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El Cuerpo del Deseo

Versión Modificada por: MABOUCHITA

*

Un hombre llega algo pasado de copas llega a su casa a media noche, le sorprende su mujer, le hace un escándalo y le amenaza con dejarlo.
-¡No! -le suplica elhombre- ¡te prometo que voy a cambiar! que a partir de mañana seré ¡OTRO HOMBRE!
La mujer se deja convencer.
Pasan algunos días, hasta que una noche, a la madrugada, llega el hombre esta vez borracho perdido, bien pasado de copas.
La mujer le reclama- ¿Qué no me dijiste que serías OTRO HOMBRE?
-¡Hip! -responde el borracho- disculpame vieja, lo que pasa es que este NUEVO HOMBRE te salió peor!

*

CAP# 140: viernes 3 de febrero de 2006 – OTRO HOMBRE

 

Las Cruces.

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En la pequeña e inconfortable choza Cantalicia se atarea en la cocina mientras Isabel trata de entender y digerir la información que ésta le ha dado. 

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Hace calor e Isabel se saca la chaqueta.

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-El Salvador vivió todo el tiempo con su familia –sigue Cantalicia- hasta que los papás murieron –y prepara un té- luego se quedó solito el pobrecito… ¡ahí fue cuando nos resolvimos a vivir juntos!

-Pero antes de vivir con usted él tuvo que haber ido a otra parte –le dice Isabel haciendo un esfuerzo.

Cantalicia le ofrece una taza de té - ¡No señito! Él nunca salió de acá… ¡mire que ni siquiera le gustaba ir al pueblo porque como era m tímido no le gustaba hablar con la gente, ni nada! – y se rasca los brazos nerviosa.

-¿Entonces en dónde estudió? –insiste Isabel.

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-¡El Salvador no estudió! –afirma Cantalicia perdiendo la paciencia- ¡y yo tampoco! Nosotros no aprendimos ni a leer ni a escribir… ¡nosotros nada más aprendimos a trabajar la tierra!
Isabel la mira sin poder creer lo que escucha.

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 -¡Es igualito que toda la gente por acá! –sigue.

-¡No! –susurra Isabel- ¡eso no puede ser! No puede ser que una persona que jamás ha estudiado, que no se ha preparado y que no salió de esta casa –su voz se vuelve aguda- ¡tenga los conocimientos que Salvador tiene Cantalicia!

Cantalicia sostiene su mirada- ¡Yo sé que eso es muy raro! Eso es más raro y por eso fue tan feo y tan raro lo que pasó –y siente miedo.

-¿Qué pasó?

Cantalicia la mira asustada.

-¡Cuénteme! Se lo suplico.

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-Yo creo que la señorita Fátima se lo puede contar mejor –rehúsa Cantalicia.

-¡No Cantalicia! –le ruega Isabel con un hilo de voz- ¡yo necesito que usted sea la que me lo cuente!
Recordar es muy duro para Cantalicia que se pone a llorar.

-Por favor… se lo suplico… ¡necesito escucharlo de su boca y de nadie más! –sigue rogando Isabel- ¡cuéntemelo todo! Todo lo que sepa de Salvador… ¡cuéntemelo por favor!

Cantalicia se lleva una mano a la boca asustada y mira al suelo obstinadamente.

*

Mansión.

Gaetana llega a la mansión vestida de un traje leopardo.  A Walter casi le da un ataque y la detiene- ¡Usted cree que puede entrar como Pedro por su casa! ¿así tan descaradamente?

-¡Esta es la casa de Salvador Cerinza, mi mejor amigo! –ríe Gaetana.

-¿Cree que puede hacer lo que hacía antes con el señor Donoso! –se enfurece Walter- ¡está muy equivocada!

-Para su información, él mismo me autorizó para que lo visitara cada vez que me dé la gana… ¡igualito que lo hacía el difunto Pedro José Donoso! Así que no me estorbe… ¡señor Pigmeo!
-¡No me llame así! –se pone rojo Walter- ¡no he visto una mujer más descarada! Antes venía a estafar… ¡ahora viene a ver a su compinche! ¿verdad?

-¡Eso! ¿Qué quiere decir con eso cara de rata?

-¡Qué acaso Cerinza no es su cómplice!
-¡Mire! Yo no vine a que me insultara ni mucho menos de un tipejo de su calaña –se pone furiosa- ¡así que no me provoque que tengo unas cuantas verdades que cantarle en la cara!

-¡A mí no me asustan sus amenazas! ¿Qué tiene que decir usted de un hombre honorable como yo?

-¡Digno y honorable el perro de esta casa! A usted se le olvidan los paseos por las joyerías… ¡si yo quiero le refresco la memoria!

-¡Usted tiene una lengua muy venenosa! –Walter retrocede- ¡entre, pero no camine, arrástrese!

-¡Eso mismo digo yo y no me provoque! –le grita Gaetana- ¡mire que el que tiene rabo de paja no se acerca a la candela! –y lo empuja- ¡quítese! Tengo prisa.

Walter, a regañadientes se hace a un lado y apenas Gaetana entra a la casa corre a husmear en su auto.

(Hummm...  relleno... no agrega nada a la historia...)

*

Las Cruces.

Cantalicia, supersticiosa, prende una vela para poder hablar del tema- El Salvador estaba muy bien de salud y nunca se enfermaba para nada… ¡nunca! Por eso fue tan raro lo que pasó esa noche porque él estaba arreglando el cercado –se restriega las manos nerviosa- ¡se tardaba, y se tardaba mucho! Y yo me preocupé y fui a ver lo que pasaba.

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“-¡Salvador! ¿Por qué tan demorado mijo? – grita- ¡Salvador! –y de pronto ve el cuerpo de Salvador tirado en el suelo y se tira sobre él- ¡Salvador! ¿Qué le pasó? ¡Ay qué le pasó mijo! –y lo sacude- ¡Salvador levántese por favor! ¿Por qué está tan quieto? –Salvador no reacciona y Cantalicia sigue gritando- ¡no, no, no está muerto! –llora.”

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-Yo no pudiera creer que estuviera muerto (sic) Salvador, pero los vecinos que vinieron a ayudarme me dijeron que él estaba muerto y no respiraba… ¡no respiraba nadita! ¡él estaba tieso y frío durante toda la noche!... ¡y todo el día!

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Isabel suspira agitadamente.

-¡Hasta lo fuimos a enterrarlo! –le cuenta Cantalicia con horror.

“Salvador rompe el ataúd a patadas y surge del féretro”

-¿Fue ahí cuando despertó con ese ataque tan extraño?  -apenas se atreve a preguntar Isabel.

-¡Ahí de repente se despertó y se salió de la caja! –llora al recordar- ¡y comenzó a correr y a correr! A correr, a correr, como si lo vinieran persiguiendo… ¡como si algo le fuera a pasar, pobrecito!
Isabel pone cara de pena y consternación.

-Pero si salvó de la muerte… -sigue Cantalicia con voz llena de terror- ¡no se salvó de quedarse loco!
-¿Cómo? –salta Isabel.

-¡Es que empezó a desconocer a todo el mundo! Dijo que yo ya no era su mujer y que el Moncho no era su hijo… ¡decía que él no era él, que él era otro hombre!
Isabel se pone pálida y mira para otro lado.

-¡Otro hombre! –repite Cantalicia y se tapa la boca.

*

Mansión.

Walter grita- ¡Abigail! Está en la obligación de hacer algo.

-¿Algo de qué? –se sorprende.

-¡Esa mujer! Gaetana Charry, entró aquí por la fuerza con el pretexto de visitar a Cerinza… ¡y entró por la fuerza como lo hacia antes, en vida del señor Donoso!
-¿Y qué quiere que haga yo? Ella es amiga de Salvador.

-¡No solamente son amigos, son compinches que pretenden apoderarse de esta casa! Si usted tiene suficiente autoridad vaya e impídale la entrada a esa sinvergüenza.

-¡Yo no puedo impedirle la entrada a nadie Walter! Ni puedo evitar que visite a Salvador.

-¡Claro que puede! Vaya inmediatamente –le ordena- ¡está en la sala! Y actúe drásticamente… ¡ahí está esa bruja, ándele!

 (Este dialogo...   bof... perdida de tiempo!!)

 -¡Yo no pienso intervenir en ningún asunto de Salvador, en ningún asunto! –le grita Abigail y lo deja plantado.

Walter patea enojado el piso.

*

En la sala Gaetana espera nerviosa cuando aparece Salvador.

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 -¡Disculpe que haya venido sin avisar pero tengo algo muy importante que hablar con usted!

-¿Qué pasa Gaetana? –le pregunta al verla tan nerviosa.

-¡Nada! El pesado de Walter que no me quería dejar pasar… pero ¿podemos hablar en un lugar privado? No quiero que nadie nos escuche.

Salvador de izquierda a derecha y luego la invita- ¡Venga! Subamos a mi cuarto.

-¡No hombre! –se asusta- ¡y la señora Isabel! Me llega a ver allá adentro y va a armar un escándalo… ¡y con razón!
-Salió de viaje –le explica Salvador y sube sin más.

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-¿Ah si? –se sorprende Gaetana y lo sigue escaleras arriba.

Walter que los espía se muere de la rabia.

*

Las Cruces.

Cantalicia se sienta en el lecho matrimonial de la casucha. 

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Isabel se acerca- Cantalicia, por lo que más quiera, le suplico que haga memoria, de todo lo que se acuerde… ¿Qué argumentos dio Salvador para decir que era otra persona?

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-Pues… -encoge los hombros- ¡estaba todo diferente! Hacía cosas que nunca hacía antes.

-¿Qué cosas, qué cosas?

-Pues… -y se seca la nariz que le chorrea- ¡se bañaba mucho! Caminaba diferente y hasta la mirada le cambió.

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Isabel abre los ojos incrédula.

-Y luego cuando se despertó sabia leer… ¡sabía muchas cosas! Como un señor de esos inteligentes.

Nerviosa- ¿Y qué hicieron con él?

-Primero lo metieron en un hospital y ahí lo tuvieron por muchos días.

Isabel se muerde los labios.

-Me acuerdo que trajeron a unos doctores de muy lejos para verlo… y luego gentes de los periódicos venían y le hacían muchas preguntas.

-¡Si! Pero piense bien lo que le voy a decir… la pregunta que le voy a hacer es muy importante Cantalicia… para usted… para usted… ¿Salvador seguía siendo el mismo? ¿usted sentía que era otra persona?

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 -¡Qué le puedo decir! –dice tímida Cantalicia- yo lo veía igualito… pero cuando se vino a vivir a la casa yo sentí que era diferente.

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 Isabel que estaba cerca de Cantalicia se aleja lentamente.

-¡Todo le fastidiaba! –sigue- ¡ni siquiera se quería meter a la cama porque decía que había pulgas!

Hesitando Isabel pregunta- Personalmente… ¿Cómo se comportó con usted? ¿cambió?

-¡Todo cambió! –le cuenta- ¡Todo! Empezó a hablar muy diferente y una vez hasta el padrecito Jacobo me dijo que… ¡tocaba el piano!
Isabel se pone aun más nerviosa.

-¡Y esas cosas no las hacía antes! Así estuvo hasta que un día se fue… ¡y ya! Ya no supe nada de él.

Isabel se abraza a sí misma con frío-Un año –dice pensativa.

-¡Un año muy largo señito! –sufre Cantalicia- hasta que ese día vino el padre Jacobo y me trajo el periódico donde estaba la foto de usted con el Salvador… pues yo agarré mis cuatro teliches y me fui a buscarlo para Río Claro –sonríe triste.

-¿Lo encontró pronto?

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 -¡No! Pronto, pronto… no… ¡batallé tantito! Pero al final di con él –y ríe- ¡y él nos llevó a vivir a casa de doña Gatuna!

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 Isabel al escuchar esto se tensa y se pone alerta.

-¡Qué linda ella! –admira Cantalicia.

-¿Gaetana? –pregunta Isabel sorprendida.

-¡Gatuna! –sonríe Cantalicia- ¡doña Gatuna tan linda! Un tiempo vivimos con ella y otro tiempo con don Felipe… ¡hasta ese día pues que Salvador se casó con usted!

Isabel traga aire- ¡Cantalicia! ¿usted fue la que se presentó en la iglesia, no es cierto?

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-¡Qué pena señito! –se disculpa- ¡es que me llevó su tía Rebequita! Porque me dijo que yo tenía que impedir esa boda.

Al escuchar esto Isabel se queda fría. 

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Cantalicia la mira y recuerda.

“Rebeca incitándola en la iglesia - ¡Ya está aquí! Ahora debe aprovechar, tiene que hablar Cantalicia”

“-¿Que puedo hacer yo señito? ¿Qué puede hacer? –se desespera.”

“-¡Como que qué puede hacer Cantalicia! ¡mucho! ¡quiero que impida ese ridículo matrimonio ahora mismo! – y Rebeca corre a esconderse dejando sola a Cantalicia en el medio del pasillo central de la Iglesia- ¡Salvador mijo! –primero suave y luego grita- ¡Salvador mijo! –y con eso consigue que Salvador e Isabel, arrodillados ante el altar se den la vuelta y la miren.”

-Pero no pude hacer nada –Cantalicia vuelve a la realidad- ¿Qué iba a poder hacer? –se levanta y se pasea nerviosa- si Salvador ya se olvidó de mí… del muchachito… ¡y solamente la quiere a usted! –llora.

Isabel se desespera al verla llorar- ¡Cantalicia por favor no llore!

-¡Pues yo no lo culpo! –sigue llorando- ¡qué le va a importar una pobre campesina como yo! –y la mira sonriendo triste- ¡al lado de una muchacha tan bonito como usted!

Isabel se siente mal- ¡Cantalicia! Sus palabras me hacen sentir muy mal.

-¡No señito! No es mi intención… mire que yo voy a seguir el consejo del padre Jacobo y voy a hacer de cuentas que el Salvador se murió… ¡ese día cuando estaba arreglando el cercado! –se encoge de hombros- ¡qué va!

Fátima entra y las interrumpe- ¡Disculpe señora! Pero es que no puedo seguir esperándola más… de seguro en el hospital están bien preocupados por mi ausencia… y la verdad no me quiero exponer a un fuerte disgusto.

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 Moncho entra detrás silencioso.

Isabel recoge su bolsa- ¡Está bien! No se preocupe… enseguida salgo… ¡únicamente me quiero despedir de la señora Cantalicia!

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Fátima las deja solas otra vez.  Moncho se pone al lado de su mamá.  Al verlo Isabel le sonríe- ¿Cómo te llamas?

-Me dicen Moncho… ¡pero me llaman Salvador!

Isabel se acerca un poco y lo mira con ternura… extiende la mano para tocarle el pelo, pero Moncho como un animalito retrocede asustado y se esconde detrás de su madre.

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 Isabel retrocede y se dirige a Cantalicia- ¡No sé como explicarlo Cantalicia! Pero yo le juro, por lo más sagrado de este mundo que mi intención no era apoderarme del padre de su hijo.

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Cantalicia le da un beso a Moncho.

 ¡Yo no sé exactamente que sucedió con Salvador! –sigue Isabel- ¡no lo entiendo! Pero estoy segura de que yo no me casé con el hombre que usted conoce… me casé con un hombre totalmente diferente… ¡se lo aseguro!

Cantalicia asiente con la cabeza- ¡Eso es lo que voy a tratar de pensar señito! Para no morirme de la tristeza.

Los ojos de Isabel se llenan de lágrimas - ¡Le juro que yo me siento más mortificada que nunca! Yo no sé como le voy a hacer para reparar ese daño… que involuntariamente provoqué –y llora abiertamente.

Cantalicia se asusta al verla llorar- ¡No, no, señito! –le pone una mano sobre la mano- ¡no! No se sienta mal señito.

Isabel solloza.

-¡Póngase bien! Y dedíquese a querer al Salvador ya que se casó con él, cuídelo… ¡cuídelo! –le ruega- y ahora si… le suplico que mejor se vaya porque a mí me da mucha pena verla aquí.

Isabel la mira con los ojos rojos- ¡No Cantalicia! –e Isabel mira la choza- ¡no se avergüence de su hogar! –se seca las lágrimas- ¡es humilde, si! –le sonríe- ¡pero está llena de amor! Mi casa en cambio… es… -hace una pausa triste- digamos… ¡lo más parecido al infierno!

Cantalicia la mira asustada e impresionada.

-¡Igual que mi vida! –le confiesa Isabel y luego mira a Moncho- ¡cuide mucho lo que tiene! Le aseguro que vale mucho más de lo que yo tengo.

Cantalicia abraza a Moncho.

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Isabel toma su chaqueta y sale del cuarto. Al abrir la puerta, se vuelve a mirarlos por última vez.

*

Al salir de la casucha Isabel se topa con el padre Jacobo que está gritándole a Fátima - ¡No trate de justificarse Fátima! Reconozca que cometió una imprudencia trayendo a esa mujer aquí.

-¡Se pasa de veras padrecito! Porque yo no vine aquí de malhonesta… ¿acaso usted vino a preguntar por el caso de Salvador? La señora se veía muy interesada y yo no nada más la traje a casa de Cantalicia.

 (si… yo también creo que se pasa)

Isabel interviene- ¡No la regañe padre! Ella no quería traerme, yo insistí.

-¡Pero no puede abandonar sus obligaciones por cumplir los caprichos de una visitante!

-Seguro que va a tener problemas con la jefa de enfermeras –comenta el gendarme- no le diga nada más padre –y luego mira sonriendo a Isabel- ¿Qué tal señorita? Como le fue con la visita.

-¡Yo tengo que hablar con usted señora! –salta Jacobo.

-Pues será otro día porque ahorita andamos de apuro –se apresura Fátima.

-¡No! Sargento, por favor lleve a Fátima al hospital – pide Jacobo- yo tengo que hablar con doña Isabel.

-Bueno, lo que usted ordene padre –y se despide de Isabel- y bueno, que la termine de pasar bien señorita, y si se le ofrece algo pase por la comisaría y pregunte por el sargento Henri… ¡a sus ordenes!

Y se marchan.

Al quedar solos Jacobo le grita a Isabel- ¡Ya vino a atormentar a esta pobre mujer!

( que insoportable!)

 

-¡No! Créame que en este momento la atormentada soy yo –le responde Isabel con lágrimas- ¡después de enterarme de todo lo que me enteré! Le juro que no sé si estoy despierta o estoy viviendo la peor de mis pesadillas –solloza abiertamente- ¡no lo sé!

El padre Jacobo la mira sorprendido.

*

Mansión.

-Pudo tratarse de una pesadilla –dice Salvador.

-¡Eso mismo quiero creer yo! Pero recuerde que unos días antes que muriera Pedro José, yo soñé algo muy parecido.

-¿Y usted cree que vuelva a repetirse la historia?

-¡No en las mismas circunstancias! Pero tenemos que tomar precauciones Salvador.

Salvador suspira profundamente- Gaetana, yo no puedo atemorizarme cada vez que usted tiene un sueño misterioso.

-¡Pero no son exageraciones mías, ni mucho menos hombre! Recuerde… cuando tuvo esos ataques y cambió de personalidad… ¡no lo olvide hombre!
-No lo he olvidado, pero tampoco tengo por qué recordarlo a cada momento, no me voy a amargar el poco de vida que me queda.

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-¿Usted cree que podemos hacer algo para controlarlo? Lo que pueda pasar.

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Salvador suspira resignado- ¡Es inevitable! Ya se lo dije… es inevitable. Si Salvador Cerinza vuelve a reclamar su cuerpo, yo ya no podré regresar… ¡yo lo sé! –y luego mira con determinación- ¡necesito tiempo para cumplir con mis metas!

Gaetana llora asustada- ¡Y si El no le da ese tiempo!

Salvador la mira tranquilo- ¿Pero de qué se trata? ¿usted vino a atemorizarme?

-¡No hombre! Usted sabe que lo quiero mucho.

-¡Entonces no me recuerde a cada instante lo inevitable ni tampoco me ande contando cuentos donde me ve muerto!

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-Bueno, está bien, pero prométame algo Salvador… ¡prométame que se va a mantener en contacto conmigo! Y si llega a sentir cualquier cosa extraña, me va a llamar… ¡búsqueme Salvador! Por favor –y se arrodilla a su lado- recuerde que yo soy la única que puede ayudarlo… ¡no lo olvide nunca!
Salvador la mira.  Gaetana lo abraza con fuerza.

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*

Las Cruces.

Isabel camina rápidamente hasta el auto.  El padre Jacobo la sigue sin aire.

-¡Yo creo que me voy a volver loca! –Isabel se detiene al lado del Jaguar y llora- ¡no puedo creer que esto me esté sucediendo a mí!

-¡Yo le advertí que no tratara de averiguar nada! –le reclama el padre Jacobo.

-¡Ayúdeme padre! Ayúdeme a entender esta realidad por favor –le suplica llorando.

-¡Yo traté de entender esta realidad durante meses y fue imposible! –le confiesa Jacobo- ¡decidí olvidarme de todo este asunto para no perder la razón!

(pero este no parece padre … que más querría un padre católico que una prueba de la vida después de la muerte? de la inmortalidad del alma? humm... esto es un error del escritor! )

 -¡Pero es que yo no me puedo olvidar de este asunto! –le grita Isabel- ¡porque yo estoy casada con Salvador Cerinza! –histérica- ¿no lo puede entender? ¡yo necesito saber toda la verdad!

El padre Jacobo por respuesta mira al suelo, y luego pregunta- ¿Usted lo ama sinceramente?

Isabel mira al cielo- ¡Si! –responde segura- ¡lo amo desde el primer instante en que lo vi! –llora- ¡yo sabía, presentía que me unía a él algo muy especial! ¿pero sabe una cosa padre? ¡ahora tengo mucho miedo! –dice temblando.

-¡Yo le sugiero que deje de pensar en él! –le aconseja el padre- ¡piense que es un hombre normal y entierre el pasado!

 (hehehe… justamente… ENTERRAR el pasado! )

-¿Cómo voy a dejar de pensar en esto? –con rabia deja de llorar- ¡Siento a cada instante que mi primer marido vive en Salvador! –Isabel lo enfrenta a la realidad.

El padre Jacobo se asusta- ¿Su primer marido? –balbucea.

-¡Si! –le responde Isabel- ¡yo sé que Pedro José Donoso vive en el cuerpo de Salvador Cerinza! –y deja vagar su mirada a la distancia.

El padre Jacobo rehúsa mirarla con miedo.

*

Enfrente de su casita, Cantalicia se sienta y mira a la distancia.  Moncho sale de la casa, haciendo chirriar la puerta.

-¿Está más tranquila mamacita?

-¡Si! Sólo que pienso en tantas cosas.

-¿En esa señora?

-Es bien bonita esa señora… ¿verdad? Te aseguro que los hombres se mueren por ella.

-Es muy linda –admite Moncho- ¡pero no me gusta! ¡a mí me gusta usted y yo no quiero que esa señora vuelva!
-¡Ay mi Moncho! –lo abraza feliz.

Ambos se miran con amor y ríen.

*

Isabel conduce de vuelta al pueblo muy insegura. 

El padre Jacobo se pone nervioso- ¡Deténgase doña Isabel! Deténgase, está muy nerviosa y en estos momentos no puede manejar… ¡permítame ayudarla por favor!

-¡Voy a estar mejor! –Isabel detiene el auto- ¡sólo necesito un momento para recuperarme!
-Está muy impresionada… no debe pensar en lo que dijo… ¡Salvador no tiene nada que ver con su difunto esposo!
-¡Si tiene que ver! –le corta Isabel- ¡claro que tiene que ver! –y repite- Claro que tiene que ver… ¡ahora comprendo muchas cosas! ¡Ahora sé por qué!... habla como él, se expresa como él y se comporta como él…. ¡él sabe absolutamente todo acerca de Pedro! –y vuelve a sollozar incontrolablemente. 

De pronto Isabel lo mira suplicante- Padre… ¿por qué suceden estas cosas?

-No me pregunte –le contesta Jacobo- ¡sólo trate de reponerse y de dominar la situación!

-Es que en este momento me siento totalmente incapaz.

-En ese caso le recomiendo separarse de él…. ¡no se puede convivir con un ser que lo trastorna! –le aconseja- ¡olvídese de él!

 (Aja!! Jajajajaj….  Bueno… aquí el escritor realmente se salió del guacal!!  Porque este consejo si que no puede venir de un hombre religioso!! el próximo paso le aconseja el divorcio por motivo No Consumado!!  )

Derecho Canónico - Iglesia Católcia 

 -¡Padre! –se exaspera Isabel ( con razón) y sale del auto.

Afuera sigue llorando con desesperación como buscando consuelo en esa naturaleza exuberante que los rodea.

El padre Jacobo abre la puerta de su lado y la mira con pena.

Isabel llora sin consuelo y se abraza como si tuviera frío- ¡Me siento mal padre! ¡me siento tan mal! –tiembla- ¡siento que la cabeza me va a estallar!
-Usted no puede manejar en esas condiciones –es todo lo que tiene que decir el padre- ¡Tendrá que quedarse una noche más en el pueblo!

Al escuchar esto, Isabel reacciona- ¡Yo creo que nunca me voy a reponer padre! ¡no me voy a reponer hasta que no conozca toda la verdad! –y luego dice con rabia- ¡y no voy a descansar hasta saberla!

-Doña Isabel, por favor.

-¡Ya empecé y no me voy a detener! –le grita Isabel- ¡nadie me va a detener!

-Piense en su salud mental.

Isabel lo mira duramente- ¿Sabe una cosa padre? Toda la vida… ¡toda mi vida me he enfrentado a las situaciones más difíciles! Y le juro que ésta no va a ser la excepción… ¡no me pienso esconder! La voy a enfrentar aunque me desquicie… ¡aunque me vuelva loca, más loca de lo que ya me siento ahora!

Jacobo suspira y la ve llorar.

-En la casa –sigue Isabel con sollozos entrecortados- ¡en la casa me espera el hombre que amo! ¡y el mismo que me ha enfrentado al reto y al desafío más grande de mi vida! –y se calma- ¡le voy a enfrentar y le voy a responder! –levanta el mentón decidida- ¡pase lo que pase!

*
FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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