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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 61: lunes 10 de octubre 2005 – ¡RATAS Y ALIMAÑAS!

*

Mansión. 

Rebeca y Walter salen del sótano al jardín con las manos vacías de su expedición infructuosa a la búsqueda de las joyas Donoso.

-¡No acepto quedarme con las manos vacías Walter! –se queja Rebeca- ¡quiero que la tierra me trague!

-¡Si usted se siente desesperada! Yo me siento mucho peor –sufre Walter- yo estaba convencido de que fue usted la que abrió la maldita caja fuerte.

En ese momento salen de la casa Ángela y Salvador.  Ángela se detiene a mirar a este par que habla en el jardín-Parece que se llevan bien otra vez- comenta.
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-¿Quiénes? –pregunta Salvador.

-¡Walter y Rebeca! Estuvieron distanciados pero veo que ya son amigos otra vez.
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-Deben tener intereses en común –comenta con una risa sardónica Salvador. Luego le abre la puerta del auto y se marchan.

*

 Nuestro par de zopilotes siguen conversando.

-¡La caja no tiene signos de violencia! –nota Walter- el miserable que la abrió conocía perfectamente la clave.

-¿Pero quien podía saberla? –rabiosa Rebeca.

-¡Ese es el misterio doña Rebeca! –le susurra- ¿Quién sabía ese secreto? Porque ni los más allegados de esta familia sabían la existencia de ese cuarto.

Y los dos se quedan callados cuando ven a Vicky y a Abigail hablando.  Las miran con odio y sospecha.

-No puede garantizarlo Walter –susurra Rebeca con odio- ¡A lo mejor fue la condenada de Vicky o Abigail! O hasta mi propia sobrina Valeria... ella conocía el pasadizo secreto.

-No –no lo cree Walter- ellas no podrían haberlo hecho... –deduce- ¡Yo sospecho de los hijos de Abigail! Porque ellos son capaces de hacer cualquier marranada. ¡Si ellos se apoderaron de las joyas! –y Walter tiembla furioso- las deben tener ocultas en su habitación.

Ante la mirada de Rebeca y sin pensarlo dos veces Walter se dirige a la parte de servicio, se cruza con dos empleadas, espera a que se alejen y entra al cuarto de Abigail.  Este es un cuarto muy sencillo. Empieza a buscar por todos lados... pierde la calma y empieza a tirar la ropa de Abigail por el suelo. 

Abigail entra y lo sorprende haciendo esto- ¡Walter! –le grita- ¿qué hace usted aquí?

Walter se queda de una pieza.

En la casa, Isabel y Valeria bajan juntas las escaleras con aire de reinas.  Al ver a Andrés desayunando tan tarde no pueden evitar mirarlo con desdén.

-¡Isabel! –la llama Andrés.

-¿Y tú a esta hora apenas desayunando? –le pregunta Isabel con ironía.
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-¡Todavía estoy de vacaciones y no tengo por que levantarme temprano! –dice tranquilo y sigue comiendo- el lunes vuelvo a trabajar.

Isabel y Valeria se miran significativamente y luego miran a Andrés con fastidio.
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-¡Pero ya que están aquí! –sigue Andrés-¡siéntense! –y les hace un gesto- ¡acompáñenme!

Y en un movimiento sincronizado las dos se acercan y se sientan a la mesa.  A Andrés le fastidia la presencia de Valeria- ¿No te despegas de mi mujer ni un minuto?

-¿Tienes algún problema? –no se deja Valeria.

-No –dice Andrés lentamente- ¡Pero ya parece una garrapata! –y le hace un gesto despectivo- ¿no?

Isabel lo mira enojada con cara de piedra, pero Valeria simplemente sonríe con burla de Andrés.

 *

En la habitación de Abigail.

-¡Responda Walter! –furiosa- ¿con qué derecho se atreve usted a entrar a mi cuarto?

-¡Busco algo que se perdió!

-¡No me diga! –se burla Abigail- ¿Y que se perdió para que venga usted a buscar en este lugar.

-Bueno –se acobarda Walter- eso no puedo decirlo.

-Pero si puede entrar sin permiso... –le alza la voz- ¡Haga el favor de salir inmediatamente de mi cuarto si no quiere tener problemas conmigo.

-¡Yo soy el administrador y mi obligación es investigar!

-Pues yo también administro y sin embargo no paso por encima de usted... ¡O sale ahora mismo de aquí o me veré en la obligación de reportarlo Walter! –y le dice muy digna- ¡A mí me respeta! ¿me entendió? ¡me respeta!

Walter baja la cabeza... y sale con el rabo entre las piernas de la habitación de Abigail.

 *
Walter corre a ver a Rebeca.

-¿Eso le dijo? –se ofende Rebeca- ¡se atrevió a echarlo y usted se lo permitió!

-¿Y que quería? –se burla Walter- ¡Qué le dijera que buscaba las joyas! –y le aclara- no podía hacer absolutamente nada.

-¡Pero Walter usted es más bestia de lo que yo pensaba! –lo trata con desdén- ¿sabe una cosa? A la fuerza vamos a entrar a esos cuartos y vamos a revisar para encontrar las joyas –y luego agrega con maldad- ¡Si no son para nosotros mucho menos para esos desgraciados!

-¿Y que es lo que piensa hacer? –se intriga Walter.

-En unos minutitos –le susurra Rebeca- tendremos el pretexto perfecto para poder entrar a los cuartos de Abigail –y luego agrega con asco- ¡de esos degeneraditos!

Y diciendo esto Rebeca entra decidida al cuarto de Isabel... saca el joyero de Isabel... y luego toma un brazalete de oro macizo.  Se la guarda en el bolsillo... y tiene el joyero en su lugar cuando entra de improviso Isabel- ¿qué haces? –se sorprende.

Pero Rebeca es una mentirosa profesional y disimula rápidamente- ¡Ay Isabelita! estoy de lo más desconcertada hija... ¡vine a ordenar tu cuarto y encontré tu joyero fuera de lugar! –y se lo muestra- ¡y ahí falta tu brazalete! –y luego la mira abriendo los ojos muy grande- ¡una de tus joyas más costosas Isabel! –y luego dice con aire de espanto- tiene que haber entrado alguien a robar... ¡tenemos un ladrón en esta casa!

Isabel la mira boquiabierta y sin poder creer lo que le dice.

 *

Cítricos Donoso.

Salvador pasea por la fábrica con una sonrisa en los labios.  Ramírez lo intercepta- ¡Vaya, vaya! –le dice cordial- ¡qué sorpresa verlo por aquí joven!

-¡Buenos días Ramírez! Vine a acompañar a la señorita Ángela.

-¿Se encuentra aquí? –se sorprende Ramírez.

-Si, creo que está reunida con el director encargado y los asesores financieros... yo me tomé el atrevimiento de recorrer las instalaciones... ¡espero no molestar a nadie!

-¿Y qué? –sonríe- ¿Observando para recordar viejos tiempos?

-La verdad si –sonríe Salvador- y no le voy a negar que se siente muy bien... ¡pensé que no regresaría nunca! –le dice en doble sentido.

-¡Caramba! Me parece increíble que sea usted el mismo muchachito aquel... flaquito y bajito que se desempeñaba como mensajero del señor Donoso... ¿verdad que el tiempo cambia a la gente?

-¡Mucho más de lo que se imagina don Evelio Ramirez! –le responde sonriendo-

Don Evelio se sorprende de lo que le dice y se despide-Bueno... puede seguir observando todo lo que quiera... mientras tanto voy a ver a la señorita Ángela –y le dice sinceramente- ¡espero ayudarla en algo! ¡Hasta luego!

Salvador le estrecha la mano con mucho aprecio -¡Hasta luego!

 Cuando queda solo sigue paseando y aparece Simón

-¿Ya de salida? –pregunta Salvador.

-Si, voy para la casa ¿Y usted qué hace aquí Salvador?

-Ramírez me autorizó a pasear por las instalaciones mientras espero a la señorita Ángela, ella está haciendo unas gestiones en las oficinas.

-¡Qué aproveche que Andrés anda de vacaciones! –dice Simón- ¡el doctor Villavizar y el Dr. Garces la van a atender muy bien! –y luego sonríe- si me gusta que Ángela se mantenga de cosas de la empresas para que después no se ande llevando sorpresas.

Salvador sonríe con agradecimiento.

 *

En la habitación de Isabel, Rebeca, Valeria y la misa Isabel buscan por todos lados... Andrés las mira tirado en un sillón.

-¿Lo encontraste Isabelita? –dice instigadora Rebeca.

-¡No entiendo tía! –se sorprende Isabel- yo no lo saqué... ¡debería estar en ese cofre!

-¿Qué fue lo que se perdió? –pregunta indiferente Andrés- ¿algo pequeño?

-¡Pequeño no! –grita Rebeca- ¡es un brazalete finísimo y costosísimo! –dice exagerando.

Isabel sigue buscando y murmura triste- Un brazalete que me regaló Pedro.

-Lo hemos buscado por todas partes –admite Rebeca.

-¡Creo que es inútil seguir buscando! –dice con voz insoportable Rebeca- es evidente que alguien se lo robó.

-¡Tía como te atreves a asegurar algo así por favor! –se indigna Valeria.

-Bueno... ¡porque el cofre no estaba en su sitio y Walter me dijo que había visto a alguien saliendo de la habitación!

Andrés se levanta con aire de dueño- ¡No perdamos más el tiempo! –ordena- llamemos a los empleados... ¡si hay un ladrón en esta casa tenemos que saber quien es!

Y decidido sale de la habitación.  Isabel y Valeria lo siguen preocupadas. Rebeca se queda sola en la pieza... y sonríe feliz del triunfo de su patraña... luego controla que sigue teniendo el brazalete de oro en su bolsillo.

 *

Todos los empleados están reunidos en la sala.  Al pie de la escalera Isabel y Andrés, al lado Rebeca y Valeria. Andrés tiene un vaso de alcohol en la mano.

-¡Sucedió algo muy delicado! –empieza a Isabel- una situación que tenemos que resolver en este momento –hace una pausa y los mira- una de mis joyas despareció y alguien tuvo que entrar a mi cuarto a tomarla.

Vicky y Abigail se miran sorprendidas.

-¡Lo que asegura es muy grave! –Abigail- todos los que trabajamos en la casa llevamos mucho tiempo aquí... ¡y la verdad nunca había sucedido algo de esa naturaleza!

-¡Siempre hay una primera vez! –se burla Andrés mirando su copa de alcohol- ¡La ocasión hace al ladrón Abigail!

-¡Discúlpeme señor! –se ofende- pero en varias ocasiones doña Isabel ha dejado sus joyas por ahí y nadie se ha atrevido nunca a tocarlas... ¡yo respondo por la integridad de las empleadas!

-¡Aha! –ríe burlón Andrés y se le acerca- ¿Y por ti quien responde? –le acusa evidentemente disfrutando de la debilidad de los demás.

-¡No permito que dude de mi señor Corona!

-¡Cálmese Abigail! –le ruega Isabel- simplemente comprenda mi preocupación.

-¡Es que don Andrés me conoce desde hace muchos años y me extraña que desconfíe de mí!

-Tal vez usted no tuvo nada que ver en este asunto... tan bochornoso –dice Walter todo tieso- pero no confío en sus hijos.

 *

Afuera en ese momento llega Antonio quien al ver solo a Azur le habla- ¿Cómo está mi gran amigo? –le acaricia- ¿por qué no hay nadie por aquí? –le pregunta- ¿dónde se metieron todos? –se extraña y se dirige a la casa.

 *

Dentro de la sala.

-¡Walter! –se sorprende Abigail.

-Yo no quiero hablar pero yo vi a Antonio rondando por las habitaciones superiores.

-¿Pero que insinúa usted Walter?  -se asombra Abigail con un hilo de voz.

En ese momento entra Antonio- ¿Pasa algo?

-Si Antonio... algo bastante delicado hijo –le toma la mano- se perdió una de las joyas del cuarto de la señora Isabel y Walter asegura que tú tienes que ver en este asunto.

Isabel los mira inquieta.

-Pero si yo estuve todo el día en la universidad –dice sorprendido Antonio.

-¡Esta mañana antes de marcharse.. lo vi con mis propios ojos caminando... a Antonio... en el segundo piso? –y luego lo acusa directamente- ¿por qué no acepta que estuvo en la habitación de la señora Isabelita? –dice con voz aguda.

-¡Como se atreve a asegurar semejante estupide.z Walter! –se enoja Antonio- yo no he subido a ninguna parte.

-¡Confiese Antonio! –dice caradura Walter- ¡usted tomó ese brazalete!

-¡Atrevido! –Abigail grita desaforada- ¡Mis hijos no son ladrones! ¡usted los respeta Walter! –y está fuera de sí- ¡los respeta!

-Tranquila mamá –trata de calmarla.

Valeria se pone muy nerviosa.

-¡Si tranquila Abigail! -Isabel interviene para calmarla y luego anuncia a todos- ¿y saben qué? Yo no estoy dispuesta a escuchar estas discusiones... ¡cuando resuelvan esta situación entonces me avisan! –y muy nerviosa Isabel abandona la sala.

-¡Es que no tolero que nadie calumnie a mis hijos y mucho menos que los acuse sin tener ninguna prueba! –tiembla de los nervios Abigail.

-¡Si está tan segura de su honradez! –se burla Andrés con su vaso güisqui- ¿por qué respondes así de una forma tan agresiva?

-¡Yo hubiera reaccionado exactamente igual! –la defiende Valeria- No tiene Walter ningún derecho de acusar a Antonio.

-El no lo está acusando... –dice hipócrita Rebeca- Simplemente dice que lo vio. Y como no se puede quedar uno con la duda... ¡el brazalete va a tener que aparecer de todas manera! –y luego dice altanera- Walter... ¡Propongo que revisemos todas las habitaciones!  Y por supuesto empezando por esta señora... –y la mira con desdén- ¡y sus hijitos!

-¡A nosotros no nos vamos a registrar nada! –protesta Antonio.

-¡Ah! Si se opone algo ocultan –salta Walter.

-Yo estoy de acuerdo con Walter... –dice Andrés y se toma un trago- tenemos que resolver esto –y ordena - ¡qué ningún empleado se acerque a su cuarto porque vamos a registrarlo!

-¡Es que no pueden hacernos esto! –se siente terriblemente humillada- ¡Están cometiendo una injusticia!

-Tranquila todo se va a aclarar –le tranquiliza Antonio nervioso.

-¡Es que no tienen ningún derecho a dudar de nuestra honradez!  -llora Abigail- ¡no tienen ningún derecho!

Y mientras Andrés sube al piso superior con aire hastiado, Valeria desesperada se toma la cabeza en las manos.

 *

Afuera, llega Simón en su moto y saluda Azur que está muy sentadito y quietito- ¿Cómo está el perrito más lindo del mundo? Al menos no te tiene amarrado – y Azur mueve la cola muy feliz- ¡Vamos a guardar la moto! –y se lo lleva.

Al entrar a la casa se sorprende por las expresiones de tragedia de todo el mundo.  Todos comentan y se hablan en murmullos.

-¡Vicky! ¿Qué está pasando? ¿Qué es todo este alboroto?

-¡Ay Simón! Ahora resulta que todos somos culpables de robo ¿Cómo la ves? –se queja Vicky a viva voz- y no solamente las empleadas… ¡sino también Antonio!

-¡Barájemela despacio porque no te estoy entendiendo nada! –le ataja Simón.

-¡Tranquilo! –llega Valeria a calmarlo- lo que pasa es que Walter armó todo un escándalo porque a mi prima se le perdió un brazalete.

-¡Pero el muy hocicón acusó a Antonio de robo y ahora está esculcando los cuartos! –agrega Vicky.

-¡Que! - Simón se pone pálido de la impresión.

 *

En el cuarto de Abigail, Rebeca está deshaciendo todo buscando las joyas de Donoso.  Walter entra desesperado- ¿Encontró algo doña Rebeca? –dice con ansiedad.

-¡No! ¡absolutamente nada! –dice con rabia- ¿revisó el cuarto de los muchachos?

-Si, lo dejé todo patas arriba pero no pude encontrar nada… ¡para mí que ellos cretinos escondieron las joyas en otro lugar!

-¿Qué hacemos ahora Walter? –desesperada Rebeca- ¿Qué hacemos? ¡Esta era nuestra última esperanza! Todo este escándalo para nada -furiosa.

-Creo perdimos el tiempo para nada –y de pronto a Walter se le desfigura la cara, acaba de tener una gran idea- ¡a menos qué justifiquemos la pérdida de las joyas de la señora Isabel! –y la mira con ojos diabólicos- ¿Dónde está? –le reclama- ¡entréguemela!

Rebeca saca la joya de su bolsillo y se la entrega.

-¡Eso es! –dice Walter susurrando como una víbora y acariciando la joya- ¡de una vez por todas vamos a deshacernos de esa plaga! –y busca un lugar donde esconderla y la pone en un cajón- porque después que yo confesé que vi al propio Antonio saliendo de la habitación de su sobrina no voy a quedar como mentiroso.

Simón irrumpe en el cuarto, seguido de Valeria.

-¡Satisfechos con escarbar todo! –grita enojado- ¡Quien se han creído que somos! ¿unos vulgares rateros?

-¡Ay lo siento muchísimo! –Rebeca dice con crueldad y abre el cajón- ¡aquí está la pulsera que se le perdió a Isabelita!

Todos se quedan pálidos.

 (Wow!! Nunca pensé que Walter y Rebeca sean tan bajos... realmente de ratas pasaron a nivel de alimañas!!)

-¡Eso no puede ser tía! –reacciona Valeria.

-¿Cómo que no puede ser? –Walter- ¡es una prueba irrefutable! –sentencia- Antonio la robó y la escondió en esta habitación.

-¡Mi hermano no es ningún ladrón! –se insurge Simón temblando de rabia.

-¡Es un ladrón de la peor especia, de la peor estofa, un espécimen de la más baja calaña como toda su familia! –lo insulta.

Y Simón ya no aguanta y le da un derechazo y se lanza a estrangularlo.  Todas las empleadas gritan. Valeria trata de detenerlo pero Simón es muy fuerte. Walter empieza a ahogarse, y pierde sangre por la boca y la nariz.

Rebeca sale corriendo del cuarto y encuentra a Abigail y Simón- ¡Simón lo quiere matar! -Rebeca voz de cacatúa.

-¿Qué pasa con mi hermano? –pregunta Antonio.

-¡Quiere matar a Walter! Por favor vayan –y mientras Antonio y Abigail corren Rebeca se espanta y gime - ¡Oh que horror!

Antonio entra al cuarto y separa a Simón cuando ya Walter empieza a perder el conocimiento, a punto de morir ahorcado.  Walter cae al suelo boqueando sangre.  Abigail se asusta.

 *

Walter es llevado en andas como una víctima y acomodado sobre el sofá en la sala. Sigue sangrando por la nariz.

Andrés se pasea gritando con la joya en la mano-¡este es el resultado por confiar en gente que no lo merece! –y acusa- ¡una joya robada y un empleado maltratado por una madre y sus dos hijos!

Rebeca no puede evitar sonreír feliz.

-¡Eh! –se adelanta Simón y lo enfrenta- ¡Yo fui el que le puso la mano encima!  Y se la pongo a cualquier imbeci.l que se atreva a calumniarlo y llamarlo ladrón.

-¡Todo esto es un malentendido! –gime  Abigail.

-¿No me diga? –se burla Rebeca con voz de cacatúa- ¿entonces por que encontramos el brazalete en su cuarto? –y luego dice triunfante- ¡Valeria es testigo!

-¡Un momento tía! –se indigna Valeria- lo vi que lo sacabas del cajón pero eso no quiere decir que Antonio lo haya robado o lo haya metido allí.

-¡El tuvo que hacerlo! –interviene Walter desde el sofá con voz de ultratumba.

-¡Eso es falso y lo sabe muy bien! –le grita Antonio- y usted es el menos indicado para acusarme de ese delito –y luego lo amenaza- ¡yo si tengo pruebas para acusarlo y sin embargo me quedo callado!

 (consejo para este actor… debe de dejar de temblar la mano derecha de esa manera cuando actúa... distrae de su parlamento)

 -¿Qué pruebas tiene usted? –se levanta Walter.

-¡Walter no lo provoque! –Valeria interviene.

 En ese momento llega Isabel. Y se asusta al ver a Walter- ¿Qué le pasó Walter? –y se ubica al lado de Abigail.

 (Cuando entra Isabel hay ‘dos’ campos muy definidos en la sala,  Abigail y sus hijos, Valeria, Vicky, las empleadas de un lado y del Andrés, Walter y Rebeca del otro)

 -¡Este hombre intentó matarme! –dice con voz moribunda.

-¡Isabel por favor no cometas una injusticia! –le ruega Valeria- todo esto debe tener una explicación y yo estoy segura que Antonio no robó absolutamente nada.

-¡Ay mi amor! No metas la mano al fuego por ese delincuente –interviene Rebeca con desdén- ¡Te puedes quemar!

-¡Pues yo si estoy dispuesta a meterla y hasta el fondo y con los ojos cerrados! –se adelanta Vicky- alguien está dispuesto a hacerle daño a Abigail y a los muchachos, pero ni yo ni las demás empleadas vamos a permitir eso. ¿verdad muchachas?
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-¡Claro que si! Apoyamos a Abigail y a los muchachos –dice Nora.

Isabel las escucha atentamente.

-Yo también los apoyo –interviene otra- además no creo que Walter diga la verdad.

-¡Isabelita! –grita Rebeca con voz aguda- Esto es un complot ¡di algo! –le reclama- ¡pon el orden por favor!

-¡No voy a dar mi opinión! –le corta Isabel enojada- simplemente me estoy limitando a escuchar para sacar mis propias conclusiones del asunto.
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-Eso le corresponde a la policía –de pronto decide Andrés- es más… ¡ahora mismo voy a llamar! –y toma el teléfono- este robo no puede quedar así.

Valeria se asusta.

-¡Pues nos  parece muy bien que lo haga señor! –dice orgullosa Abigail- para que investiguen a fondo.
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-¡No! –dice Isabel pero nadie la escucha.

-¡Ni mis hijos ni yo tenemos por que temer! –sigue Abigail.

-¡Dije que no! –grita Isabel para poner orden y luego ordena- Cuelga Andrés… ¡cuelga!

Andres duda pero luego cuelga.

-¡Nosotros no vamos a culpar a nadie! –anuncia Isabel- vamos a aclarar esta situación… Además no tenemos pruebas… para acusarlos.

-¡Por favor Isabel! –grita Rebeca- ¿Qué más pruebas quieres? ¡todo está clarísimo! –dice con toda la maldad del mundo.

-¡Para mi no! –Isabel la mira furiosa.

-¡Si no quieres avergonzarlos me parece muy bien! –decide Andrés- pero no puedes evitar que los echemos… ¡no podemos vivir rodeados de ladrones!

-¡Pues no crea que nos va a poder echar tan fácilmente don Andrés! –se ríe Simón- No le vamos a dar ese gusto.

E Isabel mira a Simón con respeto.

-Si intenta sacarnos vamos a ser nosotros los que llamemos a la policía para acusarlos de calumnia –sigue Simón.

Andrés se queda de una pieza.

-Este asunto lo aclaramos ya –grita Abigail- de esta casa no vamos a salir como si fuéramos unos ladrones… ¡Antonio! –le ordena- ¡llama a la policía!

-¡No vamos a llamar a nadie Abigail! –Impone orden Isabel- ¡por favor!

En ese momento entra Ángela- ¿Qué pasa? ¿A que se debe esta reunión?

-Walter me está acusando de subir al cuarto de Isabel para robarme una joya –le responde Antonio.

-¡Doña Rebeca y yo somos testigos! –grita Walter.

Andrés mira la joya con una sonrisita.

-¡La encontramos escondida en su cuarto! –acusa Walter.
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-¡Claro porque alguien la puso allí para acusarnos! –le grita Simón- ¡y ese tuvo que ser usted!
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-¡No sea atrevido jovencito!  -Walter.

-¡Más atrevido es usted Walter! –grita Angela- ¡es la peor bajeza que le han inventado a Antonio y a su familia para sacarlos!

 *

Salvador entra a la casa y escucha atentamente a la distancia.

-¡Señorita Ángela! No lo defienda sin averiguar que sucedió.

-¡No tengo nada que averiguar! –le corta Ángela- ¡la familia Domínguez es la familia más honrada que he conocido en mi vida y no voy a permitir que se metan con ellos porque entonces se están metiendo conmigo también.

Salvador la mira con orgullo.

-¿Podemos hablar a solas Ángela? –se acerca Andrés.

-¡Pues estoy muy segura de Antonio! Y no necesito hablar con  nadie –y lo mira con desprecio- ¡y mucho menos contigo Andrés!

-Tenemos que hablar, lo quieras o no –interviene Isabel.

Ángela mira a la familia Domínguez y les dice-Tranquilos, yo me encargo de esto.

-Y bueno… -anuncia Isabel- ¡Todos ustedes pueden retirarse! Y les suplico no hacer ningún tipo de comentario hasta que esto se resuelva.

Todos se retiran de la sala, Rebeca y Walter con aire de triunfo.  La familia Domínguez preocupados.

 *

Andrés, Ángela, Valeria y Rebeca suben. Isabel con aire de gran preocupación, se queda un rato pensativa y luego también se dirige al piso superior.  En la sala sólo queda Salvador y al cruzarse... ambos miran… el tiempo se detiene para ellos... y luego Isabel sigue su camino.

 Salvador espera un rato… y luego cuando está seguro de que no hay nadie, sube a grandes pasos las escaleras… se asegura de que no hay nadie en el pasillo y se mete en el escritorio de don Pedro.  En la biblioteca… se acerca a los libros y se queda pensando…
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parece dudar un largo momento.
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Y luego muy seguro de si mismo toma un libro y de entre sus hojas saca los recortes de periódico donde aparece Walter acusado de robo de joyerías.

 

Mientras tanto en la pieza de Isabel la familia feliz (Andrés, Ángela, Valeria, Rebeca e Isabel) discute.

-¡No acepto las acusaciones en contra de Antonio! –grita Ángela- ¡ni él ni su familia son unos desconocidos como para que lo traten de esa manera!

-¡Trata de calmarte Ángela! Sabemos lo que sientes – se burla Andrés - ¡estás enamorada de Antonio y por eso lo defiendes! Pero estás ciega.

-Aunque fuera mi peor enemigo lo defendería –responde firme- ¡está muy claro que las suposiciones de Walter no tienen ningún fundamento y son falsas!

-¡Abre los ojos Ángela… por favor! –interviene Rebeca para meter veneno- ¡yo estaba ahí cuando lo descubrimos! Andresito tiene razón –lo apoya- ¡usted está ciega de amor por ese muchacho y no ve más allá de sus narices!

-Tiene que salir de esta casa –le exige Andrés- ¡No puedes apoyar a alguien que abusa!

-¡No van a ir a ninguna parte hasta que se demuestre su culpabilidad! –le corta firme Isabel.

-¿Tú también vas a apoyarlos? –Andrés.

-¡Yo quiero encontrar a los responsables pero tampoco quiero cometer una injusticia Andrés! Lo que deberíamos hacer es encontrar la verdad.

-¡Yo estoy de acuerdo con mi prima Isabel! –Interviene Valeria- no podemos dar crédito únicamente a lo dicen mi tía y Walter… la palabra de ellos también vale.

Rebeca la mira con odio. Angela calla.

En el pasillo de servicio Walter trata de recuperarse de las emociones que le dio Simón.
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Salvador llega y lo agarra del cuello- ¡Usted y yo tenemos que hablar! –y lo arrastra.
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-¡No se entrometa en esto Cerinza! –y trata de librarse- ¡Nadie lo ha llamado!

Antonio los escucha y se acerca.
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Y ve que Salvador arrastra a Walter
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Antonio los sigue para espiarlos.
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Pero Salvador lo mete a la lavandería y cierra la puerta.

-¡No me maltrate Cerinza! –murmura Walter- porque si usted intenta golpearme es gritar para que vengan a ayudarme.
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Antonio escucha detrás de la puerta.
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*

-De un cobarde como usted se puede esperar cualquier cosa… -y con ojos llenos de furia- ¡como se atrevió a calumniar a Antonio de esa manera!
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Y Salvador lo aplasta contra la pared- ¿Por qué lo hizo? –le grita- ¡por que lo hizo!

*

Antonio no pierde palabra detrás de la puerta
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*
-¡Porque era mi obligación como administrador de esta casa! Porque yo lo vi rondando.

-¡Mentira! –le grita Salvador y lo agarra del cuello- ¡mentira! –le repite con voz ronca- Antonio y Simón ha estado su vida junto a joyas y objetos valiosos y no van a venir ahora a ensuciarse con una mugrosa joya.
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-¿Y usted que sabe si no lo conoce bien?

Salvador lo lanza violentamente contra la mesa de planchar y toma distancia. 
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Se arregla el uniforme -¡Al que nunca terminaré de conocer es a usted Walter! –dice hastío- Cada vez sale con una marranada peor.
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Y luego saca los recortes de su bolsillo- ¡Confiese que usted tomó esa joya y la puso en el cuarto de Abigail para culpar a Antonio!

-¡Eso no es cierto! –retrocede Walter con miedo- ¡Mentira! –miente- ¡jamás!.

-¡Confiéselo delante de todos! O sino doña Isabel sabrá ahora mismo que usted es un verdadero ladrón de joyerías.
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 -¡No me va a seguir amenazando con ese cuento! –se yergue Walter seguro de si mismo- ¡vaya! ¡dígales lo que quiera! Van a pensar que son calumnias para ayudar a ese mañoso de Antonio- y tranquilamente se dirige a la puerta.
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-Tengo pruebas –le dice tranquilamente Salvador. 
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Walter se pone muy nervioso.  Antonio detrás de la puerta Antonio se muere de miedo y tiembla.
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-¡Eso es mentira porque esas pruebas no existen! –grita al borde de un ataque Walter.

Salvador le muestra los recortes- ¡Dígame si no existen!
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Y lo reta- ¡usted dígame que no existen!
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Walter se acerca lentamente y lo mira horrorizado.
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Luego de un salto trata de arrancárselos de la mano, pero Salvador lo atrapa en el aire con la mano derecha mientras en la mano izquierda sigue empuñando los recortes de diario.
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-¡No es posible! –gime y balbucea Walter- ¿Cómo consiguió eso?.

-Tengo mucho para hundirlo Walter –lo amenaza fríamente Salvador- ¡tengo mucho más para desenmascararlo! –y lo agarra del cuello- ¿va a confesar la verdad? ¡confesará!

Y Walter tiembla como una rata atrapada por un felino que juega con él.  Al otro lado de la puerta... Antonio suspira aterrorizado.
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En el cuarto de Abigail Simón ayuda a su madre a arreglar el desastre que dejaron Walter y Rebeca.  Abigail llora inconsolablemente.

-¡Ya no llores que me da más coraje que el que ya tengo! –le ruega Simón.

-¡Es que me tengo que desahogar y no quiero mostrar debilidad frente a los demás! –solloza Abigail.

-¡No me extrañaría que en todo esto estuvieran metidas las manos de Andrés Corona! A lo mejor se confabuló con Walter para sacarnos de la casa... ¿pero sabes que ma? No le vamos a dar el gusto.

Abigail sigue llorando cuando entra Antonio.

-¿Dónde andabas Antonio? –pregunta Abigail

-Por ahí –responde lacónico.

-¡Hijo por favor! –le ruega Abigail- ya no te busques más problemas con esa gente.

-¡Quita esa cara! –le consuela Simón- no te desanimes... ¡nadie te va a poder tachar de ladrón!

Vamos a esperar a ver que pasa.

-¡No va a pasar nada! –dice misteriosamente Antonio- vas a ver.

-¿Y tú cómo lo sabes? –se impacienta Abigail.

Antonio abraza a su madre- Walter confesará la verdad –les dice- presionado por Salvador... ¡Él lo puede y lo sabe todo! Salvador es un protector tan valioso como don Pedro José... ¡es como si él aun estuviera vivo!

Abigail lo mira extrañada con la cara mojada en llanto.

 *

En el piso superior Salvador acompañado de Ángela enfrenta a Walter a sus jueces.

-¿Así que Walter quiere decir algo? –dice Andrés altanero- ¡que más puede decir el pobre hombre!

-Lo que realmente sucedió con el brazalete –le aclara lentamente Salvador.
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Y luego mira a Walter- ¡los señores está esperando Walter! –le amenaza veladamente.
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Todos miran a Walter.  Andrés tranquilo. Isabel mira a Walter con interrogación.
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-Antonio... –balbucea Walter- no... no... ¡no robó el brazalete!

-¡Pero que brutalidad está diciendo Walter! –Rebeca se queda verde de la rabia.

Isabel se indigna. Valeria asiente como si hubiera adivinado.  Andrés abre los ojos sorprendido.
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Para Isabel esto es el colmo... exasperada se toma la cara en las manos.

-Yo.... –sigue balbuceando- ¡yo lo tomé! Para ponerlo... en el cuarto de Abigail... ¡para que le echaran la culpa!

Andrés sale a su defensa- ¿Por qué no admites que este hombre te presionó para decir algo que no es cierto? –y señala a Salvador.

-¿Y por qué crees que algo así está sucediendo Andrés? –lo defiende Ángela.

-¡Porque Cerinza está de parte de esa gente y además no entiendo por qué se mete en lo que no le importa! –grita Andrés.

Pero Isabel lo corta-¡Está bien Andrés!  Porque si de alguna manera está colaborando para... ¡que se aclare esta situación! A mi me parece bien –dice tranquila.

Y de pronto cambia el rostro y mira a Walter acusadoramente- ¿Por qué lo hizo Walter?

Salvador no le quita la mirada a Isabel un solo segundo.

-Porque... –balbuce Walter.

-¡Por qué! –le exige Isabel.

-¡Porque yo quiero mantener la tranquilidad de esta casa por encima de cualquier cosa! –inventa Walter.

Salvador pone cara de fastidio ante lo que escucha.  Isabel pone cara de incredulidad total.

-¿Ah si? –salta Valeria- ¿y no le importó echarle la culpa a Abigail y a sus hijos? ¿verdad?

-¡Es que ellos traen muchos problemas! –se hincha Walter- sobre todo cuando llegó don Andresito –y le hace una reverencia- y yo pensé que todo se mejoraría si yo encontraba... ¡el pretexto para despedirlos!

Salvador mira a Isabel.   Andrés mira furioso a Walter y se muerde los labios.

Isabel ríe irónicamente - ¡Pues mire nada más! –le dice con sorna- ¡qué lastima! Porque ahora el que merece ser despedido es usted.

Walter la mira rogando- ¡Señora Isabelita!

Isabel lo mira con asco- ¡Nunca..! –hace una pausa moviendo la cabeza con desprecio- ¡es que nunca pensé que fuera capaz de hacer semejante cosa! –y suspira con hastío- pero en fin... –lo mira de pies a cabeza y luego pide- Valeria... ¡por favor reúne a todo el personal porque vamos a terminar con este asunto tan desagradable de una vez!

Valeria feliz va a cumplir su mandado.

Isabel se acerca a Walter- ¡Vamos a aclarar una cosa Walter! Definitivamente... pero voy a aprovechar para anunciar su despido... –y lo mira con dureza- ¡no quiero verlo un día más en esta casa! Así que vaya a preparar sus maletas porque se me va inmediatamente.

Walter pone cara de regañado y da la vuelta para marcharse... y se encuentra con los ojos de Salvador.  Retrocede y baja corriendo.

Salvador estudia fríamente a Andrés que rechina los dientes.  Y luego Salvador mira a Isabel... hay algo en su mirada... una sonrisa.

 

Tanto empleados como patrones están reunidos en la sala.  Isabel y Andrés al pie de la escalera. Luego Rebeca y Walter, las empleadas, y Ángela, Antonio, Abigail y Simon, al lado de Simón Valeria y al lado de Valeria Vicky.

-¡Yo lamento mucho el incidente de esta tarde! Pero era necesario aclararlo... francamente me parece increible que Walter haya cometido semejante bajeza –y luego mira a los Dominguez- ¡les quiero pedir disculpas! Porque además Walter confesó haber tomado ese brazalete para acusar a Antonio.

-¡Era de esperarse tanta maldad! –no aguanta Vicky- ¡yo si me lo imaginé!

-¡Si, si! –la apoyan las empleadas.

-Evitemos los comentarios- ruega Isabel- ahora lo más importante es que todo regrese a la normalidad... –y luego mira a Walter- ¡sobre todo en este momento que Walter se va de esta casa!

-¡Isabelita no exageres! –ruega Rebeca- por favor.

Simón se ríe de Rebeca.

Isabel explota-¡Y tú crees que estoy exagerando después de.. ! –y se calma y cruza los brazos y enfrenta a Rebeca- ¿después de todo lo que sucedió por su mala intención?

-¡Eso lo discutiremos luego! –interviene Andrés- no estoy muy seguro de su mala intención.

Walter lo mira como a un Dios.

-¡Pues nosotros si estamos seguros! –afirma Simón- ¡y no deberíamos dejarlo así! Nos calumnió... ¡se atrevió a llamarnos ladrones! Y deberíamos demandarlo.

-¡Ya hijo ya! –le corta Abigail- no le eches más leña al fuego –y luego agrega- ¡yo por mí que ni lo despidan! ¡que se quede!

Valeria abre los ojos sorprendida. 

-¡Al fin y al cabo no le tenemos miedo a esos ataques cobardes!

Isabel mira para otro lado y suspira.  Andrés se lame los labios feliz.

-Yo estoy de acuerdo contigo mamá –agrega Antonio- ¡nosotros no somos resentidos! Así que nos da lo mismo si se va o se queda.

-¿Pues si verdad? –se burla Simón- al fin de cuentas... ¿dónde se podría esconder un tipejo de semejante calaña? ¡hasta el diablo lo correría a patadas del infierno!

-¡Por favor! –le grita Rebeca- ¡no haga más alarde de su nobleza! Van a apabullarlo.

-¡Pues fíjese que si tenemos nobleza señora! –le responde Simón- para que después no digan que por nuestra culpa el pobrecito calumniador este perdió su empleo.

-¡Pero eso sí! –aclara Antonio- ¡si se atreve a volver a atacarnos! No sale bien librado... ¡se lo juro! Y no es una amenaza.

Pero Ángela interviene fría- ¡No volverá a atacarlos porque yo estoy de acuerdo con Isabel! Usted está despedido Walter... ¡no necesitamos gente de su calaña!

Y con esto se da por terminada la reunión- ¡Pueden retirarse! –anuncia Isabel.

Walter se marcha seguido de Rebeca.

Isabel sube las escaleras, pero antes de hacerlo se queda mirando a Andrés, que rabioso mira para otro lado.

 *

Rebeca enfrenta a Walter en el pasillo.

-¡Ahora parece que quedé hecho ya! –suspira Walter sin fuerzas- ¿no es cierto doña Rebeca? Porque ¡perdí las joyas!... ¡Simón me dio una golpiza de padre y señor mío!... ¡la señora Isabel me botó como a un perro! Y ahora tengo que dejar esta casa como un calumniador y miserable.

-¿Pero de qué se queja Walter? –le susurra con rabia Rebeca- ¡si todo se lo buscó con su brutalidad! –y lo mira con ojos furiosos- ¡A ver! ¿por qué tenía que confesar que usted se apoderó del brazalete? ¡Gran imbécil!

-¿Qué prefería usted? ¿qué hubiera dicho que fue usted quien lo hizo?

-¡Claro que no! –le grita- ¡no sea ridícul.o! –y con las manos en la cadera- ¡pero obró como un asno!

Pero Walter ya no soporta más insultos- ¡Yo obré como usted me obligó! –y le reclama- ¡fíjese las consecuencias por seguirle la corriente! Pero eso si... –y baja la voz y la amenaza- si me tengo que ir de esta casa... ¡le contaré toda la verdad a la señora Isabel!

-¡Por supuesto que usted no va a hacer semejante cosa! –se le acerca amenazadoramente Rebeca.

-¡Yo no voy a pagar los platos rotos solo! –le responde Walter con ojos asesinos- ¡no señora!

-¡Ah no me diga! –se burla Rebeca- ¿me va a hacer quedar como un zapato delante de Isabel? ¡Como si yo fuera una vulgar codiciosa!

Y Walter la mira a los ojos y le dice una gran verdad- ¿Y acaso no lo es?

-¡Walter! –y Rebeca se le descompone el rostro de la rabia.

-¡Ahora mismo voy a hablar con la señora Isabel y le voy a contar todo lo que pasó con la caja fuerte!

-¡Walter! –le grita Rebeca-¡no diga más estupideces!

Pero Walter se dirige decidido a ver a Isabel cuando aparece Andrés - ¡Walter!

Rebeca y Walter se quedan de una pieza. 

-¡Necesito hablar contigo! –anuncia Andrés.

-Permiso- Rebeca se escabulle.

Walter se arregla el moñito y le abre la puerta del jardín a Andrés.

 *

Andrés y Walter pasean por el inmenso jardín.

-¡Me aseguras que lo hiciste solamente para librarte de esa gente!

-¡Ya se lo dije! –le jura Walter- y yo sé que a usted tampoco le gusta esa gentuza y que lo estorban.

-¡Más de lo que te imaginas! –reconoce Andrés- yo también he intentado librarme de ellos pero como cuentan con el apoyo de la estúpid.a de Ángela ha sido muy difícil para mí.

-¡No! Y también con el apoyo de la señora Isabel como sucedió hoy en día –y se queja- ¡y que injusticia porque me echó como cualquier basura... ¡los prefirió a ellos!

-Isabel trata de ser justa Walter... ¡nada más! No entiende lo peligrosa que es esa gente.

-¿Quiere que le diga la verdad? –le susurra Walter con miedo- ¡El verdaderamente peligroso es otra persona! –y busca a Salvador con la mirada- ¡una persona que realmente le temo!

Y Andrés sigue su mirada y pronuncia con odio- ¡Cerinza!

-¡Ese sí es un verdadero enemigo! –dice Walter con  miedo.

Salvador que limpia el auto se da cuenta y los mira desde lejos.

-¡Ese hombre parece saberlo todo! –susurra con miedo- Conoce hasta el más mínimo detalle de nuestras vidas y se aprovecha de eso para atacarnos por la espalda.

-¿Fue ese imbéci.l  quien te obligó a confesar el robo del brazalete?

-¡Si señor! –le confiesa- es que logró intimidarme porque... –y duda como presentar la cosa- porque es muy sagaz para amenazar!

-¡No solamente para eso! –dice Andrés con rabia- ¡es sagaz para todo!

-Ese hombre está en esta casa no por trabajo señor Andrés –sigue Walter- él está aquí por otra cosa.

-Y yo pienso lo mismo –afirma Andrés mientras mira con odio a Salvador- me extraña además que sepa todo... ¡aunque asegura haber conocido al viejo!.

-¡Por más que lo haya tratado hay cosas que solamente conocía don Pedro y nadie más!

-¡Si tienes razón! Ese tipo es muy peligroso y será difícil enfrentarlo –y de pronto lo mira a los ojos- ¿Cuento contigo?

Walter pone cara compungida- ¿Cómo me pide eso señor Andresito? –y gime- si yo ya estoy botado... ¡estoy en la calle!... ¡me echaron!

-¿Crees que voy a dejar que echen a mi mejor aliado?

Walter abre los ojos asombrado y lleno de orgullo.

-¡No! –le afirma Andrés- Tu y yo estamos juntos en esto.

-Don Andresito –gime- si usted intercede por mí –y junta las manos rogando- yo le juro que me convierto en el más fiel de los servidores.

-¡No empaques! No prepares tus maletas Walter y no obedezcas órdenes de Isabel... ¡Confía en mí! –y le sonríe maquiavélicamente- y te prometo que nunca saldrás de aquí.

 (jejeje... yo creo que esta promesa no la va a poder mantener por mucho tiempo )

 Walter lo mira dispuesto a besarle los pies.

 *

Mientras tanto Abigal y sus hijos se acercan a Salvador que limpia el auto.

-¡Salvador! –Abigail- estamos muy agradecidos con usted –y tiene los ojos llenos de lágrimas y agradecimiento- sabemos que usted obligó a Walter a confesar la verdad.

-No se preocupe Abigail... ¡si podía ayudarlos! ¿por que no hacerlo?

-De todos modos muchísimas gracias Salvador - y lo abraza con cariño- ahora sabemos que contamos con un gran amigo... ¡gracias! –y se aleja.

-¡Bueno! Pues creo que mi mamá lo dijo todo pero muchas gracias–se acerca Simón- y no olvide que puede contar con nosotros para lo que sea... ¡aquí tiene un amigo incondicional! Se lo prometo.

-¡Lo sé loquito! –sonríe Salvador- ¡lo sé!

Simón se pone muy nervioso- ¡El único que me llamaba así era el señor Donoso! ¿Por qué usted también lo hace?

-¡Casualidad! –finge Salvador- pero si le molesta no lo vuelvo a hacerlo.

-Le confieso que me pongo muy nervioso cuando me dice cosas como esa... Pero tranquilo Salvador... ¡puede llamarme como quiera! –y se marcha.

Salvador se queda riendo feliz cuando ve la expresión de Antonio que los observaba de muy cerca.  Salvador se sorprende y deja de reír.  Antonio lo mira acusador y con miedo y sin decir palabra sale corriendo.

 *

Comedor.  

Otro almuerzo feliz. Andrés e Isabel en las cabeceras, y Rebeca y Valeria.

Isabel no come, está furiosa.  Valeria juega con su comida.  Rebeca come y habla.  Andrés come.

-¡No seas tan intransigente Isabelita! –intercede Rebeca- ¡Andresito tiene razón mi amor! Escúchalo por favor –ruega Rebeca.

-¡Ya les dije que no pienso seguir discutiendo de esto! –se fastidia Isabel- para mí todo está perfectamente claro –en un tono que no admite discusiones.

-¡Bueno, para  mí no! –insiste Andrés- me parece injusto que despidan a Walter! Él reconoció su falta y se humilló frente a los Domínguez y frente a los empleados.

-¡A veces reconocer las faltas no es suficiente! –dice indignada Valeria- ¡ese hombre actuó muy mal y yo no creo que una persona de su clase tenga que seguir administrando la casa!

Andrés corta su pedazo de carne y sonríe con desprecio- ¿También te crees con derecho para atacar?

-¡Opino porque vivo aquí y tengo que ver con todo lo que pasa Andrés!

-Bueno –se burla Andrés- no estoy de acuerdo contigo entonces... ¡me parece injusto que se despida a un empleado tan fiel como Walter!

-¡Perdón! –Isabel se exaspera- ¿qué es fiel para ti? –y sigue con tono burlón- un hombre que no hace reparos para calumnias a gente honesta con tal de conseguir sus propósitos? –se enoja- ¡eso es ser fiel para ti!

Andrés modera su tono- Isabel, lo hizo para protegernos... ¡nada más! –y la mira con rabia- ¡y tú no deberías defender a esos oportunistas!

-¡No discúlpame! –se le ríe abiertamente Isabel.

En ese momento entra Ángela sin que la vea Isabel y la escucha.

-¡No los estoy defendiendo! –sigue furiosa Isabel contra Andrés- Simplemente no soporto que ataquen cobardemente a gente buena como ellos.

Andrés se da cuenta de que Ángela escucha y se pone aún más nervioso.

-¡Sabes perfectamente que me gusta la honestidad y la justicia! –sigue Isabel- es más... ¡en este momento voy a cerciorarme que Walter esté preparando sus maletas para largarse de esta casa! –y se dispone a levantarse de la mesa.

-¡Y yo te acompaño Isabel! –de pronto habla Ángela y sorprende a Isabel que vuelve a sentarse- ¡yo soy la más interesada de que ese hombre se largue de aquí!

Y de pronto Andrés pierde toda compostura y se levanta gritando y golpeando la mesa- ¡Pues no se largará! –y le grita a Ángela- ¡así como tú me impusiste a Salvador Cerinza yo tengo el derecho de elegir a mis empleados! ¿Acaso Salvador no es tu chofer personal? Bueno... ¡a partir de hoy Walter será mi empleado de confianza! –y las enfrenta con una risa burlona- ¿Qué les parece?

Isabel se levanta de su silla espantada.

-¡Quedará a mi servicio y bajo mi responsabilidad! –le grita a Isabel y luego vuelve a enfrentar a Ángela- y te advierto que voy a defenderlo tanto como tu defiendes a ese miserable chofer ¿está claro? –y sonriendo triunfante se sienta y sigue comiendo.

Isabel lo mira con consternación, Valeria suspira con aprensión y Ángela se queda sin palabras.

 *

Mas tarde Ángela pasea por el bosque con Antonio.

-¡Qué Walter siga en la casa o no me da exactamente lo mismo! –le confiesa Antonio- después de lo sucedido estará muy limitado para molestarnos.

-¿Por eso traes esa cara? –se inquieta Ángela- ¿por eso estás tan inquieto?

-No, son otras cosas que me desconciertan realmente.

-¿Qué cosas?

-¡Prefiero no decirlo! –suspira- es algo que presiento y no sé como explicarlo.

-¡De cualquier manera lo que me da coraje es que Andrés esté protegiendo al insolente de Walter después de que te acusó de que eras un ladrón! –y le sonríe- si me hubiera acusado a mí no me hubiera molestado tanto.

-¡A lo mejor soy más ladrón de lo que piensan! –ríe Antonio- porque pienso robarme a la joya más preciada de don Pedro José -Y se acerca y la besa. 

 Y se besan apasionadamente.

 

Fue junto a ti que conocí

La más suave caricia

En el secreto de la piel

Cuando nos separamos

No nos dejamos de querer,

Tal vez nuestra pureza

Se hizo para serle fiel

 

Y más tarde,  los vemos dormidos uno en el brazo del otro en el ático... y se despiertan... y la pasión sigue... y otra vez hacen el amor.

 

Que vueltas da la vida

Mira nada más

Que dulce este reencuentro

Hoy nuestro amor vuelve a brillar

Después de tanto tiempo

Aun nos falta mucho por hacer

Hay tanta vida por vivir

Hay tanto sueños por cumplir

Junto a ti... ¡desde que nacimos!

Estaba escritos

Nuestros capítulos de amor

 

Esa misma noche Valeria entra al escritorio de don Pedro José y acaricia el piano con amor.  Se sienta y toca las teclas con cariño, con una extraña música celestial de fondo.

 

En otro lugar... otras manos, más gordas y toscas tocan las teclas de un piano desafinado... de pronto lo interrumpen- ¡Padre! –llora Cantalicia- ¡Padre ayúdeme por favor! –gime- aunque se ponga enojado conmigo... pero ¡ayúdeme a encontrar a Salvador!

 

(hum... amig@s, creo que la vida prestada de Salvador no es para siempre... ¡pienso que Cantalicia aparece para recordárnoslo...  ¡que Pedro José vive un cuerpo prestado!)

 *

FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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