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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 51: Lunes 26 setiembre 2005 – ¡NO TE AMO!

 *

Casa de Consuelo. Simón aparta las cortinas y encuentra a Camilo y a Consuelo acostados en la cama. Los mira sin poder creer a sus ojos.

 

Consuelo se tapa los senos y Camilo se levanta de la cama.  Simón los mira a uno y al otro con la boca abierta.  Camilo baja la cabeza sintiendo vergüenza de la situación.  Consuelo no sabe qué hacer.

 

En la mansión, la fiesta sigue y Abigail se mueve nerviosa- ¡Vicky por favor trae más bebida! –le pide.

-¿Está nerviosa Abigail?

-¡Como voy a tener paz sabiendo que Simón anda por ahí en la calle! –suspira preocupada- presiento que... ¡que le va a pasar algo malo Vicky! –y luego hace una pausa- ¡y todo por culpa de Salvador!

En la casa de Consuelo, Simón grita con todos sus pulmones- ¡Traidora! Eres una infeliz traidora... ¡Consuelo eres una desgraciada!

Al mismo tiempo Camilito se pone su camisa como Speedy Gonzalez.

-¡No Simón! –llora Consuelo que alcanzó a ponerse una bata azul- por favor... ¡por el amor a Dios! mira... ¡lo que estás viendo no es lo que imaginas corazón!

 

(ay no!!! Y entonces qué es? )

 

-¡Y tú crees que después de esto va a quedar espacio para la imaginación! –y la cámara enfoca a Camilo que de tan nervioso no puede abotonar su camisa- ¡Así que estabas en el cementerio rezándole a tu mamacita! ¿eh? ¿Cuántos rosarios llevas? –y grita tanto que escupe por la boca- ¡contéstame desgraciada cuantos rosarios llevas!

-¡Ay papito por favor te lo suplico! –se arrodilla sobre la cama y le suplica- ¡no te dejes llevar por la apariencia!

-¿Ahora resulta que estoy soñando? –y de pronto toma una barra de madera que encuentra en el suelo y le grita- ¡Te voy a matar Consuelo! –y trata de golpearla con la barra- ¡te voy a matar!

Consuelo lo esquiva de centímetros. Camilo desesperado trata de calmarlo.

-¡Qué pasa! –le grita Camilo- ¡Tranquilo!

Pero Simón sin pensarlo lo ataca y lo tira a la cama mientras Consuelo grita.

 

En la mansión se escuchan los mariachis. Salvador espera parado afuera de la casa.  Rebeca lo espía con los ojos rojos y tristes.  Salvador se da cuenta y la mira... y luego suspira y se aleja.

 

 

ese lunar que tienes,

cielito lindo,

junto a la boca

 

Rebeca suspira frustrada y enojada y se da la vuelta y entra a la casa.

 

En la casa de Consuelo, Simón trata de estrangular a Camilo, mientras Consuelo trata de impedirlo- ¡Por favor suéltalo! –grita desesperada.

Camilo se libra de él y le ruega- ¡Espere hombre no cometa una barbaridad! –la situación está fuera de control- ¡no sea bruto! ¿por qué me ataca a mí si yo no tengo la culpa de nada?

-¿No? ¡le parece poco acostarse con mi mujer!
-¡Pero ella me invitó! –trata de hacerle comprender- me dijo que no tenía ningún compromiso con nadie.

-¡Ya cállese Camilo! –Consuelo le dice histérica- ¡lárguese! ¿si? –y le muestra la salida- ¡yo me encargo de solucionar toda esta situación! ¡Vamos! ¡Fuera!
-¡No! –le impide Simón- ¡el señor no se va! El señor se queda porque no es más que un pobre idiota... ¡igual que yo!  Que se dejó engañar por una zorra desvergonzada como tú.

-¡No mi amor! –le llora Consuelo y le junta las manos- te lo suplico por lo que más quieras... ¡cálmate! –y se le acerca- Las niñas está en el cuarto de al lado y ¡las vas a asustar con tus gritos!

Pero Simón le da un manotazo que la envía a la cama- ¡precisamente por ellas deberías tener un poquito de vergüenza! Pero no... ¿qué vas a saber de eso? –y le escupe las palabras- ¡tú no tienes respeto ni por tus hijas!
-¿Tus hijas? –finge sorpresa Camilo- si ella me juró que las niñas eran de su mejor amiga.

-¡Claro! Lo mismo me dijo a mí y a todos los cretinos que mete en esta casa –y luego se burla- ¿no le ha salido con el cuento de que está embarazada? ¡porque con eso me tiene amarrado desde hace bastante tiempo!

-¡Ya cállate Simón! –se ofende Consuelo- ¡tampoco me tienes que tratar como a un trapo viejo!

-¿Cómo te atreves a jurarme que estás embarazada? ¡si lo estás será de otro!

-¡Por favor mi amor! –vuelve a intentar Consuelo- cuando estemos a solas yo te lo explico todo corazón... por favor.

-¡Ahórrate tus explicaciones baratas! Porque a mí no me vuelves a ver en tu vida –y mira al pobre Camilo que los mira con ojos cuadrados- ¡Quédate con este imbeci.l o con cualquiera de tus otros maridos! Pero a mí me borras de tu lista mujerzuela descarada –y diciendo esto se marcha.

-¡Noooo!  ¡Simón! –sale corriendo detrás de él- ¡Simón!

Al no poder alcanzarlo se pone a llorar en la cama- ¡Dios mío! ¿por qué me pasa esto a mí si yo soy una mujer decente y de bien?

Camilo recoge rápidamente sus medias y sus zapatos.

-¡Camilo no se vaya! –se da cuenta de pronto que pierde otra presa- ¡se lo suplico! Mire que... ¡ese loco puede volver en cualquier momento! –y lo agarra del brazo.
-¡Usted cree que vuelva! –se le ríe Camilo en la cara.

-¡Si! –le jura Consuelo- ¡ese loco me está persiguiendo desde hace tiempo! Y yo no sé.. como quitármelo de encima Camilo... ¡yo le juro! Le juro por lo más sagrado que yo no tengo nada que ver con él.

-¡Si le creo! –de pronto le dice con voz aguda Camilo- ¡Le creo Consuelito! Que usted es una blanca paloma incapaz de mentir... ¡pero la voy a dejar sola para que piense y entienda que se está engañando a usted misma! –y se marcha.

-¡No! –dice furiosa y golpea las almohadas- ¡noooooooooo!  -y sigue llorando.

En ese momento se escuchan ruidos... de golpes... como de una cadena contra el suelo y Consuelo pregunta- ¿Camilo?... –y luego otro ruido- ¿Simón? –y se empieza a asustar.

De pronto aparece su segundo marido que la mira con odio- ¡Ni Camilo ni Simón! –y se escuchan como cadenas arrastradas mientras Consuelo pone cara de terror y se refugia entre las almohadas- ¿qué te parece mi amorcito? –y fríamente levanta una mano amenazadora y le dice- ¡Prepárate... porque tu y yo vamos a hablar muy seriamente!

Consuelo mueve la cabeza aterrorizada.

 

En la mansión, Valeria lee un libro en su habitación.

 

(hahaha... lee el libro de la forma más incómoda que he visto... sentada con la espalda tiesa... cuando generalmente una se despatarra lo que más puede para disfrutar de las almohadas y de un buen libro!!)

 

Entra su tía arrastrando los pies- ¿puedo entrar Valeria?

-¡Claro que sí tia! –cierra el libro- pensé que ibas a estar disfrutando de la fiesta.

-¡Ay hija no! No soporto ese tumulto de gente y... ¡no qué va! –suspira triste- ¡lo único que quiero es la compañía de una sola persona.

-¡Y desde luego que esa persona no soy yo!

-¡Ay Valeria por Dios!

-¿Por qué no confias en mí tía? –se acerca- ¿por qué no me dices de quien estás obsesionada?

-¡Obsesionada! –se ofende Rebeca.

-¡Si, obsesionada! Lo tuyo no es amor... sino de lo contrario no te vería sufrir de esta manera.

-¡Ay! Pero también me ayuda a vivir Valeria... ¿sabes? Porque sino sería una mujer igual que tú... vacía... ¡que no siente emociones Valeria! –y la toma del brazo y la acerca- ¡sin amor es como estar muerta en vida Valeria!
-Tal vez tengas razón –sonríe Valeria- y sea bueno tener una ilusión aunque nos haga daño.

-¡Menos mal que tú no me tachas de vieja ridícula! –y le confía- eso pensaría Isabelita si supiera que no estoy interesada en Luisito Crespo... bueno... ¡sino en alguien muy diferente!
-¡Tía dime de quien se trata! –le sonríe cariñosa Valeria.

 

(yayaaya... Valeria...  ¡si lo supieras! ¿le dira o no?)

 

-¡No! No Valeria –se niega a abrirse- no me lo preguntes porque no te lo voy a decir ni a nadier... ¡sólo lo diré cuando él me corresponda totalmente!

Y Rebeca la mira con tristeza y Valeria la mira con pena.

 

Afuera, Simón llega con su moto.  Abigail se saca un peso del corazón y se acerca- ¡Simón! ¿te encuentras bien hijo?

-¡Si mamá! –miente Simón- me... encuentro perfectamente –dice muy nervioso y tartamudeando.

-¿Vienes de ver a tu novia?

-¡Ay mamá! –se desespera Simón- ¡no me preguntes ahorita! ¿Ok? Es que no tengo ganas de hablar con nadie.

Y dejando a Abigail inquieta Simón se mete a la casa de servicio y va a entrar a su cuarto... ¡cuando cambia de opinión y sube el piso superior!
Salvador sale de una esquina y se queda pensativo.

 

En la fiesta Isabel y Andrés siguen de anfitriones.  Le ofrecen bocaditos pero ambos rechazan. Abigail le cuenta a Vicky que Simón ya apareció - ¡Gracias a Dios! –y luego le confía- ¡pero lo noté muy raro! -Y le dice que no va a hablar con él porque prefiere dejarlo solo- ¡ese hijo mío no va a dejar de darme dolores de cabeza y problemas!

 

Mientras tanto, Simón se mete en el ático de la casa, probablemente un escondite de niño y se pone a llorar como un niño pequeño... detrás de él aparece Salvador... que abre la puerta silenciosamente... al darse cuenta... ¡Simón se levanta sorprendido, se seca las lágrimas y lo mira!  Salvador lo mira con cariño.

 

Walter controla todo cuando aparece Isabel- ¡Walter! –lo llama.

-¡Dígame señora Isabel!

E Isabel le vuelve a sonreir forzadamente - ¿De casualidad no ha visto a... Salvador?

-¡No señora! –se estira- a lo mejor se marchó sin avisar... ¡como acostumbra! Usted sabe que es un tipo muy... voluntarioso.

Isabel mira a lo lejos... y luego mira a Walter.

 

En el ático Salvador le habla a Simón- ¿se convenció muchacho? –le dice lentamente- ¿comprobó que yo tenía la razón?

-¡No sé cómo diablos se enteró! –le contesta enojado- ¡pero no quiero que me vuelva a hablar ni que se burle de mí!

-¡Era ella que se burlaba de usted! –le responde y de pronto Simón trata de pegarle.  Salvador le detiene la mano- lo hice por su bien –le aclara- para hacerle entrar en razón... ¡no ponga problemas y acepte la equivocación!

Simón retrocede unos paso y lo mira.

-¡Simón! Acepte que no toda la gente es sincera... ¡ser hombre no se reduce a tener una mujer al lado! Demuestre su fortaleza luchando sin desfallecer y por nada del mundo permita que abusen de su buena fe... ¡y domine esos bríos! Aprenda a gastar esa energía en cosas más productivas.

Simón lo mira espantada como si hubiera visto a un fantasma y recuerda exactamente las mismas palabras en boca de don Pedro José Donoso.  Y asustadísimo sale corriendo y baja corriendo las escaleras y case se lleva por delante a Isabel que se sorprende- ¿qué le pasa Simón?

-¡No me pasa nada señora Isabel! –le dice más pálido que una hoja de papel.

-¿Entonces me puede explicar qué hacía allá arriba? –le pregunta intrigada.

-¡Estaba hablando con...! –y el miedo le hace callar y mira asustado hacia arriba.

-¿Con? –insiste Isabel.

-¡Con Salvador! –y luego huye- con permiso.

Isabel se queda mirando hacia el ático y luego sube.

 

En el ático Salvador sentado en la cama mira fotos de don Pedro José Donoso, sus propias fotos, en las que aparece con un bigote...  que Salvador acaricia sistemáticamente. Isabel entra y lo descubre. Al darse cuenta Salvador finge indiferencia.

-¿Y ahora? –se ríe irónica Isabel- se dedica a esculcar el ático también.

-Sólo miraba el álbum señora... –y deja el álbum e Isabel se da cuenta que son las fotos de Pedro y cambia de cara- ¡no creo que a nadie le moleste!
-¡A mí si! –y luego aclara- porque además que no es su trabajo... estar esculcando el ático... ¡nadie tiene autorización para entrar en este lugar!

-Yo insisto doña Isabel... –la mira desafiante- ¡cuando usted lo considere me puede despedir!

-¿Es que por qué dice lo mismo cada vez que le llamo la atención por algo? –empieza a perder el control de sí misma- ¡si usted no está a gusto con su trabajo lárguese por su cuenta!
Salvador se levanta y se pone a su lado- ¡Yo estoy esperando a que usted me eche!
-¿Ah si? –le desafía igual- ¡pues yo no lo haré!

Y Salvador se la queda mirando.

De pronto Isabel confiesa- ¿No se da cuenta del daño que me hace?

-No –le dice seco y frío- ¡usted sola se lo hace! ¿qué hace aquí señora? Debería estar junto al hombre que pronto se va a convertir en su esposo.

A Isabel se le cuajan las lágrimas en los ojos- ¡le juro Salvador! –y lo mira a los ojos- ¡le juro que estoy más confundida que nunca en mi vida!
Salvador la mira sin expresar sentimientos.

-Porque a veces lo odio- sigue Isabel- ¡porque yo no debería permitirle tantas groserías! –y le tiembla la voz- ¡bueno... ni a Andrés se las permito!

Salvador le dice con frialdad- ¡Y tampoco sabe que siente por él! –y le dice con sorna- si lo supiera no lo dejaría para venir a buscar a un chofer sin importancia como yo.

-¡Ay por favor si no lo vengo a buscar!
-¡Claro que si por favor! Confiese.

Isabel lo mira con rabia.

-Olvida a su novio para venir a este rincón para seguirme los pasos.... ¡usted se deja arrastrar por las pasiones!
-¡Y usted es el tipo más petulante que he conocido! –le retroca Isabel.

-O el más sincero.

Y la mira a los labios... e Isabel baja la mirada... y de pronto Isabel lo besa.  Salvador la toma entre sus brazos y le responde con pasión. Y de pronto se detienen y besan despacito... sin apuro... con los labios juntos.

 

 

regresas al final, sin importar el tiempo que pasó,

y estás en otra piel, mas fiel que la anterior

y vuelves otra vez como si comenzaras a vivir

 

Isabel abre los ojos y le susurra- ¡Contagioso mal! ¿sabe? –y le toma el rostro entre las manos- ¡porque si usted no puede estar al lado de una mujer como yo! –y le mira a los labios otra vez- ¡yo tampoco resisto estar al lado de un hombre como usted! –suspira entrecortadamente- ¡no resisto!

Y se vuelve a besar. Salvador al principio como dejándose llevar por Isabel... pero luego la atrae con sus brazos y la besa vehementemente.

 

 

quien te embrujó, quien te adivinó

¿por qué te alejó de mí?

 

En la sala solitaria Andrés- ¡Walter!

-¡Dígame señor!
-¿Ha visto a Isabel? ¡hace rato la estoy buscando!
-¡Eh...! –balbucea- abajo... ¡debe estar buscando a Cerinza! -Andrés pone cara de ogro- ¡porque hace un momento preguntó por él!

 

Casa de servicio. Antonio regresa feliz y sonriendo y encuentra Simón asustado y tirado en la cama. Le cuenta que le fue muy bien con Ángela- ¿Y tú, estás desvelado por la fiesta?

-¡Otras cosas son las que me desvelan!
-¿Qué pasa Simón? Te veo muy preocupado.

-¡Ni te imaginas lo que pasó hermano!... pero lo más impresionante de todo... –y se queda callado con miedo- ¡fue descubrir la presencia de  un fantasma entre nosotros! –concluye.

 

En el ático Isabel y Salvador se siguen besando. De pronto Isabel se separa y lo mira... le da la espalda- ¡Yo debo estar completamente loca para estar haciendo esto! –y mientras Salvador la mira- ¡loca!
-Yo opino lo mismo –le dice Salvador- no debería estar aquí.

-¡Yo no sé que demonios me pasa! –le confiesa sinceramente Isabel mientras mira lejos- Pero por más que intento no me puedo controlar.

Salvador la mira y toma impulso- ¿No lamentaría perder su relación con un hombre tan valioso como Andrés Corona?

Isabel es tomada por sorpresa y lo mira como tratando de decirle que Andrés no vale nada, pero se queda callada y mira a otro lado.

-Supongo que él es... ¡mucho más valioso que el señor Donoso! –sigue Salvador- cuando decidió reemplazarlo por él.

Isabel lo vuelve a mirar... otra vez esa mirada diciendo que ella sabe que Andrés no es más valioso.

-¿Qué ventajas tiene? –insiste Salvador.

Isabel baja la mirada al suelo y Salvador con suavidad le levanta la mejilla para que lo mire a los ojos- ¿Qué ventajas tiene? –repite.

Isabel no responde solamente lo mira sin poder contestarle.

-¿Es más inteligente? –reitera- ¿es más noble? ¿más comprensivo? –Isabel vuelve a desviar la mirada para ocultar la respuesta.

Salvador le acaricia la mejilla y sigue- ¿o simplemente más joven y apasionado que un anciano enfermo?

-Usted odia a Andrés... –y le tiemblan las palabras- por... el profundo cariño y respeto que sentía por Pedro.

Salvador pone cara de indiferencia y disgusto- ¡Pues yo creo que no lo aprecié como debía! –Isabel lo mira sorprendida- Ahora que está muerto... ¡sólo me da lástima! Era un hombre equivocado.

Isabel baja la mirada perdida.

-Señora –le advierte Salvador- don Andrés Corona y sus invitados deben estar extrañándola –Isabel cae en la cuenta- ¿qué pasaría si viniera y la encuentra aquí conmigo?

Isabel comprende y se asusta- ¡Si.. Salvador! –asiente- puede... se puede retirar.

Salvador la mira triste y a su pesar se marcha- Como usted ordene señora –y da media vuelta cuando de pronto se miran... Isabel levanta la mano y le arregla el cuello de la camisa.  Salvador levanta la mano y le acaricia suavemente la mejilla.

Salvador cierra la puerta del ático e Isabel se acaricia la mejilla y luego lentamente se acerca a la cama, se sienta y toma en sus manos el álbum de fotos.  La mirada de Isabel se pierde muy lejos.

 

Salvador baja las escalera. Andrés lo ve... y espera a que se aleje.  Luego mira para arriba... hacia el ático.  Sube decidido.

Isabel se encuentra abrazando al álbum de fotos de don Pedro José Donoso, al ver que Andrés abre la puerta lo esconde bajo la almohada.

-¿Qué haces aquí? –Andrés mira alrededor con asco-¡deberías estar abajo conmigo!
-Me sentí un poco mal y decidí venir a un lugar donde nadie me podía encontrar.

-¡No creo que sea un buen lugar para esconderse! –se burla Andrés- ¡yo te encontré! –y luego la mira con ojos diabólicos- posiblemente... ¡el chofer también! – y le toma la barbilla con violencia- ¡lo vi bajando las escaleras! –le acusa- ¿estaba contigo?

-No –le dice con aplomo Isabel.

Andrés duda y se sienta a su lado- ¡Ay Isabel! Últimamente te estás portando muy raro.

-¡Yo te agradecería que le dijeras a los invitados que me disculpen! Me duele mucho la cabeza y me quiero ir a descansar.

Andrés está furioso- ¡Tú y yo tenemos que hablar! –le amenaza- cuando se acabe la fiesta –y mirando para todos lados se levanta.

Isabel se queda sola... suspira... y saca el álbum de fotos y lo abraza.

 

En la casa de servicio- ¡Qué bárbaro! ¿Salvador provocó tu rompimiento con Consuelo?

-¡Si! Ya te conté todos los detalles... ¡si quieres saber más!

-Te siente mal... ¿verdad? –se acerca Antonio.

-¡Y como me voy a sentir después que descubrí a Consuelo engañándome con otro hombre!
hice el ridículo... ¡mientras yo ya me sentía padre de familia y le cuidaba a sus hijas! La muy descarada estaba revolcándose con otros.

-No eras su amante.. ¡Eras la nana!

-¡Antonio! No te burles.

-No me burlo, pero ya deja de lamentarte... ¡todo el enredo con esa vieja no valía la pena!

-Debes estar feliz sabiendo que terminé con ella.

-Si, estoy más tranquilo sabiendo que te quitaste la venda de los ojos, pero... ¡él que me tiene muy intrigado es Salvador! ¿cómo se las ingenia para meterse en estos asuntos y... cómo le hace para saberlo todo?

-¡Es un fantasma! –le dice Simón abriendo los ojos- el fantasma del que te hablé... ¡si hasta parece que tuviera adentro a don Pedro José!

Antonio lo mira sorprendido.

-Tiene la misma mirada- sigue Simón- habla igual... ¡hasta pronuncia las mismas frases! –y luego reflexiona- si no fuera una locura... ¡pensaría que don Pedro regresó en el cuerpo de Salvador!

Antonio asustado mira al libro que le regaló Salvador con la dedicatoria con la letra de don Pedro José Donoso.

 

La fiesta terminó y en la mansión Isabel agradece a las empleadas- ¡Gracias! Ya pueden ir a descansar y ¡mañana terminan con todo lo que quedó pendiente! –y contesta el saludo- ¡hasta mañana!

Andrés se acerca quitándose la corbata y con un trago en la mano.

-Bien –le dice Isabel- ¡di lo que me tengas que decir porque estoy muy cansada y me quiero ir a dormir!
-¡No entiendo por qué te empeñas en mantener al chofer en esta casa!

Isabel sonríe irónica -¡no puede ser que me hayas pedido que me quedara para platicar del chofer! Teniendo tantas cosas importantes que platicar tú y yo, vives preocupado por el chofe de esta casa –y trata de levantarse.

Andrés la fuerza a sentarse- ¡Tú también lo haces! ¿me vas a negar que le das más importancia de la que merece?

Isabel se soba el hombro dónde Andrés acaba de lastimarla.

-¿Por qué no me complaces y lo despides?

-Se me está acabando la paciencia con este tema –le dice fría Isabel.

Andrés se ríe con sorna- ¡Vas a poner en peligro nuestra relación por un insignificante chofer!
-¡Pues ya ves que ni tan insignificante como para que según tú.. se esté exponiendo nuestra relación!

-¡Quiero que lo eches de esta casa! –le dice Andrés- ¡es una orden!
-¡Tú quien te crees que eres como para venir a darme órdenes en mi casa! –le levanta Isabel.

-¡Ah! tu prometido.

-¡Ah! ¡y por ser mi prometido te sientes con el derecho de venir a cambiar todas las cosas de esta casa!

Andrés suspira fastidiado.

-¡No Andrés! Discúlpame... ¡pero yo no voy a hacer lo que a ti se te pegue la gana!
Andrés se toma un trago-¡Isabel! –y trata de acariciarla.

Isabel lo rehúye- ¡Isabel qué! No te pones a pensar siquiera en Ángela... ¡Ángela es la que está muy contenta con los servicios del chofer! ¿por qué me exiges a mí que lo despida si ultimadamente la que lo utiliza es ella!

-¡Qué me importa ella! –le grita Andrés- ¡no lo quiero ver cerca tuyo!

-¿Qué pretendes que haga? ¿qué vaya y me encierre en mi cuarto para que nadie me vea?

¡para que nadie se me acerque!
-Estoy hablando únicamente de tu chofer. ¡No confío en él!

-Lo siento Andrés, pero no lo voy a hacer... ¡te guste o no te guste yo no lo voy a despedir!

Y Rebeca baja lentamente las escaleras y los escucha. Y se acerca.

 

Andrés la toma violentamente del brazo- ¡si no lo haces tú lo haré yo te guste o no!

-¡Suéltame! –se defiende Isabel y mira a su tía.

Andrés se da cuenta de la presencia de la tía y la suelta.  Isabel corre al piso superior.  Rebeca que se dio cuenta de la violencia de la situación enfrenta enojada a Andrés con la mirada.  Andrés se toma otro trago y la mira despectivo.

 

SIGUE...

 

(cuates... esto se pone de cuadritos para Isabel... :o :o  hoy no puedo seguir... pero lo que falta está ¡de película! espero tener tiempo mañana para seguir!! besos a todos  )

 

@2005 Narración copyright by Mabouchita! Z;D

 

(disculpen la demora...  pero ya les conté fue mi cumpleaños y salimos a festejar con la familia, pero no se preocupen que ya los pondré al día   )

 

Al día siguiente Simón está deprimido y solitario, sentado lejos... en el jardín junto a Azur.  Abigaíl lo mira y comenta con Antonio- ¡El pobre de Simón debe sentirse fatal! Me dan ganas de consolarlo... ¡pero estoy complacida y me sentiría un hipócrita!

Antonio le dice que no se preocupe que ya se le va a pasar y que las penas le duran muy poco. En ese momento llega Salvador que se queda mirando a Simón.

Abigail se siente culpable- ¡Anoche fui muy dura con Salvador!  Yo creo que debería pedirle una disculpa.

 

En la recámara de Isabel la tía Rebeca admira el vestido blanco de novia (ya arreglado :o :o  de último desgarre)  mientras Isabel está sin ganas tirada en el canapé– Ya terminado se ve bastante mejor –dice Rebeca admirando el vestido con su voz de cacatúa -pero Isabel está muy lejos- ¡te verás preciosa el día de tu matrimonio Isabel!

Y estas palabras parecen despertarla... pero ignora a su tía y se queda mirando el retrato de don Pedro José Donoso.

-¡Isabelita mi amor! –sigue su cantaleta la tía Rebeca- no sé por qué anoche te disgustaste con Andrés –le dice al verla tan lejana y ausente- ¡pero no deberías hacerle caso a esas pequeñeces! –y se ubica en su campo de visión.

Isabel molesta se levanta triste - ¡todos los novios tienen diferencias de vez en cuando! –la tía la sigue con la mirada- debes buscarlo y hacer las paces –le aconseja- ¡no pueden estar así peleados a pocos días de la boda hija!

Isabel llega hasta la cama y lentamente toma el vestido de novia... la tía sonríe... Isabel la ve y le sonríe con una mueca y se pone el vestido enfrente... la tía se ilusiona... e Isabel deja caer el vestido al suelo... se le congela la mueca y da media vuelta y se mete al baño - ¡Isabel! –se asusta la tía- ¡Isabel mi amor! ¿qué pasa Isabel? –y luego recoge el vestido y lo arregla de vuelta sobre la cama. Luego Rebeca se queda muy preocupada e inquieta.

 

En el cuarto de servicio Abigail le entrega un uniforme limpio a Salvador - ¡gracias Abigail!

-Salvador... ¡le agradezco mucho lo que hizo por mi muchacho! -Salvador la mira- de no haber sido por usted seguramente él seguiría confiando en esa mala mujer.

-¡No se preocupe! Lo hice con mucho gusto porque lo estimo.

-¡Si! Sin embargo lo expuso usted a un peligro terrible.  Simón es un muchacho muy explosivo, él no piensa bien las cosas antes de hacerlas... ¿no se le ocurrió que desafiándolo a que fuera a buscar a esa señora a lo mejor podría haberla matado?

-¡Claro que lo pensé Abigail! Pero ¿sabe algo? Yo confío en su hijo mucho más que usted misma... ¡Simón es agresivo pero es un muchacho muy inteligente y él sabe controlarse!... ¡él jamás le hubiera hecho daño a esa mujer! –y le sonríe- se lo aseguro.

Abigail lo mira con ojos atónitos de que alguien conozca mejor a su hijo y se retira- Con permiso.

 

En la planta superior Antonio sale escondido del escritorio de don Pedro José Donoso.  En sus manos lleva un libro. Vicky lo ve- ¡Antonio! Si te atrapan sacando libros del estudio te vas a meter en una bronca –lo asusta.

Antonio mira el libro que tiene en sus manos. Es “Vida después de la muerte”.

 

(Antonio está adivinando lo que pasa?  )

 

La tranquiliza- ¡no te preocupes Vicky! Nada más necesito consultar algo de esto –y se la lleva a la planta baja para hablarle- ¡el otro día me dijiste que habías descubierto algo de don Pedro y de Salvador!

Vicky suspira- ¡no me hagas caso!

-Por favor cuéntame.

-¡Calladita me veo más bonita!

-¡Por más absurdo que sea tienes que confiar en mí!

-Bueno... ¿me prometes que si lo haga no me vas a rajar con Abigail y con tu hermano?

-Te prometo que no.

-Estoy convencida de que Salvador Cerinza es hijo de don Pedro José.

-¡Qué! –pone cara de asombro.

-¡Te advertí que era una locura! –le dice frustrada y trata de irse.

Antonio la detiene del brazo- ¡Vicky por favor! ¿por qué lo crees?

-¡Ay! Porque lo que está a la vista no necesita anteojos... ¡tiene la misma mirada! ¡hablan igualito! Es más... ¡hasta tienen la misma personalidad!

-Si.. la misma nobleza y el mismo deseo de ayudar a la gente... ¡ese hombre parece saberlo

todo!

-Seguritito que don Pedro le contó acerca de la casa y sobre cada uno de nosotros.

-No, Vicky todo lo que dices es absurdo... ¡don Pedro José Donoso era un hombre muy responsable! Y si hubiera tenido un hijo por fuera lo hubiera traido a vivir a esta casa.

-¡Ay Antonio! Cómo se ve que no has vivido... ¡el mejor de los hombres tiene aventuras por ahí y deja a los hijos regados! ¿Cómo ves?

-¡Ahora me dejas más intrigado que nunca! Todo lo que dices es muy lógico... pero no lo puedo creer.

-¿Qué sabemos de Salvador? Absolutamente nada. Solo que está trabajando aquí por una recomendación de don Pedro.

-Una recomendación muy buena según tengo entendido. Se supone que Salvador trabajaba para don Pedro José.

-¿Será verdad? O era que don Pedro lo estaba protegiendo porque sabía que era su hijo –y al ver la cara de incredulidad de Antonio- ¡no estoy asegurando nada! Pero no me extrañaría.

Y cuando está susurrando de esta manera se llevan el susto porque aparece Salvador que se queda mirándolos- ¡Buenos días!

Le contestan y Salvador se marcha- ¡no sería nada extraño! –concluye Antonio.

 

Una Rebeca bien mustia sale al jardín bajo la mirada escrutiñadora de Walter. Rebeca lo ignora y se acerca a Salvador que lustra el auto- ¡Salvador! –le sonríe toda coqueta- supongo que hoy si podremos hablar ¿verdad? –le dice meneándose de un lado para otro.

Salvador se da vuelta fastidiado de su persecución.

-¡Tengo muchas cosas que decirle! –sigue seductora.

-Usted dirá dónde quiere que la lleve doña Rebeca.

-Como siempre... –disimula- tengo que ir al club, al gimnasio... ¡de compras! Bueno... pero... –y baja la voz- posiblemente Valeria me acompañe y no tendremos mucha tranquilidad –le dice cómplice- por eso quería que saliéramos esta noche –se le lanza.

 

(Otra vez sin paracaídas...    evidentemente no aprende! )

 

-¡Esta noche no será posible! –le responde seco- tengo asuntos personales por resolver.

-¿Quizás un mujer? –se desespera Rebeca.

Salvador la mira como diciéndole que es no es su problema.

-¡Por favor Salvador! –le ruega- hable con franqueza... ¡no conozco nada de su vida porque usted es demasiado reservado! –y le sonríe toda avergonzada- no lo sé... ¡a lo mejor está comprometido! ¿no?

Salvador la mira sin mover un músculo.

-Bueno –sigue tartamudeando- es algo que no me extrañaría porque ... –y le sonríe- ¡usted es un hombre tan joven y tan guapo! Pero por favor... ¡dígame la verdad! –le ruega- ¡no me oculte nada! ¿tiene otra mujer?

-¿Otra mujer? –le repite Salvador- ¡aparte de quien doña Rebeca!  ¿aparte de quien? –la mira fastidiado- no salgo con nadie.

 

(ay no!!!  yo creo que esto le da esperanza a Rebeca!  )

 

Y Rebeca suspira con alivio.

-¡Salvador! –los interrumpe Ángela para malhumor de Rebeca- ¿puede llevarme al centro por favor?

Salvador está en medio de las dos- ¡Ustedes dirán a cual de las dos atiendo porque doña Rebeca quiere que la acompañe a hacer unas diligencias!

-Por mi no hay problema –dice Rebeca- posiblemente los problemas de Angelita sean más importantes que los míos –y se retira como una gallina ofendida.

Salvador sin sonreír le abre la puerta a Ángela y se marchan. Rebeca entra a la casa bajo la mirada reprobadora de Walter.

 

En el mismo restaurante sobre el río se encuentran Isabel con cara de cementerio y Andrés que trata de acariciarle el rostro.  Isabel lo rehúye.

-¿Sigues enojada por lo que pasó anoche? –le pregunta.

-No lo estaría si no fuera por tus celos tontos –le responde mientras juega con los cubiertos y lo mira desencantada.

-¡Te aclaro que lo que siento por ese estupid.o no son celos! –se enoja- sino desconfianza.

Isabel toma impulso para continuar- Anoche no pude dormir... –lo mira triste y busca las palabras- estuve dándole vueltas al asunto y... –baja la cabeza- ¡lo pensé una y otra vez Andrés! –y lo enfrenta con la mirada- antes de tomar esta decisión y dar este paso en mi vida.

Andrés se pone alerta- ¿de qué hablas?

Isabel desvía la mirada- Andrés... ¡yo creo que estamos muy a tiempo de evitar un error.. que nos puede hacer desgraciados el resto de nuestras vidas!

La cara Andrés refleja absoluta incredulidad.

-¡Es que lo nuestro no puede ser! –le dice Isabel mirándole a los ojos.

A Andrés le da un ataque de risa- ¡Qué estupide.z estás diciendo! –pero se da cuenta de que es en serio.

-¡Es que ya no debemos engañarnos! –continúa Isabel en el mismo tono de voz y luego suspira- ¡tenemos que romper nuestro compromiso Andrés! –y luego mira para otro lado con mucha tristeza y le dice toda la verdad- ¡yo no me quiero casar contigo!

Andrés la estudia sin sonreír tratando de medir lo que pasa.

 

En un parking Salvador analiza los papeles que le muestra Ángela- ¿Segura de que no falta nada?

-¡Esos son todos los documentos que le entregué al licenciado Belaúnde!

-¡Hay muchísima inconsistencia en la información! –se preocupa Salvador.

-Si, el licenciado Belaúnde ya me lo había dicho, pero es que no sé como conseguir los otros documentos y Andrés no quiere entregármelos. ¿Usted cree que sea conveniente exigírselos?

Salvador mueve la cabeza negativamente- Mejor no le diga nada... ¡sólo perdería su tiempo! Lo que debe hacer es conseguir esos documentos personalmente por su propia cuenta.

-¿De qué manera Salvador?

-Usted como heredera tiene derecho a exigir un balance detallado de las acciones, de las escrituras de cómo se formó la sociedad, o de cualquier otro documento.  ¡Yo estoy casi seguro de que Andrés Corona está manipulando la información con ayuda de un asesor financiero!

-¿Usted cree que sea capaz de algo tan bajo?

-Si, un tipo tan codicioso como ese es capaz de cualquier cosa –le dice y sigue estudiando los papeles- señorita hay que aprovechar que Andrés Corona anda ocupado con los preparativos de su matrimonio, ¡consiga esos documentos!

Ángela suspira asustada- ¡no será fácil porque él cuenta con esos aliados en la empresa!

-¡No se preocupe! Yo la voy a ayudar... –le sonríe- ¡lo importante es que le demos una sorpresa! –y le dice con aire de venganza- ¡A él y a doña Isabel!

Ángela sonríe contenta de contar con su apoyo.

 

En el restaurante... las cosas está que arden.

-No entiendo- muerde cada palabra Andrés- ¡me imaginé cualquier cosa menos esta estupide.z! –y se recuesta en la silla sobrador - ¿qué pretendes? –se burla- ¿impresionarme?

Isabel trata de hacerle entender- No... ¡porque jamás hablé tan en serio como ahora! –y lo mira con pena- ¿para qué nos casamos Andrés? –y trata de tocarle la mano para confortarlo.  Andrés saca la mano como si quemara- ¡Si a ti lo único que te interesa es la fortuna de Pedro! –intenta convencerlo- ¡Y yo estoy dispuesta a darte lo que te corresponde Andrés!  ¿para qué nos echamos la soga al cuello?

-¡No quiero seguir escuchándote! –reacciona.

-¡Firmaré lo que quieras Andrés! Además me comprometo a darte la parte que te toca a ti –le suplica.

Andrés se toma la cabeza -¡No me hagas perder la paciencia!

-¡Antes de que perdamos más que la paciencia! –Andrés respira furioso y mira para otro lado- ¿por qué no lo aceptas? ¡por el bien de los dos tenemos que romper este compromiso!

De pronto Andrés golpea violentamente la mesa asustando a todos los clientes del restaurant -¡No! –le grita e Isabel mira asustada para todos lados- ¡No voy a permitir que juegues conmigo! –y lo mira rojo de furia y descontrolado- ¡y no sigas diciendo estupidec.es!

Isabel lo mira asustada,  toma su bolso, se levanta de la mesa y se marcha.

-Isabel regresa... –le ordena mientras juegas con los cubiertos- ¡Isabel! –grita furioso y al ver que lo miran- ¿qué miran? – exclama furioso.

 

Walter y las empleadas limpian afuera cuando Isabel llega en su carro, frena haciendo chirriar las ruedas y baja corriendo. Walter la mira sorprendido.

-¡Walter!

-¿Se le ofrece algo señora?

-¿Mi tía está en la casa?

-No, salió con la señorita Valeria.

Isabel se desespera- ¿Y Salvador? –pregunta.

-Salió con la señorita Ángela a hacer unas diligencias... ¿pero le urge algo?

-¡No, nada! –le dice muy perturbada- y corre para adentro.

 

Mientras tanto Valeria y Rebeca hacen compras.  Rebeca elige un vestido azul- ¿Qué te parece? –dice feliz.

-¡Ay tía! Me parece que te va a quedar un poco chico.

-¡Como que un poco chico! –se enoja- ¿y como te voy a preguntar a ti? –la mira vestida de negro- ¡mira como andas!

Valeria se mira a sí misma avergonzada.

 

(pobre Valeria   )

 

-Lo compraré otro día... ¡ahora acompáñame al gimnasio! ¡Apúrate!

 

En la casa Isabel entra asustada y muy nerviosa a su cuarto... al ver el vestido de novia sobre la cama lo toma histérica, lo arruga y lo tira al suelo- ¡No quiero! –grita desesperada.

De pronto se da cuenta de que tiene poco tiempo y corre a su closet, saca una valija y empieza a cargar cosas con desesperación.

 

Pero ya es tarde... abajo Andrés entra como una tromba y le pregunta a Abigail- ¿Isabel llegó?

-¡Sí señor! Está allá arriba.

Y Andrés sin responder sube decidido.  De pronto se detiene- ¿Quién más está en la casa?

-Nadie, todos salieron.

-¡Qué nadie nos moleste! –ordena y sube.

Abigail se queda preocupada pero Vicky simplemente le hace señas de que qué pueden hacer.

 

Andrés corre por el pasillo y se detiene ante la puerta del cuarto de Isabel, por un reflejo va a golpear la puerta... pero cambia de opinión y decide irrumpir bruscamente.  Abre la puerta y ve a Isabel haciendo su maleta.

Isabel baja la mirada. Andrés cierra la puerta a golpes.

-¿Qué haces? –le reclama.

-¿Por qué entras a mi cuarto sin tocar? –le dice Isabel enojada.

Andrés se sonríe con desdén- ¿Desde cuando perdí los derechos contigo? –se burla y se acerca.

-¡Los perdiste desde el momento en que yo decidí romper este compromiso! –y sigue haciendo su maleta.

-¡No! No te apresures armando maleta... ¡todavía falta la ceremonia para irnos de luna de miel! –y súbitamente toma la maleta y la estrella en el suelo con todas sus fuerzas.

Isabel lo enfrenta furiosa- ¡La que se larga en este momento soy yo! ¡Lejos de ti! –le grita histérica- ¡de tu cochino mundo! –lo mira con desprecio- ¡necesito tiempo para mí! –empieza a llorar descontrolada- ¡para saber que voy a hacer con mi vida!

-¡Tu vida sin mí no existe! –Andrés se pone peligroso y le pone violentamente un dedo en la frente- ¡entiéndelo!

Isabel mueve la cabeza para atrás y Andrés se la agarra con brusquedad con ambas manos- ¡estamos unidos y nadie puede separarnos! –y trata de besarla pero Isabel se separa con fuerza.

-¡Las cosas cambiaron Andrés! –lo mira con furia- ¡acéptalo por favor! –le exige.

-¡Si! –se vuelve a acercar- ¡para mejorar!... estamos a un paso de lograr lo que queríamos... ¡a un paso! –eufórico.

-¡Eso no es verdad! –le grita con cansancio y rabia acumuladas- eso no es verdad... –y de pronto le dice con el corazón - ¡las cosas no pueden salir como tú y yo las planeamos... porque se acabó el amor! –y le dice con el dolor de su alma- ¡se acabó la confianza Andrés!

Pero Andrés se niega a entender nada- ¿Desde cuando se terminó el amor? –le dice con desdén.

-¡Sabes desde cuando! –ronca y furiosa y al mismo tiempo con el alma en la mano.

Andrés se da la vuelta furioso

Isabel sigue -¡Desde que esperaba... ! –baja el tono de voz- escuchar tu propuesta de matrimonio... –y continúa con las palabras entrecortadas por el llanto- ¿y tú sabes lo que yo escuché?

Andrés la mira boquiabierto.

-"¡Cásate con el viejo Donoso!" –le imita Isabel llorando- "al fin de que está loco por ti"...  ¡El mundo se me vino abajo Andrés! –solloza- ¡el mundo se me vino abajo cuando escuché esa maldita propuesta! –le grita sin control.

-¡Pero lo aceptaste! –se le acerca victorioso Andrés y se ríe- ¡y te casaste con él!.

-¿Pero sabes por qué? –sollozando entrecortadamente e histérica- ¿por qué lo hice?

-¡No lo sé!

-¡Lo hice porque te amaba! Porque yo no concebía la vida sin ti –y lo mira con desprecio y lo empuja con la mano para alejar su rostro- ¡por eso!

Andrés suspira como si fuera dueño del mundo y se le acerca lentamente- ¡Ah! ¡Isabel! –y le besa el hombro, mientras la cara de Isabel se endurece- tú me amas.. –y la abraza por detrás- ¡yo sé que me amas! Nadie te puede hacer tan feliz como yo.

Pero Isabel se deshace de su abrazo- ¡No! –y se da la vuelta y lo enfrenta cara a cara con las mejillas llenas de lágrimas- ¡esa locura ya terminó! –le dice fría  ¡ya no quiero estar junto a ti! –y mientras Andrés todavía no puede creer lo que escucha Isabel le dice lentamente cada palabra - ¡ya no te soporto!

Todavía escéptico Andrés sigue negando con la cabeza- No te creo.

Isabel lo mira con tristeza y pena y asiente con la cabeza- ¡Acéptalo! –le ruega- te estoy diciendo la verdad.

Andrés se queda parado sin reaccionar.

*
FIN DEL CAPITULO

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