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El Cuerpo del Deseo

Una historia Original de JULIO JIMENEZ

Libretos: IVAN MARTINEZ LOZANO

*

CAP# 60: viernes 7 de octubre 2005 – ¡REBECA Y WALTER!

Salvador conduce el auto y observa molesto que detrás Antonio y Ángela se hacen arrumacos.  Antonio le pasa un brazo por el hombro a Ángela. Salvador suspira. Y también le molesta que Antonio interroga a Ángela.

-¿No me vas a decir donde vas? –Antonio le reclama.

-Mi amor, ya te lo expliqué, voy a la oficina de unos abogados a arreglar unos asuntos.

-¿Qué asuntos? –insiste Antonio.

-¡Ay mi amor! por Dios –trata de esquivar la pregunta Ángela- ¡pareces un niño preguntando! –y a través del espejo retrovisor mira preocupada a Salvador.

Salvador achica los ojos y mueve la cabeza fastidiado. 

Antonio se da cuenta del intercambio de miradas y le dice molesto- ¿Debe estar muy a gusto trabajando con Ángela? ¿no? –le dice con un toque de ironía- ¡así no tendrá problemas con la señora Isabel y no podrán despedirlo tan fácilmente Salvador!

-Eso espero –le contesta lacónico.

-¡A propósito! –Antonio va al ataque- ¿dónde vive Salvador?

Salvador hace una pausa antes de contestar- Mire... si quiere conocer mis datos puede consultar mi hoja de vida –le dice paciente- la señorita Ángela se la puede facilitar.

-¡Ah! –Antonio sigue con desconfianza- ¡ya me tomé el atrevimiento de hacerlo mientras usted viajaba con la señora Isabel! –les confiesa.

Salvador frunce el entrecejo con disgusto.

-¡Me di cuenta que usted no vive en la dirección que ahí puso! –Antonio le acusa directamente.

-Porque me mudé hace muy poco –le responde Salvador lentamente y con tedio.

-¡Pues no estaría de más saber su nueva dirección! –responde Antonio mientras Ángela los mira inquieta- ¡uno nunca sabe si se puede llegar a necesitar!

Salvador se queda callado y luego contesta con parsimonia – Lo tendré en cuenta joven.

Antonio se da cuenta que ya llegaron - ¡Puede dejarme aquí Salvador! Ya estoy cerca de la universidad.

-¡Cuídate mucho! –le da un beso a Ángela mientras Salvador lo mira duramente- ¡Hasta luego Salvador! –se despide Antonio y baja del auto

Salvador todavía molesto no le contesta y mueve la cabeza con fastidio- ¿la llevo a la fábrica señorita? –le dice a Ángela- ¡acuérdese que es importante que consulte con el asesor financiero para saber a qué atenernos! –la trata como si fuera una niña.

-¡Ah! –dice Ángela y abre los ojos como tonta- ¿considera que debo hacerlo ahora? –pregunta aún de manera más tonta.

-¡Si! –le responde Salvador al borde de los nervios- ¡Si señorita! Cuánto antes mejor –se calma y le lanza una mirada reprobadora a través del espejo retrovisor- ¡hay que aprovechar que Andrés Corona se está mudando de casa! –le recuerda. Y Salvador dice esto con rabia.

 *

Y justamente en ese momento Andrés conduce su BMW descapotable por el camino privado que lleva a la casa.  Lo estaciona y se queda al volante admirando sus nuevos dominios.  Baja del auto, se apoya en la puerta y sigue contemplando la impresionante casa. Está vestido con camisa naranja. Mira la mansión y suspira complacido. Y luego sonríe triunfador.

 *

Dentro de la casa, en el salón, Isabel mira la foto de la boda publicada en el periódico. Vicky llega corriendo- ¡Señora Isabel! Su esposo ya llegó –le avisa- y por lo visto ya vino a instalarse –le dice sin ninguna alegría.

Isabel se pone tensa y mira a Vicky como pidiéndole ayuda.

 *

En la parte de servicio Walter llega gritando y aplaudiendo feliz-  ¡atención! –les grita- ¡todas las empleadas aquí inmediatamente! –se acercan las tres muchachas- ¡dejen por un momento sus oficios y salgan a ayudar a don Andrés Corona que ha venido a posesionarse de su nueva casa! –y haciendo ruido con las palmas- ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Rápido! –las muchachas salen corriendo- ¡y usted también Abigail! –le ordena Walter- no se quede ahí paradas... ¡vaya a atender a nuestro nuevo patrón! ¿si? –suspira excitado- ¿qué bueno que llegó? ¿verdad?

Y ante la mirada de duelo de Abigail va corriendo al salón.  Vicky llega donde Abigail.

-¡Llegó don Andrés Corona! –le anuncia Abigail- o como quien dice... ¡entró el diablo en esta casa Vicky!

Y las dos se miran preocupadas.

 *

Afuera Walter supervisa que las empleadas bajen del auto las tres maletas y las metan a la casa.  Walter se hincha de aprobación y orgullo por el nuevo jefe.

 *

Isabel, en vez de esperar a Andrés en la sala, está en su habitación y con un trapo con paciencia y parsimonia saca el polvo de las cosas de don Pedro José Donoso.  Frota los anteojos y con cariño los vuelve a poner en su lugar.  Se pone tensa al oír la puerta que se abre y ni siquiera mira cuando Andrés entra y cierra la puerta con fuerza.

-¡Bueno! –le anuncia propietario- ¡a partir de hoy viviremos juntos!

-Eso veo –dice Isabel y deja el trapo sobre el escritorio y se aleja de él.

-¡Es lo que esperamos hace tiempo! –Andrés dice con rabia- pero veo que ya no te importa.

Isabel lo mira con desdén- ¡Porque el ayer no es el hoy! –Andrés golpea con rabia el respaldo del sofá- porque las cosas han cambiado mucho –continúa Isabel y deja de mirarlo y se pone a arreglar su ropa.

-¡Aquí la única que ha cambiado eres tú! –le dice agrio Andrés – pero te agradezco que no me obligues a ocupar este cuarto que todavía... –y mira con asco- ¡huele a difunto! –y mira alrededor mientras la mirada de Isabel se vuelve de acero- ¡me da asco utilizar sus cosas! –reconoce- ¡su baño!

Isabel acaricia suavemente la ropa que tiene en sus brazos.  Andrés se acerca a ella otra vez y apunta a la cama.

-¡Y sobre todo esa cama! –dice asqueado.

Isabel sonríe- ¡No te preocupes! –le dice con ironía- ¡que en esa cama nada más duermo yo!

-¡No! –le grita Andrés- no, no, no –le dice con convicción- ¡tú dormirás en mi cama!

La cara de Isabel se petrifica.

-¡No te voy a dejar aquí rodeada de recuerdos de ese viejo! –y Andrés se pasea por la pieza- ¡no! ¡voy a librarte de su fantasma! –le dice como si le hiciera un favor.

-¡No! ¡no! ¡no! –se apresura a corregirlo Isabel ante la sorpresa de Andrés- ¡ese fantasma me ayuda a vivir a mí! -Andrés la mira como si hubiera perdido la razón- ¡me gusta estar aquí Andrés! –le confiesa sinceramente Isabel- ¡me gusta estar rodeada de las cosas que tanto me recuerdan a Pedro!
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(cuates... es imposible que Isabel lo hubiera envenenado... de lo contrario tendría miedo de las cosas de don Pedro José Donoso)

 Andrés la sigue mirando como si hubiera perdido los pedales y se lleva atónito un dedo al mentón- ¡Ah! –suspira sorprendido- ¡no hablas en serio!

-Si –le contesta tranquilamente Isabel.

-¡No seas morbosa! –le reclama Andrés disgustado- ¡como buena esposa compartirás mi cama! –le exige.

Isabel lo mira con ojos que dan miedo y mueve la cabeza negativamente.

-¡Así que prepárate para dejar este cuarto! –ordena Andrés.

-¡No! –se pone firme Isabel- ¡ni tú ni nadie me sacará de aquí! –y se le acerca como una fiera dispuesta a defenderse- ¡Además acordamos que no compartiríamos nuestra intimidad!

-¡También acordamos aparentar ser una pareja feliz y unida! –le grita Andrés- y si no dormimos juntos nadie se tragará ese cuento- se vuelve a poner histérico.

Isabel traga saliva con miedo.

-¡Así que recoge tus objetos! –Andrés está completamente fuera de control otra vez- ¡y llévalos a nuestra alcoba matrimonial!

-¡Es que tú y yo sabemos que esa alcoba matrimonial no existe! –le grita Isabel- ¡no va a existir nunca!

-¡No me provoques! –le grita más fuerte Andrés y enojado se dirige al closet de Isabel.

-¡No me provoques tú Andrés! –Isabel respira furiosa- por favor no lo hagas- pero Andrés empieza a tirar la ropa de Isabel sobre la cama- ¡porque antes prefiero dormir con el perro que volver a dormir en tu misma cama!

Pero esto es lo máximo que puede aguantar Andrés y de pronto ve el retrato de don Pedro José y con ojos de locura se abalanza y lo toma en sus manos.
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-¿Qué haces? –le reclama Isabel y le exige con la mano que le devuelva el retrato.
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Andrés la mira y juega con el retrato.

-¡No te atrevas! –le suplica Isabel.
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Andrés tira el portaretrato al aire y lo vuelve a tomar en sus manos.

-¡Por favor dame el retrato Andrés! –Isabel le suplica y se le acerca con las manos extendidas- ¡dame esa foto! Es una orden –y trata de arrancársela de las manos.
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 Pero Andrés de un golpe la envía a la cama violentamente -¡Nunca  me des ordenes! –grita histérico-  ¡soy tu esposo! –y le grita más fuerte- ¡no tu esclavo!
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Isabel no sabe qué hacer.
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Ante tanto grito entran asustadas Rebeca y Valeria a la habitación.

-¡Dios mío! –se asusta Valeria al ver a Isabel en la cama.

-¿Isabel que ocurre? –se preocupa Rebeca.
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Andrés se queda de una pieza, ocultando el retrato en su espalda.

Isabel se levanta de la cama y se recompone- ¡No ocurre absolutamente nada! –anuncia y se para enfrente al lado de ella enfrentando a Andrés- ¡solo que Andrés va a ir a ocupar la habitación que fue preparada para él! –y luego le dice con rabia- ¡y a mí me va a dejar en paz!
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Andrés se acerca amenazador- ¡no me obligues! –mientras en sus ojos se refleja la locura.

-¡No me obligues tú! –y no baja la mirada- si según tú... ¡este cuarto apesta a difunto! Entonces vete al cuarto que te corresponde.

Andrés mueve la cabeza con incredulidad y rabia.

-¡A mí déjame con mis fantasmas! –Isabel subraya cada palabra y le exige con la mano que le devuelva el retrato.

Andrés sonríe con maldad y hace amago de devolvérselo... ¡pero lo deja caer despectivamente al piso!

Rebeca se asusta y se lleva la mano a la boca, Valeria mira con incredulidad a Andrés. Sorprendidas Rebeca y Valeria se toman de la mano.

-Lo siento – se burla Andrés y furioso pasa en medio de Rebeca y Valeria casi atropellándolas.  Rebeca espantada vuelve a tomar del brazo a Valeria.

Isabel se arrodilla lentamente y recoge el retrato.  Se levanta y lo cobija en su pecho.  Mira a lo lejos.  Rebeca la mira como si estuviera loca y mueve la cabeza negativamente.  Valeria se le acerca y le ofrece su apoyo poniéndole una mano en el hombro.   Isabel sonríe y mira al retrato de don Pedro José.  Valeria sonríe.  Isabel mira a lo lejos... ¡se va muy lejos con el pensamiento!

Simón vuelve del trabajo, con su mochila al hombro y se sorprende al ver tanto nerviosismo en las empleadas, que gritan y corren desesperadas- ¡Nora! Apúrate con las toallas –grita una.

-¡Sí, si! –contesta Nora desbordada.

Simón entra a su cuarto y encuentra a su mamá sacudiendo el polvo.

-¡Mamá! ¿qué es este alboroto? Las empleadas están corriendo por toda la casa como locas.

-¡La llegada don Andrés las puso así!

-¿Ya llegó? –se frustra Simón.

-¡Si! Yo no sé, pero las cosas entre él y doña Isabel no andan muy bien que digamos –le comenta.

-¿Por qué lo dices? –curioso.

-Pues porque  tuvo que ocupar otro cuarto ¡y no ha dejado de renegar!

-¡Si vergüenza le debería de dar al desgraciado ese ocupar la casa del hombre que traicionó!

Abigail se pone pálida del susto- ¡Simón cuida esa lengua! Antes estaba afuera pero ahora lo tenemos aquí bajo el mismo techo.

-¡Si la pelea dura apenas comienza mamá! –le dice sin pelos en la lengua- no va a tardar en declararnos la guerra ese desgraciado! Y nosotros no nos vamos a quedar quietos ¿eh?

Abigail la mira exasperada.

 *

En el salón y justo en el momento que Andrés baja las escaleras, una de las empleadas que va corriendo se cae y rompe un jarrón.

-¡Estúpi.da! –le grita Andrés sin ninguna contemplación y se agacha a recoger los pedazos- ¡Te das cuenta de lo costosa que es esta pieza! –y estrella con rabia los pedazos del suelo- ¡te das cuenta!

La empleada se marcha llorando y asustada.  Las otras se quedan temblando.

-¡Qué vas a saber! –se burla Andrés- ¡nunca! –y se acerca a una de sus valijas que está en la sala para sacar algo cuando de pronto se queda paralizado... ¡acaba de ver sobre el sofá el periódico con la foto de la boda!... la foto donde aparecen los tres.  Lo toma en sus manos, lo lee y luego estruja el diario con rabia.

Las Cruces.  En este lugar olvidado del mundo, se encuentra la cabaña del verdadero Salvador Cerinza.  Dentro de ella Cantalicia, su verdadera mujer, limpia una especia de cocina. Muy cerca el niño, hijo de Salvador, juega con sus juguetes de madera.

La choza es de una pieza, y está amueblada con una mesa hecha de troncos.

(ahahahah!!!  Disculpen, no puedo aguantar la risa cada vez que veo esta mesa, he conocido las casas de gente muy modesta y extremadamente pobre..., pero jamás en mi vida he visto que utilicen una mesa hecha de troncos delgados de diferentes largor y grosor amarrados uno con el otro... ¡ridículo!  Esta mesa lo haces cuando vas de campamento y necesitas algo temporal para comer un buen asadito... ¡pero no para vivir! A menos claro que tanto Salvador como Cantalicia sean unos holgazanes tremendos y el pobre niño tuvo la tarea de hacerla)

-¡Cantalicia! –llega corriendo y gritando el padre- ¡Cantalicia! –y golpea la puerta y entra sin esperar - ¡permiso! Permiso Cantalicia... ¿se puede? –y trae un periódico en sus manos.

-¡Pásele! –se asusta Cantalicia- ¡padre Jacobo!

-¡Qué bueno que la encuentro! –y se sienta cansado a retomar aire.

-¿Qué lo trae por acá padre? –le pregunta Cantalicia mientras lo abanica para darle aire.

-¡Quiero que vea este periódico que le he traído!

-¿Se murió alguien?

-¡No! –dice todavía respirando con dificultad- ¡ni Dios lo mande!

-Pero... mire que yo estas cosas... ¡casi nunca las veo! –y le pasa de vuelta el periódico- ¡cómo yo no sé ni leer!

-¡Estoy seguro que va a interesarle! –y le vuelva a pasar el diario- ¡mire esa fotografía bien! Dígame ¿a quien ve en ese grupo de personas? –y sigue respirando agitado del cansancio.

Cantalicia mira la foto de Salvador y se emociona- ¡Ay! –dice con dolor.

 *

Y recuerda... a ella y a Salvador caminado por el campo y levantando cargas muy pesadas.  A ella dándole agua y Salvador derramándose toda el agua para combatir el calor.  A ella acariciando el vientre y el pecho de Salvador.  A ella dándole un baño a Salvador, a quien evidentemente no le gustaba el baño y que casi lo ahoga cuanto por bruta trata de lavarle la cara con jabón- ¡Ya! –grita Salvador en sus recuerdos- ¡ya quíteme esa porquería de los ojos que me arden! –y Cantalicia dale que te dale le friega el cuerpo con el jabón hasta que Salvador le da un codazo bruto- ¡mejor déjeme lavar solo! –le pide- ¡ya sabe que no me gusta que vea en cueros!... ¡me da harta vergüenza!

Y Cantalicia mira para otro lado... y más tarde... ella haciéndole el amor a Salvador... jadeando... Salvador simplemente disfrutando... hasta Salvador reacciona y la besa.

 *

-¡Ay Diosito Santo! –vuelve Cantalicia a la realidad- ¡es Salvador! –y ríe feliz.

El niño al escuchar el nombre de su padre salta y viene a verlo.

-¡Padre Jacobo! –llora de alegría- ¡mirelo! ¡Es Salvador!

El padre Jacobo asiente con la cabeza- ¿Entonces lo reconoce? ¿ese hombre de la foto es Salvador?

Cantalicia ríe a carcajadas feliz y golpea la foto- ¡es mi marido padre! –llora- ¡es Salvador! Mirelo nomás.

-¡La noticia la publicaron hace un mes! –anuncia el padre- el comisario Ocampo fue el primero en notar el parecido y él me prestó el periódico.

 (Oh-la-la!! Y entonces, si ya pasó un mes...  ¿para qué viene corriendo de esa manera?)

 -Es que no es parecido padre... ¡es Salvador! –y Cantalicia con cariño pasa un dedo sobre la foto.

 (Error de la novela... Cantalicia tiene las uñas pintadas!!!  ¿qué no son tan pobres?)

 -Lo reconocería hasta con los ojitos cerrados –suspira- ¡que lindo padre! Está vestido así como todo arregladito... ¡parecido a esos señores todos elegantes! ¿verdad?

-Lo que lleva puesto es algo así como un uniforme... ¡parece un militar!

-¡Un militar! –se asusta- ¡léamelo padre! –le ruega- ¿quiénes son esas otras personas? Es que yo no entiendo ni un poquito. Dígame ¿qué pasa? –y se abraza a su niño que la mira desesperado.

(este pobre niño me da una harta pena... siempre tan ignorado... como un retrato en la pared!)

-No Cantalicia, no lo mencionan para nada, esta es la noticia de una pareja muy importante... ¡el matrimonio entre doña Isabel Arroyo y Andrés Corona! –y luego la mira asombrado- ¿Salvador le habló alguna vez de ellos?

-¡Claro que no! –dice con su acento que canta- ¿cómo me va a hablar de gente de esas si él nomás conoce a gente de por acá padre?

-¡Esta señora Isabel es muy linda! –comenta el padre- no sé... ¡pero me parece que alguna vez se la oí mencionar a Salvador.

-¡Padre! –le ruega Cantalicia- ¿usted cree que por fin voy a encontrar a Salvador padre?

-¡Cantalicia por Dios! –le toma la mano con pena.

-¡Digame qué más dicen! ¿no dicen donde viven esas gentes para ir a preguntar por Salvador?

-¡Piensa buscarlo después que la abandonó sin decirle nada hija!

Cantalicia se pone triste y llora.  El pobre niño sufre indeciblemente sin saber cómo consolarla.

-¡Si! ¿y qué más puedo hacer padre? ¡aunque nos haya abandonado al Moncho y a mí! Nosotros no podemos vivir sin Salvador.

-¡Yo quiero que mi papito vuelva padrecito!

-¡Ya ve! Léalo... ¡léalo y dígame dónde lo puedo encontrar! –le exige- ¡léalo todo!

-Aquí no dice nada –le explica con paciencia- ni menciona ninguna dirección... ¡simplemente dan la noticia del matrimonio y nada más!

-¡No! –se desespera Cantalicia- ¡tiene que decir donde está padres! –llora fuertemente- ¡porque yo soy capaz de ir a buscarlo hasta los mismísimos infiernos! –y llora más fuerte- ¡padre dígame donde está! ¡Dígamelo padre! –solloza a gritos.

-¡No lo sé Cantalicia! –se asusta el padre- ¡no debí haberle mostrado este periódico! –y trata de marcharse- creo que hice mal hija.

-¡Padre no se vaya padre! –sollozando a gritos- ¡ayúdeme a encontrarlo padre!  -fuera de sí- ¡ayúdeme!

-¡Cantalicia!  ¡Cantalicia! No quería preocuparla... ¡olvídese de esto!

-¡No! No no –grita.

-Con esta noticia no podemos hacer nada –trata de razonar el padre- ¡Si Salvador decide regresar algún día lo hará por su propia voluntad! –y mira al cielo- ¡sabrá Dios en que paso anda este cristiano! –y desesperado trata de marcharse- permiso Cantalicia

-¡No! –llorando a grito pelado- ¡no! ¡Ay Dios mío! –se queda sola Cantalicia y su hijo la abraza sin poder hacer nada.

 *

Mansión.

Es de noche cuando Salvador y Ángela regresan.  Antonio los espera impaciente fuera de la casa.  Salvador lo mira con dureza.

-¡Mi amor! –baja Ángela y ve el auto de Andrés- Andrés está en la casa ¿verdad?

-Te estaba esperando para prevenirte.... ¡ese hombre ya se instaló y te cuento que su cuarto queda muy cerca del tuyo!

Salvador no pierde palabra y juega nervioso con las llaves.

-¡Salvador! –le dice Ángela- puede retirarse y muchas gracias por todo.

-¡Hasta mañana señorita! –pero no hace amago de marcharse.

-Mi amor –Ángela se despide de Antonio- nos vemos más tarde... ¡vengo muy cansada! –y le da un beso y se marcha.

Antonio la mira y luego mira con celos a Salvador.  Da media vuelta para marcharse cuando Salvador lo llama- ¡Antonio!

Antonio regresa.

-¿Por que desconfía de mi? –le reclama Salvador.

-¿Por qué lo pregunta?

-¡Porque sigue prevenido conmigo! ¡ya fue a investigar donde vivía y ahora insiste en saber mi nueva dirección!

-¡Ah! –sonríe con ironía Antonio- Salvador... no quiero malos entendidos.. simplemente estoy muy desconcertado... ¡hace meses que llegó a trabajar a esta casa y no es posible que no sepamos nada de usted!

-¡Deje de jugar al detective conmigo! –le exige Salvador.

-¡Si por lo menos supiéramos dónde vive o qué relación existe entre usted y don Pedro José! –le reclama Antonio- ¡usted no llegó aquí por accidente o simplemente a buscar trabajo de chofer! ¡usted vino en busca de algo más! –le acusa.

-¡Si así fuera no pretendo hacerles daño! –le grita Salvador- estoy aquí para ayudarlos... ¡en memoria de don Pedro José Donoso! Él sin quererlo –y lo mira con ojos muy negros y misteriosos- se equivocó... ¡cometió muchas equivocaciones! Y yo estoy aquí para enmendar sus errores.

-¿Me está diciendo que vino solamente a eso? –se rebela Antonio.

-¡Si! ¡así es! ¡le estoy diciendo que si me ataca...! –le dice con voz amenazadora... y luego hace una pausa y vuelve a repetir más tranquilo- ¡le estoy diciendo que si me ataca se está atacando a usted mismo! ¡eso es lo que le estoy diciendo! –y lo deja plantado.

Antonio se seca el sudor de la frente nervioso.

 *

Salvador entra al cuarto de lavandería para cambiarse.  Encuentra a Vicky- ¿Ya va de salida Salvador?

-¡Así es Vicky!

-¡Voy a retirarme para que usted se cambie! –y deja de planchar- y mientras voy a soltar al perro para que vigile... ¿sabe que a veces entrada la noche siento unos ruidos bien extraños?  - le comenta preocupada.

-¿Teme que entren ladrones a pesar del celador? –le dice indiferente Salvador mientras saca su ropa.

-Bueno, la casa es demasiado grande como para que ese señor esté en todas partes... –y baja la voz- le cuento que anoche sentí como si alguien estuviera rondando el sótano.

-¿El sótano? –Salvador se pone alerta.

-¡Si! –susurra Vicky- y que no sabe... ¡me levanté a averiguar! ¿y a que no sabe cual fue la sorpresa?

-¿Cuál?

-¡Eran Walter y doña Rebeca!

-¿Está segura de lo que dice?

-¡Claro! Yo no sé que se le habrá perdido a ese par... ¡pero no es la primera vez que los cacho ahí en ese mismo sitio!

Salvador si sabe... y junta las mandíbulas con determinación.

 *

En la casa Rebeca, Isabel y Andrés van a cenar.  Abigail y otra empleada sirven.

-¿Ángela ya llegó? –pregunta Isabel.

-¡Si señora! –dice Abigail- debe estar en su habitación.

-¿Le avisó que nos acompañara a cenar?

-¡Si señora! Pero dijo que no se sentía bien y que no quería nada... ¡si usted quiere voy a avisarle otra vez!

-No, déjelo así –e Isabel mira a Andrés y toma su copa de vino- a lo mejor no quiere acompañarnos y no la podemos obligar.

-¡Traiga más vino! –ordena de mala manera y de malhumor Andrés- ¡con Ángela o sin Ángela vamos a festejar! –y se toma un trago.

Isabel come. Rebeca levanta su copa feliz- ¡por tu llegada a tu nueva casa Andresito! –y brinda- todos estamos felices que estés entre nosotros.

Pero la cara de Isabel dice otra cosa.

-¡Hum! ¿todos? –contesta agriado Andrés- ¡con que una persona esté feliz para mi es suficiente! –y mira a Isabel que molesta mira a otro lado.  De pronto se escuchan unas notas falsas- ¿Quién toca el piano? –dice Andrés disgustado.

-¡Valeria! –dice Rebeca quejándose y se ríe burlona.

-Ella tampoco va a acompañarnos –Andrés.

-¡Últimamente le ha dado por aporrear a ese aparato –Rebeca voz de cacatúa.

Isabel sigue comiendo y trata de ignorarla.

-¡Claro! –sigue Rebeca sin caer en la cuenta- ¡claro! Animada por Ángela, Abigail y sus hijitos... ¡le han hecho creer que es una gran pianista Andrés! –y se ríe a carcajadas.

Isabel la mira molesta.

-¡Deben estar sordos! –concluye Andrés- ¡es un desastre! –se ríe.

Pero Isabel ya no puede más- ¿Podríamos cenar en paz una sola vez? –les pide disgustada.

Andrés la mira y se calla.

 *

En el estudio de don Pedro José Donoso Valeria da su pequeño concierto a un auditorio de una persona... Simón... ¡que la mira embelesado! Valeria le sonríe y Simón le devuelve la sonrisa con cariño.

Muy cerca de ellos, al otro lado del cuadro... Salvador llega por el lado del jardín y se apresta a abrir la puerta del cuarto secreto.... para confirmar sus sospechas... ¡la puerta está abierta!

 Evidentemente, después de la discusión Walter no tuvo tiempo de cerrar la puerta.

Salvador entra al cuarto y se queda estudiando los objetos que ahí se encuentran... con nostalgia...
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De pronto escucha las notas del piano y se acerca a escuchar al otro lado de la pared, donde está el cuadro de la mamá de Ángela, Catalina.

 *

Valeria termina y Simón aplaude entusiasta - ¡Bravo! Tocas muy bonito Valeria.

-¡Gracias Simón! –y luego le dice modesta- ¡Ay! Si tu escucharas a los grandes pianistas... ¡créeme que te taparías los oídos!

-Bueno, yo no sé mucho de música pero tocas muy parecido a cómo lo hacía don Pedro José.

-¡No! Él sí que sabia de música –dice admirada Valeria- no sabes... ¡me encantaba escucharlo! Daría cualquier cosa por tocar como él... ¡ni volviendo a nacer tendría esa sensibilidad! Él tenía... ¡algo así como un don especial!

Salvado escucha atentamente.

-Por la forma como hablas debiste admirarlo mucho –Simón.

-¡Y lo sigo admirando mucho! –le cuenta Valeria- nunca nadie me despertó... tantas sensaciones juntas.

-¡Hablas de él como si hubieras estado enamorada! –se sorprende Simón.

-¡No me molesta que me lo digas! –dice sincera Valeria.

Salvador al otro lado se inquieta.

-¿Sabes? –sigue Valeria- tal vez si me enamoré.. ¡pero no de una forma común y corriente! Sentía... ¿cómo explicarte?... ¡respeto! Un cariño sincero.

Simón la mira serio.

-¡El era para mí como un tener un ídolo!

-¡Si pudiera escucharte se sentiría muy halagado! –le dice Simón.

Valeria sonríe a Simón.

Salvador si la ha escuchado y sonríe con ternura y cariño. Y luego decide continuar con su misión.   Se acerca al cuadro que cubre la caja fuerte, lo hace rodar en los goznes que lo fijan a la pared.... con un chirrido de ultratumba.  Luego pone la combinación exacta y utiliza la llave para abrirla... dentro de la caja completamente vacía de joyas y dinero... solamente hay dos sobres... uno blanco y otro amarillo... los saca, los contempla y luego vuelve a ponerlos adentro muy ordenados. 
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Ríe divertido.
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Luego traba la cerradura de modo a que la caja no se vuelva a cerrar por error y la deja abierta.  Sale y apaga la luz.... ¡un rayo de luna alumbra la caja fuerte vacía! 

 (¿qué serán estos dos sobres ? Importantes o no?)

 En el comedor el matrimonio feliz sigue cenando.  Andrés no pierde oportunidad de molestar- ¡Me parece una falta de respeto que Valeria no esté en la mesa con nosotros! –se queja.

-¡Ya te dije que no podemos obligar absolutamente a nadie! –le corta Isabel.

-¡A mí también me parece una falta de respeto! –lo apoya Rebeca voz de cacatúa- sobretodo porque anda con Simón.

-¿Ahora qué con ella? –se enoja Isabel.

-¡Ay! Se han vuelto amiguísimos ella y ese muchachito odioso... ¡se la pasan de arriba para abajo! No se despegan.

-¡Yo más bien creo que tú estás exagerando como siempre! –e Isabel enojada deja de comer.

-¡Isabelita cuando yo te digo algo es porque es verdad! –le grita Rebeca- si quieres ve y compruébalo tú misma.

Fastidiada Isabel se levanta- ¿Me disculpan? –se excusa y va para arriba.

Andrés sonríe divertido.

-¡Hay que imponer orden en esta casas! –sigue Rebeca y le sonríe- ¡y me parece que tú puedes ayudarnos Andresito!

-¡A eso vine! –dice Andrés mirando su copa de vino- ¡y es lo que voy a hacer! –anuncia amenazador.

Rebeca lo mira con aire de triunfo.

 *

Isabel sube las escaleras al piso superior, se detiene ante la puerta del estudio y escucha las notas del piano.  Duda un momento y luego irrumpe en el estudio.  Encuentra a Simón parado frente al piano y a Valeria sentada al piano.

-¿Nos puedes dejar a solas? –le exige Isabel a Simón.

-Con permiso –se despide Simón.

-¡No vayas a empezar a criticarme por estar con Simón! –le advierte Valeria- porque me vas a obligarme a decirte lo mismo que le dije a mi tía.

-¿Qué le dijiste a mi tía? –le reclama Isabel.

-Bueno, ¡que tengo la libertad de tratar con la gente que me agrada!

Isabel la mira irónica- ¿Y Simón te agrada? –y con tono burlón- ¡no me digas que piensas hacer lo mismo que Ángela! Enamorarse estúpidamente de Antonio.

Valeria camina- ¡Estoy hablando de una amistad Isabel! –le reclama- ¡no pienso en romances ni mucho menos! –dice inocente.

Pero Isabel sabe más- ¿Y tú crees que Simón piensa lo mismo que tú? –le reclama.

-¡Claro que si! –lo defiende- aunque ustedes no lo crean es un muchacho sano que no tiene malas intenciones.

A Isabel se le borra la sonrisa y luego la enfrenta- ¿Y que harías si yo te prohíbo que lo sigas viendo?

Valeria suspira pero no se amilana- ¡Me obligarías a tomar decisiones radicales!

Isabel le dice que continúe con un gesto.

-¡Me alejaría de ti para poder vivir mi vida a mi manera!

Isabel le dice altiva- ¿Me estás amenazando?

Valeria se le acerca- Isabel... ¡estoy dispuesta a cambiar! –Isabel baja la mirada- Ya no quiero ser una sombra... ¡y Ángela va a ayudarme! –agrega.

Pero esta frase hace que Isabel reaccione violentamente - ¡Qué puede ofrecerte de ayuda esa estúpi.da! –le grita llena de celos.

Valeria no se deja- Bueno, tengo muchos planes... –le dice segura de si misma- entre ellos estudiar música.

Isabel mira al techo furiosa- ¿Y se puede saber por qué aceptaste la ayuda de Ángela y no la mía? –le reclama- ¿Estas dispuesta a recibir caridad ajena?

Valeria se muerde los labios.

-¡Escúchame bien Valeria! –sigue Isabel con rabia- ¡yo soy tu prima y siempre he estado contigo!

Valeria la mira y calla.

-¡Siempre me he ocupado de tus cosas! –Isabel le reclama- ¡Y si tú en este momento rechazas mi ayuda y aceptas la de Ángela! –y levanta la cabeza con rabia- ¡no te lo voy a perdonar nunca! –y la mira furiosa- ¡nunca! –le repite... le arregla el pelo y luego sale enojada del estudio.

Valeria se queda sola  y también enojada por la decisión que debe tomar.

 *

Afuera Azur corre feliz por el jardín. Walter se pasea con el celador.  Azur casi lo atropella.

-¡Quien ha soltado a ese perro con lo agresivo que es! –se queja- ¡voy a tener que amarrarlo antes que el señor Andrés sufra un disgusto! –y corre detrás del perro.  El celador sigue su ronda.

Walter pasa cerca de la puerta de acceso al ático y se queda frío... ¡la puerta está abierta!... duda un momento y luego de ver que nadie lo ve, se decide y entra.

 *

En su habitación, Isabel trata de trabajar en su computadora portable, pero evidentemente se siente culpable y no puede... ¡cierra la computadora con rabia! Y apoya la cabeza cansada.  La puerta se abre y entra Valeria.

-Isabel ¡no quiero pelear contigo! –le dice Valeria.

Isabel deja la computadora, y se levanta cansada y se queja- ¡Pues tal parece que te empeñas en hacer todo lo contrario! –le reclama.

-¡No podemos distanciarnos! –Valeria le ruega- nos necesitamos ahora más que nunca –y la mira con cariño.

Isabel se ablanda y con los ojos con lágrimas se da vuelta y la mira - ¡Si lo sé! –admite y se le quiebra la voz- ¡lo sé! –y se abraza a Valeria como si fuera una tabla de salvación.

Valeria la abraza muy fuerte y con pena en los ojos.  Isabel se deja llevar y cierra los ojos un momento.

Pero Andrés las interrumpe abriendo la puerta.  Ambas se separan y miran fastidiadas para otro lado.  Isabel se acaricia el cuello nerviosa.

-¡Venía a darte las buenas noches! –dice Andrés de malhumor- pero parece que siempre hay alguien que nos interrumpe- y mira fastidiado a Valeria.
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-Por mi no te preocupes Andrés –anuncia Valeria- yo me retiro.

-¡No! –Isabel le ruega con los ojos- ¡no te vayas! Acuérdate que te necesito mucho.

-Si –se burla Andrés- no sea cosa que vuelvas al estudio –y mira a Valera con desdén- ¿nunca te han dicho que como pianista eres un desastre? –se ríe de ella.

Valeria mira al techo sin hacerle caso.  Isabel pone cara de furia.

-¡Deberías dejar de tocar ese piano! –sigue Andrés – me trae muy malos recuerdos.

Isabel mira preocupada a Valeria.

Andrés le da un beso a Isabel en la mejilla- ¡Qué descanses! –se despide.

Valeria le reclama con la mirada a Isabel, que solamente se muerde los labios y con los ojos le dice que no puede hacer nada.  Valeria no comprende.

 *

Mientras tanto, con una linterna, Walter se aproxima al cuarto secreto... tiene miedo de que haya alguien y tiene mucho cuidado.  Se asusta y espanta cuando ve la puerta abierta... entra y prende la luz y lo que ve le horroriza... se toma la cabeza en las manos y grita - ¡No!
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Se pone pálido al ver la caja abierta y completamente vacía, a excepción de los dos sobres.  Toma los sobres.
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Abre nervioso los sobres y al ver que son papeles los tira al suelo- ¡lo hizo! –grita desesperado- ¡lo hizo esa desgraciada arpía! –y se pasea fuera de si- ¡se llevó todo! ¡lo hizo! –sin poder creerlo- ¡me traicionó esa vieja bruja! –con los ojos desorbitados.

 Y vuelve a meter la mano para comprobar que realmente está vacía.
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 *

Bar.

-Le advertí que tuviera cuidado Salvador –le recuerda Gaetana- la última vez que Antonio estuvo aquí estuvo haciendo preguntas y si lo sigue haciendo es porque sospecha.

-¡El mismo reconoció que estaba desconcertado! Mientras más averigüe más se va a confundir –dice tranquilo... y luego de una pausa suspira inquieto- ¡la que me preocupa es Isabel! –le confiesa.

Gaetana lo mira con ojos sorprendidos.

-¡Creo que es sincera cuando me dice que quiere evitarme enfrentamientos con Andrés Corona! –le confía.

Gaetana baja los ojos suspirando- ¡Ay Salvador! –le dice incrédula- ¿quién le garantiza que esa mujer es sincera? –se burla- ¡por Dios no se engañe! Es más... reconozca... ¡que aunque usted dice que la odia! –y subraya la última palabra- ¡está perdidamente enamorado de ella hombre!

Salvador suspira y se sienta.

-¡No puede confiarse de esa mujer! –le advierte Gaetana.

-Usted no tiene por qué andar afirmando esas cosas Gaetana –le dice molesto.

-¡Salvador es la verdad! –sigue sin dudar Gaetana- y tengo que decírselo porque soy su amiga... ¡dígame una cosa! ¿a usted le gustaría caer en las mismas redes que atraparon a Pedro José Donoso?

 (bueno... pero si es él mismo )

 Salvador no contesta y solamente mueve la mandíbula con rabia.

-¿No verdad? –sigue Gaetana- ¡No confíe!

-¡Yo no confío en nadie! –le aclara Salvador- yo tengo clarísimo que el terreno que piso es muy peligroso y que debo estar pendiente.... –y luego agrega- ¡sobre todo con Isabel! – y mira a lo lejos- y con Andrés –dice sin darle tanta importancia- y con ese par de codiciosos que ahora rondan el sótano.

-¿Quiénes?

-¡La tía de Isabel y el degenerado de Walter quieren apoderarse de los valores que dejé en la caja fuerte!

-¿Usted está seguro?

-¡Se dieron sus mañas para descubrir el cuarto secreto! –se ríe- pero muy pronto sabrán que allí no hay nada que pueda servirles.

Gaetana ríe feliz.

-¿Sabe que me gustaría? –sonríe Salvador- ¡Estar presente para verles las caras!

-¡Ay yo también! –lo apoya Gaetana.

-¡Especialmente a ese abusivo hipócrita en quien confié durante tantos años sin saber que era mi por enemigo! –y Salvador sonríe con un brillo de venganza en sus ojos negros.

 *

Justamente en ese instante el abusivo hipócrita tiene un ataque de rabia e histeria- ¡Es que me engañó! –grita furioso- ¡me engañó la vieja maldita! Me mintió a mí... –y se golpea la cabeza en una lámpara- ¡me mintió! –repite una y otra vez- ¿por qué? – y vuelve a mirar la caja vacía- ¡pero me va a escuchar porque nadie se burla de Walter Franco sin escucharlo! –grita con odio- ¡vieja desgraciada! –y sale corriendo.

Y mientras Azur ladra a lo lejos, Walter llega al piso superior y golpea con rabia pero sin hacer ruido la puerta de Rebeca- ¡Doña Rebeca! –llama ronco y desesperado.

Pero en ese momento sale Andrés desde su cuarto y lo ve en el pasillo- ¿Que haces? –le reclama.

Walter salta del susto pero se recompone- ¡Estoy cumpliendo con mi ronda nocturna! –le miente- como es mi costumbre don Andrés... ¿se le ofrece algo?

-¡Si! –le contesta furioso- ¡que calles a ese maldito perro que no me deja dormir! No sé.. ¡átalo y déjalo lejos donde no moleste! –le ordena.

-Muy bien señor... ¡así lo haré inmediatamente! –y Walter se aleja.

 *

Andrés sigue su camino y llega a la puerta del cuarto de Isabel.  Dentro del cuarto Isabel no duerme... tiene la cabeza apoyada en la almohada.

Andrés golpea- ¡Isabel! –llama.

Isabel se sobresalta y mira alerta a la puerta.

-¡Isabel! –exige Andrés y golpea- ¡Isabel abre la puerta!

Pero Isabel no tiene la más mínima intención de hacerlo y vuelve a recostarse lentamente.... apaga la luz de su lámpara. 

Andrés trata de abrir la puerta pero tiene llave- ¡Isabel! –grita.

Isabel cierra los ojos.  Andrés trata nuevamente abrir la puerta, Isabel se exaspera pero lo ignora.

-¡Isabel abre! –se queda reclamando Andrés.

 *

Al día siguiente.

Antonio y Simón le reclaman a Walter que haya amarrado al perro toda la noche.

-¡Usted no puede hacer lo que quiera con el pobre perro! –Antonio.

-¡No admito reclamos de ninguna naturaleza!  -les grita Walter.

-¿Que es lo que está sucediendo ahora? –llega Abigail.

-¡Qué anoche el señor Walter amarró a Azur y le puso un bozal para ahogarlo!

-¡No para ahogarlo! –le corrige Walter- para simplemente silenciarlo que es diferente... hasta que ese perro no aprenda a no ladrar ni a morder.

-¿Entonces para que es el perro sino para ladra y morder a cualquier ratero que se quiera meter a la casa?

-¡Ya una vez me atacó a mí y al señor Andrés también! Y el mismo señor Andrés me ordenó callarlo... ¡así que al patrón se le obedece!

-¡Don Andrés no es patrón de nada! –se rebela Abigail- ¡y usted no va a amarrar al perro ni le va a poner ningún bozal! –se indigna- ¡faltaba nada más! Tanta crueldad con ese pobre animalito.

-Ustedes se están rebelando contra la máxima autoridad de esta casa –les amenaza Walter.

-¡Cual máxima autoridad ni que nada! –se burla Simón- ¿usted se volvió loco o que? Ese señor no significa nada para nosotros.

-¡Se lo voy a decir a don Andresito inmediatamente!

-¡Ándele! –se burla Antonio- ¡Dígaselo! Infórmele de lo que quiera que a nosotros no nos importa... ¡usted no vuelve a ponerle una cochina mano a ese perro! Si permitimos que lo maltrate mañana hará lo mismo con nosotros.

Y Walter corre a hacerlo.

-¡Será mejor que se marchen! –les dice Abigail.

-¡No mamá! Nos quedamos –Simón- vamos a ver que hace ese soplón.

-¡Yo no quiero que por culpa suya vayan a llagar tarde.. tú al trabajo y tu a la universidad!

Y los despacha.

 *

Walter va a subir las escaleras cuando Rebeca lo detiene- ¿Adonde va tan deprisa?

-¡Voy a ver al señor Andrés!

-¡No lo moleste! –le prohíbe- ¡está dormido!

De pronto Walter reacciona- ¡tiene razón! Con quien primero debo hablar es con usted... ¡acompáñeme por favor!  -y la toma del brazo.

-¡Suélteme! –se libra Rebeca.

-¡Si usted cree que me puede jugar sucio está completamente equivocada!

-¿De qué está hablando?

-¡No trate de aparentar  ni me mienta! –le dice en voz baja pero con furia- porque yo tengo un limite ¿sabe? Pero cuando tratan de traicionar... ¡soy más peligroso que una cobra!

-¡O me explica que demonios está diciendo o se me larga de aquí ahora mismo porque no me gusta la manera en que me está hablando! –levanta la voz- ¿entendido Walter?

-¿Y como quiere que la trate después de la bajeza que ha hecho conmigo? –le susurra- ¿dónde están las joyas?

-¿Cuáles joyas? –le dice furiosa.

-¡Las que se robó de la caja fuerte!

-¡Yo no me he robado nada! –le dice con cara de ira- ¿se ha vuelto loco o que?

-¡No me mienta! –se pone temblar Walter.

Cuando de pronto los dos ven a Salvador que entra a la sala.  Se separan como si nada estuviera pasando.  Walter se arregla el moñito.
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-¡Buenos días!  -saluda divertido Salvador porque sabe de qué hablan.

-¡Buenos días Salvador! –sonríe seductora Rebeca.
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-¿Han visto a la señorita Ángela? –simula Salvador.

-¡Espérela afuera! –le grita Walter- nadie lo autorizó a entrar a la sala.

-La puede esperar en el jardín –le dice suave Rebeca y como Salvador le sonríe divertido le hace un guiño.

Apenas Salvador sale Rebeca se convierte en una fiera- ¡Ahora mismo me aclara qué es lo que está pasando! ¿qué es lo que pasa con las joyas de la caja fuerte? –ataca a Walter.

-¡Usted se las llevó porque allí no hay absolutamente nada! –la acusa furioso Walter.

Rebeca furiosa se dirige a la puerta.

-¿Adónde va? –se asusta Walter.

-¡Adónde cree! Al cuarto del sótano.

-¿A estas horas? No sea imprudente... ¡alguien podría verla!

-¡Y a mí que me importa después de lo que acaba de decirme! Ahora mismo voy allá – y sale corriendo.

Walter la sigue y la alcanza en el jardín- ¡señora Rebeca! Deténgase... ¡no entre allí por favor! Es de día... ¡bendito sea Dios!

Pero Rebeca entra y le da un portazo, Walter se queda en la puerta furioso- ¡es la vieja más terca que he conocido en toda mi vida! –suspira con rabia- ojalá corramos con suerte y no lo eche todo a perder –y se mete detrás de ella.

Rebeca alumbra con una linterna (heheeh... y de donde la sacaron ) y bajan al sótano y luego suben las escaleras que conducen al mismo nivel que el estudio.  Walter la sigue muy cerca.

En la casa Salvador divertido vigila que nadie lo ve y sigilosa y rápidamente sube al piso superior.  Se mete al estudio y se acerca a escuchar al lado del cuadro de la primera esposa de Donoso, doña Catalina (la mujer del retrato es idéntica a Ángela).
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*

Muy cerca de él Walter le da la llave a Rebeca que abre nerviosa y tiene un ataque cuando entra- ¡Ay! ¡Es cierto Walter! –grita histérica- ¡está abierta!
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-¡Claro que está abierta! –dice Walter con furia- ¡usted se me adelantó!

Se enfrentan como dos víboras dispuestas a comerse vivos.  Salvador los escucha atentamente.

-¡Yo no tengo nada que ver con esto! –grita Rebeca furiosa.

-¡No mienta! –grita Walter- ¿qué otra persona lo hubiera podido hacer?

Rebeca tiembla de la rabia y Salvador sonríe divertido del otro lado de la pared.

-¡No intente enredarme! –se burla Rebeca- ¡usted fue el que la abrió y ahora inventa un cuento horrible para robarse esas joyas pero no piense que va a engañarme Walter!

*

Salvador los escucha sin perder palabra.
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*

-¡Usted es la que no va a poder salirse con la suya! –Walter histérico- ¡ya verá! He estado esperando estas joyas durante años... ¡así que va a tener que compartirlas conmigo! Sino suelto la lengua y le cuento todo a doña Isabel –le amenaza.

-¡Corra tramposo! –Rebeca tiene la cara deformada de rabia- ¡corra y cuéntele lo que le dé la gana! Es más... ¡yo lo voy a acompañar! No voy a dejarle robar en mis narices.

-¡No soy ningún ratero! –grita exaltado a todo pulmón Walter.

-¡Ni yo tampoco! –fuera de si Rebeca.

Y de pronto los dos se miran... y comprenden... ¡no fueron ellos! Y se miran con miedo.

-¿Me jura que está diciendo la verdad doña Rebeca? –susurra Walter.

Rebeca se pone a temblar- ¡Claro que si Walter! Claro que si... ¡puede ir a buscar en mi cuarto! Es más... ¡le autorizo para que levante todas las tablas del piso!

-¡Yo también le autorizo que haga lo mismo en mi habitación!

Y se miran horrorizados.

-¿De veras Walter? –gime Rebeca- ¿de veras que usted no tiene las joyas Walter? –se le va la voz del horror.

-¡Se lo juro! –Walter levanta la mano para jurar- ¡no tengo absolutamente nada! –y se le quiebra la voz- esto es terrible –dice llorando y se sienta.

-¡Ay Dios mío esto es desastroso! –la cara de Rebeca es de antología, se deforma del horror de haber perdido toda esa fortuna- ¡desastroso! –repite- ¿cómo voy a quedar yo con las manos vacías Walter –tiembla como una hoja- Yo había puesto todas mis ilusiones en ese tesoro que estaba en esa caja... ¡ay! ¿Qué voy a hacer yo ahora Walter? –llora desesperada- ¿qué voy a hacer? –le reclama- ¿qué puedo hacer?

Walter tiene los ojos rojos y también tiembla desesperado- ¡doña Rebeca! Mejor salgamos de aquí que alguien puede sorprendernos... –y arrastrando los pies sale de la habitación... Rebeca lo sigue con el alma por los pies.

 La cámara enfoca la caja fuerte completamente vacía.

Al otro lado de la pared, al lado del cuadro... Salvador ha escuchado todo atentamente... sonríe irónico y se apoya sobre el respaldo del sillón.  Se queda de una pieza cuando Isabel entra suspirando. Isabel se abraza a sí misma preocupada cuando se pega el susto al verlo ahí parado.

-¡Ah! –suspira- ¿se puede saber que está haciendo aquí? –le reclama.

-¡Esperando a la señorita Ángela!

-¿Pero y que... tiene que hacerlo precisamente aquí en este lugar?

Salvador se acerca a ella... muy cerca- ¿por qué no? –dice altanero e Isabel retrocede un paso- ¡este es el estudio de su papá!

Isabel suspira y lo mira moviendo la cabeza- ¡usted resultó más descarado de lo que yo creía!

Salvador la mira duramente- ¿A qué se refiere señora?

-¿Y todavía lo pregunta? –le dice inquieta Isabel y luego levanta la cabeza soberbia- ¡creo que fui bastante clara con usted cuando le dije que no quería volver a verlo y que se fuera!... por favor... ¡yo no sé qué es lo que está buscando en esta casa! –se desespera.

-¡Conservar mi trabajo! –dice cínico Salvador- me da lo mismo trabajar para usted o para la señorita Angela.

-¡Ah bueno! –se le ilumina el rostro a Isabel- pues... ¡si entonces a usted lo único que le interesa es el miserable sueldo que gana como chofer! –hace una pausa y suspira- ¡yo estoy dispuesta a ofrecerle una gran cantidad de dinero para que renuncie! –y lo enfrenta con la mirada- ¡para que nos deje en paz Salvador!

Salvador la estudia de pies a cabeza y luego le contesta- ¿tanto le molesta mi presencia?

Isabel también lo estudia y luego le responde- ¡más de lo que usted se imagina!

Salvador se vuelve a acercar peligrosamente- ¡Aceptaría con gusto señora! –le dice- pero no acostumbro a recibir dinero que no gano con mi esfuerzo y con mi trabajo –le da una lección- ¡tengo principios! –le subraya cada palabra.

Isabel suspira vencida- ¡Está bien Salvador! –reconoce- pero piénselo –le ruega- ¡piénselo bien! Yo estoy dispuesta a darle muchísimo más dinero... ¡de lo que podría ganar en un año! –y luego le susurra en una súplica- ¡para que se vaya!

Pero la mirada de Salvador es dura como el acero- ¡aunque me dé todos los derechos... que tiene sobre la fortuna del señor Donoso... no aceptaría! –y luego agrega- ¡no voy a traicionar la confianza de la señorita Ángela!

Isabel baja la mirada y Salvador se aleja... al llegar a la puerta del estudio se da la vuelta y la mira.
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Isabel mira a lo lejos... -¡Si usted no me necesita! –le dice Salvador en doble sentido- ¡ella si! –y luego le aclara- No voy a abandonar esta casa solo porque el nuevo matrimonio –y subraya cada palabra- ¡no me soporta! –y sale y cierra la puerta.

Isabel cierra los ojos y furiosa suspira con frustración.
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En el pasillo Salvador se encuentra con Ángela- ¿me buscaba Salvador?
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-¡Si señorita! –le sonríe- cuando usted lo ordena salimos.

-Vamos –sonríe Ángela.
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Y se marchan. 

 *

Isabel sale a buscar a Salvador.
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Pero ya no lo encuentra... los ve marcharse.

 *
FIN DEL CAPITULO

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@2005 Narración by Mabouchita! Z;D

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