo! ¿qué pasó? Michelle simplemente cambió de opinión… ¡decidió irse de San Marino sin despedirse absolutamente de nadie para evitar que la convenciéramos de lo contrario!
-¡Boris! Quiero pedirte que antes que vayas para la Herrería, pases a la oficina de telégrafos, y le pongas un mensaje urgente a Andrés… ¡él ya debe haber llegado a su destino! Que nos avise inmediatamente que Michelle llegue allá.
-¡Sí, señor! –Boris se marcha.
-¿Qué piensa hacer? –pregunta Daniel.
Hugo se come fresas- ¡La voy a visitar a su país! –decide Hugo.
Daniel lo mira atentamente.
Hugo come sus fresas.
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Casa Obregón.
Alcides sale del escondite y se cubre la herida.
Pero Antonia lo ve- ¡Alcides de Medina! ¿qué hace aquí?
-¡Buenos días, doña Antonia!
-¿Volvió a esta casa para dejar otro maletín lleno de dinero? –lo ataca la bruja Antonia.
Alcides la mira fríamente- ¡Doña Antonia! No sé de qué me habla.
-¡Ayer encontraron un maletín lleno de dinero en el cuarto de Soledad! Y sé que fue usted quien lo dejó allí… ¿o piensa negarlo?
-¡Por supuesto! ¿usted no ha pensado…? Tal vez algún amigo de la familia.
-¡Más bien debo averiguar entre los enemigos de mi familia! Usted regresó a esta ciudad jactandose de todo el dinero que tiene, ha entrado en el cuarto de Soledad, más de una vez sin ser visto… ¡así que no necesito ser genio para saber que usted dejó ese dinero allí!
-¡Antonia! –la llama Ester- ¿no escuchaste unos disparos? –llega corriendo- ¡Alcides de Medina! ¿qué hace usted en mi casa?
-¡Doña Ester! Buenos días.
-¿Lo viste salir por alguna ventana?
-¡No, Ester! Me lo crucé aquí en el jardín, no tengo ni idea si entró a la casa.
-¡Usted no es más que un vulgar delincuente! –Ester- ¡será millonario, pero tiene alma de ladrón! Porque solo un ladrón se atreve a entrar a una casa ajena sin pedir permiso –se enoja- ¿y seguramente usted hizo esos disparos?
-¡No sé de qué habla! Le estaba comentando a doña Antonia… que referente al dinero… tal vez alguno de los amigos de la familia lo trajo y lo dejó para ustedes.
-¿Disparos, de qué disparos hablas Ester? –Antonia- ¡yo no escuché absolutamente nada!
-¡Sabemos que usted dejó ese dinero en el cuarto de mi hija! Si lo vuelvo a encontrar merodeando por mi casa, voy a llamar a la policía.
Alcides se da cuenta que está sangrando- ¡Señoras, me tengo que marchar! En otro momento, con mucho gusto, continuamos conversando del tema, con permiso –las deja.
-¡Insolente, descarado, sinvergüenza! –grita Ester a todo pulmón.
-¡Señoras! –llega corriendo Paquito- ¡por Dios! ¿a quien le gritan?
#
Hacienda Montenegro.
Soledad sigue esperando.
Arturo aparece en el piso superior y la espía.
Soledad siente su mirada y se da la vuelta pero no lo ve.
Arturo se esconde.

(Y ahora Arturo cómo entró?? :shock: )

-¡Qué extraño! –se asusta Soledad.
#
Ex-residencia Medina.
-¡Le dije a Arturo que no era buena idea traerme a vivir a su casa! Doña Gladis no me va a querer nunca por más que esté vestida de princesa.
En ese momento entra Hércules por la ventana- ¡Hércules, mi amor, qué sorpresa! –lo abraza- ¿estás loco? Don Arturo no está pero…
-¡Yo sé que salió porque llevo rato vigilando la entrada! Esperé el mejor momento para entrar a verte.
-Si don Arturo te ve conmigo te mata, voy a cerrar con llave –cierra la puerta.
-¿Y ese vestido, te lo regaló don Arturo?
-¡No! Me lo dio doña Gladis, es el vestido de sirvienta… ¡pero le hice unas modificaciones! ¿te gusta?
-¡Me dan deseos de comerte a mordiscos! –Hércules la besa con pasión.
Y ambos se tiran a la cama.
#
Residencia Rebeca.
-¡Estás sangrando, Alcides! –Eloísa.
-Ayúdame a curar la herida.
-¿Esa herida te la hizo Michelle con su espada? ¡eso quiere decir que se escapó! –se espanta- ¡y si lo hizo debe estar en la policía denunciándonos y yo no quiero ir a la cárcel, Alcides! –se pone histérica.
Alcides tranquilamente se cura solo - ¡Michelle está muerta! –le anuncia- ¡ayúdame a curarme la herida!
Eloísa se queda de una pieza, y lo mira con espanto.
#
Hotel.
Hugo y Boris hacen maletas.
Entra Daniel con una maleta- ¡Permiso!

(bueno, deberían ser menos evidentes… :eek: ahora que Michelle ya no paga la cuenta… ¿no se pueden quedar? ¡qué vergüenza! [-X )

-¿Usted también se va del hotel? –Hugo.
-¡Sí, compré el laboratorio del Dr. Maximiliano! Allí tengo dónde dormir y ya casi todas mis cosas están por allá, lo único que me faltaba era esto… ¡ya pagué la cuenta del hotel!
-¡Nosotros también debemos irnos! –le dice Hugo- ¡ya no tiene sentido que nos quedemos aquí ahora que Michelle se fue!
-¿Nos vamos a la Cabaña del bosque? –pregunta Boris.
-¡Sí! Iré pagando esa propiedad a mi hermano poco a poco.
-¡Nos estaremos viendo! –Daniel le da la mano.
Hugo se la estrecha- ¡Cuente con eso!
Daniel se dispone a irse.
-¡Doctor! –lo detiene Hugo- Si sabe algo de Michelle… por favor avíseme.
-¡Por supuesto que lo haré! - se marcha.
-Señor… ¿usted cree que la señorita Michelle sí salió de San Marino?
-¡No! Michelle no ha salido de la ciudad… no quise decirlo delante del doctor… ¡pero eso es imposible! Michelle me ama tanto como yo amo a Soledad… cuando se ama de esa manera… ¡no se renuncia tan fácil!

(y si tanto crees… qué haces tan tranquilo?? :o )
#
Casa Obregón.
-Señoras, no quiero ser inoportuno… -Paquito toma un café- ¿a quien le estaban gritando?
-¡A Alcides de Medina le ha dado últimamente por venir a merodear la casa!
Paquito piensa – ‘Es de esperarse, si aquí está el tesoro, Alcides debe venir muy a menudo… ¿pero qué habrá pasado con Michelle? ¿Alcides se hizo cargo de ella?”
-¡A propósito de extraños! –Ester lo despierta- ¿a qué debemos su visita, señor?
Paquito mira a Antonia- ¿Antonia no le contó?
-¡Contarme qué!
-¡Nada! –se apresura Antonia- prefiero enterarme bien de qué se trata y luego te explico… ¿nos vamos señor periodista?
-¡Por supuesto! –se levanta raudo- ¡Doña Ester, fue un placer! –le besa la mano- ¡Antonia!
Y ambos salen.
Se cruzan con Úrsula.
Paquito la m ira con admiración.
-¿Y Soledad? –Ester.
-¡La señora Soledad salió muy temprano! Fue a verse con don Alcides de Medina.
-¿Cómo?
#
Residencia Rebeca.
-¡Alcides! Esa herida se ve profunda y está muy fea… debería verte un médico… ¡aguanta!
-¡Sí, cómo no! Ahora mismo voy a al hospital para que me atienda Sirak, y si me pregunta por la herida le digo que me clavé una flecha tratando de salvar a Michelle Philippe en el cuarto del Tesoro.
-¡Alcides, todo esto se está complicando demasiado! –trata de vendarlo.
Alcides gruñe- ¡Ay, despacio!
-¡Es que estoy muy asustada! Muy pronto todo el mundo va a tratar de buscar a Michelle por todo San Marino… ¡tengo mucho miedo!
Alcides gruñe y suspira con dolor- ¡Bueno, de ti depende que vayas a prisión o no!
-¿A qué te refieres?
-¡Vas a tener que seguir mis instrucciones al pie de la letra! –le advierte- ¡hazle otro nudo para que no se salga! –se muerde los labios.
#
Hacienda Montenegro.
Soledad sigue esperando.
Cuando Alcides entra y la ve se sorprende y le sonríe fascinado- ¡Soledad!
Soledad se levanta impaciente- ¡Llevo media mañana esperándote!
Pero Alcides cierra los ojos y sueña.
-¡Alcides! –lo llama Soledad fastidiada.
Pero Alcides simplemente sonríe soñador- ¡Salí temprano a hacer unas diligencias! Por favor, siéntate.
Soledad lo mira fríamente y no se sienta.
-¡Soledad, no sabes qué alegría me da tenerte aquí en mi casa! ¿qué puedo hacer por ti?
-¡Nada!
Alcides pierde la sonrisa.
-¡De eso precisamente venía a hablarte, Alcides! Yo no necesito tu ayuda –y le muestra el bolso con dinero- me imagino que sabes qué es esto.
-¿Qué es?
-¡Tú sabes qué es! Porque tú eres la única persona que pudo haber entrado a mi recamara y dejar una bolsa repleta de dinero –molesta.
-¡Ay, es el famoso dinero! Anoche mi hermano estuvo aquí reclamándome lo mismo.
Soledad se sorprende.
-¡Soledad, yo no tengo nada que ver con eso! –miente- ¡pero he estado pensando… he estado pensando.. Michelle es tu amiga! Ella tiene mucho dinero, tal vez ha estado tratando de ayudarte sin que tú lo notes.
-¡Alcides! ¿Cómo puedes mentir con tanta tranquilidad? –se enoja- ¡Por eso es que jamás pude fijarme en ti! ¡detesto las mentiras!
Ester entra corriendo- ¡Soledad!
-¿Mamá?
-¡Este hombre es un farsante!
Alcides la mira sorprendido.
-¿Mamá, qué haces aquí?
-¡Úrsula me dijo que viniste para acá a enfrentarlo sola! Es la segunda vez que me lo encuentro hoy.
-¿Cómo la segunda vez?
Alcides simplemente sigue mirando a Soledad como alelado, sonriendo como un tonto.
-¡Alcides de Medina viene de nuestra casa, hija! Estaba otra vez merodeando, Antonia lo descubrió.
Soledad lo mira con aprehensión.
Pero Alcides la mira con una sonrisa de soñador.
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Taberna.
-¡No abras los ojos, Antonia! Confía en mí, ya casi llegamos… ¡ábrelos! ¿lindo no?
Antonia abre los ojos y se encuentra en la Taberna y se espanta- ¿Qué significa esto?
-¡Es un cabaret!
-¡Dios mío! Esta es la taberna de mala muerte dónde viene gente indecente –lo ataca.
-¡No exagere! No es una taberna de mala muerte, al contrario –trata de convencerla- ¡siéntate! A partir de hoy las cosas van a cambiar aquí… van a ser… ¡las noches de Paquito con su Paquitas! Pero necesito un pianista… por eso estás aquí.
-¿Usted quiere que yo trabaje aquí? –sin aire.
-¡Sí!
-¡No! En este lugar de perdición no… -grita- ¡pensé que era algo serio! –se levanta para marcharse.
-¡Es en serio, por favor Antonia! –la persigue- Antonia, no te vayas… tranquila… te necesito… por la gente no te preocupes, va a ser lo mejor de San Marino… -sufre.
Las chicas entran con los nuevos vestidos para el espectáculo
Antonia se esconde detrás de Paquito.
Paquito toma aire.
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Ex-residencia Medina.
-¡Tú sigues siendo el hombre de mi vida! –suspira Margó luego de hacer el amor con Hércules- Te juro que muy pronto voy a regresar a la casa, pero tienes que tranquilizarte y no seguir metiéndote en el camino de Arturo.
-¿Por qué? ¿te habló de mí, quiere atacarme?
-¡No me ha dicho nada! Y tampoco creo que quiera hacerte daño.. ¡don Arturo no es tan malo cómo tú crees!
Hércules se sorprende.
-¿Sabías que era militar? –Margó ilusionada- ¡ahora entiendo tantas cosas! Porque aparentemente es tan duro, es porque todos los militares son muy serios.
Pero Hércules está celoso- ¿Te gusta don Arturo?
-¿Estás celoso?
-¡Por supuesto!
-¿Pero de que, mi amor? ¡por más que don Arturo quiera acostarse conmigo, no puede!
Pero Hércules no sonríe- Ven conmigo antes que don Arturo regrese.
Pero Margó no sonríe.
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Hacienda Montenegro.
Alcides sigue sonriendo alelado.
-¡Antonia y yo lo acabamos de ver en los jardines de la casa! –acusa Ester- seguramente iba a entrar de nuevo a tu habitación a dejarte más dinero… ¿o me equivoco?
Alcides la mira- ¡Doña Ester! ¿Por qué están tan seguras que fui yo? Alguien debió entrar.
-¡Alcides, por favor, por qué tienes que ser cínico! Esta no es la primera vez que entras a mi cuarto a escondidas –Soledad enojada- ¡también lo hiciste cuando rescataste a Hugo de los inversionistas!
Arturo los vigila.
-¡Hija, vámonos de aquí! No vale la pena seguir discutiendo con este hombre.
-¡Alcides, gracias! De verdad –le pasa la bolsa- ¡pero no me puedes comprar! Ni siquiera con todo el oro del mundo, te lo agradezco.
Y como Alcides no toma el dinero, Soledad lo deja caer.
Soledad se marcha con Ester.
Alcides se queda sorprendido mirando el dinero en el suelo- ¡Yo solo… quería ayudar!
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FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
Alguien secuestra a Aurora.
Soledad, con Daniel, acusa a Alcides-¿En dónde está mi hija?

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