Un hombre muy guapo galopa en un caballo alazán precioso.
Desmonta ante un grupo de hombres vestidos con capas negras.
-¡Aquí estoy Arturo Linares, he venido a atender su reto!
-He elegido que el duelo será a muerte.
-¿La muerte por un equivoco?
-¿Equivoco haber enlodado a mi hermana Beatriz?
-¡Repito, nunca existió nada más que una amistad con su hermana! Pero en fin...
-Hugo de Medina, pagará con su vida lo que le hizo a mi hermana.
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Casa Soledad.
-Don Hugo de Medina, ¿todavía recuerda a ese señor? –Úrsula- pero su mamá está planeando que don Alcides venga a visitarla formalmente.
Soledad pone cara desagradable- ¿Alcides, el hermano? Por que quiere imponerme pretendientes, sobre todo el hermano de Hugo... siempre he sentido una especial curiosidad por Hugo de Medina, un hombre tan valiente, tan interesante, tan caballeroso... –ríe.
-¡Y tan misterioso! Es extraño... salía muy poco de su casa y ahora sale menos.
-Preferiría mil veces a Hugo de Medina que tener que recibir a su hermano.
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Plaza.
Alcides se da cuenta que hacen apuestas sobre el duelo de su hermano Hugo.
Burke se acerca y le pregunta si quiere apostar.
-Ustedes no se quieren.
-¡Sáquese! –y le da dinero – ya sabe cual es mi favorito.
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Casa Soledad.
Soledad se niega a recibir a Alcides.
-¿Quién te dijo que puedes elegir a tu pretendiente? Las normas dicen que tu padre y yo elegiremos.
-No me importa, el amor...
-¡Llega con el tiempo! Alcides no es un hombre rico pero pertenece a una buena familia y eso te conviene.
-¿A mí, o a ti? Otra razón para que puedas alardear con tus amistades.
-Me vas a matar, me vas a llevar a la tumba... al menos puedes hablar con Alcides.
-Está bien, voy a hablar con él pero no te prometo nada, ¡tengo derecho a soñar y a encontrar al hombre que yo amo!
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El duelo.
Arturo se niega a recibir disculpas- a menos que se case con mi hermana.
-No puedo cumplir con algo que no he causado, no mancillé el honor de Beatriz.
-Entonces no hay nada que hablar, procedamos.
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Casa Soledad.
Alcides le lleva rosas rojas a Soledad que se las agradece y le hace sentar en la sala.
-Es un verdadero agasajo poder disfrutar de tu compañía, yo no soy un experto... desde hace mucho tiempo... me he sentido atraído por ti.
-Alcides yo – molesta.
-¡No digas nada! Sé que con el tiempo y un ganchito voy a lograr tu corazón.
En ese momento entra el padre de Soledad, Lucas .
Aparece Ester, la madre de Soledad.
-Tu hermano se enfrenta a duelo de muerto con Arturo de Linares.
-Ya sé.
-Arturo fue militar.
-¡Tienes que impedir el duelo! –Soledad.
-Es muy poco lo que puedo hacer, Hugo cometió un acto vergonzoso contra una mujer.
-No me parece que Hugo sea capaz de hacer daño, además eso no justifique que arriesgue su vida, yo te acompaño, tienes que intervenir.
-No Soledad, tú no te puedes meter –Lucas.
Pero Ester interviene – Déjala ir, Soledad tiene razón, no puede permitir la muerte de tu hermano.
-Si nos apuramos podemos evitar una desgracia –Alcides comprende.
-Voy por mi abrigo –Soledad corre.
Lucas se escandaliza - ¿Ester, tú interesada en salvarle la vida a Hugo de Medina?
-¡Poco ni nada me interesa ese libertino! Pero quiero que ante los ojos de Soledad Alcides haga algo para que esa muchacha se interese por él.
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Duelo.
-1,2,3,4 –hasta 10 y se dan la vuelta y dispara.
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Camino.
Alcides finge que el caballo tiene algo y detiene el carruaje.
-No sabía que conocías a Hugo.
-No necesito conocerlo para saber que es injusto que dos hombres se peleen a muerte por una mujer.
-No es tan sencillo, Soledad, Hugo será mi hermano pero no se portó de la mejor manera con Beatriz de Linares, la sedujo y luego la abandonó.
-Es tu hermano, no puedes permitir que le pase algo, que lo maten.
-No lo recomiendo, porque la herradura está suelta, pero...
Pero Soledad no le cree y toma las riendas de la carroza y sale sola.
Alcides se queda boquiabirto.
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Duelo.
Arturo de Linares tiene una herida.
Hugo de Medina nada.
-Pudo matarlo y no lo hizo – Boris.
-Sabes lo que pienso de los duelos de honor, vine sólo a defenderme.
Arturo está furioso – fue un golpe de suerte, pero no se queda así.
-Señor Linares, está equivocado –y se marchan.
Arturo le dice a sus hombres que tiene una emboscada para Hugo.
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En el camino Hugo se da cuenta y se enfrenta a varios hombres a balazos. Él y Boris escapan.
Pero en ese momento pasa Soledad y los disparos hacen que el caballo se desboque.
-¡Auxilio! Ayúdenme –grita Soledad.
Hugo detiene su caballo y galopa detrás de ella y salta a la carreta.
Y logra detener a los caballos.
-¡Dios mío! No lo puedo creer, estoy viva... se atravesó un disparo... la carreta salió desbocada.
Hugo baja y la ayuda a bajar.
Soledad queda en sus brazos- ¿Está bien señora?
Soledad se queda sonriéndole – Sí, me salvó la vida... ¡tú debes ser Hugo de Medina!
-¿Nos conocemos acaso? –se sorprende.
Soledad simplemente sonríe coqueta.
-¡Señorita Soledad de Obregón! –ríe Hugo reconociéndola – pero si eras apenas...
-Una niña que salía de la escuela y corría enfrente de tu casa.
-Estabas en Europa, no es cierto.
-Sí, pero ya regresé, y tú... se supone que estabas en un duelo... vinimos con tu hermano a buscarte.
-¿Con mi hermano? –se sorprende.
-¡Sí!... me alegra saber que estás bien, supe que el duelo era por causa de una mujer –la mira seria.
Hugo le sonríe seductor e inocente a la vez – Yo te aseguro que soy inocente de cualquier cosa que se me acuse.
(wow! Está pero para comérselo entero!!
Soledad sonríe igual- Yo no soy nadie para juzgarte... ay... –ve sus manos- ¡Estás heridos! ¿te pasó algo?
-Fueron los asaltantes.
-No importa, tiene que verte un medico, vamos.
-¡Él se encuentra bien! –aparece Alcides de mal humor, ayuda a Soledad a subir al carruaje.
Hugo sigue mirando a Soledad con una sonrisa soñadora.
Soledad lo mira fascinada.
Alcides aleja el carruaje.
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Pueblo.
Los Burke pierden dinero con el duelo, porque nadie ha muerto.
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-Se portó como un suicida señor –Boris.
-Prefiero morir de un balazo que la catalepsia.
Arturo llega y lo mira con odio, trata de pegarlo pero Hugo no se deja.
-No tuve nada que ver con su hermana.
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Casa Soledad.
Alcides toma el te con Soledad y sus padres.
Soledad solamente habla maravillas de Hugo que la salvó de los caballos desbocados.
-Lo importante es que no pasó nada y que Alcides la trajo- Lucas.
-Me porté como un caballero haría en esas circunstancias – Alcides.
-Le enviaré una nota y un buen vino a tu hermano.
-No harás eso, no quiero que ese hombre tenga la oportunidad de acercarse a nuestra familia –Ester- ese hombre trae la desgracia encima.
Soledad la mira enojada.
-Para ser fiel a la verdad, doña Ester, Hugo es un buen tipo, Soledad que lleva una vida desordenada, se la pasa en escándalos.
-Voy a ir personalmente para agradecerle y para ver su herida.
-¡Te lo prohíbo Soledad! Tú nunca vas a relacionarte con ese cretino.
Pero Soledad solamente sonríe – Mejor me voy a dar un baño –se marcha.
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Esa noche Soledad sigue soñando con Hugo- Se la pasó ida toda la tarde.
-Me sorprende que Hugo y Alcides sean tan diferentes siendo gemelos, Hugo es tan seguro, impacta con su mirada profunda.
-Me da miedo, es un hombre misterioso y mujeriego.
-Son habladurías de la gente y él me dijo que era inocente y yo le creo.
-No confié.
-Sus ojos, es un hombre que no necesita mentiras para tener a una mujer... él es... como si tuviera una tristeza profunda... ¡tengo que volver a verlo!
-Su madre se lo prohibió.
-¿Cuándo he hecho lo que dice mi mamá? –se burla Soledad.
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Residencia Medina.
-Encontrarme a Soledad después de tantos años –suspira Hugo- una agradable sorpresa.
-¿Agradable?
-Querido amigo y cómplice, Soledad se ha convertido en una mujer... hermosa.. ¡qué ojos, Dios mío, qué sonrisa!
-He visto a la señorita Obregón cuando pasea en la plaza, no sería mal idea que la cortejara.
-Boris, tú mejor que nadie sabes la agonía que se ha convertido mi vida a causa de mi enfermedad... –suspira- no amigo, no es justo que arrastre mi sufrimiento a la mujer que me llegue a amar, por eso es mejor enredarme en aventuras que no me lleve a ninguna parte.
-La mujer que a usted lo ame, tendrá que comprenderlo, saber que usted sufre de catalepsia y apoyarlo... hace mucho que no sufre una crisis, posiblemente está mejorando.
-Sí, pero la catalepsia no es una enfermedad cualquiera, es una enfermedad incurable –triste- mi padre la padeció y fue enterrado vivo – y destapa una calavera – vivo.
Y mira el retrato de su padre.
Mi sufrimiento es estar
solo como el viento
y saber que así grite
nadie me va a escuchar
y saber que con el tiempo
será solo un momento
un instante fugaz
pero mi sufrimiento
será por toda la eternidad
Y recuerda a su madre gritando como loca – “¡Se los dije y no me creyeron, malditos sean todos ustedes!
Y los pequeños gemelos abrazados.
-Perdóname, no me creyeron.”
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Mansión Linares.
Los hombres de Arturo le reclaman dinero, pero él no quiere pagar- Largo de aquí.
Beatriz aparece y le reclama por querer matar a Hugo.
-Lo reté a duelo, pero me venció, y mis hombres no pudieron matarlo.
-Te prohíbo.
-Como tu hermano mayor voy a hacer respetar el apellido de esta casa.
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Los Burke planean robar la mansión de Hugo.
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Residencia Medina.
Hugo sueña que lo entierran vivo y despierta gritando - ¡No!
-¿Se encuentra bien? –entra Boris.
-Tuve la misma pesadilla de siempre, me entierran vivo y yo grito y nadie me escucha... y tú no estás ahí Boris.
-Usted sabe que cuenta conmigo.
-Eres la única persona que sabe con la maldición que tengo que cargar... ¡que nadie lo sepa, nadie! No quiero que me tengan lástima.
-Su secreto está bien guardado conmigo y mientras yo esté a su lado, jamás lo enterrarán vivo.
-Gracias –Hugo vuelve a cerrar los ojos- gracias amigo.
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Casa Soledad.
Ester detiene a Soledad que sale con Úrsula.
-Voy al parque.
-Ayer amenazaste con ir a ver a Hugo de Medina.
-Tienes razón, hablan cosas feas de él, nos vamos.
-Nada de eso.
-Dale un voto de confianza –Lucas.
-Yo me encargo –Úrsula.
-Tu vigilancia y nada es lo mismo –Ester.
-Ve a dar un paseo –Lucas les da permiso.
Soledad lo besa y salen.
-¿Cómo te atreves a contradecir una orden mía? –se enoja Ester.
-No seas tan rígida, ella necesita respirar.
-¡A ti es a quien voy a dejar sin respirar si vuelves a hacer una cosa así otra vez! –es una fiera horrible.
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-¿Crees que le parezca muy atrevido si fuera a su casa? No quiero que piense mal de mi.
Pero Úrsula le da un ungüento y le dice que le diga que es para la herida.
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Residencia Medina.
Hugo lee en ropa de cama.
-Debe atender una visita –Boris – la señorita Beatriz de Linares, sé que no es de su agrado señor, pero ella insiste en hablar con usted.
Hugo baja corriendo- Beatriz, no deberías estar aquí, ¿quieres causarme más problemas?
Beatriz le pide disculpas por lo que hizo su hermano, ella no sabía.
-Bueno, gracias, pero eso no cambia las cosas –y la toma del brazo y trata de sacarla.
-Yo te amo demasiado.
-Aquí no te puedes quedar, ¿cómo te hago entender que tus afectos no pueden ser correspondidos?
-¡Y todo este tiempo que estuvimos juntos, que significa para ti!
-¡Te di mi amistad, pero nada más! Nuestras salidas al teatro, al restaurante, fue eso, salidas de dos buenos amigos.
-¡Yo no lo vi así! Nunca me lo dijiste, pero tus gestos, tus miradas, todo me decía que me amabas.
-Confundiste las cosas Beatriz, yo... decidí sacrificar nuestra amistad y me alejé de ti.
-No me puedes hacer esto.
Pero Hugo la toma del brazo y la lleva a la puerta de salida – No te puedes quedar.
Y al abrir la puerta se encuentran con Soledad y Úrsula.
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Arturo descubre que su hermana fue a ver a Hugo de Medina.
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Residencia Medina.
-¡Así que tu siguiente víctima será la distinguida Soledad de Obregón! –le grita Beatriz.
-Beatriz, te he dicho que así no debes hablar –Hugo- Soledad...
-No me digas, son solo amigos... ten mucho cuidado, así empieza con todas las mujeres y así termina con ellas siendo sólo un amigo.
-Definitivamente me voy –se despide Soledad- llegué en un mal momento.
-¡No! Beatriz ya se iba –Hugo le muestra el camino.
Beatriz se marcha.
Hugo hace pasar a Soledad.
-Te invito a que pasemos al salón de té... te debo una disculpa... –se mira- uno, por recibirte con esta ropa y dos... por el incidente tan bochornoso.
-¿Esa mujer, te batiste a duelo?
-¡No, todo fue una equivocación! Su hermano me acusó de haberla seducido, pero yo la traté como una amiga.
-Bueno, no tienes que darme explicaciones.
-Para mí es importante que sepas que lo que andan diciendo no es cierto, Soledad, a mí me da mucha pena con Beatriz, pero desafortunadamente... –la toma del brazo.
Soledad mira su mano y Hugo se separa.
-¡Ella confundió el amor con la amistad! –sigue Hugo- y ahora no distingue entre la realidad y la fantasía.
-Te traje un ungüento, una receta de la familia.
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Afuera Arturo se encuentra con Beatriz.
-O olvidas a Hugo de Medina o yo acabo con él.
-Yo amo a Hugo, ese hombre será mío al precio que sea.
-Yo lo mato.
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Residencia Medina.
Soledad le cura la herida de la mano.
Hugo la mira sin hablar.
Soledad se da cuenta y baja la mirada.
Hugo se acerca.
Soledad se levanta nerviosa –Es mejor que me vaya.
-¡Quédate un poco más!
Pero Soledad se aleja- Tú me salvaste la vida y yo te regalé el ungüento... estamos a mano.
-Pero quisiera volver a verte Soledad, si me lo permites. Me gustaría visitarte formalmente en tu casa.
-No creo que eso sea posible –Soledad baja la cabeza.
-En esta vida nada es imposible... aunque... ¿estás comprometida?, ¿quién, Alcides?
-¡No! no, no, para serte honesta, con tu fama no eres muy recomendable.
-Yo quisiera conocerte más Soledad, un poco más.
-No creo que tenga nada de malo que yo me vea con un amigo.
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Durante los tres meses siguientes Soledad engaña a su madre para encontrarse con Hugo. Y deja a Alcides plantado.
Amor, lo que me tocó vivir
El momento que dejé partir.
Amor, perdona si alguna vez te herí
Preferiría morir que no estar junto a ti.
Y la vida se encargará de unirnos
Resiste un poco más
Pero nunca olvides que siempre seré
para ti, una mágica flor de fidelidad
siempre estaré para ti, siempre mi amor
nunca olvides que siempre estaré para ti
en la mágica flor de vida
siempre estaré para ti
siempre, mi amor.
Y una tarde al bajar del carruaje, Hugo la toma en brazos y la besa. Soledad ve a una mujer durmiendo en el suelo y le pone su capa.
Y pasean en bicicleta por el parque.
Y él regala un perfume francés.
-¿Cuál es el motivo?
-Hoy hace tres meses comenzamos a vernos.
-Pasó el tiempo volando.
-Yo no hallo placer distinto al estar en tu compañía, Soledad, has logrado ponerle color a la vida gris que llevaba antes.
-¿Gris?
-Porque ahora siento que soy un hombre distinto.
En ese momento Alcides los ve.
-Yo me siento una mujer distinta, estos han sido los tres meses más maravillosos de mi vida.
Hugo la besa.
Alcides se muere de la rabia.
los dos pagarán, los dos sufrirán
los dos por igual
un poco de mi alma
que solo con su dolor sanará
Más tarde envía una nota anónima a la Casa Obregón.
-Vamos a ver cuanto tiempo te dura ese romance clandestino.
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Parque.
-¿Vas a ir a mi cumpleaños? –Soledad.
-Claro, haré lo posible pero no te prometo nada –Hugo.
-Si es por mis papás no te preocupes, yo te invito.
-Quiero que entiendas que mis obligaciones no me dejan tiempo para los compromisos sociales.
-¿Ah? ¿entonces me consideras un compromiso social? –Soledad se enoja.
-¡Claro que no! Soledad –corre detrás de ella- si te prometo que iré a tu fiesta de cumpleaños... ¿me quitas esa cara?
-Completamente.
-Te lo prometo – y se despide- adiós... Soledad... voy a estar pensando en ti –y hace una pausa para mirarla con amor – mucho.
Soledad se acerca y lo besa.
Lucas que ha recibido el anónimo los ve.
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Boris espera a Hugo y ríe al verlo- El aire del bosque le sienta a las mil maravillas señor.
-Me sienta mejor respirar el aroma de una mujer tan hermosa y fresca como Soledad.
-La señorita Soledad se enamora cada día más de usted, señor.
-¡Hay tanta delicadeza en ella! Tanta ternura en su voz, y tibieza en sus palabras.
-Y usted también cada día se enamora más de ella.
Hugo suspira- trae el coche.
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Casa Obregón.
Al llegar a la casa Ester le hace un escándalo a Soledad- Tú no vas al parque con tus amigas, vas a verte con Hugo de Medina.
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Plaza.
Alcides enfrenta a Hugo.
-¿Me esperabas hermano? Avísale a Marina que ponga un puesto más en la mesa, tenemos visitas –ordena Hugo- pasemos a la sala, te invito una copa.
-No tengo tiempo ni para la copa ni para comer, vine a hacerte una recomendación.
-Por tu cara parece más un regaño que una recomendación.
-Como quieras, he venido a hablarte de Soledad de Obregon.
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-No es digno de una Obregón –grita Ester.
-Hablamos más tarde –Soledad.
-No voy a permitir que te portes como una cualquiera.
-¡Yo no soy una cualquiera, soy una mujer enamorada!
-¡Cínica! –le da la bofetada.
-No es cinismo, es verdad –y otra bofetada.
Pero Lucas se interpone.
-¡Esta es una casa decente! –y manda a su cuarto a Soledad- y tú alcahueta a la cocina –le grita a Úrsula.
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-Dejaste a un lado a Beatriz de Linares para ocuparte de Soledad de Obregón, vi como te paseabas con ella, ¿vas a jugar con ella, vas a convertirla en tu amiga?
-No tengo por qué darte explicaciones de mi vida privada, pero voy a saciar tu curiosidad, mira... Soledad es una mujer diferente a todas las que conocí antes, es hermosa y vital, y está llena de energía por las cosas que hace, en el corto tiempo que llevamos de conocernos ha logrado que tantas cosas cambien en mi vida... ¡tantas! Pero ni aun así sabría decirte lo que siento por ella.
-No hace falta que lo digas, por la manera que te expresas lo presiento.
-¿Cuál es tu interés Alcides, acaso la quieres?
-¡Eso no importa! Sólo espero que no la hagas desgraciada porque entonces me voy a olvidar que eres mi hermano y te voy a tratar como a mi peor enemigo – le toma del cuello.
Hugo se saca la mano de encima- ¿Acaso no lo somos? Yo siempre supe que me has odiado, Alcides.
-La vida ha sido injusta conmigo, Hugo, he tenido que soportar todos estos años siendo tu sombra, que todos me señalen.
-Lamento mucho que tengas estos sentimientos hacía mí.
-¡Yo no! voy a luchar por Soledad, estás advertido.
Se marcha.
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Casa Obregón.
Ester le dice a Soledad- Nunca voy a permitir que te veas con ese descarado.
-Ese descarado me ha respetado, es un caballero en toda la extensión de la palabra.
-Todo lo que tú quieras, pero no te acercas a él.
-¿Por qué si yo lo ama?
-¡Tú no sabes lo que es amar! Ese hombre tiene el poder de causarle problemas a quienes lo rodean, ese hombre está maldito por Dios.
-¿Cómo puedes decir semejante cosa? –se espanta Soledad.
-¡Todo el mundo lo sabe hija! ¿no recuerdas lo que pasó con sus padres?
-¡Su padre falleció de muerte natural! Y su mamá... tengo entendido que en un accidente... ¡él no tiene la culpa!
-¡No hija! A ese hombre lo rodea algo terrible, aléjate de él antes que sea demasiado tarde, se dice que él nunca se va a comprometer con ninguna mujer... ¡yo siento que ese hombre, Hugo de Medina, lleva la muerte consigo!
Soledad la mira como si estuviera loca.
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Residencia Medina.
Hugo está muy triste y llora – No voy a cenar.
-¿Le ocasiono algún disgusto la visita de su hermano? –Boris.
-¡Limítate a tus deberes! Por favor retírate que quiero estar solo.
-Señor, pro favor, tranquilícese... sabe lo grave que puede ser para su salud un disgusto.
-¡Dije que quiero estar solo! –grita Hugo.
Boris se marcha –permiso.
Al quedar solo sufre -Ya suficiente tengo con esta maldita enfermedad para que tú me la recuerdes a cada rato.
Mi sufrimiento es estar
solo como el viento
y saber que así grite
nadie me va a escuchar
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Soledad se escapa en la noche para ir a ver a Hugo de Medina.
-Voy a cortar camino por el cementerio.
Úrsula la ayuda.
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-Si Alcides tuviera la fortuna de Hugo sería igual o peor que él –Lucas.
-No digas tonterías –Ester- me sentiría muy afortunada viendo a mi hija casada con Alcides... Hugo de Medina me inspira desconfianza y temor, los presentimientos de una madre nunca fallan y este tipo me parece indeseable.
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Residencia Medina.
-Para muchos soy indeseable –Hugo toma un trago- incluso para mi propio hermano que ignora mi secreto... ¡ve en mí a un seductor inescrupuloso! Pero si supieran la verdad... qué lástima me tendrían... en sus ojos habría compasión y yo no quiero que nadie me compadezca.
Y en ese momento tiene un espasmo.
-Si pudiera deshacerme de ti... ¡si pudiera vivir como el resto de los mortales y formar mi propia familia y tener mis propios hijos! –llora – estoy seguro que nadie te ha querido, nadie te ha temido y nadie te ha odiado tanto como yo –dice mirando el retrato de su padre.
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Soledad cruza el cementerio y recuerda la advertencia de su madre- “Ese hombre Hugo de Medina lleva la muerte consigo”
Y pasa cerca de dos lápidas.
Armando de Medina 1860
Anabel Sánchez de Medina 1863
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Residencia Medina.
-¡Boris! –grita Hugo- no me siento bien, y quería pedirte perdón por haber sido brusco contigo, no fue mi intención.
-Lo sé señor, será mejor que se recueste,
-Es un hecho... ella vendrá esta noche.
-¿Ella?
-¡La catalepsia, la muerte! El fantasma al que estoy unido inexorablemente.
-¡Hugo! –se escucha la voz de Soledad abajo.
Hugo trata de acercarse pero cae.
Marina le abre la puerta a Soledad que sube y golpea a la puerta de Hugo- ¡Hugo, mi amor! Ábreme, por favor.
Dentro de la habitación Hugo ruega –Boris, no permitas que me vea así, no lo permitas –desfallece.
Boris lo lleva a la cama.
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