Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
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Casa Obregón.
-Es una Orquis Vivantis –le explica Enrico- es una flor muy rara, por eso tienes que conservarla y cuidarla con tu vida.
Soledad mira la flor asombrada-¿Por qué es una flor tan especial?
-¡Porque conserva el secreto de la vida y algún día... óyelo bien... entenderás la importancia de esta orquídea!
Soledad lo mira y le sonríe-¿Posee el secreto de la vida? No entiendo.
-No lo sé, pero es una fuente de salvación
-¿Quién te dijo eso? –divertida.
-Alguien que tiene contacto –y señala arriba- allá arriba... ¿desconfías de mí?
-¡Yo te creo! Es hermosa.
-¡Es una planta difícil de encontrar y cómo ella hay pocas en el mundo! Por eso tienes que conservarla y cuidarla con tu vida.
-¡Te lo prometo, no te preocupes! La voy a cuidar como si fuera mi propia hija.
(hum...
seguro salvará a su hija... eso pienso
)
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Un hotel.
-Descubrí en el extracto de la Orquis Vivantis un compuesto capaz de disminuir todos los síntomas de la catalepsia –el doctor Sirak.
-¡Disminuir todos los síntomas! –Hugo está en el séptimo cielo- ¡eso quiere decir que hay esperanzas!
-¡Claro que la hay! Éste es mi último experimento –le muestra unos ratones un una jaula- ¿ves estos ratones? Logré llevarlos a estado de catalepsia y luego les di dosis pertinentes para volverlos a su estado de vigilia y despertaron como si nada hubiera pasado.
-¡Como si nada hubiera pasado! –Hugo está feliz- ¡yo he esperado esta noticia toda mi vida!
-No tan de prisa, no hemos podido experimentarlo ni comprobarlo en seres humanos.
-¡Ese no es un problema doctor! Tiene ante usted la primer persona que experimentará con sus medicinas y no se preocupe, que yo asumo las consecuencias.
-¡Claro que me gustaría hacerlo! Pero desafortunadamente no tenemos la cantidad necesaria de flores para conseguir el extracto, la porción.
Hugo pierde la sonrisa -¡Pero tiene que existir en algún lugar! –se desespera- ¿dónde la podemos conseguir?
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Casa Obregón.
Soledad pone a la flor sobre una mesa con mucho amor.
-Cuidar la flor no es suficiente, hay algo más que debes hacer.
-Estás muy misterioso Enrico –Soledad se sienta - ¿de qué se trata?
-¡Plantarla en el jardín, regarla, cuidarla como te dije! Para que haya muchas, muchas flores.
-¿Para qué?
Enrico pone cara de preguntarse lo mismo -¡Yo también tengo mis dudas! Pero esa es la misión que me mandaron, para que te entregara esa flor.
-¿Quién esa persona que te revela tantas cosas maravillosas?
-¡Algún día te contaré! Tengo que irme.
-Espera, es que no te pueden ver mis papás ni mi tía.
-Tranquila –le besa la mano- descansa.
Al quedar sola Soledad mira la flor- Una flor que conserva el secreto de la vida... ¿y por qué me la dieron a cuidar a mí? No entiendo.
Un pimpollo la mira...
pero no le puede hablar.
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Un hotel.
-Envié muchos comunicados a mis colegas contándoles de mis logros y pidiendo información de donde se puede encontrar y todo lo relacionado con la Orquis Vivantis.
-Sirak, y no tendrá una ilustración donde yo pueda ver cómo es la flor.
-¡Claro que sí! –y le muestra una ilustración que la muestra- ofrecí una buena recompensa a quien me traiga una buena cantidad de estas flores.
Hugo sonríe – Ésta es la Orquis Vivantis, la conozco doctor, la he visto antes... –y recuerda- el carruaje en que viajábamos se descompuso y tuvimos que detenernos y mi padre me llamaba desde la espesura del bosque.
El pequeño Hugo corre junto a su padre, el pequeño Alcides queda sólo y lo sigue.
-Mi hermano me preguntaba adonde iba pero lo cierto es que yo no sabía, sentía que debía encontrar a mi padre.
-“¿Qué haces? –Alcides.
-Es mi papá.
-¡Mi papá está muerto! –Alcides.
-No, me está – llamando.
-¡Vamos! –Alcides se lo lleva”
-Entonces no entendí por qué el espíritu de mi padre me había llevado a ese lugar, pero ahora lo entiendo todo... doctor... yo sé dónde podemos encontrar esa flor.
-¡Estás seguro!
-¡Completamente! –suspira- qué paradoja... viajé tantas y tantas millas para encontrar mi curación y resulta que mi posibilidad de recuperación está allí, en el lugar donde nací.
(bueno... esa es una vieja reflexión filosófica mi querido Huguito
)
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Casa Obregón.
En medio de la noche Enrico se tropieza con Ester que empieza a gritar como loca- ¡Lucas! –y sale corriendo.
Úrsula sale y lo encuentra- ¡Enrico! ¿qué haces aquí? –enojada cruza los brazos.
-¡Nada! Sólo vine a visitar a la señora bonita, pero me encontré con esa señora loca.
Ester sigue gritando a lo lejos.
-¡Doña Ester! ¿qué le hiciste?
-¡Nada! Iba saliendo, ayúdame.
Lucas va a la sala- ¡Ester!
-Ese pequeño hombre se volvió a meter a la casa –grita Ester.
-¿De qué hablas? –aparece la bruja Antonia.
-De un hombrecito muy extraño.
-¡Está muy equivocado si piensa que puede robarnos! Te voy a quitar la costumbre de meterte a mi casa.
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Habitación Soledad.
En la pieza de Enrico la mira extrañamente- Veo en tu futuro que hay un hombre que te quiere mucho.
Úrsula sonríe divertida- ¿Quién es?
-¡Yo! –se infla.
-¡Tonto! Debería dejar que te encuentren por coqueto.
Enrico se asusta- ¡No! no digas nada por favor.
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Hacienda Montenegro.
Elena le hace un escándalo a Guillermo porque llega tarde y no le crea que sea músico.
-Si fueras a la taberna para verme, es una realidad.
-¿Por qué no me haces un concierto privado? -le pide llorando.
-No puedo, me pueden robar el violín.
Pero Elena no le cree- ¡Usas el dinero que Boris nos dio por cuidar esta casa!
-Yo te apoyo, a pesar de no estar acuerdo con lo que haces.
-¿Tú crees que es fácil estar inventando mentiras a los clientes que quieren comprar esta casa? –llora Elena- ¡todos los días inventando cosas!
-Tú eres la más interesada en quedarte en esta casa y la especialista en mentiras.
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Bar.
Paquito, Omar y Rebeca festejan.
-Están vendidas casi todos los boletas para el estreno de mañana.
-Toda la semana me he encargado de difundir este gran evento en mi periódico.
En ese momento entra Hércules - ¡Necesito que hablemos!
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Casa Obregón.
-No me mires con cara de borrego a medio morir, no me vas a convencer.
-¿Te parezco muy feo? -todo inflado- ¿o es por mi tamaño?
-Enrico, por favor, entiende que sólo puedo mirarte como a un amigo, deja de decir tonterías y deja de enredarme... ¿no te das cuenta de lo que está sucediendo?
En ese momento hay ruidos y Enrico se esconde y Úrsula simula arreglar la cama de Soledad.
-¿Me estás ocultando algo? –sospecha Ester.
Lucas entra y dice que no encontró nada.
En ese momento Ester descubre a Enrico bajo la cama.
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Un hotel.
Marina entra preciosa y elegante a la habitación de Boris.
-¡Qué hermosa te ves! –se queda boquiabierto.
-¡Para ti! –lo besa.
(wow!! preciosa!! creo que se llama Liliana Salazar y es una hermosísima mujer )
-¡Qué hermoso vestido! Te ves preciosa, de dónde lo sacaste.
-¡Lo compré! Es de seda y traída de la China, Boris –feliz.
-Debió costar una fortuna –sonríe nervioso Boris.
-Tomé un poco prestado del dinero que le manejas a don Hugo –confiesa Marina.
(wow!! ladrona??
Boris pierde la sonrisa -¿Cómo pudiste hacer eso? ¡te volviste loca!
-¿Qué tiene de malo? –se enoja- ¡hemos seguido a don Hugo durante meses para que encuentre al científico don Sirak y simplemente es un poco de retribución por nuestro trabajo!
-¡Marina! Don Hugo confía en nosotros, además nos paga bastante bien.
-¿Pero tú te has puesto a pensar alguna vez todo lo que hemos perdido por estar siguiéndolo?
-¡Marina, estamos juntos! No seas ingrata Marina.
-¡Ingrato tú Boris, conmigo tu mujer! Parecemos unos perros guardianes detrás de don Hugo, y él lo único que hace es pensar en la señora Soledad, creyendo el muy iluso que la va a olvidar algún día.
-¿No te das cuenta que su vida no es fácil?
-¡Para quien lo ha sido! Tú y yo nunca tenemos tiempo para nosotros dos, tú solamente piensas en don Hugo... ¿de qué te sirve que te pague tan bien si te sigues pareciendo a su sirviente? –lo mira de arriba abajo.
(Bueno... en parte Marina tiene razón... la vida no es fácil para nadie
)
Marina suspira y luego se pone el anillo de Soledad y se dirige a la puerta.
-¡Marina! Quítate ese anillo –ruega Boris- si don Hugo lo ve, vas a tener problemas.
En ese momento entra Hugo- Marina, quiero que vayas... –y su mirada va directamente al hermoso anillo que luce Marina- ¿y ese anillo? Muéstrame tu mano por favor –le exige y le toma la mano- ¡ese anillo es de Soledad! ¿qué haces con él?
Marina baja la mirada.
Hugo la mira y luego a Boris.
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Bar.
-Vengo en son de paz, Rebeca, me haces mucha falta.
-No trates de engañarme... ¿qué quieres?
-Tengo una deuda muy grande y me están buscando.
-¡Deudas de juego!
-Me quieren matar.
-¿Quién te dijo que me interese lo que te pase? Ya suficiente hice por ti, lárgate.
En ese momento entran unos hombres.
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Un hotel.
-¡Marina! –insiste Hugo- ¿de dónde sacaste ese anillo?
-¡Me lo dio la señora Soledad! –confiesa Marina.
-¡Se lo dio la señora Soledad por agradecimiento, señor! –la defiende Boris.
-Dijo que ya no quería joyas de su pasado... porque le parecían unas baratijas comparadas con las que le dio don Alcides –miente Marina.
Hugo la mira sorprendido.
(Ay Marinita... estás cavando tu propia tumba...
)
Boris se pone nervioso- Señor, perdone la imprudencia de Marina.
-¡Fija el precio que te parezca y te lo pagaré! –Hugo ofrece.
Marina lo mira.
Hugo repite su oferta- Fija el precio que te parezca y te lo pagaré... Ahora quiero que bajes al restaurante y te encargas que suban la mejor botella de champagna que tengan... ¡la mejor!
Marina se saca el anillo y se lo entrega.
Hugo sonríe y mira el anillo con tristeza.
-Lo noto muy animado señor –Boris sorprendido.
-¡Tenemos que festejar amigo! –le palmea la espalda- ¡Von Sirak ha encontrado la cura para mi enfermedad!
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Casa Obregón.
-¡Por qué estabas escondiendo a este ladrón, Úrsula! –grita Ester.
-¡Enrico no es un ladrón, señora!
-¡Entonces cómo se le llama a alguien que entra en casa ajena para llevarse lo que no le pertenece! –la agria Antonia.
-¡Él no se estaba llevando nada! –Úrsula.
-Cometiste un grave error Úrsula –Lucas que mantiene quieto a Enrico.
-¡Después de lo que acabas de hacer es mejor que te vayas de esta casa! –Ester.
(nooooooooooooooooo!!!!!!
)
-¡No la eche! –ruega Enrico- yo la obligué a que me escondiera.
-¡Tú cállate! –Ester- eso lo hablaremos después, por ahora es importante que evitar que este ladrón se siga metiendo en esta casa cada vez que se le de la gana.
-¡Amárralo! –la agria Antonia pasa unas cuerdas- hay que llevarlo a la policía para que lo encierren.
Úrsula se lleva las manos a la cabeza.
Soledad, con embarazo muy avanzado entra y se desespera- ¿Qué están haciendo? –lo libera- ¡suéltenlo, déjenlo en paz!
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Pueblo.
Los hombres golpean salvajemente a Hércules y lo dejan tirado.
-Todo por tu culpa Rebeca –se levanta- te haré pagar por darme la espalda, ya lo verás.
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Casa Obregón.
-¡No lo defiendas Soledad! Este hombre es un ladrón.
-¡No, mamá! Estás equivocada, es mi amigo y está aquí porque vino a acompañarme.
-¡Acompañarte de noche y a solas! –la agria Antonia- ¿Qué pasa Soledad?
Soledad la mira altiva- ¡Ya te expliqué que vino acompañarme! A veces viene y me trae regalos, me trae frutas y conversamos... ¿qué tiene? Eso es todo.
-Hija, en realidad conoces a este hombre, porque entrar a una casa como él lo hizo es un delito.
-Papá, papi... yo sé... pero ayúdame, es mi amigo, no está robando nada, no dejes que lo lleven preso por favor.
La agria Antonia se pone histérica- ¡Lucas, no pensarás creerle a tu hija! ¿verdad?
Lucas suspira- Antonia, si mi hija lo dice no tiene por qué mentir... y tú la próxima vez que te encontremos no tendremos compasión de ti... ¡vete!
Enrico sonríe y le da un beso a Soledad- ¡Gracias! –y sale corriendo.
Soledad sonríe a su tía con triunfo.
-¡No entiendo lo que pasa en esta casa! –grita la agria Antonia- ¡no hay reglas, no hay principios! ¡no hay valores!
Ester la mira partir con las cejas levantadas.
Pero luego mira a Úrsula- ¡Tú no cantes victoria, Úrsula! Si sigues alcahueteando a mi hija vas a tener que irte de esta casa.
Úrsula la mira asustada.
(por favor Estercita... noooo
)
-¡Vamos Lucas! –Ester arrastra a Lucas.
Al quedar a solas Úrsula y Soledad ríen como locas.
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Un hotel.
Boris y Hugo se toman un trago de champagna.
-¡Señor! Me da mucho gusto que usted pueda empezar a llevar una vida normal.
-Las investigaciones de Von Sirak son muy serias, él asegura que si se encuentran suficientes flores podrá formular un medicamento.
-¡Es una suerte que usted sepa dónde se encuentran esas flores!
-Por pura causalidad, Boris, cuando era niño las encontré... ¡es una pena que estén en el único lugar del mundo al que no pienso regresar! –bebe de su copa.
-Señor, le aconsejo que lo piense muy bien, se trata de su salud, de su vida.
-Es una decisión tomada, Boris, no pienso regresar.
-¡Yo podría ir a buscar esa flor! Si usted me indica el lugar exacto –se ofrece – yo puedo traer esa flor... ¡podríamos ir juntos a buscarla, nos disfrazamos y que nadie nos vea! Señor por favor, se trata de su salud, su vida.
Pero Hugo mira largamente el anillo de Soledad.
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Casa Obregón.
-¡Esta flor fuente de vida! –Úrsula la riega- no entiendo mi niña.
-¡Sí, eso fue lo que dijo Enrico! Que es una flor muy especial, es única, puede ser muy importante para la vida de alguien.
-¿Cómo quien?
-No me lo dijo, pero podría jurar que cuando lo mencionó pensé que estaba hablando de Hugo.
-¿De nuevo con lo mismo, señora? –se exaspera Úrsula.
-No es un capricho, créeme, está bien... a lo mejor no es verdad... de todos modos pienso cuidarle y pienso hacer todo lo que Enrico me pidió.
-¿Vale la pena? Serán inventos del hombrecito ese.
-Yo le tengo confianza a Enrico, es una buena persona y de mucha sabiduría.
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En el pasillo la agria Antonia
escucha atentamente la conversación de Soledad y Úrsula- Soledad cada vez me asombra más... ¿qué es lo que tiene en la mente y en el corazón? Ese hombrecito debe ser un hombre oscuro y esa flor un embrujo que yo pienso destruir.
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Residencia Rebeca.
-Eres una traidora Rebeca, debiste ayudarme –y se dispone a quemar la casa- ya verás cuando tu casa arda y te quedes sin nada.
Pero en ese momento llegan Arturo y Eloisa- Con algo de suerte estás solita.
-Mi tía está todo el día ocupada y Francisco todo el día en el diario, escribiendo sus artículos.
-Considerando eso, y con esa llovizna, lo más prudente sería que pase y te haga compañía.
-Me conformo con un beso.
Arturo la besa y trata de propasarse.
-¡Qué te pasa!
-Podríamos tener un poco de intimidad, me deseas tanto como yo.
-Me parece que no tienes la capacidad de respetarme y si es así, es mejor que no nos veamos más.
-Buenas noches, ¿qué pasa aquí? ¡NO! –hace un escándalo- ¡no estarás tratando de propasarte con Eloisa! Un caballero como tú, qué vergüenza.
-Hasta luego –se marcha.
Al quedar solos se ríen- Te tomas muy en serio tu papel decente, qué mala eres.
Y ambos entran.
Pero Arturo se encuentra con Hércules- Vi lo que pasó con Eloisa y quiero decirle que yo tengo la manera de ayudarla, la conozco, hemos vivido bajo el mismo techo, y puedo hacer que le de lo que tanto desea.
Arturo se interesa- ¿Ah si, a cambio de qué?
-Trabajo, necesito alejarme de esta casa, la situación con mi madrina se ha vuelto insoportable.
-No pareces un peón.
-Pero puedo ser su secretario y obtener toda la información que usted necesita sobre Eloisa.
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Un hotel.
Boris y Marina en la cama.
-Entonces don Hugo no piensa regresar nunca más.
-Ni siquiera sabiendo que la cura de su enfermedad puede estar allá.
-Boris, yo necesitaba ir a San Marino, yo quiero saber si la Hacienda Montenegro se vendió.
Pero Boris duda- Deberíamos decirle a don Hugo que la señora Soledad nos la dio como pago de las deudas de don Alcides.
-¡No! –se levanta Marina- ¡para qué! ¿para qué le vamos a hacer más daño? Acuérdate cómo se puso con lo del anillo, hasta me lo compró.
Boris suspira- Seguramente lo quiere para recordarla más, tú no debiste inventar eso de que la señora Soledad había recibido joyas nuevas de Alcides.
-Yo solamente lo hice por su bien, don Hugo tiene que olvidar su pasado y para eso solamente tiene que cambiar su manera de pensar acerca de la señora Soledad.
-Cierto... a ratos don Hugo piensa que ella es una mujer buena sin detenerse a pensar todo lo que le hizo.
-Solo espero que esa hacienda se venda –suspira Marina.
-No me explico cómo no hemos logrado venderla, esa propiedad es muy valiosa –y le sonríe – no más que tú –le aclara.
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Hacienda Montenegro.
-Lo que ustedes no saben es que esta casa está embrujada –Elena a posibles compradores asustados- el señor Jeremías vivía en esta casa y murió, pero lo pero fue la muerte de don Hugo de Medina que murió el día... pobre hombre... ¡y el hermano después de vivir en esta casa se suicidó en la mina!
Y los posibles compradores salen corriendo.
Elena festeja con Guillermo que no está de acuerdo.
Guillermo la invita a ir verlo al espectáculo, pero Elena no quiere ir a verlo hacer el ridículo.
Guillermo se marcha triste.
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Residencia Rebeca.
-Cariño, te acaba de llegar esta caja –Paquito.
-¡Todos los presentes que le di a Arturo!
-Y con una carta.
-“Creo que tenías razón, lo mejor es terminar, con respeto Arturo de Linares” ¡maldita sea! Todo salió mal.
-Vas a tener que recuperar a ese hombre cuanto antes.
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Un hotel.
Golpean a la puerta- Aquí está lo que encargó en la joyería, señor.
-Gracias –Hugo paga, cierra la puerta y regresa a sentarse al escritorio, y abre el saquito, saca una cadena, toma el anillo de Soledad y lo pone como dije- Siempre te voy a tener en mis recuerdos, Soledad... siempre... ¡pero no van a ser recuerdos de amor! Serán recuerdos de traición... –y se lo pone al cuello- ¡recuerdos de traición!
(hum... los dos atesorando pertenencias del otro
)
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Casa Obregón.
Soledad despierta feliz- Hace mucho tiempo no dormía tan bien como anoche –se estira y se levanta- voy a sacar la flor a tomar un poco de aire... ¿y la flor? ¿dónde está?
-Yo no la he tocado señora.
-¿Quién se la pudo llevar?
-¡Yo Soledad! –entra la agria Antonia con una sonrisa desagradable- no es bueno tener plantas en el cuarto, te roban el aire.
-¡Mi habitación está llena de plantas, tía! –se enoja Soledad- ¿En donde está la flor?
-¡Había algo en ella que no me gustaba! Esa flor va a traer más desgracias a esta casa, porque venía de ese hombre! Era mejor acabar con ella- y sonríe con maldad- ¡la destruí!
Soledad se pone pálida- ¡Qué hiciste qué!
Momentos después Soledad sale corriendo al jardín y la ve- ¡Ay Dios mío! ¡por qué hiciste esto tía!
-Era sólo una planta, Soledad –fríamente.
-¡No! es mucho más que una planta para mí –enojada y furiosa.
-Ya ves... reaccionas como extraviada... Soledad, me asustas.
-¿Por qué? –la enfrenta Soledad- ¿por qué tenías qué hacer esto tía? ¡por qué!
Pero la tía no responde y la mira con rabia y odio enfermizo.
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ex Residencia Medina.
Arturo presenta a Hércules como su posible secretario privado que se compra a Gladis, Arturo le dice que lo tiene a prueba.
-Pasaré todas sus pruebas.
En ese momento anuncian a Eloisa.
Pero Hércules le aconseja que la haga esperar.
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Casa Obregón.
Soledad, vestida de blanco enfrenta a la agria Antonia- ¡No tenías ningún derecho a hacerme esto tía!
-Lo hice por tu bien, Soledad, tengo que cuidarte, para eso vine a esta casa, y si tengo que alejarte de las malas influencias, voy a hacerlo, no voy a dudarlo.
-¡No me estás cuidando con esto, tía! Desde que llegaste a esta casa no has hecho más que mortificarme con tus acusaciones y tus comentarios ridículos –cansada y harta- ¡hasta dices que soy una pecadora por haberme enamorado de un hombre!
-¡Eso eres! –le grita agria Antonia - ¡estás esperando un hijo de un hombre que no era tu esposo!
Lucas se acerca y la escucha.
-Esa criatura que llevas en tu vientre no es más que... un bastardo.
-¡Respétame! –grita Soledad- ¡y mi hija es el producto de un amor verdadero!
-¡De un amor enfermo! Lleno de pecado y de lujuria.
-¡Antonia! No le hables así a mi hija –Lucas interviene – no sabes lo que dices.
-¡Eso, sigue consintiéndola! Sigue concediendo todos tus deseos y ya veras como esta casa se consume en la total ruina.
-¡Basta tía! –le grita Soledad.
-El pecado trae sus consecuencias y ustedes no quisieron entenderlo –se marcha.
-Lo siento hija –Lucas la besa.
-¡Úrsula, ayúdame a rescatarla!
-Voy por una maceta.
Soledad recoge la plantita machucada con mucho amor- ¡No me voy a dejar, papa! No me voy a dejar vencer, no me voy a dejar derrotar por nada.
(Maldita Antonia
)
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ex Residencia Medina.
-Me regresaste todos los presentes que te di, me pareció muy grosero de tu parte Arturo.
-¡Déjame decirte, Eloisa! Que para mí es muy doloroso conservar objetos de una mujer que no corresponde a mis sentimientos.
-No correspondo a tus deseos lujuriosos, pero yo sí te quiero, Arturo.
-¡Tú me quieres! Yo te deseo... Eloisa... tú a mí me gustas muchísimo... y para mí no hay nada más importante... que la pasión, pero como te respeto, no puedo obligarte a que hagas algo que no deseas... así que tienes razón y lo mejor será que no nos veamos más... ¡Adiós! –se marcha.
Hércules llega sonriendo.
-¿Qué haces aquí?
-Soy el secretario personal de Arturo de Linares.
-La reacción de Arturo, ¿tuviste algo que ver?
-Digamos que sí, pero te puedo ayudar.
-Ni lo sueñes idiota, y no te metas en mi camino –se marcha enojada.
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Un hotel.
-¡El espectáculo en la capital va a estar buenísimo, Boris! –Marina lee el periódico- ya quiero estar allá... te imaginas... entrando a la taberna muy elegantes, codeándose con gente muy importante, hasta la dama misteriosa, y aquí dice que un artista muy importante.
-Marina, guarda ese diario, no quiero que don Hugo lo vea y se ponga mal, acuérdate que él no quiere tener contacto con nada que le recuerde su pasado en ese lugar.
Pero ya Hugo está allí escuchando en silencio, muy cerca de ellos que no lo ven.
-¡No seas exagerado Boris, está bien que trabajemos para don Hugo, pero eso no significa que tengamos que ser igual de amargados que él!
-Marina, por favor, cállate, no te vaya a oír, Marina.
-¡Cállate! –se enoja Marina- eso es lo único que sabes decirme desde que llegamos acá, tenemos que estar pegados a la amargura de don Hugo día y noche –levanta la voz.
Hugo la escucha sin perder palabra.
-¡A él fue quien le engañó la mujer, él es quien tiene esa rara enfermedad, no nosotros! Entiéndelo por favor.
-¡Marina tiene razón! –entra Hugo.
-Discúlpate con el señor Marina –ruega Boris.
-La verdad a veces es cruel pero hay que asumirla, ustedes no tienen por qué cargar con mis penas, ni con mi enfermedad... ¡si lo desean hoy mismo pueden regresar a la ciudad!
Marina se sorprende y le brillan los ojos.
Boris mueve la cabeza negativamente.
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Ciudad.
El juez, el inspector, Lucas y otros juegan a las cartas.
Y todos van a ir a ver a la dama Misteriosa – Deberías acompañarnos, tu esposa no te va a regañar.
Lucas duda.
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Un hotel.
-Yo les agradezco que hayan trabajado para mí durante todos estos años, pero deben saber que no tienen ninguna obligación de seguir a mi lado.
-Señor, lo que pasa es que Marina ha estado un poco alterada últimamente, no tome en cuenta lo que ella dijo.
Marina lo mira furiosa.
-Dile a don Hugo que no fue tu intención incomodarlo.
-Boris tiene razón, patrón –Marina a regañadientes.
-Marina extraña mucho la ciudad, todo aquí es tan diferente.
-¡Yo sé Boris! Lo que sacrificaron por seguirme, por eso les repito, si quieren regresar pueden hacerlo.
-Señor, puede estar seguro que nosotros nunca lo abandonaremos, lo seguiremos acompañando y cuidando como hasta ahora.
Marina lo mira espantada pero simula.
-No saben cuánto se los agradezco Boris... venía a invitarlos a cenar... ¿aceptan?
-Será un placer –Boris.
-Sí señor –Marina no sonríe.
Al quedar solos- ¡don Hugo nos acaba de dar la oportunidad de irnos y tú la desaprovechas Boris! –furiosa.
Boris la mira enojado- ¡Marina, jamás! Jamás, por nada del mundo voy a abandonar a don Hugo... ¿qué no entiendes? Su vida está en nuestras manos.
-¿Y yo no te importo?
-¡Marina! Por favor, estás aquí conmigo –la besa.
Pero Marina se separa enojada.
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Casa Obregón.
-Estoy preocupada por tu relación con mi hija –Ester.
-Ella no quiere entender que sólo quiero ayudarla –se hace la sufrida la agria Antonia- todo lo hago por su salud, por lo que pueda pasar con su bebé.
-¡Yo lo sé! Siempre la has querido mucho.
La agria Antonia llora lágrimas de cocodrilo- Espero que algún día pueda entender.
-¡Fuiste muy amable al venir a esta casa a ayudarnos! Soledad te debe una disculpas y te las dará, ella es muy noble, en cuanto llegue Lucas hablaré con él.
Al quedar sola la agria Antonia deja de llorar- ¡Soledad debe ser menos orgullosa! Menos voluntariosa, debes aprender a ser más humilde... ¡deberías sentir vergüenza por estar embarazada de un hombre que no fue tu marido! Pero no tienes principios, éste será tu castigo por inmoral.
Y de pronto mira las llamas de la chimenea.
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Habitación.
Soledad entra con la plantita- Afortunadamente no se murió, y aquí hay semillas par otras plantas... ¿crees que fui muy dura con mi tía?
-¡No! –Úrsula- su tía es una mujer muy extraña.
-¡Ay no sé! Creo que no debería haberle gritado, ahora me siento culpable.
-¡No! usted estaba defendiendo lo suyo y ella sólo quiere hacerla sufrir.
-Pero mi tía está aquí porque vino a ayudarme... creo que le debo una disculpa, voy a dársela... –y le entrega la planta.
Úrsula la mira preocupada, pero no la sigue.
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Un hotel.
-¡Estuvo deliciosa la cena señor!
-Mañana a primera hora iremos a escoger una hermosa casa –decide Hugo.
-¿Eso significa que nos vamos a quedar a vivir acá? –Marina de malhumor.
-¿Están seguros que quieren seguir conmigo? –Hugo mira a Boris.
-¡Por supuesto señor! Marina y yo hemos discutido el asunto y estamos dispuestos a seguir aquí.
-En ese caso iremos juntos y Marina nos ayudará a escoger el que también será su hogar.
-Gracias patrón –pero Marina no parece nada contenta.
-Hace un poco de frío –dice Hugo- ¿por qué no encienden la chimenea?
De pronto Hugo se empieza a sentir mal, muy mal, y se sienta y mira a lo lejos, muy lejos.
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Casa Obregón.
La bruja Antonia empieza a quemar toda la ropa del bebé de Soledad en la chimenea.
Soledad entra y la ve- ¡Qué quiere decir lo que está pasando aquí tía!
-Yo solamente estaba arreglando la ropita del bebé y de pronto se me cayó y se me está quemando –miente.
-Hay que hacer algo –Soledad corre a recogerla y su propia ropa se le prende fuego -¡Tía has algo! –grita.
Pero la tía la mira sin moverme.
Soledad grita desesperada mientras las llamas la envuelven.
(noooo horror!!
)
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Un hotel.
En el hotel, Hugo cierra los ojos y de pronto ve a Soledad envuelta en llamas.
-Patrón... –le habla Marina al verlo pálido- Boris... ¿qué le pasa al patrón?
-Señor... ¿me escucha? –se acerca Boris.
-“Algo le pasa a Soledad” –piensa Hugo- “ ¿qué pasa Soledad, qué te sucede?”
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AVANCE
Soledad se quema. La tía la mira con maldad.
Más tarde el doctor Max dice: “Esto no me gusta nada”
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