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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 70: lunes 24 de octubre 2005 – ¡ROMPIMIENTO!

Mansión.

Es noche cerrada cuando Salvador deposita a Ángela en su casa.  Azur, un perro que sabe mucho, los mira con ojos inteligentes.  Pero también Rebeca, otro animal nocturno menos noble que Azur, los mira desde el porche de la casa con malos ojos. Rebeca decide entrar a la casa.  Ángela baja del auto y entra a la casa.  Salvador ve a Azur y se acerca a darle su caricia obligatoria y luego va a cambiarse de uniforme.

 *

En la cocina Abigail cena sola con Simón.

-¡Quisiera ayudar a Antonio pero me siento impotente! –suspira.

-¡Yo también siento lástima por él! –le confiesa Simón mientras come con los codos sobre la mesa- ¡el problemita con Ángela lo tiene desecho!

-¡Lo que más me angustia es que esta situación puede perjudicar sus estudios! –sufre Abigail.

-¡Cuando uno está enamorado el corazón no le deja pensar bien al cerebro! –dice filosófico Simón- ¡y lo digo yo que he tenido un buen enredo!

Abigail no puede dejar de reír- ¡Ay hombre de mundo! –pero luego se pone seria- Desde tu hermano llegó de la universidad ha estado en su cuarto y no quiere ni comer ni hablar con nadie.

-¡Pues tiene razones de sobre mamá!

-¿Tú también desconfías de la amistad entre Ángela y Salvador? ¿verdad? –le interroga Abigail.

-¡No del todo! Pero todo puede suceder, la vida está llena de sorpresas.

Abigail suspira y mueve negativamente la cabeza.

-¡Y mi pobre hermano no está preparado para soportar una decepción!

-¡Ay mi hijo! Aunque ponga el grito en el cielo voy a hablar con él –y trata de levantarse.

-¡No mamá! –la detiene Simón- ¡no lo molestes! Podría ser peor... ¡Mejor déjame intentarlo a mí! –y se levanta de la mesa- ¡a ver si corro con suerte!

Abigail nerviosa estruja una servilleta en sus manos.

 *

En su habitación Antonio trata de concentrarse en una lectura cuando de pronto tiene un ataque de histeria y de un golpe de mano tira todas las cosas de su escritorio.  Y luego se siente enojado consigo mismo y con el mundo.
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 *
En camino de ver a Antonio, Simón se encuentra a Valeria que en el entrada del pasillo que da al jardín mira o espera nerviosa.

-¡Valeria! –se sorprende- ¿qué haces ahí tan solita? –se inquieta- ¿te sucede algo?

-¡No! No te preocupes.

-¡No te escuché ensayar en toda la tarde! –nota Simón.

-¡Ah! –suspira cansada- ¡es que hoy no ha sido precisamente el mejor de mis días! –y luego le confiesa- no sé... ¡no tengo cabeza para nada!

-¿Por qué te veo tan triste? –se inquieta Simón.

-¡Si lo estoy! Pero ni siquiera sé el motivo Simón.

-¡Puedes confiar en mí! –se ofrece Simón- ¡si te sucede algo dímelo! –le dice Simón con el corazón en la mano.

-¡Quizás! –suspira Valeria- ¡quizás esté descubriendo que fui muy tonta al hacerme ilusiones con nadie! –y trata de marcharse.

Pero Simón se le pone enfrente- ¿A qué te refieres?

-¡No tiene importancia! –le dice Valeria- ¡no te preocupes! –y luego trata de calmarlo al ver la cara de Simón- no de verdad, muchas gracias.

En ese momento entra Ángela desde el jardín- Hola Simón –saluda- ¡hola Valeria! –y luego mira desesperada a Simón- ¡Simón! ¿podemos hablar?

-¡Si claro! Claro que si.

-¡Bueno, yo los dejo! –dice Valera al darse cuenta que está demás y se marcha.

Ángela espera que Valeria se aleja y luego pregunta- ¿en donde está Antonio?

-Pues como te imaginas, encerrado en su cuarto... ¡sufriendo como un condenado!

Ángela hace amago de ir a verlo pero Simón la detiene con ambas manos- ¡Ángela! No le hagas más daño –le ruega- el pobrecito está desecho de verdad.

Ángela se ofende- ¿tú crees que yo quiero lastimarlo? –y luego le dice casi llorando- ¡en todo el día no he dejado de pensar en él! –y le afirma- ¡estoy bien preocupada!

-Mira Ángela, si de verdad lo quieres habla con él... ¡pero no le confundas más!

-¡Vamos a ver que pasa! Por favor déjanos a solas –y luego decidida entra al cuarto de Antonio.

Simón la mira triste.

 *

Mientras tanto afuera Valeria da de comer a Azur.

 (bueno... no es que sea mal pensada, ¿pero qué hace Valeria dándole premios al perro a esas horas de la noche? Que además le tiene miedo al perro... ¡se le nota!... a menos que haya salido expresamente a buscar a Salvador)

 -¡Señorita! –justamente aparece Salvador.

-¡Salvador! –se yergue Valeria.

-No sé qué estará pensando de mí pero yo quisiera explicarle el malentendido con su prima Isabel.

-No, no tiene nada que explicar –responde fría.

-¡A mí tiene sin cuidado lo que piensen los demás pero honestamente si me preocupa mucho lo que pueda estar pensando usted!

-¿Por qué? –Valeria lo mira a los ojos- ¿le preocupa que cambie mi opinión con respecto a usted?

Salvador la mira con ojos bien negros- ¿Y cambió de opinión? –se preocupa.

Valeria simplemente lo mira sin expresión.

-¡Sea sincera conmigo! –le ruega Salvador- ¡cambió de opinión! ¿usted cree que soy un hombre sin escrúpulos? ¿usted me considera capaz?... –y le tiembla la voz- ¿de hacerle daño a la señorita Ángela?
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 -¡Me resisto a creer algo así! –le aclara Valeria- ¡y no tiene por qué justificarse conmigo! –y luego lo mira fría- ¡la verdad es que yo prefiero mantenerme al margen de estos problemas! –y se retira- ¡que pase buenas noches!
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 Salvador se queda triste y sin palabras.

 *

Ángela entra a la habitación y encuentra a Antonio acurrucado en una silla- ¡Antonio!
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 -¡No quiero hablar contigo! –le dice duro.

-¿Tan enojado estás? –se sorprende.

-¡Me mentiste! –le reclama Antonio.

-¡No! ¡no te mentí mi amor! –le ruega Ángela- ¡es un malentendido!

-¿Querías que habláramos con Salvador? –se burla Antonio- ¡y en cuanto él llegó te fuiste de la casa y me dejaste plantado! –y luego sigue con sorna- ¿creíste que no los iba a ver abrazados y besándose en plena calle?

-¡No nos estábamos besando! –se enoja Ángela- no digas estupideces... ¡no te dejes llevar por las apariencias!

-¡No son apariencias Ángela! –le grita Antonio- ¡ninguna mujer abraza así a un hombre a menos que sienta algo por él!

-¡Si tienes razón! –le contesta enojada- ¡no te equivocas! Yo siento algo por Salvador... pero es un sentimiento muy limpio.

-¿Ah si? –se burla Antonio- ¡muy limpio! ¿no? ¡tan limpio que se van lejos de la casa para demostrárselo! –y le da la espalada enojado.

-¡Antonio por Dios!

-¡Ángela! ¿qué tanto hacen juntos? –la enfrenta Antonio- ¿crees que soy tonto? ¿crees que no me doy cuenta que me estás engañando?

-¡Me estás ofendiendo! –le dice Ángela con un nudo en la garganta- ¿acaso no te he demostrado lo importante que eres para mí? ¡me he enfrentado a todo el mundo para demostrarte que no me importa lo que digan ni lo que piensan! Pero si eso no te convence de mi amor... ¡entonces no me quieres! –le grita- ¡simplemente no me quieres!

-¡Ángela por favor! –se arrepiente Antonio- ¡entiéndeme!

-¡No! ¡no me quieres Antonio! –repite Ángela- ¡no me quieres porque por habladurías y por un abrazo inofensivo mandas todo al diablo!

-¡Si! Si, si ¡me gustaría saber qué tan inofensivo fue ese abraza! –y levanta los brazos- ¿desde cuando acá una señorita se toma tanta confiancitas con un empleado?

De pronto Ángela cambia de actitud- ¿sabes qué? –le dice fría- ¡Tú no estás inseguro de mí! –le afirma- ¡estás inseguro de ti Antonio! –y luego sigue- Salvador tiene razón al decir que eres un inmaduro.

Pero esto es como una puñalada para Antonio- ¿Ah si? –le tiembla la voz- ¿eso te dijo? –y corre de un lugar a otro- ¿y que más te dijo el señor Salvador? ¿eh? ¡que otro defecto me encontró para convencerte que no te convengo!

-¡Es que a lo mejor la que no te conviene soy yo! –le responde Ángela con el corazón destrozado- ¿qué tiene que hacer una descarada con alguien como tú? –y luego se pone dura- ¡no Antonio! ¡si tú crees que soy una cualquiera no tenemos nada que hacer juntos! Así que no perdamos nuestro tiempo y terminemos de una vez.

-¡Está bien! –le responde enojado y frío Antonio- ¡si eso es lo que quieres! ¡Ándale! Ve y corre a los brazos de Salvador y olvídate de este inmaduro –se burla- ¡a lo mejor él si tiene carácter y personalidad! ¡puede que sea el hombre de tu vida! –y la echa- ¡Ándale!

Ángela sale y Antonio se queda destrozado.

 *

Afuera Simón ve salir a Ángela llorando y se da cuenta que nada se arregló y va a ver a su hermano.  Al entrar encuentra todos los libros por el suelo y a Antonio acurrucado sobre la cama.  Simón, en silencio pone la lámpara en su lugar y lo deja solo.

 *

Bar.

Gaetana y Salvador hacen cuentas y hablan.  Gaetana tiene una copa de margaritas que se ve muy rica.  La mesa tiene un hermoso mantel de colores.

-¡Yo imaginé todo! –se queja Salvador- ¡menos que me inventaran un romance con mi propia hija!

-¡Isabel Arroyo va a utilizar todos los medios que tenga a su alcance para desahogar su despecho! –le vaticina con el índice levantado Gaetana- ¡y no digamos nada de la tal Rebeca! –se ríe burlona- ¡esa está arrebatadamente loca por usted!

-¡Pues que piense todo lo que le dé la gana! –sigue Salvador con sus cuentas- ¡Qué inventen todas las cochinadas que quieran! –y luego sentencia- ¡es Antonio el que no tiene ningún derecho a desconfiar de mi hija!

-¿Su hija? –se carcajea Gaetana- ¡Ay Salvador! ¿usted no se escucha cuando habla? ¿no? –y luego trata de hacerle entender- Para usted esa muchacha es su hija... ¡para los demás! ¡No! Incluyendo a ese muchacho que debe estar desesperado... Salvador –le ruega- ¡analice la situación! –le subraya- ¡piense! –le pide- ¡se va a dar cuenta que está haciendo injusto con él! –pero de pronto lo mira con sospechas- ¿o será?... –duda- ¿qué no le parece suficiente para su hija? –y tal vez le da en el clavo- ¿cree que es como poquita cosa para ser el novio de ÁNGELA DONOSO? –le subraya el nombre.

-¡Yo lo quiero como si fuera mi propio hijo Gaetana! –le afirma Salvador con ojos bien negros- ¡pero él tiene que demostrar que en realidad la quiere!

-¡Está enamorado! –le subraya Gaetana- ¡se le nota a leguas que se muere por ella!

Salvador mira a lo lejos y dice misterioso- ¡El amor que siente un hombre por una mujer no es suficiente! –vuelve a decir implacable- ¡si Antonio no cambia su manera de proceder me veré en la obligación de separarlo de mi hija!

 (wow!! Esto me parece demasiado!... se está pasando Salvadorcito!)

-¡Cuidado! –le advierte Gaetana- ¡mucho cuidado con lo que hace hombre!

Salvador la mira y su mirada es negra e  implacable- ¡Mi regreso no va a ser en vano Gaetana!

Gaetana se calla asustada.

-¡Yo estoy en la obligación de defender los intereses de mi hija! –le dice siniestro y mirando a lo lejos- ¡yo regresé a enmendar los errores del pasado y así lo voy a hacer! –y luego dice sin compasión- ¡caiga quien caiga! –y aprieta la mandíbula.

Gaetana lo mira con aprensión y muy preocupada mueve la cabeza en sentido negativo.

 *

Apartamento Felipe.

Cantalicia se ocupa de la limpieza (o esto es un horror!), saca el polvo de los muebles con la propia ropa, se levanta la falda y la pasa por los muebles.  De pronto se asusta al escuchar un estruendo desde la sala.  Va corriendo y encuentra a Felipe despatarrado en el suelo en medio de miles de objetos que cayeron con él y la escalera.  Gime de dolor.

-¿Qué pasó? –grita Cantalicia- ¿qué le pasó don Felipe?

Moncho también llega corriendo.

-¡No me pasó nada! –grita Felipe desde el suelo.

-¡Eso le pasa por andarse trepado en esa escalera como un chango! –le reprocha Cantalicia.

-¡Y yo toda mi vida la he pasado trepado! –le gruñe Felipe desde el suelo sin poder levantarse- ¡no me falte el respeto! –de pronto se da cuenta- ¡no me compare con un chango!

Cantalicia se acerca para ayudarlo.

-¡No me toque! –la rechaza Felipe- ¡yo puedo levantarme perfectamente solo! –y diciendo esto trata de hacerlo pero no puede del dolor- ¡No más! –le grita de vuelta- ¡Ayúdeme! –le exige- ¡no se quede parada como una estatua!

Cantalicia se acerca buena gente- ¿no se le ha roto la osamenta? –se preocupa mientras lo ayuda a ponerse de pie.

-¡La paciencia es la que se me rompió! –gruñe Felipe ya de pie- ¿ahora como hago yo? –se desespera al ver todas las cosas por el suelo- ¿con qué tiempo arreglo todas estas cosas?

-¡No se preocupe! –se ofrece Cantalicia- ¡que yo lo ayudo con todo!

-¡No! –se asusta Felipe- ¡ni se le ocurra! –y la mira con ojos cuadrados- ¡ni se le ocurra que usted no sabe donde va cada cosa! –y se sigue quejando- ¡y hoy justamente cuando voy a salir para dar unas clases y que necesito comprar los víveres!

-¡Ah! pues si quiere yo le ayudo con eso- Cantalicia trata de ayudar de cualquier manera- ¡yo le puedo comprar los víveres!

-¡Ni se le ocurra! –le corta espantado Felipe- ¡con lo bruta que es! ¡yo no la dejo salir sola de esta casa! –suspira- ¡todo por culpa del granuja de Jacobo! Se le ocurre ahora venir a aumentarme la familia!

-Oiga... ¿no quiere que lo acompañe? –insiste Cantalicia- ¡para que no se ande aburriendo solito!

-¡Ni pensarlo! –y la mira horrorizado- ¿usted cree que yo me voy a exhibir por ahí con un espantapájaros como usted?

Cantalicia se mira a si misma sin comprender por qué la llama así.

-¡Ni amarrado! –concluye Felipe mientras se toma la espalda con dolor.

Pero más tarde.... Felipe hace compras en un gran supermercado y atrás lo siguen perdidos y asustados Cantalicia y Moncho.

-Arroz, frijoles, azucar... –dice Felipe mientras toma los productos de las estanterías.

Moncho mira con ojos enormes y sorprendidos todo lo que compra.

-Leche para el mocoso desnutrido –sigue su lista Felipe.

-¡Oiga que tampoco desnutrido! –exclama Cantalicia- ¡si a mi Monchito nunca le ha faltado la comida! –dice orgullosa- ¡come todos los días desde que se amanece hasta que se acuesta!

-¡Me imagino que desordenadamente! ¿y cree que eso es saludable? ¡está completamente equivocada!

-¿A poco es mejor aguantarse el hambre?

-¡No tampoco! Pero hay que alimentarse bien –dice distraído mientras sigue cargando el carrito.

-¡Oiga don Felipe! –de pronto le pregunta Cantalicia con pena- ¿usted cree que vaya a ser muy difícil?

-¡No se preocupe! Yo voy a encargarme de enseñarle.

-No digo... ¡si será muy difícil lo de encontrar a mi marido!

Felipe pone cara de agobiado.

-¡Es que la verdad ya me está dando pena con usted! –le confiesa Cantalicia- ¡tanta molestia!

-¡Deje ya de acelerarme Cantalicia! –le enfrenta Felipe de malhumor- ¡por favor! Para encontrar al tal Salvador hay que hacer primero muchas averiguaciones y lo primero es encontrar la empresa que dirige el tal Andrés Corona... ¡y ya! –le corta seco.

Cantalicia mira a Moncho con pena... ¡y siguen caminando detrás de Felipe en el supermercado!

Una ruta.  Con cara de malos amigos Andrés maneja su BMW con Isabel sentada en el asiento del pasajero.

-¿Así que te peleaste con Cerinza? –rompe el silencio.

-¿Quién te lo dijo? –pregunta Isabel.

-¡Me enteré! –ríe burlón Andrés.

-¡No sé ni para qué pregunto! –dice con sorna Isabel- ¡si ya sé que Walter es el encargado de revisar la casa de arriba para abajo y mantenerte informado de todo!

-¡Ah no entiendo! –se queja amargamente Andrés- ¡no entiendo por qué tenías que enfrentar a ese imbec.il!

-¡Tenía que hacerlo! –le responde seca Isabel.

-¿Qué te importa que Ángela se rebaje a tener relaciones con ese tipo?  ¡no es problema nuestro!

-¡Te equivocas! –dice con rabia Isabel- ¡por supuesto que es mi problema! Si tú crees que voy a dejar que Salvador esté haciendo lo que se le venga en gana.

-¡La próxima vez que discutas con él voy a tener que enfrentarlo! –dice Andrés con esos verdes ojos... que brillan con esquizofrenia- ¡después de todo soy tu esposo! –anuncia- ¡no voy a permitir que te falte el respeto!

Isabel fastidiada mira a la ventanilla.

-¡Ah como van las cosas! Voy a terminar a golpes con ese tipo – sigue Andrés.

(jejejeje... ¡pues te va a ir muy mal Andresito!)

-¡Mira! –se cansa Isabel de escucharlo- ¡en lugar de estar hablando tonterías deberías de acelerar! –y mira su reloj- ¡a las diez era nuestra cita! ¿no?

-Si –responde Andrés distraído.

-¡Mira la hora qué es! –exclama Isabel siempre mirando su reloj- ¡ya vamos tarde! –y de pronto se pega el susto- ¡Ah! –se le va el aire- ¡cuidado!

Andrés frena haciendo chirriar las ruedas y detiene el BMW a centímetros de un encuentro frontal con el auto... ¡Felipe!

-¡Bestia! –Andrés le grita desde la ventanilla de su auto- ¡ten más cuidado!

-¡Más bestia será usted! –le grita Felipe desde su camioneta mientras Cantalicia y Moncho se hacen pequeños en el asiento de atrás- ¡su madrecita y su abuela! –y sigue gritando- ¡aprenda a manejar pedazo de asno!

Andrés golpea el volante con rabia- ¡Como le permiten conducir a un imbec.il como ese!

Isabel mira a otro lado suspirando con fastidio.  Andrés maniobra y desvía a la camioneta de Felipe y acelera para alejarse.

-¡No sé como les dan licencia a estos idiotas! –sigue despotricando Felipe mientras vuelve a arrancar- ¡claro como tienen dinero no respetan ni a la madre!

-¡Maneje con cuidado don Felipe! –le ruega con miedo Cantalicia- ¡mira que ya le está saliendo chispas del puritito mal genio que se trae.

-¡Yo siempre he vivido de mal genio! –gruñe Felipe- ¡sólo se me va a contener el día que localice a la tal Isabel Arroyo y al tal Andrés Corona! Esos son los únicos que pueden ayudarnos a dar con el paradero de su... –y la mira a través del espejo retrovisor- ¡Salvador!

Moncho lo mira con los ojos bien abiertos.

 *

Universidad.

-¡Qué bueno muchacho! –llega el profesor grafólogo y saluda a Antonio- ¿cómo marchan los estudios?

-¡Pues más o menos! –suspira Antonio- ¡ando con la cabeza cerrada y tengo muchísimos problemas que no sé como resolverlos!

-¡En cambio yo le traigo buenas noticias! –sonríe el profesor y acerca una silla a la mesa de Antonio- ¡ayer estuve buscándole porque quería comentarle lo que me encontré en los libros pero no lo encontré a usted en ninguna parte!

-¿Y como le fue con eso? –le pregunta Antonio intrigado.

-¡Efectivamente la letra en ambos libros corresponde a una misma persona!

Antonio se pone pálido- ¡No! No lo puedo creer... ¡usted debe estar equivocado!

-¡Nunca antes estuve tan seguro! –le afirma tranquilo el profesor- la escritura es claramente definida... ¡los rasgos de cada letra son precisos!

-Profesor... voy a tener que empezar a dudar de sus capacidades como grafólogo.

-¡Perdóneme joven! Me ofende –le aclara el profesor- ¡yo nunca fallo!

-¡Roberto! Entiéndame –trata de aclarar Antonio y le muestra las dedicatorias- esta dedicatoria me la escribió don Pedro José y esta otra el chofer de la casa.

-¿Y acaso usted los vio cuando las escribieron?

-¡No! No, no –reconoce- ¡pero estoy completamente seguro!

-¡Yo también estoy completamente seguro de lo que digo! La letra no se diferencia la una de la otra. ¡Le juro que fueron escritas por la misma persona!

Antonio se queda sin palabras y boquiabierto vuelve a observar atentamente las dedicatorias.

 *

Mansión.

Cuando Antonio llega con los libros dedicados en la mano, de la casa sale Ángela dispuesta a subir al auto con Salvador. Antonio enfrenta a Salvador con la mirada llena de sospechas y luego se aleja sin saludar a Ángela.

-A juzgar por la cara de Antonio, las cosas no deben marchar bien –asume Salvador.

-Peor no pueden estar –le confiesa Ángela mientras una lágrima le corre por la mejilla- anoche tuvimos una discusión –y sigue mirando a la lejanía con una gran tristeza que le rompe el alma- ¡terminamos nuestra relación!

-¡Lo siento mucho señorita! –le dice Salvador un tanto frío.

-¡Traté de explicarle! –le cuenta Ángela- ¡pero no me cree! –llora- ¡no me cree nada!

 *

Dentro de la casa.

-¡Sinceramente tienes un aspecto terrible Rebequita! –Pilar está de visita.

Rebeca se asusta y se toca la piel de la cara.

-¡Seguramente no estás durmiendo bien! ¿verdad? –deduce Pilar- ¡se te nota! No hay nada peor para la piel que el desvelo.

Rebeca preocupada se sigue palpando la piel del rostro- ¡Ojalá fuera el sueño solamente Pilar! Si tu supieras... –y de pronto se da cuenta que Vicky las escucha mientras les sirve el té- ¡Vicky! –le dice con voz chillona- ¡retírese ahora mismo! –le ordena- ¡yo la llamo si la necesito!

Vicky le hace una reverencia burlona y se aleja.

-¡Orale! Adiós... –la echa Rebeca y luego espera que se aleje para continuar- ¡cada día estoy más descontrolada por ese hombre, por el hombre que me interesa Pilar!

-¡Rebeca! Si sigues así vas a terminar infartándote amiga –y luego se sopla a si misma acalorada- ¡entiende! A nuestra edad... ¡ya no estamos para romances intensos!

-¡Ay eso tú lo dirás porque nunca te has enamorado y te han tratado como las patas como me está sucediendo a mí! ¡Ay Pilar! Temo que todo sea inútil... ¡que ya no hay esperanzas! –gime descontrolada.

-¿Te dijo eso?

Rebeca asiente con la cabeza.

-¡Pues tu caso no tiene solución! –le dice práctica Pilar- ¡no hay nada que hacer!

-¡Mira! lo terrible es que me parece que hay otra mujer –le cuenta Rebeca- y por supuesto... ¡mucho más joven!... ¡más linda que yo y con mucho dinero!

Pilar abre los ojos como platos- ¡Entonces misión imposible! –decreta- ¡ni con la ayuda de la bruja Matilda vas a poder atraparlo!

-¡A propósito de eso! –le susurra Rebeca con voz llorona- ¡me habló! ¡me dijo como si supiera algo de la brujería!

-No te entiendo.

-¡Si Pilar! Me insinuó directamente... ¡me habló del mechón de cabellos! ¡de todo lo que pidió Matilda! ¿lo recuerdas?

-¡Ah! –se sorprende Pilar.

-¡Yo no sé! Pero tiene que saber algo... ¡es como si hubiera hablado con esa mujer!

-¡Ay! –se asusta Pilar- ¡ni que el hombre sea más brujo que la misma Matilda para adivinarlo todo! –y se santigua- ¡ya tú me estás asustando con ese hombre! ¿eh?.

-¡Eso mismo siento yo! –le cuenta Rebeca con la voz temblorosa- ¡yo siento un miedo y desconcierto! –y se queja sollozando- ¡no sé que hacer! Cuando está en la casa me encierro en mi cuarto o sino me dan ganas de salir corriendo.

Pilar para la oreja- O sea que... ¡quiere decir que ese hombre vive en tu casa!

Rebeca reacciona y se levanta asustada- ¡Por favor! –grita como cacatúa- ¡por favor no me preguntes más nada!

-¿Pero hasta cuando me lo vas a querer ocultar? Si me lo dijeras, yo podría aconsejarte querida amiga.

-¡Por favor no insistas ya! –le ruega Rebeca.

En ese momento entra Antonio con cara de cementerio y pasa al lado de ellas sin saludarlas.

-¿Quién es ese joven? –se indigna Pilar.

-Es Antonio –le dice Rebeca- el hijo de una de las criadas.

-¡Qué grosero! –se queja Pilar- ¡ni tan siquiera nos determinó para saludarnos!

-¡Ay mi amor! –dice Rebeca condescendiente- ¡no se le pueden pedir peras al olmo! Es un ordinario eso es todo... –y de pronto pone cara de pena- ¡Ay pero si supieras! El pobre... ¡hasta pena me da! Porque está pasando por una crisis como la mía Pilar –le dice con cara de duelo- ¡peleó con su novia!

(esta Rebeca se pasa... ni que ella hubiera tenido alguna relación con Salvador!!)

 *

Antonio llega a su cuarto y vuelve a estudiar y a comparar atentamente las dos dedicatorias. Y recuerda las palabras de su profesor.

“¡Nunca antes estuve tan seguro! la escritura es claramente definida... ¡los rasgos de cada letra son precisos! Las letras no se diferencian la unas de la otras. ¡Le juro que fueron escritas por la misma persona!”

Antonio preocupado se saca los lentes y mira asustado... solo sin nadie con quien hablar.

 *

Mas tarde. Ángela, sube al piso superior, se dirige a su habitación cuando escucha las notas del piano y como atraída por un imán abre la puerta del cuarto de Valeria y entra sin golpear.

-¡Discúlpame Valeria! –se disculpa mientras deja el maletín en un sofá y se acerca- no te quise interrumpir.

-¡No! No te preocupes –le tranquiliza Valeria- dime.

-¡Es que me siento muy mal y necesito hablar con alguien!

-¡Ven! –y la lleva la cama- ¡siéntate y te escucho!

-Me imagino que ya sabes lo que está pasando ¿no? –empieza Ángela con pena.

-Bueno, si... ¡y lo lamento mucho! –reconoce Valeria- ¡sobre todo porque discutiste con Antonio!

-¡Ojala solamente hubiera sido una discusión! –Ángela desvía la mirada velada por las lágrimas- pero terminamos definitivamente... ¡y todo por culpa de un malentendido!

-¿Por un malentendido? –se sorprende Valeria.

-¿Tú también piensas mal de mi Valeria? –le reprocha Ángela.

-¡Ángela! No quiero entrometerme en tus problemas... ¿pero estás segura de que actuaste correctamente con Antonio?

-¡Yo no sería capaz de traicionarlo Valeria! ¿tú me crees?

-¡Ay! Yo no soy nadie para juzgarte, pero tal vez dejaste de quererlo y no es culpa tuya.

-¡No! –y Ángela llora- ¡te juro que no he dejado de amarlo ni un solo minuto! Pero es un terco y no confía en mi y no me escucha. ¡El no cree en mi amistad con Salvador! –y agrega con ironía- ¡cómo nadie lo hace! –y luego mira francamente a Valeria- como probablemente tú tampoco lo haces.

-¡No digas tonterías Ángela! –le reprocha Valeria- ¡yo te conozco y por encima de lo que piensen los demás quiero que sepas que puedes contar conmigo que yo creo en lo que tú dices! No te preocupes – la consuela- ¡todo va a pasar y tú y Antonio se van a sobreponer a esta situación! –y le acaricia el pelo- ¡Estoy segura!

Ángela le sonríe agradecida.

 *

En la cocina.

Abigail trae un jarro de jugo de naranja y le sirve a Simón- ¡Ay me duele tanto ver a tu hermano así! Encerrado en el cuarto sufriendo como un condenado sin querer comer ni dormir. ¡Dios quiera que levante ese ánimo!

-¡Ya verás que sí lo hará! –la consuela Simón- ¡no hay mal que dure cien años!

-¡No! ¡ni cuerpo que lo resista! –responde Abigail- Simón, tenemos que hacer algo para ayudarlo. Yo no me perdonaría si comete una locura.

-¡Tampoco es para tanto! –Simón le dice asombrado- ¡a mi me pasó algo parecido y ya ves! Salí adelante.

-Si, bueno, pero tú tienes otro carácter Simón –y luego suspira- ¡a mí no me faltan ganas de ir a hablar con la señorita Ángela!  -y hace amago de hacerlo.

-¡No mamá! Ni se te ocurra... ¡sería un error reclamarle! Mejor procura tranquilizarte y mientras yo veo que puedo hacer por él.

Abigail asiente y Simón se levanta y se dirige al cuarto.

 *

Al entrar a su cuarto encuentra todo en penumbras.  Prende la luz y Antonio se enoja- ¡No prendas la luz Simón! –que está acostado con sendas botas sucias sobre las blancas sábanas.

-¡Este también es mi cuarto! ¿no? –se sorprende Simón- ¡no soy lechuza para ver en la oscuridad!

-¡Pues mejor me voy a otro lugar para no molestarte! –dice malhumorado Antonio.

-¡No! –lo detiene Simón -¡Aguanta! Aguanta, no te me aceleres, si no es mi intención correrte de aquí ni mucho menos.

Antonio se vuelve a sentar, con sendas botas sucias sobre la cama.

-¡A ver hermanito! ¿qué pasó con tu carácter? –lo desafía Simón- ¡yo siempre te he admirado por tu manera de enfrentar las cuestiones difíciles! Y ve ahora con las babosadas que me sales... ¿oye? ¡ni yo estuve tan decaído por culpa de Consuelo.

-Mi situación es mucho mas grave Simón.

-¡Claro! –se burla Simón mientras pone una silla cerca de la cama- ¡claro! Nosotros siempre pensamos que nuestros problemas son más graves que los ajenos –se sienta en la silla y pone las sucias botas sobre las limpias sábanas.

 (pero que chiquero, ¡no me van a decir que duermen sobre esas sábanas llenas de heces de perros!)

-¡No compararás la relación que yo tengo con Ángela con la que tu tuviste con esa mujer!

-¡Mira! sinceramente, yo no creo que Ángela te esté engañando ni con Salvador ni con nadie.... ¡estoy seguro que el pobre es inocente porque de lo contrario seria un asco de tipo! Y yo hubiera sido el primero en rebelarme contra él.

Antonio mira a los libros con dedicatorias y luego dice sombriamente- ¡eso es lo que más me preocupa Simón! No saber a qué atenerme con Salvador - y Antonio sobre la cama y con las sucias botas, cruza las piernas y se acerca a su hermano para hablarle- ¡A veces lo siento como un familiar que trata de protegernos! Pero en ocasiones como ésta, siento una terrible desconfianza de él! –y duda- ¡no sé si es un aliado o el peor de nuestros enemigos!

 (bueno, tal vez Antonio tenga razón y Salvador no es su aliado para nada)

 -¡No es posible que no sepamos nada de él! –sigue Antonio.

-¡Qué! –se sorprende Simón- ¿piensas seguir jugando al investigador privado?

Antonio lo mira y se le ilumina la cara- ¡Ahora más que nunca Simón! Voy a buscar nuevamente a Gaetana Charry –se decide y se levanta.

-¿Qué? ¿qué puede tener esa vieja loca con Salvador?

-¡Yo sé lo que hago Simón!

-Bueno –admite Simón- está bien, no voy a pelear contigo, si crees que eso te va a ayudar y te va a distraer... ¡ve a buscarla! Es más, llévate a mi moto –y le pasa las llaves.

Antonio agradecido le palmea la espalda y sale corriendo.

 *

Antonio toma la moto de Simón, se pone casco y se dirige al bar de Gaetana en medio de una noche oscura.

 (¡Sorprendente! Se puso casco... ¿o es porque sabe que le va a pasar un accidente?)

Bar. Gaetana canta.
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¿Como pudo ser?
¿Qué tu me dieras todo?
Después me dejaras
Me arrancaste la vida
¿Qué voy a hacer?
Sin tu amor no soy nada
¡Me hace falta tu amor!
!Me hace falta tu cuerpo!
!Te juro que lo intento!
no puedo
olvidarme de ti!
¡tus caricias y besos!

¡Me enloquezco de solo pensar
qué no te veré jamás!
¡Y qué tu amor tiene otro dueño!

 Aparecen Salvador y Camilo en la puerta.  Camilo corre a abrazar y a besar a Lupe- ¿Cómo está la movida Lupita esta noche? –le dice cariñoso.

-¡A todo dar mi vida! La noche pinta bien animada porque llegaron más clientes que de costumbre.

Salvador entra detrás de Camilo y se queda escuchando a Gaetana.
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 -¿Quiere tomar algo Salvador? –le ofrece Lupe.
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 -¡No Lupe! Gracias –agradece- estoy cansado y sólo quiero darme un baño –y sigue escuchando a Gaetana.

-¿Nos acompaña un ratito? –insiste Lupe.

-¡Tal vez al rato decida bajar!  -y le pasa la mano a Camilo- ¡gracias Camilo! –y se dirige a su cuarto. Pero por un momento se detiene y sigue disfrutando de la bella canción.
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¿Cómo podré
calmar todo mi cuerpo?
¡tu amor como veneno
me deja sin aliento!
Arde muy dentro
Y arrancarlo no puedo
¡Si un día fue vida
hoy me mata por dentro!
!Te juro que lo intento!
no puedo
olvidarme de ti!
¡tus caricias y besos!
¡Me enloquezco de solo pensar
qué no te veré jamás!
¡Y qué tu amor tiene otro dueño!

 Y mientras Gaetana sigue cantando Salvador se retira. 

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 Y Antonio se acerca a su destino.


¡Y qué tu amor tiene otro dueño!
;

 *

Mansión. 

En el jardín, en plena noche, Simón juega con Azur.  Vicky se acerca para chismentar- ¿Entonces Antonio y la señorita Ángela rompieron su noviazgo? ¡definitivamente tronaron1

-¡Si mi Vicky! Parece que el asunto está color de hormiga.

-¡Pero es que alguien tiene que hacerle entender a ese muchacho que está equivocado! Salvador sería incapaz de hacer semejante canallada... ¡Esos son cuentos de gente que no tiene nada que hacer y no puede ver a los demás felices!

-¡Si Vicky! Pero mira... –le aconseja Simón- de cualquier forma es mejor mantener la boca cerrada... ¡calladita te ves más bonita!

Y ambos ríen cuando se acerca Abigail- ¡Simón! ¿has visto a Antonio?

 (y si... Abigail tiene que averiguar de purto metiche)

-¿Por qué? –simula estar sorprendido Simón- ¿no está en su cuarto?

-¡No! No está.

-Pues a lo mejor fue a dar un paseo.

-¿Tan tarde?

-¡Pues sí! ¿no? Digo... ¡lo importante es que se distraiga un rato! ¿qué importa la hora?

Abigail lo mira con sospecha.

 *

En la sala.

-Entonces no quieres llegar a ningún arreglo para agilizar los trámites –dice Isabel para confirmar lo que le dice Ángela.

-¡No! Prefiero que se encargue el Tribunal de todo esto.

-¡Está bien! –acepta Isabel- ¡como quieras! –y luego la mira- De todas maneras aquí están los papeles para tu abogado –y se los pasa- ¡si es que ya lo tienes!

-¡Si! –sonríe triunfadora Ángela- ¡afortunadamente hoy mismo me encargué de eso!

Isabel la mira con sospecha- ¡Ah muy bien! Se ve que no estás perdiendo tu tiempo Ángela.

-¡Tú tampoco Isabel! –le responde Ángela con sorna.

Isabel sonríe y mira a Andrés- ¡Estos son mis papeles para mi apoderado! –y se los pasa- ¿los entregas por favor?

-¡Si! –responde Andrés con una copa en la mano- ¡se los daré el lunes a primera hora!

Y al tomar los papeles hace un gesto lascivo acariciando el brazo de Isabel que lo rehuye fastidiada con un gesto y luego le vuelve a pasar los papeles con una mirada asesina.  Andrés los toma de mala gana.  Isabel se retira.  Andrés aprovecha que se queda solo con Ángela para molestarla- ¿Entonces? –y se toma un trago de coñac- ¿quién te está asesorando?
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 -¡Eso no te importa Andrés! –le corta Ángela seca.

-Bueno –sigue Andrés- ¡se que estás hablando únicamente con Cerinza! –y la mira burlón- y me parece muy estúpido de tu parte, dejar que un ignorante como él te asesore en temas tan delicados como éste.
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 -¿Y qué te hace pensar que Salvador es ignorante? –se enoja Ángela.

(ayayay... espero que no caiga en la trampa de Andrés)

-¡Ser listo no es suficiente! –le dice Andrés- ¡y eso es Cerinza!  porque por listo te supo envolverte hasta el punto de hacerte renunciar a Antonio... ¡y no me parece un buen reemplazo! –se toma otro trago- ¡Antonio por lo menos es un tipo con...! –busca la palabra- ¡con ciertas aspiraciones! Pero Cerinza... –se ríe- ¡ese pobre diablo! –y se bebe toda su copa.

Ángela se levanta y se retira sin dirigirle la palabra.

Walter llega al momento con más coñac para servirle.
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 Andrés sin mirarlo, estira la mano antipáticamente y Walter le llena la copa.
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 Ángela entra a la cocina y se encuentra con Abigail pensativa y sentada en la mesa- ¡Abigail! Quiero hablar contigo.

-Yo también señorita –y mira su taza de te- pero prefiero no empeorar la situación.

-¡Abigail! –protesta Ángela.

-¡Ese romance de niños señorita tarde o temprano tenía que terminar! ¿porqué ese era su romance con Antonio? ¿no? –dice amargado- se estaban tomando muy en serio algo que carece de importancia.

Ángela se siente mal- ¿Entonces tú también crees que cambié a Antonio por Salvador?

-Yo siempre la he querido como una hija señorita y bajo ninguna circunstancia dudaría de su dignidad.

-¡Pero si dudas del amor que siento por Antonio! ¿no es así?

-¡Dudo porque! –admite Abigial- ¡puesto que le faltan bases señorita! Y lo ocurrido lo comprueba –y se levanta a lavar los platos.

-¿Tú también vas a cuestionarme Abigail?

Abigail la enfrenta- ¡No! ¿cómo cuestionarla? Si en estas cosas nadie tiene nunca la culpa... ¡sólo espero que mi muchacho sea lo suficientemente fuerte para reponerse sin cometer ningún disparate! –y mira la hora y agrega- estoy muy nerviosa porque salió sin avisar y no quiero que le suceda nada malo.

Ángela la mira preocupada.

 *

Bar.

Antonio estaciona la moto, se saca el casco y entra al bar. Gaetana departe muy animada con los clientes.

-¡Buenas noches! –saluda Camilo a Antonio desde el bar.

-¡Buenas noches! –Antonio.

-¿Quiere tomarse un traguito?

-¡No, muchas gracias! Estaba buscando a una persona –y busca con la mirada y se alegra al ver a Gaetana- ¡pero ya la encontré! –le aclara.

 *

Arriba, en su cuarto Salvador sale del baño y se seca el pelo.  Mira por la ventana y escucha la alegre música que llega de abajo. 
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 Se acerca a un espejo de pie y se observa.  Se abotona la camisa fucsia que tiene... ¡y en un movimiento inesperado! Toma un pequeño espejo y se mira detenidamente la cara.

En el bar.

-¡Doña Gaetana! –la llama Antonio.
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 -¿Se puede saber que hace aquí otra vez muchacho? –le pregunta Gaetana asustada.
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 -¡Necesito hablar urgentemente con usted!

-¡No! –huye Gaetana- ¡yo no tengo nada que hablar contigo! ¡nada!

-¡Deje la desconfianza! –le ruega Antonio- ¡solamente quiero hacerle una pregunta sobre don Pedro José Donoso!

-¡Qué! –se enoja Gaetana- ¡Pedro José Donoso está muerto muchacho! –le dice fuerte- ¡y yo no por supuesto no tengo nada que ver con él! ¿verdad? Así que si tú no viniste a divertirte en mi bar –lo echa- ¡te aconsejo que te vayas por donde viniste porque no tienes nada que buscar aquí!

-¡Doña Gaetana! Por favor –le ruega Antonio y de pronto se queda sin palabras y blanco como un papel.

Salvador entra al bar sin esperarse la sorpresa.
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 Antonio se queda mirando a Salvador que entra por una puerta interior.
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 Salvador se queda sorprendido.
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 Gaetana se queda en el medio de Salvador y Antonio que se enfrentan duramente con la mirada.
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 Mansión. Abigail pasea por el jardín y encuentra a Azur-¿ y la moto Azur? –le pregunta- ¿dónde está? –y le acaricia.

Azur la mira y le contesta... ¡solo que Abigail no entiende nada!

Unos truenos suenan a lo lejos.  Rebeca en la sala se toma una copa de vino.  Walter se acerca- ¿Desvelada o le teme a los truenos?

-¡Sólo le temo a las tormentas del alma! –dice con alma de poeta Rebeca.

-¡Me imagino que las de usted deben ser terribles! –y se arregla el uniforme- ¡debe estar decepcionada y triste con todo lo que ha pasado! –y luego se acerca más- ¿me permite tomar un trago con usted?

-¡Me da igual! –le dice indiferente.

-¡Gracias! –dice Walter y se acomoda en el sillón- ¡como le decía! Es agradable compartir una noche como esta –y se sirve un trago de vino y se hunde en el cómodo sofá- ¿y por fin ya se convenció que el hombre de sus sueños no es más que un sinvergüenza codicioso? –y sigue divagando- ¡Ahí está el muy cretino, embruteciendo a la señorita Ángela con las mismas artimañas con las que la embruteció a usted! –y degusta el vino.

-¡Walter! –susurra Rebeca- ¿de verdad usted cree que fue Salvador quien abrió la caja fuerte y se robó las joyas?

-¡Estoy completamente seguro! –y Walter mira su copa- ¡como que su próximo paso es engatusar a Ángela y quedarse con su fortuna! Ese hombre es un zorro aunque usted no lo quiera aceptar –y se toma un trago.

-¡Posiblemente! –admite Rebeca- ¿sabe? Ya empieza a pensar en esa posibilidad Walter.

Walter la mira feliz- ¡Me complacería sobremanera que por fin se quitara la venda de los ojos!

-¡Pero es que a pesar de todo no puedo odiarlo! –sufre Rebeca- ¡entiéndame! Me sigue interesando Walter –le confía- aunque a veces... ¡le tengo un miedo terrible!

Walter repite las palabras lúgubremente - ¡Interés y miedo! Extraña mezcla... –y se toma un trago.

-¡Tan extraña como Salvador! –sigue Rebeca- ¡Ese hombre es todo un enigma Walter!

-¡No sólo para usted doña Rebeca! –le confiesa Walter sombriamente- sino que para todos...

*

Y Walter se va lejos y recuerda su enfrentamiento con Salvador.

“-Sólo estuvo un par de días en la cárcel –le grita Salvador- ¡pero se hubiera podrido ahí si el señor Donoso no paga la fianza!

Y Salvador lo aplasta contra la pared.

-¡Suélteme! –protesta Walter- no quiero oírlo más.

Desde la puerta entreabierta Antonio los espía y escucha atentamente.

-¡El lo ayudó porque estaba convencido de que usted era inocente! –le dice Salvador con rabia- ¡que era una víctima! Y equivocadamente salvó a una rata miserable y asquerosa –y Salvador lo suelta con disgusto.

Walter recupera el aliento con dificultad.

-¡Yo lo conozco como a la palma de mi mano Walter! –sigue Salvador amenazadoramente y le muestra los recortes de periódicos- ¡sólo que no confío como el señor Donoso! –y luego sigue para el asombro y terror de Walter- Yo sé quien fue el que robó aquellos cuadros valiosos que luego aparecieron de una tienda de antiguedades... ¡equivocadamente don Pedro decidió despedir a aquellos empleados ignorando que había sido usted el verdadero culpable!

Walter lo mira aterrorizado y blanco como un papel- ¿cómo sabe usted todo eso? ¡es imposible que el señor Donoso le haya contado eso!

Salvador pega un izquierdazo en el hígado y Walter se tuerce en dos.  Salvador se saca el pelo de la frente- ¡Confiesa la verdad! ¿o me va a obligar a mostrar todas las pruebas de sus innumerables delitos?

Walter tiembla y se niega.  Salvador le da otro golpe- ¿Va a confesar? –lo aplasta contra la pared- ¡Va a confesar!

Walter asiente con la cabeza.

-¡No lo escucho! –le grita Salvador- ¿Va a confesar? –y le golpea el rostro.

-¡Usted es un chantajista! –susurra Walter.

-¡Y usted es un puerco calumniador! –Salvador le dice con desprecio y se aleja de él- ¡se me está acabando la paciencia Walter! O confiesa o todos sabrán la clase de rata que es.

Walter lo mira con odio.  Ambos se miden con la mirada”

 *

Walter regresa a la realidad- ¡Sería muy interesante! –habla en voz alta- ¡descubrir qué hay detrás de ese famoso enigma! –y mira su copa de vino y se toma un trago.

Rebeca toma un trago de vino y mira a lo lejos.

 *

Cuarto de Antonio y Simón. Abigail entra preocupada, prende la luz y despierta a Simón- ¿pasa algo ma?

-¡Mira nada mas la hora qué es y tu hermano nada que llega! ¿tu le prestaste la moto Simón? –le reclama- ¡no la vi allá afuera!

-Bueno, le dije que la agarrara si la necesitaba. Seguramente se la llevó.

-¿Y por qué no me lo contaste?

-¡Pero mamá! ¿tengo que contarte todo? –se queja Simón- ¿qué más da si se fue en moto o en burro? Además maneja mejor que yo.

-¡No en el estado en que se encuentra! –protesta Abigail- ¡me da mucho miedo que haya cometido una locura!

-¡Mamá! ¿por qué siempre tienes que pensar lo peor? Simplemente salió a distraerse, Antonio es un hombre y de alguna manera le tiene que echar tierra a su desengaño amoroso.

-¿Ah si? ¿y de qué manera según tú?

-¡Pues imagínatelo! Estará con alguna muchachona echándose unos tragos.

-¿Qué insinúas? –se molesta Abigail- ¿qué Antonio se fue de parranda? ¡estás muy equivocado! Él no es tan inconsciente como tú.

-¡Ah! o sea que yo si soy un parrandero mamá.

-¡El león cree que todos son de su condición! Antonio es un muchacho muy juicioso, él seria incapaz de cometer nada indebido.

-Bueno mamá, si confías tanto en él, entonces ¿por qué te mortificas tanto? –y se acomoda para dormir- ¡ya me lo imagino en una iglesia rogándole a Dios para que le de fuerzas para olvidar a Ángela! –se burla y se acurruca en la cama.

-Mira –sospecha Abigail- ¡tú estás demasiado tranquilo! A mi me parece que tú sabes donde está... ¡dímelo!

-¡Ay mamá por favor! ¿qué quieres que te diga? Que en una noche como esta, con lo despechado que se encuentra mi hermano... ¡lo único que puedo imaginar es que se fue a buscar una bruja! –y se ríe contento de su burla.

 *

Y Antonio realmente fue a buscar a una bruja (buena) que en este momento no sabe que hacer- ¡Ay Salvador! –sufre Gaetana.
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 Salvador no le quita la mirada de encima a Antonio.
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 -¡Yo le quería  avisar pero no se en qué momento entró! Cuando me di cuenta estaba ahí.
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 -¡Voy a hablar a solas con él Gaetana!
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 -Si usted quiere yo le explico –se ofrece Gaetana.
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 Mientras Antonio lo sigue mirando como a un aparecido.
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 Y Salvador sigue mirando a Antonio.
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 -¡Yo no creo que sea conveniente! Usted siga cantando y atendiendo el lugar... ¡mientras yo converso con él! –y luego la mira serio- ¡y por ningún motivo nos interrumpa! –y le aclara- ¡esto es un asunto que tengo que resolver con él en privado! –y se acerca a Antonio- ¡Venga conmigo Antonio!

Gaetana los mira entrar al cuarto de atrás sonriendo muy nerviosa.
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 Y Gaetana decide que ¡el show debe continuar!
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FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

www.mabouchita.com

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