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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 62: martes 11 de octubre 2005 – ¡UN MISERABLE!

* 

En otro lugar... otras manos, más gordas y toscas tocan las teclas de un piano desafinado... de pronto lo interrumpen- ¡Padre! –llora Cantalicia- ¡Padre ayúdeme por favor! –gime- aunque se ponga enojado conmigo... pero ¡ayúdeme a encontrar a Salvador!

 

-¡Otra vez la mula al trigo Cantalicia! –se levanta del piano enojado- ¡Cuantas veces va a seguir con ese cuento, ya le dijo que es imposible!

-Padre –ruega- ¿por qué va a ser imposible? –dice con esperanza- ¡no es imposible porque tenemos una señal! –y llora- ¡padre ayúdeme por favor porque yo no puedo vivir sin Salvador!... ¡no puedo padre! –y le repite- ¡se lo juro que no puedo! ¡que no puedo!

 *

Bar. Matilda canta (... tal vez para Cantalicia).

 

Nunca me imaginé que a mí pasaría,

Creí que tu me pertenecías pero tu amor se fue,

No tenias idea de cuanto porque yo sentía

Ahora decides marcharte, me muero de sed

Cariño mío, ¿qué voy a hacer?

Con tanto amor, tanta pasión,

¿Que voy a hacer con el dolor

Que está matando mi corazón?

Que voy a hacer por favor

Y bésame y abrázame

Yo necesito sentir tu piel

 

Y nuestro cuerpo del deseo Salvador trabaja en la caja del Bar, mientras Gaetana disfruta de la música y el bar.

-¡Ay! –suspira Gaetana- ¡fíjese como somos los mortales Salvador! Maltratamos a quienes no lo merecen y sin embargo somos todo lo contrario... –y lo mira entrecerrando los ojos- ¡con aquellos que nos hacen daño o nos dañan!

-¡Es necesario morir y regresar a este mundo para darnos cuenta de nuestras equivocaciones! –responde distraído Salvador.
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-¡Ah! –suspira- pero lo malo es que una vida no alcanza para remediar todo el daño que hemos causado!

Salvador cierra un sobre rosado.
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-¡La vida que yo tengo ahora debe ser suficiente para corregir mis errores del pasado! – dice Salvador mientras escribe destinatario y dirección.

 (hum... y este sobre??? Alerta amig@s!  para quien será? )


-¡Eso si no comete más! –dice proféticamente Gaetana- ¡porque siempre puede volver a equivocarse!

 
(hum… yo si creo que Salvador se va a volver a equivocar y bien grande, en esta vida prestada!!  )


Salvador la fusila con la mirada negra que conocemos tan bien- ¡Eso ni lo diga ni jugando Gaetana!

-¡Pues si lo digo! –dice su amiga testarudamente- ¡porque usted es humano y como humano sus acciones están guiadas por las pasiones Salvador! –y mientras Salvador se mueve molesto Gaetana le levanta un dedo- ¡usted odia, ama y sufre como todos los demás! –y hace una pausa mientras Salvador va a buscar un abrecartas- ¿o me va a decir que no le da rabia el engaño?

Salvador la ignora.

-¿Hum? ¿Qué no se siente?... no sé... –y toma aire- ¡celoso! ¡Asqueado! Al ver todo lo que hace Isabel Arroyo.

Salvador por fin le dirige la mirada... llena de un dolor indescriptible- ¡es doloroso pensar en ella! –le confiesa y de pronto deja de hacer lo que está haciendo y dice con rabia- ¡y si es insoportable! –dice con voz ronca- ¡verla en brazos de otro hombre! ¡más de ese miserable al que traté como a mi propio hijo! –dice con ira en la voz.

Gaetana lo mira con pena.

Salvador se muerde los labios- ¡No quisiera sentir rencor Gaetana! –baja la mirada- pero es inevitable... ¡es más fuerte que mi voluntad!

-¡Es humano, simplemente humano! –le consuela Gaetana.

Y Salvador le sigue hablando- ¡Esa relación de Antonio y Ángela! –le cuenta.
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-¡Ah no Salvador! –salta Gaetana- ¡abra los ojos hombre!  Si usted quiere enmendar los errores, lo primero que tiene que hacer es dejar de atacar a su hija.

Salvador mueve la cabeza con frustración- ¡Antonio es un buen muchacho Gaetana! –y repite- ¡es un buen muchacho! –y luego dice pensativo- ¡pero no sé si le conviene a mi hija! –y de pronto la mira a los ojos- ¡no sé que me pasa! –le confiesa- ¡creo que sigo pensando como un viejo! –hace una pausa y dice para si mismo- ¡de otra manera ya hubiera aceptado esa relación!

Gaetana simplemente asiente con la cabeza. Y Salvador decide seguir con lo que estaba haciendo.

 *

Mansión. 

Es plena noche y Ángela entra furtivamente del jardín por la parte de servicio y se pega el susto cuando se encuentra con Andrés que se pasea como un zombi por esa zona.

-¿Me puedes decir que hacías en el bosque a esta hora? –le exige Andrés.

-¿Qué te hace suponer que estaba ahí? –le contesta altiva Ángela.

-¿Me vas a negar que estabas en ese lugar con Antonio? –la mira con desprecio Andrés.

-¿Qué te traes eh? –se enfada Ángela- ¡A qué diablos viniste a esta casa!

Andrés la mira sin responder.

-¿A espiarme? ¿a seguir mis pasos?

Andrés se mueve de lugar y se le acerca - ¡Con lo descarada que eres cualquiera se entera de lo que haces! ¿no te da vergüenza?

Ángela presiente el peligro y trata de escabullirse pero Andrés la toma del brazo y la detiene -¿Te enojas con el pobre Walter por echar a esa gentuza y tú andas enredada con ese miserable? –y hace una pausa- ¿qué diría tu papá viendo que su única hija tiene aventuras vulgares con el hijo de la sirvienta?
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De un gesto brusco Ángela se libra de él y con todas las fuerzas que tiene le da tremenda bofetada.
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Luego lo mira con rabia y se marcha.
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Andrés se queda acariciándose la mejilla golpeada.
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y sin embargo... sonríe con maldad.

Iglesia.

El padre sigue hablando con Cantalicia- ¡Yo sé! –y mira la foto del periódico otra vez- ¡cada día que pasa me doy cuenta que este hombre si es Salvador! Pero mejor ya resígnate a vivir sin él Cantalicia –le aconseja.

-¡Ay padre! –sigue Cantalicia con su cantaleta- ¿cómo cree que me voy a olvidar de Salvador si él es el único hombre que yo he tenido? –y le sonríe- ¡y es el papá de mi chamaquito! –y otra vez a llorar.

-¿Pero no se acuerda de que estaba todo trastornado? –se exaspera- ¡no la reconoció a usted y menos al niño! En esas condiciones... ¿para qué lo quiere de vuelta?

Pero Cantalicia explica sus razones- ¡Mire yo sé que a lo mejor lo puedo hacer todo sola! ¿pero el niño? –le reclama- ¡tiene derecho a estar con su papá! –y le mira con ojos tristes- ¡Salvador le hace mucha falta al Moncho! –y gime- ¡mucha falta padre!

El padre se toma la cabeza- ¡Bueno! –admite- ¿y que hubiera pasado si las cosas hubieran sido diferentes? –trata de hacerle comprender- ¡si Salvador hubiera muerto de verdad! ¿eh? ¡hubiera tenido que resignarse a vivir sin él!

-¡Y sí! –le dice con simpleza- ¡pero no se murió padre! –y sonríe- ¡Salvador está vivo y yo no puedo conformarme a estar sin él padre!

El padre la mira con pena- Le aconsejo que espere hija... ¡Si Salvador regresa será por su propia voluntad! ¿eh? –y le sigue hablando- ¿de que le sirve si regresa así si se fue sin darle explicaciones?

Pero Cantalicia es testaruda y cabeza dura- ¡Nada de eso me importa a mí padre! –le afirma- ¡yo sé si el Salvador me abandonó no fue por gusto sino porque él andaba malito de la cabeza!

-¡Ay! –pierde toda la paciencia el padre- ¿pero en qué bendito momento le enseñé este periódico Cantalicia? –se exaspera.

-¡Pos ya me lo enseñó padre! –le contesta terca- ¡ya me lo enseñó! Y como yo sé que el Salvador está en Rio Claro yo estoy resueltita a irme a buscarlo para allá!

El padre la mira cansado.

-¡Ya les dije a unos vecinos ahí que me le echen unos ojitos al rancho mientras yo regreso con el Salvador!

-¡Por su madre Cantalicia! –le ruega- ¡entre en razón! Rio Claro es un lugar muy grande... ¡parece un hormiguero! Hay muchísima gente... no es como este pueblito hija... ¡ahí nadie, nadie la va a ayudar a encontrar a Salvador.

Pero Cantalicia le sonríe inocente- ¡Ay no! Si puede que a mi pobrecito de marido nadie lo conozca... ¡pero esa señora! –y mira la foto- ¡esa que salió en el periódico! Esa sí tiene que ser bien conocida- dice alegre.

-¿Y que le hace pensar eso hija?

-¡Ay padre! –Cantalicia lo mira asombrada- ¡salió en el periódico! –le responde segura- ¡ahí sale nada más la puritita gente importante!

-¡Hija mía! En el periódico sale todo el mundo... ¡hasta los rateros!

-¡Yo sé! Yo sé padre... que si voy a la policía ellos me pueden ayudar a encontrar a esa señora... ¡y si la encuentro ella me va a decir dónde está Salvador!

El padre se resigna- ¿De veras cree que esta mujer puede ayudarle a encontrar a Salvador?

-¡Si padre! –sonríe- ¡claro que si! Si ella no lo conociera no hubiera salido en la foto con él! –le responde con lógica.

-¡Definitivamente usted está más loca que Salvador! –suspira el padre- ¡no tiene arreglo!

-¡Mire loca o lo que sea padre! –y pone cara compungida- ¡pero yo voy a buscarlo aunque usted no me ayude! ¿eh? –y luego gime- lo único que le pido padre... ¡es que me regale el periódico ese con la foto! Por favor.

-¡Cantalicia cálmese! –la tranquiliza- voy a ver la manera de ayudarla... ¡porque no me la imagino corriendo en esa ciudad de un lugar a otro! –y al ver a Cantalicia que sigue llorando- ¡así que cálmese por favor! ¡no cometa locuras! ¿estamos?

Y Cantalicia recupera la sonrisa- ¿De veritas me va a ayudar padre Jacobo?

-¡Pues que más voy a hacer hija! –suspira y la mira con pena- ¡si usted es más terca que una mulita! Pero prométame una cosa... ¡que no se va a escapar! –y le advierte- porque se arrepiente toda su vida ¿eh?

-¡No padre! –le promete Cantalicia sonriendo- ¡usted es un ángel!

-¡No diga eso hija!

Pero ya Cantalicia le abraza con todas sus fuerzas repitiendo- ¡usted es un ángel! ¡gracias padres!

-¡Ay no me apriete tanto que me va a romper una costilla hija!

-¡Yo sabía que usted  no me iba a desamparar padre Jacobo!

-¡Ya vayase para su rancho que ya se hizo tarde hija! No se preocupe... ¡no se preocupe! Yo la voy a ayudar.

-¡Si!

-¡Qué Dios me la acompañe!

-¡Amén! –y se marcha corriendo.

El padre Jacobo se queda mirando la foto de Salvador en el periódico- ¿En qué enredos andará metido este cristiano? –se pregunta a sí mismo- ¿qué andará haciendo?

 

Bar. Y nuestro cristiano está acostado en su cama sin poder dormir, mientras en el bar abajo sigue la música y el bailongo.

 *

Mansión. Es noche cerrada.

-¡Es cierto! –le dice Simón a Valeria mientras caminan por el jardín con Azur- ¡Salvador es un tipazo! Y se parece en muchas cosas a don Pedro José... ¡por ejemplo él nunca hubiera permitido que Walter nos acusara de ratero! Lo hubiera puesto en su lugar, porque bueno... –sonríe- don Pedro era muy buena gente.. ¡pero cuando se enojaba! –se ríe- ¡todo el mundo salía corriendo!

-¡Me hubiera gustado conocer sus arrebatos! –sonríe Valeria- ¡no me lo imagino castigando a Walter! –y lo mira- ¿tú lo admirabas mucho verdad Simón?

-¡Como crees! No te imaginas lo importante que fue para nosotros... ¡mi hermano y yo le vamos a estar toda la vida muy agradecidos!

-¡Ustedes son muy buenos! Estoy segura de que les va a ir muy bien.

-¡Dios la oiga Valeria! –suspira Simón- por eso mi hermano se mata estudiando en la universidad y bueno... ¡yo trato de aprender lo que más pueda en la fábrica!

-Me imagino que has aprendido mucho porque eres muy listo –le halaga.

-¡No es por presumir!  -sonríe Simón tímido- pero aquí donde me ves yo podría ser jefe de mantenimiento –y luego cambia de cara- ¡si no es porque el señor Corona se empeña en mantenerme como a un simple empleado!

-¡No te preocupes! –le consuela Valeria- ¡yo sé que van a ver lo valioso que eres!

-¡Ojalá! Porque yo no soy la ovejita negra que todos piensan Valeria.. ¡tu sabes la fama que yo me gasto!

-¿Lo dices por las mujeres? –ríe Valeria.

-¡Valeria! –le ruega- ¡no creas todo lo que escuchas de mí! En realidad yo soy muy bruto con las mujeres y solo estoy esperando a la indicada –y la mira con esperanzas.

Pero Valeria solo sonríe comprensiva.

-¡Y espero que llegue pronto! –sigue Simón- porque además soy bien cariñoso.

Y los dos se ríen felices de la ocurrencia.

En ese instante Andrés que se sigue paseando por la casa sin hacer nada los ve y pone cara de fastidio.

Más tarde entra en la habitación de Isabel sin golpear-¡Ah! –suspira- ¿te das cuenta de las porquerías que pasan en esta casa?

Isabel que está trabajando como es su costumbre en su laptop, sentada sobre la cama, lo mira fastidiada.

-¡Ángela se la pasa metida en ese bosque con Antonio! –sigue despotricando Andrés- ¡y para completarla tu primita Valeria anda enredada con ese imbeci,l de Simón!

-¡Mi prima y Simón son solamente amigos! –le corta Isabel impaciente- ¡y lo que pase con Ángela me tiene sin cuidado!

Andrés se sigue paseando por el cuarto inquieto-¡Ah! ¡a ti te parece bien que se comporten como vagabundas! –le reclama e Isabel abre los ojos con asombro- ¡mientras nosotros que estamos casados no podemos hacer nada por tus caprichos! ¿es así? –se burla.

-¡Déjame sola! –le dice furiosa Isabel perdiendo el control de sus nervios- ¿quieres?

-¿Por qué debería hacerlo? –le reta Andrés- ¡soy tu esposo! –y se apoya en la cama- ¡Ah! te lo advierto Isabel –suspira- ¡se me está acabando la paciencia! –y la mira con rabia- ¡no voy a seguir aguantando tus estupideces!

Isabel lo mira con recelo y baja la mirada.

-¡Si te sigues comportando así! Voy a tener que obligarte a cumplir con tus deberes de esposa –la amenaza directamente.

Pero esto es demasiado para Isabel que se levanta furiosa y le abre la puerta-¡te vuelves a ir que necesito estar sola!

Pero Andrés se acerca a la puerta y la cierra de un golpe- ¡Y lo estarás... pero conmigo! –y se le acerca con deseo.

Isabel se aleja y se acerca al escritorio de don Pedro José- ¡Ah! por favor Andrés –suspira cansada- ¡déjame en paz! –le grita- ¿quieres?

Pero ante los ojos atónitos de Isabel, Andrés empieza a desabotonarse la camisa- ¿qué vas a hacer? –se burla Andres- ¿llamar a tu prima Valeria para que te defienda? –y la mira con deseo - ¡está muy entretenida con Simón en el bosque! –y ante la desesperación de Isabel se abre la bragueta- ¡tu tía… no creo que se meta en nuestra intimidad!

-¡Por favor Andrés! –susurra en una súplica Isabel.

-¡Ah! –suspira Andrés y empieza a besarle el hombro.

-¡Suéltame! –le suplica Isabel- te lo advierto.

-¡Estoy harto de tus advertencias! –de pronto le grita Andrés y la agarra violentamente- ¡harto! –y empieza a violentarla.

-¡Es que me está lastimando! –gime Isabel- ¡me estás lastimando Andrés! –se queja.
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-¡Jamás como me lastimas tú! –Andrés es una bestia desencadenada- así que aunque grites... ¡ahora si no te voy a dar el gusto!

Y la sigue tocando y besando mientras Isabel gime y trata de deshacerse de él.
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-¡No te voy a dar el gusto! –repite Andrés y la acorrala contra el escritorio.

-¡Andrés por favor! –de pronto exclama  Isabel- ¡está bien! –simula aceptar y Andrés se calma- no de esta manera –dice Isabel suave y se deja tocar.

 Y Andrés baja la guardia y empieza a besarla sin brusquedad, con libido, seguro de su poder de seducción... mientras la mano de Isabel disimuladamente busca algún instrumento contundente.
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... e Isabel se deja besar con cara de asco... y Andrés se pone cada vez mas apasionado.  Hasta que la mano izquierda de Isabel se aferra a un pisapapeles de hierro y sin dudarlo le da en la cabeza a Andrés que cae al suelo tomándose la cabeza con dolor. Isabel lo mira altiva.

Y mientras se arrastra por el suelo Andrés se da la vuelta y le grita- ¡Perra!

-¡Déjame en paz te lo advierto! –le grita Isabel con rabia en la voz e ira en la mirada.
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Y Andrés la mira con desafío-¿Serías capaz de matarme?

-¡Mira! –le grita Isabel fuera de si- ¡si no me tembló la mano para hacerlo con Pedro mucho menos contigo que eres un miserable! –le tiembla la voz- ¡no me vas a obligar a hacer absolutamente nada contigo! –y le grita a todo pulmón -¡nada!
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Andrés acepta y todavía dolorido sale de la habitación.  Isabel respira.  Andrés al llegar al pasillo, se detiene y se mira la mano… le corre sangre... y furioso tira todas las cosas que están sobre una mesita.  Sin control de sí mismo se dirige al escritorio de don Pedro José, abre la puerta y entra... prende la luz... ¡le da una patada a una butaca!.  Se apoya jadeando sobre el piano y mira con odio al cuadro de Catalina, la madre de Ángela y con un odio profundo en la mirada recuerda la muerte de Pedro.

“Ve a Ángela llorando sin poder moverse. -¿Don Pedro? –pregunta Andrés y se acerca al cuerpo tirado sobre el piano- ¡Don Pedro! ¿está bien? –finge pena- ¡Don Pedro! –y luego Andrés grita- ¡Isabel, Walter vuelvan pronto! –y finge mucha pena mientras Ángela sigue mirando el cuerpo de su padre”

Andrés vuelve a la realidad y golpea furioso el piano.

 *

Al día siguiente, en el cuarto de Isabel.

-¡Saquen inmediatamente todo! –grita Andrés a Abigail y a las empleadas- ¡hagan lo que les ordeno! –histérico- ¡Ahora!

Pero tanto Abigail como las empleadas lo miran sin moverse.  Al lado de Andrés se para muy tieso Walter.

-Discúlpeme don Andrés –le habla Abigail- pero en ausencia de la doña Isabel no podemos seguir sus órdenes.

Andrés la mira con ojos extraviados - ¿qué importa que Isabel esté o no? –se acerca a Abigail- ¡soy el jefe de esta casa y tienen que obedecerme!

-¡Pues será que tengamos que petatearnos fíjese! –le enfrenta Vicky- ¡porque no creo que la señora Isabel esté de acuerdo con usted!

Andrés se aleja riendo sardónico- ¡No estoy ordenando nada raro! –trata de convencerlas- ¡simplemente que trasladen las cosas y la ropa de Isabel a mi habitación! –pero ante la mirada incrédula de todas les recuerda- ¡es mi esposa! Y vamos a compartir nuestro cuarto.

-¡Cuando la señora Isabel lo ordene! –responde firme Abigail- ¡con muchísimo gusto! De lo contrario no moveremos un solo dedo don Andrés... ¡no queremos problemas con la señora! –y luego se retiran- ¡con permiso! –y ordena a las empleadas- ¡retirémonos! –y todas se marchan rápidamente.

Vicky con burla le hace una reverencia. 

Andrés humillado se muerde los labios con impotencia y golpea los muebles. Walter cierra la puerta y trata de consolarlo- ¡no les haga caso a esas altaneras igualadas señor! –e infla el pecho- ¿para que les pide favores si usted cuenta con su empleado de confianza que soy yo? –y se arregla el chaleco- ¡yo estoy a sus órdenes para hacer lo que a usted se le antoje! –y hace una reverencia- ¡don Andrés!.

Andrés lo mira contento de tener por lo menos a alguien que le demuestre servilidad.

 Y mientras Walter mira a Andrés tomar  la ropa de Isabel del closet pregunta tímidamente y desesperado ante el tamaño de semejante empresa- ¿Y por donde empezamos señor Corona?

(jajajaja... este Walter me mata... ¡imaginen la cantidad de ropa que tendría  Isabel!)

-¡Lleva su ropa, sus cosas personales a mi habitación! –y tira la ropa de Isabel sobre la cama- ¡no quiero nada de mi mujer en este piojoso lugar! ¡nada! –le recalca- ¡nada!.

Y Walter se pone a trabajar.

-¡Nada que me recuerde a ese viejo! –Andrés jadea- ¡nada! –repite- ¡nada! ¡o sea todo lo que encuentres de él! –y ve las fotos- ¡sobre todo sus fotos quémalas! – Y Walter lo mira sorprendido- ¡o destrúyelas! Pero no quiero nada que me huela a difunto – y toma el retrato con la foto de Pedro,  le tira al suelo y lo destruye con el taco de su bota- ¡nada!

Y luego se compone la camisa y sale del cuarto.  Walter no puede evitar con miedo y con horror la foto destrozada de don Pedro José Donoso.

En el pasillo de la parte de servicio, Abigail, Vicky y las empleadas hablan con Rebeca.

-¡Ay por Dios! –se queja Rebeca que sigue en bata- ¡no entiendo por qué vienen a quejarse! –dice con su voz aguda- ¡yo no puedo meterme en los asuntos personales de Andresito –Abigail y Vicky se miran sin esperanzas- ¡si quiere tirar la casa patas arriba está en todo su derecho! –sigue Rebeca.

-¡Es que alguien debe detenerlo doña Rebeca! –trata de convencerla Abigail- ¡está ahí encerrado como un loco volteando todo de cabeza con Walter!

-¿Y que va a decir la señora Isabel cuando venga? –le pregunta Vicky cruzada de brazos- ¡va a encontrar todo patas pa’ arriba y nos va a armar tremenda bronca!.

-¡Bueno, pues ese no es mi problema! –grita Rebeca voz de cacatúa- ¡allá ellos! Yo no me voy a meter en este problema por nada del mundo.

-¡Pues debería hacerlo señora! –le exige Abigail- ¡para evitarle un problema a su sobrina!

-¡No! ¡ya bastante tuve con el lío de Walter! –se lava las manos Rebeca - ¡y ahora quítense del camino que tengo que ponerme bellísima que voy a salir! –y las empuja- ¡muévanse! –y se marcha tranquila dejándolas muy preocupadas.

-¿Es que qué más se puede esperar de esta vieja caray? –se indigna Vicky- ¡cuando no le conviene sale corriendo como una liebre! Pero si se tratara de atacarnos ¡ahí estaría en primera fila!

 *

En el escritorio de don Pedro José Andrés toma uno de los bastones de colección y lo tira al aire y luego lo empuña.
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- ¡No quiero! –grita y luego de un golpe de bastón tira todas las cosas del escritorio- ¡nada! –y como un loco enardecido- ¡nada que pertenezca a ese viejo en esta casa! –y ríe diabólico.

Y Walter acuclillado en el suelo se apresura a guardar los libros en un cajón de cartón.

Andrés toma el bastón y sigue pegando a todas las cosas - ¡no voy a permitir que lo sigan venerando como si fuera un santo!

-¡Tranquilícese don Andresito por favor! –se desespera Walter al verlo destruyendo cosas valiosas-  ¡Tranquilícese! –le ruega- ¡yo me encargo de esa tarea! ¡se lo juro! –hasta el mismo Walter tiene más conciencia- ¡aunque me tome varios días! –trata de calmarlo pero Andrés lo mira riendo como un loco- ¡pero tranquilícese! –y sigue guardando cosas.

De pronto Andrés se enfrenta al negro piano- ¡Ese piano! –grita- ¡saca ese piano de aquí!

-Si... –duda Walter- ¿Y donde lo dejamos? –pregunta muy prácticamente.

Pero Andrés está completamente desquiciado y por un momento deja de romper cosas y lo mira con ojos extraviados- ¡Préndele fuego! –decide.

Walter se queda de una pieza.

-¡Si! –repite como un loco Andrés- ¡junto a estos libros! ¡si!... ¡a partir de hoy este será mi despacho y no quiero nada que no me pertenezca! –y luego vuelve a visar otro objeto y de un golpe de bastón lo hace volar- ¡nada!

Walter se levanta nervioso- ¿No cree que está exagerando don Andrés? –se atreve a decirle y mira al piano con pena- ¡eso de prenderle fuego al piano! –y de pronto ríe- ¡ay qué bruto! No lo dijo en serio –no le da importancia.

Andrés furioso lo atrapa con el mango del bastón por el cuello y lo mira furioso.

-¡Lo dice en serio! –se corrige rápidamente Walter.

-¡Ah! –respira entrecortadamente Andrés- ¡vamos a quemarlo afuera! –le ordena en el jardín.

Pero Walter sigue pensando en las cosas prácticas y le pregunta con cara muy seria- ¿y cómo lo sacamos señor? Porque es muy pesado... –y mira al piano calculando- se necesitan varias personas para moverlo y sacarlo.

 (disculpen, pero a pesar de la tensión Walter es simpatiquísimo con estos comentarios… ‘prácticos’

hehhehe )

-¡Ah! –le responde Andrés con una sonrisa completamente loca- ¡lo sacaremos en pedazos entonces!

Walter abre los ojos como platos y tiembla de solo pensarlo.

-¡Es más! –y Andrés se pasea por el escritorio- ¡me daré el gusto de destrozarlo! – y se pone a tirar todos los libros de los estantes.

Walter sufre al verlo y le grita desesperado - ¡Señor! ¡señor! –trata de acaparar su atención- ¡sería una lástima! –y luego al ver que Andrés se divierte echando a los adornos de la biblioteca, se divierte con un caballito Walter lo llama- ¡don Andresito! Es una lástima de verdad.

-¡Un hacha! –le ordena Andrés- ¡trae un hacha Walter! Ahora mismo – y como Walter solo se queda parado como una estatua porque no llega a comprender lo que le ordena le grita- ¡vamos corre!
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-¡Un hacha! –repite Walter y se dirige a la puerta... pero no aguanta y vuelve y mirando al piano a punto de llora le pregunta- ¡señor! ¿usted de verdad va a romper en pedacitos ese piano?

-¡Ese piano! –le señala Andrés... y de repente se queda mirando el cuadro de Catalina, la madre de Ángela y camina lentamente hacia él.
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-¡Y ese maldito cuadro también! –decide- ¡Doña Catalina Donoso! –y se acerca al cuadro.
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-¡Vas a ir a parar al infierno perra! –le susurra completamente desquiciado y besa al cuadro de doña Catalina en la boca.
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Andrés se separa del cuadro.
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Y se tira con aire cansado en el sillón - ¡Ay! No soporto más los recuerdos de los muertos.

Y mientras el mismo Walter lo mira con ojos espantados y suspira con horror de lo que hace y acaba de hacer, Andrés pone las botas sobre el escritorio y patea todas las cosas.

Antonio aparece en la puerta del escritorio y se da cuenta de lo que pasa.  Baja corriendo las escaleras- ¡Mamá! ¿qué está pasando? –encuentra a Abigail y a Vicky en la sala- ¿por qué Andrés Corona está destruyendo el estudio?

-¡Ay virgen santísima! –se persigna Abigail- ¿también la emprendió con el estudio? ¡ese hombre está loco de remate de verdad!

-¡Va a destruir toda la casa! –dice Vicky con los ojos asustados- ¡si vieras como puso el cuarto de la señora Isabel!

-¡Qué haga lo que quiera en el cuarto de su esposa pero no voy a permitir que destruya las cosas de don Pedro! –grita Antonio y se dispone a subir.

Pero Abigail lo detiene del brazo- ¡No Antonio por favor! –le ruega- ¡no te entrometas hijo!

-¿Y vamos a quedarnos con los brazos cruzados mamá? –se indigna- ¡tenemos que hacer algo!

-¡No hijo por favor! –le ruega Abigail- ¡si de verdad me quieres no te enfrentes con ese hombre! –y tiembla- ¡ese hombre es muy violento y puedes tener problemas con él!

 (y tiene razón )

-¿Y la señora Isabel no está? –pregunta Antonio.

-Ella salió temprano –Vicky- y la señorita Ángela fue a hacer unas diligencias con Salvador... ¡y la única que queda acá es la señorita Valeria pero yo no creo que ella lo pueda detener!

Pero como es la única esperanza Antonio corre a buscarla a pesar de los gritos de Abigail- ¡Antonio hijo por favor!

 *

Cítricos Donoso.

En la parte de Producción Isabel enfrenta muy molesta al pobre Ramirez- ¡No soporto que me oculten la verdad! –y le tiembla la voz- ¡no lo tolero Ramirez! –y lo mira- ¡así que espero que en este momento usted me diga todo lo que sucedió! ¿cuántas veces ha venido Ángela Donoso a esta fábrica?

Ramirez pone cara sorprendida y le responde- Bueno... en varias ocasiones –reconoce- ¡es lógico que quiera mantenerse al tanto del funcionamiento de la empresa!

-¡Si, si! De acuerdo –reconoce Isabel de mala gana- ¿y con quien ha venido? –investiga- ¿con un abogado, con un asesor?

-¡No, no! Siempre ha venido sola –y luego recuerda- he.. bueno... la acompaña siempre el chofer Salvador Cerinza.

Isabel sonríe con conocimiento- ¡Y supongo que usted sabrá qué es lo que ha venido a buscar o con quien se ha entrevistado!

-Con el dr. Villavizar y con el dr. Garcés Quien como usted sabe está reemplazando a su esposo.

-¡Me imagino que en este momento estarán reunidos con Angelita! –dice Isabel con tono burlón- ¿no es cierto?

-Es muy probable –concede Ramirez- hace un rato la vi por las oficinas.

Isabel pone cara de ultraje- ¡Me parece increíble que la reciban a ella antes que a mi! –y sonríe con rabia.

Ramirez la mira con aprecio y trata de arreglar la cosa- ¡No creo que lo hagan con mala intención señora!

-¡Pero lo hicieron Ramirez! –salta Isabel- a mi las secretarias me dijeron que estarían en una junta... ¡pero jamás me imaginé que fuera con Ángela! –y luego agrega con determinación- ¡me van a escuchar! –y mira a Ramirez- ¡le juro que me van a escuchar! Yo no soporto los secretos en esta empresa –y le confiesa- ¡y mucho menos cuando Ángela Donoso está de por medio! –y suspira- ¡con permiso! –le dice y se retira.

Ramirez se queda sorprendido y suspira muy preocupado y triste por estas peleas familiares.

 (Es interesante ver que en esta empresa el personal es 99% mujeres... jejeje... creo que las extras para estar cerca de Mario fueron muchas... ¡muchas!)

 *

Mansión.  

Antonio sube desesperado al piso superior a pedirle ayuda a Valeria.

 (hum... no les parece que este Antonio es un poco inmaduro?...  como novio de Ángela tiene muchos más derechos que Valeria como prima de Isabel... no sé!)

 -¡Valeria! –golpea a su puerta- ¡Valeria! Abre por favor.

-¿Qué pasa Antonio? –sale asustada Valeria.

-¿Supiste lo que está haciendo Andrés Corona? –y le toma de la mano y la arrastra hacia el estudio.  Detrás aparecen Abigail y Vicky.

-¡Si, sé que le dijo a Walter que llevara las cosas de Isabel a su cuarto! –exclama Valeria- ¡y no quise intervenir para evitar más problemas!

-¡Está destruyendo todo el estudio de don Pedro! –le dice indignado Antonio- ¡lo acabo de ver!

-¿Estas seguro? –se espanta Valeria.

-¡Si, completamente! Está destruyendo todo.

Valeria se pone pálida de rabia- ¡No tiene ningún derecho a hacer eso Andrés!

 *

Dentro del estudio Andrés con todas sus fuerzas levanta el escritorio y lo pone patas para arriba.  Ríe satisfecho.  Walter lo mira espantado.

-¡Todo esto va a la hoguera Walter! –le ordena- ¡junto con el piano y los cuadros! –decide y se da la vuelta y enfrenta el cuadro de Catalina Donoso- empezaremos por la venerable Catalina de Donoso –y pone una bota sobre el sillón- ¡bájalo! –le ordena.

Pero Walter si es conciente, muy conciente de las limitaciones prácticas de esta vida- Debo recordarle don Andresito – le dice amablemente- ¡que este cuadro está empotrado a la pared! –y toca el marco- ¡va a ser muy difícil moverlo de ahí!

Andrés suspira frustrado -¡Lo sacaremos a la fuerza entonces! –y le ordena- ¡el hacha! –Walter se queda parado- ¡deme el hacha!

-¡El hacha! –reacciona Walter y corriendo se la pasa.

-¡Tome! –y le entrega un hacha- ¿cree que esto le pueda servir?

Andrés mira el hacha con una sonrisa- ¡Perfectamente! Es lo más indicado para acabar con ese piano –y juega con el instrumento ante la mirada llena de pavor de Walter- ¡y con este maldito cuadro!

Y se da la vuelta hacia el cuadro, Walter espantado mira para otro lado sin atreverse a detenerlo.
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Y se dispone a darle un hachazo cuando Valeria entra gritando- ¡Detente Andrés! –lo enfrenta- ¡no te atrevas! –le grita- ¡no te atrevas!
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Andrés se detiene y la mira sorprendido.  Walter se arregla el moñito incómodo.
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Detrás de ella entran Antonio, Abigail y Vicky.  Abigail se tapa la boca con espanto.
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Andrés sonríe divertido y los enfrenta.  Valeria suspira con coraje.  Walter mira cobardemente a ambos lados.

 *
Cítricos Donoso. 

Mientras tanto y ajenas a todo lo que pasa en la casa en contra de tal vez... ¡la única razón que las une! Isabel y Ángela discuten agriamente mientras caminan.

 (hum... yo me pregunto... ¿dónde están los teléfonos celulares en esta novela?)

-¡Entiendo que te sorprenda verme aquí! –Ángela- pero no entiendo por qué te pones tan alterada Isabel.

-¿Y tú por qué crees que me alteré tanto Ángela? –se insurge Isabel.
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-¡No sé! Pero entraste a la sala de juntas como si yo estuviera conspirando en tu contra con los ejecutivos –y le pregunta- ¿te molesta verme reunida con ellos?

-¡No! –le corta Isabel- ¡me molesta que no me traten bien! –dice tensa- ¡me molesta que no me quieran recibir!
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-¡No fue culpa de ellos! –le aclara Ángela- ¡fueron las secretarias que no te dejaron entrar!

En ese momento llegan cerca del auto donde espera Salvador.  Se detienen a distancia para seguir hablando. Isabel mira a Salvador y luego baja los ojos significativamente como no queriendo demostrar sus sentimientos.  Salvador no le quita los ojos de encima.

Ángela, completamente ignorante de este intercambio de miradas sigue- ¡Además! Todos se disculparon contigo ¿no?

-¡Eso no importa! –sigue a la carga Isabel- ¡a mi se me hace muy extraño que tú vengas a reunirte con ellos a escondidas!

-¡No tengo por qué esconderme de nadie Isabel! –le recuerda Ángela- ¡te advertí que voy a manejar mis asuntos personalmente y eso es lo que estoy haciendo!

Isabel sabe que tiene razón y desvía la mirada.

-¡Tengo todo el derecho de venir a preguntar sobre los asuntos de la empresa! –continúa segura de si misma Ángela.

-¡En ese caso primero consúltanos a Andrés o a mí! –la mira con reproche- ¡no tienes por qué andar investigando a nuestras espaldas Ángela! –y hace una pausa- y en cuestión a tu herencia... ¡te juro! –y cierra los ojos- ¡te juro que nadie te quiere robar! –le miente- ¡nadie!

-¡Confío en eso Isabel! –responde tranquila Ángela- ¡y por eso estoy organizando mi situación! Pero yo no tengo por qué rendirte cuenta de mis actos ni a ti ni a Andrés.

Isabel mira para otro lado al reconocer que tiene enfrente a un hueso duro de roer.

-¡Sobra decirte que me vas a ver por aquí muy seguido! –le reta Ángela- ¡así que la próxima vez que me veas no te sorprendas! –y diciendo esto, y ante la mirada furiosa de Isabel, se dirige al auto que la espera.

Isabel mira atentamente mientras Salvador le abre la puerta del auto a Ángela, la cierra y luego se dispone a ubicarse en el asiento conductor.

Pero antes de hacerlo, Salvador duda... y luego lentamente se da la vuelta y la enfrenta con la mirada.  Isabel no desvía su mirada.  Salvador sube al auto, arranca y se marchan.

 *

Mansión. 

Mientras tanto, en la mansión Valeria enfrenta a Andrés- ¡Con que derecho te atreves a hacer esto Andrés!

-¡Ah! –le responde con fastidio- ¡no voy a discutir mis derechos en esta casa contigo! –y tiene el hacha al hombro- ¡y mucho menos con la gentuza que trajiste! –dice despectivo- ¡así que no se metan!

-¡Nos metemos! –le grita Antonio- porque usted es un abusivo... ¡esto es un atropello!

Valeria y Abigail lo detienen.

-Valeria –Andrés ignora a Antonio- ¿quieres que hablemos a solas? –le ofrece amablemente- ¡no sé! –ofrece con una sonrisita irónica- ¡tal vez podamos llegar a un acuerdo! –y no puede evitar mirarla de arriba abajo con libido en la mirada.

 (hum... Valeria está vestida con un jeans al cuerpo y un minitop rosa)

Valeria acepta y le ruga a Abigail, Antonio y Vicky-¡Retírense por favor!

-¡Tú también Walter! –ordena Andrés sonriendo.

Walter se pone tieso, se arregla el uniforme y sale.  Los otros se retiran.  Hay una pequeña pelea entre Antonio y Walter por ver quien sale último.

-¿Por qué no sueltas el hacha Andrés? –le exige Valeria.

(bueno cuates, esta escena me parece exageradísima...   y las que siguen también!! Punto uno, Andrés se estaba y se comporta como un loco desquiciado... punto 2, todavía sigue empuñando el hacha como dispuesto a tumbar el primer árbol... o humano... que se le acerque... ¿y estos dejan sola a Valeria con él?... y peor... ¿Valeria lo enfrenta cual Brunilda la reina de las Walkirias?  trop c'est trop! )

  -Porque quiero que veas cómo la descargo contra ese maldito piano.... ¡y contra esta vieja asquerosa! –y se dispone a darle un hachazo al cuadro.

Valeria corre y se interpone entre Andrés y el cuadro- ¡Antes tendrás que pasar sobre mi cadáver! –y lo empuja con sus dos manos- ¡A ver atrévete! –le grita- ¡atrévete Andrés!

Andrés simplemente la mira riendo, pero baja el hacha.

 *

Ruta.

Salvador conduce el Mercedes y atrás Ángela sonríe satisfecha- ¡Isabel estaba furiosa cuando entró a la sala de juntas y se dio cuenta que los ejecutivos me mostraban los balances de la empresa! –le cuenta.

Salvador no sonríe – ¡Es lógico que reaccione a la defensiva! –deduce- ¡ni ella ni Andrés esperan que usted haga respetar sus derechos!

-¡Ah! –suspira Ángela- ¡están convencidos de que voy a quedarme cruzada de brazos mientras ellos hacen lo que se les antoje!

Salvador mira el camino con tristeza.

-¡No me extrañaría que tomaran represalias contra los directores encargados por ser amables conmigo! –sigue Ángela.

-Bueno –la tranquiliza Salvador- pero si usted sigue confiando en mí y continúa pendiente de mis instrucciones todos va a salir a pedir de boca.

Ángela sonríe con confianza.

-¿La llevo a su casa? –pregunta Salvador- ¿o tiene otra diligencia pendiente?

-¡No! Es todo por hoy Salvador... ¡vamos a la casa!

 (haha y lo que les espera! )

 *

Mansión. 

Andrés sigue con el hacha al hombro.
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-¡No voy a discutir de derechos contigo! –le dice frío a Valeria- ¡tú no entiendes mi situación en esta casa! ¡no entiendes tu situación en esta casa! –sonríe- ¡eres una intrusa nada más! –la mira con desdén.

-¡Igual que tú! –retruca Valeria- Estamos en las mismas circunstancias... ¡ocupando una casa ajena! Y por lo tanto debemos respetarla Andrés.

Andrés suspira cansado de discutir con ella- ¡Ah! ¿por qué en vez de meterte en lo que no te importa no te ocupas de ti misma? –y baja el hacha del hombro y la empuña y luego la mira con deseo- ¿eh? –le pregunta y con el filo de la hoja le acaricia el pecho y el vientre al desnudo- ¡es verdad que ya no das lástima! –dice mientras la mira con libido- ¡pero sigues cometiendo tantos errores! –suspira.

-¿Y tú vas a darme consejos? –le desafía Valeria.

-¡Por qué no! –le responde cínico- ¡no te metas con Simón Dominguez! –le aconseja y cansado tira el hacha al suelo- es un pobre miserable que no le conviene a ninguna mujer –le da la espalda y sigue- ¡búscate un hombre adinerado! Alguien que te pueda sacar de aquí y te pueda llevar lejos de Isabel –se da vuelta y la mira con menosprecio- ¿o tienes miedo de vivir sin tu primita? –se burla.

-¡Ah! –respira con rabia- ¡me alejaría si supiera que va a estar bien! –y esta vez Valeria lo mira de arriba a bajo con desprecio- ¡pero contigo como esposo no creo que pueda ser feliz! –le dice altiva.

-¡Tú no la haces feliz! –contraataca Andrés- ¡porque le estorbas!

Y estas palabras si le llegan a Valeria a quien se le llenan los ojos de lágrimas.

-¡Ay Valeria si aquí eres un cero a la izquierda! –sigue Andrés y luego le acaricia el rostro- ¡en otro lugar podrías correr con más suerte! Muchos hombres se fijarían en ti.. –y le toma el rostro entre las manos- y yo mismo reconozco que eres muy atractiva ¿he? –jadea excitado como un animal y trata de besarla.

Valeria lo empuja con todas sus fuerzas.
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Se separa y lo enfrenta con la mirada.

-¡Ahora lárgate! –le advierte Andrés- voy a terminar lo que empecé –y se agacha a tomar el hacha del suelo.

-¡No! ¡no! –lo detiene Valeria- ¡te equivocas! ¡el que sale de aquí primero eres tú! –y pierde completamente control de si misma y lo ataca a golpes- ¡maldito desgraciado! –lo golpea- ¡quien te has creído que eres!  ¡imbécil!

Pero Andrés es mucho más fuerte que ella y de un golpe la tira al suelo.

Antonio al escucharla gritar entra y la encuentra en el suelo- ¡Valeria! –corre a ayudarla- ¿qué demonios le hizo?.
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Detrás entran Abigail y Vicky que se horrorizan al verla en ese estado y la ayuda a levantarse.

-¡Les ordené que se larguen! –les grita Andrés.

-¡Usted no viene a ordenar nada señor! –le grita Antonio mientras sostiene a Valeria.
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Andrés se lanza a golpearlo pero Abigail se interpone furiosa- ¡Atrévase a tocarnos! –lo amenaza- ¡atrévase don Andrés! –lo reta.

Andrés sonríe despectivo y la mira de pies a cabeza- ¿por qué habría de ensuciarme con tan poca cosa?

-¡Porque ya lo hizo con la señorita Valeria! ¿no? –le responde Abigail- ¡tóquenos y le juro que se va a arrepentir! –le grita furiosa.

-¿Estás bien Valeria? –le pregunta Antonio- ¿te lastimó?

-No –responde en un susurro Valeria.

-¡Vamos a llevarla al cuarto! –sugiere Vicky.

-¡No Vicky! –grita Valeria- ¡yo no me muevo de aquí! –y vuelve a enfrentar a Andrés- No voy a permitir que este animal siga destruyendo el estudio de don Pedro –le dice con rabia- ¿me oyes bien? ¡no te lo voy a permitir! –y se le acerca tanto que cuando le grita casi le escupe en la cara- ¡primero me matas antes de permitirte hacer lo que se te venga en gana!

Andrés la mira con furia pero se da cuenta que está en desventaja y se hace paso en medio de todos a puro golpe y sale del estudio.

Abigail se queda respirando entrecortadamente pero se acerca y abraza a Valeria. Vicky le acaricia el brazo y Antonio también le ofrece su apoyo.

 *

Más tarde en el jardín Walter y Andrés observan como el fuego consume algunos objetos de don Pedro José Donoso.
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Walter muy circunspecto no puede aguantarse el comentario- ¡De muy pocas cosas pudo deshacerse! –dice evaluando los libros y retratos que se queman- ¡solo unas cuantas fotografías y algunos objetos personales del señor Donoso! Pero nada más.

Andrés se acuclilla al lado del fuego y suspira- ¡Si! Si, es muy poco –dice con rabia- ¡realmente muy poco!

-¡Y todo por culpa de la señorita Valeria! –agrega Walter insidioso.

-¡Pero no quedará ningún rastro de ese viejo en esta casa Walter! –le promete- ¡esa estúpi.da se interpuso ahora pero más adelante nadie va a poder impedir que queme todo lo que hay en ese estudio! –y mira las llamas embelesado - ¡todo! –repite.

Y don Pedro José Donoso lo mira desde un retrato en fuego.  Andrés sonríe complacido al verlo desaparecer devorado por las llamas.

 *

En el estudio mientras Abigail le un vaso de agua Valeria que está sentada en un sillón, Vicky y las empleadas observan la destrucción con desolación.

-¡No toquen nada! –advierte Antonio- dejen todo como está para que Ángela y la señora Isabel vean los alcances de ese tipo –y se acerca solícito a Valeria- Valeria... ¿ya te sientes mejor?

-¡Si! Solamente me pegué aquí en el brazo cuando ese imbec.il me empujó! –y se mira el brazo.

-¡Ay señorita! –suspira Abigail- No debimos dejarla sola... ¡yo jamás pensé que ese hombre fuera capaz de hacer una cosa así!

(ayayayay.. ¿y que otras señales necesita esta mujer para darse cuenta de las cosas? ¡No hay peor ciego que el que no quiere ver!)

 -¡Abigail, ese hombre es capaz de todo! –exclama Valeria- ¡no es lo que aparenta! –y mira con tristeza todo el desorden- ¡ya veremos que dice Isabel cuando vea todo esto! –y se le corta la voz- ¡tiene que reaccionar de alguna manera! –dice con lágrimas en los ojos- ¡las cosas no pueden seguir así! –y se toma la cabeza.

Abigail mueve la cabeza negativamente y Vicky las mira con aprensión.

 *

El Mercedes llega a la casa y Vicky sale a recibirla para darle las malas noticias.

Ángela desciende y corre a ver los restos de la fogata de Andrés - ¿qué pasa Vicky? ¿qué están quemando? –se asusta.

-¡Algunas fotografías y algunas otras cosas de su papacito!

-¿Qué estas diciendo? –espantada Ángela.

Vicky la mira con los ojos muy abiertos- ¡Dele gracias que don Andrés no quemó el piano ni el retrato de mamacita porque quería acabar con todo!

Salvador desciende del auto y se acerca lentamente a la fogata. La mira sin ninguna expresión y luego mira a Ángela preocupado.

-¡Ay Dios mío! –suspira Ángela- ¿estas segura de lo que dices Vicky?

-¡Como que me llamo Vicky señorita! –responde Vicky con las manos sobre las caderas- nomás entre al estudio y compruébelo con sus propios ojos.

-¡Ay! –gime Ángela y entra corriendo a la casa.

Vicky se acerca a Salvador que ahora mira la fogata y le tiembla la mandíbula de rabia- ¡Parecía ese hombre el mismísimo demonio! –le confía Vicky- si no llega la señorita Valeria y lo detiene ¡quema toda la casa!
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-¡Andrés Corona debe ser el mismo demonio! –le dice Salvador.

-¡Es que ese hombre es un bruto Salvador! Se atrevió a golpear a la señorita Valeria solo porque no quiere ningún recuerdo de don Pedrito en esta casa!

Salvador la mira y le pronostica- ¡no importa que destruya todo! –dice profético- ¡más pronto de lo que él imagina... va a tener que enfrentar a algo peor que el recuerdo de don Pedro José Donoso! –y mira a lo lejos jugando distraídamente con las llaves del auto.
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Ángela entra al estudio donde la esperan Abigail, Valeria y Antonio. 
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Mira desolada todo el desastre.
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-¡Tienen toda la razón! –dice con lágrimas en los ojos- ¡debe estar loco para haber hecho todo esto!
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-¡Y eso no fue todo señorita! –se levanta Abigail del sillón donde estaba sentada- ¡también ofendió y atacó a la señorita Valeria! –le dice arreglándose el saco.

Ángela mira a Valeria- ¡Lamento mucho no haber estado en ese momento Valeria!

-¡Si no hubiera sido por ella! –le cuenta Antonio y le muestra el hacha- ¡a estas horas el piano ya estaría hecho astillas al igual que el cuadro de la señora Catalina!

-Tenemos que hacer algo para detenerlo señorita Angela –le advierte Abigail- si esta vez no lo logró... ¡estoy segura de que volverá a intentarlo una próxima vez!

-¡Ángela tienes que reclamarle! –le exige Valeria- ¡tienes todo el derecho! A ti no te va a decir que eres una intrusa como me lo dijo a mí.

-¡Si vas a enfrentarlo yo te acompaño mi amor! –se ofrece Antonio- ¡no voy a permitir que te ofenda como lo hizo con Valeria!

(eh oui... un poco tarde mon ami...  ¡no debiste permitir que Valeria se quedara sola con Andrés!)

 -¡Antonio! –le reclama Abigail.

-¡Mamá! –responde Antonio- ¡si llega a insultarla no me voy a quedar quieto!

-¡No voy a decirle nada! –dice Ángela ante la mirada sorprendida de todos- ¡a él no! –clara- ¿para que perder el tiempo con un demente que no escucha razones? –y se le endurece la mirada- ¡yo voy a esperar a que llegue Isabel! –hace una pausa- ¡ella tendrá que escucharme!

Valeria sufre de solo pensar que Isabel va a tener que soportar esta carga.

 Salvador hace su entrada al estudio (su propio estudio).
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 y se queda mirando el desorden sin decir palabra.
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-¡Qué le parece Salvador! –exclama Ángela- me voy un par de horas de esta casa  ¡y mire la sorpresa tan desagradable que me encuentro!

Salvador sigue mirando cada detalle, cada objeto roto sin mover un músculo de la cara.  De pronto ve a Valeria- ¿se encuentra bien señorita Valeria?

-¡Si Salvador no se preocupe! –le contesta.

Salvador se acerca misteriosamente a Ángela- ¿le puedo pedir un favor?

-¡Claro! –se sorprende Ángela- lo escucho.

-¡Permítame organizar el estudio y le prometo que lo dejaré tal y como  estaba!

Ángela le sonríe con agradecimiento- ¡Por supuesto que si! –le responde- se lo agradezco mucho Salvador.

-Si quiere yo lo ayudo –se ofrece Antonio.

Salvador lo mira y no lo toma en cuenta- No, no hace falta Antonio.

-¡Le digo que yo lo ayudo hombre! –se exalta Antonio.

Salvador lo mira con dureza.

 *

En su habitación Andrés bebe descontrolado y espera nervioso a Isabel.  Furioso estrella su copa contra la puerta.  Walter que arregla la ropa de Isabel se lo queda mirando con desaprobación. Andrés baja la cabeza como un hombre destrozado y furioso mira a Walter que lo observa.

 *

En la parte de servicio.

-¡Ese tipo es una plaga asquerosa! –grita Simón- ¡es una rata! Además de intentar quemar toda la casa –tiembla de rabia- ¡es un maldito que se atreve a golpear mujeres!

Abigail sentada en la cama mientras hace un ovillo de lana lo mira resignada.

-¿De verdad se atrevió a tocar a Valeria? –se enfurece Simón.

-¡Cuando entramos encontramos a la señorita en el piso! Al parecer la empujó muy fuerte- le contesta Abigail.

-¡Ojalá hubiera estado presente para darle su merecido a ese cerdo! –Simón fuera de si- ¡si quería deshacerse del piano yo con gusto se lo hubiera roto en su cabezota!

-¡Simón por favor! –le reprocha Abigail.

 
(ay! Pero que castradora nos resultó esta Abigail!!! No lo puedo creer! )

-¡No mamá! Es que esto no se puede quedar así –y se dispone a salir- ¡ahorita mismo le voy a ese tipo a respetar a las mujeres y que ni piense que Valeria está sola!

-¡No metas las narices en donde no te importa! –lo detiene Abigail- ¡deja que doña Isabel se encargue de eso!

(eheheh... pero es que sí le importa )

-¡Mamá! Pero es que no te das cuenta que si se atrevió a golpearla puede hacer lo mismo con cualquiera de nosotros.

(bueno... no realmente... porque ustedes son más fuertes! )

 -¡Simón! –interviene Antonio- claro que nos damos cuenta ¡pero no nos conviene intervenir! Mi mamá tiene razón.

-Bueno –admite Simón- por lo menos déjenme ir a ver si ella está bien.

-¡No te preocupes Simón! –Abigail- ¡no le pasó nada! En este momento está con la señorita Angela esperando a doña Isabel.. ¡así que no te asomes por allá por favor!

-¡Mamá por favor! ¿por qué no? –implora Simón- ¡Valeria es mi mejor amiga!  No la puedo abandonar en estos momentos... ¡quiero que sepa que cuenta con todo mi apoyo!

Pero Abigail está de hierro- ¡Mira! –le corta- ¡por muy grande que sea tu amistad con ella no sales de esta habitación Simón! –le prohíbe- yo no nos busquemos más problemas de los que tenemos.

Y Abigail se marcha y deja a Simón furioso con Antonio quien trata de tranquilizarlo- ¡tranquilo Simón! Ya tendrás tiempo de hablar con ella.

-¡No es más que un cobarde! –se muerde de ira Simón- ¡que asco de tipo es ese hombre!

 *

Más tarde Salvador y Antonio terminan de arreglar el estudio.  Salvador ve con preocupación que Antonio arregla los libros cerca del panel secreto y lo detiene- ¡Permítame Antonio! –y lo separa del lugar autoritario- ¡yo me encargo de esta parte!
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-¿Por qué? –lo interroga Antonio- ¿acaso hay algo especial en esta parte de la biblioteca?

-No, no hay nada especial –responde Salvador sin mirarlo e inquieto se soba las manos- simplemente quiero organizarlo.
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 (jaja... creo que hizo sonar los nudillos, pero no estoy segura )

-¿Tiene miedo de que vea el mecanismo que está oculto? –ataca Antonio.
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Salvador se sorprende y da media vuelta para enfrentarlo- ¿a qué se refiere?
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Antonio se acerca y de un golpe abre el panel de madera y expone el botón -¡a éste!

Y quiere apretar el botón cuando Salvador lo detiene firmemente- ¡no lo toque! –le advierte.

-¿Por qué no? –se rebela Antonio- ¿qué pasa si lo oprimo?

Salvador trata de buscar una explicación creíble- No tiene la menor importancia Antonio –y hace una pausa- a lo mejor el señor Donoso lo usaba para llamar a sus empleadas.... ¡de cualquier manera para qué vamos a tocarlo! No sabemos de qué se trata.

Antonio lo mira con duda- ¡Sería interesante averiguarlo! ¿no le parece?

-¡No! No me parece... ¿para que vamos a curiosear? ¡no es necesario! –y luego le pregunta- ¿cómo lo descubrió?

-¡Lo encontré accidentalmente! –le confiesa- mientras buscaba algo que usted tomó hace poco –le acusa.

-¿De qué se trata? –dice Salvador endureciendo la mirada.

-¡De unos recortes de periódico que estaban escondidos en uno de esos libros! Una noticia sobre Walter Franco –le aclara burlón- ¡ladrón de joyerías!

Salvador no responde.

-¿Quién está más enterado de lo que pasa en esta biblioteca? –le pregunta Antonio- ¿usted o yo Salvador?

-¿Por qué desconfía de mí muchacho? –se impacienta Salvador.

-¿Será una simple desconfianza... o temor de descubrir algo que jamás podría entender? –le responde Antonio con aprensión, y luego se aleja y elige unos libros todavía fuera de lugar, al azar. Le muestra los libros -¿En qué lugar organizo estos libros? –lo pone a prueba- ¡usted debe saberlo!... usted debe saber el lugar exacto de cada cosa.

Antonio juega con fuego, pero Salvador no retrocede ante nada y toma los libros con decisión, los mira y luego les elige un lugar sin dudar.  Se da la vuelta, lo enfrenta con la mirada y le dice con sin ningún temor- ¡Ahí deben ir exactamente!

Antonio suspira con miedo pero sigue - ¿Y ya notó que falta un libro? –le pregunta- ¡un libro que estaba ahí!

-Salvador mira el lugar que le señala- no está aquí porque lo tengo en mi cuarto –aclara Antonio- ¿cuál cree que es Salvador Cerinza? –dice temblando y se le acerca sin esperar respuesta- ¡La vida después de la muerte!

Salvador no le responde.

-¿Usted piensa que hay vida después de la muerte? –insiste Antonio impertinente- ¿piensa que don Pedro José creía en esas cosas?

Salvador lo estudia con los ojos entrecerrados.

-¡Usted Salvador! –sigue Antonio tomando fuerzas- ¡usted que sabe tanto! ¿me puede responder a esa pregunta?

Y ante la mirada negra de ultratumba de Salvador Antonio pierde pie y sale huyendo del escritorio de don Pedro José.

Al quedar solo Salvador vuelve a cubrir el panel secreto y se recuesta preocupado sobre el mueble- ¿descubriría la verdad? –se pregunta a si mismo- ¿será posible que lo sepa todo? –se muerde los labios- ¿será posible?

  *
FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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