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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
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Dentro de la casa de José.
-¡La tenemos rodeada, no tiene por dónde salir! –grita un hombre.
Soledad decide salir por detrás de la casa como Eloisa, la mujer y la niña, pero ya es tarde, las llamas crecen.
Soledad está atrapada... y empieza a toser.
Y está atrapada por el fuego y por los hombres.
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Cabaña.
-¡Lo recordaste todo, verdad! –Beatriz histérica- ¡recordaste a la maldita de Soledad! –grita llorando.
Alcides se asusta- ¡Yo soy Hugo! Mírame, soy tu Hugo... ¡fue sola la imagen de una mujer! No tiene la más mínima importancia... ven... ¡déjame amarte Beatriz!
-¿Lo dices en serio?
-¡Yo soy Hugo y te amo! –y la besa
Y Beatriz deja el arma en el suelo.
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Casa de José.
Afuera un hombre quiere ayudar a la gente del rancho.
-¡Vamos a esperar que se queme el rancho con la vieja adentro! –ordena el hombre de Arturo- así nos evitamos la pena que tener que matarla... qué mejor mensaje para José que se queme la casa con todo y su mujer adentro –fríamente controla el cargador de su pistola.
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Adentro Soledad está a punto de desfallecer por el humo y cae al suelo- ¡Auxilio! –trata de gritar pero pierde el conocimiento.
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Residencia Rebeca.
-¿Por qué llegas a esta hora? –Paquito impaciente.
-Vengo de ver a Soledad y creo que ya tenemos la respuesta que tanto estábamos buscando.
-¡La amargada de Ester sí se acostó con Jeremías!
-¡Así es!
(bueno... no sé cómo tiene tanta seguridad, con solo visitar a Soledad
me perdí de algo? )
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Un camino.
-¡El tesoro es una muerta! –la pobre Margó grita horrorizada.
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Bosque.
Elena les cuenta a Enrico y Guillermo- ¡Abrí ese armario y veo a esa muerta ahí flotando! –y grita de horror- pegué un grito, llegó el doctor Max, me hipnotizó y me convirtió en Eva.
Guillermo se enoja.
-¡Eva mi amada Eva, ayúdame!
-¡Yo soy Eva, viejo loco!
-Recuperen el armario –grita el doctor Max.
-¡Tiene razón! Margó puede cometer una locura con el armario –Enrico.
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Residencia Rebeca.
-No sé si Enrico sabe todo esto.
-Supongo que sí, él vivió con Jeremías y ahora está con Soledad, me imagino que lo sabe.
-De ser así, entonces Soledad también podría saberlo... tendríamos serios problemas –y se acerca seductora- ¿por qué no averiguas qué tanto saben esos estúpidos?
Paquito ríe- Depende de lo que me vayas a dar a cambio.
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Casa José.
Hugo rompe la puerta e irrumpe gritando- ¿Hay alguien aquí?
Pero con el humo no puede ver a Soledad.
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Un camino.
Eloisa conduce el carruaje.
-¡Se está quemando la casa, hay humo en la casa! –grita la madre de Aurora- ¡La señora Soledad está en peligro!
-¡Ni se te ocurra bajar Lupe! –se enoja Eloisa- podrías empeorar las cosas, tal vez Soledad provocó el incendio para despistar a esos hombres.
-¡No señorita, lo siento! Yo debo ir a ayudarla... ¡ella no puede quedarse sola!
-¡Maldita campesina mugrosa! –murmura entre dientes Eloisa- ¡Lupe quédate allí, yo iré! –decide.
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Casa José.
Hugo ve un cuerpo en el suelo, tirado- ¡Señora! –le habla.
Y la mueve y ve que es Soledad, la cubre con su saco y la levanta en brazos.
Sálvame, despiértame otra vez
Temo cerrar los ojos sin saber
Que vas a estar conmigo al amanecer
Bésame, hasta enloquecer.
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Camino.
Enrico, Guillermo y Elena se encuentran a unos policías y se hacen los payasos.
-¿Qué llevan en ese armario? –pregunta uno.
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Casa José.
Eloisa llega a tiempo para ver que su obra está por el suelo- ¿Qué le pasó a Soledad?
Hugo tiene a Soledad en sus brazos y tose- ¡Boris! –apenas puede hablar- ¡ve a casa del doctor Max, por favor ve por él!
Al lado de Boris está Arturo que se enoja- ¡Eloisa, qué estás haciendo aquí! –la lleva a un rincón.
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Cerca de ellos Hugo ruega- ¡Soledad, despierta por favor! Haz un esfuerzo.
Soledad se mueve pero no abre los ojos.
Hugo le pone una mano en el pecho-¡Tienes que despertar Soledad! –le habla Hugo- ¡tienes que hacerlo por tu hija!
Y Soledad empieza a toser y se sienta al lado de Hugo- ¿Qué pasó?
-¡Quedaste encerrada dentro de la choza, y se estaba incendiando! –la abraza.
-¡La niña! –se desespera Soledad- ¡la niña que estaba conmigo! ¿dónde está?
Hugo la toma entre sus brazos.
-¡Tranquila Soledad, yo vine por ti! –Eloisa- no podía dejarte abandonada, a ellas las dejé fuera de peligro.
-¡Alcides, te repito mis disculpas! –Arturo- ¡mis hombres no tenían cómo saber que Soledad estaba allí adentro!
-¡Arturo, solo eres un inversionista de la mina! No tienes ningún derecho a darle órdenes a mis empleados.
Hugo y Soledad siguen abrazados, sentados en el suelo.
Eloisa tiene cara de disgusto.
-¡Me estás diciendo que después de todo el dinero que invertí en esa mina no tengo ningún poder sobre esa gente! –se enoja Arturo.
-¡Por favor, no peleen más! –Soledad apenas puede hablar- ¡la niña!
-¡Qué alguien me ayude! La niña se desmayó –aparece la madre de Aurora.
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Camino.
Elena se acerca al policía- ¡Lo que llevo en ese armario es mi amante! –le cuenta- no lo abra... porque sino estoy en graves problemas.
Los policías se miran y deciden ayudarla - ¡Sigan su camino!
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Casa José.
Soledad con la ayuda de Hugo sube al carruaje a ver a la niña.
-¡Don Hugo! –vuelve Boris al galope - ¡El doctor Max no está en su casa!
(Error
Boris llama Don Hugo!!! y nadie se da cuenta
)
-¿No está en su casa? –Hugo mira preocupado a Soledad, la niña y su madre.
Al lado, parados como estatuas Eloisa y Arturo.
-¡Esta niña necesita atención médica! –Hugo- ¡la llevaremos al sanatorio!
-¡Yo los acompaño! –Eloisa grita.
-¡Eloisa! –Arturo la detiene enojado- ¡tú no vas a ninguna parte!
-No seas tonto Arturo, hoy casi dañas las relaciones con Alcides, déjame ir a mí como tu prometido a demostrarles que no tenemos ningún problema con ellos.
-¡Caprichosa! –murmura Arturo con rabia pero la deja ir.
Eloisa sube corriendo al carruaje con Soledad.
-¡Lupe! –grita José- ¡Aurora!
-¡José, tranquilo! –llora Lupe- yo estoy bien, pero la niña sigue muy mal.
-¿Qué pasó?
-¡José, sube al carruaje! –ordena Hugo- ¡no hay tiempo que perder!
José sube.
Alcides arrea a los caballos.
Arturo queda solo y enojado.
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Casa Obregón.
-¡Pero Ester! –protesta Lucas.
Pero Ester está revisando lo que tiene en el maletín de mano-¡Títulos, dinero! - lo mira espanto- ¡vas a darle nuestros bienes a esa mujerzuela!
-No digas tonterías.
-¡Dime la verdad! ¿le vas a dar dinero a esa mujer?
-¡Por qué todo lo haces más difícil! –y decide confesar- para tu información voy a hablar con Alcides de Medina.... ¡voy a invertir en el negocio de la mina!
-¡La mina! Te volviste completamente loco.
Antonia los espía y no pierde palabra.
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Hospital.
Mientras Eloisa se tapa con asco la cara con un pañuelo.
Soledad parece rezar.
Hugo acerca una silla y se sienta a su lado- ¿Cómo te sientes?
-Bien –le sonríe Soledad- ¡gracias a ti no pasó nada grave! –con alivio.
Hugo la mira con amor y esto pone incómoda a Soledad.
Hugo le acaricia el rostro con dulzura- No debiste exponerte de ese modo –le reprocha con cariño.
-¡Sí! –reconoce Soledad- ¡me precipité! Yo sé... debí ir con ayuda –se justifica - ¡pero es que esa familia me necesitaba, Alcides!
Hugo le toma un mechón de pelo y se lo limpia de cenizas.
Soledad se siente nerviosa de su cercanía - ¡Gracias! –se arregla el pelo y luego le sonríe con timidez- ¿sabes? Yo sé que si no hubiera sido por ti, si no me hubieras rescatado de las llamas, a lo mejor estaría muerta –y lo mira larga y profundamente, se pone seria - ¡gracias! –y se queda estupefacta porque Soledad piensa- “Dios mío, su mirada se parece tanto a la de Hugo”
Y Hugo le sonríe con dulzura- ¿Qué pasa? Algo me dice que estás pensando en mí... –y la mira enamorado- ¿qué estás pensando, qué es?
Soledad se mueve nerviosa y se queda sin palabras e inventa- ¡Eh... no... en el sufrimiento de una mamá! Además... la verdad... ¡yo estoy muy agradecida por Aurorita!
-Hace unos días hablé con Aurorita –Hugo sigue sonriéndole- ¿sabes lo que me dijo?
Soledad lo mira seria.
-¡Me dijo que le pusiste Aurora a nuestra hija...¡ -y hace una larga pausa y la mira con ojos inquisidores que ponen inquieta a Soledad- ¡como un homenaje a mi hermano Hugo!
Soledad lo mira sin responder.
-¿Tanto amaste a Hugo? –pregunta Hugo- ¿tanto?
Soledad sigue callada.
-¿Tanto te importaba la suerte de mi hermano Hugo?
Soledad suspira cansada- ¿Por qué siempre terminamos hablando de lo mismo? ¿hum? ¡ya no hablemos más de Hugo! –se enoja- ¡respetemos su memoria!
-Por favor... ¡contéstame! –le ruega Hugo.
Soledad pierde toda paciencia- ¡Hugo y yo nos íbamos a casar! –le dice con rabia- ¡estábamos comprometidos Alcides!
Hugo se separa y la vuelve a mirar con odio- ¡Sí, y terminaste casándote conmigo! ¡con Alcides! Simplemente engañaste al ingenuo de mi hermano.
Soledad lo mira como si no pudiera creer lo que escucha- ¡Cállate! –susurra- ¡no te voy a permitir que me hables así! ¡respétame, déjame tranquila! –y furiosa le da la espalda.
Eloisa los mira de lejos y se alegra de la pelea que adivina.
Hugo la mira y piensa – “Nunca me amaste... ¡nunca!”
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Casa Obregón.
-¡No vas a exponer el poco dinero que nos queda! –decide Ester.
-¿Por qué Ester? Ya hicieron estudios y se supone que el oro es de primera calidad, hay una veta muy grande por explotar, si eso funciona vamos a salir de esta crisis económica –ilusionado Lucas.
Antonia sigue espiando.
-¡Lo que quieras! –Ester firme - ¡pero hay demasiado riesgo en esa inversión! Se necesita tiempo para que ese negocio de ganancias... ¡no es seguro Lucas!
Y Antonia decide intervenir- ¡Perdón que me meta! No pude evitar oírlos... Lucas... ¡hazle caso a Ester! Estos últimos meses han sido muy difíciles para ti tratando de recuperarte dela crisis en la que venías... ¡no es buena idea arriesgar lo poco que tienes!
-¡Es mejor que tú te mantengas al margen de esto Antonia!- Lucas.
-¡Aunque te moleste estoy de acuerdo con Ester!
Ester no parece muy feliz de tenerla a su lado.
-¡No puedes confiar en lo que Alcides de Medina te ofrece! –sigue Antonia- ya sabemos muy bien que no es un buen hombre.
-¡Ya tomé una decisión y voy a hablar con Alcides de Medina!
-¡Muy bien! –acepta Ester- Pero no te llevas las escrituras de mi casa, es lo único que nos queda.
-Está bien, entrégame el dinero, permiso.
(Ay Luquitas...
)
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Hospital.
Mientras Eloisa sigue con su pañuelo y con aire de asco.
-¿Doctor, qué tiene la niña? –Soledad pregunta.
Hugo a su lado.
-¡La fiebre bajó pero todavía no estoy seguro! Hay que tomarle unas muestras de sangre.
Lupe y José miran desesperados.
-No quiero alarmarlos pero esta mañana llegaron al sanatorio tres pacientes con los mismo síntomas –sigue el doctor.
-¿Está tratando de decirnos que se trata de una epidemia? –se preocupa Hugo.
Y como para confirmar Lupe se desmaya.
-¡Lupe! –grita Soledad- doctor, a lo mejor tiene lo mismo que la niña.
Y Hugo y Soledad, con José la llevan a la camilla.
-Dejen ver –el doctor.
Eloisa mira con espanto lo que pasa.
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Taberna.
-Necesito que lleves esta carta a la Casa de los Obregón, ponla debajo de la puerta... y procura que nadie te vea –a un mensajero.
-¡Escúchenme todos, tenemos una terrible enfermedad que está atacando a esta ciudad! –un hombre anuncia- ¡hay muchos hombres que ya están muriendo en la zona del bosque y bastantes personas que ya están infectadas por el virus! Tenemos que hacer algo.
Paquito toma nota.
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Hospital.
-Lleva esto al laboratorio del doctor Max –Hugo le da una muestra de sangre- y si no está allí, lo vas a esperar hasta que aparezca.
Boris toma la muestra- ¿Tan grave es, señor?
-¡Si es una epidemia como creo, tenemos que averiguar de donde proviene! Date prisa.
-¡Doctor, llegaron seis personas más con síntomas parecidos! –anuncia una enfermera desesperada.
-No tenemos camas ni personal suficiente para tanta gente –el doctor.
Soledad se acerca- ¡Doctor, yo puedo ayudar en lo que sea, usted solamente dígame qué es lo que tengo que hacer!
-¡Yo también doctor! –se ofrece Hugo.
Y Eloisa lo mira y no puede quedarse atrás- ¡Yo también doctor! Si necesita yo también lo puedo ayudar... –y de pronto sus grandes ojos bellos se espantan- ¿aunque es contagioso, no? –se tapa la nariz con su pañuelo.
-No se preocupe, estableceremos las medidas necesarias para descubrir el origen de la epidemia.
(hum...
no veo cómo eso no la hace contagiosa... hehehe vete Eloisa!!
)
-¡Vamos por favor! – y con sus nuevos empleados el doctor se dirige a otra habitación.
Soledad queda atrás y sonríe pensativa- ¡Alcides realmente ha cambiado! –se extraña- ¡parece otra persona! –y luego los sigue corriendo.
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Hugo con una mascarilla habla con Aurora, la niña grande.
Detrás y con cara de fastidio y siempre el pañuelo está Eloisa que no deja a Hugo ni a sol ni a sombra.
-¡Tu mamá está con el doctor! –le sonríe Hugo a la niña- y tu papá los está acompañando.
-¿Usted cree que me voy a morir? –pregunta con inocencia la niña.
-¡No, mi amor, no digas eso! –y Hugo se quita la mascarilla- eso no va a pasar, te vas a recuperar, te lo prometo –y le da un beso en la frente- ¡te vas a recuperar muy pronto!
Eloisa ve todo esto sorprendida.
-Enseguida regreso, quédate con ella- Hugo le pide a Eloisa que toma asiento.
-¡El señor es muy bueno! –la niña.
-¡Demasiado diría yo! –se extraña Eloisa- ¡Alcides ha cambiado mucho!
-¡Él no es don Alcides! –la niña segura de sí misma- ¡es don Hugo!
Eloisa la mira y se enoja- ¡Niña, estás delirando, mejor duérmete! –le ordena.
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Cabaña.
Alcides y Beatriz siguen haciendo el amor.
(ahahaha...
cuánto tiempo llevan??? )
-¡Por fin eres mío!
-¡Soy tuyo!
En ese momento abre la puerta Pablo y los ve en el suelo - ¡Por Dios, qué está pasando aquí! –y cierra la puerta.
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Casa Dr. Max.
Guillermo, Elena y Enrico ponen el armario en su lugar.
El doctor Max llega, porque ha escapado.
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Hacienda Montenegro.
-Qué pena con usted, don Lucas, pero don Alcides no se encuentra –Marina.
-¡Qué lástima! Quería hablar con él.
-¡Don Lucas! Qué gusto verlo –Úrsula con una sonrisa preciosa.
-¡Úrsula, igual! Me acaba de decir Marina que Alcides no está, ¿y mi hija?
-¡La señora Soledad tampoco está! Pero puede ver a su nieta mientras los espera.
En ese momento Marina pone cara de sentirme muy mal y cae al suelo.
-¡Marina! –grita Úrsula.
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Casa Obregón.
Ester lee la misiva de Paquito- “Señora, Soledad es hija de Jeremías, si no quiere que ella y su esposo lo sepan, deje veinte billetes de los grandes en un sobre junto al basurero de la esquina sur de la plaza en horas de la tarde” –se tambalea- ¡Dios mío!
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Casa Dr. Max.
Mientras el doctor Max persigue a Guillermo, Elena y Enrico.
Boris llega.
-¡Por qué entra sin anunciarse Boris!
-Doctor Max, por favor, no hay tiempo para eso, se trata de una emergencia, le traigo esta muestra de parte del doctor Ortiz para que la examine.
-¡Yo no hago obras de caridad y menos con los vivos! –le grita.
-¡Doctor, por favor! Hay una plaga en la ciudad, don Alcides le manda pedir este favor –le ruega Boris- ¡dice que si logra descubrir de qué se trata él sabrá gratificarlo!
El doctor Max entiende el idioma del dinero.
-¡Está bien! –guarda su daga- ¡lo analizaré sólo porque me lo pide él! Ahora váyase –lo echa- ¡yo le avisaré cuando tenga resultados!
-Permiso –se marcha Boris.
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Hospital.
Hugo y Soledad cuidan a los enfermos y no pueden evitarse mirarse todo el tiempo.
♫
Quisiera acercarme a ti,
pero me frena una razón
oculta en lo mas profundo de mi ser
♫
quisiera devolver el tiempo a mi favor
y no dejar que nada se interponga entre tú y yo
♫
Sálvame, despiértame otra vez
temo cerrar los ojos y no saber
si vas a estar conmigo al amanecer
♫
no, no, no
♫
bésame hasta enloquecer
quiero perderme en tus sentidos
para no saber quien soy
ni lo que temo ser
♫
Y ambos trabajan codo a codo, con los pacientes, con la ropa de cama, transportando.
(bueno...
una sola cosa... los dos deberían haberse atado la larga cabellera que tienen!! )
En un momento dado Soledad muy cansada se sienta en un banco y se saca la mascarilla.
Hugo le trae un té.
-Gracias.
-Te ves cansada... deberías descansar un poco.
-¡No, hay mucha gente que atender todavía! –suspira Soledad.
-¡Sí, mucha gente! –suspira Hugo y la mira con dulzura- ¡pero es hermoso verte ayudando a tantas personas! –y la mira admirado- con tanto amor y dedicación.
Soledad ríe - ¡Es exactamente lo mismo que diría de ti!
Hugo la mira sorprendido.
-¡Nunca me imaginé verte con tanta solidaridad! –y lo mira largo rato y luego suspira- ¡nunca debí dejar de hacer esto! La verdad es que hay mucha gente a la que hay que ayudar.
-Antes lo hacías... –Hugo pierde la sonrisa- ¡lo hacías con Hugo!
Soledad también pierde la sonrisa- ¿Y cómo lo sabes?
Hugo la mira y miente tranquilamente - ¡Yo acostumbraba a seguirlos!
Soledad se pone triste y se recuesta en el banco y bebe su te.
Hugo mira para otro lado- Nunca perdí la esperanza... ¡de hacerte mi esposa! –muerde las palabras- ¡nunca!
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Plaza.
Ester, con una mantilla negra acude a la cita. Y deja el dinero.
(Ay no!! Ester!!!
)
Mira para todos lados y se marcha.
Paquito aparece rápidamente y recoge el dinero- ¡Muy bien señora, entendió el mensaje! Soledad de Obregón, la felicito, está en mis manos.
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Hacienda Montenegro.
-¿Te sientes mejor? –se preocupa Marina.
-¡Sí, solo fue un mareo!
-Cuando llegue Boris le diré que te lleve al médico.
-¡Te dije que me siento mejor! Sólo fue un mareo, voy a mi habitación.
-Marina, aun estás muy débil –protesta Lucas.
-¡Con permiso!-Marina sin hacerle caso va a su habitación.
-Déjela don Lucas, es muy terca... ¡además no merece su preocupación!
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Taberna.
Guillermo, Elena y Enrico.
-Nadie se puede enterar de lo que vimos dentro de ese armario –Elena- sino el doctor Max no dudaría en matarnos.
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Casa Dr. Max.
-¡Deberías estar orgullosa de mí, Eva! –el doctor Max feliz le habla a su Eva- ¡ya sé cual es la enfermedad que está cundiendo en la ciudad! Ahora Alcides estará en deuda conmigo y tendrá que permitirme estudiar a su hija... –y abre la puerta y la mira- ¡en la sangre de esa mocosa está la forma de regresarte a la vida, mi amada Eva, pronto te sacaré de ese terrible sueño –le sonríe y llora- ¡mi Eva!
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Cementerio.
-Jeremías... –Ester le habla a su tumba- ¡esa horrible mentira que inventé cuando éramos jóvenes... ahora me persigue!
La lápida lee: Jeremías de Montenegro 1819-1889.
-¡Alguien descubrió esa mentira! Y yo que pensé que con tu muerte nadie jamás se iba a enterar de eso que te hice creer en vida... ¿a quien le contaste que Soledad era tu hija? –y sigue- ¡yo me hice tu amante sin amarte, quería abandonar a Lucas, no hacía nada más que beber! –suspira- ¡siempre ha sido un perdedor! Por eso me horroricé cuando supe lo de mi embarazo... necesitaba el dinero... ¡una casa! Seguridad, todo lo que necesita una madre para poder criar a su hijo... ¡por eso te moriste creyendo que eras el padre de Soledad!
(wow!! el secreto de Ester!!
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Hospital.
-¡Alcides! –Soledad se acerca a Hugo que atiende a un enfermo.
Al lado de Hugo, como un mosquito molesto, anda Eloisa que no hace nada.
Hugo la mira.
-¡Voy a regresar a la Hacienda Montenegro! –dice Soledad- voy a regresar a la hacienda, hace horas que no veo a mi hija y quisiera poder estar con ella.
-¡Don Alcides! –entra Boris- ¡el doctor Max ya tiene la muestra, señor, pero cuando venía para acá me enteré que un grupo de personas le están echando la culpa a usted y a su familia de la epidemia que hay en la ciudad!
Soledad asustada mira a Hugo.
-¡Piensan que es una maldición! –termina Boris.
Hugo se saca la mascarilla- ¡Era de esperarse! No hay superstición que no se comente en esta ciudad, que no la relacionen con mi familia.
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Cementerio.
-¡Soledad no puede enterarse de esto! –llora Ester- me muero solo de pensar que ella descubra que por interés te hice creer que tú eras su padre... ¡no lo entendería! Y Lucas jamás me perdonaría, no soportaría esa vergüenza... ¡no sé qué hacer! Alguien me está chantajeando... ¿a quien le dijiste Jeremías, a quien le contaste?
Y detrás de ella se acerca Rebeca- ¡Ester, qué haces frente a la tumba de mi marido! –le reclama.
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Hacienda Montenegro.
Hugo sigue admirado de Soledad- Hoy en el sanatorio ayudaste a personas que nunca habías visto.
Soledad sonríe - ¡No necesito conocerlas para querer ayudarlas!
Hugo se acerca- ¡Sí, pero las ayudaste con mucho amor! Con mucho, mucho amor –repite dudando- eso me hizo recordar a la Soledad que un día mi hermano amó –y le acaricia el rostro suspirando.
Soledad lo mira nerviosa.
-Ahora lo entiendo... eres especial... ¡muy especial!
Soledad le sonríe - ¡Tú también me sorprendiste hoy! Hiciste un gran trabajo con todas esas personas... ¡estoy descubriendo una gran persona en ti!
Y Soledad tímidamente se acerca y le toma la mano y se la aprieta, le mira a los ojos directamente, muy cerca- ¡Gracias!
Hugo se acerca, a punto de besarla y susurra- No tienes por qué.
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Cementerio.
-Vine a visitar la tumba de mis familiares y vi que la tumba de Jeremías estaba abandonada... y sin flores... ¡quise rezar un poco!
-¡Tienes razón! Últimamente no he venido a visitarlo, me he enterado de cosas de Jeremías que me han dolido mucho –y la mira acusadora- cosas de su pasado.
-¿Ah si? –Ester se pone tensa.
-¡Supe que tuvo varios romances con mujeres de la ciudad! Antes y después de mi matrimonio con él... tuvo una relación con una mujer casada.
-¡No tienes por qué creer todo lo que dice la gente, Rebeca!
-¿Te pasa algo?
-¡Estoy agotada!
-Te acompaño.
Y ambos se marchan.
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Hacienda Montenegro.
Soledad cierra los ojos y acaricia el rostro de Hugo.
Hugo le acaricia el rostro y el cuello.
-¿Sabes por qué he cambiado? –le susurra- porque ahora tengo una razón distinta para vivir, tú me has dado el regalo más hermoso que una mujer le puede hacer a un hombre: ¡me has dado una hija!
Y Soledad cierra los ojos y se acerca a él y lo respira profundamente, como para besarlo y Hugo se acerca para besarla.
Pero se separa- ¡No, por favor, suéltame!
Hugo no la suelta- ¡Mírame! Fijamente a los ojos... ¡mírame! –le exige.
Soledad lo hace.
Y ambos se miran.
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Casa Obregón.
-¡Ester, qué te sucede! En el camino venías muy callada y pensativa, nunca te había visto así.
-¡Tengo problemas, Rebeca! Me está sucediendo algo muy serio –le confiesa- y delicado, y no sé qué hacer.
-¿Y por qué no me cuentas? Tal vez podamos encontrar una solución, soy tu amiga y cuentas conmigo para lo que sea.
-¡Lo sé! Y te lo agradezco, pero no quiero hablar de eso, me siento mal.. quiero ir a mi cuarto a descansar, gracias por acompañarme.
La deja sola.
-¡Es tu conciencia la que te tiene así!
-¡Un momento señora! –aparece Antonia como un perro guardián - ¡usted y yo tenemos que hablar de algo muy delicado!
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Hacienda Montenegro.
Hugo y Soledad todavía muy cerca.
-¡No pienso renunciar a ti! –sigue Hugo- voy a recuperarte, así tenga que esperar una eternidad.
-No me gusta oírte hablar así –apenada Soledad, le acaricia la mano que Hugo tiene en su rostro- ¡suenas cómo me hablaba Hugo! Por favor.... ¡no lo hagas!
En ese momento llega el doctor Max y los interrumpe- ¡Disculpen!
Soledad lo mira y luego a Alcides y sale corriendo.
-¡Le traigo buenas noticias don Alcides! –sigue el doctor Max- ¡la epidemia ha sido controlada! Descubrí que la causa está en las aguas del río.
Hugo no responde, todavía sigue ido.
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Casa Obregón.
-¡Perdón? –finge Rebeca.
-¿Cómo puede ser tan cínica de venir a esta casa a visitar a Ester después de todo lo que ha hecho? –le grita Antonia- ¿cómo puede hacerse pasar por su mejor amiga?
-¡De qué habla!
-Usted sabe perfectamente, es la amante de mi hermano... ¡es la dama misteriosa con la que él ha estado enredado todo este tiempo!
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Hacienda Montenegro.
-Le agradezco por todo lo que hizo en el sanatorio.
-La ciencia es mi pasión, es mi vida.
-¡Por eso le voy a permitir estudiar a mi hija, doctor! Para que nos ayude a encontrar una cura para su enfermedad.
-¡Le agradezco mucho! –el doctor Max extasiado- ¡no se arrepentirá!
-Pero será bajo mis condiciones... ¡siempre habrá una persona presente! Y escúcheme bien, absolutamente nunca hará ningún procedimiento a mis espaldas... tengo que estar enterado de todo.
-¡Así será señor!
-Doctor Max, le voy a pedir el favor que revise a mi novia Marina –ruega Boris- ¡se ha sentido un poco mal últimamente! Temo que esté contagiada con la misma enfermedad que hay en la ciudad.
-¡Iré a verla ahora mismo! –se levanta.
Hugo y Boris quedan solos.
-¡Don Hugo, yo le pedí al doctor Max que se haga cargo de un adulto! –se sienta Boris- ¿pero usted cree que sea conveniente que se haga cargo de la salud de su sobrina?
-¡Soledad está tan angustiada que cualquier cosa que hagamos la hará sentir mejor! –le dice Hugo- ¡no sabes cuánto deseo que aparezca de una vez el hijo de Von Sirak!
(hum...
cuidado con lo que pides Huguito...
hehehehe)
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Habitación de Soledad.
La bebé es preciosa.
-¡Papá! Yo voy a estar bien, no quiero que te preocupes, créeme Alcides ha cambiado... ¡cada día lo confirmo más!
-¡No te equivoques Soledad! –le aconseja sabiamente Lucas – ese lo único que está haciendo es ganarse tu confianza.... ¡solamente!
(Ay Luquitas, escuchate a ti mismo!!
)
-¡No! lo que pasa es que no lo has visto... cada cosa que hace –y sonríe enamorada- ¡es como si lo hiciera con tanto amor! –y mira a su bebé - ¡de verdad, papá, es como si le interesara la gente! A veces lo veo... y siento que estoy viendo a Hugo.
Detrás de la puerta Eloisa escucha.
(ay basta!!
Lucas mira a Soledad con sospechas.
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Casa Obregón.
-¡Cómo se atreve a decir que yo soy la amante de su hermano! –finge Rebeca- ¡qué cosa tan horrible!
-Lo mismo digo yo, es algo horrible que he preferido no contarle a mi cuñada Ester, sé perfectamente lo que le digo y le advierto, es mejor que no vuelva a esta casa porque tendría serios problemas... ¡porque yo voy a hablar!
-¿De qué vas a hablar Antonia? –aparece Ester.
Antonia y Rebeca se miden con la mirada.
(bueno...
aquí gana Antonia!! )
-Me acusa de cosas que sólo pueden pasar por una mente enferma –finge llanto Rebeca.
-¡No te preocupes Rebeca! No tienes que repetir lo que dijo Antonia... ¡yo la conozco! le encanta juzgar a todo el mundo, ella solo sabe hablar!
-¡Por favor, Ester! No escuches a esta mujer, te ha tenido engañada todo este tiempo, no seas necia –le grita Antonia- ¡abre los ojos!
-¡Los tengo muy abiertos y te conozco Antonia! Tú ves el pecado en todas partes.
-¡No seas tan dura con ella! –ruega Rebeca- ustedes son familia.
-¡Usted no me defienda! No es digna de pisar esta casa.
-¡Basta Antonia! –le grita Ester- ¡tú no tienes derecho a correr a nadie! La única que se va de esta casa eres tú.
(ahahah...
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Hacienda Montenegro.
Eloisa sigue en el pasillo cuando pasa el doctor Max- Con su permiso, voy a entrar.
Eloisa lo deja pasar y sigue escuchando.
-Disculpen, quería despedirme de usted –entra el doctor Max a la habitación de Soledad- y contarle que don Alcides finalmente aceptó que yo tratara a su hija... Aurora.
-Me parece muy bien, finalmente nosotros lo único que queremos es el bienestar de la niña –Soledad.
Lucas los escucha.
-Su marido puso condiciones a mis visitas, que yo acepté... ¡quería que lo supiera! Bueno... si me lo permite quiero aprovechar para revisar a Marina que me dicen que no se encuentra bien, con permiso.
El doctor Max sale.
Soledad sonríe un poco aliviada.
Lucas cierra la puerta detrás del doctor Max- Ahora que ha pasado todo este alboroto, hija, quiero comentarte que voy a hablar con tu marido, para que me deje participar en lo de la mina.
Úrsula mira al techo.
-¡Qué, papá! No, ya sabes lo que yo opino de esas cosas... ¡yo no quiero que tengas negocios con Alcides!
-Mi amor, no pienses que tu opinión no me importa, pero ya tomé esta decisión, además... me parece que es una buena ayuda económica para lo de la enfermedad de la niña.
-¡Papá, es que tienes que entender que yo no quiero que tengas problemas en el futuro!
-Ni tu mamá, ni tu tía me apoyan... ¡tú por favor, no seas un obstáculo! Sé bien lo que hago, créeme –la besa en la frente.
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Habitación de Marina.
-Puedes estar tranquila, los síntomas que presentas no tienen nada que ver con la bacteria que está atacando a los habitantes de la ciudad.
-No me siento bien, tengo mareos, nauseas, me siento muy mal doctor.
-¡Eso es normal en tu estado!
-¿Cuál estado? –tontamente Marina.
-¡Cómo! ¿no lo sabias? –se sorprende el doctor Max- ¡Estás embarazada Marina, vas a tener un hijo!
Marina se asusta.
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Habitación de Soledad.
Lucas se marcha.
-No le entiendo, mi niña... primero dice que don Alcides ha cambiado y después no quiere que su padre haga negocios con él.
Soledad está preocupada- Los temas de dinero siempre son complicados... además una vez escuché a Alcides hablar de una venganza –le cuenta- ¡no sé exactamente a qué se refería, pero algo me dice que tiene relación con la mina!
Úrsula la mira preocupada.
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Hacienda Montenegro.
Eloisa esa- a punto de marcharse y de pronto recuerda a la niña- “Es don Hugo”
Y luego a Soledad.
-¡Tengo que salir de dudas en este mismo instante! –decide y se dirige al escritorio de Hugo.
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Cabaña.
Beatriz se viste y mira enamorada a Alcides y se duerme a su lado.
Pero Pablo irrumpe- ¡Beatriz, qué significa esta locura!
Alcides sigue encadenado y lo mira.
Beatriz empuña un arma- ¡Tú no tienes ningún derecho a entrar aquí!
-Esto es demasiado Beatriz... yo preocupado por ti, pensando que estabas con un mal hombre... –y mira a Alcides- ¡y te encuentro con Hugo de Medina!
-¡No, no, no! –reacciona Alcides- ¡yo no soy Hugo de Medina, yo soy Alcides!
-¡Qué!
-¡Ella me secuestró!
Beatriz lo mira de reojo.
Pablo los mira.
(bueno...
creo que se acabaron las escenitas!!)
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Hacienda Montenegro.
-¡Has cambiado mucho, Alcides! –Eloisa- ¡cada vez que estoy a tu lado me sorprendo más de lo distinto que estás!
-Es que durante mi recuperación tuve mucho tiempo para pensar y cambiar actitudes que no me gustaban –le sonríe Hugo.
Eloisa le sonríe también incrédula- ¡No estoy tan segura de eso! En tu mirada ya no hay ese brillo de pasión... del Alcides de antes.
Hugo cruza los brazos.
-¡Yo pienso que Hugo no murió! Que fue rescatado de su tumba y que tomó el lugar de Alcides el día del derrumbe en la mina.
Hugo sonríe casi divertido- Y yo pienso... que tienes una gran imaginación.
-¿Eso crees?
-¡Sí!
-Si no es cierto... ¿por qué no me demuestras lo contrario? –y se acerca a él seductoramente.
Hugo se apoya incómodo sobre el escritorio- ¿Cómo?
-¡Bésame! Déjame sentir ese fuego que me enloqueció desde el primer momento –y se acerca a besarlo.
Y Hugo le responde.
Pero Eloisa se separa -¡No es igual!
-¿Cómo así?
-¡Qué fue lo que pasó realmente contigo Alcides!
-Escúchame... tú no amas a Arturo –le aconseja Hugo- ¡no deberías casarte con él porque de lo contrario vas a sufrir!
Eloisa sonríe aliviada- ¡Te preocupas por mí! Me encanta que pienses en mí Alcides.
Y se tira en sus brazos.
Hugo con un esfuerzo la abraza.
Y Soledad entra en ese momento y los ve.
Y Hugo la mira.
Y Soledad lo mira con sufrimiento en los ojos.
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AVANCE.
Hugo le dice que se está enamorando de ella.
Y se besan enamorados
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ya me estaban cansando sus sesiones de amor-sádico con Bea.
