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El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO CAP# 63: jueves 13 de octubre 2005 – ¡REVELACIONES! *Mansión. Isabel llega tranquilamente a la casa. En el salón la esperan impacientes Ángela y Valeria que saltan al verla. -¡Isabel! –Ángela le dice firme- ¡tenemos que hablar un asunto muy delicado contigo! Isabel se sorprende y luego mira a Valeria que la mira con pena y angustia en la mirada. * En su
habitación Andrés acaricia un retrato donde aparecen
él e Isabel en el día de su boda (solos -¡Su esposa está resentida conmigo y no quiso escucharme! –le cuenta Walter mientras ordena la ropa de Isabel en el closet- ¡y por poco me pega cuando me dijo que ya no confiaba más...! –y se le va la voz cuando ve a Andrés en ese estado catatónico, el retrato en la mano derecha y una copa de güisqui en la izquierda. -¡Como está la pobre no creo que confíe ni en ella misma! –de pronto dice Andrés. -¡No siga tomando señor! –le aconseja Walter- no es conveniente que su esposa lo encuentre... borracho. -¡Ah! –suspira Andrés- ¿tu me quieres ayudar Walter? –le pregunta. -Por supuesto señor –le dice Walter y se le cuadra enfrente. -¡Entonces cierra la boca! –le grita Andrés maleducado- ¡no me des consejos! Walter mira a otro lado- ¡No!... –suspira- no lo aconsejo señor... ¡discúlpeme! –y se aleja y mira la montaña de ropa de Isabel sobre la cama- ¡no tengo ni idea de cómo voy a ordenar todo esto! –se desespera y se pone muy nervioso- ¡en realidad no sé que hacer! (ahahaha... realmente este Walter y sus comentarios ‘prácticos’ son muy simpáticos... -¡Has lo que puedas Walter! –se cansa Andrés- ¡no pienses tanto! -¡Usted tiene que evitar! –Walter no puede aguantarse darle otro consejo- ¡que la señora Isabel hable con esas dos muchachitas impertinentes que deben estar llenándole la cabeza de cucarachas! Pero Andrés está con demasiado alcohol o demasiado deprimido para mover un dedo- ¡que digan lo que quieran! –y respira hondo- ¡al fin de cuentas tendrá que enterarse! –y deja el retrato- ¡yo la esperaré tranquilamente aquí! –y se acomoda en el sillón. Walter lo mira desconcertado sin saber qué pensar de su nuevo patrón. * En la sala Valeria y Ángela terminaron su historia e Isabel suspira. -¡No! –le responde seca- ¡para nada! Yo no me iba a exponer a que me agrediera e insultara como lo hizo con Valeria. ¡Además considero que ese es un problema que tú tienes que resolver! -¡Tienes que hacer algo Isabel! –le ruega Valeria- ¡no puedes permitir que ese hombre haga lo que se le de la gana! -¡Además te recuerdo que esta también es mi casa y Andrés no tiene por qué venir a destruir las cosas! –se enoja Angela- ¡no tiene derecho de hacerlo! -¡Si está bien! –admite Isabel- ¡está bien! ¡yo estoy totalmente de acuerdo contigo! -¡Y te advierto una cosa! –sigue Ángela- ¡si tu esposo vuelve a atentar contra la memoria de mi papá haré lo que sea necesario para sacarlo de aquí aunque tenga que llamar a la policía! Pero a Isabel no le gusta que Ángela la enfrente- ¡Qué si! ¡ya entendí! –le grita y luego se calma- no tienes por qué amenazarme –y suspira- necesito hablar a solas con Valeria –le ruega- ¿me puedes dejar con ella? -¡Como quieras! –le dice fría Ángela y se retira. -¡Admite que Ángela tiene toda la razón! –le reclama Valeria. -¡Pero si yo no estoy diciendo lo contrario Valeria! –se enoja Isabel gritando- ¡yo sé perfectamente que Andrés...! –y se le corta la voz de la frustración y baja los brazos- ¡es un patán! –dice con rabia- ¡es un animal! Valeria suspira angustiada. De pronto Isabel pone cara de rabia salvaje- ¡Lo que me hierve la sangre es que se haya atrevido a ponerte la mano encima! –y respira entrecortadamente de la rabia. -¡Eso no importa! –trata de calmarla Valeria. -¡No, claro que importa! –grita Isabel fuera de si- ¡y ahorita mismo me vas a decir toda la verdad! –le reclama- ¡no quiero que me ocultes absolutamente nada! –le exige- ¿qué fue lo que te dijo y de qué manera te insultó antes de golpearte? –histérica. -¡Isabel por favor no exageremos! –le ruega Valeria- es cierto que me empujó... y resbalé... ¡eso es todo! Pero para Isabel es más de lo que puede aguantar y toma su cartera con furia- ¡Perfecto! –y se dirige como una furia escaleras arriba. -¡Por favor Isabel! –la detiene Valeria- ten cuidado –le ruega. Isabel la mira con ojos de acero- ¡Yo sé lo que hago! –le recuerda- ¡y te voy a suplicar que te mantengas alejada porque necesito estar a solas con él! -¡Es que puede lastimarte! –Valeria a punto de llorar- ¿no lo entiendes? ¡es un animal! -¡Ya lo sé! –le grita Isabel- ¡y por eso te ordeno que no te acerques! –le advierte y luego suaviza la voz- ¿me entendiste? Valeria se muerde los labios mientras las lágrimas le ruedan sobre las mejillas e Isabel continua su camino decidida. Al llegar al piso superior Isabel se dirige primero a su cuarto, abre la puerta y se queda pálida como una hoja de papel. El cuarto está completamente despojado de tanto las pertenencias de Isabel como de los recuerdos de Pedro. Su rostro se descompone- ¿qué pasó aquí? –tiembla y mira alrededor desesperada. En ese instante se abre la puerta y entra un Walter todo compungido- Eh... –balbucea- como usted ya podrá observar –le dice a una Isabel completamente trastornada- hemos trasladado todas sus cosas y su ropa a la habitación de su amado esposo –y se yergue rígido- ¡y él la está esperando ansioso doña Isabel! Pero la cara de Isabel es de antología cuando lo vuelve a mirar- ¡Le voy a suplicar que se mantenga alejado de mí! –le dice con una tranquilidad que infunde pavor y suspira con rabia- ¡muy alejado...porque no lo soporto! –y lo mira con desprecio mientras Walter se pone tieso como una estatua. E Isabel tira su cartera sobre su cama y se dirige a la habitación de Andrés. Al llegar lo encuentra apoyado en el dintel de la puerta apurando las últimas gotas de güisqui de su vaso. Isabel lo mira altiva y con profundo desdén, abre la puerta de la habitación y entra. Andrés baja la cabeza y la sigue como un perrito faldero. * En el escritorio Ángela admira sonriente el espléndido e impecable trabajo de Salvador. -¡Ángela! -entra Valeria angustiada- Isabel fue a hablar con Andrés y me pidió que no la interrumpiera. -Bueno –le aconseja Ángela- entonces es mejor que te mantengas alejada ¿no? -¡Pero es que me da mucho miedo que algo malo pueda pasarle! -¿Tú crees que se atreva a agredirla como lo hizo contigo? –se sorprende Ángela. -¡Dios quiera que no! –suspira Valeria- pero no me confío. Ángela suspira preocupada y cambia de conversación- ¿qué bonito quedó el estudio? ¿no? -¡Quedó increíble! –admite Valeria- pareciera que no pasó nada –sonríe Valeria. -¡Si! –sonríe Ángela- como lo prometió Salvador –y mira alrededor- ¡lo ordenó mejor que nadie! –y luego agrega pensativa- ¡como si supiera el sitio exacto de cada libro! ¡de cada objeto! -Bueno, tal vez sea porque Antonio lo ayudó –dice simplemente Valeria- ¿no crees? -¡Si! Seguramente, pero de cualquier manera su habilidad es sorprendente. -¿Dónde estará ahora? –se pregunta Valeria. -¡Ni idea! –admite Valeria- ¡yo creí que lo encontraría aquí pero no estaba! No me di cuenta a que hora salió. * Justamente Salvador pasa enfrente de la habitación de Andrés y al escuchar los gritos de Isabel se detiene. -¿Y
tú crees que voy a permitirle? –se escucha la voz de
Isabel en un tono histérico- ¡Respóndeme
Andrés! ¿tu crees? –Salvador no puede resistir y
después de mirar a ambos lados... se pone a escuchar al otro
lado de la puerta- ¡Si querías desquitar tu coraje lo
hubieras hecho conmigo no con mi prima! -¿La quieres mucho verdad? –le responde Andrés con rabia- ¡serías capaz de matarme por haberla ofendido! -¡Te lo juro que si! –Isabel le responde si consideraciones- ¡y que te quede claro una cosa! Si tu le vuelves a poner una sola mano encima ¡no sé de lo que soy capaz! –y le tiembla la voz al gritarle- ¡si a ti no te cae bien yo la quiero con toda mi alma! Salvador no pierde palabra de lo que dicen. -¡Y te juro que no voy a permitir que sigas trapeando el piso con ella! –sigue gritando furiosa Isabel- ¿te quedó claro? -¡Ah! –se levanta Andrés- ¡no digas estupideces! –y dice con soberbia- ¡tú no la quieres! Sientes lástima por esa enferma ¡nada más! -¡Más enfermo estás tú! –Isabel le grita desaforada- ¡tú que te comportas como una bestia! –Andrés se da vuelta y la mira sorprendido- ¡ni siquiera sé si estás conciente de tus actos! -¿Por que? –se sorprende Andrés -¿porque estoy tomando unos tragos? –y levanta su copa incrédulo. Isabel se da la vuelta frustrada y cansada. Andrés se tira a la cama- ¡Estoy disfrutando de mis vacaciones! Nada más –se excusa. Isabel lo vuelve a enfrentar con desestimación en la mirada. -¡Cuando
vuelva al trabajo! –sigue Andrés desde la cama-
¡seré el mismo director General de la Empresa Donoso de
siempre! Andrés se sorprende, no lo puede creer- ¿Qué? Salvador sonríe al otro lado de la puerta. -¡Lo que oyes! –sigue Isabel muy segura- ¡tú y yo nos vamos a largar de esta casa! –le asegura vehementemente- ¡yo ya no soporto que sigas cometiendo estupideces en una casa que no nos pertenece! –le grita con sinceridad- ¡que no es nuestra! Salvador al otro lado de la puerta frunce el entrecejo sorprendido. -¡Lo será pronto! –grita Andrés con indiferencia- ¡es tu derecho Isabel! -¡A
cualquier parte! –le afirma con vehemencia- ¡adónde
sea! ¡adónde no atentes contra personas que no tienen nada
que ver con tus problemas y los míos! – y sigue furiosa-
¡si quieres desquitar tu coraje entonces tendrás que
hacerlo conmigo! –lo desafía Isabel y se calla respirando
entrecortadamente. Lo mira con rabia. Isabel reacciona y trata de abrir la puerta, Andrés salta y se lo impide. Al otro lado de la puerta Salvador se pega el susto de su vida y da un salto de miedo y se separa de la puerta. Isabel forcejea un rato con Andrés y luego lo enfrenta con la mirada. Andrés se apoya en la puerta de modo a que no pueda salir del cuarto. Al otro lado de la puerta Salvador se recupera del susto y se vuelve a acercar sin perderse palabra de lo que dicen. -¡Recién
casados ni qué nada! –dice claramente Isabel y se aleja de
Andrés y de la puerta- ¡no somos más que dos seres
que se odian y que se está destruyendo! –y le tiembla la
voz de coraje- ¡eso es lo único que somos! –le grita. Isabel se le acerca con ferocidad- ¡Nos vamos a marchar muy lejos para poder destrozarnos como se nos pegue la gana! –y como Andrés la sigue mirando atónito- ¡sin que nadie nos moleste! Al otro lado de la puerta Salvador tiene los ojos muy abiertos y sorprendidos. * Afuera en el jardín, todos esperan el resultado de la discusión entre Isabel y Andrés. Vicky mira para la ventana de Andrés sin disimular. Alejados, bajo un árbol esperan Ángela, Antonio, Valeria y Simón. (Error de la novela... -¿Qué haces ahí parada Vicky? –sale Abigail de la casa. -Pos aquí fisgoneando... ¡porque fíjese que la señora Isabel entró a hablar con don Andrés! Y quiero saber lo que está pasando. -¿Tú crees que don Andrés sea capaz de golpearla? –se preocupa Abigail. -¡Ay no! –dice segura Vicky- ¡yo no creo! La señora Isabel tiene un carácter bien fuerte... –y se ríe- ¡y va a salir perdiendo él! –y luego suspira con placer- ¡ojalá lo ponga en su lugar! Porque sino Abigail... ¿quién sabe adonde vamos a ir a parar? -¡Ay Vicky! –de pronto se asusta Abigail- espérate... ¡creo que alguien se asomó por la ventana! Mira, mejor que no sigas parada aquí chismoseando... ¡vamos! * Desde la ventana las mira Andrés que de pronto se queja- ¡Todos me odian! Está en contra mía –y posa su vaso de güisqui- ¿sabes qué? ¡no me importa! Isabel suspira cansada. -¡La única que me importa eres tú! –le dice Andrés. (si... pero para usarla y para sí mismo
-¡Yo no te importo! –le corrige Isabel- ¡lo único que has hecho todo este tiempo es manipularme para conseguir tus propósitos! –le acusa con sorna- ¿no? -¡No entiendes! –Andrés se toma la cabeza- ¡no entiendes! –suspira. -¡Lo único que entiendo es que eres un perfecto paranoico que no se conforma con nada! -¡Cállate y escucha! –de pronto grita Andrés rojo de ira. Isabel lo mira soberbia. -¿Tú crees que te odio? –clama Andrés- ¿tú crees que quiero destruirte? Isabel lo sigue mirando con frialdad. -¡Tú no me perdonas que te haya obligado a casarte con ese viejo imbec.il! –grita Andrés. Al otro lado de la puerta a Salvador se le llenan los ojos de dolor. -¡Lo hice porque sabía que no te iba a tocar un pelo! –sigue Andrés- ¡no era más que un viejo impotente y moribundo! ¡nada más! Pero Isabel se ha ido muy lejos... ¡su mirada es un misterio! Mira a otro lado para que Andrés no adivine sus pensamientos. -¡Si hubiera sido otro no lo hubiera permitido! –gime Andrés- ¡me hubiera muerto de los celos! Isabel lo mira como presintiendo que ahora dice la verdad. -¡Hubiera preferido mil veces dormir en la calle! –afirma Andrés- ¡lo hice porque te amaba! Salvador es testigo de su confesión de amor. -¡Lo hice porque te amo! –repite Andrés mirando a lo lejos. Isabel ablanda su mirada porque adivina que es sincero. -¡Ah! –suspira un Andrés destrozado- ¡y porque te amaré mientras viva! Salvador, al otro lado de la puerta, también comprende que dice la verdad. -¡Con todos mis defectos! –exclama Andrés- ¡te amo! –y suspira- ¡te amo como nunca amé a nadie en mi vida! Isabel mueve la cabeza negativamente y con tristeza. -¡Por eso te pedí que matáramos al viejo! –dice claramente Andrés. Salvador endurece el rostro con dolor y profunda decepción. -¡Porque sentí que te estabas encariñando con él! –sigue confesando Andrés- ¡y no pude resistirlo! Isabel se aleja de él y le da la espalda. Isabel por fin habla y sin mirarlo- ¡Y tú no descansaste hasta verlo muerto! –dice con amargura. -¡Ah!
–suspira Andrés- ¡porque me moría de celos!
–y bruscamente la obliga a mirarlo- ¡porque me muero de
celos! -Y empieza a acariciarle el rostro y a besarle en la mejilla-
¡porque no soportaría perderte! –Isabel pone cara de
asco y lo rechaza. -¡Ah! –suspira largamente Andrés- ¡creo que me estoy volviendo loco! Y la mirada de Isabel dice lo mismo. -¡Por tu culpa! –le culpa Andrés- ¡tú nunca me quisiste! –y de pronto reacciona furioso- ¡me engañaste! –le grita- ¡me traicionaste! -¡Yo no te traicioné! –le afirma Isabel. -¡Si! –le grita desaforado. -¡Yo no te traicioné Andrés! –le repite- ¡cuando yo te dije que te quería te lo dije muy en serio! –Andrés tiene los ojos extraviados llenos de llanto y furia- ¡y ahora que te digo que todo terminó! –se le acerca Isabel- ¡también deberías de aceptarlo! -¡No! –se niega Andrés- no...-gime y se apoya en un mueble- ¡no! -Andrés –Isabel le dice dura- ¡tú me conoces mejor que nadie! Sabes perfectamente que yo siempre te he dicho la verdad. ¡Que no he ocultado mis sentimientos! Pero... –y de pronto se detiene- ¡el amor! –y se queda callada un rato- ¡el amor así como llega también se va! –termina- porque no se programa. -¡Ay no! ¡no me dejes! –le suplica- ¡no! –llora- ¡yo me muero por ti! ¡me muero! –y de pronto se vuelve brusco otra vez- ¡lo que sea! ¡pídeme lo que sea! –le grita- ¡me iré de esta casa! ¡me olvidaré de la fortuna del viejo! –le ruega- ¡lo que quieras! Pero no me dejes –y la empieza a besar otra vez- ¡no me dejes! Isabel lo empuja lejos de ella- ¡suéltame! No Andrés –lo enfrenta- ¡yo no domino mis sentimientos! –le dice mirándolo a los ojos- ¡no los gobierno! Andrés se queda sin poder reaccionar. -¡Te voy a suplicar! –sigue Isabel- ¡que no me presiones a estar contigo! –le ruega- por favor... por favor ¡porque lo único que estás haciendo es que cada día te odie más! Andrés asiente resignado- ¡Tal vez sea eso! –y acepta- ¡no volveré a insistir! –dice con los ojos llenos de lágrimas- ¡siempre pierde el que más quiere! –le dice proféticamente- ¿no? Isabel lo mira y luego desvía la mirada a lo lejos- ¡Si! –asiente- ¡siempre pierde el que más quiere! –repite mirándolo extrañamente. Andrés lo mira enajenado. Al otro lado de la puerta... también Salvador asiente como diciendo ‘siempre pierde el que más quiere! -¡Siempre! –repite Isabel. Salvador suspira.
(a ver, a ver... ¿quién va a perder en este juego? ¿quién quiere o querrá más?)
-¡Pero no vamos a destruirnos como tú dices –se compone Andrés- ¡no! Isabel se sorprende. -No –repite Andrés- ¡yo soy muy paciente! -le afirma- ¡sé que un día vendrás a buscarme! –le dice con seguridad- lo sé. Salvador escucha. Isabel mira a Andrés sin contradecirlo. -¡Lo
sé! –le afirma Andrés con ojos completamente
desquiciados y una lágrima lentamente hace un surco en su
mejilla. Isabel se siente muy incómoda y no sabe cómo reaccionar. Isabel cruzada de brazos cerca de la ventana lo estudia. -¡Precisamente eso! –reacciona Isabel- ¡justamente eso es lo que debería de preocuparte en este momento! –le acusa- mientras tú te la pasas haciendo estupideces... ¡Ángela nos va tomando ventajas Andrés! Esta metiendo sus narizotas en la empresa junto con Villavizares y Garcés. * Salvador vuelve a la realidad y frunce el entrecejo enojado. * -¡Urge que regreses a tu puesto! –le exige Isabel a Andrés. -¡Si! No te preocupes –acepta Andrés con otro tono. * Salvador decide que es el momento de marcharse. * -¡Lo haré lo antes posible! -Bueno... pues... –Isabel da por terminada la conversación – te suplico que le ordenes a... ¡tu empleado de confianza! Que lleve mis cosas a mi cuarto -E Isabel mira a Andrés que está parado al lado de la cama donde se amontona la ropa de Isabel- ¡porque de ahí si! –le aclara con determinación - ¡ni tú ni nadie me va a sacar! ¿me oíste? ¡nadie! –diciendo esto da media vuelta y sale del cuarto. Cuando queda solo, Andrés toma aire y se acuesta lentamente sobre la ropa de Isabel... la estruja entre sus manos, hunde la cabeza en ella y llora como un niño. * En el jardín. Salvador se dirige a los restos de la fogata de las fotos y pertenencias de don Pedro José. Se acuclilla al lado y de las cenizas saca los restos de una foto de don Pedro y la mira durante un largo tiempo y luego dice con rabia contenida- ¡No me mataron! –y mira a lo lejos- ¡aun estoy aquí! –y mira enojado para la casa- ¡aun estoy aquí! –repite y vuelve a mirar la foto. La barbilla le tiembla. * Llega la noche. Mientras Isabel mira por la ventana, Walter se aplica a volver a poner toda su ropa en su lugar. De vez en cuando Isabel le dirige miradas asesinas que Walter se apresura a ignorar. De pronto el ruido de un auto que se acerca pone alerta a Isabel que ve a su tía llegar. Rebeca baja tranquilamente del auto y se cruza con Salvador en que en ese momento se retira- ¡Buenas noches doña Rebeca! –le dice estrictamente amable. -¡Buenas noches Salvador! –se derrite Rebeca. Salvador la mira y se marcha, Rebeca se queda suspirando y se dispone a entrar a la casa cuando la intercepta Isabel. -¡Isabelita preciosa! –dice hipócritamente- ¿cómo estas? Isabel la mira sin sonreír- ¿en donde estabas? –la interroga. -¡Ay mi amor! Dando vueltas de arriba para abajo... ¡tuve un día agitadísimo mi amor! -¡Agitadísimo! –le remeda Isabel con burla y luego le dice enojada- ¡agitadísimo estuvo aquí! Pero claro... ¡cómo siempre prefieres escapar de la realidad! -¡No te entiendo Isabel! –finge Rebeca poniendo los ojos muy grandes- ¿a qué te refieres? -¿No me entiendes? –se burla Isabel- ¡te lo explico! Necesitamos hablar... ¡acompáñame! –le ordena y dando media vuelta entra a la casa. Rebeca pone cara de fastidio y la sigue.
Momentos después Rebeca la ayuda a arreglar la ropa que Walter dejó toda desparramada. -¡Qué culpa tengo yo de lo que ha sucedido Isabel! –Rebeca con voz muy aguda- ¡no entiendo por qué me reclamas! -¡Escúchame bien! ¿eh? –se enoja Isabel- ¡porque por eso te protejo! –y la mira frustrada- ¡por eso te tengo aquí! – e Isabel se aleja de ella. -¡Ah! –se indigna Rebeca- ¿y me vas a echar en cara tu ayuda ahora? –y la sigue- ¡no! Si solamente eso me faltaba Isabel. -¡Mira tía! Tienes que aceptarlo por favor –le corta Isabel- desde que llegaste a esta casa lo único que haces es preocuparte por tus maquillajes, por ir al gimnasio, por andar con tus amigas de arriba para abajo.. ¡en lugar de encargarte de esta casa! -¡Ah! ¿y que pretendes? –se queja Rebeca- ¿qué me pase las horas encerrada aquí como si fuera una sirvienta más? ¿eh? Isabel la mira sin esperanzas- ¡Tía por favor piensa antes de hablar! ¿quieres? –y sigue- ¡yo lo único que pretendía era que cuidaras de Valeria y que evitaras que Andrés hiciera tantas estupideces! –y decide continuar arreglando su ropa. -¡Ay si! –se ríe Rebeca- ¡por favor discúlpame tesorito! ¿eh? Pero yo no tengo ninguna autoridad sobre Andrés.... ¡él es el jefe y señor de esta casa! -¡Ningún jefe y señor! –le corta seca Isabel- es mi esposo únicamente. -¡Ah! pues tiene sus derechos porque es tu esposo –le recuerda- ¿cómo yo voy a prohibirle que se lleve tu ropa o que quiera dormir contigo? ¿eh? Y como Isabel la ignora sigue su cantaleta- ¡Es lo más natural del mundo Isabel! ¿no te das cuenta? –sigue hablando ante el fastidio de Isabel- ¿A ver? ¿para que te casaste? ¿eh? Si vives separada de él hija, ¡como si fueran dos extraños! Isabel para lo que está haciendo y la mira - ¡lo único que te pedía! –le dice furiosa- ¡era que cuidaras de Valeria! ¡que Andrés no hiciera ese destrozo en el estudio de Pedro! -¡Ay hija! –y Rebeca dice insidiosa- ¡yo no creo para nada que Andresito haya ofendido a Valeria! –y se decide a continuar ayudando con la ropa- Lo que pasa es que esa se ha vuelto muy remilgosa últimamente claro... ¡y cualquier cosa para ella es un problema! -¡Eso no es cierto! -¡Sí lo es! –grita Rebeca- ¡claro que lo es! –y guarda la ropa sin cuidado – en cuanto al dichoso estudio... Isabel... bueno... ¡pues me parece perfecto que Andresito quiera transformarlo en un despacho! –sonríe imaginándolo- ¡eso sería ideal! Tendría algún uso –y de pronto dice con celos- ¡Ay y ni qué decir de es piano inútil!
Isabel la mira como si fuera una marciana y luego de examinarla sin dudarlo le abre la puerta - ¿sabes qué? –le señala la puerta y le chasquea los dedos- lárgate de mi cuarto –y le grita- ¡lárgate! Rebeca se queda tiesa y asustada- Isabel –le implora- ¡Ay hija! –se le acerca rogando- ¡pero no te disgustes así conmigo por favor! –llora. Isabel suspira y cierra la puerta de su cuarto. -¿Sabes que me duele mucho mi amor? –sigue Rebeca. Isabel la mira con pena y luego se dirige al otro lado del cuarto- ¡Es que tú no entiendes absolutamente nada! –dice con decepción- ¡no entienden! –dice para ella sola y luego trata de explicarle- ¡no pueden atentar contra la memoria de mi mari..! –y se corta al darse cuenta que ya no puede decir eso- de Pedro –corrige y se sienta en el borde de la cama- ¡no lo voy a permitir! Rebeca la mira indiferente. -¡Ni a ti ni a nadie! –exclama Isabel. Rebeca ya volvió a ser la de antes- ¡Ay Isabelita hija! –exclama- ¡si sigues venerando al fantasma de tu primer esposo! –y sonríe burlona- ¡terminarás convirtiéndolo en el rival de Andrés! –Isabel mira para otro lado- ¡es más creo que ya son rivales! –y diciendo esto Rebeca sale del cuarto.
(Bueno Rebequita... ¡mejor no lo pudiste decir! Pero a mí me hubiera dado un gusto tremendo que Isabel te pusiera de patitas a la calle! )
Isabel se queda sola y suspira.
Es noche cerrada cuando la puerta del estudio se abre lentamente y entra Andrés. Para su decepción tremenda descubre que todo, absolutamente todo está arreglado y en su lugar. Frustrado y lleno de ira se dirige al piano de cola, se sienta y con rabia golpea dos veces las teclas haciéndolas sonar. Ángela alertada por el sonido entra hecha una furia al estudio- ¡Insistes en destruir el estudio de mi papá Andrés! –le grita- ¡vuelves a tocar un solo objeto y tú y yo tendremos serios problemas! ¿me entiendes? Andrés la mira con locura en la mirada pero se levanta y se marcha. Ángela se queda temblando y desesperada mira el retrato de doña Catalina... sus bellos ojos verdes se llenan de lágrimas.
Bar de Gaetana. Mientras Gaetana canta y baila como una diosa.
♫ ¡Quiero enseñarte un nuevo baile! Este es el baile ¡el baile del burrito!, Pa’ que lo goces bien sabrosito Pa’ que lo bailes conmigo pegadito, Poniendo una patita pa’ delante Poniendo una patita para atrás, moviendo la colita bien sabroso, agarra tu cadera que te pongo pa’gozar ¡Quiero enseñarte un nuevo baile! Este es el baile ¡el baile del burrito!, Pa’ que lo goces bien sabrosito ¡Pa’ que lo bailes conmigo pegadito! ♫ Escuchar El Burrito en Telemundo
Matilda se dedica a extrañas maniobras con los clientes. Salvador no le despega el ojo de encima. -¿Qué se supone que está haciendo esa señora? –la interroga Salvador. -¿Y Gaetana se lo permite? –Salvador bebe su agua. -Bueno, al principio se opuso pero de nada valió, Matilda dice que eso atrae a la clientela.. ¡y yo estoy por creerle porque todos vienen a consultarla a ella! Con permiso- se retira. Matilda sigue engatusando a los clientes cuando ve que Salvador la llama desde su mesa. Se levanta y va a verlo feliz. -¿Para que soy buena guapo? -Tome asiento por favor. -¿Quieres que te lea las cartas buen mocito? –y le baraja las cartas. -¡Precisamente de eso quiero hablarle! Fíjese... No me parece correcto lo que hace... ¡este es un bar no es un consultorio para leer las cartas o algo parecido! –y le dice- ¡no me agradan las brujas! -¿Y entonces por qué es socio de Gaetana? –responde con sorna Matilda- ¡esa la bruja mayor! –ríe- ¡imagínese una espiritista! –dice burlona. -¡Ella ya no se dedica a realizar ese tipo de tonterías! -¡Relájate mi amor! –ríe Matilda- yo no lo hago en serio... ¡yo lo hago para divertir a los clientes! Así como me ves no cree en espiritistas, en adivinos, ni en brujos... ¡bombón! -¡Entonces admite que engaña a la gente a punta de mentiras! –se indigna Salvador. -¡Yo no engaño a nadie! –se defiende- recibo lo que me quieren dar voluntariamente por decir cosas bonitas que les levantan el ánimo... ¡eso es todo! –y lo mira riendo- ¡de algo hay que vivir mi amor! –y luego suspira- ¡ay y hablando de todo un poco! ¿qué clase de negocios tienes? –se acoda en la mesa. Salvador se acaricia la barba con impaciencia- ¡tengo una oficina de cacería de brujas! –le advierte- ¡así que tenga cuidado! Voy a hacer que le corte la escoba aunque lo vuele. -¡Qué buen sentido del humor tienes muchacho! –ríe Matilda sin darle importancia y luego lo mira seria- ¡se nota que eres un hombre feliz! –le asegura. Salvador la mira con una mirada muy negra. -¿Tú eres casado verdad? –sigue Matilda. Salvador se levanta y se marcha sin saludarla. -¡Por lo menos dime si tienes novia príncipe! –le grita Matilda. Pero Salvador ya está lejos y Matilda decide seguir ensayando sus tiros de carta. * Las Cruces. Y como para recordarnos que el verdadero Salvador no es un hombre libre, vemos la ecléctica cabaña de Cantalicia. Adentro Cantalicia baña al niño en una gran cubeta de madera. (ah! eso sí, la toallas que esperan al niño son enormes, coloridas y de muy buena calidad! Cantalicia llena de jabón una toalla y como una bruta lo restriega por el pobre resignado niño. (ay!!! Hasta a mi me dolió, pensé que le iba a arrancar la piel! “-Tal vez, Salvador ese día murió realmente. Tal vez eso fue lo que sucedió, pero usted no debe pensar que su esposo... ¡ese Salvador que tanto amó! El papá de Monchito... ¡dejó de quererlos! –y Salvador sigue apenado por el llanto de Cantalicia- simplemente desapareció –y luego de una pausa- ¡cómo también desapareceré yo!... ¡por favor entiéndalo!” Y Cantalicia recuerda cómo lo abrazó desesperada para que no se vaya. Y por supuesto, no puede recordar la cara de disgusto de Salvador al sentir como ella olía. Cantalicia vuelve a la realidad y sigue restregando con fuerza la cabeza del pobre niño que mira para abajo resignado. * En la Iglesia el padre Jacobo habla por teléfono. (lol! -¡Si tío Felipe! Te lo aseguro, es una buena mujer... ¡si está casada con este campesino Salvador Cerinza y tienen un hijo! –le dice mientras camino por el corredor de esta bella iglesia- ¡la pobre está desesperado por encontrarlo! Y por eso decidí llamarte tío porque sólo tú puedes darme la mano en este asunto –y se calla y lo escucha cruzando los dedos- ¡Sí tío Felipe!
En su cabaña Cantalicia envuelve al niño en el toallón y con la toalla más pequeña ahora lo restriega para secarlo. En un arranque de cariño lo besa y lo abraza. * En la iglesia. -¡No lo piense tanto tío Felipe! –ruega el padre Jacobo- ¡yo sé que vives solo y que necesitas alguien que te ayude con las cosas de la casa! –una pausa- Cantalicia es muy buena trabajadora y ella te puede echar una manita mientras busca a su marido en Rio Claro –otra pausa y le ruega- ¡écheme la mano tío! –otra pausa y mira al cielo pidiendo ayuda- ¡está bien tío Felipe! No te voy a presionar, pero en cuanto tengas una respuesta por favor no dejes de llamarme –y se queda escuchando- ¡que Dios te bendiga tío Felipe! –se despide pero ya el tío Felipe hace rato había descolgado- ¡tío Felipe! –dice en voz alta- ¡tío Felipe! –y se queda mirando el teléfono- ¡Ay Dios! –suspira- ¡no será un pan mojado en vino pero es el único que le puede ayudar a Cantalicia. * En su cabaña Cantalicia le ruega a la virgen con múltiples velas encendidas- ¿Dónde está Salvador? –le pregunta- ¿Dónde está Salvador virgencita? –y se pone a llorar y a rezar. * Mansión. En una carretera muy cerca de la mansión Gaetana conduce en su auto a Salvador que está muy inquieto. Se detiene cuando la imponente presencia de la casona está a la vista en el horizonte. -¡Hombre! ¿por qué no me deja acercarlo más? –protesta Gaetana- ¡todavía estamos muy lejos! -¡No debió acompañarme Gaetana! –dice Salvador con aprensión y con los ojos alertas- ¡es mejor evitar riesgos! –y la mira- alguien podría descubrirnos. -Bueno –acepta Gaetana- pero es que no había de otra hombre, Camilo se enfermó. -Pues la próxima vez que él no pueda traerme prefiero venir yo solo... ¿de acuerdo? -¡Si! –admite Gaetana. -¡Nos vemos en la noche! –se despide Salvador, baja del auto y se dirige caminando para la casa.
En la mansión Isabel con Rebeca con aire agrio y Valeria feliz a sus flancos. -¿Y entonces señora? –duda Abigail- ¿por qué no ha venido él a decírnoslo personalmente? Isabel suspira- ¡Porque ya sabe como es Abigail! Un poco soberbio –lo excusa. -¡Además no tienen por qué obligarlo a humillarse! –no puede contenerse Rebeca a hablar con su voz aguda y a pesar de la mirada de fastidio de Isabel sigue- ¡es el esposo de Isabelita y tiene su lugar! ¿o no? -¡No se preocupen! –la corta Isabel- nadie de ustedes tendrá que ver con él. ¡El único que lo va a atender será Walter! -¿Y quien nos garantiza que no se va a volver a alocar y termina acabando con el estudio? –pregunta con pertinencia Simón. -¡Ya les dije que yo me responsabilizo de eso Simón! -le dice firme Isabel y Simón desvía la mirada- ¡la puerta de ese estudio va a permanecer cerrada! –anuncia Isabel- ¡y la única que tendrá el control de esas llaves será Ángela! Ángela la mira sorprendida, no se lo esperaba. -¡A ella le tendrán que pedir permiso para entrar y salir del estudio! –e Isabel se disculpa con Valeria- lo siento por ti Valeria, porque sé que estás acostumbrada a practicar el piano en ese lugar –y luego ¡se disculpa con Antonio!- y por usted Antonio porque cada vez que necesite un libro de la biblioteca... ¡tendrá que consultarlo primero con Ángela! -¡Por mi no se preocupe señora! –se apresura Antonio- ¡si se trata de conservar el estudio del señor Donoso yo puedo renunciar a lo que sea! Vicky le palmea la espalda e Isabel lo mira con agradecimiento. Luego Isabel se acerca a Ángela- ¡A partir de hoy Ángela! –y le pasa las llaves- ¡todo lo que suceda en el estudio depende de tí! –y se queda parada pasándole las llaves. Ángela no puede creer a tanta dicha y toma las llaves con un suspiro de alivio. -¡Con permiso! –dice Isabel y se marcha. Detrás de ella y muy enojada se marcha Rebeca. Valeria se queda sonriendo feliz con todos los demás. * Abigail y Vicky salen al jardín, a tiempo de ver a Andrés que sube a su BMW. Walter que lo acompaña acarreando el maletín de trabajo, apresura el paso para abrirle la puerta. -¡Parece que el señor decidió acabar con sus vacaciones! –chismea Vicky. -¡Ay pues gracias a Dios Vicky! –suspira Abigail- ¡yo creo que va a ser mucho más útil en la fábrica que metido aquí en la casa! (ahahaha!!! Abigal, qué chiste! Andrés
arranca el auto y Walter lo mira alejarse muy tieso. Al ver a
Salvador que se acerca caminando por el camino de entrada de la casa,
Andrés acelera y hace una maniobra para atropellarlo.
¡Salvador debe saltar por su vida! -¡Casi lo atropella! –Ángela con pena. -¡No tiene la menor importancia! -dice tranquilo Salvador- ¿tiene alguna diligencia para hoy? -Antonio quiere ir a comprarle un regalo de cumpleaños a Abigail... ¡ya va a ser muy pronto! -Con mucho gusto los llevaré señorita. -Bueno, en cuanto estemos listos, yo le aviso –y Ángela lo deja solo, Ángela se acerca a Antonio que la abraza y le da un beso en la cabeza. Salvador pone cara de ogro y se mete a la casa.
Momentos después en la lavandería y todavía de malhumor, Salvador, que viste un t-shirt azul al cuerpo que hace resaltar sus músculos bien trabajados se queda pensativo, tiene las manos en la bragueta del pantalón sin cerrar, y se mira a sí mismo, tiene puesto un slip negro.
De pronto Salvador escucha la puerta que se abre y pensando que es Rebeca pone cara de disgusto y se apresura a cerrarse el pantalón. Pero no es
Rebeca la que aparece en el umbral de la puerta... ¡es Isabel!
Salvador se da vuelta y se queda de una pieza al verla... ♫ Salvador mira para otro lado inquieto... e Isabel se acerca lentamente. Sus miradas son de antología.... ruegan, piden, exigen... tiemblan... ¡desean! ♫ ♫ Y Salvador entiende y suspira... ¡él se muere por ella! y no puede evitar dar un paso hacia ella. E Isabel
entiende y suspira y no puede evitar dar un paso hacia él.
Y al contacto el fuego entre los dos se enciende y los devora. Y los
dos se funden en un beso devorador y sediento de uno del otro. En otro lugar y lejos de esta pasión devoradora Matilda tira las cartas. -¿Está perdidamente enamorada de un hombre al que considera un imposible? –pregunta mientras echa las cartas. -¡Bueno! Tanto como perdidamente enamorada no, pero me muero por saber si él realmente está interesado en mí –dice una mujer desconocida. -¡Muy bien! Veamos a ver que dice esta nueva carta –la ilusiona Matilda- ¡Aahhh! –de pronto grita- ¿Como le parece? ¡que sí! –y Lupe escucha sus mentiras mientras barre muy cerca de ella- ¡el hombre está interesadísimo y en cualquier momento le propone vivir una aventura apasionada! -¿Y usted está segura? –duda la mujer. -¡Las cartas no mienten mi amor! prepárese a vivir momentos intensos y fogosos... ¡sentirá que se derrite como un chocolate en la plancha hirviendo! Y la mujer ya casi derretida suspira- ¡Ay qué maravilloso! Esto se está poniendo cada vez más interesante... ¡siga! –le ruega- ¡siga! -¡Si! –se dispone Matilda cuando ve la cara de disgusto de Gaetana desde la escalera- se estaba poniendo ¿si? –corta- porque tenemos que suspender la sesión –y la clienta suspira con pena- pero le voy a dar mi tarjeta para que me llame –y le aclara - ¡en las horas de trabajo! ¿eh? ¡que encantada la voy a atender! -¡Está bien la llamaré! –se dispone a marcharse. -¡Señora! –la detiene Matilda- ¡son cincuenta dolaritos! Baratito... ¿eh? Porque la sesión fue corta. Y ante la mirada indignada de Lupe y Gaetana, Matilda recibe los 50 dólares- ¡Gracias! (wow! Que estafa!! Gaetana espera a que la clienta se marcha para gritarle como una fiera- ¡Esto es el colmo Matilda! –gruñe- ¿también de día quieres hacer negocios en mi... oyelo bien... en mi bar? -¡No te pongas pesada Gaetana! –le suplica Matilda- nada pierdes con que atienda a una clienta en este lugar. -¡Tú sabes perfectamente que a Salvador no le gusta! ¿o es que se te olvida el lío que te armó anoche? -¡Pues para que lo sepas no fue tan grave! –se levanta Matilda- ¡me dejó seguir atendiendo a mis clientes sin ningún problema! Lo que pasa es tu eres muy quisquillosa, ¡no parece que fuiste espiritista amiga mía! –se ríe de ella y se marcha. -¡Nunca debió darle tanta confianza jefecita! –se queja Lupe- esa vieja es tremenda y a mi francamente no me gusta ni un poquito. -¡A mi menos Lupe! –sufre Gaetana- ¿pero qué le vamos a hacer? ¡A resultado muy difícil librarse de ella! ¡Ay! ¡qué lástima que Salvador no la puso en su lugar como Dios manda! * En una carretera. Andrés conduce a alta velocidad y con sus pensamientos se va muy lejos de la realidad. Acelera. “¡Me traicionaste! –Andrés” ”-¡Yo no te traicioné! –le afirma Isabel.” “-¡Si! –le grita desaforado.” “-¡Yo no te traicioné Andrés! –le repite- ¡cuando yo te dije que te quería te lo dije muy en serio! –Andrés tiene los ojos extraviados llenos de llanto y furia- ¡y ahora que te digo que todo terminó! –se le acerca Isabel- ¡también deberías de aceptarlo!” “-¡No! –se niega Andrés- no...-gime y se apoya en un mueble- ¡no!” Y mientras recuerda aprieta el acelerador sin darse cuenta. “-Andrés
–Isabel le dice dura- ¡tú me conoces mejor que
nadie! Sabes perfectamente que yo siempre te he dicho la verdad.
¡Que no he ocultado mis sentimientos! Pero... –y de pronto
se detiene- ¡el amor! –y se queda callada un rato-
¡el amor así como llega también se va!
–termina- porque no se programa.” * Mansión. En la lavandería Isabel y Salvador dejan de besarse sólo para mirarse en los ojos del otro. -¿No le basta con Andrés Corona? –le susurra Salvador con vehemencia. -¡No lo mencione! –ruega Isabel en un susurro. -¡No lo ama! –le afirma Salvador y respira entrecortadamente- ¡y tampoco amó a don Pedro José! – y le toma la cara entre sus manos. -¡Salvador por favor! –le vuelve a rogar Isabel en un suspiro. -¿Qué sentía por ese pobre anciano doña Isabel? –le pregunta con rabia contenida Salvador- ¿Lástima? –y sufre- ¿Hastío? -¡Salvador! –le reclama Isabel sin quitarle los ojos. -¡Dígame que le inspiraba! –le ruega Salvador dolido. Isabel no responde pero desvía la mirada a lo lejos. -¿Acaso repugnancia? –sigue Salvador pero la mira a los labios- ¡debió costarle un esfuerzo tremendo compartir las noches con él! –y la mira a los ojos. Isabel se muerde los labios sin mirarlo y sin responder. Y luego lo enfrenta con la mirada. -¡Debió ser un infierno acostarse con un viejo! –a Salvador le tiembla la voz- ¡con un viejo agonizante! -¡Le prohíbo que se exprese así de él! –reacciona Isabel- ¡se lo prohíbo! –le exige vehementemente. Y Salvador la mira a los labios con deseo y susurra con el alma- ¿qué le inspiro yo Isabel? –mientras sus ojos se llenan de amor. ♫ Y los ojos de Isabel también se llenan de profundos sentimientos y simplemente lo mira con desesperación. -¿Terminará
hastiándose de mí como sucedió con ellos?
–le pregunta Salvador en un murmullo. ♫ (wow amig@s,
♫
Y en ese momento- toc, toc, toc –golpean a la puerta Y ambos se quedan de una pieza y sin aire del susto. Salvador la abraza para protegerla. * Afuera Ángela sigue golpeando a la puerta- ¿Salvador me escucha? –llama. -¡Enseguida
me reúno con ustedes! –se excusa Salvador tratando de
respirar normalmente- ¡estoy terminando de cambiarme! ♫ Y Salvador sin
mirar a Isabel para no recaer en los deseos que lo invaden y lo
arrastran, se acerca a tomar el saco de su uniforme. (Advertencia: este página contiene links a otros sitios ajenos a mi resposabilidad) @2005 Narración by Mabouchita! Z;D Por favor no ponga esta narración en otro sitio sin avisarme |
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