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Basada en el libro “El Caballero de Rauzán” escrito por
* Felipe Pérez
Libretistas - Screenplay by
* José Fernando Pérez
* Claudia Rojas
* Aída Naredo
* Lina Serrano
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Habitación Hugo.
Hugo se saca el saco, nervioso, cuando de pronto siente algo a sus espaldas y se queda quieto.
Y se da la vuelta y toda el alivio del mundo aparece en su rostro.
Y suspira- ¡Soledad!
Y Soledad lo mira con rabia profunda y se acerca como para comérselo vivo.
Y ¡slap! una bofetada.
Y Hugo simplemente acepta.
Y otra bofetada.
Y Hugo la acepta.
Y Soledad toma fuerzas.
Y una y otra bofetadas.
Y Hugo la mira simplemente.
Y Soledad llora.
Y Hugo baja la mirada.
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Hugo la mira y sonríe con alivio -¡Estaba tan preocupado por ti! –se le corta la voz- te estuve buscando por todas partes.
Soledad sigue llorando- ¡No seas cínico, Hugo! ¿o debo llamarte Alcides?
-¡Merezco todo el odio que hay en tu mirada, pero te juro que hoy iba a buscarte para decirte la verdad!
-¿Sí? –con sorna- ¡Después de tantos meses engañándome! ¿hoy me ibas a buscar? Un poquito tarde, no crees.
Hugo calla.
-¿Y qué esperabas, que me muriera por abrazarte? ¿por decirte que estoy feliz que estás vivo? ¡por qué! –le reclama con dolor- ¿Por qué me tenías qué hacer esto? ¡por qué me tenías que romper el corazón!
Hugo traga aire.
-¡Porque quiero respuestas! –exige Soledad- ¡necesito respuestas! ¿por qué lo hiciste, por qué?
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Un lugar.
La bella Eloisa mira con codicia a Alcides- ¡Tu entrada a esa fiesta fue espectacular!
-¡Mi traviesa Eloisa! –la admira Alcides- ¡Cuánto tiempo sin verte!
-¿Dónde estabas Alcides? ¡por qué estuviste escondido tanto tiempo! ¿realmente tienes tanto dinero cómo dices?
Alcides le da la vuelta- ¡Haces muchas preguntas! Y las haces todas a la vez –y aprovecha para desatarle el vestido atrás- ¿Cuál quieres que te responda primero?
Eloisa suspira- ¡La del dinero! ¿realmente eres millonario?
-¡Eso tendrás que averiguarlo tú misma!
-¿Cómo?
-¡Coloca tus manos suavemente donde te plazca! –se ofrece.
Y Eloisa ni corta ni perezosa empieza a tocarle todo el cuerpo, hasta que encuentra dinero en todos sus bolsillo.
-¡Alcides, eres un banco ambulante! –mira el dinero maravillada.
Y Alcides abre los brazos y le señala otras partes más intimas.
Y Eloisa baja la mano haciéndolo suspirar de placer y saca otro fajo- ¡Eres realmente millonario!
-Hace mucho tiempo que no le hago el amor a una mujer –le dice Alcides.
Y Eloisa se tira en la cama sobre los billetes.
Y Alcides se acuesta con ella.
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Casa Obregón.
Lucas, Ester y Antonia regresan desanimados.
-¡Dígame que encontraron a la señora Soledad! –Úrsula desesperada.
-¡No, Úrsula, no! nadie la ha visto –Lucas toma asiento – tampoco sabemos si está con Alcides de Medina.
-¡Dios mío! ¿qué podemos hacer?
-¡Esperar! –Ester desesperada- ¡Hugo de Medina dijo que iba a enviar a todos sus hombres a buscarla!
Antonia como siempre con sus augurios- ¡Sólo nos queda pedirle a Dios que nos la devuelva sana y salva!
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Hacienda Montenegro.
-¡Todo fue parte de una venganza! –confiesa Hugo- ¡de una equivocación que me puede costar muy caro! Porque yo no quiero perderte Soledad –le ruega- ¡no quiero! Por favor siéntate, te voy a explicar todo.
-¡No quiero sentarme! –le corta Soledad- solamente quiero que me digas todo.
Hugo la mira con amor- ¡Soledad, tú me hiciste el hombre más feliz del mundo! –y la mira con profundo dolor- ¡te amaba tanto, tanto cómo nunca pensé que podía amar a alguien! Íbamos a casarnos, pero mi hermano Alcides y Arturo de Linares me tendieron una trampa...
Y Hugo recuerda la noche de su despedida de soltero.
-¡Me envenenaron porque querían que todo pareciera un accidente! Querían que me matara para que no llegara a la iglesia.
Y recuerda el accidente del carruaje.
-¡Pero logré sobrevivir y llegué a mi casa!
Y se recuerda arrastrándose y cayendo a la cama.
-¡Sólo que al día siguiente no pude despertar porque estaba en pleno ataque de catalepsia! Y justo llegaste tú...
Recuerda a Soledad entrando gritando su nombre.
-¡Yo te oí llorar! –sigue Hugo- ¡y fue espantoso no poder moverme, no poder decirte que estaba vivo! –y le dice con todo el sufrimiento de su alma- ¡te juro que cada lágrima, cada lágrima tuya era como un puñal que me cercenaba el corazón!
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Taberna.
-¡Hugo de Medina se ha hecho pasar todo este tiempo por su hermano Alcides! – Arturo de Linares- ¡y yo estoy seguro que lo de la mina también es una mentira!
-¡Un momento! Usted mismo comprobó que en esa mina había vetas de oro –Manrique.
-¡Eso es lo que nos hizo creer! Yo no creo que haya oro en esa mina, señores... reaccionen... ¡le entregamos todo nuestro dinero a Hugo de Medina pero está a nombre de Alcides!
-Tiene toda la razón.
-Si no hacemos nada, Hugo podría fugarse de la ciudad y no hay nada que reclamar... ¡recomiendo que lo demandemos y que nos devuelva hasta el último centavo que invertimos en ese negocio!
En un rincón Rebeca nerviosa- ¡Estamos en problemas, Paquito! Parte de esos inversionistas se los presenté yo a Hugo, siento que ese dinero está perdido... ¿qué vamos a hacer? ¡me van a cortar la cabeza!
-Rebeca, eso no es problema mío –ríe Paquito- ¡yo no invertí un solo centavo en ese negocio! Margó... ¿has visto a Eloisa?
-¡No!
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Una casa.
Alcides se levanta de la cama, donde deja a Eloisa que parece una prostituta contando dinero.
-¿Y esa cicatriz? –se sorprende Eloisa- no recuerdo habértela visto antes.
(hum...
ahora aparte de Soledad, Eloisa sabe como reconocer a los hermanos! )
-¡Me la hizo una mujer!
-¡Yo diría más bien una gata salvaje!
-¡Pero pagó muy caro por su error! –Alcides con mirada negra.
-¿Quién es, la conozco?
Alcides cambia de tema- ¡Hablemos de negocios, Eloisa!
-¡Te escucho! Me imagino que tiene que ver con Soledad – y besa el dinero y lo huele- ¡me encanta el olor del dinero! ¿cómo te hiciste millonario, Alcides?
Alcides la mira con una mirada distinta- Eso nunca lo sabrás.
Eloisa se da cuenta de su mirada y se calma- ¡Está bien! Directo al grano... ¿qué quieres? Nadie me quita de la cabeza que la razón por la que regresaste se llama Soledad.
-¡Quiero que seas mi socia! Si aceptas te puedo convertir en una mujer muy rica.
-¡Música para mis oídos! –le brillan los ojos- ¿qué tengo que hacer?
-En su momento lo sabrás, pero el día que Soledad sea mía... ¡ese día te voy a regalar la mitad de mi fortuna!
Y Eloisa sonríe con codicia.
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Hacienda Montenegro.
-¡Las horas se me hicieron eternas en mi propio velorio! –sigue Hugo mirándola con los ojos llenos de dolor- ¡yo sólo esperaba que tú llegaras! Que llegaras a salvarme, porque dentro de mi inconciencia yo sabía que si escuchaba tu voz me salvaría, despertaría de la catalepsia.
Soledad lo escucha sin decir palabra, dolida con su dolor.
-¡Pero no llegaste, amor mío! –le reclama Hugo- ¡no llegaste! ¿dónde estabas?
-Estaba enferma de dolor... ¡por tu muerte! ¡me enfermé! Y ese día me enteré que estaba embarazada de ti.
Hugo la mira como tratando de ver más allá de sus palabras.
-¡Corría el riesgo de perder a mi bebé! Por eso no pudo salir, me tuve que quedar en mi casa por mi hija –sigue Soledad.
-¡Mi hija! –repite Hugo con un rictus de dolor y luego le sigue contando- esa noche comenzaron una cadena de acontecimientos...
Y recuerda a Ester hablando con Manrique.
-El más terrible de ellos fue cuando escuché a tu mamá hablando con Manrique –la mira.
-¿Y por qué les creíste? –le recrimina Soledad enojada.
(Error:
nunca le dice qué exactamente escuchó)
-¡Porque ellos creían que yo estaba muerto y estaban ahí, estaban hablando frente a mi ataúd! – se le endurece la voz- ¿por qué no iba a creerles?
-¡Por el amor que te demostré, Hugo! –Soledad le recuerda con lógica contundente- ¿o es que no fue suficiente todo lo que vivimos juntos? Todo lo que te amé... ¡me entregué a ti en cuerpo y alma! ¡yo era tuya!
Hugo la mira y se muerde los labios.
-¡Eso sí era de verdad! Tú tenías que saber que todo lo que decían era mentira.
-¡Yo no podía pensar con claridad! –con voz ronca- ¡estaba atormentado porque a pocas horas me iban a enterrar y eso fue lo que hicieron! –levanta la voz- ¡me enterraron vivo!
-Entonces... ¡Alcides sí sabía... Alcides te enterró vivo! –se horroriza Soledad.
-¡Yo mismo no podía creerlo!
-Si así fue... ¿cómo te pudiste salvar? ¿qué fue lo que pasó?
-¡Por una fechoría de los Burke que me desenterraron minutos antes... que me muriera asfixiado!
Soledad baja la mirada con espanto.
-¡Pero te juro que cuando desperté mi primer pensamiento fuiste tú!
-¿Entonces por qué no fuiste a buscarme? –le reclama furiosa- ¡Por qué no me dijiste que todo era una maldita mentira y que no estabas muerto!
-¡Claro que fui a buscarte! ¡claro que lo hice! Pero llegué tarde... –y Hugo recuerda la iglesia- ¡Cuando llegué a buscarte, ya te habías casado con Alcides! –y con rabia- ¡ya eras la esposa de mi hermano!
-¿No te diste cuenta que me casé de luto? ¡me casé de negro por ti, Hugo! Por guardar el respeto a tu memoria.
-¡Ay Soledad! –sufre Hugo- ¡Soledad, esperaste tan poco tiempo!
-¡Porque estaba embarazada! -se exaspera- Dios mío... ¡Todo lo hice para ayudar a mis padres! –le grita- ¿por qué no me buscaste?
-¡Esa noche presencié algo que me convenció de tu traición!
Soledad frunce el entrecejo extrañada.
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Una casa.
Eloisa se viste- ¡Lo que no entiendo es cómo pretendes que yo te ayude a que Soledad sea tuya! La amas a ella y acabas de hacerme el amor a mí –ríe- lo que yo siento es que tienes una terrible obsesión Alcides.
Pero Alcides es peligroso y la corta tajante - ¡Quien te pidió tu opinión! ¡quieres dinero o quieres salir por esa puerta con las manos vacías!
-¡Está bien, lo que tú digas! -se calma- Tú estás casado legalmente con Soledad... podrías traerla por la fuerza... ¡no entiendo para qué me necesitas a mí!
-¡Quiero que Soledad sea mía por su propia decisión! –le recuerda- por su propia decisión... y para eso tengo un plan... ¡comenzaremos por convertirte en su mejor amiga!
Eloisa ríe a carcajada limpia- ¡Ya sé perfectamente por donde vas! Quieres que viva al lado de Soledad, que sepa exactamente lo que siente, que le gusta... y sobre todo que te cuente de todos los encuentros que tenga con Hugo.
-¡Soledad no puede dar un paso sin que yo lo sepa!
-¡Muy bien, lo haré! Sólo con una condición, nadie, absolutamente nadie en San Marino debe enterarse de nuestro complot en contra de Soledad... ¡ni siquiera mis aliados!
-¡Trato hecho!
(hum... creo que Alcides saldrá perdiendo en este trato
)
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Hacienda Montenegro.
-¡De qué traición me estás hablando! –Soledad perpleja- ¡Hugo, yo nunca te fallé!
Hugo la mira casi llorando- ¡Soledad, en tu noche de bodas con Alcides! Fueron a la cabaña donde yo te hice mía... yo estaba allí... yo los vi... ¡yo los vi besándose! Los vi besándose y quise entrar a matarlos... ¡pero no pude, no pude y huí!
-¡Tu hermano se hizo pasar por ti! En medio de la confusión yo lo besé pensando que eras tú.
-¡Júramelo! –ruega Hugo- ¡júramelo por nuestra hija!
-¡Te juro por lo más sagrado que nunca he sido de Alcides! ¡nunca!
-Ahora te creo... pero esa noche cuando los vi besándose... ¡esa noche juré que te haría pagar caro tu traición!
Soledad lo mira con decepción.
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Casa Dr. Max.
El doctor Max con dos maletas se marcha.
Pero en la puerta se encuentra con Michelle y Daniel.
-Afuera vimos su carreta llena de muebles... ¿se muda?
(hum... también se muda Eva??
)
-Me voy de viaje... ¡es una emergencia!
-No se puede ir así repentinamente, teníamos un acuerdo –Michelle.
-Usted quedó en darnos los libros de mi padre y trabajar juntos para encontrar una cura para la catalepsia –Daniel.
(error: ya les había entregado los libros!
)
-¡Allí están los libros, si quieren pueden llevárselos!
-Pero necesitamos su laboratorio para hacer las pruebas, doctor- Michelle.
-¡Pueden hacer uso de lo que quieran! Yo no regresaré en mucho tiempo.
-Perdón... pensé que le interesaba comprobar que Michelle fue curada de la catalepsia por mi padre.
-¡Eso es imposible! Usted no está curada –a Michelle- ¡la catalepsia no tiene cura! –y sin más se marcha.
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CONTINUARA!!
