Z022 – DIEGO ACUSADO DE SER EL ZORRO martes 13 de marzo 2007

EZ - Con Christian Meier y Marlene Favela

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Mabouchita
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Z022 – DIEGO ACUSADO DE SER EL ZORRO martes 13 de marzo 2007

Postby Mabouchita » Fri Mar 23, 2007 1:35 am

CIBERCUATES!! ANIMENSE!!! COMPREN MABOUCHITAS!!!

Son divinas!! (se los digo modestamente :D :D )



Hagan click en la foto para verlas mejor :D



*
Fernando trata de sacarle la pintura a Yumalai, pero esta lucha como una gata… cuando aparece El Zorro.
-¡El Zorro! Por fin te tengo cara a cara ¡Yo voy a poder lo que nadie ha podido contigo!
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-¡No sabía que quería conocerme! –El Zorro salta- ¿Por qué no me dijo antes? Gustoso le hubiera hecho una visita en su oficina… para arreglar varias cosas en este pueblo.
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-Y una de ellas es conocer tu verdadera identidad –y desenvaina su espada- ¡en guardia!
-¿Uno a uno? ¿o a los seis?
-¡Déjenmelo a mí solo, quiero darme el gusto! –grita Fernando.
Y se enfrentan.
*
Esmeralda y Dolores no encuentran a la curandera india y deciden ir a buscar a María Pía para ver si conoce a alguien.
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*
Misión.
María Pía llora luego de su encuentra con Fernando- ¡Debajo del peso de toda mi vida y todo mi llanto por no poder perdonarte nunca! Dios mío… no pienses que me entrego a ti por desesperación… ¡no merecería tu bondad! Pero soy humana y soy débil… ¡aunque he decidido entregarme a ti por completo! Sé que debo rechazar a Fernando con todo mi corazón, pero no lo puedo evitar, todavía siento por él y me confundo por su culpa… ¡pero estoy dispuesta a sufrir lo que sea necesario! Estoy dispuesta a padecer lo que sea necesario con tal de borrar sus caricias de mi piel… ¡con tal olvidarme de él! –llora.
*
Fernando lucha con El Zorro- ¡Así que te consideras protector de esos malditos indios! Yo más bien pienso que eres un maldito delincuente que se escuda detrás de una máscara para cometer sus fechorías.
-¿Usted habla de fechorías señor Gobernador? Cuando su gente comete toda clase de abusos contra el pueblo… ¡matan a los indios, les quitan sus tierras, cobran demasiados impuestos con intimidaciones!
-¡A un pueblo de ignorantes hay que gobernarlos con dureza! Así se mantienen a raya a los delincuentes como tú –lo empuja- ¿Quién eres, quien se esconde detrás de esa máscara?
-¡Esa información… desafortunadamente no se la puedo dar!
El Gobernador furioso lo ataca y hunde su espada.
El Zorro libera a Yumalai, y luego desarma fácilmente a los seis soldados.
*
Prisión.
-¿Don Alejandro De La Vega herido por una flecha? ¿acaso él como el padre Tomás no son defensores de esos indios? –Montero- ¿Pizarro, por qué lo atacaron?
-¡La flecha no iba dirigida para él, era un atentado directo para el señor Gobernador!
Montero festeja- ¡Interesante! ¿atraparon al asesino?
-¡Todavía no! Era una india, la misma que ha intentado matarlo 2 veces antes.
-¿Por qué esa india se empeña con tanta saña en cazar al señor Gobernador? Pizarro… ¡hay que premiar a esa mujer!
-¡Sin duda, y aunque todavía no logra su objetivo nos ayuda a mantener entretenido al señor Gobernador!
-¿Y como está don Alejandro?
-¡Parece que el cirujano no pudo hacer mucho! La herida es muy profunda y supe que Agapito empezó a construir el ataúd.
-¡Perfecto! –ríe Montero- un momento memorable… ¡don Alejandro De La Vega siempre me ha hecho sombra con su gran apellido! Y si muere, mueren también sus glorias militares –se pasea -¡como decía mi padre, para poder gobernar hay que eliminar la sombra y el peso del adversario?
-¿Qué hacemos ahora?
-¡Movernos rápidamente antes que se recupere! Tenemos que atrapar a Diego De La Vega y para eso yo necesito una excusa Pizarro… si don Alejandro se está muriendo… ¡Diego De La Vega no tendrá quien lo protega!
*
Campo abierto.
El Zorro vence fácilmente al Gobernador y lo tiene en la punta de la espada- ¡Qué esperas, mátame infeliz! –Fernando.
-¡Créame que me siento inclinado a terminar con la vida de alguien como usted señor Gobernador! Pero como ve… ya cumplí con mi misión.
-¡La voy a volver a atrapar!
-¡Dígame, señor Gobernador! ¿alguna vez se ha preguntado por qué esa india ha querido matarlo?
Fernando ríe- ¡son indios, sin ley, sin Dios! ¿qué más se puede esperar de ellos?
El Zorro hunde su espada en la tierra y lo toma por la solapa- ¡Estas tierras eran de ellos antes que llegaran los invasores españoles! –y recuerda a su madre y la masacre- ¡mucha gente inocente murió, ancianos, mujeres, niños…. Y todo por su absurda ambición!
-¡La ley del más fuerte! –ríe Fernando con burla- ¡y por si no lo sabes, mi querido Zorro! –le toma del hombro- ¡el Gobernador así manda en el mundo! ¡soldados!
Pero Zorro los vuelve a vencer y se marcha- ¡No puedo decir que fue un gusto para mí conocerlo, señor Gobernador! Ya nos veremos otra vez.
Fernando se queda furioso- ¡Te juro que te voy a matar!
*
Yumalai huye cuando encuentra a Bernardo pero no quiere ir con él.
De pronto aparece Diego de civil.

(jaajajaj y esto como lo hizo??? :-D )

-¡Mi padre está grave!
-¡Yo le juro que no quería hacerle daño a don Alejandro!
-¡Yo lo sé y él también lo sabe! Los hombres del Gobernador…
-¡Lo sé el hombre de un solo ojo me tenía presa! –y les cuenta que Zorro la salvó.
-Ven con nosotros a la casa.
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-Yo no quiero…. Me tengo que ir –y se marcha.
Diego y Bernardo la dejan partir.
*
Hacienda De La Vega.
Alejandro está muy mal y le sonríe a Almudena y le pide que haga buscar a un abogado porque necesita revisar su testamento.
Almudena dice que va a hacer buscar a Olmos.
*
Un granero.
Pizarro y Catalina haciendo el amor en el heno.
-¡Ya Pizarro! Alguien puede entrar.
-¡Nadie va a entrar aquí, Catalina! Le di ordenes a mis hombre que nadie me molestara.
Catalina se queja que el heno pica y es una pocilga-¡Yo soy una dama!
-¿No te gustó revolcarte conmigo en el heno? –le dice sin sonreír- ¡porque bien que gritabas de placer! –de pronto se pone celoso -¿es cierto lo que dice la gente, que tienes como amante a Diego De La Vega?
Catalina deja de reír y se viste- ¡Diego De La Vega dijo que son habladurías de la gente!
-¡Ten mucho cuidado, Catalina! –la toma del pelo- ¡yo no quiero compartir a mi amante con Diego De La Vega!
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-¡Qué extraño eres! Estás celoso por un rumor pero no te molesta que tenga marido.
-¡Por favor, Catalina! Tú y yo sabemos que tu marido no te da lo que tú necesitas.
-¡No me da nada! Ni siquiera me toca… pienso que Tobías está enloqueciendo… ¡se la pasa disfrazado de Zorro!
-¿Por qué?
-¡Dice que va a salir así disfrazado para llamar la atención del propio Zorro y poder enfrentarlo, que va a estudiar su esgrima para poder identificarlo! ¡ridículo, absurdo!
-¡A mí no me parece ridículo, Catalina! Lo que sí va a ser difícil es que la gente crea que Tobías es el Zorro.
-¿Por qué no? ¡si nadie sabe quien es El Zorro! Nadie tiene ni siquiera una pista, en esta ciudad, cualquiera, hasta el más torpe… ¡hasta el imbécil de Tobías podría serlo!
Los ojo se le ilumina a Pizarro- ¡Cualquiera! Tienes razón Catalina… ¡acabas de darme una magnifica idea! – y se marcha.
Catalina se queda alegre de que su idea sea magnifica.
*
Pizarro corre a contarla la idea a Montero- ¡Vamos a poder condenar a toda la familia De La Vega!
-¡Ten mucho cuidado, Pizarro! Tiene que ser un plan muy bien elaborado… recuerda que estamos tratando con una familia que tiene vínculos con el Virrey.
-Lo tengo presente, mi comandante, si me permite explicar.
-¡No me interesa saberlo! –le corta-¡sé que vas a realizar muy bien tu trabajo y que no me vas a fallar! Porque si lo haces recibirás una sanción… ¡no me volveré a meter en problemas por tu culpa!
-¡Cada vez tiene más control sobre la gente de esta ciudad! Al Gobernador prácticamente lo tiene en sus manos... ¡y a Diego De La Vega y a su familia muy pronto los tendrá!
-¡Todavía no termino el enfrentamiento con el señor Gobernador! Tengo que andar con pies de plomo, como enemigo es un hombre formidable… y hay que vigilarlo… ¡estoy seguro que tiene algo planeado en mi contra!
*
Casa Gobernador.
Fernando le envía una carta lacrada a Montero pidiendo los libros de la Prisión.
-Lo más importante es aplastar a Ricardo Montero… ¡voy a acabar con su carrera militar! Y si Sara Kali está muerta… ¡él también será carne para los gusanos!
*
Campamento gitano.
Azucena dice que la reina está mal.
*
Plaza.
Mariángel se encuentra con Catalina y la convence que la ayude para sacarle a Diego a Esmeralda. Catalina acepta ayudarla.
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*
Hacienda De La Vega.
Diego llega y corre a ver a su padre.
-¡Diego! Mi fin está cerca.
-Dolores y Esmeralda fueron a buscar a Pluma de Aguila… escúchame… ¡yo sé que tú siempre te avergonzaste que yo sea débil y me has pedido que actúe con valor! Ahora eres tú… debes aguantar un poco.
-Quería decirte que ahora más que nunca eres digno de llevar el apellido De La Vega… ¡si he de partir créeme que me voy tranquilo sabiendo que tanto María Pía, como Dolores están en tus manos! Solo un favor te pido, si te casas con Esmeralda, no abandones a Almudena… ¡no dejes que se quede con Fernando, él es mi amigo, pero no sabe cómo querer a los suyos!
-¡No voy a traerla! No va a ser necesario porque tú te vas a aliviar y saldrás caminando de esta habitación y te casaras con ella… ¡eres mi padre, más que mi amigo y no te voy a perder!
*
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El cardenal le lleva los documentos al Gobernador que todavía le pide tiempo para estudiarlos.
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*
El pobre soldado (que está muy guapo :grin: ) le entrega el mensaje del Gobernador a Montero- ¡El señor Gobernador quiere que lleve consigo los libros de la prisión del Callao y los registros contables!
Montero saca su espada y se la pone en el cuello- ¡Qué se cree don Fernando Sánchez de Moncada! – y lo echa a patadas.
*
Pizarro prepara a varios soldados.
El teniente- ¿Son necesarias tantas armas?
-¡Puede que encontremos resistencia!
-¿Perdone la curiosidad, hacia dónde vamos?
-¡A la Hacienda De La Vega!
*
Un camino.
Una carreta lleva al padre, María Pía, Esmeralda y Dolores a la Hacienda De La Vega, el padre se impacienta con Isidoro que ni siquiera le responde.
En el camino se encuentran con Montero y su escolta.
-¡Yo voy a hablar con él, dice el padre!
Pero Esmeralda lo detiene- ¡No, no! Padre… déjemelo a mí –y baja decidida del carruaje- ¡yo me las arreglo! –y lo enfrenta- ¿ahora qué es lo que quiere comandante?
-¡Cómo estás, Esmeralda! –se toca el sombrero y ríe con burla- supe lo de la desafortunada herida que sufrió tu… futuro suegro… don Alejandro por defender a tu padre… ¿Cómo se encuentra?
Esmeralda lo mira altiva- ¡No me diga que le importa la suerte de don Alejandro!
-¡Vamos, Esmeralda! No tienes que ser agresiva conmigo, es probable que no me simpaticen los De La Vega pero no como para desearle su muerte.
-¡Sí es verdad lo que dice, déjenos pasar que llevamos prisa! –se retira.
-¡Esmeralda, si tú gustas pongo mi guardia personal a tu disposición!
-¡Qué amable, pero no la necesito, adiós!
El padre se extraña y dice que algo planean. Y se marchan.
Montero se toca el sombrero al pasar y sonríe con triunfo.
*
Casa Gobernador.
Nuestro guapo soldado le trae el mensaje de Montero a Fernando que con rabia pero amable le ordena retirarse y se queda murmurando- ¡El desgraciado no va a venir! ¿Cómo se atreve a hacerme esto a mí y a mis soldados?
Mariángel irrumpe en el despacho- ¡Perdón, papá! ¿problemas con el comandante Montero?
-¡No tengo tiempo de atenderte ahorita hija, estoy ocupado! –la recibe de mala manera.
-Escuché tu conversación sin querer… ¿Cómo es posible que Montero se enfrente a ti de esa forma?
-¡Son cosas que una mujer como tú no entendería! –le responde seco.
Mariángel simula no sentir el desprecio- ¡Con todo respeto, papá! Creo que deberías hacer algo drástico en contra del comandante Montero… ¡si él no te quiere rendir cuentas es porque algo te está ocultando! –le aconseja sabiamente- ¡El hombre encargado del recaudo de los impuestos, puede estar haciendo una fortuna a tus espaldas, robándose el dinero de la Gobernación!
Fernando sonríe con orgullo- ¡Eres tan inteligente y hábil como tu madre!
Mariángel sonríe orgullosa de ella misma.
-¡Sí, hija! –le acaricia el rostro- ¡es lo que sospecho, la negativa de Montero a rendirme cuentas me está dando la excusa perfecta para atraparlo! Para proceder contra él… ve a la casa… ¡dile a Olmos que necesito verlo!
-¡Qué piensas hacer!
-Buscar las pruebas necesarias para atrapar a ese infeliz… ¡le va a pesar muchísimo el haberse enfrentado a mí!
Mariángel sonríe y corre a hacer su mandado.
-¡Y hoy El Zorro me dejó con ganas de ver sangre! –suspira el Gobernador y saca de su bastón una espada escondida- puede que sea Montero el que manche esta espada…. Le voy a enseñar al mal nacido que conmigo no se juega… ¡yo soy el que manda aquí, solamente yo!
*
Hacienda De La Vega.
Diego sale del cuarto de su padre y le dice a Almudena- ¡Está muy mal! Cansado y casi no puede ni hablar… lo deje durmiendo y creo que es lo mejor ahora –suspira- ¡que descanse! ¿alguien sabe algo de Esmeralda y Dolores?
-¡No! Estoy muy preocupada, les habrá pasado algo.
-¡No! Igual voy a mandar a buscarlas… creo que es hora que deberían regresar –dice muy preocupado- ¡Bernardo! Apúrate.
Bernardo corre.
-¡Diego! ¿Por qué Dios me hace esto, morir así? Alejandro en su mejor momento.
-¡Mi papá no se va a morir!
-¿Qué podemos hacer?
-¡Confiar en Dios! –se muerde los labios con mucha pena en el corazón- ¡Él no nos abandonará!
-¡Que Dios tome mi vida! –llora Almudena- ¡yo no voy a poder seguir Diego, si él se muere!
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Diego la abraza muy fuerte.
*
Habitación de Alejandro.
Alejandro sueña con Yumalai, dice su nombre- ¡No mates a Fernando! –susurra.
Cuando aparece la sombra… ¡de Yumalai aparece!
-Quédate conmigo Yumalai –susurra.
-Don Alejandro, por favor perdóneme –Yumalai, sin pintura de guerra le toma la mano y se la besa- ¡yo no merezco su cariño! Le prometo que me voy a quedar con usted hasta el final… ¡y moriré a su lado! –le promete- nos iremos juntos.
Alejandro está muy mal.
*
Diego y Almudena corren cuando escuchan caballos llegar- ¡Debe ser la curandera! –suspira Almudena.
Pero los que entran son los soldados- ¡Buenas tardes! –entra Pizarro.
-Pizarro… ¿qué hace aquí en mi casa?
-¡Diego De La Vega! –Pizarro levanta la voz y le presenta una hoja lacrada- ¡Tengo una orden de arresto contra usted y su padre!
Almudena se queda pálida y mira a Diego que ríe incrédulo- ¡Eso es absurdo! ¿y bajo qué acusación?
-¡Se le acusa de ser el bandido al que llaman El Zorro y a su padre de ser su cómplice! – apenas puede aguantarse las ganas de sonreír ante su inteligencia Pizarro.
Una nube negra le cruza por la mirada Diego, por un instante, preocupado.
-¡Soldados! Cumplan con su deber.
Y los soldados encadenan Diego que no opone ninguna resistencia.
Almudena lo mira con desesperación y luego reacciona gritando- ¡Pero esto es una locura, capitán! ¿Cómo se le ocurre acusar a Diego De La Vega de ser ese bandido al que llaman El Zorro? –indignada.
-¡Tenemos información confiable, señora! El Zorro se esconde detrás de la identidad de este señor… ¡y es mi deber privarlo de su libertad! Soldados… llévenselo –ordena.
Pero Almudena se convierte en una fiera- ¡No, un momento! –se interpone y lee el documento- ¡Soy la hermana del Gobernador! –les recuerda- ¡exijo que lo suelten! –grita.
-¡Almudena, cálmate por favor! –le ruega Diego- capitán… supongo que tiene alguna prueba… ¿verdad? Porque acusarme de ser El Zorro es un delito bastante grave… ¡no basta con decir usted es El Zorro y ya!
-¡Más que grave, Diego, es un atropello, un absurdo! –grita Almudena.
En ese momento aparece otro soldado con una ropa negra- ¡Capitán! –se cuadra- ¡para informarle, don Diego De La Vega, lo que encontré en el establo! –y les muestra el disfraz de El Zorro.
-¿Absurdo, señora? –sonríe apenas Pizarro- ¿qué le parece esta prueba, don Diego?
Diego mira la ropa preocupado.
*
Habitación Alejandro.
Yumalai prende fuego e incienso y hace ritos- ¡Le prometo que se pondrá bien! –y hace sonar maracas a su alrededor.
Alejandro abre los ojos-¡Yumalai! –la llama y le toma la mano- ¡estás aquí!
-Don Alejandro… por favor perdóneme por lo que hice… -le ruega - ¡perdóneme!
*
Cocina.
-¡Debo buscar a la hija del Gobernador! –lee lo que escribe Bernardo un hombre en la cocina- ¡A Esmeralda, yo lo acompaño Bernardo!
En ese momento irrumpen los soldados gritando- ¡Aquí está él! –y atrapan al pobre Bernardo y al otro hombre y lo maltratan- ¡A las barracas y al deposito!
-¡Un momento, no le puede hablar así! –se desespera el otro -¡él no lo entiende, suéltelo! ¡es sordomudo!
-¡Y a usted quien le dijo que hablara! –lo pegan.
-¡Respeten, don Alejandro está herido!
-¡Es un traidor de la Corona!
-¡Eso es mentira! –se desespera- ¡no es ningún traidor, eso se lo inventó el comandante Montero! Van a ver que venga don Diego.
-¡Don Diego está preso porque es el maldito Zorro!
Y lo vuelve a pegar. Bernardo se desespera y quiere ayudarlo, pero lo muelen a palos también con los mosqueteros.
*
Casa Montero.
Mariángel goza de una sesión de amor en la tina y sonríe -¡Prométeme una cosa! Evitarás a toda costa que Diego y Esmeralda se casen.
-¡Esa boda nunca ocurrirá, no voy permitir que ellos se burlen nuevamente de mí! –se toma una copa de vino- ¡Esmeralda me humilló al no aceptarme como esposo y se lo voy a cobrar! –bebe- tarde o temprano… ¡la voy a hacer mi mujer! –la besa en el cuello.
Mariángel sonríe satisfecha.
-¡Y sobre Diego… desafortunadamente!
-¡Diego nada! Diego es mío –se enoja Mariángel- ¡ese es el trato!
-Si él no opone resistencia sobrevivirá –y trata de besarla.
Pero Mariángel se separa- ¡Qué estás planeando hacer, Ricardo! ¡dímelo!
-Algo que te va a sorprender, te lo aseguro, por ahora no te preocupes, confía en mí –come algo- ¡cumpliré nuestro trato!
Ella duda- ¡Tú me pides que confíe en ti, pero tú no estás haciendo lo mismo conmigo! –le acusa.
Montero la mira- ¿Por qué dices eso?
-¡No sé qué descubriste de mi padre, que te sientes tan seguro! ¿qué es lo que pasa entre ustedes dos?
Montero la corta- ¡Eso no te importa! Son negocios entre el señor Gobernador y.. yo –bebe.
-¡Pues te aconsejo que te cuides! Porque mi padre no dejará tan fácilmente que te enfrentes a él.
-¿Por qué dices eso? ¿qué sabes tú?
-¡Nada, pero sé como es él! Además puedo influir en muchas de sus decisiones –y se toma un trago- ¡y te aconsejo una cosa… sea cual sea el plan que tengas para Diego más te vale que lo cuides! O sino te vas a meter en serios problemas.
Montero ríe divertido- ¡Lo tendré muy presente!
Y siguen lo que habían dejado de hacer.
*
Hacienda De La Vega.
-¡Esa capa y ese antifaz no significan nada! –se enoja Diego- ¡sin duda, alguien lo puso ahí y usted lo sabe muy bien! –seguro de sí mismo.
-¡Capitán! ¿no se da cuenta? –Almudena- ¡Diego es un hombre culto, inteligente, respetuoso de la ley! ¿Cómo se le ocurre confundirlo con un delincuente a pesar de estas… ridículas pruebas! A ver…
-¡Yo no tengo nada más que hablar con usted! Si el señor es o no es El Zorro lo determinará un juez.
-¡No capitán! –grita Almudena.
-Almudena, no tiene caso –la detiene Diego- ¡es evidente que esto es… un vulgar montaje! Hecho contra mí y contra mi familia… ¡pero le advierto Pizarro… que seguirle el juego a Montero le puede salir demasiado caro!
Pizarro sonríe- ¡Eso ya lo veremos… don Diego! Teniente…
-¡Capitán!
-¡Vamos por don Alejandro!
Pero esto ya es demasiado y Almudena explota- ¡Ni se le ocurra, capitán! Un paso más… ¡y usted se arrepiente! –le jura con odio en la mirada.
Pizarro la mira… y de pronto… tiene respeto.
*
Prisión del Callao.
Fernando hecha revista al batallón con Olmos a su lado.
-¡Tengo entendido que ustedes han sido fieles y leales al comandante Montero! Y eso está muy bien… pero quiero que quede muy claro y entendido que desde que yo llegué a gobernar esta ciudad soy la máxima autoridad aquí.
Olmos está muy preocupado.
-¡Voy a inspeccionar esta prisión porque tengo entendido que hay graves problemas! Y si encuentro las pruebas el comandante Montero va a ser el responsable –Fernando se pasea con su bastón que esconde una espada- ¡quiero que sepan que durante mi administración no voy a aceptar una sola falla, un solo delito! Si me llego a enterar que el comandante Montero está metido en un delito… la ley va a ser implacable contra él y contra todos ustedes.
El Sargento García preocupado da un paso atrás… porque no creo lo que escucha… y se esconde.
-¡Así que de ahora en adelante el comandante Montero va a ser relevado de su cargo y solamente me van a obedecer a mí! ¿entendido?
-¡Entendido! –contestan en coro pero no muy convencidos.
-¡Entendido! –grita Fernando.
-¡Entendido, señor Gobernador! –esta vez gritan todos.
-¿Quién es el oficial de más alto rango aquí?
Y todas las miradas se dirigen al Sargento García que está escondido.
Este no tiene otra opción que decir- ¡Yo! –con una voz débil.
-¿Quién?
-¡Yo, Sargento García a sus ordenes, excelencia! –sale gritando de su escondite.
Y tanto Fernando como Olmos se le quedan mirando a este pequeño espécimen de soldado como si fuera un extraterrestre.

(jajaja… realmente… genial las expresiones de Arturo Peniche y Raúl Gutierrez! :D )

Fernando se acerca suspirando -¡Lléveme al despacho del comandante Montero!
-Mi comandante Montero no se encuentra en su despacho en este momento… señor Gobernador.
-¡Mejor! Así no va a haber estorbos.
-¡Sí, señor! Por acá.
*
Hacienda De La Vega.
Almudena se planta frente a Pizarro- ¡Por si no está enterado, capitán, Alejandro De La Vega sufrió un atentando que iba dirigido a mi hermano… el Gobernador… así que usted no va a subir a empeorar su situación!
-¡Bueno, pero por lo menos quiero verlo! –insiste Pizarro- quiero comprobar su estado de salud con mis propios ojos.
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-¡Esto es el colmo! –explota Diego -¡deje a mi padre en paz!
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-¡No, capitán! ¡no lo va a ver!
-¡Señora, por mucho que sea usted la hermana del Gobernador… no está por encima de la autoridad militar de esta ciudad, ¡así que hágase a un lado!
Pero Almudena no se mueve y baja la voz- ¡Le advierto, capitán, si usted sube… yo personalmente voy a hablar con el Gobernador, mi hermano, y usted y Montero van a subir los castigos de su vida!
Pizarro considera un momento y luego decide- ¡Mejías! Que algunos soldados custodien la habitación de don Alejandro, a partir de este momento quedan bajo arresto domiciliario… ¡nadie puede entrar ni salir sin autorización!
-¡Sí mi capitán!
Y luego le sonríe a Diego- ¡Parece que usted no corrió con la misma suerte, don Diego! ¡andando!
Pero Almudena se pone enfrente y los detiene.
En ese momento entra Esmeralda con María Pía, Dolores y el padre y todos se quedan sorprendidos..
-¡Pero qué está pasando acá! –grita Esmeralda.
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*
Habitación Alejandro.
Alejandro grita de dolor.
-Se pondrá mejor con la medicina de Yumalai.
-¡Estaba muy preocupado por ti, Yumalai!
-No debe preocuparse por esta india malagradecida que lo hirió sin querer… ¡no sabía que se iba a poner entre esa flecha y el hombre de un solo ojo! No voy a permitir que se muera.
Alejandro suspira entre fiebre- ¡Tus artes… funciono con los animales, con mi caballo, pero conmigo… no creo que funcione! Voy a morir… si Dios quiere… ¡pero antes…!
-¡No me diga eso! Usted no se va a morir.
-¡Prométeme que no volverás a intentar nada contra Fernando!
Pero Yumalai no contesta- No le puedo prometer eso don Alejandro… ¡no puedo dejar de vengar la sangre de mi familia! Ese maldito hombre mató a Yaco enfrente de mis ojos –empieza a llorar- y cuando era niña mató a mi hermana.
-¡Sólo Dios imparte justicia y sólo él sabrá como cobrarle a Fernando! –le dice Alejandro con mucha fiebre y temblando- ¡sólo él!
*
Prisión.
Olmos estudia todos los papeles.
-¡Olmos! –se impacienta nervioso Fernando- ¿ya encontró algún delito que pueda incriminar al imbécil de Montero?
-¡Aquí, don Fernando! –sonríe Olmos- ¡aquí hay una irregularidad! Las cuentas no son exactas… -le pasa los cuaderno- contemple las cifras… ¡si suma los impuestos entrantes con los gastos de la prisión… el saldo total no es correcto!
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-¡Lo sabía! –festeja Fernando- ¡ese hombre le está robando a La Corona.
-¡Es muy probable, don Fernando! De todas maneras alguien está untándose las manos con el dinero de la Gobernación… y si no estoy mal… -calcula rápidamente- ¡la suma es igual a más de la mitad de los impuestos!
-¡Eso es lo que necesitaba! –mira arriba- ¡sólo eso necesitaba! –y luego grita- ¡sargento! ¿Cómo se llama el mequetrefe, ese?
-¡García, señor!
-¡Aquí estoy para servirle su Excelencia!
-¡Reúna a sus mejores hombres, los más leales a usted! Para que arresten a Ricardo Montero.
García tiembla- ¿A mi comandante?
-¡Ese hombre es un delincuente, y por favor deje de llamarle ‘mi comandante’!
-¡Para servirle! Pero su Excelencia… mis hombres… ¡son los hombres de mi co… del señor Montero! ¿no sería mejor que su guardia personal se encargara del arresto? –dice con inteligencia.
-¡No, eso es justamente lo que quiero! –se niega Fernando- ¡que sus propios soldados lo arresten! Y déjeme decirle algo, el señor Montero ya no tiene ningún poder aquí… ¡el único que manda soy yo! ¿entendido?
El Sargento García se cuadra- ¡Por supuesto señor, como usted ordene! –pero luego duda- su Excelencia… ¿qué debo hacer si se opone al arresto, señor?
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Fernando lo mira con impaciencia y a punto de aplastarlo-¡Dispare, si el señor Montero quiere escapar… mátelo! –ordena con frialdad.
El Sargento García lo mira con espanto- ¿Lo m…?
-¡Mátelo!
-¡Como… usted diga señor!
*
Afuera el Sargento García da las ordenes- ¡Señores… el señor Gobernador nos ha encomendando una misión muy importante! –le tiemblan las piernas y sufre- ¡la misión a cumplir… señores… es… tenemos… ya les explicaré cuando regrese de nuevo! –y corre para adentro.
*
Hacienda De La Vega.
-¡Diego De La Vega… El Zorro! –ríe el padre- ¿a quien se le ocurrió semejante idea, capitán? ¡es lo más simpático que he escuchado en mi vida!
-Padre, hágase a un lado… ya tenemos una evidencia y vamos a seguir con la investigación.
Pero Esmeralda sonriendo se le pone enfrente -¡Dejémonos de tonterías, capitán! Está muy claro que esto es una venganza personal del comandante Montero… pero creo que ya está llegando demasiado lejos… ¡le ordeno, como la hija del Gobernador, que libere a Diego inmediatamente!
-¡Señorita! Esto no es un asunto personal… El Zorro es un enemigo muy peligroso para el Gobernador y estoy seguro que su padre estará de acuerdo con este procedimiento cuando se entere.
-¡Pues entonces, tendrán que matal plimelo a la negla Dolores! –grita Dolores- antes de permitir que saquen a mi Dieguito de aquí.
María Pía se toma la cabeza.
-¡De ser necesario lo haremos!
-¡Un momento, señor! –María Pía- ¿qué pasa, acaso usted no sabe hacer otra cosa que cometer abusos? ¿no respeta el hecho que mi hermano se está muriendo allá arriba? ¡Por Dios! Diego… ve tranquilo… ¡yo hablaré con el Gobernador y estoy segura que él castigará severamente al comandante Montero por esta injusticia!
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(Ay… María Pía… :-( no te confíes tanto en tus… ‘poderes’ sobre el Gobernador)

-¡Soldados, vamonos!
Pero Esmeralda se desespera y lo abraza- ¡No! No… no se lo pueden llevar.
-¡Esmeralda, no te preocupes, voy a estar bien! –le tranquiliza Diego- ¡tú sabes que voy a estar bien! –la besa- ¡por favor cuide a mi padre! –y luego se dirige al padre- padre Tomas, esté pendiente de ellas, por favor.
-¡No te preocupes, Diego! –y lo mira directamente a los ojos- nosotros cuidaremos de Alejandro… bien sabes que esto no se va a quedar así… ¡ve con Dios!
-¡Andando! –se lo llevan.
Esmeralda trata de seguirlos pero Almudena la detiene con miedo- ¡Hazle caso a Diego! Tiene la razón, el capitán Pizarro es capaz de cometer cualquier barbaridad.
*
Plaza.
El pobre Sargento García encuentra Montero que baja de un carruaje con Mariángel.
-¡Coma....! –se detiene -¡señor Ricardo Montero!
Montero pierde la sonrisa- ¿Qué dices, imbécil? ¡cómo te atreves a llamarme por mi nombre!
-He… perdón comandante… ¡sólo cumplo ordenes del señor Gobernador! –sufre inseguro.
-¡Ordenes! ¿y ahora qué quiere?
El Sargento García no puede hablar- ¡El señor Gobernador me ha pedido…! –y le pasa una carta.
-¡Otra carta amenazándome!
-Se lo ruego señor… -se inclina- ¡no se resista! Yo humildemente le pido permiso… para a…
-¿Para qué?
-¡Para arrestarlo, señor!
Montero furioso mira a Mariángel que está sorprendida pero divertida.
*
Prisión.
-¡Ustedes son los guardias encargados de cuidar a los prisioneros más peligrosos de las mazmorras! –interroga Fernando.
-¡Sí señor Gobernador! –responde el guardia (muy guapo, pero es el mismo de su escolta??? :-o )
-¡Bien! El comandante tenía una mujer encerrada aquí… ¿adonde la trasladaron?
-Todos se miran con miedo.
-¡Contesten, maldita sea! –grita Fernando al verlos.
-¡Nosotros no sabemos nada, señor Gobernador! –responde el mismo- con todo respeto… no hay mujeres encerradas en esta prisión.
Fernando lo agarra de las solapas con rabia- ¡Ella… existe!
-¡Perdón señor! –uno lo defiende- ¡ellos no saben todo lo que hace el comandante Montero! No son su escolta de confianza… por favor… ¡créales!
Fernando suspira y lo suelta- ¡Espero que no me esté mintiendo, soldado! –le arregla la solapa y le pone una mano sobre el hombro- porque de lo contrario… lo mando ahorcar… ¿he?
El pobre joven suspira aliviado…
-¡Vamos, interroguen a cada uno de los prisioneros de esta mazmorra! Alguien tuve que haberla visto.
Y todos se marchan.
-¡Maldita sea, Montero! –piensa Fernando- ¡no te escaparas tan fácil! Juro que voy a encerrarte maldito desgraciado.
*
Plaza.
Montero tranquilamente rompe su orden de arresto- ¡Aquí está su orden García! Enciérreme.
El pueblo se acerca a mirar.
-¡Señor, se lo suplico, no se resista!
-¡Claro que me resisto! –y saca su espada- ¡y usted y yo vamos a combatir… un comandante no se entrega tan fácilmente sin pelear!
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El Sargento García sufre- ¡Señor, se lo suplico, no me haga esto, señor! Yo solamente cumplo ordenes… acate la ley… señor… de el ejemplo a la ciudadanía.
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-¡El único ejemplo que voy a dar, es cómo matar a una rata traicionera como usted,
García! –y le pone la espada en el cuello- ¡desenfunde!
-¡No señor, no me voy a trenzar en un duelo con usted! Usted es más diestro que yo en el manejo de las armas, señor… por favor… ¡no me obligue a usar la violencia señor, tengo la orden de dispararle si se resiste, señor!
-¡Caballeros! –interviene Mariángel- ¡cálmense! Comandante Montero… yo puedo hablar con mi padre para que revoque esta orden de arresto… ¡Estoy segura que tiene que ser una equivocación!
Pero Montero la mira con rabia - ¡Tú lo sabías! ¿verdad? –se acerca- ¡ahora entiendo lo que me dijiste en la casa!
-¡Como crees, Ricardo! –se escandaliza- yo sabía que mi padre iba a ser algo… pero jamás…
-¡Sería un estúpido si no lo creyera! Y bastante ingenuo sería tu padre si cree que puede contra mí…
Pero el Sargento García de pronto grita- ¡Pelotón… preparen armas! Apunten…
Y los soldados se preparan.
*
Casa Catalina.
Tobías grita desesperado- ¡Catalina! Confiesa mala mujer.
Catalina se pone verde- ¡Déjame explicarte todo ha sido un malentendido!
-¡No quiero explicaciones! Tú escondiste la capa y el antifaz que mandé confeccionar –la apunta con su bastón- ¡dónde las escondiste!
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-No escondí nada Tobías, pero me moría de ganas por hacerlo… porque no quiero que andes con ese ridículo disfraz en nuestra casa.
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-¡Atrapar a El Zorro es la oportunidad que estaba esperando! Ganaremos dinero, mucho dinero, prestigio también…
-¡No tengo tu dichoso disfraz! –le grita.
-¡Está bien, te creeré porque eres mi esposa y juraste ante Dios no mentir! Pero… si ese antifaz y esa capa no aparecen… tendrás que hacérmelos tú misma.
*
Hacienda De La Vega.
Los soldados siguen golpeando a Bernardo.
Diego trata de defenderlo pero lo golpean con una culata en el estómago- ¡Pizarro! –dice Diego casi sin aire- si algo le pasa a uno de mis empleados o si mi padre muere en mi ausencia… ¡le juro que la va a pagar muy caro!
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Pizarro mira a la distancia frío- ¿Y qué va a hacer don Diego? –se burla- ¿vestirse de negro y perseguirnos con su espada? Créame… ¡que para cuando salga de la cárcel, va a estar tan viejo que no va a poder levantar siquiera una navaja! Tráiganlo… ordena.
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Se lo llevan.
Almudena y Esmeralda los ven partir.
-¡No lo maltraten, salvajes! –grita Esmeralda- Diego… te prometo que te voy a sacar de todo esto… ¡el miserable de Montero no se va a salir con la suya!
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Bernardo, a quien dejan todo golpeado la mira con esperanza.
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*
FIN DEL CAPITULO
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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

www.mabouchita.com

Este resumen es MUCHO trabajo, tiene miles de palabras y conlleva varias horas. Lo pueden compartir con sus familias y con los amigos, pero les ruego no lo copien a otro sitio Web (excepción hecha a Telenovela World).
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