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El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ
Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO * CAP# 71: martes 25 de octubre 2005 – ¡ANTONIO! Bar. En la trastienda del bar, se enfrentan Salvador y Antonio. Salvador toma una jarra llena de agua y nervioso e intranquilo se sirve un gran vaso. Luego
le pregunta- ¿Cree que su comportamiento es el más
indicado Antonio? –le reclama con rabia contenida- ¿de que
le sirve seguirme los pasos? –y se toma el agua.
-¡Precisamente estoy en eso! –le contesta Antonio. -¿Y usted piensa que Ángela y yo tenemos una relación amorosa? –dice Salvador con tono de burla. Antonio no le contesta. -¡Está buscando la manera de destruirme! –le acusa Salvador. -¿Quién quiere destruir a quien? –se burla Antonio. -¡Usted!
–lo acusa Salvador- usted puede acabar conmigo muy
fácilmente, ya sabe donde vivo... ¡no le será muy
difícil imaginar el resto de la verdad! Antonio lo mira con duda. -¿Quiere
que lo ayude? –sigue Salvador con frustración en la voz-
¡para que no se rompa la cabeza! ¿Qué piensa
Antonio? –y se toma otro vaso de agua. -¡Lo
más lógico! –le responde Antonio con sarcasmo-
¡que usted y Gaetana son unos maleantes inescrupulosos,
extorsionistas! Se pusieron de acuerdo para aprovecharse de la
situación. Salvador
cansado y frustrado mira para otro lado -¡Si! Eso es una buena
posibilidad Antonio –dice con amargura y se sienta en una silla
con todo el peso del mundo sobre sus espaldas- si usted le comenta eso
a todos... ¡le van a creer y va a lograr su objetivo! –le
vaticina y se recuesta en el sillón- ¡me destruirá!
–y luego lo mira a los ojos con una última súplica-
¿lo piensa hacer? Antonio suspira nervioso- ¡Mi obligación es desenmascararlo! -¡Pues
entonces hágalo muchacho! –lo desafía Salvador y le
muestra la puerta- ¡está en todo su derecho!
¡hágalo! Antonio hace
amago de salir pero a su pesar se detiene- Supongo que... si lo hago...
¡usted no se va a quedar con los brazos cruzados y
trataría de evitarlo! –lo reta- ¡una persona de sus
alcances no dudaría en matarme! Pero Salvador
le responde agrio- ¿Y como piensa que lo haré? –se
burla- ¿en la oscuridad de la noche? ¿por la espalda? -¡Eso es
lo de menos! –sigue Antonio- ¡no importa! –y se le
acerca- ¡la cuestión es impedir que le descubran su juego!
–lo incita. Salvador no responde. Y de pronto
Antonio cae en la cuenta- ¡Pero no lo hará! –y le
tiembla la voz y se aleja- ¡no lo hará porque usted no es
un delincuente ni un inescrupuloso! –hace una pausa-
¡estamos jugando a las posibilidades! ¿no? Démosle
la vuelta a la moneda y miremos la otra cara... ¡supongamos que
ni usted ni Gaetana son unos maleantes! –y se vuelve a acercas-
¡que la señora Gaetana es una señora que
está muy interesada en las ciencias ocultas y que tuvo un
acercamiento espiritual muy profundo con el señor Donoso! Salvador no le responde y se sirve otro vaso de agua. -¡Lo
único que me falta investigar es en qué momento y por
qué llegó usted! –le afirma Antonio- ¿puede
ayudarme a contestar esa pregunta Salvador? Salvador se
toma la cabeza- ¡Ya lo adivinó Antonio! Era lo que
quería –y dice cansado- ¡ya lo adivinó!
–le repite- ¡Gaetana y yo somos cómplices y queremos
sacarle provecho a la situación! -¿Quiere que crea eso? –se burla Antonio. Y de pronto Salvador lo mira con franqueza- ¡Si muchacho! –le afirma- ¡prefiero! Antonio
lentamente se sienta a su lado- ¡Lo creería! –le
dice sincero- ¡si en sus ojos no se reflejar el mismo brillo que
se reflejaba en los ojos de don Pedro José! Mira como él,
se comporta como él... –y empieza a tener miedo- ¡y
conoce todos los detalles que solamente él conocía! Salvador se
siente incómodo- ¡Eso tiene una explicación!
–trata de convencerlo- ¡Gaetana me dio instrucciones para
imitarlo y confundirlo a ustedes! -¡Eso no
es cierto! –se enoja Antonio y se levanta- ¡eso no es
cierto! Entre usted y don Pedro José hay una relación muy
estrecha y verdadera. Salvador cierra la mandíbula con fuerza. -¡Eso lo
pensamos todos los que vivimos en esa casa! –le grita Antonio-
¡mi mamá! ¡Walter! ¡Vicky! –y luego
recuerda- ¡Vicky hasta llegó a pensar que usted
podría llegar a ser el hijo de Pedro José! Y
Ángela... –se detiene- ¡Ángela se siente
atraída por usted porque le recuerda mucho a su papá! Salvador
decide cambiar de táctica y lo ataca- ¿usted por
qué trata de ocultar su desengaño? A lo mejor
Ángela ya no lo quiere y comienza a fijarse en mi. Antonio se le
acerca lentamente y se sienta a la mesa- Salvador –le confiesa-
yo por usted no siento celos –y empieza a temblar como un hoja-
¡lo que siento es algo muy distinto!... –traga saliva-
¡es miedo Salvador! ¡es miedo! –y muy nervioso-
¡estoy aterrorizado! Salvador
desvía la mirada- ¡Antonio yo prefiero que piense lo peor
de mi! –y se sirve otro vaso de agua- ¡honestamente lo
prefiero! No quiero que por mi culpa termine enloqueciendo. -¡Vine a investigar la verdad y no me moveré de aquí sin averiguarla! –afirma Antonio. -¡Se
está exponiendo a perder la razón muchacho! –le
grita fuera de si Salvador- ¿qué no se da cuenta? Antonio lo
mira de cerca y luego asume la verdad- ¡El señor Donoso no
está muerto! –dice como hipnotizado- ¡sigue vivo
dentro de usted! Salvador se levanta enojado- ¡Ya cállese! -¡Vive
dentro de usted! –sigue diciendo Antonio con ojos desorbitados-
¡nunca creí cuentos de espíritus! Pero ahora es
diferente... –y luego grita completamente histérico-
¡contra mi voluntad estoy aceptando que usted es don Pedro
José! Salvador en un gesto desesperado le toma por los hombros- ¡Muchacho! Por el amor de Dios no diga estupideces. Antonio lo mira con horror y temblando. -¡Usted no puede creer que los muertos regresen! -¡Al
verlo a usted no me queda otra opción! –y de pronto mira
horrorizado las manos de Salvador que lo tocan y se da cuenta que son
las de un muerto- ¡no me toque don Pedro José !
–dice con asco- ¡no me toque! –y luego temblando-
¡los muerto me aterran! No me toque –le ruega. Y se separa de
él como si apestara, Salvador trata de acercarse pero Antonio
solo repite- ¡no me toque! –y sale corriendo. Salvador se queda un momento y luego sale corriendo detrás de él. Antonio sale al estacionamiento, con las manos temblando se pone el casco y sube a la moto. Salvador lo alcanza. -¡Un momento! –sale Camilo detrás de ambos- ¿qué está pasando? Antonio arranca la moto y acelera. Con tanto grito salen Lupe y Gaetana. -¡Camilo dame las llaves! –le pide Salvador y Camilo le pasa las llaves. Entre los
gritos de Lupe y Gaetana que preguntan que pasa Salvador arranca el
auto y persigue a Antonio. Antonio acelera la moto con los ojos llenos
de terror y lágrimas. Salvador
maneja a una velocidad más prudente- ¡Muchacho idiota!
–dice con rabia- ¿a ver que gana con todo esto? –y
golpea el volante furioso- ¿por qué tenía que
complicar las cosas de esta manera? –y luego sigue con furia-
¿ahora que demonios vamos a hacer? Bar. Gaetana, Camilo y Lupe se sientan a una mesa. Tienen una ricas copas de margaritas con sal. -¡Se lo
juro doña Gaetana! –le promete Camilo- ¡si hubiera
sospechado que ese tipo traía problemas yo no le dejo pasar de
ninguna manera! ¿pero como iba a adivinar que ustedes lo
conocían? -¡No te
preocupes hombre! –lo tranquiliza Gaetana- ¡tú no
tienes la culpa! Esto tarde o temprano iba a suceder –dice
filosófica- ¡y sucedió! Ahora es Salvador quien
está metido en tremendo lío. -¡A mi
también me preocupa mucho ese muchacho Antonio!
–interviene Lupe- ¿vieron cuando salió? ¡iba
impresionadísimo! ¡Temblando como si hubiera visto al
mismísimo demonio! Antonio
luchando con su miedo y sus lágrimas conduce a mucha velocidad
rumbo a su casa. Piensa aterrorizado “Salvador es Pedro
José Donoso”, y luego “ ¡el señor Pedro
José Donoso regresó!” y mientras no puede creerlo
no se da cuenta que va en el carril contrario. Un auto aparece en
sentido contrario. Antonio lo ve al
último minuto, hace una maniobra desesperada y en accidente
terrible queda tirado en medio del pavimento. (Excelente!!! Muy convincente el accidente con la moto!) Antonio queda tirado inmóvil. Apto. Felipe. Corta enojado
el teléfono- ¡Maldición! –gruñe-
¡tan difícil está resultando esto! Conseguir al tal
Salvador Cerinza –y se enoja- ¡No más! –grita-
¡no más! Estoy cansado de estar llamando a todas esas
malditas fábricas sin conseguir ni una sola pista –y se
pasea como un león enjaulado- ¡ni una! Y de pronto
pega un grito de horror- ¡Ahhhhh! –cuando en medio de la
noche aparece Cantalicia como un fantasma con una larguísimo
camisón blanco. -¿Qué le pasa don Felipe? –se asusta Cantalicia. -¡Me asustó! –le grita Felipe- ¡como se atreve a aparecerse así como un espantajo! -¡Pues
nada más que lo oi que estaba gritando! –le explica y se
rasca la cabeza- ¡y vine a ver qué le pasaba! -¡Ah!
–y Felipe se pasea- ¡estoy desesperado! –y luego la
enfrenta- ¡de-ses-pe-ra-do! –le deletrea- ¡soy un
artista! ¿me entiende? –le explica- ¡yo necesito
luchar para vivir y mi sobrino Jacobo, el tarugo ese, me ha colocado a
trabajar como detective privado! –se exaspera- ¡y yo no
estoy para eso! –y le ruega- ¿me entiende? Cantlicia
sonríe con pena- ¡Si tanto le disgusta el encargo! Ya no
nos ayude... ¡se acabó! –se resigna. Felipe la mira
con compasión- ¡Usted está enterada por Jacobo que
si yo renuncia a todo esto!... inmediatamente usted se largaba de
aquí con el mocoso. Cantalicia mueve la cabeza afirmativamente con una gran tristeza- ¡Si señor! -¿Y cuando le preguntó esto usted que le dijo? -¡Qué si! –susurra Cantalicia- ¡que ahí mismito yo me regresaba para las Cruces! Felipe suspira aliviado. -¿Qué
puedo hacer yo sola en una ciudad tan grande señor Felipe?
–sigue Cantalicia- ¡apenas abro la puerta y ya me da miedo
de perderme! Felipe
acongojado se rasca la barbilla- ¡Pues este... no se hable
más del asunto! –decide- ¡mañana muy temprano
usted empaca su maletica y yo la lleva a la terminal de autobus para
que tome el primero que salga para su pueblo! Cantalicia asiente con la cabeza y empieza a llorar. -¿Ya está entendido todo Cantalicia? –le pregunta Felipe. -¡Si señor Felipe, como usted quiera –acepta y llora. -¡Ya deje la lloradera! Que no hay nada que destete más que el llanto de las viejas –le afirma. -¡Con permiso! –Cantalicia sale corriendo. Felipe se
queda enojado y patea una silla- ¡todo esto por estar
complaciendo al tarugo de mi sobrino! –suspira nervioso y mira
alrededor. Decide salir- ¡en lugar de estar perdiendo el tiempo
encerrado aquí entre estas cuatro paredes vamos a la cantina
donde te esperan unos buenos tequilitas Felipe Madero! –se dice a
si mismo, se pone la boina para salir. En un
último gesto, decide tomar el periódico con la foto de
Salvador, Isabel y Andrés y se lo pone en un bolsillo. Carretera. Salvador que venía a menos velocidad, alcanza a Antonio y lo ve tirado en medio de la ruta. Desesperado baja del auto.
Al tomarle el
pulso Antonio recupera la conciencia- ¡Antonio no te muevas!
–lo detiene Salvador- ¡no te muevas! –le ruega-
¡quédate tranquilo! -¡Quédate
tranquilo! –le exige Salvador- ¡no te muevas! Estas
lastimado... ¡quédate tranquilo! Antonio lo
mira espantado y se levanta a pesar del dolor le grita-
¡Suélteme! –y cuando Salvador trata de ayudarlo lo
empuja bruscamente- ¡Suélteme! -¡Antonio hágame caso! –le ruega Salvador y recoge el casco del suelo. Antonio se
dirige a la moto -¡Suélteme Salvador! ¡o don Pedro
José! –le dice furioso- ¡quienquiera que sea!
–se toma la cabeza con dolor- ¡lárguese! –y
luego le arranca el casco a Salvador, se lo pone y trata de levantar la
moto del suelo. Pero está tan nervioso que no puede. Salvador al verlo tan desesperado lo ayuda a levantar la moto. Antonio sube y se dobla del dolor. -¡Muchacho!
–le ruega Salvador- ¡escúcheme! No puedo dejarlo ir
después de lo sucedido... ¡mejor dejemos la moto al lado
del camino que luego yo me encargo de recogerla!
-¡Antonio escúcheme! –le grita Salvador y trata de detener la moto.
Gaetana canta.
La primera vez que te vi -¡Sinceramente
yo no sé que pensar de Salvador! ¿eh? –le confiesa
Camilo- se trae muchos misterios entre manos... ahora mismo
¿qué problema puede tener con ese muchacho? –se
sorprende. -¡Si
tiene tantos enemigos Salvador no debería vivir aquí!
–Camilo golpea la mesa con el índice. -¿Por qué no? –se sorprende Lupe- ¡si este puede ser un buen escondite! Uno nunca sabe. Matilda entra con dos muchachones muy grades. -¡La que faltaba! –dice Lupe al verla. -¡Hola!
¡buenas noches! –ríe Matilda al verlos-
¿ustedes dijeron que la reina de la noche no iba a venir?
¡que rico se siente aquí! –y luego les sonríe-
¿cómo les está tratando mis amores? –y sin
esperar respuesta- ¡vamos chicos! –y se lleva a sus
guardaespaldas. -¡Tenía que llegar la pesada esta! –se queja Lupe- yo guardaba esperanzas de que no volviera nunca. -¡Ya! Ya, ya –la consuela Camilo con cariño. Gaetana sigue cantando y bailando. [♫ Esa noche yo te amé ] ♫ Carretera. Salvador sigue muy de cerca de Antonio que no puede ir muy rápido por el dolor. Se dobla sobre la moto. Salvador lo mira con rabia y preocupación. Antonio lo mira de reojo mientras maneja. Por fin llegan a la mansión y se baja trastabillando. Salvador estaciona detrás y baja. Antonio
lo mira y se toma la cabeza- ¿Por qué no se larga?
–le grita histérico- ¿por qué no se larga y
me deja en paz? –gime. -¡Porque quiero cerciorarme que llega bien a casa Antonio!- le responde Salvador. Y de pronto Antonio lo ataca pero pierde conciencia. Salvador lo ataja en sus brazos. El vigilante se acerca sorprendido- ¿qué le pasó? -¡Llévelo
a su cuarto por favor! –le pide Salvador mientras Antonio vuelve
en si- ¡se encuentra indispuesto! Salvador se marcha. El vigilante ayuda a Antonio y lo lleva caminando, casi a rastras. Isabel, insomne, ve al vigilante y a Antonio desde su ventana.
Mansión. Antonio entra solo a su habitación. Simón lo escucha y prende la luz- ¡Antonio! ¿qué te pasa? Antonio sin mirarlo se tira en su cama con botas y todo puestas. -¡Me
tenías muy preocupado hombre! –se levanta Simón-
¿por qué te tardaste tanto? –se acerca-
¿fuiste a buscar a Gaetana? –y de pronto lo mira-
¡Antonio! Te estoy hablando –y lo toma del brazo porque no
reacciona y se da cuenta que está ensangrentado- ¿Antonio
que te paso? –se asusta- ¿te caíste de mi moto
verdad condenado? ¡Antonio! –se enoja- ¿por
qué no me respondes? ¡Antonio! –y se pone
histérico- ¿dónde estabas metido? ¿por
qué vienes golpeado Antonio? Antonio no le responde, está completamente ido. -Antonio... ¿qué demonios tienes? ¿qué te pasa? Abigail entra al escuchar tanto ruido- ¿Ya llegó hijo? -¡Si mamá! –se desespera Simón. -¡A ver
dame chance! –lo separa Abigail- ¡Antonio hijo! ¡Ay
Dios mío! –dice al ver las heridas- ¿pero que te
pasó hijo? ¡Antonio responde hijo! –se desespera-
¿qué tienes por Dios? ¡dime! –y le sigue
rogando- ¡Ay Dios mío qué barbaridad! Antonio sigue completamente catatónico. Un bar. Felipe toma un trago con una bella mujer. -¡Esto
es lo que me gusta de la gente de Río Claro Chelito! –y
mira a la gente que pasa- ¡De día y de noche la gente vive
celebrando y gozando de la vida! –y se toma su tequila. -¡Y
tú no te quedas atrás! –ríe Chelito-
¿no es cierto mi querido maestrito? Que cuando se trata de
parranda tú eres el primero en la fila. -¡Ojalá
pudiera gozar a mis anchas! –suspira Felipe- ¡pero es que
el dinero no me alcanza! –le confiesa- ¡los negocios van de
mar en pero Chelito! Con decirte que en vez de pintar estoy dedicado a
investigar. -¡Oye!
Pero si siempre has sido investigador –se burla Chelito-
¡tú andas investigando las curvas de todas las modelos!
–se ríe- ¡viejo verde! -¡Pues
no! Ahora no se trata de ninguna modelo, te lo juro- y se toma su
tequila de un trago y le muestra la foto- ¿cómo puedo
averiguar yo de estas personas con la poca información que me
dan? Chelito lee- Isabel Arroyo y Andrés Corona- y se queda pensando- ¿pero sabes que? Los he oído mencionar. -¡No me
vengas con el cuento que tú los conoces porque de la maldita
alegría me pongo a bailar en una sola pata! -¡Ay no!
–le corta Chelito- ¡no precisamente! Pero una familiar
trabajó en la empresa de esta señora Isabel Arroyo. -¿Es una empresa de cítricos? -¡Si! Es una empresa de cítricos. -¡Wow!
–Felipe la abraza feliz- ¡eres maravillosa Chelito de mi
corazón! Entonces tú sabes donde puedo localizarlos...
¿lo sabes? Chelito se queda mirándolo. Mansión. En plena noche cerrada Azur pasea suelto vigilando. Una larga noche pasa. Amanece. -¡Pues
sabe como pasó! –le chismenta Vicky a Valeria mientras
ésta desayuna- ¡pero la señora Abigail está
destrozada y no es para menos! -¿Y que? ¡a mi también me pusiste muy nerviosa con todo lo que me cuentas! -¡Pero
lo extraño es que Antonio es un muchacho serio, responsable que
no le gusta el chupe y mucho menos las parrandas! –sigue Vicky-
¡Así como todos los muchachos de su edad! Él
solamente se dedica a estudiar y estudiar y nada mas. -¿No saben que fue lo que le pasó? Vicky se
asegura que nadie las escucha- Por lo que alcancé a escuchar
anoche llegó todo golpeado, aparentemente tuvo un accidente en
la moto de Simón... ¡pero lo malo no es eso! Lo malo es
que no quiere hablar ni responder preguntas ni nada. Habitación de Antonio y Simón. -¡Nada
que le baja la fiebre! –se preocupa Abigail y le pone compresas-
y además... ¡Dios quiera que no tenga una fractura
además de los raspones horrorosos que trae en el brazo! –y
de pronto se enoja con Simón- ¡Ay Simón!
¿por qué tuviste que prestarle esa moto? -¡Ma
este no es el momento para regaños! Ahorita lo más
importante es Antonio... ¿estas segura de que no le ha bajado
nada la fiebre? -¡No le bajó nada y además no reacciona! -¿Le damos algo más para la fiebre doña Abigial? –se inquiera Nora. -¡No!
No, no –rechaza Simón- ¡ya no le llenen de pastillas
que de nada le van a servir! Es mejor llamar al doctor o llevarlo al
hospital para saber a ciencia cierta que tiene. Abigail acaricia a Antonio. Comedor. -¡Hola Valeria, buenos días! –llega Ángela en bata a desayunar- ¿Cómo amaneciste? -¡Bien Ángela! ¿quieres jugo? –le ofrece Valeria. -¡Si gracias! –y de pronto ve a Valeria que no sonríe- ¿qué te pasa? Te noto preocupada. -Mejor te lo cuento cuando terminemos de desayunar. -¡No! No me dejes así, si está pasando algo dímelo por favor. -¡Ángela! Es que... Antonio tuvo un accidente y yo creo que es mejor que averigües que pasó. En la sala Walter interroga a la otra empleada -¿Y a que hora llegó ese tipo? –y siguen hablando. De pronto
Rebeca baja histérica gritando- ¡Qué pasa!
¿Se puede saber que hacen ahí en vez de estar trabajando?
–dice con su voz aguda- ¡llevo horas gritando para que
alguien me suba el desayuno a mi cuarto pero nadie me escucha! –y
reclama a la empleada- ¡A ver! ¿nadie me quiere servir? -¡Permiso! –se asusta la empleada. -¡Walter! –llama Rebeca a Walter- ¿que sucede? ¿por qué tanto chismorreo en esta casa? -¡Me
estaban comentando de Antonio! –dice Walter con desprecio-
¡es que ese demonio no tiene arreglo! Es tan degeneradito como el
hermano. -¿Qué pasa ahora con Antonio? Y en ese momento los dos ven a Ángela y a Valeria que se dirigen a la habitación de Antonio. -¡Como
anda loquito porque la señorita Ángela le puso cuernos!
–le cuenta Walter- ¡Se fue de juerga anoche y quien sabe en
que antro del vicio se habrá internado que llegó
narcotizado! Rebeca disfruta con el chisme- ¡No me diga Walter! –dicen con una sonrisa malvada. -¡Así como lo oye! -¿Con que esas tenemos? –ríe malvada Rebeca. -¡No
solo eso! Sino que se estrelló en la moto de Simón y
parece que el golpe lo dejó un poco loquito... ¡porque
dice disparates! –y luego baja la voz- ¡solo musita nada
más! No sé con qué milagro llegó anoche a
esta casa –y mira con ojos grandes y espantados. Habitación Antonio y Simón. Simón
trata de darle agua pero Antonio mira a lo lejos y no se mueve-
¡Hermano! ¿por qué no reaccionas?
¿qué sientes? –insiste Simón- ¿se te
rompió un brazo? ¡dime! -No está muerte –pronuncia Antonio- no está muerto... ¡sigue vivo! -¿Quién
sigue vivo Antonio? –se intriga Simón-
¿quién? ¡no te entiendo! –se enoja-
¡Antonio! ¿quién no está muerto? Entra Ángela, todavía en bata acompañada de Valeria. -¡Antonio dilo! –le exige Simón. Al no obtener respuesta las mira. Todos se miran unos a otros. En la habitación de Isabel. Rebeca corrió a darle el chisme. -¿No estás exagerando tía? –se exaspera Isabel. -¡No!
¡te juro que no Isabelita! –dice Rebeca exagerando los
gestos- ¡ahí están las empleadas de testigos!
–miente descaradamente- ¡Anoche Antonio llegó a la
madrugada arrastrándose por el piso! Para mi que se
intoxicó con drogas –agrega con maldad- ¡está
completamente loco hija! -¡Ay
tía! –se cansa Isabel- ¡por Dios no inventes!
¿quieres? –la corta enojada- ¡ni llegó a la
madrugada ni llegó arrastrándose como tú dices!
–y la mira- ¡Si, de acuerdo! Llegó tarde...
¡yo lo vi y entró acompañado por el celador! Pero
aunque haya llegado indispuesto no llegó en las condiciones que
tú aseguras. -¡Bueno! –admite Rebeca de mala gana- ¡si tú lo dices! -¡Si yo
lo digo! –le corta Isabel y se levanta del sillón donde
está sentada- ¡y voy a averiguar qué pasó!
–decide. -¡No!
–salta Rebeca y la detiene- ¡no tienes que hacer nada
allí! Está todo el mundo con él... ¡incluso
la insoportable de Ángela! -¿Allí está? –pregunta Isabel. -¡Claro!
–y agrega con maldad- ¡es lo menos que puede hacer!
¿no? Porque posiblemente por ella cometió ese muchacho
cualquier disparate. Isabel la mira. Habitación Antonio y Simón. Ángela
se sienta al lado de la cama- ¡Antonio! ¿qué
tienes? –le ruega- ¡Antonio, soy yo Ángela!
¿me escuchas? -¡No
insista señorita! –cortante Abigail- ¡no sabemos si
está dormido o despierto! –y luego mira a Valeria y a
Norita- No sé que hacer con él. -¡Mamá
pues hazme caso! –le dice Simón- ¡hay que llevarlo a
un hospital! ¿por qué esperamos más? -¡Gracias
señorita! –se niega terminantemente Abigail- ¡pero
yo me haré cargo! No quiero causarle problemas a nadie. -¡No es
soberbia señorita Ángela! –le responde seca
Abigail- ¡entre usted y mi muchacho ya no existe nada! Yo me
haré cargo, no se preocupe. -¡Nada
tienen que ver nuestros problemas personales con su salud! –se
enoja Ángela- ¡son cosas completamente diferente y por
supuesto que me preocupo Abigail! –y luego ordena a Simón-
¡Simón llama al doctor y dile que venga inmediatamente!
¡es urgente! Pero Abigail da una contraorden- ¡Simón vete para la fábrica! Mira la hora que es y vas a llegar tarde. -¡Mamá!
–protesta Simón- ¿qué importa la
fábrica si mi hermano está de por medio? -¡Yo me encargo de atenderlo! –le dice seca Abigail- ¡cumple con tus obligaciones Simón! -¡Simón
hazle caso a tu mamá! –calma la situación Valeria-
¡yo voy a llamar al doctor! Vete tranquilo que vamos a hacer todo
lo que esté en nuestras manos por tu hermano. Ángela se vuelve a acercar a Antonio- ¡Antonio! ¿qué tienes? –le ruega. -¡Temo
mucho que haya atentado contra su vida señorita! –dice
Abigail con voz llena de reproche- ¡estaba muy desesperado por el
disgusto que tuvo con usted! -¿Estas insinuando que esto es por mi culpa Abigail? –se sorprende Ángela. En ese momento Antonio habla- Salvador –balbucea- Salvador. -¿Dijiste Salvador? –se sorprende Ángela. -Salvador no es... –sigue balbuceando Antonio- es otro... ¡es otro! Y Ángela y Abigail lo miran asustadas. Salvador llega a la mansión.
Apto. Felipe. Cantalicia
peina a Moncho- ¡La verdad es que si yo tengo muchas esperanzas
de encontrar a Salvador! –le dice al niño, pero es
más bien par si misma- ¡pero si no se pudo no se pudo!
–y se seca las lágrimas- ¿qué le vamos a
hacer? –y le hace la raya- ¡por lo menos me queda la
tranquilidad de que se hizo el intento! –y besa al niño-
¡aunque no haya sabido de él nada!. El niño la mira triste. Felipe estudia sus pinturas. Cantalicia se le acerca con el niño- ¡Ya estamos listos don Felipe! -¿Listos para que? –le pregunta Felipe distraído. -¡Pues para que nos vaya a entregar al autobus! -¿Qué autobus? –se sorprende y guarda sus trabajos. -¡Eso me dijo anoche! Que me iba a mandar derechito para las Cruces. -¡No!
No, no –niega Felipe- ¡no la voy a mandar a ninguna parte!
–y sigue ordenando sus pinturas- ¡cambié de
opinión a última hora! Cantalicia sorprendida se tapa la boca con su rebozo. -¡Ahora si que no le entiendo nada! -¡Encontré una pista que puede ayudarnos! –y la mira- ¡le sonó la campana mi querida mula! -¡Pero si yo ya empaqué mis trapos y le puse ropa limpia al muchachito! –sigue con su cantaleta Cantalicia. -¡Pues
desempaque de nuevo! –pierde la paciencia Felipe- ¡pero por
nada del mundo usted puede marcharse! Por la tarde cuando yo regrese
tal vez le tenga muy buenas noticias. ¡Y ruéguele a Dios
que me ayude a encontrarle a su maldito marido! Cantalicia sonríe feliz. -¡Y
mucho cuidado de salir de aquí para la calle! –le
advierte- ¡por nada del mundo me salga! –y se pone la
boina- ¡y no me desordene nada! –y se marcha. Cantalicia
mira el desorden general- ¿Pero qué le voy a desordenar?
–se sorprende- ¡Ay mi hijo! –le dice a Moncho-
¡yo sé que ese señor Felipe es medio raro! Moncho asiente sin hablar. -¡Pero
con la ayuda de la virgencita yo creo que nos va a ayudar a encontrar a
Salvador! –y se vuelve a tapar la boca con el rebozo. Moncho le sonríe con cariño. Mansión. En el pasillo está reunidos Simón, Valeria, Vicky y Walter. -¡Yo insisto en que deben llevarlo a un sanatorio! –insiste Walter. -¡Y yo insisto en que usted no debe meter sus narices en lo que no le importa! –le grita Simón. -¡Si que
me importa atrevido! –le grita Walter- ¡hay suficientes
problemas en esta casa como para ocuparnos de enfermos mentales! Y si
él probó ese tipo de porquerías es muy
difícil que vuelva a recuperarse. -¡Walter no diga idioteces! –se enoja Valeria. Salvador entra en silencio y los escucha. -¡Qué le pasa Walter! -¿Que pasa con Antonio? -Qué
salió anoche y regresó muy extraño –le
explica Simón- ¡pero ya este imbeci.l asegura que
consumió drogas! -¡Y esa
es la verdad porque usted y su hermanito aparentan ser sanos pero sabe
Dios que clase de porquerías se traen a esta casa! Viciosos,
solapados –sigue Walter. Simón
no aguanta más y se le lanza, pero entre gritos lo detienen
Vicky y Valeria- ¡por favor Simón! –le toma la mano
Valeria- ¡vete a la fábrica que nosotros nos encargamos de
Antonio! –y lo acompaña afuera- ¡vamos! ¡vamos! Salvador mira a Walter. Vicky lo mira furiosa y se marcha. Salvador se le acerca- ¡Si hay un desequilibrado en esta casa yo le diré quien es! –lo amenaza. Andrés aparece y carraspea. Se ubica entre Salvador y Walter- ¿algún problema con mi empleado? Habitación de Antonio y Simón. Salvador entra sin llamar- ¡Abigail! –dice desde la puerta. -¡Algo
extraño le pasa Salvador! –gime Abigail- lo noto muy
trastornado y casi no habla y cuando lo hace dice puras
incoherencias... ¡además yo no entiendo por que no deja de
mencionarlo a usted Salvador! Salvador la mira acongojado- ¡Lo importante es calmarse! -Es que...
¿dónde anduvo ayer por la noche? –se desespera-
¡yo estoy empezando a pensar que le dieron algo a tomar porque
él nunca se comporta de esa manera tan extraña!
–empieza a llorar. -¡No
Abigail! No desconfíe de él, yo le podría asegurar
que no se trata de nada de eso. Antonio es un joven responsable que no
atentaría contra su vida... ¿me deja a solas por favor?
–le ruega y se sienta al lado de la cama. Abigail con lágrimas en las mejillas se levanta y los deja. Salvador espera que salga- ¡Antonio! Soy Salvador. -¡No
tiene por qué sentir miedo muchacho! Si quiere una
explicación de lo sucedido anoche yo se la daré con mucho
gusto. Antonio lo ve borroso- ¡Don Pedro José! –murmura. -¡Soy Salvador! Antonio –le reclama. -¡Salvador no existe! –susurra- ¡usted es don Pedro José! -¡No repita eso muchacho! –se enoja Salvador- ¡cállese! –le exige- ¡no lo diga más! Antonio se vuelve a hundir en la inconsciencia. Habitación de Andrés. Walter le lustra los zapatos a Andrés. Andrés tiene puesto un pie directamente sobre el pantalón de Walter que está arrodillado. -¡Debe
ser loco igual que el padre! –dice Walter- ¡que era un vago
que solamente sabía escribir poemas ridículos! Así que los hijos inútiles algo tendrían que heredar de él. -¡Si!
–se burla Andrés- ¡hay que estar muy loco para dejar
escapar la oportunidad de casarse con una muchachita tan rica como
Ángela.¡Tal vez el golpe le afectó la cabeza! -¡Aunque
yo hubiera preferido que la señorita Ángela continuara
con él y no con el insolente de Cerinza! –dice agriamente
Walter. -¡Walter!
–se pone alerta Andrés mientras cambia de pie- ¡Hay
algo que me llama la atención! –y lo mira desde arriba-
¡tú no te dejas humillar por ningún empleado! -¡Conservo mi dignidad señor Corona! –pronuncia digno Walter. -¿Entonces
por qué tiemblas cada vez que se trata de Cerinza? ¿crees
que no me doy cuenta? –lo acorrala- ¿le tienes miedo? Como
si estuviera chantajeando con algo que él sabe. Walter se pone pálido- ¡No! ¡no señor! –y mira el tarro de betún negro en la mano. -Si es
así –le aconseja Andrés- ¡te aconsejo que no
lo permitas! No seas cobarde... ¡no seas víctima de un
chantaje! –y luego suspira- ¡tú sabes que
confío en ti y que siento cierto!... –y busca la palabra-
¡agrado! –y le exige- ¡Así que dime la verdad!
¡confía en mi! Walter traga saliva- ¡Eh!... ¡es algo terrible señor! –y se dirige a la ventana para no mirarlo. -¡Por
más terrible que sea! –se le acerca Andrés por
detrás- ¡debes intentarlo! No me ocultes nada. Walter tiembla. Andrés
le susurra en la oreja- ¿qué hace ese imbécil par
someterte cada vez que quiere? ¿qué secretos sabe de ti? Walter abre los ojos desesperado. En el jardín, Isabel observa que llega el doctor Duarte que es recibido por Ángela y Valeria. Los mira entrar a la casa y luego llama al celador que se acerca corriendo. -¡Si señora! ¿En qué le ayudo? -¡Es que
anoche yo lo vi ayudando a Antonio! –comienza Isabel- ¡y yo
espero que usted me diga toda la verdad! ¿llegó solo o
alguien lo acompañó? -¡No
señora! Él llegó acompañado –le
informa- ¡él llegó acompañado por el chofer!
Salvador Cerinza. -¡Gracias! –le responde Isabel mientras endurece las facciones. Habitación de Andrés. -¡Todo
ocurrió hace muchos años! –le confiesa Walter-
¡cuándo yo recién llegué a trabajar a esta
casa! –y camina rascándose la cabeza- yo no vivía
aquí todavía, estaba en una pensión en el centro
de la ciudad y una noche yo pasé delante de una gran
joyería.... y... –duda cómo continuar y se arregla
el moño-¡pasó algo inesperado! –dice
acongojado. -¡No me digas que la estaban asaltando! –se burla Andrés. -¡Exactamente!
–salta Walter y aferra la idea- ¡Eso fue señor! La
estaban asaltando –y luego al ver la cara de Andrés-
¿usted no me cree? ¿verdad? Entonces lo dejo ahí
–trata de salirse de este apuro. -¡No!
No, no –afirma Andrés y acerca una silla para ponerse
más cómodo- ¡Por favor Walter! –y se sienta a
escucharlo- ¡soy todo oídos! –y hace un gesto para
que Walter también tome asiento- ¡adelante! Pero Walter
está muy nervioso para sentarse y aferrando fuertemente el tarro
de betún y un trapo de franela para lustrar zapatos sigue su
historia- Bueno... eh... entonces yo me crucé con los asaltantes
que venían –sigue inventado evidentemente- ¡y claro
es que ellos me vieron la cara! Y decidieron llevarme con ellos en el
carro en que estaban huyendo. -¡Como rehén! –agrega Andrés con sorna. -¡No!
–le corrige Walter y sigue con voz lúgubre-
¡planeaban matarme! –hace una pausa para dar fuerza a su
afirmación- ¡pero entonces llegó la policía
y nos persiguió! –y pone cara de espanto- ¡hubo un
gran tiroteo señor! Y los atraparon. -¡Y lo rescataron! –concluye Andrés. -¡No!
–le confiesa Walter siempre con el betún y el trapo en las
manos- no, porque ellos más bien llenaron mis bolsillos con
joyas y me acusaron de que yo era un cómplice más! Andrés
se pone cínicamente una mano sobre el corazón como
sorprendido- ¡Entonces lo metieron preso como un hampón
más! –deduce. -¡Exactamente señor! –confirma Walter- Y yo... Andrés mira para otro lado escéptico. -¡Y yo
traté de defenderme! –sigue Walter- pero no me creyeron...
¡entonces tuve que pasar varios días en la cárcel!
–y realmente se siente indignado- ¡tras las rejas como un
vulgar delincuente! Andrés lo mira con burla- ¡Terrible Walter! ¡terrible! -¡Terrible
realmente señor! –Walter se pone tieso y más
tranquilo toma asiento- ¡usted se imagina señor que me
acusaron en todos los periódicos de ser un ladrón de
joyerías! ¡yo un hombre de bien, de buenas costumbres, indefenso, vapuleado tan cobardemente señor! Andrés lo mira escéptico- ¿Y como saliste de esta situación? –lo interroga. -¡El
señor Donoso confió en mi! –le cuenta Walter- y me
consiguió un abogado que demostró mi inocencia. Andrés mira con disgusto a otro lado. -¡Usted no me cree! ¿verdad? –Walter se pone de pie al ver la cara de Andrés. -¡Si
Walter! –dice con burla Andrés- ¡por supuesto que te
creo! –y lo mira despectivo- ¡nada más con verte me
doy cuenta de la clase de persona que eres! Walter se pone tieso y nervioso. -¡Ahora lo que no entiendo es que tiene que ver Cerinza en todo esto! –lo interroga Andrés. -¡El se
enteró del terrible incidente! –le cuenta Walter-
¡no solamente eso señor! Sino que él guarda los
artículos de los periódicos donde me insultan de ser un
ladrón de joyerías y cada vez que se lo antoja lo saca a relucir para manipularme como un gusano. -¿Cuánto hace que sucedió esto? –se interesa Andrés. Walter calcula-¡Dieciocho años! -¡Dieciocho
años! –repite Andrés realmente sorprendido-
¿cómo se enteró Cerinza? ¿alguien se lo
contó? ¿alguien más sabía de esto? -¡Nadie!
–le afirma Walter! - ¡absolutamente nadie! –Walter se
besa los dedos cruzados- ¡se lo juro por mi santa mamacita
señor Corona! Solamente lo sabía el señor Pedro
José Donoso y ahora resulta que Cerinza conoce mi triste
pasado... ¡como parece conocer todo de esta casa! –y abre
los ojos con miedo. Andrés
suspira- ¡no solamente de la casa! También de la
fábrica... ¡Cerinza está de todo lo relacionado con
el viejo! -¡Por
eso es terriblemente peligroso! –dice Walter- porque sabe que
puede manipularnos –y luego le dice con voz llena de terror- no
sé... si conoce mi secreto ¡estoy seguro que debe conocer
los secretos de cada miembro de esta casa! Andrés
suspira con rabia- ¡Quién es Salvador Cerinza! –dice
mordiendo las palabras- ¿por qué sabe tanto? –y
luego amenaza a Walter- ¡no quiero que le quites la vista de
encima un segundo! Tenemos que averiguarlo ¡cueste lo que cueste! Walter asiente con la cabeza y lo mira con ojos agrandados. Mansión. Salvador se está poniendo la chaqueta del uniforme cuando Isabel abre sigilosamente la puerta de la lavandería.
Habitación de Antonio y Simón. El doctor Duarte examina a Antonio. Con una lámpara le controla las pupilas y después le toma la presión. Salvador sale de la lavandería y tan sigilosamente como Isabel se dirige rápidamente al piso superior. Controla a izquierda y derecha que nadie lo ve y luego se dirige a la habitación de Isabel. Isabel le abre la puerta antes de que la toque y con un gesto silencioso le dice que pase. Salvador duda pero luego se escabulle rápidamente en la pieza de Isabel. Parece que
nadie los ha visto... sin embargo... ¡La cabeza de Walter aparece
de repente en una esquina cerca de la escalera! En el pasillo Walter avanza de puntillas y pega la oreja sobre la puerta de Isabel. Habitación de Antonio y Simón. -¡Yo
sé que me escuchas y sabes todo lo que pasa alrededor! –le
anuncia el doctor Duarte a Antonio- ¿por qué te niegas a
hablar? –lo interroga- ¿qué te pasó
muchacho? ¿qué tienes? ¿qué sientes? Pero Antonio no reacciona y sigue mirando al techo sin responder. Habitación de Isabel. -¡Bien!
–empieza Isabel mientras Walter no se pierde detalle-
¡atrévase a negarlo! –le acusa a Salvador- ¡el
vigilante ya me lo contó todo! ¡usted trajo a Antonio en
la noche! –y luego lo enfrenta con rabia- ¡así que
debe saber qué es lo que le pasó! Nora sube al
piso superior y al escucharla Walter debe dejar su posición
detrás de la puerta de Isabel y se esconde cerca del escritorio
de don Pedro José Donoso esperando que Nora circule por el
pasillo. -¡Señora!
–le dice seco Salvador- ¡le advertí que no
tenía ningún derecho de reclamarme nada!
Y le advierte-
¡porque yo en este momento estoy dispuesta a contar todo lo que
vi! –y suspirando cansada trata de salir de la habitación. Pero Salvador la detiene del brazo.
E Isabel lo mira desafiante.
@2005 Narración by Mabouchita! Z;D ---------------------------------------------- |
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