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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 68: jueves 20 de octubre 2005 – ¡LA TRANQUILIDAD PERDIDA!

Mansión.

Muy temprano en la mañana y luego de su discusión con Gaetana Salvador llega a la mansión caminando.
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Salvador pasa bajo la ventana de Isabel.
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Y de pronto se detiene y sintiendo que ella lo está mirando la mira. 
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Isabel que lo está espiando se oculta furiosa y humillada detrás de las cortinas.

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- ¡Imbecil! –murmura Isabel.
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Y luego sale decidida de su habitación.
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En el pasillo se encuentra con Ángela
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- ¡Ángela! Necesito hablar contigo –le anuncia.
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-¿Qué se te ofrece Isabel? –le responde fría.
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-¡Vamos a mi cuarto porque lo que tengo que decirte es muy delicado! ¡Vamos! –y ella entra primero, la sigue Ángela.

 *

Afuera Salvador está acariciando a Azur.
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Cuando aparece Valeria- ¡Azur parece quererlo mucho! ¿sabe? Desde que llegó se acostumbró muy rápido a su presencia.
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Salvador levanta la cabeza y la mira con cariño mientras sigue acariciando a Azur.
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Valeria se arrodilla a su lado- ¡Pareciera que... no sé... que lo conoce de siempre!
Salvador le sonríe. Valeria le contesta la sonrisa. Está muy guapa.

 *

Dentro de la habitación de Isabel.

-¡Tú no conoces a Salvador! –le dice Isabel- ¡no puedes confiar ciegamente en él! En mi opinión te estás excediendo –y se pasea nerviosa.

-¡Sé hasta donde brindarle mi confianza Isabel! –le responde orgullosa Ángela- ¡y no voy más allá como ustedes creen!

Isabel mira al techo fastidiada- ¡Al parecer si lo estás haciendo y mi obligación es prevenirte!

Ángela la mira sorprendida -¿Prevenirme? –y cruza los brazos- ¿de qué?

Isabel ríe irónicamente- ¡Ay Ángela por favor! No te hagas la ingenua... ¡no me hagas entrar en detalles que pueden resultar un poco... penosos para ti!

Ángela sonríe - ¡Es lógico que me quieras hablar mal de Salvador! Estás molesta porque lo dejé en esta casa cuando tú lo despediste... ¡pero no me vas a convencer de que haga lo mismo! –le aclara- ¡yo lo necesito!

-¿Ah si? –le pregunta con burla Isabel y se sienta en la cama- ¿y por qué lo necesitas?

-¡No por los cuentos que andan inventando! ¿eh? Ya me enteré que hay gente sin oficio que trata de calumniarnos... ¡pero eso a mi no me importa fíjate!

-¡Claro! –se ríe Isabel- ¿a ti que puede importarte? ¡si siempre has manejado tu vida como se te ha pegado la gana!

Ángela pierde la sonrisa.

-¡La niña rica que vive en Europa sin ninguna clase de limitaciones! –y la mira con burla- ¡se puede esperar todo y lo peor!

-¡Tú no sabes nada de mi vida en Europa Isabel! –le grita Ángela.

-No –reconoce Isabel y se le acerca- ¡pero tampoco es difícil imaginárselo! Si desde que llegaste a esta casa lo primero que hiciste es acostarte con Antonio ¡con la mayor naturalidad del mundo! –y le abre los brazos- ¡no me extraña que también pretendas hacer lo mismo con el chofer! Seguramente por eso lo estás protegiendo y cuidando como si fuera tu empleado exclusivo.

Ángela reacciona y trata de abofetearla pero Isabel es muy fuerte y le detiene el brazo- ¡No te atrevas! –le grita- ¡conmigo no te atrevas porque no te lo voy a permitir!

-¡Y yo no te voy a aguantar tus insultos Isabel! –le grita Ángela- ¡y no te metas en mi vida! O no respondo.

-¡Si no es cierto lo que te digo! ¿Entonces por qué te duele tanto? –le dice Isabel con acierto.

-¿Y si así fuera qué? –contraataca Ángela- ¿quién eres tú para venir a comentar en mi vida?

Isabel desvía la mirada.
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-¿Con que moral te atreves a reprocharme? –sigue Ángela- ¡cuándo yo a ti te encontré revolcándote con Andrés cuando mi papá agonizaba!
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Isabel no puede sostenerle la mirada y se aleja.
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-¡No te entrometas en mi vida privada! Y no te atrevas a hacer juicios sobre mi... ¡lo único que podemos hablar tú y yo son asuntos relacionados con la herencia de mi papá! –le aclara Ángela- ¡y cuando eso se resuelva alguna de las dos tendrá que marcharse! –y Ángela sonríe triunfante- ¡porque está visto que no podemos vivir bajo el mismo techo!
Sale enojada del cuarto.  Isabel respira vencida y fastidiada.

 *

Salvador y Valeria entran a la casa por el área de servicio platicando muy entretenidos- ¡Me da muchísima alegría verla tan entusiasmada con la idea de entrar a la Academia! Debería prepararse muchísimo para esa audición señorita –le aconseja Salvador- ¡no puede perder esa oportunidad!
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-¿Sabe? –luego le confiesa- estoy un poco intrigado... bueno... ¡siento muchísima curiosidad por conocer el piano que le obsequió su prima!
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-Bueno, si quiere, puedo enseñárselo.

-¡No! No, no –se apresura Salvador- no podemos a doña Isabel y al señor Corona... y yo no debo acercarme al segundo piso ¡y mucho menos entrar a su cuarto! –y luego le sonríe- pero me voy a conformar con escucharla.

Valeria le sonríe feliz.

-¡Me la voy a imaginar sentada frente al piano luchando por alcanzar sus sueños!

Y mientras Salvador la mira con una sonrisa cariñosa, Valeria lo mira ilusionada.
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Ángela los descubre así y se acerca lentamente.
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Ángela los interrumpe- ¡Salvador! –y los mira extrañada- ¡Qué bueno que lo encuentro! Necesito hacer unos pendientes.
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-¡Deme cinco minutos! Me cambio de ropa y enseguida regreso señorita Ángela –y se retira.


Al quedar solas.

-¡Ay Valeria! –se disculpa Ángela- quería decirte que siento mucho no poder ayudarte como habíamos quedado pero quiero felicitarte por lo del piano- le dice sincera y le toma las mano- ¡te deseo que tengas mucha suerte! –le sonríe.

-¡Muchas gracias! No te preocupes... ¡ya me felicitarás cuando logre algo!  Además tú siempre has sido muy buena conmigo.

Y las dos se marchan juntas hablando contentas. Apenas salen del pasillo que Rebeca aprovecha para acercarse... mira para todos lados y luego sonríe con cara de estar dispuesta a todo.  Se mete a la lavandería.

Salvador se pone el uniforme tranquilamente.
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Cuando por el reojo del ojo ve que una mano se le acerca empuñando una tijera.  Reacciona y bruscamente se voltea y atrapa con fuerza la mano del agresor...
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¡Descubre a Rebeca!
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*

Isabel y Andrés bajan a la sala.

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-¡Estoy decidida! –dice Isabel con tono de no permitir discusión alguna- ¡estoy decidida a acabar con esta situación de una vez por todas! Ya no la soporto –Isabel está a punto de un ataque de nervios.

Andrés nervioso se da cuenta que las empleadas escuchan mientras limpian.

-Tenemos que tomar las cosas con calma- le dice Andrés y luego ordena a las empleadas- ¡Ey! ¡pueden retirarse! –espera que las chicas se retiren -¡si perdemos el control las cosas van a ser peor!

-¿Y que vamos a ganar tratando de adquirir una posición? –le pregunta Isabel irónica- ¿qué no vamos  a poder mantener por mucho tiempo?

-¡No vamos a rendirnos tan fácilmente! –protesta Andrés.

Isabel lo mira con burla- ¡Por favor Andrés! Si Ángela nos tiene en sus manos ahora que ya se enteró absolutamente de todo lo relacionado con los bienes de Pedro... ¡es una estupidez tratar de engañarla!

-¡Isabel tranquila! –le ruega Andrés.

-¡No! ¡Ahora estamos en la obligación de incluir esas propiedades en la relación de bienes te guste o no –le dice firme.

-¡Te quieres rendir! –dice con rabia Andrés- ¡quieres perder todo lo que teníamos asegurado!

-¡Ay por favor! –ríe Isabel- ¡Si no teníamos asegurado absolutamente nada!

-Bueno, muy bien... ¡ríndete entonces! –le grita Andrés- ¡deja que la estúpida de Ángela se quede con todo!

-¡Entiende que lo que quiero es recuperar mi tranquilidad! –trata de hacerle entender- y hasta que no arreglemos esta situación no lo voy a conseguir.

(Ay... Isabelita... ¡tu tranquilidad! No la vas a volver a recuperar tan fácilmente )

Andrés suspira nervioso- ¡Tenemos que hablar de esto con calma! –y se la lleva al jardín.

Mientras tanto en la lavandería, Salvador le estruja la mano a Rebeca- ¡Suélteme que me está haciendo daño! –llora Rebeca-¡Me está haciendo daño!
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Salvador le tuerce la mano hasta que Rebeca le entrega las tijeras- ¿Qué pretende señora? ¿matarme? ¿eso es lo que quiere matarme?

-¡No diga cosas tan horribles! –gime Rebeca- ¡yo sería incapaz de atentar contra su vida Salvador!

-¡Le exijo una explicación señora!

-¡Le juro que me muero de la vergüenza si se lo digo Salvador! –le dice Rebeca gimiendo- posiblemente ni lo crea... ¡lo único que yo quería era un mechón de su cabello!

Salvador la mira con disgusto y desprecio- ¡Usted debe estar loca señora!

-¡Está bien no lo niego, estoy loca! –le grita- ¡lo amo profundamente con toda el alma! Necesito algo suyo para poder conformarme Salvador.

Salvador sin decir palabra le tira las tijeras y se marcha.

-¡Salvador! –se queda llorando Rebeca- ¡Salvador! –y toma las tijeras en sus manos y tiembla.

 *

Afuera, Salvador le abre la puerta del auto a Ángela- ¿dónde la llevo señorita?

-¡Necesito mandarle dinero a una amiga en Europa y ella tiene problemas económicos y me gustaría ayudarla!

-¿Y sabe donde ir?

-¡Si! A un lugar donde mi papá siempre me enviaba dinero cuando lo necesitaba.

Y se marchan, con Salvador al volante.

 *

No muy lejos Antonio los mira con aire celoso y preocupado.

 *

Wester Union (propaganda obliga ).

Mientras Salvador espera en el auto, Ángela baja a enviar el dinero.  Un taxi con vidrios negros los espera a distancia.  Dentro del taxi Walter los espía.  Ángela termina el trámite y sube al auto- ¡vamos al café de siempre por favor! –Salvador arranca y Walter los sigue en el taxi.
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*

Café de siempre.

Salvador y Ángela sentados a una mesa.

-¡Por más que me quiera Antonio está empezando a dudar de mí por culpa de los chismes de la gente! –le cuenta Ángela.

-¡Lo lamento mucho señorita!

-¡Todo me lo imaginé! –suspira Ángela- ¡menos que nos fueran a inventar algo a usted y a mí! –y luego se enfada- definitivamente estoy rodeada de puros malintencionados que lo único que quieren es destrozarme en primer lugar.

(Bueno... la situación se presta a malentendidos... sin duda )

Pero Salvador tiene una espina en la garganta y no se aguanta- ¿Qué fue lo que le reclamó la señora Isabel?

-¡La hubiera escuchado Salvador! –exclama- ¡yo no sé como soporté tantos insultos! Me dijo que era una perdida... ¡que había vivido desenfrenadamente en Europa y que yo me podía acostar con cualquier hombre solamente porque una vez me encontró con Antonio!

Salvador mira para otro lado molesto.

-¡Es cierto! –le cuenta Ángela- ¡yo tuve la oportunidad de manejar mi propia vida! Pero fue porque mi papá se empeñó en mantenerme alejada.

Salvado suspira.

-¡Y aun así! –sigue Ángela- yo siempre me hice respetar y siempre me comporté a la altura Salvador.

-Pero no tiene por qué preocuparse –le contesta serio Salvador- usted y yo sabemos que no son más que habladurías... ¡no tenemos que darle importancia!

-¡Es que me preocupa lo que pueda pensar Antonio!

-¿Usted de verdad lo quiere señorita?

-¡Más de lo que imagina! –le cuenta Ángela con una mirada soñadora.

-Entonces yo vuelvo a la carga... ¡si Antonio la quiere tiene que confiar! De lo contrario solo está demostrando inmadurez y no la merece... ¡él no tiene por qué sentir celos de nosotros!

Pero Ángela lo mira con sus grandes ojos verde y le confiesa- ¡Es que a veces creo que él tiene razón!

Salvador la mira sin comprender.

-¡Porque yo me siento muy atraída hacia usted Salvador! –le dice francamente Ángela.

Salvador la mira con terror- ¡Ángela!

-¡Debo confesárselo Salvador! –le sonríe Ángela sin darse cuenta de su horror- cada día dependo más de usted y siento que hay algo muy profundo que nos une... –pero al ver la cara de Salvador sigue- Pero no me malinterprete Salvador – y le toma la mano.

Salvador retira su mano como si la de Ángela fuera de fuego.

-¡Es un cariño muy especial! –sigue Ángela con inocencia- ¡es muy intenso! El algo que ni siquiera puedo entender.

-¡Yo sé que es lo que siente por mi! Y como ya le dije, ahora no le puede aclarar nada, pero algún día así lo haré.

-¡Eso es lo que más deseo Salvador!

-¡Permítame seguir luchando por usted! –le ruega Salvador- ¡no dejemos que nada ni nadie nos separe por favor!

Ángela lo mira sonriendo con confianza.

-¡Confíe en mí! –le ruega Salvador.

Apartamento tío Felipe.  Cantalicia se levanta sola y no encuentra a nadie- ¡Don Felipe! –grita desesperada- ¡señor Felipe! –pero nadie contesta -¿Y ahora que habrá pasado con ese cristiano mijo? –le habla a Moncho- ¡no más nos encerró y ahora no está por ninguna parte! –se asusta.

Cantalicia tiene puesto un vestido rosado y en la cintura una cuerda.

(estos se pasan... para qué se pondría a la cintura una cuerda Cantalicia? )

 Y Cantalicia se pasea por el estudio y mira a los cuadros- ¡Yo no sé ni a dónde vinimos a parar! –dice con miedo- ¡no sé pero se me hace que este señor no es así como que... tan buena gente como me decía el padre Jacobo! ¿eh? –y de pronto se da cuenta que Moncho sigue embelesado con el mismo desnudo- ¡Qué está haciendo ahí nomás mirando esas cochinadas! –le regaña y le da un golpe- ¡mijo! ¿quién sabe si hasta pecado será? ¡por favor no haga eso! –y luego se arrodilla a su altura- ¡mire mijo! –le dice sufriendo- ¡este lugar es muy feo pero todo lo estamos haciendo para encontrar a su papá! –le promete- ¡es un sacrificio para encontrar a Salvador! –y le besa las mano mientras el niño indiferente al miedo y sufrimiento de su madres mira alrededor fascinado con este nuevo mundo.

 *

Un café. Mientras tanto Rebeca, toma el café con su amiga Pilar.  Tiembla tanto que la cucharita hace sonar la taza.

-¡Por Dios Rebequita! –le dice Pilar- ¡trata de calmarte! ¿qué te pasa mujer?

-¡Como que qué me pasa mujer! –llora Rebeca- ¡todo me sale patas arriba! –le confiesa- ¡me siento la mujer más triste y más ridícula del mundo!

-Si no te controlas... ¡vas a terminar infartandote amiga! Respira profundo –le aconseja y Rebeca trata pero pierde la paciencia muy pronto- ahora cuéntame con detalles –le pide Pilar- ¿qué pasó? ¡a ver si puedo ayudarte!

-¡Desde que conocí a ese hombre estoy desecha! –gime Rebeca- ¡no como, no duermo, no vivo! Lo único que hago es pensar en él, Pilar.

-¡Yo jamás pensé que tú estuvieras atravesando semejante crisis! –se compadece Pilar- cuando fuimos a consultar a Matilda yo no tenia ni idea.

-¡Tal vez me esté comportando como una demente! –le dice llorando Rebeca completamente histérica- ¡pero lo peor es que él está pensando lo mismo de mí! Después de la burrada que hice va a creer que soy una vieja loca.

Pilar se come las uñas al verla tan desesperada.

-¡Imagínate! –le cuenta Rebeca con su voz aguda- ¡yo detrás de él con las tijeras tratando de cortarle el mechón de cabello para complacer a esa vieja bruja! –dice furiosa.

-¡Si! –se asusta Pilar- ¡pensaría que lo querías matar! A estas horas ese hombre debe estar aterrorizado.

-¡O sintiendo lástima de mi Pilar! –gime Rebeca- que sería lo peor.

-¡Si no te controlas no vas a poder conseguir todas las cosas que te pidió Matilda!

-¡Qué me importa! –le grita Rebeca- ¡olvídate de eso! Esa es una estafadora que no sabe nada.

-¡No, no, no! –le afirma Pilar- confía en ella, tienes unos poderes increíbles que nunca fallan. Lo que pasa es que no tuviste ningún tacto, porque en lugar de haber asaltado a tu galán, debiste haberle pedido por las buenas el mechoncito de cabello.

-¡Ay por favor! –le corta Rebeca- ¡si hubiera hecho eso me hubiera mandado al mismísimo diablo! Claro... ¡ya me lo imagino corriendo para huir despavorido de la loca de las tijeras! –y sigue sollozando- ¡es patético! nunca pensé estar haciendo semejantes estupideces en mi vida Pilar.

-¡Es que nunca antes habías estado tan perdidamente enamorada como ahora mi amiga! Lo mejor es que vuelvas a consultar a Matilda y le cuentes todos los pormenores –y como Rebeca niega con la cabeza- ¡si, si, si! Confía en ella –la convence Pilar.

 *

Bar.

-¡Sabía que tarde o temprano te ibas a salir con la tuya! –festeja Matilda- que a pesar del bar no ibas a abandonar tu antiguo negocio.

-¡Para mi el espiritismo no es un negocio! –le aclara Gaetana-es toda mi vida –le dice con el índice levantado- es mi verdadera vocación.

-¡Tú me dices que Salvador te entendió y te dio plena libertad para ejercer tus actividades!

-¡Ay Matilda! –Exclama Gaetana mientras hace arreglos florales- ¡no se trata de que voy a abandonar el bar y que me voy a dedicar al espiritismo otra vez de lleno! ¡no! Se trata de que podría hacerlo cada vez que yo quiera... ¡o sea que tengo la libertad para ejercerla!

-¡Me quitas un peso de encima! –Suspira feliz Matilda- ¡porque no te perdonaría que acabaras con el barcito! La verdad es que me divierto muchísimo cantando.

-¡Si! Siempre y cuando te conserves cantando- le advierte Gaetana- y dejes de atender a tus clientes ¡Recuerda la advertencia de Salvador! Él no te quiere ver con tus clientes leyendo cartas ni nada por el estilo.

-¡Tranquilízate mujer! Que eso lo tengo muy claro –la calma Matilda- ¡para atender a mi clientela abrí mi propia oficina! –y le saca un periódico- ¡mira fíjate! Mandé publicar un aviso promocionando a la gran Matilda... ¡está aquí en cuadradito para que resalte del resto!  Porque hay mucha competencia mi amor.

“La Gran Matilda” –lee Gaetana- “Matilda, la única, le abre el camino a la felicidad y le trae la buena suerte que usted siempre ha deseado. Teléfono 451-26-26-36-36”

-¿Cómo te parece? –dice Matilde feliz- ¡algo así deberías publicarte Gaetana para recuperar a tus antiguos clientes!

-¡Yo no soy tan comercial como tú! Así que yo no necesito de estos servicios baratos... ¡mira Matilda! –se cansa- vete ya para tu casa que ya bastante tengo con soportarte toda la noche para que estés aquí metida todo el día mujer.

-¡Qué poco amable eres! –se ofende Matilda y luego mira sus arreglos florales- ¡sería mejor que hagas un cursito de floristería! Porque están quedando todos tus arreglos sencillamente espantosos –le critica- ¡nos vemos a la noche colega! –se despide.

(la verdad, los arreglos bien feos!! )

Gaetana suspira y mira sus arreglos, no les ve nada de malo- ¡No! –se dice a si misma.

Al salir, Matilda se tropieza con Rebeca y Pilar que llegan a verla.  Mira al cielo y suspira- ¡Ay Dios! –y luego les sonríe hipócritamente.

-¡Vengo a verla Matilda! –se abalanza Rebeca.

-¡Lo siento en el alma mi amor! pero ahora no puedo atenderte y menos en este lugar... ¡tendrás que pedir una cita en mi nuevo consultorio!

-¡Yo no tengo tiempo para hacerlo! Estoy muy apurada por favor- insiste Rebeca- ¡ayúdeme aquí ahora mismo! La necesito... ¡es urgente!

Matilda la mira con fastidio.

 *

Mansión.

Antonio lee en su cuarto cuando entra Abigail- ¡Ya regresaste de la universidad hijo! No te vi llegar –se sorprende.

-¡Se suspendieron las clases porque el maestro estaba enfermo!

-¡Y tú aprovechas para seguir leyendo estos libros en vez de ponerte a estudiar! –le critica al ver los libros.

-¡Por favor mamá no empieces! –se enfada Antonio y se levanta de su escritorio.

-¡Ay Antonio! ¿qué te pasa? Últimamente estás de un carácter insoportable... ¿acaso tienes problemas con la señorita Ángela? ¿Están peleados?

-¡La culpa es mía! –reconoce Antonio- y no sé si tengo razón... ¡creo que me quiere sinceramente! –le confiesa- pero me siento muy inseguro.

-¿Inseguro de que?

-¡No lo sé! Pero como dice doña Rebeca... ¡Ángela es linda, joven y heredera de una gran fortuna! –suspira- ¡Deben haber muchísimos tipos detrás de ella!

-¿Y qué te dijo esa señora? –dice molesta Abigail.

-¡No se cansa de repetirme quien soy yo y quien es ella! Asegura que ella puede estar interesada en otro hombre.

-¿Interesada en quien? –pregunta Abigail.

-¡No vale la pena mencionarlo mamá!

-¡No! –reconoce Abigail- ¡no vale la pena ni mencionarlo ni hacerle caso a la bocona esa que no es más que una amargada que no puede vivir en paz ni con ella misma!

-¿Y quien garantiza que no tenga razón? –se automartiriza Antonio.

-¡Mira hijo! A mi me preocupa mucho la relación que tienes con la señorita Ángela, no quiero que sufras una desilusión porque no la soportarías.

 (ayayay, esta Abigail como siempre se pasa! )

-Solamente has vivido para ella- sigue Abigail- es la única novia que has tenido y si quieres construir algo serio con ella... ¡debes tener más confianza en ti mismo hijo! Los celos no son más que inseguridad y van a terminar por dañar tu relación.

-¿Crees que Ángela sería capaz de abandonarme por alguien más especial?

-¿Y quien puede ser más especial que tú? –le sonríe Abigail maternalmente y le acaricia el mentón- has sido su novio desde que eran niños hijo.

Antonio mira a lo lejos y luego le pregunta-¿Consideras que Salvador es un hombre especial?

Abigail se pone tensa-¿por qué lo mencionas?

Antonio se levanta sin responder – Tengo que hacer algo en vez de perder el tiempo leyendo estos libros –le dice- ¡voy a la universidad para encontrarme con alguien! –y le un beso a su madre y se marcha.

Abigail se queda sola, inquieta y preocupada.  Toma los libros... “El Más Allá”

 *

Apto. Tío Felipe: el tío apareció y está pegado al teléfono mientras Cantalicia lo persigue con una taza de café.

Mientras mira un catálogo de obras de arte- ¡Si! –dice al teléfono- ¡le improvisé todo el catálogo pero ahí no están incluidas las obras más representativas! –una pausa- ¡por supuesto que estoy en absoluto desacuerdo con esto! ¡Pero el director de la galería sabrá por qué lo hace! –otra pausa- ¿qué? Si... ¡ahí estaré puntual como siempre! –corta el teléfono y acepta el café que le pasa Cantalicia.

Apenas lo bebe lo vuelve a escupir porque está lleno de borra- ¿Usted me puede decir con que preparó esto? –exclama- ¿dónde coló usted este café? –le recrimina- ¿acaso lo hizo con una de mis medias?

Cantalicia abre grande los ojos- ¡No! ¿a poco había que colarlo ahí? –le pregunta inocente.

El tío Felipe la mira como si fuera un extraterrestre- ¡Pero no sea bruta! –le dice- ¡como lo va a colar en una de mis medias! En la cocina hay un colador... ¡y hay todo tipo de cosas que le es útil! –y de pronto se da cuenta- ¿usted todavía no ha entrado a la cocina?

-Bueno, nada más yo entré un momentito a prepararle el café que me pidió.

-¡Ah! ¿pero eso significa que ni usted ni el mocoso han desayunado! –y mira a Moncho que se tiene muy quietito en el sofá.

Cantalicia mira al suelo y arruga con su falda.

-¡Qué! –grita el tío Felipe- ¿y qué quiere? –dice exasperado- ¿que yo le prepare el desayuno?

Cantalicia lo mira con ojos muy grande y acepta feliz- ¡Bueno!

-¡No sea pánfila! –la manda por un tubo el tío Felipe- ¡no espere que yo me esté ocupando de su alimentación y tampoco propicie que el pobre mocoso se muera de hambre! Allí en la cocina hay una despensa donde hay todo tipo de víveres... ¡té, chocolate, café, pan, leche, huevos! ¡carne en la nevera! Pero por Dios... ¡no espere que yo le esté dando órdenes porque yo no puedo ocuparme de esas bagatelas! –y le abre los brazos. De pronto busca unos papeles- ¿dónde están los papeles que yo dejé aquí! ¿usted lo agarró?

-¡No! –se asusta Cantalicia- ¡si yo no he tocado nada! ¡nadita de nada!

-¿Y qué es esto? –dice al ver el sobre del padre Jacobo- ¿quién trajo esto?

-¡Yo mismita! –sonríe Cantalicia- ¿no recuerda que se lo di anoche? Se lo mandó el padre Jacobo.

Felipe abre el sobre y saca una carta. La lee- ¡Palabrerías! ¡locuras sin importancia! –y tira la carta.

Toma el periódico- ¿qué es esto?

-¡Este es el periódico donde salió mi marido! –explica Cantalicia.

-¡Tu marido! –y luego los mira- bueno, mejor váyase a la cocina y ocúpese del desayuno y después hablamos con tranquilidad... la verdad –y se rasca la cabeza- ¡no entiendo para qué el tonto de mi sobrino la mandó aquí! ¿usted me quiere decir algo? –le pregunta intrigado- ¿qué vino usted a hacer aquí a Río Claro? ¡contésteme!

Cantalicia sonríe feliz- ¡Pues vine a buscar a mi marido! –le dice como si fuera lo más lógico- ¡a Salvador Cerinza! ese es mi marido –sonríe orgullosa.

 *

Bar.

Matilda ha sentado a Rebeca en una mesa y la interroga- ¿Cómo se llama?

-¿Quién? –pregunta tontamente Rebeca.

-¡Su enamorado! –se fastidia Matilda- ¡necesito saber el nombre!

-¡No! Preferiría mantenerlo en silencio ¿sabe? –se avergüenza Rebeca- no quiero rebelar ese detalle.

-¡Por Dios hija! Ni que fuera un personaje famoso –y luego duda- ¿o acaso lo es?

-¡No! No es famoso ni mucho menos, pero para mí es el hombre más importante del mundo –suspira.

-¡Pues lo siento muchísimo! –se impacienta Matilda- ¡pero para poder ayudarla necesito saber el nombre de su enamora para poder hacerle el trabajito de amarre! ¿me trajo todo lo que le pedí la última vez?

-¡No! No he podido reunirlo.

Matilde pone cara de que no puede hacer nada por ella- ¡Ay señora! ¿a que vino?

-¡Precisamente para eso! Para que me haga el favor de cambiarme la lista por cosas que yo pueda conseguir... ¡usted me pidió un mechón, uñas y yo lo único que tengo es una foto de él!

Pero Matilda está muy impaciente por salir del bar de Gaetana- ¡Mire, mire! No perdamos el tiempo. ¡O me trae todo lo que le pedí o no puedo ayudarla! Y págueme la consulta que tengo que salir volando de aquí.

-¿Por qué tengo que pagarle si no ha solucionado nada? –se enoja Rebeca.

-¡Le estoy entregando mi valioso tiempo y eso vale mucha platica mi amor! y cada vez que me consulte deberá pagarme – le advierte.

Rebeca le paga, justo cuando entra Gaetana.  Al ver a Rebeca se esconde detrás de las flores y sale corriendo.  Rebeca la ve de reojo pero no la reconoce.

 *

Gaetana entra corriendo a la otra habitación.

-¡Ay jefecita! –le habla Lupe.

La pobre Gaetana da un grito de miedo, pero al ver a Lupe le cuenta- ¡esa condenada de Matilda! Le he dicho toneladas de veces... ¡mil veces que no atienda a sus clientes aquí! Y menos a esa condenada mujer... ¿por qué lo hace? –grita desesperada- ¡no puede verme! –repite histérica- ¡no puede verme!

Lupe la mira sin comprender.

 *

Pilar conduce de vuelta- ¿Que te dijo Matilda? –interroga a Rebeca- ¿te dio una solución?

-¡Lo único que hizo esa atrevida es cobrarme unos buenos dólares! –se queja- ¡te digo que es una gran estafadora Pilar!

-¡Cobra muy caro porque es una bruja acertadísima! –la defiende Pilar- e insisto en que no debes desconfiar de ella.

-Sinceramente no sé que hacer, casi estoy dispuesta a renunciar a sus dichosos trabajito.

-¿Entonces renuncias al hombre que amas?

-¡No jamas! –suspira Rebeca- ¡a él no renunciaría por nada de este mundo!

-¡Entonces no te queda más remedio que conseguir el mechó de cabello aunque tengas que amarrarlo de pies y manos! –y luego sonríe con doble intención- ¡si yo estuviera en tu lugar no vacilaría en hacerlo! –sonríe.

 (y creo que muchas en este foro tampoco!!! Jejeje )

 *

Apto. Tío Felipe.

Mientras Cantalicia y Moncho desayunan con gusto, el tío Felipe hojea el periódico que le trajo Cantalicia.  Por azar lee en voz alta la noticia de primera plana: “Isabel Arroyo.... la boda de Isabel Arroyo y Andrés Corona.

-¿A poco los conoce don Felipe? –se sorprende Cantalicia.

El tío Felipe la mira impaciente- ¿cómo diablos los voy a conocer? ¡esta ciudad es muy grande! –le explica- escasamente sé de mis modelos y de los dueños de las galerías –y la mira- ¡dígame una cosa! ¿en qué parte de este periódico salió la foto de su marido?

-¡Aquí mismo! –y Cantalicia feliz le muestra la foto de primera plana.

-¡Este! –exclama Felipe.

-¡Si, ese mismito! –le afirma Cantalicia.

-¡Usted dice.. este joven alto, y bien parecido es su marido! –la mira con duda y luego no aguanta una risita- este... –y toma aire para continuar- usted me va a disculpara Cantalicia... ¡y perdóneme lo que le voy a decir! Pero... ¿usted está segura de que esta persona? –y tiene un ataque de risa que contiene- ¿es su... es su marido? ¿no estará usted equivocada? –y se tiene que morder para no reír.

Cantalicia lo mira enojada- ¿Cómo voy a equivocarme en una cosa así don Felipe? ¡por favor!

Don Felipe deja de reir.

-¿Sabe que lo conozco como si fuera la palma de mi mano? –y Cantalicia mira a Moncho con amor- ¡es el padre de mi muchachito! ¡es mi marido! –le afirma propietaria.

-¡Aha! –dice Felipe- ¡éste es su esposo! Ya... mire y... –trata de continuar- ¿y no se supone que el esposo suyo debería ser como un campesino como usted?

-¡Ah! –ríe Cantalicia- ¡es que es un campesino! –le afirma- ¡es un campesino se lo juro! –dice orgullosa- ¡lo que pasa es que cambió mucho a raíz de que se murió!

El tío Felipe se queda de una pieza y la mira como marciana.  Y de pronto tiene otro ataque de risa que trata de contener- ¡Aha! Y... –y no aguanta y tiene que morderse los labios y mirar a otro lado mientras los ojos se le aguan y el rostro se le pone rojo.

Cantalicia lo mira sin entender que le pasa.

De pronto Felipe no aguanta más y se mata de la risa- Este hombre ¿está muerto o está vivo? ¿cómo es?

-¡Está vivo! –también ríe Cantalicia al verlo reír mientras Moncho sigue devorando el desayuno- ¡pues claro! Por eso lo vine a buscar... ¡lo que pasa es que cuando se murió, no es que se murió, se murió de verdad... muerto-muerto, ¡sino que resucitó!

Esto ya es demasiado para el pobre tío Felipe que ya no puede aguantar más.

-¡Lo estábamos llevando al cementerio! –sigue Cantalicia- ¡y revivió! ¿entiende?

El tío Felipe entiende que está completamente loca pero le contesta- ¡No me diga! –y otra vez le da un ataque de risa que debe contener.

-¡Lo que pasa es que allí todo se puso medio feo don Felipe! –le sigue contando Cantalicia mientras arruga su falda- pues cuando se levantó como que... ¡como que era otro cristiano! ¿me entiende?

-¡Ah! –asiente Felipe.

-¡Hablaba diferente! ¡me miraba muy feo! Y hablaba de puras cosas que no le entendía... ¡nadie le entendía! –le afirma y luego le justifica- ¡es que se puso malito de la cabeza el pobre! Se puso malito y luego ¡ya! Después de eso... un día se fue... ¡se fue sin decirnos nada! Fue como si se lo hubiera tragado la bendita tierra y ya no volvimos a saber nada de él... ¡hasta que vino el padre Jacobo y me trajo la foto del periódico! Hasta entonces.

Felipe la mira boquiabierto- ¡Y usted quiere encontrarlo a pesar de que la abandonó!

-¿Pues qué otro remedio me queda don Felipe? –le dice Cantalicia muy segura- ¿no ve que ese es mi marido?

Felipe se levanta de la mesa y asusta a Moncho- ¡No sea bruta! –Cantalicia lo mira sin entender- ¿usted no puede vivir sin tener un tipo a su lado o buscarse otro? –le grita- ¿o este es el único hombre que existe sobre la faz de la tierra?

-Bueno, pues a lo mejor hombres habrán muchos –responde Cantalicia- ¡pero yo al único que quiero es al Salvador!

-¡Aha! Aunque él, de repente cuando lo encuentre, quiera caerle a golpes... y decirle yo no quiero más nada contigo.

-¡Aunque me quisiera agarrar de las greñas! ¿eh? –afirma Cantalicia y Moncho la mira asustado- ¡pero yo al que quiero es al Salvador! ¿eh? ¡si él y yo nos hemos agarrado más bien duro! –le confiesa- ¡pero al final de cuentas éramos muy felices! ¿me entiende? –le subraya desesperada- ¡él y yo éramos felices!

Felipe la mira con pena- ¡Ah! ¿usted quiere que le diga una cosa? ¡usted no es una mujer! –le dice la verdad- ¡usted es una completa mula!

Moncho lo mira con ojos grandes.

-¡Y más mula es el imbecil de mi sobrino Jacobo que pretende que yo olvide que soy un artista y me transforme en un investigador privado! –grita para si mismo- ¿cómo se les ocurre que yo voy a localizar a este cristiano con tal solo un reportaje en el periódico?

-¿Usted cree que sea muy difícil? –le pregunta Cantalicia con los ojos muy abierto.

-¡Noooo! –le afirma Felipe-¡No! ¡difícil no! Imposible mi estimada mula ¡imposible!

Pero al ver que Cantalicia se pone a llorar y a repetir- Imposible - al tío Felipe se le rompe el corazón.

-¡Cálmese Cantalicia! –la consuela- ¡ya veremos! ¡ya está! –y le seca las lágrimas- ¡no llore! Porque... –balbucea- ¡porque yo soy un hombre al que le gustan... las tareas imposibles! Está bien... ¡yo le prometo que voy a ayudarla a conseguir donde está Salvador... ¿Cerinza?

-¡Cerinza! –le dice con una sonrisa bañada en lágrimas Cantalicia- ¡Salvador Cerinza! ¡es mi marido!

-¡Y ahora termine de comer! –le exige Felipe y Moncho vuelve a atacar feliz el desayuno.

El tío Felipe toma su cerveza y los mira con pena, compasión e incredulidad, como si fueran marcianos... y se aleja lentamente.

 *

Universidad.

-Entonces profesor Roberto –Antonio le pide nervioso a un profesor- ¿usted cree que me puede ayudar?

-Si, no te preocupes Antonio.

-Me dijeron que usted es experto en grafología.

-Modestia aparte… ¡uno de los mejores grafólogos de la ciudad mi querido amigo!

-Entonces me puede decir si es la misma letra o alguna de las dedicatorias es imitación.

-¡Déjeme llevarme los libros! Necesito estudiar detalladamente los rasgos… -y mira entusiasmado- ¡me interesa muchísimo!  Parece ser la misma letra pero puedo estar equivocado, así que espere que mañana le doy una respuesta.

Antonio se queda mirando la dedicatoria: “Para Antonio en su cumpleaños, Pedro José Donoso”

 *

Mansión.

Valeria practica mientras sentado a su lado, Simón la mira embelesado, completamente enamorado. Cuando ella termina la aplaude con entusiasmo- ¡tocas maravilloso Valeria!

-¿De verdad Simón? ¿no te aburriste?

-¡No para nada! Podría escucharte todo el día y toda la noche sin aburrirme –y se acerca- creo que estás despertando mi sensibilidad.

-¡Pues entonces debes estar volviéndote o muy enamorado! –ríe Valeria.

-¡Si! –le confiesa Simón mientras la mira con amor- tal vez tengas razón.

-Simón, ten mucho cuidado con quien te relacionas, que no te vaya a pasar lo de la última vez.

-No –le dice apasionado- estoy seguro que eso no me va a volver a pasar –y la mira ilusionado- porque creo que encontré a la mujer perfecta… ¡esa que estaba dormida en mis sueños!

-¡Oye qué interesante! –sigue Valeria inocente y sin darse cuenta- y cuéntame ¿Cómo es esa mujer?

-Bueno, pues es delicada, femenina –la describe- muy tierna…. ¡con unos ojos brillantes y preciosos!

Valeria sonríe.

-¡Es una mujer muy distinta de las que había conocido! –Simón baja la mirada.

-¡Debe sentirse lindo estar enamorado! ¿no? –suspira Valeria.

-¿Acaso nunca lo has estado?

-Bueno, no estoy segura –le confiesa- ¡Creo que empiezo a enamorarme! Cuando estoy cerca de él –y mira a lo lejos- ¡tengo una sensación inexplicable! Algo muy agradable –y se va muy lejos con el pensamiento y recuerda a Salvador.

 “¿Cómo va a sentir pena de algo tan hermoso, tan lindo! –se siente invadido por un sentimiento aplastante y se le empiezan a llenar de lágrimas los ojos- a lo mejor.. ¿quién quita? –le tiembla la voz- ¡y él comenzaba a fijarse en usted! Y... ¡no sé! Si tal vez... –no puede hablar- hubiera tenido un poquitito de más tiempo –y ya las lágrimas lo ganan pero hace un esfuerzo y traga saliva- para vivir... ¿me entiende? ¡A lo mejor entonces él se hubiera enamorado de usted!”

 Y Valeria vuelve a la realidad con Simón- ¿Y sabes? –le sigue contando- Siento más en la forma como él me mira.

-Entonces… ¡Si has sentido el amor en sus ojos! –se ilusiona Simón.

-Bueno, no estoy segura… ¡de que él sienta lo mismo que yo! Pero… ¿sabes? Sé que es algo profundo… ¡algo misterioso!

-Bueno, no sé si sea algo misterioso –dice simple Simón sin comprender nada- ¡pero estoy seguro de que es un sentimiento muy profundo! –y tímidamente quiere tomarle la mano cuando Isabel abre la puerta y Simón se levanta nervioso.
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-¿Interrumpo? –pregunta Isabel mirando a Simón con sospecha.

Simón la mira cortado.
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-No, hice una pausa en mi ensayo para platicar con Simón –aclara Valeria.
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-Permiso –dice Simón y sale del cuarto.
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-Propio –le responde Isabel seca - ¡Valeria! ¿no sabes si Ángela se encuentra en la casa? No he visto su coche en el jardín… ¿no está?

-No está, salió muy temprano con Salvador y no ha regresado.

-¡Espero que no se tarde! –suspira Isabel con fastidio- ¡a Andrés y a mí nos urge hablar con ella de algo muy importante!

Mientras tanto Simón corre feliz al jardín y al ver a su hermano que se pasea triste, le salta encima riendo y gritando.

-¡Me quiere Antonio! –lo abraza- ¡me quiere!

-¿Qué te pasa? –se sorprende Antonio.

-¡Me quiere!

-¿Te volviste loco?

-¡Si porque hoy es el día más feliz de mi vida Antonio! –le grita- ¡La mujer que me desvela me corresponde! Me lo acaba de insinuar… ¡me quiere! ¡me quiere! –salta feliz.

 *

Habitación de Isabel.

-¡Piénsalo bien! –le ruega Andrés- ¡estás a tiempo de arrepentirte!

-¡No! ¡Ya te dije que no! –Isabel no se deja convencer- ¡no voy a dar marcha atrás! ¿me entendiste? –y lo enfrenta- ¿no te basta con lo que dice Ibáñez?

-¡Ibáñez es un cobarde! –dice Andrés con desprecio.

-¡Ibáñez es el director financiero! –le recuerda Isabel- ¡no se te olvide Andrés! Y si lo dijo es porque sabe lo que está haciendo… ¡Además, ya te dije, que mi tranquilidad vale mucho más que cualquier fortuna de este mundo!

-¡Y tú vales más que cualquier fortuna para mí! –de pronto le declara Andrés- ¡Hagamos un trato! –le ruega- volvamos a ser los mismos de antes

Isabel lo mira de pies a cabeza.

-¡Y yo me olvido de la fortuna del viejo! –promete Andrés.

-¡No! Esto ya lo hemos discutido muchísimas veces… ¡ya déjame en paz!

-¡Isabel! –Andrés la toma de los brazo.

-¡Suéltame! –se libera Isabel- ¡Entiéndelo por favor Andrés! –le suplica- ¡yo no puedo cambiar! ¡ya no siento nada por ti!... ¡nada!

Andrés la mira con rabia en la mirada.

Isabel lo mira con pena- Mira, se hará la repartición de bienes legalmente –lo consuela- ¡será suficiente para los dos! ¡te lo prometo! Incluso si tú me lo exiges yo estoy dispuesta a darte más de lo que te corresponde.

Pero Andrés la mira con rabia y rechina los dientes- ¡Quiero que me des tu amor! –no se conforma y la toma bruscamente la cabeza entre las manos- ¡es lo único que te pido!.

-Por favor Andrés … ya… –le ruega Isabel- ¡Me haces sentir muy mal!

Y de pronto Andrés se queda de una pieza y una terrible sospecha le oscurece la mirada- ¡Existe alguien más! –le afirma.

Isabel mira para otro lado.

-¡Dejaste de quererme porque te enamoraste de otro hombre! –la acusa Andrés.

-¡No Andrés! –niega Isabel- ¡no tiene que haber un motivo para justificar el desamor! –lo mira- ¿o es que tú crees que cuando se deja de amar tiene que existir una tercera persona que se interponga entre nosotros?

-¡Entre nosotros siempre hubo un tercero! –suspira frustrado Andrés- ¡Pero ahora está muerto!

-¡Te equivocas! –le reta Isabel- Moralmente el recuerdo de Pedro está muy vivo en esta casa.

-¡Que se quede Ángela con el recuerdo! –grita desaforado- ¡Con tal de sacarte el fantasma de ese viejo de la cabeza!

Isabel lo mira lejana y con menosprecio, en ese momento escucha un auto que se acerca e Isabel corre a la ventana a mirar.

 *

Abajo Salvador le abre la puerta del auto a Ángela y le da la mano para ayudarla a bajar.  Walter la recibe- ¡Señorita Ángela!
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Walter se pone tieso para recitar su mensaje-¡Discúlpeme pero la señora Isabel y don  Andrés la están esperando hace tiempo ¡tienen urgencia de hablar con usted!
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-¿Se le ofrece algo más señorita? –pregunta Salvador.

Ángela sonríe a Salvador y le contesta- No Salvador ¡Puede retirarse!
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Y luego ignorando a Walter entra a la casa.  Walter se queda furioso contra Salvador.

Al entrar a la casa se encuentra en el salón con Andrés e Isabel que la esperan.
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Andrés la mira.
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En la lavandería Salvador se saca el uniforme.
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... y ve las tijeras sobre la mesa.  Con un gesto pensativo las toma y las mira.
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*

 En la sala. Ángela espera sentada en el sofá.
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-¡Ya no pienso seguir prolongando más esta situación! –empieza Isabel.
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-Y quería que encontráramos una solución para poder terminar con nuestras diferencias –y los mira a los dos- ¿no les parece?
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Andrés dice de mala gana- ¡Aquí tienes el nuevo balance, los títulos y las inversiones de tu papá! Y por supuesto… ¡las escrituras de las propiedades que no anexamos en la relación pasada! –y le entrega los documentos.
Isabel sonríe forzadamente apretando los labios mientras Andrés pone cara de fastidio. Ángela revisa los documentos sorprendida.

(Ah! Cómo me gusta mucho el piano... les dejo el número de teléfono de Dany’s pianos 954 974 7022, claro... no sé de qué país!!! Hehehe )

*
FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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