LA TRAICION 088 – ¡ESTAS DESPEDIDA! – 2/junio/2008

Con Mario Cimarro y Dana García
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Mabouchita
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LA TRAICION 088 – ¡ESTAS DESPEDIDA! – 2/junio/2008

Postby Mabouchita » Thu Jun 05, 2008 2:21 am

LA TRAICION 088 – ¡ESTAS DESPEDIDA! – lunes 2 de junio de 2008

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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez

Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano

Escrito por (a partir del capítulo 65)

Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano

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Casa Obregón.
-¡Michelle es mi amiga! –nerviosa se arregla el pelo- ¡y es una gran mujer! Independiente, que no se va a dejar cegar tan fácilmente por el amor… ¡a ella no vas a poder engañarla como a mí, Hugo! –y sonríe con amargura y rencor.
-¡Preferiría que no hablemos de Michelle! –corta Hugo.
-¿Y por qué no? –Soledad sin complejos- ¡Si tú me acabas de preguntar por Daniel y yo te respondí! ¿entonces por que no podemos hablar de Michelle? ¿por qué??
Hugo calla.
-¡Me sentí muy mal por ella el día que salió corriendo del laboratorio! Yo sé que… que ella se sintió incomoda porque estábamos juntos otra vez.

(ESE dia?? se supone que fue hoy mismo!! :roll: )

-¡Michelle se...! –Hugo duda y luego sigue - ¡se sintió un poco indispuesta, se sentía mal! Incluso le pidió a Andrés que se llevara su equipaje por adelantado porque se quería ir de San Marino.
-¡Qué! –se espanta Soledad- ¡no lo sabía!
-¡Sí! –sigue Hugo- después hablamos y recapacitó, se dio cuenta que estaba equivocada.
-¿Y entonces ya no se va?
-¡No! No se va… cambio de planes.
Soledad parece aliviada- ¡Ah! Sí, claro… bueno… me alegra mucho… ¡mejor entremos a la casa para que puedas ver a la niña! –decide- ¿te parece?
-¡Sí! –acepta Hugo- ¡gracias por permitirme ver a mi hija! Lo que estás haciendo habla de tu buen corazón.
Y Soledad lo mira largamente y luego entra a su casa.
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Habitación Soledad.
Antonia manosea los billetes- ¡Dios mío! –se asusta- ¡es mucho dinero! ¿de dónde salió, cómo llegó hasta aquí.
Úrsula la observa.
-¡Antonia! –entra Ester- ¿y ese dinero?
Aurora en la cuna las observa.
-¡No lo sé, Ester! Úrsula dice que estaba aquí con la niña y que encontró este maletín lleno de dinero, pero no sabemos de dónde salio.
Ester ríe de oreja a oreja- ¡Es un regalo de Dios! –decide- ¡es un milagro que nos cae del cielo! –y toma los billetes con codicia- ¡lo estábamos necesitando!
Pero Antonia no cae en esto y se lo impide- ¡Déjate de decir tonterías, mujer! No sabemos de dónde salió, de quien es.
-¡Pero Antonia!
-¡La pobreza te está enloqueciendo, Ester!
-¿Pero de dónde pudo haber salido tanto dinero? –Úrsula.
-¡Si estaba aquí, en el cuarto de mi hija… tenemos que preguntarle a Soledad!
Y las cuatro, incluyendo la bella bebé miran intrigadas el bolso con dinero.
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Sala.
Soledad con cara seria entra para encontrarse con Úrsula, Antonia y Ester que lleva el bolso con dinero - ¡Hija! Te estaba buscando, Úrsula encontró este maletín repleto de dinero en tu habitación… ¿de dónde lo sacaste?
Justo detrás de ella entra Hugo que escucha la conversación.
-¡Hugo de Medina! –lo ataca Ester apenas lo ve.
Soledad lo mira como pidiendo disculpas.
Hugo enfrenta a las mujeres.
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Hacienda Montenegro.
-¿Qué piensa hacer, patrón, cómo va a enfrentar a don Arturo? –Hércules.
Alcides cacahuetes -¡Voy a estar preparado por si ataca! –y se come sus nueces con ruido- ¡pero tengo algo mucho más importante que hacer!
-Pero no me puedo quedar de brazos cruzados –terco Hércules- ¡él se llevó a mi mujer!
-¡Si esa mujer es para ti pronto la tendrás en tus brazos! –filosófico- ¡yo te ayudaré a rescatarla! Te encargarás de mi seguridad, Hércules, y de seguir llevándole las cartas a Eloísa.
(Y hablando de Roma )
Eloísa aparece- ¿Hablaban de mí?
-¡Por lo visto tendré que mandar a cerrar los pasadizos de la casa! –con fastidio Alcides que no deja de comer sus nueces.

(hum… :twisted: una buena muerte de Alcides será que se atragante con sus cacahuetes)
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Ex-residencia Medina.
Gladis sigue en todos sus estados por la presencia de Margó- ¡Arturo, de dónde sacaste semejante locura! ¿Cómo puedes pensar que yo viva con esta...? –y se atraganta la palabra- ¡en mi propia casa!
Arturo tranquilamente sentado la observa con un pequeño placer.
Margó se pasea.
-¿Qué les voy a decir a mis amigas cuando vengan a tomar el té?
Arturo con una copa en la mano y una mano inútil.

(Bueno, :? Gladis debe ser ciega para no darse cuenta todavía!! )

-¡Pues si alguna de tus amigas sabe que Margó trabajaba en la Taberna será porque ella misma estuvo ahí! Por lo cual será tan sinvergüenza cómo dices tú de Margó.
Margó ríe divertida.
-¡No te voy a permitir que me faltes al respeto, soy tu madre! –grita Gladis y luego se enoja por la risa de Margó- ¡mírala, cómo se divierte a mis anchas!
-¡Gladis! –le corta Arturo- ¡Margó se va a quedar en esta casa a trabajar a mi servicio y punto!
Margó sigue riendo.
-¡Voy a hablar con Hércules para que saque a esta mujerzuela de mi casa!
-¡No lo vas a volver a encontrar aquí! –Arturo seco- para tu información ese traidor se ha convertido en el nuevo sirviente de mi peor enemigo… ¡Alcides de Medina!
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Casa Obregón.
-¡Buenas noches, señoras! –cordialmente Hugo.
-¡Serán buenas para usted! –le gruñe Ester- ¡para mí no, por su regreso a esta casa!
Soledad la mira con regaño - ¡Ya hablamos de esto, mamá!
-¡Así es! –Antonia agriamente- ¡pero aunque nosotros aceptamos tus peticiones este señor tiene que saber que su presencia no nos es grata!
-¡Están en su derecho! –acepta Hugo.
Pero Soledad está molesta- ¡Esto no tiene por qué ser motivo de discusión! Ya habíamos llegado a un acuerdo y no tiene por qué haber más enfrentamientos.
-¿Pero qué hacemos con el maletín? –se preocupa Úrsula.
-¿Y de dónde fue que salió ese dinero? –Soledad.
Hugo observa el maletín.
-¡Estaba sobre su cama, señora!
-¡Qué! –se espanta Soledad- ¡pero quien pudo dejar una bolsa llena de dinero sobre mi cama en mi habitación!
-¡Alguien que quiere comprarnos para poder entrar libremente a esta casa! –Ester acusa a Hugo.
Soledad lo mira extrañada.
Hugo simplemente suspira y la mira.
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Hacienda Montenegro.
-¡No podía quedarme esperando sin saber qué cosa habías hecho con Daniel Von Sirak! –Eloísa- tengo los nervios de punta, Alcides.
-Hércules… da una vuelta por la hacienda –lo despide Alcides- ¡comprueba que no haya nadie por los alrededores!
-¡Sí, patrón!
-¡De ahora en adelante tendrás que dormir con un ojo abierto y la pistola debajo de la almohada! Si no quieres que Arturo te sorprenda –le advierte.
Hércules asiente en silencio y se marcha.
Eloísa lo ve partir- ¿Qué sucede entre Arturo y Hércules? –toma asiento.
-¡Nada que te interese! –sigue comiendo.
-¡Te siento agresivo, Alcides! Y no me has respondido qué pasó con Daniel… ¿lo mataste?
-¡No lo puedo matar ahora! Si le quito la vida… Soledad sufriría mucho… ¡se acaba de comprometer con él! –suspira- ¡y él se convertiría en San Bon Sirak!
Eloísa se divierte y ríe- ¡Recapacitaste después de lo que te dije, qué bueno! –le da lecciones.
Alcides la mira como para cocinarla viva-Cuando vi que ese imbécil y Soledad se besaban me salí de mis cabales… ¡no puedo dejarme llevar por mis impulsos como hacia antes! -Y Alcides recuerda a Vladimir y sus enseñanzas de meditación - ¡Tengo que aprender a controlar mis impulsos!
-¿Me estás diciendo la verdad o me estás engañando para hacerme creer que eres un angelito caído del cielo? –con sorna Eloísa.
Pero Alcides la mira con ojos bien negros.
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Hacienda Montenegro.
Margó termina de hacerle la curación del muñón a Arturo- Te portaste como un ángel… gracias por defenderme delante de tu madre.
-No… en realidad lo hice solo para molestarla, me tiene harto con su cantaleta del linaje de la familia y el abolengo… ¡por cierto, Margó… abolengo es cuando una familia tiene antecesores ilustres como es el caso de los de Linares! –se toma el tiempo para explicarle con casi cariño.
Margó ríe divertida- ¡Hablas tan bonito!
Arturo la mira con un brillo de ilusión.
-¡Hayas hecho lo que hayas hecho! –le sonríe Margó- ¡aquí dentro de mi corazón… yo sé que eres un hombre bueno!
-¡Margó! –se sorprende Arturo- ¿de qué estás hablando? ¡acabo de obligarte que dejes a tu marido para que vengas a trabajar aquí! Y me vienes a decir que soy un hombre bueno.
Margó sonríe inocente - ¡Yo sé que me vas a dejar volver cuando… se te pase la rabia!
-¡No, Margó! Yo nunca te voy a dejar volver – terco Arturo- ¡ese miserable tiene que pagar cara su traición!

(no te creo Arturito… :D te interesa Margó! )

Margó suspira con paciencia y mira a lo lejos.
-¿Cuánto amas a Hércules? –se interesa Arturo.
-¡Mucho! –le confiesa - ¡y por más que me encierres en esta casa de tanto… abolengo…! –divertida- ¡no voy a dejar de amarlo! –seria.
-¿Y tú… le comentaste a Hércules que yo no pude hacerte mía en la cama… por el problema que tengo?
Margó abre grande los ojos y asiente en silencio- ¡Sí, yo le conté! Que no había podido ser tuya en la cama… pero por eso yo sé que no va a tratar de hacerte daño –se apresura.
Arturo la mira en silencio, con una mirada diferente… muy diferente.
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Hacienda Montenegro.
Hércules cumple su encomienda y se pasea por la hacienda cuando de pronto encuentra a Marina tomando un baño a la luz de la luna.
La bella Marina está cubierta de espuma, desnuda.
Hércules se oculta y la observa con una sonrisa.
Marina se acaricia las piernas de manera seductora.
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Herrería.
Boris, tarde en la noche, con una camisa limpia se acerca al fuego y ve la botellita de jalea que le trajo Úrsula y la toma en sus manos y sonríe añorando.
“-¡Quería sorprenderte y cómo en los últimos meses me he dado cuenta de lo mucho que te gusta la jalea de mango –tímida Úrsula- te traje! La hice yo misma para ti.”
Boris abre la jalea y la degusta con el dedo meñique y recuerda el beso tímido y tierno que le dio a Úrsula y sonríe, luego juega con el frasco de jalea.
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Casa Obregón.
Úrsula deduce - ¡La persona que dejó ese dinero en el cuarto tiene que haber entrado por la ventana!
-¡Como los ladrones! –Antonia acusadora a Hugo- ¡sólo que esta vez en lugar de llevarse el dinero lo dejó para chantajearnos!
Soledad indignada la mira.
Hugo sorprendido - ¿Pero cómo pueden pensar que yo soy capaz de semejante agravio?
-¿De qué no es capaz usted, Hugo de Medina?
-¡Doña Ester, yo no tengo dinero! –le recuerda Hugo- ¡lo perdí todo!
Soledad baja la mirada.
-¡Con lo gano en la herrería apenas sí me alcanza para vivir! ¿de dónde iba a sacar esa cantidad de dinero? –molesto - ¡Además sería incapaz de entrar a esta casa sin su autorización! Y mucho menos al cuarto de Soledad.

(bueno… 8-) ehem… ya entraste una vez Huguito!! :D )

Soledad lo mira y enfrenta a su madre- ¡Yo le creo, mamá!
-¡Sí! Por creerle a este hombre mira adónde hemos llegado.
-¡Soledad! Por Dios… despierta… ¡Hugo de Medina no ha traído sino problemas a tu vida! –la apoya agriamente Antonia.
-¡Bueno, basta ya las dos! –Soledad levanta la voz- solamente hay una persona que pudo dejar esa cantidad de dinero en mi habitación.
Todos la miran.
-¿Quién, si se puede saber? –Ester.
-¡Michelle! –deduce Soledad.
-¡O Alcides! –agrega Hugo.
Soledad lo mira con espanto.
-¡Entonces fue Alcides de Medina! –exclama Ester- ¡otra vez ese apellido maligno vuelve a entrar a esta casa para perjudicarnos! ¿hasta cuando?

(ay Estercita… :-? déjame recordarte que tú metiste a Alcides a tu casa!!)

Hugo calla.
-¡Mamá, mañana mismo le voy a llevar a Alcides ese maletín y me va a tener que dar una explicación! No es posible que esté entrando a la casa cuando quiera.
-¡Por eso yo digo que tuvo que haber entrado por la ventana! –Úrsula.
-¡Un momento! –les recuerda Hugo- ¡no me consta que haya sido Alcides! Son especulaciones mías… lo digo pues… ¡porque todos sabemos que se volvió millonario!
-¡Tiene que haber sido Alcides! Pero se trata de la habitación de mi hija –se asusta Soledad- ¡él no puede estar entrando a esta casa sin autorización.
-¡Eso es inconcebible, Soledad! –Antonia.
-¿Cómo pudo entrar sin que nos diéramos cuenta? –Ester- ¿a que hora?
-¡Úrsula, por favor acompaña a Hugo a la habitación de la niña! –ordena Soledad.
-¡Sí, señora! Sígame.
-¡Con permiso! –Hugo la sigue.
Al quedar solas… Soledad duda- ¿Realmente fue Alcides?
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Hacienda Montenegro.
-¡Alcides, no me gusta que me veas con desconfianza! –Eloísa se da cuenta de la mirada negra- ¡somos aliados, tengo derecho a saber de tus pasos!
-¡No tienes derecho a nada! –Alcides deja de comer para regañarla - ¡durante meses te estuve dando dinero para que me ayudaras a ganar el corazón de Soledad! Y no conseguí nada.
-¡Lo intenté, te lo juro! No desaproveché una sola oportunidad para decirle a Soledad lo bueno que eres –exagera la voz- ¿pero qué puedo hacer? ¡ella no quiere saber nada de ti!
-¡Se suponía que te hicieras su confidente! Que me ayudaras a ganar su corazón… y resulta que ahora Dr. Sirak le acaba de pedir en matrimonio –con rabia se levanta- ¡Eloísa! ¿qué has hecho por mi en todo este tiempo? ¡dame una sola razón para que te siga dando dinero! ¡una sola!
Eloísa no sabe qué responder.
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Hacienda Montenegro.
-¡Tú no debiste decirle nada! –molesto Arturo- ¡Margó, eso es mi vida privada! Imagínate que ese miserable abra la boca… todo San Marino va a saber que soy… -se corta- ¡impotente!
-¡Ay, Arturo, perdóname! Hércules no va a decir nada… Él no está loco –lo tranquiliza- ¡yo le conté que cuando el Dr. Max se suicidó era yo quien te estaba cuidando! Si no ha dicho nada sobre tu mano… ¿Por qué va a contar… eso lo de tu problema?
Arturo se calma- ¡Quizás tengas razón! –suspira- Tú solamente has servido para curarme, pero yo voy a poder hacerte mía, ya lo verás.
-¡Arturo, mientras sigas presionándote la mente… no lo vas a lograr!
Golpean a la puerta- ¡Arturo! –grita Gladis- ¿Dónde está la mujercita que trajiste? ¡no la encuentro por ninguna parte!
-¡Yo no sé, madre, búscala en el cuarto de servicio! –grita Arturo.
Detrás de la puerta- ¡Ya estuve allí, y Matilde me dijo que allá no está!
-¿Y para qué la buscas?
-¡Porque si va a trabajar de criada quiero que aprenda las reglas de mi casa! –le grita.
-Creo que ahora te va a tocar enfrentarte a la bruja del bosque –casi con una sonrisa a Margó- espera… si te ve salir ahora se va a escandalizar –la detiene- ya viste cómo te insultó hace un rato.
Pero Margó es dura de roer- ¡No te preocupes! Yo estoy acostumbrada que mujeres como tu mamá me insulten.
-¡Pero al menos ya aceptó que te quedaras! Anda buscándote por todos lados, espera un momento y luego sales y la buscas.
Margó le sonríe.
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Hacienda Montenegro.
Marina sigue con su baño de espumas a la luz de la luna y se da cuenta que Hércules la mira.
Coqueta sonríe divertida y se expone más sensualmente, se acaricia el cuerpo lentamente.
Hércules fascinado.
-¡Hércules! –finge Marina sorpresa- ¿qué haces acá?
Hércules sale a la vista- ¡Perdón, no fue mi intención! Estaba buscando a don Alcides –le sonríe- ¡permiso!
Marina se levanta completamente desnuda y lo llama- ¡Hércules! Me enteré que le dijiste a don Arturo que tú y yo teníamos un romance secreto –y se mueve sensualmente.
Hércules la mira- ¡Sí! Pero fue una mentira para defender a don Alcides… ¡permiso! –se marcha luego de darle una buena mirada.
Marina sonríe con triunfo.
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Casa Obregón.
-¿Y la visita de Hugo de Medina par ver a la niña será todos los días? –Ester acusando.
-¡Mamá, no sé! Y ya no insistas, no preguntes más –Soledad con fastidio.
-¡No dejo de preguntarme cómo Alcides de Medina entra a esta casa, va directo a tu cuarto y no nos enteramos! –Antonia.
-Pero no es la primera que lo hace –reflexiona Soledad- ¿recuerdan cuando los inversionistas vinieron a registrar la casa? ¡esa vez, Alcides sacó a Hugo sin que nadie se diera cuenta!
-¡Es verdad! –Ester.
-¡Hola! –entra Michelle.
-¡Michelle! –le sonríe Soledad sinceramente- Hola… ¿estás aquí porque… te enteraste que Hugo vino a visitar a la niña?
-¡No, Soledad! Él me dijo que venía a eso, pero no estoy aquí por eso –y luego se da cuenta de la seriedad de las tres- ¡a lo mejor… fue un poco inoportuno y no debí haber venido! Es un poco tarde.
-¡No, Michelle! Te quería hacer una pregunta… ¿tú dejaste en mi habitación una bolsa llena de dinero?
Michelle se sorprende.
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Habitación de Soledad.
-¡Eres tan hermosa, hija mía! –Hugo la tiene en brazos- ¡tan hermosa!
Aurora se chupa la manito.
-¿Sabías que tienes los ojos más lindos de San Marino? –sigue Hugo con una sonrisa enternecedora.
Úrsula los mira y sonríe con ternura (es bella!!)
-¡Sí! Eres tan bella como tu mamá –sigue Hugo- ¡y vas a ver que pronto te vas a curar y vas a llevar una vida como todos nosotros! –le promete- ¡una vida normal! –y luego a Úrsula- ¡Úrsula, muchas gracias por avisarme que mi hija se encontraba mal! –le agradece.
-¡No es nada, don Hugo!
-¡Úrsula! –entra Lucas con sus muletas y se sorprende- ¡Hugo, Hugo de Medina!
Hugo lo mira con aire culpable.
Lucas baja la mirada.

( :? la verdad no entiendo por qué Hugo es culpable de nada con Lucas!!)

-¡Con permiso! –Úrsula toma a la niña- ¡tengo que bañar a Aurora! –se marcha con ella.
Hugo y Lucas se miran en silencio.
-¡Don Lucas! –empieza Hugo.
-¡No! –le corta Lucas- ¡usted y yo no tenemos nada de qué hablar! Entre los dos ya está dicho absolutamente todo.
-¡Por favor, déjeme aprovechar que nos vemos después del juicio! Don Lucas… yo quisiera pedirle perdón… sé que por mi causa ha estado algún tiempo sin caminar.
Lucas se tambalea en sus muletas- ¿Usted le llama esto caminar, Hugo?
Hugo lo mira con pena.

(ay no!! ](*,) No empecemos con Lucas y sus lamentos!! )

-Si es así, doy por buenas sus palabras –amargado Lucas.
-¡Le agradezco su venia! –Hugo lo mira con compasión y con ojos rojos- ¡para que yo pueda ver a mi hija!
-Es mejor que regrese a mi habitación, Hugo.
-¡Don Lucas! –lo detiene- ¡nada de lo que yo diga hará que cambie la opinión que tiene sobre mí! Yo sólo quiero que sepa que no ha pasado un solo día sin que yo deje de pensar en el daño que le hice a usted y a su familia… ¡créame!
Lucas lo mira largamente.
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En la sala.
-¡De ninguna manera, Soledad! –categórica - ¡entrar a tu cuarto a escondidas y dejar una bolsa con dinero como una intrusa no es mi estilo!
-¡Si, Michelle, perdóname! Eso mismo pensé.
-Además, te he ofrecido ayuda muchas veces… ¡nunca la has aceptado!
-¡Es verdad!
-¡Entonces Hugo está en lo cierto! –Antonia- ¡fue su hermano Alcides!
-¡Alcides de Medina entró a esta casa y dejó una bolsa llena de dinero en tu cuarto! –espantada Michelle.
-¡Así es! –Ester- un hermano entra a escondidas y el otro entra con permiso –con cizaña- ¡estamos a merced de esos bandidos! Permiso –se marcha.
-¡Qué horror! –la apoya Antonia y la sigue.
Michelle suspira- ¡Soledad, no me gusta para nada ese hombre! Tienes razón en desconfiar de él.
-¿Por qué lo dices, pasó algo?
-¡Sí, en el laboratorio! ¿te acuerdas que cuando llegamos con Aurorita enferma él estaba allí? No te diste cuenta porque estabas muy preocupada por la bebé, pero yo sí.
-¿Qué hizo?
-Mientras Daniel hablaba contigo y atendía a la niña yo vi cómo Alcides lo miraba –y recuerda- ¡tengo sus ojos clavados en mi mente!
-¡Te entiendo perfectamente! –y su mirada se va lejos- ¡Alcides me ha mirado de esa manera tantas veces! Es terrible.
-Si los ojos de Alcides pudieran matar, Daniel ya estaría muerto, Soledad –termina Michelle.
Soledad la mira preocupada.
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Hacienda Montenegro.
-¡Alcides, hice lo posible para que Soledad te viera como una posibilidad en su vida! –reclama Eloísa.
-¡No hiciste lo suficiente!
-¿Qué podía hacer? ¡cada vez que mencionaba tu nombre era como si mencionara al diablo! –le grita- ¡no es mi culpa que Soledad no sienta nada por ti!
-¡Sí, lo es! Debiste impedir al menos lo que está sucediendo ahora –enojado- ¡Soledad y ese medicucho están comprometidos!
-¿Qué iba a hacer? –se exaspera- ¡decirle que Daniel es un monstruo después que le salvó la vida al viejo de Lucas! ¡después que hizo como al Lázaro y lo puso a caminar!
Alcides la mira con sus ojos negros llenos de furia.
-¡Y no contento con eso le está buscando la cura a la enfermedad de la mocosa! –sigue con veneno Eloísa.
Pero Alcides furioso le levanta la mano para pegarla, pero se detiene- ¡Esa mocosa como la llamas… es mi sobrina!
Eloísa toma aire- ¡Alcides!
-¡Cavaste tu propia tumba! –Alcides es una fiera contenida- ¡me acabas de demostrar en un segundo que no me sirves para mis planes! ¡estás despedida!
Eloísa lo mira sorprendida.
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Hotel.
Daniel duerme y sueña.

“Soledad le toma las manos y se las pone en su cintura- Eres el hombre más bondadoso que he conocido en toda mi vida –le sonríe y lo besa con pasión.
-Y tú la mujer más hermosa que he visto en toda mi vida –y la besa con pasión.
-¡Suéltela! –entra Hugo- ¡Soledad nunca será suya porque su corazón me pertenece!
Y Hugo le hace un gesto a Soledad para que se separe de él – Perdóname, Daniel, pero Hugo tiene razón, mi corazón siempre le ha pertenecido a él –y Soledad se aleja.
Daniel mira a Hugo y se asusta- ¡Ese no es Hugo! –la detiene- ¡es Alcides! No te la vas a llevar, te estaba esperando desgraciado.
Pero Alcides saca sus pistolas y lo mata diestramente.
-¡Daniel! –Soledad corre a su lado.
-¡Alcides me disparó! –Daniel muere en sus brazos - ¡pero si tú te vas con Hugo yo me muero! Sin tu amor me muero –y la besa.
Y Alcides le vuelve a disparar a quemarropa.”

Daniel despierta respirando nervioso, sudando- ¡Daniel, tranquilo! Fue solo una pesadilla… ¿o fue una advertencia del subconsciente? –se pregunta.
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Ex-residencia Medina.
-¿En dónde estabas metida? –aparece Gladis- ¡te busqué por toda la casa!
Margó (a pesar de ser de noche, hahaha :D) saca el polvo- ¡Es que vi la casa muy desordenada! Una casa de tanto… abolengo… ¿para que me busca?
-¡Aquí tienes tu uniforme! –con desprecio Gladis- ¡cada vez que salgas del cuarto de las empleadas deberás usarlo! –le tira la ropa y sigue con su voz agria- ¡tienes terminantemente prohibido mirar a las visitas directamente a los ojos! A manera de saludo haces una venia e inclinas la cabeza.
Margó con sus grandes ojos sigue las indicaciones sorprendida.
-¡Y cuando escuches la campana es tu llamado para que salgas! –sigue Gladis- ¡ni antes ni después! ¿entendiste?
Margó mira el uniforme- ¡Sí, señora! Pero este uniforme está muy anticuado.
-¡Vas a tener que usarlo! De ahora en adelante… ¡mañana tengo invitadas a desayunar así que quiero que te comportes como si fueras una dama.
-¡Si, señora!
-¡Lo más importante, no se te ocurra por nada del mundo poner tus ojos en mi hijo Arturo! Conozco a los de tu clase, no pretendas embaucarlo con un hijo para quedarte con mi dinero.

(aha!! Por ahí vamos… estoy segura que Margó termina embarazada de Arturo!!)

Margó piensa divertida: “Si esta vieja supiera que su hijo es impotente se muere” –y no puede evitar reírse.
-¡No me gusta que te rías cuando estoy hablando!
-¡Si, señora! –hace un esfuerzo.
-Una cosa importante, no quiero que te acerques a la habitación de Arturo… ¡de su ropa y sus cosas se encarga la criada Matilde! ¿entendido?
Margó asiente - ¡Sí, señora! –y al quedar sola le saca la lengua y vuelve a estudiar el uniforme.
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Casa Obregón.
-¡Míreme a los ojos! –pide Lucas.
Hugo suspira y lo mira.
-¡Gracias! -dice Lucas- ¡si usted está aquí, Hugo, es por mi nieta! Y esa es la única razón.
-¡Lo sé, don Lucas! Y créame que se lo agradezco.
-¡No! No me lo agradezca a mí sino a mi hija, ella abogó por usted.
-¡Entiendo!
-¡Hugo! –Lucas se apoya en sus muletas y se tambalea - ¡de hombre a hombre! Le voy a decir dónde es… dónde más me duele.
Hugo lo mira con compasión, en silencio.
-¡No lo repetiría delante de mi hija! –sigue Lucas su cantaleta- ¡porque no quiero echar más leña al fuego! Pero dónde más duele… es aquí en la dignidad… ahora Hugo… ¡Hugo de Medina! –llorando- ¡soy un hombre que vivo con la deshonra de vivir mantenido por las mujeres de mi familia!

(bueno después de despilfarrar todo el dinero con Manrique y el alcohol, tiene mucha suerte!! Pinche viejo llorón!! :-x )

-¡Don Lucas, yo quisiera colaborarle!
-¡No, por favor, calle! –le corta Lucas- ¿no me entiende? ¡soy un mantenido! Un hombre que quedó sin fuerzas después del infarto que usted me hizo provocar.

(bof!! [-( )

-¿Hubiera preferido que muriera ese día en la horca? –Hugo digno- ¿cierto?
Lucas suspira - ¡No! No, Hugo, no… ¡hubiera preferido que no hubiera conocido a mi hija, nunca!
Esto le duele más a Hugo.
Lucas se marcha con sus muletas.
Hugo suspira.
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Sala.
-¡Hugo me vio con el anillo que me regaló Daniel! –le cuenta Soledad a Michelle.
-¿Lo tenías puesto cuando él llegó?
Soledad asiente en silencio.
Michelle se alegra- ¡Soledad! ¿eso quiere decir que aceptaste a Daniel como novio?
-¡No! –sinceramente- ¡es que simplemente estaba pensando! Mientras me lo probaba y en ese momento llegó Hugo… ¡así pasó!
Michelle pierde su sonrisa- ¿Y eso te tiene mal?
Soledad suspira- ¡Ay, Michelle, no sé! Estoy confundida.
-¡Confundida de lo que sientes por Hugo!
-¡No! No, no –niega Soledad- ¡no es por Hugo, esa parte ya te lo dije, yo estoy muy clara! Es por Daniel… yo sé que es un hombre maravilloso, sé que es un hombre muy bueno pero yo no tengo claros mis sentimientos hacia él.
-Me imagino, Soledad.
-¿Y tú, cómo estás?
-¡Bien, todo bien! –fuerza una sonrisa.
-¡Michelle, yo sé que cuando saliste del laboratorio no te sentías bien! ¿te molestó que le dijera a Hugo que podía venir a la casa?
-¡No, por favor, Soledad! ¿Cómo piensa eso? ¡al contrario! lo que pasó fue que te vi a ti y a Hugo y a la niña como familia…y pues tuve un momento de confusión… ¡a ustedes los une un mundo de cosas y sentimientos! –mira a lo lejos- y de repente pues…
-¡Michelle, no tienes por qué estar confundida! Entre Hugo y yo ya no puede haber nada y tú lo sabes.
-¡Sí! Pero a veces el corazón y la razón no se ponen de acuerdo –sonríe triste- ¡hasta pensé en irme de San Marino!
-¡Sí, Hugo me lo contó!
-¿Te lo dijo? –sorprendida.
-¡Hum! –afirma con una sonrisa- ¿y sabes una cosa? ¡la verdad, me alegro mucho que hayas cambiado de idea!
-¡Todavía no he cambiado de idea completamente! Todo depende de varias cosas…
Soledad se sorprende- ¿De qué?
-¡Mira… la única condición que yo le puse a Hugo para quedarme es que… ! –le confiesa- ¡nuestra relación no te hiciera daño!
Soledad queda boquiabierta.
-¿Soledad, tú crees que eso sea posible? –pregunta Michelle- ¿qué Hugo y yo podamos ser felices sin hacerte daño?
Soledad no responde.
-¡Soledad! –entra Hugo y las interrumpe- ¡Michelle, no sabía que estabas aquí! –al ver a Michelle.
Soledad lo mira nerviosa.
-¡Soledad y yo estábamos hablando, pero ya terminamos! –se levanta.
-¿Serías tan amable de dejarnos a solas un momento, por favor? –le ruega- ¡quiero hablar con Soledad!
-¡No se preocupen! Yo tengo algo que hacer, nos vemos después en el hotel -Y Michelle abraza muy fuerte a Soledad- ¡no sabes cómo te admiro! Eres una gran mujer.
Y ambas se sonríen.
Soledad llora.
Hugo las mira.
Michelle se marcha.
Soledad y Hugo se enfrentan en silencio.
#
Hacienda Montenegro.
-¡Alcides, no puedes acabar con nuestra sociedad! –Eloísa no se marcha.
-¿Por qué no? –Alcides continua con sus nueces- ¿qué piensas hacer?
-¡Conozco tus secretos!
-¡Estás hablando del tesoro de Jeremías! Piensas abrir la boca y contarles a todos que está en mi poder –calmo.
-¡No me des ideas que pueda poner en práctica! –con maldad.
-¡Estás a punto de cruzar el límite, Eloísa! –le advierte- y si lo haces tendrás que esconderte en el fin del mundo… ¡en el fin del mundo te encontraré y te mataré!
Eloísa traga saliva con miedo-Alcides… -ruega- ¡dame otra oportunidad!
-¿Para qué otra oportunidad? ¡ni siquiera fuiste capaz de averiguar quien es el verdadero padre de Soledad! Y te lo pedí mil veces en mis cartas.
-¡Para eso necesito más tiempo, Alcides! Date cuenta, no puedo llegar de buenas a primeras a preguntarle a Ester si Soledad es hija de Lucas o Jeremías Montenegro… -le acaricia seductora- ¡entiéndeme! Creo que nos estamos exaltando demasiado… mejor te doy un masaje para que te relajes.
Pero Alcides sigue comiendo indiferente.
-¡Ay, Alcides! Me encantas, eres tan viril… tan hombre…
-¿Ya terminaste? –la corta.
-¡No! Quiero darte más… ¡todo lo que desees! Simplemente pídemelo.
-¡Perfecto! Quiero… que te marches de mi casa.
Eloísa suspira con rabia, pero no se mueve.
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Taberna.
-¡No sé qué hacer! mañana es la maldita inauguración y no consigo un solo pianista –desesperado Paquito - ¡si estuviéramos en otro país, yo les aseguro que habría una fila mendigando por trabajar en este lugar, pero cómo estamos en San Marino dónde no ocurre nada! ¡parece un lugar fantasma! No sé qué hacer.
-¿Por qué no tocas tú?
-¡No exageres! –y de pronto sonríe- ¡no debe ser complicado! –y se pone al piano- ¿listas? -Y trata de tocar el piano, pero no le sale nada y furioso golpea el piano- ¡falta menos de veinticuatro horas!
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Casa Obregón.
-Hoy coloqué en el periódico el aviso para dictar las clases de piano que te dije, Ester… ¿crees que a alguien en San Marino le interese aprender a tocar el piano?
-¡Claro que sí, Antonia! Aquí hay gente decente y muy culta y el piano es un vínculo social muy importante, te van a llover las propuestas.
-¡Dios te oiga, Ester! –se ilusiona.
Lucas llega tambaleante.
-¿Qué haces levantado? –Ester quiere ayudarlo.
-¡Gracias mi amor, yo puedo! Sin querer me tropecé con Hugo de Medina, en mi propia casa.
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Ex-residencia Medina.
-¡Qué vestido tan horrible! –Margó mira el uniforme.
Y de pronto recuerda.
“- ¡Si es verdad, tú no me sacaste de un palacio ni soy una princesa! Pero sabías perfectamente quien era y a qué me dedicaba y no voy a permitir que me vuelvas a llamar… de esta forma”
Regresa a la realidad y recuerdas a Gladis gritándole a Arturo, y éste que la defiende.
“-Bueno madre, ya estuvo bueno de insultos… ¡Margó es una mujer decente! Que yo sepa ella no roba para vivir.
-¡Decente! –se burla Gladis- ¡decentes mis calzones que siempre están limpios y planchados!”
Margó regresa a la realidad y sonríe triste- ¡Arturo hizo por mí lo que Hércules nunca hizo, me defendió delante de su mamá! –dice ilusionada- ¡Ay, Margó! ¿qué cosas estás pensando? ¡este vestido está espantoso, hay que hacerle… ciertas reformas para mañana la visita! –y ríe divertida.
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Casa Obregón.
-Cuando entré al cuarto de mi hija, Hugo de Medina estaba con mi nieta… ¡bueno, con su hija! –corrige.
-¿Y qué paso? –Antonia- ¿te irrespetó? –se levanta - ¡porque si es así!
-¡No! Al contrario, fui yo quien le dije un par de cosas…
-¡Qué bueno! Ese hombre se merece todo lo malo que le pase.
-¡Así es! –Ester - ¡si por mi fuera no pondría un solo pie en esta casa!
Pero ahora Lucas se siente culpable- ¡Hugo de Medina es otra persona! Después de todo el daño que ha hecho, él se convirtió en otra persona Ester… lo pude ver en su mirada, en la forma que me hablaba, Hugo ya no es el mismo… ¡no, no es el mismo!

(perdón… :evil: ¿qué tanto les hizo Hugo?)

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Hacienda Montenegro.
-¡No quiero volver a verte nunca más! –Alcides lleva a Eloísa del brazo.
-¡Alcides! –Eloísa se debate- ¡por favor, no! No me puedes echar como a un perro.
Detrás de un jarrón se esconde Michelle.

(y cómo llegó hasta ahí?? :-o )

-Fuiste incapaz de ayudarme en mis planes, ya no te necesito.
-¡Tú y yo tenemos un trato! Y no lo puedes romper.
Michelle abre la boca sorprendida y piensa : “ ¿Eloísa y Alcides tenían planes? ¿de qué?”
-¡Tienes que compartir conmigo ese tesoro! Me lo prometiste.
Alcides ronco- ¡Eloísa, le dices una sola palabra a alguien sobre mi secreto! –la amenaza- ¡sabes lo que te va a pasar!
Michelle se asusta.
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Casa Obregón.
-¡Debiste acompañar a Michelle! –reclama Soledad.
-¡Necesito aclarar las cosas! –se excusa Hugo- ¡Soledad, yo te juro por lo más sagrado que es mi hija, que no fui yo quien entró a esta casa a escondidas a dejar ese dinero en tu recamara! Necesito que me creas… por favor.
Soledad le sonríe- ¡Yo te creo! Aunque mi corazón se ha equivocado muchas veces contigo, yo te creo.
-¡Gracias! Ahora quisiera… -suspira- ¡quisiera pedirte otro favor!
-¿Qué cosa?
Hugo saca un poco de dinero y se lo pasa- ¡Que aceptes mi ayuda!
Soledad se sorprende.
-No es mucho dinero porque apenas estoy comenzando –se excusa con una sonrisa- ¡con el negocio! Pero algo es algo… creo que te puede ayudar.
Soledad mira el dinero sorprendida por su gesto.
-¡Por favor, Soledad, no lo rechaces! –ruega Hugo- ¡yo sé las necesidades que está pasando tu familia, yo quiero colaborar! Lo puedes usar en nuestra hija.
Soledad lo mira a los ojos con una mezcla de pena y agradecimiento.
-¡Además a mi negocio le va a ir bien! –se entusiasma Hugo- ¡yo estoy convencido que en un futuro puedo traerte más dinero!
Hugo le sonríe con ternura.
Y a Soledad se le llenan los ojos de lágrimas.
♫
Cálmame, despiértame otra vez
Temo cerrar los ojos sin saber
si vas a estar conmigo al amanecer
Bésame hasta enloquecer…
♫
FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
Michelle descubre a Eloísa.
Hugo habla con Daniel sobre Soledad.

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