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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
Escrito por (a partir del capítulo 65)
Diálogos: Juan Marcos Blanco / Fernando Pérez / Erick Hernández / Lina Serrano
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Hospital.
Afuera.
-Yo sé que prometí que no volvería a buscarte –Hugo- ¡pero acabo de regresar de viaje!
-Úrsula me dijo que habías ido a buscar a Michelle... no entiendo por qué regresaste tan rápido... ¿qué pasó con Michelle?
-¡Michelle no estaba en su casa! Con el que hablé fue con Andrés.
-¿Y en donde está Michelle?
-Se fue para Europa, parece que no quiere saber nada de mí.
-¡Claro! –suspira Soledad- ¿por qué será? ¡por qué siempre nos encargamos de hacerle daño a la gente que queremos, Hugo! ¿por qué?
Hugo calla.
-¡Es como si cuando estamos juntos se activara algo malo en contra de los demás!
-¡No, eso no es cierto! Michelle se fue porque... ¡porque Michelle es una mujer inteligente que comprendió lo que nosotros no queremos entender!
-¿Qué quieres decir?
-¡Qué nuestras vidas están ligadas para siempre... que nos amamos... que nuestro amor es más fuerte que nuestra voluntad de alejarnos el uno del otro!
Soledad tiene lágrimas en los ojos y pregunta con inseguridad - ¿Hablaste con tu hermano Alcides? ¡te contó lo que pasó!
Hugo la mira con miedo en los ojos- Yo acabo de hablar con mi hermano Alcides, y él también me preguntó si tú me habías contado algo... –toma aire – Soledad... –y preocupado desvía un rato la mirada y luego la mira fijamente y pregunta con dudas- ¿qué pasó en mi ausencia?
Soledad lo mira con espanto y recuerda el tremendo error: “No soy Hugo, soy Alcides’ –y Soledad baja la mirada culpable.
Hugo comprende que hay algo grave- ¿Qué me estás ocultando?
Soledad lo mira con desesperación.
Hugo traga saliva-¿Qué me estás ocultando, Soledad?
Y ambos se miran largo rato.
Y callan.
En ese momento Manuela llega con Daniel- ¿Tú qué haces aquí? –le pregunta a Hugo.
Soledad mira a Manuela y luego a Hugo - ¿Se conocen?
Hugo confirma en silencio.
(en serio?? Se conocen?
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Herrería.
Marina visita a Boris que la mira fríamente- ¡No me digas que vienes a darme el divorcio!
-Vengo a darte el divorcio... ¡pero con una condición!
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Casa Obregón.
-Ester, amor... escúchame –y Lucas encuentra a Úrsula llorando con la carta de Boris- ¡Úrsula, qué te pasa! ¿por qué estás llorando? ¿qué escondes?
-Solo estoy un poco emocionada.
-¿Por qué lloras?
-Don Lucas... ¿si le muestro algo no se va a enojar conmigo?
-Te lo prometo.
-Es por esto... –y le muestra la carta- ¡es una carta que me envió Boris y es la cosa más bella que jamás haya leído!
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Eloisa entra a la habitación de Soledad solamente para encontrar a Ester- ¡Eloisa, regresaste!
-Ester... regresé porque...
-¡Mira! –Ester viene con la esmeralda- Úrsula encontró esta esmeralda en las manos de la niña, tú sabes de donde pudo salir.
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Hospital.
-¿Por qué se quedan callados? –Soledad sorprendida a Hugo y Manuela- ¿ya se conocían?
Manuela se da cuenta de su error- Bueno...
-¡La señora no me conoce! –corta Hugo- ¡pero yo sí la conozco a ella!
-¿Cómo es posible? –Daniel- ¿desde cuando sabe de Manuela?
-Ella cree que me conoce porque me confunde con mi hermano gemelo... ¿no es así, señora Manuela?
-¿Hermano gemelo?
-Mi nombre es Hugo de Medina.
-Bueno... mucho gusto –y Manuela se acerca sonriendo de oreja a oreja y le da la mano- ¡Manuela Marin, la esposa de Daniel!
Hugo no le toma la mano- ¡Sí, lo sé! –seco - ¡y también sé cual es su plan y a qué vino a San Marino!
Manuela queda cortada.
Soledad mira a Hugo sorprendida.
Daniel no entiende nada.
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Casa Obregón.
-No me has respondido Eloisa... ¿qué hacía esta piedra en las manos de Aurora?
-¡Es mía, vine a buscarla justamente! –Eloisa logra una sonrisa.
-Eso pensé... es una piedra muy fina.
-Sí, la tenía en un anillo y se me cayó mientras jugaba con la bebé.
-Pero no veo en tus manos ningún anillo.
-¡No! lo que pasa es que cuando me di cuenta que se me había caído la piedra me quité el anillo, por eso vine precisamente a buscarla a ver si la encontraba.
-¡Es una suerte que Úrsula la haya encontrado antes que la niña se la llevara a la boca!
-Doña Ester... ni lo mencione... ¡eso hubiera sido terrible! –Eloisa toma la esmeralda.
-Bueno, está bien, que tengas buena tarde.
-Doña Ester... quisiera ver a Soledad.
-Está en el hospital... ¿no lo recuerdas?
-Es cierto, qué tonta, sí... regresaré más tarde para poder conversar con ella –y piensa: “Lo siento por ti, Alcides, pero no podré darte el oro que necesitas” – y se marcha.
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Hospital.
-¡No sé de qué plan me está hablando! –finge Manuela.
-¿A qué te refieres, Hugo? –Soledad.
-Señora, usted vino a San Marino con un propósito perverso... ¿o me equivoco?
-Hugo si me permite... –Daniel.
-¡Esta señora vino a hacerle daño, doctor!
Daniel lo mira sorprendido.
-Yo mejor voy a entrar, hay pacientes que me necesitan –Soledad trata de marcharse pero al pasar al lado de Hugo lo escucha.
-¿Por qué no quieres saber la verdad? –le pregunta Hugo.
Soledad se detiene.
-¿De qué verdad habla? –exclama Manuela- ¡usted no me conoce!
-Precisamente eso digo, Hugo... ¿de donde la conoce? ¿cómo sabe exactamente quien es?
-Su nombre es Manuela Marin y yo no la conocía hasta hoy, pero una coincidencia del destino quiso que viajáramos juntos en el tren que nos trajo a San Marino... ¡ella subió en la estación de Alcalá, acompañada por Hércules, el criado de mi hermano Alcides!
-¿Qué intentas decir? –Soledad.
-¡Esta señora vino a hacerle daño al doctor Von Sirak, por encargo de mi hermano Alcides!
Todos se quedan impactados.
Soledad mira a Manuela con nuevos ojos.
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Casa Obregón.
-Esas lágrimas, Úrsula, me dicen que tú y Boris se quieren mucho.
-Sí, don Lucas, yo... no tenía ni idea de lo que era el amor desde que conocí a Boris.
-Y lo amas desde el primer momento que lo viste.
Úrsula ríe- ¡Sí! Pero cuando supe que tenía una relación con Marina, decidí respetarlo, hasta llegué a tener rabia cuando pensé que se estaba aliando con don Alcides, claro, en esa época no sabíamos que don Hugo se estaba haciendo pasar por su hermano.
Y Úrsula recuerda: “No entiendo como es que Marina y tú, Boris, están trabajando ahora para don Alcides, tú eras el hombre de confianza de don Hugo... ¿cómo trabajas ahora para su peor enemigo? ¡si don Hugo estuviera vivo estaría muy triste por tu traición!”
-En ese momento no creí nada de lo que Boris me dijo, pero nunca me engañó don Lucas... por eso me duele tanto tener que pensar en renunciar a él.
-¿Por qué renunciar?
-¡Porque Marina no le quiere dar el divorcio, don Lucas, y... yo no sé lo que pueda pasar con nosotros dos!
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Herrería.
-¿Una condición par que me des el divorcio?
-¡Es lo justo! ¿no te parece?
-¡Caray, Marina! Pensé que eras la Marina que alguna vez conocí... veo que me equivoqué... ¿cuál es la trampa?
-No, mi amorcito, ninguna trampa, si quieres el divorcio para casarte con Úrsula, está bien, pero es justo que yo reciba algo a cambio.
Boris sonríe con pena- ¿Qué es lo que quieres?
-¡Dinero! Tu libertad a cambio de dinero.
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Hospital.
-Manuela, lo que dice Hugo... ¿es cierto?
-Sí, yo llegué hoy en tren.
-¡No me refiero a eso! –con rabia- ¡me refiero a Alcides de Medina! ¿él te mando buscar para que me perjudicaras enfrente de Soledad? ¡desde hace cuánto tiempo tienes trato con ese hombre, habla!
Manuela gime- ¡No sé de qué me hablan! Daniel, yo vine por tu carta, porque no sabía de ti desde hace mucho tiempo y ... me dijiste que te habías enamorado de Soledad... ¡y vine por ti!
Danial la mira con rabia.
-¡Y me rompes el corazón! –sigue Manuela.
-No le creas una sola palabra –le dice Hugo a Soledad que mira a Manuela con piedad.
-Manuela... ¿Es cierto que llegaste acompañada de Hércules? –Soledad.
-¡Yo a ese hombre lo conocí en la estación! –toma aire- ¡Nunca lo había visto en mi vida!
Hugo mueve la cabeza, no puede creer tanta hipocresía.
-Y... fue muy amable conmigo –sigue Manuela- y me mostró donde encontrar a Daniel aquí en el hospital.
-¡Señora, su habilidad para mentir es impresionante! –la corta Hugo.
-¿Usted por qué se mete en lo que desconoce? –y llorando a Daniel- ¡Daniel, yo te amo!
Soledad la mira incrédula y con pena.
-¡Tú no me amas! –la aparta Daniel- no nos vemos desde hace de mas dos años, nunca respondiste mis cartas, ¡Hugo de Medina tiene toda la razón, eres una mentirosa muy hábil!
Hugo los mira triste.
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Herrería.
-¡Dinero a cambio del divorcio! Marina...se te olvida que no tengo un centavo... ¡que ahora trabajo con don Hugo en esta Herrería que apenas nos da para comer!
-Pero eso que no tienes ni un centavo no es cierto, yo me acuerdo cuando tú y yo trabajamos par don Hugo que tu ahorraste una pequeña fortuna de dinero.
Boris suspira- ¡Todo ese dinero se me fue en ayudar a don Hugo, y en comprar esta Herrería!
-¡Ahí sí lo siento mucho por ti, mi amor! Otra vez por don Hugo te va a tocar posponer tu vida, porque yo no te voy a dar el divorcio gratis.
-Por favor, Marina, pídeme lo que sea, tiene que haber una solución, puedo hacer lo que sea para que me firmes el acta de divorcio.
-¡No lo sé! –reflexiona Marina- bueno... de repente sí, ve esta noche a la Hacienda y lo discutimos, podemos llegar a un arreglo.
-Por favor, lo que tengas que pedirme, pídemelo aquí, no voy a ir a la Hacienda a verte.
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Hospital.
-Ciertamente no conozco a esta señor, pero... ¿qué haya venido de tan lejos a San Marino para hacerle daño a Daniel por un plan de Alcides? ¡eso no tiene sentido! –duda Soledad.
-Pero sí conoces perfectamente a Alcides... –Hugo y Soledad se mira- ¡él por ti sería capaz de hacer cualquier cosa!
Daniel se acerca desesperado- ¡Soledad, tú no puedes creerle a esta mujer, tienes que creerme a mí!
Soledad duda.
-¡Yo sé y entiendo que desconfíes de mí por no haberte mencionado que aun no me había divorciado de ella! Pero esta mujer miente.
Hugo mira a Daniel con escrutinio.
-¡Pero esta mujer miente! –jura Daniel- ¡no le creas una sola palabra de lo que está diciendo!
-Eres un miserable –llora Manuela- ¿cómo puedes decir eso después de todo lo que vivimos juntos, Daniel!
Soledad la mira con pena.
-¡El infierno que me hiciste pasar! –explota Daniel- me traicionaste con el que creía era mi mejor amigo, sufrí una tracción doble.
-Daniel... ¿por qué mejor no hablan esas cosas en privado? –sugiere Soledad.
-¡No tengo absolutamente nada que hablar con esta mujer! ¡nada!
-Esa mujer no es de fiar, doctor –agrega Hugo.
Soledad se escandaliza- ¡Hugo, por favor! Aun no has dicho nada que nos pueda convencer de tus afirmaciones –y lo mira con espanto.
-Porque un caballero jamás habla de las intimidades de la gente – sigue Hugo mirándola – pero en este caso no me queda otro remedio –y mira a Daniel y Manuela- así que de antemano... pido disculpas a las damas por lo que voy a decir... ¡doctor, en el tren en que veníamos a San Marino, fui testigo del comportamiento indecente de esta señora con el criado de mi hermano Alcides!
Daniel mira disgustado a Manuela que cierra los ojos dando todo por perdido.
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Herrería.
-Quiero que las cosas se arreglen ahora.
-Pero tengo prisa, don Alcides me debe estar buscando y yo no voy a perder mi trabajo por estar hablando contigo Boris, y no te voy a dar el divorcio gratis, ve a la hacienda y llegamos a un acuerdo.
-Está bien.
-Sabes cómo entrar a la hacienda sin que nadie te vea, te espero –se marcha.
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Hospital.
Manuela finge indignación- ¡Cómo puede hacer usted semejante afirmación! Yo soy una mujer decente.
-¡Señora, no voy a dar detalles de su comportamiento en ese tren porque Soledad está presente! –seco Hugo-¡Y ella es una mujer decente!
Soledad lo mira con grandes ojos y luego con pena a Manuela- ¡Hugo! Lo que estás diciendo es muy delicado.
-¡Me conoces perfectamente! Sabes que me siento muy incomodo hablando de estas cosas –se excusa Hugo.
-¡No le creas, Soledad! –exclama Manuela.
Daniel la mira con ojos asesinos- ¡Pues yo sí le creo a Hugo porque te conozco! Lamentablemente aprendí a conocerte muy tarde, para saber que eres una mujer insaciable que utiliza a los hombres a su antojo.
Soledad los mira sin poder creer lo que escucha.
-¡No sabes cuánto tiempo sufrí por tu culpa! Por lo que me hiciste.
-Lamentablemente y afortunadamente para el Dr. Sirak y para los aquí presentes, su plan no salió como esperaba, señora, usted no contaba con mi presencia en ese tren escuchando sus planes.
-¡Puedes regresar por donde viniste, Manuela! Anda donde Alcides de Medina y dile que su plan falló gracias a su hermano Hugo!
Manuela ríe - ¡Sabes qué! Que te quede muy claro, a ti, a esa mujercita –mira a Soledad con desprecio- ¡y a ti, gemelito! ¡no te voy a dar el divorcio nunca, jamás! –y se marcha.
-No puedo creer que haya personas así –exclama Soledad y se aleja de Hugo y se acerca a Daniel.
-¡No sé por qué lo hizo! –reconoce Daniel- pero se lo agradezco.
Hugo mira a Soledad- La vida me enseñó una lección muy dura... ¡mentir aunque sea por amor nunca trae buenos resultados!
Y Soledad y Hugo se miran hablándose muchas cosas en silencio.
-¿Vio a Michelle? –interroga Daniel- ¿qué le dijo?
-¡Michelle no estaba en su casa, está de viaje por Europa!
-Está curando sus heridas... ¡gracias! –y Daniel los deja solos.
Al quedar solos Soledad mira a Hugo con interrogación en sus ojos.
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Casa Obregón.
-Antonia lleva horas encerrada en su cuarto y no quiere abrir la puerta.
-¡Qué raro!
-No quiere decir nada, no me gusta Lucas.
-¡Hablaré con ella!
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Hospital.
-¡Alcides va a tener que responder muchas cosas después de todo esto! –se enoja Soledad- ¡Es increíble! Se atrevió a traer a esta mujer.
-Lo va a negar todo –le advierte Hugo.
Y Soledad lo mira a los ojos- ¡Gracias, de verdad! Me sorprendió mucho tu comportamiento, nunca pensé que fueras capaz de hacer esto.
-¿Por qué? ¿porque ayudé al doctor?
-¡Sí! –tímida Soledad- se supone que...
-¡Que al aclarar las cosas el doctor sigue siendo un firme candidato para ganar tu corazón!
-Tengo que reconocer que me maravilló tu franqueza –Soledad lo mira con admiración- ¡porque hiciste justicia sin mezquindad, sin importarte que con lo que hacías beneficiabas a Daniel! ¡lo hiciste!
-Soledad, yo te he demostrado que así haya sido por celos o porque te casaste con mi hermano Alcides, o por lo que fuera... ¡mi venganza fue una estupidez que yo no he dejado de lamentar un segundo de mi vida!
-¡Mejor me voy a trabajar! –trata de escapar Soledad.
-¡Yo necesito que me aclares una duda! –la detiene Hugo- que está rondando mi cabeza desde que hablé con Alcides.
Y Hugo recuerda a Alcides y su mirada llena de inquietud: “ ¿O será que Soledad te contó?
-¡Me contó qué, qué me tenía que contar Soledad!”
Y Hugo pregunta con aprehensión- ¿Qué pasó entre Alcides y tú en mi ausencia?
Y Soledad pierde toda sonrisa.
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Casa Obregón.
-¿Antonia, por qué te encerraste?
-¡Quiero estar sola, no quiero hablar con nadie! –grita llorando Antonia detrás de la puerta- ¡déjenme en paz! ¿no lo pueden entender?
Y Antonia recuerda su confesión a Soledad.
(relleno
)
-¡Solo le abriré la puerta a mi sobrina Soledad, tengo que explicárselo a ella!
-Soledad no está, ella fue al hospital.
-Esperaré a que regrese, pero es la única que puede perdonar mis pecados... ¡la única! ¡perdóname Soledad, perdóname!
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Hospital.
Soledad con aprehensión en la mirada- Está bien... sí... ¡te voy a contar lo que pasó con Alcides!
-¡Te hizo algo malo! –asustado.
Soledad mueve la cabeza negativamente- Yo... lo primero que necesito que sepas... es que para mí es muy difícil hacerte esta confesión... ¡y por favor no me interrumpas hasta que no termine de contarte qué fue lo que pasó!
Hugo está hecho un manojo de nervios -¡Creo que no me va a gustar lo que vas a decirme! –mira a otro lado.
Soledad baja la mirada- ¡Fui a tu casa a buscarte! –lo mira- ¡yo no sabía que habías salido de la ciudad! Y quien estaba allí... era Alcides... –se muerde los labios- ¡Alcides se hizo pasar por ti, Hugo!
Hugo la mira con espanto, sufre.
-¡Todo fue muy confuso! Él tenía el pelo recogido, y yo... no me imaginé que se trataba de tu hermano Alcides... –cierra los ojos y sufre- ¡y...! –entrecortadamente- ¡y nos besamos! –y lo mira desesperada.
Hugo la mira a punto de llorar.
-Hugo... me besé con tu hermano Alcides porque pensaba que eras tú.
-¡Pero cómo! –Hugo dolido hasta el corazón- ¡dime, cómo pudo pasar eso! –le reclama- ¿cómo, Soledad, como? –y hace un esfuerzo para no llorar, se muerde los labios de rabia- ¡Alcides me las va a pagar! ¡el va a tener que responderme! –se jura a sí mismo respirando con dificultad... y de pronto algo pasa por su mente y sus ojos brillan con un brillo especial de esperanza y mira a Soledad como si no pudiera creer lo que está pensando- si Alcides te besó... porque tú creías que él era yo... ¡fue porque tú consentiste ese beso!
Soledad no sabe qué responder.
-¿O fue un beso robado?... no entiendo... ¿para qué fuiste a buscarme?
Soledad lo mira y confiesa- ¡Fui por algo muy especial!
-¿Especial?
-¡Sí!
Hugo se pone nervioso y tartamudea- ¿Qué... qué... es algo muy especial? –y mira a otro lado para evitar ilusionarse.
-Estuve pensando en lo que me dijiste.. en nosotros... ¡me dijiste que fuera a buscarte cuando me sintiera preparada! Y yo siento que estoy preparada para perdonarte, Hugo.
Hugo la mira sorprendido como viera la luz del día luego de una larga noche.
-Para perdonarnos –sigue Soledad.
♫
Sálvame, despiértame otra vez
temo cerrar los ojos sin saber
si vas a estar conmigo al amanecer
♫
na, na, na
♫
bésame hasta enloquecer
quiero perderme en tus sentidos
para no saber quien soy
ni lo que temo ser
♫
#
Casa Margó.
-Hércules es un hombre hermoso con el que he pasado muchos momentos placenteros –piensa Margó- ¡pero también quiero sentirme amada! Y él me demostró con su traición que ya no me ama, pero Arturo... ¡no lo sé! Arturo y su problema –duda- ¡a veces siento miedo de él, pero otras veces! –y recuerda el beso de Arturo y sonríe- ¡la tarde está muy bonita! Me la voy a tomar para pensar.
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Casa Obregón.
Lucas sigue rogando.
-No voy a abrir la puerta, sólo quiero hablar con mi sobrina Lucas.
Ester le dice que la deje con ella y envía a Úrsula con Aurora.
Al quedar sola- Antonia, estoy sola, por favor habla conmigo, confía en mí, siempre hemos tenido una buena relación.
-¡No, Ester! –llora Antonia- ¡yo a ti también te engañé, pequé contra ti!
-¿De qué hablas?
-Recuerdas la relación con tu amiga Rebeca.
-No menciones el nombre de esa mujerzuela.
-Yo sabía de la relación que existía entre ella y mi hermano Lucas y nunca te lo quise decir –llora Antonia detrás de la puerta.
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Hospital.
-Estuve meditando mucho –sigue Soledad con lágrimas en los ojos - ¡tú eres el padre de mi hija! Eso no va a cambiar, y yo te perdono... Hugo... ¡y también te pido perdón si fui yo quien te falló!
Hugo toma aire- ¡Soledad, me falta la vida para arrepentirme por todo el daño que te hice! Nunca me perdonaré haberme hecho pasar por mi hermano Alcides.
-¡Hugo, esos son recuerdos muy dolorosos para mí!
-Entonces... –Hugo tiene miedo de pronunciar la frase- ¿nos vamos a dar... otra oportunidad?
Pero Soledad deja de sonreír- ¡No! –se seca las lágrimas- ¡lo nuestro ya no puede ser Hugo! Lo único que nos une es el mismo amor por nuestra hija, y nada más.
-Eso quiere decir que vas a aceptar al doctor.
-¡Lo único que voy a aceptar en este momento es estar tranquilas! Ya he pasado por demasiadas cosas, dolores, frustraciones y si el precio por mi tranquilidad es quedarme sola... lo voy a hacer, Hugo.
-¡Tú nunca vas a estar sola! –le promete Hugo- ¡yo siempre te voy a apoyar! Porque yo te amo... ¡yo te amo por encima de todo!
Y Soledad sonríe en medio de sus lágrimas.
Y Hugo se marcha.
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Mas tarde Soledad habla con Daniel- ¡Lamento muchísimo haber dudado de ti! Yo jamás... me podía imaginar que esta mujer...
-¡No! tranquila ni la menciones, no vale la pena, nada de lo que pasó tiene importancia... ¡lo verdaderamente importante es que tú ya sabes la verdad! Y te juro que no voy a descansar hasta que Manuela me dé el divorcio.
Pero Soledad está triste y lejana.
-Soledad... ¿qué pasa? ¡estás llorando!
Soledad le da la espalda- ¡Ay, Daniel, no puedo hablar de eso!
-Es por Hugo, verdad... ¡debes haber quedado muy impresionada por lo que hizo! Mi rival... defendiendo mi honor ante ti... Qué irónico.
-¡Daniel, por favor!
-Tú no estás bien, ve a descansar... ¿quieres que te acompañe a tu casa?
-Tienes razón, no estoy bien... mejor me voy a mi casa, con permiso –se marcha sola.
Daniel queda solo rumiando su rabia- ¡Enfermera! ¿tengo más pacientes por atender?
-Por el día de hoy no tiene nadie más doctor.
-Entonces me retiro, tengo algo importante que hacer –se marcha.
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Casa Obregón.
-Nunca estuve de acuerdo en la relación que tuvieron Rebeca y mi hermano Lucas, me parecía bajo e inmoral.
Al otro lado de la puerta- Por eso te portabas tan extraña cuando esa mujer venía.
Y Ester recuerda:
“-¿Dónde está Lucas?
-Está con Rebeca –Ester lee el periódico tranquila.
-¿A solas con esa mujer? ¡como puedes ser tan confiada, esa mujer no me gusta para nada!
-Rebeca es una buena persona, ha sido amiga de la familia durante mucho tiempo, una verdadera amiga.
-Una mujer como esa no puede ser amiga de nadie”
Ester regresa de sus pensamientos- Antonia, para mí es muy duro recordar que fuiste cómplice de ese engaño, pero eso ya pasó... ¡quedó enterrado en el pasado! Yo te perdono, abre la puerta y sal del cuarto.
-¡Yo no voy a salir, no quiero! –grita Antonia- ¡respeta mi intimidad, por favor!
-Como quieras, aquí queda un plato de comida, si necesitas algo me llamas por favor.
Y Úrsula le deja una bandeja de comida en una silla frente al cuarto.
Antonia llora.
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Herrería.
-¡Es usted una persona muy noble don Hugo! –Boris que trabaja con Hugo- eso de ayudar al doctor siendo uno de sus rivales con la señora Soledad no lo haría cualquier hombre.
-Por lo menos estoy tranquilo –Hugo aviva el fuego.
-¿Qué le dijo la señora Soledad? –pregunta Boris- ¿le dio alguna esperanza?
-No... no me dio ninguna esperanza –se concentra en su trabajo - ¡pero cuando uno ama de verdad, la esperanza es lo último que se pierde! Al contrario... uno se aferra a cualquier cosa... ¡uno espera un milagro!
-¿Un milagro? –triste- ¡lo entiendo, señor, un milagro!
-Boris... te conozco perfectamente... ¿qué pasa?
-¡Es Marina, señor! Hace un momento estuvo aquí y me dijo que quería dinero por el divorcio... ¡no sé qué voy a hacer! Usted sabe que no tengo un centavo.
Hugo deja de trabajar.
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Hacienda Montenegro.
-¡Buenas, estoy buscando a Alcides! –entra Manuela con aire de pocas pulgas.
Aun menos amable, Marina- ¿Cuál es su nombre?
-¡Manuela Marin! ¿dónde está?
-¡Mi patrón no se encuentra!
-¡Yo sé que aquí está! Y tengo una negociación con él.
-¡Ya le dije que mi patrón no se encuentra y no insista!
Pero Manuela no acepta un no y grita- ¡Alcides, yo sé que sí estás aquí y me vas a oír! ¡jamás me dijiste que te tenías un hermano gemelo y por su culpa nos descubrieron!
Marina la mira levantando las cejas ante semejante escándalo.
Daniel entra por la puerta grande abierta y la escucha atentamente.
Manuela sigue con su ataque de histeria- ¡Me pagarás lo que negociamos y no me voy de aquí hasta que no me pagues!
-¡Así que era verdad! –exclama Daniel.
(qué, todavía lo dudaba??
Tanto Marina como Manuela se dan la vuelta y lo miran espantadas.
-¿Con qué derecho entra a esta casa? –le reprocha agria Marina.
-Con el mismo derecho que su patrón se mete en mi vida –le corta Daniel- ¿dónde está Alcides?
-¡No está!
-¡Yo sé que está! –grita Daniel- ¡Alcides! Eso de traer a Manuela Marin para ponerme mal frente a Soledad es una bajeza, como todo lo que haces... ¡pero escúchame bien, nunca te quedarás con ella!
-Daniel, nunca estarás con ella porque ya te dije que no te voy a dar el divorcio –Manuela se abanica.
-No te preocupes, que ya todo el mundo sabe el tipo de mujer que eres y cualquier juez me daría el divorcio sin tu consentimiento, no sólo eres una adultera sino que te vendes al mejor postor por unas cuantas monedas –y luego grita- ¡Escucha bien, Alcides, yo sé que estás aquí! Podrás comprar a esta mujer, podrás comprar matones para que me asesinen, podrás lo que te de la gana, pero nunca podrás comprar el amor de Soledad.
Marina los mira como si estuviera presenciando un espectáculo.
-Daniel... –se acerca Manuela- ¡ten cuidado con Alcides, es un hombre muy peligroso! No quiero que te pase nada.
Pero Daniel la rechaza- ¡No le tengo miedo! ¿escuchaste Alcides? ¡no te tengo miedo! Y no se te ocurra tratar de hacerme daño, que no se te ocurra, porque así como me ves, soy capaz de acabar contigo en un solo segundo.
Y luego de mirar con desprecio a Manuela se marcha.
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Herrería.
Hugo se saca uno de sus anillos- ¡Toma, entrégale esto a Marina! –se la pasa a Boris.
-Señor, no puedo aceptarlo, esto es una herencia familiar.
-Boris... ¿de qué sirven las cosas materiales si no puedo ayudar a mi mejor amigo?
Acéptalo... ¡además tu aportaste tus ahorros, acéptalo!
Boris lo toma tímidamente.
-Tu aportaste tus ahorros cuando abrimos este negocio –le repite Hugo y vuelve al trabajo.
-Señor... algo tengo que hacer, puedo hablar con Marina y decirle...
-¡Marina lo va a aceptar! Ella sabe que es valioso... ¡ella lo aceptará a cambio de firmar el divorcio!
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Casa Obregón.
-¡Úrsula! ¿y Aurora?
-Acaba de quedarse dormida... ¿cómo le fue en el hospital?
Soledad pone cara de tener mucho que contarle- ¡No sé! –suspira- ¡No sé si me fue bien o mal! –se sienta- ¡pasó una situación muy incomoda! Que si no hubiera sido por Hugo hubiera terminado en una pesadilla.
-¿Don Hugo? –se sorprende Úrsula- ¿ya regresó de viaje?.
-¡Sí! Y me encontré con la esposa de Daniel en el hospital.
-¡No le creo! –Úrsula se queda sin aire- ¿en serio?
-¡Llegó diciendo que Daniel la había abandonado, que le había roto el corazón! Te juro que hasta me hizo pensar que Daniel era una mala persona.
-No, no puedo creer que el doctor sea ese tipo de hombre.
-No... claro que no... ¡Hugo aclaró todo cuando llegó, la desenmascaró! Esta mujer venía en el tren con Hugo, parece que él se dio cuenta de sus bajezas, como que no es una persona muy recomendable.
-¿Pero por qué vendría esa mujer hasta aquí para armarle un escándalo al doctor?
-¡Por Alcides! Parece ser que Alcides es el responsable que esta mujer esté en San Marino. No sé si creer o no... pero sabes... ¿qué es lo único cierto? –y Soledad sonríe ilusionada- ¡que Hugo se portó como un príncipe!
Úrsula también sonríe.
-Tuvo gran gallardía al defender a Daniel sabiendo que él está pretendiendo casarse conmigo.
-¿Se da cuenta, señora? ¡don Hugo es una buena persona! Usted tiene que perdonarlo.
-¡Ya lo perdoné! Pero...
Entra Ester con urgencia - ¡Hija, qué bueno que regresas! ¿Úrsula no te dijo nada?
-¿Qué pasó?
-¡Tu tía Antonia estuvo encerrada todo el día en su habitación! Dice que no sale hasta que no hable contigo.
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Hacienda Montenegro.
-Alcides, tú regresaste a esta ciudad convertido en otro hombre –Eloisa.
(bof, pero de aquel otro hombre solamente queda el Alcides comenueces!!)
-Alguien que tiene un propósito con nombre y apellido... Soledad de Obregón –sigue Eloisa- ahora no puedes volver a tus antiguos métodos violentos o echarás a perder todos tus planes.
-¿Crees que no lo hago? –come sus nueces- Todos los días trato de apaciguar tanto desamor acumulado, es mucho el odio que se guardó aquí dentro –y se golpea el corazón- ¡mucho! ¡mucha la rabia contra mis padres, contra Hugo! Para colmo... últimamente me atormentan los recuerdos –le confiesa.
Eloisa se sorprende- ¿Qué recuerdos?
-¡Recuerdos de lo que viví cuando perdí la memoria! Fue un verdadero infierno –suspira y recuerda- Estuve varios meses convertido en un mendigo hasta que Beatriz de Linares, la hermana de Arturo me rescató y no recordaba nada, no sabía quien era yo, entonces Beatriz me llevó a una cabaña en medio del bosque y allí me drogó y me drogó y me drogó.
-Yo no sabía nada de eso.
-¡Esa mujer estaba completamente loca! –la recuerda- lo que vino después fue un horror tras otro, vejámenes, torturas.
Y recuerda a Beatriz torturándolo.
-Dios mío, Alcides, estás vivo de milagro –se sorprende Eloisa y hasta parece tenerle pena.
-Esta cicatriz –se abre la camisa- ya te la mostré antes, esta cicatriz me la hizo Beatriz de Linares cuando intentó matarme... ¡todo lo que pasé en esa cabaña, por poco y casi me convierte en un hombre que quería venganza! ¡pero no lo lograron! –se promete a sí mismo-¡no lo lograron!
(plural???
)
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Casa Obregón.
Soledad habla con Antonia- Tias, yo sé que has llorado mucho, sé que es por todo lo que me dijiste, pro lo que hiciste.
-Hoy no he tenido paz en todo el día –sufre- ¡me siento culpable por todas las cosas horribles que te hice, Soledad! Hoy cuando hablé contigo, sentí que afloraron nuevas heridas en mi corazón, es que el pasado regresa para reclamarnos nuestros pecados.
-A mí también me dolió mucho todo lo que dijiste.
-Dios mío... ¡qué cosas tan terribles hice! –llora.
-¡Lo que no entiendo es en qué momento te convertiste en esa persona –Soledad triste- ¡En una persona que ve la maldad en todos lados, tú no eras así!
Antonia calla.
-Yo recuerdo cuando era una niña, éramos amigas, yo te admiraba... ¡me enseñaste a tejer! ¿recuerdas? –Soledad sonríe con el recuerdo.
Antonia asiente en silencio.
Soledad deja de sonreír- Pero no sé en qué momento te fuiste a vivir a esa cabaña y no volví a saber nada de ti... hasta el día en que regresaste a ayudarme con Aurora, ya eras una persona completamente diferente tía.
-Cuando me fui a esa cabaña, pasó algo terrible que marcó mi vida para siempre –Antonia cierra los ojos y luego la mira- ¡Soledad, yo... fui violada!
Soledad queda impactada.
(bof!!..
en primer lugar por qué se fue a una Cabaña a vivir? Se supone que es una familia de alcurnia, segundo, eso no justifica que se haya convertido en una puritana malvada!!)
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Taberna.
-¡Ay, don Arturo! –aparece Paquito- ¿cómo ha estado? Que vergüenza... –se preocupa porque está parado- ¡le tengo una mesa solo para usted!
-Muchas gracias, Paquito... cualquier mesa está bien –Arturo finge humildad.
-¡No diga eso, don Arturo! –y llama a sus Paquitas para que lo reciban- ¿le provoca tomar algo de vino?
-¡El mejor de la casa! –ordena Arturo.
Y las Paquitas se llevan a Arturo.
Arturo y Hércules que está bebiendo se miran como rivales.
-¡Manrique! Qué gusto verlo –Paquito atiende a otro que llega.
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Casa Obregón.
-¡Qué! –se espanta Soledad- ¿qué estás diciendo, tía?
-¡Sí, Soledad! –llora Antonia- ¡yo fui violada! Todo lo que sucedió fue culpa mía, yo lo permití.
-¡Dios mío, qué horror! Tía, yo nunca me imaginé... ¡por favor, no tienes que decirme nada más!
(Soledad...
mejor dile que no fue su culpa!!)
-Es mejor, Soledad, quiero arrancarme del alma, del corazón, este dolor tan profundo que me atormenta.
Y Antonia recuerda cómo la violaron,
-¡Desde ese día, mi vida cambió para siempre, Soledad! Por eso me obsesioné por servirle a Dios, pero no tenía amor y trataba a todo el mundo tan mal –llora- ¡por esto te castigaba siempre, Soledad! Te hice tanto daño a ti y al resto de mi familia.
-¡No quiero que hables más de eso, tía! Todo está bien –Soledad le acaricia el rostro.
-¡Soledad, yo sé que no merezco tu perdón! Porque soy un ser despreciable.
Soledad simplemente siente mucha pena por ella y llora.
-Por favor, te suplico que me perdones, sobrina –le besa las manos- ¡perdóname!
Soledad la abraza- ¡Yo te perdono! Por supuesto que te perdono, claro que sí.
Y Antonia llora en sus brazos.-Esto nadie lo puede saber jamás –le ruega.
-Este es nuestro secreto –Soledad le toma las manso- solamente lo vamos a saber nosotras dos.
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Taberna.
Arturo se levanta y se sienta en la mesa de Hércules.
-No lo invité a compartir mi mesa, don Arturo.
-Deja de tomar ese vino barato, Hércules... –y le pone su botella- ¡sírvete este, es el mejor!
Hércules lo mira con rabia.
-¡Me enteré de lo que pasó con Margó! – y mueve el cuchillo en la herida- no creo que te perdone que le hayas sido infiel.
-Ese no es asunto suyo.
-¡Te equivocas! –levanta su copa- ¡tu relación con Margó ya terminó! Ahora es mi turno, Margó se quedará conmigo.
-¡Margó no es juguete de nadie! Ella no es ninguna mujerzuela.
-¡Lo sé perfectamente! Por eso es que me voy a casar con ella.
Hércules ríe- Dudo que Margó lo acepte sabiendo que usted no puede portarse como un verdadero hombre.... ¡a ella no le sirve un hombre impotente como usted!
Arturo no aguanta y se le tira encima- ¡Criado insolente! Te vas a tragar tus palabras –y lo muele a golpes con su única mano.
-¡Por favor no se acerquen! –grita Paquito- ¡deténganse, paren esto! ¡ya!
Y Paquito separa a Hércules de Arturo.
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Hacienda Montenegro.
Alcides sigue con sus nueces- ¡Beatriz me tuvo varios meses confinado en aquella Cabaña! Para ella se convirtió en una obsesión que recordara algo que supuestamente le había hecho.
-¿Qué le habías hecho? ¡por qué te tenía ese odio tan terrible!
-Supuestamente, alguna vez yo la violé –le confiesa.
Eloisa queda estupefacta- ¿Tú?
-Hasta este momento hay muchas cosas que ni siquiera recuerdo de mi pasado! Fueron demasiados meses de torturas, golpes, latigazos e inyecciones.
-Espera Alcides... no entiendo, tú eres un hombre fuerte... ¿cómo no podías escaparte de esa mujer?
-Porque Beatriz me inyectó unas sustancias para atrofiar mis músculos, yo me sentía muy débil y casi no podía caminar.
-¿Qué pasó después?
-Así siguió hasta el final.
-¿El final?
-¡Así es! –y la mira y reflexiona- En la vida, para bien o para mal... ¡todo tiene un final!
-Alcides... ¿cómo lograste escaparte de esa loca? ¿qué fue lo que le pasó a esa mujer?
Alcides calla y mira a lo lejos.
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FIN DEL CAPITULO
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AVANCE.
Alcides y Daniel pelean.
