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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*
La única diferencia 
entre un loco y yo, 
es que yo no estoy loco.
Salvador Dalí

CAP# 21: lunes 15 de agosto de 2005 – ¡Me llamo Pedro José Donoso!

*

Las Cruces.

Hospital.

-¡No me pasa el dolor de cabeza! –se queja el doctor Valencia- lo estoy sintiendo muy mal en la parroquia y sobre todo en el cuarto que le puso el padrecito.

-Es un hombre muy misterioso- Fátima- Lilita me asegura que Salvador la enloqueció.

-¡Claro doctor! Es que la pobrecita estaba trastornada y por eso nos enojamos, ella me asegura que Salvador la embruteció con la mirada.

-¡No diga disparates por Dios! Ustedes no saben qué inventar.

-Bueno, vamos a ver cómo le va al padre Jacobo, esperemos que Salvador no termine desesperándolo.

*

Parroquia.

El padre Jacobo juega ajedrez con Salvador y ante la mirada sorprendida de Pablito, Salvador le gana fácilmente.

Pablito ríe- Padre, esto es increíble, ¡usted es todo un maestro! –admira a Salvador que sonríe- Es que nunca había visto jugar a alguien de esa manera.

-¿Dónde aprendió a jugar? –se enoja el padre- ¿también en las universidades del extranjero? –y furioso golpea la mesa.

-¡Padre! ¡qué le pasa! –se espanta Pablito.

-¡No me pasa nada! Regrese inmediatamente a su cuarto Salvador.

Salvador lo mira con ojos bien negros y se levanta molesto.

Pablito se molesta- ¡Ese hombre es un genio padre!

-¡Genial o no va a terminar desquiciándome!

-Es una maravilla –exclama Pablito- ¡sabe qué! Voy a salir al pueblo a contarle a todo el mundo lo que hizo ese hombre… ¡hay que ponerlo en un pedestal!
-¡Pablito! Cállate y no digas nada –le ordena.

Pablito se marcha riendo.

-¡Pablito! Ay señor… ¡no sé qué voy a hacer con Salvador! ¡guíame!

 

(Bueno,  para empezar ser menos cascarrabias ayudaría!)

*

El pueblo se alborota con los cuentos de Pablito y vienen a la puerta de la parroquia.

El padre Jacobo se desespera al ver la muchedumbre reunirse enfrente.

*

Bar del pueblo.

-¡Quien se mete de redentor muere crucificado! –exclama el padre Jacobo-¡qué voy a hacer con toda esa gente frente a la iglesia esperando ver a Salvador, ni qué fuera un marciano!
-¡Yo les dije que los trasladaran al hospital! –doctor Valencia- ¡ahora no vengan a quejarse!
-Bueno, si yo decidí albergarlo durante dos días, fue solamente que venían estos especialistas, pero llevan más de una semana y no se ve para cuando.

-Y para cuando va a seguir sucediendo y no se va a ver nada ni para nada –el comisario- no creo que se pongan el trabajo de venir hasta las Cruces para defender a un pobre miserable.

-¡No! Salvador no es ningún miserable –padre Jacobo-tiene muchos conocimientos, habla latín y hasta juega ajedrez.

El doctor se sorprende-¡No me diga que juega ajedrez!

-¡Es todo un experto! Y vamos jugando casi toda una semana y no he podido ganarle una sola vez.

El doctor Valencia deja de comer- ¡Eso sí no lo puedo creer! Pero si usted es el maestro.

-¡Por eso anda todo oscilado! –se burla el comisario- ¡no quiere aceptar que un pobre campesino le de por la cabeza!

-¡No es eso! –se desespera el padre Jacobo-¡todo este misterio me tiene aterrado! No sé como tratarlo.

-¡Me niego rotundamente a trasladar a Salvador Cerinza al hospital! Si él pone un pie fuera de la iglesia lo destierro definitivamente del pueblo.

-Padre, le prometo que los especialistas están a punto de llegar, por favor que se quede unos días más.

-¡Pero sólo unos días por favor! No quiero escándalos en la iglesia… ¡todo este asunto se me está saliendo de las manos!

*

Frente a la iglesia.

Los pueblerinos vienen  en masa a ver a Salvador Cerinza-¡Qué  nos dejen ver al enviado divino para recibir su bendición padre! –gritan- ¡abra la puerta!
Desde el interior Salvador mira a la multitud inquieto.

Trata de abrir la puerta de su cuarto y no puede, trata de forzarla pero la puerta resiste.  Salvador se tapa los oídos para no escuchar los gritos de la multitud.

*

Mansión.

Vicky llega enojada a la cocina.

-¿Qué pasó? –Abigail.

-¡A doña Rebequita le sabe la comida a diablos! –remeda Vicky- ¡quien sabe cuanta porquería estaba acostumbrada a comer esa vieja y ahora se la echa de paladar exquisito!
Abigail pela papas- ¡Lo que pasa es que no se aguanta ni ella misma desde que la encontramos encerrada en el estudio! Como no pudo con la señorita Valeria anda enfurecida.

-¡Qué  vieja tan desesperante! –y prepara otra bandeja de comida.

*

Comedor.

-¡Quien te vio y quien te ve! –le grita Rebeca a Valeria- ¡hace unos días no rompías un plato y ahora eres mí enemiga Valeria! Estás peor que la gata furiosa esa de Ángela.

-¡Tía! Te voy a pedir que no empieces a hablar mal de ella y que no la llames así.

-¡Ahora como es tu aliada ya no puedo ni hablar! ¿verdad? Me imagino que a ella sí la dejas entrar al estudio Valeria.

-¿Por qué no me dices la verdad? –la enfrenta- ¿qué estabas buscando en el estudio con Walter?

-¡No estaba buscando nada! –golpea la mesa- ¡y no me molestes! –se levanta y se marcha.

Abigail llega con una nueva bandeja de comidas se sorprende de verla partir- ¡Qué  geniecito!

-¡Espero que la llegada de Isabel cambie su actitud! –suspira Valeria.

-¿Ya se sabe algo de la señora? –le sirve un café.

-¡Había dicho que volvería cuando pudiera? ¿y tus hijos? ¡no los he visto todavía!
-Es que Antonio tuvo una fiesta en la universidad y se llevó a Simón para allá, los dods deben estar pasándosela de lo lindo.

Valeria ríe.

*

Memorial College.

Simón baila de una manera exagerada con muchas chicas, mientras Antonio lo espera aburrido en un rincón.

Antonio saca de su bolsillo una foto de Ángela y sueña con ella.

*

Mansión.

Ángela se abraza al salto de cama de su papá.

*

Andrés llega a la mansión y en silencio, sin que lo vean se dirige a la habitación de Ángela como un ladrón, antes de entrar se arregla la camisa y luego entra sin golpear.

Ángela se escandaliza al verlo entrar.

Andrés traga saliva asustado de su propia audacia.

*

Universidad.

Antonio sigue ensimismado cuando Simón insiste que baile y le presenta a una chica- ¡A poco no te gusta!
-Es de las más loquita de la universidad, soy uno de los pocos que no ha caído.

Simón le toma la foto de Ángela -¡Todavía sigues pensando en ella!
*

Mansión.

-¡Qué demonios haces aquí! –le grita- ¡qué te crees para entrar así en mí habitación!

Andrés se acerca lentamente- ¡Hace días que te busco y ni siquiera contestas el teléfono! ¿qué te pasa?

-¡No me pasa nada! –hay temor en los ojos de Ángela- ¡así que haz el favor de salir de mí habitación!
Pero Andrés se acerca más-¡Tú y yo tenemos que hablar! Pero no aquí… vamos lejos a un lugar tranquilo.

-¡No! –le grita- ¡no insistas Andrés! Cuantas veces te tengo que repetir que no te soporto… ¿entiendes? ¡no te soporto!
Andrés se queda inmóvil y la mira con una extraña sonrisa.

*

En ese momento el auto de Isabel llega a la casa y Walter corre a abrirle la puerta-¡Señora Isabelita! Qué sorpresa… ¡debió haber avisado para ir a recogerla al aeropuerto!
Isabel, muy guapa toda vestida de negro- ¡No creí que fuera necesario Walter! Saque por favor mis maletas de la cajuela e Isabel se dirige a la casa.

De pronto ve el auto de Andrés y se detiene- ¡Walter!

-¿Si señora Isabel?

-¡El señor Andrés está aquí!

-¡Sí por supuesto! –Walter reconoce el auto- ¡en estos momentos está conversando con la señorita Ángela!

Isabel suspira y mira hacia la casa- ¡Gracias! –entra.

Walter mira intrigado.

*

-¡Horribles! –Rebeca le grita a Abigail- ¡me parecen unas flores inmundas! ¿qué no hay dinero en esta casa Abigail para comprar unas flores más finas?

-¡Son finas doña Rebeca! A la señora Isabel le encantan –y mira las bellas flores bananito.

 

Fuente:  http://www.filmica.com/jacintaescudos/archivos/fotos.html

 

En ese momento entra Isabel a la casa y Rebeca cambia.

-¡Ay Isabelita mi amor! Qué bueno que llegaste… ¡cómo te extrañé mí cielo! –la abraza- ¿Cómo te fue?

-Bien tía, luego te platico –seria y triste- ¿Cómo está Abigail?

-¡Muy bien gracias señora Isabel! Contenta de verla.

-Gracias – y empieza a subir.

-Isabelita por favor no te vayas, tengo cosas que contarte –Rebeca.

-¡Luego platicamos tía! –le corta seca y sube.

Rebeca se queda molesta.

*

Habitación de Ángela.

-¡Me siento muy mal peleando contigo! –Andrés se pasea- ¡eres muy injusta!
-¿De qué manera tengo que pedirte que te vayas? –se impacienta Ángela.

Andrés se le acerca- ¡No me rechaces! Al menos trata de ser amable –y le toma el rostro en las manos.

Ángela le toma la mano y se lo quita del rostro- ¡Si no te vas tú entonces lo voy a hacer yo! –enojada se dirige a la puerta.

-¡Ángela! –ruega Andrés.

Al abrir la puerta aparece Isabel que los mira con sospecha.

Andrés se que pálido como una hoja de papel y balbucea- Isabel… llegaste.

-¡Sí! Sí llegué… -sonríe con burla- y por lo visto en un muy mal momento… ¿verdad? – y sale del cuarto.

Ángela sonríe triunfal. Andrés sale corriendo detrás de Isabel.

*

Fiesta.

Simón le aconseja a Antonio que no se aficione con las viejas.

-No voy a permitir que hables mal de ella.

-Pues no me voy a quedar callado, porque no me gusta estar viéndote soñar con un imposible.

-¡Deja de tomar! Si llegas borracho a la casa después quien va a aguantar las cantaletas de mí mamá.

-Tranquilo, mejor te voy a presentar a alguien… ¡te presento a la muchacha más linda de la universidad! –y ríe a gritos.

*

Mansión.

Andrés persigue a Isabel a su cuarto.

-¡No quiero hablar contigo, déjame en paz! –se molesta Isabel.

-Vine, porque sabía que regresarías hoy –Andrés.

-¡Me quieres ver la cara de idiota Andrés! –ríe burlonamente Isabel y se apoya en la cama- ¡tú viniste para ver a la estúpida de Ángela!

-¿Hasta cuando vas a seguir celándome con ella? –se acerca Andrés- ¿hasta cuando?

-¡No me toques! –lo rechaza-  ¡no me toques! Ese viaje que yo hice no se lo deseo absolutamente a nadie –dice con rabia- esperaba el momento para regresar… ¡y todo para encontrarte con esa… con esa escuincla en su cuarto!
-¡No supongas cosas que no son!

-¡No lo supongo! Yo no sé que hago contigo… ¡debería estar muy loca! –suspira desolada- ¡tengo que estar muy loca para estar a tu lado Andrés!
-¡No, no estás loca! –seguro de sí mismo- ¡simplemente me amas!
-¡Yo ya no sé lo que siento por ti! –le dice sinceramente Isabel.

Andrés trata de tocarla, Isabel lo rechaza.

-¡De veras ya no sé! –lo mira a los ojos- ¡a ti y a mí nos unió un deseo y un interés que se puede acabar en cualquier momento! Yo no creo que tú me ames.

-¿Por qué lo dudas? –se inquieta Andrés- ¡estás enojada y no sabes lo que dices!

-¡Claro que lo sé! –se le llenan los ojos de lágrimas- ¡sé que eres un tipo frío, un tipo calculador! –llora- ¡que te conviene manipular a la gente! ¿no? Que pasas por encima de todos y a mí ni siquiera me respetas.

-¡No me gusta que hables así! –y la abraza a la fuerza- ¡te amo!
Isabel lo rechaza violentamente- ¡Qué me sueltes te digo! –y lo empuja gritando.

Entran Rebeca y Valeria- ¡Qué  sucede aquí!
Isabel llora.

-¡Nada! –Andrés contesta- simplemente volvió un poco alterada de su viaje… -suspira con rabia- ¡cuídenla mucho! –y se marcha.

Valeria se acerca a Isabel que llora desconsolada- ¡Isabel- la abraza.

Isabel se apoya en Valeria.

*

Valeria baja preocupada a la sala.

-¿Puedo verla? –interroga Rebeca- supongo que ya se tranquilizó.

-Tía está descansando – se molesta Valeria- y no quiere que nadie la moleste.

-¡Es que tengo unas cosillas que contarle!

-¡Para indisponerla con tus quejas! ¿acaso no viste como regresó? ¡por Dios tía!

-Está bien, esta noche la voy a dejar en paz, pero ni pienses que me voy a quedar callada Valeria… ¡olvídalo! –se marcha enojada.

*

Habitación de Isabel.

Muy triste toma el retrato de Pedro José y lo acaricia y le sonríe y suspira profundamente.

*

Las Cruces.

Salvador desesperado se pasea en el cuarto pequeño como un animal enjaulado.  Mira los cuadros de santos y mártires y suspira malhumorado.

*

Iglesia.

El padre les da un sermón- ¡Abrí las puertas de la iglesias como exigían! Pero no para permitir ver al hombre que llaman el resucitado o el enviado divino, sino para que se den cuenta que están equivocados.

En primera fila están los importantes del pueblo: Lilia, Fátima, el doctor Valencia, el comisario Ocampo, detrás Pablito y el pueblo.

-¡Ustedes quieren saber quien es Salvador Cerinza! ¿quieren saberlo?

Todos se miran apenados unos a otros.

*

En el cuarto Salvador no aguanta más y se dirige a la puerta cerrada con llave y como un toro la embiste y la abre.  Sale del cuarto y recorre en silencio los corredores hasta encontrar lo que buscaba… ¡el piano!

*

Capilla.

-Salvador  es un hombre común y corriente… ¡un campesino como cualquier otro! No tiene poderes sobrenaturales ni es superdotado como ustedes se imaginan.

Nadie está muy convencido.

*

Salvador mira al piano con adoración y suspira profundamente.

*

Capilla.

-No voy a negarles que tiene algunos conocimientos… ¡pero de ahí a atribuirle poderes milagrosos! –les recrimina- ¡él es un ser común y corriente como cualquiera de nosotros!

El doctor Valencia suspira y mira al suelo.

*

Salvador deja todo recata y descubre al piano de su polvorienta cobertura y lo acaricia con respeto, como si fuera un objeto único y de enorme valor.  Toca unas notas… y recuerda… a Pedro José tocando el piano.

Salvador llora… toma asiento en la butaca y lentamente… pone los dedos en el teclado.

*

Capilla.

-¡Sabe leer y escribir! –sigue su discurso el padre Jacobo-¡Cualquiera puede hacerlo! ¡qué sabe jugar ajedrez! alguien le pudo haber enseñado –levanta la voz para que todos lo escuchen- ¡no es cosa de otro planeta! Lo único realmente extraño fue el ataque que sufrió pero aquí el doctor Valencia nos puede explicar lo que pasó.

Todos miran al doctor Valencia que prefiere que lo trague la tierra.

-¡Así que dejemos de tonterías! –grita el padre Jacobo- ¡de resultado de no sé qué! ¡oremos! –les anuncia y se arrodilla.

Todos los presentes se arrodillan.

Un gran silencio cae… y en ese gran silencio… como si fuera un momento divino… se escuchan tímidas las notas del piano.

Esa música única y maravillosa del grande Agustin Lara “Noche de Ronda”

http://mabouchita.com/ECDD/ECDDnochederonda.html

 

Al principio notas inciertas e inseguras… y luego más seguras de su presencia, de su poder.

*

Salvador toca el piano mientras las lágrimas ruedan… una lagrima solitaria se detiene en su mejilla.

*

Capilla.

El padre Jacobo se vuelve del mismo color que su sotana blanca.  Espantado se santigua y se levanta.

Todos los demás se levantan escuchando atentamente.

El padre Jacobo respira agitadamente.

Los demás se codean con miedo.

*

Salvador toca cada vez mejor, cada vez con más pasión.

*

Capilla.

El padre Jacobo sigue inmóvil cuando se acerca el comisario Ocampo- ¡Padre Jacobo! ¿Quién está tocando el piano? –le pregunta- ¡esa música viene de la parroquia!
-¡No entiendo! –balbucea Jacobo- ¡nadie lo ha tocado en años! ¡el único que lo hacia era el difunto padre Augusto Argote!

El comisario Ocampo levanta las cejas y ríe nervioso- ¡No me venga con cuentos que el fantasma del curita nos está dando conciertos!

-¡Voy a ver! –y caminando inseguro se dirige hacia la parroquia.

Todos deciden seguirlos. Fátima le da la mano a Lilia, Lilia le da la mano a Pablito y juntas fuerzas.

*

Salvador sigue tocando ensimismado cuando llega el padre Jacobo y los demás y se quedan espantados al verlo tocar.

Pablito se santigua y se saca el sombrero.

El padre Jacobo se santigua.

Todos hacen silencio hasta que Salvador termina el concierto.

Al terminar Salvador los mira sorprendido de que estén todos callados y alelados.

-¡Es un santo! –grita de pronto Pablito- ¡aunque el padre Jacobo se empeñe en negarlo! –grita a todo pulmón- ¡es un santo!

Y de pronto todos se ponen a rogarle y a tratar de tocarlo- ¡Danos la bendición!

-¡Cálmese Pablito! –grita Jacobo- ¡no diga tonterías!
-¡Por lo que más quiera bendícenos! –gritan todos.

Y se arrodillan enfrente de Salvador que asustado se apoya en el piano.  Trata de huir pero todos quieren sacarle un pedazo de ropa o simplemente tocarlo.

*

Mansión.

-¡Estas enloquecido por Ángela! –Simón- tú te puedes morir y Ángela Donoso no te va a dar el saludo.

-¡Para o te rompo el hocico Simón! –se enoja Simón.

-¡Mira la luna! ¿No quieres escribirle un verso a Angelita? –Simón está borracho.

Aparece Abigail-¡Qué  horas son estas de llegar! Dios mío no me digan que vienen borrachos… Antonio por Dios… ¡debiste haberlo cuidado si ya sabe como es este!
-Párale, dejen de pelearse.

-¡Silencio! Porque la señora Isabel acaba de llegar.

-¿Ya llegó? –Simón- ¡qué flojera! Yo pensé que íbamos a descansar más tiempo.

-¡Cállese la boca y derechito al cuarto!
Antonio ríe.

*

Las Cruces.

Es el delirio, la muchedumbre reza el ave María.

En la iglesia el padre Jacobo se desespera- ¡Qué desastre! ¡qué le pasa a esta gente! Justo cuando les estaba convenciendo que Salvador es un hombre normal.

-¡No es normal padre Jacobo! ¿a poco no le escuchó tocando el piano como un maestro?

-¡Dios mío! ¿pero yo como me iba a imaginar que Salvador tocaba el piano de esa manera?

-¡Pues ahora sí yo estoy espantado! –asustado el comisario Ocampo- ¡ese tipo tiene que tener algo de sobrenatural! Todo el que se le acerca enloquece.

-¡Un santo! –ríe nervioso el padre Jacobo- ¡ahora lo están convirtiendo en un santo!

-¡Y yo si puedo creerlo! –Fátima.

-¡No diga burradas Fátima! –se enoja.

-¡Entonces qué es eso padre! ¿Quién es ese hombre?

-¡Tendremos esa respuesta cuando lo examinen los especialistas! –esperanzado el doctor Valencia.

-Doctor Valencia… ¡otra vez con los especialistas! Como si la ciencia tuviera siempre la respuesta a todo –el padre Jacobo.

-¡No se ponga así padre!

-¡Déjenme a solas con él!

-¿Qué piensa hacer? –comisario Ocampo.

-¡Hoy es el último día que Salvador está aquí, así que voy a llegar al fondo de las cosas!
-¡Usted está muy nervioso padrecito, no sabe lo que dice! –le advierte Fátima.

-¡Déjenme a solas con él!

Y todos se retiran.

*

En su cuartucho.

Salvador tiene la camisa rota a jirones está tirado en un catre más pequeño que él, con los zapatos puestos.

-¡Usted debe de tener algo de maligno y de sagrado! ¿me escucha Salvador?

-¡No quiero hablar con nadie! –grita Salvador.

-¡Le guste o no vamos a hablar! Levántese.

Salvador no se mueve.

-¡Levántese Salvador! –le exige Jacobo.

Salvador lo enfrenta.

Al verlo herido el padre Jacobo se sorprende- ¡Le hicieron daño! Está viendo a qué extremos puede llegar el fanatismo de la gente, ¡venga conmigo!
Salvador da un paso hacia atrás y no lo sigue.

-¡Venga conmigo le estoy diciendo Salvador! –desagradable.

Salvador sigue sin moverse.

-¡Venga! –grita Jacobo.

Salvador lo sigue por fin.

*

Mansión.

Isabel duerme cuando un ruido la despierta y sobresaltada prende la luz y encuentra a la tía Rebeca que la mira como si  fuera un fantasma.

-¡Ay disculpa mi amor! –finge ternura Rebeca- ¿te asusté?

Isabel suspira-¡Qué es lo que estás haciendo aquí en mí cuarto tía!
-¡Nada! Sólo quería saber cómo estabas Isabel.

-¿Ya es de día?

-¡No, es todavía la medianoche!
-Tengo alterado el horario con el viaje.

-Claro… ¡pero trata de dormir mi amor! Debes recuperarte para poder enfrentar los problemas que te esperan Isabel!
Isabel se despierta completamente y la mira fijamente.

-¡Te advierto que tu prima Valeria se ha portado muy mal! –sigue feliz la tía Rebeca.

-¡Y ahora por qué!

-¡Está muy agresiva conmigo hija!

-¿Qué te hizo? –cansada Isabel.

-Mira, yo pensé que era buena idea cambiar el retrato ese de la señora… -pone cara de desprecio- ¡la señora Catalina!
Isabel abre los ojos con horror y la mira boquiabierta.

-¡Ay, si vieras cómo me insultó! –gime Rebeca.

A Isabel le pregunta en un susurro- ¿Tú te refieres al cuadro que está en el estudio?

-¡Sí claro! –Rebeca finge una sonrisa inocente- ¡pensé que te gustaría que lo retiraran de allí hija!

Isabel explota y le grita- ¡Te equivocas tía! ¡creo que Valeria hizo muy bien en impedírtelo! ¡es que tú no tienes derecho a tocar nada de esta casa! –le grita enojada- ¡me parece un abuso de tu parte!
-¡Isabelita! –finge dolor.

*

Las Cruces.

El padre Jacobo lo trata de mala manera-¡Siéntese Salvador! Le advierto, no se trate de escapar porque no respondo… ¡agotaré todos los recursos para saber quien es usted!
Salvador mira a la distancia.

-Ahora estoy seguro de una cosa… ¡su cuerpo le pertenece a Salvador Cerinza pero su espíritu le pertenece a otra persona!

Salvador sonríe con sarcasmo.

*

Fuera de la iglesia se arma un coro que canta músicas sacras al resucitado.

*

Adentro de la iglesia.

El padre Jacobo decide exorcizar a Salvador, y lo cubre de incienso-¡Qué nuestro señor de las alturas me ayude!
Salvador ríe con sorna.

-¡El está conmigo, él me ayuda, esta es su casa! –sigue su letanía.

-Padre Jacobo… ¿qué hace?

-¡Acepto que hablas, acepto lo que dices! –sigue el padre Jacobo y mueve el incensario como un péndulo- ¡pero no acepto que seas Salvador Cerinza! ¡eres un espíritu que se ha apoderado de su cuerpo! –dice con horror- ¡yo te voy expulsar en el nombre de Dios!
Salvador se levanta serio- ¡Padre! Por favor…

-¡Siéntese, cálmese! –grita el padre Jacobo con miedo- ¡estése quieto! Le voy a hacer unas preguntas.

Salvador suspira y se vuelve a sentar.

-¿Cómo se llama?

Salvador calla.

-¿Cómo se llama? ¡responda!
-¡Lo he dicho mil veces! ¡Me llamo Pedro José Donoso! –y repite- ¡Pedro José Donoso!

-¿Y quien es Pedro José Donoso?

-¡Es un hombre sencillamente! ¡es un viejo desgastado por los años y las enfermedades! Un hombre que le quiere entregar la vida a los seres que ama.

-¿Por eso se apoderó del cuerpo de este pobre inocente?

Salvador levanta una mano y hace un gesto de cansancio- ¡No me he apoderado del cuerpo de nadie!

-¡Claro que sí! –le grita Jacobo- ¡está dentro de él!

-¡No, es que no entiendo nada! ¡no comprendo qué me pasó!

-¿Qué poderes tienes Pedro José Donoso? –con voz de ultratumba.

-¡Padre! Yo soy un hombre… un hombre simplemente, no tengo ningún poder.

-¡Mientes! –le acusa- ¡eres un ser que perturba! ¡un ser que seduce a las mujeres y confunde a los hombres! ¡sí! Eso es lo que eres.

-¡Mire cura! –se enoja Salvador-¡usted no sabe lo que dice! Mis conocimientos son productos de mí experiencia y jamás he seducido a otra mujer que no sea mí esposa.

-¡Mientes! –insiste el padre Jacobo-¡lo haces todo el tiempo! Lo haces deliberadamente, confiesa que no eres el inocentón que aparentas.

Esta vez Salvador se levanta y con su altura y fuerza asusta al padre Jacobo que retrocede- ¡Cálmate! Retírate.

-¡Jamás he presumido de ser un santo! –grita enojado Salvador-¡un hombre simplemente como cualquier otro!

-¡Estás tratando de confundirme! Me quieres confundir.

-¡A ver…! ¿usted cree en los misterios que plantea la fe?

-¡Sí! –responde el padre Jacobo.

-¿Por qué no cree en el misterio que represento yo? ¡yo no trato de confundir a nadie!
-¡Lo haces todo el tiempo! –tiembla Jacobo-¡lo hiciste cuando tocaste el piano!
-¡Padre, por el amor de Dios! Yo aprendí a interpretar el piano siendo un chamaco, la música me apasiona, y fíjese si no hubiera sido industrial sería concertista.

-¿Para qué? –fuera de sí-  ¡para trastornar al mundo con tus melodías infernales!

-¡La melodía no tiene nada de infernal!

-¡Las que tocan sus manos sí! –duda y luego pregunta- ¿qué edad tienes?

Salvador calla pero luego contesta- ¡73 años!

-¿Y de dónde vienes?

-¡De Río Claro!

-¡Quien quiera que seas abandona el cuerpo de este pobre campesino y déjalo en paz!

-¡Cállese padre! –de pronto pierde la calma- ¡ya cállese!

-¡Te exijo! ¡te ordeno en el nombre de Dios que regreses a tu lugar y que le devuelvas su cuerpo a Salvador Cerinza!

Salvador cansado se sienta.

-¡Tú no eres bien recibido en la casa de Dios!
-¡Ya basta! –le corta Salvador- ¡ya cállese! Usted está equivocado, entienda –le toma las manos.

Pero el padre está fuera de sí y temblando empieza a cantar- ¡Gloria in excelsis Deo! –y se aleja- ¡atrás, atrás!

-¡Padre! –lo sacude Salvador- ¡padre! Fíjese… ¿Quién es el poseído aquí, usted o yo? ¡se está portando como un loco!
El padre Jacobo lo mira con horror.

En ese momento se escuchan gritos- ¡Abran la puerta!

Entra el comisario seguido del doctor Valencia gritando- ¡Llegaron los científicos padre! Los especialistas que estábamos esperando.

-¡Por fin vamos a poder sacar a Salvador de este pueblo! –festeja el comisario- ¡se acabó el tormento! ¡vayan por ese pelele!

Salvador se arregla la camisa cuando tratan de arrastrarlo por la fuerza.  Salvador reacciona violentamente.

-¡Tranquilo! –le dice uno.

Salvador levanta las mano y los sigue en paza.

Los hombres del comisario lo llevan a distancia.

*

-¡Abran paso que viene Salvador! –gritan afuera.

Y se arma la trifulca cuando pasan custodiando a Salvador.

*

Mansión.

Un Nuevo día.

Ángela pasea en el jardín con una falda espantosa.

Isabel se acerca- ¡Mejor aceptémoslo! Tú y yo no nos soportamos… ¡y no podemos seguir viviendo bajo el mismo techo! Véndeme tus acciones de la casa.

Ángela sonríe- ¡Te propongo lo mismo! ¿Cuánto dinero quieres Isabel?

-¡No me pienso ir de Río Claro! En cambio tú algún día te marcharás… ¿no es cierto?

Ángela deja de sonreír y suspira- ¡puede que sí! Pero yo tengo más derechos que tú porque yo nací aquí y no pienso renunciar a esta casa.

-¡Y yo no pienso discutir contigo! Pero piénsalo.

-¡No tengo nada que pensar! Por nada del mundo te voy a ceder mí parte.

-¡Eso lo veremos esta semana cuando nos reunamos con los peritos y abogados de la empresa Ángela! Créeme que ellos nos ayudaran a decidir esta situación, a ver si algún día podemos vivir en paz –y se marcha.

Ángela la mira enojada.

*

Isabel entra en la casa- ¡Abigail! –llama- ¡háblele a Walter y a mí tía! Necesito hablar con ellos y con usted también.

-Enseguida señora Isabel –y se marcha corriendo a cumplir con las ordenes.

Isabel llama a Valeria- ¡Dame las llaves del estudio que vamos a entrar!
Valeria le entrega las llaves dudando. Isabel toma las llaves y sube decidida las escaleras.

*

Estudio.

Isabel entra y mira largamente el gran cuadro de Catalina.  Detrás de ella entran Abigail, Valeria, Rebeca y Walter.

Isabel reacciona enojada -¡Me pueden explicar por qué pretendían mover este cuadro de este lugar! ¿o hay alguna razón que yo desconozca? –y cruza los brazos furiosa.

-¡Se lo dijimos doña Isabel! –Walter- aquí su tía presente, quiso reemplazarlo.

-¡Pues quiero aclararles una cosa! A mí no me molesta y mucho menos me estorba este cuadro aquí, en cambio a Ángela… ¡con toda la razón del mundo! ¡le disgustará mucho que lo muevan de lugar!
-¡Te juro que no lo hice con mala intención! –miente Rebeca con vocecilla-¡yo no quería ofender a nadie!
-¡No me gustan los misterios tía! –se enoja Isabel- ¡de ningún tipo! ¡por eso es que este estudio permanecerá abierto, sin ninguna clase de llaves! ¿me entendieron? ¡y el que toque algo tendrá serios problemas conmigo!
Abigail suspira aliviada.

Valeria sonríe feliz.

Rebeca se marcha enojada.

Catalina, desde su cuadro… sonríe… con su eterna sonrisa.

*

Las Cruces.

Hospital.

Salvador decide no hablar.

-¡Salvador! ¿puede responder a las preguntas de los doctores?

-¿Cuántos años tiene Salvador? –pregunta uno de los científicos.

-¡Prefiero no responder!

-¿Qué cree que le produjo el ataque de catalepsia?

-¡Que yo sepa nunca he tenido ningún ataque!
-¿Puede recordar las enfermedades que ha padecido señor Cerinza?

Salvador lo mira- ¡En los últimos años estuve muy mal! Padecí de una afección cardiaca y de una asfixia constante, mis riñones y las articulaciones no me respondía.

-El doctor Valencia nos facilitó un informe de su estado de salud… ¡y usted se encuentra estupendamente! ¿Por qué se empeña en atribuirse dolencias que no padece?

-¡Porque hablaba de mí cuerpo anterior, no de éste que están observando! ¡éste no es mí cuerpo! ¿Cuántas veces tengo que repetirlo doctor?

Los especialistas lo miran como si estuviera loco.

*

Iglesia.

-Padrecito, le voy a decir la mera neta- Comisario Ocampo- ¡pues sí sentí miedo! No voy a negarlo, especialmente cuando lo vi todo sentadote tocando el piano… ¡pues no sé qué  me dio! Le voy a decir una cosa y será la única vez en mí vida… ¡pero usted se portó como todo un varón con ese tipo!

-Bueno, no le voy a negar que yo también tuve miedo… ¡aunque francamente no sé qué sentir! Si compasión o temor.

-Pues se siente más tranquilo sin él ¿no?

-¡Pasé una noche que no se la deseo a mí peor enemigo! La conciencia no me dejó dormir.

-¿De qué  se preocupa padrecito? Mejor no se pudo portar con ese hombre.

-¡Cometí algo terrible comisario! Pequé de soberbia por llegar al fondo de las cosas.

El comisario no entiende.

*

Hospital.

-¿Qué quiere decirnos con eso de que éste no es su cuerpo Salvador?

Salvador lo mira y luego se levanta enojado.

-¡Cálmese! –doctor Valencia- esta gente no le va a hacer daño, todos queremos ayudarlo, tranquilo.

Salvador suspira cansado.

-¿Cómo se sintió cuando se despertó del ataque? ¿qué sintió al verse ahí adentro de ese ataúd?

-¡Sentí miedo, mucho miedo! Y aún lo siento, porque no entiendo qué está pasando.

-¿Le practicó algún tratamiento después de la conmoción?

-¡Le di unos calmantes y estuvo bajo observación por algunos días! –doctor Valencia- creo que perdió la memoria, no recordaba a su esposa y menos su pasado.

-¡Quizás haya sufrido un ataque de amnesia!
-No señores, esto es muchísimo más complicado… ¿no ven el cambio de personalidad tan repentina?

Salvador empieza a temblar del coraje.

-¿Perdió usted la memoria Salvador?

-¡Claro que no he perdido nada, recuerdo todo! No siempre, pero lo recuerdo.

-¡Sus recuerdos no guardan relación con la vida de Salvador Cerinza! Por eso es que insiste que su cuerpo no es el suyo, creo que estamos frente a un caso de desdoblamiento de personalidad –decide uno de los expertos.

-Es posible –apoya el otro- una aversión profunda que lo obliga a desclasarse… ¿Por qué no acepta su cuerpo? ¿Por qué lo niega? ¡creo que deberíamos analizarlo más a fondo! Pero no es el momento, está muy nervioso… podemos administrarle un relajante.

Salvador salta como una fiera y les grita- ¡Ya no más! ¿me oyen? ¡no más calmante doctor! ¡ya no me sigan atormentado con sus preguntas! ¡ustedes no pueden hacer nada por mí! –se desespera- ¿no se dan cuenta?

-¡Cálmese! –el doctor Valencia trata de calmarlo.

-¡Qué no pueden hacer nada por mí! ¿a ver qué pueden hacer? ¡aquí el único que me puede ayudar soy yo! ¡el único soy yo doctor! –les grita- ¡y para eso necesito mí libertada! –y trata de salir.

Pero lo detienen a la fuerza.

-¡Déjenme ir! –suplica Salvador- ¡déjenme ir por el amor de Dios! Ya estoy cansado de este encierro doctor… ¡por el amor de Dios déjenme ir! ¡yo necesito mí libertad! Por el amor de Dios… -repite temblando- ¡necesito mí libertad doctor!

 

*

FIN DEL CAPITULO

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