Cheli cometió el error, hace ya años, de engañar a su marido durante un viaje y,, ¡lo perdió a él ... y a su tranquilidad interior!
Al cabo de mucho tiempo, Cheli seguí reprochándose cada día el "pecado" y no hacía más que machacarse con la culpa y los remordimientos.
Muchos condicionantes actuaban en contra de Cheli: la educación religiosa y severa que había recibido, la actitud de censura de su familia, el sentimiento de culpa que le "gustaba" provocarse ...
Tuvo que trabajar mucho para comprender que ella nunca había querido hundir conscientemente a su familia.
Cuando, por fin, aceptó la posibilidad de haber cometido y poder cometer nuevos errores, comenzó a remontar.
Comprendió que tenía derecho a vivir, que ese castigo era tan cruel como éstéril.
Empezó a cambiar sus pensamientos negativos por ideas más realistas y positivas, y comprendió que era producto de una educación típica que le había inculcado la pasión por el sufrimiento inútil.
"Lo esencial no es lo que "nos pasa", sino lo que pensamos de lo que "nos pasa".
El pensamiento es algo previo a las emociones, y ese pensamiento es el que nos hace sentirnos bien o mal.
Podemos sentirnos bien, aunque la realidad que vivimos sea difícil."
