Z021 – ALEJANDRO ES HERIDO – lunes 12 de marzo de 2007
Posted: Thu Mar 22, 2007 1:06 am
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Son divinas!! (se los digo modestamente
)
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*
Hacienda de La Vega.
Alejandro lee un libro con bata de seda en el salón de su casa cuando se da cuenta que Almudena acaba de entrar-¡Almudena! ¿que estas hacienda aquí! es muy peligroso recorrer esos caminos de noche.
Almudena lo mira con pena- ¡No me regañes, Alejandro, necesitaba hablar contigo!
Alejandro se suaviza- Veo… ¿sucedió algo? –se acerca a ella.
-¡Es Fernando, está muy mal desde que tuvo esa conversación con tu hermana! Es otra persona, está muy afectado.
Alejandro suspira- ¡María Pía también está pasando por un mal momento! Es que ambos decidieron terminar esa relación amándose todavía… y ahí están las consecuencias… ¡ninguno de los dos es feliz!
-¡Pero María Pía tiene su vida entregada a Dios, eso la va a fortalecer para superar todo esto! En cambio Fernando… aparenta ser un tipo duro y tosco… ¡pero no lo es! Y cuando se debilita sus enemigos se aprovechan.
-¿Ocurrió algo más?
-¡Sí, anoche trataron de envenenar a Fernando! Parece que alguien puso una sustancia en la bebida que él estaba tomando… según el cirujano parece que es una sustancia que usan los indígenas… ¡tengo mucho miedo Alejandro, esta ciudad se ha vuelto muy peligrosa!
Alejandro la abraza- ¡Tranquilízate, yo estoy aquí para protegerte! Muy pronto vas a ser mi esposa y estaremos juntos, y podré cuidar de ti.
Almudena le ruega- ¡Entonces no perdamos más tiempo, yo no me quiero separar de ti! ¿Por qué no hablamos con el cura para que nos de la bendición y nos casamos mañana mismo?
Pero esto parece molestar a Alejandro- ¡Es lo que más quiero Almudena, lo que más deseo! Pero primero tenemos que pensar en cómo enfrentar a Montero.
(y esto qué tiene que ver??
)
Almudena decepcionada se separa de él y le da la espalda- ¿Es… esa la razón… o tu corazón empezó a dudar?
Ahora Alejandro se asusta de perderla- ¡Mi corazón! Mi corazón ha decidido entregarse rendido al tuyo Almudena, nada ni nadie va a impedir que yo te ame o te desee durante toda la vida –y se acerca a ella y la abraza por detrás- ¡yo te amo! Te amo con todo mi corazón.
Almudena suspira con alivio.
-¡Pero si mis palabras no son suficiente! Tal vez… mis caricias… sí te convenzan.
Almudena se da la vuelta y ambos se besan.
#
Por eso quiero que me ames
Que me perdones si muy tarde
Comprendí que sólo a ti
Puedo amar
Por eso quiero acompañarte
Cada mañana despertarte
Y sentir que todo vuelve a empezar
Contigo… juntos hasta el final
#
Y ambos van a la habitación de Alejandro.
*
Muy cerca de ellos Yumalai tiene un ataque de histeria y se arranca la ropa y el peinado furiosa.
*
Habitación de Alejandro.
Alejandro desviste a Almudena lentamente.
#
Desde que te vi no puedo estar
Pensando en otra cosa
Que tus ojos mirandome
Ayúdame a escapar de esta prisión
Que me hace un esclavo
Y me aleja de tu corazón.
Quiero liberarme de esta oscura pasión
Y estar al lado tuyo.
#
*
Habitación Yumalai.
-¡Adiós don Alejandro! –dice una nueva Yumalai toda vestida de india de vuelta - ¡ya no le pertenece mi promesa! Usted ya no necesita a esta india.
*
Casa gobernador.
Al día siguiente Almudena está que no puede en sí de la felicidad- ¡Ay, que día tan lindo! ¿no te parece un día maravilloso?
-¿Y por que son esos suspiros? –ríe Esmeralda.
-¡Anoche estuve en casa de Alejandro De La Vega y no sabes… el hombre tan maravilloso que es! Estoy feliz, mi amor… Dios me ha bendecido con tanta felicidad… -y luego se corta- pero… Alejandro está muy preocupado por todo lo que está haciendo Montero… ¡tenemos que ayudarlo de alguna manera!
-¡Estoy de acuerdo contigo! Ese miserable se quiere vengar de todos, hasta de mi padre, y no se detiene ante nada ni nadie… tía, estoy segura que Montero está haciendo algo malo con mi madre –le dice con mucho temor.
-¿Por qué en contra tu madre?
-¡Los gitanos me dijeron que anoche la sacó de su celda! Y posiblemente… la torturó para sacarle información.
Almudena se pone pálida- ¡Dios mío, no!
-Muy probablemente por eso se sienta tan poderoso… tal vez descubrió un secreto que quiere usar en contra de mi padre.
-¡Esmeralda, pero… eso es horrible! ¿Y qué pasó con Sara Kali?
-No sabemos mucho, sospechamos que la tiene escondida en otro lugar, pero sabes qué… ¡temo por su vida! De ese miserable de Montero se puede esperar cualquier cosa.
*
Casa gobernador.
-¡Hoy no necesito la espada! –le agradece a Bernardo- ¡me voy a ocupar con mi padre a cumplir con las nuevas leyes del dictador Montero! Si quiere que desviemos el cause de un río es precisamente lo que haremos… ¡no le vamos a dar el gusto de una disputa legal!
(aprovechen chicas... Dieguito pami sin camisa!!
)
Bernardo le hace señas.
-¡No, de nada sirvió anoche El Zorro! Parece que a la madre de Esmeralda la trasladaron a otro lugar y solamente Montero sabe dónde está… no sé… ¡pero debe ser un lugar cercano porque la trasladaron por la noche! No creo que se la lleven a plena luz del día, además tiene que estar disponible por si la necesitan… ¡sólo unos cuantos deben saber dónde está! –y mira Bernardo- ¡sí, quiero que investigues, que escuches todo, convertido en una sombra! No… -le responde a más señas- ¡el Sargento García no debe saber nada, yo creo que es Pizarro más bien que lo sabe! –y su mirada se vuelve negra y preocupada- ¡pero ten cuidado, porque a veces pienso que Pizarro es mucho más peligroso que Montero!
*
Hacienda de La Vega.
Dolores llega corriendo y le avisa a Alejandro que Guadalupe se ha escapado ante la rabia de Alejandro.
-¡Estaba molesta porque la regañé anoche!
-¡Hay algo más grave, encontré pintura de guerra en su cuarto!
-Si Yumalai se puso pintura de guerra en el rostro… ¡eso quiere decir que no ha olvidado sus planes todavía, va a matar a Fernando!
-¡Dios mío!
-¡Tengo que encontrar a Fernando antes que ella lo encuentra! ¡hay que evitar una tragedia Dolores! –y sale corriendo.
*
Casa gobernador.
Fernando por fin conciente y trabajando en su despacho, aun con resaca, cuando Montero entra a su oficina y le tira unos papeles sobre el escritorio.
-¿Y eso qué es? ¡que hace usted aquí tan temprano!
-Vine el día de ayer a tratar un asunto importante con usted señor gobernador –se burla Pizarro- ¡pero estaba un poco indispuesto!
Fernando se molesta- ¡Sí, me tomé unos tragos… y fueron malos! Ya me estoy reponiendo –y de pronto golpea el puño sobre la mesa- ¡qué son todos estos documentos que parece que no pueden esperar!
-¡Nuevas leyes! Necesito que usted firme estos decretos para poner en cintura a muchas personas que están infringiendo la ley… señor.
-¡Ha estado usted legislando sin mi autorización!
-¡Es necesario! Algunos creen que pueden jugar con las leyes y hacer con ellas lo que se les de la gana –dice con aire de amenaza.
-¡Eso no lo voy a permitir! –afirma Fernando.
-¡No lo debemos permitir… señor! –le corrige- y con todo respeto… ¡su gobierno ha sido bastante débil y tenemos que actuar!
Fernando se levanta enojado-¿Está usted criticando mi trabajo, mi desempeño?
-¡Señor gobernador, desde que usted llegó de España, no ha cumplido muy bien sus funciones! Es más… no ha tenido ni la cortesía ni la amabilidad de leer nuestra legislación, y le advierto… ¡si usted no cumple bien su trabajo, lo tendré que hacer yo!
-¡Qué está diciendo, Montero!
-¡Qué firme esos papeles, porque si no lo hace señor gobernador, lo haré yo mismo! Y su imagen quedará bastante perjudicada.
-¿Se está usted volviendo loco? –Fernando lo mira como si lo estuviera.
Montero sonríe con triunfo- ¡No! Soy un hombre bastante lucido para entender que ya no debo confiar más en usted… por eso he tomado esta clase de medidas… ¡son necesarias para evitar cualquier sanción por incumplimiento de mi deber, señor!
-¡Pero qué insolencia es esa! –Fernando está furioso e indignado- ¡tenga mucho cuidado Montero, conmigo no juegue a la guerra! –le advierte- ¡y mucho menos juegue a la venganza! Usted sabe muy bien que soy amigo del rey.
Montero ríe- ¡Amistad que puede perder si su Majestad se enterara de la existencia de Sara Kali! Reina de los gitanos… ¡mujer que se encuentra aquí por orden suya… señor!
Fernando comprende por fin la amenaza y se queda pálido (más de lo que está de la resaca)-¿Se ha atrevido a entrevistarla?
Montero triunfa- ¡Eso y mucho más! Se lo advierto, conozco su mayor secreto y si hablo su cabeza irá a parar al fondo del mar… señor.
*
Habitación Esmeralda.
Almudena la ayuda a hacerse el corsé-Todo esto que me cuentas del comandante Montero es terrible –se espanta- ¡ese es un demonio del que todos nos tenemos que cuidar!
-¡Sí, pero yo voy a hacer cualquier cosa para liberar a mi madre! No voy a permitir que la utilice para vengarse de mi padre.
-¡Tú! ¿qué vas a hacer?
-¡Los gitanos se están armando! Piensan asaltar la prisión, y si capturan a Montero, tal vez…
Pero Almudena se desespera- ¡Esmeralda, por favor no te metas en esas cosas! Yo entiendo que quieras tener a tu madre a tu lado pero no pongas tu vida en peligro… ¿adonde vas? –se inquieta la verla prepararse.
-¡Tengo que ver a Diego! Iba a entrevistarse con un guardia de la prisión para sacarle información.
-¡Voy contigo!
-¡No tía, mientras menos te involucres es mejor! No voy a permitir que Montero le haga daño a mi madre… ¡no veo la hora de tenerla frente a mí y quitarle esa horrible máscara que le pusieron y ver por primera vez su rostro! –sonríe.
*
(Mientras tanto, nuestra Enmascarada ha pasado realmente a nivel de ángel… porque ahora está en una cueva, siempre amarrada y los soldados ni siquieran pueden llegar a ella!!
)
Dos soldados, los mismos malos de siempre,
le pasan una olla de comida,
que se la bajan con una cuerda al hoyo dónde está encadenada Sara Kali.
(alguien me puede decir de qué sirve esto??? Si ni siquiera puede mover las manos, cómo va a comer??
)
-¡Allí te va tu banquete, carita de escudilla! –ríen.
-¡Espero que te guste tu nuevo calabozo! ¿estará viva?
-¡Que se pudra! Esa mujer es un peligro para todos nosotros.
Y ríen malvados.
Sara Kali suspira-¡Mi hija! Es mi única ilusión, Esmeralda.
*
Casa Gobernador.
-¡Qué hizo usted con Sara Kali! –se enoja Fernando- ¡dónde la tiene!
Pero Montero está seguro de sí mismo- ¡Es un secreto militar señor Gobernador!
Fernando gruñe de rabia- ¡Bien, muy bien Montero! Veo que se quita la máscara –y luego lo mira con desprecio- ¡Ahora sí lo veo tal y como es usted! Un traidor sin estirpe, de la más baja calaña, sin honor.
-¡Qué curioso que sea usted quien me llame traidor! –se le acerca- ¡usted que no fue capaz de sostener su propia palabra!
-¡Ah… Todo esto es por la mano de mi hija Esmeralda! –con burla.
Olmos espía desde la ventana.
-¡No, su hija no vale el esfuerzo! Sólo estoy protegiendo mi pellejo… usted fue el asesino del Inspector del Virrey, yo su testigo… ¡y a su vez su cómplice! –con rabia- ¡desafortunadamente con los acontecimientos, me enseñaron a no tener confianza en usted! –casi le escupe.
-¡Al grano, Montero! ¿qué es lo que quiere?
-¡Primero, firme los documentos! Después ya veremos, como usted dice tenemos negocios e intereses comunes… -baja la voz- ¡la única diferencia es que ahora yo tengo el control!
-Tenga mucho cuidado con este chantaje Montero- y achica los ojos- ¡detrás de Sara Kali hay una verdad que su cabecita jamás va a alcanzar a entender!
(wow!! Qué será esto!!
)
-¡Todo a su tiempo… señor… Gobernador! Si hay algo más que deba descubrir, lo haré, pero se lo advierto… ¡el que da las ordenes soy yo! –y se marcha.
Fernando se queda nervioso y se pasea de un lugar a otro- ¡Este imbécil cree que me va a poder controlar! ¡Olmos! –grita- ¡Olmos!
-¡Sí, don Fernando! –aparece Olmos en traje beige y muy servil.
-¡Un coche inmediatamente!
-¡Sí, señor! –y se agacha aún más.
-¡Tú vas conmigo también! –le grita- si Montero dice que no sé hacer mi trabajo le voy a enseñar qué clase de Gobernador soy… ¡vamos! –lo echa y queda solo hablando- ¡y todo esto es gracias a tu petición, María Pía, pero no me importa…! ¡no me importa en lo absoluto! –dice orgulloso- ¡soy hombre y me hago cargo de las consecuencias de mis actos!
*
Capilla.
En ese momento María Pía asume las consecuencias de los suyos ante el padre Villarte- ¡Justamente porque sé de la importancia de mi decisión, es que considero tan importante que usted me escuche!
-¡No me gusta para nada ese tono! María Pía… ¿se trata de Fernando y ese asunto de la boda de Esmeralda y Diego?
María Pía suspira- ¡Lo que le quiero decir, padre, es que estuve a punto de traicionar mi castidad de religiosa!
-¡María Purísima! –se santigua el padre con dolor- ¡que estás diciendo, hija mía!
-¡Solamente lo hice porque quería evitar que Diego fuera a duelo con Montero, por favor créame… era solamente con esa intención! –le ruega- fui a hablar con Fernando para ver la posibilidad que él me escuchara y cambiara de opinión…
El padre mueve la cabeza con pena negativamente.
-¡Pero él me propuso un trato! –baja la mirada y se tapa los ojos- ¡qué vergüenza!... me propuso salvar la vida de Diego a cambio de…
-¡Por Dios, hija!
-¡Yo acepté el trato! –le lanza.
El padre mira con desesperación y se toma la cabeza.
María Pía llora- ¡Pero Fernando quería que yo le demostrara mi amor…! Él quería que yo le demostrara que yo le seguía queriendo.
El padre tiene un poco de esperanza.
María Pía llora y suspira- ¡Cuando él se dio cuenta que no iba a obtener de mí esa pasión que él esperaba… se arrepintió de hacerme suya.
El padre asiente-¿Tú lo sigues amando?
María Pía no contesta directamente- ¡Él me demostró que me amaba de verdad! –dice con dolor- ¡que todavía me ama! No entiendo qué quiere Dios de mí… ¡no sé si él sinceramente quiere que yo me consagre como religiosa… o si lo que quiere es que perdone a Fernando, al hombre que mató a la mujer de mi hermano!
-Me temo hija mía –suspira profundamente- ¡que en esta ocasión no soy yo quien pueda ayudarte! –y una lagrima solitaria le baja por la mejilla- ¡esto es algo que tú debes resolver sola! –y se levanta y la bendice- ¡en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo!
María Pía queda sola y llorando.
*
Casa Gobernador.
Alejandro llega y le dice a Almudena que debe hablar con Fernando.
-¡No está! Acaba de salir con Olmos para la ciudad.
-¡Tengo que encontrarlo cuanto antes!
-Te noto muy preocupado.
-Sólo quiero ponerlo sobre aviso… con respecto a la situación del comandante Montero.
Pero Almudena lo mira con sospecha-¡Alejandro, a mí no me engañas! Sé sincero conmigo… mi amor… ¡después de lo que pasó anoche los dos somos como uno solo!
Alejandro suspira- ¡Almudena, tengo motivos para pensar que Fernando está en peligro de muerte, van a intentar matarlo!
Almudena se asusta- ¡Dios Santo!
-Tengo que irme – se levanta.
-¡No, yo voy contigo!
-¡No, jamás permitiría que estuvieras en una situación de peligro, Almudena! –se niega- ¡te lo prometí anoche y voy a cumplir con mi palabra!
Pero Almudena no se deja- ¡Y yo te prometí que te seguiría el resto de mi vida, en las buenas y en las malas Alejandro! –lo regaña.
*
Un lugar de la ciudad.
Yumalai, con pintura de guerra, se aposta en el techo de una casa- ¡Ahora sí, hombre de un solo ojo, pagarás con tu vida la vida de mis hermanos!
(y ahora Yumalai
es adivina… cómo sabe que el Gobernador va a pasar por ahí?)
*
Una calle.
Un carruaje lleva a Fernando y a Olmos.
-¡Es ella! –murmura Fernando.
Olmos se sorprende- ¿don Fernando, quien? ¿le pasa algo, señor?
-¡No Olmos! –suspira Fernando y disimula- ¡son los rezagos de la intoxicación de anoche! Todavía no me siento bien –y toma una botella de sales y respira- ¡de repente me siento como si estuviera en otro lugar!
-¿Quiere que regrese a casa, señor? –se preocupa.
-¡No, le tengo que dar una lección al comandante Montero! –dice seguro de sí.
*
Casa Gobernador.
-¡Vengo a visitar a la señorita Esmeralda! –aparece Diego.
-¡Diego! –aparece feliz Mariángel- ¡mi querido Diego, qué visita tan agradable! Hortensia, no haga esperar al caballero, vaya por mi hermana –le sonríe - ¡los enamorados son impacientes! –y le pasa la mano que Diego se apresura a besar- ¡Sin resentimientos, el pasado quedó atrás! Además pronto seremos familia.
Diego sorprendido ante tanta amabilidad y cortesía- ¡Así es! Pues me alegra que hayas tomado de buenas maneras que tú yo no podamos llegar a ningún lado… ¡y que estoy enamorado de Esmeralda!
-¡No me cabe duda! –le da su mejor sonrisa cautivadora- ¡así es el amor, caprichoso e inesperado! –ríe con una risita falsa- ¡dicen por ahí que uno no gobierna sobre los sentimientos del corazón! ¿piensas lo mismo?
Diego es sincero- ¡Completamente! –le sonríe- ¡yo creo que me estoy dejando gobernar por el amor de Esmeralda!
Mariángel sonríe y acaricia la pequeña botellita detrás de ella y ríe- ¡Entonces no me negarás un brindis en honor al amor! Por la futura pareja te traeré una copa –y se aleja.
Diego levanta las cejas incrédulo.
*
Calle.
El carruaje con Fernando sigue avanzando y llega a la calle dónde Yumalai está apostada y se apresta para disparar.
Pero Alejandro llega al galope- ¡Alto! –grita desesperado- ¡Fernando!
-¿Qué pasa? –para su carruaje
Alejandro baja del caballo y se pone enfrente de Fernando- ¡Fernando, tengo que prevenirte!
Pero Yumalai dispara igual... ¡y le acierta a Fernando en el hombro derecho!
(Qué tontería…
para que dispara si no tiene al blanco en la mira??)
-¡Alejandro! –en ese momento Almudena llega a caballo detrás y lo ve caer- ¡Alejandro! –grita desesperada.
Pero Alejandro cae en los brazos de Fernando que lo ayuda- ¡Tiene una flecha en la espalda! Ayuden.
Olmos lo ayuda. Almudena se desespera- ¡Por Dios, llamen a un medico cirujano por favor!
La escolta del Gobernador se hinca y empuñan sus mosquetes.
-¡Olmos, ve a avisarle a Diego!
Yumalai sigue mirando.
-¡Todo va a salir bien mi amor, no te preocupes!
-¡Esa maldita flecha venía para mí! –se alerta el Gobernador y busca con la mirada en los techos- ¡Ahí está, maldita india!
-¡Fernando! No –le ruega Almudena.
Pero Fernando deja a Almudena y Alejandro en el suelo- ¡Vamos detrás de esa india!
-¡Alejandro no te me mueras! –ruega Almudena que tiene a Alejandro en su falda.
*
Casa Gobernador.
Mariángel llega con dos copitas.
-¡Mariángel! –Diego se niega- ¡yo te acepto el brindis, pero sólo si es con una tacita de te!
-¡Te! –lo mira incrédula.
Diego sonríe delicado-¡Sí, te! Es que es como un poco temprano para tomar licor.
Mariángel ríe y acepta- ¡Como quieras, lo importante es el significado de nuestro brindis! Hortensia… tráigame te –ordena.
-¡Si señorita!
-¡Porque vamos a celebrar el triunfo del amor entre mi media hermana y tu! – y en sus manos sigue jugando con el pequeño frasquito- ¿Quién lo iba a pensar, convertido en mi cuñado?
-¡Yo sé que no es lo que tú esperabas y lamento no haber podido corresponder a tus sentimientos!
-¡Descuida! –le sonríe falsa- te confieso que me decepcionaste mucho cuando no me elegiste a mí… pero bueno… ¡te vas a casar con mi media hermana y aunque hayamos tenido nuestros roces yo también quiero que ella sea feliz!
Diego sonríe complacido.
Hortensia trae el te y Mariángel sirve- ¡Créeme Diego, la he visto sufrir mucho! –y mientras dice esto se arregla para echarle un chorro del brebaje- ¡mi padre ha sido tan… injusto con ella! Y creo que la vida se lo está recompensando, aunque te voy a confesar una cosa… -pone el te- ¡tú seguirás siendo lamentablemente el hombre de mis sueños! –le ofrece el te.
Diego ríe socialmente- ¡Por Dios, también puedo ser tu peor pesadilla, Mariángel! –le acepta la taza.
Mariángel ríe socialmente-¡Salud, mi querido Diego, por el amor! –y levanta su taza para brindar.
Diego se toma el tiempo de revolver con la cucharita y choca la taza con ella- ¡Por el amor y gracias… por tus buenos deseos! –y luego huele el te.
*
Algún lugar de la ciudad.
Fernando persigue a Yumalai y le dispara varias veces pero no le acierta. Ordena los caballos.
*
Al lado del carruaje Almudena le ruega a Alejandro que sea fuerte y que aguante. Se llena de desesperación y dolor. Está muy sola -¡Que venga Diego, ya! –ruega y llora.
*
Casa Gobernador.
Mariángel se impacienta- ¡Tómala, no dejes que se enfríe!
-¡Si claro! –pero sopla la taza del cual hay un vapor que se ve claramente y se la lleva a la boca.
En ese momento aparece Esmeralda y lo abraza por detrás.
Diego se asusta y tira la taza- ¡Lo siento! -se disculpa rápidamente con Mariángel y se da la vuelta riendo feliz-–¡Esmeralda! –y ambos se abrazan y se besan -¡Creí que estabas en tu cuarto!
(jajajaj…
no tomó el hechizo!)
Pero Mariángel pierde control y deja de fingir y le grita furiosa -¡Torpe, Mira lo que hiciste!
-¡Lo siento! –ríe Esmeralda burlona- ¡no sabía que estabas con mi prometido en la sala! Mi amor… ¡necesitamos hablar! –y lo lleva de la mano.
-¡Si claro! –pero Diego se retorna- ¡Mariángel! Gracias por el te y los buenos deseos… y en otro momento seguimos con el brindis.
Mariángel queda sola con su propio veneno y su odio- ¡Corre! Que mi hermana parece desesperada por hablarte… -respira nerviosa- ¡ya habrá tiempo que tomes de este frasquito! Porque te aseguro, Diego, serás completamente mío –suspira.
*
Jardín.
-A veces me extraña el comportamiento de tu hermana –le cuenta Diego pensativo- ¡ahora se mostró muy alegre y feliz por nuestro matrimonio!
-¡A mí no me extraña nada! –suspira Esmeralda- ¡Quien sabe qué se trae entre manos! Pero mi amor… quería verte… ¿me traes noticias?
-¡Lamentablemente no he podido averiguar nada! Parece que … el lugar dónde tienen escondida a tu madre es un secreto muy bien guardado que muy pocos conocen en la prisión.
-¿Entonces, qué vamos a hacer? –se desespera Esmeralda.
-¡No sé… pero te prometo que buscaré la manera de encontrarla –le promete- ¡Además Montero no debe tenerla muy lejos, la necesita cerca para presionar a tu padre!
-¿Mi padre? Ni siquiera debería llamarlo así porque en realidad no es –se enoja Esmeralda- ¡en este momento lo detesto! Todo lo que le está pasando a mi madre es por su culpa… ¡sabes, no veo la hora de estar junto a ella y que me cuento todo sobre mi pasado! –suspira- ¡hay tantos secretos, te das cuenta, no sé quien es mi verdadero padre!
-¡Pero lo sabrás! –le promete Diego enamorado- ¡porque te juro que la voy a encontrar! Mira Esmeralda… Montero cree que tiene el poder y lo está utilizando sin medir las consecuencias, pero en algún momento se descuidará… ¡y El Zorro hará su parte! Te lo prometo.
Esmeralda le sonríe.
*
Casa Montero.
-¿Al señor Diego De La Vega? –se sorprende Pizarro.
-¡Sí, cambié de opinión! –dice rabioso- ¡ya no quiero esperar más, quiero a ese desgraciado tras las rejas, encerrado en mi prisión!
Pizarro no parece muy contento- ¿Y qué delito le vamos a imputar?
-¡No lo sé! –reconoce Montero- ¡todavía no lo sé, pero algo se me ocurrirá! –y luego lo mira decidido- ¡Piensa lo que sea, Pizarro! Cualquier cosa que sirva para sacarlo de su glamorosa vida en la Hacienda –dice con odio- ¡no voy a permitir nunca más que se siga pavoneando con Esmeralda por toda la ciudad!
Pero Pizarro duda- ¡comandante! ¿no cree que se está exponiendo demasiado? –la voz de la razón- ¡Ya se metió con el señor Gobernador, y promulgó dos leyes para acabar con don Diego De La Vega el mismo día! –le advierte- ¡se pueden unir en su contra!
Pero Montero lo mira demasiado seguro de sí mismo-¡Que lo hagan Pizarro! –con una sonrisita- ¡que lo haga, nosotros somos más poderosos! Además Fernando Sánchez de Moncada sabe que tenemos su cuello entre las manos… eso sí… ¡siempre y cuando no perdamos a Sara Kali! –le amenaza.
-¡Nadie va a encontrarla en su nuevo escondite, en ese lugar no entran ni las ratas!
Montero ríe- ¡Perfecto! –feliz- ¡así tiene que ser! para que Fernando Sánchez de Moncada se arrepienta de su traición.
*
En ese momento Fernando sigue buscando a Yumalai- ¡Un saco de oro al que la agarre! –pero les advierte- ¡y el que la mate correrá su misma suerte! Vamos.. –les grita- ¡la quiero viva!
Y los soldados galopan.
Fernando se queda en el sitio -¡Maldita india, tú me estás cazando y quiero saber por qué me quieres matar! No quiero ver la cara que haces cuando te atraviese con mi espada- y la saca furioso- ¡Vamos! –le dice a su caballo.
*
Yumalai huye y se detiene a llorar al recordad que hirió de muerte a Alejandro - ¡Qué hice! Lo maté.. ¡maté a mi amo! –y furiosa grita una y otra vez con dolor y sigue huyendo.
*
Casa Gobernador.
-¡Pero todo eso que me cuentas de tu vida es terrible, Esmeralda! –se duele Diego.
-¡Sí, y lo peor de todo fue cuando mi padre me casó con ese anciano de Jacinto Burda! Un hombre muy poderoso para que intercediera por él para enviarlo a América.
-Pero tengo entendido que el hombre murió en el altar.. ¡Así que te convertiste en viuda… y rica!
-¡Sí, pero mi padre conservó la dote y sigue buscando la forma de hacerme infeliz! ¡me odia! Ahora pretende (pretendió… error
) que me case nuevamente con el miserable de Montero.
Diego suspira- ¡Pues no te voy a negar que a veces, Fernando me desconcierta! Porque puede ser muy despiadado… por momentos… ¡pero sin embargo rompió el compromiso con Montero para que te cases conmigo por el amor que siente por mi tía María Pía!
(Christian arregla la situación
)
-¡Sí! –reflexiona- ¡es verdad! ¿Cómo un hombre puede hacer cosas tan terribles como lo que hizo con mi madre y al mismo tiempo amar a una mujer tan buena como tu tía?
-¡No sé! Pero olvídalo… ¡muy pronto todo eso se va a olvidar cuando te cases conmigo y vayamos a vivir juntos en la hacienda!
-¡Te amo mi amor! Por ti volví a tener ilusiones… sueños.
Olmos llega corriendo pero se detiene y no se acerca.
-¡Y a pesar de las dificultades… me siento la mujer más feliz del mundo! –y lo besa.
Olmos carraspea- ¡Qué pena… dañar este momento tan idílico momento de una pareja que ha conquistado el amor! Pero le traigo malas noticias sobre don Alejandro.
-¡Qué le pasó a mi padre! –Diego.
-¡Una india le disparó en la plaza! –le cuenta nervioso- ¡una flecha! Están esperando al cirujano para llevarlo hasta la hacienda.
Diego y Esmeralda lo miran sin poder creerlo.
-¡Lo lamento, pero no estoy seguro… de que sobreviva! –termina olm.
Diego y Esmeralda se miran.
(Aquí hay un problema de edición…
porque tardan mucho en reaccionar y salir corriendo!!)
Hacienda De La Vega.
Agapito arranca la flecha de un golpe y trata de contener la hemorragia apretando fuerte.
-¡Yo no me voy! –Almudena- yo me quedo con él.
-¡Deje que el medico haga su trabajo! –llora Dolores.
-¡Es mejor que las damas esperen afuera! Este hombre está muy malherido… no va a hacer nada agradable.
Pero Almudena no se mueve-¡Pues mi lugar es al lado del hombre que amo! No pienso dejarlo en manos de nadie –le advierte- ¡Dolores, por favor traiga más aguas calientes y vendas que yo voy a ayudar al cirujano!
-¡Así se habla, señora! –la admira Dolores y sale corriendo- ¡permiso!
Almudena le ruega a Alejandro que resista- ¡De esta vamos a salir juntos, te lo prometo!
*
Iglesia.
María Pía va a ver al cardinal- ¡Se tomó su tiempo! –le reclama mientras ella le besa el anillo.
-Lo lamento, su eminencia, pero indudablemente es una responsabilidad muy grande… ¡aceptar ser la madre superiora de mi congregación!
-Me alegra mucho que no lo haya tomado a la ligera y bien… ¿Cuál es su decisión final, hermana?
-¡Desde el principio de mi servicio decidí entregarle mi vida al señor! –lo mira a los ojos-
¡él decidió por mí, así que acepto ser la Madre Superiora de la Congregación!
*
En ese preciso momento Fernando llega afuera de la iglesia a caballo, el que se asusta cuando un indio le echa tierra negra enfrente y se encabrita.
Fernando baja furioso y lo empieza a pegar- ¡Qué haces indio desgraciado!
-¡Perdón señor! –gime el otro.
-¡Imbécil, agacha la cabeza! –le da patadas- ¡así te quedas! –mientras el otro sigue pidiendo perdón.
-¡Basta ya, don Fernando! –sale gritando el padre- ¿qué le ha hecho ese pobre indio par que usted lo maltrate de esa manera?
-Una maldita india, intentó matarme en la plaza –le contesta Fernando- ¡nada más que en lugar de herirme a mí… hirió a Alejandro De La Vega!
-¡Válgame Dios! ¿Cómo está don Alejandro?
-¡No lo sé! Mi hermana Almudena se quedó atendiéndolo –y lo mira con sospecha- usted, padre, se lleva muy bien con los malditos indios… puede ser que esa india haya venido aquí a buscar refugio.
-Nadie ha venido aquí a buscar refugio… ahora respóndame usted… ¿Por qué razón esa india quiere matarlo?
Fernando lo mira incierto.
-Y aparentemente lo ha hecho en dos ocasiones… ¿por qué??
-¡No lo sé! –le responde Fernando con rabia- ¡lo sabré cuando la atrape! –le promete- con permiso… ¡voy a pasar a la iglesia!
-¡No señor, usted no puede pasar! –lo detiene.
-¿Qué oculta padre? Le advierto que si esa maldita india está allí adentro… ¡la voy a despedazar!
-¡Estamos en una ceremonia religiosa y usted no puede interrumpirla! Además tenemos visita del vaticano… ¡está con nosotros el cardenal Olivieri!
Fernando se interesa- ¿Ah, si? Me pregunto qué hace un enviado del señor… Papa –subraya la palabra con disgusto- ¿Aquí, en un lugar tan humilde como este?
-¡Hoy está naciendo una nueva congregación religiosa! –le anuncia orgulloso- ¡el Vaticano aceptó nuestra petición y nuestras hermanas serán hoy consagradas monjas!
Fernando se pone pálido- ¡Eso quiere decir… que María Pía!
-¡Sí, María Pía De La Vega será nuestra madre Superiora!
La cara de Fernando se descompone.
*
Mientras esto pasa, dentro de la Iglesia Suplicios juega con su cola de caballo mientras observa intensamente a María Pía y al Cardenal.
Las hermanas esperan nerviosa cuando aparece el Cardenal- ¡Esto es un asunto muy serio que no debe tomarse a la ligera!
-¿Para qué se nos reunió aquí?
-¡Todas ustedes serán sometidas a una exhaustiva evaluación para saber si están en condiciones de recibir los hábitos y consagrarse! Hoy empezaremos con el sagrado sacramento de la confesión.
María Pía pone cara de sufrimiento.
-¡No tengo que decirles qué deben ser conmigo abiertas de corazón! Háblenme francamente sobre todas las cosas buenas y malas que les han acaecido en sus vidas… sobre todo dentro de esta comunidad.
Suplicios jugando con su cabello
mira a María Pía que cierra los ojos y luego se ve muy preocupada.
-¡Que pase la primera, por favor! –se dirige al confesionario.
Y al pasar su sombra, Suplicios ve la figura del diablo que se refleja en la pared y tiembla de miedo.
(ajajajajaj MUY BIEN HECHO
miren la pared!! )
*
Afuera.
-¡Quiero hablar con María Pía! –exige Fernando.
-¡Usted no puede hacer eso! Escúcheme… don Fernando… cálmese… ¡yo sé cuánto se amaron en el pasado, no olvide que yo los iba a casar! Pero María Pía tomó otra determinación… ¡ella está entregada por completo al servicio de Dios!
-¡No tiene por qué recordármelo padre! María Pía está tomando una decisión que va a cargar toda la vida… si no reflexiona a tiempo.
-¡Usted dice eso porque sigue enamorado de ella! –le dice el padre sin pelos en la lengua- ¡y cree que ella lo va a corresponder! Olvídelo… ¡esa mujer no es para usted!
-¡Cómo se atreve a hablar así! ¿qué acaso usted sabe lo que realmente esconde el alma de María Pía? –de pronto duda- ¿o es que ella le dijo algo?
-¡Ella no tiene que decirme nada! Yo conozco perfectamente cuál es la vocación religiosa de María Pía.
-¡Por favor, padre! Créame que usted no sabe nada… -suspira Fernando- ¡María Pía está huyendo de su pasado! Está huyendo de un hombre que sabe muy bien que la puede hacer feliz… ¡del amor de ese hombre!
-¡Don Fernando, escúcheme bien! Ustedes son dos personas totalmente diferentes –sigue el padre- ¡usted es fuego, pasión, es locura! Ella es todo lo contrario –sonríe de solo pensarlo- ¡ella es dulzura, es la bendición de Dios! Ella no es una mujer para usted y ¡jamás debió serlo!
Fernando sonríe incrédulo - ¡Créame mi querido sacerdote que esa decisión solamente la tomo yo! ¿quedó claro? ¡entendido! Solamente decido eso.
Y ambos se miden con la mirada.
*
Casa Alejandro.
Agapito le echa alcohol en la herida. Alejandro grita de dolor y se desmaya.
-¡Alejandro! –grita Almudena desesperada.
-¡Todavía respira, pero no me gusta para nada! –Agapito está asustado y le escucha el corazón -¡yo siento que la flecha hizo daño por dentro más de lo que yo imaginaba! Pero su corazón late muy debí.
-¿Qué quiele decil? –llora Dolores.
-¡Quiere decir que don Alejandro De La Vega… no va a sobrevivir! –les anuncia Agapito.
Dolores casi se desmaya. Almudena mira con desesperación a Alejandro.
*
Campo abierto.
Los soldados acorralan Yumalai-¡Si te mueves, te disparo!
Yumalai hace sus sonidos raros tomando arena y los caballos se encabritan y sigue huyendo-¡Se nos escapa, tras ella!
*
Hacienda de La Vega.
-¡Lo siento mucho, mis señoras! Pero esta situación se me sale de las manos.
-¡Agapito! –ruega Almudena- ¡revíselo de nuevo! Alejandro es un hombre fuerte que tiene que vivir.
-¡Yo sé que don Alejandro es un hombre fuerte! Pero eso es una flecha y le rompió por dentro y está presentando una hemorragia interna que yo no pude controlar.
-¡Qué clase de cirujano es usted! –le reclama injustamente.
-¡Con todo respeto señora Almudena! Es mejor que usted se haga a la idea –y luego Agapito muy tranquilo y práctico- ¡voy a empezar a tomar las medidas para hacer el cajón mortuorio!
Pero tanto Almudena como Dolores lo echan a patadas.
*
Campo abierto.
Yumalai llega a una acantilado y está atrapada- ¡Ya no tienes para dónde huir, india! Si saltas te matas.
Pero Yumalai contempla seriamente esta posibilidad.
*
Hacienda de La Vega.
Diego entra corriendo a la habitación de Alejandro - ¡Como está mi padre!
-¡Se muere… Diego! Se me muere –apenas alcanza a decir Almudena y lo abraza.
Esmeralda detrás de ellos los mira impotente.
*
Campo abierto.
Los soldados atrapan a Yumalai- ¡Agradece al señor gobernador que nos prohibió matarte! Pero no nos prohibió pegarte… -y le pega y Yumalai cae al suelo.
-¡Vamos! –se impacienta otro- tenemos una recompensa que cobrar, don Fernando nos va a premiar.
*
Iglesia.
El cardenal termina la confesión de la hermana Carola- ¡Sigue usted hermana María Pía! Venga, cuénteme sus pecados.
María Pía se dirige al confesionario como si se dirigiera a una sala de torturas y camina lentamente- Padre… yo…
Pero en ese momento Fernando irrumpe gritando- ¡Qué significa esto!
El cardenal sale del confesionario enojado- ¿Cómo se atreve a interrumpirnos, quien es usted para entrar así en la casa del Señor?
-¡Soy el señor gobernador de Nuestra Señora de Los Ángeles, cardenal… y quiero decirle que usted está infringiendo mis leyes!
-¡Señor Gobernador, contrólese por favor! –grita el padre.
-Disculpen todas ustedes, hermanas –las calma Fernando- no se asusten… ¡este asunto es entre su eminencia y yo!
-¡No sabía que dar el sagrado sacramento de la confesión fuera un delito en sus ciudades!... señor Gobernador.
-¡Quiero decirle cardenal, que usted viene aquí a este internado, con toda la intención de convertirlo en una orden religiosa sin los previos permisos de mi administración!
-¡La Iglesia nunca ha necesitado un permiso para consagrar una orden religiosa! –se molesta - ¡esto no es un asunto de gobierno sino de Dios!
-¡Pues déjeme decirle que ni su Dios puede pasar por sobre mi autoridad! –levanta la voz Fernando y todos lo miran como si fuera el diablo- ¡quiero decirle algo muy claro… cardenal! Aquí en mi ciudad ningún internado puede convertirse en convento –y luego de reojo mira a María Pía que está desesperada escuchándolo - ¡y ninguna mujer se puede convertir en monja sin mi autorización!
*
Hacienda de La Vega.
-¡Almudena! –la calma Diego- conozco un poco de la medicina de los indios, de hecho yo… ¡me crié con ellos! Así que sé de una persona que puede salvarle la vida a mi padre.
-¡Entonces vamos a buscarla ya inmediatamente!
-¡Diego! –llama Alejandro.
-¡Papá! Acércate… necesito hablar a solas contigo.
-¡No hables! –le ruega Diego.
Almudena, Dolores y Esmeralda salen de la habitación.
-¿Qué pasa, papá? –se acerca Diego.
-¡Es Yumalai, Diego, ella… trató de matar a Fernando y me hirió a mí sin querer!
-¿Yumalai? –se espanta- ¿me estás diciendo que Guadalupe lo hizo?
-¡Sí! –apenas puede hablar- ¡deben estarla buscando! Fernando… la hará matar… ¡no lo permitas Diego! Habla con Bernardo… dile que reúna varios hombres… ¡ve y acompáñalo y sálvala hijo, por favor!
-¡Está bien, papá, lo haré no te preocupes! Pero no sigas hablando.
-Ella… tratará de huir hacía las montanas del Sur… ¡sólo allí encontrará una cueva dónde esconderse! Dile… que no le guardo rencor –dice con lágrimas en los ojos- ¡pero no permitas que le hagan daño Diego! No lo permitas.
-¡Está bien, papá, no te preocupes! Yo lo haré… pero primero voy a buscar a una persona que te cure… no estás bien…
-¡No Diego! La van a matar, hijo –se desespera- ¡ve y búscala, y por favor, que nadie, ni Almudena ni Esmeralda sepan que fue Yumalai quien me hirió a mí!
*
En el corredor Dolores sigue llorando inconsolable.
-¡Dígale al joven que se apure que no tengo todo el día para perder! –protesta Agapito.
-¡Está tan mal! –Almudena.
-¡Don Alejandro es un hombre muy fuerte! Pronto se va a recuperar – Esmeralda.
-Perdonen que me meta pero no tengo mucho tiempo –insiste Agapito- ¡tengo que ir a cortarle los cabellos a dos soldados, sacarle las muelas a otros cuatro! Y en una hora teno un entierro….
Pero Almudena le grita furiosa y lo echa a patadas. Agapito sale corriendo- ¡Me puede llamar cuando llegue la hora!
-¡Esa flecha no era para don Alejandro! –llora Dolores y también sale corriendo.
-¡En eso tenía razón Esmeralda, la flecha no era para Alejandro… era para Fernando! –le cuenta Almudena con horror.
*
Iglesia.
-¡Don Fernando, creo que esto está llegando demasiado lejos! –el padre.
-¡Qué absurdo es todo lo que dice señor Gobernador! –se ríe el Cardenal- usted no le está hablando a uno de sus subalternos ni al humilde padre Tomas.
El padre lo mira sorprendido.
-¡Está enfrentándose a un emisario del Papa! Y sus palabras y sus ordenes ofenden al Vaticano.
-¡Don Fernando, por favor! –interviene María Pía- retírese.
Pero el Cardenal la detiene- ¡Usted por favor, no se meta en eso hermana! La Iglesia está por encima del Gobernador y no tenemos por qué rendirle cuentas a usted de todo lo que se haga en este sagrado lugar.
(que bueno… enfrentamiento de la Iglesia y el Gobierno… BUENISIMO!!)
-¡Pues lo siento, cardenal! Se va a tener que ir acostumbrando a que en mi Jurisdicción se hacen las cosas a mi manera… no lo olvide… ¡y primero va a tener que presentar sus credenciales en mi oficina! –empieza la lista y lo mira de pies a cabeza- ¡porque usted… parece cardenal… viste y habla como Cardenal, pero tiene que haber una credencial que lo acredite como tal!
-¡Cardenal Olivieri! –interviene el padre- ¡por favor disculpe al Gobernador, él no está en sus cabales!
-¡Tranquilo padre Tomas! –le corta Fernando- ¡Segundo, va a tener que presentarme una orden papal sobre la orden religiosa que va a regir a estas…monjas! Y tercero… ¡va a tener que presentarme un informe oficial, sí, para que yo pueda autorizar dicha congregación en la ciudad de Los Ángeles!
-¡Desde cuando acá, las leyes de la gobernación tienen algo que ver con las leyes de la Iglesia!
-¡Desde que soy Gobernador! –le grita Fernando.
-¡Don Fernando, por favor, basta! –le grita María Pía.
-¿Con que quiere ver esto como un asunto de papeles? Pues muy bien… ¡si quiere papeles los tendrá! Pero nada ni nadie podrá torcer la voluntad de Dios y de su Iglesia… ¡buenas tardes, Gobernador! –y le pasa su mano para que le bese el anillo.
Fernando respira con rabia contenida y por largos segundos mira la mano extendida hasta que da su brazo a torcer- ¡Buenas tardes… cardenal! –y le besa el anillo y sale furioso del lugar.
*
Frente a la Iglesia.
María Pía corre detrás de Fernando- ¡Fernando, escúchame! ¿qué es lo que pretendes? –a grito pelado- ¡dime cual es tu propósito con todo esto! -está histérica- me imagino que tienes algún propósito o simplemente te volviste loco.
-¡Sí, me volví loco y perdí la cabeza! –le grita aún más histérico- ¡perdí la cabeza por la mujer de mi vida! Por ti María Pía, y escúchame muy bien…no voy a permitir que te vuelvas Madre Superiora de esa orden.
-¡Sabes perfectamente que escogí el llamado de Dios! Y lo voy a cumplir, aún así tenga que pasar por encima de tu poder, por encima de tu soberbia… ¡aun así tenga que pasar por encima de todo! –le dice con rabia.
-¡Sí, escuchaste la voz de Dios! –se ríe histérico- ¡escuchaste la voz del señor, pues también escuchaste mi voz, María Pía! No lo olvides.. ¡por ti María Pía! Y por lo que veo tienes los oídos muy bien puestos para dos señores, verdad!
-¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera? ¡esto es el colmo de la falta de respeto! Yo no entiendo… cómo hasta ayer me escribiste una nota pidiéndome perdón… ¡porque te sentías supuestamente como un miserable por lo que había pasado en la cabaña!
-¡Te escribí en un momento de debilidad!
-¡Y te creí! –le grita- ¡ahora no puedo creer cómo puedes aparecer aquí como si fueras un demonio a impedir mi ordenación! ¿qué es lo que tú te crees?
-¡Te escribí en un momento en que yo estaba muy débil! –le tiembla la voz- ¡y ahora me doy cuenta que tener un poco de generosidad, me lleva a perder la vida… ¡por ti María Pía… falté a mi palabra, ahora Montero me presiona! –grita sin aire- ¡ahora Montero me chantajea! ¡por ti María Pía, me emborraché hasta el cansancio el otro día! ¡por ti María Pía! Y después… ¡una maldita india hoy intenta matarme!
-¡Qué estás diciendo!
-¡Lo que escuchas! –y suspira y se calma-¡y óyeme muy bien, María Pía, no voy a permitir que tu Dios me quite a la mujer de mi vida! –le dice completamente loco de amor- ¡Fernando Sánchez de Moncada va a pelear contra el universo si es necesario para que tu maldito Dios no me quite… lo que más amo en la vida! ¡no me va a quitar!
#
Años perdidos,
Sueños perdidos,
Y sin tenerte a mi lado
#
Y diciendo esto se miran con rabia desesperada y Fernando sube a su caballo y se marcha.
*
Hacienda de La Vega.
-¿Cómo está? –corre Almudena al ver salir a Diego de la habitación de Alejandro al corredor.
-¡Papá es fuerte! Por favor no te separes de él un solo minuto.
Almudena corre adentro.
-Esmeralda… escúchame, papá me pidió que le haga un encargo… ¡necesito que le digas a Dolores que busque a la curandera de los indios! Creo que sólo ella puede salvarlo.
-¡Sí, yo voy a acompañar a Dolores! –le acaricia el rostro- ¡tú no te preocupes mi amor, todo va a salir bien! La voy a traer y don Alejandro vivirá –Esmeralda se macha.
-¡Bernardo! –grita Diego.
*
Campo abierto.
Los soldados traen arrastrada a Yumalai- ¡A ver india! A ver cómo te sales de esta cuando el señor Gobernador te tenga en sus manos.
*
Cueva.
-¡Lo sé Bernardo, mi padre no merece morir así! Cuánto daría por quedarme a su lado pero tengo que cumplir su deseo de ir a buscar a Yumalai.
(tarda annnhoooosss en prepararse… mal hecha la escena)
-¡Hay una extraña relación entre Yumalai y él que hasta ahora no comprendo! –reflexiona y al ver a Bernardo le contesta- ¡Esmeralda fue con Dolores a buscar a la antigua curandera india! Agapito el cirujano dice que mi padre no tiene muchas esperanzas, así que mi padre depende de esa anciana… ¡tú vendrás conmigo! –le avisa- porque cuando encontremos a Yumalai alguien tendrá que traerla a la Hacienda de La Vega… ¡mi padre le pidió ese favor a Diego, a su hijo! No al Zorro –sonríe triste.
*
Habitación Alejandro.
-¡Almudena! –apenas puede hablar Alejandro- no llores.
Pero Almudena llora- ¡Tengo mucho miedo, no sé qué va a ser de mí sin ti Alejandro! Si pudiera te daría mi sangre para que pudieras vivir.
-Me has dado ya demasiado con tantos años esperando… no es justo que sufras más por mí Almudena… si la muerte me llega…
-¡No! –se niega a escucharlo- eso no va a pasar.
-Si la muerte nos lleva a arrebatar la felicidad que comenzábamos a construir… ¡no permitas que te amargue la existencia! –le ruega con un soplo de aire y tiembla- ¡recuérdame como el hombre que siempre te amó!
-¡Dios no va a permitir! –y le ruega que siga despierto.
Alejandro trata pero no puede- ¡Aquí en la misma cama dónde fuiste mía anoche! Y fui el hombre más feliz del universo con la pasión de tus besos… con la dulzura de tus labios y tus palabras de amor… ¡fui muy feliz! –repite.
(humm… demasiado EDULCORANTE… )
Almudena llora- Tú también, mi amor, me enseñaste a amar más allá de mis sueños, siempre soñé con ser tuya, dormir en tus brazos y levantarme cada mañana sabiendo que a mi lado.
-¡Guarda en tu corazón esos recuerdos! –y tiembla y luego tiene convulsiones y pierde el sentido.
-¡Alejandro! –llora desconsolada.
*
Cabaña.
La curandera Pluma de Aguila no está, se encuentra en el bosque para purificarse. Dolores llora y Esmeralda no sabe qué hacer.
-¡Don Alejandro se está muliendo, y él se está muliendo!
-¡Tiene que haber alguien más, tranquila! –la consuela Esmeralda.
*
Campo abierto.
Fernando llega a caballo galopando y ve a la india que arrastran los soldados con una cuerda.
Baja y la enfrenta -¡Así que eras tú india del demonio!
Pero Yumalai lo escupe en la cara.
Fernando se limpia la cara lentamente
y pide- ¡Un pañuelo… para limpiarle la cara a esta desgraciada antes de matarla! ¡un pañuelo! –y toma el pañuelo y se apresta a limpiarle la cara a Yumalai de la pintura de guerra.
(wow… la reconocera??)
*
FIN DEL CAPITULO
*
Advertencia: este página puede contener links a sitios ajenos a mi responsabilidad)
@2005 Narración by Mabouchita! Z;D
www.mabouchita.com
Este resumen es MUCHO trabajo, tiene miles de palabras y conlleva varias horas. Lo pueden compartir con sus familias y con los amigos, pero les ruego no lo copien a otro sitio Web (excepción hecha a Telenovela World).
*
Las imágenes o links pueden estar protegidos por Copyright, cualquier problema enviarme un email a mabouchita@gmail.com
Son divinas!! (se los digo modestamente
)Hagan click en la foto para verlas mejor
*
Hacienda de La Vega.
Alejandro lee un libro con bata de seda en el salón de su casa cuando se da cuenta que Almudena acaba de entrar-¡Almudena! ¿que estas hacienda aquí! es muy peligroso recorrer esos caminos de noche.
Almudena lo mira con pena- ¡No me regañes, Alejandro, necesitaba hablar contigo!
Alejandro se suaviza- Veo… ¿sucedió algo? –se acerca a ella.
-¡Es Fernando, está muy mal desde que tuvo esa conversación con tu hermana! Es otra persona, está muy afectado.
Alejandro suspira- ¡María Pía también está pasando por un mal momento! Es que ambos decidieron terminar esa relación amándose todavía… y ahí están las consecuencias… ¡ninguno de los dos es feliz!
-¡Pero María Pía tiene su vida entregada a Dios, eso la va a fortalecer para superar todo esto! En cambio Fernando… aparenta ser un tipo duro y tosco… ¡pero no lo es! Y cuando se debilita sus enemigos se aprovechan.
-¿Ocurrió algo más?
-¡Sí, anoche trataron de envenenar a Fernando! Parece que alguien puso una sustancia en la bebida que él estaba tomando… según el cirujano parece que es una sustancia que usan los indígenas… ¡tengo mucho miedo Alejandro, esta ciudad se ha vuelto muy peligrosa!
Alejandro la abraza- ¡Tranquilízate, yo estoy aquí para protegerte! Muy pronto vas a ser mi esposa y estaremos juntos, y podré cuidar de ti.
Almudena le ruega- ¡Entonces no perdamos más tiempo, yo no me quiero separar de ti! ¿Por qué no hablamos con el cura para que nos de la bendición y nos casamos mañana mismo?
Pero esto parece molestar a Alejandro- ¡Es lo que más quiero Almudena, lo que más deseo! Pero primero tenemos que pensar en cómo enfrentar a Montero.
(y esto qué tiene que ver??
)
Almudena decepcionada se separa de él y le da la espalda- ¿Es… esa la razón… o tu corazón empezó a dudar?
Ahora Alejandro se asusta de perderla- ¡Mi corazón! Mi corazón ha decidido entregarse rendido al tuyo Almudena, nada ni nadie va a impedir que yo te ame o te desee durante toda la vida –y se acerca a ella y la abraza por detrás- ¡yo te amo! Te amo con todo mi corazón.
Almudena suspira con alivio.
-¡Pero si mis palabras no son suficiente! Tal vez… mis caricias… sí te convenzan.
Almudena se da la vuelta y ambos se besan.
#
Por eso quiero que me ames
Que me perdones si muy tarde
Comprendí que sólo a ti
Puedo amar
Por eso quiero acompañarte
Cada mañana despertarte
Y sentir que todo vuelve a empezar
Contigo… juntos hasta el final
#
Y ambos van a la habitación de Alejandro.
*
Muy cerca de ellos Yumalai tiene un ataque de histeria y se arranca la ropa y el peinado furiosa.
*
Habitación de Alejandro.
Alejandro desviste a Almudena lentamente.
#
Desde que te vi no puedo estar
Pensando en otra cosa
Que tus ojos mirandome
Ayúdame a escapar de esta prisión
Que me hace un esclavo
Y me aleja de tu corazón.
Quiero liberarme de esta oscura pasión
Y estar al lado tuyo.
#
*
Habitación Yumalai.
-¡Adiós don Alejandro! –dice una nueva Yumalai toda vestida de india de vuelta - ¡ya no le pertenece mi promesa! Usted ya no necesita a esta india.
*
Casa gobernador.
Al día siguiente Almudena está que no puede en sí de la felicidad- ¡Ay, que día tan lindo! ¿no te parece un día maravilloso?
-¿Y por que son esos suspiros? –ríe Esmeralda.
-¡Anoche estuve en casa de Alejandro De La Vega y no sabes… el hombre tan maravilloso que es! Estoy feliz, mi amor… Dios me ha bendecido con tanta felicidad… -y luego se corta- pero… Alejandro está muy preocupado por todo lo que está haciendo Montero… ¡tenemos que ayudarlo de alguna manera!
-¡Estoy de acuerdo contigo! Ese miserable se quiere vengar de todos, hasta de mi padre, y no se detiene ante nada ni nadie… tía, estoy segura que Montero está haciendo algo malo con mi madre –le dice con mucho temor.
-¿Por qué en contra tu madre?
-¡Los gitanos me dijeron que anoche la sacó de su celda! Y posiblemente… la torturó para sacarle información.
Almudena se pone pálida- ¡Dios mío, no!
-Muy probablemente por eso se sienta tan poderoso… tal vez descubrió un secreto que quiere usar en contra de mi padre.
-¡Esmeralda, pero… eso es horrible! ¿Y qué pasó con Sara Kali?
-No sabemos mucho, sospechamos que la tiene escondida en otro lugar, pero sabes qué… ¡temo por su vida! De ese miserable de Montero se puede esperar cualquier cosa.
*
Casa gobernador.
-¡Hoy no necesito la espada! –le agradece a Bernardo- ¡me voy a ocupar con mi padre a cumplir con las nuevas leyes del dictador Montero! Si quiere que desviemos el cause de un río es precisamente lo que haremos… ¡no le vamos a dar el gusto de una disputa legal!
(aprovechen chicas... Dieguito pami sin camisa!!
)
Bernardo le hace señas.
-¡No, de nada sirvió anoche El Zorro! Parece que a la madre de Esmeralda la trasladaron a otro lugar y solamente Montero sabe dónde está… no sé… ¡pero debe ser un lugar cercano porque la trasladaron por la noche! No creo que se la lleven a plena luz del día, además tiene que estar disponible por si la necesitan… ¡sólo unos cuantos deben saber dónde está! –y mira Bernardo- ¡sí, quiero que investigues, que escuches todo, convertido en una sombra! No… -le responde a más señas- ¡el Sargento García no debe saber nada, yo creo que es Pizarro más bien que lo sabe! –y su mirada se vuelve negra y preocupada- ¡pero ten cuidado, porque a veces pienso que Pizarro es mucho más peligroso que Montero!
*
Hacienda de La Vega.
Dolores llega corriendo y le avisa a Alejandro que Guadalupe se ha escapado ante la rabia de Alejandro.
-¡Estaba molesta porque la regañé anoche!
-¡Hay algo más grave, encontré pintura de guerra en su cuarto!
-Si Yumalai se puso pintura de guerra en el rostro… ¡eso quiere decir que no ha olvidado sus planes todavía, va a matar a Fernando!
-¡Dios mío!
-¡Tengo que encontrar a Fernando antes que ella lo encuentra! ¡hay que evitar una tragedia Dolores! –y sale corriendo.
*
Casa gobernador.
Fernando por fin conciente y trabajando en su despacho, aun con resaca, cuando Montero entra a su oficina y le tira unos papeles sobre el escritorio.
-¿Y eso qué es? ¡que hace usted aquí tan temprano!
-Vine el día de ayer a tratar un asunto importante con usted señor gobernador –se burla Pizarro- ¡pero estaba un poco indispuesto!
Fernando se molesta- ¡Sí, me tomé unos tragos… y fueron malos! Ya me estoy reponiendo –y de pronto golpea el puño sobre la mesa- ¡qué son todos estos documentos que parece que no pueden esperar!
-¡Nuevas leyes! Necesito que usted firme estos decretos para poner en cintura a muchas personas que están infringiendo la ley… señor.
-¡Ha estado usted legislando sin mi autorización!
-¡Es necesario! Algunos creen que pueden jugar con las leyes y hacer con ellas lo que se les de la gana –dice con aire de amenaza.
-¡Eso no lo voy a permitir! –afirma Fernando.
-¡No lo debemos permitir… señor! –le corrige- y con todo respeto… ¡su gobierno ha sido bastante débil y tenemos que actuar!
Fernando se levanta enojado-¿Está usted criticando mi trabajo, mi desempeño?
-¡Señor gobernador, desde que usted llegó de España, no ha cumplido muy bien sus funciones! Es más… no ha tenido ni la cortesía ni la amabilidad de leer nuestra legislación, y le advierto… ¡si usted no cumple bien su trabajo, lo tendré que hacer yo!
-¡Qué está diciendo, Montero!
-¡Qué firme esos papeles, porque si no lo hace señor gobernador, lo haré yo mismo! Y su imagen quedará bastante perjudicada.
-¿Se está usted volviendo loco? –Fernando lo mira como si lo estuviera.
Montero sonríe con triunfo- ¡No! Soy un hombre bastante lucido para entender que ya no debo confiar más en usted… por eso he tomado esta clase de medidas… ¡son necesarias para evitar cualquier sanción por incumplimiento de mi deber, señor!
-¡Pero qué insolencia es esa! –Fernando está furioso e indignado- ¡tenga mucho cuidado Montero, conmigo no juegue a la guerra! –le advierte- ¡y mucho menos juegue a la venganza! Usted sabe muy bien que soy amigo del rey.
Montero ríe- ¡Amistad que puede perder si su Majestad se enterara de la existencia de Sara Kali! Reina de los gitanos… ¡mujer que se encuentra aquí por orden suya… señor!
Fernando comprende por fin la amenaza y se queda pálido (más de lo que está de la resaca)-¿Se ha atrevido a entrevistarla?
Montero triunfa- ¡Eso y mucho más! Se lo advierto, conozco su mayor secreto y si hablo su cabeza irá a parar al fondo del mar… señor.
*
Habitación Esmeralda.
Almudena la ayuda a hacerse el corsé-Todo esto que me cuentas del comandante Montero es terrible –se espanta- ¡ese es un demonio del que todos nos tenemos que cuidar!
-¡Sí, pero yo voy a hacer cualquier cosa para liberar a mi madre! No voy a permitir que la utilice para vengarse de mi padre.
-¡Tú! ¿qué vas a hacer?
-¡Los gitanos se están armando! Piensan asaltar la prisión, y si capturan a Montero, tal vez…
Pero Almudena se desespera- ¡Esmeralda, por favor no te metas en esas cosas! Yo entiendo que quieras tener a tu madre a tu lado pero no pongas tu vida en peligro… ¿adonde vas? –se inquieta la verla prepararse.
-¡Tengo que ver a Diego! Iba a entrevistarse con un guardia de la prisión para sacarle información.
-¡Voy contigo!
-¡No tía, mientras menos te involucres es mejor! No voy a permitir que Montero le haga daño a mi madre… ¡no veo la hora de tenerla frente a mí y quitarle esa horrible máscara que le pusieron y ver por primera vez su rostro! –sonríe.
*
(Mientras tanto, nuestra Enmascarada ha pasado realmente a nivel de ángel… porque ahora está en una cueva, siempre amarrada y los soldados ni siquieran pueden llegar a ella!!
)
Dos soldados, los mismos malos de siempre,
le pasan una olla de comida,
que se la bajan con una cuerda al hoyo dónde está encadenada Sara Kali.
(alguien me puede decir de qué sirve esto??? Si ni siquiera puede mover las manos, cómo va a comer??
)
-¡Allí te va tu banquete, carita de escudilla! –ríen.
-¡Espero que te guste tu nuevo calabozo! ¿estará viva?
-¡Que se pudra! Esa mujer es un peligro para todos nosotros.
Y ríen malvados.
Sara Kali suspira-¡Mi hija! Es mi única ilusión, Esmeralda.
*
Casa Gobernador.
-¡Qué hizo usted con Sara Kali! –se enoja Fernando- ¡dónde la tiene!
Pero Montero está seguro de sí mismo- ¡Es un secreto militar señor Gobernador!
Fernando gruñe de rabia- ¡Bien, muy bien Montero! Veo que se quita la máscara –y luego lo mira con desprecio- ¡Ahora sí lo veo tal y como es usted! Un traidor sin estirpe, de la más baja calaña, sin honor.
-¡Qué curioso que sea usted quien me llame traidor! –se le acerca- ¡usted que no fue capaz de sostener su propia palabra!
-¡Ah… Todo esto es por la mano de mi hija Esmeralda! –con burla.
Olmos espía desde la ventana.
-¡No, su hija no vale el esfuerzo! Sólo estoy protegiendo mi pellejo… usted fue el asesino del Inspector del Virrey, yo su testigo… ¡y a su vez su cómplice! –con rabia- ¡desafortunadamente con los acontecimientos, me enseñaron a no tener confianza en usted! –casi le escupe.
-¡Al grano, Montero! ¿qué es lo que quiere?
-¡Primero, firme los documentos! Después ya veremos, como usted dice tenemos negocios e intereses comunes… -baja la voz- ¡la única diferencia es que ahora yo tengo el control!
-Tenga mucho cuidado con este chantaje Montero- y achica los ojos- ¡detrás de Sara Kali hay una verdad que su cabecita jamás va a alcanzar a entender!
(wow!! Qué será esto!!
)
-¡Todo a su tiempo… señor… Gobernador! Si hay algo más que deba descubrir, lo haré, pero se lo advierto… ¡el que da las ordenes soy yo! –y se marcha.
Fernando se queda nervioso y se pasea de un lugar a otro- ¡Este imbécil cree que me va a poder controlar! ¡Olmos! –grita- ¡Olmos!
-¡Sí, don Fernando! –aparece Olmos en traje beige y muy servil.
-¡Un coche inmediatamente!
-¡Sí, señor! –y se agacha aún más.
-¡Tú vas conmigo también! –le grita- si Montero dice que no sé hacer mi trabajo le voy a enseñar qué clase de Gobernador soy… ¡vamos! –lo echa y queda solo hablando- ¡y todo esto es gracias a tu petición, María Pía, pero no me importa…! ¡no me importa en lo absoluto! –dice orgulloso- ¡soy hombre y me hago cargo de las consecuencias de mis actos!
*
Capilla.
En ese momento María Pía asume las consecuencias de los suyos ante el padre Villarte- ¡Justamente porque sé de la importancia de mi decisión, es que considero tan importante que usted me escuche!
-¡No me gusta para nada ese tono! María Pía… ¿se trata de Fernando y ese asunto de la boda de Esmeralda y Diego?
María Pía suspira- ¡Lo que le quiero decir, padre, es que estuve a punto de traicionar mi castidad de religiosa!
-¡María Purísima! –se santigua el padre con dolor- ¡que estás diciendo, hija mía!
-¡Solamente lo hice porque quería evitar que Diego fuera a duelo con Montero, por favor créame… era solamente con esa intención! –le ruega- fui a hablar con Fernando para ver la posibilidad que él me escuchara y cambiara de opinión…
El padre mueve la cabeza con pena negativamente.
-¡Pero él me propuso un trato! –baja la mirada y se tapa los ojos- ¡qué vergüenza!... me propuso salvar la vida de Diego a cambio de…
-¡Por Dios, hija!
-¡Yo acepté el trato! –le lanza.
El padre mira con desesperación y se toma la cabeza.
María Pía llora- ¡Pero Fernando quería que yo le demostrara mi amor…! Él quería que yo le demostrara que yo le seguía queriendo.
El padre tiene un poco de esperanza.
María Pía llora y suspira- ¡Cuando él se dio cuenta que no iba a obtener de mí esa pasión que él esperaba… se arrepintió de hacerme suya.
El padre asiente-¿Tú lo sigues amando?
María Pía no contesta directamente- ¡Él me demostró que me amaba de verdad! –dice con dolor- ¡que todavía me ama! No entiendo qué quiere Dios de mí… ¡no sé si él sinceramente quiere que yo me consagre como religiosa… o si lo que quiere es que perdone a Fernando, al hombre que mató a la mujer de mi hermano!
-Me temo hija mía –suspira profundamente- ¡que en esta ocasión no soy yo quien pueda ayudarte! –y una lagrima solitaria le baja por la mejilla- ¡esto es algo que tú debes resolver sola! –y se levanta y la bendice- ¡en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo!
María Pía queda sola y llorando.
*
Casa Gobernador.
Alejandro llega y le dice a Almudena que debe hablar con Fernando.
-¡No está! Acaba de salir con Olmos para la ciudad.
-¡Tengo que encontrarlo cuanto antes!
-Te noto muy preocupado.
-Sólo quiero ponerlo sobre aviso… con respecto a la situación del comandante Montero.
Pero Almudena lo mira con sospecha-¡Alejandro, a mí no me engañas! Sé sincero conmigo… mi amor… ¡después de lo que pasó anoche los dos somos como uno solo!
Alejandro suspira- ¡Almudena, tengo motivos para pensar que Fernando está en peligro de muerte, van a intentar matarlo!
Almudena se asusta- ¡Dios Santo!
-Tengo que irme – se levanta.
-¡No, yo voy contigo!
-¡No, jamás permitiría que estuvieras en una situación de peligro, Almudena! –se niega- ¡te lo prometí anoche y voy a cumplir con mi palabra!
Pero Almudena no se deja- ¡Y yo te prometí que te seguiría el resto de mi vida, en las buenas y en las malas Alejandro! –lo regaña.
*
Un lugar de la ciudad.
Yumalai, con pintura de guerra, se aposta en el techo de una casa- ¡Ahora sí, hombre de un solo ojo, pagarás con tu vida la vida de mis hermanos!
(y ahora Yumalai
es adivina… cómo sabe que el Gobernador va a pasar por ahí?)
*
Una calle.
Un carruaje lleva a Fernando y a Olmos.
-¡Es ella! –murmura Fernando.
Olmos se sorprende- ¿don Fernando, quien? ¿le pasa algo, señor?
-¡No Olmos! –suspira Fernando y disimula- ¡son los rezagos de la intoxicación de anoche! Todavía no me siento bien –y toma una botella de sales y respira- ¡de repente me siento como si estuviera en otro lugar!
-¿Quiere que regrese a casa, señor? –se preocupa.
-¡No, le tengo que dar una lección al comandante Montero! –dice seguro de sí.
*
Casa Gobernador.
-¡Vengo a visitar a la señorita Esmeralda! –aparece Diego.
-¡Diego! –aparece feliz Mariángel- ¡mi querido Diego, qué visita tan agradable! Hortensia, no haga esperar al caballero, vaya por mi hermana –le sonríe - ¡los enamorados son impacientes! –y le pasa la mano que Diego se apresura a besar- ¡Sin resentimientos, el pasado quedó atrás! Además pronto seremos familia.
Diego sorprendido ante tanta amabilidad y cortesía- ¡Así es! Pues me alegra que hayas tomado de buenas maneras que tú yo no podamos llegar a ningún lado… ¡y que estoy enamorado de Esmeralda!
-¡No me cabe duda! –le da su mejor sonrisa cautivadora- ¡así es el amor, caprichoso e inesperado! –ríe con una risita falsa- ¡dicen por ahí que uno no gobierna sobre los sentimientos del corazón! ¿piensas lo mismo?
Diego es sincero- ¡Completamente! –le sonríe- ¡yo creo que me estoy dejando gobernar por el amor de Esmeralda!
Mariángel sonríe y acaricia la pequeña botellita detrás de ella y ríe- ¡Entonces no me negarás un brindis en honor al amor! Por la futura pareja te traeré una copa –y se aleja.
Diego levanta las cejas incrédulo.
*
Calle.
El carruaje con Fernando sigue avanzando y llega a la calle dónde Yumalai está apostada y se apresta para disparar.
Pero Alejandro llega al galope- ¡Alto! –grita desesperado- ¡Fernando!
-¿Qué pasa? –para su carruaje
Alejandro baja del caballo y se pone enfrente de Fernando- ¡Fernando, tengo que prevenirte!
Pero Yumalai dispara igual... ¡y le acierta a Fernando en el hombro derecho!
(Qué tontería…
para que dispara si no tiene al blanco en la mira??)
-¡Alejandro! –en ese momento Almudena llega a caballo detrás y lo ve caer- ¡Alejandro! –grita desesperada.
Pero Alejandro cae en los brazos de Fernando que lo ayuda- ¡Tiene una flecha en la espalda! Ayuden.
Olmos lo ayuda. Almudena se desespera- ¡Por Dios, llamen a un medico cirujano por favor!
La escolta del Gobernador se hinca y empuñan sus mosquetes.
-¡Olmos, ve a avisarle a Diego!
Yumalai sigue mirando.
-¡Todo va a salir bien mi amor, no te preocupes!
-¡Esa maldita flecha venía para mí! –se alerta el Gobernador y busca con la mirada en los techos- ¡Ahí está, maldita india!
-¡Fernando! No –le ruega Almudena.
Pero Fernando deja a Almudena y Alejandro en el suelo- ¡Vamos detrás de esa india!
-¡Alejandro no te me mueras! –ruega Almudena que tiene a Alejandro en su falda.
*
Casa Gobernador.
Mariángel llega con dos copitas.
-¡Mariángel! –Diego se niega- ¡yo te acepto el brindis, pero sólo si es con una tacita de te!
-¡Te! –lo mira incrédula.
Diego sonríe delicado-¡Sí, te! Es que es como un poco temprano para tomar licor.
Mariángel ríe y acepta- ¡Como quieras, lo importante es el significado de nuestro brindis! Hortensia… tráigame te –ordena.
-¡Si señorita!
-¡Porque vamos a celebrar el triunfo del amor entre mi media hermana y tu! – y en sus manos sigue jugando con el pequeño frasquito- ¿Quién lo iba a pensar, convertido en mi cuñado?
-¡Yo sé que no es lo que tú esperabas y lamento no haber podido corresponder a tus sentimientos!
-¡Descuida! –le sonríe falsa- te confieso que me decepcionaste mucho cuando no me elegiste a mí… pero bueno… ¡te vas a casar con mi media hermana y aunque hayamos tenido nuestros roces yo también quiero que ella sea feliz!
Diego sonríe complacido.
Hortensia trae el te y Mariángel sirve- ¡Créeme Diego, la he visto sufrir mucho! –y mientras dice esto se arregla para echarle un chorro del brebaje- ¡mi padre ha sido tan… injusto con ella! Y creo que la vida se lo está recompensando, aunque te voy a confesar una cosa… -pone el te- ¡tú seguirás siendo lamentablemente el hombre de mis sueños! –le ofrece el te.
Diego ríe socialmente- ¡Por Dios, también puedo ser tu peor pesadilla, Mariángel! –le acepta la taza.
Mariángel ríe socialmente-¡Salud, mi querido Diego, por el amor! –y levanta su taza para brindar.
Diego se toma el tiempo de revolver con la cucharita y choca la taza con ella- ¡Por el amor y gracias… por tus buenos deseos! –y luego huele el te.
*
Algún lugar de la ciudad.
Fernando persigue a Yumalai y le dispara varias veces pero no le acierta. Ordena los caballos.
*
Al lado del carruaje Almudena le ruega a Alejandro que sea fuerte y que aguante. Se llena de desesperación y dolor. Está muy sola -¡Que venga Diego, ya! –ruega y llora.
*
Casa Gobernador.
Mariángel se impacienta- ¡Tómala, no dejes que se enfríe!
-¡Si claro! –pero sopla la taza del cual hay un vapor que se ve claramente y se la lleva a la boca.
En ese momento aparece Esmeralda y lo abraza por detrás.
Diego se asusta y tira la taza- ¡Lo siento! -se disculpa rápidamente con Mariángel y se da la vuelta riendo feliz-–¡Esmeralda! –y ambos se abrazan y se besan -¡Creí que estabas en tu cuarto!
(jajajaj…
no tomó el hechizo!)
Pero Mariángel pierde control y deja de fingir y le grita furiosa -¡Torpe, Mira lo que hiciste!
-¡Lo siento! –ríe Esmeralda burlona- ¡no sabía que estabas con mi prometido en la sala! Mi amor… ¡necesitamos hablar! –y lo lleva de la mano.
-¡Si claro! –pero Diego se retorna- ¡Mariángel! Gracias por el te y los buenos deseos… y en otro momento seguimos con el brindis.
Mariángel queda sola con su propio veneno y su odio- ¡Corre! Que mi hermana parece desesperada por hablarte… -respira nerviosa- ¡ya habrá tiempo que tomes de este frasquito! Porque te aseguro, Diego, serás completamente mío –suspira.
*
Jardín.
-A veces me extraña el comportamiento de tu hermana –le cuenta Diego pensativo- ¡ahora se mostró muy alegre y feliz por nuestro matrimonio!
-¡A mí no me extraña nada! –suspira Esmeralda- ¡Quien sabe qué se trae entre manos! Pero mi amor… quería verte… ¿me traes noticias?
-¡Lamentablemente no he podido averiguar nada! Parece que … el lugar dónde tienen escondida a tu madre es un secreto muy bien guardado que muy pocos conocen en la prisión.
-¿Entonces, qué vamos a hacer? –se desespera Esmeralda.
-¡No sé… pero te prometo que buscaré la manera de encontrarla –le promete- ¡Además Montero no debe tenerla muy lejos, la necesita cerca para presionar a tu padre!
-¿Mi padre? Ni siquiera debería llamarlo así porque en realidad no es –se enoja Esmeralda- ¡en este momento lo detesto! Todo lo que le está pasando a mi madre es por su culpa… ¡sabes, no veo la hora de estar junto a ella y que me cuento todo sobre mi pasado! –suspira- ¡hay tantos secretos, te das cuenta, no sé quien es mi verdadero padre!
-¡Pero lo sabrás! –le promete Diego enamorado- ¡porque te juro que la voy a encontrar! Mira Esmeralda… Montero cree que tiene el poder y lo está utilizando sin medir las consecuencias, pero en algún momento se descuidará… ¡y El Zorro hará su parte! Te lo prometo.
Esmeralda le sonríe.
*
Casa Montero.
-¿Al señor Diego De La Vega? –se sorprende Pizarro.
-¡Sí, cambié de opinión! –dice rabioso- ¡ya no quiero esperar más, quiero a ese desgraciado tras las rejas, encerrado en mi prisión!
Pizarro no parece muy contento- ¿Y qué delito le vamos a imputar?
-¡No lo sé! –reconoce Montero- ¡todavía no lo sé, pero algo se me ocurrirá! –y luego lo mira decidido- ¡Piensa lo que sea, Pizarro! Cualquier cosa que sirva para sacarlo de su glamorosa vida en la Hacienda –dice con odio- ¡no voy a permitir nunca más que se siga pavoneando con Esmeralda por toda la ciudad!
Pero Pizarro duda- ¡comandante! ¿no cree que se está exponiendo demasiado? –la voz de la razón- ¡Ya se metió con el señor Gobernador, y promulgó dos leyes para acabar con don Diego De La Vega el mismo día! –le advierte- ¡se pueden unir en su contra!
Pero Montero lo mira demasiado seguro de sí mismo-¡Que lo hagan Pizarro! –con una sonrisita- ¡que lo haga, nosotros somos más poderosos! Además Fernando Sánchez de Moncada sabe que tenemos su cuello entre las manos… eso sí… ¡siempre y cuando no perdamos a Sara Kali! –le amenaza.
-¡Nadie va a encontrarla en su nuevo escondite, en ese lugar no entran ni las ratas!
Montero ríe- ¡Perfecto! –feliz- ¡así tiene que ser! para que Fernando Sánchez de Moncada se arrepienta de su traición.
*
En ese momento Fernando sigue buscando a Yumalai- ¡Un saco de oro al que la agarre! –pero les advierte- ¡y el que la mate correrá su misma suerte! Vamos.. –les grita- ¡la quiero viva!
Y los soldados galopan.
Fernando se queda en el sitio -¡Maldita india, tú me estás cazando y quiero saber por qué me quieres matar! No quiero ver la cara que haces cuando te atraviese con mi espada- y la saca furioso- ¡Vamos! –le dice a su caballo.
*
Yumalai huye y se detiene a llorar al recordad que hirió de muerte a Alejandro - ¡Qué hice! Lo maté.. ¡maté a mi amo! –y furiosa grita una y otra vez con dolor y sigue huyendo.
*
Casa Gobernador.
-¡Pero todo eso que me cuentas de tu vida es terrible, Esmeralda! –se duele Diego.
-¡Sí, y lo peor de todo fue cuando mi padre me casó con ese anciano de Jacinto Burda! Un hombre muy poderoso para que intercediera por él para enviarlo a América.
-Pero tengo entendido que el hombre murió en el altar.. ¡Así que te convertiste en viuda… y rica!
-¡Sí, pero mi padre conservó la dote y sigue buscando la forma de hacerme infeliz! ¡me odia! Ahora pretende (pretendió… error
) que me case nuevamente con el miserable de Montero.
Diego suspira- ¡Pues no te voy a negar que a veces, Fernando me desconcierta! Porque puede ser muy despiadado… por momentos… ¡pero sin embargo rompió el compromiso con Montero para que te cases conmigo por el amor que siente por mi tía María Pía!
(Christian arregla la situación
)
-¡Sí! –reflexiona- ¡es verdad! ¿Cómo un hombre puede hacer cosas tan terribles como lo que hizo con mi madre y al mismo tiempo amar a una mujer tan buena como tu tía?
-¡No sé! Pero olvídalo… ¡muy pronto todo eso se va a olvidar cuando te cases conmigo y vayamos a vivir juntos en la hacienda!
-¡Te amo mi amor! Por ti volví a tener ilusiones… sueños.
Olmos llega corriendo pero se detiene y no se acerca.
-¡Y a pesar de las dificultades… me siento la mujer más feliz del mundo! –y lo besa.
Olmos carraspea- ¡Qué pena… dañar este momento tan idílico momento de una pareja que ha conquistado el amor! Pero le traigo malas noticias sobre don Alejandro.
-¡Qué le pasó a mi padre! –Diego.
-¡Una india le disparó en la plaza! –le cuenta nervioso- ¡una flecha! Están esperando al cirujano para llevarlo hasta la hacienda.
Diego y Esmeralda lo miran sin poder creerlo.
-¡Lo lamento, pero no estoy seguro… de que sobreviva! –termina olm.
Diego y Esmeralda se miran.
(Aquí hay un problema de edición…
porque tardan mucho en reaccionar y salir corriendo!!)
Hacienda De La Vega.
Agapito arranca la flecha de un golpe y trata de contener la hemorragia apretando fuerte.
-¡Yo no me voy! –Almudena- yo me quedo con él.
-¡Deje que el medico haga su trabajo! –llora Dolores.
-¡Es mejor que las damas esperen afuera! Este hombre está muy malherido… no va a hacer nada agradable.
Pero Almudena no se mueve-¡Pues mi lugar es al lado del hombre que amo! No pienso dejarlo en manos de nadie –le advierte- ¡Dolores, por favor traiga más aguas calientes y vendas que yo voy a ayudar al cirujano!
-¡Así se habla, señora! –la admira Dolores y sale corriendo- ¡permiso!
Almudena le ruega a Alejandro que resista- ¡De esta vamos a salir juntos, te lo prometo!
*
Iglesia.
María Pía va a ver al cardinal- ¡Se tomó su tiempo! –le reclama mientras ella le besa el anillo.
-Lo lamento, su eminencia, pero indudablemente es una responsabilidad muy grande… ¡aceptar ser la madre superiora de mi congregación!
-Me alegra mucho que no lo haya tomado a la ligera y bien… ¿Cuál es su decisión final, hermana?
-¡Desde el principio de mi servicio decidí entregarle mi vida al señor! –lo mira a los ojos-
¡él decidió por mí, así que acepto ser la Madre Superiora de la Congregación!
*
En ese preciso momento Fernando llega afuera de la iglesia a caballo, el que se asusta cuando un indio le echa tierra negra enfrente y se encabrita.
Fernando baja furioso y lo empieza a pegar- ¡Qué haces indio desgraciado!
-¡Perdón señor! –gime el otro.
-¡Imbécil, agacha la cabeza! –le da patadas- ¡así te quedas! –mientras el otro sigue pidiendo perdón.
-¡Basta ya, don Fernando! –sale gritando el padre- ¿qué le ha hecho ese pobre indio par que usted lo maltrate de esa manera?
-Una maldita india, intentó matarme en la plaza –le contesta Fernando- ¡nada más que en lugar de herirme a mí… hirió a Alejandro De La Vega!
-¡Válgame Dios! ¿Cómo está don Alejandro?
-¡No lo sé! Mi hermana Almudena se quedó atendiéndolo –y lo mira con sospecha- usted, padre, se lleva muy bien con los malditos indios… puede ser que esa india haya venido aquí a buscar refugio.
-Nadie ha venido aquí a buscar refugio… ahora respóndame usted… ¿Por qué razón esa india quiere matarlo?
Fernando lo mira incierto.
-Y aparentemente lo ha hecho en dos ocasiones… ¿por qué??
-¡No lo sé! –le responde Fernando con rabia- ¡lo sabré cuando la atrape! –le promete- con permiso… ¡voy a pasar a la iglesia!
-¡No señor, usted no puede pasar! –lo detiene.
-¿Qué oculta padre? Le advierto que si esa maldita india está allí adentro… ¡la voy a despedazar!
-¡Estamos en una ceremonia religiosa y usted no puede interrumpirla! Además tenemos visita del vaticano… ¡está con nosotros el cardenal Olivieri!
Fernando se interesa- ¿Ah, si? Me pregunto qué hace un enviado del señor… Papa –subraya la palabra con disgusto- ¿Aquí, en un lugar tan humilde como este?
-¡Hoy está naciendo una nueva congregación religiosa! –le anuncia orgulloso- ¡el Vaticano aceptó nuestra petición y nuestras hermanas serán hoy consagradas monjas!
Fernando se pone pálido- ¡Eso quiere decir… que María Pía!
-¡Sí, María Pía De La Vega será nuestra madre Superiora!
La cara de Fernando se descompone.
*
Mientras esto pasa, dentro de la Iglesia Suplicios juega con su cola de caballo mientras observa intensamente a María Pía y al Cardenal.
Las hermanas esperan nerviosa cuando aparece el Cardenal- ¡Esto es un asunto muy serio que no debe tomarse a la ligera!
-¿Para qué se nos reunió aquí?
-¡Todas ustedes serán sometidas a una exhaustiva evaluación para saber si están en condiciones de recibir los hábitos y consagrarse! Hoy empezaremos con el sagrado sacramento de la confesión.
María Pía pone cara de sufrimiento.
-¡No tengo que decirles qué deben ser conmigo abiertas de corazón! Háblenme francamente sobre todas las cosas buenas y malas que les han acaecido en sus vidas… sobre todo dentro de esta comunidad.
Suplicios jugando con su cabello
mira a María Pía que cierra los ojos y luego se ve muy preocupada.
-¡Que pase la primera, por favor! –se dirige al confesionario.
Y al pasar su sombra, Suplicios ve la figura del diablo que se refleja en la pared y tiembla de miedo.
(ajajajajaj MUY BIEN HECHO
miren la pared!! )
*
Afuera.
-¡Quiero hablar con María Pía! –exige Fernando.
-¡Usted no puede hacer eso! Escúcheme… don Fernando… cálmese… ¡yo sé cuánto se amaron en el pasado, no olvide que yo los iba a casar! Pero María Pía tomó otra determinación… ¡ella está entregada por completo al servicio de Dios!
-¡No tiene por qué recordármelo padre! María Pía está tomando una decisión que va a cargar toda la vida… si no reflexiona a tiempo.
-¡Usted dice eso porque sigue enamorado de ella! –le dice el padre sin pelos en la lengua- ¡y cree que ella lo va a corresponder! Olvídelo… ¡esa mujer no es para usted!
-¡Cómo se atreve a hablar así! ¿qué acaso usted sabe lo que realmente esconde el alma de María Pía? –de pronto duda- ¿o es que ella le dijo algo?
-¡Ella no tiene que decirme nada! Yo conozco perfectamente cuál es la vocación religiosa de María Pía.
-¡Por favor, padre! Créame que usted no sabe nada… -suspira Fernando- ¡María Pía está huyendo de su pasado! Está huyendo de un hombre que sabe muy bien que la puede hacer feliz… ¡del amor de ese hombre!
-¡Don Fernando, escúcheme bien! Ustedes son dos personas totalmente diferentes –sigue el padre- ¡usted es fuego, pasión, es locura! Ella es todo lo contrario –sonríe de solo pensarlo- ¡ella es dulzura, es la bendición de Dios! Ella no es una mujer para usted y ¡jamás debió serlo!
Fernando sonríe incrédulo - ¡Créame mi querido sacerdote que esa decisión solamente la tomo yo! ¿quedó claro? ¡entendido! Solamente decido eso.
Y ambos se miden con la mirada.
*
Casa Alejandro.
Agapito le echa alcohol en la herida. Alejandro grita de dolor y se desmaya.
-¡Alejandro! –grita Almudena desesperada.
-¡Todavía respira, pero no me gusta para nada! –Agapito está asustado y le escucha el corazón -¡yo siento que la flecha hizo daño por dentro más de lo que yo imaginaba! Pero su corazón late muy debí.
-¿Qué quiele decil? –llora Dolores.
-¡Quiere decir que don Alejandro De La Vega… no va a sobrevivir! –les anuncia Agapito.
Dolores casi se desmaya. Almudena mira con desesperación a Alejandro.
*
Campo abierto.
Los soldados acorralan Yumalai-¡Si te mueves, te disparo!
Yumalai hace sus sonidos raros tomando arena y los caballos se encabritan y sigue huyendo-¡Se nos escapa, tras ella!
*
Hacienda de La Vega.
-¡Lo siento mucho, mis señoras! Pero esta situación se me sale de las manos.
-¡Agapito! –ruega Almudena- ¡revíselo de nuevo! Alejandro es un hombre fuerte que tiene que vivir.
-¡Yo sé que don Alejandro es un hombre fuerte! Pero eso es una flecha y le rompió por dentro y está presentando una hemorragia interna que yo no pude controlar.
-¡Qué clase de cirujano es usted! –le reclama injustamente.
-¡Con todo respeto señora Almudena! Es mejor que usted se haga a la idea –y luego Agapito muy tranquilo y práctico- ¡voy a empezar a tomar las medidas para hacer el cajón mortuorio!
Pero tanto Almudena como Dolores lo echan a patadas.
*
Campo abierto.
Yumalai llega a una acantilado y está atrapada- ¡Ya no tienes para dónde huir, india! Si saltas te matas.
Pero Yumalai contempla seriamente esta posibilidad.
*
Hacienda de La Vega.
Diego entra corriendo a la habitación de Alejandro - ¡Como está mi padre!
-¡Se muere… Diego! Se me muere –apenas alcanza a decir Almudena y lo abraza.
Esmeralda detrás de ellos los mira impotente.
*
Campo abierto.
Los soldados atrapan a Yumalai- ¡Agradece al señor gobernador que nos prohibió matarte! Pero no nos prohibió pegarte… -y le pega y Yumalai cae al suelo.
-¡Vamos! –se impacienta otro- tenemos una recompensa que cobrar, don Fernando nos va a premiar.
*
Iglesia.
El cardenal termina la confesión de la hermana Carola- ¡Sigue usted hermana María Pía! Venga, cuénteme sus pecados.
María Pía se dirige al confesionario como si se dirigiera a una sala de torturas y camina lentamente- Padre… yo…
Pero en ese momento Fernando irrumpe gritando- ¡Qué significa esto!
El cardenal sale del confesionario enojado- ¿Cómo se atreve a interrumpirnos, quien es usted para entrar así en la casa del Señor?
-¡Soy el señor gobernador de Nuestra Señora de Los Ángeles, cardenal… y quiero decirle que usted está infringiendo mis leyes!
-¡Señor Gobernador, contrólese por favor! –grita el padre.
-Disculpen todas ustedes, hermanas –las calma Fernando- no se asusten… ¡este asunto es entre su eminencia y yo!
-¡No sabía que dar el sagrado sacramento de la confesión fuera un delito en sus ciudades!... señor Gobernador.
-¡Quiero decirle cardenal, que usted viene aquí a este internado, con toda la intención de convertirlo en una orden religiosa sin los previos permisos de mi administración!
-¡La Iglesia nunca ha necesitado un permiso para consagrar una orden religiosa! –se molesta - ¡esto no es un asunto de gobierno sino de Dios!
-¡Pues déjeme decirle que ni su Dios puede pasar por sobre mi autoridad! –levanta la voz Fernando y todos lo miran como si fuera el diablo- ¡quiero decirle algo muy claro… cardenal! Aquí en mi ciudad ningún internado puede convertirse en convento –y luego de reojo mira a María Pía que está desesperada escuchándolo - ¡y ninguna mujer se puede convertir en monja sin mi autorización!
*
Hacienda de La Vega.
-¡Almudena! –la calma Diego- conozco un poco de la medicina de los indios, de hecho yo… ¡me crié con ellos! Así que sé de una persona que puede salvarle la vida a mi padre.
-¡Entonces vamos a buscarla ya inmediatamente!
-¡Diego! –llama Alejandro.
-¡Papá! Acércate… necesito hablar a solas contigo.
-¡No hables! –le ruega Diego.
Almudena, Dolores y Esmeralda salen de la habitación.
-¿Qué pasa, papá? –se acerca Diego.
-¡Es Yumalai, Diego, ella… trató de matar a Fernando y me hirió a mí sin querer!
-¿Yumalai? –se espanta- ¿me estás diciendo que Guadalupe lo hizo?
-¡Sí! –apenas puede hablar- ¡deben estarla buscando! Fernando… la hará matar… ¡no lo permitas Diego! Habla con Bernardo… dile que reúna varios hombres… ¡ve y acompáñalo y sálvala hijo, por favor!
-¡Está bien, papá, lo haré no te preocupes! Pero no sigas hablando.
-Ella… tratará de huir hacía las montanas del Sur… ¡sólo allí encontrará una cueva dónde esconderse! Dile… que no le guardo rencor –dice con lágrimas en los ojos- ¡pero no permitas que le hagan daño Diego! No lo permitas.
-¡Está bien, papá, no te preocupes! Yo lo haré… pero primero voy a buscar a una persona que te cure… no estás bien…
-¡No Diego! La van a matar, hijo –se desespera- ¡ve y búscala, y por favor, que nadie, ni Almudena ni Esmeralda sepan que fue Yumalai quien me hirió a mí!
*
En el corredor Dolores sigue llorando inconsolable.
-¡Dígale al joven que se apure que no tengo todo el día para perder! –protesta Agapito.
-¡Está tan mal! –Almudena.
-¡Don Alejandro es un hombre muy fuerte! Pronto se va a recuperar – Esmeralda.
-Perdonen que me meta pero no tengo mucho tiempo –insiste Agapito- ¡tengo que ir a cortarle los cabellos a dos soldados, sacarle las muelas a otros cuatro! Y en una hora teno un entierro….
Pero Almudena le grita furiosa y lo echa a patadas. Agapito sale corriendo- ¡Me puede llamar cuando llegue la hora!
-¡Esa flecha no era para don Alejandro! –llora Dolores y también sale corriendo.
-¡En eso tenía razón Esmeralda, la flecha no era para Alejandro… era para Fernando! –le cuenta Almudena con horror.
*
Iglesia.
-¡Don Fernando, creo que esto está llegando demasiado lejos! –el padre.
-¡Qué absurdo es todo lo que dice señor Gobernador! –se ríe el Cardenal- usted no le está hablando a uno de sus subalternos ni al humilde padre Tomas.
El padre lo mira sorprendido.
-¡Está enfrentándose a un emisario del Papa! Y sus palabras y sus ordenes ofenden al Vaticano.
-¡Don Fernando, por favor! –interviene María Pía- retírese.
Pero el Cardenal la detiene- ¡Usted por favor, no se meta en eso hermana! La Iglesia está por encima del Gobernador y no tenemos por qué rendirle cuentas a usted de todo lo que se haga en este sagrado lugar.
(que bueno… enfrentamiento de la Iglesia y el Gobierno… BUENISIMO!!)
-¡Pues lo siento, cardenal! Se va a tener que ir acostumbrando a que en mi Jurisdicción se hacen las cosas a mi manera… no lo olvide… ¡y primero va a tener que presentar sus credenciales en mi oficina! –empieza la lista y lo mira de pies a cabeza- ¡porque usted… parece cardenal… viste y habla como Cardenal, pero tiene que haber una credencial que lo acredite como tal!
-¡Cardenal Olivieri! –interviene el padre- ¡por favor disculpe al Gobernador, él no está en sus cabales!
-¡Tranquilo padre Tomas! –le corta Fernando- ¡Segundo, va a tener que presentarme una orden papal sobre la orden religiosa que va a regir a estas…monjas! Y tercero… ¡va a tener que presentarme un informe oficial, sí, para que yo pueda autorizar dicha congregación en la ciudad de Los Ángeles!
-¡Desde cuando acá, las leyes de la gobernación tienen algo que ver con las leyes de la Iglesia!
-¡Desde que soy Gobernador! –le grita Fernando.
-¡Don Fernando, por favor, basta! –le grita María Pía.
-¿Con que quiere ver esto como un asunto de papeles? Pues muy bien… ¡si quiere papeles los tendrá! Pero nada ni nadie podrá torcer la voluntad de Dios y de su Iglesia… ¡buenas tardes, Gobernador! –y le pasa su mano para que le bese el anillo.
Fernando respira con rabia contenida y por largos segundos mira la mano extendida hasta que da su brazo a torcer- ¡Buenas tardes… cardenal! –y le besa el anillo y sale furioso del lugar.
*
Frente a la Iglesia.
María Pía corre detrás de Fernando- ¡Fernando, escúchame! ¿qué es lo que pretendes? –a grito pelado- ¡dime cual es tu propósito con todo esto! -está histérica- me imagino que tienes algún propósito o simplemente te volviste loco.
-¡Sí, me volví loco y perdí la cabeza! –le grita aún más histérico- ¡perdí la cabeza por la mujer de mi vida! Por ti María Pía, y escúchame muy bien…no voy a permitir que te vuelvas Madre Superiora de esa orden.
-¡Sabes perfectamente que escogí el llamado de Dios! Y lo voy a cumplir, aún así tenga que pasar por encima de tu poder, por encima de tu soberbia… ¡aun así tenga que pasar por encima de todo! –le dice con rabia.
-¡Sí, escuchaste la voz de Dios! –se ríe histérico- ¡escuchaste la voz del señor, pues también escuchaste mi voz, María Pía! No lo olvides.. ¡por ti María Pía! Y por lo que veo tienes los oídos muy bien puestos para dos señores, verdad!
-¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera? ¡esto es el colmo de la falta de respeto! Yo no entiendo… cómo hasta ayer me escribiste una nota pidiéndome perdón… ¡porque te sentías supuestamente como un miserable por lo que había pasado en la cabaña!
-¡Te escribí en un momento de debilidad!
-¡Y te creí! –le grita- ¡ahora no puedo creer cómo puedes aparecer aquí como si fueras un demonio a impedir mi ordenación! ¿qué es lo que tú te crees?
-¡Te escribí en un momento en que yo estaba muy débil! –le tiembla la voz- ¡y ahora me doy cuenta que tener un poco de generosidad, me lleva a perder la vida… ¡por ti María Pía… falté a mi palabra, ahora Montero me presiona! –grita sin aire- ¡ahora Montero me chantajea! ¡por ti María Pía, me emborraché hasta el cansancio el otro día! ¡por ti María Pía! Y después… ¡una maldita india hoy intenta matarme!
-¡Qué estás diciendo!
-¡Lo que escuchas! –y suspira y se calma-¡y óyeme muy bien, María Pía, no voy a permitir que tu Dios me quite a la mujer de mi vida! –le dice completamente loco de amor- ¡Fernando Sánchez de Moncada va a pelear contra el universo si es necesario para que tu maldito Dios no me quite… lo que más amo en la vida! ¡no me va a quitar!
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Años perdidos,
Sueños perdidos,
Y sin tenerte a mi lado
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Y diciendo esto se miran con rabia desesperada y Fernando sube a su caballo y se marcha.
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Hacienda de La Vega.
-¿Cómo está? –corre Almudena al ver salir a Diego de la habitación de Alejandro al corredor.
-¡Papá es fuerte! Por favor no te separes de él un solo minuto.
Almudena corre adentro.
-Esmeralda… escúchame, papá me pidió que le haga un encargo… ¡necesito que le digas a Dolores que busque a la curandera de los indios! Creo que sólo ella puede salvarlo.
-¡Sí, yo voy a acompañar a Dolores! –le acaricia el rostro- ¡tú no te preocupes mi amor, todo va a salir bien! La voy a traer y don Alejandro vivirá –Esmeralda se macha.
-¡Bernardo! –grita Diego.
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Campo abierto.
Los soldados traen arrastrada a Yumalai- ¡A ver india! A ver cómo te sales de esta cuando el señor Gobernador te tenga en sus manos.
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Cueva.
-¡Lo sé Bernardo, mi padre no merece morir así! Cuánto daría por quedarme a su lado pero tengo que cumplir su deseo de ir a buscar a Yumalai.
(tarda annnhoooosss en prepararse… mal hecha la escena)
-¡Hay una extraña relación entre Yumalai y él que hasta ahora no comprendo! –reflexiona y al ver a Bernardo le contesta- ¡Esmeralda fue con Dolores a buscar a la antigua curandera india! Agapito el cirujano dice que mi padre no tiene muchas esperanzas, así que mi padre depende de esa anciana… ¡tú vendrás conmigo! –le avisa- porque cuando encontremos a Yumalai alguien tendrá que traerla a la Hacienda de La Vega… ¡mi padre le pidió ese favor a Diego, a su hijo! No al Zorro –sonríe triste.
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Habitación Alejandro.
-¡Almudena! –apenas puede hablar Alejandro- no llores.
Pero Almudena llora- ¡Tengo mucho miedo, no sé qué va a ser de mí sin ti Alejandro! Si pudiera te daría mi sangre para que pudieras vivir.
-Me has dado ya demasiado con tantos años esperando… no es justo que sufras más por mí Almudena… si la muerte me llega…
-¡No! –se niega a escucharlo- eso no va a pasar.
-Si la muerte nos lleva a arrebatar la felicidad que comenzábamos a construir… ¡no permitas que te amargue la existencia! –le ruega con un soplo de aire y tiembla- ¡recuérdame como el hombre que siempre te amó!
-¡Dios no va a permitir! –y le ruega que siga despierto.
Alejandro trata pero no puede- ¡Aquí en la misma cama dónde fuiste mía anoche! Y fui el hombre más feliz del universo con la pasión de tus besos… con la dulzura de tus labios y tus palabras de amor… ¡fui muy feliz! –repite.
(humm… demasiado EDULCORANTE… )
Almudena llora- Tú también, mi amor, me enseñaste a amar más allá de mis sueños, siempre soñé con ser tuya, dormir en tus brazos y levantarme cada mañana sabiendo que a mi lado.
-¡Guarda en tu corazón esos recuerdos! –y tiembla y luego tiene convulsiones y pierde el sentido.
-¡Alejandro! –llora desconsolada.
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Cabaña.
La curandera Pluma de Aguila no está, se encuentra en el bosque para purificarse. Dolores llora y Esmeralda no sabe qué hacer.
-¡Don Alejandro se está muliendo, y él se está muliendo!
-¡Tiene que haber alguien más, tranquila! –la consuela Esmeralda.
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Campo abierto.
Fernando llega a caballo galopando y ve a la india que arrastran los soldados con una cuerda.
Baja y la enfrenta -¡Así que eras tú india del demonio!
Pero Yumalai lo escupe en la cara.
Fernando se limpia la cara lentamente
y pide- ¡Un pañuelo… para limpiarle la cara a esta desgraciada antes de matarla! ¡un pañuelo! –y toma el pañuelo y se apresta a limpiarle la cara a Yumalai de la pintura de guerra.
(wow… la reconocera??)
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FIN DEL CAPITULO
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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D
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