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El Cuerpo del DeseoUna historia Original de JULIO JIMENEZ
Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO * CAP# 70: lunes 24 de octubre 2005 – ¡ROMPIMIENTO! Es noche cerrada cuando Salvador deposita a Ángela en su casa. Azur, un perro que sabe mucho, los mira con ojos inteligentes. Pero
también Rebeca, otro animal nocturno menos noble que Azur, los
mira desde el porche de la casa con malos ojos. Rebeca decide entrar a
la casa. Ángela baja del auto y entra a la casa. Salvador ve a Azur y se acerca a darle su caricia obligatoria y luego va a cambiarse de uniforme. En la cocina Abigail cena sola con Simón. -¡Quisiera ayudar a Antonio pero me siento impotente! –suspira. -¡Yo
también siento lástima por él! –le confiesa
Simón mientras come con los codos sobre la mesa- ¡el
problemita con Ángela lo tiene desecho! -¡Lo que más me angustia es que esta situación puede perjudicar sus estudios! –sufre Abigail. -¡Cuando
uno está enamorado el corazón no le deja pensar bien al
cerebro! –dice filosófico Simón- ¡y lo digo
yo que he tenido un buen enredo! Abigail no
puede dejar de reír- ¡Ay hombre de mundo! –pero
luego se pone seria- Desde tu hermano llegó de la universidad ha
estado en su cuarto y no quiere ni comer ni hablar con nadie. -¡Pues tiene razones de sobre mamá! -¿Tú
también desconfías de la amistad entre Ángela y
Salvador? ¿verdad? –le interroga Abigail. -¡No del todo! Pero todo puede suceder, la vida está llena de sorpresas. Abigail suspira y mueve negativamente la cabeza. -¡Y mi pobre hermano no está preparado para soportar una decepción! -¡Ay mi hijo! Aunque ponga el grito en el cielo voy a hablar con él –y trata de levantarse. -¡No
mamá! –la detiene Simón- ¡no lo molestes!
Podría ser peor... ¡Mejor déjame intentarlo a
mí! –y se levanta de la mesa- ¡a ver si corro con
suerte! Abigail nerviosa estruja una servilleta en sus manos. En su
habitación Antonio trata de concentrarse en una lectura cuando
de pronto tiene un ataque de histeria y de un golpe de mano tira todas
las cosas de su escritorio. Y luego se siente enojado consigo mismo y con el mundo.
-¡Valeria!
–se sorprende- ¿qué haces ahí tan solita?
–se inquieta- ¿te sucede algo? -¡No! No te preocupes. -¡No te escuché ensayar en toda la tarde! –nota Simón. -¡Ah!
–suspira cansada- ¡es que hoy no ha sido precisamente el
mejor de mis días! –y luego le confiesa- no sé...
¡no tengo cabeza para nada! -¿Por qué te veo tan triste? –se inquieta Simón. -¡Si lo estoy! Pero ni siquiera sé el motivo Simón. -¡Puedes
confiar en mí! –se ofrece Simón- ¡si te
sucede algo dímelo! –le dice Simón con el
corazón en la mano. -¡Quizás!
–suspira Valeria- ¡quizás esté descubriendo
que fui muy tonta al hacerme ilusiones con nadie! –y trata de
marcharse. Pero Simón se le pone enfrente- ¿A qué te refieres? -¡No
tiene importancia! –le dice Valeria- ¡no te preocupes!
–y luego trata de calmarlo al ver la cara de Simón- no de
verdad, muchas gracias. En ese momento
entra Ángela desde el jardín- Hola Simón
–saluda- ¡hola Valeria! –y luego mira desesperada a
Simón- ¡Simón! ¿podemos hablar? -¡Si claro! Claro que si. -¡Bueno, yo los dejo! –dice Valera al darse cuenta que está demás y se marcha. Ángela espera que Valeria se aleja y luego pregunta- ¿en donde está Antonio? -Pues como te imaginas, encerrado en su cuarto... ¡sufriendo como un condenado! Ángela
hace amago de ir a verlo pero Simón la detiene con ambas manos-
¡Ángela! No le hagas más daño –le
ruega- el pobrecito está desecho de verdad. Ángela
se ofende- ¿tú crees que yo quiero lastimarlo? –y
luego le dice casi llorando- ¡en todo el día no he dejado
de pensar en él! –y le afirma- ¡estoy bien
preocupada! -Mira Ángela, si de verdad lo quieres habla con él... ¡pero no le confundas más! -¡Vamos a ver que pasa! Por favor déjanos a solas –y luego decidida entra al cuarto de Antonio. Simón la mira triste. Mientras tanto afuera Valeria da de comer a Azur. -¡Salvador! –se yergue Valeria. -No sé qué estará pensando de mí pero yo quisiera explicarle el malentendido con su prima Isabel. -No, no tiene nada que explicar –responde fría. -¡A
mí tiene sin cuidado lo que piensen los demás pero
honestamente si me preocupa mucho lo que pueda estar pensando usted! -¿Por
qué? –Valeria lo mira a los ojos- ¿le preocupa que
cambie mi opinión con respecto a usted? Salvador la mira con ojos bien negros- ¿Y cambió de opinión? –se preocupa. Valeria simplemente lo mira sin expresión. -¡Sea
sincera conmigo! –le ruega Salvador- ¡cambió de
opinión! ¿usted cree que soy un hombre sin
escrúpulos? ¿usted me considera capaz?... –y le
tiembla la voz- ¿de hacerle daño a la señorita
Ángela?
Ángela entra a la habitación y encuentra a Antonio acurrucado en una silla- ¡Antonio! -¿Tan enojado estás? –se sorprende. -¡Me mentiste! –le reclama Antonio. -¡No! ¡no te mentí mi amor! –le ruega Ángela- ¡es un malentendido! -¿Querías
que habláramos con Salvador? –se burla Antonio- ¡y
en cuanto él llegó te fuiste de la casa y me dejaste
plantado! –y luego sigue con sorna- ¿creíste que no
los iba a ver abrazados y besándose en plena calle? -¡No nos
estábamos besando! –se enoja Ángela- no digas
estupideces... ¡no te dejes llevar por las apariencias! -¡No son
apariencias Ángela! –le grita Antonio- ¡ninguna
mujer abraza así a un hombre a menos que sienta algo por
él! -¡Si
tienes razón! –le contesta enojada- ¡no te
equivocas! Yo siento algo por Salvador... pero es un sentimiento muy
limpio. -¿Ah
si? –se burla Antonio- ¡muy limpio! ¿no? ¡tan
limpio que se van lejos de la casa para demostrárselo! –y
le da la espalada enojado. -¡Antonio por Dios! -¡Ángela!
¿qué tanto hacen juntos? –la enfrenta Antonio-
¿crees que soy tonto? ¿crees que no me doy cuenta que me
estás engañando? -¡Me
estás ofendiendo! –le dice Ángela con un nudo en la
garganta- ¿acaso no te he demostrado lo importante que eres para
mí? ¡me he enfrentado a todo el mundo para demostrarte que
no me importa lo que digan ni lo que piensan! Pero si eso no te
convence de mi amor... ¡entonces no me quieres! –le grita-
¡simplemente no me quieres! -¡Ángela por favor! –se arrepiente Antonio- ¡entiéndeme! -¡No!
¡no me quieres Antonio! –repite Ángela- ¡no me
quieres porque por habladurías y por un abrazo inofensivo mandas
todo al diablo! -¡Si!
Si, si ¡me gustaría saber qué tan inofensivo fue
ese abraza! –y levanta los brazos- ¿desde cuando
acá una señorita se toma tanta confiancitas con un
empleado? De pronto
Ángela cambia de actitud- ¿sabes qué? –le
dice fría- ¡Tú no estás inseguro de
mí! –le afirma- ¡estás inseguro de ti
Antonio! –y luego sigue- Salvador tiene razón al decir que
eres un inmaduro. Pero esto es
como una puñalada para Antonio- ¿Ah si? –le tiembla
la voz- ¿eso te dijo? –y corre de un lugar a otro-
¿y que más te dijo el señor Salvador? ¿eh?
¡que otro defecto me encontró para convencerte que no te
convengo! -¡Es que
a lo mejor la que no te conviene soy yo! –le responde
Ángela con el corazón destrozado- ¿qué
tiene que hacer una descarada con alguien como tú? –y
luego se pone dura- ¡no Antonio! ¡si tú crees que
soy una cualquiera no tenemos nada que hacer juntos! Así que no
perdamos nuestro tiempo y terminemos de una vez. -¡Está
bien! –le responde enojado y frío Antonio- ¡si eso
es lo que quieres! ¡Ándale! Ve y corre a los brazos de
Salvador y olvídate de este inmaduro –se burla- ¡a
lo mejor él si tiene carácter y personalidad!
¡puede que sea el hombre de tu vida! –y la echa-
¡Ándale! Ángela sale y Antonio se queda destrozado. Afuera Simón ve salir a Ángela llorando y se da cuenta que nada se arregló y va a ver a su hermano. Al entrar encuentra todos los libros por el suelo y a Antonio acurrucado sobre la cama. Simón, en silencio pone la lámpara en su lugar y lo deja solo. Bar. Gaetana y Salvador hacen cuentas y hablan. Gaetana tiene una copa de margaritas que se ve muy rica. La mesa tiene un hermoso mantel de colores. -¡Yo imaginé todo! –se queja Salvador- ¡menos que me inventaran un romance con mi propia hija! -¡Isabel
Arroyo va a utilizar todos los medios que tenga a su alcance para
desahogar su despecho! –le vaticina con el índice
levantado Gaetana- ¡y no digamos nada de la tal Rebeca! –se
ríe burlona- ¡esa está arrebatadamente loca por
usted! -¡Pues
que piense todo lo que le dé la gana! –sigue Salvador con
sus cuentas- ¡Qué inventen todas las cochinadas que
quieran! –y luego sentencia- ¡es Antonio el que no tiene
ningún derecho a desconfiar de mi hija! -¿Su
hija? –se carcajea Gaetana- ¡Ay Salvador! ¿usted no
se escucha cuando habla? ¿no? –y luego trata de hacerle
entender- Para usted esa muchacha es su hija... ¡para los
demás! ¡No! Incluyendo a ese muchacho que debe estar
desesperado... Salvador –le ruega- ¡analice la
situación! –le subraya- ¡piense! –le pide-
¡se va a dar cuenta que está haciendo injusto con
él! –pero de pronto lo mira con sospechas- ¿o
será?... –duda- ¿qué no le parece suficiente
para su hija? –y tal vez le da en el clavo- ¿cree que es
como poquita cosa para ser el novio de ÁNGELA DONOSO? –le
subraya el nombre. -¡Yo lo
quiero como si fuera mi propio hijo Gaetana! –le afirma Salvador
con ojos bien negros- ¡pero él tiene que demostrar que en
realidad la quiere! -¡Está enamorado! –le subraya Gaetana- ¡se le nota a leguas que se muere por ella! Salvador mira
a lo lejos y dice misterioso- ¡El amor que siente un hombre por
una mujer no es suficiente! –vuelve a decir implacable- ¡si
Antonio no cambia su manera de proceder me veré en la
obligación de separarlo de mi hija! -¡Cuidado! –le advierte Gaetana- ¡mucho cuidado con lo que hace hombre! Salvador la mira y su mirada es negra e implacable- ¡Mi regreso no va a ser en vano Gaetana! Gaetana se calla asustada. -¡Yo
estoy en la obligación de defender los intereses de mi hija!
–le dice siniestro y mirando a lo lejos- ¡yo regresé
a enmendar los errores del pasado y así lo voy a hacer! –y
luego dice sin compasión- ¡caiga quien caiga! –y
aprieta la mandíbula. Gaetana lo mira con aprensión y muy preocupada mueve la cabeza en sentido negativo. Apartamento Felipe. Cantalicia se
ocupa de la limpieza (o esto es un horror!), saca el polvo de los
muebles con la propia ropa, se levanta la falda y la pasa por los
muebles. De pronto se asusta al escuchar un estruendo desde la sala. Va corriendo y encuentra a Felipe despatarrado en el suelo en medio de miles de objetos que cayeron con él y la escalera. Gime de dolor. -¿Qué pasó? –grita Cantalicia- ¿qué le pasó don Felipe? Moncho también llega corriendo. -¡No me pasó nada! –grita Felipe desde el suelo. -¡Eso le pasa por andarse trepado en esa escalera como un chango! –le reprocha Cantalicia. -¡Y yo
toda mi vida la he pasado trepado! –le gruñe Felipe desde
el suelo sin poder levantarse- ¡no me falte el respeto! –de
pronto se da cuenta- ¡no me compare con un chango! Cantalicia se acerca para ayudarlo. -¡No me
toque! –la rechaza Felipe- ¡yo puedo levantarme
perfectamente solo! –y diciendo esto trata de hacerlo pero no
puede del dolor- ¡No más! –le grita de vuelta-
¡Ayúdeme! –le exige- ¡no se quede parada como
una estatua! Cantalicia se acerca buena gente- ¿no se le ha roto la osamenta? –se preocupa mientras lo ayuda a ponerse de pie. -¡La
paciencia es la que se me rompió! –gruñe Felipe ya
de pie- ¿ahora como hago yo? –se desespera al ver todas
las cosas por el suelo- ¿con qué tiempo arreglo todas
estas cosas? -¡No se preocupe! –se ofrece Cantalicia- ¡que yo lo ayudo con todo! -¡No!
–se asusta Felipe- ¡ni se le ocurra! –y la mira con
ojos cuadrados- ¡ni se le ocurra que usted no sabe donde va cada
cosa! –y se sigue quejando- ¡y hoy justamente cuando voy a
salir para dar unas clases y que necesito comprar los víveres! -¡Ah!
pues si quiere yo le ayudo con eso- Cantalicia trata de ayudar de
cualquier manera- ¡yo le puedo comprar los víveres! -¡Ni se
le ocurra! –le corta espantado Felipe- ¡con lo bruta que
es! ¡yo no la dejo salir sola de esta casa! –suspira-
¡todo por culpa del granuja de Jacobo! Se le ocurre ahora venir a
aumentarme la familia! -Oiga... ¿no quiere que lo acompañe? –insiste Cantalicia- ¡para que no se ande aburriendo solito! -¡Ni
pensarlo! –y la mira horrorizado- ¿usted cree que yo me
voy a exhibir por ahí con un espantapájaros como usted? Cantalicia se mira a si misma sin comprender por qué la llama así. -¡Ni amarrado! –concluye Felipe mientras se toma la espalda con dolor. Pero
más tarde.... Felipe hace compras en un gran supermercado y
atrás lo siguen perdidos y asustados Cantalicia y Moncho. -Arroz, frijoles, azucar... –dice Felipe mientras toma los productos de las estanterías. Moncho mira con ojos enormes y sorprendidos todo lo que compra. -Leche para el mocoso desnutrido –sigue su lista Felipe. -¡Oiga
que tampoco desnutrido! –exclama Cantalicia- ¡si a mi
Monchito nunca le ha faltado la comida! –dice orgullosa-
¡come todos los días desde que se amanece hasta que se
acuesta! -¡Me imagino que desordenadamente! ¿y cree que eso es saludable? ¡está completamente equivocada! -¿A poco es mejor aguantarse el hambre? -¡No tampoco! Pero hay que alimentarse bien –dice distraído mientras sigue cargando el carrito. -¡Oiga don Felipe! –de pronto le pregunta Cantalicia con pena- ¿usted cree que vaya a ser muy difícil? -¡No se preocupe! Yo voy a encargarme de enseñarle. -No digo... ¡si será muy difícil lo de encontrar a mi marido! Felipe pone cara de agobiado. -¡Es que la verdad ya me está dando pena con usted! –le confiesa Cantalicia- ¡tanta molestia! -¡Deje
ya de acelerarme Cantalicia! –le enfrenta Felipe de malhumor-
¡por favor! Para encontrar al tal Salvador hay que hacer primero
muchas averiguaciones y lo primero es encontrar la empresa que dirige
el tal Andrés Corona... ¡y ya! –le corta seco. Cantalicia mira a Moncho con pena... ¡y siguen caminando detrás de Felipe en el supermercado! Una ruta. Con cara de malos amigos Andrés maneja su BMW con Isabel sentada en el asiento del pasajero. -¿Así que te peleaste con Cerinza? –rompe el silencio. -¿Quién te lo dijo? –pregunta Isabel. -¡Me enteré! –ríe burlón Andrés. -¡No
sé ni para qué pregunto! –dice con sorna Isabel-
¡si ya sé que Walter es el encargado de revisar la casa de
arriba para abajo y mantenerte informado de todo! -¡Ah no
entiendo! –se queja amargamente Andrés- ¡no entiendo
por qué tenías que enfrentar a ese imbec.il! -¡Tenía que hacerlo! –le responde seca Isabel. -¿Qué te importa que Ángela se rebaje a tener relaciones con ese tipo? ¡no es problema nuestro! -¡Te
equivocas! –dice con rabia Isabel- ¡por supuesto que es mi
problema! Si tú crees que voy a dejar que Salvador esté
haciendo lo que se le venga en gana. -¡La
próxima vez que discutas con él voy a tener que
enfrentarlo! –dice Andrés con esos verdes ojos... que
brillan con esquizofrenia- ¡después de todo soy tu esposo!
–anuncia- ¡no voy a permitir que te falte el respeto! Isabel fastidiada mira a la ventanilla. -¡Ah como van las cosas! Voy a terminar a golpes con ese tipo – sigue Andrés. (jejejeje... ¡pues te va a ir muy mal Andresito!) -¡Mira!
–se cansa Isabel de escucharlo- ¡en lugar de estar hablando
tonterías deberías de acelerar! –y mira su reloj-
¡a las diez era nuestra cita! ¿no? -Si –responde Andrés distraído. -¡Mira
la hora qué es! –exclama Isabel siempre mirando su reloj-
¡ya vamos tarde! –y de pronto se pega el susto- ¡Ah!
–se le va el aire- ¡cuidado! Andrés
frena haciendo chirriar las ruedas y detiene el BMW a
centímetros de un encuentro frontal con el auto... ¡Felipe! -¡Bestia! –Andrés le grita desde la ventanilla de su auto- ¡ten más cuidado! -¡Más
bestia será usted! –le grita Felipe desde su camioneta
mientras Cantalicia y Moncho se hacen pequeños en el asiento de
atrás- ¡su madrecita y su abuela! –y sigue gritando-
¡aprenda a manejar pedazo de asno! Andrés golpea el volante con rabia- ¡Como le permiten conducir a un imbec.il como ese! Isabel mira a otro lado suspirando con fastidio. Andrés maniobra y desvía a la camioneta de Felipe y acelera para alejarse. -¡No
sé como les dan licencia a estos idiotas! –sigue
despotricando Felipe mientras vuelve a arrancar- ¡claro como
tienen dinero no respetan ni a la madre! -¡Maneje
con cuidado don Felipe! –le ruega con miedo Cantalicia-
¡mira que ya le está saliendo chispas del puritito mal
genio que se trae. -¡Yo
siempre he vivido de mal genio! –gruñe Felipe-
¡sólo se me va a contener el día que localice a la
tal Isabel Arroyo y al tal Andrés Corona! Esos son los
únicos que pueden ayudarnos a dar con el paradero de su...
–y la mira a través del espejo retrovisor- ¡Salvador! Moncho lo mira con los ojos bien abiertos. Universidad. -¡Qué
bueno muchacho! –llega el profesor grafólogo y saluda a
Antonio- ¿cómo marchan los estudios? -¡Pues
más o menos! –suspira Antonio- ¡ando con la cabeza
cerrada y tengo muchísimos problemas que no sé como
resolverlos! -¡En
cambio yo le traigo buenas noticias! –sonríe el profesor y
acerca una silla a la mesa de Antonio- ¡ayer estuve
buscándole porque quería comentarle lo que me
encontré en los libros pero no lo encontré a usted en
ninguna parte! -¿Y como le fue con eso? –le pregunta Antonio intrigado. -¡Efectivamente la letra en ambos libros corresponde a una misma persona! Antonio se pone pálido- ¡No! No lo puedo creer... ¡usted debe estar equivocado! -¡Nunca
antes estuve tan seguro! –le afirma tranquilo el profesor- la
escritura es claramente definida... ¡los rasgos de cada letra son
precisos! -Profesor... voy a tener que empezar a dudar de sus capacidades como grafólogo. -¡Perdóneme joven! Me ofende –le aclara el profesor- ¡yo nunca fallo! -¡Roberto!
Entiéndame –trata de aclarar Antonio y le muestra las
dedicatorias- esta dedicatoria me la escribió don Pedro
José y esta otra el chofer de la casa. -¿Y acaso usted los vio cuando las escribieron? -¡No! No, no –reconoce- ¡pero estoy completamente seguro! -¡Yo
también estoy completamente seguro de lo que digo! La letra no
se diferencia la una de la otra. ¡Le juro que fueron escritas por
la misma persona! Antonio se queda sin palabras y boquiabierto vuelve a observar atentamente las dedicatorias. Mansión. Cuando Antonio
llega con los libros dedicados en la mano, de la casa sale
Ángela dispuesta a subir al auto con Salvador. Antonio enfrenta
a Salvador con la mirada llena de sospechas y luego se aleja sin
saludar a Ángela. -A juzgar por la cara de Antonio, las cosas no deben marchar bien –asume Salvador. -Peor no
pueden estar –le confiesa Ángela mientras una
lágrima le corre por la mejilla- anoche tuvimos una
discusión –y sigue mirando a la lejanía con una
gran tristeza que le rompe el alma- ¡terminamos nuestra
relación! -¡Lo siento mucho señorita! –le dice Salvador un tanto frío. -¡Traté
de explicarle! –le cuenta Ángela- ¡pero no me cree!
–llora- ¡no me cree nada! Dentro de la casa. -¡Sinceramente tienes un aspecto terrible Rebequita! –Pilar está de visita. Rebeca se asusta y se toca la piel de la cara. -¡Seguramente
no estás durmiendo bien! ¿verdad? –deduce Pilar-
¡se te nota! No hay nada peor para la piel que el desvelo. Rebeca
preocupada se sigue palpando la piel del rostro- ¡Ojalá
fuera el sueño solamente Pilar! Si tu supieras... –y de
pronto se da cuenta que Vicky las escucha mientras les sirve el
té- ¡Vicky! –le dice con voz chillona-
¡retírese ahora mismo! –le ordena- ¡yo la
llamo si la necesito! Vicky le hace una reverencia burlona y se aleja. -¡Orale!
Adiós... –la echa Rebeca y luego espera que se aleje para
continuar- ¡cada día estoy más descontrolada por
ese hombre, por el hombre que me interesa Pilar! -¡Rebeca!
Si sigues así vas a terminar infartándote amiga –y
luego se sopla a si misma acalorada- ¡entiende! A nuestra edad...
¡ya no estamos para romances intensos! -¡Ay eso
tú lo dirás porque nunca te has enamorado y te han
tratado como las patas como me está sucediendo a mí!
¡Ay Pilar! Temo que todo sea inútil... ¡que ya no
hay esperanzas! –gime descontrolada. -¿Te dijo eso? Rebeca asiente con la cabeza. -¡Pues tu caso no tiene solución! –le dice práctica Pilar- ¡no hay nada que hacer! -¡Mira!
lo terrible es que me parece que hay otra mujer –le cuenta
Rebeca- y por supuesto... ¡mucho más joven!...
¡más linda que yo y con mucho dinero! Pilar abre los
ojos como platos- ¡Entonces misión imposible!
–decreta- ¡ni con la ayuda de la bruja Matilda vas a poder
atraparlo! -¡A
propósito de eso! –le susurra Rebeca con voz llorona-
¡me habló! ¡me dijo como si supiera algo de la
brujería! -No te entiendo. -¡Si
Pilar! Me insinuó directamente... ¡me habló del
mechón de cabellos! ¡de todo lo que pidió Matilda!
¿lo recuerdas? -¡Ah! –se sorprende Pilar. -¡Yo no sé! Pero tiene que saber algo... ¡es como si hubiera hablado con esa mujer! -¡Ay!
–se asusta Pilar- ¡ni que el hombre sea más brujo
que la misma Matilda para adivinarlo todo! –y se santigua-
¡ya tú me estás asustando con ese hombre!
¿eh?. -¡Eso
mismo siento yo! –le cuenta Rebeca con la voz temblorosa-
¡yo siento un miedo y desconcierto! –y se queja sollozando-
¡no sé que hacer! Cuando está en la casa me
encierro en mi cuarto o sino me dan ganas de salir corriendo. Pilar para la oreja- O sea que... ¡quiere decir que ese hombre vive en tu casa! Rebeca
reacciona y se levanta asustada- ¡Por favor! –grita como
cacatúa- ¡por favor no me preguntes más nada! -¿Pero hasta cuando me lo vas a querer ocultar? Si me lo dijeras, yo podría aconsejarte querida amiga. -¡Por favor no insistas ya! –le ruega Rebeca. En ese momento entra Antonio con cara de cementerio y pasa al lado de ellas sin saludarlas. -¿Quién es ese joven? –se indigna Pilar. -Es Antonio –le dice Rebeca- el hijo de una de las criadas. -¡Qué grosero! –se queja Pilar- ¡ni tan siquiera nos determinó para saludarnos! -¡Ay mi
amor! –dice Rebeca condescendiente- ¡no se le pueden pedir
peras al olmo! Es un ordinario eso es todo... –y de pronto pone
cara de pena- ¡Ay pero si supieras! El pobre... ¡hasta pena
me da! Porque está pasando por una crisis como la mía
Pilar –le dice con cara de duelo- ¡peleó con su
novia! (esta Rebeca se pasa... ni que ella hubiera tenido alguna relación con Salvador!!) Antonio llega
a su cuarto y vuelve a estudiar y a comparar atentamente las dos
dedicatorias. Y recuerda las palabras de su profesor. “¡Nunca
antes estuve tan seguro! la escritura es claramente definida...
¡los rasgos de cada letra son precisos! Las letras no se
diferencian la unas de la otras. ¡Le juro que fueron escritas por
la misma persona!” Antonio preocupado se saca los lentes y mira asustado... solo sin nadie con quien hablar. Mas tarde.
Ángela, sube al piso superior, se dirige a su habitación
cuando escucha las notas del piano y como atraída por un
imán abre la puerta del cuarto de Valeria y entra sin golpear. -¡Discúlpame
Valeria! –se disculpa mientras deja el maletín en un
sofá y se acerca- no te quise interrumpir. -¡No! No te preocupes –le tranquiliza Valeria- dime. -¡Es que me siento muy mal y necesito hablar con alguien! -¡Ven! –y la lleva la cama- ¡siéntate y te escucho! -Me imagino que ya sabes lo que está pasando ¿no? –empieza Ángela con pena. -Bueno, si... ¡y lo lamento mucho! –reconoce Valeria- ¡sobre todo porque discutiste con Antonio! -¡Ojala
solamente hubiera sido una discusión! –Ángela
desvía la mirada velada por las lágrimas- pero terminamos
definitivamente... ¡y todo por culpa de un malentendido! -¿Por un malentendido? –se sorprende Valeria. -¿Tú también piensas mal de mi Valeria? –le reprocha Ángela. -¡Ángela!
No quiero entrometerme en tus problemas... ¿pero estás
segura de que actuaste correctamente con Antonio? -¡Yo no sería capaz de traicionarlo Valeria! ¿tú me crees? -¡Ay! Yo no soy nadie para juzgarte, pero tal vez dejaste de quererlo y no es culpa tuya. -¡No!
–y Ángela llora- ¡te juro que no he dejado de amarlo
ni un solo minuto! Pero es un terco y no confía en mi y no me
escucha. ¡El no cree en mi amistad con Salvador! –y agrega
con ironía- ¡cómo nadie lo hace! –y luego
mira francamente a Valeria- como probablemente tú tampoco lo
haces. -¡No
digas tonterías Ángela! –le reprocha Valeria-
¡yo te conozco y por encima de lo que piensen los demás
quiero que sepas que puedes contar conmigo que yo creo en lo que
tú dices! No te preocupes – la consuela- ¡todo va a
pasar y tú y Antonio se van a sobreponer a esta
situación! –y le acaricia el pelo- ¡Estoy segura! Ángela le sonríe agradecida. En la cocina. Abigail trae
un jarro de jugo de naranja y le sirve a Simón- ¡Ay me
duele tanto ver a tu hermano así! Encerrado en el cuarto
sufriendo como un condenado sin querer comer ni dormir. ¡Dios
quiera que levante ese ánimo! -¡Ya
verás que sí lo hará! –la consuela
Simón- ¡no hay mal que dure cien años! -¡No!
¡ni cuerpo que lo resista! –responde Abigail- Simón,
tenemos que hacer algo para ayudarlo. Yo no me perdonaría si
comete una locura. -¡Tampoco
es para tanto! –Simón le dice asombrado- ¡a mi me
pasó algo parecido y ya ves! Salí adelante. -Si, bueno,
pero tú tienes otro carácter Simón –y luego
suspira- ¡a mí no me faltan ganas de ir a hablar con la
señorita Ángela! -y hace amago de hacerlo. -¡No
mamá! Ni se te ocurra... ¡sería un error
reclamarle! Mejor procura tranquilizarte y mientras yo veo que puedo
hacer por él. Abigail asiente y Simón se levanta y se dirige al cuarto. Al entrar a su cuarto encuentra todo en penumbras. Prende
la luz y Antonio se enoja- ¡No prendas la luz Simón!
–que está acostado con sendas botas sucias sobre las
blancas sábanas. -¡Este
también es mi cuarto! ¿no? –se sorprende
Simón- ¡no soy lechuza para ver en la oscuridad! -¡Pues mejor me voy a otro lugar para no molestarte! –dice malhumorado Antonio. -¡No!
–lo detiene Simón -¡Aguanta! Aguanta, no te me
aceleres, si no es mi intención correrte de aquí ni mucho
menos. Antonio se vuelve a sentar, con sendas botas sucias sobre la cama. -¡A ver
hermanito! ¿qué pasó con tu carácter?
–lo desafía Simón- ¡yo siempre te he admirado
por tu manera de enfrentar las cuestiones difíciles! Y ve ahora
con las babosadas que me sales... ¿oye? ¡ni yo estuve tan
decaído por culpa de Consuelo. -Mi situación es mucho mas grave Simón. -¡Claro!
–se burla Simón mientras pone una silla cerca de la cama-
¡claro! Nosotros siempre pensamos que nuestros problemas son
más graves que los ajenos –se sienta en la silla y pone
las sucias botas sobre las limpias sábanas. -¡No compararás la relación que yo tengo con Ángela con la que tu tuviste con esa mujer! -¡Mira!
sinceramente, yo no creo que Ángela te esté
engañando ni con Salvador ni con nadie.... ¡estoy seguro
que el pobre es inocente porque de lo contrario seria un asco de tipo!
Y yo hubiera sido el primero en rebelarme contra él. Antonio mira a
los libros con dedicatorias y luego dice sombriamente- ¡eso es lo
que más me preocupa Simón! No saber a qué atenerme
con Salvador - y Antonio sobre la cama y con las sucias botas, cruza
las piernas y se acerca a su hermano para hablarle- ¡A veces lo
siento como un familiar que trata de protegernos! Pero en ocasiones
como ésta, siento una terrible desconfianza de él!
–y duda- ¡no sé si es un aliado o el peor de
nuestros enemigos! -¡Qué! –se sorprende Simón- ¿piensas seguir jugando al investigador privado? Antonio lo
mira y se le ilumina la cara- ¡Ahora más que nunca
Simón! Voy a buscar nuevamente a Gaetana Charry –se decide
y se levanta. -¿Qué? ¿qué puede tener esa vieja loca con Salvador? -¡Yo sé lo que hago Simón! -Bueno
–admite Simón- está bien, no voy a pelear contigo,
si crees que eso te va a ayudar y te va a distraer... ¡ve a
buscarla! Es más, llévate a mi moto –y le pasa las
llaves. Antonio agradecido le palmea la espalda y sale corriendo. Antonio toma la moto de Simón, se pone casco y se dirige al bar de Gaetana en medio de una noche oscura. Bar. Gaetana canta.
¡Me enloquezco de solo pensar -¡A todo dar mi vida! La noche pinta bien animada porque llegaron más clientes que de costumbre. Salvador entra detrás de Camilo y se queda escuchando a Gaetana.
-¿Nos acompaña un ratito? –insiste Lupe. -¡Tal vez al rato decida bajar! -y
le pasa la mano a Camilo- ¡gracias Camilo! –y se dirige a
su cuarto. Pero por un momento se detiene y sigue disfrutando de la
bella canción. ♫ ¿Cómo podré ♫ ♫ Mansión. En el jardín, en plena noche, Simón juega con Azur. Vicky
se acerca para chismentar- ¿Entonces Antonio y la
señorita Ángela rompieron su noviazgo?
¡definitivamente tronaron1 -¡Si mi Vicky! Parece que el asunto está color de hormiga. -¡Pero
es que alguien tiene que hacerle entender a ese muchacho que
está equivocado! Salvador sería incapaz de hacer
semejante canallada... ¡Esos son cuentos de gente que no tiene
nada que hacer y no puede ver a los demás felices! -¡Si
Vicky! Pero mira... –le aconseja Simón- de cualquier forma
es mejor mantener la boca cerrada... ¡calladita te ves más
bonita! Y ambos ríen cuando se acerca Abigail- ¡Simón! ¿has visto a Antonio? -¿Por qué? –simula estar sorprendido Simón- ¿no está en su cuarto? -¡No! No está. -Pues a lo mejor fue a dar un paseo. -¿Tan tarde? -¡Pues
sí! ¿no? Digo... ¡lo importante es que se distraiga
un rato! ¿qué importa la hora? Abigail lo mira con sospecha. En la sala. -Entonces no
quieres llegar a ningún arreglo para agilizar los
trámites –dice Isabel para confirmar lo que le dice
Ángela. -¡No! Prefiero que se encargue el Tribunal de todo esto. -¡Está
bien! –acepta Isabel- ¡como quieras! –y luego la
mira- De todas maneras aquí están los papeles para tu
abogado –y se los pasa- ¡si es que ya lo tienes! -¡Si! –sonríe triunfadora Ángela- ¡afortunadamente hoy mismo me encargué de eso! Isabel la mira con sospecha- ¡Ah muy bien! Se ve que no estás perdiendo tu tiempo Ángela. -¡Tú tampoco Isabel! –le responde Ángela con sorna. Isabel
sonríe y mira a Andrés- ¡Estos son mis papeles para
mi apoderado! –y se los pasa- ¿los entregas por favor? -¡Si! –responde Andrés con una copa en la mano- ¡se los daré el lunes a primera hora! Y al tomar los
papeles hace un gesto lascivo acariciando el brazo de Isabel que lo
rehuye fastidiada con un gesto y luego le vuelve a pasar los papeles
con una mirada asesina. Andrés los toma de mala gana. Isabel se retira. Andrés
aprovecha que se queda solo con Ángela para molestarla-
¿Entonces? –y se toma un trago de coñac-
¿quién te está asesorando? -Bueno
–sigue Andrés- ¡se que estás hablando
únicamente con Cerinza! –y la mira burlón- y me
parece muy estúpido de tu parte, dejar que un ignorante como
él te asesore en temas tan delicados como éste. (ayayay... espero que no caiga en la trampa de Andrés) -¡Ser listo no es suficiente! –le dice Andrés- ¡y eso es Cerinza! porque
por listo te supo envolverte hasta el punto de hacerte renunciar a
Antonio... ¡y no me parece un buen reemplazo! –se toma otro
trago- ¡Antonio por lo menos es un tipo con...! –busca la
palabra- ¡con ciertas aspiraciones! Pero Cerinza... –se
ríe- ¡ese pobre diablo! –y se bebe toda su copa. Ángela se levanta y se retira sin dirigirle la palabra. Walter llega al momento con más coñac para servirle.
-Yo también señorita –y mira su taza de te- pero prefiero no empeorar la situación. -¡Abigail! –protesta Ángela. -¡Ese
romance de niños señorita tarde o temprano tenía
que terminar! ¿porqué ese era su romance con Antonio?
¿no? –dice amargado- se estaban tomando muy en serio algo
que carece de importancia. Ángela se siente mal- ¿Entonces tú también crees que cambié a Antonio por Salvador? -Yo siempre la he querido como una hija señorita y bajo ninguna circunstancia dudaría de su dignidad. -¡Pero si dudas del amor que siento por Antonio! ¿no es así? -¡Dudo
porque! –admite Abigial- ¡puesto que le faltan bases
señorita! Y lo ocurrido lo comprueba –y se levanta a lavar
los platos. -¿Tú también vas a cuestionarme Abigail? Abigail la
enfrenta- ¡No! ¿cómo cuestionarla? Si en estas
cosas nadie tiene nunca la culpa... ¡sólo espero que mi
muchacho sea lo suficientemente fuerte para reponerse sin cometer
ningún disparate! –y mira la hora y agrega- estoy muy
nerviosa porque salió sin avisar y no quiero que le suceda nada
malo. Ángela la mira preocupada. Bar. Antonio estaciona la moto, se saca el casco y entra al bar. Gaetana departe muy animada con los clientes. -¡Buenas noches! –saluda Camilo a Antonio desde el bar. -¡Buenas noches! –Antonio. -¿Quiere tomarse un traguito? -¡No,
muchas gracias! Estaba buscando a una persona –y busca con la
mirada y se alegra al ver a Gaetana- ¡pero ya la encontré!
–le aclara. Arriba, en su cuarto Salvador sale del baño y se seca el pelo. Mira por la ventana y escucha la alegre música que llega de abajo. En el bar. -¡Doña Gaetana! –la llama Antonio.
-¡No! –huye Gaetana- ¡yo no tengo nada que hablar contigo! ¡nada! -¡Deje
la desconfianza! –le ruega Antonio- ¡solamente quiero
hacerle una pregunta sobre don Pedro José Donoso! -¡Qué!
–se enoja Gaetana- ¡Pedro José Donoso está
muerto muchacho! –le dice fuerte- ¡y yo no por supuesto no
tengo nada que ver con él! ¿verdad? Así que si
tú no viniste a divertirte en mi bar –lo echa- ¡te
aconsejo que te vayas por donde viniste porque no tienes nada que
buscar aquí! -¡Doña Gaetana! Por favor –le ruega Antonio y de pronto se queda sin palabras y blanco como un papel. Salvador entra al bar sin esperarse la sorpresa.
Azur la mira y le contesta... ¡solo que Abigail no entiende nada! Unos truenos suenan a lo lejos. Rebeca en la sala se toma una copa de vino. Walter se acerca- ¿Desvelada o le teme a los truenos? -¡Sólo le temo a las tormentas del alma! –dice con alma de poeta Rebeca. -¡Me
imagino que las de usted deben ser terribles! –y se arregla el
uniforme- ¡debe estar decepcionada y triste con todo lo que ha
pasado! –y luego se acerca más- ¿me permite tomar
un trago con usted? -¡Me da igual! –le dice indiferente. -¡Gracias!
–dice Walter y se acomoda en el sillón- ¡como le
decía! Es agradable compartir una noche como esta –y se
sirve un trago de vino y se hunde en el cómodo sofá-
¿y por fin ya se convenció que el hombre de sus
sueños no es más que un sinvergüenza codicioso?
–y sigue divagando- ¡Ahí está el muy cretino,
embruteciendo a la señorita Ángela con las mismas
artimañas con las que la embruteció a usted! –y
degusta el vino. -¡Walter!
–susurra Rebeca- ¿de verdad usted cree que fue Salvador
quien abrió la caja fuerte y se robó las joyas? -¡Estoy
completamente seguro! –y Walter mira su copa- ¡como que su
próximo paso es engatusar a Ángela y quedarse con su
fortuna! Ese hombre es un zorro aunque usted no lo quiera aceptar
–y se toma un trago. -¡Posiblemente! –admite Rebeca- ¿sabe? Ya empieza a pensar en esa posibilidad Walter. Walter la mira feliz- ¡Me complacería sobremanera que por fin se quitara la venda de los ojos! -¡Pero
es que a pesar de todo no puedo odiarlo! –sufre Rebeca-
¡entiéndame! Me sigue interesando Walter –le
confía- aunque a veces... ¡le tengo un miedo terrible! Walter repite
las palabras lúgubremente - ¡Interés y miedo!
Extraña mezcla... –y se toma un trago. -¡Tan extraña como Salvador! –sigue Rebeca- ¡Ese hombre es todo un enigma Walter! -¡No sólo para usted doña Rebeca! –le confiesa Walter sombriamente- sino que para todos... Y Walter se va lejos y recuerda su enfrentamiento con Salvador. “-Sólo
estuvo un par de días en la cárcel –le grita
Salvador- ¡pero se hubiera podrido ahí si el señor
Donoso no paga la fianza! Y Salvador lo aplasta contra la pared. -¡Suélteme! –protesta Walter- no quiero oírlo más. Desde la puerta entreabierta Antonio los espía y escucha atentamente. -¡El lo
ayudó porque estaba convencido de que usted era inocente!
–le dice Salvador con rabia- ¡que era una víctima! Y
equivocadamente salvó a una rata miserable y asquerosa –y
Salvador lo suelta con disgusto. Walter recupera el aliento con dificultad. -¡Yo lo
conozco como a la palma de mi mano Walter! –sigue Salvador
amenazadoramente y le muestra los recortes de periódicos-
¡sólo que no confío como el señor Donoso!
–y luego sigue para el asombro y terror de Walter- Yo sé
quien fue el que robó aquellos cuadros valiosos que luego
aparecieron de una tienda de antiguedades... ¡equivocadamente don
Pedro decidió despedir a aquellos empleados ignorando que
había sido usted el verdadero culpable! Walter lo mira
aterrorizado y blanco como un papel- ¿cómo sabe usted
todo eso? ¡es imposible que el señor Donoso le haya
contado eso! Salvador pega un izquierdazo en el hígado y Walter se tuerce en dos. Salvador
se saca el pelo de la frente- ¡Confiesa la verdad! ¿o me
va a obligar a mostrar todas las pruebas de sus innumerables delitos? Walter tiembla y se niega. Salvador le da otro golpe- ¿Va a confesar? –lo aplasta contra la pared- ¡Va a confesar! Walter asiente con la cabeza. -¡No lo escucho! –le grita Salvador- ¿Va a confesar? –y le golpea el rostro. -¡Usted es un chantajista! –susurra Walter. -¡Y
usted es un puerco calumniador! –Salvador le dice con desprecio y
se aleja de él- ¡se me está acabando la paciencia
Walter! O confiesa o todos sabrán la clase de rata que es. Walter lo mira con odio. Ambos se miden con la mirada” Walter regresa
a la realidad- ¡Sería muy interesante! –habla en voz
alta- ¡descubrir qué hay detrás de ese famoso
enigma! –y mira su copa de vino y se toma un trago. Rebeca toma un trago de vino y mira a lo lejos. Cuarto de Antonio y Simón. Abigail entra preocupada, prende la luz y despierta a Simón- ¿pasa algo ma? -¡Mira
nada mas la hora qué es y tu hermano nada que llega! ¿tu
le prestaste la moto Simón? –le reclama- ¡no la vi
allá afuera! -Bueno, le dije que la agarrara si la necesitaba. Seguramente se la llevó. -¿Y por qué no me lo contaste? -¡Pero
mamá! ¿tengo que contarte todo? –se queja
Simón- ¿qué más da si se fue en moto o en
burro? Además maneja mejor que yo. -¡No en el estado en que se encuentra! –protesta Abigail- ¡me da mucho miedo que haya cometido una locura! -¡Mamá!
¿por qué siempre tienes que pensar lo peor? Simplemente
salió a distraerse, Antonio es un hombre y de alguna manera le
tiene que echar tierra a su desengaño amoroso. -¿Ah si? ¿y de qué manera según tú? -¡Pues imagínatelo! Estará con alguna muchachona echándose unos tragos. -¿Qué
insinúas? –se molesta Abigail- ¿qué Antonio
se fue de parranda? ¡estás muy equivocado! Él no es
tan inconsciente como tú. -¡Ah! o sea que yo si soy un parrandero mamá. -¡El
león cree que todos son de su condición! Antonio es un
muchacho muy juicioso, él seria incapaz de cometer nada indebido. -Bueno
mamá, si confías tanto en él, entonces ¿por
qué te mortificas tanto? –y se acomoda para dormir-
¡ya me lo imagino en una iglesia rogándole a Dios para que
le de fuerzas para olvidar a Ángela! –se burla y se
acurruca en la cama. -Mira
–sospecha Abigail- ¡tú estás demasiado
tranquilo! A mi me parece que tú sabes donde está...
¡dímelo! -¡Ay
mamá por favor! ¿qué quieres que te diga? Que en
una noche como esta, con lo despechado que se encuentra mi hermano...
¡lo único que puedo imaginar es que se fue a buscar una
bruja! –y se ríe contento de su burla. Y Antonio
realmente fue a buscar a una bruja (buena) que en este momento no sabe
que hacer- ¡Ay Salvador! –sufre Gaetana.
Gaetana los mira entrar al cuarto de atrás sonriendo muy nerviosa.
@2005 Narración by Mabouchita! Z;D ---------------------------------------------- |
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