Son divinas!! (se los digo modestamente
)Hagan click en la foto para verlas mejor
Z009 - MONTERO PIDE LA MANO DE ESMERALDA – 22/Feb/2007
Serie basada en la historia de Jonhston McCully, by Zorro Ing.
Libreto de Humberto (Kiko) Olivieri
*
Capilla.
-¡No tienes que dar explicaciones! –ríe Esmeralda- ¡yo sé quien eres, por eso estoy aquí! ¡y juro ante Dios y ante…!
-¡No te apresures! –la detiene Diego.
En ese momento Tornado relincha y Esmeralda ve a Zorro que pasa frente a la Capilla.
Tornado se cabrea espectacularmente dos veces y luego parte con su enmascarado acompañante. Diego observa complacido la actuación de Bernardo.
Esmeralda pone cara de dolor y enfrenta a Diego- ¡No entiendo! Pensé que tú…
-¡Era precisamente lo que te quería decir, Esmeralda! ¡todo esto tiene una explicación y te la voy a dar!
-¡Me engañaste, me hiciste creer que eras El Zorro!
-¡Estabas muy asustada por todo lo que estábamos pasando… entonces… cuando insinuaste que yo era el Zorro! Me pareció buena idea decir que sí para que tú te sintieras segura que íbamos a salir con vida… ¡lo lamento!
Las lágrimas caen calientes por las mejillas de Esmeralda- ¡Lo lamentas! ¿así que lo lamentas? Por lo que veo engañas a la gente cuando se te da la gana… ¡eres una mentira Diego De La Vega!
(Bueno…
no está muy equivocada)
-¡No, no, escúchame! Esa fue la única mentira… todo lo demás fue verdad Esmeralda… -se desespera- ¡lo que pasamos en el río, lo que vivimos tú y yo, todo lo que sentimos! ¡todo eso es verdad!
-¡No te quiero escuchar! –se enoja Esmeralda.
-¡Escúchame Esmeralda! –la detiene del brazo- ¡escúchame! Sé que hice mal… es verdad… ¡pero es que nunca me he sentido así por nadie!
-¿Cómo pretendes que te crea? ¡lo único que hiciste fue aprovecharte de la situación! –todavía las lágrimas le corren.
-¡No, Esmeralda! –se indigna.
-¡Te odio, te odio y no quiero volver a verte! –y sale corriendo de la capilla.
Diego está a punto de salir corriendo detrás de ella pero aparece el padre Tomas.-¡Diego! –lo detiene.
*
Afuera.
El falso Diego ve a Esmeralda que llorando sube al carruaje.
-¿Se siente bien señorita? –le pregunta el viejo hombre que se preocupa por ella.
-No me pregunte y vamonos.
Bernardo se saca la máscara.
*
Convento.
-¡Niña María Pía! –entra gritando Dolores- ¡no podía quedarme en la hacienda con la boca cosida! –mira a las monjas- ¡tenía que venir a decirle, pero ya mismo! Lo que nos temíamos… ¡mi Dieguito pa’ti va a arruinar su vida!
-Hermana , le pido que cuide a la madre superiora –apenas se aleja la monja- ¡me asustas!
-¡Más asustada estoy yo mi niña! Por eso me vine corriendo pa’acá pa’decirle lo que tengo que decirle, cuando usted se vino pa’el convento, la negra Dolores se metió al cuarto de Dieguito y le preguntó por la mujer de la que está enamorado.
-¿Y, qué te dijo?
-¡Niña Pía, la negra Dolores está muy triste, mi niño Dieguito está enamorado de verdad, verdad! Su corazoncito pertenece a esa mujer.
-¿Qué tiene de malo? ¡bendito sea Dios que Diego esté entusiasmado con esa muchacha! Eso nos ayudaría a que Alejandro desista de esa tonta idea de quererlo casarlo con una de las hijas de Fernando.
-¡Niña! Usted no me ha entendido… ¡el amol de mi Dieguito pa’ti se llama Esmeralda! ¡Esmeralda Sánchez de Moncada, la hija menol del Gobernadol!
*
Capilla.
-¡Doy gracias a Dios que salieron con vida de esta situación! –el padre- ¡he escuchado cosas horribles sobre esos salvajes, la conquista española los hizo huir hacia el norte, desde Guatemala! Y se refugiaron de esas selvas… nadie que entró ahí salió con vida.
-¡Lo sé padre, lo sé! Ellos agarraron a Esmeralda, la iban a sacrificar.
-¿En ese momento fue que llegó Montero a rescatarnos, verdad?
-¡Rescatarnos! –suspira Diego y ríe- ¡Esmeralda estuvo a punto de morir mucho antes que Montero llegara a rescatarnos! La situación era… un poco critica y… -duda- ¡tuve que actuar!
Y recuerda como se descubrió como Zorro.
-¡En esa situación, no tenías otra alternativa! –lo consuela.
-¡Pero Esmeralda se dio cuenta de todo, padre! -sufre- tuve que decirle quien soy… tuvo que hablarle del Zorro.
-¡Ese es un grave error, Diego! –se asusta el padre.
-¡Lo sé padre, pero no tenía otra alternativa! Traté de solucionar el problema diciéndole que fue todo una mentira… ¡por su seguridad! –sufre- ¡pero creo que fue otro error!
-¡Sí, por esa razón, vi a Bernardo vestido de Zorro! ¡absurdo!
-¡No sé que me pasó! ¡yo nunca había vivido esta situación antes, lo lamento!
-¿Estás enamorado?
Desvía la mirada -¡Esmeralda, es una mujer especial! Es distinta a las demás mujeres que he conocido antes.
-¡Si dices que es distinta a las demás mujeres… es porque estás enamorado! –le reclama- ¡pero contarle la verdad sobre El Zorro, la pone en peligro a ella y a otros!
-¡Padre, yo juré sobre todas las cosas no decirle nunca a nadie el secreto del Zorro! Pero no quiero perder a Esmeralda… ¡y tampoco quiero que ese sea el precio! Lo que yo siento por Esmeralda es real… ¡y no voy a permitir perderla!
-¡Diego, no voy a criticar lo que sientes! Pero Esmeralda es la hija del Gobernador… ¡y ese hombre es el poder y la injusticia que tú combates!
(aha!! Y cómo le dice ahora que sabe que es injusto?
)
-¡Yo no sé quien es el Gobernador, yo no lo conozco padre! Pero sé quien es Esmeralda… ¡es la mujer que yo quiero para el resto de mi vida!
El padre Villarte abre la boca pero se queda sin palabras ante tanta pasión.
*
Carruaje.
-¿Cómo se llama usted? –pregunta Esmeralda que está más preciosa que nunca.
El viejo hombre de barba blanca- ¡Me llamo Isidoro, señorita!
-¿Y tiene familia?
-¡Una mujer maravillosa y dos pequeños niños?
Esmeralda se levanta y acerca a él con esperanzas-¿Y sabe guardar un secreto?
-¡Póngame a prueba señorita, yo soy un hombre de fe, y mi palabra junto a mi familia es todo lo que tengo!
-Muy bien… necesito ir con los gitanos.
-¿El campamento de los gitanos? –se asusta- ¿no es peligroso para usted, señorita?
-¡No me diga usted lo que es peligroso, yo lo sé muy bien! Necesito hablar con una gitana y nadie más debe saberlo… ¡si mi padre se entera porque usted se lo dijo, entonces el que va a conocer el peligro es usted! –le saca el sombrero – por haber traicionado a alguien como yo…
Isidoro se ríe de su amenaza.
-¡Déme su palabra Isidoro! –le ruega- pero sin engaños, ya tengo demasiados engaños en mi vida… ¡ni uno más, déme su palabra!
-¡Señorita, usted tiene mi palabra con la bendición de Dios! –se santigua y besa una cruz.
-¡Muy bien! –sonríe Esmeralda- ¡y para que vea lo tonta que soy! Acabo de romper mi con corazón con un engaño… y aún así estoy confiando en usted… ¿no le parece una estupidez?
-¡Muy bien, entonces señorita! Vamos a para los gitanos… ¡ayay! –le grita a los caballos.
*
Una plaza.
El Sargento García muy nervioso.
-¡Gracias por haberme mandado llamar, Sargento, que la virgen santa lo bendiga! ¿va a dejarme ver a mi hijo?
-¡No! –se asusta el Sargento García- quisiera hacerlo pero no puedo, no puedo dejarla pasar… ¡si me llegan a descubrir hablando con usted la voy a pasar muy mal! Sólo quiero darle un mensaje de su hijo… ¡él dice que no ha hecho nada malo… y que en el momento que lo vayan a… ! –duda- ¡usted estará en su corazón!
-¿Por qué lo van a matar? Él es incapaz de matar… ¡es inocente, lo sé! Usted tiene que ayudarlo Sargento.
-¡Yo! No puedo hacer nada… ya me tengo que ir –pero luego vuelve con pena- ¿quiere que le diga algo de su parte? –se ofrece buena persona.
-Entréguele esto –le pasa el violín- y dígale que voy a hacer lo imposible para liberarlo hasta el último momento… ¡dígale que si no lo logro, que la música también se va, que le rogaré al poderoso un milagro y que mi amor lo acompañará dónde quiera que vaya su alma y más allá! –se marcha corriendo.
El Sargento García está a punto de llorar.
*
Oficina Montero.
-¿Estas cartas llegaron hoy?
-¡En la mañana, mi comandante! –Pizarro.
-¡Señor Gobernador! –se levanta Montero al ver entrar al Gobernador- ¡qué honor tenerlo en mi casa! ¿a qué se debe el honor?
Fernando se sienta- ¡Ya estoy enterado de todo Montero, del rescate de mi hija, y del hijo de Alejandro De La Vega! Pero veo que lo hirieron.
-¡No fue nada, sólo una flecha! Nunca creí en la existencia de esos animales.
-¡Mi comandante Montero y su pelotón acabaron con ellos! –Pizarro agrega- de verdad señor Gobernador, su hija corrió con mucha suerte.
-¡Se lo agradezco, y también porque se ejecutará al culpable de la muerte del inspector del Virrey! –ríe aliviado- ¡un gitano, excelente idea!
-Los gitanos son ladrones, probablemente trató de asaltar al inspector… este se resistió… en fin… ¡una muerte inútil, pero el culpable va a pagar! –Montero.
-¡Excelente! Mi ex esposa en una mazmorra bajo su custodia… usted es testigo de la muerte de un inspector del Virrey… ¡aparte de todo la ejecución del culpable de la muerte de ese inspector! ¿Y usted arriesga su vida para salvar la vida de mi hija?… son demasiadas cosas que nos unen -lo mide con el único ojo que le queda- ¡y eso es algo que me preocupa y me provoca mucho miedo! –finge.
-¿No cree que merezca su confianza señor Gobernador?
-La tiene.
-¡No, no la tengo señor Gobernador! Dejemos de mentirnos… esa historia que usted me contó acerca de su esposa… realmente… me parece… incoherente e ilógica… ¿o falta algo por contar? Y como usted dice tenemos demasiadas confidencias… ¡debemos empezar a tener confianza el uno del otro para garantizar que no haya fuga de información! Usted me entiende.
-¡Sí! –ríe Fernando- sí lo entiendo… usted no da pasos en falsos… ¿verdad? Lo conozco desde que era un mocoso… ¿tiene algo que proponerme?
-¡Don Fernando! El día de hoy tuve el placer de conocer a su hija Esmeralda.
Fernando se levanta- ¿Sí?
-¡Y con todo respeto! Me parece una mujer muy hermosa.
Fernando se pasea- ¡Lo es!
-Quiero saber si sigue en pie, todavía, su propuesta con respecto a ella, porque me encantaría estrechar los lazos con su familia.
(Música siniestra
Fernando se sienta en el puesto del comandante.
-¡Señor Gobernador! –dice Montero machacando las palabras.
Fernando no contesta.
*
Convento.
-Como sea tenemos que impedir esa unión entre Diego y Esmeralda, Dolores.
-Yo no sé si podamos volver a hablar con don Alejandro.
-¡Con Alejandro no cuento! Él quiere unirse a esa familia, imagínate que le quiere pedir la mano de Almudena a Fernando.
-¡No! –se espanta Dolores- esto no puede ser, esto está mal… ¿qué piensa hacer para impedirlo doña Pía?
-¡No lo sé! Tal vez sea hora que Alejandro sepa toda la verdad… ¡tal vez sea hora que Alejandro sepa que su mejor amigo fue el que mató a la mujer que él amaba!
-¡No, niña Pía! Esto sería la desgracia para don Alejandro, porque él se estaría enfrentando nada menos, ni nada más que al señor Gobernador… ¡y usted muy sabe cómo es ese hombre!
-Dolores, me tengo que ir, estamos llevando provisiones a los pobres, yo hablaré con Alejandro, no sé lo que le voy a decir… ¡pero te garantizo una cosa… no habrá boda entre los Sánchez y los De La Vega!
-¡Dios mío! Ni don Alejandro ni mi Dieguito pa’mí deben saber lo que hizo ese hombre –se asusta Dolores… pero yo creo que es hora que abran los ojos y sepan quien es él.
*
Alejandro galopa a campo abierto y detiene el caballo sudando y recuerda.
“Se ve a sí mismo joven, luchando una batalla con su batallón… la guerra… los indios… y al final de la batalla se acerca a una persona herida cubierta con una piel de oso - ¡Es el jefe de la tribu! –y la descubre y ve a una hermosa mujer- ¡es una mujer! –y la levanta en brazos- ¡no voy a dejarte morir! –le promete.
Y luego la cura él mismo pensando- Es hermosa, nunca imaginé que fuera tan bella- toma un cuchillo.
Luego una ceremonia- Yo te bautizo Regina con el nombre de Dios Padre, hijo y espíritu Santo –el padre Villarte la bautiza- ¡desde el día de hoy te llamarás Regina!
(wow!
Como hizo el padre Villarte y todos para estar tan viejos hace 20 años!)
-¡Yo los declaro marido y mujer en el nombre de Dios Padre!
Alejandro y la mujer (que es idéntica a la india que rescató
) se sonríen.”
Alejandro vuelve a la realidad. Los caballos y el ganado pasan al lado.
-¡Regina, tantos años sin poder olvidarte!
*
Casa de Alejandro.
Alejandro entra a ver a la india herida (Pocahontas
) que reacciona como si fuera un demonio- ¡Tranquila! Que no voy a hacerte daño, sé que me entiendes, Dolores me dijo que hablas nuestra lengua.
-¿Quién es usted?
-¡Me llamo Alejandro De La Vega y soy tu amigo! –sonríe- ¿no recuerdas que te encontré en medio del camino? Saliste de las matas y luego te desmayaste… estabas muy malherida.
-¡Pero ya estoy bien, me quiero ir!
-¡No, todavía no! Tú intentaste matar al nuevo Gobernador, Fernando Sánchez de Moncada y por eso te están buscando… ¿Por qué quisiste matarlo?
Ella calla
-Yo conozco muy bien a los de tu raza, hace muchos años tuve muchos amigos entre tu gente… ¡creí que los habían exterminado! Ven… permíteme limpiarte la pintura de la cara –se acerca- ¡aquí no vas a pelear!.
Ella se aleja-¡No! Yumalai está en guerra y se queda así –le grita.
-¡De acuerdo! Yumalai… por lo menos sé tu nombre… ¡Yumalai! –repite y se marcha.
*
Campamento Gitano.
-¡Gracias por venir, princesa! –Azucena- ¡recibiste nuestra nota!
(Y ahora Azucena practica el poder de ubicuidad,
porque puede estar en la plaza con el Sargento García y con Esmeralda en el campamento, ambos a bastantes kilómetros de distancia)
Esmeralda asiente.
-¡Bienvenida y ojala no tenga problemas por todo esto!
-¡No me diga eso Jonás! Desde que me enteré de mi pasado y lo de mi madre, mi vida está unida a la de ustedes, y tengo la obligación de ayudarlos… ¿qué pasó, que hizo tu hijo?
-¡Princesa, yo te juro por lo más sagrado que mi hijo es inocente de las acusaciones que le hacen! Él no mató a ese hombre.
-¡No entendemos por qué quieren involucrar a Renzo con la muerte del inspector del Virrey! –Jonás se desespera- ¡no lo entendemos! Bueno… a lo mejor están buscando una disculpa para acabar con nosotros como siempre –con aire de victima.
-¡Tú eres nuestra única esperanza! Sálvalo vida mía, habla con tu padre, él puede hacerlo.
-¡Azucena, por favor, no presiones a Esmeralda! Yo no quería llamarla, pero yo estaba buscando la forma de hacerle saber al Zorro que lo necesitamos.
-¿Al Zorro? –se espanta- ¡yo no creo que deberían confiar tanto en ese hombre, Jonás! No se preocupen, voy a ver la forma de ayudarlos… ¡lo primero que voy a hacer es hablar con el comandante Montero y con mi padre si es necesario!
-¡Dios te bendiga, princesa!
-Ten fe que si tu hijo es inocente haré lo que sea para que lo liberen… ¡voy a usar la simpatía que desperté en el comandante Montero! Y por salvar a tu hijo y averiguar más sobre mi madre, haré lo que sea… ¡es hora de empezar a usar las influencias de mi padre!
*
Capilla.
-¡Ella es la hija del Gobernador! Te toca a ti decidir si podrás hacer coincidir tus sentimientos con tu posición.
-¡El Gobernador es amigo de mi padre desde hace mucho tiempo, así que no creo que sea la persona que usted piensa, padre!
-¡Diego! –le advierte- ¡tenemos noticias que el inspector del Virrey que estuvo por la prisión del Callao, averiguando por cierto personaje, que al parecer tienen encerrado allí… ¡ese personaje es muy importante!
-¿Qué tiene que ver el Gobernador en eso?
-¡Mientras tú estuviste en esa selva, asesinaron al inspector del Virrey! Y con la anuencia del Gobernador encontraron un culpable… ¡un gitano! Y con la anuencia del Gobernador… -repite- ¡va a ser ajusticiado en dos días! ¿te parece bien?
Diego suspira- ¡Como que quieren cerrar el caso demasiado pronto!
-¡Así es! Los gitanos no son asesinos… y teniendo un culpable no hay que seguir la investigación… ¡y todo eso con el permiso del Gobernador, el padre de la mujer que tu amas! Tú decides Diego, yo sé hijo, que vas a encontrar la mejor decisión.
*
Prisión.
-¡Mi violín! Mi madre se lo entregó… ¿habló con ella?
-Y como buena madre espera un milagro que te salve la vida muchacho.
-¿Le dijo que soy inocente?
-¡Ya muchacho, una madre siempre ve la inocencia en sus hijos, así es! Te he visto tocar el violín y nunca te hubiera creído capaz de matar a nadie… ¡pero tienen pruebas!
-¡No es verdad!
-Dime la verdad… ¿fuiste tú el que asesinó al inspector del Virrey? Te prometo que no le diré nada a tu madre.
-¡No sargento, yo nunca he matado a nadie en mi vida, soy inocente!
-¡Mi comandante asegura que fuiste tú!
-¡Tal vez me confundieron! O… estaban en busca de un culpable y aparecí yo.
-¡Y tengo que ser precisamente yo quien te ejecute! –sufre el Sargento García a punto de desmayarse de la pena- ¿Por qué no le hice caso a mi madre cuando me decía que no tenía corazón para la vida militar? –empieza a llorar- ¡no me gusta ver morir a la gente! – se marcha.
(y yo también…
yo también… excelente actor… )
Renzo toma su violín y lo empieza a tocar.
*
Abajo la mujer lo escucha- ¡Esa música, son ellos, mi pueblo! Para mí… ¿y toca la danza de la muerte? -empieza a llorar- ¡se va a morir!
(Esta mujer otra vez a llorar
)
*
El Sargento García también lo escucha y se llena de rabia y de pronto suspira- ¡Si tan solo apareciera el Zorro! ¡y lo rescata! –se asusta- ¡soy un asno por estar pensando semejante cosa, pero pobre muchacho! Que linda melodía.
*
Ciudad.
Diego está muy guapo, camisa blanca, pantalón amarillo y chaqueta de cuero.
-¡Muy bien Bernardo! Te faltó un poco de relleno en las botas para que parecieras más alto pero creo que a caballo no se notó… ¡fuiste muy convincente! –suspira- ¡tan convincente que Esmeralda quedó decepcionada de mí! Era lo lógico... ¿verdad? No había otra manera de solucionar eso… -se detiene- ¡ahora lo que me preocupa es el Gobernador! Parece que está metido en asuntos turbios –y ve a unos indígenas y los saluda en un idioma nativo y les compra cosas- Bernardo… necesito que vayas a la caverna o aquí mismo en la plaza y averigües todo lo que puedas acerca de la ejecución que va a haber mañana… ¡también necesito que me averigües sobre una persona que está encerrada en la prisión del Callao! Es alguien importante.
(Y solamente ahora después de 18 años El Zorro se entera ??
ERROR!! )
*
Una población.
María Pía reparte comida cuando un hombre llega corriendo- ¡Ayúdeme, hermana, es mi mujer!
María Pía corre en su ayuda.
*
Una carretera.
De regreso del campamento, Esmeralda recuerda a Zorro.
♫
Vengo a desatar tu amor
♫
Y luego los besos de Diego.
♫
“-Es una locura, no sé quien eres, no te conozco.
-¡El primero y el último en tu vida!”
♫
Corazón desbocado estoy
Tu cuerpo escapó sin perdón.
♫
Necesito….
♫
“Y juro ante Dios.
-No te apresures”
Y recuerda su decepción, soñadora, cuando Isidoro detiene el carruaje- ¿Por qué nos detenemos Isidoro? –pregunta cuando se da cuenta que Diego está al lado de la carreta ordena- ¡Siga por favor, no se detenga! –se seca una lagrima.
-¡Esmeralda, tenemos que hablar! –Diego baja del caballo y se pone a sus pies.
-¡Yo no tengo nada que hablar con usted don Diego!
-¡Escúchame, yo entiendo tu enojo, y lo lamento! Pero necesito que sepas lo que siento… ¡lo que está pasando dentro de mí!
-¿Ahora qué, me va a sacar un conejo de la manga? ¡es un cínico! ¡aléjese de mí, me hizo sentir ridícula, estúpida! –suspira- ¡Isidoror!
-¡Señora!
-¡Mire bien a este hombre! ¿le parece que un pobre diablo como él pueda ser El Zorro?
Isidoro ríe a carcajadas.
-¿Lo ves? –machaca Esmeralda mientras Diego calla- ¡cualquiera se habría dado cuenta de tu mentira! ¡menos yo!
(bueno… pero qué pasó con lo que viste en la selva amiguita?
)
Diego baja la mirada.
-¿Y sabe por qué don Diego? ¡porque me han mentido tanto en mi vida que necesitaba creer!
Diego sube a su lado- ¡Escúchame! Lo del Zorro fue lamentable, está bien… lo acepto.. ¡pero lo demás! Es la verdad lo demás… ¡fue verdadero lo que ocurrió! –mira preocupado al cochero.
Esmeralda también mira a Isidoro.
-¡Lo que ocurrió entre nosotros en el río fue lo más importante que me ha pasado en la vida! –le ruega.
-¡Bájese, tengo muchas cosas que hacer!
-¡No! Sin que antes me mires a los ojos y me digas que me crees.
Esmeralda lo mira a los ojos- ¡Lo siento, ahora no! Tal vez algún día comprenderé, si es que me tocó perder… fue un juego para usted… ¡pero para mí no!
-¡Esmeralda! Esmeralda te amo y quiero casarme contigo.
-¡Bravo! –ríe Esmeralda- ¡qué buena actuación don Diego! –le aplaude- ¿pero sabe qué? ¡no podría casarme con un hombre en el que no confío y en el que no voy a confiar jamás! ¡bájese!
Diego baja de la carreta.
-¡Vamonos! –ordena Esmeralda.
Diego queda solo y triste.
♫
Soy tu gitano
Tu peregrino,
La única nave de tu destino
Él que te cuida más que a su vida.
Soy tu amor
♫
*
Casa Gobernador.
-¡Papá! –entra Diego gritando- ¡quisiera hablar contigo! ¿tienes un minuto?
-¡Por supuesto que sí, hijo! de hecho acabo de preguntar por ti… ¡Fernando nos acaba de extender una invitación para que vayamos a su casa! Quiere hacerle un pequeño reconocimiento a Montero… por haberle salvado la vida a su hija y a ti por supuesto.
Diego suspira- ¡Cierto, había olvidado que ahora Montero es un héroe!
-¡Lo que Montero hizo no fue cualquier cosa hijo, así que espero que vengas conmigo! Yo sé que Montero con todo el poder que tiene… ¡es un mequetrefe! Lo reconozco, pero es importante que le agradezcamos lo que hizo por ustedes.
-¡De acuerdo! Mira… yo quería pedirte un favor –suspira- ¡yo no conozco al Gobernador, pero tú eres muy amigo de él!
-¡Claro! ¿quieres que interceda ante él por algún… defendido tuyo?
-¡No! No es eso… ¡quiero que aproveches la visita que le vas a hacer… para que le pidas la mano de Esmeralda!
Alejandro se queda sorprendido.
-¡Quiero casarme con ella!
Alejandro asiente sonriendo.
*
Esmeralda pasa por el pueblo- ¿Qué pasa allí?
-¡Es mejor no averiguar! –le advierte Isidoro.
Pero Esmeralda baja- ¡Espéreme aquí, esa gente necesita mi ayuda!|
-¡Señorita Esmeralda! Usted corre peligro aquí.
*
Una casa.
María Pía hace de partera- ¡No! El bebé no puede nacer así, por via natural.
-¿Qué quiere decir hermana? –Suplicios.
-¡Que no va a poder salir así! Está atravesado y pueden morir los dos, Suplicios en estos caso lo que hay que hacer es abrir.
-¡No, hermana! –se niega Suplicios- ¡llamemos al cirujano!
-¡No hay tiempo, se pueden morir los dos!
La mujer grita de dolor.
-¡Hermanitas, ayudenla por favor, no dejen que se muera! –suplica el marido.
-Lave un cuchillo con alcohol –ordena María Pía.
En ese momento Suplicios sale corriendo a punto de vomitar.
-¡Suplicios! ¿qué te pasa? –le grita María Pía- ¡no te puedes ir, no me dejes sola! ¡yo no puedo hacerlo sola!
Esmeralda entra- ¡Dígame lo que tengo que hacer, hermana! ¡yo la ayudare!
María Pía la mira sorprendida.
*
Casa Alejandro.
-¡De verdad que me sorprendes mucho Diego, tú has sido un picaflor durante toda tu vida y ahora así, de repente quieres casarte!
-¡Bueno, papá, creo que llegó la hora de darle un rumbo a mi vida, y es ella! ¡es Esmeralda con quien quiero casarme!
-¿No te parece algo apresurado? Ustedes apenas se conocen… ¡tú ni siquiera has tenido la oportunidad de cortejarla!
-Pues, en la experiencia que tuvimos en el bosque… -le confiesa- ¡ocurrieron ciertas cosas entre nosotros!
Dolores llega y escucha sin entrar.
-¡No voy a entrar en detalles, claro, pero te aseguro que Esmeralda y yo nos sentimos muy unidos!
-¡Veo, así que fue en esa aventura dónde ustedes dos…! -une dos dedos (muy simpático)
-¡Así fue, papá!
-¿Entonces, por qué Fernando le comentó a María Pía que una de sus hijas estaba interesada en ti?
-¡Debe ser Mariángel, la otra hija! Que también es muy bonita, encantadora… ¡pero es Esmeralda quien realmente me interesa!
-¿Tú no estarás cortejando a las dos, verdad Diego?
-¡No papá, por favor!
-¡Ya Diego, discúlpame! –se corrige- discúlpame… crea fama y acuéstate a dormir.
-¡Sí claro, por eso me gustaría que hables con el Gobernador cuanto antes! Aprovecha este brindis que le van a dar a Montero y habla con él… ¡plantea la situación!
-¡Pues yo nunca te había visto tan interesado en una mujer, Diego! Y créeme que me alegra mucho, así que no dudes en contar con todo mi apoyo… ¡pero tu tía… tu tía María Pía va a oponerse!
-¿Mi tía va a oponerse? –se sorprende.
-¡Sí, vino a verme cuando Fernando le comentó que una de sus hijas estaba interesada en ti! Habló conmigo y se opone rotundamente que nosotros tengamos alguna relación con las mujeres de esa familia.
Dolores sigue escuchando.
-¡Sí claro, entiendo! Tanto odia mi tía al Gobernador.
-¡Así es Diego, y lo peor es que todavía continúa sin decir por qué!
-¡Pues lo lamento por mi tía, papá, ella tendrá que aceptarlo! ¡Esmeralda y yo no tenemos la culpa de lo que pasó entre los dos!
-¡Claro!
-¿Cuento con tu apoyo?
-¡Diego, esa joven es la hija de mi mejor amigo! –suspira- ¡jamás te perdonaría que le hicieras daño, que jugaras con ella! –le advierte.
-¡Papá, te juro que lo que siento es de verdad! –sonríe- ¡yo estoy enamorado de Esmeralda! ¡yo nunca me había enamorado así! Quiero casarme con ella.
Dolores se santigua y se marcha triste.
*
Casa del campesino.
-¿Usted tiene alguna experiencia como partera?
-¡No! –Esmeralda con ganas- ¡pero yo aprendo rapidito! Dígame qué tengo que hacer.
María Pía suspira- ¡Cuide de esta mujer mientras yo saco a su bebé!
-¡Aquí está el cuchillo! Lo pasé por fuego y lo desinfecte como usted me dijo.
-Gracias… ¡escúcheme! –le habla a la mujer- ¡te voy a ayudar a tener a tu bebé! Pero necesito abrir tu vientre para poder hacerlo… es la única manera.
Esmeralda se espanta- ¡Abrir! –con horror.
-¡Haga lo que sea! No me deje sola.
-¿Y por qué no llaman a una partera?
-¡Porque la partera no está en la ciudad! Y la única posibilidad sería el cirujano Agapito, pero ese hombre es un alcohólico, no tiene sentido que lo llamemos, además él no trabaja sin paga.
-¡Yo tengo dinero! –saca monedas de oro- ¡vaya por él! –le ordena al marido.
-Tenga el dinero y vaya por el cirujano, tráigalo rápido –ordena María Pía- ¡Te voy a ayudar a nacer a hijo vivo! Tienes que ser muy fuerte y valiente… tú lo vas a ver nacer.
-¡Yo lo hago! déme el cuchillo.
-¿Usted está segura que lo puede hacer?
-¡Claro que no! Pero no vamos a dejar morir este bebé… dígame qué tengo que hacer.
María Pía le entrega el cuchillo.
(un poco ridículo… si fuera María Pía todavía lo entendería, pero le da el cuchillo a una niña que asiste al primer parto de su vida
*
Casa De La Vega.
Diego está guapísimo.
-¡Hoy es una ocasión muy especial para mí! –festeja Diego- ¡mi padre va a pedir la mano de Esmeralda!
-La negra Dolores lo sabe ya, pero tienes que hablar con la negra Dolores.
-¡Pero ahora me quiero ir, yo te prometo que cuando regrese…!
-¡Tú no vas a ninguna parte! –le grita Dolores y Diego la mira sorprendido- sin antes haber escuchado a la negra Dolores… lo que tengo que decir es muy importante… ¡tú no sabes quien es ese hombre! ¡tú no sabes quien es el padre de Esmeralda! En realidad no sabes quien es él… ¡la negra Dolores te lo va a decir! ¡Todo sobre él!
*
Casa del Gobernador.
Fernando está guapísimo.
-Yo me puedo arreglar solo.
-¡Vamos papá! –lo ayuda Mariángel- ¡quiero que te veas muy guapo en la reunión de esta noche! Además quiero arreglarte como lo hacía mamá.
-¡Tu mamá no me arreglaba! –reacciona Fernando.
-Me parece muy buena idea que hayas organizado esta reunión para agradecerle a Montero el haber salvado a Esmeralda… ¡aunque no sé por qué algo me dice que tienes otro motivo para esto!
-¿Y tú como lo sabes?
-¡Porque te conozco muy bien papá, sé que todos los eventos sociales te aburren! Además por que Montero me dijo que cuando él rescató…
-¿Montero? –se sorprende Fernando- yo no sabía que habías hablado con Montero… ¿qué te dijo?
-¡Bueno, fui a agradecerle su acción heroica! Era lo menos que podía hacer… ¿no? –finge y le pasa su chaqueta- y me contó algo que no me gustó para nada.
-¡Yo me pongo solo! –se impacienta Fernando y le arranca la chaqueta.
-¡Me dijo que cuando los encontró en la selva, Esmeralda estaba en confianzas con Diego! Que lo estaba mirando y que lo estaba… acariciando… ¡todos sabemos que Esmeralda se lo quiere meter hasta por los ojos a Diego! Y quien sabe qué otras cosa habrán pasado mientras…
-¡Basta hija, basta! –le corta Fernando- no exageres… de todas maneras se me hace extraño que Montero no me haya comentado nada sobre ese detalle.
-¡Papá, es obvio! Montero es un hombre muy prudente y reservado.
-¡No, no es eso! Lo que pasa es que se me hace raro que Montero no me haya comentado nada sobre Esmeralda y el hijo de Alejandro después de lo que planteó y me pidió –le comenta serio.
-¿Qué fue lo que te pidió?
-¡Ay, hija, eres igualita a tu padre! –sonríe Fernando- ¡te gusta saber lo que hay debajo de la mesa mientras todos están cenando!
-A mucho orgullo, señor Gobernador… ¿qué fue lo que le pidió a mi padre el comandante Montero?
-¡La mano de Esmeralda! –le anuncia.
Mariángel se queda tiesa- ¿Ah, sí, y tú que piensas hacer, se la vas a conceder?
Y ambos se miran cómplices.
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FIN DEL CAPITULO
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