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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 66: martes 18 de octubre 2005 – ¡CELOS!

 *

Mansión. En la habitación de Isabel.

-¡No entiendo que pasó! –se pasea Andrés de un lugar a otro- ¡Esto no tiene explicación!  ¿Cómo se pudo enterar de la existencia de esas propiedades! –y vuelve a repetir- ¡No entiendo!

Isabel lo mira molesta.

-¡Estaba seguro que el viejo solamente me lo había mencionado a mí! –dice muy seguro- ¡yo era su hombre de confianza!

-¡Y pensar que nombró tantas y tantas propiedades de las cuales yo no tenía ni idea! –le dice Isabel con sorna.

Andrés suspira y trata de arreglar la situación -¡Isabel, yo te puedo explicar eso! –se le acerca hipócrita.

-¡Qué es lo que me vas a explicar! –le corta Isabel enojada- ¡tú me hablaste únicamente de una propiedad en Londres y otra propiedad en Roma! –y luego le reclama- ¿por qué demonios te callaste lo demás?

-¡Porque pensé que no valía la pena! Nada mas –se justifica mal Andrés.

Pero Isabel no es niñita de pecho y mira al techo con fastidio.

-¡Los apartamentos en Paris se están cayendo de viejos! –sigue Andrés- casi pertenecen al estado por los impuestos- trata de convencerla.

Isabel pone cara de hastío.

-¡Y las oficinas de Toronto... bueno... son muy pequeñas! –sigue Andrés su torpe excusa.

-¡Mira! –le salta Isabel- ¡pequeñas, grandes, viejas o nuevas! ¡tú estabas en la obligación de mantenerme informada absolutamente de todas las propiedades de Pedro! –y le dice mordiendo los dientes- ¿o que es lo que pretendes? ¡verme la cara de imbec.il como lo estás haciendo con Ángela!

-¡No! –se apresura a negarlo- ¡no! –y Andrés le levanta el índice- ¡no te permito que dudes de mí! ¡si no lo mencioné fue porque pensé que no podía recuperarlos nada más!

Isabel le pone una cara de fastidio e incredulidad total- ¡tú tienes esas escrituras en tu poder! –le afirma sin admitir una respuesta negativa- ¿verdad?

-¡Si! –reconoce Andrés- ¡si claro! –admite por fin- ¡el viejo me las dio antes de morir!

-¡Bueno! –decide Isabel y le señala la puerta- ¡Ángela las exigió y se las tienes que entregar! –le ordena.

-¿Qué te pasa? –le responde indignado Andrés- ¿Estás loca? ¡eso sería reconocer que seríamos unos ladrones! Qué quisimos estafarla... ¿eso quieres? –le alza la voz.

Isabel le sonríe con ironía y con las manos en la cadera- ¿Y acaso no es verdad? –le dice con burla.

-¡Isabel! –se exclama Andrés.

-¡Isabel qué! –le pone el punto sobre las íes- ¡ya no podemos seguir engañando a Ángela! –Isabel lo reconoce- ¡se acabó!

Y ante la mirada de Andrés que no quiere dar su brazo a torcer Isabel sigue- ¡De acuerdo! Vamos a recibir esa herencia... ¡pero dividida legalmente! –y luego le advierte con voz amenazadora- ¡Créeme que yo no me quiero meter en un problema de demanda! –hace una pausa- ¡y mucho menos quiero parar en la cárcel!

-¡Ah! –suspira Andrés decepcionado y tonto- ¿Cómo pudo descubrirlo? –se pregunta- ¡cómo! ¿quién le dio esa información?

-¡Pues Belaúnde! ¿quién más? –le responde Isabel- ¡Si Belaúnde fue el asesor de Pedro durante tanto tiempo!

-No –niega Andrés.

-¡Seguramente él la asesoró!

-¡No! –se niega a creerlo- no, ese tipo no podía estar enterado... ¡esas propiedades fueron adquiridas después de su salida de la empresa!

Isabel se preocupa- Entonces... –y se sienta en el sillón- ¡entonces yo ya no sé ni que pensar! –y luego le confiesa- ¡es como para volverse loca Andrés!

-¡Argg! –se queja Andrés- ¡Hay algo muy raro aquí! –y se sienta en la cama- muy raro... ¡tenemos un enemigo muy peligroso que está asesorando a Ángela!

Isabel lo mira intrigada.

-¡Alguien mucho más listo que Belaúnde! –afirma Andrés.

 *

En un bar.

-¡No debe sentirse nerviosa! –la tranquiliza Salvador- ¡tiene que estar satisfecha! Enfrentó la situación con altura –le dice orgulloso.
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-¡Es que siento que estoy jugando con fuego Salvador! –se asusta Ángela.
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-¡No señorita! No está jugando –le corrige- ¡está defendiendo sus intereses! Ellos tienen que responder por todo lo que le han ocultado.
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-Bueno –pero Ángela sigue con miedo- ¿y los bienes que estoy defendiendo realmente existen? –se inquieta- ¿o son bienes imaginarios?

-¿Por qué no termina de confiar en mi? –le reclama Salvador.

-¡Claro que confío en usted! Es por eso que sigo sus instrucciones al pie de la letra... ¡pero es natural que sienta miedo Salvador! Digo... ¡esas propiedades en Europa que usted me habla! ¿dónde están las pruebas de que realmente existen? –y lo mira con sus grandes ojos verdes llenos de duda.

Salvador la mira un largo tiempo y luego resignado toma un sobre -¡Para que vea que no miento!  - y se lo entrega- ¡quiero que revise esos documentos!

Ángela abre el sobre.

-Esos documentos acreditan que estoy diciendo la verdad. Ángela los lee.

-¡Dios mío! –se sorprende Ángela.

-¡Consérvelos por favor! Y sobre todo conserve bien estos recibos –le advierte Salvador- ¡son de cuentas bancarias que su papá mantenía en el extranjero! –y luego le cuenta- ¡ni Andrés Corona ni Isabel Arroyo tienen la más remota idea de la existencia de esas cuentas!

(ahaha!! O sea que va a haber doble juego por todos lados....  ¡esto se pone muy interesante!)

Pero Ángela lo mira con espanto- ¡Ay pero como es posible! –le reclama- ¡esto no puede ser!

-¡Si puede ser! –le afirma Salvador- ¡usted debe creerlo!

Ángela pone los papeles a un lado y lo enfrenta- ¡Salvador! ¿cómo es posible que usted tenga estos documentos y tenga conocimiento de algo tan delicado? ¡necesito que me lo explique porque no entiendo nada!

-¡Señorita por favor! –le corta Salvador- ¡yo le advertí que no podía hacer preguntas! Trate de limitarse a seguir mis instrucciones por favor.

Ángela lo mira desesperada- ¡le juro que si no me aclara esto voy a enloquecer! Todo esto me parece muy extraño y yo no puedo aceptarlo así como si nada.

-Cuando todo acabe –le promete Salvador- ¡usted sabrá todo! Antes no puedo decirle una sola palabra.

-¡Salvador! –le ruega Ángela con toda su alma.

-¡No me ponga obstáculos! –le advierte- ¡yo quiero luchar por usted! –y luego le ruega- ¡por el amor de Dios! Yo solo quiero ayudarla... ¡lo hago por su bien!

Y la mira con mucho amor en sus negros ojos.  Ángela lo mira con súplica en sus grandes ojos verdes.

 *

Mansión. Muy entrada la noche Ángela regresa a su casa.  Walter la espía y entra corriendo a rendirle cuentas a Andrés que está en el salón con un vaso de güisqui (como siempre )- ¡la señorita Ángela  acaba de llegar pero sola! –le informa- seguramente dejó a Cerinza por ahí.

Andrés no le responde y solamente ahoga su frustración en su copa.  Walter lo mira circunspecto- ¿Marchan muy mal las cosas señor?

-¡Si! ¡muy mal! –dice Andrés de malhumor- ¡Ángela resultó más lista de lo que me imaginaba! –dice con rabia.

-¿A que se refiere señor? –Walter se muere de la curiosidad.

-¡Basta de preguntas Walter! –le grita Andrés y lo pone en su lugar- ¡quiero que a partir de hoy sigas a Cerinza y a Ángela! –le ordena- ¡adónde quiera que vayan! –y se toma un trago- ¡si!

-¡Muy bien don Andrés! Así lo haré –promete Walter.

Entra Ángela y los mira molesta y luego sube al piso superior.

 *

Pasillo.

Cuando llega al piso superior se encuentra con Antonio que la espera impaciente- ¿Cómo anda mi amor? –lo saluda Ángela y le da un beso.

-¡Te estaba esperando! –le reclama Antonio- ¿A dónde fuiste con Salvador?

-¡A hacer unas cosas que tenía pendiente como acostumbro! –se excusa Ángela poniendo cara inocente.

-¡Qué yo sepa! –se enoja Antonio- ¡a estas horas no están abiertas las oficinas?

-¡Ay mi amor! –se queja Ángela- ¿qué te pasa conmigo?

-¡Es lo que te pregunto a ti! ¿qué te pasa? ¿por qué no tienes confianza para contarme tus cosas?

-¡No seas curioso! –le reclama.

-¡No es curiosidad Ángela!  Entiéndeme que me preocupo mucho por ti.

-¡Si lo sé! –se calma Ángela- no tienes que decírmelo.

Salón.

Andrés le sigue dando instrucciones a Walter- ¡necesito que me mantengas informado de cada paso, de cada lugar y de cada persona que frecuente!

Walter asiente comprendiendo su nueva importancia de espía.  Andrés lo llama con el índice, Walter se acerca y Andrés lo agarra por el moñito-¡Y que no te descubran!

Walter suspira y asiente.  Andrés se toma otro trago.

Pasillo.

-¡Lo que pasa es que..! –dice Antonio y de pronto se queda de una pieza y haciéndole un gesto a Ángela decidido va a sacar a Walter del rincón desde donde los espiaba- ¿por qué nos está espiando? –le reclama y lo agarra de la chaqueta y lo zarandea- ¿qué no se cansa de meterse en lo que no le importa?

 (hum... error de la novela... no hay transición entre el pedido de Andrés y Walter escondido escuchando... además... Walter siendo tan práctico... ¿cómo se supone que va a seguir a Ángela y a Salvador todo el día? ¡A pie!!!! Noway!! )

 -¡Suélteme jovencito! –simula estar ofendido Walter- ¡yo no estoy espiando a nadie! estoy yendo a la habitación de mi patrón –y con un esfuerzo se libra- ¡y suélteme! Yo tengo la libertad de caminar por este pasillo... –y se arregla el chaleco- ¡patán grosero! –le dice enojado y se marcha.

 Cuando quedan solos Ángela decide- ¡Antonio acompáñame al estudio!

-¿Al estudio? –se sorprende- ¿para que?

Impaciente Ángela lo toma de la mano y lo arrastra- ¡No quiero que nadie escuche lo que te voy a decir! Te voy a contar todo- le promete- ¡hoy te enterarás de algo muy importante!

Antonio la mira intrigado.

 *

Entran al estudio- ¡Ojalá y no nos descubran! –suspira Antonio- ¡Hay tanto problema con este bendito estudio!

 (ayayay amigas, aunque trate de querer a este personaje... ¡es tan soso! Por Dios... ¿qué no sabe que Ángela es la dueña y señora del estudio?)

 -No te preocupes mi amor –le tranquiliza Ángela- yo soy la que tiene las llaves –le recuerda y saca los documentos que justamente le había entregado Salvador- ¡ven! Quiero enseñarte algo- y se los pasa.

-¿Qué es? –se sorprende Antonio.

-¡Son los documentos que comprueban la existencia de bienes en el extranjero de mi papá! –y luego le aclara- ¡Isabel y Andrés quería ocultármelos!

Antonio estudia los documentos- ¿Y como lo hiciste para conseguirlos?

-Alguien me los entregó –dice misteriosa Ángela.

Pero Antonio sabe más y pone cara de fastidio- ¿Quién?

-¡Antonio! Te los estoy enseñando para que veas que confío en ti mi amor... ¡pero no te puedo decir nada más!

Antonio suspira- ¡no importa! Indudablemente fue Salvador.

-¡Antonio! –se sorprende Ángela.

-¡El es el único que conoce todos los misterios de tu papá! –y mira los documentos con dudas- ¿te ha explicado algo?

-¡No! –responde- ¡no me ha dado ninguna explicación y no es necesario que lo haga! –le aclara Ángela- ¡porque cada día confío más en él!

Antonio se queda de una pieza al escuchar esto- ¿Cómo se puede confiar en alguien que guarda tantos secretos? –le reclama- ¡aparentemente quiere beneficiarnos! ¿pero por qué razón? –y luego se pone nervioso- ¿quién es en realidad Salvador Cerinza? ¿un simple chofer? –se burla- ¡Ay Ángela yo no me trago ese cuento!

-¡Bueno!  ¿y que importa quien sea? –se insurge Ángela- ¡lo importante es que cada día creo más en él! –y mira a lo lejos- cuando me habla y me mira como lo hizo hoy –dice soñadora- ¡desaparecen todos mis miedos!

Antonio la mira espantado.

-¡Me hace sentir que quiere protegerme y...! –sigue Ángela con ilusión- ¡es como si fuera alguien que conozco de toda la vida! –trata de explicar- ¡y que mi papá me lo hubiera mandado!

-¡Un enviado de tu papá! –repite Antonio con sorna.

 *

Bar Gaetana. 

Salvador en su habitación se pone un salto de cama de seda color violeta. 
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Escucha la música del bar y se acerca a la ventana a mirar.
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En el bar. Gaetana baila al ritmo y disfruta cantando para sus clientes.
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Y todos bailan felices.

La primera vez que te vi

Ya me empezaste a gustar

Y después me enamore

Cuando me invitaste a bailar,

Como pudiera explicar

Lo que mi cuerpo sintió

Mi pecho parecía estallar

Al compás de esta canción

¡eho! ¡eho! La cumbia de mi pueblo

¡eho! ¡eho! Me enamoró de ti

¡eho! ¡eho! La cumbia de mi pueblo

¡eho! ¡eho! Ella me trajo a ti

Esa noche yo te amé

te entregué todo mi ser

y al otro día me enteré

que tenias otra mujer

Te llevaste todo

Me dejaste sin nada

Te entregué todo mi amor

Tu me diste esta tonada

¡eho! ¡eho! La cumbia de mi pueblo

¡eho! ¡eho! Me enamoró de ti

¡eho! ¡eho! La cumbia de mi pueblo

¡eho! ¡eho! Ella me trajo a ti

 Y Salvador escucha la alegre música y los gritos mientras mira triste por la ventana. 
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Lupe entra sin llamar-¡Llegó derechito a encerrarse! –dice al verlo- ¿no piensa cenar esta noche?

-¡No Lupe! Gracias... ¡comí en la calle con una amiga!

-¡Oh! –se sorprende Lupe- Matilda está mal de la garganta –le explica- así que no puede venir a cantar ni a leer sus cartas... ¡así que por qué no aprovecha y baje un ratito Salvador eh! –le dice contenta- ¡y hace compañía a la jefecita!

Salvador deja de mirar por la ventana y se acerca- ¡Lupe tuve un día muy pesado! –le explica- quiero estar solo, necesito pensar.

-¿En la amiguita con la que salió a cenar? –le pregunta picara.

-¿Y usted por qué es tan mal pensada? –ríe Salvador- ¡claro que la quiero mucho! –le aclara- ¡la quiero muchísimo! –y luego dice para si mismo- ¡como si fuera mi propia hija!

-¡Hum! –dice sin creerle Lupe- bueno... ¿pero cuando vamos a conocer a la novia? ¡a mi extraña que todavía no lo hayan pescado! Usted es muy guapo... ¡ya debería estar casado! –se ríe y le palmea la espalda mientras la música sigue sonando.

 

La primera vez que te vi

Ya me empezaste a gustar

 *

Las Cruces. Iglesia.

-¡Escúcheme bien lo que le voy a explicar porque no me gusta repetir las cosas veinte veces! –empieza el padre Jacobo- ¡y esto es muy importante!

-¡Si padre! –responde Cantalicia arrugando su rebozo y mordiéndose los labios- ¡usted diga nada más que yo lo escucho!

-Bueno, en este sobre está el recorte del periódico y una carta para mi tio Felipe Madero –y le muestra como los guarda en el sobre- ¡las dos cosas son importantísimas! –y le subraya la última palabra- ¡sin ellas no va a poder hacer nada en Rio Claro!

-¡Tranquilo padre! –sonríe Cantalicia y toma el sobre- ¡yo lo voy a cuidar como si fuera un tesoro!

-¡Aquí en el sobre está el nombre y la dirección del tío Felipe! Felipe Madero –le repite- ¡él dijo que iba a buscarla a la terminal! Y si por alguna razón no llega... ¡usted le enseña el sobre a cualquier buen samaritano y que le ayude a encontrar la calle y la casa! ¿me entendió?

-¡Si padre! –se impacienta Cantalicia- ¡ni que fuera yo tan bruta!

 (nooooo!!! Si no lo es!!! )

 -¡Le aclaro hija que va a tener que pagarle con algo al tío Felipe el favor que el está haciendo!

Cantalicia abre la boca con espanto- ¡Ay padre! –se desespera- ¡ahora si que no sé que decirle padre porque usted sabe que yo no tengo ni un pecate en qué caerme muerta!

-¡No hija! –la tranquiliza- ¡con trabajo! No todo el tiempo va a estar buscando a  Salvador cuando esté en Rio Claro ¿verdad?

Cantalicia se calma- ¡No pues no! Usted sabe que yo no le saco al trabajo padre... ¡yo le ayudo a su tío con mucho gusto en lo que haga falta!

-¡Pare bien la oreja Cantalicia! Porque tengo algo que decirle con respecto a mi tío Felipe... –y duda- ¡él es algo raro! Digamos... ¡es excéntrico!

Cantalicia pone cara de tremenda pena- ¡Ay padre! ¡no me diga que él no puede caminar el pobrecito!

-¡No hija! –le corrige- ¡Excéntrico! No paralítico... ¡o sea que tiene mucha manías! Habla muy poco y tiene cara de pocos amigos.

Cantalicia sonríe-¡No se apure padre! Que yo voy a tratar de llevarme bien con su tío... ¡sin problemas!

-¡El es un artista! Es maestro de pinturas –y de pronto se preocupa- ¡así que trate de no molestarlo con sus tonterías Cantalicia!

-¡No! –le promete Cantalicia- ¿cómo cree padre? ¡ya va a ver que ni el Moncho ni yo le vamos a desinquietar la vida allí a su tío Felipito! ¡no!

-¡Piensa llevar al niño! –casi le da el ataque al padre.

-¡Pues claro padre! –se sorprende Cantalicia- ¿cómo piensa que lo voy a dejar desamparadito al pobrecito sin su mamá? ¡no! ¡claro que no! –y de pronto sonríe- ¡además si viera lo contento que se puso cuando supo que íbamos a Rio Claro! ¡hombre! Está bien contento de saber que vamos a buscar a su papá.

-¡Si hija pero...! –tiemble el padre- ¡ay! Es que el tío Felipe no es una perita en dulce con eso de los niños ¿verdad?

Cantalicia le mira sin entender.

-¡Bueno! –suspira el padre- mañana al mediodía le acompaño al camión... ¡ahora váyase a descansar que es tarde!

-¡Gracias por todo padre! –y le toma la mano para besarsela- ¡que la virgencita me lo acompañe y me lo cuide siempre! –y se la besa- ¡usted es un angelito padre!

-¡Váyase hija!

-¡Que descanse también! –se despide Cantalicia y sale corriendo.

-¡Ay Dios mío! –se encomienda el padre al quedar solo- ¡que no esté cometiendo algún error!... ¡porque nunca me lo perdonaría! –y cierra los ojos- ¡nunca!

Mansión. Valeria, Simón, Abigail, Vicky y las empleadas asisten felices a la llegada del piano.

-¡Mira mamá! El piano nuevo- Simón.

-¡Ay! Está padrísimo este piano –Vicky.

-¡Ay si la verdad es que ya no aguanto para abrirlo! –suspira Valeria.

-¡Si yo tampoco! –suspira Simón- ¡ojalá y podamos instalarlo pronto!

Y dos hombres bajan el piano (Danny’s Pianos –propaganda obliga)

-¡Señorita Valeria! La felicito... ¡de verdad que me alegra mucho!

-¡Gracias Abigail! ¡ay me parece mentira! Lo veo y no sé... ¡no me lo creo!

-¡Está a todo dar! –grita Vicky- un poquito más chiquito que el de don Pedrito pero seguro que va a tocar igualitito.

-¡Igual o mejor si está nuevecito! –dice inocente Simón- ¡por nada del mundo me voy a perder alguno de tus conciertos! Allí voy a estar en primera fila siempre –amenaza.

-¡Ay Simón no digas eso por Dios! –se enfada Abigail- ¡vas a estorbar a la señorita!

-¿Pero por qué la voy a estorbar si me quedo calladito y sin decir nada? –y luego mira a Valeria pidiendo ayuda- ¿verdad que si te puedo acompañar Valeria?

-¡Claro que si Simón, aunque espero que no te aburras mucho!

-¡No! Si estoy contigo no me aburro nunca- le dice sinceramente y la mira enamorado.

Abigail se preocupa y cambia de conversación- ¿Y... donde piensa ponerlo señorita? En la sala.

-¡No sé Abigail! –duda Valeria.

-¿Por qué no lo ponemos en el corredor del segundo piso? –sugiere Simón considerando al piano un objeto decorativo- ¡Ahí hay un rinconcito que ni mandado hacer!

-¡No hijo! No –le calma Abigail- ¡ahí no puede ser porque la señorita no se concentraría con gente pasándole por delante! –y luego suspira- así que tú mejor no metas las narices y deja que la señorita decida.

-¡Bueno! Yo solamente estaba dando mi opinión.

Valeria sonríe.  De pronto Vicky ve a Isabel que se acerca y se apresura a seguir con su trabajo. -¡Con permiso señorita! –también se despide Abigail y las dos empleadas desaparecen con ella.  Simón se queda plantado en su lugar.

Isabel se acerca- ¡Espero que te guste! –le dice con una sonrisa llena de cariño.

-¡No solo me gustó Isabel! –ríe feliz- ¡está precioso! –y la abraza llena de felicidad y agradecimiento- ¡muchas gracias!

Isabel también la abraza con una sonrisa de oreja a oreja.

-¡Gracia prima! –repite Valeria- ¡gracias!

Simón la mira embobado.

-¡Ya tienes dónde practicar para que puedas presentar tu examen! –Isabel.

-¡Bueno, aunque solo tengo tres meses! –se preocupa Valeria.

-¡Yo estoy seguro que en tres meses vas a tocar mejor que cómo lo hacia don Pedro José! –no puede aguantarse de comentar Simón- ¡vas a ver!

Isabel lo mira con fastidio- ¿y usted que hace aquí Simón?

-Estaba... –balbucea Simón.

-¡El me va a ayudar para instalar el piano en el cuarto! –lo defiende Valeria.

Y Simón corre a hacerlo- ¡Ey muchachos! Hay que subir esto – y con ayuda de dos hombres llevan el piano para arriba.

Valeria e Isabel camina detrás abrazadas.

 *

Desde la ventana de la habitación de Andrés Walter los espía- ¡Están dichosos con la llegada del piano que la señora Isabel le regaló a la señorita Valeria! –comenta- ¡es todo un acontecimiento!

-¡Ah! parece que no vamos a librarnos de ese ruido –suspira Andrés mientras en pijama trabaja tirado en la cama- ¡A Isabel le gusta gastar la plata en cualquier cosa!

-¿Qué? –se sorprende Walter- ¿usted cree que no le servirá a la señorita Valeria?

-¡Esa estupi.da jamás aprenderá a tocar el piano! –dice despectivo Andrés- ¡pero con tal de complacerle Isabel es capaz de cualquier cosa! –y de pronto se cansa de leer la carpeta que tiene en la mano y la tira- ¿averiguaste lo que te pedí? –le pregunta a Walter.

-¡Al pie de la letra señor! –se cuadra Walter- todos estos dias he seguido a la señorita Ángela y al... ¡cretino de Cerinza!

-¿Adonde van? –pregunta Andrés y se responde- ¡A una oficina de abogados!

-¡Salen frecuentemente! Pero siempre se detienen en una cafetería de un hotel apartado... ¡y ahí se quedan! Hablando horas de horas... ¡pero no he visto que se reúnan con nadie señor!

Andrés se levanta enojado- ¡Ángela se debe estar asesorando con un abogado Walter! –le reclama- ¡estoy casi seguro de eso!

-¡Le repito don Andrés que no he visto que nadie se acerque a ellos a conversar! –insiste Walter- ¡más bien! Eh.... –y duda- ¡ellos dos permanecen a solas y hablan muy confidencialmente!  -y luego baja la voz- yo creo que... ¡el asunto va por otro lado! –le dice insidiosamente.

-¿Qué insinúas? –no entiende Andrés.

-¡Nunca pensé que la señorita Ángela se rebajara tanto! –dice con indignación Walter- pero... ¡este hombre se dio mañas para....!  –y hace gestos con las manos- y....

-¡Qué! –le exige Andrés.

-¡La enredó! –concluye Walter.

Andrés mira a otro lado sorprendido.

 *

En el jardín Ángela y Salvador hablan alejados de todo el mundo y de manera muy sospechosa.  Rebeca sale al porche y se muere de celos, rabiosa entra de vuelta a la casa.

 *
En el piso superior por fin pueden subir al piano y lo meten al cuarto de Valeria.  Rebeca pasa al lado y lo mira con menosprecio.  Va a continuar su camino cuando tropieza con Isabel- ¿Y eso? –le reclama de mala manera.

-¡Trajeron el piano de Valeria! –sonríe feliz Isabel.
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-¿Quieres verlo? –le dice amable y cariñosa.
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-¡No! –se niega Rebeca- ahora no... ¡ahora no estoy de ánimo!

-¿Qué te pasa tía? –se preocupa Isabel- ¡traes una cara que bueno...!

-¡Ayayay hija! –gime Rebeca- ¡no te preocupes!

-¡Si me preocupo! –y la toma del brazo- ¡acompáñame! – y la lleva a su cuarto.

 *

Entran al  cuarto de Isabel y Rebeca cierra la puerta.
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-Sigues enojada conmigo por lo que te dije el otro día –empieza Isabel- y la verdad es que te pido disculpas porque no era mi intención ofenderte –se disculpa.
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-¡Olvídalo! –le corta Rebeca- puedes estar tranquila- lo que realmente me intranquiliza es esa muchachita Ángela –le confiesa.

Isabel se pone alerta.

-¡Ya sé que tuviste problemas con ella!

-¡Si! –reconoce Isabel- todo por culpa de los bienes de Pedro y porque Ángela hace cosas inesperadas... ¡no la entiendo!

-¡Mas inesperada es su relación con Salvador! –dice la tía con mala intención.

Estas palabras le llegan a Isabel que ríe nerviosa- ¿Qué estas diciendo tía? –se sorprende.

-¡Ah! –dice con rabia Rebeca- ¡que creo que tienes razón al suponer que Ángela está interesada en Salvador! –le susurra- ¡estoy casi segura que esos dos tienen su cuento Isabel!

Isabel cada vez más nerviosa- ¿Por qué lo dices? –y se pone una mano a la cadera.

-¡Por su comportamiento! –abre los ojos Rebeca- ¡permanecen siempre juntos ya sea dentro o fuera de la casa! Y yo los vi hablando muy confidencialmente... ¡tomados de las manos Isabel!

Isabel para simular su nerviosismo camina hacia la ventana para su tía no pueda leerle la mirada.

-¡Si tía! Yo también los he visto.

-¡Hum! –dice triunfador Rebeca- ¿crees que esa confianza entre patrona y empleado es normal hija?

Isabel mueve la cabeza mientras la mirada se le llena de celos.

-¿No te parece muy extraño todo lo que está sucediendo Isabel?

Y de pronto Isabel se da la vuelta y la mira sin responder.

 *

En su habitación Valeria admira su piano nuevo y luego lo adorna con el peluche que le regaló Simón.  Sin llamar Andrés se mete y cierra la puerta detrás suyo- ¡Qué bien! –se burla- ¡que bien! Otro mueble más en tu habitación... –y deja su maletín y se acerca- por lo menos hace juego con la decoración... ¡es más puedes utilizarlo para poner los peluches!
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-¡Por qué no tocas la puerta antes de entras Andrés! –le reclama Valeria cruzada de brazos- ¿crees que puedes entras a mi recamara cuando se te de la gana?

-¿Necesito permiso para entrar? –se burla- y se sienta al piano.
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Y toca unas notas- ¿suena bien no? ¡lastima que cuando lo toques será un ruido espantoso!
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-¡Ah! pues si quieres lo puedo llevar a las caballerizas para que no te incomode –se burla Valeria.
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-¡Ey! Estás muy agresiva conmigo –y como está muy cerca le toma las piernas.
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Valeria huye de su contacto- ¡y como quieres que sea amable me ofendes!

-¡Ah! –suspira Andrés- ¡una muchachita tan linda como tú ganaría mucho más olvidándose de la música y dedicándose a otra cosa!

Valeria levanta una ceja.

-¿No estás demasiado sola para aislarte más? –y se levanta de la butaca y se acerca peligrosamente- ¡esa basura te la regaló Simón! –dice al ver el peluche de Simón y lo toma en sus manos.

Valeria pone cara de que no le gusta que lo toque y traga saliva.

-¡Ay si te liberaras! –le dice con maldad Andrés- ¡conocerías a alguien mucho más interesante que ese pobre diablo! –y acaricia el peluche y la mira- ¡porque por fuera cambiaste ese aspecto insignificante que tenías! Pero por dentro... –y se le acerca más- ¡sigues siendo una niña horrible!

Valeria trata de huir pero Andrés la detiene por la cintura- ¡Y te apuesto lo que quieras! –y la mira con deseos- ¡a que todavía eres virgen!

Valeria se debate y se libera.

-¡Si lo es! –Andrés se ríe para él mismo.

Valeria le abre la puerta para mostrarle el camino.
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Andrés se marcha y antes de irse le devuelve el peluche.  Valeria cierra la puerta y se recuesta en ella.

Isabel lee muy concentrada en la sala cuando Andrés baja las escaleras.

-¿Vas a la empresa? – le pregunta.

-¡Tengo una cita con unos clientes y luego voy a un cóctel!  ¿quieres venir? –la invita.

Isabel mira su libro- ¡No! No voy a menos de que sea sumamente importante... ¡ya me conoces!

Andrés la mira frustrado- ¡que no te extrañe si llego tarde! –le anuncia y luego se ríe con sorna- ¡claro que ni cuenta te darás! –suspira- ¡a ti no te importa lo que yo hago fuera de la casa! ¿verdad?

Isabel lo mira con frialdad y sin responder cierra su libro y trata de marcharse.

Andrés se pone en su camino y le acaricia la mejilla pero ante su indiferencia cambia de conversación- ¡Ah! –suspira- ¡todavía no sé quien le da la información a Ángela!

-¿La estás vigilando verdad?

-¡Si! Walter la está vigilando... ¡me asegura que solo pierde el tiempo con Cerinza! –le afirma.

Isabel se pone alerta a esta noticia.

-¡Es más! –sigue Andrés- No me extrañaría que lo que él supone sea verdad.

Isabel desvía la mirada y pregunta como quien no queire la cosa -¿y que es lo que supone Walter?

-¡Que Ángela es una descarriada y que no se conforma con el hijo de la criada! Sino que también anda enredada con el chofer.

Isabel traga saliva para disimular el golpe.

Andrés la mira y se marcha sin decir palabra.

Isabel se queda muerta de celos.

Más tarde Isabel sale al porche y se encuentra con Salvador que lustra el auto.  Lo mira con rabia furiosa y bella como una diosa.
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Salvador se da cuenta.
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Y simula indiferencia.
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Isabel enojada se vuelve a meter a la casa y sube a su cuarto y se encierra.  Se sienta en la cama. No puede dejar de pensar.

“¡que creo que tienes razón al suponer que Ángela está interesada en Salvador!¡estoy casi segura que esos dos tienen su cuento Isabel!”

Se pasea nerviosa de un lado a otro.

“Ángela es una descarriada que no se conforma con el hijo de la criada! Sino que también anda enredada con el chofer”

Y luego sonríe con amargura.  Momentos después baja a la sala.

-¡Abigail! –la llama cuando la ve limpiando.

-¿Si señora?

-¿Le puede decir a Salvador que necesito hablar con él en la tarde antes de que se vaya? –le pide y luego duda- y... ¡por favor no lo comente con nadie porque lo que tengo que hablar con él es privado!

-¡Como no señora! –responde Abigail y se la queda mirando sin saber qué pensar mientras Isabel se aleja.

Más tarde, en la cocina, Abigail le pasa el mensaje a Salvador.

-¿Así que la señora quiere verme? –dice sin sonreir Salvador.

-¡Si! Cuando termine con sus obligaciones –y le pasa un vaso de agua- ¡y por la forma como lo dijo parece que es algo grave!... ¡como si quisiera reclamarle algo! –le advierte.

Salvador bebe su agua- ¡probablemente así sea! –dice indiferente.

Abigail toma impulso- Oiga Salvador... yo... ¡yo estaba pensando en devolverle el obsequio que me hizo!

Salvado frunce el entrecejo y mueve la cabeza negativamente- ¡no! ¡no Abigail, eso no es necesario!

-¡Ay es que no sé...! –sufre y luego acepta- bueno... ¡se lo voy a aceptar porque yo sé que es algo que doña Catalina quería dejarme como un recuerdo! Pero dígame ¿de donde lo consiguió?

Salvador sonríe- ¡no viene al caso Abigail! –y apura su agua.

-¡Ay perdóneme Salvador! Pero es que ando muy nerviosa con todas las cosas que están sucediendo... ¡no es que yo desconfíe! ¿verdad? Usted sabe el aprecio que yo le tengo y que le agradezco desde el fondo de mi alma todo lo que ha hecho por nosotros... pero la verdad es que no sé que pensar porque... ¡es usted tan misterioso! Y como no sabemos nada de usted...

-¡A ver! –Salvador posa su vaso- no trate de averiguar más de la cuenta Abigail –y la mira a los ojos- ¿acaso no he demostrado que soy honrado? ¡que es lo más importante!

Abigail asiente.

-¡Entonces confíe en mí! –le ruega- ¡haga de cuenta que yo no tengo pasado! Que mi vida solo gira en torno a ustedes... ¡a nadie más! –y luego le confiesa con ojos tristes- ¡la realidad es que no tengo a nadie más! Solo a ustedes.

Abigail le sonríe con compasión.

 Pero Salvador, o al menos el cuerpo, si tiene a alguien más.

Las Cruces.

Cantalicia y el niño preparan las maletas, bueno, esto es una manera de decir, preparan dos cajones de cartón y una maleta vieja.

-¡Cantalicia! –llega el padre- ¡apúrense que ya va a pasar el camión! ¡córranle!

Y al ver a Cantalicia que apenas puede con los cartones, que parecen tener bloques de cemento adentro se acerca a ayudarla.  El niñito lleva la otra caja.

Antes de salir Cantalicia se encomienda- ¡No nos desampares virgencita! –y se santigua.

 *

Al llegar a la terminal el padre le aconseja a Mocho- ¡Abusado y mucho ojo! ¿eh Moncho?

El niño asiente con ojos inteligentes. Cantalicia se acerca y lo toma como si el niño fuera un escudo- ¡Salvador es lo único que yo tengo padre! –se excusa apenada- ¿Cómo no voy a hacer el sacrificio de irlo a buscar? –y balancea al niño como un objeto- ¡pero me estoy muriendo de miedo!

El niño mira desesperado al padre al escuchar a su madre.

-¡Es que yo nunca había salido de las Cruces! –confiesa Cantalicia.

-Bueno, si está tan nerviosa... ¿por qué no se arrepiente Cantalicia y se olvida de todo este asunto?

-¡Padre! No –se niega- ¡ya me decidí y no me voy a echar para atrás!

-Bueno, entonces deje de llorar que está asustando al niño... ¿a ver que falta? ¿qué falta? –y de pronto cae en la cuenta- ¡el sobre! ¿dónde está el sobre?

-¡Allá en la maleta! Lo metí allí para que no se me fuera a arrugar.

-Bueno, por nada del mundo lo vaya a perder ¡eh! –y luego mira al niño- ¡y tú Moncho! Prométeme que te vas a portar bien y que no vas a hacer rabiar al tío Felipe.

-¡Si padrecito! –promete el niño.

-Bueno... ¿tiene dinero Cantalicia?

-¡Si! Los poquitos ahorritos que tenía.

-¡Cuidado y se lo roban! –le advierte- ¡acuérdese que hay gente muy mala que se aprovecha de los viajeros incautos! ¿dónde lo trae? –la interroga.

-¡Aquí! –y Cantalicia le señala el pecho- ¿quiere que se lo muestre padre?

-¡No! –se escandaliza el padre y se tapa los ojos- ¡no me enseñe sus escondites secretos por favor! –y luego mete la mano en el bolsillo y le pasa dinero- ¡tenga esto! De algo va a ayudarle.

Cantalicia toma el dinero agradecida- ¡usted es un ángel con nosotros padre!

-Bueno –dice éste incómodo- guárdelo y acuérdese... ¡Rio Claro es una ciudad muy grande! No es un pueblito como las Cruces –el niño lo mira asustado- ¡y que Dios me los bendiga, me los proteja, me los cuide! –y los bendice- ¡y me los acompañe!

Cantalicia se santigua y luego le da la mano- ¡lo vamos a extrañar padre! Mucho.

El padre Jacobo suspira y luego le da la mano al niño –¡Cuidas a tu mamá Moncho! –le recomienda y los vuelve a bendecir.

-Venga mi hijo -le dice Cantalicia y suben al bus.

-¡Señor protege a esa criatura! –ruega el padre- ¡si encuentran a Salvador que sea para bien!

 *

Mansión.

-¡No está bien que estés pegado todo el día y no la dejes ensayar! –le critica Antonio- ¡tú no sabes la responsabilidad que tiene Valeria si realmente quiere entrar a esa Academia!

-Pero ella no tiene que practicar mucho ¡ya sabe bastante!

-¡Por mucho que sepa! Presentar una audición no es nada fácil. Y si no convence a los jueces la rechazan en seco.

-¡Pues si eso pasa se puede presentar a otra escuela y ya! Y más ahora que cuenta con el apoyo de la señora Isabel... ¡ni loco me alejo de Valeria por culpa del piano! –y trata de alejarse.

Antonio lo sigue- ¿qué te traes con esa muchacha? ¿eh?

-¡Ya te dije que nada hombre! ¿cuál es la desconfianza?

-¡Te conozco mejor que nadie y sé que tienes algo con ella!

-¿Y si así fuera que? ¿tendría algo de malo?

-¡no! Nada... ¡acuérdate nada mas que es la prima de la señora Isabel!

-¿Y que? Ángela es la hija del señor Donoso ¡y tú si te enredaste con ella! ¿o que? Yo no tengo derecho a aspirar a alguien que realmente valga la pena, ¿o prefieres que me encuentre una vieja mañosa como era Consuelo?

-¡Simón, no seas exagerado!

-¡el exagerado eres tú que a todo le pones pero! ¡pero eso si que no se trate de tu conveniencia porque ahí si no dices nada! ¡Pues no! Yo también tengo derecho de hacer de mi vida lo que me plazca y así se caiga el mundo voy a seguir viendo a Valeria porque me gusta estar con ella –y diciendo esto sube las escaleras.

Antonio se queda solo y preocupado.

 -¡Antonio! –entra del jardín la tía Rebeca.

-¿Qué se le ofrece señora? –le pregunta Antonio con fastidio.

-¡Ay por favor! No me mire con esa cara que no le voy a reclamar nada... –y le sonríe hipócritamente- ¡solamente quería saber como marchan sus estudios!

 (wow! ¿y esta que quiere? )

 -Bien, muy bien –responde Antonio con desconfianza.

-¡Ah! pues me alegro... ¡ojala se gradue pronto y pueda ejercer su profesion! A ver si aprende a defenderse en la vida.

-¡Eso lo tengo muy claro señora! –le corta seco.

-¡Ah! –se ríe Rebeca- ¡se lo digo por si confiaba en las ventajas de su noviazgo con Ángela!

-Yo quiero sinceramente a Ángela ¡y no estoy con ella por interés! –le aclara- ¡a mi su dinero no me importa!

-¡Ah! –suspira Rebeca- ¡lástima que todos los hombres no piensen como usted!

-¿A que se refiere? –muerde el anzuelo.

-¡Nada! –ríe- ¡que abra los ojos con su noviecita Antonio! Porque puede correr mucho peligro mi amor... ¡es linda, joven y millonaria! –y le susurra- ¡la pieza deseada por muchos cazafortunas!

Antonio duda y luego responde- ¡Ángela está ocupada atendiendo asuntos personales y no tiene tiempo para tratar a ese tipo de personas que usted menciona!

-¡Claro! Claro... ¡pero en cualquier momento y lugar salta la liebre! ¡cuidado! –y se le acerca-  Antonio, ¡préstele mucha atención a Salvador Cerinza! –le dice con mala intención.

-¿Que tiene que ver Salvador Cerinza en todo esto?

-¡Ay! Mucho más de lo que usted se imagina ¿no se ha dado cuenta que se pasan todo el día de arriba para abajo? ¡todo el santo día! a mi me parece que tienen una amistada demasiado especial.

Antonio pone cara de angustia.

-¡Despierte muchacho! –le aconseja Rebeca- ¡despierte! No vaya a ser que se le adelanten y se quede solito, solito... ¡después de haber luchado tanto por ella! ¡cuidado! –y lo deja solo.

-¡Vieja pesada! –se queja Antonio.

 *

En su habitación Valeria practica cuando escucha la puerta y se da la vuelta.  Es Simón.

-¡No! Continúa –le ruega- ¡continúa! Prometí que no te iba a interrumpir –y va a entrar pero duda- bueno pero si te molesta que entre ahora mismo me desaparezco.

-¡No Simón! No te preocupes... ¡pasa! –lo invita a entrar.

A Simón se le ilumina el cielo, entra, cierra la puerta y se sienta a su lado.

-¿Sabe? –le sonríe Valeria- me agrada tu compañía.

Y diciendo esto vuelve a practicas mientras Simón la mira con ojos completamente enamorados.

 *

Salvador, en ese momento pasa frente a la puerta de Valeria y escucha las notas.  Sigue su camino hacia la habitación de Isabel y golpea la puerta. Isabel le abre la puerta y mira nerviosa a todos lados.

-¡Abigail me dijo que quería hablar conmigo! –le dice serio Salvador.

Isabel cruza los brazos- ¡Si así es! ¡pase! –lo invita.

-¡Hablemos aquí señora! –le dice firme Salvador- ¡o en la sala! –y la mira con ojos bien negros- ¡no estaría bien visto que el chofer de la casa entre a su cuarto!

 

Te busqué en otra ciudad

 

Isabel baja los párpados y le ruega- ¡Pase le digo!

 

Voy a tomar de nuevo mi lugar

A ser de nuevo tu dueño

Y a mostrarte que mi amor 

lo tomaste como un juego

Y hoy te vuelvo a enamorar

 

Y Salvador no puede resistir a ese ruego y contra su voluntad  y mirando nervioso a todos lados la sigue. Cierra la puerta detrás suyo.

 

Para enseñarte lo que es bueno

Y hoy te vuelvo a enamorar

Y que me devuelvas mis beso,

 

Dentro del cuarto, ambos parados y distanciados. Isabel lo mira con reproche- ¡Así que yo tenia razón en mis suposiciones! –suspira con dolor.

-¿A que se refiere? –le pregunta Salvador alzando los hombros.
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-¡Qué no me puede negar que ahora está intentando seducir a Ángela! –le reclama Isabel amargamente- ¡muchas personas en esta casa ya se dieron cuenta también! –se ríe tristemente.

-¡Pues deben tratarse de personas que sin oficio que ocupan su tiempo en inventar calumnias para acabar con la reputación de los demás! –le responde frío y seco.

-¡Se equivoca Salvador! –dice con pasión Isabel- ¡porque yo misma he visto como se tratan!

Salvado se queda callado.
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-¡Y todo parece tan familiar! –dice Isabel con lágrimas en los ojos- ¡que a cualquiera le parecería sospechoso! –suspira con rabia.

Salvador sonríe burlonamente y se cruza de brazos- ¡Pues si fuera cierto! Déjeme decirle que no tiene ningún derecho de reclamar.

-¡Se equivoca! –Reacciona Isabel apasionadamente- ¡por supuesto que yo tengo derecho! –y lo dice con dolor- ¡lo tengo tan siquiera por los momentos que usted y yo hemos vivido juntos!
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Pero Salvador le responde vengativamente - ¿Pretende valerse de una simple aventura? –y subraya la palabra.
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-¿Para presionarme a no tratar a nadie? –termina Salvador.
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Esta palabra hiere a Isabel en lo más profundo y lo mira sin creerlo y luego desvía la mirada lejos y le responde muy triste- ¡Ay! –suspira- Posiblemente... –y sonríe con tristeza- ¡posiblemente para usted sea una vulgar aventura!

Salvador pierde su sonrisa burlona.
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-¡Pero qué me puedo esperar de un miserable! –sigue Isabel dolida y humillada- ¡y sin escrúpulos como usted! –lo acusa.

Esto es el colmo para Salvador- ¡Ah! –suspira cansado y mueve la cabeza- ¡si me llamó para calumniarme estamos perdiendo el tiempo señora!

-¿Es por eso que usted se negó a renunciar cuando yo se lo pedí? –le reclama Isabel- ¿es por eso que se ha negado a marcharse de esta casa sabiendo el daño que me provoca su presencia?
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-¡El daño se lo hace usted sola señora! –le afirma seco Salvador- ¡déjeme recordarle que no tengo ninguna obligación que me ate a usted! ¡yo soy libre! –le subraya y sonríe divertido- ¡estoy en todo mi derecho de pretender a cuanto mujer se me antoje! –la reta.

Isabel ríe con una carcajada amarga- ¡Ay Salvador! ¡Salvador! –le dice con rabia.
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-¿Y usted cree que Ángela se va a fijar en un miserable chofer? – le dice Isabel vengativa, los celos la devoran.

Salvador sonríe burlón- ¡Si usted que es la señora de esta casa! –y subraya señora- ¡se fijó en este miserable chofer! –y subraya miserable- ¿qué le viene a criticar a ella señora?

 


Voy a tomar de nuevo mi lugar

 
E Isabel se da cuenta que ha perdido la batalla (pero tal vez no la guerra!) y baja los ojos rendida.

-¡A menos Ángela no está casada! –le reclama Salvador- ¡ella no cometería ninguna falta interesándose en mí!

 

A ser de nuevo tu dueño

Y a mostrarte que mi amor 

lo tomaste como un juego

Y hoy te vuelvo a enamorar

 

Isabel mira triste a lo lejos y luego le devuelve la mirada – Si tiene razón –le admite con dolor y humillación- ¡puede ser que tenga toda la razón!
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Salvador la mira a su pesar, sorprendido de su dolor.
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Isabel se muerde los labios y luego le ordena- ¡Ahora lárguese de mi cuarto! Yo no quiero volver a verlo –y le abre la puerta- ¡largo! –y  repite- ¡largo de mi cuarto.

Y Salvador, sin poner mucha prisa, sale lentamente del cuarto.

 

Y que me devuelvas mis besos,

Y hoy te vuelvo a enamorar

Aunque creerlo me cueste,

Si fuiste mía una vez,

Lo serás para siempre,

¡Y hoy te vuelvo a enamorar para siempre!

 

Al quedar sola, Isabel se apoya en la puerta y suspira dolida y destrozada.

 *

Una carretera.  El bus donde viajan Cantalicia y Moncho.

El niño viaja feliz y le sonríe a una niña, pero Cantalicia no puede evitar pensar en Salvador.

“Ya tuve suficiente tiempo para pensarlo y ahora sé lo que debo hacer. Adiós”

Cantalicia vuelve a la realidad y sonríe al niño para disimular su miedo.

 *
FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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