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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
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Hacienda Montenegro.
-¡Alcides, eso no fue lo peor! –gime y le toma la mano- ¡me entregué a él, y lo hice por ti! Porque te amo, porque no quiero que te haga daño.
Hugo traga saliva con dificultad.
-Permiso –entra Marina preciosa en un vestido rojo- ¡patrón, la señora Soledad está aquí y dice que quiere verlo!
Eloísa se pone a un lado, llorando.
Soledad entra sin esperar y ve a Alcides y Eloísa.
-¿Qué haces aquí? –pregunta fríamente Hugo.
Soledad entra sin dudar- ¡Decidí que mi lugar y el de mi hija está al lado tuyo! –le anuncia.
Detrás de ella entra Úrsula con el bebé en brazos.
-¡Por eso vine a vivir contigo! –termina Soledad sin sonreír.
Hugo la mira sin sonreír.
Eloísa con el rostro bañado en lágrimas la mira con odio.
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Hugo solamente mira a Soledad y cruza los brazos atrás- ¿Estás segura?
Soledad baja la mirada.
Úrsula, con el bebé en brazos, la mira inquieta.
-¡Sí, completamente! –Soledad lo mira a los ojos- ¡Yo sé que en ningún otro lugar estaríamos más seguras mi hija y yo que aquí! –con la voz cortada- ¡contigo!
-¡Muy bien! –aprueba Hugo- ¡muy bien! –repite- me alegra que pienses de esa manera.
Pero Eloísa se apresura a intervenir- ¡No deberías preocuparte, Alcides! –con voz temblorosa- ¡ya te dije que Arturo, mi prometido, me aseguró que no les haría daño!
Soledad la mira con pena.
Hugo sonríe apenas- ¡Esta casa le pertenece a mi hija y a Soledad! –le recuerda seco- ¡en ningún otro lugar estarán más seguras que aquí!
-Eh… -duda Soledad- de todos modos nosotros tenemos que hablar y aclarar… las condiciones de nuestra convivencia –le recuerda- ¿no crees?
-¡Muy bien! Te escucho.
Pero Soledad abre los ojos como platos, sorprendida- ¡Preferiría que fuera… a solas! –y mira a Eloísa- si no te molesta.
Eloísa finge sorpresa y comprensión- No te preocupes Soledad… -hace una sonrisa forzada- ya entendí –tono de víctima- y te deseo que tengas una muy buena estadía aquí… junto a tu marido… ¡y que sean muy felices! -y suspirando ruidosamente se dispone a marcharse.
(ahahah!!! Solamente le faltó música de violines!! )
-¡Un momento, Eloísa! –la detiene Hugo- Marina, por favor, ayuda a la señora Soledad a instalarse a la casa mientras yo acompaño a la señorita Eloísa al carruaje.
Eloísa recupera todas las esperanzas.
Soledad lo mira extrañada.
-¡Bienvenidas! –dice Hugo a Soledad, Úrsula y Aurora - ¡las tres, esta es su casa! –y Hugo sale con Eloísa.
Soledad se queda molesta.
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Casa Dr. Max.
-¡Te dije que no podías entrar a este cuarto!
-Llegué aquí por error, buscaba la salida, no veo nada.
-¡Siempre has querido abrir ese armario! Y si no hubiera llegado a tiempo, lo hubieras abierto.
-¡Estoy ciego! Sólo quería irme.
-Eres un pobre miserable que no tiene dónde caerse muerto, te voy a evitar el esfuerzo de encontrar un lugar.
-¡No me vaya a matar! –suplica Guillermo- ¡adiós mundo!
Pero aparece Elena a salvarlo- ¡No se atreva a tocarlo, doctor!
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Cabaña.
-No te vas a morir tan rápido –Beatriz inyecta a Alcides- vas a morir cuando yo quiera de la manera que yo quiera, yo soy la dueña de tu vida.
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Hacienda Montenegro.
Hugo acompaña a Eloísa afuera.
Los hombres de Hugo reciben armas de manos de Boris.
-¡Jamás me imaginé que Soledad fuera a volver contigo tan pronto! –suspira Eloísa- veo que es muy astuta… perdóname… ¡pero no me lo esperaba!
Hugo la lleva de la mano- ¡A mí también me sorprendió!
-Me imagino que debes estar muy feliz con la decisión de tu mujer –Eloísa lo mira suspirando- en cambio yo… cada vez estoy más lejos de poder acercarme a ti.
-¡Qué pena, Eloísa, pero yo no puedo ofrecerte nada! –le aclara Hugo- soy un hombre casado.
-¡Nunca he pretendido que dejes de serlo! Simplemente quiero demostrarte lo mucho que me importas… y todo lo que estoy dispuesta a hacer por ti.
-Eloísa… no tienes que hacer ningún sacrificio por mí… si no amas a Arturo por qué te vas a casar con él… ¡eso es una locura!
-¡Mi decisión está tomada Alcides! Arturo cumplió con su palabra de dejarte en paz, y yo debo cumplir con la mía de casarme con él… ¡entiende que me muero si te hace algo!
-De verdad qué pena… pero no recuerdo qué relación teníamos.
Eloísa sonríe triste- Yo confío que muy pronto puedas recuperar la memoria, por el momento me conformo con ser tu amiga –le pasa la mano.
-Quedamos amigos –le besa la mano- si Dios quiere, pronto recuperaré la memoria.
-¡Señor! –Boris- el vigilante de la hacienda me acaba de decir que los hombres de Arturo de Linares vienen hacia acá y armados.
-¡Entremos por favor! –Hugo vuelve a meter a la casa a Eloísa.
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Casa Dr. Max.
-Es un mentiroso, no está ciego –el Dr. Max.
Pero Guillermo insiste.
-Yo pude verificar que está ciego –afirma Elena.
-¡Largo! –los echa de su habitación.
Al quedar solo abre su armario.
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Cabaña.
Alcides revive.
-Te salvé la vida Alcides –se burla Beatriz.
-¡Por qué me haces esto! No recuerdo nada.
-Podría matarte, estás en mis manos, puedo hacer contigo lo que quiera.
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Hacienda Montenegro.
-A mí la señorita Eloísa no me inspira confianza –Úrsula siempre juzgando correcto- ¿sí se dio cuenta de la forma cómo la miraba?
Soledad tiene a la bebé en sus brazos y responde tranquila- No, ¿qué te imaginas?
-¡Yo juraría que estaba celosa de verla aquí! –Úrsula arregla ropa- para mí que está interesada en don Alcides.
Soledad ríe- ¡Úrsula, tienes una gran imaginación! Eloísa está saliendo con Arturo de Linares, además he escuchado rumores que se van a casar.
-¿Y qué? Eso no significa que no le guste don Alcides.
-Bueno… y si eso fuera así… ¡a mí no me interesa Alcides como hombre! Sabes que estoy aquí únicamente por mi hija, además… tener que compartir con él una habitación es una tortura para mí.
-¿Eso quiere decir que cuando el pleito entre don Arturo y don Alcides se termine, podremos regresar a nuestra casa! –Úrsula se arrodilla a su lado.
-Es lo que estoy esperando –suspira Soledad- ¡ojala ahora que Arturo está enamorado de Eloísa las cosas cambien para todos nosotros!
Hugo entra corriendo- ¡Soledad! Es importante que vengan conmigo –se arrodilla a su lado.
-¿Qué paso?
-¡Arturo de Linares está rodeando la Hacienda con sus hombres! Necesito ponerlas a salvo.
Soledad lo mira con miedo.
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Cabaña
-¡No me siento bien! –Alcides tiembla como una hoja ante la mirada impávida de Beatriz.
-Es el efecto secundario de la medicina que te inyecté para salvar la vida –le aclara.
-Haz algo por favor, ayúdame.
Beatriz le pone una manta- ¡Ya! Voy a tener que ir a buscar otro medicamento –decide.
Alcides tiene espasmos.
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Hacienda Montenegro.
-¡Que maten a Alcides de Medina! –insiste Paquito.
-¡No será fácil! Alcides tiene hombres custodiando la casa, están armado.
-¡Qué importa! Tienen que matarlo, es su deber.
-¡El que da las ordenes soy yo! –le grita el jefe de banda.
-¿Le da miedo Alcides de Medina? Cobarde.
-¡No tengo miedo! No voy a sacrificar a mis hombres… ¡quédese aquí!
Paquito queda solo -¡Cobardes! Por favor que maten a Alcides de Medina…-ruega Paquito- ¡Eloísa tiene que ser mía! Solo mía.
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Hacienda Montenegro.
-¿Qué va a pasar con nosotros don Alcides? –Úrsula con el bebé.
-Las llevaré a un refugio secreto que tiene la casa mientras nosotros nos encargamos de la situación –Hugo.
Boris los sigue.
-¡Todo esto se puede solucionar de otra manera Alcides! –Eloísa- ¡yo hablé con Arturo! Me aseguró que no les haría daño.
-Eloísa, con todo respeto, yo no confío en la palabra de tu prometido –le corta Hugo- ¡la vida de mi esposa y de mi hija están de por medio! –y a Soledad- por favor entremos.
Eloísa se va para otro lado.
-¡Marina tú también! –Hugo.
-Señor, yo me quedo con Boris –decide Marina.
-Marina, por favor, hazle caso a don Alcides.
-Patrón, por favor, déjeme quedarme con Boris.
Hugo duda pero luego asiente- ¡Encárgate de ella! –le dice a Boris.
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Hacienda Montenegro.
Eloísa sale a enfrentar a los hombres de Arturo- ¡No disparen! Soy la prometida de Arturo de Linares.
-¿Eloísa, qué haces aquí? –Paquito.
-¡Te pregunto yo a ti!
-¡Soy periodista! Tengo que estar en el lugar de los hechos.
-¡Raúl, no vayas a hacer una tontería, ni vayas a entrar a esa casa! –Eloísa.
-Señorita, tengo ordenes de capturar a don Alcides y llevarlo a don Arturo.
-¡No seas estúpido! Sólo ocasionaras un derramamiento inútil de sangre.
-Con todo respeto, no se meta en esto.
-¡Raúl, obedece a mi prometida! –llega Arturo.
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Túneles
Soledad tiene miedo- ¿Estás seguro que esos hombres no van a entrar aquí?
-Este lugar sólo lo conocemos Boris y yo –afirma Hugo.
(y Enrico!!
)
-Hágale caso a don Alcides, señora, él parece conocer muy bien el camino –Úrsula.
Y Hugo las lleva en la penumbra.
De pronto Soledad se detiene y lo mira y recuerda, a Hugo que la lleva por ese mismo camino cuando el incendio.
-¿Qué pasa, por qué te detienes?
Soledad lo mira tratando de adivinar- ¡No puede ser! eres tú.
-¿De qué hablas Soledad?
-¡Tú estabas conmigo ese día aquí en este pasadizo! ¿pero cómo? Si todos te dábamos por muerto en la mina.
Hugo frunce el entrecejo.
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Hacienda Montenegro.
-Raúl, que sea la última vez que te atreves a desobedecer a mi prometida –grita Arturo.
-Seguíamos sus ordenes.
-¡Retírate! –lo echa.
-¿Cómo pudiste engañarme de esa manera? –Eloísa.
-¡Envié a uno de mis hombres para que alcanzaran a los que iban detrás de Alcides para que cancelaran mi orden! –se explica- por estoy aquí Eloísa.
Paquito los mira.
-Está bien, te creo, pero detén esta locura ahora mismo.
-¡No tan rápido! Primero quiero que me expliques qué estás haciendo en casa de Alcides de Medina.
Eloísa se queda cortada.
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Hacienda Montenegro.
Dentro de los pasadizos.
Soledad sonríe incrédula- ¡Eras tú Alcides! Estoy completamente segura.
-¡No sé de qué me hablas!
-Yo sé que no estoy loca –se lleva la mano a la cabeza- el día que Arturo intentó matarme tú me ayudaste a salir de esta casa… ¿te acuerdas?
-¡No era don Alcides! –interviene Úrsula- ¡Marina nos dijo que había sido Boris!
-Allí tienes tu respuesta –Hugo- en ese lugar estarán seguras hasta que Boris y yo regresemos.
-¡Yo voy a ir contigo! –decide Soledad- Aurora puede quedarse con Úrsula y yo te voy a acompañar.
-¡De ninguna manera Soledad! Mi hija te necesita con ella –corta Hugo- no vas a cometer otra de tus locuras –y les deja la lámpara.
-¡Alcides! –llama Soledad y Hugo se da vuelta lentamente, Soledad duda pero luego le dice- Ten cuidado.
Hugo la mira largamente.
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Hacienda Montenegro.
-¡Qué haces visitando a Alcides de Medina! –grita Arturo.
-Eloísa… ¿algún problema? –se mete Paquito.
-¡Todo está bien! Gracias –lo echa Paquito.
-Arturo… iba camino a mi casa y vi a tus hombres y decidí seguirlos, vine a evitar una masacre.
-¡No me gusta nada que te metas en mis asuntos!
-Por favor, mi amor, de alguna manera tienes que parar con este absurdo, no quiero que te sigas exponiendo en algo que tiene otra solución –y se acerca seductora.
Paquito la mira celoso.
-¿En verdad te importa lo que pase conmigo? –se derrite Arturo.
-¡Por ti hago lo que sea, mi amor! Quiero a mi futuro marido vivo y en paz con todo el mundo – y lo abraza.
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Desde la baranda.
-No pude detener a la señorita Eloísa y en este momento está con don Arturo –Boris.
-¡Sí, ya veo! Iré a hablar con él.
-Es peligroso,
-Trataré de convencerlo que termine esta locura, si algo me sucede que no toquen a las mujeres.
-¡Sí señor!
Hugo baja decidido a enfrentar a Arturo.
-¡Don Hugo siempre se arriesga de esa manera porque sabe que siempre tú lo vas a salvar! –dice Marina con rabia contenida.
Boris la mira molesto.
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Casa Obregón.
Antonia y Ester desayunan cuando entra Lucas y saluda.
Ester se aleja de él sin contestar.
-¿Y Soledad?
-¡No te acuerdas de lo que pasó anoche! –con sorna Ester- ¡Soledad decidió irse a vivir con Alcides!
Lucas se pone triste- ¡Mi hija está loca! ¿Cómo va a irse a vivir con un hombre que intentó matarla?
-No te exaltes Lucas- interviene Antonia- es lo mejor, tu hija es una mujer casada, debe estar al lado de su esposo.
-Además Alcides demostró que ha cambiado –Ester- por eso ella tomó esa decisión.
-¡No lo puedo creer! ¿Cómo ustedes dos pudieron permitirlo?
-Tú no puedes reclamar nada –se enoja Ester- ¡si hubieras estado sobrio hubieras podido aconsejar a tu hija! –levanta la voz- ¡además Aurora necesita muchos cuidados, y en esta casa escasamente tenemos con qué vivir! –le recuerda- ¿con qué la vas a mantener?
-¡Eso es algo que yo siempre he podido resolver Ester! –se levanta Lucas.
-¡Espera! ¿adonde vas? –Antonia.
-A hablar con Soledad.
-¡Te prohíbo que molestes a…! –Ester.
-¡A mí no me prohíbes nada! –grita Lucas- ¡nada! –y se marcha dejándolas plantadas.
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Hacienda Montenegro.
-¡Ten mucho, piensa muy bien lo que haces! –Hugo.
-¡Alcides, no vine a atacarte, pero tampoco me gustan las amenazas! –Arturo.
-Arturo, por favor –Eloísa.
-Gracias a Eloísa tengo que decirte que he decidido dejar de lado nuestra enemistad.
-¿Entonces qué significan tus hombres armados en mi propiedad?
-Es un malentendido, anoche di la orden que se terminara cualquier tipo de acción contra ti y contra los tuyos.
Eloísa mira a Hugo como para desmayarse.
-¡Ten la gentileza de retirarse! –le invita Hugo- y de retirar a tus hombres de mi propiedad.
Arturo da el brazo a Eloísa - ¿Nos vamos?
Eloísa toma su brazo pero se marcha echando a Hugo largas miradas.
-¿Todo bien señor? –se acerca Boris.
Hugo se queda mirando a Eloísa- ¡Además de hermosa… Eloísa es muy valiente! –admira- convenció a Arturo que se retirara… ¡qué mujer! –admira.
(aha, eso mismo… ¡Qué mujer!! )
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Hospital.
Pablo descubre a Beatriz llevando medicinas- ¿Adrenalina, para qué usas esta medicina tan delicada?
-Para un paciente con enfermedad terminal, unos dolores muy fuertes.
-Me estás mintiendo… ¡sé que estás viviendo con un hombre! ¿es para él esta medicina?
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Hacienda Montenegro.
Hugo mira deleitado como Soledad acuesta a la niña en una cuna.
-Gracias a Dios que Eloísa logró convencer a Arturo de Linares que nos deje en paz- suspira Soledad.
-¡Parece que está muy enamorado de Eloísa!
Soledad lo mira a los ojos- ¡Yo de ti, no me confiaría! Arturo es una persona muy peligrosa.
-Al menos por ahora nos dejará en paz… ¿no te parece?
-¡Dios quiera! –suspira Úrsula- desde que nació Aurora la niña Soledad no ha tenido un minuto de tranquilidad.
(bueno… y antes tampoco!! )
Hugo se arrodilla al lado del bello bebé y la mira con una sonrisa- ¿No la has bautizado?
Aurora es preciosa.
-¡No!... –duda Soledad- con todos estos problemas yo ni siquiera he pensado en eso… ¡la vedad!
-Deberíamos aprovechar que estás instalada aquí y deberíamos registrarla y bautizarla –sugiere Hugo- ¡todos deben saber que Aurorita es hija… de Alcides de Medina! –y la mira a los ojos.
Soledad se pone pálida- Yo…
-¡Es muy importante! –afirma Hugo.
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-¡No es cómo para bautizar y registrar a la niña! –protesta Soledad enérgicamente- además no estamos cómo para fiestas y celebraciones… por favor… ¡necesito un poco de tiempo Alcides!
-Soledad, ¿tiempo para qué? –Hugo sentado en un sofá- ¡Aurora debe ser registrada y bautizada como mi hija! Y cuánto antes mejor.
-¡Acabo de llegar a tu casa y ya me estás imponiendo cosas! –se enoja Soledad.
-Soledad… no entiendo tu enojo –se levanta- ¡yo simplemente estoy diciendo algo lógico! ¿no te parece?
Pero Soledad está muy nerviosa.
-Señor, lo buscan –aparece Boris y le susurra al oído- es don Lucas, está muy alterado.
-En seguida regreso, permiso –se marcha con Boris.
Al quedar con Úrsula, Soledad sufre- Registrar y bautizar a mi hija… Dios mío… ¡yo sabia que Alcides iba a sacar las garras apenas estuviera aquí! –se pone furiosa con ella misma- ¡no entiendo cómo acepté regresar con él!
-Perdone que me meta, yo no veo nada de malo que don Alcides haya querido bautizar a la bebé –Úrsula- de todas formas él piensa que es su hija.
-¡Pero no es su hija! Es hija de Hugo… -se pone nerviosa- ¡yo no quiero registrar a mi hija a nombre de Alcides de Medina! Úrsula…
-¡Tarde o temprano tendría que hacerlo, señora! Eso era algo que se veía venir desde que usted decidió casarse con él –le recuerda práctica Úrsula.
-¡Sí! –reconoce Soledad- yo sabía… Úrsula tú sabes que la única razón por la que estoy aquí es por mi hija.
Úrsula la mira con tristeza.
-¡Me preocupa estar traicionando la memoria de Hugo! Él ha sido lo más importante para mí –con lágrimas de los ojos.
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Hospital.
-¿Lo viste?
-No lo vi, no me atreví, quise respetar tu intimidad.
-No quería lastimarte, siempre has sido muy especial conmigo.
-Yo sólo quiero lo mejor para ti.
-¡Él es muy bueno! Me hace feliz –miente Beatriz.
-¿Entonces por qué estás tan nerviosa?
-Es porque él está muy enfermo, por eso he estado tomando algunas medicinas, para ayudarlo Pablo –llora- no sabía cómo ibas a reaccionar, discúlpame.
-No sabía que era una situación tan dolorosa… yo puedo ir a examinarlo.
-¡No hace falta! –y se marcha.
Pablo le da el medicamento- Espero que me estés diciendo la verdad.
-Pablo, no hagas más preguntas.
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Residencia Rebeca.
-Mi padre se va a poner feliz cuando sepa que hemos decidido retomar nuestros planes de boda.
-Eres un gran hombre Arturo, has demostrado que eres capaz de cambiar por amor, no me cabe duda lo mucho que me quieres –y se besan.
Arturo enamorado la deja.
-¡Don Arturo! –llega Hércules- lo que pasó ayer en el bar.
-¡No hay justificación para la estupidez que cometiste! ¿Cómo se te ocurre tomar a Soledad de Obregón de rehén delante de todo el mundo? –furioso le pega- no vuelvas a olvidar que no me gusta que hagan las cosas sin mi autorización.
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Dentro de la casa.
-Fuiste muy astuta Eloísa, creo que sí Alcides va a caer a tus pies.
-No estoy tan segura, la estúpida de Soledad se fue a vivir con él.
-¿Qué puedes hacer con eso? ¡es su esposa!
-¡Sí, pero antes él la trataba con desprecio! –reflexiona- en cambio ahora la ve diferente.
-¡Por supuesto, Soledad le ha dado un hijo! –le recuerda Paquito- eso para que lo entiendas, une a las personas.
-¡Pues no voy a permitir que esa mocosa se interponga en mis planes! –Eloísa muestra todo su baja calaña - ¡Alcides será mío! Cueste lo que cueste.
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Hacienda Montenegro.
-¡Don Lucas de Obregón! –saluda Hugo- por favor acompáñame a la sala.
-¡No he venido a hablar con usted Alcides! Mi hija no debería estar aquí –enojado.
-¿Y por qué razón, acaso teme que le haga daño?
-¡Claro que temo que le haga daño! –exclama- ¡lo hizo una vez y puede repetirlo!
-Don Lucas… puede que usted tenga motivos para desconfiar de mí… ¡pero yo le aseguro que no pienso hacerle daño a Soledad!
Lucas lo mira don duda.
-¡Durante el tiempo que estuve afuera entendí muchas cosas, don Lucas! Entendí que era un hombre solo, que no le importaba a nadie, eso me hizo cambiar.
-¡A mí su drama no me interesa escucharlo!
Soledad los escucha.
-¡Yo cometí muchos errores, don Lucas! –sigue Hugo- por eso nadie lloró mi supuesta muerte, al contrario, muchos se alegraron… y esa experiencia me hizo ver la vida de un modo diferente.
Soledad lo escucha atentamente.
-¡Yo le aseguro que no soy el mismo de antes, al contrario, ahora quiero disfrutar de la familia!
Soledad sonríe conmovida.
-¡Quiero disfrutar del amor! –sigue Hugo.
-¿Qué pretende? –se sorprende Lucas- ¿qué mi hija pueda amarlo? –lo interroga- ¡eso nunca va a suceder!
Soledad cierra los ojos muy fuerte.
-¿Cómo está tan seguro de eso? –pregunta Hugo.
-¡Porque mi hija ha tenido corazón para una sola persona, ha amado solamente a un hombre! –Lucas le habla con sinceridad- ¡y ese hombre se llama Hugo de Medina!
Hugo pierde lentamente la sonrisa.
Soledad se asusta.
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Casa Dr. Max.
Guillermo practica pero el Dr. Max le pide que deje de practicar.
-Me toca aprender a tocar de oídas.
-¡Tú no estás ciego! –Elena le pone el violín en los pies.
Guillermo camina encima y lo rompe.
Elena se queda sorprendida que sea cierto.
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Hacienda Montenegro.
Hugo sigue pálido- Muy bien… ¿entonces Soledad nunca me quiso? –le pregunta Hugo a Lucas.
-¡Papá! –Soledad entra corriendo.
-¡Hija! –Lucas la abraza.
-¡Qué bueno que estás aquí! –Soledad.
-¡Estoy aquí porque quiero que recapacites! No puedes cometer la locura de venirte a vivir con este hombre.
Soledad mira a Hugo nerviosa.
-Además… dime… ¿te ha vuelto a amenazar?
Soledad le sonríe- No papá, la decisión de venir a esta casa la tomé sin presión de nadie, Alcides tiene muchos enemigos, aquí vamos a estar mucho mejor mi hija y yo… ¡además tampoco quería seguir poniéndolos en riesgos a ustedes dos papá!
Lucas la mira suspirando.
-Precisamente eso es lo que trataba de explicarle don Lucas.
-Eh… a propósito Alcides –decide Soledad- estuve pensando y tomé la decisión de bautizar a mi hija en esta casa como me lo propusiste –y fuerza una sonrisa.
Lucas la mira apenada.
-¡Don Lucas! Ya escuchó la buena nueva- festeja Hugo- bautizaremos a nuestra hija, su nieta, aquí… ¡por favor hágale llegar la invitación a su esposa y a su hermana!
Soledad sonríe como tonta.
-Hija… ¿esa sonrisa? –duda Lucas- ¿tú estás bien? No, estás extraña.
-¡Papá, tú me conoces! –le habla Soledad- sabes que voy a estar bien, no te preocupes por mí.
-Mi amor… de todas formas tú sabes… ¡tu mamá y yo estaremos siempre dispuestos a cualquier cosa que necesites!
-¡Sí! –sonríe forzada.
-Te visitaré pronto –se despide Lucas.
-¡Claro!
Lucas la besa y luego se marcha saludando a Hugo- Permiso.
-Hasta pronto, don Lucas.
Cuando se quedan solos, Soledad está muy nerviosa.
Hugo la mira- Entonces… ¿realmente amabas a Hugo?
Soledad lo mira buscando una salida.
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Casa Dr. Max.
-Maldita ceguera –llora Guillermo.
-Perdóname por no haberte creído, no tengo dudas –llora Elena.
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Hacienda Montenegro.
-No fue qué fue lo que te dijo mi padre, pero… ¡no le creas! Últimamente anda tomando mucho y confunde las cosas.
-Tu padre no parecía haber tomado una sola copa –le aclara Hugo- contéstame… ¿realmente amabas a Hugo?
Úrsula aparece con el bebé. Soledad las mira largamente. Hugo sigue su mirada.
Soledad reacciona- ¡Ay, no! Ya lo sabías… seguramente mi padre te dijo eso… -y deja vagar la mirada buscando una salida- para que te molestaras conmigo y me fuera con él a la casa.
Úrsula baja las escaleras lentamente.
-¿Satisfecho? –corta Soledad- si me disculpas tengo asuntos importantes que atender –trata de salir.
-¡Dijiste que Arturo de Linares no era de fiar! –la detiene Hugo- ¿no te parece que es demasiado pronto para saber si él va a cumplir su palabra?
Soledad se detiene -¡No pienso quedarme aquí encerrada, Alcides!
-¡No estás encerrada, Soledad!
-Mira… de ahora en adelante las cosas van a ser así en esta casa… mis condiciones son: ¡no voy a dormir contigo en la misma habitación!, nuestra relación se va a limitar a una relación… cordial, voy a salir cuando yo quiera, adónde yo quiera, sin pedirte permiso.
-¡Está claro! –acepta Hugo enojado - ¡Yo no pienso dormir contigo en ninguna habitación!, y si sales con mi hija lo harás acompañada de Boris o uno de mis empleados de confianza que las pueda defender.
Y ambos se miden con la mirada enojados.
-¡Bien! –acepta Soledad- ¡vamos Úrsula! Vamos a buscar a la persona que nos va a cuidar –se marcha.
Hugo se queda furioso y solo.
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Taberna.
Lucas entra cuando Rebeca se está cambiando y se disculpa.
-Entre tú y yo ha pasado muchas cosas.
Lucas le pide disculpas y Rebeca le pide disculpas por Hércules.
Lucas le cuenta que Soledad fue a vivir con Alcides.
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Cementerio.
Úrsula acompaña a Soledad.
-Solo espero que Boris haya creído nuestra historia que íbamos al almacén y no nos haya seguido, señora –Úrsula con un cochito de bebé.
Soledad tiene un ramo de flores y camina- Alcides quiere protegernos de Arturo, pero yo no puedo dejar de visitar la tumba de Hugo.
-Es un poco peligroso, señora, pero no creo que nos pase nada… ¡solo tenemos que apurarnos!
Soledad se queda sin aliento al ver el estado deplorable de la tumba- ¡No puede ser! –y se lanza corriendo- ¡Dios mío! ¿qué fue lo que pasó aquí? –y empieza a sacar la maleza con sus manos desnudas- ¡yo le pagué a una persona para que se encargará de cuidarla!
-¡Yo lo hago, señora! –ofrece Úrsula.
-¡No, déjame, no! –llora Soledad y le habla a Hugo- ¡Mi amor, perdóname, yo no podía podido venir por mi embarazo!
Úrsula se aleja.
-¡Por cuidar a nuestra hija! Pero te prometo que esto no va a volver a pasar –y le muestra las flores que trajo- mira… te traje esto… Hugo yo quería contarte… ¡que voy a bautizar a Aurora como si tu hermano Alcides fuera su papá! –y cierra los ojos- yo sé que es una mentira y sé que lo estoy engañando, pero tú sabes perfectamente que lo hago únicamente para proteger a nuestra hija… -se le corta la voz- ¡créeme que a mí también me duele muchísimo pero… no tengo otra opción!
Úrsula la escucha y se llena de pena.
-¡Te prometo! –sigue Soledad- ¡que el día que mi hija crezca yo le voy a decir quien es su verdadero padre! Me voy a encargar de decirle que tú eres el verdadero papá… ¡perdóname! –y llora.
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Muy cerca Boris las vigila y se sorprende- ¿Por qué está tan conmovida la señora Soledad? Parece que le doliera que don Hugo estuviera muerto… ¿Por qué vino al cementerio, por qué le trajo flores? ¡no entiendo!
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Taberna.
-No sé qué decirte –Rebeca se pone las medias negras- Me imagino que tu hija está en lo correcto, finalmente Alcides es su esposo… ¿se llevó a su nana y a Enrico?
-¡No creo Rebeca! Enrico vive apartado de mundo y nadie sabe dónde, lo único que te puedo decir él y mi hija son muy buenos amigos.
-A propósito, escuché anoche sin querer cuando Enrico te decía que tú formabas parte del tesoro de Jeremías… ¿qué quiso decir con eso?
-No sé lo que dijo, yo estaba muy borracho.
-¿Me puedes ajustar el corset? Yo estaría muy pendiente de ella, aprovechando que Enrico y Soledad son tan buenos amigos, por qué no lo contactas y le preguntas qué pasa en esa casa.
-Es una buena idea.
-Y mantenme al tanto de todo.
Lucas se marcha.
-¡Estúpido viejo! Algo tengo que sacarte por ser tan generosa contigo –furiosa.
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Hacienda Montenegro.
Boris le cuenta a Marina – Me conmovió mucho ver llorar a la señora Soledad de esa manera, se veía mal, triste, yo creo que ella si amaba a don Hugo.
Marina limpia indiferente- ¡Boris, esa mujer es incapaz de amar a nadie! Todo lo que viste fue puro remordimiento por todo el daño que le ha hecho al patrón.
-A mí la señora Soledad me parecía una mujer honesta y sensible.
-¡Ni le digas eso a don Hugo que le vas a confundir más de lo que está!
-¿De qué hablan? –entra Hugo que se sirve un trago.
-De nada, patrón, de don Arturo y la señora Soledad ahora que está en la casa.
Hugo distraído lee una lista- La próxima semana será el bautizo de mi sobrina, lo vamos a celebrar aquí en la casa, comenzaremos con las invitaciones –les cuenta- ¡creo que se las entregue a las familias más importantes de la sociedad! Incluyendo a los Linares.
Marina se asusta- Perdón, patrón… ¿usted va a meter a sus propios enemigos en su casa?
Hugo la ignora -¡Toma esta lista! –a Boris- quiero que los investigues a todos, quiero saber sus debilidades…
-Patrón –insiste Marina- cuando usted empieza a hablar así de sus planes, me da mucho miedo.
-Esto que vamos a hacer es peligroso… ¡están a tiempo de decidir si quieren seguir o no!
-¡Yo siempre estaré con usted! –vuelve a afirmar Boris.
Hugo mira a Marina que desvía la mirada y traga saliva- Si Boris está con usted… yo también, patrón.
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Arturo y Eloísa hacen el amor, Arturo fascinado, Eloísa aburrida.
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Soledad del brazo de Hugo en la plaza, ambos forzados, indiferentes, y mirando para otro lado.
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Arturo mirando a Alcides con odio.
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Paquito trayéndole flores a Eloísa, pero Arturo se le adelanta.
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Paquito los ve besarse y se queda dolido.
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Beatriz que sigue torturando a Alcides que se cubre como un niño.
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Elena enseñando a Guillermo a manejarse con un bastón.
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Soledad riega el jardín.
Úrsula se ocupa de Aurora.
Ester y Antonia de visita.
Eloísa de visita a Soledad, fingiendo atenciones por Aurora.
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Una semana más tarde.
Arturo lee la invitación- ¡Esto es ridículo! Una invitación al bautizo de Aurora, la hija de Alcides con Soledad de Obregón… ¡por supuesto que no vamos a ir!
-No me parece tan malo, mi amor –Eloísa- de hecho me parece una perfecta oportunidad para que demuestres a todo el mundo que eres un hombre nuevo.
-O para que demuestre que soy un idiota perdedor que se doblega frente a su peor enemigo.
-¡A esa fiesta irán las más distinguidas personas de la ciudad! –entra Gladis – y yo no me voy a quedar por fuera, deja de decir tonterías porque iremos juntos, este evento yo no me lo pierdo.
-Madre.
-¡Yo estoy de acuerdo con doña Gladis! Mi amor, tú no puedes dejar de ir a esa reunión, demuéstrame que quieres ser un hombre de paz.
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Botica.
Paquito compra veneno para ratones- Se me llenó la casa.
-Todos dicen lo mismo, cuando lo único que quieren es quitarse la vida o matar a alguien.
-¡Qué cosa tan horrible! Acérquese, le voy a contar la verdad… tengo un vecino con un par de perros que no dejan de ladrar toda la noche –y saca mucho dinero- quiero darles un escarmiento.
-No me de más explicaciones –acepta el dinero y le entrega el veneno- con esta dosis su vecino aprenderá.
Paquito se lleva el frasco y al estar solo –Espero que disfrutes la fiesta de tu hija, Alcides… ¡tal vez sea la última! –y luego simula hablarle a su bastón- ¿y tú Arturo?
¡sí! A ti te van a culpar por asesinar a Alcides… ¡un plan perfecto! Por fin voy a quitar de en medio a mis dos grandes enemigos, uno se irá en el cementerio y el otro se irá a la cárcel… ¡y mi Eloísa, tú solo serás para mi hasta que la muerte nos separe!
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Hacienda Montenegro.
-Señor, el equipo de investigadores que contratamos mandó este informe –Boris- “el hijo del doctor Von Sirak, llamado Daniel Sirak, se encuentra en África haciendo una investigación médica” don Hugo, todavía hay una esperanza, el grupo de investigadores que el doctor Sirak tenía buscando la flor, ha encontrado vestigios en lo más profundo del Amazonas”.
Hugo está en otra cosa- ¿Y cómo marchan los preparativos para el bautizo? –come una manzana.
-Marina ya terminó de repartir todas las invitaciones, señor.
-¡Muy bien! ¿investigaste a los invitados como te pedí?
-¡A cada uno, señor! Encontré cosas interesantes sobre la señora Rebeca viuda de Montenegro y el periodista Francisco de Morales –le entrega un informe.
Hugo lo lee y sonríe -¡Ah! Ya decía yo que ese par tenían algo que ocultar, cuéntame… ¿hablaste con el ingeniero de minas?
-¡Todo está listo para esta noche señor!
-¡Entonces esta noche comenzará mi venganza! –y brindan juntos.
Pero Soledad entra y lo escucha- ¿De qué venganza estás hablando, Alcides?
Hugo la mira.
-¿Qué es lo que estás planeando? –insiste Soledad.
Hugo mira a Boris.
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