Son divinas!! (se los digo modestamente
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Plaza
-¡Apunten! –los soldados apuntan a Montero.
Pero el Sargento García tiembla- Señor se lo suplico nuevamente… no se resista… ¡no me obliga a lastimarlo, señor!
-¡Cállese García! –le grita Montero y se pone firme- ¡Disparen! ¿qué esperan cobardes? –ordena él mismo- ¡Apunte, disparen!
El Sargento García levanta su sable para bajarlo y dar la orden… pero no se anima… y baja la cabeza.
Mariángel lo mira con las cejas levantadas, con desprecio.
-¡Cuando termine con este problema García, a todos ustedes los arrestaré! –le amenaza Montero.
García baja la cabeza humilde.
-¡Cobardes! –les grita Montero- ¡batallón de payasos! –y se marcha furioso.
Pero Mariángel está furiosa- ¡Maldita sea! Lo dejaron escapar… mientras Ricardo Montero esté libre… la vida de Diego corre peligro.
*
Campamento gitano.
Renzo, que está con un nuevo peinado, muy guapo trata de mover a su gente- ¡No podemos esperar más, tomaremos la prisión y luego obligaremos a Montero que nos diga dónde esconde a Sara Kali! No debemos demostrarle sumisión al desgraciado del comandante Montero, aunque sean más que nosotros debemos demostrarle que a nuestra raza se le respeta.
Todos gritan y lo apoyan.
Azucena se preocupa- ¡Renzo! –grita con reproche.
Jonás aparece- ¡No permitas que la pasión gobierne tus actos! –le reclama- ¡le dijimos a Diego De La Vega, el prometido de nuestra princesa, que íbamos a esperar que él averiguara el sitio exacto dónde tienen a Sara Kali!
-¡Patriarca! –Renzo enojado- ¡no podemos esperar más a ese señorito con cara de tonto! Él no va a hacer nada por nuestra reina, eso solo lo dijo para impresionar a Esmeralda… ¡a ella la pueden engañar porque es muy joven y sabe distinguir entre un imbécil y un hombre de verdad! Él a nosotros no nos puede mentir –le ruega- patriarca, nosotros tenemos ya las armas suficientes para tomar esa fortaleza y rescatar por fin a nuestra reina Sara Kali.
-¡Está bien Renzo! Te prometo que lo voy a pensar, pero… ¡nadie va a hacer absolutamente nada! Y ahora todos a trabajar –les ordena.
(trajabar!!!
si se la pasan bailando… y el mismo patriarca está a plena luz del día con una especie de copa dorada en la mano)
La gente se dispersa.
-¡Renzo, por favor! Libera a esa fiera que tienes presa en el corazón, muchacho –y él se marcha.
-¡Renzo, Jonás tiene razón! No hay que desesperarse –Azucena – yo sé que no soportas al prometido de Esmeralda y porque ese corazón tuyo arde por la princesa… ¡pero ella lo escogió a él!
-¡Pero él no se merece a la princesa! –terco Renzo- ¡y la va a hacer desdichada! Tú lo dijiste, viste la sombra del mal en su destino.
-¡Pero el destino no lo tuerce nadie! Por favor no dejes que los celos nublen tu vista… ¡no vas a arriesgar a la tribu por un capricho!
-¿Pero qué les pasa a todos? –le grita- ¡parece que tendré que rescatar a Sara Kali yo solo! –y se marcha enojado.
-¡Renzo! –le grita Jonás- ¡escucha a tu bendita madre!
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Hacienda De La Vega.
-¡Les dije que nos deje pasar! –exige Esmeralda- don Alejandro necesita que lo cuidemos.
-¡Con todo respeto, señoritas! Pero no pueden pasar, tengo órdenes directas de mi capitán Pizarro.
(bruto el hombre
)
-¡Señor, soy la hermana de Alejandro y tenemos que entrar a curarlo y a cambiar las vendas!
-¿No me escuchó señorita? ¡no puedo permitir que nadie…!
-¡Mire soldado! –aparece Almudena.
-¡Teniente! –le corrige.
-¡Perfecto, señor teniente! Si algo le llega a pasar al señor Alejandro De La Vega usted se va a entender con mi hermano… ¡el Gobernador!
El teniente traga saliva y las deja pasar.
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Habitación Alejandro.
Alejandro yace inconciente.
-¡Esas hierbas no las tenía antes! –Almudena- ¡alguien estuvo aquí!
-¡La ventana está abierta! –Esmeralda corre a cerrarla.
-¿Quién sería? –Almudena.
-¡Fui yo señorita! –entra Yumalai con más hierbas.
-¡Guadalupe! –le sonríe sorprendida.
-¡El emplaste que le ayudará a la herida y parará la sangre! –y le entrega un plato con más- ¡pero hay que reponérselo después!
Almudena ríe feliz- ¡Dios mío, no sé cómo no pensé en ti antes! –le agradece- ¡Alejandro me había dicho que ella tiene un talento especial para las artes curativas! –y la abraza muy fuerte- ¡Ay, muchísimas gracias!
Guadalupe simula el choque de tenerla cerca.
-¡Debí yo pensar en ti desde el principio! –sigue- ¿Dónde estabas?
Dolores la mira como para asesinarla.
-¿Yo?
-¡Sí!
-¡Cuando… supe que habían a mi padrino… fui a buscar las hierbas!
-No sabes cómo te lo agradezco de corazón –sinceramente Almudena.
-¡Debo ir a la cocina! –huye Yumalai- ¡hay que preparar un cocimiento para que beba y tenga fuerzas!
-¡Bueno, yo voy contigo! Aprovechando que él está aquí acompañado tú y yo vamos a la cocina.
-¡Señola Almudena! –la detiene Dolores- ¡selá mejor que se quede con don Alejandro! Guadalupe y yo vamos a ir a la cocina porque tenemos muchas cosas de qué hablar ella y yo…. ¡camina muchacha!
Esmeralda y Almudena la miran sorprendidas y sin entender.
Al lado de Alejandro, María Pía reza.
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En la sala.
El padre se da cuenta que Bernardo esta malherido y callado en un rincón- ¡No son más que unos salvajes!
Bernardo está muy preocupado.
-¡No, esto no es más que una canallada de Montero! –lo cura- ¡él sabe que Diego se va a casar con Esmeralda y es sencillamente para sacarlo del camino! Eso es todo.
Bernardo le dice que piensa que saben la verdad.
-¡No! –ríe el padre- ¡ellos no saben absolutamente nada de El Zorro, sencillamente se consiguieron un antifaz y una capa! Es una farsa.
Pero Bernardo está furioso y se pasa una mano por el cuello.
-¡Sí, eso es cierto, Diego la va a pasar muy mal en esa prisión, y eso me preocupa! Pero no te angusties… ¡yo sé que Diego jamás hablará del juramento que lo convirtió en El Zorro! De eso puedes estar seguro.
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Prisión.
Montero llega a caballo a tiempo para ver que traen a Diego amarrado.
Baja del caballo con una sonrisa burlona- ¡Pizarro! ¿qué sucede, por qué traes a don Diego De La Vega atado como un prisionero!
-¡Mi comandante! –se cuadra Pizarro- ¡descubrimos que este sujeto! –y lo mira- ¡es nada más y nada menos que El Zorro!
-¡Por favor, Pizarro! –simula Montero- ¡debe ser un error!
-¡No señor! Encontramos esta evidencia en su Hacienda.
-¡Dejemos esta mentira Montero, usted sabe muy bien de qué se trata todo esto!
-¡Por supuesto que no! –sonríe- le aseguro que debe ser un malentendido… además… ¡un cobarde como usted… no puede ser ese bandido! –ríe con una carcajadita- ¡pero estas son pruebas muy serias! ¿qué tiene que decir al respecto?
-¡Es evidente que usted las mandó poner en la hacienda!
-¡Así que usted piensa que soy capaz de violar la ley y poner a un inocente en la cárcel! Sería muy tonto de mi parte… ¿no le parece? ¡y más tomando en cuenta que usted es una persona muy influyente en esta ciudad!
Diego lo mira con una demisonrisa de desprecio.
-¡Si yo cometo un error, yo le aseguro que asumiré las consecuencias! Pero por ahora… tenemos que hacer una investigación.
-¡No tiene nada, Montero! Con esa máscara y esa capa como prueba, usted sabe perfectamente que no tiene nada para condenarme.
-¡Por favor, don Diego! Usted no me va a enseñar ahora cómo funcionan las leyes en mi ciudad… Pizarro… ¡llévate a don Diego a su celda, y busca las pruebas necesarias para poder sustentar su acusación! –y no puede evitar sonreír.
-¡Perdón, mi comandante! Pero creo que será mejor… interrogarlo… primero –con amenaza.
-¡Tienes toda la razón! –se le iluminan los ojos- Haz lo que sea necesario para esclarecer esta situación… ¡te lo dejo en tus manos Pizarro! Por mi parte tengo una cita con el señor Gobernador, quien seguramente me debe estar esperando… ¡llévenselo!
Diego baja la mirada y los soldados lo empujan.
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Hacienda De La Vega.
María Pía llora y le ruega que se ponga bien.
-No es justo –Almudena - ¡Alejandro, herido de muerte y Diego detenido!
-¡Diego tiene que volver! –afirma Esmeralda- tenemos que hacer algo.
-Eso es cierto, en manos del comandante Montero está en peligro –María Pía- además lo están acusando de algo muy grave… ¿Cómo lo pueden acusar de ser El Zorro?
Esmeralda mira para otro lado y se pone pálida- ¡Voy a ir a hablar con mi padre! Él tiene que ordenar que lo liberen.
-¡Ay, Esmeralda! –suspira Almudena-¡eso no va a servir! Tú sabes que Fernando no te escuchará.
-¡Pues tendrá que hacerlo tía, así tenga que ponerme de rodillas ante él, conseguiré que Diego salga libre! –y se marcha.
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Prisión del Callao.
Fernando mira atentamente a Olmos que sigue hurgando y purgando entre los libros.
-¡Aquí me tiene señor Gobernador! –irrumpe Montero- ¡me dijo el Sargento García que mandó a buscarme!
-¡No! – Fernando se da la vuelta y lo mira con frialdad- ¡No, yo lo mandé arrestar! Pero resulta que sus hombres son igual de cobardes que usted.
-¿Y cual es el delito del que se me acusa, señor Gobernador?
Fernando se pone de pie- ¡Robo a las arcas del Rey!
-¡Deje de leer mis libros! –Montero le grita a Olmos.
-¡Tengo todo el derecho, Montero! –le corta Fernando- estoy cumpliendo con mis obligaciones… como Gobernador… ¡y una de ellas es vigilar muy de cerca su trabajo!
-¿Me está acusando de ladrón?
-¡Créame que no me deja ninguna otra alternativa! –sonríe- ¡y en la Corona se van a sorprender mucho con mi informe, cuando se den cuenta de sus malas conductas!... y créame Montero voy a ser implacable con su condena.
Montero sonríe seguro de sí mismo- ¡Le recuerdo que no puede hacerme daño! Tengo algo que le pertenece.
Fernando se da cuenta de la amenaza y sonríe con conocimiento-¡Olmos! ¿nos puede dejar solos por favor? El comandante Montero y yo tenemos un asunto muy importante que tratar.
Montero desempuña su espada- ¡Sale sin mis libros! –amenaza al pobre Olmos que retrocede con miedo.
Pero Fernando lo defiende y saca su puñal espada de su bastón -¡No se atreva a impedirlo, Montero!
Y ambos cruzan espadas y se miran a los ojos con rabia.
-¿Es justo, no cree? –Fernando- ¡así estaremos con igualdad de condiciones, usted tiene algo que me pertenece y yo tengo algo de usted!
Montero furioso acepta y guarda su espada.
Fernando hace lo mismo y le muestra la puerta a Olmos- ¡Olmos!
-¡Sí señor! –Olmos corre.
Al quedar solos- ¿Qué pretende, señor Gobernador, que nos destruyamos? –Montero- ¡si yo me hundo, usted también!
-¡Ay, comandante! ¿Por qué no piensa un poquito? –se apoya en su escritorio- ¿no cree usted que la relación que teníamos antes era mucho más ventajosa? Usted ganaba… yo ganaba… ¿Por qué se me enfrenta?
-¡Porque usted cambió las reglas del juego! Me humilló.
-¡No me venga con tonterías! –lo mira con desprecio- ¡en este mundo todos tenemos un precio! y dígame… ¿Cuál es el suyo? –sonríe.
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Casa Gobernador.
Mariángel lee tranquilamente cuando ve entrar a Esmeralda- ¡Miren quien llegó, la futura señora De La Vega!
Esmeralda está desencajada- ¡Mariángel! ¿sabes dónde está mi padre?
-¿Y a ti desde cuando te interesa mi papá? –cierra su libro- ¡es la primera vez que preguntas con tanto interés! ¿qué sucede? ¿en qué problema te metiste?
Esmeralda la mira y suspira- ¿En verdad lo quieres saber? ¡el miserable del comandante Montero mandó detener a Diego!
Mariángel se interesa en verdad y se levanta- ¿A Diego?
-¡Sí, y ni siquiera les importó que don Alejandro esté postrado en una cama a punto de morirse!
Mariángel pone cara de fastidio- ¡Pobre tía Almudena! –con sorna- ¿y de qué lo acusan?
-¡De algo realmente increíble! El capitán Pizarro insiste en que Diego es El Zorro.
Mariángel tiene un ataque de risa- ¡Diego De La Vega, El Zorro! De verdad, hay que ver las cosas qué se les ocurre… ¡el comandante montero es todo un patán pero sí que tiene sentido del humor!
Esmeralda la midiéndola-¡Yo no le encuentro la gracia, Mariángel! Don Alejandro está a punto de morirse y Diego tiene derecho a estar con él en sus últimos momentos… necesito encontrar a mi padre… ¡él tiene que hacer algo!
-¡No, no lo sé! Pero una cosa sí te digo, Esmeralda, todo lo que le está pasando a Diego es por ti.
-¡Qué dices! –Esmeralda recibe el golpe.
Mariángel se acerca- ¡Tú desataste la furia de Montero rompiendo tu compromiso con él! Y para empeorar las cosas insiste en tu matrimonio con Diego… ¡todo lo que pase de ahora en adelante… será sólo tu culpa, Esmeralda! ¡tu culpa!
*
Cocina.
Yumalai prepara una poción pero Dolores está histérica y le echa en cara lo que hizo.
-No mereces el nombre ni la ropa… ¡Eres una india mala, salvaje!
Yumalai llora- ¡Dolores, no digas eso!
-¡Hiciste daño al hombre que te salvó la vida! Don Alejandro siempre quiso protegerte… te brindó su casa… y no como una sirvienta… ¡no señor! Te dio su cuarto de huéspedes porque él te quería como si fueras de la familia… ¡tú le debes mucho a mi señor, deberías estar agradecida y besar el suelo por dónde él camina! Pero hiciste todo lo contrario… lo enviaste a los brazos de la muerte.
-¡Ya no más Dolores! –llora- ¡yo nunca le haría daño a don Alejandro! Yo le debo la vida, y por eso le pertenezco.
En ese momento Almudena llega a la puerta y se queda escuchando la discusión.
-¡Y si algo sabe hacer esta india es serle fiel a su amo hasta el final!
Almudena frunce el entrecejo.
-¡Pues valiente manera qué tienes de demostrar tu fidelidad con las personas! –le grita Dolores- ¡con lo que acabas de hacer!
-¡Esa flecha no iba para él, y tú lo sabes Dolores! –sigue Yumalai- ¡yo lo único que quería era matar al hombre de un solo ojo! Pero don Alejandro se me atravesó.
Almudena escucha la verdad y se queda pálida y se aleja.
-¡No importa lo que hayas querido hacer sino lo que terminaste haciendo! –le regaña- ¡y escúchame bien… Yumalai… si algo le pasa a don Alejandro… si se llega a morir! –le dice con mucho dolor- ¡tú vas a ser la única culpable! –y se marcha.
Yumalai se queda llorando.
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Casa Gobernador.
Esmeralda sale de su casa cuando alguien la atrapa y le tapa la boca.
(secuestrada…
¿por quien, los gitanos, la frateria, quien?)
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Prisión Callao.
-¡Montero, le hice una pregunta ¿Cuál es su precio? –toma asiento.
Montero hace lo mismo, se sienta- Podría tomar sus palabras como una ofensa peor a las que me ha hecho señor Gobernador.
-¡Déjese de susceptibilidades infantiles, Montero! Usted es un hombre pragmático y sabe hacer negocios… ¡yo vine a ofrecerle un negocio que le conviene, más bien, nos conviene a los dos!
-Soy todo oídos, ¿qué propone?
-Olvidar todo lo que vi en su libro y entregarle su libro… ¡y usted a cambio me regresa a Mercedes, a mi esposa!
Montero ríe- ¡Ay, por favor, señor Gobernador! Este negocio que me está proponiendo es bastante desventajoso para mí… los secretos que rodean a la enmascarada son mucho más importantes que su silencio sobre mis pequeños pecadillos.
Fernando pone cara de hierro.
-¡Yo le aseguro que la Corona de España está más interesada en saber de Sara Kali, Mercedes o como se llame! –sigue Montero.
-¡Entonces no me deja otra alternativa más que defender esto con la espada, de hombre a hombre!
-¡Por favor, señor Gobernador, cálmese! Ahora es usted el susceptible –sonríe – lo reconozco… no puedo batirme con usted en duelo –pone aire de aceptarlo- ¡me puede vencer, tengo un hombro lastimado! Lo que trato de decirle para que me entienda, es que acepto su propuesta, siempre y cuando haya algo más en juego.
-¿Algo más, de qué se trata?
-¡Insisto en casarme con Esmeralda! –se acerca Montero.
-¡No, no! Eso no lo puedo cumplir… ¡ya falté una vez a mi palabra y no pienso volver a hacerlo!
-¡No va a ser necesario que intervenga nuevamente! –se recuesta en su silla- ¡eso se lo aseguro!
Fernando se sorprende- Usted parece muy seguro de poder interponerse entre Esmeralda y Diego De La Vega…
-¡Y lo estoy! Y mi forma de demostrar mi lealtad hacia usted señor Gobernador –se levanta de su silla- ¡es que formaré parte de su familia! Y le aseguro que muy pronto… Esmeralda va a ser mi esposa.
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Sala de torturas.
Pizarro le da un fuerte latigazo a Diego que se muerde los labios pero no grita.
-¡Yo le recomiendo que confiese de una vez, don Diego! Acepte que es El Zorro y evite este castigo.
Pero Diego se niega- ¡No lo soy Pizarro, yo no soy ese bandido! –con voz afectada.
Pizarro lo vuelve a golpear- ¡Firme una declaración aceptando su culpa y prometo bajarlo sin hacerle más daño!
Diego no contesta.
-¡No se haga el valiente conmigo, don Diego! Yo sé que no lo es.
-¡Pues sí, tal vez no lo sea! Pero voy a resistir por todo esto… y por la humillación que le hizo pasar a mi familia… ¡voy a resistir! Porque voy a hacerle pagar Pizarro.
-¡No me amenace en balde, don Diego! Muy bien… usted se lo buscó… ¡vamos a ver que piensa después que termine!
Y lo sigue pegando. Diego se resiste.
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Casa Gobernador.
Fernando entra… y encuentra a María Pía sentada en la sala, se queda parado mirándola - ¡Qué haces aquí, María Pía!
-Con todas las cosas que han pasado yo no debería estar aquí –baja la cabeza con pena.
-¿Cómo está tu hermano Alejandro? –se interesa Fernando.
-¡Muy mal! Está muy mal… lo estamos atendiendo en la casa.
Fernando baja la cabeza.
-¡Por eso se nos hace difícil! Los hombres de Montero está adentro… y…
-¡Qué! –se sorprende sinceramente.
-¡Y no respetan su gravedad! –sigue María Pía.
-¿Pero qué hace el imbécil de Montero vigilando a tu hermano y con soldados en su casa? –se pone furioso.
-¿No lo sabías? –se sorprende María Pía.
-¡No, no lo sabía! –le afirma.
-¡Qué raro! Tú siempre sabes todo.
-¡Habla de una buena vez, María Pía! –le hace un gesto de exasperación.
-¡Montero detuvo a Diego… lo acusa de ser El Zorro… Fernando! Y a Alejandro de ser su cómplice… ¡esto no puede estar pasando! –le ruega- ¡tú tienes que hacer algo, por Dios!
Mariángel se acerca a escuchar.
-¡Por favor te lo pido, ayúdame a sacar a Diego de la cárcel! – le ruega- ¡te lo pido por favor, nadie más puede ayudarme!
Fernando suspira y se acerca a María Pía que baja la cabeza.
Mariángel se sorprende al ver a su padre.
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Prisión.
Esmeralda entra peleando con los soldados- ¡Suéltenme desgraciado! –y se enfrenta con Montero- ¡no tienen ningún derecho a secuestrarme en mi casa!
-¡Qué gran sorpresa, Esmeralda!
Esmeralda le tira todas las cosas de su escritorio- ¡Es un miserable, Montero! –le grita- ¡le exijo que libere a Diego inmediatamente!
-Sabía que en algún momento nos volveríamos a ver, y te pido una disculpa porque yo adelanté nuestro encuentra… ¡retírense! –ordena a los soldados que se marchan.
-¿Qué va a hacer? ¿me mandó traer a la fuerza para encerrarme a mí también?
-Pides muchas cosas y no das nada a cambio –y la toma a la fuerza.
-¡Quíteme sus sucias manos de encima! –se libera.
Pero Montero la vuelve a atrapar- ¡No te pongas difícil! –la vuelve a atrapar- ¡cálmate, que eso no me gusta! Me hace sentir… agresivo –trata de besarla.
Pero Esmeralda se separa- ¡Suélteme Montero!
Montero se aleja- ¡Debemos llegar a un pacto, dónde ambos obtengamos lo que queremos! Si tú quieres pondré en libertad a Diego De La Vega… ¡sólo te pediré una pequeña condición!
-¿Cuál? –con voz ronca- ¡habla!
-¡Liberaré al imbécil de Diego De La Vega… a cambio de que hoy mismo pongas fecha para nuestra boda! Tú decides, mi amor.
Esmeralda lo mira con desprecio- ¡No hay nada que pensar, comandante! Tengo otra forma de sacar a Diego de este lugar.
-¿Ah sí? –ríe Montero- ¡qué vas a hacer, Esmeralda! ¿le vas a pedir ayuda a tu papito? ¡no lo hagas! Porque tengo a don Fernando Sánchez de Moncada en mis manos.
-¿Por qué hace todo esto, Montero? –Esmeralda la mira con rabia- ¡por qué se empeña en tenerme si ni siquiera siente amor por mí! Es más… hasta me atrevería a decir que usted no siente amor por nada ni por nade.
-¡Ah, por favor! Qué pasa contigo Esmeralda –se pasea- ¿qué es lo que no entiendes? Esto se trata de poder, de orgullo, de dignidad –le grita- ¡tú, tu padre, Diego De La Vega, me humillaron! ¡y eso no se le hace a Ricardo Montero!
-¡Pues por más grande que sea su venganza, comandante, nosotros vamos a hacer todo lo posible para defendernos! –le sonríe- y lo que sí le puedo asegurar… ¡es que nunca me va a separar de Diego! Escúcheme bien… ¡nunca!
-¿En realidad amas a ese payaso? –ríe Montero con burla- ¡bien, muy bien! Acompáñame –la toma del brazo.
Esmeralda se resiste -¡Qué va a hacer! –se asusta- ¿A dónde me lleva?
-¡Quiero que veas el precio que vas a pagar por no casarte conmigo! ¡camina! Muévete.
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Sala de tortura.
-¿Qué piensa don Diego? –Pizarro se detiene- ¿va a firmar esos papeles?
-¡No!
-¡Vaya, me sorprende de verdad! Debo reconocer que jamás creí encontrar tanta resistencia en usted… ¡pero me complacen los retos! –y le sigue dando con el látigo - ¡usted es El Zorro! –le grita- ¡un asesino, que asesinó al inspector del Virrey! ¡confiese, maldita sea! ¡confiese!
Pero Diego no grita y recuerda su juramento de Zorro- “No soy nada, no soy nadie, vivo para servir el nombre de la Justicia, y moriré por ella si es necesario”
-¡No, no soy El Zorro, no puedo confesar algo que no es cierto!
-¡Don Diego! –trata de convencerlo Pizarro- ¿Por qué no se hace un favor y firma esos papeles? Y cuando lo haga… voy a ser benévolo con usted y lo voy a dejar salir para despedirse de su padre… ¡tengo entendido que se está muriendo!
Diego ríe triste- ¡Me conmueve tanta generosidad de su parte, Pizarro! –lo mira- ¡pero no! ¡no voy a firmar esos papeles ahora, ni nunca! ¡nunca!
La cámara se aleja y muestra a Diego colgado, amarrado de las manos.
-¡Muy bien, don Diego! Si no firma esos papeles… don Diego… -y deja el látigo y toma nuevos instrumentos de tortura- ¡voy a dejarlo como un guiñapo! Voy a arrancarle el alma si es necesario.
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Hacienda De La Vega.
Almudena entra a la cocina y le grita a Yumalai- ¡Así que fuiste tú! era tuya la flecha que hirió a Alejandro y no trates de negarlo… porque he escuchado a Dolores cuando hablaba contigo –y se acerca.
Yumalai no contesta, baja la cabeza.
-¡Por tu culpa, Alejandro está al borde de la muerte! –Almudena sigue- ¿Cómo pudiste hacerle eso al hombre que te ha cuidado, qué te ha protegido y que te acogió en esta casa con tanto cariño? ¡eres una desagradecida! –le da tremenda bofetada.
-¡Yo no le quería hacer daño a don Alejandro! –le grita- ¡esa flecha no era para él!
-¡Lo sé! –le grita Almudena- ¡era para mi hermano Fernando! Y no entiendo… ¿Por qué razón Alejandro te protege? –y la mira extrañada- ¡eres una asesina, Yumalai!
Yumalai la mira sorprendida.
-Y pensar que yo me quería acercar a ti… que te quería…
Dolores entra gritando- ¡Doña Almudena, venga rápido, don Alejandro se nos muere!
Yumalai las sigue pero Almudena la detiene- ¡Tú te quedas! –le ordena- ¡no te quiero cerca de Alejandro y me esperas, esta conversación no se ha acabado!
Yumalai se queda y levanta la mirada con rabia.
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Prisión Callao.
Diego sigue sufriendo- ¡Pizarro, mi padre me necesita! –de pronto le dice- ¡si mi padre muere mientras estoy aquí! –le amenaza- ¡le juro que le voy a matar!
-¡No me amenaces, desgraciado ! –le grita Pizarro- ¡confiesa y tal vez te perdone la vida!
Y corta una cuerda y lo hace caer.
En ese momento Esmeralda entra con Montero y lo ve en el suelo y corre- ¡Diego! –y lo besa.
-¡Esmeralda! ¿qué haces aquí?
Esmeralda llora- ¿Qué te hicieron mi amor? –y luego se saca su medallón y se lo pone en el bolsillo del pantalón- ¡Esto me ha protegido siempre! –le susurra- ¡le voy a pedir a Dios que te proteja a ti!
Pizarro mira a Montero que sonríe.
-¡Vete! –le ruega Diego.
-¡Salvajes, miserables! –le grita Esmeralda a Montero y a Pizarro- ¡Cómo se atreven a hacerle esto, son unos animales! –y lo abraza.
*
Casa Gobernador.
-¡La reacción de Montero en este momento es natural por lo que me pediste, María Pía! –Fernando- ¡Falté a mi palabra y Montero es un hombre cruel, es un hombre primitivo! A él lo único que le alimenta es la venganza.
-¡No entiendo! –María Pía se pasea nerviosa- ¡ese hombre está incriminando a mi sobrino con calumnias, Fernando! ¿y tú no haces nada, ni siquiera por Alejandro que es tu mejor amigo supuestamente?
Mariángel los escucha y espía.
-¡Te prometo que quiero detenerlo pero ante tales circunstancias no es fácil!
-¡Tú eres la máxima autoridad de Los Ángeles, tú eres su superior! Tendrías toda la posibilidad de detenerlo si quisieras… ¿pero qué pasa contigo, no puedes?
Fernando desvía la mirada- ¡Es algo que no te puedo decir! Tengo medios para enfrentar a Montero, pero de ahí a detenerlo… ¡no va a hacer de un día para otro!
-¡Comprendo! –María Pía lo mira con decepción- me imagino que lo que sucede es que Montero te tiene dominado, te tienen chantajeado o algo así… debe saber algo de tu pasado… ¡debe tener antecedentes tuyos, debe… qué se yo! Como lo hizo con el Gobernador anterior… ¡es por eso que le tienes miedo y no eres capaz de enfrentarlo! ¿es que acaso solamente el dichoso Zorro es capaz de enfrentar a ese hombre?
Mariángel se sorprende de lo que escucha.
-¡No hables así! Maldita sea… ¡no hables así!
-¡Lo siento! –se disculpa.
-¡Maldita sea! –Fernando se sienta- ¡entiendo cómo te sientes! Pero tú también comprende María Pía, entre Montero y yo tiene que haber un equilibrio de poderes.
-Lamento haber venido hasta aquí para perder el tiempo… pensé que me iba a encontrar con aquel hombre de acción, aquel hombre de palabra… ¡aquel que hacia sentir su autoridad, el hombre que yo conocí!
-María Pía…
-¡Ese hombre no existe! Ese hombre desapareció hace mucho tiempo… ¿no? –y se va a marchar.
-Espera… -le ruega Fernando- ¿qué es lo que quieres de mí María Pía?
Mariángel se queda boquiabierta al ver a su padre así.
-¡Justicia! –le pide María Pía- ¡quiero que se haga justicia! Sólo por una vez en tu vida haz justicia, por favor –se acerca- ¡se trata de mi sobrino, haz justicia!
-¡Tú sabes que ni Montero ni el mismo Dios han podido doblegarme! –suspira- ¡solamente tú María Pía! –baja la mirada.
Para Mariángel es un golpe.
Fernando se acerca y le pone las manos en los hombros- ¡Y está bien! –le acaricia el rostro- ¡voy a hacer lo que me pides, voy a salvar a tu sobrino! Pero por favor… por favor María Pía… ¡no aceptes los hábitos de religiosa! –le ruega- ¡no los aceptes!
María Pía mueve la cabeza con pena.
Mariángel los mira con maldad en la mirada.
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Iglesia.
Es el turno de confesarse de Suplicios.
-Su eminencia, tengo que hablarle de… del demonio padre.
El cardenal abre los ojos- ¿El demonio?
-¡El maligno está viviendo entre nosotras! Se lo juro por la salvación de mi alma… ¡el maligno se ha ensoñoriado en nuestra Misión! Y ahora se ha apoderado de otra hermana.
-¿De quien?
-¡La hermana que va a ser la Superiora de todos nosotros, María Pía su eminencia! La hermana María Pía se ha tocado con el demonio, le ha acariciado con sus asquerosas manos.
*
Sala de torturas.
Esmeralda acaricia a Diego- ¡Lamento tanto que por la mente enferma de este miserable… estés padeciendo todo esto!
-¡Esmeralda, no te preocupes por mí! –le ruega Diego- Tú sabes que puedo estar bien… ¡dime cómo está mi padre!
-Su ahijada lo está cuidando, todo va a salir bien y yo mi amor, te prometo que te voy a sacar de aquí –y lo besa- ¡te lo prometo!
Montero aplaude- ¡Qué conmovedor escena! ¿no te parece, Pizarro? –y la arranca de Diego- ¡Ven aquí, Esmeralda!
-¡Montero, suéltala! –grita Diego- ¡esto es entre tú y yo!
-¡No estoy de acuerdo, De La Vega! Esmeralda y tú deben pagar el precio por la humillación que sufrí.
-¡Suélteme, Montero! –se suelta- ¿qué es lo que quiere?
Montero la toma del brazo- ¡Pizarro! –ordena- ¡que comience la diversión!
-¡No! –llora Esmeralda.
Pizarro levanta a Diego.
Esmeralda se debate pero Montero la tiene muy fuerte- ¡quiero que mires!
Pizarro vuelve a torturarlo. Esmeralda llora.
*
Hacienda De La Vega.
El padre le da los ritos a Alejandro-¡Está en manos de Dios!
Almudena llora.
Alejandro pide por Diego.
-¡Él salió… a buscar ayuda para ti, mi amor! –miente Almudena.
-¡La única ayuda que tengo en estos momentos es la que Dios me pueda brindar para partir!
-No es justo Alejandro, no es justo… ¡no nos puedes dejar! –llora.
-Lo siento, hubiera querido vivir contigo tantas cosas hermosas…. Tantos sueños… tantas palabras sin decir.
Dolores y el padre los miran y lloran.
-¿Por qué esa india hizo esto? –llora Almudena- ¡por qué Guadalupe! ¡no entiendo! ¿Cómo pudo?
Alejandro mueve la cabeza.
-¡Ya lo sé! Lo sé todo… fue ella… quien disparó esa flecha que te tiene al borde de la muerte y no la defiendas por favor… que he escuchado a Dolores cuando hablaba con ella en la cocina… y le reclamaba –y llora histérica- ¡esa flecha era para mi hermano, ella quería matar a Fernando!
-¡Escúchame, Almudena! No la disculpo, lo que hizo no estuvo bien –dice con un suspiro- ¡pero mataron a su hermano, aniquilaron a su tribu!... y…
-¡Por favor no hables más! Necesitas conservar tus fuerzas… eres un hombre demasiado bueno y generoso… ¡no te puedes morir, mi amor!
(Bueno… debiste pensarlo antes de hacerle hablar tanto y ponerlo nervioso…
Almudenita!!)
Yumalai entra con una poción- ¡El no se va a morir, señora! –le prometo- ¡yo lo voy a salvar!
-¡Qué haces aquí Guadalupe, te dije que no vinieras, te ordené que no entraras acá! –la echa- ¡tú no tocas a Alejandro!
*
Prisión del Callao.
Mientras Pizarro sigue golpeando a Diego, Esmeralda enfrenta a Montero- ¡Es usted un miserable, Montero, un cobarde que se esconde detrás de su poder! Porque sin su poder no valdría nada.
-¡Mira, Esmeralda! –le fuerza Montero.
-¡Esmeralda, vete por favor! –ruega Diego.
-¡No Diego, yo no le tengo miedo a este canalla que tiene que recurrir a estas bajezas para conseguir a la mujer que no le pertenece! A la mujer que lo desprecia.
-¡Que mal, Esmeralda! No me gusta que pienses así de mí.
-¡Miserable! –llora Esmeralda- ¡Diego, te prometo que voy a volver!
-¡Qué linda promesa, lástima que no se pueda cumplir!
Esmeralda se escapa y abraza a Diego.
-¡Adonde crees que vas! Suéltalo… no me has dado una respuesta.
-¡Esta es mi respuesta comandante! –y le da una bofetada- ¡y entiéndala bien porque es la única que siempre va a recibir de mí!
-¡Ven acá! –la lleva a rastras- ¡y tú que esperas, Pizarro! –le grita- ¡azótalo hasta que firme o hasta que muera!
*
Hacienda De La Vega.
-¡Teniente! ¿podría hacernos el favor de dejarnos a solas un momento? –pide el padre.
-No se demore –el teniente se marcha.
-Almudena, hija… ¡yo creo que debes dejar a Guadalupe curar a Alejandro!
Pero Almudena se levanta- ¡Esta mujer es una asesina, padre! Ha tratado de matar a mi hermano varias veces –y le muestra a Alejandro- ¡y mire el resultado! Alejandro está al borde la muerte por su culpa… ¡así que no me pida que confíe en ella porque no lo voy a hacer!
(Bueno… tiene mucha razón
-¡Almudena, cálmate, hija! Comprendo tu opinión, pero está de por medio la vida de Alejandro… nosotros ya no tenemos esperanzas… ¡y conozco muy bien la medicina de esta tribu! A veces… hace milagros.
-Señora Almudena, lo que dice el padre Tomas es verdad –interviene Dolores- esta india desagradecida no me gusta ahora pero ella sabe muchas cosas para curar, su medicina, magia que nosotros no conocemos.
-¡Almudena! –ruega Alejandro y le da la mano- ¡mi amor! Yo… confío en ella… por favor.
Almudena mira a Yumalai y luego se acerca a ella- ¡Qué ayuda necesita!
-Por ahora esperen afuera y mantengan caliente el cocimiento que tengo en el fuego –dice Yumalai.
-Vamos hija –el padre toma el brazo de Almudena y luego advierte a Yumalai- ¡vamos a estar pendientes!
Y todos salen. Dolores sale mirándola con rabia. Alejandro mira a Yumalai con pena.
*
Casa Gobernador.
-¡Yo no puedo creer que te atrevas a chantajearme otra vez, Fernando! –María Pía- ¿acaso no puedes actuar con nobleza una vez tu vida?
Mariángel sigue espiando.
Fernando suspira- ¡Te estoy haciendo un favor, María Pía! No voy a permitir que tomes tus hábitos! No te engañes… tu amor me pertenece a mí… ¡y no a Dios!
-¿Quién te crees tú que eres para dudar de mi vocación, y de mis sentimientos? ¡quien crees tú que eres!
-¡Aunque finjas frialdad! –suspira- por más que finjas María Pía… sé perfectamente bien qué piensas.
Mariángel la mira con odio.
-¡Sé perfectamente bien que sientes! –se acerca- ¡sé que te estremeces ante mi presencia! Tus ojos al mirar me brillan tan hermosamente… y esos labios… ¡esos labios piden a gritos que yo los bese! –Fernando le acaricia el rostro.
María Pía cierra los ojos y ruega- ¡Basta, basta por favor! –lo mira- ¡no me toques!
Fernando retrocede.
-¡Eres un ser tan egoísta, Fernando! Eres una persona que pareciera que solamente piensa en sí misma –le reclama- ¡solamente piensas en ti mismo! ¿alguna vez te has puesto a pensar en mi vida? ¡alguna vez te has puesto a pensar en lo que pasó con mi vida, en qué se convirtió mi vida!
-¡Pues te equivocas, y te equivocas de nuevo porque sí me importas! Porque voy a evitar a toda costa que te conviertas en monja porque eso lo vas a cargar toda la vida.
-Esta conversación no tiene sentido Fernando, de cualquier manera Diego saldrá de la cárcel… tarde o temprano saldrá… -reflexiona- las palabras de Montero no son suficientes para sostener una acusación semejante… ¡y no se te olvide que tenemos familia en España, también! ¡iremos a la Corte! –dice firme.
Mariángel se interesa.
-¡Y en cuanto a ti, Fernando! –sigue- ¡quiero que sepas que con esto que hiciste, perdiste todo mi respeto! Y lo único que estoy esperando es vestir mis hábitos de Madre Superiora para no volver a verte la cara nunca más –se marcha.
-¡María Pía! –suspira Fernando y la sigue- ¡espera!
-¡Déjala ahí, papá! –sale de su escondite Mariángel con rabia- ¡me avergüenza que te humilles así! Ya ahora está todo demasiado claro para mí… fue por culpa de esa maldita monja que tú me privaste de mi matrimonio con Diego De La Vega… ¿fue por ella, papa? –le grita.
Fernando no contesta.
*
Prisión del Callao.
El Sargento García llega corriendo- ¡Soldados, atención! ¿es verdad que trajeron a don Diego De La Vega preso?
Los soldados callan y se miran uno a otro.
-¡Por la virgencita, díganme que eso es una mentira!
-¡No Sargento García! –se disculpa nuestro guapo soldado- lo informaron bien, a don Diego lo detuvieron por un crimen muy grave.
-¡Lo acusan de ser El Zorro! No… ustedes están equivocados… es un caballero, un hombre de letras… ¡mucho menos disparar una pistola! ¡mentiras! ¿en qué calabozo lo tienen?
Pero los dos se miran apenados.
-¿Por qué no me contestan?
-Lo que pasa es que desde que llegaron… el capitán Pizarro lo está interrogando… ¡y usted sabe sargento cómo son sus interrogatorios!
García tiembla de miedo y terror- ¡Sí, lo sé! No puede ser… lo están torturando –se toma la cabeza.
*
Hacienda De La Vega.
Bernardo y el padre planean algo.
-¡El final del Zorro está muy cerca si no hacemos algo! Tú y yo tenemos que sacar a Diego de esa cárcel.
*
Prisión del Callao.
Tiran a Diego inconciente en una celda.
-¡Pierde el conocimiento, maldita sea! –grita Pizarro y pide que le avisen cuando despierte para seguir con el interrogatorio.
Apenas sale el Sargento García se mete corriendo y le trae un vaso de agua y se asusta al verlo- ¡Don Diego! ¿Por qué le hicieron esto, como pudieron? –sufre de pena- ¡mi capitán Pizarro es un salvaje, un demonio! Le destrozó la espalda con ese látigo… -y se acerca y lo hace beber.
-¡Mi padre! –susurra Diego.
-Tranquilo don Diego, todo se va a aclarar… ¡yo me voy a encargar de cuidarlo! No se mueva de aquí –le dice- voy a buscar ayuda.
Y sale corriendo.
*
Tobías.
Catalina le ha hecho un nuevo disfraz a Tobías- ¡Oh-lala! Hasta me parezco a ese bandido.
Catalina le pregunta que pasa si le atrapan-¡Exageras!
-Es para ubicar a los posibles candidatos, de esa manera cuando el maestro Samaniego venga a América me dirá cual de esas personas es su discípulo… Alias El Zorro.
*
Casa Gobernador.
Mariángel sigue con su ataque de histeria- ¡Fue ella la culpable de mi desgracia, papá!
(bueno un poco exagerada!!
)
-¡María Pía te manipuló para que le concedieras la mano de Esmeralda a Diego!
-¿Quién te enseñó a espiar detrás de las puertas?
-¡Jamás pensé que estuvieras tan enamorado de esa mujer!
Fernando desvía la mirada.
-¡No te voy a negar que lo sospeché pero ahora que lo escucho no lo puedo creer! –sigue con odio- ¡Ella siempre te ha hablado así! ¿con esa autoridad moral? –y grita- ¡Quien se cree que es! ¿una santa?
-¡Mariángel! –le advierte Fernando.
-¡Esa mujer va a ser tu perdición, papá! ¡tu ruina! Esa mujer te está pidiendo cosas que ponen en peligro tu vida… ¡por sus caprichos eres enemigo de Montero!
-¡Estos son asuntos míos, Mariángel, y te pido por favor no intervengas en ellos! –le corta- ¡lo que hayas escuchado, tendrás que olvidarlo! Conversación terminada.
-¡No! Hasta ahora comienza… yo no voy a permitir que mi padre se convierta en esclavo … ¡de una cualquiera!
Fernando reacciona violento- ¡Mariángel! –y le da una bofetada.
Mariángel lo mira con odio- ¡Nunca me habías pegado, papá! –dice sin creerlo.
-¡Y lo volveré a hacer si no dejas en paz a María Pía! ¡no la vuelvas a mencionar, te lo prohíbo absolutamente!
Mariángel se muerde las palabras- ¡Te felicito, papá! Elegiste muy bien, elegiste jugártelo todo por una mujer que no siente nada por ti –le grita y sale corriendo.
-¡Perdóname hija! –le dice Fernando… vencido.
*
Prisión del Callao.
-¿Firmó por fin? –pregunta seguro Montero- ¿aceptó los cargos?
-¡No, todavía no! –dice a regañadientes.
-¿Qué pasó Pizarro? Es la primera vez que un prisionero se niega a firmar… a pesar de tus métodos de tortura… ¡te estás poniendo viejo!
-¡Diego De La Vega resultó más fuerte de lo que imaginaba! –reconoce Pizarro- ¡pero lo hará comandante, todos lo hacen! En cuánto recobre el conocimiento voy a seguir con el interrogatorio.
-¡Bien, que firme cuánto antes! Estamos pasando por momentos muy cruciales y hay que cuidar cada uno de los detalles… necesito que hagas algo… ¡quiero que me vigilen a Sara Kali! También manda un pregonero a la plaza para que… anuncie la acusación de don Diego De La Vega… necesito que todo el mundo se entere de su delito –sonríe- ¡estoy contento Pizarro, tengo a todo el mundo en mi poder! Y a pesar de las amenazas del señor Gobernador, él no podrá contra mí… y lo mejor de todo es que muy pronto me casaré con Esmeralda.
Pizarro con una duda negra en su mirada negra- ¡Parece muy seguro de conseguirlo, comandante!
-Las desgracias, Pizarro, ablandan los corazones débiles de las mujeres… ¡ahora retírate! –pero lo vuelve a llamar- ¡una cosa más, elimina a don Alejandro De La Vega, no nos conviene que se levante de la cama! Ese hombre tiene que morir.
*
Hacienda De La Vega.
Alejandro grita de dolor, afuera Dolores y Almudena se desesperan.
-¿No escuchas los gritos? Va a acabar con la vida de Alejandro.
-¡Al contrario, lo va a salval! Esa medicina es muy fuerte… ¡yo muchas veces vi a mi señora Regina, que en paz descanse, salvarle la vida a muchos hombres que estaban heridos de muerte!
Almudena se queda callada-Ruego a Dios porque así sea.
Dolores se marcha para preparar te.
Almudena queda sola.
*
Plaza.
Fernando a caballo se encuentra a Esmeralda que viene corriendo.
-¡Qué pasa Esmeralda! ¿Por qué traes el vestido manchado de sangre?
Esmeralda lo enfrenta- ¡Me imagino que ya lo sabe! Montero encarceló a Diego, lo acusa de ser El Zorro –le grita- estuve en la prisión… ¡lo vi! –empieza a llorar- ¡fue horrible, Montero lo está haciendo torturar!
Fernando se baja del caballo sorprendido- ¿Qué dices?
Esmeralda le ruega- ¡Yo sé que usted me odia, que no significo nada en su vida!
Fernando la mira como si de pronto sintiera algo.
-¡Pero por una vez, tan sólo por una vez le pide que me ayude! Se lo ruego, se lo imploro –llora- ¡salve a Diego, por favor!
Fernando suspira- ¡Diego está metido en problemas! –impotente- ¡Montero tiene pruebas!
-¡No es verdad, nada de lo que diga ese hombre es verdad! –le grita Esmeralda- ¡por favor, no permita que ese miserable le arranque la vida al hombre que amo, no lo permita!
Fernando mueve la cabeza -¿Te das cuenta hija, de tu necedad de casarte con Diego De La Vega? ¡yo tuve que faltar a mi palabra! Ahora tú tienes que pagar las consecuencias.
-¿Qué quiere decir? ¡qué lo va a dejar morir! ¿qué no va a hacer nada para salvarlo?
-¡Quiero decir que Diego es el hijo de mi mejor amigo! Pero está difícil, no sé si pueda hacer algo por él –y vuelve a su caballo- ¡te recomiendo que vayas la casa y no salgas! De Montero se puede esperar todo y también tu vida puede correr peligro –le aconseja- ¡no salgas!
Fernando parte al galope.
-¡Pues no lo voy a permitir! –dice Esmeralda- ¡Diego no está solo! ¡yo te voy a rescatar, no importa el precio que tenga que pagar! ¡te juro que te voy a rescatar!
*
Reunión de la cofradía.
-¡Hermanos! Debemos ayudar a Diego De La Vega –dice el padre a los miembros- ¡él es un miembro de esta ciudad, hombre noble y generoso! ¡no podemos permitir que el comandante Montero le haga daño!
-¡Frater Tomas! ¿y de qué acusan al señor De La Vega?
-¡Lo acusan de ser El Zorro!
-¿Y por qué el mismo Zorro no va a rescatarlo, frater Tomas?
-¡El Zorro está cumpliendo una misión de mucha importancia y no puede acudir a nuestro llamado! Señores… no podemos permitir una injusticia con Diego De La Vega.
*
Iglesia.
María Pía llega y el cardenal la espera para la confesión.
-Lo lamento mucho su Eminencia, pero no puedo, justamente a eso venía… ¡necesito que me de permiso para ausentarme más días de mis labores en el internado!
-¿Su hermano sigue mal?
-¡Empeora cada día!
-Todo se debió a una lamentable equivocación… que la flecha no iba dirigida a él.
-Así es, al parecer se trataba de un atentado contra el señor Gobernador.
-Ese temperamento de don Fernando tiene que haberle traído demasiados enemigos.
María Pía se pone alerta.
-¡Es un hombre atormentado! –sigue- ¿no le parece? Esa interrupción que hizo aquí me dejó muy sorprendido… además tengo una sospecha… ¡pienso que por alguna razón que desconozco pero que tengo que averiguar… el señor Gobernador está interesado en que este internado no reciba la bendición papal! ¿qué sabe al respecto?
Pero María Pía empieza a llorar -¡Discúlpeme, yo no me siento bien! Quiero estar al lado de mi hermano… si me permite.
-¡Un momento, hermana! Usted fue nombrada como Superiora de esta congregación y mi obligación es comprobar que usted tiene la moral y las virtudes necesarias para dirigirla… ¿qué relación tiene usted con el Gobernador Fernando Sánchez de Moncada?
*
Hacienda De La Vega.
Fernando visita a Alejandro y se encuentra con Almudena-¡Hermana! ¿Cómo sigue Alejandro?
Almudena se seca las lágrimas- ¡Muy mal, Fernando! No tengo muchas esperanzas.
-¿Que dice el cirujano Agapito?
-Las heridas eran tan graves que ni siquiera pudo curarlo… ¡ahora mismo, allá arriba, está una india dándole unas medicinas!
Fernando pone mala cara- ¿Una india, quien es?
-¡Guadalupe! Su ahijada… creo que ya la conoces.
-¡Sí! En todo caso la medicina de los indios se me hace una charlatanería, tenemos que buscar otro tipo de ayuda.
-En este momento, hay que esperar lo que la india pueda hacer por él… ¡ha sido terrible! Para rematar, Montero envió a Pizarro con sus hombres para detener a Diego, bajo una acusación absurda.
-¡Sí! –con pesadumbre- ¡ya estoy enterado de eso! Y para eso vine… ¡para solucionarlo! –y grita- ¡soldados! ¡bajen! –grita.
-¡A sus órdenes, señor Gobernador!
-¡Regresen inmediatamente a la prisión!
-¡Con todo respeto! –se niega el teniente- ¡pero tengo ordenes de mi capitán Pizarro de no permitir que nadie entre ni salga sin autorización, señor!
-¡Pues yo soy el superior de su capitán Pizarro! Y del comandante Montero… así que yo soy el que manda… ¡así que regrésense a la prisión antes que los saque a patadas de aquí!
-¡Cómo ordene, señor! Soldados… ¡ya oyeron, afuera!
-Fernando… todo esto ha sido muy humillante –llora Almudena- me tranquiliza saber que está aquí.
Fernando la abraza- ¡Tranquila, hermana! Alejandro es mi amigo… -suspira- ¡y me salvó, tengo una deuda moral con él! Esa maldita india me quería matar a mí y le pegó a él!
Almudena llora y lo mira.
-¡Pero no voy a parar hasta encontrar a esa maldita india y matarla con mis propias manos!
Dolores lo escucha con horror en la miradas.
*
Habitación Alejandro.
-¡Yumalai, no te vayas, no me dejes solo!
-Aquí estoy, padrino, usted no se va a morir.
-¿Por qué tienes los ojos tristes?
-¡Es es recuerdo de haberle hecho daño!
-¡No te culpes! Todavía estoy vivo.
-¡Si usted se muere yo soy capaz de matarme, de quemarme viva! –llora- ¡porque esta vida que tengo se la debo a usted!
-Vida por vida, Yumalai… ya no me debes nada.
-¡No, señor! Mi deuda la llevo conmigo hasta el final… ¡nada ni nadie me podrá quitar de su lado, nunca! ¡nunca!
Alejandro la mira con lágrimas.
*
Prisión del Callao.
El Sargento García entra con el padre que desesperado encuentra a Diego en un estado terrible y se horroriza.
*
Despacho.
-¡Déjenme pasar! –entra Esmeralda a gritos.
-¡Esmeralda! ¿tú aquí, en mi residencia, a media noche? ¡la gente podría pensar mal de ti!
-Montero, por favor.
-¡Viniste a suplicarme! No lo hagas, quítame esas lágrimas que a mí no me conmueven… ¡soldado!
-¡No lo llame…se lo ruego!
-¿Qué sucede, Esmeralda? Tienes algo que decirme.
-¡Acepto ser su esposa, comandante! Deje a Diego De La Vega en libertad y yo me casaré con usted.
(ayyy nooo!! qué bruta!!
*
FIN DEL CAPITULO
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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D
www.mabouchita.com
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