Hugo tiene a Soledad desmayada en sus brazos.
El guapo doctor Daniel Von Sirak se acerca- ¡Por favor, permítame atenderla! Soy médico –se presenta.
Hugo suspira y besa a Soledad en la frente, y la deja con él- ¡Gracias! –susurra.
Y luego camina lentamente hacia Alcides, que lo espera tranquilo.
Ambos se miran.
Luego Hugo mira hacia Soledad y le habla sin mirarlo- ¡Siempre tuve la corazonada que habías sobrevivido a la corriente del río! Contraté a varios detectives para que te buscaran –habla con calma.
Alcides también mira hacia Soledad, que es atendida por el doctor Daniel Von Sirak.
-¡Debiste esconderte muy bien! –sigue Hugo- me imagino que estarás disfrutando con el resultado de tu plan.
-¡Te equivocas! –le corta Alcides- ¡no te imaginas la vida miserable que tuve que pasar todo este tiempo que te hacías pasar mí! Y vivías con mi esposa.
Hugo no puede aguantar esto y lo mira furioso- ¡Debiste buscarme y arreglar tus cuentas personalmente conmigo! Sin involucrar a Soledad.
-¡Tu jueguito del buen hermano se acabó, Hugo! ¡se acabó! –Alcides lo mira con rabia- ¡hoy todo cambió para siempre! Yo he regresado a ocupar el lugar que me pertenece.
Hugo traga saliva y mira a Soledad, se lee miedo y angustia en su mirada.
-¡Me imagino que ya sabes que Aurora es tu hija! –sigue Alcides.
-Hoy lo supe... ¡Soledad me lo dijo!
-¿También te dijo que está registrada legalmente como mi hija? –Alcides disfruta.
Y Hugo lo mira furioso, impotente, y luego mira a Aurora que está en brazos de Úrsula que sigue pálida como una hoja blanca.
Y Hugo se acerca lentamente a Aurora.
Pero Soledad, que se repuso se le pone enfrente - ¡No! –lo mira con odio- ¡a mi hija no la tocas!
Hugo la mira lleno de dolor.
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Marina corre por la plaza.
-¡Un momento, Marina! –la detiene Eloisa- ¿por qué no me habías dicho lo que iba a pasar? -le reclama como si fuera su patrona- ¡qué Hugo sabía que su hermano preparó...!
-¡Mire, para todos...! –empieza a gritar Marina.
-¡Cuídate! –le corta Eloisa fría- ¡A mí me bajas el tono!
-¡Para todos fue una sorpresa! –Marina baja la voz- ¡la invitación llegó a última hora, todo fue un plan de don Alcides!
-¡Espero que no me estés mintiendo! –Eloisa tiene los ojos fríos- y hay algo más que te tengas que decir... como por ejemplo quien es esa mujer.
Y Eloisa apunta con su abanico hacia Michelle y Andrés que no pierden detalle de lo que pasa con los Medina.
-¡La vi hoy cuando Hugo me sacó de su casa!
-¡Yo sé quien es y qué quiere! –Marina- pero... eso le va a costar mucho dinero.
-¡Esta noche en mi casa tendrás lo que valga esa información! -le promete.
-¡Se llama Michelle Philips! Y tiene la cura para la enfermedad de don Hugo y la niña Aurora –los vende Marina y luego hace una pequeña reverencia - ¡con su permiso señorita Eloisa!
Al quedar sola Eloisa estudia bien a Michelle que se da cuenta que la mira- ¡Apareció una nueva invitada al baile! –se burla Eloisa- ¡pero ya me encargaré de sacarte de mi camino... Michelle!
(ahahah!! este enfrentamiento lo quiero ver!!

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-Andrés, quiero que te mezcles entre la gente –Michelle- averigua qué está pasando... ¡por qué tanto escándalo con esos gemelos! Sobre todo necesito que averigües... cual de los dos es el que sufre de catalepsia.
Andrés se pone a la obra y se aleja.
Y Arturo que los vigila aprovecha para acercarse a Michelle- ¡Por favor, permítame presentarme! –le toma la mano y se la besa- ¡soy Arturo de Linares!
Michelle lo mira con ojos altivos y fríos.
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-¡Ninguno de ustedes dos! –Soledad sigue furiosa- ¡ninguno de los dos tiene derecho sobre mi hija!
-¡No, Soledad! –ruega Hugo- ¡no puedes decir eso! No puedes... yo le di la vida.
-¡Yo soy el padre legal! –Alcides recuerda.
-¡Es mi hija! –Soledad con los ojos rojos les grita a los dos- ¡y voy a hacer lo mismo que hicieron ustedes! Tomaré decisiones sobre mi hija y no pienso consultarle a nadie -Y luego pide a Úrsula- ¡Por favor lleva la niña al coche! –Úrsula se marcha con ella- ¡tengo que decir algunas cuantas verdades y no quiero hacerlo delante de mi hija!
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Muy cerca.
-Entiendo que viene del Norte –Arturo- de una familia muy rica, y está aquí en San Marino... ¿por placer, negocios?
-¡Arturo, disculpe! –seca- no quiero sonar grosera pero éste no es el momento adecuado para hablar de estas cosas, con permiso –lo deja plantado.
Arturo la mira alejarse fascinado.
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La reunión Medina.
Soledad agradece al doctor Daniel Von Sirak- ¡Doctor, gracias! Quería agradecerle lo que acaba de hacer por mí.
Detrás de ella Hugo la sigue con la mirada baja sin decir palabra.
-¡No tiene que agradecer! Más bien me parece que debería descansar un poco más.
-¡Yo me siento mejor! –y Soledad trata de hacer una sonrisa- ¡de verdad!
-¡Como usted guste, permiso! –se despide Daniel.
Al quedar solos- ¡Hoy estás más linda que nunca! –admira Alcides que corre a su lado.
Soledad mira a lo lejos con fastidio.
-¡Quise darte una sorpresa y organicé esta fiesta de verano en tu honor!
Hugo no puede de los celos- ¡Cállate Alcides!
Alcides lo mira con una demisonrisa, como un niño grande.
Soledad los mira.
-Disculpa Soledad –ruega Hugo- ¡discúlpame! Por favor... regresemos a casa... tenemos tanto de qué hablar.
-¡Sí! –asiente Soledad- ¡tenemos mucho de qué hablar! Pero lo vamos a hacer aquí frente a toda la gente de San Marino.
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Muy cerca.
-¿Qué ha pasado? –Eloisa.
-¡Esto es muy interesante, Eloisa! La ventaja de saber leer los labios -Paquito anota como un loco sobre su libreta.
Eloisa ríe a carcajadas.
-¡No te rías! ¿sabes qué me parece esto? ¡una historia de caballería donde dos hombres están peleando por el amor de una mujer.
-¡Francisco, tú deja de decir estupideces! –se enoja Eloisa que esto no le gusta - ¡yo tengo que ver la forma de meterme en medio!
-¡En medio de quien! –se espanta Paquito- ¡que no sea de Hugo! Ese hombre tiene graves problemas.
-¡Pues por lo mismo, tengo que buscar la forma de sacar partido de la situación!
-¡No seas ridícula! ¡no! y no seas tan ambiciosa –le previene- ¡esta vez tenemos que andar con cuidado!
Eloisa mira a otro lado-Francisco... me preocupa esa mujer.
-¿Quién? –Francisco mira- ¿la de los pantalones? ¡es linda! Está en el último grito de la moda francesa.
-¡En el último grito del mal gusto! –Eloisa furiosa con envidia.
-¿Qué hay con ella?
-Al parecer dice tener la cura para la catalepsia.
Paquito se interesa.
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Soledad reúne a todo el mundo a gritos- ¡Señoras y señores! Ya que asistieron a esta fiesta en mi honor, hay algo que quisiera decirles.
Hugo la sigue con desesperación.
Muy cerca Alcides toma posición cerca de ella también.
-¡Espero que estén disfrutando de este circo que organizaron los hermanos de Medina! -con rabia tremenda.
Hugo tiene los ojos rojos y está triste con aire culpable.
-¡Por favor sigan, beban, coman, pero no lo hagan en mi honor! –Soledad a viva voz y con profunda sorna- ¡háganlo en nombre de ellos! Que lo único que han hecho es traer desgracias a mi vida.
Hugo baja la mirada.
Alcides no sonríe.
-¡Paquito, quiero que anote! –grita Soledad.
Paquito corre hacia ella- ¡Sí!
Boris mira preocupado.
-¡Por favor, quiero que quede registrado! Quiero que se sepa públicamente que no quiero volver a saber de ninguno de ellos en lo que me resta de vida... ¡de ahora en adelante Soledad de Obregón va a ser una mujer distinta! –anuncia- ¡una mujer diferente, una mujer dueña de su propio destino!
Daniel la mira escuchando cada palabra fascinado.
Andrés no pierde detalle.
Y Michelle la mira intrigada.
Paquito disfruta, feliz.
Eloisa sonríe con maldad.
Alcides toma las cosas con calma con una sonrisita en la comisura de los labios.
Y Hugo mira a Alcides con reproche.
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Soledad sigue- ¡La mujer que ustedes están viendo fue engañada! Fue burlada, y está hecha pedazos -llorando.
Alcides pierde su sonrisita.
Hugo se acerca y le pone una mano en el brazo- ¡Soledad, por favor! –le ruega.
Soledad se separa y lo mira con la cara en llanto, y subraya cada palabra- ¡no quiero que me vuelvas a tocar nunca más en tu vida!
Alcides no puede contener una expresión de triunfo.
Pero Soledad le da el turno- ¡Alcides, yo... te quiero felicitar por ese regreso triunfal! -con burla- ¡fue un gran detalle la fiesta, de verdad! Pero por mí te puedes ir y regresar por donde viniste.
-¡Soledad, eres mi esposa, quise hacerte un homenaje! Darte una hermosa sorpresa -Alcides parece sincero.
Soledad se acerca a él para aclarle furiosa- ¡La única razón por la que me casé contigo, Alcides, fue por las mentiras que me dijeron! –toma aire apenas- ¡porque me dijeron que Hugo estaba muerto!
Hugo está a punto de las lágrimas y se muerde los labios.
-¡Porque me dejé manipular por mi mamá, por culpa de todos! –y grita furiosa a todo el mundo- ¡me casé con Alcides de Medina por la moral y por las buenas costumbres!
Alcides cierra los ojos dolido y luego mira a su hermano.
-¡Porque estaba aterrorizada! –grita Soledad a los cuatro vientos- ¡porque yo tenía miedo!
Y todos la escuchan en silencio sepulcral.
-¡Estaba embarazada de Hugo de Medina sin haberme casado con él! –grita Soledad.
Ahora Hugo la mira desesperado.
-¡Y me daba miedo que me devoraran como lobos hambrientos! –sigue Soledad sin pelos en la lengua - ¡me casé con Alcides de Medina por temor a todos ustedes! –los acusa a todos.
(wow!! BRAVO SOLEDAD

)
Alcides la mira serio.
Antonia la mira llorando.
-¡Por favor! –llora Soledad y sigue con sorna que le hace temblar la voz - ¡disfruten, beban, para eso es que son las fiestas! ¿no?
Margó, Guillermo y Elena también lloran.
Hasta Gladis se siente conmovida.
-¡Yo creo que ya les dejé suficiente material para que limpien el piso conmigo! –termina Soledad- ¡Aquí les dejo a Soledad de Obregón para que hagan como los buitres, que comen carne de muerto!
Arturo no pierde detalle del escándalo.
Eloisa disfruta.
Rebeca hasta siente pena.
Paquito está que no puede de la euforia.
Alcides no puede quitar los ojos de Soledad.
-¡Alcides! –Soledad al uno y al otro- ¡Hugo! -y a los demás- ¡señores! Devoren lo que queda de mí, porque yo ya estoy muerta .
A su lado Hugo tiene los ojos rojos y sufre.
Soledad se marcha altiva.
Y ambos hermanos la fijan con los ojos y la miran partir y luego se miran uno al otro.
Boris tiene los ojos rojos.
Manrique estudia a los hermanos.
Antonia corre detrás de Soledad.
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Soledad sube al carruaje llorando.
-¡Mi niña, cuánto dolor! –Úrsula la recibe- mi niña, usted es la persona más valiente que yo he conocido en mi vida.
El carruaje parte al galope.
Hugo la sigue con la vista.
Alcides la sigue con la vista.
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En otro rincón Arturo confabula- ¡Ustedes son las autoridades! Tienen que hacer justicia.
El juez duda.
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Los hermanos se acercan.
-¡Alcides, no quiero que te atravieses en nuestro camino! -Hugo con voz ronca.
-¿Dijiste nuestro?... ¡ah! Te refieres a Soledad –y mira a lo lejos- ¿qué no escuchaste lo que acaba de decir?
Hugo está triste- ¡Ella está herida porque la engañé!... pero yo estoy arrepentido... ¡yo sé que ella me ama! Cuando esté más tranquila entenderá que todo lo hice por amor -con esperanza.
-¡No va a ser tan sencillo, hermano! –Alcides seguro de lo que dice- ¡Regresé con el único propósito de recuperar a mi esposa!
-¡Escúchame, Alcides! No te metas con Soledad –amenaza Hugo a quien le tiembla la voz- ¡no te metas con ella!
-¡Escúchame! -Alcides terco- Soledad fue la única razón que me mantuvo vivo durante todo este tiempo en que fui torturado.
Hugo se sorprende al escucharlo.
-¡Estoy dispuesto a dedicar cada segundo de mi vida a conquistar su amor! -lo reta Alcides.
Y ambos hermanos se miran.
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Cerca.
-¡Me conmovió tanto lo que dijo esa pobre mujer! –se apena Michelle- Daniel... encontré mucha razón en sus palabras.
-¡Yo nunca he visto algo así en mi vida! –enojado Daniel.
Andrés los pone al tanto- ¡Hugo de Medina se hizo pasar por su hermano Alcides! Él es el verdadero esposo de esa señora ante los ojos de la ley.
-¡Yo no puedo entender cómo alguien puede engañar de esa manera! –Daniel mirando el camino por donde partió Soledad.
-¡No quiero seguir siendo parte de este horror! –se enoja Michelle- ¡vámonos por favor!
Pero Daniel está lejos.
(hum...

)
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Casa Obregón.
-¿Por qué regresaron tan pronto? –Ester recibe a Soledad, Ursula y Aurora- ¡discúlpame por no haber ido a esa fiesta, hija!
Pero Soledad la mira con aire de pocos amigos y la deja plantada con la palabra en la boca.
-¡Soledad! ¿qué te pasa? Úrsula... ¿qué tiene mi hija?
-¡Eh...! –tartamudea Úrsula que no sabe por dónde empezar- en esa fiesta ocurrieron cosas terribles señora Ester, y la niña Soledad desde que se subió al coche no volvió a decir una sola palabra.
-¿Le dijeron algo de su padre? –se asusta Ester- ¡qué le hicieron! ¿fue Alcides?
-¡Hoy... regresó el verdadero don Alcides! –le cuenta Úrsula lentamente.
Ester la mira como si estuviera desvariando.
-¡La señora Soledad ha estado viviendo todo este tiempo... con don Hugo!
Ester la mira como si estuviera definitivamente loca.
- Él se estaba haciendo pasar por su hermano –termina Úrsula.
Ester se deja caer al sofá- ¡Qué! Los dos hermanos están vivos.
-¡Sí señora! Y todo San Marino estaba ahí... ¡todos...vimos a don Hugo y a don Alcides!
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Pueblo.
-¡No tiene sentido seguir aquí! –Hugo a Boris- ¡tengo que buscar a Soledad!
Boris le da agua.
-¡La idea que usted tenía señor, que su hermano estaba vivo era cierta!
-¡Yo sabía que iba a regresar!
-¡Las cosas se complican! –Boris mirando a Alcides que habla con todo el mundo como en su casa.
Hugo también lo mira- ¡Ahora tengo que luchar para ganarme el perdón de Soledad! –jura- ¡pero ella me ama! De eso estoy seguro.... ¡vámonos!
-¡Sí, señor!
De pronto Hugo lo mira sorprendido.
-¿Señor?
-¿Dónde está tu esposa?
Boris mira inquieto buscándola.
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Hacienda Montenegro.
-¡No, a mí no me van a meter a la cárcel por culpa de Hugo de Medina! –furiosa Marina se pasea de una lado al otro- ¡con el dinero que me va a dar la señorita Eloisa de recompensa y el dinero de los inversionistas de la mina, con ese dinero yo me largo de este infierno!
(wow!

Marina se robará el dinero!!! Pobre Hugo!)
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Pueblo.
Hugo espera intranquilo, impaciente sentado en el carruaje.
-¡Señor, no encuentro a Marina por ningún lado señor! –vuelve Boris- ¡será mejor que nos vayamos de aquí, la gente no deja de murmurar en su contra!
-¡Eso es lo que menos me importa en este momento! –Hugo indiferente- ¡pero sí, vámonos!
Pero el juez aparece- ¡En nombre de la ley queda usted detenido por el delito de usurpación de identidad!
A lo lejos Alcides ríe divertido.
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Y los policías lo esposan.
-¡Por favor, señores, no pueden llevarse a don Hugo! –suplica Boris.
-¡Yo sabía que esto podía pasar, déjalos! –Hugo.
-¡Llévenselo! –ordena el juez.
-¡Un momento! –interviene Alcides.
-¡Hugo suplantó tu identidad, Alcides! –Arturo- ¡nos engañó a todos! ¡tiene que ir a la cárcel!
Alcides lo mira como si fuera un mosquito molesto.
-¡La única manera de evitarlo es que usted don Alcides, como directo afectado retire los cargos! –ofrece el juez.
Alcides y Hugo se miran a los ojos largo rato, Hugo sin rogar, Alcides sin dar.
Boris desesperado.
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Casa Obregón.
Ester golpea a la puerta de Soledad- ¡Soledad, hija, abre por favor! Úrsula y Antonia me contaron lo que sucedió pero no puedes estar sola, Soledad, abre.
-¡No va a abrir! La señora Soledad está muy mal- Úrsula.
-¿Dónde está Lucas? –se enoja Antonia- ¡nunca está cuando lo necesitamos!
-Tuvimos una pequeña discusión... pero ahora lo único importante es Soledad.
-¡Soledad ama mucho a su padre! Quizás acceda a hablar con él.
-¡Espera Antonia! Lucas no está en la casa, pero tienes razón... en este momento Soledad nos necesita unidos... ¡yo sé dónde encontrar a Lucas! –y Ester sale de la casa.
#
Taberna.
Lucas despierta de su borrachera en el camerino de Rebeca- ¿Qué pasó, qué hago aquí?
Y de pronto recuerda la discusión con Ester, las bofetadas- ¡No, todo acabó! Dios mío... ¿qué va a pasar con mi vida de ahora en adelante? ¡qué va a pasar!
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En el pueblo.
Hugo y Alcides se siguen mirando fieramente.
-¡Su Señoría, cumpla con su deber! –pide Hugo orgulloso- ¡yo asumiré las consecuencias de mis actos!
-¡Ya lo oyeron! –triunfante Arturo- ¡llévenselo, que se pudra en la cárcel!
-¡Suéltenlo! –exige Alcides.
-¿Qué te pasa, Alcides? –se enoja Arturo.
-¡No voy a presentar cargos en contra de mi hermano! –decide Alcides- ¡entonces no hay delito!
-¡En ese caso no podemos detenerlo! –decide el juez- ¡suéltenlo!
Y lo liberan.
Y Hugo mira intrigado a Alcides.
Y Alcides lo mira con una sonrisa.
El juez se retira.
Hugo sin hablarle a Alcides ni agradecerle para nada sube al carruaje y ordena a Boris- ¡Ve por Marina, que yo iré a buscar a Soledad!
Y antes de marcharse vuelve a mirar a Alcides.
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-¡Ay por favor, si fuera Alcides yo hubiera hecho que su hermano se pudra en la cárcel! –Paquito con desprecio.
-¡Para mí que Alcides se trae algo entre manos! –Rebeca.
-¿Cómo qué?
-¡No lo sé!
-Yo tampoco lo se –sonríe segura Eloisa- ¡pero les aseguro que voy a averiguarlo.
Y Eloisa mira coqueta a Alcides que también la ve a lo lejos.
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Taberna.
Ester entra al camerino de la dama misteriosa a buscar a Lucas-¿Qué haces aquí Ester?
-¡Yo sabía donde te podía encontrar! –Ester mira alrededor con asco- ¡éste es el lugar dónde te revuelcas con tu amante! Mira el estado en que estás, es lamentable.
-¡Cállate! Si estoy aquí es por tu culpa... ¡lárgate! –la echa Lucas.
-¡Soledad nos necesita ahora más que nunca! –Ester enojada.
-¡Mi pequeña! ¿qué le pasa?
-¡Todo este tiempo ha estado viviendo con Hugo de Medina!
Lucas la mira como si no estuviera cuerda-¡Estás loca Ester, Hugo está muerto!
-¡No, Hugo está vivo! Y el verdadero Alcides acaba de aparecer... ¡Soledad está encerrada en la casa y no quiere hablar con nadie! Nos necesita unidos... ahora más que nunca.
-¡Mi pequeña, mi niña, Soledad! –Lucas sale corriendo.
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Plaza.
-Amigos, yo sé que acumulé odios en esta ciudad, muchos me recordaran como un hombre rudo, insensible y en ocasiones injusto... ¡pero eso cambió! Porque durante el tiempo que estuve fuera aprendí de mis errores, y me esforcé mucho y trabajé muy duro para sacar adelante mis negocios -anuncia Alcides desde una improvisada tarima.
Arturo y Gladis lo miran incrédulos.
-¡Gracias a Dios! –sigue Alcides- ¡logré acumular una pequeña fortuna! –y ríe con picardía-¡ahora he regresado como un hombre nuevo pero inmensamente rico!
Y Margó, Rebeca y Eloisa lo miran con codicia y deseos.
Y Alcides ríe festejando.
-¡Como verán, la vida me cobró mis errores pero me enseñó una gran lección! Tengo una gran deuda con todos ustedes y he venido a pagárselas, el dinero solo sirve si se comparte con los amigos, por eso, a partir de este momento... ¡Alcides de Medina será el impulsor de todos los planes y desarrollo de esta comunidad!
Y todos aplauden y gritan.
-¡Juntos vamos a hacer de San Marino una ciudad famosa por su bienestar y progreso! -termina Alcides.
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-Así que millonario... esta fiesta tiene muchas sorpresas –Paquito.
-Primero tenemos que averiguar si es cierto... y si lo es... enfocar toda nuestra atención en él –Eloisa.
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-¡Alcides siempre fue un infeliz, no le creo una sola palabra de lo que dice! –Arturo.
Gladis lo apoya en silencio.
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-¡Por favor, tengo negocios que atender, continúen con la fiesta! –y Alcides se marcha en gran pompa.
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Casa Obregón.
Lucas entra corriendo.
-¡Lucas, eres un desvergonzado! –Antonia enojada- ¿cómo es posible que tu hija esté pasando por el peor momento de su vida y tú bebiendo? –le grita.
-¡Antonia! Éste no es momento para hacer reclamos... ¿y Soledad?
-¡Nada! Ni una sola palabra, no responde. Como si le hubiera tragado la tierra.
-¡Lo que está pasando no es normal! –Úrsula desesperada- ¡ella no abandonaría a Aurora tanto tiempo.
Lucas corre- ¡Mi niña! –y golpea a su puerta- ¡Soledad, hija, soy tu padre!
-¡Abre! –Ester.
-¡Hija, somos tu familia! No te vamos a dejar sola en este momento tan difícil –Lucas.
-No se oye nada –Úrsula con temor.
-¿Y si le sucedió algo? –Antonia con horror- ¿si Soledad atentó contra su vida?
-¡Dios mío, cállate! –se enoja Ester.
-¡Ella no haría eso! –grita Úrsula- ¡ella vive por su hija, jamás la dejaría sola!
-¡Soledad! –golpea Lucas la puerta.
Hugo llega y al verlos se asusta- ¡Qué pasa! ¿le sucedió algo a Soledad?
Y todos lo miran con espanto.
Lucas lo mira enojado.
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Hacienda Montenegro.
Marina pone todo el dinero en una maleta- ¡El dinero de los inversionistas ya es mío! No le tengo por qué volver a robar a Boris... ¡qué se quede con su Hugo de Medina, yo de aquí me largo!
Detrás de ella Boris la escucha y se pone pálido, llora.
(pobre...

qué decepción!!)
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Plaza.
-¡Eloisa, tengo el mejor chisme del año! Voy a publicar esta noticia y me convertiré en el mejor periodista de esta tierra.
-¡Ay por fin explotó la bomba Francisco! –ríe Eloisa- ¡en este pueblo no se va a hablar de otra cosa en años! Tenemos que ir a la Taberna.
-¡No! tengo que entregar esta noticia al periódico, te veo más tarde –corre.
#
Plaza.
Guillermo y Elena siguen comiendo felices.
-Tengo miedo, ¿qué tal que don Alcides se dé cuenta que nosotros le salvamos la vida a don Hugo?
-¡No nos va a perdonar haberle salvado la vida a su peor enemigo!
-Si vamos a terminar en la horca, comamos.
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Casa Obregón.
-¡Después de lo que pasó usted no tiene ningún derecho a acercarse a mi hija! –Lucas.
-¡Don Lucas, hay cosas que usted no puede entender! –Hugo se excusa.
-¡Yo lo único que necesito entender es que tuvo todo el tiempo de sobra para decir la verdad a mi hija y no lo hizo!
-¡Yo me equivoqué y lo admito! Nunca debí permitir que las cosas llegaran hasta ese punto... ¡pero don Lucas, yo amo a su hija! ¡yo amo a Soledad!
-¡No! mi hija lo amaba profundamente... ¡nunca en su corazón hubo lugar para otro hombre, y usted bien lo sabe! –le recrimina Lucas- ¡se lo dije aquella noche en el cementerio!
Pero Hugo no puede más y sin hacerle caso llega hasta la puerta de la habitacióna.
-¡Déjalo Lucas! Tal vez si Soledad lo escucha, cambie de opinión y abra la puerta –pide Ester.
Y todos aceptan.
-¡Soledad! –llama Hugo- ¡soy yo Hugo!
-No va a abrir –Úrsula- ¡yo la conozco bien!
-Insisto... –sufre Antonia- ¡tuvo que haberle pasado algo!
Y todos miran a Antonia como si el mal presagio se fuera a cumplir.
Hugo ya no aguanta más y abre la puerta de una patada.
Todos irrumpen desesperados.
-¡Dios mío, no está! –sufre Ester y mira a Hugo acusándolo.
Y Úrsula también.
Y Antonia también.
Y Lucas también.
Hugo respira nervioso, culpable todo entero, hasta la coronilla.
#
CONTINUARA
